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Dios identifica a Sus hijos con Su Palabra
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Dios identifica a Sus hijos con Su Palabra

Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes en esta noche, aquí en Tierra Blanca, Veracruz, República Mexicana. Es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor del Programa Divino correspondiente a este tiempo final, bajo el tema: “DIOS IDENTIFICA A SUS HIJOS CON SU PALABRA”.

Leemos en San Juan, capítulo 1, verso 9 al 14, donde dice:

“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es “DIOS IDENTIFICA A SUS HIJOS CON SU PALABRA”.

Nuestro amado Señor Jesucristo nos dijo en el capítulo 10 de San Juan y verso 27:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen…”.

Esto es una identificación de las ovejas de Jesucristo. También en San Juan, capítulo 10, verso 14 en adelante, dice:

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

También tengo otras ovejas que no son de este redil (o sea, que no son del redil hebreo, del pueblo hebreo); aquellas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor”.

Vean, estas ovejas de entre los gentiles, que serían llamadas y juntadas, escucharían la Voz de Cristo, del Buen Pastor, el cual murió, resucitó y ascendió al Cielo, y descendió en Espíritu Santo; y ha estado llamando a Sus ovejas, a todos los hijos e hijas de Dios, de etapa en etapa, por medio de los mensajeros que Él ha enviado a Su Iglesia en todos estos dos mil años que han transcurrido; y todavía, en nuestro tiempo, sigue llamando Sus ovejas, sigue llamando a Sus hijos, a todos los hijos e hijas de Dios.

Y ahora, hemos visto que es por medio de los mensajeros que Él envía que Cristo en Espíritu Santo se manifiesta, se revela a través de ellos, y le habla a Su pueblo, y llama y junta a Sus ovejas; así como en el Antiguo Testamento las personas escucharon la Voz de Dios por medio de los profetas que Dios envió al pueblo hebreo.

El apóstol San Pablo, hablándonos de la forma en que Dios le habló al pueblo hebreo, dice en Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 2:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas…”.

¿Cómo le habló Dios al pueblo hebreo? Por medio de los profetas.

Los profetas enviados por Dios al pueblo hebreo eran la boca y Voz de Dios para el tiempo en que Dios los enviaba; y venían ungidos con el Espíritu Santo, con el Espíritu de Dios; y el Espíritu de Dios colocaba en la boca de esos profetas Su Palabra, y ellos hablaban esa Palabra al pueblo.

Vean también cómo sigue diciendo:

“… en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo…”.

Y luego de hablar por los profetas del Antiguo Testamento habló por Jesucristo, el profeta mayor, el más grande de todos los profetas, en donde estaba Dios en toda Su plenitud manifestado y en donde estaban todos los ministerios.

Así que vean ustedes la forma de Dios hablar: siempre por medio de un hombre enviado por Dios, ungido con el Espíritu de Dios; en el cual viene el Espíritu Santo, el Espíritu de Dios manifestado, y revelándose a Su pueblo, y hablándole a Su pueblo el Mensaje correspondiente a cada tiempo.

En Zacarías, capítulo 7, verso 11 al 12, también Dios nos dice la forma en que Él le habló a Su pueblo, y también dice que Su pueblo no quiso escuchar la Voz de Dios. Dice:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos”.

Vean, Dios por medio de Su Espíritu Santo, Dios por medio de Su Espíritu, Dios en Espíritu Santo, habló al pueblo hebreo a través de los profetas que Él envió. Siempre Dios usará un hombre, un profeta, un hombre con las dos consciencias juntas, el cual puede escuchar de Dios y puede ver en otras dimensiones, y recibe el Mensaje de parte de Dios; y el Espíritu de Dios se manifiesta en él y le habla al pueblo. Así fue con el pueblo hebreo y así es con el Israel celestial, que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Encontramos que Dios en el Nuevo Testamento, bajo el Nuevo Pacto, ha hablado por medio de los apóstoles y también ha hablado por medio de los siete ángeles mensajeros en las siete edades de la Iglesia gentil, a través de los cuales Jesucristo en Espíritu Santo ha estado revelado de edad en edad hablándole a Su Iglesia, y llamando y juntando a Sus ovejas; y así llamando a Sus hijos que Él envía a vivir en este planeta Tierra: esas almas de Dios que vienen de Dios, que vienen de la dimensión de Dios, de la séptima dimensión, y llegan a este planeta Tierra y nacen en un cuerpo mortal, corruptible y temporal, para en esta Tierra hacer contacto con la vida eterna, para que así podamos vivir eternamente, para que nuestra alma viva eternamente.

Este es el sitio de contacto con la vida eterna, es aquí en el planeta Tierra; y nosotros necesitamos comprender el motivo de nuestra estadía en este planeta Tierra. Hay personas que no lo comprenden, y dedican toda su vida a las cosas terrenales, y se les olvida buscar las cosas de Dios; pero Cristo dijo1: “Buscad primeramente el Reino de Dios y Su justicia, y las demás cosas serán añadidas”.

Primero para el ser humano es la vida eterna; no hay nada más importante para el ser humano que la vida eterna. Cristo preguntó2: “¿De qué le vale al hombre si ganare todo el mundo, y pierde su alma?”. De nada le ha servido vivir en este planeta Tierra, aunque sea un hombre multimillonario. ¿De qué le valió al hombre rico, del cual Cristo habló3, el cual cuando murió fue al infierno? ¿De qué le vale a una persona convertirse en una persona muy rica en este planeta Tierra y perder su alma e ir al infierno? De nada le ha servido, entonces, venir a este planeta Tierra y vivir esa cantidad de años que Dios le ha dado para vivir. Lo principal es la vida eterna, y solamente la encontramos en una persona: en nuestro amado Señor Jesucristo.

Y vean ustedes cómo nos dice en San Juan, capítulo 14… Aquí Cristo hablando algo muy importante dice, en el verso 6:

“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”.

Es por medio de Jesucristo y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario que nosotros obtenemos vida eterna y vamos al Padre celestial, a la vida eterna; no hay otro camino. Cristo dijo: “Yo soy el camino”, así que no hay otro camino; y Él dijo: “Yo soy la verdad”, así que no hay otra verdad para ir a la vida eterna, para vivir eternamente; y Él dijo: “Yo soy la vida”, así que no hay otra vida eterna: es Jesucristo nuestro Salvador.

Y Cristo, en San Juan, capítulo 5, verso 24, nos dice:

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”.

Ahora vean cómo pasamos de muerte a vida: escuchando la Voz de Cristo; y recibiéndolo como nuestro Salvador y lavando nuestros pecados en Su Sangre y recibiendo Su Espíritu Santo, y así obteniendo el nuevo nacimiento; y así es como nacemos del Agua y del Espíritu, de lo cual Cristo le habló a Nicodemo4.

Estos que son nacidos de nuevo, son llamados hijos e hijas de Dios. Estos son los que le han recibido. Vean, como leímos al principio. Dice:

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne…”.

O sea que para ser un hijo de Dios, no es por medio de nacer a través de un hombre y de una mujer, sino…, vean ustedes cómo es; dice:

“… los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.

Por medio del nuevo nacimiento, al creer en Cristo como nuestro Salvador, y lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo, y recibir Su Espíritu Santo, obtenemos el nuevo nacimiento; y así nacemos de Dios, como hijos e hijas de Dios.

Y “el que es de Dios, la Voz de Dios oye”5; oye Su Palabra, oye la Voz de su Padre celestial llamándolo para producir en él el nuevo nacimiento; para que nazca como un hijo o una hija de Dios en el Reino de Dios, y así venga a formar parte de la Iglesia de Jesucristo, que es la Casa de Dios, la Familia de Dios.

La Iglesia del Señor Jesucristo es el Templo de Dios, ese Templo espiritual que Cristo está construyendo, creando, y ya Él ha creado. Es por creación divina que es creado ese Cuerpo Místico de Cristo, esa Iglesia de Cristo, ese Templo espiritual; y ya Él tiene el Lugar Santo —que corresponde a las siete etapas o edades de la Iglesia gentil— ya formado, creado.

Y ahora está creando el Lugar Santísimo de Su Templo espiritual con latinoamericanos y caribeños. Esa es la bendición grande de los latinoamericanos y caribeños en este tiempo final.

Y ahora, vean ustedes, está llamando y juntando Sus ovejas latinoamericanas y caribeñas. No importa que hayan ido a otras naciones a vivir, o a otros continentes, hasta allá les llega el Mensaje, el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta, con el cual son llamados y juntados todos los escogidos de Dios; como dijo Cristo en San Mateo, capítulo 24, verso 31:

“Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos…”.

Esto es lo que está sucediendo en este tiempo final: Dios está llamando y juntando a Sus escogidos con el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino.

Y así como hubo un mensajero para cada etapa o edad del Programa Divino en medio de la Iglesia de Jesucristo de edad en edad, y hubo un territorio, y un idioma, y hubo un pueblo también; ahora también hay un pueblo, hay un territorio, hay un idioma, hay un Mensaje y hay un mensajero.

El territorio es la América Latina y el Caribe, el territorio de los latinoamericanos y caribeños; aunque también sube un poquito más arriba y llega hasta la parte sur de Norteamérica.

Y la gente son los latinoamericanos y caribeños, aunque se hayan ido a vivir a otros territorios.

Y el idioma es el español, porque es el idioma principal de los latinoamericanos y caribeños. Y los demás, que no tienen ese mismo idioma, a ellos se les traduce al idioma de ellos y les llega el Mensaje.

Y el Mensaje es el Evangelio del Reino, representado en la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final. Es el Mensaje del Evangelio del Reino, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Y el mensajero es el Ángel del Señor Jesucristo, del cual Cristo dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

Ese Ángel Mensajero de Jesucristo es el profeta de la Dispensación del Reino y de la Edad de la Piedra Angular, con el Mensaje del Evangelio del Reino, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Y así como cada ángel mensajero que Dios envió a Su Iglesia de edad en edad, como también en el Antiguo Testamento envió a Sus profetas, y fueron la Voz de Dios en el Antiguo Testamento esos profetas, y en el Nuevo Testamento los apóstoles y los mensajeros de cada edad fueron la Voz de Cristo; para el Día Postrero, la Voz de Cristo y la boca de Cristo será Su Ángel Mensajero dándonos testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Por eso es que Jesús dice en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

¿Quién es el Enviado de Jesucristo? Su Ángel Mensajero. ¿Para qué? Para dar testimonio de estas cosas en las iglesias. ¿De qué cosas? De estas cosas que deben suceder pronto, para este tiempo final.

Por eso es que lo que Cristo prometió hacer en este tiempo final, lo hace por medio de Su manifestación a través de Su Ángel Mensajero en este tiempo final, y nos habla por medio de Su Ángel Mensajero todas estas cosas que deben suceder pronto. Dice, Apocalipsis, capítulo 22, verso 6:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas (¿Por qué? Porque son la Palabra de Dios, la Voz de Dios). Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿A quién envía? A Su Ángel Mensajero. ¿Para qué? Para mostrar a Sus siervos las cosas que deben suceder pronto.

Ninguna persona podrá comprender plenamente las cosas que deben suceder en este tiempo final, excepto aquellos que estarán escuchando la Voz de Jesucristo a través de Su Ángel Mensajero, el cual es el Enviado de Jesucristo y por consiguiente es la Voz de Jesucristo; es el profeta mensajero por el cual Cristo estará hablándole a Su Iglesia en este tiempo final.

Es la Voz de Cristo para el siglo XXI, XXII, XXIII, XXIV, XXV, XXVI, XXVII, XXVIII, XXIX y XXX, y después para toda la eternidad. Es la Voz de Jesucristo para el séptimo milenio, para ese séptimo milenio donde Cristo establecerá Su Reino Milenial; porque ese es un mensajero dispensacional, que será el mensajero de la séptima dispensación; y todo eso cubre el Reino Milenial, con Su Mensaje del Evangelio del Reino.

La enseñanza que estará en el glorioso Reino Milenial será la enseñanza de Jesucristo a través de Su Ángel Mensajero, con el Mensaje del Evangelio del Reino; porque es la Voz de Jesucristo para el séptimo milenio, y para el siglo XXI hasta el siglo XXX, y después para toda la eternidad.

Y ahora, el que es de Dios oye la Voz de Dios en este tiempo final, como los hijos e hijas de Dios de edades pasadas escucharon la Voz de Dios, la Voz de Cristo, a través del mensajero en donde Jesucristo estuvo manifestado revelándose a Su pueblo, y llamando y juntando a Sus ovejas de edad en edad.

En el libro del Apocalipsis encontramos que la Voz de Jesucristo es el Ángel del Señor Jesucristo enviado, el cual fue enviado a Juan para darle la revelación del Apocalipsis en esa forma simbólica; y luego es enviado a la Iglesia de Jesucristo para darle testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto, y así abrirle el entendimiento y abrirle las Escrituras, todos estos símbolos apocalípticos, para poderlos entender claramente; y así tener un conocimiento claro de todas estas cosas que deben suceder pronto, y así estar escuchando la Voz de Jesucristo por medio de Su Enviado: por medio de Su Ángel Mensajero, a través del cual Cristo estará manifestado, revelado, hablándonos todas estas cosas que deben suceder pronto. Por eso es que dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias (de estas cosas que deben suceder pronto)”.

Y estas fueron las cosas que Cristo prometió que nos daría a conocer. Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, dice:

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo…”.

Cristo es la Puerta; y una puerta abierta en el Cielo es la Segunda Venida de Cristo, abierta esa puerta en el Cielo; o sea, la revelación de la Segunda Venida de Cristo, siendo abierta esa revelación en el Cielo, siendo abierto el Séptimo Sello en el Cielo, siendo abierto en el Cielo ese misterio.

“… y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas”.

Vean, la Voz de Cristo hablándonos desde el Cielo nos dice: “Sube acá”. ¿Y a dónde vamos a subir? Vamos a subir a la Edad de la Piedra Angular, la Edad de Oro de la Iglesia de Jesucristo, la etapa final de la Iglesia de Jesucristo en este tiempo final, en el cual nosotros vivimos; y ahí escucharemos la Voz de Cristo, esa Voz celestial, por medio de Su Ángel Mensajero, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

¿Vieron que Cristo con esa Voz de Trompeta dice: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que deben suceder pronto”, “las cosas que sucederán después de estas”, después de las que ya han sucedido en edades pasadas?

Y ahora, en Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, es por medio de Su Ángel Mensajero que son dadas a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; porque en ese Ángel Mensajero estará Jesucristo revelado a Su Iglesia, hablándole a Su Iglesia todas estas cosas que deben suceder pronto.

Pero Su Ángel Mensajero no es el Señor Jesucristo; él es un profeta, el profeta de la Dispensación del Reino y de la Edad de la Piedra Angular, en el cual Cristo estará manifestado hablando con esa Gran Voz de Trompeta todas estas cosas que deben suceder pronto.

En Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11, dice:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor (o sea, en el Día Postrero, que es el séptimo milenio), y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

¿Y quién es el Alfa y Omega?, ¿quién es el primero y el último? Nuestro amado Señor Jesucristo. Es la Voz de Jesucristo en el Día Postrero, es la Voz de Jesucristo en el Día del Señor, es la Voz de Jesucristo en el séptimo milenio.

Si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, ya estamos en el séptimo milenio. Si lo dejamos tal y como está, faltan (para algunas personas y algunas naciones) solamente 8 meses para comenzar el séptimo milenio y comenzar así el siglo XXI; pero para otras naciones y otras personas falta 1 año con 8 meses para comenzar el séptimo milenio, y por consiguiente comenzar el Día Postrero delante de Dios, que es el séptimo milenio; porque “un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día”, nos dice el apóstol San Pedro en su segunda carta, capítulo 3, verso 8, y también el profeta Moisés en el Salmo 90 y verso 4.

Y ahora, si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, ya estamos en el séptimo milenio desde hace años; pero la humanidad no se ha dado cuenta de que ya estamos en el séptimo milenio, si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene.

Y ahora, es para el séptimo milenio, el Día Postrero delante de Dios, que Cristo va a resucitar a los muertos creyentes en Él, que han partido; y nos va a transformar a nosotros los que vivimos, que estaremos escuchando la Voz de Cristo, esa Gran Voz de Trompeta, la Voz de Cristo por medio de Su Ángel Mensajero, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Y “el que es de Dios, la Voz de Dios oye”. El que es de Dios, la Voz de Dios escuchó en el tiempo que le tocó vivir.

Y ahora nos ha tocado a nosotros vivir en este tiempo final, para el cual Cristo dice: “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

Esa es la Voz de Jesucristo por medio de Su Ángel Mensajero dando a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Y en este tiempo final, los hijos e hijas de Dios estarán escuchando la Voz de Jesucristo por medio de Su Ángel Mensajero, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final. Es la Voz de Jesucristo en el Ángel Mensajero del Señor Jesucristo. Es esa Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final, la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, siendo predicado por el Ángel de Jesucristo, y dándonos así a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Y el que es de Dios estará escuchando en este tiempo final la Voz de Dios, la Voz de Jesucristo, por medio de Su Enviado, por medio de Su Ángel Mensajero, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; y así abriéndonos las Escrituras y abriéndonos el entendimiento para poder comprender todas estas cosas del Programa Divino, y así estar atentos escuchando la Voz de Dios.

“Si oyes hoy la Voz de Cristo, la Voz de Dios, no endurezcas tu corazón”6. Así nos dice Dios por medio del apóstol San Pedro y también San Pablo, y también en los Salmos7, y también en el Antiguo Testamento en otros lugares: no endurezcas tu corazón, como hizo el pueblo hebreo, que no escuchó la Voz de Dios por medio de los profetas que Dios le envió y a través de los cuales Dios le habló.

Y ahora, hemos visto que Cristo en Espíritu Santo ha estado hablando en todas estas etapas que han transcurrido de Cristo hacia acá, ha estado hablando en Espíritu Santo por medio de Sus mensajeros que Él ha enviado; y los que son de Dios han escuchado la Voz de Dios en esas etapas pasadas.

Y para este tiempo final, los que son de Dios, los hijos e hijas de Dios, que son identificados con la Palabra de Dios para el tiempo en que viven (porque eso es lo que los identifica, porque oyen la Voz de Dios para el tiempo en que viven), los hijos e hijas de Dios de este tiempo final estarán escuchando la Voz de Dios, la Voz de Jesucristo dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, ¿por medio de quién? De Su Ángel Mensajero, de Apocalipsis, capítulo 22, verso 16:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

Vean la forma sencilla en que los hijos e hijas de Dios son identificados con Dios: escuchando Su Voz a través del mensajero que Él envía para el tiempo que les toca vivir a los hijos e hijas de Dios, cada uno en la edad que le ha tocado vivir.

Y ahora, en este tiempo final, Jesucristo envía a Su Ángel Mensajero dándonos testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto. ¿Y quiénes estarán escuchando a ese Ángel Mensajero? Los hijos e hijas de Dios.

Es enviado para dar testimonio de todas estas cosas a todas las iglesias, viene para todas las iglesias, viene para todos los grupos, viene para toda persona que cree en Jesucristo; y para los que todavía no han creído, también viene, para darles el testimonio de todas estas cosas, para que reciban a Cristo como su Salvador y reciban la vida eterna; y así ser identificados con Dios como hijos e hijas de Dios, y Dios identificarlos como Sus hijos de este tiempo final.

DIOS IDENTIFICA A SUS HIJOS CON SU PALABRA, con Su Mensaje correspondiente al tiempo que corresponde.

Y los que escuchan ese Mensaje están escuchando la Voz de Dios, la Voz de Cristo, y son identificados como los hijos de Dios del tiempo en que están viviendo; y reciben el Espíritu de Dios, y así obtienen el nuevo nacimiento; y sus almas son de Dios. Esas almas son simiente de Dios, son hijos e hijas de Dios esas almas; aunque están en cuerpos mortales, temporales y corruptibles, pero luego vamos a tener un cuerpo eterno y glorificado, igual al cuerpo de nuestro amado Señor Jesucristo.

Miren ustedes la promesa de Cristo en San Juan, capítulo 6, para los que creen en Jesucristo como nuestro Salvador: si mueren, no tienen ningún problema: lo que muere es el cuerpo físico. Dice San Juan, capítulo 6, verso 40:

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

¿Ven que el creyente en Cristo, aunque muera físicamente, no está perdido?: él resucitará en un cuerpo eterno en el Día Postrero, que es el séptimo milenio.

Ahora, ¿en qué año del séptimo milenio? No sabemos; pero cuando ocurra la resurrección, entonces veremos en qué año se ha llevado a cabo, y entonces diremos: “Mira para el año que era la resurrección de los muertos en Cristo”, y por consiguiente la transformación de nosotros; porque cuando los veamos resucitados, nosotros también seremos transformados, y tendremos el cuerpo eterno y glorificado, igual al cuerpo de nuestro amado Señor Jesucristo.

Y todo esto es porque siendo hijos e hijas de Dios escuchamos la Voz de Dios para el tiempo en que nos ha tocado vivir: escuchamos la Voz de Cristo, el Buen Pastor, por medio de Su Ángel Mensajero, dándonos testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto; y así abriéndonos el entendimiento y el corazón para comprender todas estas cosas que deben suceder en este tiempo final, las cuales están profetizadas tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento.

Y así son identificados los hijos de Dios: recibiendo la Palabra de Dios; son los que escuchan la Voz de Dios, porque “el que es de Dios, la Voz de Dios oye”.

Cristo, en una ocasión en que una mujer, estando en una actividad de Cristo, vio a Cristo obrando (haciendo maravillas y milagros y predicando) y dijo: “Bienaventurados los pechos que mamaste”. ¿Y saben lo que Cristo contestó? “Antes bienaventurados los que oyen la Palabra de Dios”. Eso está en San Lucas, capítulo 11, verso 28 (vamos a ver si es ahí); 27 y 28 dice:

“Mientras él decía estas cosas, una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste.

Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan”.

Y ahora, veamos en Apocalipsis, capítulo 1, verso 1 al 3, donde dice:

“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan…”.

¿Por medio de quién? Por medio de Su Ángel la envió a Juan en esa forma simbólica. Y ese mismo Ángel es el que Jesús envía a Su Iglesia cuando dice: “Yo Jesús he enviado mi Ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

“… que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto.

Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca”.

Ahora, son bienaventurados los que oyen las palabras de la profecía de este libro, oyen las palabras de la profecía apocalíptica. ¿Por qué? Porque esta es la Palabra de Dios, la Palabra de Jesucristo enviada por medio del Ángel del Señor Jesucristo; enviada a Juan en estos símbolos apocalípticos; y luego enviada a la Iglesia de Jesucristo cuando envía Jesucristo a Su Ángel para dar testimonio de estas cosas en las iglesias.

Y ahora, nos da a conocer estos símbolos apocalípticos para que así sepamos el significado de ellos y las cosas que están profetizadas en esos símbolos apocalípticos para este tiempo final.

Y ahora vean ustedes dónde está la bienaventuranza: en escuchar las palabras de la profecía de este libro. ¿Por qué? Porque estas son las palabras divinas, las palabras de Jesucristo enviadas por medio de Su Ángel Mensajero para la Iglesia de Jesucristo para este tiempo final.

También en Apocalipsis, capítulo 22, nos dice el verso 6 y 7:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas (¿Por qué? Porque son la Palabra de Dios, la Voz de Cristo). Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.

¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro”.

¿Por qué son bienaventurados? Porque están escuchando la Palabra de Jesucristo por medio de Su Ángel Mensajero, y están guardando esa Palabra; están haciendo de acuerdo a esa Palabra que Cristo les habla por medio de Su Ángel Mensajero, y así están obteniendo la revelación divina para este tiempo final.

Ahora, ¿vieron lo sencillo que es escuchar la Voz de Cristo?

Es por medio, siempre, de un hombre, de un mensajero, que Cristo le habla a Su pueblo, a través del cual Cristo se manifiesta y llama y junta a Sus hijos hablándoles Su Mensaje correspondiente a cada edad. Y para nuestro tiempo, el Mensaje Cristo nos lo da por medio de Su Ángel Mensajero; y ese es el Mensaje del Evangelio del Reino, con el cual nos da a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Y así Dios identifica a Sus hijos del Día Postrero: los identifica con Su Palabra, Su Palabra prometida para este tiempo final. Y dándonos Su Palabra revelada para este tiempo final, y los hijos de Dios escuchando esa Palabra, recibiendo esa Palabra, son identificados como hijos e hijas de Dios.

“DIOS IDENTIFICA A SUS HIJOS CON SU PALABRA”.

Y “el que es de Dios, la Voz de Dios oye”. Y hemos visto cómo la Voz de Dios, la Voz de Jesucristo para este tiempo final, estará hablándoles a Sus hijos: es por medio de Su Ángel Mensajero, que es enviado para dar testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto.

Ese es el último profeta que Cristo envía, y ese es un profeta dispensacional. Es la primera ocasión en que Cristo envía a Su Iglesia un profeta dispensacional; y lo envía y se manifiesta por medio de él, y nos habla todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final; y así Dios identifica a Sus hijos con Su Palabra, porque Sus hijos oyen Su Voz. “El que es de Dios, la Voz de Dios oye”.

“DIOS IDENTIFICA A SUS HIJOS CON SU PALABRA”.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de cómo Dios identifica a Sus hijos: “DIOS IDENTIFICA A SUS HIJOS CON SU PALABRA”.

Y Sus hijos se identifican con Dios escuchando Su Voz, escuchando Su Palabra prometida para el tiempo en que viven; Palabra que viene por medio del mensajero enviado por Cristo para ese tiempo, a través del cual Cristo se manifiesta y le habla a Su pueblo, a Su Iglesia, a Sus hijos en cada tiempo.

Y para nuestro tiempo, hemos visto quién es el instrumento de Jesucristo a través del cual Cristo estaría hablándonos todas estas cosas que deben suceder pronto: es Su Ángel Mensajero, Su profeta mensajero, el profeta de la Dispensación del Reino con el Mensaje del Evangelio del Reino.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también; y pronto se complete el número de los escogidos de Dios, pronto hasta el último de los hijos de Dios escuche la Voz de Cristo dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, y sea llamado y juntado en el Cuerpo Místico de Cristo; y se complete la labor de Cristo como Intercesor en el Cielo, y salga del Trono de Intercesión y haga Su reclamo, y reclame todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa; y resucite a los muertos en Cristo, y a nosotros nos transforme, y luego nos lleve a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, a la Casa de nuestro Padre celestial. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Ha sido para mí un privilegio estar con ustedes en esta noche dándoles testimonio de “DIOS IDENTIFICA A SUS HIJOS CON SU PALABRA”.

Muchas gracias por vuestra amable atención, amados amigos y hermanos presentes, y pasen todos muy buenas noches.

“DIOS IDENTIFICA A SUS HIJOS CON SU PALABRA”.

[Revisión septiembre 2020]

1 San Mateo 6:33

2 San Mateo 16:26, San Marcos 8:36, San Lucas 9:25

3 San Lucas 16:19-31

4 San Juan 3:5

5 San Juan 8:47

6 Hebreos 3:15, 4:7

7 Salmos 95:7-8

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