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El misterio del Libro de los Siete Sellos
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El misterio del Libro de los Siete Sellos

Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes aquí en Minatitlán, Veracruz, República Mexicana. Es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor del Programa Divino correspondiente a este tiempo final.

Para lo cual quiero leer en el libro del Apocalipsis, capítulo 5, verso 1 en adelante, donde dice:

“Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos.

Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?

Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo.

Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.

Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.

Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.

Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono.

Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos;

y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;

y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.

Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones,

que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.

Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.

Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “EL MISTERIO DEL LIBRO DE LOS SIETE SELLOS”.

Este Libro de los Siete Sellos en la diestra de Dios es el Título de Propiedad de toda la Creación; y ahí están los nombres de todos los hijos e hijas de Dios, ahí están los nombres de todos los primogénitos de Dios, ahí están los nombres de todos los miembros de la Iglesia de Jesucristo, desde antes de la fundación del mundo; y toda persona que vendría a formar parte de la Iglesia de Jesucristo tiene su nombre escrito en ese Libro.

Y ahora, ese Título de Propiedad lo tuvo una vez Adán, antes de pecar; pero luego, cuando pecó, ese Libro fue regresado al dueño original, que es Dios, para que así el enemigo de Dios, el diablo, no pudiera tomar ese Libro; porque siendo el Título de Propiedad…; cuando una persona tiene el título de propiedad de alguna propiedad, y está a su nombre, ¿de quién es esa propiedad? Del que tiene el título de propiedad.

Y ahora Dios tiene en Su diestra el Título de Propiedad; todo le pertenece a Dios, todo es de Dios. Él es el Creador de los Cielos y de la Tierra, y Él dice1: “Mía es la Tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan”.

Y ahora, ese Título de Propiedad permanece en la diestra de Dios, en la mano de Dios, hasta que Cristo, el Cordero de Dios, lleva a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario; y luego asciende al Cielo, e intercede por todos los que tienen sus nombres escritos en el Cielo. Y de edad en edad se ha ido cumpliendo el contenido de ese Libro, los nombres de las personas que están escritas ahí.

Encontramos que de etapa en etapa, de edad en edad, han estado recibiendo a Cristo como su Salvador; y han estado así obteniendo el perdón de sus pecados y han estado recibiendo el Espíritu de Cristo, y por consiguiente han estado recibiendo el nuevo nacimiento; y así el Título de Propiedad, en cuanto a los hijos e hijas de Dios, que están escritos en ese Libro, vean ustedes, ha estado cumpliéndose ese Título de Propiedad.

También en ese Título de Propiedad nos muestra también el Programa Divino y todos los hijos de Dios, y también nos muestra cómo el enemigo de Dios, el diablo, se levantaría en contra de los hijos de Dios a través de las diferentes etapas o edades; y ahí son presentadas todas esas etapas por las cuales los hijos e hijas de Dios durante la Dispensación de la Gracia pasarían y luego durante la Dispensación del Reino, y cómo el enemigo de Dios los perseguiría. Todo eso está contenido en ese Título de Propiedad, ese Libro de los Siete Sellos; pero todo está ahí en símbolos, fue dado en símbolos, y esos símbolos tienen que ser cumplidos.

Todavía cuando Juan recibió la revelación de este Libro, todavía la historia de este Libro no estaba escrita; por lo tanto, tiene que ser cumplido el contenido de este Libro; todas esas profecías contenidas en ese Libro en forma simbólica, tienen que ser cumplidas.

Y para el Día Postrero, cuando Cristo termine Su Obra de Intercesión en el Cielo…; y eso es cuando entre hasta el último de los escogidos de Dios al Cuerpo Místico de Cristo, y sea reconciliado con Dios, y obtenga así el nuevo nacimiento, luego Cristo ya terminará Su Obra de Intercesión en el Cielo, sobre el Trono del Padre allá en el Cielo, que es el Trono de Intercesión, el Asiento de Misericordia.

Mientras hay Sangre, la Sangre del Cordero, la Sangre de Jesucristo en el Trono de Intercesión en el Cielo, Dios no puede destruir la raza humana; Dios no puede enviar el juicio divino de la gran tribulación sobre la raza humana mientras Cristo esté en el Cielo, en el Trono de Intercesión.

Pero Cristo, cuando termine Su Obra de Intercesión, cuando haya hecho la intercesión hasta por el último de los escogidos de Dios que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero, luego saldrá del Trono de Intercesión, tomará ese Libro y abrirá esos Sellos, y hará Su reclamo: y resucitará a los muertos en Cristo en cuerpos eternos y a nosotros los que vivimos nos transformará.

Ahora, antes de que Cristo tome ese Libro y lo abra en el Cielo, antes de eso a nosotros nos es mostrado las cosas que van siendo cumplidas: las que ya han sido cumplidas durante las siete etapas o edades de la Iglesia gentil, de las cuales habló el reverendo William Branham y trajo la revelación de esas cosas que sucedieron en las siete etapas o edades de la Iglesia gentil.

Y para este tiempo final, Cristo por medio de Su Ángel Mensajero, en la Edad de la Piedra Angular, estará dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final, que están contenidas en ese Título de Propiedad; y cada una de ellas se irá cumpliendo de acuerdo a como están escritas, aunque están en símbolos; pero esos símbolos, por cuanto son símbolos proféticos, tienen que ser cumplidos.

Y luego que se complete la Obra de Redención, luego que se complete el recogimiento de todos los escogidos de Dios de entre los gentiles, por el Espíritu Santo a través de Su Ángel Mensajero en el Día Postrero (así como hizo en edades pasadas por medio de los mensajeros anteriores), cuando se complete el número de los escogidos de Dios: entonces Cristo saldrá del Trono de Intercesión, y tomará ese Libro, lo abrirá en el Cielo, y ya no habrá más Sangre en el Trono de Intercesión para la gente recibir a Cristo como su Salvador, porque ya será demasiado tarde, porque ya la puerta de la misericordia se habrá cerrado.

¿Recuerdan que las vírgenes fatuas y las vírgenes prudentes representan al cristianismo completo?; y cinco eran insensatas y cinco eran prudentes; o sea, que parte del cristianismo no recibió el aceite, que es el Espíritu Santo, y por consiguiente no recibió el nuevo nacimiento; sin embargo, otra parte del cristianismo recibió el Espíritu Santo y recibió el nuevo nacimiento.

Y ahora, las vírgenes prudentes son las que recibieron el Espíritu Santo, el aceite, y entran con Cristo a las Bodas en la Segunda Venida de Cristo. Dice: “Y vino el Esposo; y las que estaban preparadas entraron con Él a las Bodas; y se cerró la puerta. Luego vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! Mas Él os dirá: De cierto os digo, que no sé de dónde seáis”. Y ahora, vean ustedes, esto está en esa parábola en el capítulo 25, verso 10 al 13, de San Mateo.

También en el capítulo… vamos a ver… En San Lucas, capítulo 13, vamos a ver lo que nos dice aquí, ya que es una profecía que tiene que ser cumplida en este tiempo final; veamos lo que dice: capítulo 13 de San Lucas, versos 22 al 26, dice:

Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, y encaminándose a Jerusalén.

Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo:

Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.

Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois”.

Ahora vean cómo en dos lugares: en la parábola de las diez vírgenes y en esta otra parábola, encontramos que Cristo habla de la puerta, y dice que esa puerta será cerrada; y cuando sea cerrada, pues nadie podrá entrar por ella; y Cristo es esa Puerta. Y Cristo es el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre, porque Él es el que tiene la llave de David2.

Ahora podemos ver que la Puerta de la Misericordia será cerrada cuando Cristo salga del Trono de Intercesión; y ya no habrá más Sangre allá, en el Trono de Intercesión, por lo tanto no habrá más misericordia para las personas que quieran buscar la misericordia de Dios; ya tendrán que atenerse al juicio divino que ha de caer sobre la raza humana: el juicio de la gran tribulación.

Por eso es tan importante, mientras la Puerta está abierta y Cristo está en el Trono de Intercesión en el Cielo, y hay misericordia, entrar por esa Puerta: entrar por la Puerta de la Primera Venida de Cristo y recibir a Cristo como nuestro Salvador, y lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo, y recibir Su Espíritu Santo, antes que se cierre esa Puerta de Misericordia; porque después las personas tendrán que atenerse al juicio divino que ha de venir sobre la Tierra, el juicio de la gran tribulación.

Ahora, este Libro misterioso de los Siete Sellos, siendo el Título de Propiedad, encontramos que nadie en el Cielo ni en la Tierra ni debajo de la Tierra, es digno para tomar ese Libro y abrir esos Sellos, excepto nuestro Pariente Redentor, que es nuestro amado Señor Jesucristo; el cual se hizo hombre y habitó entre nosotros para pagar el precio de la redención: llevar nuestros pecados, limpiarnos con Su Sangre preciosa, y darnos Su Espíritu Santo; y así producir en nosotros el nuevo nacimiento.

Ahora, solamente Cristo es digno de tomar ese Libro en el Cielo, de la diestra de Dios, y abrirlo en el Cielo; y luego en Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 en adelante, Cristo, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo, viene con el Librito abierto en Su mano.

El Ángel Fuerte, que viene con Su rostro como el sol, y con el arco iris alrededor de Su cabeza, y con Sus ojos como llama de fuego, y Sus pies como columnas de fuego (en Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 en adelante), viene con ese Librito abierto en Su mano; y “clama como cuando ruge un león”, porque viene en Su Segunda Venida como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo; y “siete truenos emiten sus voces”: es la Voz de Cristo hablándole a Su Iglesia en el Día Postrero.

Y ahora, Cristo entrega ese Libro, abierto ya, lo entrega a un hombre: Juan el apóstol allá, el cual es tipo y figura del profeta mensajero de la Dispensación del Reino, que estará en este Día Postrero presente en la Segunda Venida de Cristo para recibir de mano de Cristo ese Título de Propiedad, y comerse ese Título de Propiedad como se lo comió Juan allá en tipo y figura de lo que sucederá en este tiempo final.

Y siendo que es el Título de Propiedad de los Cielos y de la Tierra, con la venida de ese Libro a la Tierra, a la Iglesia de Jesucristo, al mensajero de la Edad de la Piedra Angular, vendrá la restauración a la vida eterna física de cada hijo e hija de Dios.

Y el Ángel Mensajero del Señor Jesucristo, que se comerá ese Libro, será restaurado a todo lo que perdió Adán y Eva en la caída, será restaurado a la vida eterna, con un cuerpo eterno y con todo el poder divino que Dios había dado al ser humano; y será a imagen y semejanza de Jesucristo.

Y también todos los escogidos de Dios que estarán viviendo en este tiempo final, los cuales estarán escuchando la Voz de Cristo por medio de Su Ángel Mensajero, serán restaurados también a la vida eterna. Él les dará de ese Título de Propiedad, les dará de ese Libro de los Siete Sellos, les dará de Él en la forma de Mensaje; y ellos comerán ese Mensaje, recibirán ese Mensaje; y eso es estar comiendo ese Título de Propiedad para ser restaurados en el Día Postrero, para tener la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, siendo a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Ahora vean todo lo que está prometido para suceder en este tiempo final para así ser restaurados a la vida eterna, de la cual cayó Adán y Eva; para eso es que viene Cristo, el Ángel Fuerte, el Mensajero a Israel; pero viene primeramente a Su Iglesia (¿para qué?) para traerle el Título de Propiedad, el Libro de los Siete Sellos, y entregárselo al mensajero de la Edad de la Piedra Angular en el Día Postrero, para que se lo coma y luego profetice sobre muchos pueblos, naciones y lenguas todas las cosas que han de suceder sobre la Tierra, y para que sea restaurado a la vida eterna el Ángel Mensajero de Jesucristo y también todos los escogidos de Dios del Día Postrero.

Todo el Cuerpo Místico de Cristo que estará viviendo en el Día Postrero será restaurado a la vida eterna; y también los muertos en Cristo que han partido ya, serán restaurados a la vida eterna siendo resucitados en cuerpos eternos y glorificados.

Y así todos seremos restaurados a la vida eterna, y tendremos un cuerpo igual al de Jesucristo, un cuerpo glorificado, y seremos así a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo; y luego entonces podremos ver a nuestro amado Señor Jesucristo en Su cuerpo glorificado.

Y luego estaremos aquí en la Tierra de 30 a 40 días ya en el cuerpo nuevo; pero después nos iremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, a la Casa de nuestro Padre celestial, donde están esperándonos en esa gran fiesta.

Ahora, ese cuerpo nuevo es un cuerpo glorificado, igual al cuerpo de Jesucristo, y es un cuerpo jovencito, que representará para toda la eternidad de 18 a 21 años de edad.

Cristo cuando resucitó, resucitó en un cuerpo glorificado, en cuerpo glorificado; Dios glorificó Su cuerpo. Y por eso, cuando resucitó, Sus discípulos no lo conocían. Y también María Magdalena, tampoco lo conocía, y le decía al Señor sin saber que era el Señor, creyendo que era el jardinero o el hortelano, le decía: “Si tú lo tomaste, dime dónde está”. Pero ese joven le dijo: “¡María!”; y cuando le dijo “¡María!”, ella reconoció la voz; aunque no reconocía el cuerpo, porque estaba glorificado, pero reconoció la voz. Y cuando reconoció la voz, le dijo: “¡Señor! ¡Rabí!”, y ahí lo reconoció, y Él se identificó con ella3. Una mujer fue la primera que vio a Jesucristo resucitado.

Y ahora, los discípulos de Jesucristo tampoco le reconocían, tampoco sabían que aquel cuerpo que ellos estaban viendo era Jesucristo resucitado; había sido resucitado, y ahora estaba resucitado y glorificado.

Por lo tanto, en el cuerpo glorificado, en el cual resucitarán los muertos en Cristo, será joven, de 18 a 21 años de edad.

Y si ustedes tienen familiares que fueron creyentes y partieron, y tenían 70 o tenían 90 años, ustedes tienen que estar esperando el regreso de ellos en un cuerpo jovencito, de 18 a 21 años, en un cuerpo glorificado, igual al cuerpo de Jesucristo.

Por lo tanto, cuando aparezcan, no esté esperando que le aparezca un ancianito o una ancianita, sino un joven, de 18 a 21 años; y le dirá: “Yo soy Fulano de Tal o Fulana de Tal, ¿recuerdas?”.

Usted dirá: “No recuerdo tu cuerpo”. Pero él le dirá: “Pero recuerdas tal cosa, ¿verdad? ¿Recuerdas aquella ocasión en que estábamos hablando tal y tal cosa?, ¿recuerdas esto otro?, ¿recuerdas esto otro y recuerdas aquello otro?”.

—“Sí, yo recuerdo aquello, que estuve hablando con Fulano de Tal”.

—“Pues yo soy Fulano de Tal. Yo soy aquel que estuvo contigo hablando”, o “yo soy tu mamá” o “yo soy tu papá”; depende quién sea.

Y usted dirá: “¡Gloria a Dios! ¡Ha resucitado en el cuerpo eterno y jovencito y glorificado, como estaba prometido por Cristo!”.

Y cuando los veamos resucitados, seremos transformados nosotros y tendremos también el nuevo cuerpo.

Por eso es que Cristo, cuando termine Su Obra de Intercesión en el Cielo, Él tomará ese Título de Propiedad, y entonces hará Su Obra de Reclamo: abrirá ese Título de Propiedad en el Cielo y reclamará a todos los que Él ha redimido con Su Sangre preciosa: resucitará a los muertos en Cristo y a nosotros nos transformará; y nos restaurará a todos a la vida eterna, a la herencia eterna; porque ese Título de Propiedad, vean ustedes, contiene la herencia completa.

Ese es el Título de Propiedad de toda la Creación, y nosotros somos herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús, de toda la Creación.

Y ahora, con la apertura de ese Título de Propiedad es que seremos restaurados a nuestra herencia; como fue tipificado en la fiesta del año del jubileo en Levítico, capítulo 25, verso 8 al 13, en donde encontramos que el día 10 del mes séptimo de cada año, el día de la expiación, en ese día cada 50 años (el año 50) llegaba el año del jubileo. Era el año de la redención, en donde los esclavos quedaban libres y regresaban a su familia; y las propiedades de las personas que habían perdido sus propiedades o porque las habían vendido o porque se las habían quitado en algún pleito por alguna deuda que tenían, en el año del jubileo quedaban libres esas propiedades y regresaban a su dueño original, y el dueño original regresaba a su propiedad, a su herencia. Por eso es que Dios estableció que la tierra —en medio del pueblo hebreo— no se vendería para siempre4: en el año del jubileo regresaría a su dueño original.

Y ahora podemos ver que aunque en el Huerto del Edén el diablo por medio de la serpiente engañó a Eva, e hizo caer a la raza humana en pecado, e hizo que la raza humana perdiera temporalmente su herencia, su propiedad, y el diablo se apoderó de la herencia de los hijos de Dios… Y por eso el diablo ha estado gobernando este planeta Tierra; porque él es el príncipe de las tinieblas, y él es el príncipe, el rey de los aires5, y él es el príncipe que ha estado gobernando este planeta Tierra6.

Pero vean ustedes, para el tiempo final la liberación de todos los hijos de Dios vendrá como vino la liberación del pueblo hebreo en Egipto; seremos libertados: los muertos en Cristo resucitados y nosotros los que vivimos transformados; y entonces estaremos libres completamente: regresaremos a nuestra herencia de la vida eterna y a todo lo que perdió Adán y Eva, a todo el poder que perdió Adán y Eva y a la herencia del planeta Tierra completo.

Por eso es que para el tiempo final todas estas cosas estarán sucediendo. Cristo terminará Su Obra de Intercesión en el Cielo y reclamará todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa al tomar el Libro, el Título de Propiedad, el Libro de los Siete Sellos en el Cielo.

Ahora podemos ver que esto ha sido reflejado tanto en el Antiguo Testamento, allá en el tiempo de Ezequiel, como en el tiempo de Jeremías; y por eso es que le fue dado a Ezequiel, y también a Jeremías, un libro para que se lo comieran7.

Eso es tipo y figura de este Título de Propiedad, el cual en el Día Postrero Cristo lo toma en el Cielo, lo abre en el Cielo, y lo trae a la Tierra en Apocalipsis, capítulo 10, y lo da a un hombre para que se lo coma (para que se coma el Título de Propiedad); para que entonces profetice sobre muchos pueblos, naciones y lenguas, y venga la restauración de todos los hijos e hijas de Dios, y sean todos restaurados a la vida eterna (nosotros los que vivimos y los muertos en Cristo resucitados), y restaurados a la vida eterna con un cuerpo eterno y glorificado; y así todos seremos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo, y volverán los hijos e hijas de Dios a tener vida eterna en un cuerpo eterno y el poder sobre todo el planeta Tierra.

Porque los hijos e hijas de Dios son los reyes y sacerdotes que reinarán con Cristo sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones, sobre el planeta Tierra completo; porque son herederos y coherederos con Cristo del planeta Tierra, de todas las naciones, del pueblo hebreo, de los gentiles y de todo lo que hay en el planeta Tierra.

Los escogidos de Dios son los herederos, juntamente con Jesucristo nuestro Salvador; por eso somos herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús, Señor nuestro. Así nos habla San Pablo en su carta a los Romanos, capítulo 8, y también en otras – en muchas de sus cartas8.

Y ahora, en Romanos, capítulo 8, nos habla acerca de la manifestación de los hijos de Dios, que es la restauración a la vida eterna; es la restauración de los hijos de Dios a la vida eterna en un cuerpo eterno. Eso es la adopción, o sea, la redención del cuerpo; porque nuestro cuerpo recibirá la redención, o sea, la transformación: volverá nuestro cuerpo a ser un cuerpo eterno, jovencito por toda la eternidad, y glorificado, para vivir con Cristo por toda la eternidad y reinar con Él por toda la eternidad.

Por eso es tan importante ese Libro de los Siete Sellos: porque es el Título de Propiedad de los Cielos y de la Tierra, es el Título de Propiedad de toda la Creación; es el Libro de la Vida del Cordero, donde están nuestros nombres escritos.

Y ese Título de Propiedad, ha ido cumpliéndose su contenido de etapa en etapa, y en este tiempo final se están cumpliendo las páginas del Libro de los Siete Sellos correspondientes a este tiempo final; y lo que falte para más adelante, también se cumplirá.

Hemos visto: “EL MISTERIO DEL LIBRO DE LOS SIETE SELLOS”.

Es el Título de Propiedad de los Cielos y de la Tierra, es el Libro de la Redención, es el Libro de la Vida del Cordero, donde están nuestros nombres escritos desde antes de la fundación del mundo.

Y ese Libro se ha estado materializando en la forma de la Biblia; y también, a través de la historia de la Iglesia de Jesucristo, el contenido de ese Libro se ha estado cumpliendo en la Iglesia del Señor Jesucristo; y se ha estado cumpliendo todo lo que contiene ese Libro; y se ha estado viendo que en la Iglesia de Jesucristo, durante las diferentes etapas, ha habido persecuciones contra ella, lo cual también está profetizado en ese Libro. Y como está escrito, así ha tenido que ser cumplido; y lo que está escrito para este tiempo, también tiene que ser cumplido.

El Arcángel Gabriel le dijo a Daniel: “Yo te mostraré, yo te daré a conocer, lo que está escrito en el Libro de la Verdad”. Vean aquí: en el capítulo 10, verso 16 en adelante, dice:

“Pero he aquí, uno con semejanza de hijo de hombre tocó mis labios. Entonces abrí mi boca y hablé, y dije al que estaba delante de mí: Señor mío, con la visión me han sobrevenido dolores, y no me queda fuerza.

¿Cómo, pues, podrá el siervo de mi señor hablar con mi señor? Porque al instante me faltó la fuerza, y no me quedó aliento.

Y aquel que tenía semejanza de hombre me tocó otra vez, y me fortaleció,

y me dijo: Muy amado, no temas; la paz sea contigo; esfuérzate y aliéntate. Y mientras él me hablaba, recobré las fuerzas, y dije: Hable mi señor, porque me has fortalecido.

Él me dijo: ¿Sabes por qué he venido a ti? Pues ahora tengo que volver para pelear contra el príncipe de Persia; y al terminar con él, el príncipe de Grecia vendrá.

Pero yo te declararé lo que está escrito en el libro de la verdad; y ninguno me ayuda contra ellos, sino Miguel vuestro príncipe”.

O sea, el Arcángel Miguel fue el que ayudó al Arcángel Gabriel para ese cambio que iba a llevarse a cabo en el reino de los gentiles. Se iba a llevar a cabo el cambio de los pechos y brazos de plata al vientre y muslos de bronce, o sea, se iba a llevar a cabo el cambio del imperio medo-persa al imperio de Grecia.

Vean, estos Arcángeles tienen que ver con esos cambios; son enviados por Dios, y tienen que ver con esos cambios en medio del reino los gentiles; como también tienen que ver con todos los movimientos en medio del pueblo hebreo. Por eso, vean ustedes también lo que nos dice el Arcángel Gabriel en el capítulo 12, verso 1 en adelante:

“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro”.

O sea, 144.000 hebreos, 12.000 de cada tribu, los cuales están escritos ahí en el Libro, y serán libertados. Y para ese tiempo se levantará el Arcángel Miguel, el cual es el príncipe que está de parte de los hijos de Israel; y el Arcángel Gabriel es el príncipe que está de parte de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Ahora, podemos ver este misterio del Libro de los Sellos, de ese Título de Propiedad; y podemos ver cómo para la Iglesia de Jesucristo hay ayuda de parte de esa dimensión espiritual, en donde el Arcángel Gabriel es enviado, y ángeles son enviados, para ayudar a la Iglesia del Señor Jesucristo; como también el Arcángel Miguel es enviado al pueblo hebreo, para ayudar al pueblo hebreo en las diferentes etapas de la vida del pueblo hebreo.

Ahora podemos ver que cuando el Arcángel Gabriel necesita ayuda, ahí está el poderoso Arcángel Miguel con Su Ejército poderoso; y se une al Arcángel Gabriel y al Ejército del Arcángel Gabriel, y obtienen la victoria; y se cumple lo que está escrito en el Libro de la Verdad.

Ahora podemos ver el misterio del Libro de la Verdad, del Libro de los Siete Sellos, que se encuentra en la diestra de Dios, en la diestra del que está sentado en el Cielo; el cual Cristo toma, abre en el Cielo, y luego lo trae a la Tierra y lo entrega a un hombre.

Vean, ese Libro, que nadie podía ni mirar ni abrir en el Cielo, ahora es entregado a un hombre para que se lo coma; porque ese es el lugar donde tiene que estar ese Libro.

Luego de estar a la diestra de Dios, tiene que venir a estar dentro de un hombre: un hombre comérselo, digerir ese Libro, para luego profetizar sobre muchos pueblos, naciones y lenguas; para así Dios estar manifestado en toda Su plenitud en ese hombre, y llevar a cabo Su Programa correspondiente al Día Postrero; y poder restaurar así a todos los hijos e hijas de Dios: los que han partido, resucitarlos en cuerpos eternos; y a los que vivimos, transformarnos; y todos ser a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

¿Ven lo sencillo que es todo? ¿Y ven lo importante que es ese Librito, ese Libro sellado con siete Sellos en la diestra de Dios, el cual Cristo toma, abre en el Cielo, y lo trae a la Tierra abierto, y lo entrega a un hombre?

Ahora podemos ver que para este tiempo final es que Él toma el Libro, lo abre en el Cielo, y luego lo trae a la Tierra y lo entrega a un hombre, que será Su Ángel Mensajero, el cual se lo come y profetiza sobre muchos pueblos, naciones y lenguas todas las cosas que deben suceder sobre todos los pueblos, naciones y lenguas.

Y dará a conocer los juicios divinos que han de venir sobre la raza humana, porque él obtendrá toda esa revelación de parte de Dios, para darla a conocer. Y así todo ser humano podrá saber las cosas que han de estar sucediendo en este tiempo final; porque ese hombre, ese profeta, el Ángel de Jesucristo, que es el profeta de la Dispensación del Reino, será como un televisor, que estará transmitiendo Dios por medio de él: desde Su Trono en el Cielo estará transmitiendo por medio de ese profeta, a la raza humana, lo que va a suceder en la Tierra.

Y gracias a Dios que Dios tendrá en la Tierra un televisor. O sea, un televisor es uno que ve: uno que estará viendo en otra dimensión, la dimensión de Dios, y estará transmitiéndole a la raza humana las cosas que han de suceder de acuerdo a lo que Dios estará hablando desde Su Trono; y entonces los seres humanos podrán saber claramente qué Dios desde Su Trono estará hablando y estará haciendo.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta noche, dándoles testimonio de EL MISTERIO DEL LIBRO DE LOS SIETE SELLOS”.

Que las bendiciones de Jesucristo, nuestro Salvador, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también; y pronto se complete el número de los escogidos de Dios, y pronto los muertos en Cristo resuciten, y nosotros los que vivimos seamos transformados, y seamos todos llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Ya que hemos hablado de este Título de Propiedad…; y con la toma de ese Libro por Cristo, de la diestra del que está sentado en el Trono, y el reclamo que Él hace de todo lo que Él ha redimido con Su Sangre, nosotros seremos transformados y seremos como nuestro amado Señor Jesucristo, seremos a imagen y semejanza de Jesucristo. Ese es nuestro anhelo y ese también es el anhelo de Jesucristo: que nosotros seamos como Él; y el anhelo nuestro es nosotros ser como Él, y ese es el plan de Dios.

Y ahora, “ser como Cristo”. Ser como Cristo es la cosa más grande que usted puede ser; ser como Cristo, con un cuerpo eterno y glorificado y jovencito para toda la eternidad. Ser como Cristo es el privilegio más grande que tendremos nosotros en cuanto al cuerpo físico. Seremos como Él, pues lo más importante para el ser humano es la vida eterna. ¿Y esa vida está dónde? En Jesucristo nuestro Salvador.

Él es el que nos da vida eterna, porque Él es el Camino, la Verdad y la Vida; “y nadie viene al Padre, sino por mí”, dijo nuestro amado Señor Jesucristo en San Juan, capítulo 14.

Ahora hemos conocido cuál es el camino de la vida eterna: Jesucristo nuestro Salvador, y Él es la única verdad, y Él es la única vida, la única vida eterna. “Ser como Cristo”.

Y Él lo ha prometido, y por consiguiente vamos a ser como Él. Nosotros lo creemos con toda nuestra alma, con todo nuestro corazón. Y Él lo ha prometido, y nos va a hacer físicamente como Él: con un cuerpo glorificado y eterno. Ya nos ha dado el cuerpo teofánico, y nos dará el cuerpo físico y eterno y glorificado.

Por lo tanto, nosotros caminamos en esta Tierra gozosos, agradecidos a Cristo, con la fe puesta en Cristo, con la fe puesta en Cristo nuestro Salvador. Así caminamos y esperamos nuestra transformación: “Con la fe puesta en Cristo”.

Y así, con la fe puesta en Cristo, caminamos hacia adelante sirviendo a Jesucristo nuestro Salvador, hasta que seamos transformados, porque Él lo prometió; y si alguno se va antes, regresará de nuevo pero en un cuerpo eterno.

Que Dios les bendiga, que Dios les guarde, y continúen pasando una noche llena de las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador. Buenas noches.

“EL MISTERIO DEL LIBRO DE LOS SIETE SELLOS”.

[Revisión octubre 2020]

1 Salmos 24:1

2 Apocalipsis 3:7

3 San Juan 20:14-16

4 Levítico 25:23

5 Efesios 2:2

6 San Juan 12:31, 14:30

7 Ezequiel 3:1-3, Jeremías 15:16

8 Efesios 1:11-14, Hebreos 9:15

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