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La posición que debe tener el pueblo para ser raptado
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La posición que debe tener el pueblo para ser raptado

Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes aquí en Tres Arroyos. Es para mí una bendición grande estar con ustedes aquí en Tres Arroyos, Argentina, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo.

Para lo cual quiero leer en el libro o carta de San Pablo a los Tesalonicenses [Primera], capítulo 4, versos 14 al 17, donde dice:

“Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “LA POSICIÓN QUE DEBE TENER EL PUEBLO PARA SER RAPTADO”, o sea, para ser arrebatado al Cielo con Cristo, para ir a la Cena de las Bodas del Cordero.

Esta profecía de la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos, para ser llevados con Cristo al Cielo, a la Cena de las Bodas del Cordero, vean ustedes, la da San Pablo en este pasaje de Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, verso 14 al 17, y también habla de esto mismo en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 en adelante, donde dice:

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

He aquí, os digo un misterio (recuerden que es un misterio del Reino del Dios): No todos dormiremos (o sea que no todos vamos a morir, no todos); pero todos seremos transformados…”.

O sea que viene una transformación para los escogidos de Dios, los hijos e hijas de Dios que estarán viviendo en el tiempo final, juntamente con aquellos que han muerto, los cuales serán resucitados en cuerpos eternos, inmortales e incorruptibles. Dice:

“… en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta…”.

A la Final Trompeta, porque la Trompeta es la Voz de Cristo hablando; y la Trompeta Final es Cristo hablando por última vez, por medio del instrumento que Él tenga en el Día Postrero.

“… a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.

Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria”.

Y así termina la muerte para los hijos e hijas de Dios, porque a la Final Trompeta es que Cristo resucitará a los muertos creyentes en Él que han partido, y a nosotros que vivimos nos transformará, si permanecemos vivos hasta que los muertos en Cristo resuciten.

¿Y qué estarán haciendo los que serán transformados en este tiempo final estando vivos? Estarán escuchando la Trompeta Final, esa Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, la cual Juan el apóstol en el libro del Apocalipsis (en el capítulo 1, verso 10 al 11) escuchó en el Día del Señor. Vean, dice, Juan dice:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor (o sea que estaba en el Día Postrero, que es el Día del Señor) …”.

El Día Postrero delante de Dios, para los seres humanos es el milenio postrero, o sea, el séptimo milenio; porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día, dice Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8, y Moisés en el Salmo 90 y verso 4.

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

¿Y quién es el Alfa y Omega?, ¿quién es el primero y el último? Nuestro amado Señor Jesucristo. Es la Voz de nuestro amado Señor Jesucristo hablando a Su Iglesia en el Día Postrero, como le habló a Juan, e identificándose como el Alfa y Omega. Es la Voz de Jesucristo hablándole a Su pueblo, llamando y juntando a Su pueblo, llamándolos a subir a donde Él estará en este tiempo final.

Él ha estado de edad en edad, en cada edad, manifestado a través del mensajero de cada edad, llamando y juntando a Sus ovejas de cada edad; pues Él dijo en San Juan, capítulo 10, verso 14 en adelante, que Él tenía unas ovejas, las cuales Él llamaría. Dice, San Juan, capítulo 10, verso 14 al 16:

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

También tengo otras ovejas que no son de este redil (o sea, porque son de entre los gentiles, no del redil hebreo); aquellas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor”.

El rebaño es la Iglesia del Señor Jesucristo y el Pastor es nuestro amado Señor Jesucristo, y las ovejas son los escogidos de Dios de cada una de las etapas de la Iglesia del Señor Jesucristo. Las últimas ovejas, hijos e hijas de Dios, que Él llama, los llama en este tiempo final.

Y ahora, así como son llamados y juntados los escogidos de Dios en cada edad, por la Voz de Cristo a través del mensajero de cada edad, en este tiempo final las ovejas son llamadas y juntadas con esa Gran Voz de Trompeta, ¿dónde? En la Edad de la Piedra Angular. Por eso en Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, dice:

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas”.

Y ahora, así como cada escogido en cada edad subió a la edad donde Cristo estaba manifestado en Espíritu Santo en el ángel mensajero de cada edad, para oír la Voz de Cristo y ser colocado en el Cuerpo Místico de Cristo: en este tiempo final somos llamados a subir a la Edad de la Piedra Angular y ocupar nuestro lugar, nuestra posición ahí, en el Cuerpo Místico de Cristo.

La Edad de la Piedra Angular es la Edad de Oro de la Iglesia de Jesucristo, es la etapa o edad que corresponde a este tiempo final. Es ahí donde, así como Juan escuchó esa Voz de Trompeta diciéndole: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas”, los escogidos de Dios del Día Postrero, la Iglesia de Jesucristo en el Día Postrero estará en la Edad de la Piedra Angular; subirá al escuchar la Voz de Cristo, esa Voz de Trompeta llamándola a subir; subirá a la Edad de la Piedra Angular para escuchar las cosas que deben suceder pronto.

“Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”, o sea, después de las que ya han sucedido en las diferentes etapas o edades de la Iglesia entre los gentiles.

Y ahora, ¿cómo es que Cristo nos va a dar a conocer todas estas cosas que han de suceder?, pues todos deseamos conocer las cosas que han de suceder. En Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, nos dice cómo, por medio de quién, Cristo estará dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto. Dice, Apocalipsis 22, verso 6:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

Hemos visto aquí cómo es que Jesucristo nos dará a conocer las cosas que deben suceder pronto: es por medio de Su Ángel Mensajero, el cual es el profeta de la Dispensación del Reino, el último profeta de Dios y mensajero de la Edad de la Piedra Angular.

En ese Ángel Mensajero del Señor Jesucristo estará Jesucristo en Espíritu Santo manifestado, hablándole a Su pueblo todas estas cosas que deben suceder pronto, y así estaremos siendo llamados y juntados y preparados para ser transformados, y obtener el cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, y ser llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Tenemos que estar en la Edad de la Piedra Angular, en la Edad de Oro de la Iglesia de Jesucristo, que es la etapa correspondiente a este tiempo final, la cual fue representada, en el tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó Salomón, fue representada en el lugar santísimo de aquellos templos. En el lugar santísimo estaba Dios, y allí le hablaba a Moisés, y desde allí le hablaba a Moisés las cosas que Moisés le tenía que hablar al pueblo hebreo.

Y ahora, en la Edad de la Piedra Angular estará Cristo hablándole a Su Ángel Mensajero, en el cual estará el Espíritu Santo manifestado operando el ministerio de Moisés; por lo tanto, en el Lugar Santísimo es que Cristo, el Espíritu Santo, le habla a Moisés. Y estará operando también el ministerio de Elías en ese Ángel Mensajero, y estará operando también el ministerio de Jesús. Por lo tanto, estos tres grandes ministerios prometidos para este tiempo final estarán siendo manifestados en la Iglesia de Jesucristo, en la Edad de la Piedra Angular; y eso será Cristo en Espíritu Santo manifestado en Su Ángel Mensajero operando estos ministerios.

Ahora, el Ángel del Señor Jesucristo no es el Señor Jesucristo, él solamente es un redimido por la Sangre de Cristo, el cual ha sido enviado por Cristo a Su Iglesia en el Día Postrero, para dar a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; y así ser llamados, juntados y preparados para ser transformados en este tiempo final.

Así es como recibimos la fe, la revelación, para ser transformados y raptados. La revelación de la Segunda Venida de Cristo: esa es la revelación que necesita todo hijo e hija de Dios para ser transformado y ser llevado con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Ninguna persona podrá ser transformada y llevada con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, sin tener la revelación de la Segunda Venida de Cristo, y sin ver a Cristo en el cumplimiento de Su Segunda Venida.

Por eso es que dice San Pablo: “Los que hayamos quedado hasta la Venida del Señor, no seremos delanteros, no estorbaremos a los que duermen”.

Ahora, veamos lo que dijo el reverendo William Branham con relación a esta Trompeta. Dice… página 47, párrafo o verso 402, dice [Citas]:

402 – “‘Y nosotros que vivimos y hayamos quedado hasta la venida del Señor, no evitaremos o impediremos a los que duermen’. Esos preciosos que sellaron su testimonio con su sangre. ‘No impediremos o estorbaremos a los que duermen, porque sonará la trompeta’. Algo acontecerá, ese algo evangélico sonará, el anuncio de Su venida”.

Ese “algo evangélico”: el Evangelio del Reino. ¿Sonará qué? El anuncio de Su Venida; o sea, revelará el misterio de la Segunda Venida de Cristo; y eso es la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta sonando, y llamando y juntando a los escogidos de Dios en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular.

“‘Y los muertos en Cristo resucitarán primero. Y nosotros los que vivimos y permanezcamos seremos transformados’. Parados allí, y sentir un cambio; el pelo canoso se irá, las arrugas cesarán, cambiados en un momento, en un abrir de ojos. Y encontraremos a nuestros amados primero”.

Encontraremos a nuestros seres amados que ya han partido, porque resucitarán en cuerpos eternos, inmortales, incorruptibles y glorificados, cuerpos jovencitos que representarán de 18 a 21 años de edad; así resucitarán nuestros seres queridos que han partido, pero que eran creyentes en Cristo.

Y nosotros los que vivimos: seremos transformados, y tendremos un cuerpo glorificado, igual al cuerpo de nuestro amado Señor Jesucristo; y será un cuerpo jovencito, que representará de 18 a 21 años de edad, para vivir en y con ese cuerpo eterno por toda la eternidad.

Y es en ese cuerpo eterno y glorificado en el que nos iremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; es en ese cuerpo y con ese cuerpo que nosotros seremos arrebatados y llevados con Cristo a la Casa de nuestro Padre celestial.

Así como Cristo cuando murió, resucitó y ascendió al Cielo en ese cuerpo glorificado, y pasó a la Casa de nuestro Padre celestial, a la séptima dimensión, se sentó a la diestra de Dios en el Cielo, en el Trono de Dios, y ha estado allí haciendo intercesión por todos los que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Cuando entre hasta el último de los que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, entonces Cristo terminará Su Obra de Intercesión en el Cielo, saldrá del Trono de Intercesión, y reclamará a todos los que Él ha redimido con Su Sangre preciosa; y resucitará a los que ya partieron, y nos transformará a nosotros los que vivimos.

Ahora, hemos visto dónde tenemos que estar para ser raptados, arrebatados con Cristo en las nubes, para recibir al Señor en el aire y estar siempre con el Señor, ir con Él a la Cena de las Bodas del Cordero: tenemos que estar en la Edad de la Piedra Angular, escuchando la Voz de Cristo, esa Gran Voz de Trompeta dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; las cuales por medio de Su Ángel Mensajero las estará hablando, porque Su Ángel Mensajero será el mensajero del Día Postrero, del milenio postrero, del séptimo milenio, con el Mensaje del Evangelio del Reino. Ese es el último profeta dispensacional de Dios, y por consiguiente es el último de todos los profetas.

Y ahora, por medio de ese Ángel Mensajero es que son dadas a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final, en la Edad de la Piedra Angular.

También Jesucristo, en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

Un Ángel Mensajero enviado por Jesucristo para todas las iglesias, para todo el cristianismo, para dar testimonio de estas cosas que deben suceder pronto. Un solo Mensaje por medio de un solo mensajero para todo el cristianismo, y después para el pueblo hebreo. Ese es el Ángel del Señor Jesucristo enviado por Jesucristo en el Día Postrero, así como envió siete ángeles mensajeros en las siete etapas o edades de la Iglesia entre los gentiles.

Ahora, LA POSICIÓN QUE DEBE TENER EL PUEBLO PARA SER RAPTADO es la posición de la Edad de la Piedra Angular, escuchando la Voz de Cristo por medio de Su Ángel Mensajero dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; y habiendo recibido a Cristo como nuestro Salvador, y lavado nuestros pecados en Su Sangre, y recibido Su Espíritu Santo; y así haber recibido, por consiguiente, el nuevo nacimiento, y haber recibido el cuerpo teofánico de la sexta dimensión o cuerpo angelical, que es la imagen de Dios; para luego, en el Día Postrero, en adición, recibir el cuerpo físico eterno, inmortal e incorruptible y glorificado.

Solamente los que habrán nacido de nuevo y estarán en la Edad de la Piedra Angular serán los que estando vivos serán transformados.

Ahora, si parte uno de nuestro tiempo, no hay ningún problema, porque resucitará en un cuerpo eterno; de todas formas tendrá el cuerpo eterno que Cristo ha prometido.

Ahora, tenemos que estar nosotros en la edad correspondiente a este tiempo final —de la Iglesia de Jesucristo—, que es la Edad de la Piedra Angular.

Así como se cumplió cada edad en el pasado, en cada territorio señalado por Dios (la primera en Asia Menor; la segunda, tercera, cuarta, quinta y sexta en Europa, en diferentes naciones europeas; y la séptima en Norteamérica): la Edad de la Piedra Angular se cumple en la América Latina y el Caribe; por lo tanto, la bendición grande es para la América Latina y el Caribe con sus habitantes, donde Cristo estará llamando y juntando a Sus escogidos del Día Postrero.

Por lo tanto, la bendición de Cristo estará en la América Latina y el Caribe; y, por consiguiente, estaremos orando para que Dios tenga misericordia de la América Latina y el Caribe. Deseamos que la América Latina y el Caribe entre al glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo.

Y ahora, el llamado está en la América Latina y el Caribe, llamando y juntando a los escogidos de Dios del Día Postrero en la Edad de la Piedra Angular, con la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, dándole a conocer a los hijos e hijas de Dios todas estas cosas que deben suceder pronto, y revelándole así el misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Hemos visto cuál es el misterio que revela la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final: es el misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Segunda Venida de Cristo. Y hemos visto la edad en que tenemos que estar en este tiempo final: la Edad de la Piedra Angular. Y hemos visto en qué territorio se estaría cumpliendo esa edad, esa etapa de la Iglesia: la América Latina y el Caribe; por lo tanto, esa edad es llena de latinoamericanos y caribeños; y en el Programa Divino le ha tocado la mejor parte a los latinoamericanos y caribeños: le ha tocado, en el Templo espiritual de Cristo, la parte del Lugar Santísimo.

El lugar santísimo en el templo que construyó Moisés y el tabernáculo que construyó el rey Salomón – o el profeta Moisés… tabernáculo que construyó el profeta Moisés y templo que construyó el rey Salomón, el lugar santísimo estaba en el oeste, en el oeste del templo.

Y ahora, en el oeste del Templo espiritual de Cristo, que es la América Latina y el Caribe, está la parte más importante de Su Iglesia: siendo construido ese lugar (el Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo) con seres humanos; así como el resto del Cuerpo Místico de Cristo, de ese Templo espiritual, ha sido construido con seres humanos. “¿No saben ustedes que son templos de Dios, templos del Espíritu Santo?”1, dice San Pablo.

Ahora, vean ustedes cómo Cristo está construyendo un Templo, que es Su Iglesia, con seres humanos.

Vean ustedes, San Pablo hablándonos de este misterio, en Efesios nos dice: capítulo 2, verso 19 en adelante, dice:

Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios,

edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,

en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;

en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu”.

¿Ven? Un Templo construido con seres humanos, para Dios morar en Espíritu Santo en ese Templo espiritual, que es la Iglesia de Jesucristo, y en cada miembro de la Iglesia de Jesucristo como individuo, que también como individuo es templo de Dios; y Dios mora en el alma de cada miembro de la Iglesia de Jesucristo, porque el alma es el lugar santísimo del individuo, para Dios morar ahí, en el alma, en el corazón, de la persona.

San Pablo también, escribiendo a los Hebreos, en el capítulo 3, versos 5 al 6, dice:

“Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;

pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza”.

Ahora vean, esa Casa de Dios somos nosotros, esa Casa de Dios es la Iglesia del Señor Jesucristo, sobre la cual Cristo está.

Él es la cabeza de Su Casa, Él es el primero de esa Familia, Él es el principio de la Creación de Dios2, de esa Nueva Creación, de esa nueva raza, que es Su Iglesia; porque Cristo está creando una nueva raza con vida eterna.

Por eso Cristo dice: “El que oye mi Palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas pasó de muerte a vida” (San Juan, capítulo 5, verso 24).

Y también en San Juan, capítulo 3, nos dice ahí la Escritura de la siguiente manera: dice verso 14 en adelante:

“Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado (esto era la crucifixión de Cristo, fue levantado en la Cruz del Calvario),

para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.

Solamente podemos obtener vida eterna por medio de nuestro amado Señor Jesucristo; de otra forma, el alma de la persona se perderá. Y la persona es cuerpo, espíritu y alma, y lo que en realidad es la persona es alma viviente; eso es lo que es el ser humano, pero tiene un cuerpo físico mortal, corruptible y temporal, y tiene un espíritu también.

Sigue diciendo:

“Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas”.

En San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40, también nos habla Cristo, diciéndonos:

Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero”.

¿Para cuándo establece Cristo la resurrección de los creyentes en Él que han muerto físicamente? Establece esa resurrección para el Día Postrero, que es el séptimo milenio; pero no sabemos en qué año del séptimo milenio Él llevará a cabo esa resurrección.

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

Nuevamente repite Cristo las palabras: “… y yo le resucitaré en el día postrero”. Esta es una promesa para los creyentes en Cristo que mueran antes de la resurrección de los muertos en Cristo y transformación de nosotros los que vivimos; porque serán resucitados en cuerpos inmortales en el Día Postrero, y nosotros los que vivimos seremos transformados en el Día Postrero; y tendremos entonces el cuerpo eterno, inmortal e incorruptible.

Ahora, hemos visto: LA POSICIÓN QUE DEBE TENER EL PUEBLO PARA SER RAPTADO”.

La posición es la posición de la Edad de la Piedra Angular; escuchando la Voz de Cristo, esa Gran Voz de Trompeta, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto por medio de Su Ángel Mensajero; y así obteniendo la revelación, la fe para ser transformados y raptados, o sea, arrebatados al Cielo, para ir a la Casa de nuestro Padre celestial a la Cena de las Bodas del Cordero.

Cristo habló de este arrebatamiento o rapto para los creyentes en Él, cuando en San Juan, capítulo 14, verso 1 en adelante, nos dijo:

“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.

En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.

Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez (ahí está Su Segunda Venida), y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”.

Y ahí tenemos el llamado y recogimiento de los escogidos, y arrebatamiento o rapto de los escogidos. Nos llevará a la Casa de nuestro Padre celestial en cuerpos inmortales, en cuerpos glorificados; y así seremos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

“LA POSICIÓN QUE DEBE TENER EL PUEBLO PARA SER RAPTADO”, o sea, para ser arrebatado al Cielo, e ir a la Cena de las Bodas del Cordero; para lo cual hay una invitación, y solamente irán los que son convidados a la Cena de las Bodas del Cordero. Apocalipsis, capítulo 19, verso 7 en adelante, dice:

“Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado”.

El Cordero es Cristo, y la Esposa es Su Iglesia; y las Bodas es la unión de Cristo con Su Iglesia.

Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos.

Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero”.

Son bienaventurados los que son llamados a la Cena de las Bodas del Cordero. Esos son los que tienen la invitación para ir a la Casa de nuestro Padre celestial, a la Cena de las Bodas del Cordero, que es la recepción de las Bodas.

Hemos visto este misterio de la posición que debe tener el pueblo, el pueblo de Dios, los creyentes en Cristo, la Iglesia de Jesucristo, para ser raptado cada persona como individuo, y el Cuerpo Místico de Cristo del tiempo final como grupo, o sea, como Cuerpo Místico de creyentes.

Tienen que estar ocupando la posición correspondiente a este tiempo final, que es la Edad de la Piedra Angular; escuchando la Voz de Cristo, esa Gran Voz de Trompeta, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, y revelándonos el misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Así como para recibir el Espíritu Santo (y así recibir el nuevo nacimiento, y recibir el cuerpo teofánico) necesitamos tener la revelación de la Primera Venida de Cristo como Cordero de Dios llevando a cabo Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario.

Y para recibir el cuerpo nuevo, eterno y glorificado, necesitamos tener la revelación de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo, para así estar en la posición correspondiente a este tiempo final para ser raptados, o sea, ser arrebatados al Cielo con Cristo, para ir a la Casa de nuestro Padre celestial, a la Cena de las Bodas del Cordero.

LA POSICIÓN QUE DEBE TENER EL PUEBLO PARA SER RAPTADO”.

Antes tiene que ser llamado y juntado en esa Edad de la Piedra Angular, y tiene que ser preparado para ser transformado; luego tiene que ser transformado para luego ser raptado, o sea, arrebatado al Cielo con los muertos en Cristo, que también estarán en la Tierra, para ir todos juntos a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, a la Casa de nuestro Padre celestial, a la dimensión de Dios.

LA POSICIÓN QUE DEBE TENER EL PUEBLO PARA SER RAPTADO”.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta noche, dándoles testimonio de: LA POSICIÓN QUE DEBE TENER EL PUEBLO PARA SER RAPTADO”.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también; y pronto Cristo complete Su Cuerpo Místico de creyentes, y pronto resucite a los muertos en Cristo, y nos transforme a nosotros los que vivimos, y nos lleve con Él a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, a la Casa de nuestro Padre celestial. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Muchas gracias por vuestra amable atención, amados amigos y hermanos presentes aquí, en Tres Arroyos, Argentina; y pasen todos muy buenas noches.

LA POSICIÓN QUE DEBE TENER EL PUEBLO PARA SER RAPTADO”.

[Revisión mayo 2021]

1 1 Corintios 3:16, 6:19

2 Colosenses 1:18

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