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La Voz del Señor Jesucristo en el Día Postrero
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La Voz del Señor Jesucristo en el Día Postrero

Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes aquí en San José de los Campos, República del Brasil. Es para mí una bendición grande estar con ustedes nuevamente, para compartir unos momentos de compañerismo alrededor del Programa Divino, y ver dónde nos encontramos en el Programa de Dios, y así ver qué tiene Dios para nosotros en este tiempo final; y ver si Dios se olvidó o no se olvidó de la América Latina y el Caribe.

Vamos a ver en Apocalipsis, capítulo 1, verso 1 al 10, y Apocalipsis, capítulo 22, verso 16. Dice así:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

Y ahora leemos en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, donde dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana”.

Nuestro tema para esta ocasión es “LA VOZ DEL SEÑOR JESUCRISTO EN EL DÍA POSTRERO”. Y esa es la Voz que nosotros queremos escuchar: la Voz de nuestro amado Señor Jesucristo.

Es muy importante saber que para escuchar la Voz de Dios necesitamos encontrar por medio de quién Dios está hablando.

“Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas”, así nos dice por medio del profeta Amós, en el capítulo 3, verso 7. Y por medio del profeta Moisés nos dice en Deuteronomio, capítulo 18, verso 15 en adelante:

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis;

conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.

Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho.

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.

Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta”.

Así dice Dios por medio del profeta Moisés.

Dios ha establecido que pondrá Su Palabra en la boca del profeta que Él envía; y cuando ese profeta habla esa Palabra, esa es la Voz de Dios para el pueblo en ese tiempo.

Por eso ustedes pueden ver que Dios ha enviado profetas a través de toda la historia bíblica, y en ellos ha estado la Voz de Dios para el pueblo. El apóstol San Pablo nos dice en Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 2:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo…”.

Ahora podemos ver que Dios habló en el Antiguo Testamento por medio de los profetas; era la Voz de Dios para el pueblo hebreo a través de hombres que vivieron en medio del pueblo hebreo; pero muchas personas no comprendieron que el Mensaje que ellos traían era la Voz de Dios para el pueblo.

Cuando las personas o un pueblo ignora esta verdad, no puede escuchar la Voz de Dios consciente de que Dios está hablándole al pueblo y, por consiguiente, a todo ser humano; y muchas personas se levantan en contra de ese mensajero de Dios.

Por eso fueron perseguidos los profetas de Dios: porque el pueblo no comprendió que ellos eran la Voz de Dios; pues en ellos estaba la Palabra de Dios y estaban ungidos con el Espíritu de Dios; era la Voz de Dios para el pueblo en cada ocasión.

En Zacarías, capítulo 7, verso 11 al 12, nos habla Dios, diciéndonos por medio del profeta Zacarías acerca del comportamiento del pueblo hebreo frente a los profetas de Dios, y dice:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos”.

¿Por medio de quién venía la Palabra de Dios para el pueblo hebreo?, ¿por medio de quién venía la Voz de Dios para el pueblo hebreo? Por medio de los profetas, en los cuales estaba el Espíritu de Dios; y colocaba esa Palabra en el corazón y en la boca de esos profetas, y ellos hablaban esa Palabra. Pero el pueblo no quiso escuchar, y por consiguiente vino gran enojo de parte de Dios.

Y ahora podemos ver el por qué el pueblo hebreo ha tenido tantos problemas. De toda la vida de existencia del pueblo hebreo, son más los siglos que ha tenido de problemas que los que ha tenido sin problemas. ¿Y por qué? Porque no han querido escuchar la Voz de Dios en sus diferentes edades, y por eso ha venido gran enojo de parte de Dios.

Vean, en Deuteronomio, capítulo 30, Dios habla para el pueblo hebreo y le dice:

“Sucederá que cuando hubieren venido sobre ti todas estas cosas, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, y te arrepintieres en medio de todas las naciones adonde te hubiere arrojado Jehová tu Dios,

y te convirtieres a Jehová tu Dios, y obedecieres a su voz conforme a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma,

entonces Jehová hará volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y volverá a recogerte de entre todos los pueblos adonde te hubiere esparcido Jehová tu Dios.

Aun cuando tus desterrados estuvieren en las partes más lejanas que hay debajo del cielo, de allí te recogerá Jehová tu Dios, y de allá te tomará;

y te hará volver Jehová tu Dios a la tierra que heredaron tus padres, y será tuya; y te hará bien, y te multiplicará más que a tus padres.

Y circuncidará Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas.

Y pondrá Jehová tu Dios todas estas maldiciones sobre tus enemigos, y sobre tus aborrecedores que te persiguieron”.

Ahora vean ustedes cómo Dios habla de bendiciones y de maldiciones. Para el pueblo hebreo, las maldiciones han venido por causa de no escuchar la Voz de Dios; y las bendiciones es por escuchar la Voz de Dios y seguir el Programa de Dios.

Ahora, podemos ver que para el tiempo final Dios ha prometido la restauración para el pueblo hebreo, conforme a Ezequiel, capítulo 37, donde le presenta un campo de huesos, de personas muertas, un campo lleno de huesos secos, y le dice al profeta Ezequiel [verso 11]: “Esta es la casa de Israel, un campo lleno de huesos secos”.

Y le pregunta al profeta Ezequiel [verso 3]: “¿Vivirán estos huesos?”, y el profeta Ezequiel le dice a Dios: “Señor, Tú lo sabes”; porque Ezequiel sabe una cosa: que no hay nada imposible para Dios; y si Dios en Su Programa tiene el resucitar aquel campo de huesos secos, pues Dios lo va a hacer.

Para la Iglesia del Señor Jesucristo, va a resucitar a personas en cuerpos eternos, personas que algunos de ellos han muerto hace 500 o 1000 o 2000 años, y ya sus huesos están convertidos en polvo. Y si Dios resucitará a los muertos en Cristo, aunque sus cuerpos y sus huesos estén convertidos en polvo, también resucitará al pueblo hebreo como nación, aunque sea un campo de huesos secos; ¡ya ahí hay algo!

Pero de entre los escogidos gentiles, para algunos no queda ni el polvo de los huesos, porque han muerto hace miles de años; algunos 1000 años o 1500 años: San Pablo, San Pedro y los apóstoles. Pero Cristo ha dicho1: “… yo le resucitaré en el día postrero”.

Y para el Día Postrero también va a resucitar al pueblo hebreo como nación, y va a ser la cabeza de todas las naciones. ¿Y qué significa eso? Pues que va a ser la capital del mundo, Jerusalén, y el territorio de Israel va a ser el Distrito Federal. Y de ahí saldrán todas las leyes para todas las naciones2, y de ahí saldrá toda enseñanza, tanto en el campo espiritual como en el campo político también. Y ahí estará también el Mesías, el Rey de Israel, sobre el Trono de David; pero tiene Dios que resucitar al pueblo hebreo como nación.

Y por cuanto el Espíritu de Dios fue ahuyentado de la nación hebrea por causa de rechazar al Mesías en Su Primera Venida, el Espíritu de Dios se movió hacia los gentiles: se movió por Asia Menor, luego por Europa, luego por Norteamérica. ¿Y después hacia dónde? Hacia la América Latina y el Caribe; y de ahí es que regresará al pueblo hebreo.

Ahora podemos ver que Dios le dijo al profeta Ezequiel: “Llama el Espíritu de Dios, llama el Espíritu para esos cuerpos”. ¿Y “llámalo” de dónde? Vamos a ver.

Es que el Espíritu de Dios ha estado viajando por diferentes lugares, en la manifestación de los siete espíritus de Dios que recorren toda la Tierra; y ese recorrido del Espíritu de Dios por toda la Tierra lo ha realizado a través de las diferentes edades o etapas de la Iglesia gentil.

Encontramos entre los gentiles al Espíritu de Dios:

• En Asia Menor manifestado en San Pablo; y San Pablo decía3: “No vivo ya yo, vive Cristo en mí”. San Pablo fue la Voz de Cristo para esa primera edad de la Iglesia gentil allá en Asia Menor, y él estableció la Palabra Divina para esa primera edad.

• Luego se movió el Espíritu de Dios a Francia, y allí levantó a Ireneo como el mensajero de la segunda edad o etapa de la Iglesia de Jesucristo entre los gentiles; y por medio de Ireneo, Jesucristo en Espíritu Santo habló al pueblo. Y él fue la Voz de Dios, la Voz de Jesucristo, para esa segunda etapa de la Iglesia entre los gentiles.

• Luego vino la tercera etapa, y levantó a Martín, y en Francia y en Hungría se cumplió la tercera edad de la Iglesia gentil; y Martín fue la Voz de Cristo para la tercera edad de la Iglesia entre los gentiles.

• Luego vino la cuarta etapa, y levantó Dios a Colombo; lo ungió con Su Espíritu, colocó Su Palabra en su boca para esa cuarta etapa, la cual se cumplió en Irlanda y Escocia. Y él fue la Voz de Dios, la Voz de Jesucristo para esa cuarta edad de la Iglesia de Jesucristo entre los gentiles.

• Luego vino la quinta etapa o edad de la Iglesia gentil, la cual se cumplió en Alemania, donde levantó al reverendo Martín Lutero, el cual —ungido por el Espíritu de Dios— trajo la Palabra de Cristo para el pueblo. Él fue la Voz de Cristo para esa quinta etapa de la Iglesia entre los gentiles, y se cumplió en Alemania.

• Luego vino la sexta etapa de la Iglesia entre los gentiles, la cual se cumplió en Inglaterra, donde Dios levantó a Juan Wesley y colocó Su Palabra en su boca. Y él trajo el Mensaje de Cristo para la Iglesia de Jesucristo; fue Jesucristo en Juan Wesley hablándole a Su Iglesia y hablándoles a todos los seres humanos; porque por medio de estos mensajeros Cristo ha hablado a Su Iglesia y al mundo entero.

• Después vino la séptima edad de la Iglesia gentil, y levantó Dios al reverendo William Branham en Norteamérica, donde se cumplió la séptima edad de la Iglesia gentil. Y él fue la Voz de Cristo para la séptima edad de la Iglesia gentil; por medio de él Jesucristo le habló a Su Iglesia y le habló a todo ser humano; porque Cristo por medio del mensajero de cada edad le habla a Su Iglesia y le habla a todo ser humano.

Y luego que han transcurrido estas siete etapas de la Iglesia entre los gentiles, hemos visto cómo la Voz de Cristo ha estado hablando en este planeta Tierra por medio de Sus ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil. Fue la Voz de Cristo en cada ángel mensajero, ellos fueron la Voz de Cristo para el pueblo.

Y ahora hemos llegado al Día Postrero; y podemos ver cómo Cristo estuvo manifestado en esas siete etapas de la Iglesia gentil: fue el Espíritu de Dios recorriendo esas siete etapas entre los gentiles; fue la manifestación de los siete espíritus de Dios, o sea, del Espíritu Santo en siete manifestaciones a través de siete ángeles mensajeros, hombres enviados por Dios.

Y para este tiempo final, Jesucristo en Espíritu Santo se mueve a la América Latina y el Caribe; y en la América Latina y el Caribe nos habla todas estas cosas que deben suceder pronto, en la Edad de la Piedra Angular.

La Edad de la Piedra Angular es la etapa que corresponde a este tiempo final en la Iglesia de Jesucristo, y el cumplimiento de esa etapa es en la América Latina y el Caribe.

Cristo no se olvidó de los latinoamericanos y caribeños: nos tuvo en Su mente, y nos ha dado la bendición más grande que Él tenía para darle a Su Iglesia. La Iglesia de Jesucristo tiene la bendición más grande en la América Latina y el Caribe.

Por eso es que dice: “Sube acá (¿A dónde? A la Edad de la Piedra Angular), y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”, o sea, después de las que ya han sucedido en las siete edades de la Iglesia gentil; ahora las cosas que han de suceder, en la Edad de la Piedra Angular, Cristo las va a dar a conocer.

Y Él habla con esa Voz de Trompeta, en Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, diciendo con esa Voz de Trompeta: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas que ya han sucedido”.

Y ahora, ¿por medio de quién nos estará hablando todas esas cosas que han de suceder pronto? “Porque no hará nada, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas”.

Él dice en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, a quién Él enviará; y será para todas las iglesias y para todos los seres humanos; y él será la Voz de Cristo, porque Cristo estará en él manifestado, en la manifestación final de Cristo en medio de Su Iglesia; y por medio de él, Cristo estará hablándonos todas estas cosas que deben suceder pronto.

¿Y quién es esa persona? Que lo diga el mismo Jesús. Él es la persona de la cual Cristo ha hablado más, él es el más identificado por Cristo, de todos los mensajeros que Cristo enviaría. Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

¿Quién es el Enviado de Jesucristo? Su Ángel Mensajero. ¿Y para qué es enviado? Para dar testimonio de estas cosas en todas las iglesias; y a todas las iglesias, y a todo ser humano, y a toda nación; pueblo, nación y lengua. Ese es el Enviado de Jesucristo, esa es la Voz de Jesucristo en el Día Postrero.

Apocalipsis 22, verso 6, dice:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿Cómo son dadas a conocer las cosas que deben suceder pronto? Son dadas a conocer por medio del Ángel de Jesucristo, ungido con el Espíritu de Cristo; y por medio de él, Jesucristo estará hablándole a Su Iglesia y a todo pueblo, nación y lengua, a todo ser humano que vive en este tiempo final; porque él es la Voz del Señor Jesucristo en el Día Postrero para todas las iglesias y para todo ser humano. Y el Día Postrero es el séptimo milenio.

Y si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, ya hace tiempo estamos en el séptimo milenio, ya hace tiempo entramos al nuevo milenio; pero si lo dejamos (el calendario) como está, solamente falta un año con algunos meses para llegar al año 2000, y llegar entonces al séptimo milenio, que es el Día Postrero delante de Dios.

¿Pero se le habrá atrasado a Dios Su calendario? A Dios no se le atrasa Su calendario; y si no se le ha atrasado Su calendario, ya estamos en el Día Postrero, en el tiempo en que todo ser humano está llamado a estar escuchando LA VOZ DEL SEÑOR JESUCRISTO EN EL DÍA POSTRERO.

Y ahora hemos visto cuál es la Voz de Jesucristo: es la Voz del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, a través de Su Ángel Mensajero.

Su Ángel Mensajero, que es el último profeta que Jesucristo envía a la Tierra, es el profeta de la Dispensación del Reino, es un profeta dispensacional: es la primera ocasión en que Jesucristo envía un profeta dispensacional a Su Iglesia. Esa es la clase de profeta más grande que Dios envía al planeta Tierra.

De esa clase de profeta solamente hay siete: Adán, Set, Noé, Abraham, Moisés, Jesús y el Ángel del Señor Jesucristo. ¿Y por qué hay siete? Porque son siete dispensaciones con siete Mensajes dispensacionales.

Por eso es que San Juan (el apóstol) quiso adorar al Ángel de Jesucristo4. Ese Ángel del Señor Jesucristo es el Mensajero de Jesucristo, el instrumento de Jesucristo el cual le dio a Juan la revelación del Apocalipsis en la década del 90, del primer siglo de la era cristiana. Es el segundo hombre que antes de venir en carne humana a la Tierra ministra la Palabra de Dios.

¿El primero quién fue? Nuestro amado Señor Jesucristo; y el segundo es el Ángel del Señor Jesucristo.

Por eso ustedes pueden ver una similitud en el Ángel de Jesucristo con Jesucristo; aunque el Ángel no es el Señor Jesucristo, pero miren ustedes la similitud que encontramos a través de la Biblia:

Jesucristo dice de Su Ángel…, porque ese es el siervo fiel y prudente5, y ese es el Vencedor para el Día Postrero; de ese es que está hablando cuando Él dice6: “Al que venciere, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro, y serán quebrantadas como vaso de alfarero; así como yo he recibido de mi Padre”.

Como Cristo recibió del Padre, ahora Cristo le otorga al Vencedor, que será en el Día Postrero Su Ángel Mensajero; o sea que lo mismo que el Padre hizo con Jesús es lo que Jesús hace con Su Ángel.

También dice7: “Al que venciere, yo le daré a comer del Maná escondido, y le daré una Piedrecita blanca, y en la Piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe”.

Dice “aquel que lo recibe”; no dice “aquellos que los reciben”, sino “aquel que lo recibe”. Y también dice “Al que venciere”; no dice “A los que vencieren”, sino “Al que venciere, yo le daré una Piedrecita blanca”.

El Mensaje siempre es dirigido al mensajero; y el pueblo que está con el mensajero recibe las bendiciones de Dios que Dios le da al mensajero, porque él las comparte con el pueblo que recibe su Mensaje. Y por eso el pueblo que recibe su Mensaje es el pueblo que recibe a profeta, y por consiguiente recibe recompensa de profeta8: recibe los beneficios para los cuales envió ese profeta.

Es el siervo fiel y prudente el que da el alimento espiritual a los hijos de Dios en la Casa de Dios; y ese Alimento lo recibe él primero, porque es la Palabra; porque “no solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”9. Él recibe esa Palabra revelada de parte de Cristo y la comparte con todos los hijos e hijas de Dios en la edad que le toca vivir.

Y el siervo fiel y prudente que esté viviendo en el Día Postrero, en el tiempo del fin, es el que recibirá las grandes bendiciones, siendo materializadas en él esas grandes bendiciones; pero todo fue reflejado en los siete ángeles mensajeros.

Ahora, por eso dice10: “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin”.

Y ya los otros mensajeros de las siete edades se fueron, y ahora a nosotros nos ha tocado vivir en el fin: el fin del tiempo, el fin del siglo, el fin de las edades; porque estamos en una nueva edad: la Edad de la Piedra Angular; y una nueva dispensación se está entrelazando con la Dispensación de la Gracia. Ahora a nosotros nos ha tocado vivir en el fin del siglo.

¿Y cuál sería la señal para el fin del siglo? Jesucristo dijo11: “Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles”.

El fin del siglo es el tiempo de la cosecha: de la cosecha del trigo y también de la cosecha de la cizaña. La cizaña será echada en el horno de fuego (en la gran tribulación), donde será quemada; pero el trigo es recogido y colocado en el granero de Dios. Y los muertos en Cristo serán resucitados en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seremos transformados, y seremos llevados a la Casa de nuestro Padre celestial, a la Gran Cena de las Bodas del Cordero.

Ahora podemos ver que estas bendiciones son para nosotros, en este tiempo final. Todas las bendiciones que Cristo le dará a Su Ángel Mensajero, todo el pueblo creyente en la Palabra de Cristo que estará hablando en el Día Postrero recibirá bendiciones en abundancia. Es la Edad de Oro para la Iglesia de Jesucristo.

Ahora vean ustedes, dice también para el Vencedor12: “Al que venciere, yo le haré columna en el templo de mi Dios”. Una columna es una parte del edificio muy importante, y eso en el campo espiritual significa que le hará una persona importante en Su Reino.

Y dice: “… y escribiré sobre él el nombre de mi Dios”.

Ahora, vean ustedes, es la segunda ocasión en que un hombre es portador del Nombre de Dios.

El Ángel del Pacto es el que tiene el Nombre de Dios, conforme al Éxodo, capítulo 23, verso 20 en adelante:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él”.

Y cuando el Ángel del Pacto vino en carne humana, cuando se hizo carne en la persona de Jesús, ahí estaba el Nombre de Dios para redención; para morir en la Cruz del Calvario y llevar a cabo la redención del ser humano, quitar nuestros pecados, y así ser libres por el Hijo del Hombre, Jesucristo nuestro Salvador.

Y ahora, vean ustedes una cosa muy importante. Continuamos leyendo…

Ya hemos visto que el Ángel del Pacto tiene el Nombre de Dios; y cuando vino en carne humana, el Verbo hecho carne, ahí estaba el Nombre de Dios para redención, para salvación. Nadie más podía llevar a cabo la Obra de Redención, sino Jesucristo.

Tenía dos cosas muy importantes (o tres): era la persona portadora del Nombre de Redención, Nombre de Dios para redención; y portador del Ángel del Pacto, que es el que tiene el Nombre de Dios: en Él estaba el Ángel del Pacto manifestado.

Nadie más podía hacer esa Obra; aunque tuviera el Nombre, pero tenía que tener al Ángel del Pacto manifestado en él llevando a cabo esa Obra.

Y ahora, en este pasaje de Apocalipsis, capítulo 3, verso 12, donde Jesús dice:

“… y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo”.

Ahora vean ustedes cómo en otro hombre va a venir el Nombre de Dios, y el Nombre de la Ciudad de nuestro Dios, y el Nombre Nuevo del Señor Jesucristo manifestado; y eso quien lo dice es Jesucristo, nuestro amado Salvador.

Si encontramos ese hombre, ese Vencedor en el cual estará Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en el Día Postrero hablándole a Su Iglesia, hemos encontrado entonces ese Vencedor que es hecho columna en el Templo de nuestro Dios y sobre el cual Jesucristo dice que escribirá el Nombre de Dios, y el Nombre de la Ciudad de nuestro Dios, y el Nombre Nuevo del Señor Jesucristo.

Es Cristo el que dice que tiene un nombre nuevo. ¿Y quién se va a poner a contradecir a Jesucristo? Si Él dice que tiene un nombre nuevo, pues Él tiene un nombre nuevo; y Él lo va a escribir sobre el Vencedor.

Y ese es el mismo nombre de nuestro Dios y es el mismo nombre de la Ciudad de nuestro Dios; y es el mismo nombre del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, el cual lleva el Nombre de Dios, del cual dijo Dios: “Él tiene mi Nombre”. Él dijo:

“Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él”.

Y ahora, Dios colocó Su Nombre en Su Ángel. Y ahora Jesucristo ha dicho que va a colocar Su Nombre Nuevo sobre el Vencedor; ese será Su Ángel Mensajero.

Así como Dios colocó Su Nombre sobre Su Ángel, el Ángel del Pacto, que es el mismo Dios en Su cuerpo teofánico: colocó Su Nombre en ese cuerpo teofánico; y luego, cuando se hizo carne, allí estaba manifestado el Nombre de Dios para redención.

Y para el Día Postrero Jesucristo nos dice que tiene un nombre nuevo, y lo va a colocar, lo va a escribir, sobre el Vencedor; y escribirá también el Nombre de Dios y el Nombre de la Ciudad de nuestro Dios.

Y el misterio del Nombre Eterno de Dios y Nombre de la Ciudad de nuestro Dios y Nombre Nuevo de Jesucristo, lo tendrá un hombre: el Ángel del Señor Jesucristo; la Voz de Jesucristo para el Día Postrero, que es Su Ángel Mensajero, a través del cual estará Jesucristo en Espíritu Santo manifestado hablándole a Su Iglesia y hablándole al mundo entero.

Hemos visto quién es la Voz de Jesucristo para el Día Postrero: es el Ángel de Jesucristo, en el cual Jesucristo estará manifestado en Espíritu Santo en el Día Postrero (o sea, en el séptimo milenio); y estará por medio de Su Ángel Mensajero hablándole a Su Iglesia y hablándole al mundo entero, porque estará colocando en el corazón y en la boca de Su Ángel Mensajero Su Palabra, Su Mensaje correspondiente a este tiempo final.

Colocará en el corazón y en la boca de Su Ángel Mensajero el Mensaje del Evangelio del Reino, para predicarlo a la Iglesia de Jesucristo, al pueblo hebreo, a todas las naciones, a todo ser humano; y así la Tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar13; será lleno el planeta Tierra del conocimiento de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Hay una promesa también de Cristo en Apocalipsis, capítulo 3, verso 21, que dice:

“Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono; así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”.

¿Quién se sentó en el Trono del Padre? El que tenía el Nombre de Dios para redención, y en el cual el Ángel del Pacto estaba manifestado llevando a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario.

Y ahora, ¿quién se sentará con Cristo en Su Trono en el séptimo milenio? El Ángel Mensajero, en el cual estará Cristo manifestado en el Día Postrero llevando a cabo la labor del Día Postrero, y ahí colocará Él Su Nombre; y el Ángel Mensajero será el que comprenderá ese Nombre Nuevo del Señor Jesucristo y Nombre Eterno de Dios y Nombre de la Ciudad de nuestro Dios.

Ahora podemos ver que con la manifestación de Cristo en Espíritu Santo a través de Su Ángel Mensajero estará siendo manifestado el Nombre Eterno de Dios, y por consiguiente la Obra de Dios será realizada en este tiempo final; y Dios avivará, o sea, le dará vida a Su Obra en este tiempo final; como oró el profeta Habacuc, en el capítulo 3, cuando dijo:

“He oído Tu Palabra y temblé.

Aviva Tu Obra en medio de los tiempos.

En medio de los tiempos hazla conocer”.

Avivar la Obra es traerla a vida: cumpliendo lo que Él ha prometido para cada tiempo. Y para nuestro tiempo la Obra de Dios es la Obra correspondiente a la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino.

¡Señor, aviva Tu Obra en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, en este tiempo final! ¡Trae a vida toda promesa que Tú has hecho para el Día Postrero, para la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, y dala a conocer! Y para eso, úsanos en este tiempo final.

¡Coloca en Tu Mensaje de este Día Postrero toda la revelación de lo que Tú estás haciendo en este tiempo final!, para que así todos conozcan Tu Obra correspondiente a este tiempo final. ¡Coloca la revelación divina de toda Tu Obra de este Día Postrero, colócala en Tu boca, Tu Mensajero, que es Tu Voz para este Día Postrero! En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

“LA VOZ DE JESUCRISTO EN EL DÍA POSTRERO”. Ese ha sido nuestro tema para esta ocasión. “LA VOZ DEL SEÑOR JESUCRISTO EN EL DÍA POSTRERO”.

Que Jesucristo hable grandes bendiciones cada día para cada uno de ustedes y para mí. ¡Y nosotros, con toda nuestra alma, las creemos!, y se van a materializar en cada uno de ustedes y en mí también.

Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una noche llena de las bendiciones de Cristo.

Dejo nuevamente con nosotros al reverendo Miguel Bermúdez Marín, para continuar y finalizar nuestra parte en esta ocasión.

“LA VOZ DEL SEÑOR JESUCRISTO EN EL DÍA POSTRERO”.

[Revisión abril 2020]

1 San Juan 6:40, 44, 54

2 Isaías 2:3, Miqueas 4:2

3 Gálatas 2:20

4 Apocalipsis 19:10, 22:8-9

5 San Mateo 24:45-47, San Lucas 12:42-44

6 Apocalipsis 2:26-27

7 Apocalipsis 2:17

8 San Mateo 10:41

9 San Mateo 4:4, San Lucas 4:4, Deuteronomio 8:3

10 Apocalipsis 2:26

11 San Mateo 13:41

12 Apocalipsis 3:12

13 Habacuc 2:14, Isaías 11:9

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