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La bendición de obedecer al Ángel de Dios
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La bendición de obedecer al Ángel de Dios

Muy buenas tardes, amados hermanos y amigos presentes, y los que están a través de internet. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y en esta ocasión nos hable Cristo por medio de Su Palabra directamente a nuestros corazones, y así nos permita ver, entender Su Palabra correspondiente a este tiempo final.

Quiero leer en el Éxodo, capítulo 23, verso 20 al 23, donde dice:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.

Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

Porque mi Ángel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir”.

Que Dios bendiga en nuestras almas Su Palabra, y bendiga nuestras almas con Su Palabra, y nos permita entenderla.

En Apocalipsis también nos habla Dios del Ángel de Jesús, y nos dice en el capítulo 22, verso 16, del Apocalipsis:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana”.

Y ahora, nuestro tema para esta ocasión es: “LA BENDICIÓN DE OBEDECER AL ÁNGEL DE DIOS”; o sea, al Ángel de Jehová, al Ángel de YHWH.

Y ahora, ¿por qué hay una bendición ahí, en obedecer la Voz del Ángel de Dios, la Voz del Ángel de Jehová? Dios dijo en el Éxodo, capítulo 23, verso 20 al 23: porque Él ha sido enviado para guiar al pueblo y llevarlos a la tierra prometida; y en el Ángel está el Nombre de Dios. Y Él dice:

“… no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él”.

Aquí el Ángel de Jehová es el cuerpo teofánico de Dios, en el cual está Dios manifestado. O sea que el Ángel de Jehová es un hombre de la sexta dimensión, el cual fue visto en el Antiguo Testamento por algunas personas, y lo llamaron el Ángel de Jehová; el cual es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. O sea que es una manifestación de Dios en forma de un hombre de la sexta dimensión; en un cuerpo de la sexta dimensión, parecido a un cuerpo de los nuestros, pero de la sexta dimensión.

Es también llamado el Verbo que era con Dios y era Dios, y creó todas las cosas: “Por Él fueron hechas todas las cosas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”, nos dice en el capítulo 1 del Evangelio según San Juan, verso del 1 al 18. Y también nos dice: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros”.

Cuando el Verbo, el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, se hizo carne y habitó entre los seres humanos, lo conocimos por el nombre de Jesús; y encontramos que en el velo de carne —o sea, en la vestidura de carne— estaba el Nombre del que estaba dentro de aquella vestidura, para la Obra que llevaría a cabo en esta Tierra a través de ese velo de carne.

A través de esa vestidura de carne, el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, que es el mismo Dios con Su cuerpo teofánico manifestado en un cuerpo de carne llamado Jesús, llevaría a cabo la Obra de Redención como Cordero de Dios en la Cruz del Calvario. Y por eso Él tenía que tener el Nombre de Dios para Redención, con el cual Él realizaría la Obra de Redención. Y tenía que ser adoptado; lo cual ocurrió en el Monte de la Transfiguración, antes de llevar a cabo la Obra de Cordero de Dios en la Cruz del Calvario. Y Dios desde el Cielo dio testimonio, diciendo: “Este es mi Hijo amado, en el cual tomo contentamiento; a Él oíd”1. Y ya que estaba adoptado podía hacer la Obra del Cordero de Dios en la Cruz del Calvario para quitar el pecado del ser humano.

Ahora, podemos ver que el Ángel de Jehová manifestado en carne humana, en forma de carne, llevó a cabo la Obra correspondiente a aquel tiempo.

Y los que escucharon la Voz de Dios a través de Su manifestación —a través de Su Ángel— en el Antiguo Testamento, agradaron a Dios: estaban oyendo la Voz de Dios por medio de la manifestación de Dios a través del velo de la sexta dimensión, a través del velo: del cuerpo teofánico, de la sexta dimensión. Y luego, cuando Dios tuvo un velo de carne en esta dimensión, llamado Jesús, los que escucharon la Voz de Jesús estaban escuchando la Voz de Dios.

Por eso Jesús podía decir: “La Palabra que me diste, les he dado; y ellos la recibieron”2.

Ahora vean, los que escuchaban la Voz de Dios por medio de Jesús, estaban agradando a Dios; pero los que no escuchaban la Voz de Dios por medio de Jesús, estaban fuera de la voluntad de Dios.

Jesús dijo: “El que es de Dios, la Voz de Dios oye”3.

Y ahora, Jesús, consciente de quién Él es y quién estaba dentro de Él, podía decir: “El Padre que mora en mí, Él me muestra lo que yo debo hacer”4, y “el Padre obra, y yo obro”5. “Las obras que yo hago, no las hago de mí mismo, sino como el Padre me muestra. Como yo veo al Padre hacer, así yo hago”6.

Y así por el estilo podemos ver que las obras que Dios prometió para aquel tiempo, para hacerlas en aquel tiempo, las estaba haciendo Jesús. ¿Por qué? Porque Dios estaba en Jesús manifestado en carne humana.

Por eso es que San Pablo en su carta a los Hebreos, en el capítulo 1, verso 1 al 3, dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo…”.

¿Por medio de quién, Dios (dice San Pablo) ha hablado en los postreros días? Por medio de Su Hijo, por medio de Jesús.

Han transcurrido ya dos mil años de Cristo hacia acá, y lo que dijo San Pablo: que aquellos días en los cuales Dios habló por medio de Jesús, que eran los días postreros, eso sigue en pie.

Eran los días postreros, porque los días postreros comenzaron cuando Jesús tenía de 3 a 7 años de edad, pues el quinto milenio comenzó cuando Jesús tenía de 3 a 7 años de edad. Los días postreros delante de Dios, para los seres humanos son los milenios postreros, que son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Y para este Día Postrero… Encontramos que Jesucristo ha hablado, a través de las siete edades de la Iglesia gentil, en estos dos mil años que han transcurrido, Jesucristo en Espíritu Santo ha hablado por medio de Sus apóstoles y también por medio de los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil. Y para este tiempo final, Jesucristo en Espíritu Santo estará hablando por medio de Su Ángel Mensajero; eso es para el Día Postrero.

Y ahora, el que viene en el Nombre del Señor y es adoptado en el tiempo que tiene su ministerio, vean ustedes, es un profeta dispensacional. Los profetas de edades no llegan a ser adoptados, pero los profetas dispensacionales pueden llegar a ser adoptados, como Jesús fue adoptado.

El otro profeta dispensacional que será adoptado es el profeta de la Dispensación del Reino, que será adoptado en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio; y ese es el Ángel del Señor Jesucristo.

Y ahora, todos los que obedecieron en el Antiguo Testamento la Voz de Dios, la Voz del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, por medio del profeta Moisés, y también por medio de los diferentes profetas que Dios envió para que el pueblo volviera a Dios cuando se había apartado de Dios: agradaron a Dios, porque escucharon la Voz del Ángel de Jehová, del Ángel del Pacto, el cual estuvo manifestado en el profeta Moisés y también manifestado en una escala menor en los diferentes profetas del pueblo hebreo bajo la Dispensación de la Ley.

Y luego vino manifestado en toda Su plenitud en el profeta de la Dispensación de la Gracia, Jesús de Nazaret; y eso fue la Primera Venida de Cristo, la Primera Venida del Ángel de Jehová, del Ángel del Pacto, manifestado en toda Su plenitud; y vino en un cuerpo creado por Dios en el vientre de una joven virgen llamada María, la cual es nuestra hermana.

Y ahora, para el Día Postrero tenemos la promesa, de parte de Jesucristo, de la resurrección de los muertos en Cristo (para el Día Postrero, o sea, para el séptimo milenio) y tenemos la promesa de la transformación de nosotros los que vivimos.

Tenemos la promesa de la Gran Voz de Trompeta sonando, y llamando y juntando a los escogidos; tenemos la promesa de ese Mensaje de Gran Voz de Trompeta, que es el Mensaje del Evangelio del Reino, sonando y revelando el misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Segunda Venida de Cristo, el misterio de la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, el cual ha estado manifestado en el Antiguo Testamento en los diferentes profetas que Él ha enviado, y luego en Jesús en toda Su plenitud, y luego en los apóstoles y los siete ángeles mensajeros en la porción correspondiente a cada edad; y para este Día Postrero estará manifestado en el Ángel Mensajero del Señor Jesucristo, que es el profeta mensajero de la Dispensación del Reino.

Y así como los que escucharon al ángel mensajero de cada edad estaban escuchando la Voz del Ángel del Pacto, la Voz de Jesucristo, la Voz del Espíritu Santo…; y agradaron a Dios, y fueron llamados y juntados y colocados en el Cuerpo Místico de Cristo; y fueron sellados en el Cuerpo Místico de Cristo con el Sello del Dios vivo: con el Espíritu Santo; y obtuvieron así el nuevo nacimiento, y obtuvieron el cuerpo teofánico de la sexta dimensión; y tienen la promesa, para el Día Postrero, para ser resucitados en el Día Postrero en cuerpos eternos.

Y ahora, nosotros los que vivimos en el Día Postrero estaríamos escuchando la Voz del Ángel de Jehová, del Ángel del Pacto, del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; el cual se hizo carne y fue llamado Jesucristo, dos mil años atrás, y el cual ha estado de edad en edad manifestado por medio de Sus ángeles mensajeros en la porción correspondiente a cada edad; y en el Día Postrero estará manifestado en Su Ángel Mensajero, hablándonos y dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Y los que estarán escuchando la voz del Ángel del Señor Jesucristo, por consiguiente estarán escuchando la Voz del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, hablándonos por medio del Ángel del Señor Jesucristo.

El Ángel del Señor Jesucristo es el profeta de la Dispensación del Reino, que viene en el Nombre del Señor Jesucristo, viene en el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Y por eso es que, siendo un hijo de Dios que viene en el Nombre Eterno del Señor Jesucristo, tiene la promesa en Apocalipsis, capítulo 2, verso 17, que dice: “Al que venciere, yo le daré del Maná escondido (y escribiré sobre él)…”.

El Maná escondido es la revelación de Jesucristo para la Dispensación del Reino: la revelación de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, en Su Obra de Reclamo; la revelación para las generaciones que han de venir después de las siete edades de la Iglesia gentil y después de la Dispensación de la Gracia, las generaciones que vendrán en la Dispensación del Reino.

Esa es la revelación: la revelación de la Segunda Venida de Cristo, la que tendrán todas estas generaciones que vienen para el séptimo milenio.

Y la Tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová7 en Su Segunda Venida; o sea, en la manifestación de la gloria de Jehová, en la manifestación del Ángel del Pacto, en Su segunda manifestación en carne humana, en el Día Postrero, a través de Su Ángel Mensajero.

Y por cuanto esa manifestación es en un hijo de Dios, tiene que venir ese hijo en el Nombre del Señor. Y por eso tiene la promesa que le dará Cristo una Piedrecita blanca, y en esa Piedrecita escrito un nombre que ninguno conoce, un nombre nuevo que ninguno conoce sino aquel que lo recibe.

Esa Piedrecita blanca es la Piedra no cortada de manos que vio el profeta Daniel en la interpretación del sueño que tuvo el rey Nabucodonosor, en el capítulo 2 del libro del profeta Daniel.

Y esa Piedrecita blanca es la Venida de la Piedra no cortada de manos; es la Venida de la Piedra del Ángulo, de la Piedra que los edificadores desecharon8; es la Venida de esa Piedra Angular: la Venida de Cristo, para el Día Postrero.

Porque Él es la Piedra Angular que los edificadores religiosos, los líderes religiosos de la religión hebrea: el sumo sacerdote y su suegro (el otro sumo sacerdote, que había estado en el tiempo anterior a Caifás, el cual fue Anás), ellos y el Concilio del Sanedrín…; exceptuando a José de Arimatea, a Gamaliel y Nicodemo (y quizás algún otro que también estaba de acuerdo con Gamaliel, José de Arimatea y Nicodemo)…; el resto desecharon la Piedra del Ángulo, a Jesucristo, el Ángel del Pacto, manifestado en carne humana en Su Primera Venida.

Era la Venida del Verbo en carne humana, y por consiguiente traía el Nombre de Dios; porque siendo la Venida del Verbo, la Venida del Ángel del Pacto, ¿el Nombre de Dios dónde está? En el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto. Y cuando vino en carne humana, ahí estaba el Nombre de Dios para Redención.

Para el Día Postrero vuelve el Verbo de Dios en Apocalipsis, capítulo 19; y viene manifestado como el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, versos 11 al 21.

Cristo dijo en San Juan, capítulo 12, verso 28: “Padre, glorifica Tu Nombre”. ¿Y qué dijo Dios?:

“Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez”.

Lo glorificó en la Primera Venida del Verbo hecho carne, y lo glorificará en la Segunda Venida del Verbo hecho carne.

¿Y qué será la Venida del Verbo, la Palabra hecha carne en el Día Postrero? Vamos a ver lo que será la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es la Venida del Verbo de Dios. Página 256 del libro de Los Sellos, dice el reverendo William Branham:

121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

La Palabra de Dios encarnada en un hombre es la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19; es la Venida del Verbo, que era con Dios y era Dios; es la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, de Jesucristo, manifestado en carne humana en el Día Postrero en Su Ángel Mensajero.

Pero Su Ángel Mensajero no es el Señor Jesucristo, pero en él estará el Señor Jesucristo manifestado en Espíritu Santo en el Día Postrero; y, por consiguiente, ese es el Ángel Mensajero de Jesucristo que recibe la Piedrecita blanca con el Nombre Nuevo escrito, o sea, que recibe a Cristo en Su Segunda Venida; y lo recibe con el Nombre Nuevo, con Su Nombre Nuevo. Por eso es que en Apocalipsis, capítulo 3, también tenemos la promesa para el Vencedor, donde nos dice (capítulo 3, verso 12):

“Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo”.

Cristo promete escribir sobre el Vencedor el Nombre de nuestro Dios (Nombre Eterno de Dios, YHWH), y el Nombre de la Ciudad de nuestro Dios (que es el mismo Nombre de Dios), y el Nombre Nuevo Suyo (el Nombre Nuevo del Señor Jesucristo); porque cuando Cristo murió, resucitó y ascendió al Cielo, recibió un nuevo nombre.

Y ahora, podemos ver el por qué dice que la Piedrecita blanca, que es la Segunda Venida de Cristo, viene con un nombre nuevo; y podemos ver también por qué Cristo dice que escribirá sobre el Vencedor el Nombre de nuestro Dios, y el Nombre de la Ciudad de nuestro Dios, y Su Nombre Nuevo: porque Él recibió un nuevo nombre cuando ascendió al Cielo victorioso.

El precursor de la Segunda Venida de Cristo, el reverendo William Branham, nos dice en la página 131 del libro de Los Sellos de la siguiente manera, con relación a ese nombre nuevo; dice:

“131. Y ahora Jesús: Su Nombre sobre la Tierra fue Jesús el Redentor, porque fue el Redentor cuando estuvo sobre la Tierra; pero cuando conquistó el infierno y la muerte, los venció y ascendió, entonces recibió un nuevo Nombre. Por esa razón es que gritan y hacen tanto ruido y no reciben nada. Será revelado en los Truenos.

132. Fíjense en el misterio. Él viene cabalgando. Tiene que haber algo para cambiar esta iglesia. Ustedes saben eso. ¡Tiene que venir algo! Ahora noten: Nadie entendía ese nombre, sino Él mismo.

‘Y estaba vestido de una ropa teñida en sangre: y su nombre es llamado EL VERBO DE DIOS.

Y los ejércitos que están en el cielo le seguían en caballos blancos, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio.

Y de su boca sale una espada aguda, para herir con ella las gentes; y él los regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor, y de la ira del Dios Todopoderoso.

Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES’.

Apocalipsis 19:13-16

133. Allí viene el Mesías, allí es donde está”.

Es el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, Cristo, viniendo en el Día Postrero; y eso será el Verbo, la Palabra encarnada en un hombre de este tiempo final, que será el Ángel del Señor Jesucristo.

Por eso es que al Vencedor, que estará en el Día Postrero guardando las obras de Cristo hasta el fin, es al que se le dará esa Piedrecita blanca con el Nombre Nuevo; y se escribirá sobre él el Nombre de nuestro Dios, y Nombre de la Ciudad de nuestro Dios, y Nombre Nuevo del Señor Jesucristo; y se le dará autoridad sobre las naciones; y también se sentará con Cristo en Su Trono9.

Dice Cristo, en el capítulo 2, verso 26 al 28, del Apocalipsis:

“Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones…”.

Le dará autoridad sobre las naciones. Y eso significa que ese Vencedor será adoptado en el fin del tiempo, en el Día Postrero, en el séptimo milenio, en la Edad de la Piedra Angular; y será manifestado en la Tierra como el primero de los hijos de Jesucristo, el primero de los miembros de la Iglesia de Jesucristo, que será adoptado; y ahí vendrá también la adopción para todos los otros hijos de Dios que estarán viviendo en la Tierra en ese tiempo final; y también para los muertos en Cristo, que son los otros hijos de Dios pertenecientes a la Iglesia del Señor Jesucristo, donde ellos resucitarán en cuerpos eternos y así recibirán su adopción; y estarán manifestados en esta Tierra como hijos e hijas de Dios con el cuerpo eterno. O sea que serán así adoptados y obtendrán la redención del cuerpo, o sea, obtendrán el nuevo cuerpo.

Redimir significa ‘volver al lugar de origen o al lugar original’. Y los hijos de Dios volverán a tener un cuerpo eterno; eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, para vivir con Cristo por toda la eternidad. Y recibirán todos autoridad, porque serán manifestados como reyes y sacerdotes en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.

“… y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre;

y le daré la estrella de la mañana”.

¿Y qué es la Estrella de la Mañana? Cristo es la Estrella de la Mañana resplandeciente, conforme a Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, donde nos dice, cuando envía Su Ángel, dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana”.

O sea que el Vencedor recibe la Estrella resplandeciente de la Mañana, recibe a Cristo en Su Segunda Venida; y Cristo estará manifestado en él en el Día Postrero.

Cristo en Espíritu Santo estará manifestado en el Vencedor, en Su Ángel Mensajero; y por cuanto Él viene con Su Nombre Nuevo, que es el Nombre Eterno de Dios, viene con el Nombre con el cual Él reinará por el Milenio y por toda la eternidad, el Vencedor recibe ese Nombre; y viene en ese Nombre en el Día Postrero proclamando el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino; y así siendo llamados y juntados todos los escogidos de Dios, los cuales estarán escuchando esa Gran Voz de Trompeta, que es la Voz de Cristo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, manifestado por medio de Su Ángel Mensajero, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Y los que son de Dios pues estarán escuchando la Voz de Dios, la Voz de Cristo, la Voz del Ángel de Jehová, del Ángel del Pacto, por medio de Su Ángel Mensajero; y estarán siguiendo al Señor Jesucristo manifestado por medio de Su Ángel Mensajero en el Día Postrero. Y Cristo nos llevará a la tierra prometida del nuevo cuerpo y a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial.

En el tiempo del profeta Samuel, la Voz de Dios estaba ¿dónde? En el profeta Samuel. Los que escucharon la voz de Samuel estaban escuchando la Voz de Dios por medio del profeta Samuel.

Nos dice Dios por medio del profeta Samuel aquí en la historia bíblica, en el capítulo 15, verso 17 en adelante [1 Samuel]:

“Y dijo Samuel: Aunque eras pequeño en tus propios ojos (le dice a Saúl)…”.

Vamos a ver, verso 16 en adelante, para que tengan el cuadro claro, dice:

“Entonces dijo Samuel a Saúl: Déjame declararte lo que Jehová me ha dicho esta noche. Y él le respondió: Di.

Y dijo Samuel: Aunque eras pequeño en tus propios ojos, ¿no has sido hecho jefe de las tribus de Israel, y Jehová te ha ungido por rey sobre Israel?

Y Jehová te envió en misión y dijo: Ve, destruye a los pecadores de Amalec, y hazles guerra hasta que los acabes.

¿Por qué, pues, no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto al botín has hecho lo malo ante los ojos de Jehová?

Y Saúl respondió a Samuel: Antes bien he obedecido la voz de Jehová, y fui a la misión que Jehová me envió, y he traído a Agag rey de Amalec, y he destruido a los amalecitas”.

Ahora miren, esa forma de contestar de Saúl es una forma soberbia, la cual no le agrada a Dios. Si el profeta dice que había desobedecido a la Voz de Dios, Saúl estaba llamado a decir: “Muéstrame en lo que he desobedecido”, y reconocer que había desobedecido, y pedir perdón. Pero ahora Saúl se jacta de que ha obedecido la Voz de Dios; pero había obedecido en parte la Voz de Dios, pero no había cumplido con todo lo que la Voz de Dios le había dicho por medio del profeta Samuel. Dice:

“Mas el pueblo tomó del botín ovejas y vacas, las primicias del anatema, para ofrecer sacrificios a Jehová tu Dios en Gilgal”.

Ahora, había tomado del anatema para ofrecerle sacrificio a Dios, lo cual estaba mal. Y ahora, Dios le había mandado, por medio de Samuel, había mandado a Saúl a destruir también ovejas y todo el botín también.

“Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová?”.

¿En qué se complace más? En que se obedezca la Voz de Dios, las palabras de nuestro Dios.

“Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.

Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación (y esas dos cosas eran halladas en Saúl al desobedecer la Voz de Dios por medio del profeta Samuel). Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey”.

El que desecha la Palabra de Dios, es desechado por Dios.

Cristo mismo, hablando de estas cosas, nos dice en San Mateo, capítulo… vamos a ver… en uno de los capítulos nos dice: “El que se avergonzare de mí y de mis palabras, yo también me avergonzaré de él delante de mi Padre y delante de Sus santos ángeles”.

(Vamos a ver dónde encontramos ese pasaje… No lo tenía marcado aquí, pero vamos a ver si lo encontramos…). No lo tenemos a la mano, pero ya ustedes saben que ese pasaje está en la Biblia. Y el que se avergonzare del Hijo del Hombre, de Jesucristo, Él también se avergonzará de la tal persona. San Marcos, capítulo 8, verso 34 al 38, dice:

“Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.

Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?

¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles”.

El que se avergonzare de Cristo, Él también se avergonzará de la tal persona en Su Segunda Venida. Dice:

“… el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles (esa es la Segunda Venida de Cristo)”.

Y en la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, que es el cumplimiento de la visión del Monte de la Transfiguración10…, donde se mostró la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, viniendo con Su rostro como el sol; o sea, viniendo como Rey de reyes y Señor de señores, porque el sol es el astro rey; y viniendo con Sus Ángeles, los cuales allí son Moisés y Elías, porque en la Venida del Hijo del Hombre los ministerios de Moisés y de Elías estarán presentes.

¿Y qué será el ministerio de Moisés y Elías en el Día Postrero?, ¿qué será la venida de Moisés y Elías en el Día Postrero?

Ya el ministerio de Elías ha sido manifestado cuatro veces en la Tierra: la primera ocasión en Elías Tisbita, la segunda ocasión en Eliseo (en una doble porción), la tercera ocasión en Juan el Bautista y la cuarta ocasión en el reverendo William Marrion Branham. En Juan el Bautista precursando la Primera Venida de Cristo y en el reverendo William Branham precursando la Segunda Venida de Cristo.

Y la quinta ocasión en que el ministerio de Elías será manifestado en la Tierra es en uno de los Dos Olivos, en el cumplimiento de la venida de uno de los Dos Olivos de Apocalipsis, capítulo 11, verso 3 al 7, y de Zacarías, capítulo 4, versos 10 al 14.

¿Y qué será la venida de Elías en su quinta manifestación, como uno de los Dos Olivos, para llevar el Mensaje al pueblo hebreo? Recuerden que el ministerio de Elías fue manifestado, ministró, con hebreos y también con gentiles.

Y ahora, le preguntan al reverendo William Marrion Branham, en la semana de las actividades de la apertura de los Siete Sellos, en la actividad o culto de “Preguntas y respuestas”, en la pregunta número 11, la cual se encuentra en la página 399 del libro de Los Sellos en español, le preguntan:

“11. El Elías que viene a predicar a los judíos, ¿es el verdadero Elías que estuvo en los días de Achab, o será solamente el espíritu de Elías en otro hombre?

(Y la contestación fue):

[94]. Yo he pensado que será un hombre de este tiempo ungido con ese espíritu; porque allá, cuando Elías ya había subido y Eliseo se encontró con los hijos de los profetas, ellos dijeron: ‘El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo’. Es que Eliseo obró igual a Elías”.

¿Qué será la venida de Elías en su quinta ocasión?, ¿qué será la venida del Elías que le predicará al pueblo hebreo?, ¿qué será la venida del Elías que es uno de los Dos Olivos? Será la venida del espíritu ministerial de Elías en un hombre de este tiempo.

Si encontramos ese hombre, encontraremos a Elías en su quinta manifestación, encontraremos a uno de los Dos Olivos, encontraremos ahí al ungido con ese espíritu ministerial de Elías; y tiene que ser un profeta.

Y después del precursor de la Segunda Venida de Cristo, que es el séptimo ángel mensajero de la séptima edad de la Iglesia gentil, el próximo profeta mensajero que tiene que venir es el profeta de la Dispensación del Reino (o sea, un profeta dispensacional), y por consiguiente es el Ángel Mensajero de la Edad de la Piedra Angular, y por consiguiente también es el Ángel del Señor Jesucristo.

Y ahora, en el Ángel del Señor Jesucristo estará el ministerio de Elías manifestado por quinta ocasión en el Día Postrero.

Y por cuanto el Ángel del Señor Jesucristo estará en medio de la Iglesia gentil de Jesucristo, por cuanto es un miembro de la Iglesia de Jesucristo, un redimido por la Sangre de Jesucristo, estará primeramente en medio de la Iglesia gentil; y Cristo estará manifestado en Espíritu Santo en Su Ángel Mensajero operando el ministerio de Elías para el Día Postrero.

En la página 449 del libro de Los Sellos en español, hablándonos de Elías dice:

“[54]. El único Espíritu que ha estado sobre la Tierra, que yo sepa, tendría que ser Elías, como fue en su tiempo; y así fue predicho que sería, porque su Espíritu fue nada menos que el Espíritu de Cristo. Cuando Cristo vino, Él fue la plenitud, fue el Dios de los profetas”.

Ahora vean que es el Espíritu de Cristo el que estuvo en el profeta Elías operando aquel ministerio; fue el mismo Espíritu de Cristo, el Espíritu Santo, el que estuvo en Eliseo operando el ministerio de Elías por segunda ocasión (porque todos los ministerios son de Cristo, del Ángel del Pacto, del Espíritu Santo); y luego estuvo en Juan el Bautista operando ese ministerio que había operado en el profeta Elías.

Por eso la Escritura, el Arcángel Gabriel dice al sacerdote Zacarías que tendría un hijo por medio de su esposa Elisabet, y su nombre que le pondrían sería Juan, y sería lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre11.

Cuando María visitó a Elisabet, Juan estaba en el vientre de Elisabet y Jesús estaba en el vientre de María; y cuando escuchó Elisabet la salutación, el saludo, Juan el Bautista (que estaba en el vientre de Elisabet, y tenía ya unos seis meses allí en el vientre) saltó de alegría; ahí fue lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre12. Y encontramos que Juan el Bautista ya, estando en el vientre de su madre, había recibido el Espíritu de Dios, aun antes de nacer.

Y ahora, el Espíritu de Cristo, el cual estuvo en Juan el Bautista operando el ministerio de Elías por tercera ocasión, luego estuvo en el reverendo William Branham operando el ministerio de Elías por cuarta ocasión. Y para el Día Postrero, el Espíritu de Cristo ¿en quién estará manifestado? En Su Ángel Mensajero, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Y todo ministerio que Él haya prometido para manifestar en el Día Postrero será manifestado por el Espíritu Santo a través de Su Ángel Mensajero.

¿El ministerio de Elías ha sido prometido para ser manifestado en el Día Postrero? Pues lo manifestará el Espíritu Santo, el Espíritu de Cristo, a través de Su Ángel Mensajero.

¿El ministerio de Moisés ha sido prometido para ser manifestado en el Día Postrero? Lo manifestará Cristo en Espíritu Santo a través de Su Ángel Mensajero.

¿El ministerio de Jesús ha sido prometido para ser manifestado en el Día Postrero? Lo manifestará Jesucristo, el Espíritu Santo, en el Día Postrero, a través de Su Ángel Mensajero.

Y ahí tendremos los tres grandes ministerios que han sido prometidos para ser manifestados en la Tierra, en medio de los gentiles, en la Iglesia de Jesucristo y en medio del pueblo hebreo, para este tiempo final.

Ahora, ¿vieron lo sencillo que es todo? Y eso será por medio de la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es la Venida de Jesucristo, el Espíritu Santo, viniendo en el Día Postrero manifestado en carne humana en Su Ángel Mensajero.

“[121]. … cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Eso dijo el reverendo William Branham, precursor de la Segunda Venida de Cristo.

Ese es el misterio de la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19 y del Ángel Fuerte que desciende del Cielo en Apocalipsis, capítulo 10, como el Mensajero a Israel, que es el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto; pero tiene que tomar un velo de carne para manifestarse en medio de Su Iglesia primeramente, y después en medio del pueblo hebreo. Y ese velo de carne es el Ángel del Señor Jesucristo, viniendo en el Día Postrero en medio de la Iglesia de Jesucristo y siendo el instrumento de Cristo para el Día Postrero.

En la página 146 del libro de Los Sellos en español, dice el reverendo William Branham:

“[192]. Y al mismo tiempo que el diablo cae del Cielo y se encarna en un hombre, el Espíritu Santo sube y viene encarnado en un hombre”.

Para el Día Postrero, para el séptimo milenio (en el cual ya estamos, si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene), por un lado, el diablo cae del Cielo, es echado del Cielo, y viene encarnado en un hombre, o sea, en el anticristo, en el hombre de pecado, y viene a ser la bestia; y por otro lado, en el Programa de Dios en medio de la Iglesia de Jesucristo, el Espíritu Santo (el cual ha estado en medio de Su Iglesia subiendo de etapa en etapa y de edad en edad), ha estado subiendo, y en el Día Postrero sube a la Edad de la Piedra Angular; y viene encarnado en un hombre en y de la Edad de la Piedra Angular, que es el mensajero de la Edad de la Piedra Angular, que es el Ángel del Señor Jesucristo.

Y por medio de Su Ángel Mensajero, el Espíritu Santo manifestado en carne humana (el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, verso 11 al 21) nos da a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; y nos habla así todo el Programa Divino correspondiente a este tiempo final; y nos revela el misterio de Su Venida, el misterio del Séptimo Sello: el misterio de la Venida del Ángel del Pacto, de Cristo viniendo manifestado en Espíritu Santo en carne humana en Su Ángel Mensajero.

Ese es el misterio del Séptimo Sello, y ese es el misterio más grande de todos los misterios del Cielo y de la Tierra. Ese es el misterio contenido en el Séptimo Sello, el cual, cuando fue abierto en el Cielo (en el capítulo 8 de Apocalipsis, verso 1), causó silencio en el Cielo como por media hora; porque nadie en el Cielo sabía, nadie en el Cielo conocía, ese misterio; o sea, nadie conocía lo que sería la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, de Jesucristo, el Verbo, la Palabra, viniendo en el Día Postrero como el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es la Venida del Verbo, de la Palabra encarnada en un hombre.

Aun con todo lo que dijo el reverendo William Branham, precursor del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, aun con todo lo que dijo no abrió ese misterio al público; porque para ser abierto ese misterio al público, tenía que ser revelado el cumplimiento de ese Séptimo Sello; y eso sería revelado a la Iglesia de Jesucristo en este tiempo final, por el Espíritu Santo a través de Su Ángel Mensajero, en el cual Cristo, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, vendría manifestado en carne humana en el Día Postrero; y eso sería el Verbo, la Palabra encarnada en un hombre del Día Postrero: en el Ángel del Señor Jesucristo.

Y ese misterio solamente lo puede dar a conocer Cristo por medio del instrumento a través del cual Él se manifiesta en carne humana en el Día Postrero. Nadie más podrá entender ese ministerio y ese misterio que a través de carne humana Cristo en Espíritu Santo tendría en este tiempo final.

Pero luego, los que son de Dios, al escuchar la Voz de Cristo, la Voz de Dios, la Voz del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, por medio del Ángel del Señor Jesucristo, entenderán ese misterio; y así comprenderán el misterio de la Venida del Verbo, la Palabra encarnada en un hombre de este tiempo final.

Pero ese hombre no es el Señor Jesucristo; él solamente es el Ángel del Señor Jesucristo. Por eso, cuando Juan quiso adorarlo, él le dijo que no lo hiciera. ¿Por qué? Porque él no es el Señor Jesucristo.

Él solamente es el velo de carne, el instrumento, en el cual Cristo en Espíritu Santo se manifiesta en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, para darle a conocer a Su Iglesia todas estas cosas que deben suceder pronto, y para cumplir todas estas promesas que Él ha hecho a Su Iglesia para este tiempo final.

Por eso encontraremos al Ángel del Señor Jesucristo siempre en los negocios del Señor Jesucristo correspondientes a este tiempo final; y lo encontraremos trabajando en esos negocios; o sea, trabajando en el cumplimiento y para el cumplimiento de las promesas que Cristo ha hecho para Su Iglesia para este tiempo final, y en las promesas que Dios ha hecho para el pueblo hebreo.

En esas labores encontraremos siempre al Ángel del Señor Jesucristo, porque Cristo por medio de Su Ángel Mensajero estará cumpliendo esas promesas. Pero el que hace la Obra es Cristo. El Ángel de Jesucristo solamente es el instrumento de Jesucristo, el cual será adoptado en este tiempo final; y los que estarán escuchando la Voz de Cristo por medio de Su Ángel Mensajero también serán adoptados en este tiempo final.

Y por consiguiente, la Iglesia del Señor Jesucristo en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular, obtiene el nombre de casada, de Esposa: obtiene el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Y para el Día Postrero la Iglesia del Señor Jesucristo es adoptada, para reinar, gobernar con Cristo, por el Milenio y por toda la eternidad.

Ahora, hemos visto este misterio correspondiente a la adopción de todos los hijos de Dios para el Día Postrero, bajo el ministerio de Cristo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el Espíritu Santo, a través de Su Ángel Mensajero, al cual adoptará en este tiempo final; y también a todos los escogidos de Dios de este tiempo final, como también a los escogidos de Dios de edades pasadas que han partido y a los de nuestra edad que han partido.

Ahora podemos ver que este es un tiempo muy importante en el Programa de Dios.

Cuando se complete el número de los escogidos de Dios en el Cuerpo Místico de Cristo, en la Edad de la Piedra Angular, entonces Cristo terminará Su labor de Intercesión en el Cielo, toma el Libro de la Redención, lo abre, y reclama todo lo que Él redimió con Su Sangre preciosa; y resucitará a los muertos en Cristo y nos transformará a nosotros los que vivimos.

Ahora podemos ver todas las cosas que estarán sucediendo en este tiempo final.

Para cuando entre el último de los escogidos de Dios, la labor antes de la adopción —la labor del Ángel de Jesucristo— tiene que llegar a su final, cuando entre el último. Su labor llega a su final estando en el cuerpo de carne; pero luego continuará su labor estando en el cuerpo eterno y glorificado; su labor continuará. Y también la labor de todos los escogidos de Dios llegará a su final estando en cuerpos de carne, pero continuará estando en cuerpos glorificados, eternos, inmortales e incorruptibles.

Así que podemos ver la bendición que hay para cada uno de ustedes y para mí también en este tiempo final.

Por eso es tan importante estar escuchando ¿qué? No muchas voces. Hay muchas voces en este planeta Tierra; y en el campo religioso hay muchas voces que reclaman tener la verdad, que reclaman ser los portadores de la Palabra de Dios, los voceros de la Palabra de Dios, los voceros de Dios; pero para el Día Postrero, Jesucristo dice en Apocalipsis 22, verso 16:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

Ese es el vocero de Jesucristo para el Día Postrero. Ese es el portador de la Palabra de Jesucristo para dar a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final. Él vendrá dando testimonio de todas estas cosas, porque es el vocero de Jesucristo para este tiempo final, para la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, como cada ángel mensajero de cada edad fue el vocero de Jesucristo para cada edad.

Cristo colocó Su Palabra en la boca de cada uno de esos siete ángeles mensajeros; y para el Día Postrero coloca Su Palabra en la boca de Su Ángel Mensajero, para que dé testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto.

Y los que estarán escuchando la Voz de Cristo por medio de Su mensajero permanecerán fieles a la Voz de Cristo, sirviendo a Cristo y trabajando en Su Obra en este Día Postrero.

Y aunque la Tierra tiemble y los montes sean echados al corazón de la Tierra o del mar, los escogidos no temerán, porque Jehová (que es Jesucristo, el Ángel del Pacto) estará con nosotros. Y no importa lo que suceda en este tiempo final: vengan truenos, tormentas, vengan maremotos, terremotos o guerras, dirán: “¡Yo no temeré, porque Jehová está conmigo!”.

La vida aquí en la Tierra es temporal; y si nuestro cuerpo terrestre, nuestra casa terrestre se deshiciera (se muere), tenemos un edificio no hecho de manos13, creado por Cristo, que es el cuerpo teofánico de la sexta dimensión. Si muere nuestro cuerpo físico, pues nos vamos a vivir al Paraíso: tenemos un lugar donde ir; y regresaremos a la Tierra cuando Cristo resucite a los creyentes en Él de las edades pasadas y a los nuestros que ya han partido; pero si permanecemos vivos hasta que los muertos en Cristo resuciten, nosotros seremos transformados.

Ahora, ¿saben ustedes una cosa?: ¿que para la resurrección de Cristo, muerte y resurrección de Cristo, hubo un gran terremoto; y cuando resucitó, con Él resucitaron los santos del Antiguo Testamento?14.

Y así como fue allá, será en este tiempo final. Por eso no le tenemos miedo a los terremotos, ni a los maremotos, ni a las tormentas, ni a las guerras, porque sabemos que para este tiempo final vendrá una etapa en donde la Tierra va a estar con dolores de parto, a tal grado que ocurrirán terremotos…, están ocurriendo en diferentes lugares; algunas veces en un terremoto mueren una persona o ninguna persona, o 100, o 1000, o 5000, o 10.000, y hasta 20.000 personas o más personas; pero es que la Tierra está con dolores de parto; y con dolores de parto está para dar a luz una nueva Tierra para el Reino Milenial.

Y para la resurrección de los muertos en Cristo, ¿saben ustedes una cosa?, habrá un terremoto muy grande.

Dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo, en la página 373 del libro de Los Sellos:

“215. Reconocemos que nos queda poco tiempo, y la Novia puede subir en cualquier momento. En cualquier momento es posible que el Cordero salga del Trono de Dios, donde se encuentra el Sacrificio. Luego allí será el fin”.

Cuando salga del Trono de Intercesión; lo cual será cuando se cumpla y cuando entre hasta el último de los escogidos de Dios, que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

“Luego allí será el fin (ahí también, vean ustedes, se entra al final del Séptimo Sello). Ya no habrá esperanzas para el mundo; allí será su final. En ese tiempo la Tierra comenzará con sus contracciones violentas, que serán los terremotos y las tremendas sacudidas, como sucedió en el día de la resurrección de nuestro Señor. La misma cosa sucederá ahora cuando los santos aparezcan. Señor, sabemos que puede ser en cualquier momento. Estamos esperando que llegue ese gran día de alegría. Padre, toma a Tus hijos bajo Tu brazo ahora mismo, junta los corderitos en Tu seno y aliméntalos con la Palabra, para que sean fortalecidos para servirte”.

Ahora, cuando Cristo salga del Trono de Intercesión en el Cielo y haga Su Reclamo, para la resurrección de los muertos en Cristo habrá un terremoto muy grande. Ahora, ¿cuándo será? Pues cuando Cristo termine de llamar y juntar a todos Sus escogidos, y termine Su labor de Intercesión en el Cielo.

Ahora, vean que aunque será un tiempo en donde vendrá ese terremoto tan grande, será un tiempo de alegría para los santos que han partido y para nosotros los que vivimos, porque cuando los veamos seremos transformados.

Pero será un tiempo de gran confusión para el mundo, será un tiempo de gran confusión también para las vírgenes insensatas, será un tiempo de gran confusión para todas las naciones; y será un tiempo muy triste para muchas naciones, las cuales (con ese terremoto) perderán —algunas de ellas— parte de su territorio, y también algunas naciones podrán desaparecer.

Pero para los escogidos de Dios no hay motivo para estar con temor, con miedo, porque ese terremoto será el terremoto para la resurrección de los muertos en Cristo y para nosotros ser transformados en el Día Postrero.

Ahora, antes de ese terremoto pueden surgir otros terremotos en diferentes lugares. Y para cualquier otro terremoto diferente a ese, nosotros le pedimos a Cristo que tenga misericordia de Puerto Rico y sus habitantes, y que no permita que Puerto Rico sea azotado por un terremoto antes de ese terremoto.

Ahora, nosotros no estamos con miedo, sino que estamos conscientes de que algún día ocurrirá ese terremoto que está profetizado ahí; pero no sabemos el día, el mes, el año; aunque sí sabemos que será en el séptimo milenio, el cual ya ha comenzado, y que será en los primeros 125 años del séptimo milenio.

Y le pedimos a Dios que nos cuide siempre de todo peligro espiritual, primeramente, y de todo peligro físico también; porque queremos siempre estar trabajando en la Obra de Cristo todos los días de nuestra vida, sin tener miedo, sin tener temor, a las cosas que han de venir sobre la Tierra.

Ahora, el mundo tendrá temor, tendrá miedo, de las cosas que han de venir, pues así lo profetizó nuestro amado Señor Jesucristo en San Lucas, capítulo 21, versos 25 en adelante, donde dice:

“Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas;

desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.

Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.

Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca”.

Y cuando nos habla de estas cosas, también nos habla lo mismo San Pablo, acerca de esto que ha de suceder, en Hebreos, capítulo 12, donde nos dice, verso 25 en adelante:

“Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos.

La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo.

Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles.

Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia;

porque nuestro Dios es fuego consumidor”.

Ese estremecimiento que viene para la Tierra es lo mismo que vio el reverendo William Branham en una de las siete visiones, y es la que corresponde a la séptima cosa que él vio en esa visión de esos siete grandes eventos que sucederían en esta Tierra. Dice, en la página 361 del libro de Las Edades:

“14. En la séptima y última visión oí una explosión terrible. Cuando di la media vuelta para ver, lo único que vi fueron ruinas, cráteres y humo sobre la tierra de Norteamérica”.

Y más abajo dice:

“[16]. ¿Qué es lo que queda? NADA, con la excepción de Hebreos 12:26 (que fue lo que les leí, donde dice):

‘La voz del cual entonces conmovió la tierra; mas ahora ha denunciado, diciendo: Aun una vez, y yo conmoveré no solamente la tierra, mas aun el cielo’.

17. Una vez más Dios sacudirá la tierra, y esta vez caerá todo lo que puede ser derrumbado. Entonces Él la renovará. En marzo de 1964, aquel terremoto en Alaska (el Viernes Santo) conmovió al mundo entero, aunque no lo desequilibró. Dios solamente estaba avisando con un temblor mundial lo que muy pronto hará en una escala mucho mayor. Él castigará a este mundo maldito por el pecado, con truenos y temblores. Hermano y hermana, hay un solo lugar que puede soportar tales sacudidas, y ese lugar es en el redil del Señor Jesús”.

Y estando en Su Redil, en nuestra edad que nos corresponde: la Edad de la Piedra Angular, en el Cuerpo Místico de Cristo, no tenemos que tener ningún temor.

Ahora, mantengamos nuestro corazón y nuestra mente y todo nuestro ser en Cristo, sirviéndole todos los días de nuestra vida.

Y, si en algún momento ocurre algún temblor o terremoto, no se asuste. Si es el de la resurrección, sepa que por ahí está la transformación de su cuerpo. Si es el de la resurrección de los muertos, pues entonces esté esperando que le visiten los que han de resucitar, para usted ser transformado; y si no es el de la resurrección, pues entonces es uno de los dolores de parto antes del terremoto grande.

Ahora, mantengamos nuestras almas siempre puestas en Cristo, meditando en Él, nuestro pensamiento en Él; y nuestras vidas apartadas del mal, del pecado, de todas las cosas desagradables a Dios; y siempre manteniéndonos oyendo Su Voz, escuchando Su Voz, en nuestra edad y en nuestra dispensación.

Y así, aunque la tierra tiemble y los montes se traspasen al corazón de la Tierra o a lo profundo del mar, no temeré mal alguno, porque Jehová está conmigo. Eso está en la Escritura15.

Y recuerden, no es solamente leerlo y repetirlo sin tomar el sentido de lo que eso significa para nosotros, sino tenerlo ahí hecho carne en nuestras almas, sabiendo que estamos viviendo en un tiempo de dolores de parto, en donde en cualquier territorio del planeta Tierra puede surgir una tormenta, un maremoto o un terremoto, o una guerra; porque esas son las cosas que para el Día Postrero estarían sucediendo, como dolores de parto, para la Tierra dar a luz una nueva Tierra para el glorioso Reino Milenial.

Hay comentarios de que puede ocurrir un terremoto en estos días, pero en el mundo entero y en todas las naciones está esa posibilidad todos los días; así que todos los días hay la posibilidad de que ocurra un terremoto en cualquier país, en cualquier nación.

Y si Cristo dijo que así estaría el planeta Tierra, y la humanidad estaría con temor de las cosas que vendrían, los escogidos no pueden estar con miedo, no pueden estar con temor, sino tranquilos, sirviendo a Cristo y trabajando en Su Obra todos los días de su vida.

Miren, cuando ocurra el terremoto grande será para bendición de los santos que duermen y para bendición nuestra, porque seremos transformados. Así que no tenemos por qué temer, sino más bien estar cada día más agarrados de nuestro amado Señor Jesucristo.

Por cuanto hay rumores de que puede surgir un terremoto para estos días (¿para esta semana que viene fue que dijeron?), de eso yo les digo: “Ni sí ni no”; o diría: “Puede que sí o puede que no”; porque todos los días Puerto Rico y todas las naciones están expuestos a un terremoto; y todos los días, o casi todos los días o todos los días, hay temblores de tierra en todos los países; porque la Tierra está bien nerviosa, está temblando. Como la mujer que va a dar a luz, la cual en esos días con los dolores de parto en la etapa final está muy preocupada, y está muy temerosa y muy temblorosa, y está con dolores así de parto; así está el planeta Tierra.

Y nosotros con temor y temblor servimos a Cristo, con amor divino, con temor divino, con temor a Dios, escuchando Su Voz, Su Palabra correspondiente a este tiempo final, conscientes de que todas las profecías correspondientes a este tiempo final tienen que ser cumplidas.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también; y que pronto se complete el número de los escogidos de Dios, y los muertos en Cristo resuciten y nosotros los que vivimos seamos transformados. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Ahora, vean ustedes, ¿cuántos quieren que los muertos en Cristo resuciten y que nosotros los que vivimos seamos transformados? Todos queremos. Pues para eso dice el reverendo William Branham que habrá un terremoto.

Así que no podemos tenerle miedo a los terremotos ni a los maremotos, sino que más bien tenemos que cuidarnos en lo que podamos. Si sabemos que va a haber un maremoto, pues entonces tratamos de no estar viviendo frente a una playa, frente al mar, porque con un terremoto, si ocurre cuando uno está durmiendo, no hay forma de escapar de él. Uno tiene que cuidarse en lo que pueda cuidarse.

Pero si no le preocupa que el maremoto se lo lleve, porque sabe que se va al Paraíso y regresará en el cuerpo nuevo, pues tampoco tiene ningún problema si vive frente al mar; ya eso es un asunto de la persona. Pero si quiere evitar tener esa clase de problema él y su familia, y seguir adelante trabajando en la Obra de Cristo, pues entonces hace lo que él sabe que debe hacer para evitar esa clase de problemas.

Bueno, que Dios nos cuide, que Dios nos ayude; y cuide siempre a la Isla del Cordero, la isla en la cual en el escudo Dios representó los Siete Sellos del libro del Apocalipsis.

Y, vean ustedes, los escudos, dice la Biblia que los escudos son (¿de quién?) de Jehová16. Los escudos de las naciones, vean ustedes, son de Dios, y se reflejan en los escudos cosas que Dios hará en esas naciones.

Y ahora miren cómo en la Isla del Cordero la Voz de los Siete Truenos nos da a conocer el misterio del Séptimo Sello, la Voz de los Siete Truenos nos da a conocer todas estas cosas correspondientes a este tiempo final.

Y el Cordero, vean ustedes, está sobre el Libro de los Siete Sellos. Y todo eso está representando la Obra de Jesucristo, el Cordero de Dios, que Él estará llevando a cabo en la isla de Puerto Rico, para beneficio de toda la América Latina y el Caribe, y demás naciones que reciban las bendiciones que Cristo nos da aquí, en la Isla del Cordero, la Isla del Cordero Inocente, la Isla del Inocente17.

Que Dios sea con todos ustedes, y que Dios mire la isla de Puerto Rico y sus habitantes; y así como Él dijo que si en Sodoma encontraba 50 justos, no destruiría a Sodoma, o si encontraba 45, 40, 30, 20 o 10, no destruiría a Sodoma18, que mire a la isla de Puerto Rico y vea que aquí hay más de 10 justos, justificados, porque han sido lavados con la Sangre de nuestro amado Señor Jesucristo; y nos cuide de todo peligro. Aunque anuncien peligros sobre la isla de Puerto Rico, que nos ayude y nos libre de todo peligro, que nos cuide así del mal.

Pero cuando llegue el momento de la resurrección, pues no se puede evitar ese terremoto, porque con ese terremoto resucitan los muertos en Cristo. Así que dejamos en las manos de Cristo todas estas cosas, pero pedimos misericordia para la isla de Puerto Rico y sus habitantes.

Amamos de todo corazón a nuestra isla y a todos sus habitantes, y queremos que Dios extienda Su mano de misericordia para todo Puerto Rico y sus habitantes.

La Biblia, ya hemos visto que nos habla de todas estas cosas que han de suceder, pero en cuanto a tiempo (o sea, día, hora, semana, mes y año) no está establecido; por lo tanto, dejamos eso quietecito. Y lo que hacemos es: nos cuidamos en todo lo que podamos cuidarnos, y le pedimos que nos ayude (le pedimos a Cristo que nos ayude) y que nos cuide de todo peligro; pero sin miedo a las cosas que puedan suceder, sabiendo que hemos asegurado nuestra vida para toda la eternidad: creyendo en Cristo como nuestro Salvador, lavando nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibiendo Su Espíritu Santo, y así recibiendo el nuevo nacimiento, y recibiendo así el cuerpo teofánico de la sexta dimensión; y luego, para el Día Postrero, recibiremos el cuerpo glorificado, eterno e inmortal. Así que tenemos un seguro de vida eterna.

Así que no hay ningún problema: si nuestro cuerpo físico muere, no hay ningún problema; y si seguimos viviendo siempre aquí en este cuerpo hasta que seamos transformados, tampoco hay problemas. Él nos ayudará en nuestra vida terrenal en todo momento.

Bueno, nosotros no le tiramos a ninguna persona por lo que diga o haga… Muchas personas, pues, quieren ayudar a los demás; y cuando piensan o tienen algún sueño o alguna visión, y ven un peligro para algún lugar, pues tratan de ayudar a las demás personas. Algunas veces lo hacen bien; y otras veces no saben hacerlo bien, pero la intención es buena (casi siempre), aunque la forma de hacerlo no sea la mejor forma. Y algunas veces también se colocan en la posición ministerial que no es la de ellos y entonces tienen problemas; y si no se cumple lo que ellos han dicho, entonces tienen un problema mayor; y entonces ya son un problema para su grupo y son un problema en dondequiera que se encuentren.

Así que todas las cosas, pues, hay que hacerlas correctamente, conforme al Programa de Dios, para que sea de bendición.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos, que Dios les guarde y les ayude en todo momento, en todos los días de vuestra vida.

Dejo con nosotros nuevamente a nuestro amigo y hermano Félix Caro para continuar.

Y muchas gracias por la colaboración para lo que se va a abonar al principal de la hipoteca de la nueva propiedad. Todos lo hacemos de todo corazón; y queremos hacer más cada día para Cristo, quien nos ama y se dio por todos nosotros.

Bueno, que Dios les bendiga y les guarde; y con nosotros nuevamente nuestro amigo y hermano Félix Caro.

“LA BENDICIÓN DE OBEDECER AL ÁNGEL DE DIOS”.

[Revisión octubre 2021]

1 San Mateo 17:5; San Marcos 9:7, San Lucas 9:35

2 San Juan 17:8

3 San Juan 8:47

4 San Juan 14:10

5 San Juan 5:17 (Reina-Valera 1909)

6 San Juan 5:19, 8:28

7 Habacuc 2:14, Isaías 11:9

8 Sal. 118:22; Mt. 21:42, Mr. 12:10, Lc. 20:17; Hch. 4:11; 1 P. 2:7

9 Apocalipsis 3:21

10 San Mateo 17:1-3, San Marcos 9:2-4, San Lucas 9:28-32

11 San Lucas 1:11-17

12 San Lucas 1:39-44

13 2 Corintios 5:1

14 San Mateo 27:52-54, 28:2

15 Salmos 46:2, 23:4

16 Salmos 47:10

17 Job 22:30 (Reina-Valera 1909)

18 Génesis 18:23-32

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