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Llenando la parte más importante de la Casa de Dios
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Llenando la parte más importante de la Casa de Dios

Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes; es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para lo cual quiero leer en San Lucas, capítulo 14, verso 16 en adelante, donde nos dice:

“Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos.

Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado.

Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses.

Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses.

 Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir.

Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos.

Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar.

Dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa.

Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es (es un tema un poco largo): “LLENANDO LA PARTE MÁS IMPORTANTE DE LA CASA DE DIOS”.

La Casa de Dios es Su Iglesia, y Dios ha estado obrando para así Él llenar toda Su Casa de convidados, de personas. A través de la historia bíblica hemos visto cómo Dios obró en el pasado y cómo también fue profetizado la Obra que Él haría en este tiempo final.

Ahora, hablando de la Casa de Dios, la Casa de Dios fue representada en el tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó Salomón. En esas construcciones estaba la sabiduría de Dios manifestada, la cual le fue dada a Moisés y luego también al rey Salomón para la construcción de esas casas; porque esas casas no podían – esos templos no podían ser construidos y ser aceptados por Dios si no eran construidos con la sabiduría de Dios.

¿Por qué? Porque lo que estos hombres hicieron —el profeta Moisés y luego el rey Salomón— fue nada menos que un templo terrenal que representaba el Templo celestial de Dios. Y con sabiduría humana no se puede construir un templo aquí en la Tierra que represente el Templo celestial, y que contenga en ese templo terrenal las cosas que son tipo y figura de las que están en el Cielo; por lo tanto, la sabiduría divina fue dada al profeta Moisés y también al rey Salomón.

Y ahora, no tenemos ni el tabernáculo que construyó Moisés ni el templo que construyó el rey Salomón; aunque ellos representaban el Templo celestial de Dios y aunque Dios habitó en esos templos terrenales, en el lugar santísimo, sobre el propiciatorio, que estaba sobre el arca del pacto.

Y ahora, fue algo grande y glorioso lo que sucedió en el pasado, pero ya eso quedó como historia.

Y ahora, ¿dónde conseguiremos un templo que represente el Templo celestial? Siendo que la Casa de Dios es la Iglesia de Jesucristo, Jesucristo ha estado construyendo un Templo para Dios, para morada de Dios en Espíritu Santo; y ese es el Nuevo Templo, el Nuevo Templo construido con la sabiduría divina. Y Cristo es Poder y Sabiduría de Dios1; por lo tanto, Cristo está construyendo ese Templo de etapa en etapa.

Ahora, la Casa de Dios, la descendencia de Dios, los hijos e hijas de Dios, han aparecido en este planeta Tierra de etapa en etapa.

Así como el templo terrenal que construyó Salomón y el que construyó Moisés tiene atrio, el Atrio en el Templo espiritual de Dios es de Adán hasta Cristo. Los creyentes en Dios que ofrecieron a Dios los sacrificios por el pecado pertenecen al Atrio de la Casa de Dios; ellos eran creyentes en Cristo en la forma que Cristo se estaba reflejando en el Antiguo Testamento.

Y ahora, el Lugar Santo de la Casa de Dios, de la Iglesia de Dios, es la etapa de Cristo hasta el reverendo William Branham.

Y luego la etapa del Lugar Santísimo del Templo espiritual de Dios, de la Iglesia de Jesucristo, es lo que corresponde después del reverendo William Branham a este tiempo final.

Y ahora, por cuanto Cristo está construyendo, creando, un Nuevo Templo, para morada de Dios en Espíritu Santo en ese Templo y en cada persona que pertenece a ese Templo, encontramos que siendo un templo no hecho de piedras literales ni de madera literal sino con seres humanos, como dice San Pedro en su primera carta, capítulo 2… Vean, nos dice San Pedro: Primera de Pedro, capítulo 2, verso 4 en adelante, dice:

“Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa,

vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

Por lo cual también contiene la Escritura:

He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa;

Y el que creyere en él, no será avergonzado.

Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen,

La piedra que los edificadores desecharon,

Ha venido a ser la cabeza del ángulo;

y:

Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados.

Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, (gente) santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;

vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia”.

Este pueblo, del cual habla San Pedro en este pasaje, es la Iglesia de Jesucristo, compuesta por los redimidos con la Sangre de Jesucristo; y esa es la Casa de Dios, la Familia de Dios, la descendencia de Dios. Esa es la Casa a la cual ustedes pertenecen en este tiempo; como los redimidos por la Sangre de Cristo de otras edades, con el mensajero que Dios les envió en cada edad, pertenecieron a la Casa de Dios, a la parte de la Casa de Dios correspondiente al tiempo en que ellos vivieron.

Los de las edades pasadas, de las siete edades, juntamente con la etapa de los apóstoles, corresponde al Lugar Santo de la Casa de Dios. Los que vivieron antes de la Primera Venida de Cristo pertenecen al Atrio. Y ahora, nosotros en este tiempo pertenecemos a la parte del Lugar Santísimo, que es la más importante de la Casa de Dios.

Veamos de nuevo aquí: en Efesios, capítulo 2, verso 19 en adelante:

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios,

edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,

en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;

en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu”.

Aquí vemos nuevamente que nosotros pertenecemos a una Casa, a una Familia, a un Templo, a una descendencia: la Casa de Dios, la descendencia de Dios, la Familia de Dios.

Nosotros como individuos somos descendientes del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; y nuestra alma viene de Dios, es parte de Dios. Y por eso es que Él, de etapa en etapa, de edad en edad, ha estado llamando y juntando a Sus escogidos, Sus hijos, Sus primogénitos escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Y ahora, en la Casa de Dios, que es la Iglesia de Jesucristo…, como nos dice también San Pablo en su carta a los Hebreos, capítulo 3, verso 5 al 6; dice:

“Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;

pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza”.

Y ahora, esa Casa de Dios ya no es el tabernáculo que construyó Moisés ni es el templo que construyó Salomón, sino la Iglesia del Señor Jesucristo, a la cual cada uno de ustedes y yo también pertenecemos.

En el tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó el rey Salomón, fuimos representados, fue representada la Iglesia de Jesucristo.

Y ahora, un Nuevo Templo, una Casa, la Casa de Dios, la Iglesia de Jesucristo, está siendo creada; y de edad en edad Dios crea la parte correspondiente a cada edad: la crea, la materializa, con seres humanos que son llamados y juntados por medio de la Palabra del Evangelio revelado, que es predicado de edad en edad; y por eso en Su Casa, Su Iglesia, ha colocado siervos fieles y prudentes para que les den el alimento espiritual a tiempo.

Y ahora, en la Casa de Dios hay una gran fiesta de etapa en etapa, de edad en edad, porque hay alimento espiritual en abundancia de edad en edad.

En la Casa de Dios son colocados los siervos fieles y prudentes, los mensajeros, los siete ángeles mensajeros para las siete edades y el Ángel de Jesucristo para la Edad de la Piedra Angular; como fueron colocados también los apóstoles al comienzo del Día de Pentecostés en adelante, dando el Alimento, el Mensaje para esa etapa.

Y ahora, en el capítulo 24, verso 44 en adelante, de San Mateo, dice:

“Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.

¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo?

Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.

De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá”.

Y ahora, por cuanto en la Casa de Dios es que Dios tiene a Sus hijos: en Su Iglesia es que Dios llama y junta a Sus hijos, en Su Iglesia es que nacen los hijos e hijas de Dios: es ahí donde obtienen el nuevo nacimiento, nacen en la Iglesia de Jesucristo, del Agua y del Espíritu, porque reciben a Cristo como su Salvador, lavan sus pecados en la Sangre de Cristo y reciben el Espíritu Santo, el Espíritu de Cristo, y así nacen de nuevo; y obtienen un cuerpo teofánico de la sexta dimensión; y así obtienen ese cuerpo angelical de la sexta dimensión, que es un cuerpo teofánico como el cuerpo teofánico de Jesucristo, un cuerpo teofánico como el cuerpo teofánico del Ángel de Jehová.

Y ahora, encontramos que en la Casa de Dios, que es la Iglesia de Jesucristo, es que el Espíritu de Dios ha estado obrando de etapa en etapa, añadiendo a Su Iglesia los que han de ser salvos; como nos dice… veamos… en el capítulo… vamos a ver… Cuando San Pedro predicó su Mensaje, en el capítulo 4 nos habla, y capítulo 2, del libro de los Hechos, nos enseña que Dios añadía a Su Iglesia los que habían de ser salvos. Y es Dios el único que puede añadir a Su Iglesia los que han de ser salvos, porque Él es el que está produciendo el nuevo nacimiento de los hijos e hijas de Dios.

La persona, cuando nace en este planeta Tierra por medio de los padres terrenales, no nace como un hijo de Dios: nace como un hijo del mundo; por eso recibe un espíritu del mundo, o sea, de la quinta dimensión, y recibe un cuerpo mortal, corruptible y temporal; porque con la caída del ser humano en el Huerto del Edén, el ser humano fue destituido de la gloria de Dios, y todos han sido destituidos de la gloria de Dios2. Por lo tanto, se requiere nacer de nuevo para obtener un cuerpo teofánico, angelical, de la sexta dimensión; y así tener la imagen divina, la imagen de Dios, que es ese cuerpo teofánico, angelical, de la sexta dimensión.

Y luego, para el Día Postrero Cristo ha prometido darnos la semejanza de Dios, que es el cuerpo eterno, inmortal e incorruptible y glorificado, igual al cuerpo de nuestro amado Señor Jesucristo; para así ser totalmente a imagen y semejanza de Dios, para así ser personas con cuerpos teofánicos de la sexta dimensión, y cuerpos físicos eternos y glorificados, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador.

Por eso Cristo, el Grano de Trigo, tenía que caer en tierra y morir —nos dijo Él en el capítulo 12 de San Juan; y si no caía en tierra y moría el Grano de Trigo, entonces solo Él quedaba; y todavía estaría viviendo en la Tierra, pero solo; o sea que no habría más personas en la Tierra, solamente Él.

Es como cuando usted tiene un grano de trigo: si usted tiene ese grano de trigo y no lo siembra en tierra, pues solamente queda ese grano de trigo, pero usted no puede ver más granos de trigo. ¿Por qué? Porque para que surjan más granos de trigo, usted tiene que sembrar ese grano de trigo; y luego nace ese grano de trigo en la forma de una planta de trigo; y luego esa planta de trigo produce, lleva, muchos granos de trigo, iguales al que fue sembrado en la tierra.

Y ahora, Cristo dice: “Pero si el grano de trigo cae en tierra y muere, mucho fruto lleva”, muchos granos de trigo.

Y ahora, Cristo está en la forma de Su Iglesia. La Iglesia es la planta de trigo que nació de Jesucristo, el Grano de Trigo que fue sembrado en tierra. El Día de Pentecostés nació el Grano de Trigo en la forma de una planta de trigo, nació en la forma de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y es en la planta de trigo donde se lleva el fruto. Por eso el fruto del Grano de Trigo que fue sembrado en tierra lo lleva la Iglesia del Señor Jesucristo. ¿Y cuál es el fruto? Los hijos e hijas de Dios naciendo en la planta de trigo, naciendo en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por medio del poder del Espíritu de Cristo, por medio del poder del Espíritu Santo que estaba en Jesucristo, ahora vean ustedes, en la planta de trigo se está reproduciendo el Grano de Trigo, se está reproduciendo Cristo en hijos e hijas de Dios.

Y para el tiempo final se completará el número de los granos de trigo en la planta de trigo: se completará el número de los escogidos de Dios, de los hijos e hijas de Dios en la Iglesia del Señor Jesucristo; o sea, los hijos e hijas de Dios en la Casa de Dios, que es la Iglesia de Jesucristo y que es el Templo espiritual de Jesucristo.

Y cuando se complete el número, entonces Cristo saldrá del Trono de Intercesión en el Cielo, tomará el Título de Propiedad, el Libro de los Siete Sellos, lo abrirá en el Cielo, hará Su reclamo, y resucitará a los muertos en Cristo y a nosotros nos transformará; y entonces nos dará así el nuevo cuerpo, el cuerpo eterno y glorificado, igual a Su propio cuerpo.

Y así estaremos iguales a Jesucristo, el Grano de Trigo que fue sembrado en tierra, y entonces lo veremos a Él en Su cuerpo glorificado; y nos veremos también los unos a los otros en el cuerpo glorificado que hemos de tener, el cual será jovencito, que representará de 18 a 21 años para toda la eternidad; será inmortal, incorruptible, y será interdimensional: o sea que podremos pasar de esta dimensión terrenal a otras dimensiones.

Por eso es que iremos a la Cena de las Bodas del Cordero con Cristo, a la Casa de nuestro Padre celestial, a la séptima dimensión, porque tendremos un cuerpo glorificado, inmortal y también interdimensional; y podremos pasar a otras dimensiones con ese cuerpo, e ir a la Gran Cena de las Bodas del Cordero.

Ahora, estando nosotros en la Casa de Dios estamos comiendo el alimento espiritual de cada edad. “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”, dijo Cristo enseñando a orar a Sus discípulos3. Y ahora el pan espiritual de la Palabra de Dios para cada edad, Cristo la ha estado dando a Su Iglesia de edad en edad; y ha colocado al siervo fiel y prudente, al cual le ha dado ese alimento espiritual para que lo reparta a los hijos de Dios (¿dónde?) en la Casa de Dios; así ha sido de edad en edad.

Y ahora, en la Edad de la Piedra Angular, es igual: Él nos da el pan espiritual, el Mensaje del Evangelio del Reino, el Mensaje de la Palabra de Dios revelada para nuestro tiempo, que gira alrededor del misterio del Séptimo Sello, del misterio de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Y cuando todos los que tienen que ser colocados en la Casa de Dios, en el Lugar Santísimo, en este tiempo final, estén en la Casa de Dios ya, entonces Cristo terminará Su Obra de Intercesión en el Cielo, resucitará a los muertos en Cristo y a nosotros nos transformará; y luego estaremos en la Tierra de 30 a 40 días con el nuevo cuerpo y en el nuevo cuerpo, en donde habrá una manifestación plena de Dios en Su Iglesia; y ahí estaremos adoptados; pues la adopción es la redención del cuerpo4, en donde recibiremos el nuevo cuerpo. Ahí también adoptará Cristo a Su Ángel Mensajero del Día Postrero, de la Edad de la Piedra Angular; y también, por cuanto resucitará a los muertos creyentes en Él, quedarán adoptados también los mensajeros de las siete edades con sus grupos, y los apóstoles también.

Y luego que tengamos unos 30 a 40 días aquí, estando en el nuevo cuerpo, luego seremos llevados por Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, a esa gran fiesta, para la cual se va pero con invitación. O sea que cualquier persona no puede decir: “Yo quiero ir a esa gran fiesta de la Cena de las Bodas del Cordero”. Lo primero es que tiene que tener un cuerpo nuevo, eterno y glorificado, ser a imagen y semejanza de Jesucristo nuestro Salvador.

Y para eso Cristo tiene un Programa: Por medio de creer en Jesucristo como nuestro Salvador, lavar nuestros pecados en Su Sangre y recibir Su Espíritu Santo, nacemos de nuevo, y obtenemos un cuerpo teofánico de la sexta dimensión; y para el Día Postrero obtendremos el cuerpo físico eterno y glorificado también; y entonces estaremos vestidos de Boda, estaremos vestidos con toda la vestidura: con el nuevo cuerpo angelical, teofánico, y el nuevo cuerpo físico, eterno y glorificado.

Ahora, veamos, en Apocalipsis, capítulo 19, versos 7 en adelante, dice:

“Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado.

Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos

Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.

Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”.

Aquí podemos ver que son bienaventurados los que son llamados a la Cena de las Bodas del Cordero. Podemos ver en este pasaje, que es una bienaventuranza ser llamado y juntado en el Cuerpo Místico de Jesucristo nuestro Salvador, en la edad a la cual y en la cual le toca vivir a la persona, porque ha sido colocado en la Casa de Dios; ha nacido en la Casa de Dios y está siendo preparado para ir a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, a la Casa de nuestro Padre celestial.

Y ahora, vean ustedes, en el primer llamado, ordenado por el padre de familia, veamos, en San Lucas, capítulo 14, dice… Capítulo 14, verso 21 en adelante, dice:

“Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos”.

Y ahora podemos ver que la Iglesia de Jesucristo es compuesta mayormente por personas sencillas, pobres…; aunque de vez en cuando entran personas también de una posición social o económica alta, pero en sí el grupo grande es de personas sencillas, de la clase media y de la clase pobre.

Y ahora, este llamado fue hecho, dice:

“Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar”.

Y se ha hecho como Cristo mandó durante las siete etapas o edades de la Iglesia, y aún hay lugar.

Todos pensaban que todo iba a terminar cuando terminaran las siete edades, pero el siervo aquí dice: “… aún hay lugar”; pues hay un lugar todavía: el Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo, la Edad de la Piedra Angular; porque un templo no puede ser un templo perfecto si no tiene el lugar santísimo, porque ese es el lugar para la manifestación de Dios en toda Su plenitud. Ese es el lugar donde Dios estará manifestado en toda Su plenitud hablándole a Su pueblo.

“Dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados…”.

Ahora, aquí no le dice “ve por las plazas” ni “por las ciudades”, sino “ve por los caminos y los vallados…”. Así que van a ser personas sencillas —en su mayoría personas sencillas y humildes— las que estarán siendo llamadas y juntadas en la Casa de Dios, y colocadas en el lugar en donde había espacio, lugar para más personas.

“Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa.

Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena”.

Así que esta bendición de ir a la Casa de nuestro Padre celestial, a la Cena de las Bodas del Cordero, será para estas personas que son llamadas y colocadas en la Casa de Dios, en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Ahora, hemos visto dónde es que hay lugar para este tiempo final, para ser llamados y juntados los últimos hijos e hijas de Dios, las últimas almas de Dios que estarán en la Tierra en el Día Postrero para escuchar la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final llamando y juntando a todos los escogidos de Dios (¿dónde?) en la Casa de Dios. ¿En qué parte de la Casa de Dios? En el Lugar Santísimo de la Casa de Dios, que es la Edad de la Piedra Angular.

Hay lugar, y por eso hay un llamado: el llamado de la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo. Ahí es donde Él llama y junta a Sus escogidos del Día Postrero.

Y pronto se completará el número, pronto se llenará la Casa, la parte que quedaba vacía; y entonces Cristo dedicará esa Casa: la Casa de Dios, la Iglesia de Jesucristo, será dedicada por Cristo a Dios para esa manifestación plena de Dios, para la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros, y para nuestra ida a la Cena de las Bodas del Cordero, al Cielo, a la Casa de nuestro Padre celestial.

Y ahora, hemos visto cómo está Dios llenando la parte más importante de Su Casa: el Lugar Santísimo, o sea, la Edad de la Piedra Angular.

Y ahora, en la Iglesia de Jesucristo, que es un Templo espiritual para morada de Dios en Espíritu Santo, se refleja todo el Cielo. Por eso es que en la Casa de Dios, la Iglesia de Jesucristo, todas las cosas celestiales se han ido materializando en la Iglesia del Señor Jesucristo.

En palabras más claras, Jesucristo ha estado y estará transfiriendo las cosas del Cielo a Su Iglesia. Y para el glorioso Reino Milenial, Cristo habrá transferido a Su Reino y a Su Trono las cosas del Cielo, y entonces tendremos en la Tierra el Reino de Dios manifestado, operando y gobernando sobre la raza humana.

Por eso es que, miren, Cristo transfiere Su poder a Su Casa, Su Iglesia, que es Su Reino, y Él dice: “Al que venciere, yo le daré autoridad sobre las naciones, así como yo he vencido…”, vamos a ver… “… así como yo he recibido de mi Padre”. Vamos a leerlo tal y como está para que lo tengan claro: Capítulo 2 del Apocalipsis, versos 26 en adelante, dice:

“Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin (o sea, el que esté guardando las obras de Cristo hasta el fin, fin del tiempo), yo le daré autoridad sobre las naciones,

y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre…”.

¿Ven? En la misma forma que Cristo recibió esa autoridad del Padre, ahora la otorga al Vencedor; y así transfiere ese poder y autoridad del Cielo, del Padre que lo recibió, lo transfiere a Su Iglesia.

Y también Él dice: “Al que venciere, yo le daré del Maná escondido (le daré a comer del Maná escondido), y le daré una Piedrecita blanca, y en la Piedrecita escrito un nombre nuevo, que ninguno conoce sino aquel que lo recibe”. Apocalipsis, capítulo 2, verso 17.

Y ahora, encontramos que la Iglesia de Jesucristo tendrá en el Día Postrero esa Piedrecita blanca en Su Segunda Venida con un nombre nuevo. Vean, lo que está en el Cielo es transferido a la Iglesia del Señor Jesucristo.

Luego también nos dice en Apocalipsis, capítulo 3, verso 12:

“Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios…”.

El Templo de Dios pues es Su Iglesia. O sea, no es que lo va a convertir en una columna de cemento o de metal, sino que lo va a convertir en una persona importante en la Casa de Dios, en la Iglesia del Señor Jesucristo.

“… y escribiré sobre él el nombre de mi Dios…”.

Recuerden que sobre dos columnas que el rey Salomón ordenó construir, escribió sobre ellas dos nombres: en una escribió Jaquín (o Joacim o Jocín), y en la otra escribieron o escribió Boaz5.

Y ahora, vean cómo el tipo y figura está allá; y ahora acá Él dice: “… yo le haré columna en el Templo de mi Dios, y nunca más saldrá fuera (nunca más saldrá fuera del Templo); y escribiré sobre él el Nombre de mi Dios, y el Nombre de la Ciudad de mi Dios, la Nueva Jerusalén, la cual desciende del Cielo, de mi Dios, y mi Nombre Nuevo”.

Ahora, ¿ven que está transfiriendo las cosas del Cielo a Su Iglesia?, y por lo tanto tendrá en quién transferir esas bendiciones del Cielo.

El Nombre de Dios, el Nombre Eterno de Dios, lo va a tener escrito en Su Iglesia en el Vencedor; y ese mismo es el Nombre de la Ciudad de nuestro Dios, y ese mismo es el Nombre Nuevo del Señor Jesucristo.

Luego Él también dice, en el capítulo 3, verso 21: “Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi Trono; así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en Su Trono”.

Cristo cuando murió, resucitó y ascendió al Cielo victorioso, se sentó en el Trono de Dios en el Cielo; recibió toda autoridad y poder. Por eso Él dijo6: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra”. Recibió un nombre nuevo y Él, vean ustedes, ha estado gobernando desde el Trono celestial.

Pero ahora, para el Día Postrero, Él establecerá el Reino de Dios en la Tierra; por lo tanto, tiene que transferir a Su Trono las cosas del Trono de Dios: el poder, el Título de Propiedad (que es el Libro de los Siete Sellos), el Nombre de Dios; y Él tiene que establecer en la Tierra el Reino de Dios.

Por lo tanto, Cristo sobre el Trono de David, ese es el Trono de Jesucristo sobre el cual Él sentará al Vencedor con Él.

Vean, en San Lucas, capítulo 1, verso 30 en adelante, cuando el Arcángel Gabriel le apareció a la virgen María, dice:

“Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.

Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús.

Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;

y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”.

Ese es el Trono del cual habla Cristo cuando dice: “Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi Trono; así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en Su Trono”.

Y como Él en el Trono del Padre recibió un nombre nuevo, recibió todo poder y autoridad sobre toda la Creación, sobre todas las cosas, Él ha estado reinando desde el Cielo sobre toda la Creación; pero ahora Él va a reinar aquí en la Tierra durante el Reino Milenial desde Su Trono terrenal, que es el Trono de David.

Por lo tanto, Él estará haciendo esa transferencia, de las cosas del Cielo y de todo lo que Él ha recibido en el Cielo, lo estará transfiriendo en medio de Su Iglesia, y tendrá en medio de Su Iglesia todas esas bendiciones del Cielo.

Y tendrá un Trono aquí, el Trono de David, sobre el cual Él reinará; y con Él, en el Trono de David, estará el Vencedor, el Vencedor del Día Postrero, el cual será el siervo fiel y prudente en la Casa de Dios, que les estará dando el alimento espiritual a tiempo a todos los hijos e hijas de Dios. En la Casa de Dios, ¿en qué parte de la Casa de Dios? En el Lugar Santísimo de la Casa de Dios, que es la Edad de la Piedra Angular.

Y ahora, podemos ver que algo grande en el Programa Divino está sucediendo; digamos, en los últimos 30 años; o digamos, desde el año 1959 en adelante, algo grande ha estado sucediendo en la Casa de Dios, en el Programa Divino; algo tan y tan grande que cuando estemos en el Reino Milenial lo comprenderemos plenamente.

Todo lo que se ha estado moviendo está encerrado en el Séptimo Sello, y Cristo es el que estaría llevando a cabo la Obra del Séptimo Sello. Y el reverendo William Branham dice que el Séptimo Sello, cuando comience, será un secreto por completo7; pero luego de cierto tiempo, pues ya sería abierto ese secreto, ese misterio.

Ahora, vean ustedes que Cristo tiene que transferir Su poder y autoridad y Nombre Nuevo, todo, para ese glorioso Reino Milenial; y tiene que transferir a la Tierra el Reino de Dios; o sea que tiene que establecer el Reino de Dios aquí en la Tierra.

Y el Trono de David tiene que ser ocupado. Y desde ese Trono se gobernará el pueblo hebreo y el planeta Tierra completo: Cristo gobernará sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones.

Y el Vencedor, que estará en el tiempo final en la Casa de Dios, recibirá la bendición de sentarse con Cristo en Su Trono; y le será escrito el Nombre Eterno de nuestro Dios, de la Ciudad de nuestro Dios, y Nombre Nuevo de nuestro Señor Jesucristo. Esa es la promesa de Cristo para el Vencedor.

Ahora podemos ver la parte más importante de la Casa de Dios, y las cosas importantes que estará llevando a cabo Cristo en Su Casa. En la parte más importante pues es que lleva a cabo las cosas más importantes.

Y ahora a nosotros nos ha tocado estar en la Casa de Dios, ¿en qué parte? En la parte más importante: en el Lugar Santísimo del Templo de Dios, de la Casa de Dios.

¿Y dónde estaba el Nombre de Dios en la casa de Dios? Miren, Deuteronomio, capítulo 12… Vamos a ver si conseguimos… Debe ser capítulo 12, verso 4… Capítulo 12, verso 5, de Deuteronomio, dice:

“… sino que el lugar que Jehová vuestro Dios escogiere de entre todas vuestras tribus, para poner allí su nombre para su habitación, ése buscaréis, y allá iréis”.

Vean ustedes, Dios, como ciudad y como tribu: escogería una tribu, y de esa tribu escogería una ciudad. La tribu fue la tribu de Judá y la ciudad fue Jerusalén. Y allí estaría el Nombre de Dios. ¿Por qué? Porque allí estaría el templo de Dios, el tabernáculo que Moisés había construido; y luego, encontramos que Salomón construyó una casa, y colocó el arca del pacto en el lugar santísimo de ese templo que construyó Salomón.

Y miren aquí el misterio: en el Éxodo, capítulo 25, nos dice: capítulo 25, verso 21 en adelante:

“Y pondrás el propiciatorio encima del arca, y en el arca pondrás el testimonio que yo te daré.

Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandare para los hijos de Israel”.

¿Dónde estaría Dios? Sobre el propiciatorio, y el propiciatorio estaba sobre el arca del pacto. El propiciatorio es una tapa, como esta que está sobre el púlpito, y el propiciatorio es la tapa del arca del pacto. Y ahora, Dios estaría allí.

Vamos a ver un poquito más: Levítico, capítulo 16, dice:

“Habló Jehová a Moisés después de la muerte de los dos hijos de Aarón, cuando se acercaron delante de Jehová, y murieron.

Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón tu hermano, que no en todo tiempo entre en el santuario detrás del velo (o sea, que no en todo tiempo entre al lugar santísimo), delante del propiciatorio que está sobre el arca, para que no muera; porque yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio”.

Y ahora, ¿dónde aparecía Dios? Aparecía en la nube sobre el propiciatorio, en la Columna de Fuego, y desde allí le hablaba a Moisés. Dice:

“Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandare para los hijos de Israel”.

Éxodo, capítulo 25, verso 22. (Y en Levítico, capítulo 16, verso 1 al 2, leímos).

Y ahora, ¿por qué está allí el Nombre de Dios, en el templo? Porque Dios, el Ángel de Jehová, está en el Templo, sobre el Propiciatorio.

Y cuando Moisés le preguntó al Ángel de Jehová, en el capítulo 3 del Éxodo, cuál era Su Nombre, miren lo que le dijo el Ángel de Jehová:

“Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? (Capítulo 3, verso 13 al 14, del Éxodo).

Y respondió Dios a Moisés: Yo soy el que soy. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: Yo soy me envió a vosotros”.

Y ahora, el Yo soy (que son cuatro consonantes: YHWH, en el original) estaría sobre el propiciatorio; y por consiguiente, allí estaría el Nombre Eterno de Dios, en el tabernáculo que construyó Moisés. ¿Pero en qué parte? En el lugar santísimo, sobre el propiciatorio.

Y en el capítulo 23 del Éxodo, verso 20 al 23, dice:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él”.

¿Dónde estaba el Nombre de Dios? En el Ángel de Jehová; y estando el Ángel de Jehová sobre el propiciatorio, allí estaba el Nombre Eterno de Dios.

Luego también, cuando el sumo sacerdote se colocaba sus vestiduras de sumo sacerdote y se colocaba su turbante (que era la mitra), colocaba una lámina de oro, una placa de oro que decía: “Santidad a Jehová”. Allí estaba también el Nombre de Dios: sobre la frente de Aarón, sobre la frente del sumo sacerdote8.

Y ahora, vean ustedes, estaba escrito sobre la frente del sumo sacerdote en una lámina de oro; y ese era el único que podía entrar para ministrar en el lugar santísimo: el hombre, el sacerdote que tenía escrito sobre su frente el Nombre de Dios.

Ahora, vean ustedes, hemos tenido los mensajeros de las diferentes etapas en el Cuerpo Místico de Cristo ministrando en el Lugar Santo, pero ahora se requiere ministrar en el Lugar Santísimo. Por eso es que Cristo dice: “Al que venciere, yo le haré columna en el Templo de mi Dios, y nunca más saldrá fuera (saldrá de allí, nunca más); y escribiré sobre él el Nombre de mi Dios, y el Nombre de la Ciudad de mi Dios”.

¿Quién era el que tenía escrito el Nombre de Dios? El sumo sacerdote lo tenía escrito en la frente. Y ahora Cristo como Sumo Sacerdote, cuando ascendió al Cielo, recibió un nombre nuevo. ¿Ven?

Y ahora, para el Día Postrero, Él promete escribir Su Nombre Nuevo y Nombre Eterno de Dios y de la Ciudad de nuestro Dios sobre el Vencedor. ¿Por qué? Porque se va a ministrar en el Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo.

Y todo lo que sucedió en el tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó Salomón, fue el reflejo de lo que sucedería en el Cielo con Cristo entrando al Lugar Santísimo del Templo celestial, y luego lo que sucedería en la Casa de Dios, la Iglesia de Jesucristo, en el Día Postrero, como también las cosas que ya sucedieron en las diferentes edades.

Ahora, nosotros estamos viviendo en el tiempo más grande y glorioso de la historia de la Iglesia del Señor Jesucristo; nosotros estamos viviendo en el tiempo más grande y glorioso de la historia de la raza humana, en donde serán restaurados a la vida eterna físicamente millones de seres humanos. ¿Y por qué digo “millones de seres humanos”? Porque estoy contando los millones de las diferentes edades pasadas.

De nuestro tiempo y de la Edad de la Piedra Angular (el lugar más importante de la Casa de Dios), no sabemos cuántos son. Yo deseo que sean muchos; quisiera que sean millones. Ahora, no depende de lo que yo desee: depende de lo que Dios desde antes de la fundación del mundo haya determinado; y Dios es el que sabe el número. Y cuando se complete ese número, vendrá la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos.

Ahora, hemos visto cómo Dios está llenando la parte más importante de Su Casa, de Su Iglesia, de Su Templo espiritual, en este tiempo final.

Hemos visto que la bendición nos ha tocado en este tiempo final. “Las cuerdas nos han caído en lugares deleitosos, y grande es la heredad que nos ha tocado”9. Tenemos la bendición más grande de todos los tiempos.

El domingo, Dios mediante, espero que Él me conceda hablarles un poco más de esta transferencia que Cristo está realizando en este tiempo final; porque Él ha estado llevando a cabo esa transferencia de etapa en etapa, y ahora, en este tiempo, está Él realizando algo muy pero que muy importante.

Estamos en un tiempo paralelo al tiempo en que estuvo Adán y Eva en el Huerto del Edén. Pero ya vamos a dejar esas otras cosas para la próxima actividad: el domingo en la mañana y domingo también de mediodía abajo, o sea, en la primera y segunda actividad; y vamos a ver ahí todo lo que Dios nos permita ver. No importa el tema que tengamos, vamos a ver si Dios nos permite colocar lo que tenía por aquí escrito… todavía hay cosas aquí

Estas cositas que están aquí, de aquí les hablé acerca de cómo Dios, cómo Cristo está transfiriendo – está en Su Reino todas estas grandes bendiciones, pero todavía hay algunas cositas más. Aquí lo voy a guardar hasta el domingo, Dios mediante, y vamos a ver si Dios nos permite tocar un poquito más de esto.

El tema para el domingo será (el de la mañana): “LAS PROMESAS PARA EL TIEMPO DEL FIN”, o sea que ahí caen muy bien todas esas bendiciones. La actividad de la tarde, el tema será: “HABITANDO EN LO RESERVADO DE SU MORADA”. O sea que todo está girando también alrededor del tema que tuvimos hoy. Así que vamos a colocar todo esto con el tema del domingo próximo, y vamos a ver con más detalles las grandes bendiciones que Cristo está trayendo del Cielo: del Lugar Santísimo del Cielo al Lugar Santísimo de Su Templo espiritual; y está llenando la parte más importante de Su Casa con seres humanos escogidos de Dios y con grandes bendiciones del Cielo, con grandes revelaciones celestiales.

Si Dios nos permite ver cómo está materializando esas bendiciones, lo veremos el domingo próximo. Hoy hemos visto cómo está reuniendo en el lugar más importante, en la parte más importante de Su Casa, cómo está reuniendo los escogidos del Día Postrero.

Se está materializando en ustedes y en mí esa bendición tan grande, esa promesa tan grande que Él hizo: que enviará Sus Ángeles con Gran Voz de Trompeta y juntarán a Sus escogidos10. En el Día Postrero. ¿En qué parte de la Casa de Dios? En el Lugar Santísimo de Su Templo espiritual, o sea, en la Edad de la Piedra Angular; y así LLENANDO LA PARTE MÁS IMPORTANTE DE LA CASA DE DIOS.

Muchas gracias por vuestra amable atención, amados amigos y hermanos presentes; y que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, vengan desde el Lugar Santísimo del Templo de Dios en el Cielo al Lugar Santísimo de Su Templo espiritual, y vengan sobre cada uno de ustedes y sobre mí también; y nos llene del conocimiento de todo Su Programa, y nos abra el entendimiento y nos abra las Escrituras, y nos transforme pronto. Pronto complete, en Su Casa, Su Iglesia, pronto complete el número de Sus escogidos en Su Casa, y pronto resucite a los muertos en Cristo y nos transforme a nosotros los que vivimos, y nos lleve a la Casa de nuestro Padre celestial, a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LLENANDO LA PARTE MÁS IMPORTANTE DE LA CASA DE DIOS”.

[Revisión agosto 2020]

1 1 Corintios 1:24

2 Romanos 3:23

3 San Mateo 6:9

4 Romanos 8:23

5 1 Reyes 7:21, 2 Crónicas 3:17

6 San Mateo 28:18

7 Los Sellos, pág. 472, párr. 164

8 Éxodo 28:36

9 Salmos 16:6

10 San Mateo 24:31

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