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Trabajando mientras el Padre trabaja
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Trabajando mientras el Padre trabaja

Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes, y ministros presentes aquí en Franca, San Pablo, Brasil. Es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final; porque no deseamos que se nos escape el Programa de Dios correspondiente a nuestro tiempo, como sucedió en los días de Juan el Bautista y Jesús de Nazaret, que a la religión hebrea y sus grandes líderes religiosos, como el sumo pontífice y el Concilio de la religión hebrea, el Concilio del Sanedrín (compuesto por setenta sabios hebreos, con doctorados en divinidad, o sea, en teología), se les escapó el evento más grande correspondiente a aquel tiempo, que fue la venida del precursor de la Primera Venida de Cristo, y la Venida del precursado, que fue el Señor Jesucristo, el Mesías.

Y luego Jesús dijo: “Mas a vosotros es concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, mas a ellos (a aquellos grandes sabios) no les fue concedido; mas a ellos no es concedido conocerlos”1.

También dijo: “Bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. Porque muchos de los profetas y de los sabios desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron”2.

¿Qué estaban viendo ellos? Estaban viendo la Venida del Mesías, y estaban allí con Él; y podían decir: “Nosotros somos amigos del Mesías, de Jesús”. Y también podían decir: “Él es nuestro amigo”.

¿Y Jesucristo diría algo así de ellos? Claro que sí. Jesús dijo: “Vosotros sois mis amigos, porque os he dicho todas las cosas”. Porque los amigos se cuentan las cosas unos a otros; y ahora Jesucristo les había contado las cosas del Padre celestial. Por eso Jesús dijo: “Por eso yo les he llamado amigos, mis amigos”3.

A otro hombre Dios le llamó “Su amigo”. ¿Saben a quién fue? A Abraham. Abraham fue llamado “amigo de Dios”4.

Y ahora nosotros queremos en nuestro tiempo que Él nos cuente todas las cosas de Su Reino y así podamos decir: “Él es nuestro amigo: ¡Nuestro Señor Jesucristo!”. Es nuestro Salvador, pero también Él es nuestro amigo.

Vamos a leer en San Juan, capítulo 5, versos 17 en adelante, donde nos dice:

“Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.

Por esto los judíos aún más procuraban matarle, porque no solo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios.

Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente.

Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis.

Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida.

Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo,

para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.

De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.

De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.

Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo;

y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre.

No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;

y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.

No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.

Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.

Otro es el que da testimonio acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra, y nos abra Su Palabra y nos permita entender Su Palabra. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Nuestro tema para esta ocasión es: “TRABAJANDO MIENTRAS EL PADRE TRABAJA”.

“Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo”.

Para los días de la Primera Venida de Cristo, las profecías correspondientes a aquel tiempo daban testimonio de que vendría un hombre clamando en el desierto, un hombre que vendría preparándole el camino al Señor; y ese fue Juan el Bautista; y cumplió la profecía de Malaquías, capítulo 3, verso 1, que dice:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros”.

Después de este precursor que vendría preparándole el camino, aparecería el Señor Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; el que le apareció al profeta Moisés en una zarza allá en el desierto del Sinaí y le dijo: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”. Ese Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob vendría al pueblo hebreo. Ese es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová.

¿Cómo vendría? Vendría en forma visible, vendría vestido de carne humana; pero enviaría un mensajero preparándole el camino.

En Malaquías tenemos esa profecía, y también en Isaías, capítulo 40, verso 3 en adelante, donde dice:

“Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová…”.

¿A quién le iba a ser preparado el camino? A Jehová, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

“… enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios.

Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane.

Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado”.

Y luego el mismo capítulo 40 de Isaías, verso 9 al 10, dice:

“Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sion; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala, no temas; di a las ciudades de Judá: ¡Ved aquí al Dios vuestro!

He aquí que Jehová el Señor vendrá con poder, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene con él, y su paga delante de su rostro”.

Ahora, en estos pasajes podemos ver cómo Dios enviaría a un hombre, a un profeta, preparándole el camino; porque Dios vendría manifestado en carne humana. El Verbo, que era con Dios y era Dios, y creó todas las cosas, se haría carne; y se hizo carne, y habitó entre los seres humanos (San Juan, capítulo 1, verso 1 al 18). El verso 14 dice: “Y aquel Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros”.

El Verbo hecho carne es el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, y el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, viniendo al pueblo hebreo, que era el pueblo que tenía la promesa de la Primera Venida de Cristo.

¿Y cuál es el pueblo que tiene la promesa de la Segunda Venida de Cristo? Los gentiles, la Iglesia gentil; porque el pueblo hebreo todavía no sabe que ya la Primera Venida de Cristo se cumplió. Por lo tanto, no puede el pueblo hebreo decir: “Nosotros estamos esperando la Segunda Venida de Cristo”. Si llegan a decir: “Estamos esperando la Segunda Venida”, tienen que creer primero en la Primera Venida de Cristo; pero ellos están esperando la Venida del Mesías.

Ahora, encontramos que la Venida del Mesías tiene dos partes. Esas dos partes son: Su Primera Venida, como Cordero de Dios en Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario; y Su Segunda Venida, como León de la tribu de Judá en Su Obra de Reclamo para este tiempo final.

Ahora, veamos cómo para la Primera Venida de Cristo Dios enviaría un mensajero, un profeta, preparándole el camino. Y cuando apareció ese profeta muchas personas lo interrogaron, porque querían saber quién era ese hombre, porque algunas personas pensaban que Juan el Bautista era el Mesías. Y le preguntaron: “¿Quién tú eres?”. En San Mateo, capítulo 3, verso 1 en adelante, dice:

“En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea,

y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.

Pues este es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo:

Voz del que clama en el desierto:

Preparad el camino del Señor,

Enderezad sus sendas”.

Podemos ver que este hombre tan sencillo, llamando al pueblo al arrepentimiento y bautizando a las personas que creían en su Mensaje, estaba cumpliendo la promesa del precursor de la Primera Venida de Cristo, que le prepararía el camino.

Y muchas personas no se daban cuenta que ese hombre llamado Juan el Bautista era el Elías prometido en Malaquías para convertir el corazón de los padres a los hijos. Y convertir el corazón de los padres a los hijos era convertir la fe de los padres, que estaban bajo la Ley, a la fe de los apóstoles, o sea, a la fe cristiana.

Vino preparando un pueblo para pasarlos del Mensaje de la Ley al Mensaje de la Gracia; él vino preparando el terreno, vino preparando el pueblo al Señor. Y luego presentó al Mesías. Y dijo siempre en su Mensaje: “Yo no soy el Mesías. Él viene después de mí”.

Muchos pensaban que Juan era el Mesías, pero él siempre decía: “Yo no soy el Mesías. Él viene después de mí”. Y cuando vino, Juan dijo: “Yo no lo conocía, pero el que me mandó a bautizar me dijo: Sobre aquel que tú veas al Espíritu Santo descender en forma de paloma y permanecer sobre él, ese es Él (o sea, ese es Aquel al cual tú le estás preparando el camino)”5.

Vean aquí, Juan el Bautista, en San Juan, capítulo 1, dice, versos 25 en adelante… Aquí está lo que les había dicho. Verso 19 en adelante (para que tengan el cuadro claro), dice:

“Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas para que le preguntasen: ¿Tú, quién eres?

Confesó, y no negó, sino confesó: Yo no soy el Cristo.

Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió: No.

Le dijeron: ¿Pues quién eres? para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?

Dijo: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías”.

Se identificó con la profecía de Isaías, capítulo 40, verso 3 en adelante; y por consiguiente queda identificado como el mensajero de Malaquías, capítulo 3, verso 1, el cual el Señor enviaría delante de Él.

Ahora, cuando nos dice la Escritura: “La Voz de uno que clama en el desierto”, siempre que las Escrituras nos hablan de una Voz clamando, de un Trueno hablando o de una Trompeta sonando o hablando, tiene que haber un hombre a través del cual venga esa Voz de Dios hablándole al pueblo.

Y ahora, “la Voz de uno clamando en el desierto” era un profeta dando un Mensaje de Dios para el pueblo hebreo; y con ese Mensaje preparando al pueblo para recibirlo en Su Primera Venida. Eso era “la voz de uno que clama en el desierto”.

Ahora, podemos ver que ese profeta era un profeta grande en el Programa Divino, fue el mensajero último de la Dispensación de la Ley. Por eso es que Jesús dice: “Los profetas hasta Juan profetizaron, los profetas y la Ley”6.

Ahora, eso no quiere decir que después de Juan el Bautista no iban a venir más profetas; más bien lo que eso significa es que de la Dispensación de la Ley no vendrán más profetas, pero después de Juan el Bautista apareció un profeta mayor que Juan: nuestro amado Señor Jesucristo, un profeta dispensacional, mayor que Juan; pero Juan también lo sabía, que Jesús era mayor que él.

¿Que Juan lo sabía? Claro que sí. Nos dice Juan: “Después de mí viene Uno que era primero que yo y que es mayor que yo”. Y era primero que Juan, y viene después de Juan.

Ahora, podemos ver que el que viene después que Juan es mayor que Juan. El precursor es menor que el precursado.

Ahora, vean cómo sigue hablando Juan el Bautista, y cómo le siguen preguntando a él, y sigue la conversación; y al final dice:

“Y los que habían sido enviados eran de los fariseos.

Y le preguntaron, y le dijeron: ¿Por qué, pues, bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta?

Juan les respondió diciendo: Yo bautizo con agua; mas en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis”.

Juan el Bautista sabía que ya en la Tierra estaba el Mesías, aunque Juan no lo conocía; lo vino a conocer después que lo bautizó. Aunque cuando Juan estaba en el vientre de su madre, y la virgen María fue a visitar a Elisabet, Juan el Bautista en el vientre de su madre brincó de alegría, porque allí estaba también el Mesías: Jesús en el vientre de María.

Ahora, vean ustedes, Juan el Bautista dice:

“Este es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado.

Estas cosas sucedieron en Betábara, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando.

El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón (o sea, viene un hombre), el cual es antes de mí; porque era primero que yo”.

¿Y cómo es posible que era primero que Juan, y nació después de Juan? En la misma forma que era posible y que fue posible que Jesús era primero que Abraham. ¿No dijo Jesús: “Antes que Abraham fuese, yo soy”? San Juan, capítulo 8, versos 51 en adelante, ahí nos dice el mismo Jesús que antes que Abraham fuese…; capítulo 8, verso 56 en adelante, ahí está:

“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.

Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy”.

Y si era antes que Abraham, era antes que Juan el Bautista también; así que Juan el Bautista está correcto en lo que está diciendo.

Ahora, cuando Jesús dice estas cosas:

“Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue”.

No se dieron cuenta que allí estaba un hombre el cual, en Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión, ya existía antes que Juan el Bautista y antes que Abraham.

Él es el Verbo que era con Dios y era Dios, Él es Aquel que libertó al pueblo hebreo, y Él es Aquel que comió con Abraham; y Abraham se gozó, porque Abraham allí estaba viendo la representación de lo que sería la Venida del Señor en forma humana; porque allí estaba en forma humana Dios con Abraham comiendo, y también los Arcángeles Gabriel y Miguel; y eso fue el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra7.

Ahora, podemos ver que allí estaba Uno mayor que Abraham, y que era antes que Abraham; y es mayor que Juan el Bautista también.

Y ahora, Juan el Bautista dice que él no es digno de desatar la correa de Su calzado:

“… del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado.

Estas cosas sucedieron en Betábara, al otro lado del Jordán (dice la Escritura)”.

Pero ahora, cuando Juan ve a Jesús y lo presenta como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, y dice:

“Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo.

Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua”.

Ahora, para que sea manifestado a Israel el Mesías en Su Venida, viene Su precursor bautizando en agua a la gente que se arrepiente.

Tenemos el Israel terrenal, que es el pueblo hebreo, el cual estaba esperando la Venida del Mesías en aquel tiempo; se cumplió la venida del precursor y del precursado, del Mesías, y no se dieron cuenta.

Y ahora tenemos el Israel celestial, que es la Iglesia del Señor Jesucristo, que tiene la promesa de la Segunda Venida de Cristo y también la promesa del precursor de la Segunda Venida de Cristo.

No se dieron cuenta allá, la religión hebrea con el sumo sacerdote y el Concilio del Sanedrín, no se dieron cuenta que allí estaban el precursor y el precursado presentes, en el cumplimiento de la Venida del Mesías y el precursor del Mesías (allí presente también).

Para el tiempo final, el cristianismo tendrá la venida del precursor de la Segunda Venida de Cristo, el Elías que tiene que venir en este tiempo final precursando la Segunda Venida de Cristo; y luego tendrá la Venida del Señor, la Venida del Mesías, la Venida del Ungido.

Y vamos a ver esto en esta noche, porque esto es lo más importante para la Iglesia del Señor Jesucristo en este tiempo final.

Para el pueblo hebreo, en aquellos días de Jesús y Juan el Bautista, ¿qué era lo más importante? ¿Los programas que ellos tenían, los programas religiosos? ¡No! ¡La Primera Venida de Cristo, con Su precursor allí presente!

Y para los que no pensaron en esa forma, Jesús dijo: “En vano me honráis”8. Estaban guardando mandamientos humanos.

Pero Jesús les decía: “Escudriñad las Escrituras, porque ellas son las que dan testimonio de mí. A ustedes les parece que tenéis la vida eterna en las Escrituras; pues ellas son las que dan testimonio de mí”9. Pues las Escrituras decían que el Mesías vendría al pueblo hebreo; y vino, y no le dieron importancia:

“A lo Suyo vino, y los Suyos…”10: el pueblo hebreo como nación no le recibió; ni la religión hebrea, tampoco lo recibió; ni el sumo pontífice ni el Concilio del Sanedrín, tampoco le dieron la bienvenida; más bien lo condenaron: dijeron que era un falso, que había blasfemado, y lo condenaron a muerte, a su propio Mesías, al que estaban esperando. No les gustó la forma en que se cumplió la Venida del Mesías.

Cuando Dios promete algo grande, lo cumple en forma sencilla; y cuando promete algo más grande, lo cumple en forma más sencilla todavía.

Prometió la venida del precursor de la Primera Venida de Cristo, y cumplió esa promesa en forma sencilla: en Juan el Bautista. Y cuando prometió también la Venida del Mesías, que es una promesa mayor, la cumplió en forma más sencilla: un joven carpintero de Nazaret era el hombre en el cual se estaba cumpliendo la Venida del Mesías; en un obrero de la construcción se estaba cumpliendo la promesa más grande correspondiente a aquel tiempo.

Quizás muchas personas podían decir: “Si él fuera un sumo sacerdote, la cosa sería diferente. Si fuera el hijo del sumo sacerdote, pues el sumo sacerdote lo respaldaría; y todos creerían en él. Si fuera el hijo del hombre más millonario del pueblo hebreo, el sumo sacerdote lo respaldaría, porque estaría al nivel de la alta sociedad, y el sumo sacerdote pertenece a la alta sociedad; por lo tanto, toda la alta sociedad lo respaldaría”.

Pero vino el cumplimiento de la Venida del Mesías en un joven carpintero, en un obrero de la construcción. No fue respaldado por la alta sociedad, no fue respaldado por el Concilio del Sanedrín (Concilio de la religión hebrea), no fue respaldado por el sumo sacerdote; porque ellos estaban en un nivel de la alta sociedad, y Jesús estaba en un nivel bajo, del común del pueblo.

Un obrero de la construcción no es un hombre de la alta sociedad; sin embargo, por cuanto había nacido por medio de la virgen María: era un Príncipe, ¡un descendiente de David!, aunque era pobre.

¿Y saben ustedes una cosa? Aunque ustedes sean pobres, aunque ustedes no sean de la alta sociedad, por cuanto ustedes han venido por medio de Jesucristo nuestro Salvador, al recibirlo como nuestro Salvador y recibir Su Espíritu Santo, al lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo: ahora nosotros pertenecemos a una Nueva Creación: pertenecemos a la Iglesia de Jesucristo; y por consiguiente somos de la alta sociedad, pero no de la alta sociedad de esta Tierra, sino de la alta sociedad del Cielo; de la cual Dios es lo máximo, y nosotros: hijos de Dios, hijos del Rey del Universo.

Y ahora, vean ustedes, Dios nos ha colocado en la posición más alta del universo completo. No hay nadie que tenga una posición más alta que la que tienen los redimidos con la Sangre de Cristo. Son hijos, ¡somos hijos e hijas de Dios! Esa es la posición más alta en los Cielos y en la Tierra; no hay otra mayor. Estamos en la posición de la Realeza. Él es el Rey del Universo, y Jesucristo nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes11.

Ahora, no se preocupen si no tienen una posición alta aquí en la Tierra. Las posiciones de acá, terrenales, son temporales, eso es pasajero. La posición que ustedes tienen y que yo tengo en el Reino de Dios es para toda la eternidad.

Ahora, vean ustedes cómo las cosas grandes vienen en forma sencilla; porque Dios obra Sus promesas grandes en forma sencilla. Él prometió enviar a Sus hijos aquí a la Tierra, y los envía en forma sencilla; pero lo grande lo llevamos por dentro: a Cristo dentro de nosotros; y nuestra alma, que viene de Dios, es grande: viene del Cielo, es parte de Dios, somos parte de Dios; por eso es que somos hijos e hijas de Dios.

Y para los hijos e hijas de Dios, vean ustedes, Dios envió el cumplimiento de la venida del precursor y la Venida del precursado: la Primera Venida de Jesucristo y Su precursor; y para el Día Postrero tenemos la promesa de la Segunda Venida de Cristo y Su precursor.

Si fue todo sencillo dos mil años atrás, ¿será sencillo para el Día Postrero? Claro que sí.

Ahora, muchas personas dicen: “Sabemos que Elías tiene que venir antes que venga el día grande y terrible de Jehová”. Ese es el precursor de la Segunda Venida de Cristo, así como Juan el Bautista fue el precursor de la Primera Venida de Cristo.

Jesucristo dijo de Juan el Bautista: “Si ustedes lo quieren recibir, él es aquel Elías que había de venir”. San Mateo, capítulo 11, verso 14; ahí está lo que Jesucristo dice acerca de Juan el Bautista: “Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir”.

Había dicho de Juan: “Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan”. O sea que más profecías por medio de profetas del Antiguo Testamento no vendrían, no habría más profetas del Antiguo Testamento; el último fue Juan el Bautista.

Ahora los profetas que vendrían: vendrían en el Nuevo Testamento, aparecerían en la Dispensación de la Gracia. Y apareció allí el primero, el más grande: el profeta dispensacional Jesús; y luego Jesús colocó en Su Iglesia apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros12.

Ahora podemos ver que siempre que una dispensación aparece, los profetas de la dispensación anterior terminan; y entonces comienza el Programa Divino de una nueva dispensación.

Ahora, Jesús también dijo de Juan el Bautista: “De los nacidos de mujer, no hubo ninguno mayor que Juan”. San Mateo, capítulo 11, verso 11, dice:

“De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él”.

El más pequeño del Reino de los Cielos es mayor que Juan el Bautista.

¿Y cómo puede ser posible esto? Porque en el Antiguo Testamento encontramos a los profetas, que son los siervos de Dios, pertenecen al pueblo de los siervos, pertenecen al pueblo hebreo; y en el Nuevo Testamento los creyentes en Jesucristo, lavados con la Sangre de Jesucristo, llenos del Espíritu de Cristo, los cuales —por consiguiente— han recibido el nuevo nacimiento y han nacido en el Reino de Dios: son hijos e hijas de Dios.

¿Y qué es más grande para Dios: un hijo o un siervo? Un hijo es mayor. No importa que sea recién nacido, es mayor; y es el heredero. Un hijo es heredero. Un siervo no es heredero. Por lo tanto, un hijo es mayor, aunque sea el más pequeño.

¿Vieron que no hay contradicción en las Escrituras?

Ahora, podemos ver que el más pequeño del Reino de los Cielos es mayor que Juan el Bautista.

Encontramos que para la Primera Venida de Cristo, Dios envió a Juan el Bautista: un poderoso profeta. Y luego Juan el Bautista habló de Uno que vendría después de él. Y cuando apareció, Juan el Bautista dijo: “Este es el hombre, este es el varón, del cual yo dije que vendría después de mí. Yo no soy digno de desatar la correa de Su calzado”. Él dijo: “Yo les bautizo en agua, pero Él les bautizará en Espíritu Santo y Fuego”13.

Y ahora, los que siguieron a Juan el Bautista en aquellos días, dos de ellos, Juan y Andrés, escucharon a Juan el Bautista decir: “He aquí el Cordero de Dios”, y se fueron detrás de Jesús.

Dos de los discípulos de Juan dejaron a Juan y se fueron con Jesús. No se fueron enojados con Juan; más bien se fueron agradecidos a Juan de que les había mostrado el varón, el hombre, que vendría después de él, que era mayor que él. Y si era mayor que Juan, los discípulos de Juan ¿a quién tenían que seguir: al menor o al mayor?

Juan el Bautista había dicho en una ocasión acerca de Jesús…, cuando le dijeron: “Mira, ahora aquel del cual tú diste testimonio, a él le siguen más personas que a ti, y bautiza más personas que tú”. Juan el Bautista dice: “A Él le conviene crecer, y a mí menguar”14.

Juan el Bautista no estaba celoso. Juan el Bautista estaba consciente de que el venía después de él era mayor que él; y ese era el que bautizaría con Espíritu Santo y Fuego.

Juan el Bautista llegaba hasta el bautismo en agua; de ahí en adelante continuaba Jesús, el cual prometió a Sus discípulos el bautismo del Espíritu Santo y Fuego.

Para recibir el bautismo del Espíritu Santo y Fuego, que son las primicias del Espíritu, ¿a quién había que seguir? A Jesús.

Los que creyeron en Juan el Bautista y luego siguieron a Jesús: hicieron correctamente; porque Juan el Bautista enseñaba que creyeran en el que vendría después de él.

En el libro de los Hechos, capítulo 19, verso 1 en adelante, San Pablo le enseña a los discípulos de Juan el Bautista que Juan el Bautista enseñó que creyeran en el que vendría después de él. Fue que San Pablo encontró a unos discípulos de Juan, por allá por Éfeso, y les preguntó: “¿Ustedes recibieron el Espíritu Santo después que creyeron (o cuando creyeron)?”. Capítulo 19:

“Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso, y hallando a ciertos discípulos,

les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo”.

Y Juan el Bautista les había dicho: “El que viene después de mí les bautizará con Espíritu Santo y Fuego”. Como que no conocían muy bien el Mensaje de Juan, aunque Juan les había hablado del que vendría después de él.

Es muy importante escudriñar los mensajes del precursor de la Venida del Señor, porque en los mensajes del precursor está lo que hará el precursado, el que vendrá después del precursor.

Y allí estaba —dicho por el precursor— lo que haría el precursado: “Él les bautizará con Espíritu Santo y Fuego”.

Ahora, ellos ni sabían que había Espíritu Santo.

“Entonces dijo (Pablo): ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan.

Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo.

Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.

Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.

Eran por todos unos doce hombres”.

Ahora, ¿quiénes eran los que estaban recibiendo el Espíritu Santo, y por consiguiente el nuevo nacimiento? Los creyentes y seguidores del precursado; o sea, los creyentes de Jesucristo.

Los creyentes en Juan el Bautista solamente se quedarían con el bautismo en agua. Para poder recibir el Espíritu Santo, y así nacer de nuevo, tenían que seguir a aquel varón que vendría después de Juan el Bautista, esto es, a Jesucristo.

Y el bautismo del Espíritu Santo son las primicias del Espíritu, en donde la persona, al creer en Jesucristo como su Salvador y lavar sus pecados en la Sangre de Cristo, luego recibe el Espíritu de Cristo; y por consiguiente recibe el nuevo nacimiento, nace en el Reino de Dios; y así recibe un cuerpo teofánico de la sexta dimensión.

Para el Día Postrero tenemos la promesa de que todos los hijos e hijas de Dios recibirán, en adición a las primicias del Espíritu, en adición al bautismo del Espíritu Santo y nuevo nacimiento: recibirán la plenitud del Espíritu Santo; y por consiguiente recibirán la transformación de sus cuerpos: recibirán un cuerpo eterno, los que estamos vivos, y los muertos en Cristo serán resucitados en un cuerpo eterno.

¿Para quiénes será esta bendición? Esta bendición será para los escogidos de Dios que en el Día Postrero estarán escuchando la Gran Voz de Trompeta. “Porque la Trompeta Final sonará, y los muertos en Cristo se levantarán primero, se levantarán en cuerpos incorruptibles, y nosotros los que vivimos seremos transformados”15. Se requiere que estemos escuchando la Trompeta Final.

Cuando nos habla de una Voz clamando, o una Trompeta hablando o sonando, o un Trueno sonando, es un hombre proclamando un Mensaje.

Y ahora tenemos la promesa, para el Día Postrero, de la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final llamando y juntando a todos los escogidos de Dios; esa es la Voz de Cristo hablándole a Su pueblo en el Día Postrero.

Por eso en Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11, nos dice:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor…”.

¿Cuál es el Día del Señor? El séptimo milenio; porque “un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día”16. Y los días postreros son el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Y ahora, el Día Postrero delante de Dios es el séptimo milenio; ese es el Día del Señor.

“… y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta…”

¿La voz de quién es esta gran voz como de trompeta? Vamos a ver de quién es:

“… que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

Es la Voz de Jesucristo nuestro Salvador; porque Él es el Alfa y Omega, Él es el primero y el último. Es Cristo hablándole a Su Iglesia en el Día Postrero, en el séptimo milenio. Y con Su Voz nos da Su Mensaje Final, y llama y junta a todos Sus escogidos en el Día Postrero:

“Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos”. San Mateo, capítulo 24, verso 31.

Y ahora, ¿qué estará hablando esta Voz?, ¿qué estará hablando Cristo en el Día Postrero? En Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, dice:

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo (aquí tenemos nuevamente esa Voz de Trompeta; es la Voz de Cristo. Dijo): Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas”.

La Voz de Cristo en el Día Postrero estará dando a conocer las cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Y ahora, ¿cómo vamos a escuchar esa Voz para poder comprender las cosas que estarán sucediendo en este tiempo final? En la misma forma en que la Voz de Cristo ha sido escuchada a través de estos dos mil años que han transcurrido.

San Pablo decía17: “No vivo ya yo, vive Cristo en mí”. Y en la manifestación del Espíritu Santo a través de los apóstoles, a través de San Pedro, a través de San Pablo y a través de los diferentes ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil, Cristo en Espíritu Santo ha estado hablando, y ha estado llamando y juntando a Sus hijos de etapa en etapa; y así ha estado cumpliendo Su promesa de San Juan, capítulo 10, verso 14 al 16, donde dice:

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

También tengo otras ovejas que no son de este redil (o sea, que no son del pueblo hebreo)<em>; aquellas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor”.

¿Cómo van a escuchar la Voz de Cristo? Por medio de la manifestación de Jesucristo en Espíritu Santo a través de cada uno de Sus mensajeros.

De edad en edad, Cristo ha estado en el mensajero de cada etapa manifestado: hablando, y llamando y juntando a Sus escogidos, y los ha estado colocando en Su Redil, que es Su Iglesia, Su Cuerpo Místico de creyentes.

Y para el Día Postrero, ¿cómo vamos a escuchar la Voz de Cristo dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto? Tiene que haber un instrumento a través del cual estas cosas que deben suceder sean dadas a conocer.

Ese instrumento tiene que ser un hombre ungido con el Espíritu Santo en el Día Postrero, tiene que ser un profeta.

Y ahora, vamos a ver si la Biblia nos habla de algún mensajero a través del cual sean dadas a conocer estas cosas; porque si es una promesa, tiene que ser cumplida esa promesa a la Iglesia de Jesucristo en este Día Postrero. Apocalipsis, capítulo 22, verso 6 en adelante, dice:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

Ahí tenemos al Ángel Mensajero, al profeta mensajero de Jesucristo, enviado para darle a conocer a la Iglesia de Jesucristo todas estas cosas que deben suceder pronto. Ese es el enviado de Dios para este tiempo final, para dar a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, las cuales Jesucristo dijo que las daría a conocer a los que subieran donde Él estaba: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”.

Hay que subir a la Edad de la Piedra Angular, que es la Edad de Oro de la Iglesia de Jesucristo; y ahí Jesucristo estará manifestado en Espíritu Santo en Su Ángel Mensajero, en este Ángel Mensajero que Él envía para dar a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto. Así como habló por medio de los ángeles mensajeros de las siete edades, habla en el Día Postrero a Su Iglesia en la Edad de la Piedra Angular.

Apocalipsis 22, verso 16, dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

¿A quién ha enviado Jesucristo? A Su Ángel Mensajero, para dar testimonio de todas estas cosas que deben suceder, dar testimonio de estas cosas a las iglesias.

Por lo tanto, para el Día Postrero todas las iglesias tendrán la oportunidad y bendición de tener en la Tierra al Ángel Mensajero de Jesucristo dando testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto. Y el que es de Dios, oirá la Voz de Dios18, la Voz de Jesucristo por medio de Su Ángel Mensajero:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

¿Pero no es necesario que Elías venga primero, precursando la Segunda Venida de Cristo? Así dijeron los discípulos de Jesucristo, porque los fariseos y saduceos les habían dicho: “Es necesario que Elías venga primero y restaure todas las cosas”.

Mateo, capítulo 17, verso 10 en adelante, dice…, luego que bajaron del Monte de la Transfiguración, donde tuvieron la visión de la venida del Reino de Dios, con el Hijo del Hombre y Sus Ángeles viniendo en el Reino de Dios; y allí vieron a Moisés y a Elías, y a Jesús con Su rostro como el sol.

Y ahora, cuando bajan del Monte de la Transfiguración, en el capítulo 17, versos 10 al 13, nos dicen:

“Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?

Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas (está hablando del Elías que vendrá en este tiempo final, para la restauración de todas las cosas).

Mas os digo que Elías ya vino (ahora está hablando de Juan el Bautista), y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos.

Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista”.

Ahí podemos ver que no se habían dado cuenta (la gente) que allá el Elías, el precursor de la Primera Venida de Cristo, ya había venido y se había ido; había muerto, y todavía no se habían dado cuenta que Juan el Bautista era el Elías que tenía que venir en aquel tiempo.

Es que la religión de aquel tiempo esperaba el cumplimiento de esa profecía literalmente: esperaban que el profeta Elías, el cual se fue en un carro de fuego o platillo volador, regresara en un platillo volador, el mismo Elías.

Pero cuando Dios promete la venida de un profeta que ya vino en el pasado y tuvo su ministerio, cuando lo envía de nuevo, en el cumplimiento de la promesa de que enviará a Elías de nuevo, es la venida del Espíritu Santo en otro hombre operando el ministerio de Elías.

El ministerio de Elías fue manifestado en Elías Tisbita por el Espíritu Santo. Por eso San Pedro dice: “El Espíritu de Cristo que estaba en ellos (o sea, en los profetas), ese era el que preanunciaba los sufrimientos del Mesías”19.

Y ahora, el Espíritu de Cristo, el Espíritu Santo, en otro hombre viniendo y operando el ministerio de Elías, será el cumplimiento de la venida de Elías.

El ministerio de Elías estuvo en Elías Tisbita, operado por el Espíritu Santo; y después estuvo en una doble porción —manifestado por el Espíritu Santo— en Eliseo, el cual pidió una doble porción del espíritu que estaba en Elías; y le fue concedida.

Y cuando los hijos de los profetas vieron que Eliseo tomó el manto de Elías (cuando ya Elías se había ido en un carro de fuego) e hirió el Jordán: el Jordán se abrió, como lo había hecho el profeta Elías. Y dijeron los hijos de los profetas: “El espíritu de Elías ha reposado sobre Eliseo”20.

Fue la segunda ocasión en que el ministerio de Elías estuvo manifestado en la Tierra; pero estuvo manifestado en otro hombre: el velo de carne se llamaba Eliseo; el ministerio era el ministerio de Elías.

Y la tercera ocasión que ese ministerio fue manifestado en la Tierra fue en Juan el Bautista. Él es aquel Elías que había de venir preparándole el camino al Señor en Su Primera Venida.

Y la cuarta ocasión en que el ministerio de Elías sería manifestado en la Tierra sería como precursor de la Segunda Venida de Cristo. En el precursor de la Segunda Venida de Cristo estaría el ministerio de Elías operado por el Espíritu Santo por cuarta ocasión.

Y para los que digan y deseen saber con relación a Elías precursando la Segunda Venida de Cristo, les quiero decir que ya Elías vino y precursó la Segunda Venida de Cristo: fue el Espíritu Santo manifestado en el reverendo William Branham operando el ministerio de Elías por cuarta ocasión. ¡Ya vino y se fue! Y ya llevó a cabo su Obra, su labor: precursó la Segunda Venida de Cristo.

Ahora, ¿saben una cosa? Elías vendrá de nuevo, por quinta ocasión; y ese es el Elías que estará en medio de la Iglesia gentil y también en medio del pueblo hebreo, y que convertirá el pueblo hebreo.

Pero no vendrá Elías solo: vendrá Moisés también. Tendremos el ministerio de Elías por quinta ocasión, el ministerio de Moisés por segunda ocasión y el ministerio de Jesús por segunda ocasión.

¿Y quién es el que ha tenido esos ministerios y los ha operado? El Espíritu Santo. Fue el Espíritu Santo en Moisés, en Elías y en Jesús.

San Pablo dice en Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 2:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo”.

El mismo Dios, que habló por medio de los profetas en el Antiguo Testamento, habló por medio de Jesús. El mismo Dios, el mismo Espíritu Santo, es el que habló por medio de los profetas y el que operó esos ministerios en los profetas; y el que se manifestó en Jesús en toda Su plenitud y operó el ministerio de Jesús, el ministerio mesiánico.

Él es el único que tiene ministerios: el Espíritu Santo, y los opera de tiempo en tiempo en los profetas que Él envía.

Para este tiempo final, ¿qué será la venida de Elías en su quinta manifestación como uno de los Dos Olivos de Apocalipsis, capítulo 11, y de Zacarías, capítulo 4?

Porque esos Dos Olivos son los Dos Ungidos que están delante de la presencia de Dios.

El precursor de la Segunda Venida de Cristo, hablándonos de lo que será el ministerio de Elías por quinta ocasión (el cual convertirá el pueblo hebreo a Cristo, el cual estará juntamente con Moisés) y qué será Elías viniendo por quinta ocasión: en la página 399 del libro de Los Sellos en español, en la pregunta número 11, vean lo que le preguntan al reverendo William Branham:

11. El Elías que viene a predicar a los judíos, ¿es el verdadero Elías que estuvo en los días de Achab (o sea, es Elías Tisbita), o será solamente el espíritu de Elías en otro hombre?

(La contestación fue):

[94]. Yo he pensado que será un hombre de este tiempo ungido con ese espíritu; porque allá, cuando Elías ya había subido y Eliseo se encontró con los hijos de los profetas, ellos dijeron: El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo. Es que Eliseo obró igual a Elías.

¿Qué será la venida del ministerio de Elías por quinta ocasión? ¿Qué será la venida de Elías para predicarle al pueblo hebreo y convertirlos a Cristo? Será la venida de un hombre de este tiempo, ungido con ese ministerio de Elías. El Espíritu Santo estará en ese hombre, ungiéndolo con ese ministerio, y por consiguiente el ministerio de Elías estará por quinta ocasión en este planeta Tierra.

En el libro de Los Sellos también, página 449, dice:

“[54]. El único Espíritu que ha estado sobre la Tierra, que yo sepa, tendría que ser Elías, como fue en su tiempo; y así fue predicho que sería, porque su Espíritu fue nada menos que el Espíritu de Cristo. Cuando Cristo vino, Él fue la plenitud, fue el Dios de los profetas”.

Ahora, vean ustedes cómo el Espíritu Santo, el Espíritu de Cristo, estuvo en el profeta Elías (Elías Tisbita), estuvo en Eliseo, estuvo en Juan el Bautista…

El Arcángel Gabriel dijo, hablando de Juan el Bautista, antes de nacer, le dijo al sacerdote Zacarías que sería lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre21.

Es el Espíritu Santo el que tiene ministerios y opera esos ministerios en Sus mensajeros, que son enviados al pueblo de Dios. Así fue en el Antiguo Testamento y así es en el Nuevo Testamento.

Y para los que estén esperando a Elías en su quinta manifestación, dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo: “Será un hombre de este tiempo ungido con ese espíritu”. Así como fue Eliseo, así como fue Juan el Bautista y así como fue el reverendo William Branham: no eran literalmente el profeta Elías, pero el ministerio que estaba el Espíritu Santo operando en ellos era el ministerio de Elías. Era el ministerio de Elías teniendo un nuevo velo de carne y teniendo un nuevo nombre: el nombre que tenía el nuevo velo de carne.

Ahora podemos ver que cuando Dios promete la venida de un profeta que ya vino en el pasado, es la venida del Espíritu Santo en un hombre del tiempo en que Dios cumple esa promesa; y a través de ese hombre Dios cumple todo lo que ha prometido hacer bajo ese ministerio de ese profeta.

Ahora, hemos visto a través de la Escritura lo que haría Elías en su cuarta manifestación: precursaría la Segunda Venida de Cristo. Esa Obra Divina fue hecha por el Espíritu Santo a través del reverendo William Branham; él fue el precursor de la Segunda Venida de Cristo, y ya se fue.

Ahora, cuando él habló de la Venida del Señor, ¿saben ustedes lo que él dijo? Habló igual que Juan el Bautista. Vean ustedes lo que Juan el Bautista dijo: “Después de mí viene un hombre, un varón, del cual yo no soy digno de desatar la correa de Su calzado”. Y cuando le dijeron que aquel del cual él dio testimonio, a él venían más personas y le seguían más personas, y bautizaba más personas que Juan, él dijo: “A Él le conviene crecer, y a mí menguar”.

Juan era como el sol de la tarde, que va menguando hasta que desaparece; y Jesús como el sol de la mañana, que va creciendo hasta que el día es perfecto.

¿No dijo Jesús: “Yo soy la Luz del mundo”? Cuando el sol sale, sale para recorrer el mundo completo.

Ahora, en el tiempo de la tarde, cuando el sol está menguando, ¿qué hace? Está alumbrando en el último lugar que va a alumbrar, y ya se está desapareciendo; pero vendrá un nuevo día. Ya eso nos habla de un nuevo día dispensacional, de una nueva dispensación, donde sale el Sol en la mañana.

Ahora, muchas veces la gente ve la puesta del sol, y se emocionan; y cuando el sol desaparece, lloran. Eso sucedió cuando Juan el Bautista fue preso: ahí la puesta del Sol estaba efectuándose; y cuando murió Juan el Bautista, allí murió el Sol de la tarde, y todos se pusieron tristes. Pero los que siguieron a Jesús estaban con el Sol de un nuevo día, de una nueva dispensación, con la Luz de un nuevo día dispensacional; y estaban muy felices y contentos, aunque les causó tristeza la muerte de Juan el Bautista. Pero con Jesucristo en medio de ellos, la bendición de Dios era tan abundante que estaban regocijándose con la Luz de un nuevo día dispensacional.

Y ahora, veamos lo que dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo. En la página 474 y 475 del libro de Los Sellos, dice:

“[173]. Yo no sé quién será (está hablando de uno que vendrá después de él), ni qué va a suceder. ¡No sé! Solamente sé que esos Siete Truenos contienen el misterio por cuya razón hubo silencio en el Cielo. ¿Todos entienden?

174. Quizás sea ahora el tiempo y la hora cuando aparezca esta gran persona que hemos estado esperando (está hablando como Juan el Bautista, como habló Juan el Bautista: diciendo que después de él vendría otro, un varón). Quizás este ministerio, por el cual he tratado de convertir a la gente a la Palabra, ha servido de fundamento. Si así es, entonces les estaré dejando para siempre”.

Por eso se tuvo que ir: porque ya había terminado su labor. Y ahora hay un Mensaje de fundamento para el que viene después de él; para el que viene, al cual él le preparó el camino.

“No habrá dos aquí al mismo tiempo. Y aun si así fuera, él crecerá y yo menguaré”.

Está hablando como habló Juan el Bautista; y está hablando de otro hombre, de otro profeta, de otro varón, que vendrá después de él, al cual él le ha preparado el camino. Y él dice: “Yo no sé quién será, ni qué va a suceder”. Y ahora colocó el fundamento para el que vendrá después de él.

En la página 277 del libro de Los Sellos, hablándonos del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es la Venida del Señor, nos dice:

“[240]. … pedimos que el Espíritu Santo venga ahora mismo, el Jinete del verdadero caballo blanco, mientras Su Espíritu, el Espíritu de Cristo, entre en confrontación con el anticristo, y Él llame los Suyos”.

Es el Espíritu Santo, Jesucristo en Espíritu Santo, el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19. Él es el que viene en el Día Postrero.

Ahora, ¿cómo va a venir en el Día Postrero? Dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo, en la página 256 del libro de Los Sellos:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Eso es lo que él precursó: la Venida del Verbo, la Venida del Ángel del Pacto, la Venida del Ángel de Jehová, la Venida del Espíritu Santo, en un hombre del Día Postrero; la Venida del Verbo, la Palabra encarnada en un hombre.

Eso fue también la Primera Venida de Cristo: fue la Venida del Espíritu Santo, del Verbo, hecho carne en medio del pueblo hebreo, en un joven carpintero de Nazaret. En un obrero de la construcción se había hecho carne el Verbo, la Palabra, Dios, el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto. Ese era el misterio grande para aquel tiempo, ese era el misterio de la Primera Venida de Cristo.

Y ahora hemos visto lo que es el misterio de la Venida de Cristo para el Día Postrero: es la Venida del Espíritu Santo manifestado en el Día Postrero en carne humana, en un hombre de este tiempo final.

Y cuando nosotros escuchemos la Voz de Cristo, la Voz del Espíritu Santo, esa Gran Voz de Trompeta: la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, revelándonos todas estas cosas que deben suceder pronto, y seamos preparados, y seamos transformados, y los muertos en Cristo resucitados, entonces veremos a nuestro amado Señor Jesucristo en Su cuerpo glorificado; porque también tendremos un cuerpo glorificado, como nuestro amado Señor Jesucristo.

Hemos visto el misterio.

Y ahora, ¿cómo vendrá Cristo, el Ángel del Pacto, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto?

“Y me dijo esta Voz, esta Voz de Trompeta: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”.

Luego, por medio del Ángel enviado de Jesucristo, en Apocalipsis 22, verso 6, son dadas a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Es por medio de Su Ángel Mensajero que Jesucristo en el Día Postrero en Espíritu Santo se manifiesta: ungiendo a Su Ángel Mensajero y colocando en Su Ángel Mensajero la revelación de todas estas cosas que deben suceder pronto.

Y Su Ángel Mensajero estará hablando, inspirado por el Espíritu Santo, todas estas cosas que deben suceder pronto; y así estará dándonos a conocer todos estos misterios del Día Postrero (los del Día Postrero, que son los de la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino); y así el misterio del Séptimo Sello es abierto a la Iglesia de Jesucristo en el Día Postrero.

Pero el Ángel del Señor Jesucristo no es el Señor Jesucristo; él solamente es un instrumento del Señor Jesucristo, para Jesucristo —por medio de Su Ángel Mensajero— cumplir estas promesas que Él le ha hecho a Su Iglesia, y darle a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, y cumplir toda promesa que Él ha hecho para este tiempo final.

Y así el Ángel del Señor Jesucristo estará trabajando en los negocios del Señor Jesucristo, de su Padre celestial. Y mientras su Padre trabaje, él estará trabajando en esos negocios del Señor Jesucristo, que es cumplir Sus promesas correspondientes al Día Postrero.

¿Y dónde estará trabajando él? Él estará trabajando en una Obra de construcción, porque él será un obrero de la construcción también: ¡él será un obrero de la construcción del Templo espiritual de Jesucristo! Él estará trabajando en esa Obra de construcción, que estará llegando a su final en este tiempo final.

Cristo ha estado construyendo un Templo para Dios: un Templo con piedras vivas, con seres humanos; como nos dijo San Pedro: que Dios está edificando un Templo con piedras vivas22, las cuales son ustedes y yo, y los escogidos de Dios de edades pasadas. Ese Templo es el Templo espiritual de Dios, es la Iglesia de Jesucristo.

Por eso ya no se necesita ni el tabernáculo que construyó Moisés ni el templo que construyó Salomón; ya Jesucristo ha estado construyendo un Templo. Y para el Día Postrero, para este tiempo final, se completará la construcción de ese Templo, y será dedicado a Dios para morada de Dios en Espíritu Santo en toda Su plenitud.

Dios ha estado morando en Espíritu Santo en las primicias del Espíritu, produciendo el nuevo nacimiento en todos los que tienen sus nombres en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero. Y para el Día Postrero se manifestará en toda Su plenitud en Su Iglesia, resucitando a los muertos en Cristo y transformándonos a nosotros los que vivimos, y habitando en nosotros en toda Su plenitud; y así seremos adoptados. Esa es la adopción: la transformación de nuestros cuerpos, la redención del cuerpo23.

Y ahora, ya Dios nos envió a Elías, el precursor, preparándole el camino al que vendría después de él. Y ahora vemos que el que viene después de él es el Espíritu Santo manifestado en Su Ángel Mensajero en el Día Postrero, dándonos testimonio de todas estas cosas que deben suceder en este tiempo final.

Pero Su Ángel no es el Señor Jesucristo; pero el que viene manifestado en Su Ángel, ese sí es el Señor Jesucristo. Viene ungido con el Espíritu Santo: Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en Su Ángel Mensajero en este tiempo final, llamándonos y juntándonos en la Edad de la Piedra Angular, en la parte del Lugar Santísimo de Su Templo espiritual, para completar la construcción de Su Templo.

Y así como llamó y juntó Sus escogidos en la primera edad entre los gentiles, en Asia Menor, y usó a San Pablo en la construcción de Su Templo; y luego pasó a Europa, donde cumplió cinco edades y donde envió cinco mensajeros; y luego pasó a Norteamérica, donde envió al precursor de la Segunda Venida de Cristo; y así fue construyendo las diferentes etapas de Su Templo espiritual en la parte del Lugar Santo; para este tiempo final construye la parte del Lugar Santísimo.

Porque un Templo para Dios tiene que tener el Lugar Santísimo, porque es donde Dios morará en toda Su plenitud en el Día Postrero.

Y ahora la parte del Lugar Santísimo corresponde a la América Latina y el Caribe, donde llama y junta a Sus escogidos, y los coloca en el Templo espiritual de Cristo, en la Edad de la Piedra Angular, que es la Edad del Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo, para Dios morar en cada uno de nosotros en este Día Postrero en toda Su plenitud.

Cuando nos transforme y nos dé así el nuevo cuerpo, Dios morará, estará en nosotros en toda Su plenitud manifestado; y esa es la adopción de los hijos e hijas de Dios.

Ahora, vean ustedes la bendición tan grande que le ha tocado a la América Latina y al Caribe. Somos la gente más privilegiadas: somos la gente que tiene la bendición de Dios del Día Postrero.

Aprovechemos bien la oportunidad tan grande que Dios nos ha dado en Su Programa para recibir Sus bendiciones, y pronto ser transformados en este tiempo final, y luego ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, y verlo en Su cuerpo glorificado; y también nosotros estar con un cuerpo glorificado, como Su propio cuerpo; y así estaremos a imagen y semejanza de Jesucristo nuestro Salvador.

Ahora, ¿cómo conoceremos al Ángel del Señor Jesucristo? Lo conoceremos porque él estará trabajando en los negocios del Señor Jesucristo, en la Casa de Dios, en la Iglesia de Jesucristo, en el Lugar Santísimo de Su Templo espiritual, en la construcción de esa parte de Su Templo espiritual.

Y mientras Cristo trabaje, él estará trabajando; porque Cristo es el que lleva a cabo la Obra, y Su Ángel Mensajero es el instrumento de Cristo para este tiempo final. Por lo tanto, estará trabajando en la Obra de Jesucristo, en los negocios del Señor Jesucristo correspondientes a este tiempo final; y podrá decir: “Mi Padre, Jesucristo, obra, trabaja; y yo trabajo. Él trabaja en Su Iglesia, en la Edad de la Piedra Angular; y yo trabajo en Su Iglesia, en la Edad de la Piedra Angular”.

Por medio de Su Ángel es que Jesucristo nos revelaría todas estas cosas que deben suceder pronto; nos revelaría el misterio más grande de todos los misterios: el misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, en Su Obra de Reclamo, y demás misterios que giren alrededor de Su Segunda Venida.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes dándoles testimonio de estas cosas prometidas para suceder en este tiempo final.

Y ahora, así como trabajaron con Cristo en cada edad, cuando Cristo trabajó a través de cada mensajero en cada edad pasada…, donde hubo muchas personas que creyeron y trabajaron con el mensajero de cada edad, y por consiguiente estaban trabajando con Cristo en la Obra de Cristo de su tiempo.

Para este tiempo también tendríamos muchas personas trabajando en la Obra de Jesucristo con el Ángel Mensajero del Señor Jesucristo; y por consiguiente, todos estaríamos trabajando con Cristo en Su Obra de construcción de Su Templo espiritual; y estaríamos (¿dónde?) en la Edad de la Piedra Angular, la Edad del Lugar Santísimo de Su Templo espiritual.

Hemos llegado al tiempo más glorioso de todos los tiempos, en donde todos podemos decir: “Yo trabajo mientras Él trabaja”: TRABAJANDO MIENTRAS EL PADRE TRABAJA, trabajando mientras Jesucristo trabaja.

Así estaría Su Ángel Mensajero: trabajando mientras Jesucristo trabaja. Y todos los escogidos de Dios de este tiempo final estarían trabajando mientras Jesucristo trabaja, y trabaja Su Ángel Mensajero también.

Y todos trabajando en la Obra de Cristo en este tiempo final para la gloria de Dios, para que se complete el Cuerpo Místico de Cristo; y los muertos en Cristo sean resucitados en cuerpos eternos, y nosotros los que vivimos seamos transformados.

“TRABAJANDO MIENTRAS EL PADRE TRABAJA”, mientras Jesucristo trabaja.

Continuemos trabajando con amor divino, de todo corazón, en la Obra del Señor Jesucristo, en Su Casa, Su Iglesia, Su Templo espiritual.

Que las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y nos use grandemente en Su Obra en este Día Postrero. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Muchas gracias por vuestra amable atención, amables amigos y hermanos presentes. Y que Dios les continúe bendiciendo a todos, y pasen todos muy buenas noches.

Dejo con nosotros nuevamente al reverendo Tirzo Ramiro Girón, para continuar y finalizar en esta noche nuestra parte, dándole gracias a nuestro amado Señor Jesucristo.

Recuerden que les dije que el Ángel de Jesucristo no es Jesucristo; él solamente es Su instrumento, a través del cual Cristo se manifestaría en este tiempo final y nos daría a conocer todas estas cosas, y así se llevaría a cabo la Obra de Cristo del Día Postrero.

Pero Cristo es el que obra, Cristo es el que se manifiesta, y usa a Su Ángel Mensajero y nos usa a todos nosotros en Su Obra en este Día Postrero. Cristo es el que hace la Obra.

“TRABAJANDO MIENTRAS EL PADRE TRABAJA”.

[Revisión septiembre 2021]

1 San Mateo 13:11, San Marcos 4:11, San Lucas 8:10

 

2 San Mateo 13:16-17

 

3 San Juan 15:14-15

 

4 Santiago 2:23, Isaías 41:8

 

5 San Juan 1:33

 

6 San Mateo 11:13, San Lucas 16:16

 

7 Génesis 18:1-8

 

8 San Mateo 15:9, San Marcos 7:7

 

9 San Juan 5:39

 

10 San Juan 1:11

 

11 Apocalipsis 5:10, 1:6

 

12 Efesios 4:11

 

13 San Mateo 3:11, San Lucas 3:16, San Marcos 1:7-8

 

14 San Juan 3:26, 3:30

 

15 1 Corintios 15:51-52

 

16 2 Pedro 3:8 (Reina-Valera 1909), Salmos 90:4

 

17 Gálatas 2:20

 

18 San Juan 8:47

 

19 1 Pedro 1:11

 

20 2 Reyes 2:9-15

 

21 San Lucas 1:15

 

22 1 Pedro 2:5

 

23 Romanos 8:23

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