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La recompensa del siervo fiel y prudente
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La recompensa del siervo fiel y prudente

Muy buenos días, amados amigos y hermanos presentes. Es para mí una bendición grande estar nuevamente con ustedes aquí en Ciudad del Carmen, para compartir con ustedes aquí en la isla unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios.

Nos dice el mismo Jesucristo en San Mateo, capítulo 24, versos 34 al 47… Hablándonos de la Venida del Hijo del Hombre, nos dice cosas aquí muy importantes que nosotros no podemos dejar pasar por alto, porque nos enseñan cómo estar esperando la Venida del Hijo del Hombre y nos enseñan cómo será: cómo será el tiempo y qué cosas estarán sucediendo en la Iglesia del Señor. Capítulo 24, verso 34 en adelante, de San Mateo, dice:

“De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre.

Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre (¿Como en los días de quién? De Noé).

Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca,

y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre.

Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado.

Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la otra será dejada.

Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor.

Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa.

Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.

¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo?

Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.

De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema es “LA RECOMPENSA DEL OBRERO FIEL”, “LA RECOMPENSA DEL SIERVO FIEL”, o sea, del siervo fiel y prudente, del obrero fiel y prudente.

Este pasaje que nos habla del siervo fiel y prudente nos da una enseñanza muy grande, la cual es abarcadora. Esto cubre a mensajeros dispensacionales, mensajeros de edades; cubre también a pastores, cubre también a congregaciones, cubre también a individuos y también a naciones; porque nosotros estamos viviendo en un sitio, en un planeta, del cual Dios dice1: “Mía es la Tierra y su plenitud”. O sea que estamos viviendo en un territorio que pertenece a Dios; y Dios le ha dado al ser humano este territorio para que lo administre.

Por lo tanto, cada persona como administrador en los bienes de nuestro Dios, está colocado como un siervo, como un obrero, para que sea fiel y prudente trabajando en esa propiedad divina.

Y ahora, cada persona como individuo tiene cuerpo, tiene espíritu y tiene alma; y Dios es el que le ha dado al ser humano lo que él es. Por lo tanto, el ser humano está responsabilizado en cuidar de su cuerpo, de su espíritu y de su alma; y no podemos defraudar nuestra alma. La Escritura dice2: “El que peca, defrauda su alma”. Por lo tanto, tenemos que ser fieles y prudentes en lo que Dios nos ha dado para ministrar.

Y ahora, cada individuo como un obrero, un siervo fiel y prudente (sea hombre y mujer), está llamado a alimentar su cuerpo. Si deja de comer se pone delgado, se debilita, se enferma y se muere; por lo tanto, tiene una responsabilidad. Por eso es que el ser humano desde que nace está buscando comida.

¿Han visto a los bebés cuando nacen? Enseguida buscan dónde está la comida; y enseguida se pegan al pecho de su madre para tomar su leche, para comer, para recibir su alimento; y ya el ser humano viene con el instinto de alimentarse.

Y ahora, eso es el cuidado para nuestro cuerpo, el cuidado en cuanto a nuestro alimento, para que pueda continuar viviendo.

Y necesitamos alimentar nuestro espíritu y nuestra alma. ¿Y con qué vamos a alimentar nuestro espíritu y nuestra alma? ¿Acaso podemos tomar un pedazo de pan y pescado y cosas así, para darle a nuestra alma y decirle: “Come, para que te alimentes”? No. “No solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”3.

Y cada persona como individuo está responsabilizado a alimentar su alma; esa es una responsabilidad que le corresponde a cada persona como individuo. Porque si no come el alimento espiritual de la Palabra de Dios para el tiempo en que vive, muere espiritualmente esa alma; y luego, el final de ella será ser echada al lago de fuego y desaparecer, dejar de existir totalmente, cuando tuvo la oportunidad de recibir vida eterna.

Y ahora vean ustedes cómo cada persona, por cuanto tiene el libre albedrío, le toca la responsabilidad de recibir ese Alimento, de obtener ese Alimento; y de darle ese Alimento a su alma para que esté fuerte espiritualmente, creyendo en el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, sirviéndole todos los días de su vida y esperando el cumplimiento de cada promesa que Él ha hecho; y disfrutando las que ya están cumplidas, y recibiendo los beneficios de las que ya han sido cumplidas a través de la historia bíblica, incluyendo las del pasado e incluyendo las que está cumpliendo en este tiempo final. Y así nuestra alma es alimentada.

No hay otro alimento para nuestra alma, sino la Palabra que sale de la boca de Dios; y la boca de Dios son los mensajeros de Dios, los profetas de Dios. La Palabra que sale de la boca de Dios, del mensajero de Dios para el tiempo en que Dios envía ese mensajero, ese es el alimento espiritual para la gente de ese tiempo.

Por eso es tan importante cada persona como individuo siendo un siervo, un obrero, un siervo fiel y prudente que alimenta su alma: porque coloca en su casa el Alimento, y él está a cargo de su casa, de alimentar su alma. Cada persona hace contacto con el mensajero de su edad, lo ve, lo recibe, y entonces de él recibe el Alimento que va a colocar dentro de su alma, con el cual va a alimentar su alma.

¿Vieron lo sencillo que es todo?

Y ahora, cada ministro como pastor está responsabilizado de su congregación, de tenerle el alimento espiritual en la congregación, para que esté bien alimentada esa congregación con la Palabra de Dios que corresponde al tiempo en que está viviendo. Está responsabilizado a tenerle ese Alimento en folletos, en videos, y tener los equipos necesarios; y está responsabilizado en buscarlo, ese Alimento. Si no hay forma que se lo envíen, él está responsabilizado en ir a buscarlo para su congregación; para así tener bien alimentada su congregación; porque quiere que esa congregación, esas personas estén preparadas para ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; pero antes tienen que ser transformadas, y para eso tienen que estar alimentadas con la Palabra de Dios correspondiente al tiempo que nos toca vivir.

Y cada congregación está responsabilizada en repartir el alimento espiritual para todas las personas; primeramente para la gente de su congregación y luego repartirles a todos los demás, darles la oportunidad a las demás personas; y así trabajar en la Obra evangelística, llevando el Mensaje de la Palabra de Dios para todo ser humano, el alimento espiritual para el alma de los seres humanos que viven en este tiempo final; porque no hay otro alimento espiritual para el alma, sino la Palabra que sale de la boca de Dios para el tiempo final.

Por lo tanto: “Dadles vosotros de comer”4, como dijo Cristo en dos ocasiones allá, cuando llevó a cabo los milagros de los panes y los peces.

Y ahora, Él de edad en edad lleva a cabo un milagro, y de dispensación en dispensación lleva a cabo un milagro, en donde produce —por creación divina, por Su Palabra creadora— el alimento espiritual para el alma de los seres humanos.

Y cada ángel mensajero como mensajero está responsabilizado de su edad, para alimentar esa edad. ¿Y dónde está ese mensajero?, ¿dónde tiene que estar? Pues en la Casa de Dios, que es la Iglesia del Señor Jesucristo; ahí es donde son alimentados los hijos e hijas de Dios con el alimento espiritual de la Palabra de Dios para cada edad. Dios lo coloca ahí, en esa edad, y le da el Mensaje para esa edad; y él tiene que estar recibiendo ese Mensaje para darlo al pueblo, darlo a los hijos e hijas de Dios; porque él ha sido colocado en la Casa de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, como siervo fiel y prudente, para dar el Alimento a tiempo a los hijos de Dios en la Casa de Dios.

Y así como cada mensajero tiene grandes promesas de grandes bendiciones que Cristo le dará, así la tienen también cada persona como individuo y cada pastor como ministro. Y cada congregación tiene también grandes bendiciones, porque la congregación que trabaja llevando el Mensaje y teniéndole el Alimento, dándole el Alimento a su gente, es bendecida por Dios; por lo tanto, crecerá.

Y ahora, cada mensajero tiene grandes bendiciones de Dios prometidas; y para el Día Postrero hay una bendición en Apocalipsis, capítulo 21, verso 7, que dice:

“El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo”.

Así dice Cristo para el Vencedor del Día Postrero. Por eso es que tiene grandes bendiciones para el Ángel Mensajero del Día Postrero, en y de la Iglesia del Señor Jesucristo, correspondiente a la edad que corresponde a este tiempo final, que es la Edad de la Piedra Angular. Por lo tanto, recibirá la bendición de la adopción, para poder heredar y sentarse con Cristo en Su Trono, y recibir autoridad sobre todas las naciones; y ser así adoptado (o sea, recibir su adopción, recibir su transformación, recibir el cuerpo nuevo), y continuar trabajando en la Obra de Dios pero ya adoptado.

Y si es algo grande y maravilloso trabajar en la Obra de Cristo estando en estos cuerpos, ¿cómo será estando en el cuerpo eterno, en donde no tendremos limitaciones? Será algo grande y maravilloso.

Y para los que trabajan junto al mensajero del Día Postrero también hay grandes bendiciones; porque al ser adoptados tendremos el cuerpo nuevo y continuaremos trabajando con ese cuerpo eterno, y estaremos aquí de 30 a 40 días y después nos iremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; pero hay una labor importante para ser llevada a cabo en esos 30 o 40 días.

Recuerden que Cristo cuando resucitó, los santos también resucitaron con Él (los santos del Antiguo Testamento) y aparecieron a muchas personas5; y Cristo continuó enseñando, predicando a Sus discípulos y llevando a cabo también señales, milagros.

Ahora, podemos ver que hay grandes bendiciones para todos los hijos e hijas de Dios. Por lo tanto: “Trabajad en la Obra del Señor, no por la comida que perece, sino por la que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará”6, dijo Cristo.

Y ahora, nos ha tocado vivir en el tiempo final, en el Día Postrero.

Conforme al calendario actual que se usa, el calendario gregoriano, estamos viviendo en el 1999; 1999 años han transcurrido del nacimiento de Cristo hasta acá, conforme al calendario gregoriano. Y el próximo año, en diciembre 31, a las 12:00 de la noche, conforme al calendario gregoriano, termina el año 99 y comienza el año 2000; comienza a vivirse el año 2000, según dicen estudiosos con relación al calendario gregoriano; porque dicen que cuando Cristo nació, conforme a ese calendario, fue el año primero de ese calendario que fue hecho; y luego, cuando Cristo cumplió 1 año de edad, el calendario ya llegó al año número 2.

Y por eso es que conforme al calendario, para muchas personas, cuando termine el año 2000 (que será en diciembre 31 del año 2000) entonces terminan los dos mil años de Cristo hacia acá; y luego el año 2001 será el primer año del siglo XXI y será el primer año del próximo milenio. Pero para otras personas no es así, no piensan así; y piensan que en diciembre 31 de 1999 termina el siglo XX y comienza el siglo XXI, y por consiguiente comienza el próximo milenio.

Pero aunque hay esas diferencias…; porque es que los otros piensan que cuando Cristo cumplió 1 año, entonces fue el primer año del calendario; y entonces por esa causa es que piensan de esa manera.

Pero si le aplicamos el calendario profético, ya estaríamos en el año dos mil veintialgo; digamos, año 2025, año 2028, por ahí.

Pero ¿por qué calendario Dios estará contando el tiempo? ¿O será que se han acoplado los calendarios: el gregoriano con el profético, con el de Dios?

Ahora, una cosa sí sabemos, y es que para el fin del siglo —que es el tiempo de la siega, de la cosecha— el trigo, los escogidos de Dios, están prometidos para ser cosechados, recogidos. ¿Cómo serán recogidos? Por medio de los Ángeles del Hijo del Hombre enviados para juntar el trigo, para llamar y juntar a los escogidos de Dios con la Gran Voz de Trompeta, como dijo Jesús en San Mateo 24, verso 31:

“Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos…”.

Esa es una promesa de Cristo para ser cumplida en este tiempo final. Y en la parábola del trigo y de la cizaña dice que eso será en el fin del siglo7.

Por eso ustedes notarán que en cada ciclo en donde la humanidad ha llegado al fin de un siglo, la humanidad ha estado inquieta; y ha estado a la expectativa, vigilando, esperando de un momento a otro el cumplimiento de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles; porque está prometido ahí en la Biblia que el tiempo de la cosecha, de la siega, es el fin del siglo.

Y para el fin del siglo Dios enviará, el Hijo del Hombre enviará ¿qué? Sus Ángeles, para llevar a cabo la cosecha. Por lo tanto, la evidencia del fin del siglo al cual se refiere Cristo, la evidencia de ese fin del siglo es el envío de los Ángeles del Hijo del Hombre, para recoger el trigo y colocarlos en el Alfolí.

Y eso es lo mismo de las palabras de Juan el Bautista cuando dijo que Jesús era el que vendría después de él; y él dijo: “Él es el que los bautizará con Espíritu Santo y Fuego”; él dijo: “Su aventador en Su mano está, y…”. Vamos a ver cómo lo dice aquí, para que tengan el cuadro claro. Capítulo 3, verso 11 en adelante, dice (de San Mateo):

“Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará”.

Ahora, vean ustedes que aquí el que recoge el trigo es el Señor; y en la parábola del trigo y la cizaña son los Ángeles del Hijo del Hombre.

Y cuando Cristo habla de la Venida del Hijo del Hombre en San Mateo, capítulo 16, verso 27, dice que el Hijo del Hombre vendrá con Sus Ángeles y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras. Vamos a leerlo para que lo tengan claro, vamos a leer un poquito antes: capítulo 16, verso 24 al 28, dice:

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.

Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?”.

¿Ven? ¿Lo más importante del ser humano es qué? El alma, porque eso es lo que es la persona; esa es la simiente, esa es la semilla: el alma de la persona. Y ahí en el alma, en el alma de la persona, es que la persona o es simiente de Dios o no es simiente de Dios; o es alma de Dios o no es alma de Dios. Y esa es la simiente que ha sido colocada en cuerpos humanos.

Cristo dijo en San Mateo, capítulo 15, verso 13:

“Pero respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada”.

O sea que toda alma que no viene de Dios colocada, que no es colocada aquí por Dios, será desarraigada.

“Toda planta que no (sembró) mi Padre celestial, será desarraigada”.

Y ahora, aquí encontramos que es el Mesías, el precursado, el que lleva a cabo el recogimiento del trigo; y en la parábola del trigo y la cizaña son los Ángeles del Hijo del Hombre; y en San Mateo, capítulo 24, verso 31, donde dice:

“Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos…”.

Ahora, vean ustedes, los escogidos son representados en el trigo. Los escogidos, el trigo, es recogido por los Ángeles del Hijo del Hombre con la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, en el Día Postrero.

Ahora, en San Mateo 16, que estábamos leyendo, pasamos al verso 26, donde dice:

“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?”.

No le aprovechó de nada vivir en la Tierra si pierde su alma, porque no se preocupó por alimentar su alma con la Palabra de Dios correspondiente al tiempo en que estaba viviendo; por lo tanto, muere: muere espiritualmente, y después muere físicamente: cuerpo, espíritu y alma, porque será echado en el lago de fuego, porque saldrá culpable en el Juicio Final; porque “el que cree en Cristo no es condenado, mas pasa de muerte a vida; pero el que no cree, ya es condenado”8.

“¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?”.

Muchos quisieran después dar toda su propiedad por la salvación de su alma; pero si pierden la oportunidad que tienen aquí en la Tierra, después ya no hay más oportunidad.

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras”.

Y ahora, el Hijo del Hombre viniendo con Sus Ángeles: donde esté el Hijo del Hombre, ahí estarán los Ángeles del Hijo del Hombre; y donde estén los Ángeles del Hijo del Hombre, ahí estará el Hijo del Hombre manifestado.

Y en alguien estará esa manifestación del Hijo del Hombre, el ministerio de Jesús; y estará la manifestación del ministerio de Moisés y el ministerio de Elías, porque Moisés y Elías, los Dos Olivos, son los Ángeles del Hijo del Hombre.

Y el ministerio de Cristo es el ministerio del Hijo del Hombre; es la manifestación del Hijo del Hombre con Sus Ángeles viniendo en el Día Postrero, para así traer las bendiciones divinas para el trigo: ser llamado y juntado cada escogido de Dios, cada persona representada en el trigo, y ser preparada para ser transformada y llevada con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Ahora hemos visto este misterio de la recompensa del siervo, del obrero, fiel y prudente.

Seamos fieles y prudentes con nosotros mismos, alimentando nuestra alma con la Palabra de Dios; y también llevando el alimento espiritual para que otras personas y nuestros familiares también alimenten sus almas; y así trabajemos en la Obra de Cristo, en la Casa de Dios, la Iglesia de Jesucristo, en la edad que nos corresponde vivir: la Edad de la Piedra Angular. Y así también los ministros, y así también el Ángel del Señor Jesucristo para la Edad de la Piedra Angular, y así también cada congregación. También esto es aplicado a las naciones, pero de eso hablaremos en otra ocasión.

La recompensa, vean ustedes, es grande; es vida eterna para toda persona, todo hijo e hija de Dios como individuo, y también para cada ministro, y también una posición importante en el Reino de nuestro amado Señor Jesucristo. Esto es así para cada persona como individuo, para cada ministro y para el Ángel Mensajero del Señor del Día Postrero, como también para los ángeles mensajeros de las edades pasadas: una posición importante en el Reino de Dios que estará establecido en este planeta Tierra.

¿Y qué posición importante habrá para nosotros? La Escritura dice que Cristo con Su Sangre nos ha redimido, nos ha limpiado de todo pecado y nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes9. Y no hay posición más alta que la de reyes, sacerdotes y jueces, y esa es la posición que Cristo le da a cada miembro de Su Iglesia, con cada mensajero y cada ministro de cada edad.

Así que vean, no hay posición más alta que la posición que Cristo tiene para los redimidos con Su Sangre preciosa, para todos los que pertenecen al Cuerpo Místico del Señor Jesucristo, o sea, a la Iglesia del Señor Jesucristo.

Ahora podemos ver que vale la pena trabajar en el Reino de Dios: vale la pena ser un siervo o una sierva fiel y prudente, un obrero o una obrera fiel y prudente trabajando en la Obra de Cristo; y trabajando por sí misma la persona para alimentar su alma. Esa es una labor, un trabajo, que le toca a la persona.

Algunas veces alguna persona podrá decir: “Es que para ir a buscar la literatura es muy lejos”, o: “Es que para ir a escuchar un video es muy lejos”. ¿Y quién se perjudica? Pues la persona, si no busca el alimento espiritual para su alma.

Ahora, el que es prudente y fiel, dice: “Eso es cerca. Más lejos era dos mil años atrás en la tierra de Israel. Ahora es más cerca, está a nuestro alcance: en nuestra congregación hay alimento espiritual en abundancia”. ¿Ven? ¿Ven qué cerca es? ¿Qué si fuera yendo a Jerusalén, allá al templo, a adorar a Dios? ¡Eso sí que es lejos!

Pero vean ustedes, Dios ha hecho provisión para todos nosotros y nos tiene en nuestro país, en el país de cada escogido, nos tiene el alimento espiritual en diferentes congregaciones. Y en la congregación que se reúne la persona, ahí hay alimento espiritual para el alma de la persona; para él, para su familia también, para que le lleve a su familia, y para que les lleve a sus vecinos y a las demás personas de su comunidad.

¿Ven que no hay ningún problema? Es que algunas veces los problemas los tienen la gente en la mente, porque piensan en el tiempo y el trabajo que se pasa en ir de un lugar a otro. Pero es que un obrero, un siervo, un obrero que está trabajando, pues sabe que tiene que pasar algún trabajo. No se lo van a traer a la casa y se lo van a leer y se lo van a explicar, y luego le van a decir: “Mijito, ahora descansa”; no, cada persona tiene que hacer la parte que le corresponde.

Todo siervo fiel y prudente es un siervo, un obrero esforzado, que se esfuerza, que lucha por hacer lo mejor, por trabajar y lograr éxito en lo que lleva a cabo. Y cada uno de ustedes tiene que lograr éxito en usted mismo, dándole así la oportunidad a Cristo que obre en usted, con la Palabra que usted lee y escucha, y con el trabajo que usted lleva a cabo; y luego, en las recompensas, le toca a Cristo darlas.

Así que sepan que Cristo tendrá recompensas; aunque no trabajamos por recompensas, sino por amor a Cristo; pero Él dice que “vuestro trabajo en el Señor no es en vano”10.

Por lo tanto, Él tiene unas recompensas muy hermosas para cuando Él nos lleve con Él a la Cena de las Bodas del Cordero; pero comenzamos a recibir recompensas aquí. Cuando seamos transformados, tendremos la recompensa del cuerpo nuevo, ¿ven?; y así ya estaremos recibiendo recompensas grandes. Aun cuando nosotros escuchamos Su Voz, recibimos la recompensa de entender Su Palabra y de recibir Su Mensaje. Su Palabra, Su Mensaje, es una recompensa grande que Él nos da. Y así por el estilo estamos recibiendo todos los días de nuestra vida recompensas.

Miren, hoy estar usted vivo es un día más de recompensa que Dios le está dando a usted; y ya le ha dado muchos días, muchos años (a los que tienen unos cuantos años): años de recompensas; porque ninguna persona se merece estar viva, pero por la misericordia de Dios estamos vivos en esta Tierra. Y vivimos en la Tierra por y para un propósito divino: para ser siervos, obreros, fieles a Cristo nuestro Salvador.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y que Él nos use en Su Obra en este Día Postrero; y pronto se complete el número de los escogidos de Dios, y pronto todos los muertos en Cristo sean resucitados en cuerpos eternos, y nosotros los que vivimos seamos transformados, y llevados todos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Que Dios les bendiga y les guarde, y muchas gracias por vuestra amable atención.

“LA RECOMPENSA DEL SIERVO FIEL Y PRUDENTE”.

[Revisión enero 2021]

1 Salmos 24:1, 1 Corintios 10:26

2 Proverbios 8:36

3 San Mateo 4:4, San Lucas 4:4, Deuteronomio 8:3

4 San Mateo 14:16, San Marcos 6:37, San Lucas 9:13

5 San Mateo 27:52-53

6 San Juan 6:27

7 San Mateo 13:24-30, 36-43

8 San Juan 5:24, 3:18; San Marcos 16:16

9 Apocalipsis 1:5-6, 5:9-10

10 1 Corintios 15:58

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