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El éxodo del Día Postrero
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El éxodo del Día Postrero

Muy buenos días, amables amigos y hermanos reunidos aquí en Bogotá, Colombia. Es para mí un privilegio y bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para lo cual quiero leer en Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 13 al 17, donde nos dice el apóstol San Pablo:

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.

Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Para esta ocasión nuestro tema es: “EL ÉXODO DEL DÍA POSTRERO”.

Para poder comprender nuestro tema, “EL ÉXODO DEL DÍA POSTRERO”, el cual está mostrado aquí, en esta profecía de Dios por medio de San Pablo, tenemos que ir a lo que fue el éxodo del tiempo de Moisés, en donde Dios libertó al pueblo hebreo.

Ahora, es necesario comprender que un éxodo tiene un orden establecido por Dios.

Lo primero es que ese éxodo tiene que haber sido prometido por Dios; y tiene que haber un pueblo en el cual se efectúe ese éxodo. Y tiene (Dios) que enviar un profeta por medio del cual llevar a cabo ese éxodo; y ese profeta, si es un éxodo a mayor escala, es un éxodo dispensacional, por lo tanto, ese mensajero enviado por Dios, al cual Dios usará para ese éxodo, tiene que ser un profeta dispensacional; y tiene que venir en medio del pueblo proclamando el Mensaje de Dios correspondiente a ese tiempo y dando a conocer las cosas que deben suceder en ese tiempo.

Y ahora, todo eso estaba en el éxodo que Dios llevó a cabo en medio del pueblo hebreo, cuando libertó al pueblo hebreo de Egipto.

Vean cómo ya desde el Génesis Dios estaba hablando del éxodo que Él llevaría a cabo con la descendencia de Abraham. El capítulo 15 del Génesis, verso 12 en adelante (12 al 21), dice:

“Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el temor de una grande oscuridad cayó sobre él.

Entonces Jehová dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años.

Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza.

Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.

Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí.

Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos.

En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Éufrates”.

Aquí podemos ver que ya Dios le está hablando del éxodo que va a llevar a cabo en y con la descendencia de Abraham. Y todavía Abraham no tenía el hijo prometido: no tenía un hijo todavía por medio de Sara (Abraham), y ya Dios le está hablando de un éxodo que va a llevar a cabo con la descendencia de Abraham; la cual vendría de Abraham por medio de Sara. Y todavía no tenía hijos, pero ya Dios estaba dándole a conocer lo que iba a suceder con su descendencia.

Por lo tanto, Abraham tendría un hijo por medio de Sara; y luego ese hijo tendría también otro hijo; y de ese otro hijo, el cual fue Jacob, vendrían doce hijos; y de esos doce hijos vendrían más hijos; y así se iría formando un pueblo, así se iría formando la nación o el pueblo que vendría a ser esclavo en una tierra ajena; pueblo que Dios libertaría de la esclavitud y castigaría a la nación que tendría esclavizado al pueblo de Dios, a la descendencia de Abraham.

Nadie sabía cuál sería el pueblo o nación que esclavizaría a la descendencia de Abraham; pero luego que ya se cumplió esa profecía, podemos ver que fue el imperio egipcio: el faraón de Egipto esclavizó al pueblo hebreo.

El pueblo hebreo llegó allí buscando alimento para sobrevivir; y por cuanto toda la administración del imperio del faraón estaba bajo el mando de José… Y José era uno de los hijos de Jacob, el penúltimo hijo de Jacob, y el primer hijo por medio de su esposa Raquel; y el segundo hijo por medio de su esposa Raquel fue Benjamín.

Y ahora, vean ustedes cómo el pueblo hebreo llegó a Egipto, sin darse cuenta que estaba llegando a Egipto para, luego de tener esa bendición durante el tiempo de José, luego venir a ser un pueblo esclavo al multiplicarse ese pueblo allá en Egipto.

Cuando fue multiplicado el pueblo hebreo en Egipto, el faraón y sus consejeros tuvieron miedo del pueblo hebreo, pensando que si en una guerra ese pueblo se ponía de parte del enemigo, Egipto sería vencido, y los enemigos del faraón se apoderarían de Egipto con todas sus tierras1. Así que el pueblo egipcio esclavizó al pueblo hebreo, y tuvo un tiempo muy largo de esclavitud en Egipto.

Pero Dios había dicho a Abraham… Miren, ya Dios está anunciando todo lo que va a suceder y se lo está anunciando a Abraham; porque Abraham, siendo un profeta dispensacional, obtiene toda esa revelación de lo que ha de suceder; y Abraham, siendo el profeta de la Dispensación de la Promesa, obtiene el conocimiento de todo lo que va a suceder durante esa dispensación, y también del entrelace de una nueva dispensación que ha de venir, donde el pueblo hebreo será bendecido, porque Dios los libertará al final de la Dispensación de la Promesa.

Y ahora, vean ustedes, en ese entrelace dispensacional, en donde se entrelazaba la Dispensación de la Ley con la Dispensación de la Promesa, vino una bendición muy grande para la descendencia de Abraham: vino la liberación.

Ahora, podemos ver que Abraham, siendo profeta dispensacional, tenía la revelación de parte de Dios de las cosas que iban a suceder. “Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas”. Amós, capítulo 3, verso 7.

Y ahora, vean ustedes el por qué Abraham es reconocido mundialmente, y a través de todas las generaciones, como un hombre grande delante de Dios. Dios habló de él y dijo que era Su amigo2. Y decir que un hombre es amigo de Dios, eso es una cosa muy grande; pues Abraham conocía a Dios: Dios se le revelaba a él y le daba a conocer las cosas que iban a suceder.

Dios le apareció en forma visible a Abraham en diferentes ocasiones, tales como la ocasión en que le apareció como Melquisedec3, el cual es Sacerdote del Dios Altísimo y Rey de Salem (o sea, Rey de Jerusalén), y es Rey de Justicia.

Y ahora, podemos ver también en otra ocasión en la cual Dios le apareció a Abraham en forma visible y tangible, y comió con Abraham: fue cuando le apareció Elohim (el cual es el mismo Dios) con Sus Arcángeles Gabriel y Miguel; y Abraham les ofreció una comida; y fueron ellos con Abraham, y comieron ese becerro tierno que Abraham les preparó, con leche, con panes, y así por el estilo con todo lo que conlleva una comida4.

Y ahora, vean ustedes cómo Abraham estuvo con Dios, en diferentes ocasiones lo vio; pero la Escritura dice que nadie jamás ha visto a Dios5.

Ahora, ¿cómo puede ser posible que Abraham vio a Dios en diferentes ocasiones, y también Jacob?

Vean, en el Génesis también nos dice, en el capítulo 32, versos 22 al 32; dice:

“Y se levantó aquella noche (Jacob), y tomó sus dos mujeres, y sus dos siervas, y sus once hijos, y pasó el vado de Jacob.

Los tomó, pues, e hizo pasar el arroyo a ellos y a todo lo que tenía.

Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba”.

¿Y quién es ese varón con el cual Jacob está luchando? Es el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto.

“Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba.

Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices.

Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob.

Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.

Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí.

Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.

Y cuando había pasado Peniel, le salió el sol; y cojeaba de su cadera”.

Ahora, vean ustedes cómo Jacob dice que vio a Dios allí cara a cara.

Nos narra de esta lucha el profeta Oseas en el capítulo 12, nos narra cómo fue esta lucha. Dice, en el capítulo 12, verso 4… Aun verso, vamos a ver… Capítulo 12, verso 2 en adelante, dice:

“Pleito tiene Jehová con Judá para castigar a Jacob conforme a sus caminos; le pagará conforme a sus obras.

En el seno materno tomó por el calcañar a su hermano, y con su poder venció al ángel.

Venció al ángel, y prevaleció; lloró, y le rogó; en Bet-el le halló, y allí habló con nosotros.

Mas Jehová es Dios de los ejércitos; Jehová es su nombre.

Tú, pues, vuélvete a tu Dios; guarda misericordia y juicio, y en tu Dios confía siempre”.

Ahora vean cómo fue esa lucha de Jacob, en donde Jacob lloró y le rogó al Ángel por la bendición.

Ahora, la Escritura nos habla acerca de Cristo; el mismo Cristo hablando, nos dice en el capítulo 8, verso 56 al 59 [San Juan]:

“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.

Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy”.

Y ahora, vean ustedes cómo Cristo se identifica como aquel que estuvo con Abraham y comió con Abraham; y Abraham vio Su día: vio Abraham la manifestación de Jesucristo allí en forma visible, cuando le apareció y comió con Abraham; y allí él estaba viendo lo que el Ángel de Jehová haría más adelante, al hacerse carne y vivir en medio del pueblo hebreo.

Y ahora, aquel Verbo que era con Dios y era Dios, y creó todas las cosas, se hizo carne y habitó en medio de los seres humanos; y fue conocido por el nombre de Jesús. Ese es nada menos que el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, hecho carne, hecho hombre en medio del pueblo hebreo.

Y ahora, Él fue el que llevó a cabo el éxodo del pueblo hebreo, libertando al pueblo hebreo allá en Egipto en el tiempo señalado por Dios.

Para el tiempo señalado por Dios, encontramos en el libro del Éxodo, capítulo 3, que el Ángel de Jehová le apareció al profeta Moisés en una llama de fuego, en un árbol, y le habló al profeta Moisés. Vamos a ver esta conversación de Dios con Moisés. Dice el capítulo 3, verso 1 en adelante:

“Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios.

Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía.

Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema.

Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí.

Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.

Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre (o sea, el Dios de Amram, que es el padre de Moisés), Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios.

Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias,

y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo.

El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen.

Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel.

Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?

Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte.

Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?

Y respondió Dios a Moisés: Yo soy el que soy. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: Yo soy me envió a vosotros”.

Aquí tenemos, conforme al Programa Divino, el tiempo señalado por Dios para llevar a cabo el éxodo del pueblo hebreo: libertar al pueblo hebreo y llevarlos rumbo a la tierra prometida. Y tenemos también ahí el hombre a través del cual Dios llevaría a cabo ese éxodo prometido, el éxodo prometido por Dios a Abraham para la liberación de la descendencia de Abraham que estaba en Egipto.

Y aquí tenemos todos los requisitos que se requieren para el éxodo del pueblo hebreo:

• Tenemos el pueblo esclavizado en Egipto, en la nación que Dios le dijo a Abraham (aunque no le dio el nombre, pero le habló de una nación que esclavizaría a la descendencia de Abraham);

• y también tenemos el faraón que tenía que estar en el trono en ese tiempo;

• y tenemos el pueblo en Egipto clamando por la liberación, clamando por ese éxodo prometido por Dios a Abraham para su descendencia;

• y tenemos al que lleva a cabo el éxodo, que es Dios, apareciendo en la Columna de Fuego, para manifestarse por medio del profeta Moisés y llevar a cabo ese éxodo; porque todo lo que Dios hace en la Tierra, en medio de Su pueblo y con Su pueblo, lo hace siempre por medio de un profeta.

Ahora, vean ustedes, estos éxodos son muy importantes en el Programa Divino; porque siempre que llega a su final una dispensación, Dios envía un profeta dispensacional, y por medio de ese profeta dispensacional se realiza un éxodo.

Miren a Abraham. Cuando llegó a su final la Dispensación del Gobierno Humano y fue a comenzar la Dispensación de la Promesa, hubo un éxodo de Ur de los caldeos, de allá de Babilonia, hacia la tierra prometida. Dios le dijo a Abraham: “Sal de tu tierra y de tu parentela”6. Ahí tenemos una salida de Babilonia, del Egipto para aquel tiempo; porque el mundo está representado en Babilonia y está representado también en Egipto.

Y ahora, podemos ver cómo, siempre, cuando se llega al final de una dispensación, hay un éxodo; y Dios tiene siempre un profeta dispensacional.

Y ahora, podemos ver a Moisés siendo enviado por Dios; y Moisés, siendo el instrumento de Dios para aquel tiempo, era un hombre con las dos consciencias juntas.

Porque un profeta de Dios viene a la Tierra con las dos consciencias juntas, y estando despierto puede experimentar lo que para otras personas son sueños, para lo cual tienen que estar dormidas las demás personas. Pero un profeta viene a la Tierra con las dos consciencias juntas, y estando despierto puede tener sus sueños y estar consciente de las cosas que le rodean.

Ahora, vienen así porque Dios los va a usar; y se requiere que ellos, aun estando despiertos, puedan oír la Voz de Dios y puedan tener las visiones que Dios quiera darle a Sus profetas.

Ahora, vean ustedes a través de la Biblia cómo Dios se le revelaba a Sus profetas; porque toda revelación divina siempre ha venido para los seres humanos a través de un profeta; porque ellos son la Palabra de Dios para la edad o dispensación en que ellos viven; y a ellos viene esa Palabra, y en ellos viene sellada esa Palabra.

Ahora, podemos ver a Moisés, un pastor de ovejas, el cual había sido un príncipe en Egipto, pero ahora es un pastor de ovejas: por cuarenta años pastoreando ovejas y siendo así entrenado por Dios.

Ahora, vean, el entrenamiento que le había dado el faraón allá en Egipto no le sirvió para llevar a cabo la liberación del pueblo hebreo, no le sirvió para llevar a cabo el éxodo; pero ahora el entrenamiento que Dios le está dando en el desierto pastoreando ovejas, las ovejas de su suegro, le va a ser de mucha ayuda y bendición para su misión profética que tendrá. Y como libertador él podrá ver en sus ovejas, en las ovejas que estaba pastoreando, podrá ver luego al pueblo hebreo como las ovejas de Dios; y tener paciencia con el pueblo hebreo, así como tuvo paciencia con las ovejas de su suegro, las cuales estuvo pastoreando por cuarenta años.

Ahora, vean ustedes cómo un profeta dispensacional, un profeta para ser el instrumento de Dios para el éxodo de ese tiempo, es un pastor: Moisés, un pastor de ovejas.

Y ahora, vean ustedes cómo este requisito de pastor, para ser el instrumento de Dios para un éxodo, es muy importante, porque Dios dice también que Él es el Pastor: “Jehová es mi Pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me pastoreará”7; y así sigue hablando (la Escritura) de Dios como nuestro Pastor. Por lo tanto, nuestro Pastor, Dios, se manifiesta por medio de un pastor.

Y aquí, por medio del pastor de ovejas Moisés, va a llevar a cabo el éxodo, para pastorear por medio del profeta Moisés a Sus ovejas; pero es Dios, el Buen Pastor, el que estará pastoreando a Su pueblo Israel, pero tendrá que estar usando un hombre, un profeta.

Y ahora, vean cómo llevó a cabo toda esa Obra del éxodo del pueblo hebreo, sacándolos de Egipto y llevándolos a la tierra prometida. El éxodo es la salida.

Y ahora, vean ustedes cómo el pueblo hebreo es libertado por Dios, la Columna de Fuego; Él es el que lleva a cabo la liberación; pero, vean ustedes, lo hace usando un profeta.

Ese profeta obtuvo la revelación del Nombre de Dios (eso es muy importante también); y luego él fue hablando en el Nombre de Dios, dando su Mensaje en el Nombre de Dios: del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

También, para el segundo éxodo, el cual lo llevó a cabo nuestro amado Señor Jesucristo, encontramos que Él dijo: “Yo he venido en nombre de mi Padre”8.

Y ahora, podemos ver que para el éxodo se requiere un pueblo que necesite ese éxodo y se requiere un profeta dispensacional en la Tierra; y se requiere que ese profeta haya obtenido la revelación del Nombre de Dios, y haya obtenido el Mensaje de Dios, y haya sido llamado y reconocido por Dios como el mensajero para esa nueva dispensación.

Vean, los pasa de una dispensación a otra dispensación. Vean todas las cosas que están envueltas en un éxodo divino para el pueblo de Dios. Los pasa de una dispensación a otra dispensación, les da el Mensaje para una nueva dispensación y les da todo el Programa Divino para esa nueva dispensación; y los saca de la esclavitud y los coloca en una nueva dispensación y en una nueva tierra.

Ahora, recuerden que Egipto representa al mundo; y el faraón, para el Día Postrero, estará representando al anticristo, a la bestia; así como el faraón, para los días de Jesús, era el diablo.

Y ahora, miren ustedes, Moisés libertó al pueblo hebreo, o sea, Dios por medio de Moisés los sacó de Egipto, de la esclavitud:

Hubo allí un cordero pascual, que fue sacrificado el día 14 del primer mes del año religioso hebreo; y luego, ya por la mañana, salieron libres. Fue sacrificado el cordero en la tarde del día 14; y por cuanto en medio del pueblo hebreo los días terminan en la tarde y comienza el otro día en la misma tarde… Luego, en la tarde, cuando cae el sol, a la caída del sol, termina un día y comienza el otro día. O sea que el día 14 del primer mes del año estaba terminando (luego que el cordero había sido sacrificado), estaba terminando (luego que ya tenían el cordero en las casas), estaba terminando el día 14 y estaba comenzando el día 15.

Y luego, miren ustedes una cosa, la tarde y la noche del día 15 comenzó.

Comienza en la tarde, los días comienzan en la tarde y terminan en la tarde. Y luego de la tarde viene la noche, y luego de la noche viene la mañana de ese día.

Y en la mañana del día 15 el pueblo hebreo quedó libre, salió libre rumbo a la tierra prometida.

Ahora, todo esto nos habla siempre de todo éxodo que Dios lleva a cabo.

Ahora, Dios saca al pueblo hebreo de una condición física, de una esclavitud física, y los liberta y los lleva libres a la tierra prometida, a la tierra de Israel; tierra que fluye leche y miel.

Ahora, en la trayectoria (luego de ser libres), en la trayectoria a la tierra prometida, tuvieron luchas, tuvieron problemas y todas estas cosas, pero llegaron a la tierra prometida.

La salida se realizó con Moisés, y luego la entrada a la tierra prometida con Josué. Pero, aunque vemos a dos personas, solamente es una Persona la que lleva a cabo el éxodo, y es la Persona del Ángel de Jehová, del Ángel del Pacto. Pero Él usó el ministerio de Moisés y usó luego el ministerio de Josué; porque Él es el que coloca ministerios en las personas.

Y ahora, el ministerio de Moisés continuó en Josué, para entrar al pueblo a la tierra prometida.

Ahora, podemos ver que en el nombre de Moisés estaba impresa la Obra que Dios llevaría a cabo libertando al pueblo hebreo: porque Moisés significa ‘sacado de las aguas’; y Dios sacó de las aguas de Egipto (porque aguas representa naciones, pueblos y lenguas), Dios sacó de las aguas egipcias (o sea, de en medio del pueblo egipcio, de en medio del imperio egipcio), sacó libre a Su pueblo Israel.

Vean cómo en el nombre Moisés estaba impresa la liberación que realizaría allí, en medio del pueblo egipcio, sacando al pueblo hebreo; sacó un pueblo de en medio de otro pueblo.

Y luego, miren ustedes, ese pueblo que salió tenía el cordero pascual que había sido sacrificado, su sangre había sido aplicada en el dintel y las puertas de sus hogares, para la preservación de la vida de los primogénitos; porque el hogar donde no estuviese colocada la sangre del cordero, el primogénito de esa familia tenía que morir.

Y la única forma para la preservación de los primogénitos de Dios es la Sangre del Cordero de Dios, nuestro amado Señor Jesucristo. Vean cómo todo fue tipificado también allá.

Y ahora, la muerte azotó a Egipto en aquel tiempo, y hasta el primogénito del faraón, el hijo del faraón, murió; y los hijos de los egipcios, los primogénitos, murieron; y aun de los animales también murió el primogénito. Así que hubo grande clamor en Egipto. Y pidieron al pueblo hebreo que saliera de su tierra, porque de otra forma morirían todos los egipcios.

Cuando se llega al tiempo para el éxodo, el pueblo que tiene la promesa para ser libertado tiene las bendiciones de Dios para ser manifestadas en él; y los que se opongan a esa bendición de Dios y a esa liberación, a ese éxodo, los juicios divinos caen sobre ellos.

Miren lo que sucedió con Egipto, el cual fue destruido a causa de la liberación del pueblo hebreo, por cuanto Egipto, el faraón y sus consejeros no querían dejar ir al pueblo hebreo; y los juicios divinos cayeron sobre Egipto.

Y ahora, vean cómo salió libre el pueblo hebreo; y vean cómo en ese éxodo iba uno llamado Oseas, hijo de Nun, el cual acompañaba siempre a Moisés. Era un joven el cual estaba siempre con Moisés y el cual era su ayudante, o ministro de Moisés, el cual se mantenía sirviéndole siempre. Vean, capítulo 33, verso 11, del Éxodo, dice:

“Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. Y él volvía al campamento; pero el joven Josué hijo de Nun, su servidor, nunca se apartaba de en medio del tabernáculo”.

Josué siempre estaba allí, en el tabernáculo, ese joven Josué, servidor de Moisés.

Y ahora, vean cómo un discípulo de Moisés y servidor de Moisés, luego, más adelante, obtuvo un cambio de nombre; y al obtener un cambio de nombre, pues Moisés le cambió el nombre a Oseas, hijo de Nun, y le colocó por nombre Josué; y al colocarle por nombre Josué, vamos a ver…

En Deuteronomio nos habla acerca de Josué: capítulo 34, verso 9 en adelante, dice:

“Y Josué hijo de Nun fue lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés había puesto sus manos sobre él; y los hijos de Israel le obedecieron, e hicieron como Jehová mandó a Moisés.

Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara”.

Podemos ver que Moisés le cambió el nombre a Oseas, su servidor; y le colocó las manos sobre él, lo ungió; y espíritu de sabiduría de parte de Dios vino sobre Josué; y vino a ser la persona que fue usada por Dios para llevar al pueblo a la tierra prometida, para introducir al pueblo en la tierra prometida.

Ahora, el nombre Josué significa ‘Salvador’ o ‘Redentor’; y redimir significa ‘volver al lugar de origen’. Y Dios está llevando al lugar de origen al pueblo hebreo, los cuales habían salido de la tierra de Israel en el tiempo de José, y fueron a Egipto; y ahora están de regreso a su tierra, la tierra de Israel.

En el nombre Josué está impresa la Obra que Dios haría por medio de Josué, la Obra de Redención; porque redimir es ‘volver al lugar de origen’. Por lo tanto, Dios colocaría en el lugar de origen al pueblo hebreo, el lugar de donde antes habían salido (ahora estaban regresando); y eso es restauración, ser restaurados a su tierra.

Por lo tanto, la Obra que se realiza en un éxodo y el Programa contenido en un éxodo es el Programa de Redención: el Programa de sacar libre a un pueblo y llevarlos al lugar de origen.

Y ahora, vean cómo por medio del profeta Josué fueron colocados en la tierra prometida; y Josué fue el que le repartió la tierra. Y Josué representa al Espíritu Santo, y representa al líder del Día Postrero.

Josué es Cristo, representa a Cristo; porque Josué significa ‘Salvador’ o ‘Redentor’ y Jesús significa ‘Salvador’ o ‘Redentor’, porque el nombre Jesús en hebreo es Josué.

Y ahora, hemos visto cómo se llevó a cabo el primer éxodo, en donde el pueblo fue restaurado a su tierra, a su lugar de origen; y allí fueron establecidos con un Mensaje dispensacional.

Y ahora, para el segundo éxodo, el cual fue llevado a cabo por el mismo Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, el cual y del cual nos habla Dios en el Éxodo, capítulo 23… Capítulo 23 del Éxodo dice, verso 20 en adelante:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.

Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

Porque mi Ángel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir”.

Aquí podemos ver que el Ángel de Jehová es enviado; y Él es el que tiene el Nombre Eterno de Dios; y Él es enviado en el éxodo para libertar al pueblo y llevarlos a la tierra prometida.

Y ahora, vean ustedes, dice:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado”.

Es esa la labor del Ángel de Jehová, del Ángel del Pacto, que es el mismo Dios en el cuerpo teofánico manifestado por medio de la Columna de Fuego.

Por lo tanto, encontramos que el que lleva a cabo el éxodo y lleva al pueblo a la tierra prometida es el mismo Dios, Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; pero tiene un instrumento, el cual es un profeta dispensacional, y al cual le revela Su Nombre.

El Nombre del Ángel, dice aquí Dios, el Nombre de Dios, lo lleva el Ángel: “No le seas rebelde, porque mi Nombre está en Él”.

Y ahora, ese es el Nombre que Moisés quería conocer: el Nombre del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová. Y el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, le da ese Nombre en estas cuatro consonantes: Y-H-W-H, las cuales escuchó Moisés siendo pronunciadas. Pero a medida que ha ido pasando el tiempo la humanidad no ha podido conocer cómo se pronuncian esas cuatro consonantes; y le han añadido otras letras y lo han hecho sonar como Jehová o Yahweh o así por el estilo.

Pero el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, es el que lleva ese Nombre, y a Moisés se lo reveló. Al profeta de la Dispensación de la Ley, al cual usaría para la liberación del pueblo hebreo, le reveló Su Nombre.

Y luego ordenó al profeta Moisés que en una laminilla de oro, una lámina de oro, fuera escrito “Santidad a Jehová” y fuera colocado, colocada esa laminilla, en la frente del sumo sacerdote; porque ese es el hombre que entraría una vez al año al lugar santísimo del tabernáculo que construyó Moisés y del templo que luego construyó el rey Salomón.

Ahora, miren dónde fue colocado ese Nombre que le fue revelado a Moisés; pero fue colocado allí, en esas cuatro consonantes; no la pronunciación, sino las letras; pero la pronunciación la sabía Moisés, porque escuchó al Ángel hablándole ese Nombre.

Y ahora, encontramos que el sumo sacerdote al entrar al lugar santísimo tenía ese Nombre; era el que llevaba ese Nombre escrito en la frente y era el que proclamaba el Nombre de Jehová, hablaba el Nombre de Dios.

Y ahora, para el Nuevo Testamento, en donde un nuevo éxodo se lleva a cabo, en donde aparece Jesucristo predicando al final de la Dispensación de la Ley y comienzo…, o entrelace de la Dispensación de la Gracia con la Dispensación de la Ley…

Y ahora, Cristo viene en el Nombre del que lo envió, en el Nombre del Padre; y en algunas ocasiones nos dijo: “Yo he venido en nombre de mi Padre”.

En otra ocasión, en San Juan, capítulo 12, verso 28, orando, Él orando al Padre dice de la siguiente manera, vamos a ver… Capítulo 12, verso 27 al 28, dice:

“Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora.

Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez”.

En la Primera Venida de Cristo el Nombre de Dios fue glorificado; y para la Segunda Venida también será glorificado el Nombre de Dios, porque vendrá, en el Nombre de Dios (que es el Nombre Eterno de Dios y Nombre de la Ciudad de nuestro Dios y Nombre Nuevo del Señor Jesucristo), vendrá el Enviado de Dios para el Día Postrero: el profeta mensajero de la Dispensación del Reino y de la Edad de la Piedra Angular.

Por eso es que Cristo dice en Apocalipsis, capítulo 3, verso 12: “Al que venciere, yo le haré columna en el Templo de mi Dios, y nunca más saldrá fuera (o sea, nunca más saldrá de allí); y escribiré sobre él el Nombre de mi Dios, y el Nombre de la Ciudad de mi Dios, la Nueva Jerusalén, la cual desciende del Cielo, de mi Dios, y mi Nombre Nuevo”. Ahí tenemos al mensajero de Dios para el éxodo del Día Postrero, del séptimo milenio.

Ahora, para poder comprender el éxodo del Día Postrero, del séptimo milenio, nosotros tenemos que comprender lo que han sido estos éxodos anteriores.

Para el segundo éxodo vino Juan el Bautista predicando primero y preparándole el camino al Señor; y comenzaron a salir (la gente), comenzaron a recibir el Mensaje de Juan.

Y luego, cuando apareció Jesús, muchos de los discípulos de Juan comenzaron a seguir a Jesús, y entraron plenamente al éxodo de aquellos días: al segundo éxodo, en donde Cristo sacaría a la gente de una condición espiritual y los colocaría en una condición espiritual mejor. Comenzó a llamar y a juntar a la gente, y les prometió que los llenaría del Espíritu Santo.

Juan el Bautista también había dicho: “Yo les bautizo en agua; pero el que viene después de mí (detrás de mí), Él les bautizará con Espíritu Santo y Fuego”9.

Y ahora, el que viene después de Juan es Jesús, el cual bautizaría a los creyentes en Él con Espíritu Santo y Fuego.

Saliendo en el éxodo, segundo éxodo: saliendo de la esclavitud en que el diablo ha colocado a la raza humana (pues ha colocado a la raza humana en la esclavitud del pecado), saliendo de esa esclavitud: Cristo libertando a la gente de la esclavitud del diablo, de la esclavitud del faraón, el diablo (que colocó al ser humano en esclavitud, en pecado), ahora Cristo está libertando a los seres humanos; y los liberta y los coloca en la tierra prometida del bautismo del Espíritu Santo, los coloca en la tierra prometida del nuevo nacimiento.

Porque por medio de creer en Cristo como nuestro Salvador y lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo, obtenemos nuestra liberación espiritual: somos libertados del diablo y del pecado, y somos colocados en el Reino de Dios: somos colocados en el bautismo del Espíritu Santo, que produce en nosotros el nuevo nacimiento. Y así entramos a la tierra prometida del bautismo del Espíritu Santo, y así entramos a la tierra prometida del cuerpo teofánico de la sexta dimensión.

Esto hace Cristo en el segundo éxodo, con todos los que salen en ese segundo éxodo que Él ha llevado a cabo.

Y ahora, para el Día Postrero tenemos la promesa de Cristo: de la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos eternos y la transformación de nosotros los que vivimos; y eso es un éxodo para entrar a la tierra prometida.

Con la resurrección de los muertos en Cristo y transformación nuestra, estaremos en la tierra prometida del nuevo cuerpo. Y después estaremos también en el Reino Milenial, en la tierra prometida del glorioso Reino Milenial (que como Reino es la tierra prometida), o sea, el Reino prometido para los hijos e hijas de Dios que salen en el segundo éxodo y también en el tercer éxodo.

Porque para estar en la tierra prometida como reyes y sacerdotes, reinando con Cristo, la persona tiene que haber salido en el [segundo] éxodo, y haber recibido el Espíritu de Cristo, y haber entrado a la tierra prometida del Espíritu Santo, y haber nacido de nuevo; para en el Día Postrero, luego, entrar en el tercer éxodo, para obtener el nuevo cuerpo, el cuerpo eterno, que Él nos dará.

Y ese cuerpo eterno es la tierra prometida como cuerpo; y el Reino Milenial es la tierra prometida como Reino, para todos los hijos e hijas de Dios.

Así que habrá un nuevo reino. El reino de los gentiles será quitado: el reino o los reinos de este mundo luego vendrán a ser de nuestro amado Señor Jesucristo10.

Y en ese Reino de Jesucristo, que es la nueva tierra como Reino, la tierra prometida como Reino, estarán todos los que salieron en el segundo éxodo y vivieron en las edades pasadas, y los que han salido en este tiempo final en el segundo éxodo, creyendo en Cristo como su Salvador y lavando sus pecados en la Sangre de Cristo; y estarán también los que en este Día Postrero saldrán en el tercer éxodo, en el cual encontramos que salen los que están viviendo en la Tierra, los escogidos de Dios, y luego en la resurrección salen en ese tercer éxodo los que han partido en las edades pasadas.

Recuerden que José, el hijo de Jacob, aunque él vivió en otra dispensación (la Dispensación de la Promesa), cuando el pueblo hebreo salió en el éxodo con Moisés fueron llevados sus huesos en ese éxodo, y fue colocado en la tierra prometida11.

Porque todos los que han partido en edades pasadas: serán resucitados y serán llevados, en este tercer éxodo, a la tierra prometida del nuevo cuerpo y a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial; y estaremos también en la Gran Cena de las Bodas del Cordero.

Ahora, el tercer éxodo, vean ustedes, comienza a ser preparado por la manifestación del Espíritu de Cristo a través del precursor de la Segunda Venida de Cristo. Y luego con la aparición del que vendrá después del precursor de la Segunda Venida de Cristo, que es un profeta dispensacional: el profeta de la Dispensación del Reino, el cual viene en los últimos años de la Dispensación de la Gracia para la introducción de una nueva dispensación; y viene con un Mensaje dispensacional: con el Mensaje de la Dispensación del Reino, que es el Mensaje del Evangelio del Reino, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, en Su Obra de Reclamo.

Y se entra al éxodo del Día Postrero por medio de la manifestación del Espíritu Santo, del Ángel de Jehová, de Jesucristo en Espíritu Santo a través de Su Ángel Mensajero; a través del cual estará en este tiempo final llamando y juntando a todos Sus escogidos en este tercer éxodo, en EL ÉXODO DEL DÍA POSTRERO.

Ahora, hay éxodos de edades y hay éxodos dispensacionales. Los más grandes son los dispensacionales, y están reflejados en los éxodos de edades.

Cuando hay un éxodo de edades, se sale de una edad y se entra a una nueva edad; ahí es donde Dios envía al mensajero para una nueva edad; y con ese mensajero Dios llama y junta a los escogidos que saldrán a una nueva edad, donde son establecidos por Dios.

Esos éxodos, que son despertamientos o avivamientos, los cuales se producen en las dispensaciones (en estas dispensaciones que han transcurrido); en donde Dios envía de edad en edad un mensajero y se lleva a cabo un éxodo de una edad a otra edad: viene ese mensajero con el Mensaje correspondiente a ese tiempo.

Y ahora, eso nos habla que para el final de esa dispensación vendrá un mensajero dispensacional con un Mensaje dispensacional, para llamar al pueblo y juntarlo, y colocarlos en una nueva dispensación, en un éxodo dispensacional; y ahí el pueblo entra a una nueva edad.

Siempre, cuando envía a un mensajero dispensacional, eso es una Edad de Piedra Angular. Se entra a la Edad de Piedra Angular, y se recibe el Mensaje para una nueva dispensación, y se camina hacia adelante, y se reciben las bendiciones que Dios tiene para esa nueva dispensación.

Y ahora, para este tiempo final, en el llamado de la Gran Voz de Trompeta (con la cual Cristo dice en San Mateo 24, verso 31: “Y enviará Sus Ángeles con Gran Voz de Trompeta, y juntarán a Sus escogidos”), eso es el llamado de Cristo, del Espíritu Santo: la Gran Voz de Trompeta, la Voz de Cristo en Su Ángel Mensajero en el Día Postrero, llamando y juntando a Sus escogidos en el éxodo del Día Postrero; y así preparándonos para ser transformados y raptados en este tiempo final; y así ser llevados a la tierra prometida del nuevo cuerpo y a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial.

Ahora, estamos viendo que el mismo orden de los éxodos anteriores es también establecido para el éxodo del Día Postrero.

Fue Moisés un pastor de ovejas; y Cristo, cuando estuvo aquí en la Tierra dos mil años atrás, dijo: “Yo soy el Buen Pastor; y el Buen Pastor Su vida da por Sus ovejas”12.

Y por cuanto Dios, Jehová, es nuestro Pastor: Dios en Moisés, vean ustedes, pastoreó al pueblo hebreo en el éxodo que llevó a cabo. Y Cristo llamó Sus ovejas, como Buen Pastor, y las pastoreó; y de edad en edad ha estado llamando y juntando a Sus ovejas, como dice San Juan, capítulo 10, verso 14 al 16, en donde nos dice: “También tengo otras ovejas que no son de este redil, las cuales también debo traer, y oirán mi Voz; y habrá un rebaño, y un pastor”.

Cristo, de edad en edad, por medio de Sus ángeles mensajeros ha estado manifestándose, y ha estado llamando y juntando a Sus ovejas; y los que han escuchado Su Voz han escuchado la Voz del Buen Pastor.

Y ahora, para el Día Postrero, luego de toda esta labor que Cristo ha llevado a cabo en estas edades, llegamos a la Edad de la Piedra Angular, a la edad donde el éxodo del Día Postrero se establece; y Dios envía Su Ángel Mensajero con el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, y llama y junta a Sus escogidos en la Edad de la Piedra Angular.

Y así somos colocados en una nueva tierra como edad: la Edad de la Piedra Angular; y somos colocados en una nueva tierra, una nueva tierra prometida, como dispensación: la Dispensación del Reino; y somos colocados en un nuevo milenio, en una nueva tierra como milenio, que es el séptimo milenio, el cual es el Día Postrero.

Ahora, ¿qué es el Día Postrero? El Día Postrero es el séptimo milenio; porque “un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día”, nos dice Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8, y también el profeta Moisés en el Salmo 90 y verso 4.

Ahora, cuando nos habla de los días postreros, los días postreros delante de Dios, para los seres humanos son el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Dios habló por medio de los profetas en el Antiguo Testamento y luego habló por medio de Jesucristo —San Pablo dice— en los días postreros; en Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 2.

¿Y se equivocaría San Pablo cuando dijo que Dios habló por medio de Jesús, por medio de Su Hijo, en los días postreros? No se equivocó; porque los días postreros son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio, y Dios estaba hablando por medio de Jesús en el quinto milenio.

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”.

Ahora, vean, Dios habló por Su Hijo en los postreros días; porque “un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día”. Y los días postreros delante de Dios son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio para los seres humanos.

En el quinto milenio, allí estaba Jesucristo llevando a cabo el segundo éxodo, para llevar al pueblo de una condición espiritual a una nueva condición espiritual: pasar al pueblo de muerte a vida eterna, pasar al pueblo del pecado a la vida eterna.

Y ahora, para el Día Postrero, el mismo Ángel de Jehová o Ángel del Pacto, que estuvo en el primer éxodo en la forma de la Columna de Fuego y que estuvo en el segundo éxodo en carne humana y fue llamado Jesús; para este Día Postrero Él estará presente: manifestado como el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19 y el Ángel Fuerte que desciende del Cielo en Apocalipsis, capítulo 10.

Y Él fue el que apareció con los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil en esta nube formada por ellos, por estos ángeles en sus cuerpos teofánicos, en febrero 28 de 1963, a 26 millas de altura; y esta nube tuvo un tamaño de 30 millas de ancho13.

Y ahora, este Ángel que era diferente a los demás (el cual se encuentra aquí), es el Ángel que para el Día Postrero estará manifestado a través de Su Ángel Mensajero, a través del profeta mensajero de la Dispensación del Reino. Y este Ángel, el Ángel del Pacto, el Ángel que era diferente a los demás, es el que llevará a cabo el tercer éxodo hacia la tierra prometida del nuevo cuerpo y hacia la tierra prometida del glorioso Reino Milenial; y nos llevará también a la Gran Cena de las Bodas del Cordero.

Él es el que nos sacará de esta condición física mortal, corruptible y temporal, y nos transformará; y nos dará un nuevo cuerpo, el cual es la nueva tierra prometida como cuerpo, una tierra prometida con vida eterna; y nos llevará a la Cena de las Bodas del Cordero; y luego nos traerá al glorioso Reino Milenial, donde reinaremos con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad.

Ahora, el instrumento que Él usa no es el Señor Jesucristo, sino que ese instrumento que Él estará usando, ese velo de carne que estará usando en el Día Postrero, es el Ángel Mensajero del Señor Jesucristo. Apocalipsis 22, verso 16, dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

Juan quiso adorar al Ángel de Jesucristo, y el Ángel le dijo que no lo hiciera. ¿Por qué? Porque él es un profeta: el profeta de la Dispensación del Reino, enviado por Jesucristo en el Día Postrero a Su Iglesia para el éxodo del Día Postrero: para por medio de Su Ángel Mensajero manifestarse, llamar y juntar a Sus escogidos, y prepararlos para ser transformados, y a los muertos en Cristo para resucitarlos; y colocarnos en la tierra prometida del nuevo cuerpo; y luego llevarnos a la Cena de las Bodas del Cordero; y luego regresar con Cristo al glorioso Reino Milenial de Cristo, donde estaremos reinando con Cristo por mil años como reyes y sacerdotes, y luego por toda la eternidad.

Y ahora, hemos visto que el mismo Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que libertó al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto por medio del profeta Moisés, y luego el que estuvo manifestado en carne humana en aquel joven carpintero de Nazaret llamado Jesús; ese mismo Ángel del Pacto, el cual se hizo carne, el Verbo, el cual se hizo carne y habitó en medio de los seres humanos allá en medio del pueblo hebreo, y fue conocido por el nombre de Jesús, el cual llevó a cabo el éxodo por medio de ese velo de carne, el segundo éxodo; para el Día Postrero, el Verbo vendrá nuevamente manifestado en carne humana.

¿Y cómo será Su Venida en el Día Postrero? Será, Su Venida, como está mostrada en Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 en adelante, y también Apocalipsis, capítulo 19, verso 11 en adelante.

Ahora, vean aquí, en lo que dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo, en la página… vamos a ver… Vamos a leer lo que fue dicho en la página 104 y 105 del libro de Los Sellos. Dice:

“[37]. Luego vienen siete truenos misteriosos que ni están escritos. Correcto. Y yo creo que por medio de los Siete Truenos será revelado en los últimos días lo que se necesita para aparejar la Novia (o sea, a la Iglesia-Novia de Cristo) para tener la fe del rapto; porque con lo que tenemos ahora no podríamos subir. Hay algo que tiene que venir para aparejarnos, porque como estamos ahora apenas podemos tener suficiente fe para la Sanidad Divina. Tenemos que tener suficiente fe para ser transformados en un momento y ser sacados de esta Tierra. Y veremos más adelante (Dios mediante) dónde está esto escrito”.

Y pasamos a la página 131 del libro de Los Sellos, donde dice:

“131. Y ahora Jesús: Su Nombre sobre la Tierra fue Jesús el Redentor, porque fue el Redentor cuando estuvo sobre la Tierra; pero cuando conquistó el infierno y la muerte, los venció y ascendió, entonces recibió un nuevo Nombre. Por esa razón es que gritan y hacen tanto ruido y no reciben nada. Será revelado en los Truenos.

132. Fíjense en el misterio. Él viene cabalgando. Tiene que haber algo para cambiar esta iglesia. Ustedes saben eso. ¡Tiene que venir algo! Ahora noten: Nadie entendía ese nombre, sino Él mismo.

‘Y estaba vestido de una ropa teñida en sangre: y su nombre es llamado EL VERBO DE DIOS.

Y los ejércitos que están en el cielo le seguían en caballos blancos, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio.

Y de su boca sale una espada aguda, para herir con ella las gentes; y él los regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor, y de la ira del Dios Todopoderoso.

Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES’.

Apocalipsis 19:13-16

133. Allí viene el Mesías, allí es donde está”.

¿Qué es lo que cambiará a la Iglesia de Jesucristo? ¿Qué es lo que llevará a cabo la transformación de nosotros los que vivimos y la resurrección de los muertos en Cristo? La Segunda Venida de Cristo, la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19.

Y veamos en la página 134 del libro de Los Sellos lo que dice el reverendo William Branham:

“142. Y noten ustedes: Cuando este Espíritu Santo que tenemos llegue a encarnarse, el que está en nuestro medio ahora mismo en la forma del Espíritu Santo, cuando Él llegue a ser encarnado en la Persona de Jesucristo, entonces nosotros le coronaremos como ‘Rey de Reyes y Señor de Señores’”.

El Espíritu Santo para el Día Postrero ¿vendrá cómo? Encarnado; así como vino encarnado en la persona de Jesús.

El Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Verbo, se hizo carne dos mil años atrás, vino encarnado, y lo conocimos por el nombre de Jesús. Y luego, para el Día Postrero, encontramos que Él ha estado manifestado en Su Iglesia de edad en edad, y ha estado manifestándose por medio de Sus siete ángeles mensajeros de edad en edad. Y para el Día Postrero estará manifestado en carne humana el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19.

Ahora, veamos, viene encarnado en el Día Postrero, y entonces le coronaremos:

“… entonces nosotros le coronaremos como ‘Rey de Reyes y Señor de Señores’”.

¿Por qué? Porque viene encarnado. No puede ser coronado un espíritu. Tiene que venir ese Espíritu Santo encarnado para ser coronado como “Rey de reyes y Señor de señores”.

Y ahora, en la página 277 del libro de Los Sellos también nos dice:

“[240]. … pedimos que el Espíritu Santo venga ahora mismo, el Jinete del verdadero caballo blanco (¿Quién es el Jinete del verdadero caballo blanco de Apocalipsis 19? El Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová), mientras Su Espíritu, el Espíritu de Cristo, entre en confrontación con el anticristo, y Él llame los Suyos”.

Cristo en Espíritu Santo viene en el Día Postrero manifestado en carne humana.

Y ahora, vamos a ver cómo será todo este evento correspondiente al Día Postrero para el éxodo del Día Postrero.

En la página 256 del libro de Los Sellos dice:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Y si encontramos a ese hombre, estaremos encontrando al Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19: estaremos encontrando al Ángel del Pacto, al Ángel de Jehová, a Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en carne humana en un hombre de este tiempo final; y así estaremos encontrando al que llevará a cabo el éxodo del Día Postrero.

¿Y quién lo llevará a cabo? El Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en carne humana en el Día Postrero: el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19. Por eso aparece ahí con una multitud en caballos blancos, porque esos son Sus escogidos.

Y ahora, pasamos a la página 146 del libro de Los Sellos también, donde nos dice:

“[192]. Y al mismo tiempo que el diablo cae del Cielo y se encarna en un hombre (o sea, se encarna en el anticristo, en el hombre de pecado), el Espíritu Santo sube y viene encarnado en un hombre”.

Para el Día Postrero, para el tiempo del éxodo del Día Postrero…; así como estaba Moisés, el instrumento de Cristo, el instrumento de Dios, donde Dios estaba manifestado para la liberación, para el éxodo, por otro lado estaba el diablo en el faraón manifestado.

Ahora, ahí podemos ver a los dos instrumentos que estarían en aquel tiempo: el diablo, en el faraón de aquel tiempo; y Dios, el Ángel del Pacto, en Moisés manifestado.

Y para este tiempo final podemos mirar también lo que fue el segundo éxodo, y podemos ver que Dios estuvo manifestado en carne humana en Jesús: Dios en Espíritu Santo estuvo, el Ángel del Pacto, en Jesús manifestado para el éxodo; pero por otro lado el diablo se encarnó en Judas. Dice la Escritura que el diablo entró dentro de Judas14, y por eso vendió a su maestro, a Jesús.

Y ahora, para el Día Postrero, el diablo estará encarnado en el anticristo, en el hombre de pecado, en la bestia, y se levantará en contra de Cristo. Cristo estará manifestado en carne humana en Su Ángel Mensajero. Y así como sucedió en el primer éxodo y segundo éxodo, también sucederá en este Día Postrero, en el éxodo del Día Postrero.

Dice Apocalipsis, capítulo 22 y capítulo 17… Veamos, en Apocalipsis, capítulo 17, verso 11 en adelante, dice:

“La bestia que era, y no es, es también el octavo; y es de entre los siete, y va a la perdición.

Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia.

Estos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad a la bestia.

Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles”.

Ahí podemos ver el enfrentamiento que habrá en este Día Postrero, en el éxodo del Día Postrero, así como hubo un enfrentamiento entre Moisés y el faraón.

Ahora podemos ver también en Apocalipsis, capítulo 19, verso 19, este enfrentamiento. Dice:

“Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército”.

O sea, para guerrear, la bestia y los reyes que le habían dado su poder y su autoridad, ¿para guerrear contra quién? Contra el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19; para guerrear en contra del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, de Jesucristo manifestado en el Día Postrero, en el éxodo del Día Postrero.

Y ahora, la victoria es segura para Cristo, el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19. Dice:

“Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre”.

O sea que aquí encontramos que la victoria la obtuvo Cristo, el Ángel del Pacto, en Su Venida en el Día Postrero, en el éxodo del Día Postrero.

“Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos”.

Así como el Ángel del Pacto, por medio de la manifestación que tuvo a través del profeta Moisés, tuvo la victoria contra el faraón; y así como el Ángel del Pacto, por medio de Su manifestación a través de Jesús, tuvo la victoria en contra del diablo; para este tiempo final, Cristo, el Ángel del Pacto, por medio de Su manifestación en el Día Postrero en Su Ángel Mensajero, tendrá, obtendrá la victoria, la Gran Victoria en el Amor Divino: y los muertos en Cristo serán resucitados en cuerpos eternos, y nosotros los que vivimos seremos transformados, y nos iremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Ahora, hemos visto todo lo relacionado al éxodo del Día Postrero.

• Un Mensaje dispensacional tiene que estar presente: es el Mensaje del Evangelio del Reino, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo.

• Un profeta dispensacional tiene que estar en la escena: ese es el Ángel del Señor Jesucristo, el profeta de la Dispensación del Reino.

• Y tenemos que estar en el Día Postrero, que es el séptimo milenio; y si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, ya estamos en el séptimo milenio, que es el Día Postrero delante de Dios.

• Y tiene que haber un pueblo que entre a ese éxodo, que sea libertado en ese éxodo.

Y ahora, de edad en edad hemos visto éxodos de edades, que tipifican el éxodo grande que Dios llevará a cabo en este Día Postrero.

Y así como hubo un territorio donde se cumplió cada uno de los éxodos… El primero fue en Egipto, vean ustedes; y el segundo Cristo lo llevó a cabo en la tierra de Israel. Y ahora, a través de las edades han estado entrando a ese éxodo para obtener la tierra prometida del bautismo del Espíritu Santo.

• Y para este tiempo final, para obtener la tierra prometida de la plenitud del Espíritu Santo y obtener así el cuerpo eterno y glorificado, hay un territorio donde Cristo estará manifestado en Espíritu Santo en el Día Postrero, a través de Su Ángel Mensajero; estará manifestado en carne humana, llevando a cabo el éxodo del Día Postrero, para entrar a la tierra prometida del nuevo cuerpo nosotros los que vivimos y los que han partido en las edades pasadas; e ir a la Cena de las Bodas del Cordero; y luego venir, regresar a la Tierra con Cristo, para el Gran Reino Milenial.

• Ese Reino Milenial también, como Reino, es el Reino prometido, la tierra prometida como Reino para todos los hijos e hijas de Dios.

• Y en el tercer éxodo, vean ustedes, salen todos los escogidos de Dios del Día Postrero y los escogidos de Dios de las siete edades de la Iglesia gentil; porque ellos serán resucitados en cuerpos eternos, y nosotros los que vivimos seremos transformados, y nos iremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Pero luego regresaremos a la Tierra para el glorioso Reino Milenial, para esa tierra prometida como Reino, para estar con Cristo disfrutando las bendiciones del Reino de Dios establecido en la Tierra por nuestro amado Señor Jesucristo.

Cristo dijo, en la oración que les enseñó a Sus discípulos, que una de las cosas que pidieran al Padre fue: “Venga Tu Reino. Hágase Tu voluntad, así como en el Cielo, aquí en la Tierra”15. Y eso se cumplirá plenamente en el Reino Milenial.

Pero antes tiene que venir el Hijo del Hombre, Cristo, el Espíritu Santo, manifestado en carne humana para el éxodo del Día Postrero, para llevarnos a ese glorioso Reino Milenial; y para eso tiene que transformar nuestros cuerpos, y resucitar a los muertos en Cristo, y llevarnos primero a la Cena de las Bodas del Cordero, que es la recepción de las Bodas del Cordero con Su Iglesia.

Ahora, hemos visto este misterio del éxodo del Día Postrero; y hemos visto cómo viene el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, manifestado en y para el éxodo del Día Postrero; para la liberación de la simiente de Abraham, la simiente celestial de Abraham, que será liberada, libertada: será transformada de mortales a inmortales; y los muertos en Cristo serán resucitados y se levantarán inmortales para estar con nosotros.

Ahora vean cómo, para este tiempo final, el éxodo del Día Postrero nos traerá todas esas grandes bendiciones que Dios ha prometido en el Antiguo Testamento y Nuevo Testamento para la simiente de Abraham.

También el pueblo hebreo será beneficiado en este éxodo del Día Postrero, recibirá también sus bendiciones; porque en Israel es que será establecida la capital del glorioso Reino Milenial del Mesías, del Cristo, del Ungido; y el Trono de David será restaurado; y el Reino de David será restaurado por el Mesías; y gobernará sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones.

En Su Venida, viniendo Cristo en el éxodo del Día Postrero manifestado en Su Ángel Mensajero, manifestado en carne humana, el pueblo hebreo, en cierta parte del ministerio del Día Postrero, lo verá, y dirá: “Este es al que nosotros estamos esperando”.

En la página 22 y 23 del libro de Citas, página 22, verso 176, dice:

176 – “Y allí están los dos testigos (o sea, los Dos Olivos, Moisés y Elías). Y cuando ellos atormenten al mundo con sus predicaciones, y reúnan otra vez a los judíos, trayéndolos a arrepentimiento, trayéndolos otra vez a que crean… Cuando vean a Jesucristo viniendo por la Novia, ellos dirán: ‘Mirad, este es el Dios a quien esperábamos. ¡Este es Él!’. Pero Él no viene por ellos, viene por Su Novia”.

Y más abajo, aquí mismo, dice:

176 – “Cuando el Señor Jesucristo venga por su Novia, y ellos lo vean a Él, ellos dirán: ‘Este es el que hemos esperado, allí está Él.’ Él se levantará con sanidad en Sus Alas”.

Y ahora, vean, aquí en el libro de Los Sellos, página 57, dice:

“‘Y vi otro ángel fuerte descender del cielo, cercado de una nube, y el arco celeste sobre su cabeza (eso es Apocalipsis, capítulo 10)…’.

17. Ahora, si usted se fija bien, notará que esta persona es Cristo, porque aun en el Antiguo Testamento Él fue llamado el Ángel del Pacto; y Él ahora viene directamente a los judíos porque la Iglesia ha llegado a su fin. Bien, ahora continuando:

‘… y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego’.

18. ¿Recuerdan el Ángel de Apocalipsis capítulo 1? Este es el mismo. Un ángel es un mensajero, y él es un mensajero a Israel. ¿Ve usted? La Iglesia está a punto de ser raptada, Él viene por Su Iglesia”.

Aquí tenemos al Ángel del Pacto, al Ángel de Jehová, de Apocalipsis, capítulo 10, que es el mismo Ángel Fuerte que desciende del Cielo, el cual apareció en esta nube formada por ángeles, y uno de ellos era diferente a los demás. Ese es el Ángel que en el Día Postrero viene manifestado en carne humana para llevar a cabo el éxodo del Día Postrero; y ese es el Ángel que será visto manifestado en carne humana, y el pueblo hebreo dirá: “Este es al que nosotros estamos esperando”.

Cuando se habla con el pueblo hebreo o con algún rabino del pueblo hebreo con relación a la Venida del Mesías, a la Venida del Rey de Israel, ellos dan testimonio que lo que ellos están esperando es a un hombre, a un profeta; a un hombre, a un profeta en donde estará Dios manifestado en carne humana, donde estará el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, manifestado en carne humana, vestido de un cuerpo de carne humana.

Y para este Día Postrero, ese velo de carne, si lo encontramos, estaremos encontrando la manifestación del Ángel de Jehová, del Ángel del Pacto, del Ángel que era diferente a los demás, manifestado en carne humana a través de un hombre de este Día Postrero: a través del Ángel del Señor Jesucristo.

Hemos visto el misterio de “EL ÉXODO DEL DÍA POSTRERO”; y hemos visto que la manifestación del Ángel de Jehová, del Ángel del Pacto, de Jesucristo en Espíritu Santo para este Día Postrero, sería (¿dónde?) en el territorio latinoamericano y caribeño.

• En la América Latina y el Caribe es donde el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, se manifiesta en carne humana en Su Ángel Mensajero, y manifiesta el éxodo del Día Postrero; y de ahí la bendición se extenderá hacia otras naciones, y llegará hasta el pueblo hebreo.

Para poder entrar a la tierra prometida del Reino Milenial, las personas, y aun también las naciones, tienen que entrar al éxodo del Día Postrero. Y ahí está la oportunidad grande para la América Latina y el Caribe; porque en el éxodo que Dios llevó a cabo por medio del profeta Moisés, no solamente entraron los hijos de Israel, sino que también muchas personas: gentiles también fueron en ese éxodo hacia la tierra prometida.

“EL ÉXODO DEL DÍA POSTRERO”.

Hemos visto lo que es el Día Postrero, que es el séptimo milenio.

Hemos visto quién es el que lleva a cabo el éxodo del Día Postrero: es el mismo que llevó a cabo el éxodo del tiempo de Moisés y el éxodo del tiempo de Jesús: es el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob: el Verbo, que era con Dios y era Dios, y se hizo carne y habitó en medio del pueblo hebreo, y fue conocido por el nombre de Jesús; el cual ha estado en medio de Su Iglesia de edad en edad, y en este tiempo final estaría en la Edad de la Piedra Angular de la Iglesia del Señor Jesucristo, dándonos Su Mensaje del Evangelio del Reino y llevando a cabo el éxodo del Día Postrero.

Ha sido para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de “EL ÉXODO DEL DÍA POSTRERO”.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también; y pronto se complete el número de los escogidos de Dios; y pronto los muertos en Cristo resuciten en cuerpos eternos, y nosotros los que vivimos seamos transformados. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Y seamos llevados a la Cena de las Bodas del Cordero, al Cielo, a la Casa de nuestro Padre celestial. Amén y amén.

Que las bendiciones de Cristo continúen con todos ustedes.

Los que siguieron a Moisés en el éxodo, estaban siguiendo al Ángel del Pacto, a Jesucristo; y los que siguieron al Ángel del Pacto, a Jesucristo, en el segundo éxodo, vean ustedes, estaban siguiendo al Ángel de Jehová, a Jesucristo.

Y en este tercer éxodo, en este éxodo del Día Postrero, los que seguimos al Ángel del Pacto, al Ángel que era diferente a los demás, estamos siguiendo a nuestro amado Señor Jesucristo.

Y nosotros decimos: “Sigo a Cristo”, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová.

Y mientras seguimos a Cristo, hablemos de Cristo, dando testimonio de Cristo, llevando Su Mensaje correspondiente al éxodo del Día Postrero.

En el éxodo del Día Postrero seguimos a Cristo, el Ángel del Pacto; hablamos de Cristo, el Ángel del Pacto; y mantenemos nuestra fe en Cristo, el Ángel del Pacto. Con la fe puesta en Cristo, el Ángel del Pacto. Y así es como llegaremos a la tierra prometida del nuevo cuerpo y a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial.

Cristo es nuestra Roca; la misma roca que apareció en el desierto en dos ocasiones, que representa a Cristo. Ahora tenemos a Cristo, la Roca, con nosotros, como en el primer éxodo y el segundo éxodo, y ahora en el éxodo del Día Postrero.

Y Él en Su Amor Eterno nos habla directamente a nuestra alma y nos da a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en EL ÉXODO DEL DÍA POSTRERO.

Es Amor, Amor Eterno, el que Él expresa, manifiesta, para cada uno de ustedes y para mí también; y desde lo profundo de nuestra alma también nosotros le manifestamos nuestro amor a nuestro amado Señor Jesucristo. “Amor Eterno”, ese es el Amor de Dios para cada uno de nosotros.

“EL ÉXODO DEL DÍA POSTRERO”.

[Revisión octubre 2021]

1 Éxodo 1:8-10

2 Santiago 2:23; Isaías 41:8, 2 Crónicas 20:7

3 Génesis 14:18-20

4 Génesis 18:1-8

5 San Juan 1:18, 1 Juan 4:12

6 Génesis 12:1

7 Salmos 23:1-2

8 San Juan 5:43

9 San Mateo 3:11, San Lucas 3:16

10 Apocalipsis 11:15

11 Génesis 50:25, Éxodo 13:19, Josué 24:32

12 San Juan 10:11

13 26 millas de altura = 41.8 km; 30 millas de ancho = 48.3 km

14 San Lucas 22:3-4, San Juan 13:27

15 San Mateo 6:10, San Lucas 11:2

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