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El Cordero con los 144.000 hebreos sobre el Monte de Sion
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El Cordero con los 144.000 hebreos sobre el Monte de Sion

Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes. Es para mí una bendición grande estar con ustedes aquí en este lugar, después de 21 años, más o menos, aquí en esta área, en este territorio.

Y no sé cuántos de ustedes —de los que están aquí— estuvieron en esa ocasión… ¿Cuántos estaban aquí cuando yo vine en el (¿setenta y qué fue?) 78? Ya se han multiplicado… Y de seguro se han multiplicado en hijos también, ¿verdad?

Así que, miren ustedes, comenzamos a vernos en esa fecha acá, y miren, todavía estamos viéndonos en estos cuerpos mortales; y cuando tengamos el nuevo cuerpo nos veremos aquí por unos 30 o 40 días; y después continuaremos viéndonos en la Cena de las Bodas del Cordero, y después en el Milenio, y después por toda la eternidad.

Así que comenzamos a vernos para continuar viéndonos para siempre, por toda la eternidad. Pertenecemos a una familia, y es a una Familia celestial.

Algunas personas cuando escuchan hablar acerca de los reyes, digamos, de los reyes de Inglaterra, los reyes de España, los reyes de Escocia, los reyes de todas esas naciones; y cuando leen acerca también de esas naciones en tiempos pasados, en donde casi todas las naciones tenían reyes, y también del pueblo hebreo, y el rey David y el rey Salomón; miren, muchas personas en su corazón piensan: “Me gustaría ser hijo (o si es una muchacha o una señora: ‘Me gustaría ser una hija’) de un rey”.

Pero la buena noticia para todos nosotros es que somos hijos de un rey; de un rey, pero no de un rey temporal; porque miren, todos esos reyes murieron. Y nosotros somos hijos de un Rey eterno: ¡del Rey de reyes y Señor de señores!, para vivir con Él por toda la eternidad como reyes y sacerdotes en Su glorioso Reino.

Así que es más aún de lo que nos podemos imaginar, y de lo que podemos desear en nuestra alma, la bendición que nosotros tenemos. Pero como hombres normales y mujeres normales, hemos venido en estos cuerpos mortales a este planeta Tierra para vivir en una etapa de prueba.

Y ahora, miren ustedes, hemos llegado aquí, y no parecemos reyes, ¿verdad? No tenemos una corona, no tenemos millones de dólares o de pesos y grandes propiedades, sino que tenemos más bien una condición económica normal aquí: algunos de la clase pobre, otros de la clase media y muy pocos de la clase rica. Y una educación normal también; algunos tienen muy poca educación, pero eso no les quita la posición que tienen de hijos e hijas de Dios, de reyes y sacerdotes con Cristo.

Y miren ustedes, hemos venido a este planeta Tierra para ser probados, para pasar por esta etapa terrenal…; lo cual es una experiencia única: nunca más volveremos a tener un cuerpo mortal, corruptible y temporal. Pero en este cuerpo hemos venido para ser probados y para —estando en estos cuerpos— mostrar desde lo profundo de nuestra alma que amamos a Dios, amamos a Cristo, y le servimos, no importa que estemos en estos cuerpos mortales; servimos a Cristo en las buenas pero también en las malas; servimos a Cristo no importa los problemas que tengamos en nuestra vida.

Recuerden que Dios pasó al pueblo hebreo por el desierto para probarlos y para que saliera de su corazón lo que había adentro: si iban a servir a Dios o no iban a servir[1]. Y ahora nosotros estamos pasando por esta vida terrenal, como el pueblo hebreo pasó por el desierto.

Y ahora, nosotros mostrando en esta Tierra y en estos cuerpos mortales que amamos a Cristo y le servimos todos los días de nuestra vida, estamos mostrando con eso que le servimos a Él estando en estos cuerpos mortales y temporales, y que también le serviremos estando en el cuerpo eterno y glorificado. ¡Y le serviremos por toda la eternidad!

Y ahora, para esta ocasión tenemos un tema, el cual, pues ha sido preparado por Miguel aquí, y por José Nolasco (pastor). Dice… Primero tenían: “144.000 JUDÍOS EN PIE ANTE EL HIJO DEL HOMBRE”, pero fue arreglado con: “144.000 JUDÍOS CON EL NOMBRE ETERNO DE DIOS EN SUS FRENTES”; pero podemos arreglar un poquito más, porque si decimos que son 144.000 judíos, entonces el resto de Israel queda fuera; porque los de la tribu de Judá son los judíos; aunque les pusieron el nombre judíos a todos, por causa de Nabucodonosor cuando se llevó de la tribu de Judá en el cautiverio a muchos[2], y después les llamó “judíos” a todos los hebreos; pero en sí los…

Por ejemplo, los efraimitas son los de la tribu de Efraín, y los de la tribu de Manasés son los manasenitas o manaseítas, y así por el estilo; y los de la tribu de Benjamín, los benjaminitas; y los de la tribu de Judá, los judíos.

Y ahora, para hacer más claro el tema, vamos a ponerle: “EL CORDERO CON LOS 144.000 HEBREOS SOBRE EL MONTE DE SION”. Y cuando se dice “los hebreos”, ahí caen todas las tribus, de todas las tribus de Israel. Y ahí, en esos 144.000 hebreos, entran 12.000 de cada tribu; de cada tribu de las que son mencionadas ahí en el capítulo 7 del Apocalipsis.

Y ahora vamos a ver aquí, en Apocalipsis, capítulo 14, lo que nos dice de esos 144.000 hebreos; dice:

“Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el (nombre) de su Padre escrito en la frente.

Y oí una voz del cielo como estruendo de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno; y la voz que oí era como de arpistas que tocaban sus arpas.

Y cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los de la tierra.

Estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero;

y en sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios.

Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,

diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es “EL CORDERO CON LOS 144.000 HEBREOS SOBRE EL MONTE DE SION”.

Para poder comprender este nuestro tema, tenemos que conocer unas cuantas cosas muy importantes con relación a este tema; por ejemplo, tenemos que (vamos a enumerar algunas cosas):

  • Tenemos que saber cuál es el Monte de Sion.
  • Luego tenemos que saber quién es el que hace el llamado.
  • Tenemos que saber quiénes son los 144.000.

Y necesitamos saber algunas otras cosas; pero ahora vamos a ver (de estas tres cosas) el llamado quién lo hace. En Apocalipsis, capítulo 7, verso 2 en adelante, dice:

“Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar,

diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios.

Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.

De la tribu de Judá, doce mil sellados. De la tribu de Rubén, doce mil sellados. De la tribu de Gad, doce mil sellados (y sigue enumerando 12.000 sellados de cada tribu)”.

Hemos visto quién es el que hace el llamado a esos 144.000 hebreos: es este Ángel que viene con el Sello del Dios vivo, es el Ángel del Señor Jesucristo ungido con el Espíritu Santo, es el Ángel del Señor Jesucristo con el Espíritu Santo, con el Sello del Dios vivo; en él viene Cristo en Espíritu Santo manifestado; viene el Verbo, la Palabra, manifestado en carne humana; para llamar de entre los hebreos 144.000, 12.000 de cada tribu.

Ahora, vean ustedes, son llamados para estar ¿dónde? Sobre el Monte de Sion; son encontrados sobre el Monte de Sion con el Cordero. El Cordero es Cristo, el cual cambia de Cordero a León de la tribu de Judá.

Y ahora, Cristo en Su manifestación en el Día Postrero estará en el Monte de Sion. Él ha estado en el Monte de Sion de etapa en etapa, de edad en edad. Vamos a ver cuál es el Monte de Sion, para que tengamos el cuadro claro de todo lo que contiene el mensaje correspondiente a esta ocasión.

Leamos en el libro de Citas, donde nos habla el reverendo William Branham con relación al Monte de Sion. Vamos a ver… en la página 133 del libro de Citas, vamos a ver aquí lo que nos dice el reverendo William Branham con relación al Monte de Sion. Página 133, verso 1185, donde está un extracto del mensaje “El futuro hogar del Novio celestial y la Novia terrenal” (o sea, el futuro hogar de la Novia), dice:

1185 – “En lo cual el Señor habrá lavado las inmundicias de las hijas de Sion… (Recuerden, esa siempre es la Novia, ¿ven?)… y habrá purificado la sangre de Jerusalén… (Ese es el remanente de los judíos, más la Novia)”.

Cuando se habla de Jerusalén: “… habrá purificado la sangre de Jerusalén”, es el remanente de los judíos, o sea, 144.000 hebreos; y cuando se habla que “habrá lavado las inmundicias de las hijas de Sion”, esa es la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo. O sea que cuando se dice “Sion”, “ha lavado las inmundicias de Sion” o “de las hijas de Sion”, está hablando de la Iglesia; y cuando se habla que “habrá purificado la sangre de Jerusalén”, se está hablando de los hebreos, se está hablando de esos 144.000 hebreos aquí.

Y ahora, continuemos viendo a través de la Escritura lo relacionado a Sion. En muchas ocasiones también “Jerusalén” se refiere a la Iglesia del Señor Jesucristo.

Ahora veamos lo que dice San Pablo a los Hebreos, capítulo 12, versos 18 en adelante; dice:

“Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar (o sea, al monte Sinaí), y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad…”.

O sea que cuando Dios estaba allá en el monte Sinaí, y Moisés estaba allá, lo que había allí en el monte era una tempestad; una tempestad; y había fuego allí sobre el monte, había oscuridad, tinieblas y tempestad. Dice:

“… al sonido de la trompeta (había también el sonido de una trompeta allí), y a la voz que hablaba (esa era la Voz de Dios), la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más,

porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo;

y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando…”.

Y si estaba así, espantado y temblando, el mensajero, ¿cómo estaría el pueblo?

“… y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando;

sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos…”.

Los primogénitos que están inscritos en los Cielos son los miembros de la Iglesia de Jesucristo; son los creyentes en Cristo que han recibido el Espíritu de Cristo y por consiguiente han nacido de nuevo.

“… a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,

a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel”.

Ahora miren a lo que nos hemos acercado: nos hemos acercado al Monte de Sion, a la Jerusalén celestial; nos hemos acercado “a la compañía de muchos millares de ángeles” y “a la congregación de los primogénitos que están inscritos…”, están inscritos o escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, desde antes de la fundación del mundo. Esa es la Iglesia del Señor Jesucristo, ese es el Monte de Sion espiritual.

Y ahora, en Gálatas, capítulo 4…

[Se oye un burrito rebuznar –Editor].

Si es un burrito… ¿será un…? Escuche… él dice: “a, e, i, o, u”, en su forma. Por eso en la escuela les dicen a los niños: “a, e, i, o, u, más sabe el burro que tú”. Si le prestan bien oído cuando un burrito así… Está así deletreando, o sea, él lo que hace es diciendo “a, e, i, o, u”. ¿Esas son las qué?, ¿las vocales? Las vocales; pero ahí se quedó, es lo único que sabe. Las cotorras aprenden; les enseñan, aprenden, y entonces hablan un poquito más. La serpiente hablaba, pero por causa de la maldición quedó muda.

Pero, vean ustedes, Dios ha permitido que queden animales que hablen algunas palabras, como las cotorras, los pericos y… los guacamayos también, ¿verdad?, o algunas aves así. Y entre los animales, pues algunos dicen una o dos palabras, es lo que dicen. El burrito, los burritos pues dicen ahí las vocales, pero se quedan ahí todo el tiempo y no progresan.

Ahora, vamos a ver aquí en Gálatas, capítulo 4…

Aprovechamos que el burrito, pues, estaba así, para decir esto de por qué en la escuela se dice: “a, e, i, o, u, más sabe el burro que tú”; aunque algunas veces ni los mismos maestros saben por qué lo dicen, pero ya ustedes escucharon por qué.

Ahora vamos a ver en Gálatas, capítulo 4, versos 22 en adelante; dice:

“Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos; uno de la esclava, el otro de la libre.

Pero el de la esclava (o sea, Ismael) nació según la carne; mas el de la libre, por la promesa (o sea, Isaac nació por la promesa, a través de Sara).

Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres son los dos pactos; el uno proviene del monte Sinaí, el cual da hijos para esclavitud; éste es Agar (en el monte Sinaí fue que se recibió la Ley).

Porque Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, pues ésta, junto con sus hijos, está en esclavitud. 

Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre.

Porque está escrito:

Regocíjate, oh estéril, tú que no das a luz;

Prorrumpe en júbilo y clama, tú que no tienes dolores de parto;

Porque más son los hijos de la desolada, que de la que tiene marido.

Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa.

Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora.

Mas ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la esclava y a su hijo, porque no heredará el hijo de la esclava con el hijo de la libre.

De manera, hermanos, que no somos hijos de la esclava, sino de la libre”.

Ahora vean cómo, en esta tipología, aparece el pueblo hebreo como nación bajo la Ley y la Iglesia del Señor Jesucristo bajo la Gracia. Y la Iglesia del Señor Jesucristo, como leímos en Hebreos, capítulo 12, versos 20 en adelante, está representada en Sion.

Y ahora, veamos lo que nos dice el profeta Isaías, hablándonos en el capítulo 59, versos… Capítulo 59, versos 19 en adelante, dice:

“Y temerán desde el occidente el nombre de Jehová, y desde el nacimiento del sol su gloria; porque vendrá el enemigo como río, mas el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él”.

Esto es para este tiempo final, en donde el enemigo, el anticristo, el hombre de pecado, en el cual estará el diablo encarnado, se levantará en contra de Cristo y en contra de Su Iglesia y en contra del pueblo hebreo; pero dice… y se levantará con los ejércitos de los diez reyes que le darán su poder y su autoridad a la bestia:

“… mas el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él.

Y vendrá el Redentor a Sion, y a los que se volvieren de la iniquidad en Jacob, dice Jehová.

Y este será mi pacto con ellos, dijo Jehová: El Espíritu mío que está sobre ti, y mis palabras que puse en tu boca, no faltarán de tu boca, ni de la boca de tus hijos, ni de la boca de los hijos de tus hijos, dijo Jehová, desde ahora y para siempre”.

Y ahora veamos lo que San Pablo nos explica en Romanos, capítulo 11, con relación a ese pasaje. Ahí en ese pasaje dice que el Libertador vendrá a Sion; el Libertador vendrá a Sion, Libertador que quitará de Jacob la impiedad; y eso será cuando Él quite sus pecados, los pecados del pueblo hebreo.

En Romanos, capítulo 11, verso 25 en adelante, nos habla haciendo referencia a ese pasaje de Isaías, y dice:

“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles;

y luego todo Israel será salvo, como está escrito:

Vendrá de Sion el Libertador…”.

Y ahora, ¿de dónde viene el Libertador para el pueblo hebreo? De Sion; y Sion es la Iglesia del Señor Jesucristo. Sion en Israel tipifica —en términos espirituales— a la Iglesia de Jesucristo.

“… Vendrá de Sion el Libertador,

Que apartará de Jacob la impiedad.

Y este será mi pacto con ellos,

Cuando yo quite sus pecados.

Así que en cuanto al evangelio, son muy enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres.

Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios”.

Y ahí 144.000 hebreos serán llamados y juntados, y obtendrán el perdón de sus pecados, y serán sellados con el Sello del Dios vivo; y así serán sellados en sus frentes, y van a tener la revelación del Nombre Eterno de Dios y Nombre Nuevo del Señor Jesucristo, Nombre del Cordero.

Por eso dice que el Ángel viene para llamar y juntar 144.000 hebreos y sellarlos con el Sello del Dios vivo, sellarlos en sus frentes; eso está en Apocalipsis, capítulo 7, versos 2 en adelante. Y en Apocalipsis, capítulo 14, ya aparecen sobre el Monte de Sion, sellados en sus frentes: aparecen con el Nombre del Cordero y el Nombre de Su Padre escrito en sus frentes; y cantan un Nuevo Cántico.

Ahora, vean ustedes esto aquí; dice [Apocalipsis 14:2]:

“Y oí una voz del cielo como estruendo de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno; y la voz que oí era como de arpistas que tocaban sus arpas.

Y cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los de la tierra”.

¿Y quiénes entonces están cantando ese Cántico Nuevo? En Apocalipsis, capítulo 5, versos 8 en adelante, aparecen los que están cantando ese Nuevo Cántico en el Cielo; dice:

“Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos;

y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;

y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra”.

¿Quiénes son los que cantan ese Cántico Nuevo en el Cielo? La Iglesia del Señor Jesucristo, los que han sido redimidos con la Sangre de nuestro amado Señor Jesucristo.

Y ese es el Cántico que van a aprender 144.000 hebreos; porque el Mensaje irá de los escogidos de Dios del Día Postrero al pueblo hebreo, y tendrán ese Nuevo Cántico; porque el pueblo hebreo se ha mantenido bajo la Ley. Pero miren ustedes, en este tiempo final será convertido el pueblo hebreo a Cristo, 144.000 hebreos, y aprenderán el Nuevo Cántico, y proclamarán ese Nuevo Cántico.

En ese Nuevo Cántico se proclama que Él nos ha lavado con Su Sangre preciosa, “nos ha redimido para nuestro Dios, de todo pueblo, linaje y nación; y nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos con Cristo por el Milenio y por toda la eternidad”. Todas esas cosas serán dadas a conocer al pueblo hebreo, y ellos tendrán ese Nuevo Cántico.

Ahora, vean ustedes lo sencillo que es todo.

Ese Nuevo Cántico, solamente esos 144.000 dice que son los que lo aprenderán. Dice ahí:

“… y nadie podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los de la tierra”.

O sea que aun el resto del pueblo hebreo no podrá aprender ese Cántico, ni tampoco las personas que no han recibido a Cristo como su Salvador; sino solamente los redimidos por la Sangre de Cristo son los que tienen ese Nuevo Cántico; y luego lo aprenden los 144.000 hebreos, los cuales serán llamados y juntados en este tiempo final, de Israel (o sea, del pueblo hebreo completo), 12.000 de cada tribu. Aunque hay dos tribus —Dan y Efraín— que no aparecen; pero a Dios no se le pierde nada; pero no aparecen como tribu; pero la bendición de Efraín pasó a la Iglesia del Señor Jesucristo.

Así que no se preocupen, porque la Iglesia del Señor Jesucristo va a estar viviendo en medio del pueblo hebreo; y por cuanto tiene la Bendición de la Primogenitura, que fue echada sobre Efraín, la Iglesia del Señor Jesucristo, los redimidos con la Sangre de Cristo, serán los que tendrán la posición más alta en medio del pueblo hebreo; pues serán las personas que estarán con cuerpos inmortales, y que serán a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo, y que serán los reyes y sacerdotes en medio del pueblo hebreo y en medio del planeta Tierra completo; y reinaremos con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad como reyes y sacerdotes sobre este planeta Tierra; y aun ese reinado se extenderá al universo completo, pero hay que empezar por algún lugar.

Ahora podemos ver quiénes son esos 144.000 hebreos, podemos ver quién es el que los llama: es Cristo por medio de Su Ángel Mensajero, es el Ángel del Pacto (el que llamó al pueblo hebreo por medio de Moisés y los sacó de Egipto); ahora vuelve en el Día Postrero, y por medio de Su Ángel Mensajero llama y junta 144.000 hebreos.

Y el Monte de Sion: hemos visto que es la Iglesia del Señor Jesucristo. Son llamados y juntados en la Edad de la Piedra Angular, que es una edad que está sobre las siete edades de la Iglesia gentil: es la que corona, es la que corona esas siete edades, es la que corona el Cuerpo Místico de Cristo; porque es la Edad de la Piedra Angular la edad de la Segunda Venida de Cristo, es la Edad de Oro de la Iglesia de Jesucristo.

La Iglesia del Señor Jesucristo comenzó con hebreos, allá el Día de Pentecostés; aun la Primera Venida de Cristo fue en medio de hebreos, y Sus discípulos fueron hebreos. Y comenzó la Iglesia el Día de Pentecostés con hebreos, pero luego Cristo se tornó a los gentiles, y se abrió la Puerta a los gentiles en la casa de Cornelio[3]. Y luego envió Cristo a San Pablo a los gentiles[4], y en Asia Menor, vean ustedes, Dios comenzó a llamar y a juntar miles de personas de entre los gentiles; aunque algunos también eran hebreos, pero la mayor parte eran gentiles.

Y así encontramos que al principio la Iglesia de Jesucristo comenzó con hebreos, y después continuó hebreos y gentiles, hasta que después se fue extendiendo de Asia Menor a Europa, y ya en Europa ya eran muy poquitos hebreos y la mayor parte gentiles; y así ha sido de edad en edad.

La mayor parte han sido gentiles, de edad en edad… La edad que más hebreos tenía —de las siete edades— fue la primera edad; y antes de la primera edad, pues el tiempo de los apóstoles, que era completamente de hebreos.

Luego, cuando la Iglesia ha pasado por esas siete etapas, en donde ha llamado de entre los gentiles un pueblo para Su Nombre (y también de entre los hebreos, porque la Iglesia está compuesta de gentiles y de hebreos); ahora, para el tiempo final, la Edad de la Piedra Angular, que no corresponde, no pertenece a ninguna de las siete edades de la Iglesia gentil…; la cual se abre y se cumple en la América Latina y el Caribe, y llama y junta a los escogidos para la Edad de la Piedra Angular, de entre los latinoamericanos y caribeños; esa edad, vean ustedes, es una edad para gentiles y hebreos.

Y de entre los gentiles, al ser llamados y juntados y colocados en la Edad de la Piedra Angular, muchos tienen raíces hebreas; pues los latinoamericanos, casi todas las naciones latinoamericanas están llenas de hebreos, a causa de las persecuciones que vinieron en siglos pasados, y se vinieron a la América Latina y el Caribe miles o millones de hebreos.

Y luego algunos se hicieron cristianos, o por las buenas o por las malas, en aquellos tiempos, porque era un asunto de vida o muerte; y después siguieron multiplicándose, siguieron teniendo hijos, que fueron criados en el cristianismo; y aun los nombres hasta se los cambiaron: algunas veces ellos se los cambiaron ellos mismos y otras veces se los cambió el Gobierno o la iglesia católica, y los marcó con ciertos nombres (o en los nombres o apellidos ciertas letras que los identificaban). Y luego, encontramos que la América Latina y el Caribe está llena de hebreos, en sus raíces, que ni saben que son hebreos.

Ahora miren cómo todo ha venido sucediendo. Y ahora no sabemos cuántos, de entre los que son llamados en el tiempo final por la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, y son colocados en la Edad de la Piedra Angular, no sabemos ni cuántos son hebreos ni cuántos son gentiles. Y puede ser mitad y mitad; o puede ser la mayoría hebreos, de raíces hebreas, que no sepan ni que son hebreos.

Pero miren, Dios sí sabe cuáles son las raíces de cada uno de Sus hijos. Pero lo importante es que nuestras raíces sean de Dios, estén en Dios, que seamos simiente de Dios; eso es lo importante, sea que nuestras raíces terrenales sean hebreas o sean gentiles; no importa esa parte.

Ahora, en la Edad de la Piedra Angular es que se hace el entrelace de gentiles a hebreos. Es la única edad que está diseñada por Dios para ese cambio de edad y de dispensación, y para el Evangelio regresar de los gentiles a los hebreos.

En ninguna otra edad se podía llevar a cabo ese cambio de dispensación ni de edad, ni tampoco se podía llevar a cabo el cambio de los gentiles a los hebreos: para que el Evangelio pasara de los gentiles a los hebreos por medio del ministerio de los Dos Olivos, por medio del ministerio de Moisés y Elías, por medio del ministerio de los Dos Ungidos que están delante de la presencia de Dios. Por eso es que los gentiles llevarán el Evangelio a los judíos así como los judíos lo trajeron a los gentiles.

Los judíos por medio del ministerio de San Pedro llevando el Mensaje a los gentiles, a la casa de Cornelio, y Pablo siendo enviado a los gentiles en Asia Menor: el Evangelio pasó a los gentiles. ¿Por medio de los ministerios de quiénes? De Pedro y Pablo.

Y ahora por medio de los ministerios de Moisés y Elías el Evangelio regresará a los hebreos; y para regresar a los hebreos, pues tienen que estar entre los gentiles los ministerios de Moisés y Elías.

Los ministerios de los Dos Olivos tienen que estar en medio de los gentiles, en la Iglesia del Señor Jesucristo, en la Edad de la Piedra Angular. Esa es la única edad que tendría los ministerios de Moisés y Elías: el ministerio de Moisés por segunda vez y el ministerio de Elías por quinta vez, manifestados ahí para ahí hacer el cambio de los gentiles a los hebreos.

Por eso Cristo, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo, el Mensajero a Israel, que viene para Israel, primero aparece a Su Iglesia gentil. Y ahí, estando en medio de Su Iglesia gentil, manifestado por medio de Su Ángel Mensajero, los hebreos lo van a reconocer; van a reconocer al Ángel del Pacto, al Ángel de Jehová manifestado en carne humana en Su Ángel Mensajero, y van a decir: “¡Este es al cual nosotros estamos esperando!”, y lo van a recibir. Y por consiguiente estarán recibiendo a Cristo, el Ángel del Pacto en Su manifestación final a través de Su Ángel Mensajero; y se tornará el Mensaje del Evangelio al pueblo hebreo, el Evangelio del Reino.

Así como los hebreos trajeron el Evangelio de la Gracia a los gentiles, los gentiles llevarán el Evangelio del Reino al pueblo hebreo. Eso es en la Edad de la Piedra Angular, donde se hace el cambio de dispensación: se introduce la nueva dispensación, el entrelace dispensacional, con el nuevo Mensaje dispensacional; para pasar al pueblo hebreo, luego de estar un tiempo entre los gentiles con la Iglesia del Señor Jesucristo, que sube a la Edad de la Piedra Angular.

Ahora podemos ver que es por medio del ministerio de Moisés y Elías que el Evangelio pasará al pueblo hebreo, y pasará de los gentiles a los hebreos.

Vean lo que nos dice el reverendo William Branham con relación a este gran evento que está por ocurrir en este tiempo final…

Y aun en este tiempo final, por cuanto Dios está obrando entre los gentiles, y está llamando y juntando a Sus escogidos, entre los que responden ese llamado habrá una cantidad grande de hebreos, de personas que en sus raíces son hebreas. Y no sabemos hasta cuánto puede llegar; puede llegar al 50%, al 60, 70, 80 o 90%, y puede aun subir.

Ahora miren, en la página 30 del libro de Las Edades, dice:

“109. Ahora, ¿cuándo volverá el Evangelio a los judíos? Cuando se haya terminado la dispensación de los gentiles (o sea, cuando se haya terminado la Dispensación de la Gracia). El Evangelio está listo para volver a los judíos. Oh, si tan sólo les pudiera decir algo que está a punto de suceder hoy, en este nuestro día. Esta gran cosa que va a suceder recorrerá hasta Apocalipsis 11; y aquellos dos testigos, aquellos dos profetas, Moisés y Elías, trayendo el Evangelio de nuevo a los judíos”.

¿Quién llevará el Evangelio de nuevo a los judíos? Moisés y Elías, los Dos Olivos.

Por eso es que miles de personas, miles de predicadores han tratado de llevar el Evangelio al pueblo hebreo y no han podido; ni los han escuchado; el pueblo hebreo como nación no ha escuchado. Aun San Pedro trató y no lo recibieron, aun San Pablo trató y tampoco; y aun Jesús, vean ustedes, vino en medio del pueblo hebreo y lo rechazaron.

Pero para este tiempo final es que Dios ha prometido que le abrirá los ojos espirituales al pueblo hebreo, la ceguedad espiritual será quitada; y eso es un milagro que Dios hará con Israel. Israel, el cual está ciego espiritualmente, recibirá un milagro divino; y Dios le dará ojos para ver, ¡un milagro!: le abrirá sus ojos espirituales, le dará ojos para ver.

¿Y qué significa “le dará ojos para ver”? Ojos representa profetas, videntes. Le dará dos ojos para ver: ¡le dará a Moisés y a Elías!; y con esos ojos sí que Israel verá claramente todo el Programa de Dios. Y esos son ojos de llama de fuego, los ojos del Hijo del Hombre como llama de fuego[5].

“… recorrerá hasta Apocalipsis 11; y aquellos dos testigos, aquellos dos profetas, Moisés y Elías, trayendo el Evangelio de nuevo a los judíos. Estamos listos. Todo está en orden. Igual como los judíos trajeron el Evangelio a los gentiles, así también los gentiles se lo llevarán de regreso a los judíos, y el Rapto sucederá”.

Y ahora, dice: “Así como los judíos trajeron el Evangelio a los gentiles…”, los judíos, y eso fue Pedro y San Pablo; por medio de dos judíos pasó el Evangelio a los gentiles.

Y ahora por medio de Moisés y Elías pasará el Evangelio de los gentiles a los hebreos; porque Moisés y Elías, los Dos Olivos, estarán primeramente en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, en el Lugar Santísimo; porque era en el lugar santísimo del templo que construyó Moisés y del templo que construyó Salomón donde estaban los dos querubines de oro y donde también estaban los dos querubines de madera de olivo cubiertos de oro que construyó el rey Salomón.

Y es ahí, en la Edad de la Piedra Angular, donde los ministerios de los Dos Olivos, de Moisés y Elías, estarán manifestados; para luego que terminen la Obra entre los gentiles, en la Edad de la Piedra Angular, en la Iglesia de Jesucristo, entonces el llamado pase a 144.000 hebreos y sean colocados ¿dónde? En el Monte de Sion, en la Iglesia de Jesucristo, en la Edad de la Piedra Angular.

Y de ahí en adelante el llamado será a hebreos, totalmente, a 144.000 hebreos que estarán sobre el Monte de Sion con el Cordero, con Cristo en Su Segunda Venida; y tendrán el Nombre de Él y el Nombre de Su Padre escrito en sus frentes, o sea, que tendrán la revelación del Nombre Nuevo de Jesucristo y Nombre Eterno de Dios.

En Apocalipsis, capítulo 22, verso 4, dice:

“… y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes”.

Cuando nos habla de la frente, nos habla de la revelación divina en la persona.

Y ahora, también en Apocalipsis, capítulo 2, verso 17, tenemos una promesa para el Vencedor, donde dice:

“… y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe”.

Y la Piedrecita blanca viniendo es la Segunda Venida de Cristo, que viene con un nombre nuevo. Y el Vencedor que estará en la Tierra y lo recibe, recibe a Cristo en Su Segunda Venida, lo recibe con un nombre nuevo; y ese es el que recibe esa Piedrecita blanca: le es dada la Segunda Venida de Cristo con un nombre nuevo; y ese será el único que entenderá ese nombre nuevo escrito en esa Piedrecita blanca, escrito en la Segunda Venida de Cristo.

También en Apocalipsis, capítulo 3, verso 12, nos dice: “Al que venciere, yo le haré columna en el Templo de mi Dios, y nunca más saldrá fuera; y escribiré sobre él el Nombre de mi Dios, y el Nombre de la Ciudad de mi Dios, la Nueva Jerusalén, la cual desciende del Cielo, de mi Dios, y mi Nombre Nuevo”.

Y ahora, en ese pasaje Cristo va más allá de lo que había ido en Apocalipsis, capítulo 2, verso 17, porque da más luz con relación a lo que Él hará con el Vencedor, al cual le dará la Piedrecita blanca con el Nombre Nuevo; y ahora dice que escribirá sobre él el Nombre de nuestro Dios y el Nombre de la Ciudad de nuestro Dios y el Nombre Nuevo Suyo.

Y ahora, en el Antiguo Testamento… Recuerden que todo esto tiene que venir por un hilo del pensamiento divino a través de toda la Escritura. Por eso es que en el Antiguo Testamento encontramos que Dios cambió nombres.

Por ejemplo, a Sara le cambió el nombre por… – a Sarai por Sara (eso es en las traducciones en español; cuando se va a otros idiomas puede sonar diferente). Y a Abram le añadió una “h” y una “a”; y ahora Abraham tiene una “h” y una “a”; o sea que tiene tres “a” y una “h”; o sea, le fue añadido una “h” y una “a”, y eso cambió el nombre[6].

A Jacob le fue cambiado el nombre por Israel: cuando obtuvo la victoria con el Ángel luchando con el Ángel, y venció, obtuvo un cambio de nombre; el Ángel le cambió el nombre, el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto[7].

Luego encontramos a Pedro, el cual recibió un cambio de nombre; se llamaba Simón, y Cristo le cambió el nombre por Pedro. Cristo le dijo: “Tú eres Simón, hijo de Jonás”, y le dijo, le llamó Pedro: “Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia”[8], sobre la roca de la revelación.

La Iglesia está fundada sobre revelación; revelación: para tener la revelación de Cristo en cada edad y en cada etapa por la cual pasa la Iglesia del Señor Jesucristo, y saber, conocer a Cristo, saber quién es Cristo en cada edad, manifestado de edad en edad.

Y ahora, a Saulo de Tarso, cuando recibió a Cristo como su Salvador, luego de tener la experiencia allá en el camino a Damasco y recibió a Cristo como su Salvador, su nombre fue cambiado de Saulo a Pablo[9].

Así que podemos ver cómo estos cambios de nombre ocurrieron a causa de una victoria que obtuvieron las personas que obtuvieron estos cambios de nombre.

Y aquí en el Apocalipsis dice que para el Vencedor, para el que obtiene la victoria, le será dado un nombre nuevo, será escrito sobre él un nombre nuevo: el Nombre de nuestro Dios y el Nombre de la Ciudad de nuestro Dios y el Nombre Nuevo del Señor Jesucristo; y le será dada la Piedrecita blanca con el Nombre Nuevo; y le será dada la Estrella resplandeciente de la Mañana, que es la Segunda Venida de Cristo. Él es el que recibe a Cristo en Su Segunda Venida con un nombre nuevo.

Y ahora vean ustedes cómo esto viene por un hilo de pensamiento desde el Antiguo Testamento.

Y si ustedes buscan en el Antiguo Testamento, en el capítulo 23 del Éxodo, verso 20 al 23…; y también en el capítulo 3, verso 14 al 15, cuando Moisés le preguntó al Ángel de Jehová cuál era Su Nombre, Él le dijo: “Yo soy. Yo soy el que soy. Y dirás al pueblo: Yo soy me ha enviado a vosotros”. Ahí, cuando se va al original, son cuatro consonantes, las cuales son “Y” (o sea, la “i griega”), la “H”, la “W” y la “H”. Esas cuatro consonantes fueron las que el Ángel de Jehová le dio a Moisés como Su Nombre.

Y luego dice en el Éxodo, capítulo 23, verso 20 al 23, hablando acerca del Ángel de Jehová, Dios dice algo muy importante ahí, lo cual no podemos dejar pasar por alto; dice:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.

Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

Porque mi Ángel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir”.

Ahora vean cómo el Nombre de Dios está en Su Ángel.

Por eso fue que el Ángel de Jehová, cuando Moisés le preguntó cuál era Su Nombre, Él le dio esas cuatro letras, cuatro consonantes: “Y” (que es la “ye”), “H”, “W”, “H”; y así Moisés obtuvo esa revelación. Moisés escuchó cómo se pronunciaba y Moisés tenía ese conocimiento, siendo un profeta dispensacional enviado para la liberación del pueblo hebreo. ¿Enviado por quién? Por la Columna de Fuego, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el cual a través de Moisés se manifestó y llevó a cabo el éxodo del pueblo hebreo.

Y ahora, este Ángel del Pacto cuando se hizo carne fue conocido por el nombre de Jesús; y Él dijo (Jesús dijo): “Yo he venido en nombre de mi Padre”[10]; y Él dijo que las cosas que hacía las hacía en el Nombre de Su Padre[11].

Y Él dijo en una ocasión: “Padre, glorifica tu nombre”. Y Dios dijo: “Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez”. Eso está por ahí por el capítulo 12, verso 28, de San Juan:

“Lo he glorificado (lo glorificó en la Primera Venida de Cristo), y lo glorificaré otra vez (eso será en la Segunda Venida de Cristo; y ese será el Nombre Eterno de Dios y Nombre Nuevo del Señor Jesucristo)”.

Estábamos bien: capítulo 12, verso 28, de San Juan. Cuando Jesús dijo estas palabras, Dios habló desde el Cielo esto:

“Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez”.

Y muchas personas dijeron: “Un Ángel le ha hablado”. Otros decían: “No, fue un trueno”. Y Cristo dijo: “Esta voz no vino por causa mía, sino por causa de vosotros”.

Ahora vean cómo, para el Día Postrero, el Nombre Eterno de Dios será glorificado, el Nombre Nuevo del Señor Jesucristo será glorificado: en la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular.

Y las cosas que Cristo en Espíritu Santo estará realizando las estará realizando en el Nombre Eterno de Dios; y por eso vamos a estar viendo que todo va a estar materializándose conforme a como está prometido en la Escritura. Es una Obra de Dios en Su Nombre Eterno y Nombre Nuevo del Señor Jesucristo.

Ahora, no podemos seguir adelante hablando de estas cosas, ya que se nos está acabando el tiempo y también ya nos meteríamos muy profundos en este tema.

Pero miren ustedes, para el Reino Milenial este Nombre Eterno de Dios y Nombre Nuevo del Señor Jesucristo estará siendo enseñado, y las personas obtendrán el conocimiento del Nombre Eterno de Dios. “Y en aquel día Jehová será uno, y uno Su Nombre”. Eso está en Zacarías, ¿capítulo qué? Capítulo 12 o 14; capítulo 14, por ahí, por el verso del 8 al 9.

Y ahora, ¿por qué dice que “Jehová será uno, y uno Su Nombre” y “Jehová será Rey sobre toda la Tierra”? Y cuando dice: “Jehová será Rey sobre toda la Tierra”, eso es Jesucristo como Rey sobre toda la Tierra.

Ahora, el Nombre de Jehová, vean ustedes, cuando se habla el Nombre de Jehová son las cuatro letras consonantes. Lo que debe estar colocado ahí es “Y” (o sea, la “i griega”), la “H”, la “W” y “H”; pero les añadieron, a esas cuatro consonantes, les añadieron otras letras.

Por ejemplo, la “Y”, le añadieron la “e” y la “o”, y dice “Jeo” o “Yeo”. La “Y” también en español se traduce como “J”.

Y luego… Vean ustedes, le añadieron la “e”, a la “Y” le añadieron la “e”. Y luego de la “H” le colocaron la “o”, y entonces dice “Jeho”.

Y después, a la “W”, como la “doble u” es también “doble v”, entonces colocaron una “a” después de la “W”, entonces decía “Jehowá”, con “doble v”; y luego también le quitaron una de las “v”, y entonces quedaba “Jehová”; o le colocaban también “Yahwé”.

O sea, en diferentes formas comenzaron a añadirle letras, para hacer pronunciable las cuatro consonantes que le dio Dios a Moisés en el capítulo 3, verso 13 al 14, del Éxodo; pero miren, todavía no han logrado con eso la pronunciación del Nombre Eterno de Dios.

Pero vean ustedes, para el Día Postrero la promesa es que Dios escribirá sobre el Vencedor, Cristo escribirá sobre el Vencedor el Nombre Eterno de Dios y Nombre Nuevo de la Ciudad de nuestro Dios y Su Nombre Nuevo; y él tendrá la revelación de ese Nombre, y él obrará en ese Nombre.

Ahora vean ustedes, en la Primera Venida de Cristo, Cristo dijo que Él vino en el Nombre de Su Padre, y que Él obraba en el Nombre de Su Padre, y Él hablaba en el Nombre de Su Padre; pero nunca lo oyeron ustedes – en la historia de los Evangelios nunca se oye a Jesús decir: “Yo en el Nombre de Jehová sano este enfermo”, o “yo en el Nombre de Jehová te abro los ojos”, o “yo en el Nombre de YHWH multiplico estos panes y estos pececitos”, sino que Él hablaba la Palabra; y nadie lo escuchaba pronunciar un nombre, nadie lo escuchaba pronunciar el Nombre de Dios. ¿Por qué? Porque Él venía en el Nombre de Dios, Él tenía el Nombre de Dios en Él manifestado.

Y por consiguiente… Miren ustedes, cuando el presidente de una nación viene, pues viene en el nombre del presidente de esa nación; y él puede ordenar que se haga esto o que se haga lo otro sin tener que decir: “En el nombre del presidente de la nación, Fulano de Tal, yo ordeno que hagan esto”. No, todo el mundo sabe que ese es el presidente, y está ordenando que se haga eso; y lo hacen. No le preguntan: “¿En qué nombre tú nos ordenas?”. Pues si saben que él tiene el nombre; por lo tanto, si tiene el nombre, está ordenando en su nombre; y la gente que están haciendo las cosas, las están haciendo porque lo está ordenando el que tiene el nombre.

Ahora, vamos a dejar eso quietecito ahí, porque cuando venga este Ángel, el cual recibe esa Piedrecita blanca, y sobre el cual Cristo escribirá Su Nombre y el Nombre de nuestro Dios y el Nombre de la Ciudad de nuestro Dios, él no tendrá que estar diciendo ningún nombre para la labor que está haciendo. Él la hará, y todos sabrán que la estará haciendo en el Nombre Eterno de Dios y Nombre Nuevo del Señor Jesucristo.

Bueno, hemos visto que aun el llamado de los 144.000 hebreos será hecho en el Nombre Eterno de Dios y Nombre Nuevo del Señor Jesucristo. Y toda la labor… y el llamado de los escogidos de Dios del Día Postrero de entre los gentiles, también, de la Iglesia de Jesucristo. Y toda la Obra que será hecha por el Ángel de Jesucristo será hecha en el Nombre Eterno de Dios y Nombre Nuevo del Señor Jesucristo.

Y así es como EL CORDERO CON LOS 144.000 HEBREOS estará SOBRE EL MONTE DE SION en el Día Postrero; pero antes están los escogidos de la Iglesia gentil sobre el Monte de Sion, en la Edad de la Piedra Angular.

[El burrito rebuzna nuevamente –Editor].

Ahí tenemos otra vez… En alguna ocasión observen, escuchen bien; y quizás algunos, pues, no lo digan tan claro; pero para ser un burro, bastante claro habla.

Bueno, hay personas que no saben ni cuáles son las… ¿las qué? Las vocales. Y si un burro las sabe… Y vean, pasó del primero al segundo, del segundo al tercero, por… Eso es hereditario, ¿verdad? Así que vino por herencia, tampoco lo aprendieron; ya eso vino, digamos, en la sangre de ellos. Bueno, pero Dios nos ha dado a nosotros el conocer mucho más que eso.

Y vean ustedes, los grandes sabios en asuntos religiosos han tratado de pronunciar las cuatro consonantes, cuatro letras también, y todavía no han podido; pronunciarlas de tal modo que se escuche como Dios le dijo al profeta Moisés, para hacer pronunciable el Nombre Eterno de Dios.

Bueno, la ciencia religiosa, que es la teología, lleva muchos miles de años con cuatro letrecitas ahí que no ha podido todavía pronunciar bien. Pero para este tiempo final una de las cosas que estará contenida en la revelación de la Segunda Venida de Cristo son esas cuatro letras, esas cuatro consonantes.

Bueno, vamos a dejar eso quietecito ahí, ya que el tiempo avanzó.

Que Dios me los bendiga a todos, que Dios me los guarde, y los cuide; y pronto se complete el número de los escogidos de Dios; y pronto los muertos en Cristo resuciten y nosotros los que vivimos seamos transformados, y todos seamos llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Y con la fe puesta en Cristo llegaremos al cuerpo nuevo: obtendremos el cuerpo nuevo y eterno que Él ha prometido para todos nosotros; con la fe puesta en Cristo, el Ángel del Pacto.

Con la fe puesta en Cristo, el Ángel del Pacto, obtendremos todo lo que Él ha prometido para nosotros, para este tiempo final, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino.

Miren cómo nos ha caído en la América Latina y el Caribe la bendición más grande de la Iglesia de Jesucristo y para la Iglesia de Jesucristo: la etapa más gloriosa de todas las etapas.

Y con esa manifestación en la América Latina y el Caribe, Dios va a dedicar, Cristo va a dedicar ese Templo espiritual a Dios, para Dios morar en toda Su plenitud en él, en Su Iglesia.

Bueno, vamos a dejar eso quietecito ahí; porque si Dios va a manifestarse en toda Su plenitud, alguien tiene que estar ministrando ahí. Tiene que estar ministrando Cristo el Espíritu Santo, Cristo en Espíritu Santo por medio de un hombre; por lo tanto, ya la intercesión no se hará más en el Cielo, porque ya Él habrá terminado en el Cielo Su Obra de Intercesión.

Por lo tanto, en la Tierra, en Su Iglesia, de ahí vendrá la bendición o el juicio divino, la bendición para los seres humanos o el juicio divino; será hablado. O sea que vendrá la revelación del Cielo, del Trono de Dios en el Cielo, a la Iglesia de Jesucristo; y ahí será captada esa revelación divina y dada a conocer a los seres humanos.

¿Recuerdan que es en el lugar santísimo donde una sola persona ministraba: el sumo sacerdote? Y ese era el que tenía el Nombre escrito en la frente, en una lámina de oro.

Por eso fue que Dios se enojó con Moisés cuando le pidió un ayudante. El ministerio del sacerdocio le tocaba a Moisés; cuando pidió un ayudante, entonces pasó el ministerio del sacerdocio de Moisés a su hermano Aarón. Pero tenía que ser en Moisés tanto el ministerio de profeta y rey como de sacerdote, sumo sacerdote; porque el ministerio de rey y de sumo sacerdote es el ministerio de Cristo, el cual durante el Reino Milenial estará como Rey, y también Él es el Sumo Sacerdote.

Ahora, vamos a dejar ya eso quietecito.

¿Vieron que lo del Nombre Nuevo, eso viene por una línea de pensamiento desde el Antiguo Testamento? Y si estaba allí en el templo, y el Ángel del Pacto lo tenía… Vean, ¿dónde estaba el Ángel del Pacto en el templo? En el lugar santísimo, sobre el propiciatorio, y allí Él lo tenía. Y luego el sumo sacerdote lo tenía en la frente: cuando entraba al templo, allí lo tenía escrito en una lámina de oro.

¿Ven? Estaba escrito sobre un hombre. Y ahora Cristo dice: “Yo escribiré sobre él el Nombre de mi Dios, y el Nombre de la Ciudad de mi Dios, la Nueva Jerusalén, la cual desciende del Cielo, de mi Dios, y mi Nombre Nuevo”.

Esa persona ministrará en el Lugar Santísimo. Los otros ángeles mensajeros ministraron en el Lugar Santo; pero ese que ministra en el Lugar Santísimo tendrá escrito… ¿Ven? “Escribiré sobre él…”.

Era el sumo sacerdote el que lo tenía escrito. Y ahora, el que ministrará en el Lugar Santísimo será el Ángel del Señor Jesucristo en el Día Postrero. Los demás mensajeros ministraron en su tiempo allá en el Lugar Santo.

Bueno, ese es el Ángel que llama y junta a los escogidos de Dios del Día Postrero. Ese es el Ángel que viene en el Nombre Eterno de Dios, para llevar a cabo la Obra de Cristo, y Cristo por medio de él llevar a cabo Su Obra correspondiente al Día Postrero. Por eso viene con el Sello del Dios vivo y podrá sellar en sus frentes a los siervos de nuestro Dios, a los 144.000, y luego aparecer ellos con el Nombre Eterno de Dios y Nombre del Cordero escrito en sus frentes, teniendo la revelación de ese Nombre.

Bueno, ya vimos un poquito más; pero hay muchísimas otras cosas. A medida que van escuchando a través de los mensajes, van obteniendo el conocimiento de todas estas cosas.

Recuerden que Dios nos da una comida, una cena bien distribuida, o sea, bien preparada: un poquito de vegetales por aquí, un poquito de carne por aquí, y así por el estilo un poquito de cada cosa, porque está bien balanceada.

Algunas personas quieren oír de una sola cosa, y eso más bien les hace daño a ellos; tiene que ser en la forma que Dios nos da el alimento espiritual.

Miren, algunas personas dicen: “No, es que a mí lo que me gusta es la zanahoria”, y hay que ponerles un plato de zanahoria, y eso es lo que comen. Y ya a la semana, ¿cómo están? Tan amarillos que parece que están enfermos. Exceso de vitamina A. ¿Ven?

Tenemos que tener una dieta bien balanceada. Y eso es lo que nos da Dios en cada mensaje: una comida, una dieta bien balanceada, un poquito de cada cosa. Y así vamos creciendo en el conocimiento de todas esas cosas con esas vitaminas espirituales; vitaminas, minerales y todas estas cosas; y vamos obteniendo un cuadro completo de todo el Programa Divino; no de una sola cosa, sino de todo el Programa de Dios.

Que Dios me los continúe bendiciendo a todos, y pasen todos muy buenas noches.

“EL CORDERO CON LOS 144.000 HEBREOS SOBRE EL MONTE DE SION”.

[Revisión julio 2020]

[1] Deuteronomio 8:2

[2] 2 Reyes 25:8-21, 2 Crónicas 36:17-21

[3] Hechos 10:1-48

[4] Hechos 22:17-21

[5] Apocalipsis 1:14, 2:18, 19:12

[6] Génesis 17:15 y 17:5

[7] Génesis 32:28

[8] San Mateo 16:17-18; San Juan 1:42

[9] Hechos 13:9

[10] San Juan 5:43

[11] San Juan 10:25

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