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La lucha por el Trono
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La lucha por el Trono

Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes; es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para lo cual, quiero leer en Primera de Crónicas, capítulo 29, versos 20 al 25, y también Primera de Samuel, capítulo 16.

Comenzamos con Primera de Samuel, capítulo 16, donde dice, verso 1 en adelante:

“Dijo Jehová a Samuel: ¿Hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto de rey.

Y dijo Samuel: ¿Cómo iré? Si Saúl lo supiera, me mataría. Jehová respondió: Toma contigo una becerra de la vacada, y di: A ofrecer sacrificio a Jehová he venido.

Y llama a Isaí al sacrificio, y yo te enseñaré lo que has de hacer; y me ungirás al que yo te dijere.

Hizo, pues, Samuel como le dijo Jehová; y luego que él llegó a Belén, los ancianos de la ciudad salieron a recibirle con miedo, y dijeron: ¿Es pacífica tu venida?

Él respondió: Sí, vengo a ofrecer sacrificio a Jehová; santificaos, y venid conmigo al sacrificio. Y santificando él a Isaí y a sus hijos, los llamó al sacrificio.

Y aconteció que cuando ellos vinieron, él vio a Eliab, y dijo: De cierto delante de Jehová está su ungido.

Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.

Entonces llamó Isaí a Abinadab, y lo hizo pasar delante de Samuel, el cual dijo: Tampoco a este ha escogido Jehová.

Hizo luego pasar Isaí a Sama. Y él dijo: Tampoco a este ha elegido Jehová.

E hizo pasar Isaí siete hijos suyos delante de Samuel; pero Samuel dijo a Isaí: Jehová no ha elegido a estos.

Entonces dijo Samuel a Isaí: ¿Son estos todos tus hijos? Y él respondió: Queda aún el menor, que apacienta las ovejas. Y dijo Samuel a Isaí: Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí.

Envió, pues, por él, y le hizo entrar; y era rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer. Entonces Jehová dijo: Levántate y úngelo, porque este es.

Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Dejaremos Primera de Crónicas, capítulo 29, versos 20 al 25, para más adelante.

Nuestro tema es: “LA LUCHA POR EL TRONO”.

Para poder comprender por qué esta lucha por el trono, tenemos que comprender que este trono por el cual luchó David es el Trono de Dios en la Tierra.

Y así como Dios tiene Su Trono en el Cielo, encontramos que en ese Trono celestial y para sentarse una persona en el Trono celestial, hubo una lucha: Cristo luchó y obtuvo la victoria para sentarse en el Trono de Dios; Cristo luchó contra el diablo, porque el diablo también quería sentarse en el Trono de Dios en el Cielo.

Y ahora, dependiendo de quién se sentaría en el Trono de Dios en el Cielo, sería la clase de gobierno de toda la Creación. Por lo tanto, la lucha de Cristo fue grande, pero obtuvo la victoria.

Ahora, en el caso del rey David, la lucha era por el trono aquí en la Tierra en medio del pueblo hebreo; ese trono es el Trono de Dios en la Tierra para el gobierno del pueblo hebreo, y luego también para el gobierno de toda la humanidad.

Ahora, veamos en Éxodo, capítulo 17, verso 16, dice:

“Y dijo: Por cuanto la mano de Amalec se levantó contra el trono de Jehová, Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación”.

Ahora, vean ustedes, Amalec se había levantado (este pueblo de Amalec) en contra del pueblo hebreo; y Moisés estaba en medio del pueblo hebreo, y Dios estaba en Moisés. Y todo esto constituyó una rebelión en contra del Trono de Dios, de parte de Amalec, al levantarse contra el Trono de Dios, al levantarse contra Moisés y el pueblo hebreo.

Ahora, Dios tiene Su Trono en el Cielo, pero en la Tierra Él establecería Su Trono; y ahora, vean ustedes, sería en medio del pueblo hebreo; y ese es el trono en el cual David se sentó, por eso tuvo que luchar David por ese trono. Aunque ya había sido ungido David, no se sentó fácilmente en el trono: fue ungido como a los 15 años de edad, y vino a sentarse en el trono a los 30 años de edad.

Así que no se le hizo fácil a David sentarse en el Trono terrenal de Dios, que fue el trono en medio del pueblo hebreo sobre el cual David gobernó sobre el pueblo hebreo.

Ahora, Salomón luego fue el sucesor del rey David (padre de Salomón).

Y ahora, vean lo que dice en Primera de Crónicas, capítulo 29, versos 20 al 25:

“Después dijo David a toda la congregación: Bendecid ahora a Jehová vuestro Dios. Entonces toda la congregación bendijo a Jehová Dios de sus padres, e inclinándose adoraron delante de Jehová y del rey.

Y sacrificaron víctimas a Jehová, y ofrecieron a Jehová holocaustos al día siguiente; mil becerros, mil carneros, mil corderos con sus libaciones, y muchos sacrificios de parte de todo Israel.

Y comieron y bebieron delante de Jehová aquel día con gran gozo; y dieron por segunda vez la investidura del reino a Salomón hijo de David, y ante Jehová le ungieron por príncipe, y a Sadoc por sacerdote.

Y se sentó Salomón por rey en el trono de Jehová en lugar de David su padre, y fue prosperado; y le obedeció todo Israel”.

¿Ven? Dice que se sentó Salomón por rey en el Trono de Jehová en lugar de David. Por eso el Arcángel Gabriel le dice a la virgen María que va a tener un hijo y será llamado “Hijo de Dios”, y Dios le dará el trono de David su padre1; porque el trono de David su padre, es el Trono de Jehová en la Tierra, para reinar sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones. Y Cristo es el heredero a ese Trono.

Ahora, Cristo luchó para sentarse en el Trono de Dios celestial, y ser Príncipe, Rey, sobre toda la Creación. Pero ahora en Apocalipsis, capítulo 3, verso 21, Cristo dice:

“Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”.

Cristo, para sentarse en el Trono del Padre, tuvo que luchar, tuvo que vencer; y para vencer pues tuvo que luchar: tuvo que luchar en contra del diablo.

Y ahora, Cristo es heredero al Trono de David, que es el Trono de Dios en la Tierra. Y para sentarse con Él un hombre —en el Trono de Cristo—, tiene que vencer. Por eso dice:

“Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono”.

Y para vencer pues tiene que luchar, tiene que pelear, tiene que estar en una batalla, en una guerra, en una lucha por ese Trono.

Y ahora, la promesa se cumplirá en el Día Postrero, en el octavo Ungido de Dios, el octavo Ungido de Cristo.

Así como sentarse en el Trono de Jehová en la Tierra fue una realidad para David, el octavo hijo de Isaí, el cual fue un hombre conforme al corazón de Dios desde niño…: A la edad de unos 15 años (aproximadamente) fue ungido por Samuel como rey. Sus otros hermanos mayores que él (porque David era el menor), sus otros hermanos mayores, para Samuel…, cuando vio al primero pensó que era el Ungido de Dios.

Y en la Iglesia del Señor Jesucristo, en la Casa de Isaí, encontramos a los siete ángeles mensajeros; y cuando vimos a San Pablo, cualquier persona podía pensar que ese era el que se sentaría con Cristo en Su Trono; un hebreo conocedor de toda la Ley del pueblo hebreo, conocedor de todo el sistema religioso y político del pueblo hebreo. Pero vean ustedes, no fue ese el que recibió esa bendición.

El reverendo William Branham toma los siete ángeles mensajeros y los siete hijos de Isaí, que habían pasado delante de Samuel, y representa en los siete hijos de Isaí, representa a los siete ángeles mensajeros. Pero vean ustedes, hay un octavo hijo, que estaba en el campo pastoreando ovejas; por lo tanto, habrá un octavo Ángel Mensajero pastoreando las ovejas del Señor, estará como pastor pastoreando las ovejas del Señor. Y ese será el que será llamado al final; es llamado al final para ser ungido por Cristo con la unción correspondiente al Día Postrero, y será el que se sentará con Cristo en Su Trono.

Para sentarse con Cristo en Su Trono, así como Cristo tuvo que luchar y vencer para sentarse con el Padre en el Trono celestial, este Ángel tendrá que luchar y obtener la victoria en el Día Postrero en contra del diablo, en contra del anticristo, en contra del hombre de pecado; porque habrá un enfrentamiento; y será un enfrentamiento como el que tuvo David con Goliat. Goliat representa al anticristo, al hombre de pecado, y David representa al Ángel Mensajero del Día Postrero, que se sentará en el Trono de Cristo con Cristo.

Y ahora, ese Ángel Mensajero tendrá que trabajar duro en la Obra de Cristo por muchos años.

Miren ustedes, después que David fue ungido: tuvo que trabajar duro, luchar mucho, fue al ejército también, y fue un guerrero valiente. Aun cuando estaba con poco tiempo de haber sido ungido, luchó contra Goliat y lo venció; porque el Espíritu de Dios fue el que luchó a través de David, y le dio la victoria a David2.

Fue una lucha que no era pareja; pero por cuanto en David estaba Dios, David era más poderoso que Goliat; porque Dios es más poderoso que el enemigo. “Porque el que está en vosotros es mayor que el que está en el mundo”3, dice San Pablo.

Así que aunque el Goliat del tiempo final, que es el anticristo, el hombre de pecado, será un gigante intelectual, un gigante político y un gigante en todos los sentidos humanos; y el David del Día Postrero se verá muy pequeñito frente a Goliat, al anticristo; con todo y eso, la victoria la obtendrá el que está representado en David; porque es el Espíritu de Dios en ese mensajero el que obtendrá la victoria en contra del diablo, que estará en el anticristo.

Así que la victoria será de Cristo a través de Su mensajero del Día Postrero, para darle la victoria, para que se siente con Él en Su Trono, en ese Trono de David, para ese glorioso Reino Milenial de Cristo.

Ahora, hemos visto este segundo trono. Vimos el Trono de Dios en el Cielo, donde Cristo se sentó; ahora vimos el Trono de David, que es el Trono de Jehová en la Tierra. Les dije también que en alguna ocasión les hablaría de otro trono. Hay más tronos.

Tenemos el Trono de Cristo en Su Iglesia: esa es la Edad de la Piedra Angular, donde Cristo se sienta a través de Su manifestación del Día Postrero en carne humana, en Su Ángel Mensajero, para darnos Sus bendiciones por medio de Su Palabra hablada.

Y el Trono de Cristo o de Dios, como mensajero, es el mensajero del Día Postrero para la Edad de la Piedra Angular.

Y el Trono de Dios en el ser humano es el alma del ser humano.

Vean ustedes que para la conquista de estos tronos, para Dios estar gobernando sobre estos tronos, tiene que haber una lucha, una batalla, y obtenerse la victoria; para que así gobierne el Espíritu de Dios sobre el alma, el corazón de las personas, que es el trono del ser humano como individuo; y gobierne en el Trono de la Iglesia del Señor Jesucristo como edad, que es la Edad de la Piedra Angular; y gobierne en el Trono del Ángel de Jesucristo, que es el alma, el corazón, del Ángel del Señor Jesucristo; para que Cristo esté ahí entronado: en el corazón de Su Ángel, en el corazón de Su pueblo, y en el corazón de Su Iglesia como edad, que es la Edad de la Piedra Angular, y en el Trono de David en medio del pueblo hebreo.

También hablaremos en alguna ocasión de otro trono: el Trono de la teofanía del Ángel de Jehová en la sexta dimensión. Eso lo vamos a dejar quietecito para otra ocasión, para cuando tengamos más información de parte de Dios, darla completa, para que todos tengamos el conocimiento de ese Trono en la sexta dimensión.

Ahora, la lucha siempre ha sido quién se sentará en el Trono. La lucha por el Trono de Dios ya el diablo la perdió, ya Cristo se sentó en el Trono de Dios en el Cielo, ya esa fue una victoria obtenida por nuestro amado Señor Jesucristo.

Ahora ha estado la lucha por el trono del ser humano, el alma, el corazón del ser humano: quién gobernará el alma, el corazón y desde el corazón del ser humano. Por lo tanto, por cuanto el ser humano tiene el libre albedrío, es el que acepta a Cristo como su Salvador, lava sus pecados en la Sangre de Cristo, es bautizado en el Nombre del Señor Jesucristo, y el Espíritu Santo entra al alma de la persona, entra al trono humano, al trono ahí en la persona, que es el corazón, el alma, y se sienta en el trono del corazón de la persona, y gobierna la vida de esa persona.

El diablo lucha también por sentarse en ese trono (el alma, el corazón, de las personas), para gobernar la vida de las personas. Pero los que han recibido a Cristo como su Salvador, han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo, han sido bautizados en Su Nombre y han recibido Su Espíritu Santo, pueden cantar la victoria de Cristo, y decir que ¡Cristo ha vencido y se ha sentado en su trono, en su alma, en su corazón; y reina, gobierna, toda su vida! Como lo hace también en el Trono celestial, desde donde gobierna toda la Creación.

En la Iglesia: para el Día Postrero la Iglesia podrá cantar victoria cuando esté viendo a Cristo en la Edad de la Piedra Angular velado y revelado, dándonos Su Palabra revelada y preparándonos para ser transformados en el Día Postrero; porque estaremos viendo a Cristo en el Trono de la Iglesia como edad, que es la Edad de la Piedra Angular.

Ahora, vean ustedes, en el Antiguo Testamento, en el tabernáculo que construyó Moisés y templo que construyó Salomón, ¿dónde estaba Dios? Dios estaba en el lugar santísimo, sobre el arca del pacto, sobre el propiciatorio; y el propiciatorio es el Trono de Dios en el tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó el rey Salomón. Y ese arca del pacto, esa arca del pacto, ¿está dónde? En el lugar santísimo.

Así es en la Iglesia del Señor Jesucristo: ahí está el Trono de Dios como edad, ahí está el Trono de Cristo como mensajero, y ahí está el pueblo de Cristo como tronos donde Cristo está sentado gobernando sus vidas.

Ahora, tenemos la promesa para el pueblo hebreo, de la cual preguntaron Sus discípulos en el libro de los Hechos, capítulo 1, preguntaron a Cristo algo muy importante, pero que Cristo no podía darles la contestación en esos momentos, no era el momento para eso. Vean, capítulo 1, verso 6:

“Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?

Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad”.

Ellos querían saber de la restauración del pueblo hebreo y del Reino de Dios en medio del pueblo hebreo, en donde Dios juntará la vara de Judá con la vara de José.

La vara de José está en la mano ¿de quién? De Efraín, conforme a Ezequiel, capítulo 38, verso 15 en adelante. Y esas dos varas serán juntadas y vendrán a ser un solo reino en la mano de Jehová, como fueron una sola vara en la mano del profeta Ezequiel. Y esto será la restauración del Reino de Dios en medio del pueblo hebreo, con la restauración también del Trono de Jehová, de Dios, en medio del pueblo hebreo, el Trono terrenal de Dios, que es el Trono de David, al cual Cristo es heredero.

Y ahora, así como hubo una lucha grande por el Trono celestial, la cual Cristo llevó a cabo, y obtuvo la victoria y se sentó en el Trono de Dios en el Cielo, ahora la lucha es por el Trono de David en este tiempo final.

Y la victoria está profetizada que será de Cristo, Su Iglesia y Su Ángel, para el Día Postrero, en donde se obtendrá esa gran victoria; y luego vendrá la restauración del Reino al pueblo hebreo, y por consiguiente la restauración del Reino al planeta Tierra completo; porque desde el Trono de David se gobernará a toda nación, pueblo y lengua.

Jerusalén será la capital del mundo. El Trono de David será el Trono de Cristo en la Tierra, desde el cual Cristo gobernará sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones. Y con Él estará el Vencedor en el cumplimiento de la promesa de Cristo:

“Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”.

Y ahora, podemos ver que hay una lucha, hay una lucha; y a medida que nos acercamos a esa batalla final, donde vendrá una apretura contra la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo, de parte de Cristo vendrá todo Su poder para darnos la Gran Victoria en el Amor Divino; porque el amor es lo que conquista todo, y conquista hasta al diablo.

Por lo tanto, no hay otra forma para que se lleve a cabo esta batalla. Es una batalla, una lucha en el amor divino; y la victoria está profetizada: será la Gran Victoria en el Amor Divino.

Así como el rey David antes de ser coronado rey tuvo valientes que lucharon a su lado, y que luego que David fue coronado…; porque ellos lucharon en favor de David para que llegara el momento de David ser coronado, porque ellos reconocieron que David había sido ungido para ser el rey sobre el pueblo hebreo, había sido ungido como rey. El octavo hijo de Isaí había sido ungido para ocupar el Trono de Jehová en la Tierra en medio del pueblo hebreo, así como también el octavo Ángel Mensajero sería ungido para sentarse con Cristo en Su Trono.

Y ahora, ellos reconocieron, estos valientes de David reconocieron esa unción que estaba sobre David, y lucharon brazo a brazo con David hasta que obtuvieron la victoria final; tuvieron muchas batallas, hubo muchas guerras, en algunas pues tuvieron que salir huyendo (en algunas ocasiones), pero lo importante es el resultado final.

Se pueden perder algunas batallas, pero la guerra se puede ganar; lo importante es el resultado final: quién ganará la guerra. Y la guerra está profetizada que será ganada por Cristo y Su Iglesia, en donde estará el Ángel del Señor Jesucristo. Por lo tanto, la batalla final nos dará la victoria final en el amor divino.

Y ahora, aquellos valientes (dice el reverendo William Branham) que lucharon en favor de David, al lado de David… Dice el reverendo William Branham que cuando David llegó al poder fueron colocados en posiciones muy importantes en su reino.

La Escritura dice: “Si sufrimos con Él (con Cristo), reinaremos con Él”4.

Ahora, en la parábola de los talentos y en la parábola de las minas…; por ejemplo, en la parábola de las minas Cristo representa ahí el Reino de Dios o Reino de los Cielos, y muestra que los que usaron correctamente las minas y las multiplicaron, cuando su señor, el señor vino a pedir cuentas, y encontró que habían multiplicado las minas, dio autoridad sobre ciudades a diferentes personas que habían multiplicado las minas; al que no había hecho nada, le fue quitada la mina y le fue dada al que tenía más; ese no recibió ninguna recompensa del Señor.

Y ahora, en esta parábola encontramos que Cristo dice que le fueron dadas ciudades a estos vencedores, a estos que usaron correctamente las minas.

Veamos en San Lucas, capítulo 19, versos 11 en adelante; dice:

“Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente”.

¿Ven? Los discípulos del Señor Jesucristo pensaban que la restauración y establecimiento del Reino sería para aquel momento, para aquellos días en que Jesús estaba con ellos.

“Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver.

Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociad entre tanto que vengo.

Pero sus conciudadanos le aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: No queremos que este reine sobre nosotros.

Aconteció que vuelto él (esta es la Segunda Venida de Cristo), después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno.

Vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas.

Él le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades.

Vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha producido cinco minas.

Y también a este dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades.

Vino otro, diciendo: Señor, aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo (eso era una moneda);

porque tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste.

Entonces él le dijo: Mal siervo, por tu propia boca te juzgo. Sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré;

¿por qué, pues, no pusiste mi dinero en el banco, para que al volver yo, lo hubiera recibido con los intereses?

Y dijo a los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas.

Ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas.

Pues yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; mas al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.

Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y decapitadlos delante de mí”.

Ahora, vean cómo Cristo en Su Reino, en Su Iglesia, no quiere vagos. Él quiere que todos estemos trabajando en Su Iglesia, en Su Reino, y estemos ganando: con lo que Él nos ha dado estemos obteniendo ganancias para Su Reino.

Y ahora, podemos ver que de lo que trabajamos en la Obra de Cristo depende el tesoro, la herencia, que hemos de recibir. Dice que al que ganó diez minas le fueron dadas diez ciudades.

Cristo también dijo en San Mateo, capítulo 16, verso 26 al 28: “¿De qué le vale al hombre si ganare todo el mundo y pierde su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de Su Padre con Sus Ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras”.

Y también en Apocalipsis, capítulo 22, Cristo dice en el verso 12:

“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”.

O sea que será de acuerdo a la obra de cada cual que la recompensa será otorgada a cada persona. Por eso Cristo dijo: “Haced tesoros (¿dónde?) en el Cielo”5.

Y ahora, trabajando en la Obra de Cristo es que hacemos tesoros en el Cielo; y quedan allí guardados para nosotros disfrutarlos cuando estemos ya transformados en el glorioso Reino Milenial de Cristo.

Ahora, así como David colocó en posiciones importantes a los valientes que estuvieron brazo a brazo con él trabajando en su Obra, hará cada ángel mensajero de cada edad, incluyendo al Ángel del Señor Jesucristo para la Edad de la Piedra Angular. Y así también hará Cristo también con todos Sus ángeles mensajeros, colocándolos en posiciones importantes en ese Reino Milenial: los colocará en posiciones importantes con el grupo que ellos tuvieron en cada edad.

Así que podemos ver lo importante que es estar trabajando en la Obra del Señor Jesucristo.

En la parábola de la Vid verdadera, Cristo dijo: “Yo soy la Vid verdadera, mi Padre es el Labrador”6. Y dijo: “Y vosotros los pámpanos (o sea, las ramas, las ramas de la planta de uva)”7.

¿Y dónde es que se lleva el fruto, o lleva el fruto la planta de uva? Lo lleva en las ramas. Por lo tanto, Cristo lleva el fruto en las ramas, que es la Iglesia, y cada miembro de Su Iglesia, y cada edad de Su Iglesia.

Para la Iglesia como Cuerpo Místico de creyentes, encontramos que ha tenido ocho ramas: las siete edades de la Iglesia y también la Edad de la Piedra Angular. Son diferentes ramas que han nacido en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, es en las ramas, es en cada etapa de la Iglesia (en el tiempo de los apóstoles y luego en cada una de las siete edades, y luego en la Edad de la Piedra Angular), donde nace el fruto, donde nacen los hijos e hijas de Dios en la Iglesia del Señor Jesucristo. Y es ahí donde tenemos que estar activos trabajando en la Obra del Señor Jesucristo, llevando mucho fruto.

Cristo dijo: “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto”8.

Y ahora, podemos ver la bendición tan grande que hay en estar activos trabajando en la Obra del Señor Jesucristo en este tiempo final. Los de las edades pasadas ya hicieron su parte, y ahora nos toca a nosotros en este tiempo final. Y nosotros como valientes del Hijo de David, de Cristo, trabajamos en Su Obra con toda nuestra alma.

Y cuando Cristo termine Su Obra en Su Iglesia, y nos transforme, y haya completado Su Iglesia, nos colocará en posiciones importantes, a cada ángel mensajero con su grupo. Por lo tanto, el grupo de la Edad de la Piedra Angular será colocado en una posición bien importante, y el Ángel será colocado en el Trono con Cristo, en el cumplimiento de la promesa:

“Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”.

Ahora, en este tiempo, trabajamos y luchamos brazo a brazo con Cristo en este tiempo final, para que en el Trono de David se siente con Cristo el Ángel del Señor Jesucristo: Cristo se siente en el Trono de David, y con Él se siente el Ángel del Señor Jesucristo.

Luchamos en contra del diablo, del enemigo, para que el enemigo no pueda sentar en el Trono de David al hombre de pecado, el anticristo, en donde el diablo se encarnará. Y el diablo, al encarnarse en el hombre de pecado, en el anticristo, tratará de —a través del anticristo— sentarse en el Trono de David. Eso será lo que estará buscando también el anticristo en este tiempo final; pero hay una lucha por el Trono de David. Aunque Cristo es el Heredero al Trono de David, hay una lucha en este tiempo final.

Así como, aunque David era el heredero al trono, hubo una lucha, y David tuvo que luchar para lograr sentarse en el trono y obtener así todo el reino; y gobernar sobre la tribu de Judá y de Benjamín primero, por unos 7 años, y después gobernar sobre las otras diez tribus por 37 años, juntamente con la tribu de Judá y de Benjamín. O sea, sobre la tribu de Judá y de Benjamín gobernó David 40 años; pero sobre las otras diez tribus gobernó 37 años9.

Ahora, podemos ver que la lucha ya no es por quién se sentará en el Trono de Dios en el Cielo, porque ya Cristo obtuvo la victoria contra el diablo y se sentó en el Trono de Dios en el Cielo. Ese Trono estaba vacante para que alguien se sentara allá, y por eso el diablo estaba luchando en contra de Cristo; pensó que matando a Cristo en la Cruz del Calvario había obtenido la victoria, y que entonces él (el diablo) se sentaría en el Trono de Dios; pero más bien estaba perdiendo la batalla. Y perdió la batalla el diablo.

Cristo obtuvo la victoria y le quitó las llaves del infierno y de la muerte al diablo; y luego salió el día de resurrección, resucitó (fue glorificado) en forma glorificada, y ascendió al Cielo y se sentó en el Trono de Dios, a la diestra de Dios, a la diestra del poder de Dios.

Por lo tanto, ya el diablo no lucha por ese Trono, porque ya lo perdió; pero está luchando por el Trono de David, al cual Cristo es heredero.

Vean al diablo: no importa quién es el heredero, él trata de arrebatarle la herencia al heredero, trata de arrebatarle la herencia a Cristo, trata de arrebatarle la herencia a cada uno de ustedes y a mí también. A todo lo que nosotros somos herederos, el diablo trata de arrebatarnos esa herencia de parte de Dios para nosotros. Pero la victoria está profetizada en favor de todos nosotros, en favor del Ángel de Jesucristo y en favor de Jesucristo nuestro Salvador; por lo tanto, la victoria será de Cristo y Su Iglesia, con Su Ángel Mensajero, para este tiempo final.

Y ahora, conscientes de que estamos en una batalla en contra del diablo, tenemos que estar bien despiertos y vigilando, y trabajando en la Obra de Cristo. Nadie puede descuidarse, porque el que se descuide puede perder la bendición de Dios; y nadie quiere perder la bendición de Dios. Por lo tanto, estemos trabajando brazo a brazo con Cristo y Su Obra correspondiente a este tiempo final, junto al Ángel del Señor Jesucristo, para que obtengamos la Gran Victoria en el Amor Divino y reinemos con Cristo por el Milenio y por toda la eternidad.

Estamos del lado victorioso, estamos del lado de Cristo, brazo a brazo con Cristo en Su Obra correspondiente a este tiempo final. Por lo tanto, estamos como valientes del Hijo de David en este tiempo final; como estuvieron los valientes de David, sabiendo que iban a obtener la gran victoria, y que David se iba a sentar en el Trono de Jehová, en el Trono de Dios, para gobernar sobre el pueblo hebreo.

Y así también nosotros, estamos conscientes que Cristo se sentará sobre el Trono de David, y con Él el Ángel del Señor Jesucristo, y que vamos nosotros a reinar con Cristo en ese Reino Milenial.

Así que la victoria es para Cristo nuestro Salvador con Su Iglesia. Y nosotros, por consiguiente, estamos del lado victorioso y en la Edad de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo, la Edad del Trono de la Iglesia del Señor Jesucristo. Por eso en la Edad del Trono tiene que ser reclamado y restaurado el Trono de David y el Reino de David; y tiene que haber un mensajero-trono de Cristo, para sentarlo con Él en Su Trono, así como Jesucristo es el Trono humano de Dios, que se sentó en el Trono de Dios en el Cielo.

Ahora, podemos ver este misterio de la lucha por el Trono; y podemos ver quiénes son los valientes del Hijo de David, representados en los valientes de David miles de años atrás.

Y ahora, nosotros somos en este tiempo los valientes del Hijo de David, de Cristo, para que Él obtenga la victoria, reclame Su Trono, y siente con Él en Su Trono al Vencedor, que será Su Ángel Mensajero; y todos seamos transformados, y todos seamos llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, y luego regresemos a la Tierra para el gran Reino Milenial, donde estaremos en las posiciones más importantes de ese glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo. Estaremos en la parte más importante, la parte de la administración de ese Reino del Señor Jesucristo.

Todavía no podemos ver con una visión amplia la bendición tan amplia que hay para nosotros en ese glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo, donde estarán los doce apóstoles también sentados sobre doce tronos, y los doce patriarcas sentados sobre tronos también. Ahí estarán también los siete ángeles mensajeros y el Ángel del Señor Jesucristo.

Así que en ese Reino monárquico-teocrático es la monarquía y la teocracia fusionada, porque será un Rey a través del cual Dios gobernará.

Ahora, podemos ver que eso es un misterio para el Reino de Dios que será establecido en la Tierra. Será un Reino teocrático, monárquico-teocrático. No será un reino humano, o sea, de dirección humana, sino de dirección divina. Será Dios gobernando en ese Reino por medio del Rey, que estará sentado sobre el Trono de David. Cristo es el heredero al Trono de David, y se sentará sobre ese Trono; y con Él, el Vencedor.

Así que continuemos luchando por el Trono, para que ese Trono sea reclamado, y sea restaurado el Reino de Dios en la Tierra.

Cristo enseñó a Sus discípulos en la oración. ¿Qué les enseñó? A pedir la Venida del Reino de Dios a la Tierra: “Venga Tu Reino. Hágase Tu voluntad como en el Cielo aquí en la Tierra (o también en la Tierra)”. Eso está en San Mateo, capítulo 6, verso 10.

Ahora, podemos ver que el Reino de Dios va a estar establecido en la Tierra; y es a través del Trono de David que será restaurado, reclamado. Cristo se sentará sobre el Trono de David, y con Él el Vencedor. Y así estarán unidos los dos reinos: el reino del norte (reino de las diez tribus del norte) con el reino del sur (que es el reino de la tribu de Judá y la tribu de Benjamín). Y serán, no dos reinos, sino un solo Reino en la Mano de Dios.

Ahora, estamos conscientes por qué luchamos en nuestro tiempo: luchamos por Cristo y Su Reino que será establecido en el planeta Tierra; y será restaurado el Reino de Dios en la Tierra en medio del pueblo hebreo, y por consiguiente el Trono de Dios en la Tierra será restaurado. Y Cristo es el heredero al Trono de Dios en la Tierra, al Trono de David. Cristo es el heredero: lo reclamará, y sentará con Él en Su Trono al Vencedor.

Luchemos entonces trabajando en la Obra de Cristo por el Trono, que tiene que ser reclamado y ocupado en este milenio que ha comenzado, en algún año de este milenio que ha comenzado; porque es en el séptimo milenio, de Adán hacia acá, que el Trono de David tiene que ser restaurado; y el Reino de Cristo, el Hijo de David, tiene que ser establecido en la Tierra. Ese es el glorioso Reino Milenial de Cristo.

Ahora, conscientes de por qué luchamos, conscientes de que luchamos por el Trono de David, para que sea restaurado y sea establecido el Reino de Dios en la Tierra, en donde Cristo gobernará sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones: continuemos trabajando en el Reino de Cristo como valientes del Hijo de David.

Y que Dios les bendiga y les use grandemente en Su Obra en este tiempo final. Y en el Milenio serán recompensados por Cristo en posiciones importantes en Su glorioso Reino Milenial.

Que Dios nos fortalezca y nos ayude, y nos use grandemente en Su Obra en este tiempo final, tanto en Puerto Rico como en toda la América Latina, y en el mundo entero, incluyendo el pueblo hebreo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Muchas gracias por vuestra amable atención, amados amigos y hermanos presentes, y los que están a través de internet.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos, y dejo nuevamente con ustedes a nuestro amigo y hermano, Miguel Bermúdez Marín, para finalizar nuestra parte en esta ocasión; y dándole gracias a Cristo, luego de que Miguel termine su parte, luego algún cántico; y regresaremos a nuestros hogares agradecidos a Cristo por el privilegio de estar trabajando y luchando en Su Iglesia, en Su Obra, para la restauración del Reino de Dios en la Tierra, y para el establecimiento del Trono de David, para gobernar sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones.

Que Dios les bendiga y les guarde, y con nosotros Miguel Bermúdez Marín, mientras cantamos la primera parte del cántico que nos habla del Hombre que nos transformó.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

LA LUCHA POR EL TRONO”.

[Revisión noviembre 2021]

1 San Lucas 1:26-38

2 1 Samuel 17:1-58

3 1 Juan 4:4

4 2 Timoteo 2:12

5 San Mateo 6:19-20

6 San Juan 15:1

7 San Juan 15:5

8 San Juan 15:8

9 2 Samuel 5:1-5, 1 Reyes 2:11, 1 Crónicas 3:4

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