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La Ultima Vestidura de Jesucristo
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La Ultima Vestidura de Jesucristo

Muy buenos días, amados amigos y hermanos presentes; es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios.

Para esta ocasión leemos en Segunda de Corintios, capítulo 5, versos 1 en adelante, donde dice San Pablo:

“Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos.

Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial;

pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos.

Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida.

Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu.

Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor

(porque por fe andamos, no por vista)”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema es: “LA ÚLTIMA VESTIDURA DE JESUCRISTO”.

El ser humano es alma viviente, pero tiene la vestidura espiritual, que es el espíritu, y tiene la vestimenta física, que es el cuerpo de carne, para poderse manifestar en este planeta Tierra. Cuando muere el cuerpo físico, el ser humano (que es alma viviente) continúa viviendo con su vestidura espiritual, que es el espíritu de la persona.

Ahora, viendo que el ser humano es alma viviente, pero tiene espíritu, que es una vestidura espiritual, un cuerpo espiritual parecido a nuestro cuerpo físico pero de otra dimensión, y tiene (el ser humano manifestado en este planeta Tierra) cuerpo físico, que es la vestidura terrenal… Sin esa vestidura terrenal la persona no puede estar manifestado en este planeta Tierra; por eso cuando pierde la vestidura física (el cuerpo de carne) desaparece del planeta Tierra, pero sigue viviendo en otra dimensión, en la dimensión de la cual es su vestidura espiritual.

Por eso es tan importante que todo ser humano nazca de nuevo, para que obtenga la vestidura espiritual del Cielo, de la sexta dimensión, del Reino de Jesucristo; esa vestidura espiritual del Reino de Jesucristo es un cuerpo angelical como el cuerpo angelical de Jesucristo y de los ángeles.

Cristo en Su cuerpo angelical existía antes de aparecer en la Tierra; por eso es que Jesucristo en San Juan, capítulo 8, verso 56 al 58, dice:

“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó”.

¿Cuándo fue que vio el día del Señor? ¿Cuándo fue que vio al Señor? Lo vio en aquella ocasión en que apareció Elohim con dos Ángeles más, que son los Arcángeles Gabriel y Miguel (eso está en el capítulo 18 del Génesis).

En esa ocasión, Elohim, Dios, le apareció en forma humana con Sus Arcángeles Gabriel y Miguel, tres varones aparecieron a Abraham y comieron con Abraham, estaban en carne humana. Esa fue la ocasión en que Abraham vio a Cristo, él lo vio materializado, porque algún día Cristo se materializaría en un cuerpo de carne humana.

Ahora, Jesucristo, encontramos que ha existido siempre en Su cuerpo angelical, pero luego se vistió de una vestidura de carne en este planeta Tierra y nació en Belén de Judea, y se crio luego en Nazaret y tuvo como oficio la carpintería; y luego comenzó Su ministerio —Su ministerio mesiánico conforme a la Escritura— y se cumplieron en Jesús las profecías mesiánicas, las profecías que hablaban de la Venida del Mesías.

Todo ocurrió en forma sencilla. Piensen ustedes: un joven carpintero diciendo que de Él hablaron las Escrituras, que de Él habló el profeta Moisés, e identificándose Jesucristo con todas las profecías mesiánicas y diciendo: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”. San Lucas, capítulo 4, verso 16 en adelante.

Estaba citando la Escritura de Isaías 61, donde dice: “El Espíritu del Señor está sobre mí (y sigue diciendo), por cuanto me ha ungido…”. Vamos a leerlo: Capítulo 4 de San Lucas, verso 18 en adelante:

“El Espíritu del Señor está sobre mí,

Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;

Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;

A pregonar libertad a los cautivos,

Y vista a los ciegos;

A poner en libertad a los oprimidos;

A predicar el año agradable del Señor”.

Para todas estas cosas fue enviado Jesucristo, y eso lo decía Isaías, capítulo 61.

¿Pero estaba hablando del profeta Isaías ese pasaje? No, estaba hablando del Mesías, que vendría en carne humana, el cual es nada menos que el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, Cristo, el cual se haría carne, tomaría una vestidura humana, una vestidura, un cuerpo de carne, y aparecería en este planeta Tierra; para aparecer visiblemente tenía que tener un cuerpo físico. Sigue diciendo:

“Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.

Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”.

Un joven carpintero de Nazaret que no había estudiado en la universidad y que no había estudiado en el seminario teológico de la religión hebrea, ahora está diciendo que esta Escritura mesiánica se está cumpliendo en Él; y otras Escrituras que Él mencionó que eran profecías mesiánicas, Él señaló que se estaban cumpliendo en Él. Por lo tanto, todo estaba cumpliéndose en forma sencilla.

Cuando Dios promete algo grande, lo cumple en forma sencilla; y las personas sencillas lo pueden recibir, porque viene en forma sencilla.

Si viniera en forma complicada, si viniese en otra forma, solamente lo podrían recibir aquellos que han estudiado en la universidad y tienen doctorados en teología. Pero las cosas grandes de Dios vienen en forma sencilla, y por eso es que los sencillos lo reciben. Viene en la forma común del pueblo sencillo, y viene como parte del pueblo sencillo, viene comiendo y bebiendo en la misma forma que comen las personas sencillas.

Así vino Jesús: comiendo fríjoles, comiendo maíz, comiendo trigo, comiendo pescado, y así por el estilo, comiendo de todo lo que comían las demás personas.

También cuando eso se reflejó en el tiempo de Abraham, y Elohim le apareció a Abraham con Sus Arcángeles Gabriel y Miguel, vean ustedes, comieron con Abraham de lo que Abraham comía: comieron de una ternera que fue preparada para Elohim, de lo mismo que Abraham estaba acostumbrado a comer.

Ahora, podemos ver la forma sencilla en que Dios siempre obra. Cuando se vistió de la vestidura de carne vino en forma sencilla, era una vestidura sencilla, un hombre sencillo.

Ahora, continuamos leyendo el mismo capítulo 8, pasemos al verso 57 y 58, ya leímos el verso 56 [San Juan]:

“Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?”.

La vestidura de carne no tenía 50 años; pero la vestidura angelical, el cuerpo angelical, vamos a ver cuánto tiempo tenía, si se le podía contar el tiempo:

“Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy”.

Dice que era antes que Abraham, por lo tanto el Señor Jesucristo en Su cuerpo angelical existía antes que Abraham.

Y vamos a ver en Su trayectoria a ver si encontramos algo más acerca de Su preexistencia, o sea, de Su existencia antes de existir en el cuerpo de carne.

En Colosenses, capítulo 1, verso 15 en adelante, San Pablo hablando de Cristo, dice:

“Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación”.

La imagen del Dios invisible es Cristo en Su cuerpo angelical. La vestidura espiritual, angelical de Dios, es el cuerpo angelical de Jesucristo, esa es la vestidura angelical de Dios. Sigue diciendo:

“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él”.

Toda la Creación fue creada por Jesucristo. ¿Y no fue Dios el que creó todas las cosas? Claro que sí, Dios las creó por medio de Jesucristo. Jesucristo en Su cuerpo angelical siendo la imagen del Dios viviente (el cuerpo angelical de Dios, la vestidura angelical, espiritual de Dios), Dios a través de esa vestidura espiritual, de ese cuerpo angelical, creó todas las cosas; y ese cuerpo angelical es Cristo, Cristo en Su cuerpo angelical.

“… en él fueron creadas todas las cosas…”.

Así como en un grano de trigo, una semilla de trigo, está creada una planta de trigo con muchos granos de trigo. Solamente hay que colocarla en la Tierra y echarle agua en el tiempo correspondiente, y ella nacerá y surgirá una planta de trigo, y luego tendrá muchos granos de trigo.

¿Dónde estaban esos granos de trigo y esa planta de trigo? En la semilla de trigo. Y Jesucristo es la simiente de Dios, la semilla de Dios, Jesucristo es ese grano de trigo.

Cristo dijo en San Juan, capítulo 12, verso 24: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva”.

Siendo Cristo el grano de trigo, la simiente, la semilla de trigo, en Él están creados todos los granos de trigo; todos los hijos e hijas de Dios que aparecerían manifestados en este planeta Tierra. Estábamos en Jesucristo. Él es la semilla de trigo y nosotros somos los granos de trigo, productos del grano de trigo Jesucristo, somos la reproducción de Cristo el grano de trigo. Cristo se reproduce en muchos hijos e hijas de Dios.

Ahora podemos comprender por qué estábamos en Cristo. Todas las cosas, toda la Creación estaba en Jesucristo:

“… en él fueron creadas todas las cosas…”.

Y fueron creadas, “todo fue creado por medio de él y para él”.

Ninguna otra persona tiene algo, todo le pertenece a Jesucristo, Él es el dueño de toda la Creación.

“Y él es antes de todas las cosas (o sea que no es solamente antes que Abraham, sino antes que toda la Creación), y todas las cosas en él subsisten (Él es el que le da continuidad de vida a toda la Creación. Sin Cristo todo dejaría de existir);

y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;

por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud,

y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.

Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado”.

La reconciliación del ser humano con Dios es a través de Jesucristo, por esa causa todo ser humano necesita a Jesucristo, necesita recibirlo como su Salvador, necesita entregar a Cristo su alma: para que Cristo lo redima, para que Cristo lo salve, y así lo reconcilie con Dios para que pueda existir eternamente. Si no es reconciliado con Dios por medio de Jesucristo, no puede vivir eternamente.

Ahora, podemos ver el personaje tan importante que es Jesucristo. En Él habitó, habita y habitará eternamente la plenitud de la Divinidad, la plenitud de Dios.

Ahora, veamos cómo en el Antiguo Testamento, Dios por medio de Jesucristo en Su cuerpo angelical se manifestó en y a través de diferentes hombres de Dios.

En el Antiguo Testamento se manifestó a través del profeta Adán, a través también de otros profetas, mencionando profetas mensajeros como Set, como Noé, como Abraham, como Moisés; en todos ellos, Dios por medio de Su cuerpo angelical, el cual es Cristo en Su cuerpo angelical, se manifestó a través de esos velos de carne.

Veamos en Zacarías, capítulo 7, verso 11 al 12, dice… hablando del pueblo hebreo que no quiso escuchar la Voz de Dios. Ahora veamos cómo venía la Voz de Dios; dice:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu…”.

¿Cómo hablaba Dios al pueblo hebreo? Por medio de Su Espíritu; y ese es Cristo en Su cuerpo angelical; “por medio de los profetas primeros”, o sea, que Dios estando en Su cuerpo angelical, que es Cristo, se manifestaba en los profetas del Antiguo Testamento, y a través de esos profetas hablaba al pueblo. Era el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, Cristo en Su cuerpo angelical en los profetas del Antiguo Testamento hablándole al pueblo hebreo.

“… vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos”.

Por cuanto no quisieron escuchar, entonces la ira de Dios vino sobre el pueblo hebreo; no quisieron escuchar a Dios, el cual estaba hablándole al pueblo hebreo por medio de Su Espíritu Santo a través de los profetas.

Veamos en Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 3, lo que San Pablo dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo (¿Quién es el heredero de toda la Creación? Jesucristo el Hijo de Dios. ¿Cómo creó Dios el universo? Por medio de Jesucristo);

el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia…”.

Jesucristo es la imagen misma de la sustancia de Dios, Jesucristo es el cuerpo angelical de Dios, esa vestidura espiritual de Dios; pero luego se vistió de un cuerpo de carne llamado Jesús, nacido en Belén de Judea.

Pero en cuanto a vestiduras de carne, Dios había usado muchas vestimentas de carne, llamadas los profetas de Dios del Antiguo Testamento; pero luego se creó una vestidura de carne en el vientre de María, el cual nació en Belén de Judea, y esa es la vestidura de carne de Dios, en quien moró la plenitud de la Divinidad. Ese velo de carne, vestidura de carne, murió, resucitó, fue glorificado; esa vestidura está glorificada y se sentó a la diestra de Dios en el Cielo.

Ahora, encontramos que luego de Dios usar vestiduras de carne en el Antiguo Testamento, al final se creó una vestidura de carne llamada Jesús.

Luego, en el Nuevo Testamento, Jesucristo hace en la misma forma que el Padre hizo en el Antiguo Testamento.

Ahora, en el Nuevo Testamento desde el Día de Pentecostés en adelante, Jesucristo en Espíritu Santo descendió y ha tenido vestiduras de carne, ha estado en seres humanos: los miembros de Su Iglesia, todos los nacidos de nuevo.

Cristo por medio de Su Espíritu Santo ha estado todo el tiempo en medio de Su Iglesia y en cada creyente. Él nos ha dado de Su Espíritu, Él nos ha dado un cuerpo angelical espiritual de la sexta dimensión, igual a Su cuerpo angelical, nos ha dado una vestidura del Cielo, nos ha dado un cuerpo angelical, y pronto nos dará una vestidura física glorificada, nos dará un cuerpo glorificado y eterno como Su cuerpo glorificado, y esa será nuestra última vestidura.

Ahora, Jesucristo ha tenido como mensajeros diferentes vestiduras, diferentes mensajeros a través de los cuales se ha manifestado. Tenemos a San Pedro y los apóstoles, tenemos también a San Pablo, a Ireneo, a Martín, a Colombo, a Lutero, a Wesley, al reverendo William Branham…; han sido vestiduras, mensajeros en los cuales Cristo en Espíritu Santo se ha manifestado.

Pero vean ustedes, en cada ocasión en que se ha manifestado en cada uno de ellos, luego de terminada la labor que Jesucristo tenía para ese tiempo a través de esa vestidura de carne, luego partió el mensajero, y más adelante apareció otra vestidura de carne para Jesucristo en Espíritu Santo manifestarse y traer el Mensaje correspondiente a una nueva edad.

Cristo ha estado teniendo diferentes vestiduras de carne aquí en la Tierra en medio de Su Iglesia. La vestidura de carne como mensajero es el mensajero correspondiente a cada edad, pero Él tendrá Su última vestidura.

Ya el séptimo ángel mensajero de la séptima edad de la Iglesia gentil, que fue la vestidura de carne en quien estuvo Cristo en Espíritu Santo manifestado hablándole a Su Iglesia, se fue.

Y ahora, la próxima vestidura después de esa sería la última vestidura de carne que Cristo tendría; y tiene que ser un miembro de Su Iglesia, así como la última vestidura de carne que Dios tuvo fue un miembro del pueblo hebreo nacido en medio del pueblo hebreo, que fue Jesús de Nazaret; aunque nació en Belén de Judea se le llamó Jesús de Nazaret.

Ahora, tiene que ser un miembro de la Iglesia de Jesucristo la última vestidura en el cual o en la cual estará manifestado Cristo en Espíritu Santo, hablándole a Su Iglesia y dándonos a conocer todas las cosas que deben suceder pronto. En Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, dice:

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas”.

La promesa es que Dios nos mostrará, que Cristo nos mostrará las cosas que sucederán después de las que ya han sucedido en las siete etapas de la Iglesia del Señor Jesucristo.

¿Y cómo va a dar a conocer estas cosas? Tiene que tener una vestidura de carne en medio de Su Iglesia, tiene que ser un redimido por la Sangre de Jesucristo, y tiene que ser un profeta mensajero dispensacional, así como Jesús es el profeta dispensacional de la sexta dispensación, de la Dispensación de la Gracia.

Ahora, veamos quién es este velo de carne, esta vestidura que Jesucristo tendrá en este tiempo final para manifestarse en medio de Su Iglesia y darnos a conocer todas estas cosas que deben suceder. Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, dice:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿A través de quién, dice Dios, dice Cristo, que va a dar a conocer las cosas que deben suceder pronto? A través de Su Ángel enviado para este propósito: ese es la última vestidura como mensajero que Cristo usará en medio de Su Iglesia. Y por cuanto es Su última vestidura de carne, con esa vestidura de carne se revelará también al pueblo hebreo, y llamará y juntará 144.000 hebreos.

Esa vestidura de carne la va a glorificar, así como glorificó la vestidura de carne llamada Jesús; y va a glorificar todas las vestiduras de carne que ha tenido en el Nuevo Testamento, tanto a los mensajeros de cada edad como a los miembros de Su Iglesia de cada edad, porque ellos también han sido vestiduras de carne de nuestro amado Señor Jesucristo, quien ha estado manifestado en medio de Su Iglesia en Espíritu Santo.

Ahora, veamos el capítulo 22, verso 16 del Apocalipsis también, y escuchemos lo que Jesús dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

¿Quién es el Enviado de Jesucristo para dar testimonio de todas estas cosas que deben suceder? El Ángel del Señor Jesucristo, el mismo Ángel que le dio al apóstol San Juan la revelación del Apocalipsis; para ese tiempo estaba en cuerpo angelical, pero la promesa es que estará en medio de la Iglesia de Jesucristo en cuerpo de carne; y en él estará Jesucristo en Espíritu Santo dándonos a conocer por medio de él todas estas cosas que deben suceder pronto.

Y ahora, podemos comprender nuestro tema: “LA ÚLTIMA VESTIDURA DE JESUCRISTO”, última vestidura como cuerpo de carne y como mensajero que Jesucristo tendría en medio de Su Iglesia y después en medio del pueblo hebreo.

También todos somos vestiduras de Jesucristo, del Espíritu Santo, por eso vamos a ser transformados y vamos a ser llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Todos los que han recibido a Cristo como su Salvador dándole a Cristo sus almas, para que Cristo les dé salvación y vida eterna, Cristo les perdone con Su Sangre, les limpie de todo pecado, son bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; y Jesucristo los bautiza con Espíritu Santo y Fuego y les da el cuerpo angelical, la vestidura espiritual, la vestidura angelical, que es el cuerpo angelical para cada creyente en Cristo, igual al cuerpo angelical de Jesucristo nuestro Salvador.

Y solamente nos falta la vestidura física, eterna, que es el cuerpo nuevo, eterno y glorificado, el cual pronto Él nos va a dar, el cual estamos esperando, el cual anhelamos que venga pronto.

Y ahora, ¿cuántas personas van a recibir un cuerpo físico glorificado? Todos nosotros, porque hemos recibido a Cristo como nuestro Salvador, Cristo nos ha perdonado nuestros pecados y con Su Sangre nos ha limpiado de todo pecado, hemos sido bautizados en agua en Su Nombre, y Él nos ha bautizado con Espíritu Santo y Fuego y ha producido en nosotros el nuevo nacimiento. Y por consiguiente nos ha dado una vestidura celestial, un cuerpo angelical, y hemos entrado así al Reino de Dios, al Reino de Cristo.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo, necesita recibirlo para que Cristo le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado y le dé una vestidura celestial, un cuerpo angelical, y luego le dé un cuerpo físico glorificado.

Por lo tanto, si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaré orando por usted para que Cristo le reciba, le perdone, y con Su Sangre le limpie de todo pecado.

Vamos a dar unos minutos para que así puedan levantar sus manos los que en esta ocasión quieren recibir a Cristo como Salvador. Los que todavía no lo han recibido, pueden hacerlo levantando sus manos, y estaré orando por ustedes; y pueden pasar acá al frente para orar por ustedes.

Si todos ya son creyentes… aquí hay una mano levantada, puede pasar al frente; y cualquier otra persona también puede pasar al frente para que Jesucristo extienda Su Misericordia y Amor sobre usted, le reciba, le perdone sus pecados y con Su Sangre le limpie de todo pecado.

Todo ser humano necesita a Jesucristo. Sin Jesucristo la persona dejará de existir. Con Jesucristo en su alma la persona vivirá eternamente, existirá para toda la eternidad; y todos deseamos continuar existiendo y existir en condiciones mejores que en las que existimos en la actualidad.

Vamos a existir eternamente en un nuevo cuerpo eterno, inmortal y glorificado, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador; esa es la nueva vestidura y última vestidura que Dios dará a todos los creyentes en Jesucristo nuestro Salvador; esa es la vestidura más importante: la vestidura del cuerpo eterno, para vivir eternamente con Jesucristo en Su Reino eterno.

Pueden continuar pasando. Ya vamos a dar unos segundos solamente y estaremos orando por todos los que han pasado al frente.

Si falta alguno más por pasar al frente para así recibir a Cristo como su Salvador, puede hacerlo, y estaremos ya orando por todos los que estarán aquí al frente. Estaremos esperando unos segundos solamente.

Vamos a estar puestos en pie todos, ya vamos a orar; todavía estamos dando unos segundos para los que faltan por pasar.

Vamos a inclinar nuestros rostros y vamos a orar por las personas que han pasado:

Padre nuestro que estás en el Cielo, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino, hágase Tu voluntad como en el Cielo aquí en la Tierra.

Dios Eterno, en el Nombre del Señor Jesucristo Tu Hijo amado, vengo a Ti trayendo a estas personas que han levantado sus manos y han pasado al frente para recibir a Cristo como su Salvador. En Tus manos los encomiendo. En el Nombre del Señor Jesucristo.

Y ahora, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, yo te confieso públicamente como mi Salvador y te recibo como mi Salvador; entrego a Ti mi alma y te ruego me des vida eterna.

Señor Jesucristo, te ruego salves mi alma. Señor Jesucristo, perdona mis pecados y con Tu Sangre límpiame de todo pecado, y bautízame con Espíritu Santo y Fuego y produce en mí el nuevo nacimiento. En Tus manos me encomiendo.

Y, Señor Jesucristo, he de ser bautizado en agua en Tu Nombre; bautízame luego con Espíritu Santo y Fuego para que se produzca en mí el nuevo nacimiento y así entre yo a Tu Reino, el Reino de Dios. En Tus manos me encomiendo, en Tu Nombre, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Y ahora repetimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado!

Y ahora, Cristo les ha perdonado y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado. Y ahora ustedes me preguntarán: “Por cuanto ya he creído y he recibido a Cristo como mi Salvador, y la Escritura dice: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo’: ya he creído, pero me falta ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. ¿Cuándo puedo ser bautizado?”.

Bien pueden ser bautizados hoy mismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Le pregunto al reverendo Gian del Corto: ¿Hay agua y hay ropas bautismales? Hay agua y hay ropas bautismales para que ustedes puedan ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y luego Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y obtengan así el nuevo nacimiento y entren al Reino de Dios.

Ha sido para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión. Muchas gracias por vuestra amable atención, y que Dios me los bendiga grandemente a todos, y les fortalezca y les ayude a perseverar en Cristo nuestro Salvador.

Y nos veremos con la última vestidura: el cuerpo glorificado, cuando Él nos dé el cuerpo glorificado, y entonces viviremos eternamente con Jesucristo en Su Reino.

Muchas gracias por vuestra amable atención, y dejo con nosotros al reverendo Gian del Corto para que les indique dónde están las ropas bautismales y el lugar para cambiarse de ropa, y luego para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LA ÚLTIMA VESTIDURA DE JESUCRISTO”.

[Revisión julio 2019]

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