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Las cosas que fueron, las que son y las que han de ser
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Las cosas que fueron, las que son y las que han de ser

Muy buenos días, amados amigos y hermanos presentes y radioyentes. Es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para lo cual quiero leer en el libro del Apocalipsis, en el capítulo 1 y versos 10 al 20, donde dice (Juan el apóstol dice):

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea.

Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro,

y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro.

Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego;

y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas.

Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza.

Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último;

y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.

Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas.

El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “LAS COSAS QUE FUERON, LAS QUE SON Y LAS QUE HAN DE SER”.

De esto es que nos dice aquí Cristo:

“Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser (o sea, las que fueron, las que son y las que han de ser)…”.

Para poder comprender nuestro tema y poder comprender el libro del Apocalipsis…, que es un libro misterioso para la raza humana y que es un libro que está escrito en símbolos, y esos símbolos tienen un significado; y siendo que este es un libro profético, su significado es profético también.

Para poder comprender bien este libro, tenemos que saber que es la revelación de Jesucristo, la cual ha sido enviada a la Iglesia de Jesucristo por medio de Su Ángel. Dice Apocalipsis, capítulo 1, verso 1 al 3:

“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan…”.

Esta revelación apocalíptica, que es dada a Juan el apóstol, fue enviada por Jesucristo a través de Su Ángel Mensajero. Dice:

“… que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto.

Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía…”.

Porque este es un libro profético y contiene todas las profecías de las cosas que han de suceder.

Por eso es que en el libro del Apocalipsis, en estos símbolos apocalípticos, se reúnen todas las profecías del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento; aquí se encuentran todas esas profecías, colocadas en estos símbolos del Apocalipsis.

Por eso encontraremos, en esta revelación apocalíptica dada por Jesucristo a través de Su Ángel al apóstol San Juan, encontraremos aquí, que cosas que habló el profeta Isaías, o el profeta Jeremías, o el profeta Ezequiel, o el profeta Malaquías, o el profeta Zacarías, o el profeta y salmista David, o el profeta Moisés, o nuestro amado Señor Jesucristo: encontraremos aquí esas profecías en forma simbólica.

Veamos algunas de estas profecías para que tengamos un cuadro claro.

Miren al profeta Zacarías hablando aquí con el Ángel que le mostraba estas cosas… Capítulo 4, verso 1 en adelante, dice:

“Volvió el ángel que hablaba conmigo, y me despertó, como un hombre que es despertado de su sueño.

Y me dijo: ¿Qué ves? Y respondí: He mirado, y he aquí un candelabro todo de oro, con un depósito encima, y sus siete lámparas encima del candelabro, y siete tubos para las lámparas que están encima de él;

Y junto a él dos olivos, el uno a la derecha del depósito, y el otro a su izquierda”.

Y ahora, miren en el libro del Apocalipsis: capítulo 1, verso 13, dice:

“… y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro”.

Aquí tenemos esos siete candelabros o siete lámparas en el candelero; porque ese candelabro de Zacarías representa a la Iglesia del Señor Jesucristo; y estos siete candeleros o candelabros aquí, representan a las siete edades de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, veamos también los dos olivos; dice que a cada lado del candelabro hubo dos olivos; dice:

“Y junto a él dos olivos, el uno a la derecha del depósito, y el otro a su izquierda”.

El profeta Zacarías no comprendía lo que esto significaba y preguntó; y en el mismo capítulo 4, verso 11 en adelante, dice:

“Hablé más, y le dije: ¿Qué significan estos dos olivos a la derecha del candelabro y a su izquierda?

Hablé aún de nuevo, y le dije: ¿Qué significan las dos ramas de olivo que por medio de dos tubos de oro vierten de sí aceite como oro?

Y me respondió diciendo: ¿No sabes qué es esto? Y dije: Señor mío, no.

Y él dijo: Estos son los dos ungidos que están delante del Señor de toda la tierra”.

O sea que son dos personajes aquí, los Dos Ungidos que están delante de la presencia del Dios de toda la Tierra.

Y ahora, veamos los Dos Ungidos aquí en Apocalipsis, capítulo 11, verso 3 en adelante, donde dice:

“Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio.

Estos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la tierra”.

¿Ven? Lo mismo que vio el profeta Zacarías allá, ahora está colocado acá en el libro del Apocalipsis; y el cumplimiento de ese candelabro con siete lámparas es la Iglesia del Señor Jesucristo pasando por sus siete etapas o edades, correspondientes esas edades al Lugar Santo de ese Templo espiritual de Jesucristo, que es Su Iglesia.

Y ahora, encontramos que junto al candelero o candelabro están esos dos olivos, que son en el libro del Apocalipsis, capítulo 11, los Dos Ungidos que están delante de la presencia de Dios, los cuales son los ministerios de Moisés y Elías para ser manifestados en la Tierra, los cuales en el Cielo representan a los Arcángeles Gabriel y Miguel.

Ahora podemos ver que las cosas que están en el Cielo, en el Templo de Dios en el Cielo, se tienen que materializar en la Tierra, en el Templo espiritual de Jesucristo, que es Su Iglesia.

Por eso encontramos en el libro del Apocalipsis, vean, en el capítulo 4, también algo muy interesante aquí; capítulo 4, verso 5, dice:

“Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego (ahí tenemos el candelabro o candelero de nuevo, pero allá en el Cielo; ahí tenemos las siete lámparas de fuego), las cuales son los siete espíritus de Dios”.

Ahora vean cómo en la Iglesia del Señor Jesucristo se materializa esto en las siete etapas o edades de la Iglesia gentil, en donde el candelero o candelabro con sus siete lámparas, tiene cada lámpara una mecha encendida con el Fuego de Dios: y eso es el ángel mensajero de cada edad lleno del Espíritu de Dios, encendido con el Fuego de Dios; y por medio de ese mensajero, la Luz de la Shekinah, Jesucristo, alumbrando en medio de Su Iglesia.

Vean cómo se va materializando en la Iglesia de Jesucristo —que es el Templo espiritual de Jesucristo— todo lo que está en el Templo de Dios en el Cielo; así como en el tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó Salomón, encontramos las cosas que están en el Cielo representadas en cosas que construyó Moisés y colocó dentro del templo: tenemos el candelabro en el lugar santo, lo cual es tipo y figura de estas siete lámparas encendidas en el Cielo, que son los siete espíritus de Dios; y representan, en la Iglesia de Jesucristo, las siete edades con el mensajero de cada edad encendido con el Fuego del Espíritu Santo.

Ahora veamos también en Apocalipsis, capítulo 5, verso 6, donde dice:

“Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado (ese es Cristo), que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra”.

Ahora vean cómo Jesucristo, el Cordero, tiene siete cuernos y siete ojos; los siete cuernos son las siete etapas o edades de la Iglesia, y los siete ojos son los siete ángeles mensajeros de las siete edades. Ojos representa videntes, profetas.

Y ahora, vean cómo Cristo en Su Iglesia ha estado materializando en carne humana, en seres humanos, lo que hay en el Cielo, en el Templo de Dios en el Cielo.

Y ahora, Cristo con Su Iglesia aquí, aparece materializando todo lo que está en el Templo de Dios en el Cielo.

Por eso, así como la representación del Templo de Dios en el Cielo, ¿aquí en la Tierra estaba dónde, en el tiempo de Moisés? Pues en el tabernáculo que Moisés construyó. Por eso es que los sacrificios eran ofrecidos allí en el templo y eran aceptados por Dios: porque todos esos sacrificios y la sangre de esos sacrificios estaban apuntando, señalando, a un Sacrificio perfecto que vendría más adelante, el cual sería realizado por el Mesías, el cual fue presentado por Juan el Bautista como “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”1</a>; pero en lo que llegaba el Sacrificio perfecto, el pueblo hebreo tenía esos sacrificios temporales, señalando que más adelante vendría un Sacrificio perfecto.

Por eso es que funcionaban aquellos sacrificios en medio del pueblo hebreo. Ellos tenían la revelación de esos sacrificios y de cómo funcionaban; eran aceptados por Dios y el pecado de las personas era cubierto con la sangre de aquellos sacrificios.

Ahora, podemos ver que esos sacrificios de por sí estaban profetizando que algún día vendría un Sacrificio perfecto; y al llegar un Sacrificio perfecto, ya lo que no era perfecto tenía que ser (¿qué?) quitado.

Por eso cuando Cristo apareció, Juan lo presentó como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo; no como el Cordero de Dios que cubre el pecado, sino que lo quita. Porque el pecado de las personas antes de la muerte de Cristo estaba solamente cubierto por aquellos sacrificios; pero cuando Cristo murió, quitó el pecado. Él tomó nuestros pecados y pagó por nuestros pecados. Y la paga del pecado es muerte2. Por eso Cristo murió por todos nosotros: para que nosotros podamos vivir eternamente; si nuestro cuerpo físico muere, Él nos resucitará en un cuerpo eterno.

Ahora, vean ustedes, cuando Cristo murió, el pecado de todos aquellos del Antiguo Testamento, que habían ofrecido a Dios esos sacrificios, fue quitado; y de la muerte de Cristo y resurrección y ascensión al Cielo en adelante, ya no se necesitaban más esos sacrificios de animalitos, porque ya delante de Dios estaba un Sacrificio perfecto efectuado, y la Sangre de ese Sacrificio fue llevada al Templo de Dios que está en el Cielo.

Nuestro amado Señor Jesucristo, siendo también el Sumo Sacerdote del Templo que está en el Cielo, no llevó Su Sangre al templo que estaba en Jerusalén, sino que llevó Su Sangre al mismo Cielo: al Templo de Dios en el Cielo; y la colocó sobre el Propiciatorio del Templo de Dios que está en el Cielo.

Entrando al Lugar Santísimo se sentó a la diestra de Dios y colocó Su Sangre allí, para hacer intercesión por toda persona que cree en Jesucristo como nuestro Salvador y lava sus pecados en la Sangre de Cristo, hasta que haya entrado hasta el último de los que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Y luego Cristo terminará Su Obra de Intercesión en el Cielo como Sumo Sacerdote, como hacía el sumo sacerdote en medio del pueblo hebreo: el día 10 del mes séptimo de cada año, el día de la expiación, él entraba con la sangre de la expiación del macho cabrío y esparcía con su dedo sobre el propiciatorio, que estaba sobre el arca del pacto… En el propiciatorio estaban dos querubines de oro, uno a la derecha y el otro a la izquierda, y en medio de los dos querubines de oro estaba la presencia de Dios; porque ese propiciatorio representa el Trono de Dios en el Cielo; y en medio de los dos querubines de oro estaba allí la presencia de Dios; así como en el Cielo encontramos el Trono de Dios, y encontramos también a los Arcángeles de Dios, Gabriel y Miguel, uno a cada lado.

Y ahora, vean, Cristo ascendió al Cielo con Su propia Sangre y se colocó allí en el Propiciatorio, y colocó Su Sangre sobre el Propiciatorio; y por consiguiente, desde el Trono de Dios ha sido extendida la misericordia para la raza humana desde que Cristo ascendió al Cielo. Y esa misericordia ha estado siendo extendida para la raza humana todos estos dos mil años, y eso será hasta que entre hasta el último de los escogidos de Dios, de los primogénitos de Dios: hasta que entre hasta el último de los miembros de la Iglesia de Jesucristo, eso es, hasta que entre hasta el último del Israel celestial.

Así como hay un Israel terrenal, que tenía un templo terrenal, hay un Israel celestial; y el templo para el Israel celestial es el Templo que está en el Cielo, donde Cristo ha estado haciendo intercesión.

Y de por sí, el Israel celestial también representa el Templo que está en el Cielo, así como el pueblo hebreo tenía un templo en medio de ellos; y también el pueblo hebreo representa al Templo que está en el Cielo.

O sea que Israel como nación es un templo también; por eso tenía lugar santísimo, que es el templo que tenía; tenía lugar santo, que es Jerusalén; y tenía el atrio, que es todo el territorio de Israel.

Ahora, podemos ver que el Israel celestial, que es la Iglesia de Jesucristo, que son los primogénitos de Dios escritos en el Cielo, necesitaba un Sacrificio perfecto: que quitara el pecado; y Cristo es ese Sacrificio perfecto por el pecado.

San Juan había visto todo lo que había sucedido en aquel tiempo de la Primera Venida de Cristo, y estaba viendo también todo lo que estaba sucediendo en medio de la Iglesia de Jesucristo en medio del pueblo hebreo, en esa etapa en donde los apóstoles estaban vivos; hasta que por último quedó solamente San Juan, el cual fue el último de los apóstoles y el único que murió de muerte natural, los demás fueron martirizados.

Ahora, encontramos que las cosas que fueron antes de las siete etapas o edades de la Iglesia gentil, Juan las vio, las experimentó y las conoció, y dio testimonio de ellas.

Y ahora, comenzaban las cosas correspondientes a las siete etapas o edades de la Iglesia gentil, las cuales para los días de Juan el apóstol —cuando recibió esta revelación apocalíptica— ya habían comenzado; porque la primera edad de la Iglesia entre los gentiles comenzó en el año 53 de la era cristiana, y San Pablo fue el primer ángel mensajero de esa primera edad de la Iglesia gentil.

Ahora, el Ángel del Señor Jesucristo es el portador de esta revelación apocalíptica para dársela al apóstol San Juan; encontramos que es la revelación de Jesucristo para la Iglesia de Jesucristo.

Hemos visto cómo en el libro del Apocalipsis se reúnen todas las profecías del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento, dadas por los profetas y por el mismo Señor Jesucristo y por los apóstoles de Jesucristo.

Vean, una profecía de Jesucristo, la cual aparece de nuevo en el libro del Apocalipsis…; pero esta profecía también fue dada por el Arcángel Gabriel y fue mostrada por el Arcángel Gabriel al profeta Daniel. Vamos a ver esta profecía. Esta es la profecía principal del libro del profeta Daniel, la profecía más grande. Miren, en el capítulo 7 de Daniel, verso 13 en adelante, dice:

“Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él.

Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido”.

Luego, en la profecía de Jesucristo, en el capítulo 24, verso 30 en adelante, dice [San Mateo]:

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria (es la misma profecía de la Venida del Hijo del Hombre en las nubes)”.

Ustedes encontrarán que las profecías de Jesucristo también aparecen en el Antiguo Testamento, y Cristo las trajo con más luz en el Nuevo Testamento. Luego los apóstoles también hablaron de estas mismas profecías y dieron más luz con relación a esas profecías. Y luego el libro del Apocalipsis reúne todas las profecías y las condensa en estos símbolos apocalípticos.

Ahora, vean, Apocalipsis, capítulo 1, verso 7 al 8, dice:

“He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén”.

“Harán lamentación por Él”; y Cristo dijo: “… y verán al Hijo del Hombre…”. Vamos a ver:

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

(Y dice): Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”.

Y Sus Ángeles, siendo enviados para juntar a Sus escogidos, son los Dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías, con el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino; siendo enviados para llamar y juntar a los escogidos, tanto del pueblo hebreo, que son 144.000, como también de entre los gentiles, que son los escogidos de la Iglesia de Jesucristo que estarán viviendo en el Día Postrero, que tienen que ser llamados y juntados en el Cuerpo Místico de Cristo, en la Edad de la Piedra Angular, para ahí ser preparados para ser transformados y raptados en el Día Postrero.

Ahora, veamos la Venida del Hijo del Hombre también en Apocalipsis, capítulo 10, donde dice:

“Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego”.

Aquí tenemos la Venida del Hijo del Hombre, la Venida del Ángel Fuerte, la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, el cual dos mil años atrás vino en medio del pueblo hebreo en carne humana, en aquel velo de carne llamado Jesús. Era nada menos que la Venida del Verbo, que era con Dios y era Dios, el cual se hizo carne y habitó en medio de los seres humanos, en medio de la nación hebrea.

Cuando Dios habló al profeta Malaquías, en el capítulo 3, con relación a la Venida del Mesías, dijo que enviaría uno preparándole el camino, el cual fue Juan el Bautista. Dice, capítulo 3 de Malaquías:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí (ese fue Juan el Bautista, que vino preparándole el camino al Señor)<em>; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos”.

¿Quién vendría? El Señor, Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Ángel del Pacto, el cual le dijo al profeta Moisés en el capítulo 3 del Éxodo: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”.

Ese Ángel del Pacto o Ángel de Jehová es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, porque Él es el mismo Dios en Su cuerpo teofánico, el cual luego se hizo carne y habitó en medio del pueblo hebreo, y fue conocido por el nombre de Jesús, que significa ‘Salvador’ o ‘Redentor’, para llevar a cabo la Obra de Salvación, la Obra de Redención, muriendo en la Cruz del Calvario, al llevar nuestros pecados, y pagando así el precio de la redención.

Ahora, este mismo Ángel del Pacto que vino dos mil años atrás en medio del pueblo hebreo en carne humana, fue el mismo que libertó al pueblo hebreo. Por eso es que Él podía decir, en el Evangelio según San Juan, en el capítulo 8, versos 56 en adelante:

“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.

Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy”.

Él da testimonio aquí, que antes de Abraham venir a existencia aquí en la Tierra, ya Él era (ya Jesús era); porque es antes de Abraham. Juan decía también: “Después de mí viene uno mayor que yo, el cual es antes que yo”3, y venía después de Juan.

Y ahora, Jesús viene después de Juan y viene después de Abraham, y es primero que Abraham y es primero que Juan; y es primero también que Noé, es primero que Set, es primero que Abel y es primero que Adán también; porque Él es el Verbo que era con Dios y era Dios y creó todas las cosas.

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra”4.

Él es el Creador de los Cielos y de la Tierra, que vino dentro de un velo de carne llamado Jesús. “Grande es el misterio de la piedad: Dios ha sido manifestado en carne”, dice San Pablo en Primera de Timoteo, capítulo 3, verso 15 al 16.

Ahora, vean ustedes, es un misterio grande, pero es el misterio que ha traído la salvación, la redención, para el ser humano; porque por medio del cuerpo físico que el Ángel del Pacto usó en Su Primera Venida en carne humana, tomó nuestros pecados y pagó el precio de la redención: murió por nosotros; la muerte que nosotros teníamos que recibir, la recibió Él.

Y por eso es que Él tuvo que ir al infierno; pero allí les predicó a las almas encarceladas que se encontraban allá en el infierno; pero no les predicó un Mensaje para salvación sino un Mensaje de condenación: porque fueron incrédulos a Noé cuando Noé estuvo en la Tierra predicando la Palabra y dando a conocer que vendría un diluvio.

Ahora vean cómo Cristo fue y le predicó allá a las almas encarceladas. Así lo dice en Primera de Pedro, capítulo 3, verso 18 al 20; dice:

“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne (o sea que lo que murió fue solamente el cuerpo físico), pero vivificado en espíritu;

en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados…”.

¿Cómo fue Cristo al infierno, donde estaban esos espíritus encarcelados, y les predicó? Fue en Espíritu, o sea que fue en Su cuerpo teofánico, que es un cuerpo parecido a nuestro cuerpo pero de la sexta dimensión; y les predicó allí a esos espíritus encarcelados; o sea, dice:

“… los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua”.

Ahora vean, todas esas personas que no creyeron al profeta Noé, y por consiguiente fueron destruidas cuando vino el diluvio y se los llevó a todos, esas personas luego pasaron al infierno; y pasaron a vivir allí, al infierno, que es la quinta dimensión (o sea, que es otro mundo, otra dimensión); y pasaron a vivir allá en ese otro cuerpo, que es el espíritu (tenían cuerpos, tienen cuerpos, de esa dimensión, de esa quinta dimensión); pero Cristo con Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión tuvo que ir a la quinta dimensión, y predicó allí a esos espíritus encarcelados, esas personas que fueron desobedientes en el tiempo de Noé. No les predicó salvación, sino que les predicó allí condenación; porque por incrédulos habían sido destruidos por el diluvio y habían descendido al infierno, a la quinta dimensión.

Y luego Cristo salió del infierno; pasó al Paraíso, donde lo estaban esperando, que es la sexta dimensión: allá estaban Abraham, Isaac y Jacob, y todos los santos del Antiguo Testamento; y el domingo en la mañana resucitó con ellos.

Y luego estuvo unos 40 días sobre la Tierra5, y también los santos resucitados, y estuvo apareciéndole a Sus discípulos en unas cuantas ocasiones; y también los santos que resucitaron con Cristo estuvieron apareciendo en diferentes ocasiones; dice la Escritura que aparecieron a muchos en la ciudad de Jerusalén. Eso está en el capítulo 27 de San Mateo, por los versos 51 al 53; dice:

“Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron;

y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron;

y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él (o sea, después de la resurrección de Jesucristo), vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos (aparecieron a muchos allí en la ciudad de Jerusalén)”.

Ahora podemos ver cómo Cristo nuestro Salvador, que es el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, que había libertado al pueblo hebreo…; el cual se había manifestado en el Antiguo Testamento como el Ángel de Jehová…; que es el mismo Dios en Su cuerpo teofánico, y por consiguiente tiene el Nombre de Dios; pues el mismo Dios da testimonio acerca de Su Ángel, en el capítulo 23 del Éxodo, verso 20 al 23, donde dice:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él”.

¿Dónde está el Nombre de Dios? En Su Ángel enviado al pueblo hebreo para la liberación del pueblo hebreo; porque el Ángel de Jehová es el mismo Dios en Su cuerpo teofánico, pero ese cuerpo teofánico siempre que aparecía en medio del pueblo hebreo era llamado “el Ángel de Jehová”; porque ángel significa ‘mensajero’.

Y ahora, encontramos al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob manifestado en un cuerpo teofánico, un cuerpo de la sexta dimensión; y es llamado (Dios cuando está manifestado en Su cuerpo teofánico), es llamado el Ángel del Pacto o Ángel de Jehová.

Y luego se hizo carne y habitó en medio del pueblo hebreo.

Vean, dice: “… y vendrá…”.

Luego que envía Su precursor, Su mensajero, que fue Juan el Bautista, en este mismo capítulo 3 de Malaquías dice:

“… y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos”.

¿Quién vendría después de Juan el Bautista? Vendría el Señor, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Ángel del Pacto, o sea, el Ángel de Jehová.

Y cuando vino, ¿cómo vino? Vestido de carne humana; vestido de un cuerpo de esta dimensión, un cuerpo visible, el cual fue creado por Dios en el vientre de María, en donde creó una célula de vida, la cual se multiplicó célula sobre célula; y fue formado así el cuerpo de Jesús, el cual nació en Belén de Judea por medio de una mujer virgen, de una joven virgen, descendiente del rey David.

Por eso tenía que nacer en Belén de Judea: para cumplir la profecía de que el Mesías vendría por medio de la descendencia del rey David6</a>; y así por medio de una mujer virgen7 de la tribu de Judá. ¿Y nacería dónde? En Belén de Judea, conforme a la profecía8.

Ahora, hemos visto todo lo que se cumplió en la Primera Venida de Cristo. Hemos visto que fue la Venida del Verbo, del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, vestido de carne humana.

Esa fue Su vestidura humana y Su templo humano, en el cual Él fue manifestado; y ahí estaba —por consiguiente— escrito el Nombre de Dios para Su Obra de Redención, que llevaría a cabo en la Cruz del Calvario.

Porque el Nombre es colocado ¿dónde? En la vestidura, en esa vestidura humana que Él tendría en Su Venida. Y también es Su Templo; por lo tanto, en el Templo de Dios. Así como en el Antiguo Testamento estaba el Nombre de Dios en el templo, porque estaba en el lugar santísimo, sobre el arca del pacto, donde estaba el Ángel del Pacto; y ahí está, en el Ángel, está el Nombre.

Y también el sumo sacerdote llevaba escrito el Nombre de Dios en su frente, en una lámina de oro. Y por eso encontramos que Cristo como Sumo Sacerdote, vean ustedes, lleva el Nombre de Dios.

Por eso es que Cristo decía: “Yo he venido en nombre de mi Padre”9. Y también en otra ocasión Él dijo, en San Juan, en el libro de San Juan, capítulo 12, verso 28; Evangelio según San Juan, capítulo 12, verso 28, vean lo que Cristo dice allí:

“Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez”.

Lo glorificó en Su Primera Venida, colocando Su Nombre en el velo de carne y llevando a cabo la Obra correspondiente de Redención, llevándola a cabo en ese Nombre: en el Nombre de Dios para Redención.

Y para el Día Postrero será glorificado el Nombre de Dios, pues Él dijo: “… y lo glorificaré otra vez”</em>; eso es para Su Segunda Venida.

Y ahora, para esto, dice Apocalipsis, capítulo 12, vamos a ver… (Corrijo): Capítulo 3, verso 12, dice:

“Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios…”.

El Nombre de Dios va a ser escrito sobre una persona: sobre el Vencedor; así como el Nombre de Dios para Redención estaba escrito sobre Jesús, el cual fue el Vencedor: obtuvo la victoria y así obtuvo la redención para todos nosotros.

“… y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo”.

Hay personas que no saben que Jesucristo tiene un nombre nuevo, pero aquí Él mismo lo dice, que tiene un nombre nuevo. Y ese es el Nombre que Él escribirá sobre el Vencedor. Y ese Vencedor será el Ángel del Señor Jesucristo, el cual estará en el Día Postrero en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por eso es que en Apocalipsis, capítulo 2, verso 17, dice:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido (ese Maná escondido es la revelación de Jesucristo para el Día Postrero: la revelación de la Segunda Venida de Cristo y toda la Obra que Él realiza en Su Segunda Venida), y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe”.

Esa Piedrecita blanca es la misma Piedra no cortada de manos que vio el profeta Daniel en el capítulo 2 de su libro, en donde le interpretó el sueño al rey Nabucodonosor, el cual vio el reino de los gentiles representado en una estatua (una imagen) con cabeza de oro, pecho y brazos de plata, vientre y muslos de bronce, y piernas de hierro, y pies de hierro y de barro cocido.

Esos son los diferentes imperios del reino de los gentiles:

• el imperio babilónico, representado en la cabeza de oro;

• el imperio medo-persa, representado en el pecho y los brazos de plata;

• el imperio de Grecia, representado en el vientre y muslos de bronce;

• y el imperio romano, representando en las piernas de hierro;

• y, en el Día Postrero, el imperio romano mismo con barro, que es los pies de hierro y de barro cocido, en donde los diez reyes le darán su poder y su autoridad a la bestia.

Esa etapa de los pies de hierro y de barro cocido es la etapa que en el tiempo final estará en la Segunda Venida de Cristo; y la Venida de Cristo está representada en la Venida de la Piedra no cortada de manos; y ahí es donde hay el encuentro de los pies de hierro y de barro cocido con la Venida de la Piedra no cortada de manos. Pues en la Primera Venida de Cristo, la Primera Venida de la Piedra no cortada de manos, encontramos que las piernas de hierro hirieron a Cristo en la Cruz del Calvario; pero para la etapa de las piernas de hierro, la Piedra no cortada de mano no heriría a la estatua. ¿Ven?

Por eso, cuando Pedro quiso sacar la espada, Cristo le dijo que no lo hiciera10. Y cuando Pilato le preguntó acerca de si Jesús era rey (le preguntó a Jesús), Cristo le dijo: “Yo para esto he venido”, pero también le dijo: “Mi Reino no es de este mundo”11.

O sea que el Reino de Cristo no es de este mundo, no es del imperio de los gentiles, no pertenece a ninguna de esas etapas del reino de los gentiles, no pertenece a esa estatua que vio el rey Nabucodonosor. Pertenece a la Piedra no cortada de manos que vio el rey Nabucodonosor y la interpretó el profeta Daniel; pues dice que cuando vino esa Piedra no cortada de manos e hirió a la imagen en los pies de hierro y de barro cocido, los desmenuzó; y también fueron desmenuzados el hierro, el bronce, la plata y el oro; y no quedó rastro alguno de esos imperios, o sea, de esas etapas del reino de los gentiles.

Pero dice que la Piedra creció y fue hecha un gran monte, o sea, un gran reino: ese glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo.

¿Ven que el Reino de Cristo no es de este mundo, no es del imperio de los gentiles? El Reino de Cristo pertenece al Reino de los Cielos. Por lo tanto, ese Reino de Cristo, que ha estado siendo formado…; porque Cristo dice a Sus apóstoles: “Así como el Padre me encomendó un reino, yo les he encomendado un reino a ustedes”12.

Y ahora, la Iglesia del Señor Jesucristo ha ido creciendo de etapa en etapa, de edad en edad, como un gran monte, pero en lo físico no ha reinado en esta Tierra; pero reinará con Cristo durante el Reino Milenial.

Por lo tanto, con la Venida de esa Piedra no cortada de manos en el Día Postrero, cuando la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino haya dado todo Su Mensaje (que es la Voz de Cristo por medio de Su Ángel Mensajero), luego los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seremos transformados. Y ahí estarán millones de seres creyentes en Cristo, que fueron redimidos en edades pasadas y los de este tiempo, con cuerpos eternos. Y ahí está el Reino de Cristo, toda la gente de Su Reino, que son los reyes y sacerdotes de ese Reino, con nuestro amado Señor Jesucristo; y son millones, no son dos o tres personas. De este tiempo final, pues no son tantos; pero cuando juntamos todas las etapas de la Iglesia de Jesucristo, entonces son millones.

Y ese es el poderoso Ejército de Apocalipsis, capítulo 19, que viene con el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19; ese es Su poderoso Ejército, formado por gentes con cuerpos eternos, los cuales fueron redimidos por Cristo durante sus diferentes etapas; por los cuales Cristo ha hecho intercesión en el Cielo.

Y en este tiempo final Él completa Su Iglesia, en estos días en los cuales nosotros vivimos, al estar llamando y juntando a todos Sus escogidos de este tiempo final.

Y cuando esté completo el número de la Iglesia de Jesucristo, ya Cristo saldrá del Trono de Intercesión en el Cielo, y reclamará a todos los que Él ha redimido con Su Sangre preciosa, a los muertos en Cristo, y los resucitará en cuerpos eternos, y a nosotros nos transformará; y así ya estaremos iguales a Jesucristo con cuerpos eternos.

Ahora, vean, estas son de las cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final; porque en el libro del Apocalipsis le fue dicho a Juan que escribiera, que diera a conocer todas estas cosas. Le fue dicho:

“Escribe las cosas que has visto (o sea, las que eran), y las que son, y las que han de ser después de estas”.

Las que fueron y Juan las había visto; y las que eran en aquellos tiempos, que eran las diferentes etapas de la Iglesia, que habían comenzado ya, en donde Cristo estaba revelándose…

Porque Cristo por medio del mensajero de cada etapa, de cada edad, ha estado en medio de Su Iglesia en Espíritu Santo manifestado: velado y revelado a través del mensajero de cada edad; y ha estado hablándole al mensajero, porque al mensajero siempre es que llega la revelación de Dios para su edad; y luego, por medio de ese mensajero, Cristo le ha hablado a Su Iglesia y le ha hablado a todo ser humano; y ha llamado y ha juntado a Sus escogidos en cada edad, por medio de la manifestación de Cristo en Espíritu Santo a través del mensajero de cada edad.

También encontramos que en la revelación del Apocalipsis aparece que en el cristianismo habría trigo y cizaña, o sea, hijos de Dios e hijos del maligno. En la parábola del trigo y de la cizaña Cristo lo mostró cuando dijo que el Hijo del Hombre sembró el trigo, pero el enemigo, el diablo, sembró la cizaña, en el mismo campo; así como en el principio estaba el trigo y la cizaña; o sea, el trigo: Abel, y la cizaña: Caín. Por eso la Biblia dice: “No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano Abel”13.

Y ahora, podemos ver que a través de las diferentes etapas de la Iglesia de Jesucristo también la cizaña se ha metido en el mismo campo, y por eso se ha repetido en diferentes ocasiones lo mismo que sucedió en el tiempo de Abel y Caín. Recuerden que ambos eran religiosos y ambos adoraron a Dios, pero la adoración y sacrificio de Abel fue aceptada, pero la de Caín no fue aceptada; y así también ha sido de etapa en etapa, de edad en edad; pero ambos, vean ustedes, creían en Dios y proclamaban ofrecer a Dios sus servicios.

Y ahora, Caín mató a Abel. Y eso es lo mismo que hemos visto a través de la historia: hemos visto estas situaciones religiosas, porque hay cizaña en medio del trigo; y la cizaña siempre ha tratado de destruir al trigo, como Caín hizo con Abel, para Caín quedarse con toda la bendición.

Ahora, podemos ver que para el Día Postrero la cizaña será quemada en el fuego, en el horno de fuego, dice Jesucristo en la parábola del trigo y de la cizaña. Vean cómo Cristo también dice en San Mateo, capítulo 15, verso 13; dice:

“Pero respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada”.

Eso se refiere a seres humanos que serán desarraigados del planeta Tierra y, por consiguiente, de la vida, y no tienen derecho a la vida eterna.

En San Mateo, capítulo 3, verso 10 en adelante, dice Juan el Bautista predicando:

“Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego.

Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará”.

Ahora vean cómo Juan el Bautista predica acerca del fin del tiempo, en donde el trigo será recogido en el granero y la paja será quemada en el fuego.

Ahora, podemos ver que Cristo enseñó que hay trigo y hay cizaña, hijos de Dios e hijos del maligno en este planeta Tierra; y no solamente eso: que también en medio del cristianismo estaría el trigo y la cizaña, los hijos de Dios y los hijos del maligno también. Como también en medio del pueblo hebreo como nación, aunque es una nación escogida por Dios y son descendientes de Abraham y de Isaac y de Jacob, y de los patriarcas: en medio del pueblo hebreo también hubo hijos de Dios e hijos del maligno.

Ahora podemos ver que esto es una realidad que no podemos negar, por cuanto el mismo Jesucristo enseña; y si Él lo enseña, ¿quién va a negar las enseñanzas de Jesucristo? Si somos creyentes en Jesucristo, entonces tenemos que creer lo que Él ha enseñado.

Pero lo importante es que hay hijos de Dios, y que somos hijos de Dios. ¿Por qué preocuparnos en el sentido de que hay hijos del maligno y no querer que haya hijos del maligno en la Tierra? No se preocupe por esa parte. Dele gracias a Dios porque usted es un hijo o una hija de Dios. Aunque haya en la Tierra cizaña, no importa: lo importante es que usted es trigo.

Ahora, vean ustedes el por qué es que viene el juicio divino sobre la raza humana. No viene el juicio divino sobre el trigo, no viene el juicio divino sobre los hijos de Dios. En Malaquías, capítulo 4, nos dice sobre quién viene el juicio divino: capítulo 4, verso 1 en adelante, dice:

“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama”.

La radioactividad, que será desatada a causa de una guerra atómica, ocasionará que sea un tiempo ardiente como un horno, en donde serán quemados como estopa los malignos; esa es la profecía. Pero ¿qué será de los hijos e hijas de Dios? Dice:

“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada”.

La salida del Sol de Justicia, naciendo el Sol de Justicia y trayendo salvación para los que temen el Nombre del Señor, eso es la Segunda Venida de Cristo.

Cristo dijo: “Yo soy la Luz del mundo”14. Él es nuestro Sol de Justicia. Y en Su Segunda Venida Él es el Sol de Justicia que alumbra un nuevo día dispensacional: la Dispensación del Reino, y un nuevo día milenial: el séptimo milenio; y viene en un nuevo día milenial: viene naciendo en el séptimo milenio, naciendo la Segunda Venida de Cristo para todos los que temen el Nombre del Señor; y trae salvación para los escogidos de Dios: para ser transformados en este tiempo final los que vivimos, y los muertos en Cristo ser resucitados. Esas son de las cosas que han de ser.

Ahora, en el libro del Apocalipsis, ¿está esa resurrección para los muertos en Cristo, que son de las cosas que deben suceder en el tiempo final? Claro que está esa resurrección. En Apocalipsis, capítulo 20, verso 4 en adelante, dice:

“Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.

Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección (ahí están, en la primera resurrección, los creyentes en nuestro amado Señor Jesucristo).

Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre estos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años”.

Ahora, hemos visto aquí acerca de estas cosas que deben suceder en el séptimo milenio, que es el Día Postrero delante de Dios; de las cuales cosas Cristo habló, y estableció que la resurrección de los creyentes en Él que han partido (o sea, que han muerto físicamente), Él estableció que llevará a cabo esa resurrección en el Día Postrero, que es el séptimo milenio. San Juan, capítulo 6, verso 39 al 40, dice:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero (¿Cuándo? En el Día Postrero es que Él lo resucitará).

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

¿Para cuándo Cristo ha establecido que resucitará a los creyentes en Él que han partido? Dice que será para el Día Postrero; y el Día Postrero es el séptimo milenio.

Vean cómo todo esto que está en el Antiguo Testamento también lo encontramos en el Nuevo Testamento, en los Evangelios y en las cartas apostólicas; y luego lo encontramos todo resumido en el libro del Apocalipsis.

En el libro del Apocalipsis tenemos —en esos símbolos apocalípticos— las cosas que sucedieron para el tiempo de Juan, y las cosas que eran para el tiempo de Juan y para todas las edades de la Iglesia gentil, y las cosas que serían después de las siete etapas o edades de la Iglesia gentil.

Y ahora tenemos en la historia las cosas que ya habían sucedido para el tiempo de Juan; y tenemos las cosas que estaban sucediendo en el tiempo de Juan y que continuaron sucediendo durante las diferentes edades de la Iglesia gentil, en donde Cristo estuvo manifestado de edad en edad.

Hemos visto, a través de las edades, la Obra de Jesucristo realizada, y también hemos visto cómo el diablo trató de interrumpir la Obra de Cristo. Hemos visto, entonces, a través de estos símbolos apocalípticos, a Jesucristo y al diablo manifestados en la Tierra. Hemos visto a Cristo y al anticristo, a través de la historia bíblica, durante estos dos mil años que han transcurrido.

Y para este tiempo final, las cosas que deben suceder, que deben ser, son reveladas a la Iglesia del Señor Jesucristo: ya están en este libro del Apocalipsis; y todo lo que está aquí tiene que ser cumplido.

Y ahora, Cristo nos dice en Apocalipsis, capítulo 4, verso 1 (veamos lo que sucede aquí, lo que Juan escucha):

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas”.

Las cosas que sucederán después de las siete etapas o edades de la Iglesia gentil: van a ser reveladas por Cristo con esa Voz de Trompeta. Las cosas que sucedieron ya en las siete edades, ya es historia.

Y ahora, hay cosas que tienen que suceder en este tiempo final, y corresponden a la Edad de la Piedra Angular, donde hay que subir y donde Cristo está en Espíritu Santo manifestado; y por medio de Su Ángel Mensajero, Él nos habla todas estas cosas que deben suceder; porque así como Él habló por medio de cada ángel mensajero en cada edad las cosas que tenían que ellos entender, ahora, para el Día Postrero, las cosas que han de suceder después de las que ya han sucedido serán dadas a conocer a la Iglesia de Jesucristo por medio del Ángel de Jesucristo.

Por eso en Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, dice:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

Para mostrar las cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final, ¿a quién envía? A Su Ángel Mensajero; porque ese es el instrumento de Jesucristo para el Día Postrero, o sea, para el séptimo milenio.

Y en Su Ángel Mensajero es que Jesucristo en Espíritu Santo se manifiesta, y por medio de Su Ángel Mensajero le habla a Su Iglesia todas estas cosas que deben suceder pronto; porque toda revelación tiene que venir a un profeta, y por medio de un profeta ser dada a conocer al pueblo de Dios. “Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas”, dice Amós, capítulo 3, verso 7.

Y Dios coloca Su Palabra siempre en la boca del profeta que Él envía. “Profeta como yo os levantará el Señor vuestro Dios; a él oiréis”, dijo el profeta Moisés en Deuteronomio, capítulo 18, versos 15 al 19. ¿Por qué? Porque Dios dice que pondrá Su Palabra en la boca de ese profeta que Él envía, y él hablará todo lo que Dios le mande a hablar; esa es la forma en que Dios siempre ha hablado. Y por eso cuando apareció Jesús también era un profeta, y Dios habló por medio de Él.

Y ahora, para el Día Postrero, todas estas cosas que deben suceder pronto son dadas a conocer a la Iglesia de Jesucristo por medio del Ángel de Jesucristo, en el cual Jesucristo estará manifestado revelándole todas estas cosas, y colocándolas en su corazón y en su boca para que él las hable a la Iglesia del Señor Jesucristo en la Edad de la Piedra Angular, donde es la manifestación de Cristo a través de Su Ángel Mensajero; para así obtener el conocimiento de todas estas cosas que deben ser, que deben suceder, en este tiempo final, y ser llamados y juntados y preparados para ser transformados en este tiempo final.

Pues esta es una de las cosas que debe suceder en el séptimo milenio: el llamado, con la Gran Voz de Trompeta, de todos los escogidos de Dios de entre los gentiles y también del pueblo hebreo; y ese llamado es el llamado de Cristo por medio de Su Ángel Mensajero con esa Gran Voz de Trompeta, y esa Voz es la Voz del Alfa y Omega: la Voz de Cristo en el Día Postrero por medio de Su Ángel Mensajero.

Por eso es que también Cristo dice en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16:

“Yo Jesús…”.

¿Quién es el que habla? Jesucristo.

“Yo Jesús he enviado mi ángel…”.

¿A quién ha enviado? A Su Ángel Mensajero. ¿Quién es el Enviado de Jesucristo? El Ángel Mensajero de Jesucristo.

“… he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

¿Quién es el ángel mensajero, el profeta mensajero que viene dando testimonio de estas cosas en las iglesias? Es el Ángel del Señor Jesucristo.

Él fue el mismo que le dio a Juan esta revelación apocalíptica en estos símbolos apocalípticos, y es el mismo que Jesucristo envía a Su Iglesia en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular, para darle testimonio a Su Iglesia de todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final; y así abrir a la Iglesia de Jesucristo estos símbolos que corresponden a este tiempo final, y así poder comprender —la Iglesia de Jesucristo— estos símbolos proféticos del libro del Apocalipsis correspondientes a este tiempo final.

Y con la apertura de estos símbolos proféticos apocalípticos correspondientes a este tiempo final, de las cosas que deben ser en este tiempo final, en el Día Postrero, la Iglesia del Señor Jesucristo recibirá esta revelación de Jesucristo tan amplia que conocerá así todas las cosas que estarán sucediendo, y las podrá identificar a través de todas las profecías también del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento; podrá ver las cosas que estarán sucediendo, y podrá unirlas a la Escritura y ver que es el cumplimiento de lo que está en la profecía bíblica correspondiente a este tiempo final. Todo eso lo obtendrá la Iglesia de Jesucristo al Jesucristo enviarle Su Ángel Mensajero dándole testimonio de todas estas cosas que deben ser en este tiempo final.

Así es como la Iglesia de Jesucristo obtendrá el conocimiento de todas estas cosas que estarán sucediendo en este tiempo final. Y será llamada la Iglesia de Jesucristo, todos los escogidos de Dios, en este Día Postrero, con esa Gran Voz de Trompeta, que es la Voz de Cristo por medio de Su Ángel Mensajero. Y así serán llamados y juntados todos los escogidos de Dios de entre los gentiles y después los escogidos de Dios del pueblo hebreo. Será por medio de la Gran Voz de Trompeta del Alfa y Omega; la Voz, la Gran Voz de Trompeta de nuestro amado Señor Jesucristo a través de Su Ángel Mensajero; esa Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, con el cual nos da —Cristo a través de Su Ángel Mensajero— a conocer todas estas cosas que deben suceder en este tiempo final: las cosas que deben ser en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio, y también las que han de ser después del séptimo milenio.

Hemos visto: “LAS COSAS QUE FUERON, LAS QUE SON Y LAS QUE HAN DE SER”</strong>; y hemos visto que para dar a conocer estas cosas Jesucristo ha enviado a Su Ángel Mensajero, a Juan el apóstol primeramente.

Y dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo que este Ángel Mensajero de Jesucristo es un profeta, lo cual ya nosotros sabemos. En la página 301 del libro de Los Sellos dijo el reverendo William Branham:

“106. Noten bien: En el tiempo cuando Dios iba a librar al mundo antes del diluvio, Él mandó un águila (recuerden que un águila representa un profeta, y también representa a Dios, y también las águilas representan a los escogidos de Dios). Cuando decidió librar a Israel, también mandó un águila (¿A quién? Al profeta Moisés. Así como antes del diluvio, ¿mandó a quién? Al profeta Noé). ¿No cree usted que cuando Juan estaba en la Isla de Patmos, este Mensaje era tan perfecto que aun no podía ser confiado a un ángel? Ahora, un ángel es un mensajero, pero ¿sabía usted que aquel mensajero era un profeta? ¿Lo creen? Vamos a probarlo. Veamos Apocalipsis 22:9 para ver si fue un águila. Él era un ángel, un mensajero, pero era un profeta, el cual reveló a Juan completamente este libro de Apocalipsis. Ahora veamos lo que Juan vio:

‘Yo Juan soy el que ha oído y visto estas cosas. Y después que hube oído y visto, me postré para adorar delante de los pies del ángel que me mostraba estas cosas.

Y él (el ángel) me dijo: Mira que no lo hagas (ningún verdadero profeta recibiría adoración, o mensajero alguno): porque yo soy siervo contigo, y con tus hermanos los profetas, y con los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios’.

Apocalipsis 22:8-9

107. Ahora, el Libro era tan importante, y es la Palabra de Dios. ¡Cuidado! Cuando la Palabra de Dios es revelada, tiene que ser traída por el profeta, porque solamente a él llega la Palabra de Dios”.

Cuando la Palabra de Dios es revelada al pueblo, es revelada por medio (¿de qué?) de un profeta; porque al profeta es que viene esa revelación de la Palabra, y luego el profeta la da al pueblo.

Por eso es que Dios coloca Su Palabra en el corazón y en la boca del profeta que Él envía, y por eso es que Dios dice: “A él oiréis”. Y el profeta Moisés dice: “A él oiréis. Profeta de en medio de ti, de entre tus hermanos, como yo, os levantará el Señor vuestro Dios; a él oiréis”. ¿Por qué? Porque Dios ha colocado Su Palabra para ese tiempo en la boca de ese profeta. Y escuchar a ese profeta es estar escuchando a Dios, porque en ese profeta está la Voz de Dios; ese profeta es la Voz de Dios para la raza humana en ese tiempo.

La Voz de Dios en el tiempo de Noé era el profeta Noé, porque en él estaba la Palabra de Dios para la raza humana; y todo lo que Noé dijo era la Palabra de Dios. Por eso vino el diluvio, y los que no creyeron fueron destruidos; y solamente un grupo de ocho personas —contando a Noé— fueron salvas. Noé, su esposa, sus tres hijos y sus tres nueras (o yernas), ellos solamente fueron salvos, porque ellos fueron los que creyeron y se mantuvieron con Noé, y eran los que estaban bajo los sacrificios que Noé ofrecía a Dios; y por consiguiente sus pecados estaban cubiertos (aunque no borrados, pero estaban cubiertos delante de Dios); y por eso es que Dios halló a Noé justo delante de Él15: porque sus pecados estaban cubiertos.

Ahora, podemos ver que Cristo, hablando de este tiempo final, dijo que la Venida del Hijo del Hombre sería como en los días (¿de quién?) de Noé16.

Estamos viviendo en un tiempo paralelo al tiempo de Noé, en donde la raza humana recibirá un diluvio no de agua, sino de fuego, en ciertas regiones del planeta Tierra; y eso es fuego atómico. Y fuego también volcánico habrá en este planeta Tierra, y lava volcánica, y ceniza volcánica. Y también todo otro tipo de fuego se va a desatar también, porque hay ciudades donde los sistemas de las cocinas, y también sistemas de calefacción, están conectados a tuberías de gas que recorren toda la ciudad, y eso es explosivo también. Por lo tanto, con los juicios divinos cayendo sobre la Tierra y la radioactividad desatándose, todo lo que sea gases que se incendian también formarán fuego; pero el fuego más terrible es el fuego atómico.

Ahora, vean ustedes cómo eso está profetizado también para suceder ¿cuándo? En el Día Postrero. Dijo Malaquías que “vendrá el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; y aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos”. Y si es una profecía, es inevitable eso que está profetizado.

Pero para los que temen el Nombre del Señor:

“… nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación”.

Y antes de ese juicio y destrucción que vendrá, los escogidos que han partido serán resucitados en cuerpos eternos y nosotros seremos transformados; y ya estando en el nuevo cuerpo, estaremos en cuerpos inmortales y glorificados, y nos iremos antes que caigan los juicios divinos sobre la Tierra, nos iremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Así que no hay ningún riesgo para los escogidos de Dios; porque a los escogidos de Dios:

“… nacerá el Sol de justicia (o sea, la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles), y en sus alas (que son los ministerios de Sus Ángeles: los ministerios de los Dos Ungidos, los ministerios de los Dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías) traerá salvación”.

Porque por medio de los ministerios de los Dos Olivos son llamados y juntados todos los escogidos de Dios con el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta.

Y estas son de las cosas que han de suceder en el Día Postrero, las cuales no sucedieron en las siete etapas o edades de la Iglesia gentil.

Estas son las cosas que han de ser en el séptimo milenio; y si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, ya estamos en el séptimo milenio desde hace muchos años. Ya, añadiéndole al calendario los años de atraso que tiene, estamos en el séptimo milenio; por lo tanto, estamos en el tiempo en donde las cosas que han de ser después de las cosas que ya han sucedido en las siete edades de la Iglesia gentil: ya las cosas que han de ser en este tiempo final, ya tienen que estar cumpliéndose.

Y solamente son conocidas por aquellos que estarán recibiendo al Ángel de Jesucristo, en el cual Jesucristo estará manifestado en Espíritu Santo colocando Su Palabra y Su revelación en ese Ángel Mensajero; y por medio de ese Ángel Mensajero revelándose a Su Iglesia, y hablándole a Su Iglesia por medio de ese Ángel Mensajero, que es el profeta de la Dispensación del Reino y de la Edad de la Piedra Angular.

Porque ese Ángel que le reveló a Juan toda esta revelación apocalíptica es un profeta, que para el Día Postrero estaría en la Tierra en carne humana; y ese es el Ángel Mensajero de la Edad de la Piedra Angular y de la Dispensación del Reino.

Y es la primera ocasión en que Jesucristo enviaría a Su Iglesia un profeta dispensacional. Por eso es que cuando compara el tiempo de la Venida del Hijo del Hombre, lo compara con los días de Noé: porque Noé era un profeta dispensacional, y lo compara con los días de Lot17, porque en los días de Lot estaba un profeta dispensacional llamado Abraham.

Estamos viviendo en días paralelos a los de Noé, a los de Moisés también (siendo Moisés un profeta dispensacional) y a los de Lot (donde estaba un profeta dispensacional llamado Abraham).

Ahora vean que en esas tres ocasiones: el tiempo de [Noé], el tiempo de Moisés y el tiempo de Abraham, hubo una destrucción. Para el tiempo de Noé: la destrucción del diluvio, del mundo antediluviano. Para el tiempo de Abraham: la destrucción de Sodoma y Gomorra con fuego del cielo. Para el tiempo de Moisés: la destrucción de Egipto con las plagas que vinieron sobre Egipto; y luego, encontramos que aun el ejército del faraón fue destruido en el Mar Rojo.

Ahora, podemos ver que todo eso es tipo y figura de lo que estará sucediendo con el reino de los gentiles, por un lado; y por otro lado, en cuanto al pueblo de Dios, las bendiciones de Dios para el pueblo de Dios.

Es un tiempo de juicio, pero es un tiempo también de bendición: un tiempo de juicio para el reino de los gentiles y para la cizaña; y es un tiempo de bendición para el Reino de Dios, para la Iglesia de Jesucristo, con todos los hijos e hijas de Dios.

Por eso son llamados y juntados todos los escogidos de Dios en la Iglesia del Señor Jesucristo: donde está la bendición de Jesucristo para recibir así la fe para ser transformados y llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Y estas son de las cosas que deben ser en este tiempo final, las cuales ya están escritas en estas profecías apocalípticas que se encuentran en estos símbolos del libro del Apocalipsis, donde se reúnen todas las profecías del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento relacionadas a este tiempo final; ahí están condensadas, en el libro del Apocalipsis.

Hemos visto: “LAS COSAS QUE FUERON, LAS QUE SON Y LAS QUE HAN DE SER”.

En la próxima actividad estaremos viendo el tema correspondiente a la próxima actividad, el cual es: “EL ESPÍRITU DE DIOS HABLÁNDOLE A LAS IGLESIAS”; y vamos a ver cómo el Espíritu de Dios le habla a las iglesias, cómo le habló a las iglesias en tiempos pasados y cómo le estaría hablando a las iglesias en este tiempo final, para que así todos puedan escuchar la Voz del Espíritu de Dios, la Voz de Jesucristo, en este tiempo final.

En esta ocasión hemos escuchado: “LAS COSAS QUE FUERON, LAS QUE SON Y LAS QUE HAN DE SER”.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también; y pronto se complete el número de los escogidos de Dios; y pronto los muertos en Cristo resuciten en cuerpos eternos, y nosotros los que vivimos seamos transformados, y seamos todos llevados a la Cena de las Bodas del Cordero con nuestro amado Señor Jesucristo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos.

“LAS COSAS QUE FUERON, LAS QUE SON Y LAS QUE HAN DE SER”.

[Revisión septiembre 2021]

1 San Juan 1:29

 

2 Romanos 6:23

 

3 San Juan 1:27

 

4 Génesis 1:1

 

5 Hechos 1:1-3

 

6 2 Samuel 7:12-13, 1 Crónicas 17:11-14, Salmo 132:11

 

7 Isaías 7:14

 

8 Miqueas 5:2

 

9 San Juan 5:43

 

10 San Juan 18:11

 

11 San Juan 18:36-37

 

12 San Lucas 22:29

 

13 1 Juan 3:12

 

14 San Juan 8:12

 

15 Génesis 7:1

 

16 San Mateo 24:37-39, San Lucas 17:26-27

 

17 San Lucas 17:28-30

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