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La gran señal que Dios nos da
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La gran señal que Dios nos da

Muy buenos días, amados amigos y hermanos presentes; es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para lo cual, quiero leer en Isaías, capítulo 7, verso 10 al 16, donde nos dice:

“Habló también Jehová a Acaz, diciendo:

Pide para ti señal de Jehová tu Dios, demandándola ya sea de abajo en lo profundo, o de arriba en lo alto.

Y respondió Acaz: No pediré, y no tentaré a Jehová.

Dijo entonces Isaías: Oíd ahora, casa de David. ¿Os es poco el ser molestos a los hombres, sino que también lo seáis a mi Dios?

Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel.

Comerá mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno.

Porque antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno, la tierra de los dos reyes que tú temes será abandonada”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “LA GRAN SEÑAL QUE DIOS NOS DA”.

Dios siempre ha dado señales para que Su pueblo vea esas señales; así como nosotros cuando vamos viajando de una ciudad a otra: veamos las señales del tránsito, y sepamos, conozcamos, la ruta por donde vamos, y hacia dónde vamos, y cómo debemos ir por esa ruta.

Y ahora, en esta profecía que Dios da a través del profeta Isaías para el pueblo hebreo, Dios está dando una señal muy grande.

Ahora, en este pasaje encontramos que esta profecía se refiere al Mesías, pero fue reflejada en esta ocasión en este niño; y era tipo y figura del Mesías.

Ahora:

“… la virgen concebirá, y dará a luz un hijo”.

Esta promesa del Mesías viniendo por una virgen, ya en el Génesis estaba dada en el capítulo 3 y versos 14 al 15, cuando Dios maldijo la serpiente; ahí Dios habló la Palabra profética acerca de un hijo, de un niño, de una simiente, que vendría a la Tierra. Dice, capítulo 3, verso 14 al 15, del Génesis:

“Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste (o sea, que engañó a Eva), maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.

Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”.

Esta simiente de la mujer es el Mesías; porque la simiente siempre es un hijo, si se trata de simiente humana; hijos e hijas son simiente de sus padres.

Y ahora, aquí tenemos la promesa de la Venida del Mesías para obtener la victoria en contra del diablo. En el calcañar fue herido Cristo en Su Primera Venida cuando fue crucificado y los clavos fueron colocados en Sus manos y en Sus pies; pero allí Cristo obtuvo la victoria en contra del diablo, pues Él había tomado nuestros pecados y se había hecho mortal.

¿Ven? Él dijo: “Nadie me quita la vida, yo la pongo por Mí mismo para volverla a tomar”1. Y para Él poder hacerse mortal tenía que tener pecado; por lo tanto, Él tomó nuestros pecados, se hizo mortal, y vino la muerte sobre Él: murió físicamente; así como había sido representado en el macho cabrío de la expiación, que era sacrificado, y su sangre era llevada al lugar santísimo del tabernáculo que construyó Moisés, y luego del templo que construyó el rey Salomón. El sumo sacerdote llevaba esa sangre al lugar santísimo, y esparcía con su dedo sobre el propiciatorio siete veces; y así él en esa labor estaba intercediendo por el pueblo hebreo, los hijos de Israel; eso ocurría en el día de la expiación, que era el día diez del mes séptimo de cada año.

Y todo eso es tipo y figura de lo que Cristo realizaría en Su Primera Venida; y luego al ascender al Cielo victorioso y llevar Su propia Sangre al Lugar Santísimo, no del templo terrenal que estaba allí en Israel, sino del Templo celestial.

Vean, el sumo sacerdote tenía que sacrificar el macho cabrío, que era de o “por Jehová”2; y luego que lo sacrificaba en el atrio, luego tomaba de su sangre y llevaba al lugar santísimo, y esparcía con su dedo siete veces sobre el propiciatorio, que estaba sobre el arca del pacto. Sobre el propiciatorio estaban los dos querubines de oro, y estaba allí la presencia de Dios en aquella nube de luz, la nube de la Shekinah, la luz de la Shekinah.

Vean cómo le dice Dios al profeta Moisés, luego de la muerte de los hijos de Aarón, que entraron al lugar santísimo con fuego extraño, y ellos no eran sumos sacerdotes, sino Aarón; por lo tanto, ellos no tenían ningún derecho a estar ministrando en el lugar santísimo.

Dice capítulo 16 de Levítico:

“Habló Jehová a Moisés después de la muerte de los dos hijos de Aarón, cuando se acercaron delante de Jehová, y murieron”.

Veamos en el capítulo 10 cuál fue la causa por la cual murieron. Capítulo 10 de este mismo libro de Levítico. Capítulo 10, verso 1 al 3, dice:

“Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó.

Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová.

Entonces dijo Moisés a Aarón: Esto es lo que habló Jehová, diciendo: En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado. Y Aarón calló.

Y llamó Moisés a Misael y a Elzafán, hijos de Uziel tío de Aarón, y les dijo: Acercaos y sacad a vuestros hermanos de delante del santuario, fuera del campamento”.

Luego, continuamos ahora… Vean ustedes la causa por la cual murieron estos dos hijos de Aarón, hijos del sumo sacerdote. Pero las cosas en el ministerio hay que hacerlas conforme a como Dios estableció; y ellos estaban ofreciendo a Dios fuego extraño, estaban ofreciendo a Dios algo que Dios no demandó; y mucho menos para el lugar santísimo.

Y continuando en Levítico, capítulo 16, continúa diciendo [verso 2]:

“Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón tu hermano, que no en todo tiempo entre en el santuario detrás del velo (o sea, no en todo tiempo entre al lugar santísimo), delante del propiciatorio que está sobre el arca, para que no muera (o sea que si Aarón, siendo el sumo sacerdote, entraba en cualquier tiempo: también iba a morir); porque yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio”.

En esa misma Nube, la Columna de Fuego, en la cual le apareció al profeta Moisés en aquella zarza, y luego libertó al pueblo hebreo, y guio al pueblo hebreo Dios en esa Columna de Fuego; en esa misma Columna de Fuego aparecía sobre el propiciatorio (ese es el trono de Dios) en el tabernáculo que construyó Moisés y en el templo que construyó el rey Salomón; porque ese propiciatorio representa el Trono de Dios en el Cielo.

Y por eso, vean ustedes, en el templo terrenal que le ordenó construir al profeta Moisés, encontramos que estaba el trono de Dios del templo y en el templo, que representaba el Trono de Dios del Cielo.

Y ahora vean ustedes cómo todo lo que Cristo va a hacer en el Templo de Dios es reflejado en el tabernáculo que construyó Moisés y templo que construyó Salomón.

Y por cuanto Cristo es el Melquisedec que le apareció a Abraham y le dio pan y vino, y Abraham pagó a Él los diezmos3; siendo Melquisedec el Sacerdote del Dios Altísimo, Él es Sacerdote del Templo celestial, y es el Rey de Salem, o sea, de Jerusalén, Rey de Paz y Rey de Justicia.

Y ahora, todo lo que Melquisedec —que es Cristo— iba a hacer en el Templo de Dios, vean ustedes: se tiene que hacer carne para venir y llevar a cabo el Sacrificio por el pecado, el Sacrificio de la Expiación. Y en ese Sacrificio que Él llevaría a cabo cumpliría todos los demás sacrificios, como el sacrificio del cordero pascual, el sacrificio del macho cabrío, y todos los demás sacrificios que eran efectuados en medio del pueblo hebreo.

Por eso es que después del Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario no se necesitan sacrificios de animalitos; porque en Cristo están cumplidos todos los sacrificios, y es un Sacrificio perfecto. Por lo tanto, Dios no acepta otro tipo de sacrificio, solamente uno: el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario.

Ahora, así como el sumo sacerdote llevaba a cabo el sacrificio en el atrio, Cristo en Su Primera Venida, vean ustedes, llevó a cabo el Sacrifico por el pecado, el Sacrificio del Macho Cabrío, lo llevó a cabo en el Atrio del Templo de Dios.

Y el Atrio del Templo de Dios, vean ustedes, significa este planeta Tierra, que es el Atrio del Templo de Dios; el cual estaba representado en el atrio allá del tabernáculo que construyó Moisés y del templo que construyó el rey Salomón.

Ahora miren, en un lugar pequeño está representado este planeta Tierra y esta dimensión terrenal. La dimensión terrenal en la cual estamos es el Atrio del Templo celestial de Dios; y por eso el Sacrificio de Cristo fue realizado en esta dimensión terrenal.

Luego encontramos que hubo otro macho cabrío, llamado “de Azazel”4; la suerte cayó, de Azazel, sobre ese macho cabrío. Y ahora, cuando el sumo sacerdote terminaba su labor de intercesión en el lugar santísimo, y salía, luego colocaba las manos sobre la cabeza de ese otro macho cabrío, y lo llevaban al desierto; y así los pecados del pueblo eran llevados lejos. Lo cual es tipo y figura de lo que Cristo hizo: Cuando murió Su cuerpo físico, está tipificado en el macho cabrío que fue sacrificado, el macho cabrío por Jehová. Y luego, cuando Él descendió al infierno en Espíritu, o sea, en Su cuerpo teofánico…, como nos dice el apóstol San Pedro en su primera carta. Primera de Pedro, capítulo 3, verso 18 al 20, dice:

“Porque también Cristo padeció una vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu…”.

O sea, que Él en Espíritu no murió, en Su cuerpo teofánico Él no murió. Él murió en Su cuerpo físico, como el macho cabrío de la expiación, el macho cabrío que era sacrificado. Pero ahora como el macho cabrío por Azazel, el macho cabrío sobre el cual eran confesados los pecados del pueblo y llevados lejos, lejos del pueblo (eran llevados al desierto, un lugar lejano), ahora Cristo en Su cuerpo teofánico, vean ustedes, llevó nuestros pecados bien lejos: los llevó al infierno… los llevó al desierto del infierno. Dice:

“… pero vivificado en espíritu;

en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados…”.

O sea que Cristo en Su cuerpo teofánico fue al infierno y predicó a los espíritus encarcelados, aquellos que habían sido desobedientes en el tiempo de Noé; y por consiguiente, al morir fueron al infierno; porque ese es el lugar para todos los que desobedecen la Palabra de Dios.

“… los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua”.

Ahí podemos ver quiénes estaban allí, a los cuales Cristo les predicó.

También nos dice Cristo, en el libro de Apocalipsis, que Él tiene las llaves del infierno y de la muerte. Cristo obtuvo la victoria en contra del diablo allá mismo, en el infierno: Él venció, obtuvo las llaves del infierno y de la muerte. Vean, capítulo 1, verso 17 y 18, del Apocalipsis, dice:

“Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último (¿Quién es Él? El Alfa y Omega, el primero y el último, nuestro amado Señor Jesucristo);

y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades (o sea, de la muerte y del infierno)”.

Por eso resucitó, por eso salió del infierno, pasó al Paraíso, donde estaban Abraham, Isaac y todos los santos del Antiguo Testamento, y luego resucitó con ellos; y ya el domingo de resurrección en la mañana, ya estaban sobre la Tierra apareciéndole a los creyentes en Él; y los santos del Antiguo Testamento, que resucitaron, aparecieron a muchos en la ciudad de Jerusalén5. Y estuvieron con Él en ese lapso de tiempo de cuarenta días que Cristo estuvo apareciendo a Sus discípulos en diferentes ocasiones. Y luego ascendieron al Cielo con Cristo. Y así se cumplió uno de los salmos, donde dice: “Alzaos, oh puertas eternas, y entrará el Rey de la gloria”.

Ahora, podemos ver que esa bendición tan grande que habla aquí el Salmo 24, verso 7 en adelante, la primera parte ya fue cumplida. La segunda parte corresponde a Su Segunda Venida. Dice, Salmo 24, verso 7 en adelante:

“Alzad, oh puertas, vuestras cabezas,

Y alzaos vosotras, puertas eternas,

Y entrará el Rey de gloria.

¿Quién es este Rey de gloria?

Jehová el fuerte y valiente,

Jehová el poderoso en batalla”.

O sea que cuando iban ascendiendo: los santos iban ascendiendo con Cristo cuando Cristo fue arrebatado al Cielo, luego de los cuarenta días de haber estado con Sus discípulos ya resucitado. Cuando ascendió, ascendieron con Él los santos del Antiguo Testamento, que habían resucitado y habían aparecido a muchas personas en la ciudad de Jerusalén.

Y ahora van ascendiendo con Cristo, y claman así, claman:

“Alzad, oh puertas, vuestras cabezas,

Y alzaos vosotras, puertas eternas,

Y entrará el Rey de gloria”.

Cristo iba con ellos. Y ahora:

“¿Quién es este Rey de gloria? (Preguntan en el Cielo. Y los que van con Él ascendiendo dicen):

Jehová el fuerte y valiente,

Jehová el poderoso en batalla (y así entran al Cielo)”.

Y ahora, la segunda parte corresponde a Su Segunda Venida, en el rapto. Como hubo un rapto allá: el rapto de Cristo con los santos del Antiguo Testamento, para este tiempo final habrá un rapto: el rapto de los santos del Nuevo Testamento: los muertos en Cristo que resucitarán en cuerpos eternos, y nosotros los que vivimos, los cuales seremos transformados.

Y ahora, dice:

“Alzad, oh puertas, vuestras cabezas,

Y alzaos vosotras, puertas eternas,

Y entrará el Rey de gloria.

¿Quién es este Rey de gloria?

Jehová de los ejércitos,

Él es el Rey de la gloria”.

Recuerden que el Jehová del Antiguo Testamento, el Ángel del Pacto, es el Jesús del Nuevo Testamento.

Y ahora, vean ustedes cómo Cristo luego de resucitar, Cristo luego de estar en el infierno y pasar luego al Paraíso en Su cuerpo teofánico, Él allá llevó lejos nuestros pecados: los llevó al desierto de la quinta dimensión, al infierno, y allá los dejó. ¿Se los dejó a quién? Al originador, que es el diablo.

Y ahora, los hijos e hijas de Dios son justificados, como si nunca antes hubiesen pecado. Y aun cuando Cristo resucitó, vean lo que nos dice San Pablo en su carta enviada a Timoteo: Primera de Timoteo, capítulo 3, verso 16, dice:

“E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:

Dios fue manifestado en carne…”.

O sea, Dios manifestado en carne es el Ángel de Jehová, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, manifestado en el cuerpo de carne llamado Jesús. O sea, el Verbo, el Ángel del Pacto, se hizo carne, se hizo hombre, y habitó en medio del pueblo hebreo.

“Justificado en el Espíritu…”.

Fue justificado en el Espíritu. Y ahora, cuando resucita, resucita sin los pecados nuestros, porque los llevó lejos, allá al infierno. Y ahora, dice:

“Visto de los ángeles,

Predicado a los gentiles,

Creído en el mundo,

Recibido arriba en gloria”.

Todo esto se cumplió en nuestro amado Señor Jesucristo.

Y ahora vean ustedes el por qué ya el pueblo hebreo no necesita estar ofreciendo sacrificios de animalitos a Dios: porque ya fue efectuado un Sacrificio perfecto por nuestro Señor Jesucristo.

Melquisedec, el Sacerdote del Templo celestial, vino a la Tierra en carne humana; y Su propio cuerpo de carne lo ofreció en sacrificio por nosotros, para quitar nuestros pecados. Él es nuestra Expiación.

Y ahora, el pueblo hebreo ni necesita sacrificios de animalitos, ni necesita tampoco un templo dónde ofrecer esos sacrificios. Desde que Cristo murió, resucitó y ascendió al Cielo, tenemos un Sumo Sacerdote, no en el templo terrenal que estaba en medio del pueblo hebreo, sino en el Templo celestial, ministrando allí en favor de todos nosotros.

Así que el ministerio de Leví, del cual Aarón fue hecho el primer sumo sacerdote, ese ministerio levítico ya no está en funcionamiento delante de Dios, porque ya está funcionando el Sacerdocio de Melquisedec en el Cielo. Desde que Cristo ascendió con Su Sangre, ya no se usa en la Tierra un templo terrenal para llevar la sangre de un sacrificio; ya Cristo es, como Sumo Sacerdote del Templo celestial, el Sumo Sacerdote Melquisedec; está Él ministrando en el Cielo.

Y ahora vean, todo eso que Él hace allá en el Cielo, lo hace allá en el Lugar Santísimo con Su Sangre, haciendo intercesión por cada uno de Sus hijos a través de las diferentes edades o etapas de Su Iglesia.

Y ahora, tenemos en el Cielo el Sumo Sacerdote Melquisedec. Vean, Jesucristo es ese Sumo Sacerdote, y por eso Su propia Sangre la llevó al Trono de Dios y se sentó en el Trono de Dios; eso es sentarse a la diestra de Dios para hacer intercesión por todos los hijos e hijas de Dios.

Y mientras Él esté allí, con Su Sangre colocada en el Propiciatorio, o sea, en el Asiento de Misericordia, Dios no puede destruir este planeta Tierra; y hay allí misericordia para ser extendida por los seres humanos que arrepentidos de sus pecados reciban a Cristo como su Salvador; pero llegará un momento en donde Cristo saldrá, terminará Su Obra allá y saldrá del Trono de Intercesión.

Recuerden que mientras el sumo sacerdote estaba ministrando en el lugar santísimo, en el templo que construyó Salomón, y también en el tabernáculo que construyó Moisés, había misericordia para el pueblo; y ese día tenían que estar afligidos, o sea, arrepentidos de sus pecados, llorando por sus pecados, arrepentidos delante de Dios. Y el que no lo hiciera así, ¿qué pasaría con él? Vean, es un caso, este, de vida o muerte. Así fue allá, y así es desde que Cristo ascendió al Cielo.

Vean, en Levítico, capítulo 23, verso 26 en adelante, dice… Esta es la fiesta o día de la expiación, el día diez del mes séptimo de cada año. Dice:

“También habló Jehová a Moisés, diciendo:

A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová”.

Vean, “afligiréis vuestras almas”, o sea, afligirse por haber pecado delante de Dios, afligirse arrepentidos por sus pecados.

“Ningún trabajo haréis en este día; porque es día de expiación, para reconciliaros delante de Jehová vuestro Dios (es un día para reconciliación).

Porque toda persona que no se afligiere en este mismo día, será cortada de su pueblo”.

Pierde el derecho a vivir, pierde el derecho a la vida, pierde el derecho a pertenecer al pueblo de Dios.

Y desde que Cristo ascendió al Cielo está en el Cielo, en el Trono de Dios, haciendo intercesión con Su Sangre por todos los que arrepentidos de sus pecados, afligidos por haber pecado delante de Dios: reciben a Cristo como su Salvador y lavan sus pecados en la Sangre de Cristo; y la Obra que Cristo está haciendo en el Cielo se hace efectiva en la persona.

Pero las personas que dicen que no están interesadas en recibir a Cristo como su Salvador, no están interesadas en arrepentirse de sus pecados y lavar sus pecados en la Sangre de Cristo: cuando Cristo termine Su labor en el Cielo, esas personas ya no tendrán oportunidad de decir: “Ahora sí yo quiero arrepentirme”. Ya será demasiado tarde. El que esté sucio ya no tendrá forma de ser limpio de sus pecados6; porque ya no habrá Sangre en el Cielo, en el Trono de Intercesión; por lo tanto, la persona tendrá que atenerse a las consecuencias. Dice:

“Porque toda persona que no se afligiere en este mismo día, será cortada de su pueblo”.

Y ahora, vean ustedes, Cristo dice: “El que no cree, ya es condenado”7. Pero el que cree, el que cree: recibe vida eterna, el que cree en nuestro amado Señor Jesucristo como su Salvador.

Y vean, Dios nos ha dado estos dos mil años de Cristo hacia acá, y todavía la misericordia de Dios está en el Cielo; pero de un momento a otro entrará hasta el último de los escogidos de Dios, y Cristo se levantará del Trono del Padre, y de ahí en adelante el que esté sucio ya no tendrá oportunidad de limpiar sus pecados en la Sangre del Señor Jesucristo.

Miren aquí, en el capítulo 3 de San Juan, verso 14 en adelante, dice:

“Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,

para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.

¿Ven? El que no se pierde ¿es quién? El que cree en nuestro amado Señor Jesucristo.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”.

Aquí podemos ver que es un asunto de vida o muerte, como lo era el día de la expiación: el que no se afligiese… el que no se afligiera y se arrepintiera de sus pecados, la vida la perdería, sería cortado del pueblo.

Ahora, vean ustedes, Dios nos ha dado —de Cristo hacia acá— todo ese tiempo de misericordia, y todavía hay misericordia en el Cielo; pero algún día Cristo saldrá del Trono de Intercesión…; así como lo hacía el sumo sacerdote en el templo terrenal; y cuando salía, ya no podía decir una persona: “Yo llegué tarde, sumo sacerdote, por favor haga intercesión por mí en el lugar santísimo”. Ya había terminado la labor de intercesión en el lugar santísimo; por lo tanto, si no se arrepintió, no se afligió, cuando tenía que hacerlo, ya era demasiado tarde; y la sentencia era que sería cortado del pueblo.

Y ahora vean ustedes, cuando Cristo salga del Trono de Intercesión en el Cielo, del Lugar Santísimo del Templo celestial, ya no habrá más lugar para que la gente diga que quieren arrepentirse; porque ya Cristo habrá terminado esa labor y ya se convertirá en el Juez de toda la Tierra, en el León de la tribu de Judá, Rey de reyes y Señor de señores, y Juez de toda la Tierra; así como ha estado Él como el Cordero de Dios y Sumo Sacerdote en el Cielo. Pero Él cambiará de labor cuando termine de hacer intercesión hasta por el último de Su Cuerpo Místico de creyentes. Cuando entre hasta el último en Su Cuerpo Místico de creyentes, ahí terminará la intercesión en el Cielo.

Y la Tercera Etapa, de la cual el reverendo William Branham ha hablado, en donde habrá grandes maravillas, milagros y señales, esa etapa corresponde a un tiempo en donde ya no habrá misericordia para la raza humana. Y esas grandes maravillas y señales están bajo el ministerio de los Dos Olivos, bajo el ministerio de Moisés y Elías.

Vean, en la página 136 del libro de las Citas, que contiene diferentes extractos de diferentes conferencias del reverendo William Branham, dice… Le preguntan:

1208 – [Pregunta 253]: ‘¿La Novia antes de que venga Jesús, tendrá ella todo poder del Espíritu Santo para hacer milagros, levantar muertos, y así sucesivamente como en la lluvia tardía… Y es esta lluvia tardía para los 144.000 judíos? ¿Tendrán todos los ministros esto (o sea, ¿tendrán todos los ministros este poder, esta manifestación de poder para hacer esos milagros, maravillas y señales?), y estamos sólo esperando la venida? (O sea, la Venida del Señor, o la venida de estos milagros; vamos a ver, o la Venida del Señor) / Ahora, lluvia tardía, 144.000 judíos; no, eso es cuando Elías y Moisés… Allí es donde los milagros tienen lugar”.

Así que los que están esperando grandes milagros y maravillas, tienen que estar conscientes de que eso es bajo la manifestación de los ministerios de Moisés y Elías.

“Las cosas que la gente están buscando, los pentecostales por milagros, pero donde eso tendrá lugar será bajo Elías y Moisés… / Sólo debemos esperar la Venida del Señor”.

Y hay que conocer el orden de Su Venida, cómo está establecido ese orden de la Venida del Señor.

Y ahora, veamos lo que serán estos grandes milagros y maravillas. En la página 114 del libro de Citas, el verso 1002, dice:

1002 – “Y tiene que haber un ministerio que les predique. Pero recuerden, para ese tiempo ya todo habrá cesado. ¡Es una cosa horrenda! Habrá un ministerio que mostrará grandes maravillas (ese es el ministerio de los Dos Olivos). Joel así lo dijo. Pero no habrá tiempo para la redención. Todo entonces es terminado, porque el Cordero ya habrá tomado Su Libro y la redención habrá cesado. Jesús predicó y fue rechazado; luego prosiguió hacia aquellos que estaban encarcelados y no podían arrepentirse; ya no había tiempo para la salvación”.

O sea, para aquellos que habían rechazado el Mensaje del profeta Noé, los cuales estaban en el infierno cuando Cristo murió y descendió al infierno; para esas personas no había oportunidad, pero Él fue y les predicó.

Y ahora, vean ustedes, dice:

“¡Ese mismo ministerio tendrá que repetirse!”.

Y eso es lo que estará sucediendo cuando Cristo salga del Trono de Intercesión en el Cielo: Él reclamará todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa, reclamará a todos Sus escogidos: resucitará a los muertos en Cristo, y a nosotros los que vivimos nos transformará; y todos tendremos cuerpos eternos y jovencitos. Y en ese tiempo habrá una manifestación plena de Dios.

Y el ministerio que Dios tendrá en este tiempo en medio de Su Iglesia será el ministerio que Él estará usando, y estará manifestándose Él por medio de ese ministerio que Él tendrá en Su Iglesia, y llevará a cabo esas grandes maravillas, milagros y señales. Estarán siendo operados los ministerios de Moisés y de Elías y de Jesús en esos días, llevando a cabo grandes maravillas y milagros; pero ya Cristo habrá terminado Su Obra de Intercesión en el Cielo y estará ya completa la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por lo tanto, esa Tercera Etapa será para la Novia, las vírgenes prudentes, donde tendremos una bendición muy grande porque seremos transformados, tendremos el cuerpo nuevo. Y será para las vírgenes insensatas, que no tenían aceite en sus lámparas. Y será para los perdidos, que no pueden ya arrepentirse porque ya no hay Sangre en el lugar de intercesión en el Cielo.

Y también esa Tercera Etapa obrará en favor del pueblo hebreo. Hay 144.000 hebreos que están señalados en la Escritura para recibir la Palabra de Dios y así obtener las bendiciones de Dios; pero tendrán luego que pasar por la gran tribulación, para ser purificados en la gran tribulación; como las vírgenes insensatas tienen que ser purificadas en la gran tribulación también.

Y ahora, el pueblo hebreo verá esa manifestación de Cristo en medio de Su Iglesia, y dirán: “Este es al que nosotros estamos esperando”. Lo verán, verán a Cristo en esa manifestación final, verán a Cristo en Su revelación final; pero Su revelación final comienza en forma sencilla; pero cuando se complete el número de los escogidos de Dios…; es con esa manifestación final que Cristo llama y junta a Sus escogidos del tiempo final, de la Edad de la Piedra Angular, antes de Cristo terminar Su labor de intercesión en el Cielo.

Y cuando entre hasta el último de los escogidos, entonces Cristo saldrá del Trono de Intercesión y adoptará a Su Ángel Mensajero, al cual habrá usado, llamando por medio de él y juntando a todos los escogidos de Dios del Día Postrero en el Cuerpo Místico del Señor Jesucristo.

Esa labor se lleva a cabo en simplicidad, pues los escogidos de Dios son creyentes de Cristo y Su Palabra, por lo tanto no necesitan ver señales y milagros para creer la Palabra de Dios, para oír la Voz de Dios en el Día Postrero por medio de Su Ángel Mensajero dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Y vean ustedes cómo en este tiempo final, esa manifestación del Séptimo Sello… Recuerden que es bajo la manifestación del Séptimo Sello que son llamados y juntados los escogidos del Día Postrero. Y bajo la manifestación del Séptimo Sello, o sea, la manifestación del Ángel que era diferente a los demás, bajo esa manifestación es que son llamados y juntados los escogidos de Dios; porque el Ángel que era diferente a los demás, por medio de Su manifestación a través del Ángel de Jesucristo estará llamando y juntando a todos los escogidos de Dios con el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino.

Y cuando se haya completado esa labor, el Ángel podrá decir: “La Obra que me diste que hiciera, he hecho”, y habrá terminado su labor estando en el cuerpo de carne; y Cristo terminará Su labor de intercesión en el Cielo, tomará el Título de Propiedad, adoptará a Su Ángel Mensajero, resucitará a los muertos en Cristo, y nos adoptará a todos; y seremos restaurados a la vida eterna físicamente también.

Y luego, estrenando el nuevo cuerpo, Dios dará testimonio de que todo lo que Su Ángel había predicado, había dicho, era la verdad. Solamente con la resurrección de los muertos en Cristo, y la transformación nuestra, y la adopción de Su Ángel y transformación de Su Ángel, será suficiente como testimonio de que ese Ángel era el verdadero mensajero de Cristo, era el Ángel de Jesucristo, y que dijo la verdad divina, dijo todo lo que Cristo le dijo para que le dijera a Su pueblo, a Su Iglesia.

Pero Dios dará una manifestación tan grande que estremecerá a la humanidad con las cosas que Dios hará en esa manifestación en este tiempo final por medio de ese Ángel Mensajero que Él adoptará en este tiempo final. Y será el único mensajero de Jesucristo que será adoptado estando vivo. Los otros mensajeros de las siete etapas murieron sin ser adoptados; y cuando ellos sean adoptados, será siendo resucitados en cuerpos eternos.

Pero este Ángel Mensajero de Jesucristo será adoptado estando vivo, y eso será: será transformado, y así obtendrá el nuevo cuerpo; y con él, los escogidos de este Día Postrero estando vivos serán adoptados, cuando los muertos en Cristo resuciten y nosotros los que vivimos entonces seremos transformados.

Ahora vean que hay un Programa Divino, el cual corresponde a este tiempo final; y ese es el Programa Divino que nos da a conocer Cristo, el Ángel del Pacto, a través de Su Ángel Mensajero, y nos prepara para esa adopción, esa transformación que vamos a recibir.

Ahora, vean ustedes, así como Dios dijo en el Antiguo Testamento que Él mismo daría señal…: lo que leímos al comienzo, en el capítulo 7 de Isaías, donde nos dice:

“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”.

Hubo una señal en el cielo: la Estrella de Belén – llamada la Estrella de Belén, de la cual también había hablado Balaam, el cual, aunque era un falso profeta, tenía un ministerio de parte de Dios, un ministerio de profeta, y sabía como acercarse a Dios por medio de los sacrificios que Dios había establecido, y escuchaba la Voz de Dios; y él profetizó que una Estrella saldría de Israel. En Números, capítulo 24, verso 17, ahí nos dice que habrá una Estrella saliendo de Jacob. Vamos a leerlo. Números, capítulo 24, verso 17:

“Lo veré, mas no ahora;

Lo miraré, mas no de cerca;

Saldrá ESTRELLA de Jacob,

Y se levantará cetro de Israel,

Y herirá las sienes de Moab”.

Ahora, vean ustedes cómo esa profecía luego tiene cumplimiento con el nacimiento de Jesús, en San Mateo, capítulo 1 y capítulo 2. Vean, la de Isaías, capítulo 7, se cumple aquí en el capítulo 1, verso 18 en adelante, de San Mateo; dice:

“El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.

José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.

Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.

Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo:

He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo.

Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.

Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer.

Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre Jesús”.

Y el capítulo 2 de San Mateo sigue diciendo:

“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos,

diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.

Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él.

Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo.

Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta:

Y tú, Belén, de la tierra de Judá,

No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá;

Porque de ti saldrá un guiador,

Que apacentará a mi pueblo Israel.

Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella;

y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore.

Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño.

Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.

Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.

Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino”.

Ahora, podemos ver cómo esta profecía, de una virgen concibiendo y dando a luz un niño, fue cumplida en la virgen María. Y así se cumplió la promesa del Génesis, capítulo 3, verso 15, acerca de la simiente de la mujer. La simiente de la mujer, o sea, un hijo de una mujer, el cual nacería, el cual sería el Mesías.

Y ahora, tenemos a una mujer llamada María, siendo la mujer bienaventurada que dijo: “Hágase conforme a Tu Palabra”, le dijo al Ángel. Y conforme a la Palabra que el Arcángel Gabriel le dijo a María, se cumplió, se materializó en ella esa Palabra profética, y tuvo a ese hijo prometido, a ese niño prometido, el cual es el Mesías, nuestro amado Señor Jesucristo.

Y la nación hebrea, siendo que mujeres representan iglesias y pueblos, encontramos que el pueblo hebreo también está representado en una mujer; por eso en las profecías ustedes encontrarán que Dios tipifica al pueblo hebreo con mujeres; o sea, en mujeres Él representa al pueblo hebreo.

Y ahora, el pueblo hebreo como nación, siendo representado en o como una mujer, encontramos que tendría el nacimiento del Mesías en medio del pueblo hebreo; y nació allá en Belén de Judea, de la descendencia de David; vino por medio de la tribu de Judá.

Y ahora, en Apocalipsis, capítulo 12, tenemos algo muy importante aquí.

Ahora miren, para la Primera Venida de Cristo hubo señales en el cielo, porque Dios lo que hace en la Tierra lo refleja en el cielo; por eso Él dijo que habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas8. Y Él dijo9: “Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestras cabezas al cielo, levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención está cerca”; o sea, “vuestra transformación” para los que vivimos, y para los muertos en Cristo: la resurrección de ellos. Eso es, esa adopción es la redención del cuerpo, que es la transformación nuestra, en donde recibimos el nuevo cuerpo.

Y ahora, para el tiempo final podemos mirar Apocalipsis, capítulo 12, y miren aquí lo que nos dice: verso 1 en adelante, dice:

“Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas.

Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento”.

Ahora veamos lo que dijo el reverendo William Branham con relación a esta mujer. En la página 15 y 16 del mensaje “Shalom”, dice10:

68 Ahora, el otro día, teníamos en acontecimientos la historia de la Iglesia. En la Biblia la luna representa la Iglesia, y el sol representa a Cristo. Por lo cual, encontramos en Revelación (o sea, en Apocalipsis), capítulo 12, la mujer, lo cual fue ‘iglesia’ (o sea, la Iglesia), ella fue encontrada con la luna bajo sus pies y el sol en su cabeza, doce estrellas en su corona. Lo cual la antigua ley ortodoxa de los judíos estaba bajo sus pies, ella había cruzado sobre eso hacia la luz del sol. Doce estrellas son los doce apóstoles (¿Doce estrellas son qué? Los doce apóstoles) que nos trajeron los mensajes, ahora, bajo el Espíritu Santo. Ahora encontramos que la luna en los cielos es para reflejar la luz del sol, en la ausencia del sol. Nos da luz para movernos. No importa cuánto refleje, todavía no es la luz perfecta, y la luna refleja su luz en la ausencia del sol. Pero cuando sale el sol, luego la luna no se necesita más.

69 Y hoy la Iglesia está reflejando la Luz del ausente Hijo de Dios. La Iglesia es un reflejo de la Luz; porque Él dijo: ‘Aún un poquito y el mundo no me verá más; pero ustedes me verán, porque yo estaré con ustedes, y aun en ustedes, hasta el final de la edad. Las obras que yo hago’… luces que Él hizo manifiestas. Y no hay luz excepto a través de la Palabra de Dios.

70 Aquel sol es la Palabra de Dios”.

Ahora, podemos ver que la Iglesia es esa mujer que está ahí embarazada, con la luna bajo sus pies. Y ahora, vean ustedes, la luna, la Iglesia, o sea, la mujer allá con la luna bajo sus pies, vean ustedes, la Iglesia allá con los apóstoles, que son las doce estrellas, con la luna bajo sus pies, eso es: tenía todo lo correspondiente a la Ley bajo sus pies; porque ya había pasado la Dispensación de la Ley.

Y ahora, dice que estaba encinta. Y ahora, encontramos que ese niño es Cristo; el cual, vean ustedes, está en el vientre de esa mujer, que es la Iglesia. Así como estuvo en el vientre de María (Jesús), y así como estuvo en medio del pueblo hebreo (Jesús): en medio de Su Iglesia, vean ustedes, está Jesucristo de etapa en etapa: en su vientre ha estado de etapa en etapa manifestándose por medio de Sus ángeles mensajeros.

Pero ahora, miren lo que dice el reverendo William Branham en la página 368 del libro de Los Sellos. Dice:

“[188]. Todo está contaminado, el mundo, toda la naturaleza. ¡Dios tenga misericordia! El mundo entero está con dolores de parto. El mundo está haciendo el esfuerzo, está en angustias, como dijo Isaías. Pero ¿por qué? Es que está tratando de dar a luz un mundo nuevo para el Milenio, donde no existirá el pecado; está tratando de dar a luz un mundo nuevo para un pueblo nuevo que no pecará ni lo corromperá. Correcto. Todo está en angustias.

189. Por eso nosotros también estamos en angustias. La Novia está en angustia para dar a luz a Cristo Jesús. Todo está en angustia gimiendo, porque algo está a punto de acontecer. Y este Sexto Sello da lugar a todo eso”.

Aquí, vean ustedes cómo la Iglesia-Novia de Jesucristo está en angustia para dar a luz a Cristo; y si va a dar a luz a Cristo, pues tiene que estar embarazada.

Y ahora, veamos cómo también el reverendo William Branham estuvo hablando en la página 186 y 187 del mensaje de las siete etapas o Edades de la Iglesia. Dice:

“55. El primer hijo (Adán) era la Palabra-Simiente hablada de Dios. Le fue dada una esposa para reproducirse. Para eso le fue dada la esposa, para reproducirse; para producir otro hijo de Dios. Pero ella cayó. Ella cayó por mezclarse. Ella hizo que él muriera.

56. Al segundo hijo (Jesús), también una Palabra-Simiente hablada de Dios, le fue dado una novia, así como fue con Adán. Pero antes que Él se pudiera casar con ella, ella también había caído. Ella, como la esposa de Adán, fue puesta a prueba para ver si creería la Palabra de Dios y tendría Vida, o dudar la Palabra y morir. Ella dudó, dejó la Palabra; y por eso murió.

57. De un grupo pequeño, de una verdadera simiente de la Palabra, Dios presentará a Cristo una Novia amada. Ella es una virgen de Su Palabra. Ella es una virgen porque no conoce ningún credo ni dogma hecho por el hombre. Por y a través de los miembros de la Novia será cumplido todo lo prometido por Dios que habría de ser manifestado en la virgen.

58. La Palabra de promesa vino a la virgen María, y esa Palabra prometida era Él mismo, Quien habría de ser manifestado. Dios fue manifestado. Él mismo actuó en ese tiempo y cumplió Su propia Palabra de promesa en la virgen. Fue un Ángel quien le había traído el mensaje, y el mensaje de ese Ángel fue la Palabra de Dios (Isaías 9:6). Él cumplió en ese tiempo todo lo que estaba escrito acerca de Él, porque ella aceptó Su Palabra.

59. Los miembros de la Novia-Virgen Le amarán, y ellos tendrán Sus virtudes, porque Él es su cabeza, y todo poder le pertenece. Ellos están sujetos a Él, así como los miembros de nuestro cuerpo están sujetos a nuestra cabeza”.

Y ahora, vean ustedes cómo… así como la virgen María tuvo al Hijo de la promesa naciendo a través de ella, ahora por medio de la Iglesia-Novia de Jesucristo vendrá el cumplimiento del Hijo prometido. Por eso es que en el libro de Los Sellos dice que: “La Novia está con angustia para dar a luz a Cristo”.

Y todo eso es lo que corresponde al Séptimo Sello, es lo que corresponde a la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19; y eso será la Venida del Verbo, de la Palabra, en el Día Postrero, en y a través de la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo.

Y vean ustedes, así como la Primera Venida de Cristo se cumplió por medio de una virgen, en medio del pueblo hebreo, que también está representado en una mujer; para el Día Postrero, en medio de la Iglesia de Jesucristo, que es una Iglesia-Virgen, vendrá el cumplimiento de la Segunda Venida de Cristo, vendrá el cumplimiento del Séptimo Sello.

Y tenemos las señales en el cielo. Febrero 28 de 1963: ahí tenemos esa señal grande en el cielo, la cual fue tomada en fotos y publicadas en revistas, como la revista CIENCIA y la revista LIFE.

El reverendo William Branham cuando habló de esta nube dijo que él estuvo allí con y en esa nube; y que era una nube formada por ángeles: eran los siete ángeles de las siete edades de la Iglesia gentil, y un Ángel que era diferente a los demás, los que formaron esta nube a una altura a la cual no viajan los aviones.

Y esta nube, vean ustedes, a 26 millas11 de altura, a la cual no viajan los aviones, apareció. Era una nube gigante, la cual fue vista desde diferentes estados norteamericanos, y también desde Nuevo México.

Y esa nube fue formada por ocho ángeles: los siete ángeles mensajeros de las siete edades y otro Ángel que era diferente a los demás. Todos ellos están ahí en sus cuerpos teofánicos; y por eso encontramos que pueden estar manifestados ahí y verse una nube gigante.

Aunque si nos aparecen en el cuerpo teofánico, que es en forma de un hombre pero de otra dimensión, parecido al cuerpo nuestro, pues nos aparecen de un tamaño normal. Pero ya cuando son tomados en foto allá en el cielo, vean en la forma en que aparecen: como aparecía la Columna de Fuego con el pueblo hebreo: podía aparecer a Moisés en una forma pequeña, o podía aparecer cubriendo todo el territorio donde estaba el pueblo hebreo; porque de día le era una nube que los cubría del sol, y de noche le era una nube de luz que les alumbraba el camino.

Ahora, esta señal en el cielo da testimonio de lo que Dios estará haciendo en la Tierra desde esa fecha en adelante. Y ahí Dios está testificando en el cielo, vean ustedes, la Obra que Él estará haciendo en la Tierra; así como cuando apareció la Estrella de Belén: Dios estaba dando testimonio en el cielo de lo que Él estaba haciendo en la Tierra: el Mesías estaba viniendo.

Y el Mesías, Cristo, dice en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16. Él dice: “Yo soy la Estrella resplandeciente de la Mañana”.

Y ahora, vemos una señal en el cielo, allá en los días en que nació Jesús: una Estrella en el cielo, porque representa a Cristo, que es la Estrella resplandeciente de la Mañana.

Siempre las señales en el cielo testifican de las cosas que ocurren en la Tierra, de las cosas que Dios hará en la Tierra.

Ahora miren lo que nos habla el reverendo William Branham de esa señal en el cielo. Dice, página 32, del mensaje “Shalom”, dice:

158 Muy exactamente, según nos mostró en las siete edades lo que vendría. Tan exactamente de lo que Él nos mostró lo que vendría cuando Él estableció la luz allá arriba, en revelación a eso, para mostrárselo al mundo. Cuando él envió a los siete ángeles para revelar los siete mensajeros que habían estado a través de allí; mostrar los cabos sueltos. Cada ángel viniendo cada día y revelando los cabos sueltos que Lutero dejó, y dejó Wesley, y dejó pentecostés; está todo representado allí (¿Está todo representado dónde? Está todo representado aquí, en esta nube formada por ángeles). Y el mismo tipo y sombra del gran Shalom, Jehová. (Aquí él lo usa en otras letras, pero que son las mismas). Y-V-H-U (que son las mismas Y-H-W-H, pero colocadas en otra forma) ¿Ven? Exactamente. Lo lanzó en los cielos”.

¿Y por qué está allí el nombre que Dios le dio al profeta Moisés como el Nombre del Ángel de Jehová, del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob? Porque allí está el Ángel que es diferente a los demás, el cual tiene ese Nombre.

El misterio de ese Ángel es el misterio del Séptimo Sello; él es el Ángel que tiene el Séptimo Sello. Y con la manifestación de ese Ángel en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular, ministrando en la Edad de la Piedra Angular por medio del Ángel Mensajero del Señor Jesucristo, el Séptimo Sello estará llevando a cabo Su Obra y se estará haciendo la historia del Séptimo Sello. Y por consiguiente, el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, el Ángel que era diferente a los demás, estará ahí manifestando Su Nombre; y Su Obra será una Obra hecha en ese Nombre: YHWH. Y Él vendrá manifestado en ese Nombre que Él le dio a Moisés, y vendrá ministrando a través del Ángel Mensajero del Señor Jesucristo.

Y ahora, podemos ver el por qué para este tiempo final habrá una manifestación muy grande en favor de todos los hijos e hijas de Dios.

Ya hemos visto la señal en el cielo, de todo lo que Dios hará en la Tierra. Y allí está todo representado, todo lo que Él hará en la Tierra, aun hasta el Nombre de Dios: YHWH está allí, porque allí está el Ángel que tiene el Séptimo Sello, el Ángel que viene para el Día Postrero, el Verbo, el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que viene para cumplir Su Programa, el Programa Divino correspondiente a este tiempo final. Y tiene que venir en y por medio de Su Iglesia en este tiempo final; porque Él ha estado en medio de Su Iglesia, así como estuvo en medio del pueblo hebreo de etapa en etapa.

El pueblo hebreo tuvo siete edades; y Él estuvo en medio del pueblo hebreo en esas edades, y después se manifestó en carne humana en toda Su plenitud, en la Edad de la Piedra Angular, a través de Jesús; la Edad de la Piedra Angular correspondiente a la Primera Venida de Cristo.

Y para la Iglesia de Jesucristo a través de sus diferentes edades, Cristo, el Ángel del Pacto, ha estado manifestado a través de cada ángel mensajero hablándole a Su Iglesia y cumpliendo el Programa Divino correspondiente a cada etapa de Su Iglesia.

Y para este tiempo final Él sube… Ha venido subiendo, y sube a la Edad de la Piedra Angular; y viene manifestado Cristo, el Ángel del Pacto, el Ángel que era diferente a los demás, el Mensajero a Israel, viene manifestado en Su Ángel Mensajero en este tiempo final, en la Edad de la Piedra Angular. Y ese será el Ángel Mensajero que estará usando Cristo, el Ángel del Pacto, para hablarle a Su Iglesia todas estas cosas que deben suceder pronto; y así estar escuchando la Voz de Cristo, esa Voz de los Siete Truenos de Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 al 11. Y ese es el Ángel del Señor Jesucristo a través del cual el Ángel del Pacto estará manifestado en el Día Postrero; y estará así revelándonos todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Ya las señales de todo lo que Cristo estaría haciendo en este tiempo final han sido mostradas en el cielo. Y aun todavía siguen apareciendo más señales en el cielo, que nos hablan de que estamos en el tiempo final, de que estamos en el Día Postrero.

Y vean ustedes, por medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, que es esta mujer vestida del sol, es que tienen que ser cumplidas estas promesas. Y la Iglesia del Señor Jesucristo tendrá un mensajero, un Hijo, en este tiempo final; el cual será el instrumento de Cristo a través del cual Cristo le hablará a Su pueblo.

Y Cristo, al final de la Obra del ministerio de ese Ángel Mensajero, Cristo lo adoptará; y adoptará a los escogidos del Día Postrero, que estarán bajo el ministerio del Espíritu Santo a través de ese Ángel Mensajero de Jesucristo; y a los muertos en Cristo los resucitará en cuerpos eternos.

Ahora vean ustedes cómo, así como la señal que fue vista en el cielo, la Estrella de Belén, representaba al Mesías; así es que la señal vista en el cielo luego fue vista en la Tierra en la forma de un hombre llamado Jesús.

Siempre para el pueblo la señal de Dios es un profeta. Por lo tanto el pueblo hebreo ya no veía la Estrella de Belén —los que la habían visto—, pero estaban viendo lo que esa Estrella representaba: representaba al Mesías en medio del pueblo hebreo; por lo tanto, la señal en el cielo, ya esa señal estaba en la Tierra en la forma de un hombre.

Y ahora, encontramos que lo que Él muestra en el cielo como señal, luego es visto en la Tierra; y cuando es vista en la Tierra, ya la señal no está en el cielo, sino que está ¿dónde? En la Tierra. Y son vistas esas señales en la Tierra manifestadas.

Ahora, por ejemplo, tenemos en el libro del Apocalipsis, y también en los evangelios, profecías que señalan las cosas que estarán sucediendo en el tiempo final. Por ejemplo, en San Mateo, capítulo 13, versos 30… Verso 30, primeramente, dice:

“Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero”.

La señal del fin del tiempo, la señal de que estamos en el tiempo de la cosecha, de la siega, son los ministerios de los segadores, que vienen llamando y juntando a los escogidos, recogiendo el trigo.

“… recoged el trigo en mi granero”.

Y ahora vean ustedes cómo Cristo lo explicó. Y el mismo capítulo 13, verso 37 en adelante, dice:

“Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre.

El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo.

El enemigo que la sembró es el diablo (o sea, el que sembró la cizaña); la siega es el fin del siglo (¿la siega es qué? El fin del siglo); y los segadores son los ángeles.

De la manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo.

Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad,

y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes”.

O sea, los echarán en la gran tribulación, donde será el día ardiente como un horno, donde los juicios divinos caerán sobre la raza humana.

“Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre”.

Porque los justos, que son el trigo, son recogidos y colocados en el Alfolí de Dios.

También en el mismo capítulo 13, verso 47 al 50, dice:

“Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces;

y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera.

Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos,

y los echarán (¿a quiénes? A los malos) en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes”.

Ahora, vean que la señal del fin del siglo, del fin del tiempo, la señal del tiempo de la cosecha, o la señal de la cosecha, es que Cristo, el Hijo del Hombre, envía a Sus Ángeles para recoger el trigo en el granero, y la cizaña ser echada en el horno de fuego, o sea, en la gran tribulación, que es “el día ardiente como un horno”, donde no les dejará Dios ni raíz ni rama.

Ahora, podemos ver que esto y de esto mismo nos habla Cristo en el capítulo 24 y versos 30 y 31, cuando nos dice:

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”.

Vean cómo el Hijo del Hombre envía Sus Ángeles. Sus Ángeles son los ministerios de Moisés y Elías, los ministerios de los Dos Olivos; y primeramente estarán en medio de la Iglesia de Jesucristo llamando y juntando a los escogidos de Dios. ¿En dónde los juntan? En el Cuerpo Místico de Cristo, en la Edad de la Piedra Angular. Y después serán llamados y juntados los escogidos del pueblo hebreo, que son 144.000 hebreos, conforme a Apocalipsis, capítulo 7 y el capítulo 14 de Apocalipsis.

Ahora, podemos ver ahí que la señal del fin del siglo, del fin del tiempo, y la señal del tiempo de la cosecha, es la Venida de los Ángeles del Hijo del Hombre llamando y juntando a todos los escogidos de Dios en el tiempo final.

Y cuando los hijos e hijas de Dios estarían viendo los ministerios de los Ángeles del Hijo del Hombre llamando con el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta, del Evangelio del Reino, llamando y juntando los escogidos en el Día Postrero, se darían cuenta que estarían ya viviendo en el fin del tiempo, en el fin del siglo, en el fin del mundo; y estarían viviendo en el tiempo de la cosecha, o sea, del recogimiento de todos los escogidos de Dios.

Y la señal de Dios para el pueblo siempre ha sido un profeta. Por lo tanto, la Iglesia del Señor Jesucristo estará viendo a un profeta dando a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto. Y cuando estén viendo a ese profeta, estarán viendo al Ángel del Señor Jesucristo, en el cual Cristo estará manifestado en Espíritu Santo operando los ministerios de Moisés por segunda vez, de Elías por quinta vez y de Jesús por segunda vez. Y esa será la señal más grande que la humanidad… primeramente la Iglesia de Jesucristo estará viendo; después la verán también las vírgenes insensatas, la verá también el mundo entero y la verá también el pueblo hebreo. Esa es la señal más grande que el pueblo – que los seres humanos estarán viendo en este tiempo final en medio de la raza humana.

Y lo que fue mostrado en el cielo, en febrero 28 de 1963; y ese Ángel que fue visto ahí, el Ángel que era diferente a los demás, que es el que tiene el Séptimo Sello, estará manifestado en la Tierra en carne humana en Su Ángel Mensajero; y ahí tendremos la señal que fue vista en el cielo, hecha realidad en la Tierra en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo; y esa será la señal más grande para la raza humana, de que estamos viviendo en el tiempo final.

Estamos viviendo en el fin del siglo, estamos viviendo en el tiempo de la cosecha, del recogimiento del trigo, y en donde también la cizaña es recogida para ser echada en el horno de fuego, o sea, en la gran tribulación.

Y ahora, hemos visto nosotros la señal: LA GRAN SEÑAL QUE DIOS NOS DA HOY, con la cual podemos reconocer el tiempo que estamos viviendo.

Ya no estamos viviendo ni en la primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta o séptima edad; estamos viviendo en la Edad de la Piedra Angular. Estamos viviendo en la Edad de la Piedra Angular, que se está cumpliendo ¿dónde? En la América Latina y el Caribe, con latinoamericanos y caribeños.

Y si algunos se han ido a otras naciones, hasta allá les llega el Mensaje; porque la Obra de Dios correspondiente a este tiempo final, bajo la señal que Él nos da en este tiempo final, cubre a todos los latinoamericanos y caribeños. Y por eso es que la misericordia de Dios está extendida, ya no para las siete etapas, las cuales ya transcurrieron; ya la misericordia de Dios fue extendida para ellos, y ya están en el Paraíso con la bendición de Dios; exceptuando algunos que quedan todavía; pero esos, para poder ser transformados en el Día Postrero, ser adoptados, saldrán de la séptima edad y pasarán a la Edad de la Piedra Angular; porque la Edad de la Piedra Angular es la edad para la adopción de todos los hijos e hijas de Dios; y ahí estarán escuchando la Voz de Cristo a través de Su Ángel Mensajero dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, y estará mostrándonos todas estas cosas, y las señales que estarían siendo manifestadas en este tiempo final.

Y ahora, en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo estará la señal del Día Postrero para todos los hijos e hijas de Dios; será la señal de la Venida del Ángel que era diferente a los demás, manifestado en el Ángel Mensajero del Señor Jesucristo, dándonos a conocer por medio de Su Ángel Mensajero todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final. Esa es la señal más grande que la Iglesia del Señor Jesucristo ha tenido en toda su historia, después de la Primera Venida de Cristo.

Ahora, podemos ver lo que ha sido la señal en el cielo, de 1963, y lo que sería la señal en la Tierra, en medio de la Iglesia de Jesucristo, en medio de los seres humanos.

Hemos llegado al tiempo más grande y glorioso de todos los tiempos, en donde la señal que fue vista en el cielo, luego estaría siendo cumplida esa señal en la Tierra. Y el ministerio del Ángel que era diferente a los demás, a través del Ángel de Jesucristo, estaría siendo manifestado en favor de la Iglesia del Señor Jesucristo, y estaría abriéndonos todas estas profecías correspondientes a este tiempo final; y así estaría dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Y la manifestación o revelación final de Jesucristo… ¿Por qué final? Porque Él ha tenido otras manifestaciones, Él se ha revelado en otras etapas, en otras edades, en medio de Su Iglesia, por medio del mensajero de cada edad.

La revelación de Jesucristo a Su Iglesia en cada edad fue la revelación de Jesucristo en el mensajero de cada edad. Y la revelación de Jesucristo para el Día Postrero, para Su Iglesia en la Edad de la Piedra Angular, es por medio de Su Ángel Mensajero. Esa es la revelación final de Jesucristo y es la señal que Él nos da en este tiempo final a todos nosotros.

Y los escogidos de Dios estarán viendo cara a cara a Jesucristo revelado, velado y revelado a través de Su Ángel Mensajero en este tiempo final, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; y así estarán siendo llamados y juntados todos los escogidos de Dios, y estarán siendo preparados para ser transformados en este tiempo final.

Pero todo es sencillo. Y la sencillez es lo que a muchas personas no les dejará ver la manifestación del Ángel que era diferente a los demás, la manifestación de Cristo, el Ángel del Pacto, a través de Su Ángel Mensajero.

Es muy importante ver el que estará detrás del Ángel del Señor Jesucristo, el cual estará cumpliendo estas promesas apocalípticas correspondientes a este tiempo final. Pero el Ángel de Jesucristo no es el Señor Jesucristo. El Ángel del Señor Jesucristo es solamente el instrumento de Jesucristo, un redimido por la Sangre de Jesucristo, que habrá nacido en la Casa de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo; o sea que es un hijo de Dios, juntamente con los demás hijos e hijas de Dios. Es un hijo de Dios, redimido por la Sangre del Señor Jesucristo; por eso le dijo a Juan… no permitió que Juan lo adorara. Le dijo: “No lo hagas. Adora a Dios”. Le dijo: ‟Porque yo soy consiervo contigo y con los profetas, y con los que guardan…”. Vamos a ver, fueron dos veces.

Apocalipsis, capítulo 19, verso 10, dice:

“Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús”.

O sea que es un hermano de Juan y un compañero en el ministerio, un colega en el ministerio.

“Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”.

Y Apocalipsis, capítulo 22, verso 8 al 9, dice:

“Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas.

Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios”.

Ahora vean cómo el Ángel no permitió que Juan lo adorara, no permitió que Juan se postrara delante de él. Dice Juan… dice:

“… después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas”.

A Juan no le permitió postrarse delante de él para adorarlo. ¿Por qué? Porque él es un profeta, un consiervo de Juan y de los profetas, y de los que guardan las palabras de esta profecía; o sea, es un consiervo y un hermano de todos los creyentes en nuestro amado Señor Jesucristo.

Y ahora, podemos ver que Juan, por cuanto vio la manifestación de Cristo en él, por eso, vean ustedes: el Ángel hablando a Juan toda esta revelación apocalíptica, habla a Juan; y es Cristo a través del Ángel hablándole a Juan, porque es el Ángel el que le muestra a Juan todas estas cosas. Y Cristo por medio de Su Ángel le habla a Juan. Por eso es que Juan vio esa manifestación o revelación de Cristo a través de Su Ángel y quiso adorarlo; pero el Ángel le dijo que no lo hiciera.

Si Juan trató de hacerlo, esto es señal de que en algún tiempo, personas pensando que estarían adorando a Jesucristo, tratarán de adorar delante del Ángel de Jesucristo; pero ya él le dijo a Juan que no lo hiciera. Y eso es así también para todos los escogidos de Dios de todas las etapas.

Ahora, él es un hermano nuestro; y eso será de grande bendición para todos los hijos e hijas de Dios, porque estará ministrando en favor de todos los escogidos de Dios de este tiempo final. Y así como le dijeron al reverendo William Branham cuando estuvo en el Paraíso: “Tú vas a ser juzgado; y si tú entras, nosotros entraremos contigo, y regresaremos a la Tierra”.

Y ahora, si el Ángel de Jesucristo entra, entrarán con él todos los escogidos de este tiempo final también; si el Ángel de Jesucristo es adoptado, seremos adoptados todos también. Y Jesucristo lo adoptará; y por consiguiente todos seremos transformados y tendremos el nuevo cuerpo.

Ahora, ¿vieron lo sencillo que es todo? La señal que Él nos da en este tiempo final…; así como la señal en cada edad y en cada dispensación, en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento, ha sido un profeta, un hombre enviado de Dios con las dos consciencias juntas; y así como la señal en los días de Jesús fue el mismo Jesús en medio de ellos; y luego los ángeles mensajeros en cada edad, a través de los cuales estuvo Cristo en Espíritu Santo manifestado; la señal del Día Postrero en la Tierra, en medio de la Iglesia de Jesucristo, es la Venida del Espíritu Santo, del Ángel del Pacto, del Ángel que era diferente a los demás, manifestado en Su Ángel Mensajero, operando los ministerios correspondientes a este tiempo final, y ministrando por medio de Su Ángel Mensajero todas estas cosas que deben suceder pronto, y dándolas a conocer a Su Iglesia en este tiempo final.

Hemos visto lo que son las señales en el cielo, y hemos visto también lo que son las señales en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, la señal final en medio de la Iglesia de Jesucristo es la manifestación de Cristo, el Ángel del Pacto, a través de Su Ángel Mensajero; así como la señal de cada edad fue la manifestación de Cristo, el Ángel del Pacto, en Espíritu Santo en el ángel mensajero de cada edad.

“LA GRAN SEÑAL QUE DIOS NOS DA”.

¿Y cuándo nos da esa señal? En este tiempo final. Y eso es para la gran bendición de Dios para el Día Postrero, para todos los hijos e hijas de Dios. Vean cómo la gran bendición para los hijos e hijas de Dios del Día Postrero viene en la gran señal que Él nos da hoy en medio del Cuerpo Místico del Señor Jesucristo; ahí viene todo sellado.

Dice el reverendo William Branham en el mensaje “El que está en vosotros”12, página 35. Él dice:

[189] Porque Cristo es la Palabra, y la Palabra de la promesa le trae a usted la sanidad”.

Y trae también todo lo que Él ha prometido.

Y ahora, la Palabra de promesa y en la Palabra prometida para cada edad, cuando se materializa en el ángel mensajero de cada edad, trae lo que Dios prometió hacer en cada edad; viene ahí sellado en el mensajero de cada edad.

Y lo que Dios ha prometido hacer en este tiempo final viene sellado en el Ángel Mensajero de la Edad de la Piedra Angular, viene sellado todo en la Palabra de la promesa para la Edad de la Piedra Angular. Ahí viene sellado todo el Programa Divino correspondiente a este tiempo final, a la Iglesia de Jesucristo en la Edad de la Piedra Angular.

La Palabra de la promesa trae todo lo que está prometido para este tiempo; por eso trae el llamado de la Gran Voz de Trompeta, trae la creación del Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo, trae la creación de una nueva edad eterna: la Edad de la Piedra Angular, trae la formación del Lugar Santísimo (creación del Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo), trae el Maná escondido, trae la revelación de todas las cosas que deben suceder pronto. Y traerá todo lo que falta por ser cumplido.

Todo vendrá conforme a como está profetizado en el cumplimiento de la Palabra prometida para este tiempo final en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo.

“LA GRAN SEÑAL QUE DIOS NOS DA”.

Vean, LA GRAN SEÑAL QUE DIOS NOS DA. Nos dio la señal en el cielo: de los siete ángeles mensajeros y un Ángel que era diferente a los demás; y de edad en edad Dios le dio el mensajero de cada edad a Su Iglesia. Y en este tiempo final nos daría el mensajero para la Edad de la Piedra Angular; y así nos daría la gran señal de Dios para este Día Postrero.

“LA GRAN SEÑAL QUE DIOS NOS DA”.

Ahora hemos visto cuál es la gran señal que Dios nos da: la Venida del Ángel que era diferente a los demás, manifestado en Su Ángel Mensajero en el Día Postrero; así como se manifestó también en cada mensajero de las edades pasadas.

“LA GRAN SEÑAL QUE DIOS NOS DA”.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y pronto se complete el número de los escogidos de Dios, y pronto todos seamos transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de “LA GRAN SEÑAL QUE DIOS NOS DA”.

Para esta tarde no tendremos la actividad de las 3:00 de la tarde, sino que estaremos en el nuevo local; allí estaremos almorzando, y a la misma vez estaremos recordando el día de mi cumpleaño, o de mi nacimiento aquí en la Tierra; por lo cual yo le doy gracias a Dios, le doy gracias a Dios por haberme enviado a la Tierra en este tiempo final, le doy gracias a Dios por darme unos padres terrenales, los cuales amo, y darme una familia terrenal, aquí en la Tierra, darme hermanos y hermanas según la carne, y también luego darme hijos; y luego darme hermanos celestiales en Cristo.

Y así poder decir que: tengo tantos hermanos que viajo por toda la América Latina y el Caribe, y por los Estados Unidos, y en un solo viaje no los puedo ver a todos. Así que mi Familia celestial es más grande que mi familia terrenal; pero a mi Familia celestial pertenecen también mi familia terrenal; y los que faltan por llegar a mi Familia celestial, llegarán en algún momento. Pero ya, de mi familia terrenal, ya hay muchos en mi Familia celestial.

Ahora, lo más importante es que estén en la Familia celestial, porque esa es la Familia para toda la eternidad. Por eso yo los reclamo a todos mis familiares terrenales, para vida eterna; y Cristo me los dará a todos. Y ustedes también reclamen sus familiares terrenales, y Cristo se los dará a ustedes para vida eterna, y los tendrán en la eternidad.

Ahora podemos ver que hay una gran bendición para todos ustedes, y aun para la familia terrenal de ustedes, a través de la bendición que Cristo tiene para nosotros en este tiempo final, en la Edad de la Piedra Angular.

Reclamen a sus familiares, y Cristo se los dará. Y esa es una petición más grande que la petición por sanidad divina, o petición por alguna cosa material, como un auto o una casa, o alguna cosa así; porque es una petición que usted hace en favor de seres humanos, para que vivan eternamente.

Hemos llegado a un tiempo muy glorioso, muy importante; y tenemos que saber cuáles son nuestros derechos, porque queremos recibir todas las bendiciones que Él tiene para todos nosotros, y queremos también que nuestros familiares reciban las bendiciones de Dios.

Bueno, ya estaré… estaremos adelantando el cumpleaño por un día. Es mañana, pero vamos a adelantarlo por un día, para que así estemos todos y no tengamos que mañana regresar. Y así estaremos en el nuevo local, ya de inmediato podemos salir hacia allá; y allí, pues, estaremos almorzando, y también cortando el bizcocho, la torta, de cumpleaños. ¿También hay una? Hay una por allí.

Y luego también estarán los jóvenes dirigiendo la parte de los cánticos; o sea que estaremos pasando un momento espiritual allí, en compañerismo; y también estaremos almorzando, y disfrutando así un momento de compañerismo los unos con los otros.

Yo espero no cumplir tantos años en este cuerpo, yo espero que pronto… yo espero pronto comenzar en el nuevo cuerpo. Y después en el nuevo cuerpo ya estaremos cumpliendo y cumpliendo y cumpliendo… y nunca terminará. Así que cuando lleguemos al año 1000, y después cuando lleguemos al año 1 millón, estaremos jovencitos, como si nunca nos hubiese pasado el tiempo por encima, como si no nos hubieran pasado los años por encima.

Ahora, oren mucho por mí, yo quiero ser adoptado pronto; y sé que para ser adoptado primero tengo que terminar la labor que Él me ha dado para llevar a cabo, la cual estoy llevando a cabo, pero no he terminado todavía. Y en esa labor están todos ustedes también trabajando, para que así se complete el número de todos los escogidos de Dios.

Cuando se complete el número, entonces Él me adoptará a mí y a ustedes también, nos transformará; y ya de ahí en adelante, pues trabajaremos en y con el nuevo cuerpo; y va a ser más cómodo para trabajar con el nuevo cuerpo, porque será un cuerpo sin limitaciones. Pero mientras llega ese cuerpo nuevo, pues trabajamos en este cuerpo. Y si en este cuerpo somos fieles, en el nuevo cuerpo también seremos fieles; si en lo poco somos fieles, en lo mucho Él nos pondrá, y seremos fieles también.

¿Han pensado ustedes en un cuerpo nuevo, eterno y jovencito para toda la eternidad? Claro que sí. Todos hemos pensado en ese nuevo cuerpo. Y cuando las personas llegan a los 70, 80 o 90 años, pues piensan: “Si yo tuviera el cuerpo jovencito como lo tenía cuando tenía de 15 a 20 años…”. Pero miren ustedes, así será en el nuevo cuerpo; y será inmortal, incorruptible, ‘envejecible’, no se envejecerá, es incorruptible. (No sé si la palabra es ‘invejecible’. ¿Es con ‘in’?) Invejecible. Y será interdimensional, o sea que podremos ir a otras dimensiones con el nuevo cuerpo.

Así que ya no tendremos que estar mirando por los telescopios para poder ver qué es lo que hay en tal planeta o tal galaxia, sino que iremos al lugar sin ningún problema. Y vamos a tener millones y millones de años; y después de esos millones de años, más millones de años, que nunca terminarán; será para toda la eternidad; por lo tanto el universo completo lo vamos a caminar.

Lo que la ciencia ha tratado de hacer, miren, nosotros lo haremos en el nuevo cuerpo. Pero tenemos que aprovechar el tiempo que nos ha dado en este cuerpo, para servir a Cristo y trabajar en Su Obra con amor divino todos los días de nuestra vida.

Bueno, que Dios les continúe bendiciendo a todos, que Dios les guarde. Muchas gracias por vuestra amable atención, y dejo nuevamente con nosotros al reverendo Miguel Bermúdez Marín para finalizar nuestra parte en esta ocasión. Y ya luego él le pasará a Félix Caro. No sé si Miguel tiene algún anuncio que se le haya pasado.

Vamos a dejar al reverendo Miguel Bermúdez Marín con nosotros nuevamente. Que Dios les bendiga y Dios les guarde a todos; y nos veremos la semana que viene también, nos veremos nuevamente.

“LA GRAN SEÑAL QUE DIOS NOS DA”.

[Revisión diciembre 2021]

1 San Juan 10:18

2 Levítico 16:7-10

3 Génesis 14:18-20

4 Levítico 16:7-10

5 San Mateo 27:52-53

6 Apocalipsis 22:11

7 San Juan 3:18

8 San Lucas 21:25

9 San Lucas 21:28

10 SPN64-0112 “Shalom”

11 26 millas = 41.8 km

12 SPN63-1110E “El que está en vosotros”.

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