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El Hijo trabajando como el Padre le muestra
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El Hijo trabajando como el Padre le muestra

Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes aquí en Leme, San Pablo, Brasil. Es para mí un privilegio y bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para lo cual quiero leer en San Juan, capítulo 5, versos 17 en adelante, donde nos dice el mismo Jesucristo:

“Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.

Por esto los judíos aun más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios.

Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente.

Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis.

Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida.

Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo,

para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.

De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”.

“EL HIJO TRABAJANDO COMO EL PADRE LE MUESTRA”. Ese es nuestro tema para esta ocasión.

Encontramos a Jesucristo, el Hijo de Dios, trabajando como el Padre le mostraba. ¿Y qué cosas estaba haciendo Jesucristo? Estaba llevando a cabo la labor que el Padre celestial dijo que llevaría a cabo en ese tiempo.

El Padre celestial dijo que enviaría al Mesías, el Cristo, el Ungido; y con la presencia de Jesús en medio del pueblo hebreo, Jesucristo estaba dando cumplimiento a esa promesa; porque Jesucristo, el Hijo de Dios, estaba trabajando como el Padre le mostraba.

Por eso podemos ver en San Lucas, capítulo 4, donde Jesús leyó, tomando el libro del profeta Isaías, que le fue entregado; y esto sucedió en Nazaret al comienzo del ministerio de Jesús. Dice, capítulo 4, verso 14 en adelante, de San Lucas:

“Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor.

Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos.

Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer.

Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito:

El Espíritu del Señor está sobre mí,

Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;

Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;

A pregonar libertad a los cautivos,

Y vista a los ciegos;

A poner en libertad a los oprimidos;

A predicar el año agradable del Señor.

Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.

Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”.

Se estaba cumpliendo la Escritura del hombre ungido con el Espíritu de Dios, que Dios enviaría, el cual sería el Mesías; y el Padre celestial en la Escritura mostró las cosas que haría ese hombre en Su Venida. Y todas estas cosas las hizo Jesucristo en Su Venida; hasta donde Él leyó, hasta ahí Él cumplió; porque el resto, donde dice: “… y el día de venganza del Dios nuestro…”1, sería para ser predicado no en la Primera Venida de Cristo, sino en la Segunda Venida de Cristo; porque después de la predicación del día de venganza del Dios nuestro, vendrá la venganza del Dios nuestro, que es la gran tribulación, donde el juicio divino caerá sobre la raza humana.

Ahora, podemos ver el por qué Jesús leyó hasta el lugar que leyó: porque hasta allí Él cumpliría en Su Primera Venida.

Él hacía lo que el Padre celestial le mostraba; y Él, haciendo lo que el Padre celestial le mostraba, llevó a cabo la Obra de Dios correspondiente a aquel tiempo, la Obra Mesiánica; y vino con el Mensaje mesiánico y manifestación mesiánica de la Primera Venida del Mesías.

¿Y quién era Jesucristo? Físicamente, un obrero de la construcción. ¿No era Él carpintero? Claro que era carpintero en Nazaret. En un obrero de la construcción se estaban cumpliendo las grandes promesas de la Primera Venida de Cristo.

Ahora, ¿quién estaba en ese hombre tan sencillo? El personaje más grande del universo y de la Tierra: el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que libertó al pueblo hebreo y los llevó a la tierra prometida. El Ángel de Jehová, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, estaba dentro de aquel velo de carne, manifestándose en el cumplimiento de Su Primera Venida en medio de los seres humanos vestido de carne humana.

Y para Él venir en medio de los seres humanos manifestado en toda Su plenitud vestido de carne humana, tuvo que crear un cuerpo de carne en el vientre de María. ¿Por qué? Porque con la sangre de los animalitos que el pueblo hebreo ofrecía a Dios, el pecado no era quitado: era solamente cubierto. Por lo tanto, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, no podía manifestarse en toda Su plenitud en un cuerpo de carne que tuviera pecado, aunque estuviera cubierto el pecado con la sangre de aquellos animalitos.

Él había tenido manifestaciones en carne humana en Sus profetas del Antiguo Testamento, pero Él quería manifestarse entre los seres humanos ¡y ser uno de los seres humanos!

Y para esa visita Él no podía usar un velo de carne nacido por medio de la unión de un hombre y de una mujer. Pero conforme a la promesa divina de Génesis, capítulo 3, verso 15, tenía que venir por medio de una mujer: sería la simiente de la mujer; esa simiente sería la que heriría al diablo en la cabeza.

Por lo tanto, en el Programa Divino hubo una mujer escogida por Dios desde antes de la fundación del mundo para ese propósito2</a>; y Dios creó en el vientre de María una célula de vida, la cual se multiplicó célula sobre célula, y así se formó —por creación divina— el cuerpo de Jesús, el cual nació en Belén de Judea, conforme a la promesa; porque tenía que venir como un descendiente del rey David.

Y por eso la mujer, la virgen, por la cual vendría el Mesías, por la cual nacería el Mesías, tenía que ser una descendiente del rey David. Esa mujer o virgen de la cual habló el profeta Isaías en el capítulo 7 y verso 14, vean ustedes, tenía que ser una descendiente del pueblo hebreo, y aún más: tenía que ser una descendiente del rey David. Dice Isaías, capítulo 7, verso 14:

“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel (Emanuel significa: Dios con nosotros)3”.

La virgen que tendría ese niño, tendría la Venida de Dios en carne humana, en ese cuerpecito que nacería de ella.

Ahora, eso cumpliría la promesa divina de Génesis, capítulo 3, verso 15: la simiente de la mujer, la cual sería el Mesías, el niño que nacería. Vean cómo desde el Génesis ya Dios está hablando de ese niño que ha de nacer, el cual sería el Mesías en Su Primera Venida; y está diciendo que tiene que venir por medio de una mujer virgen.

Y ahora, por medio del profeta Isaías está mostrando que esa virgen tiene que ser del pueblo hebreo.

A medida que fue pasando el tiempo, Dios fue dando más luz por medio de Sus profetas enviados, con relación a la Venida del Mesías.

Y ahora, cuando se cumplió el tiempo para la Venida del Mesías, había una profecía que decía que de Jacob saldría una estrella: Números, capítulo 24, verso 17. Aunque la dio el profeta Balaam, eso era Palabra de Dios que había sido colocada en la boca del profeta Balaam; aunque él era un falso profeta, en el sentido de que él en su alma no era una simiente de Dios; y le gustaba el dinero; y usaba el ministerio para conseguir dinero y fama, en vez de usar su ministerio en favor del pueblo hebreo y decirle al profeta Moisés: “Moisés, yo estoy a tu lado. Quiero servirte a ti y al pueblo hebreo en todo lo que ustedes me necesiten”.

Esa era la forma correcta para hacer el profeta Balaam; pero él no hizo en esa forma. Aunque Dios le prohibió maldecir al pueblo, pues le dijo: “No maldigas al pueblo, porque el pueblo es bendito”4. Y Balaam no se atrevió a maldecir al pueblo, sino que lo bendecía cuando hablaba del pueblo en las profecías que habló. Pero cuando dio el consejo al rey Balac, para no perder la recompensa que le habían ofrecido, el consejo le hizo daño al pueblo hebreo y al profeta Moisés. Balaam sabía que el pueblo hebreo no podía ser maldecido por otro hombre, aunque fuera otro profeta, porque toda maldición que él echara sobre el pueblo hebreo le regresaría a él.

Y ahora, Balaam sabía que si el pueblo hebreo se apartaba de Dios y se convertía en un pueblo idólatra y pecador, entonces —por cuanto la paga del pecado es muerte5— el juicio divino vendría sobre el pueblo hebreo; y le dio el consejo a Balac para que llevara a cabo aquellas fiestas paganas e invitara al pueblo hebreo, para que así el pueblo hebreo se emborrachara y adorara ídolos y cometiera adulterio, y se casaran con gente de otras naciones, con personas paganas, idólatras; y así hizo el rey Balac, y la ira de Dios vino sobre el pueblo hebreo, y murieron miles de personas.

Ahora, vean ustedes, cuando Moisés luego entró con el ejército al territorio de Madián (o Midián) mataron a la gente de esos territorios, que estaban confederados, y entre ellos murió Balaam6. Pudo haber sido de bendición para el pueblo hebreo y para Moisés, pero no cedió: no se colocó a la disposición de Moisés, que era un profeta dispensacional.

Y cuando Dios envía un profeta dispensacional a la Tierra, no importa qué ministerio tenga cualquier otra persona: está llamado a estar sujeto a ese ministerio.

Todo otro ministerio en medio del pueblo hebreo, o en medio de cualquier otra nación, tenía que estar sujeto al ministerio de Moisés, porque era un profeta dispensacional. Como fue en el tiempo de Noé: todo ministerio tenía que estar sujeto al de Noé; y los que no estuvieron sujetos al de Noé, ¿qué sucedió? Vino el diluvio y se los llevó, y solamente sobrevivió Noé y su familia.

Ahora, cuando Dios envía a la Tierra un profeta dispensacional, ha enviado la clase de profeta más grande que Él puede enviar.

Dios tiene muchos profetas y ha enviado muchos profetas, pero profetas dispensacionales tiene muy pocos. ¿Saben cuántos tiene? Siete profetas nada más, dispensacionales, porque son siete dispensaciones: un profeta para cada dispensación; y son siete Mensajes dispensacionales; y cada profeta dispensacional es portador del Mensaje para la dispensación que Dios lo envía.

• El primer profeta dispensacional fue Adán, para la Dispensación de la Inocencia.

• El segundo profeta dispensacional fue Set, para la Dispensación de la Conciencia, luego que ya el ser humano había caído.

• El tercer mensajero dispensacional o profeta dispensacional fue Noé, para la tercera dispensación, la Dispensación del Gobierno Humano.

• El cuarto profeta dispensacional fue Abraham, el padre de la fe, para la Dispensación de la Promesa.

• El quinto profeta dispensacional fue Moisés, para la Dispensación de la Ley; por eso él fue el portador del Mensaje de la Ley.

• El sexto profeta dispensacional es nuestro amado Señor Jesucristo; por eso Él es el portador del Mensaje de la Dispensación de la Gracia.

• Y luego solamente queda un profeta dispensacional, para la séptima dispensación, que es la Dispensación del Reino; y viene con el Mensaje del Evangelio del Reino.

Y así como el Mensaje de la Dispensación de la Gracia gira alrededor de la Primera Venida de Cristo, el Mensaje de la Dispensación del Reino gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo.

Y ahora, ¿quién es ese mensajero para la Dispensación del Reino? Es el último profeta dispensacional, y por consiguiente es el último profeta que Dios envía al planeta Tierra. Con ese terminará todo ese Programa Divino, y entraremos a la transformación de nuestros cuerpos y los muertos en Cristo a la resurrección en cuerpos eternos.

Así como cada profeta dispensacional vino haciendo el trabajo de Dios correspondiente a cada edad dispensacional o a cada dispensación, y vino con el Mensaje para esa dispensación; así también el mensajero de la séptima dispensación, que es el profeta más grande de todos los profetas, después del Señor Jesucristo.

Ahora, podemos ver que solamente le queda a la raza humana y a Dios un solo profeta: un profeta dispensacional. Y así como Jesucristo estuvo en la Tierra trabajando en los negocios de Su Padre celestial, así también estará el último profeta dispensacional trabajando en los negocios de nuestro Padre celestial.

Ahora, veamos algo muy importante: ¿dónde estará?, ¿de dónde vendrá?, ¿dónde Dios lo levantará (a ese profeta)?

Dios ha levantado Sus profetas mensajeros de cada edad en la edad anterior; y ese profeta, al venir al final de la edad que está llegando a su final, luego entrelaza una nueva edad y abre una nueva edad, y cierra la edad que llegó a su final; y eso lo hace Dios por medio de ese mensajero, porque por medio de ese mensajero es que Dios lleva a cabo Su Obra. Así es con las dispensaciones también: siempre al final de una dispensación tiene que aparecer un profeta dispensacional para comenzar una nueva dispensación.

Ahora podemos ver por qué, cuando Juan el Bautista estaba predicando, siendo Juan el Bautista el último de los profetas de la Dispensación de la Ley…, del cual Cristo dijo que los profetas y la Ley hasta Juan llegaron, profetizaron7</a>; y sin embargo Jesús es el profeta de Nazaret, y es un profeta mayor que Juan.

Y Juan es el último profeta de la Dispensación de la Ley, pero Jesucristo es el profeta que cerrará la Dispensación de la Ley y abrirá una nueva dispensación: la Dispensación de la Gracia; y por eso viene con un nuevo Mensaje dispensacional: para establecer una nueva dispensación. Y allí se estaba entrelazando una nueva dispensación: la Dispensación de la Gracia se estaba entrelazando con la Dispensación de la Ley.

Jesús nació bajo la Dispensación de la Ley, al final de la Dispensación de la Ley, los últimos años de la Dispensación de la Ley; y conforme a la Ley fue presentado a Dios: al octavo día fue circuncidado8, se ofrecieron los palominos por él y todas estas cosas, porque estaba llegando en los últimos años de la Dispensación de la Ley; y luego estuvo entrelazándose una nueva dispensación, porque allí estaba un profeta dispensacional.

Por eso es que Jesucristo, en la forma en que trabajaba en los negocios de Su Padre celestial, la gente de aquel tiempo protestaban por algunas cosas. Decían: “Tú trabajas el día sábado, y el día sábado conforme a la Ley no se puede trabajar”. Él les decía: “Si un asno de ustedes cae en un hueco siendo sábado, ¿lo dejan ustedes allí o lo sacan?”9. Tenían que sacarlo. Y así por el estilo había unas cuantas cosas que ellos hacían, aun siendo sábado.

Pero Jesús, vean ustedes, estaba sanando a los enfermos no solamente los días de semana, sino los sábados también; estaba desatando personas que estaban atadas con enfermedades o estaban atados mentalmente con espíritus malos, los estaba libertando. Y no le gustaba a la gente, a algunas personas, a algunos líderes religiosos, que Jesús sanara a los enfermos los días sábado.

Pero Jesús en una ocasión dijo: “El Hijo del Hombre es Señor del sábado”10</a>; y si es Señor del sábado, Él hace como Él desee hacer. ¿Y qué estaba haciendo Jesús? Las obras del Padre. Si para día sábado Dios le mostraba sanar a un enfermo, pues Jesús lo hacía. Y así por el estilo encontramos a Jesús trabajando a medida que el Padre le iba mostrando.

Por eso es que encontramos que en muchas ocasiones hubo muchas personas en un sitio, como en el estanque de Betesda, esperando que un ángel viniera y removiera las aguas, o sea, que el Ángel de Jehová viniera y removiera las aguas; el Ángel que removió las aguas del Mar Rojo y las abrió; y también las del Jordán: cuando pasó el pueblo hebreo con Josué, las había removido, como había removido las del Mar Rojo.

Y ahora, cada cierto tiempo removía las aguas en ese estanque; y luego el que entraba en esas aguas, el primero que entraba, quedaba sanado.

Pero ahora ese Ángel llegó a ese estanque vestido de carne humana: era nada menos que el que estaba dentro de Jesús.

Y ahora, el Padre celestial, que está dentro de Jesús, le muestra a un hombre que estaba allí tendido en una cama de esas que cargan (una camilla), en un lecho, y le dice: “¿Quieres ser sano?”. Él le dice: “No tengo quién me meta al agua cuando el agua es removida por el Ángel”. Y Jesús le dice que tome su lecho – se levantara, tomase su lecho y se fuera, y era un día sábado; y el hombre hizo así y siguió caminando bien11.

Allí estaba el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que removía las aguas; y allí no tuvo que entrar a las aguas literales, sino que entró a las aguas de la Palabra hablada por el Espíritu Santo a través de Jesús.

Era el Espíritu Santo, era Dios, el que hablaba por medio de Jesús; porque Dios colocaba Su Palabra en la boca de Jesús, y Él hablaba esa Palabra y llevaba a cabo la Obra del que lo había enviado. El trabajo del que lo había enviado tenía que ser hecho, y era hecho por medio de Su instrumento: de Jesús de Nazaret.

Ahora, vean ustedes cómo San Pablo nos dice que Dios habló por medio de Jesús. En Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 2, dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas…”.

O sea que lo que los profetas hablaban, profetizaban, no eran palabras de ellos: era la Palabra Divina que Dios había colocado en la boca y el corazón de aquellos profetas; y cuando ellos hablaban era el Espíritu Santo hablando a través de ellos: estaban hablando ungidos por el Espíritu Santo. Sigue diciendo:

“… en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo…”.

¿Nos ha hablado por quién? Por nuestro amado Señor Jesucristo.

Ahora, dice: “… en estos postreros días…”, y eso fue hace dos mil años atrás, aproximadamente.

Ahora, ¿cómo pueden ser los días postreros aquellos, y ya han transcurrido dos mil años? Porque “un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día”. Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8; y el Salmo 90, verso 4, un salmo del profeta Moisés. Un día delante de Dios, para los seres humanos son mil años, o sea que es un día milenial.

Cuando Jesús tenía de 4 a 7 años de edad comenzó el quinto milenio, y por consiguiente comenzaron los días postreros; porque los días postreros delante de Dios son para los seres humanos el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Ahora, podemos ver que verdaderamente se estaba viviendo en los días postreros cuando Jesucristo estaba en la Tierra predicando. San Pablo no se equivocó cuando dijo que aquellos eran los días postreros.

San Pedro también dijo que eran los días postreros cuando dijo que Dios prometió derramar de Su Espíritu Santo en los días postreros, como había dicho por medio del profeta Joel. En el capítulo 2 del libro de los Hechos, verso 14 en adelante, encontramos en el primer mensaje de San Pedro, predicado en medio del pueblo hebreo, que él dijo que aquellos eran los días postreros. Dice:

“Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

Porque estos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día”.

O sea, de 8 a 9 de la mañana fue la hora cuando Pedro predicó ese mensaje.

La primera hora del día, allá en medio del pueblo hebreo, es de 6 a 7 de la mañana, la segunda hora es de 7 a 8 de la mañana y la tercera es de 8 a 9 de la mañana. Esas tres horas componen la cuarta vigilia, que es la única vigilia que es de día.

Siempre la idea de las personas es que cuando se habla de vigilia se habla de la noche; pero no es así, porque usted puede vigilar de noche, pero también puede vigilar de día.

Jesucristo ordenó a Su Iglesia y a Sus mensajeros que estuvieran vigilando; ¿vigilando por qué? Por la Venida del Hijo del Hombre.

Y la Iglesia de Jesucristo durante las siete edades o etapas estuvo bajo el tiempo de la noche, estuvo viviendo en las diferentes vigilias de la noche: la primera vigilia, que es de 9 a 12 de la noche; la segunda, que es de 12 a 3 de la mañana; y la tercera, que es de 3 a 6 de la mañana. Durante ese lapso de tiempo se cumplieron las siete edades de la Iglesia gentil y fueron enviados los siete ángeles mensajeros; y por eso están señalados como estrellas, porque vinieron en el tiempo de la noche; y por eso la Iglesia está representada en la luna.

Pero para la cuarta vigilia ya sale el sol; y la promesa de la Segunda Venida de Cristo es como el Sol de Justicia naciendo, conforme a Malaquías, capítulo 4, verso 2:

“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada”.

Aquí nos está hablando de la Venida del Hijo del Hombre, de la Segunda Venida de Cristo, de la Venida del Ángel del Pacto para el tiempo final; y nos muestra que ese tiempo en el Programa Divino, en medio de la Iglesia de Jesucristo, será un tiempo representado en el amanecer de un nuevo día.

Es en el amanecer de un nuevo día dispensacional y en el amanecer de un nuevo día milenial. ¿Por qué? Porque ya han transcurrido —de Jesús hacia este tiempo— dos mil años, que son dos días delante de Dios, pero para nosotros han sido dos mil años; y corresponden al tiempo de la noche, por la cual pasaría la Iglesia de Jesucristo, y se cumplirían las siete etapas o edades con los siete ángeles mensajeros.

Y ahora, para este tiempo final, un nuevo día milenial: el Día Postrero, que es el séptimo milenio; y el séptimo milenio, que es el Día Postrero delante de Dios, del cual Cristo habló en San Juan, capítulo 6, verso 40, cuando dijo:

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

¿Cuál es el Día Postrero? El séptimo milenio. La resurrección de los muertos en Cristo es para el séptimo milenio, y la transformación de nosotros los que vivimos es para el séptimo milenio también; porque los muertos en Cristo son resucitados primero, y luego nosotros los que vivimos seremos transformados12.

Y ahora, vean ustedes el misterio de los días postreros: son días postreros delante de Dios, que para los seres humanos son los milenios postreros; o sea, son días mileniales, días los cuales cada uno corresponde a mil años.

Y ahora, en este tiempo en el cual vivimos nos encontramos ya en el séptimo milenio, si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene.

Ahora continuemos viendo lo que Pedro dijo, luego de decir:

“… puesto que es la hora tercera del día.

Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:

Y en los postreros días, dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

Vuestros jóvenes verán visiones,

Y vuestros ancianos soñarán sueños;

Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días

Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán”.

¿Para cuándo Dios prometió derramar de Su Espíritu Santo? Para los días postreros, que comenzaron en los días de Jesús. Por eso Jesús les promete a ellos la Venida del Espíritu Santo; y eso es para los días postreros. Y con la Venida del Espíritu Santo, lo que Jesucristo dijo que era necesario para nacer de nuevo se convierte en una realidad.

Cristo dijo a Nicodemo que era necesario nacer de nuevo; le dijo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios (o sea, no lo puede entender)”. Y Nicodemo estaba interesado en entrar al Reino de Dios:

“Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? (Capítulo 3, verso 3 en adelante, de San Juan).

¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?

Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo”.

Es necesario nacer de nuevo para entrar al Reino de Dios.

Y por eso es que Cristo ha estado derramando de Su Espíritu Santo sobre toda carne que ha recibido a Cristo como su Salvador, ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y ha recibido el Espíritu de Cristo; y así ha obtenido el nuevo nacimiento: ha nacido del Agua y del Espíritu, y por consiguiente ha nacido en el Reino de Dios, ha nacido en la Iglesia de Jesucristo.

Porque nadie se puede unir a la Iglesia de Jesucristo: tiene que nacer en la Iglesia de Jesucristo; y eso es por medio de creer en Cristo como nuestro Salvador, lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo; y así es como nace la persona como una nueva criatura en el Reino de Dios; y así pertenece a la Iglesia de Jesucristo, que es la Casa de Dios, la Familia de Dios.

En esa Familia es que han estado los mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil. En esa Familia es que han nacido los mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil: han nacido en la Casa de Dios, al creer en Cristo como su Salvador, lavar sus pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo; así como han nacido todos los demás hijos de Dios: en la Casa de Dios, en la Iglesia de Jesucristo.

La Iglesia de Jesucristo, siendo la Casa de Dios, pues tiene a los hijos de Dios. Vean cómo nos dice San Pablo en su carta a los Hebreos, hablándonos de la Casa de Dios, que es la Iglesia de Jesucristo; en el capítulo 3, verso 5 al 6, de su carta a los Hebreos, dice:

“Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;

pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza”.

Ahora podemos ver que la Casa de Dios, que es la Familia de Dios, es la Iglesia de Jesucristo.

Ese también es el Redil del Buen Pastor, donde Él llamaría y juntaría a Sus ovejas, conforme a San Juan, capítulo 10, verso 14 al 16. Vamos a leer ese pasaje, para que ustedes vean cómo Cristo ha estado llamando y juntando a Sus ovejas. Capítulo 10, verso 14 al 16, dice Jesús:

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

También tengo otras ovejas que no son de este redil (o sea, que no son del pueblo hebreo: son de entre los gentiles)<em>; aquellas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor”.

Y ahora, ¿cómo van a escuchar la Voz del Buen Pastor, si Jesucristo, el Buen Pastor, cuando murió, resucitó, estuvo en la Tierra por unos 40 días apareciéndole a Sus discípulos, y después ascendió al Cielo y se sentó en el Trono de Dios en el Cielo?

Cristo en Espíritu Santo ha estado en esta Tierra en Su Iglesia, de edad en edad, y ha estado enviando Sus ángeles mensajeros de edad en edad, ungidos con el Espíritu Santo, y en ellos Cristo ha colocado Su Palabra; y cuando esos mensajeros han hablado, ha sido la Voz de Cristo llamando y juntando a Sus ovejas en Su Redil, en Su Iglesia, de edad en edad.

Y en el territorio donde Dios ha enviado al mensajero en cada edad, han estado la mayoría de las ovejas del Buen Pastor:

En Asia Menor, donde Dios envió a San Pablo para llevar el Mensaje entre los gentiles, aunque también entraron hebreos… Vean ustedes, Cristo en Espíritu Santo manifestado en San Pablo: San Pablo decía: “No vivo ya yo, vive Cristo en mí”13. Y si Cristo vivía en San Pablo, pues hablaba por medio de San Pablo y llamaba a las ovejas de la primera edad por medio de San Pablo. Ese es el siervo fiel y prudente de la primera edad de la Iglesia gentil; ese es el siervo fiel y prudente, de los siervos fieles y prudentes que nuestro Señor Jesucristo ha colocado en Su Casa, o sea, en Su Iglesia.

Cristo habló de los siervos fieles y prudentes, y también los menciona como mayordomos fieles y prudentes; Él ha colocado esos siervos fieles y prudentes. Vamos a ver lo que nos dice San Marcos, San Lucas y San Mateo acerca de estos siervos fieles y prudentes.

San Marcos, capítulo 13, verso 34 en adelante, nos dice:

“Es como el hombre que yéndose lejos, dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra (o sea, su trabajo), y al portero mandó que velase”.

Aunque Jesucristo se fue lejos, a la Casa de nuestro Padre celestial, Él colocó estos siervos fieles y prudentes en cada etapa de Su Iglesia, que es Su Casa. Su Iglesia es Su Casa, es la Casa de Dios, donde están los hijos de Dios. ¿Y para qué los colocó ahí? Para que les dé el Alimento a tiempo, y lleven a cabo el trabajo de Cristo correspondiente a cada edad en la Casa de Dios.

Y esos mensajeros obran, trabajan, en la Casa de Dios, de acuerdo a como Jesucristo les muestra que trabajen en la edad en que ellos están viviendo. Ellos están responsabilizados en la Casa de Dios como siervos fieles y prudentes, como mayordomos fieles y prudentes, enviados para ser los administradores. En cada etapa de la Iglesia de Jesucristo ellos son guiados por Jesucristo, por nuestro Padre celestial; porque somos hijos de Dios por medio de Jesucristo, y Él es el que guía estos siervos fieles y prudentes.

Y la Obra de Jesucristo correspondiente a cada edad es llevada a cabo por el Espíritu Santo a través de esos siervos fieles y prudentes, los cuales, ungidos con el Espíritu Santo, trabajan en la Obra de Jesucristo guiados por Jesucristo; y tienen que estar vigilando, y sobre todo vigilando por la Segunda Venida de Cristo: vigilando por la Venida del Hijo del Hombre.

“Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa…”.

¿Sobre qué tienen que vigilar? Sobre la Venida del Señor de la Casa; y el Señor de la Casa es nuestro amado Señor Jesucristo, el cual ha sido colocado “como Hijo sobre Su Casa, la cual Casa somos nosotros”. La Iglesia de Jesucristo es la Casa de Dios y es ese Templo espiritual de Dios, para Dios morar en Espíritu Santo en Su Casa, Su Iglesia, Su Familia. Para el Día Postrero, Él morará en toda Su plenitud.

Durante las edades que han transcurrido ha estado morando en las primicias del Espíritu; pero para el Día Postrero Él resucitará a los muertos en Cristo, y nos transformará a nosotros los que vivimos, y así nos adoptará; porque la adopción es la redención del cuerpo14: la transformación de nuestro cuerpo y resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos eternos; eso es la adopción. Y cuando estemos adoptados, Dios estará morando en cada uno de nosotros en toda Su plenitud.

Ahora, podemos ver que es muy importante para estos siervos fieles y prudentes estar vigilando por la Venida del Señor.

Y Cristo ha hecho una promesa para estos siervos fieles y prudentes; porque habrá uno —de entre los siervos fieles y prudentes— que estará viviendo en la Tierra en el tiempo de la Venida del Hijo del Hombre, en el tiempo de la Segunda Venida de Cristo; y la promesa es que “al que venciere y guardare mis obras hasta el fin…”. Para guardar las obras de Cristo hasta el fin, pues estará viviendo en el fin del tiempo y fin del mundo.

Ahora, en la primera edad tuvimos al primer siervo fiel y prudente, San Pablo, pero para ese tiempo no se cumplió la Segunda Venida de Cristo, no se cumplió la Venida del Hijo del Hombre; por lo tanto, San Pablo no fue el siervo fiel y prudente que recibiría la Estrella resplandeciente de la Mañana.

Cristo dijo en Apocalipsis, capítulo 2, verso 28: “Al que venciere, yo le daré la Estrella de la Mañana”. Y en Apocalipsis 22, verso 16, Jesucristo dice: “Yo soy la Estrella resplandeciente de la Mañana”.

El Vencedor, que estará viviendo en el Día Postrero, recibirá la Estrella resplandeciente de la Mañana; y Cristo siendo la Estrella resplandeciente de la Mañana y viniendo en el Día Postrero, ¿lo recibirá quién? El Vencedor; él es el que lo recibirá y le dará la bienvenida.

Y el grupo del Vencedor que estará viviendo en el Día Postrero (el cual estará bien alimentado, porque estará siendo alimentado por el siervo fiel y prudente del Día Postrero, del séptimo milenio), le dará la bienvenida a la Estrella resplandeciente de la Mañana: a Cristo manifestado en el Día Postrero.

Y Su Mensaje, el Mensaje de la Estrella resplandeciente de la Mañana…; como todas las mañanas, la estrella resplandeciente de la mañana anuncia que un nuevo día está naciendo, y que el sol ya está alumbrando, y que ese resplandor que se ve de luz (aunque el sol todavía no se ve) es la luz del sol: la luz de un nuevo día. Siempre el sol sale, se levanta, en un nuevo día; y la estrella de la mañana, cuando alumbra y da su mensaje, lo hace en la mañana: cuando está rayando el alba, su mensaje es que un nuevo día está rayando.

Y ahora, vean ustedes cómo Cristo se representa en la estrella de la mañana, así como representó a cada uno de los siete ángeles mensajeros en una estrella. Son estrellas porque son los portadores de luz durante las siete edades de la Iglesia gentil; a través de ellos, Cristo el Sol de Justicia se reflejó, y dio luz a cada edad por medio de cada ángel mensajero.

Están representados, los ángeles mensajeros, también en la mecha encendida de cada lámpara del candelabro; y la Iglesia completa de Jesucristo está representada en el candelabro o candelero con las siete lámparas encendidas; y cada edad de la Iglesia está representada en cada lámpara de ese candelabro.

Ahora, podemos ver que la posición de esos mensajeros es grande delante de Dios; están representados también delante de Dios allá en el Cielo, en el Templo de Dios. Son los siete espíritus de Dios que recorren toda la Tierra15, porque el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, manifestado a través de cada uno de ellos, ha estado recorriendo la Tierra de edad en edad.

Han sido siete manifestaciones del Espíritu Santo en las siete edades de la Iglesia gentil, que corresponden al Lugar Santo del Templo espiritual de Cristo.

Pero un templo para Dios no está completo si no tiene lugar santísimo; y el Lugar Santísimo es la Piedra Angular, la Edad de la Piedra Angular. Sin esa Edad de la Piedra Angular, la Iglesia de Jesucristo no tendría lugar en este Día Postrero para tener a Cristo manifestado, en este tiempo en el cual vivimos.

Ya Cristo ha estado manifestado en las siete edades de la Iglesia gentil; pero en este tiempo Él necesitaba un lugar para ser manifestado en Su Iglesia, y ese lugar es la Edad de la Piedra Angular; y la Edad de la Piedra Angular es el Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo; y ahí es donde la Estrella resplandeciente de la Mañana se manifiesta.

No fue en las edades pasadas: es en la Edad de la Piedra Angular. Acá es donde se manifiesta la Estrella resplandeciente de la Mañana, y ahí es donde la Estrella resplandeciente de la Mañana, Jesucristo, se manifiesta por medio de Su mensajero que Él tendrá en la Edad de la Piedra Angular.

Así como hubo un territorio para cada edad, donde se cumplió cada edad y Dios envió cada mensajero:

• A Asia Menor, donde cumplió la primera edad y donde envió a San Pablo;

• y luego Francia, donde envió a Ireneo y cumplió la segunda edad;

• luego Hungría y Francia fueron el territorio de la tercera edad, donde envió a Martín;

• y luego Irlanda y Escocia, donde envió a Colombo, fue el territorio de la cuarta edad;

• y luego Alemania fue el territorio de la quinta edad, donde envió a Lutero;

• y luego Inglaterra, el territorio de la sexta edad, donde envió a Wesley;

• y luego Norteamérica, el territorio de la séptima edad, donde envió al reverendo William Branham, el precursor de la Segunda Venida de Cristo, con el espíritu y virtud de Elías en su cuarta manifestación.

Y luego, ¿qué más tiene Dios?

Ya Él ha enviado, para Sus diferentes etapas o edades, a los siete siervos fieles y prudentes que enviaría a Su Iglesia; y ya la Iglesia de Jesucristo no tiene más mensajeros para las siete edades de la Iglesia gentil, ya no tiene más mensajeros para el Lugar Santo: ya los envió a los siete.

Pero la Iglesia de Jesucristo todavía está en la Tierra, y tiene una edad: la Edad de la Piedra Angular, la Edad Eterna de la Iglesia de Jesucristo. Y aunque no tenga ninguna de las siete estrellas o mensajeros de las siete edades, la Iglesia de Jesucristo tendrá la Estrella Mayor: la Estrella resplandeciente de la Mañana, que es nuestro amado Señor Jesucristo manifestado en este tiempo final. Y vamos a ver dentro de unos momentos cómo está prometida esta manifestación de la Estrella resplandeciente de la Mañana.

Continuamos leyendo aquí acerca de los siervos fieles y prudentes:

“Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo (ahí tenemos tres vigilias), o a la mañana (ahí tenemos la cuarta vigilia, que es en la mañana)…”.

Y si no vino al anochecer, y si no vino a la medianoche, y si no vino al canto del gallo, entonces es para la cuarta vigilia; es para la mañana: la mañana de un nuevo día dispensacional y la mañana de un nuevo día milenial.

Ahora, podemos ver que para el tiempo de la mañana también estará un siervo fiel y prudente dando el Alimento a tiempo a los hijos de Dios. Dice:

“… para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo”.

Tenemos que estar todos despiertos, vigilando por la Venida del Señor.

Y ahora, el precursor de la Segunda Venida de Cristo, el reverendo William Branham, enviado a la séptima edad de la Iglesia gentil en Norteamérica, encontramos que preparó al pueblo dándoles el Mensaje que precursa la Segunda Venida de Cristo; y ese será el fundamento para el cumplimiento de la Segunda Venida de Cristo. Tiene que ser cumplida Su Venida como dijo el precursor.

Y ahora, vean lo que dice el precursor en el libro de Las Siete Edades de la Iglesia gentil, página 365 y 366. Hablándonos del precursor de la Segunda Venida de Cristo, nos muestra el paralelo que hay con el precursor de la Primera Venida de Cristo, Juan el Bautista. Dice:

“30. Aunque él no será popular, sí será vindicado por Dios. Así como Jesús vindicó a Juan, y el Espíritu Santo vindicó a Jesús, nosotros podemos tener la confianza que este hombre será primeramente vindicado por el Espíritu obrando en su vida con hechos de poder que serán indiscutibles y no hallados en ningún otro lugar; y Jesús mismo, al volver, le vindicará, así como lo hizo con Juan”.

O sea que confirmará y reconfirmará que el reverendo William Branham era el precursor de la Segunda Venida de Cristo, el Elías que tenía que venir en su cuarta manifestación.

“Este hombre también, como Juan, testificará que Jesús viene. Y el mismo regreso de Cristo probará que este hombre en verdad era el precursor de Su Segunda Venida. Esta será la evidencia final de que este hombre es en verdad el profeta de Malaquías 4…”.

¿Cuál es la evidencia final de que Juan el Bautista era el precursor de la Primera Venida de Cristo? Pues la Venida de Cristo allí en medio del pueblo.

Juan decía: “Después de mí viene un hombre, un varón, del cual yo no soy digno de desatar la correa de Su calzado. Él les bautizará con Espíritu Santo y Fuego”. ¿Quiénes serían bautizados con Espíritu Santo y Fuego: los seguidores de Juan o los seguidores de Jesús? Los seguidores de Jesús.

Juan dijo: “Yo les bautizo en agua (bautismo de agua), pero Él les bautizará con Espíritu Santo y Fuego”16.

Los discípulos de Juan, encontramos que en su mayoría continuaron con Juan, con la excepción de una parte de los discípulos de Juan que se fueron con Jesús. ¡Cómo se pondrían de bravos los que se quedaron con Juan!: “¿Cómo se van a ir con Jesús! ¿Por qué no se quedan con Juan! Con él fue que comenzamos”.

¿Y saben quiénes fueron de los primeros que se fueron con Jesús? Juan el apóstol, que era un joven (siempre los jóvenes es difícil detenerlos; y cuando ven una verdad, ¡la siguen y nadie los puede detener!), y el otro era Andrés, el hermano de Pedro. Siguieron a Jesús cuando Juan dijo: “He aquí el Cordero de Dios”, en San Juan; y San Juan lo menciona en su Evangelio. Vamos a ver, San Juan, capítulo 1, verso 35 en adelante, dice:

“El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos.

Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios.

Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús”.

¿Hicieron mal o hicieron bien? Hicieron bien. ¿Por qué? Porque es muy importante reconocer al precursor, recibir su Mensaje, y saber que un precursor viene preparándole el camino a Uno que viene después de él, y viene anunciando que después de él viene Uno que es mayor que él.

Juan el Bautista era el profeta mensajero de la séptima edad de la Iglesia hebrea bajo la Ley, pero Jesús era un mensajero dispensacional. ¿Y qué es mayor: un mensajero de una edad o un mensajero de una dispensación? Un mensajero dispensacional es mayor.

Y ahora, Juan le estaba preparando el camino a un mensajero dispensacional, en el cual el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, vendría encarnado en aquellos días; y ese sería el Ungido de Dios, el Mesías; porque Mesías lo que significa es ‘el Ungido’.

Y ahora, vean ustedes, por medio del Ungido serían hechas las obras de Dios, o sea, sería hecho el trabajo de Dios correspondiente para aquel tiempo, que era el trabajo que Jesús estaba haciendo; y luego, al final, haría el trabajo más grande: la Redención, por medio de Su Sacrificio en la Cruz del Calvario, porque vino como el Cordero de Dios para quitar el pecado del mundo. Esa era la parte más importante del trabajo que Él haría en la Obra Divina, en el Programa Divino.

Y ahora, Juan el Bautista había estado anunciando que después de él vendría un varón del cual él no era digno de desatar la correa de Su calzado, y dijo que era mayor que él y que era primero que él, y venía después de él, y nació después de él. ¿Cómo podemos entender eso? Según la carne, nació después de Juan el Bautista, como seis meses después; y según la carne, vino predicando después de Juan el Bautista. ¿Y cómo era primero que Juan? Jesús dijo en San Juan, capítulo 8 (ahí está el secreto), verso 56 en adelante:

“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó”.

Eso fue cuando Elohim con Sus Arcángeles Gabriel y Miguel, el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra, visitaron a Abraham; y Abraham le preparó un ternero, un becerro tierno, con todas las demás cosas que lleva esa comida, como panes, leche y otras cosas más; y Elohim con Sus Arcángeles Gabriel y Miguel comieron con Abraham. Y Abraham se gozó; tenía la visita más importante: una visita celestial en forma visible que podía comer con Abraham; y Abraham no perdió esa oportunidad17.

“Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy”.

Ahora, no es solamente antes que Juan el Bautista, sino que también es antes que Abraham; y no solamente es antes que Abraham: es antes que Noé, y es antes que Enoc, y es antes que Adán también.

Porque: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Por Él fueron hechas todas las cosas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y aquel Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros”18.

El Verbo, que se hizo carne, que era antes de la Creación y llevó a cabo toda la Creación; ese era el que estaba dentro de aquel velo de carne.

Ahora, el velo de carne no era antes que Abraham ni antes que Juan: nació después que Juan; pero el que estaba dentro era antes que Abraham, era antes que Adán y era antes que la Creación, porque Él fue el que llevó a cabo toda la Creación:

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra”19.

Cuando le dicen: “Muéstranos al Padre, y nos basta”, Jesús le dice: “¿Tanto tiempo hace, Felipe, que estoy con vosotros, y no me has conocido? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”, dijo Jesús. “¿Cómo, pues, dices tú: Muéstranos al Padre, y nos basta? ¿No sabes que yo estoy en el Padre, y el Padre está en mí (o viceversa)?”20.

Ahora, vean ustedes quién era el que estaba dentro de Jesús, dentro de ese velo de carne: era el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el mismo Dios Todopoderoso con Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión dentro de un cuerpo de carne llamado Jesús: un sencillo, un humilde joven de la construcción, un carpintero de Nazaret.

Cuando Dios promete algo grande, lo cumple en forma sencilla; y eso es Dios en simplicidad manifestándose.

Ahora, hemos visto lo que ha sido la Primera Venida de Cristo: fue la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, del Verbo, hecho carne en el velo de carne llamado Jesús, ese joven carpintero de Nazaret.

Ahora, Juan el Bautista había anunciado un personaje grande; y cuando vino, era una persona sencilla; pero era grande. Era grande, aunque el velo de carne era sencillo; pero el que estaba dentro era grande: era nada menos que el Ángel de Jehová, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Eso fue lo prometido para el pueblo hebreo como la Venida del Mesías; Malaquías, capítulo 3, así lo prometió:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí (y ese mensajero fue Juan el Bautista)<em>; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos”.

¿Quién vendría? El Señor Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová; ese es el que vendría y al cual Juan el Bautista le estaría preparando el camino.

Y cuando le preparó el camino, vean ustedes, habló de Uno que vendría después de él, de un hombre; pero ese hombre cuando estuvo en la Tierra dijo: “He descendido del Cielo”21</a>; y sin embargo Su cuerpo nació en la Tierra, en Belén de Judea, conforme a la profecía que tenía que nacer en Belén de Judea. Miqueas, capítulo 5, verso 2, dice que tendría que ser de Belén de Judea; y San Mateo, capítulo 2, también.

Cuando los magos fueron buscando al Mesías, preguntando: “¿Dónde está el Rey de los judíos, que ha nacido? Porque Su estrella hemos visto en el oriente”, se alborotó toda Jerusalén, y el rey Herodes, y los líderes religiosos también; porque eso era una vergüenza para los líderes religiosos de aquel tiempo: que vinieran una gente de Babilonia, de allá de Ur de los caldeos, preguntando: “¿Dónde está el Rey de los judíos, que ha nacido?”, y ni el sumo sacerdote sabía que había nacido el Mesías.

El sumo sacerdote y el Concilio de la religión hebrea: el Concilio del Sanedrín (con esos setenta sabios, doctores en divinidad, en teología), no sabían que ya el Mesías estaba en la Tierra; y ya hacía dos años que estaba en la Tierra. Y eso es una vergüenza para el sumo sacerdote, y todos los sacerdotes de aquel tiempo, y el Concilio del Sanedrín: era una vergüenza para la religión hebrea que ya estuviera cumplida la promesa de la Venida del Mesías, y ellos no sabían nada.

¿Qué si ocurre lo mismo en el Día Postrero, y la Segunda Venida de Cristo se cumple, y los grandes concilios con sus grandes líderes religiosos no se dan cuenta del cumplimiento de la Segunda Venida de Cristo? Ya sucedió eso en medio del pueblo hebreo en la Primera Venida de Cristo.

Ahora, vean ustedes cómo todo sucedió. Ellos estaban esperando la Venida del Mesías: se cumplió; se cumplió también la venida de Elías…

Ellos le decían a los discípulos de Jesús: “¿Cómo ustedes pueden decir que Jesús es el Mesías?, cuando la Escritura dice que Elías vendrá primero. ¡Y Elías no ha venido! Él se fue en un carro de fuego (o platillo volador) y no ha regresado; y Elías es el que viene primero preparándole el camino”.

Pero Jesús le contestó esa pregunta a Sus discípulos; porque Sus discípulos le dijeron: “¿Por qué es que dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?”. Capítulo 17 de San Mateo, verso 10 en adelante:

“Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?

Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas”.

Está hablando del Elías que vendrá en el tiempo final; pues para el tiempo final dos Elías vendrán: Elías precursando la Segunda Venida de Cristo en su cuarta manifestación; y Elías en su quinta manifestación como el Mensajero a Israel, como uno de los Dos Olivos; y vendrá con el otro de los Dos Olivos, que es Moisés.

Pero vamos a ver cómo Dios cumple la promesa de la venida de un profeta que ya ministró en la Tierra; cuando lo promete de nuevo para ministrar en la Tierra, vamos a ver cómo es que Él cumple esa promesa.

“… Elías (vendrá), y restaurará todas las cosas.

Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos.

Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista”.

Ahora, vean, Dios había prometido que enviaría a Elías; y cuando lo envió, se llamaba Juan; pero el ministerio que estaba en Juan era el ministerio de Elías operado por el Espíritu Santo. Porque el Espíritu Santo es el que tiene los ministerios, y Él es el que opera esos ministerios en el enviado para el tiempo correspondiente.

Y ahora, el ministerio de Elías lo tuvimos por primera vez en Elías Tisbita. Por segunda vez, en una doble porción, en Eliseo, que pidió una doble porción del espíritu que estaba en Elías, y la recibió.

Y cuando Elías fue arrebatado al cielo y se le cayó el manto, Eliseo lo tomó, y se paró frente al Jordán después: golpeó el Jordán con el manto, y se abrió el Jordán, como había hecho el profeta Elías. Y los hijos de los profetas dijeron: “El espíritu de Elías ha reposado sobre Eliseo”22.

Es muy importante saber sobre quién ha reposado el espíritu de Elías.

Luego reposó por tercera ocasión sobre Juan el Bautista. El Arcángel Gabriel, en el capítulo 1 de San Lucas, le dice al sacerdote Zacarías que tendrá un hijo; y que ese hijo vendrá con el espíritu y virtud de Elías, será profeta de Dios; ¿y qué hará? Convertirá el pueblo a Dios, o sea, la fe de los padres a la fe cristiana: convertirá el corazón de los padres a los hijos.

Y aunque el Arcángel Gabriel le dijo al sacerdote Zacarías: “Le pondrás por nombre Juan”… ¿Y por qué no le dijo: “Ponle por nombre Elías”? Porque el velo de carne no era Elías: el velo de carne era otro hombre, un hombre de aquel tiempo, que nacería en medio del pueblo hebreo; pero el ministerio que el Espíritu Santo estaría operando en él era el mismo ministerio del profeta Elías (que había operado por primera vez) y el ministerio que operó en Eliseo (que era el ministerio de Elías manifestado por segunda vez).

El Arcángel Gabriel le dijo al sacerdote Zacarías que ese niño, Juan, sería lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre.

Ahora, ¿quién fue el que manifestó los ministerios en los profetas del Antiguo Testamento? San Pedro nos dice: “Y el Espíritu de Cristo que estaba en ellos (¿en quiénes? En los profetas del Antiguo Testamento) preanunciaba los sufrimientos (¿los sufrimientos de quién?) del Mesías (por los cuales Él pasaría), y las glorias después de esos sufrimientos”23. Era el Espíritu de Cristo, el Espíritu Santo, en los profetas del Antiguo Testamento.

Dios habló por medio de los profetas en el Antiguo Testamento; fue el Espíritu Santo. Zacarías, capítulo 7, verso 11 al 12, dice:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos”.

Porque cuando no se escucha la Voz de Dios, viene gran enojo y juicio divino de parte de Dios para la gente.

Ahora, hemos visto cómo el espíritu de Elías, ese ministerio de Elías, estuvo en Elías Tisbita, estuvo en Eliseo, estuvo en Juan el Bautista; y luego estuvo en el reverendo William Branham precursando la Segunda Venida de Cristo.

Ahora, cuando Juan el Bautista anunció que vendría Uno después de él, y ese sería el que los bautizaría con Espíritu Santo y Fuego, vean, al llegar el Mesías, seguida no los iba a bautizar con Espíritu Santo y Fuego: tenía que llevar a cabo un trabajo que el Padre le mostraría.

Estaría trabajando en las labores del Padre celestial correspondientes a ese tiempo: estaría predicando, estaría sanando a los enfermos, y así por el estilo. Y luego sería adoptado, como fue en el Monte de la Transfiguración. Y luego de eso, llevaría a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario como Cordero de Dios. Y luego resucitaría, estaría con los discípulos unos 40 días, después ascendería al Cielo, y 10 días después derramaría de Su Espíritu Santo sobre los creyentes en Él24.

Y hubo 120 esperando el cumplimiento de esa promesa el Día de Pentecostés25</a>; y eso fue las primicias del Espíritu. Y eso es lo que se ha estado recibiendo de etapa en etapa, a medida que las personas han estado escuchando la predicación del Evangelio, y han estado creyendo en Cristo como nuestro Salvador, y han estado lavando sus pecados en la Sangre de Cristo, y han estado recibiendo el Espíritu Santo.

Y para el Día Postrero, en adición a las primicias, tendremos la plenitud. Es la doble porción, en donde, así como hemos recibido el Espíritu Santo y hemos nacido de nuevo: hemos entrado al Reino de Dios, hemos venido a formar parte de la Iglesia de Jesucristo y hemos obtenido un cuerpo teofánico de la sexta dimensión; para el Día Postrero obtendremos un cuerpo físico eterno y glorificado, igual al cuerpo de Jesucristo, al recibir la doble porción: al recibir la plenitud del Espíritu de Dios, y así recibir la adopción.

Y ahora, ¿para quiénes será esta bendición?

¿Para quiénes fue la bendición de recibir el Espíritu Santo en aquellos días de Jesús? Juan dijo que era para los creyentes en Jesús. Él dijo: “Después de mí viene un varón”, y él dijo que era mayor que él (que Juan), y dijo: “Él les bautizará con Espíritu Santo y Fuego”. Para los creyentes en Jesús sería la promesa del Espíritu Santo y Fuego, del nuevo nacimiento.

Los discípulos de Juan, encontramos que supieron que Juan presentó a Jesús como el Cordero de Dios, como el que vendría después de él; pero no todos siguieron a Jesús.

Los que siguieron a Jesús, luego que Jesús murió y resucitó, recibieron el Espíritu Santo. Los que se quedaron con Juan, y aunque Juan murió luego se quedaron en un grupo como seguidores del precursor, esas personas no podían recibir el Espíritu Santo; porque la promesa del Espíritu Santo era para los seguidores del precursado, de Jesús.

Veamos en el libro de los Hechos, capítulo 19, verso 1 en adelante, donde San Pablo se encuentra con unos seguidores de Juan, unos discípulos del precursor:

“Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso, y hallando a ciertos discípulos,

les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo”.

Y Juan el Bautista les había predicado que el que vendría después de él los bautizaría con Espíritu Santo y Fuego.

¿Y dónde estaban estos discípulos de Juan, que no escucharon lo que Juan predicó?

Si en aquellos días alguien hubiese escrito lo que Juan predicó, los discípulos de Juan podían leerlo y decir: “Verdaderamente Juan aquí lo predicó”. Pero miren, en los Evangelios fue escrito. Juan el apóstol, que fue un seguidor de Juan el Bautista, escribió que Juan predicó que el que vendría después de él los bautizaría con Espíritu Santo y Fuego; y Juan el apóstol, al seguir a Jesús, recibió esa promesa: la promesa del Espíritu Santo.

Ahora, el que vendría después de Juan sería el hombre al cual los discípulos de Juan tenían que seguir. No bastaba con haber seguido al precursor: luego tenían que seguir al precursado, para recibir las primicias del Espíritu.

Y para recibir la plenitud del Espíritu Santo tendrán que seguir al precursado, que fue precursado por el precursor de la Segunda Venida de Cristo. Y para conocer el misterio del Séptimo Sello, por cuanto el precursor no pudo abrir ese misterio, que es el misterio de la Segunda Venida de Cristo, el precursor dijo que el que vendría después de él sería el que abriría ese misterio.

Nadie lo podrá comprender, ese misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Segunda Venida Cristo, sin escuchar al precursado: sin escuchar al Ángel del Pacto hablándole a Su Iglesia en este Día Postrero.

Ahora miren lo que San Pablo dice:

“Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan.

Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él…”.

Dice San Pablo que Juan le dijo al pueblo que creyesen en el que vendría después de él; y estos discípulos de Juan no habían creído en el que vino después de Juan, y por eso ni sabían que había Espíritu Santo.

Ahora podemos ver la importancia de seguir al precursor y luego seguir al precursado. Y el precursado tiene que venir de acuerdo a como lo ha dicho el precursor; no puede venir en otra forma.

Ahora, la sorpresa dos mil años atrás de la venida del que Juan anunció que vendría después de él, ¿saben cuál fue? Que era un discípulo de Juan. ¡En un discípulo de Juan se cumplió la venida del precursado, se cumplió la Venida del Mesías!

Era un discípulo de Juan, había estado con Juan, creía en el Mensaje de Juan, fue bautizado por Juan; y Juan dice: “Este es el hombre. Este es el que viene después de mí. Este es el que seguirá la Obra”.

Y le dijeron en una ocasión: “Mira, ahora aquel del cual tú diste testimonio, ahora a él le siguen más gente que a ti, y bautiza más personas que tú (aunque Jesús no bautizaba, sino los discípulos de Jesucristo)”. Y Juan dice… Quizás alguna persona pensó: “Ahora Juan se va a poner celoso”. Pero Juan dijo: “A Él le conviene crecer, y a mí menguar. No puede el hombre hacer nada de sí mismo, si no le fuere dado de Dios”26.

Y como Dios le estaba mostrando a Jesús las cosas que Él tenía que hacer para trabajar así en la labor de Dios para ese tiempo, pues Jesús estaba haciendo lo que el Padre le mostraba; le era dado del Padre celestial, las cosas que Él estaba haciendo.

Y Juan estaba muy contento. Ese es un privilegio grande, que causa gozo al precursor: ¡que uno de sus discípulos sea el Mesías, sea el hombre que vendría después de él y continuaría la labor!

Y los creyentes en ese que vendría después de Juan serían los que recibirían el Espíritu Santo y Fuego del Cielo. Por lo tanto, los discípulos del precursor tenían que pasar a ser discípulos del precursado.

Jesús vindicó a Juan: confirmó que Juan era Su precursor; dio testimonio de Juan: dio testimonio de que Juan era el Elías que tenía que venir. Lo leímos en San Mateo, capítulo 17, verso 10 al 13. Y ya antes había dado testimonio de Juan también, en el capítulo 11 de San Mateo, verso 14: “Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir”.

¿Ven cómo Jesús dio testimonio de Juan?

Y si no aparecía una persona cumpliendo lo que Juan dijo, uno que vendría después de él, ¿qué pasaría con Juan? Juan entonces no hubiese sido el precursor de la Primera Venida de Cristo.

Juan en una ocasión estuvo muy preocupado: estando en la cárcel, le mandó a preguntar a Jesús: “¿Eres tú aquel que había de venir (o sea, aquel del cual yo dije que vendría después de mí), o esperaremos a otro?”27. Si Jesús no era el hombre que vendría después de Juan, pues entonces Juan el Bautista no era el hombre que vendría delante de Jesús; y Juan entonces no sería el precursor de la Venida del Mesías si Jesús no era el Mesías.

En el tiempo en que estaba el precursor en la Tierra, también estaba el precursado; pero Juan decía: “Yo no lo conocía”28</a>; pero después lo conoció.

Y ahora, vean ustedes cómo el que vendría después de Juan sería un discípulo de Juan el Bautista. Un discípulo del precursor era el precursado; un discípulo del precursor era el que vendría después de Juan, y continuaría el trabajo de Dios para ese tiempo.

¿Y qué si para el Día Postrero el precursado llega a ser un discípulo del precursor? Obligatoriamente tiene que serlo, para hacer el entrelace. Así como tiene que haber nacido en los últimos años o último siglo de la Dispensación de la Gracia, para hacer el entrelace dispensacional; porque él es el que tiene que hacer ese entrelace dispensacional.

Y ahora, vamos a ver qué dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo que será la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19.

Es muy importante conocer lo que dijo el precursor, porque conforme a como dijo el precursor tiene que cumplirse lo que Dios ha prometido.

Y vamos a ver también lo que dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo, el Elías que vendría preparándole el camino al Señor, el cual vino con el ministerio de Elías en su cuarta manifestación.

Trató de ir al pueblo hebreo, pero Dios le dijo que no fuera, que no era el tiempo, que tenía que ser de acuerdo a Apocalipsis 1129. Y Apocalipsis 11 son los Dos Olivos: Moisés por segunda vez y Elías por quinta vez. Y el ministerio que estaba en el reverendo William Branham era el ministerio de Elías por cuarta vez; por lo tanto, ese ministerio no era el ministerio para el pueblo hebreo.

¿Pero qué habló del ministerio para el pueblo hebreo el reverendo William Branham? En la página 399 del libro de Los Sellos, le hicieron la pregunta número 11, que dice así:

“11. El Elías que viene a predicar a los judíos, ¿es el verdadero Elías que estuvo en los días de Achab, o será solamente el espíritu de Elías en otro hombre?

(Y la contestación fue):

[94]. Yo he pensado que será un hombre de este tiempo ungido con ese espíritu…”.

No hay que estar esperándolo en el carro de fuego que él se fue; es un hombre de este tiempo final ungido con ese espíritu ministerial. Y el que unge a Sus profetas es el Espíritu Santo: el Espíritu Santo estará en un hombre de este tiempo, como estuvo en el reverendo William Branham, en Juan el Bautista, en Eliseo y en Elías; y ungirá a ese hombre con ese ministerio de Elías en su quinta manifestación; y ese es el ministerio de Elías que le predicará al pueblo hebreo y que el pueblo hebreo recibirá.

“… porque allá, cuando Elías ya había subido y Eliseo se encontró con los hijos de los profetas, ellos dijeron: ‘El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo’. Es que Eliseo obró igual a Elías”.

En la página 449 del libro de Los Sellos, dice:

“[54]. El único Espíritu que ha estado sobre la Tierra, que yo sepa, tendría que ser Elías, como fue en su tiempo; y así fue predicho que sería, porque su Espíritu fue nada menos que el Espíritu de Cristo. Cuando Cristo vino, Él fue la plenitud, fue el Dios de los profetas”.

Ahora, vean cómo nos dice que el espíritu que estaba en Elías manifestado era el Espíritu de Cristo, el Espíritu Santo; y el Espíritu Santo ha manifestado ese ministerio en diferentes ocasiones, y para este tiempo lo manifestaría de nuevo.

Y ahora, vamos a ver lo que nos dice de Elías. Página 301 del libro de Los Sellos [CORTE EN CINTA DE ORIGEN]:

“106. Noten bien: En el tiempo cuando Dios iba a librar al mundo antes del diluvio, Él mandó un águila (o sea, al profeta Noé; los profetas son representados en águilas). Cuando decidió librar a Israel, también mandó un águila (o sea, eso fue al profeta Moisés). ¿No cree usted que cuando Juan estaba en la Isla de Patmos, este Mensaje era tan perfecto que aun no podía ser confiado a un ángel? Ahora, un ángel es un mensajero, pero ¿sabía usted que aquel mensajero era un profeta?”.

O sea, ese Ángel que le dio a Juan la revelación apocalíptica, ese Ángel es un profeta; por eso es que viene dando testimonio de las cosas que han de suceder. Eso es lo que hacen los profetas de Dios: profetizando las cosas que han de suceder. Sigue diciendo:

“¿Lo creen? Vamos a probarlo. Veamos Apocalipsis 22:9 para ver si no fue un águila. Él era un ángel, un mensajero, pero era un profeta, el cual reveló a Juan completamente este libro de Apocalipsis. Ahora veamos lo que Juan vio:

‘Yo Juan soy el que ha oído y visto estas cosas. Y después que hube oído y visto, me postré para adorar delante de los pies del ángel que me mostraba estas cosas.

Y él (el ángel) me dijo: Mira que no lo hagas…’”.

¿Por qué le dijo así? Porque ningún verdadero profeta aceptará la adoración de otras personas.

Ahora, hemos visto que este Ángel es un profeta: el Ángel del Señor Jesucristo es un profeta.

Y ahora, veamos, en la página 326, último párrafo, nos habla nuevamente de este Ángel y nos dice:

“243. Moisés será la misma persona. Hallamos lo mismo en Apocalipsis 22:8”.

¿Y a quién es al que hallamos en Apocalipsis 22:8? Al Ángel del Señor Jesucristo. Ese es el Moisés que vendrá en este tiempo final como uno de los Dos Olivos, y ese es el Elías que vendrá en este tiempo final como otro de los Dos Olivos.

¿Y puede acaso estar – pueden estar dos ministerios en un hombre? ¿Quién es el que da los ministerios? El Espíritu Santo; y si el Espíritu Santo está, puede colocar todos los ministerios que Él quiera.

Cuando apareció Jesús, estaban todos los ministerios en Él, porque era la plenitud de Dios en Él. Por eso unos decían: “Es Juan el Bautista, que ha resucitado”, otros decían: “Es Jeremías”, otros decían: “Es alguno de los profetas”, pero Pedro dijo: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”30</a>; pero en Él estaban todos los ministerios.

Ahora, vamos a ver quién será el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19. En la página 277 del libro de Los Sellos, nos dice:

“[240]. … pedimos que el Espíritu Santo venga ahora mismo, el Jinete del verdadero caballo blanco (¿Quién es el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19? El Espíritu Santo, el Ángel del Pacto), mientras Su Espíritu, el Espíritu de Cristo, entre en confrontación con el anticristo, y Él llame los Suyos”.

Y ahora, veamos en la página 256 del libro de Los Sellos lo que nos dice de ese Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Y si conseguimos ese hombre, estaremos encontrando al Espíritu Santo, el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, en Su manifestación final, estaremos encontrando el instrumento de Jesucristo; y ese instrumento de Jesucristo es el Ángel del Señor Jesucristo.

En ese Ángel del Señor Jesucristo es que estará el ministerio de Moisés por segunda vez, de Elías por quinta vez y de Jesús por segunda vez. Pero ese Ángel no es el Señor Jesucristo. Por eso Juan quiso adorarlo, y el Ángel le dijo que no lo hiciera. Ese Ángel es el instrumento de Jesucristo para la manifestación de Jesucristo en este tiempo final.

¿Qué estarían esperando los seguidores del precursor de la Segunda Venida de Cristo? Pues lo que dijo el precursor en el libro de Los Sellos, en el libro de Las Edades y en los demás mensajes con relación a la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19: estarían esperando la Venida del Espíritu Santo, el Verbo, la Palabra encarnada en un hombre, en un hombre de este tiempo en el cual vivimos.

Y los que estarían esperando el regreso de Elías, sería el regreso de Elías por quinta ocasión. ¿Cómo? En un hombre de este tiempo ungido con ese espíritu; y así es también la venida del ministerio de Moisés para este tiempo final.

Del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, nos profetiza el precursor de la Segunda Venida de Cristo y nos dice: “Del occidente vendrá un jinete en un caballo blanco. Recorreremos esta senda una vez más”31.

Y el occidente es el oeste del planeta Tierra, que consta de Norteamérica, Centroamérica, Suramérica y el Caribe. Y ya en Norteamérica se cumplió la séptima edad de la Iglesia gentil. ¡Solamente queda la América Latina y el Caribe para venir el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19: para venir Jesucristo, el Espíritu Santo, manifestado en carne humana en este tiempo final! Y ese es el que dará el avivamiento, el despertamiento del Día Postrero en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino.

Esa edad se cumple en la América Latina y el Caribe en este tiempo final, con latinoamericanos y caribeños siendo llamados y juntados en la Edad de la Piedra Angular, para ser preparados para ser transformados en este tiempo final.

Hemos visto esta bendición tan grande que Dios tenía para la América Latina y el Caribe; y estaba encerrada en el lugar santísimo del tabernáculo que construyó Moisés y del templo que construyó Salomón: ahí estaba encerrada esa bendición, ahí estaba representada.

Y ahora, en la construcción del Templo espiritual de Cristo, ha salido la luz, en la construcción de esa parte del Templo espiritual de Cristo.

Ahora, hemos visto el por qué el Ángel del Señor Jesucristo para el Día Postrero estará trabajando en los negocios del que lo envió:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”32.

Estará dando testimonio de todas estas cosas.

“Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para (manifestar) a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”33.

¿A quién ha enviado? A Su Ángel Mensajero, a ese profeta de la Dispensación del Reino, para darle a conocer a Su Iglesia todas estas cosas que deben suceder pronto, y darle a conocer la manifestación de Jesucristo en Espíritu Santo en Su Ángel Mensajero en este tiempo final; y así ser llamados y juntados todos los escogidos de Dios en la Edad de la Piedra Angular, y ser preparados para ser transformados y raptados y llevados a la Cena de las Bodas del Cordero.

Estamos siendo preparados para ser llenos de la plenitud del Espíritu Santo. ¿Quiénes recibirán la plenitud del Espíritu Santo? Los que estarán recibiendo al Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19: recibiendo a Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en carne humana en Su Ángel Mensajero.

Hemos visto este misterio de “EL HIJO OBRANDO COMO EL PADRE LE MUESTRA”.

Y así como Jesucristo como Hijo de Dios trabajó en la forma que el Padre le mostró, así el Ángel de Jesucristo estará trabajando en la Obra, en los negocios de Jesucristo en este tiempo final; porque él es un hijo de Jesucristo por medio del nuevo nacimiento, así como cada uno de ustedes y cada uno de los siete ángeles mensajeros de las edades pasadas con los escogidos de las edades pasadas.

Ahora, podemos ver que para el Día Postrero el Ángel de Jesucristo estaría en la Tierra; y el Ángel de Jesucristo es el portador del Mensaje con el cual son dadas a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, porque ese es el profeta de la Dispensación del Reino, con el Mensaje del Evangelio del Reino, para dar testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto.

Ese es el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final prometido para este tiempo final, el cual los escogidos de Dios estarán escuchando en este tiempo final y estarán siguiendo, y estarán siendo preparados; y serán transformados en este tiempo final.

Todos seremos transformados. ¿Por qué? Porque estaremos escuchando la Gran Voz de Trompeta, esa Trompeta Final.

Y la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, que es la Séptima Trompeta y también es el Séptimo Sello: ambas cosas son la Venida del Señor.

Y el Mensaje del Ángel de Jesucristo es el que tiene la revelación de la Segunda Venida de Cristo; revelación que no pudo ser abierta a la Iglesia de Jesucristo por el séptimo ángel mensajero de la séptima edad de la Iglesia gentil; pero sería abierto ese misterio en este tiempo final.

Vean lo que dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo en la página 149 del libro de Citas:

1333 – “Recuerden que ‘los que viven y quedan, no impedirán a los que duermen; porque la Trompeta de Dios, esa última trompeta…’. La sexta acaba de sonar. Y esa última Trompeta, con el último Sello, será la Venida del Señor. ‘Tocará, y los muertos en Cristo se levantarán primeramente’. Solo descansando hasta ese tiempo”.

Ahí podemos ver lo que es la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta: es el Séptimo Sello; es la Venida del Señor siendo revelada a la Iglesia de Jesucristo por el Ángel del Señor Jesucristo, en donde estará el Espíritu Santo, Jesucristo, el Ángel del Pacto, manifestado en el Día Postrero, así como estuvo manifestado en cada ángel mensajero de las siete edades de la Iglesia gentil.

Ese es el siervo fiel y prudente para este tiempo final, en la Casa de Dios, en el Lugar Santísimo de la Casa de Dios, del Templo de Dios; y él estará ahí trabajando en los negocios de Jesucristo: en la Casa de Dios, en el Lugar Santísimo.

Los negocios del Lugar Santísimo, de Jesucristo, vean ustedes, Jesucristo los lleva a cabo en Su Casa, en Su Iglesia, por medio de Su Ángel Mensajero; ese es el hijo de Jesucristo que para el Día Postrero estará trabajando en la Casa de Jesucristo, en la Iglesia de Jesucristo.

Pero todos los demás hijos de Dios estarán trabajando con ese mensajero, con ese hijo de Dios, con ese hijo de Jesucristo; y haremos la Obra de Jesucristo de este tiempo final; y seremos adoptados, seremos transformados, y seremos llevados a la Casa de nuestro Padre celestial, a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo; porque estaremos trabajando en la Casa de nuestro Padre celestial de acuerdo a como Él nos muestra para este tiempo final, para Su Casa, para la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino. Ese es el hijo que será adoptado en este tiempo final.

Ninguno de los siete ángeles mensajero fue adoptado, pero para este tiempo final Jesucristo adoptará un hijo Suyo, un mensajero Suyo: a Su Ángel Mensajero. Por eso Juan quiso adorarlo en dos ocasiones, pero el Ángel no quiso esa adoración; toda adoración es para Dios: “Adora a Dios”.

“EL HIJO OBRANDO COMO EL PADRE LE MUESTRA”.

“EL HIJO TRABAJANDO COMO EL PADRE LE MUESTRA”.

Hemos visto todo lo que conlleva ese trabajo para este tiempo final, así como para cada edad de la Iglesia gentil.

Ha sido para mí un privilegio estar con ustedes en esta noche, dándoles testimonio de este hijo que estaría trabajando como el Padre le estaría mostrando; y hemos visto que este hijo es el Ángel del Señor Jesucristo.

Ese es el Ángel que viene con la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final. Ese es el Ángel en el cual viene Cristo en Espíritu Santo manifestado en el Día Postrero, ungiéndolo y usándolo conforme a como Él ha prometido para este tiempo final, y cumpliendo por medio de él lo que Él ha prometido.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también; y pronto todos seamos transformados y llevados a la Casa de nuestro Padre celestial, a la Cena de las Bodas del Cordero. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos, y muchas gracias por vuestra amable atención, y pasen todos muy buenas noches.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

“EL HIJO TRABAJANDO COMO EL PADRE LE MUESTRA”.

[Revisión septiembre 2021]

1 Isaías 61:2

 

2 San Lucas 1:26-33

 

3 San Mateo 1:23

 

4 Números 22:12

 

5 Romanos 6:23

 

6 Números 31:1-16; 25:1-9

 

7 San Mateo 11:13, San Lucas 16:16

 

8 San Lucas 2:21-24

 

9 San Lucas 14:1-6, San Mateo 12:9-14

 

10 San Mateo 12:8, San Marcos 2:28, San Lucas 6:5

 

11 San Juan 5:1-16

 

12 1 Corintios 15:51-52, 1 Tesalonicenses 4:16-17

 

13 Gálatas 2:20

 

14 Romanos 8:23

 

15 Zacarías 4:10, Apocalipsis 5:6

 

16 San Mateo 3:11, San Marcos 1:7-8, San Lucas 3:16, San Juan 1:27

 

17 Génesis 18:1-8

 

18 San Juan 1:1-4, 1:14

 

19 Génesis 1:1

 

20 San Juan 14:8-10

 

21 San Juan 6:38

 

22 2 Reyes 2:1-15

 

23 1 Pedro 1:10-11

 

24 Hechos 1:1-5

 

25 Hechos 2:1-13, 14-36

 

26 San Juan 3:26-30

 

27 San Mateo 11:3, San Lucas 7:20

 

28 San Juan 1:31, 1:33

 

29 SPN60-1211M “Las diez vírgenes y los 144.000”, pág. 22, párrs. 125-130

 

30 San Mateo 16:13-16, San Marcos 8:27-29

 

31 Citas, pág. 166, párr. 1485

 

32 Apocalipsis 22:16

 

33 Apocalipsis 22:6

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