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Los reyes y sacerdotes de Dios en los días postreros
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Los reyes y sacerdotes de Dios en los días postreros

Muy buenos días, amados amigos y hermanos reunidos aquí, en Santiago de Chile. Es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor del Programa de Dios correspondiente a este tiempo final.

Para lo cual quiero leer en Primera de Pedro, capítulo 2, verso 4 en adelante, donde nos dice de la siguiente manera:

“Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa,

vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

Por lo cual también contiene la Escritura:

He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa;

Y el que creyere en él, no será avergonzado.

Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen,

La piedra que los edificadores desecharon,

Ha venido a ser la cabeza del ángulo;

y:

Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados.

Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;

vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.

Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma,

manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras”.

Que Dios bendiga nuestras almas y nos permita entender Su Palabra.

Nuestro tema para esta ocasión es: “LOS REYES Y SACERDOTES DE DIOS EN LOS DÍAS POSTREROS”.

De esto también nos habla el libro del Apocalipsis, en el capítulo 1 y verso 5 al 6, cuando dice:

“… y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,

y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén”.

También nos dice Apocalipsis, capítulo 5, versos 9 al 10:

“… y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;

y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra”.

Estos reyes y sacerdotes, que han sido redimidos por la Sangre de Cristo, tienen la promesa de Cristo para reinar con Cristo por el Milenio y por toda la eternidad.

Por eso es que también en Apocalipsis, capítulo 20, verso 4 al 6, dice:

“Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.

Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección.

Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años”.

Aquí hemos visto, en el libro del Apocalipsis, que hay un nuevo orden sacerdotal. Para el glorioso Reino Milenial el orden sacerdotal será el de este nuevo orden, y este es el Orden de Melquisedec.

Ese Orden de Melquisedec, que es el Orden Sacerdotal del Templo que está en el Cielo, ha venido apareciendo en este planeta Tierra de etapa en etapa, de edad en edad; y han estado siendo redimidos con la Sangre de Jesucristo, por cuanto han estado viniendo en cuerpos mortales, corruptibles y temporales, y obteniendo un espíritu del mundo; y por eso se ha requerido el nuevo nacimiento de esas personas, los cuales pertenecen al Orden Sacerdotal del Templo que está en el Cielo.

Y lo que ha estado sucediendo es que lo mismo que el sumo sacerdote realizaba el día de la expiación cada año, el día 10 del mes séptimo de cada año, es lo que Cristo ha estado realizando en el Cielo; y ha estado llevando a cabo esa Intercesión por todos los pertenecientes a ese orden sacerdotal celestial.

Vean cómo lo hacía el sumo sacerdote en el templo; capítulo 16 de Levítico dice:

“Habló Jehová a Moisés después de la muerte de los dos hijos de Aarón, cuando se acercaron delante de Jehová, y murieron”.

Estos hijos de Aarón fueron al lugar santísimo con fuego extraño, a ofrecerlo a Dios, y murieron; porque no se puede ofrecer cosas extrañas a Dios, tiene que ser conforme a lo que Dios ha ordenado.

Y ahora, Dios le dice a Moisés algo muy importante; dice:

“Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón tu hermano, que no en todo tiempo entre en el santuario detrás del velo, delante del propiciatorio que está sobre el arca, para que no muera; porque yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio”.

¿Dónde aparecía Dios en el lugar santísimo? Sobre el propiciatorio; y aparecía en esa Nube de Luz o Columna de Fuego o Pilar de Fuego, en la luz de la Shekinah aparecía allí.

Y ahora, Dios le dice al profeta Moisés que no en todo tiempo entre Aarón a ese lugar, para que no muera, y le establece el día en que tiene que entrar. Es establecido que el día 10 del mes séptimo de cada año entraría el sumo sacerdote allí, para llevar allí la sangre de la expiación para la reconciliación del pueblo hebreo con Dios y para la reconciliación también de los sacerdotes.

Y ahora, veamos cómo dice aquí:

“Con esto entrará Aarón en el santuario: con un becerro para expiación, y un carnero para holocausto.

Se vestirá la túnica santa de lino, y sobre su cuerpo tendrá calzoncillos de lino, y se ceñirá el cinto de lino, y con la mitra de lino se cubrirá. Son las santas vestiduras; con ellas se ha de vestir después de lavar su cuerpo con agua.

Y de la congregación de los hijos de Israel tomará dos machos cabríos para expiación, y un carnero para holocausto.

Y hará traer Aarón el becerro de la expiación que es suyo, y hará la reconciliación por sí y por su casa (o sea, por sí y por la casa sacerdotal, que son los descendientes de Aarón, los sacerdotes; y los ayudantes de ellos son los levitas, que son también de la misma tribu de la cual es Aarón)”.

Para la reconciliación o expiación de los sacerdotes, se requería que Aarón tomara el becerro de expiación para efectuar esa expiación por él y por los sacerdotes.

“Después tomará los dos machos cabríos y los presentará delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión.

Y echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos; una suerte por Jehová, y otra suerte por Azazel.

Y hará traer Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Jehová, y lo ofrecerá en expiación.

Mas el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Azazel, lo presentará vivo delante de Jehová para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel al desierto.

Y hará traer Aarón el becerro que era para expiación suya, y hará la reconciliación por sí y por su casa…”.

La reconciliación del sumo sacerdote y de los demás sacerdotes, descendientes de Aarón, vean cómo era efectuada: llevando la sangre del becerro, que había sido tomado para la expiación del sumo sacerdote y los demás sacerdotes, su sangre tenía que ser llevada dentro del lugar santísimo; aunque era sacrificado en el atrio, pero luego su sangre era llevada por el sumo sacerdote al lugar santísimo.

Ahora sigue diciendo:

“Y hará traer Aarón el becerro que era para expiación suya, y hará la reconciliación por sí y por su casa (o sea, por su familia, por sus descendientes sacerdotes), y degollará en expiación el becerro que es suyo.

Después tomará un incensario lleno de brasas de fuego del altar de delante de Jehová, y sus puños llenos del perfume aromático molido, y lo llevará detrás del velo (o sea, al lugar santísimo).

Y pondrá el perfume sobre el fuego delante de Jehová, y la nube del perfume cubrirá el propiciatorio que está sobre el testimonio, para que no muera”.

Cuando el sumo sacerdote entraba con el incensario (el cual llevaba el fuego – los carbones de fuego del altar del incienso), entraba al lugar santísimo, y llevaba sus puños llenos de incienso molido y lo echaba dentro del incensario; y el incensario, por cuanto estaba encendido con los carbones encendidos, ahí se quemaba el incienso y subía el humo; como cuando se quema alguna cosa, que sube humo, pues así subía el humo y cubría todo el propiciatorio. Y ahí estaba Dios manifestado en la luz de la Shekinah; porque Dios dijo que aparecería sobre la nube, sobre el propiciatorio.

Y ahora, todo esto tenía que hacerlo Aarón, porque de otra forma moriría entrando al lugar santísimo; como murieron sus dos hijos, los cuales entraron, y entraron con fuego extraño, no con el fuego ordenado por Dios.

“Tomará luego de la sangre del becerro, y la rociará con su dedo hacia el propiciatorio al lado oriental; hacia el propiciatorio esparcirá con su dedo siete veces de aquella sangre.

Después degollará el macho cabrío…”.

O sea, después saldrá del lugar santísimo e irá de nuevo al atrio (pues se cambiará sus ropas) y degollará el macho cabrío de la expiación (el que cayó en suerte para Jehová); y luego tomará la sangre del macho cabrío…; se cambiará de ropa de nuevo, se pondrá las ropas de lino que le corresponden para entrar al lugar santísimo (porque no puede entrar con otra ropa, sino con las de lino), y llevará la sangre de la expiación del macho cabrío, y esparcirá de nuevo sobre el propiciatorio, como lo había hecho con la sangre del becerro. Vamos a ver:

“Después degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo, y llevará la sangre detrás del velo adentro, y hará de la sangre como hizo con la sangre del becerro, y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio.

Así purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados; de la misma manera hará también al tabernáculo de reunión, el cual reside entre ellos en medio de sus impurezas”.

Y ahora, por cuanto el tabernáculo que construyó Moisés y las cosas que contiene dentro, y el que construyó Salomón, representa al Templo que está en el Cielo…; y por consiguiente representa a la Iglesia del Señor Jesucristo, la cual es el Templo espiritual de Jesucristo.

Y ahora, veamos aquí algo que San Pablo nos dijo, para que no se nos pase. En su carta a los Hebreos el apóstol San Pablo nos dice: en el capítulo 9, verso 16 al 24, dice:

“Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador.

Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive.

De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre (o sea, que el primer Pacto fue instituido con sangre).

Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo,

diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado.

Y además de esto, roció también con la sangre el tabernáculo y todos los vasos del ministerio.

Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión”.

Todo lo que tiene que ser redimido, requiere sangre; y se requiere entonces la sangre del animalito redentor.

“Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así…”.

Las figuras de las cosas celestiales, o sea, todas las cosas que había allí: el tabernáculo, los utensilios del tabernáculo y todo lo que estaba allí en el tabernáculo fue rociado con sangre, y el mismo pueblo; y eso es tipo y figura de los que serían rociados con la Sangre de Jesucristo.

“Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos (con un mejor sacrificio: con el Sacrificio de Jesucristo nuestro Salvador)”.

Y ahora, el Templo del Señor Jesucristo, que es Su Iglesia, es rociado y purificado con la Sangre de Jesucristo, el Cordero de Dios y Macho Cabrío de la Expiación, para nuestra reconciliación con Dios.

Y así como el sumo sacerdote hacía la intercesión con la sangre del becerro que era por él y por los sacerdotes, ahora vean ustedes cómo todos esos sacrificios (tanto el del macho cabrío como el del becerro para el sumo sacerdote y los demás sacerdotes), todos esos sacrificios representan el Sacrificio de Cristo.

Y ahora, por la Sangre de Cristo, los sacerdotes del Orden de Melquisedec, que han estado viniendo a esta Tierra desde los días de Jesús hacia acá, encontramos que son redimidos y reconciliados con Dios por medio de la Sangre de nuestro amado Señor Jesucristo.

Y ahora vean que el Orden Sacerdotal de Melquisedec ha estado pasando por este planeta Tierra; y nuestro Melquisedec, el Sacerdote del Templo de Dios que está en el Cielo, ha estado haciendo lo mismo que el sumo sacerdote hacía en la Tierra en el templo terrenal: haciendo intercesión el sumo sacerdote por los sacerdotes; y estaba haciendo intercesión con la sangre del becerro, esparciéndola sobre el lugar de intercesión, sobre el propiciatorio, siete veces.

Y ahora, vean, Cristo ha estado en el Cielo por estos dos mil años que han transcurrido, y todavía está allí haciendo intercesión. Y ahora vean cómo Él hace intercesión en el Cielo por todos los del Orden de Melquisedec, que son los hijos e hijas de Dios, los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por eso San Pedro nos dice que nosotros somos sacerdotes. ¿Y de qué orden sacerdotal? Del de Melquisedec, que es el Orden Eterno, es del Templo celestial. Y por eso es que al venir a esta Tierra tenemos que estar en un templo aquí en la Tierra que represente el Templo que está en el Cielo; y el templo aquí en la Tierra que representa al Templo que está en el Cielo es el Templo espiritual del Señor Jesucristo, que es Su Iglesia.

Y ahora, nos dice Pedro qué hacemos aquí como sacerdotes en este Templo de Jesucristo. Dice… Primera de Pedro, capítulo 2, verso 5, dice:

“… vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo (vean, esa Casa espiritual y esa Casa sacerdotal, que es la Iglesia de Jesucristo, está siendo edificada), para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo”.

Y sacrificios espirituales ofrecemos a Dios cuando tenemos las actividades y cantamos a Dios y glorificamos a Dios: estamos en esa labor de sacrificios espirituales (¿dónde?) en el Templo de Dios, como así tenían que ser hechos en el templo de Dios en medio del pueblo hebreo.

Y ahora, sigue diciéndonos en el verso 9 de este mismo capítulo: Primera de Pedro, capítulo 2, verso 9, dice:

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio…”.

¿Cuál es el Real Sacerdocio? El de Melquisedec, es eterno; y ese es el orden sacerdotal que estará durante el Reino Milenial.

“… (gente) santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable…”.

Y cuando estamos dando a conocer las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a la luz, estamos ministrando como sacerdotes del Orden de Melquisedec.

Así que cuando los miembros de la Iglesia de Jesucristo están trabajando en la Obra de Cristo, llevando el Mensaje por todas partes, trabajando en esa labor, tanto en la predicación como en la impresión del Mensaje en folletos, y como también en videos y en cintas, y llevando ese Mensaje: estamos ministrando como sacerdotes del Orden de Melquisedec, en el Templo de Jesucristo, que es Su Iglesia.

Miren la labor de los sacerdotes del Orden de Melquisedec, de los que han sido hechos por la Sangre de Cristo reyes y sacerdotes. Y durante el Reino Milenial, literalmente reinaremos sobre esta Tierra como reyes del Orden de Melquisedec.

Y como sacerdotes del Orden de Melquisedec toda la parte religiosa estará a cargo ¿de quiénes? De los sacerdotes del Orden de Melquisedec; porque la parte religiosa del Reino Milenial y de toda la eternidad corresponde al nuevo orden: al Orden de Melquisedec y Sus hijos; pues Sus hijos son los sacerdotes del Sumo Sacerdote, hijos sacerdotes del Sumo Sacerdote; así como los hijos de Aarón eran los sacerdotes y Aarón era el sumo sacerdote.

Y ahora, Jesucristo es el Sumo Sacerdote Melquisedec, del Templo que está en el Cielo; y Sus hijos, los cuales son los creyentes en Cristo que lo han recibido como su Salvador y han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo, y han recibido Su Espíritu Santo: han nacido como sacerdotes del Orden de Melquisedec; sus almas han venido de Dios, del Cielo, de nuestro Melquisedec. Y por eso pertenecemos al Orden Sacerdotal de Melquisedec, el nuevo orden que estará durante el Reino Milenial a cargo de toda la parte religiosa de ese Reino.

Y por cuanto también nuestro Melquisedec es el Rey del universo completo, los hijos de Melquisedec son reyes también. Por lo tanto, reinaremos con Cristo, con nuestro Melquisedec, el Rey del universo y Rey de la Tierra por consiguiente también, reinaremos con Él porque somos Sus hijos y por consiguiente somos reyes también. Ese es el Orden de Gobierno para el Reino Milenial.

Y vean ustedes el por qué hemos tenido que pasar por esta Tierra: para que Melquisedec haga intercesión por nosotros en el Cielo, en el Templo de Dios que está en el Cielo, y seamos así redimidos; por eso es que Cristo ha estado haciendo Su Obra de Sumo Sacerdote: para nuestra reconciliación con Dios.

Teníamos que venir a este planeta Tierra, y hemos venido; y aunque hemos venido en un cuerpo mortal, corruptible y temporal, Jesucristo ha estado en el Cielo, en el Templo de Dios en el Cielo, haciendo intercesión por todos nosotros; y así reconciliándonos con Dios.

Pertenecemos a un Orden Sacerdotal Celestial y también a un Orden de Gobierno celestial también; y somos reyes y somos sacerdotes del Orden de Melquisedec.

Ahora, hemos visto cuál es el orden que estará establecido en el Reino Milenial: el Orden de Melquisedec; y a ese orden pertenecen todos los redimidos por la Sangre de nuestro amado Señor Jesucristo.

En la actualidad somos reyes, porque Él nos ha hecho reyes, y somos sacerdotes; y en el campo espiritual se mueve en la actualidad todo esto, pero para el Reino Milenial físicamente, literalmente, también estará en función.

Y entonces todo en el Reino Milenial de Cristo estará sujeto a Cristo nuestro Melquisedec, el Sumo Sacerdote del Templo que está en el Cielo y también el Rey de los Cielos y de la Tierra; estará sujeto a Cristo y a Sus hijos, que son también reyes y sacerdotes; porque lo que Él es, lo ha hecho también por nosotros.

Él nos ha hecho lo que Él es: Él es Rey, Él nos ha hecho reyes; Él es Sumo Sacerdote, Él nos ha hecho sacerdotes.

Recuerden que los sacerdotes descendientes de Aarón eran los que ayudaban al sumo sacerdote, eran los que trabajaban en el templo establecido en la Tierra. Y así es para el Templo de Dios: pertenecemos al Orden Sacerdotal del Templo que está en el Cielo.

Y eso es reflejado en el Templo espiritual de Jesucristo, que es Su Iglesia, donde ministramos como sacerdotes del Orden de Melquisedec; y en donde el mismo Jesucristo nuestro Melquisedec, en Espíritu Santo ha estado manifestado de etapa en etapa, de edad en edad ministrando; así como el sumo sacerdote ministraba tanto en el atrio, también en el lugar santo, y una vez al año (o sea, un día en el año) ministraba en el lugar santísimo.

Y ahora, Cristo en Su Iglesia, que es Su Templo espiritual, vean cómo de etapa en etapa ha estado ministrando por medio de Su manifestación a través de Sus mensajeros; y con Él han estado trabajando en la Obra de Jesucristo los sacerdotes, los hijos e hijas de Dios, unidos a Jesucristo en la Obra correspondiente a cada edad.

Así que podemos ver que así como Dios le dio buenos ayudantes al sumo sacerdote Aarón (los cuales fueron sus hijos), al Sumo Sacerdote del Templo que está en el Cielo (a nuestro amado Señor Jesucristo) Dios le ha dado buenos ayudantes, que son todos los redimidos por la Sangre de Jesucristo, los cuales han sido hechos sacerdotes de Dios, y reyes también. Y le ha dado buenos ayudantes también para el glorioso Reino Milenial: le ha dado reyes también (redimidos por la Sangre de Jesucristo) para ese glorioso Reino que gobernará sobre el pueblo hebreo y sobre todo el planeta Tierra, sobre todas las naciones.

Ahora podemos ver este misterio de estos reyes y sacerdotes de Dios en los días postreros.

Vean cómo en los días postreros, los cuales comenzaron desde que Jesucristo tenía de 4 a 7 años de edad…; porque los días postreros delante de Dios para los seres humanos son los milenios postreros, que son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio, por cuanto un día delante del Señor son como mil años para los seres humanos1; o sea, un día delante de Dios, para los seres humanos es un día milenial, o sea, un día de mil años.

Y ahora, los días postreros delante de Dios son los milenios postreros, los tres milenios postreros, que son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio. Por eso es que San Pablo y San Pedro dicen que Dios habló por medio de Jesucristo en los días postreros2; y ya han transcurrido dos mil años, pero solamente han transcurrido dos días delante de Dios, de los tres días postreros solamente dos días han transcurrido; y nos queda el Día Postrero, que es el séptimo milenio; y si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, ya estamos en el séptimo milenio.

Y todavía siguen ministrando los sacerdotes del Orden de Melquisedec en la Casa de Jesucristo, en la Iglesia de Jesucristo, dando a conocer a los seres humanos las buenas nuevas de Dios, dando a conocer todas estas virtudes divinas que han sido manifestadas tanto en la Primera Venida de Cristo como en todas estas etapas o edades de la Iglesia de Jesucristo, más las que Él manifiesta en este tiempo final.

A cargo de ese Nuevo Orden Sacerdotal, que es el Orden Sacerdotal Celestial de Melquisedec, está a cargo la ministración de todos los bienes espirituales, para ser ministrados, los cuales están siendo ministrados por ese Orden Sacerdotal Celestial, que son los miembros de la Iglesia de Jesucristo.

Por eso nadie más tiene derecho a ministrar los bienes celestiales, sino los hijos e hijas de Melquisedec, que son lavados por la Sangre de Cristo y son hechos sacerdotes y reyes del Orden de Melquisedec.

Por eso la comisión de la predicación del Evangelio, ¿a quién fue dada? A la Iglesia del Señor Jesucristo, porque es la que tiene el Orden Sacerdotal celestial para ministrar las cosas espirituales a la raza humana.

Ahora, hemos visto que de etapa en etapa le ha tocado a un grupo de sacerdotes trabajar con Cristo, el Sumo Sacerdote, en la Obra de Dios; así como en medio del pueblo hebreo los sacerdotes tenían su tiempo para trabajar en el templo.

Y ahora, vean ustedes, toda la labor que los sacerdotes realizaban era sincronizada con la obra del sumo sacerdote; tenía que ser de acuerdo a la obra que el sumo sacerdote llevaba a cabo, porque él es la cabeza de ese orden sacerdotal. Y así es en el Orden Sacerdotal del Cielo o Celestial, del Templo que está en el Cielo.

A cada ángel mensajero en cada etapa le tocó su tiempo, para ministrar junto a Melquisedec, el Sumo Sacerdote del Templo que está en el Cielo. Y ahora, para el Día Postrero…

Vean ustedes, podemos ver que durante los días postreros se ha estado ministrando con el Sumo Sacerdote Melquisedec, los sacerdotes que les ha tocado ministrar en cada edad.

Y ahora, podemos ver que la manifestación de Jesucristo en Espíritu Santo en cada ángel mensajero fue una manifestación de Melquisedec, del Sumo Sacerdote; y junto a Él estuvieron los ayudantes, los sacerdotes que trabajaron con Cristo en la Obra correspondiente a cada edad.

Y para este tiempo final, Cristo, el Sumo Sacerdote del Templo celestial, nuestro Melquisedec, ministra en este Día Postrero así como ministró en las siete etapas o edades de la Iglesia gentil, que corresponden al Lugar Santo del Templo espiritual de Cristo, lo cual fue representado en el lugar santo del templo que construyó Salomón y del tabernáculo que construyó Moisés.

Y ahora, para este tiempo final Cristo ministra, el Sumo Sacerdote ministra en Su Templo espiritual, en Espíritu Santo, por medio de Su manifestación correspondiente al Día Postrero a través de Su Ángel Mensajero, en la construcción del Lugar Santísimo de Su Templo y en la ministración de las cosas espirituales correspondientes a este Día Postrero en el Templo espiritual de Cristo, en el Lugar Santísimo; para que en la Obra de Reconciliación que Cristo está haciendo en el Cielo por todos Sus hijos, toda Su Casa, toda Su Familia, nosotros así como hemos obtenido la reconciliación espiritual con Dios y hemos obtenido el nuevo cuerpo, el cuerpo teofánico, o sea, ese nuevo espíritu (Él dijo que nos daría un nuevo espíritu y un nuevo corazón3), también Él ha prometido darnos un nuevo cuerpo.

Y ahora, para la reconciliación física, la reconciliación del cuerpo, en donde obtendremos la redención del cuerpo, en donde obtendremos la transformación, y así por consiguiente el cuerpo nuevo, Cristo entra al Lugar Santísimo de Su Templo espiritual (o sea, de Su Iglesia) y ministra ahí por medio de Su Ángel Mensajero; y junto a Su Ángel Mensajero, vean ustedes, estarán todos los escogidos de Dios (que son también sacerdotes) trabajando en la Obra correspondiente al Día Postrero; pero el que ministra lo que corresponde al Lugar Santísimo, y el que hace la Obra correspondiente a esa etapa del Lugar Santísimo para que pueda venir la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos, es Cristo, nuestro Melquisedec.

Y Él ministra en la etapa del Lugar Santísimo de Su Templo espiritual, y nos da la fe, la revelación, para ser transformados y raptados en este tiempo final; nos ministra la revelación divina de los siete truenos de Apocalipsis, capítulo 10, que es la revelación divina del Séptimo Sello, la revelación divina de la Segunda Venida de Cristo, como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo. Y esa es la revelación que hará que los muertos en Cristo sean resucitados en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seamos transformados.

Ahora, Cristo, vean ustedes, se encuentra en el Cielo, en el Lugar Santísimo del Templo que está en el Cielo; allí está Su cuerpo glorificado, el cual fue resucitado; pero en Espíritu Santo Jesucristo ha estado en medio de Su Iglesia, ministrando por medio de Sus ángeles mensajeros en el Lugar Santo, y en este tiempo final ministra en el Lugar Santísimo por medio de carne humana.

Y con la labor que Él estará haciendo en el Lugar Santísimo de Su Templo espiritual, se completará todo Su trabajo, toda Su labor, y estará en pie el Templo espiritual de Cristo, que es Su Iglesia, y que también son los sacerdotes del Orden de Melquisedec, hijos de nuestro Melquisedec, hijos de Jesucristo por medio del nuevo nacimiento.

Y ahora, vean ustedes cómo los hijos de Jesucristo, los redimidos por la Sangre de Cristo, los cuales han nacido de nuevo, siendo hijos del segundo Adán, por consiguiente son sacerdotes también, de un nuevo orden que estará funcionando en la Tierra físicamente también durante el Reino Milenial.

Desde Cristo hacia acá ese Orden ha estado funcionando espiritualmente, desde el Día de Pentecostés hacia acá, espiritualmente, ministrando las cosas espirituales de Cristo, de Dios; pero para el Reino Milenial, vean ustedes, todo lo del Gobierno de Cristo en el campo religioso pertenece al Orden de Melquisedec, al cual pertenecen todos los creyentes en Cristo lavados con la Sangre de Cristo y llenos del Espíritu de Cristo, los cuales han obtenido el nuevo nacimiento y han nacido como reyes y sacerdotes en el Reino de Dios, como hijos de Melquisedec, el Sacerdote y Rey del Cielo; el cual le apareció a Abraham y le dio pan y vino4; lo cual muestra que le aparecería a la simiente espiritual de Abraham, celestial de Abraham, y también a la descendencia según la carne, que es el pueblo hebreo. Y para este tiempo final nos estará dando de Sí mismo, para que podamos ser transformados y llevados a la Casa de nuestro Padre celestial.

Por eso es que Él en este tiempo final, siendo Él el Verbo, la Palabra, nos dará de Sí mismo: nos dará Su Palabra, y obtendremos pronto nuestra transformación; porque esa Palabra que Él nos dará y estará hecha carne en nosotros, hará que seamos transformados, así como la Palabra que había recibido Abraham y también Sara obró en ellos, y alrededor de esa Palabra vino el rejuvenecimiento de ellos para tener el hijo prometido.

Y alrededor de la Palabra que Él nos da en este tiempo, se materializará nuestra transformación, que Él ha prometido; o sea que todos los que serán transformados habrán recibido esa Palabra, llamada también la Gran Voz de Trompeta5 o Trompeta de Dios6. Y así es como Cristo ministra para nosotros en el Lugar Santísimo lo que nosotros necesitamos para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y esto es así porque Él nos ha lavado de nuestros pecados con Su Sangre preciosa, y nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes; reyes… y reinamos espiritualmente, pero en el Reino Milenial reinaremos literalmente como reyes; y como sacerdotes ministraremos todo lo que tenga que ver con el aspecto religioso.

“Y en aquel día Jehová será uno, y uno Su Nombre”7.

Ya, por cuanto estará a cargo de los sacerdotes descendientes de Melquisedec (que son los redimidos con la Sangre de Cristo), solamente habrá una forma sola de creer en Dios. O sea que no habrá un montón de religiones, cada una con sus diferentes formas de interpretar la Biblia y de creer en Dios, cada una con sus formas o sus concepciones intelectuales de quién es Dios, cómo es Dios y cuántas personas es Dios.

En Zacarías nos dice: “Y en aquel día Jehová será uno, y uno Su Nombre”. O sea que la enseñanza será monoteísta: un solo Dios; la enseñanza del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

“Oye, Israel: El Señor nuestro Dios uno es”8. Así comienzan los diez mandamientos. Por eso cuando le preguntaron al Señor Jesucristo: “Dinos cuál es el primer mandamiento”, comenzó Jesús diciéndoles: “Oye, Israel; el Señor nuestro Dios uno es. Y amarás al Señor nuestro Dios con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Y el segundo mandamiento es semejante a este, el cual es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”9.

Ahora podemos ver la enseñanza religiosa que habrá durante el Reino Milenial; y estará a cargo de los sacerdotes de Cristo, que son los redimidos con la Sangre de Jesucristo; y toda otra creencia será eliminada.

Y no solamente eso, sino que dice la Escritura en Zacarías… veamos: en el capítulo 14, verso 8 en adelante dice:

“Acontecerá también en aquel día, que saldrán de Jerusalén aguas vivas, la mitad de ellas hacia el mar oriental, y la otra mitad hacia el mar occidental, en verano y en invierno.

Y Jehová será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será uno, y uno su nombre”.

Será Rey sobre toda la Tierra, porque estará reinando como Rey de reyes y Señor de señores. Ahí también está la promesa de Cristo en Apocalipsis, capítulo 3, verso 21, donde dice:

“Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono; así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”.

Así como Cristo se ha sentado con Su Padre en el Trono celestial, en el Templo que está en el Cielo, ahora Él ha prometido al Vencedor sentarlo en Su Trono.

¿Y cuál es el Trono de Jesucristo? Pues el Trono del Padre es el que está en el Cielo, y el Trono de Jesucristo es el Trono de David, en el cual Él estará reinando durante ese Reino Milenial.

De eso fue que habló el Arcángel Gabriel a la virgen María cuando le dijo: en el capítulo 1, verso 30 en adelante, donde dice [San Lucas]:

“Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.

Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús.

Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;

y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”.

Ahí tenemos el Trono de Jesucristo; es el Trono de David, el cual dice el Arcángel Gabriel aquí que Dios le dará. Y ese es el Trono al cual Cristo se refiere cuando dice:

“Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono; así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”.

Ahora vean cómo lo mismo que Dios ha hecho con Jesús es lo que Jesús hace con el Vencedor en Su Reino. En el Reino de Jesucristo, ese Reino Milenial, Jesucristo hace con el Vencedor lo mismo que el Padre ha hecho con Jesús al sentarlo en Su Trono.

También Jesucristo le dará autoridad sobre las naciones, “y las regirá con vara de hierro; (dice) así como yo he recibido de mi Padre”, como Jesús recibió autoridad sobre todas las naciones, pueblos y lenguas; y Él dijo10: “Toda autoridad me es dada en el Cielo y en la Tierra”.

Y ahora Cristo le dará autoridad al Vencedor, le dará autoridad sobre las naciones: “y él las regirá con vara de hierro, y serán desmenuzadas como vaso de alfarero; así como yo he recibido de mi Padre”. Apocalipsis, capítulo 2, versos 26 al 28.

Vamos a leerlo directamente aquí para que lo tengan ya tal y como fue dicho por Jesús. Capítulo 2, verso 26 al 28, dice:

“Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin…”.

¿El que guarde las obras de Cristo hasta cuándo? Hasta el fin, hasta el fin del tiempo. El mensajero que esté en ese tiempo será el Vencedor, y será el que obtendrá la materialización de estas promesas en él.

“… yo le daré autoridad sobre las naciones,

y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre…”.

Vean, la misma autoridad que ha recibido del Padre, ahora se la otorga al Vencedor; porque por medio del Vencedor, por medio de Su siervo fiel y prudente, que estará en el Día Postrero ministrando en la Casa de Dios, a través del cual Cristo estará manifestado en Espíritu Santo…; y estará Cristo manifestado en Espíritu Santo como Melquisedec, como Sumo Sacerdote ministrando en el Día Postrero en la Edad de la Piedra Angular, que es la Edad del Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo.

Por lo tanto, la autoridad que Cristo ha recibido del Padre será manifestada por medio del siervo fiel y prudente, por medio del instrumento que Cristo tendrá en el Día Postrero, que será Su Ángel Mensajero. “Así como yo he recibido de mi Padre” (dice Cristo), Él le dará autoridad sobre las naciones al Vencedor.

“… y le daré la estrella de la mañana”.

¿Y cuál es la Estrella de la Mañana? En Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana”.

Estos atributos de Cristo, vean ustedes, son dados y manifestados por medio del Vencedor. Dice: “Al que venciere, yo le daré la Estrella resplandeciente de la Mañana”.

Por lo tanto, la Estrella resplandeciente de la Mañana, el cual es Cristo, estará manifestado como la Estrella resplandeciente de la Mañana por medio del Vencedor; y estará manifestado también como la raíz y el linaje de David por medio del Vencedor.

Y por eso es que Cristo, nuestro Melquisedec, ministra por medio de Su Ángel Mensajero en el Día Postrero en la Edad de la Piedra Angular, o sea, en el Lugar Santísimo de Su Templo espiritual, y manifiesta estos atributos de Jesucristo por medio de Su Ángel Mensajero en el Día Postrero.

Y los escogidos de Dios, la Iglesia de Jesucristo, verá la Estrella resplandeciente de la Mañana resplandeciendo en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular, a través de Su Ángel Mensajero; y verán también la raíz y el linaje de David manifestado por medio de Su Ángel Mensajero; porque estarán viendo a Cristo en Espíritu Santo manifestado en Su Ángel Mensajero, manifestando esos atributos del Señor Jesucristo. Y lo verá la Iglesia del Señor Jesucristo y también lo verá el pueblo hebreo.

Pero el Ángel de Jesucristo no es el Señor Jesucristo; él solamente es el instrumento de Jesucristo para esas manifestaciones de Jesucristo prometidas para este Día Postrero, en el Templo espiritual de Cristo, que es Su Iglesia, en la parte del Lugar Santísimo de ese Templo espiritual.

Ahora recuerden que el sumo sacerdote ministraba en el atrio, ministraba en el lugar santo y también ministraba en el lugar santísimo. Y luego, cuando estaba saliendo del lugar santísimo, pasaba al lugar santo y ahí ministraba también, ya cuando estaba saliendo del lugar santísimo; donde —en el lugar santo— él colocaba de la sangre de la expiación sobre los cuernos del altar del incienso11, y así por el estilo; y él usaba de esa sangre de la expiación cuando salía del lugar santísimo, usaba en el lugar santo, y luego seguía saliendo.

O sea que el sobrante de esa sangre era utilizada. Y esa sangre lo que hace es ¿qué? Redimir. Así que podemos ver que algo grande Cristo hará en este tiempo final, luego que haya acabado Su Obra en el Lugar Santísimo.

Por eso es que luego tienen oportunidad, luego que Cristo obre con Sus escogidos, tiene oportunidad el pueblo hebreo y tiene oportunidad el resto de las vírgenes.

Las cinco vírgenes, pues esas corresponden al Lugar Santísimo en el Día Postrero; pero las otras vírgenes, que no tenían aceite en sus lámparas, que representan al resto del cristianismo o el cristianismo que no tenía el Espíritu Santo… pero que estarán dispuestos a dar su vida por Cristo, y estarán dispuestos a morir en esa apretura y luego persecución que vendrá en este tiempo final, en donde el anticristo, la bestia, perseguirá al resto de los que creen en Cristo pero que no tenían el Espíritu Santo; aunque pensaban que lo tenían, pero no lo tenían.

Después, al final, se dan cuenta que no lo tenían; vienen buscando aceite, vienen buscando el Espíritu Santo, pero las vírgenes prudentes dicen que compren ellos para que no les falte a ellas y a las vírgenes insensatas también12; porque el tiempo para recibir el Espíritu Santo era antes de que Cristo terminara Su labor de intercesión en el Cielo.

Ahora podemos ver que habrá bendición para el pueblo hebreo cuando Cristo haya completado el número de Sus escogidos en el Cuerpo Místico, en Su Iglesia; y habrá una manifestación plena de Dios, tanto en el Lugar Santísimo como en el Lugar Santo, y en el Atrio también; porque habrá personas que, aunque no pertenezcan al Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo (porque a ese lugar solamente pertenecen los reyes y sacerdotes del Día Postrero), pero habrá miles o millones de personas que estarán en el Atrio; pues no fueron de las siete etapas, no fueron del grupo de las siete etapas, por lo tanto, habrá lugar en el Atrio para el resto de los seres humanos.

Ese es el lugar que Dios extiende, y ahí es donde entrarán las vírgenes insensatas. Y por eso es que en el libro del Apocalipsis, capítulo 7, versos 8 al 17, aparece ahí esa multitud. Versos 9 al 17, dice así, de Apocalipsis, capítulo 7:

“Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar (o sea, que son millones), de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas (o sea que no son hebreos, porque es de todo pueblo, nación, tribu y lengua), que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos;

y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero.

Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes; y se postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios,

diciendo: Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Entonces uno de los ancianos habló, diciéndome: Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido?

Yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero”.

Esas son las vírgenes insensatas, que salen de la gran tribulación; tienen que morir durante la gran tribulación porque no tenían aceite en sus lámparas, o sea, no tenían el Espíritu Santo: no habían nacido de nuevo. Dice:

“Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos (al extender Su Tabernáculo, vienen a tener parte en el Atrio del Tabernáculo de Dios).

Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno;

porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos”.

Este es el mismo grupo que aparece en Apocalipsis, capítulo 15; vamos a ver, verso 1 en adelante, dice:

“Vi en el cielo otra señal, grande y admirable: siete ángeles que tenían las siete plagas postreras; porque en ellas se consumaba la ira de Dios.

Vi también como un mar de vidrio mezclado con fuego…”.

Un mar de vidrio mezclado con fuego. ¿Dónde estaba el mar de bronce en el tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó Salomón? En el atrio. Y ahora, vean aquí:

“Vi también como un mar de vidrio mezclado con fuego; y a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, y su marca y el número de su nombre, en pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios”.

¿Dónde están? Están en el Atrio. No pertenecen ni al Lugar Santo ni al Lugar Santísimo.

“Y cantan el cántico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos”.

¿Cómo lo conocen? Lo reconocen como el Rey de los santos, lo reconocen como el Rey de reyes y Señor de señores. Esa es la revelación que las vírgenes insensatas obtendrán; y morirán durante la gran tribulación dando sus vidas, pero no se inclinarán a la bestia y a la imagen de la bestia, sino que permanecerán fieles a Dios.

“¿Quién no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? pues sólo tú eres santo; por lo cual todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han manifestado”.

Y ahí podemos ver lo que será del grupo de las vírgenes insensatas, que no tenían aceite en sus lámparas: tendrán que pasar por la gran tribulación. Pero ellas, luego que termine todo, al final del Reino Milenial resucitarán y serán juzgadas y entrarán a la vida eterna.

Ahora, podemos ver todo este Programa Divino y cómo se ha ido moviendo de etapa en etapa; y cómo de etapa en etapa han estado entrando al Programa de la Redención los hijos e hijas de Dios, que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, y han sido lavados con la Sangre de Cristo: han creído en Cristo como su Salvador, han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido Su Espíritu Santo; y así han nacido de nuevo; y han nacido como reyes y sacerdotes en el Reino de Dios, porque Él nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes; no del orden levítico, no del orden de Aarón, sino del Orden de Melquisedec, del Orden del Sumo Sacerdote del Templo que está en el Cielo.

Y para el Reino Milenial, todo lo que se estará llevando a cabo en este planeta Tierra —tanto en la parte de Gobierno, en lo político, y en la parte religiosa— estará a cargo de Melquisedec y Sus hijos.

Él es el Sumo Sacerdote del Templo que está en el Cielo, y Sus hijos son sacerdotes también, con Cristo; y son los que trabajan con Cristo en todos los asuntos religiosos, y son los que trabajan con Cristo también en todos los asuntos de Gobierno, en toda la parte política de ese glorioso Reino Milenial que Cristo tendrá en este planeta Tierra, y que estará ese Reino sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones. Todo estará sujeto a ese Reino.

Y de Jerusalén saldrán todas las leyes para ser establecidas en todas las naciones; “porque de Jerusalén saldrá la Ley”13 para todas las naciones, tanto en lo político como en lo religioso. Son las leyes del Reino de Jesucristo.

Por eso es que, así como por medio del ministerio de Moisés Dios estableció las leyes para el pueblo hebreo, el ministerio de Moisés y de Elías estarán en la Tierra manifestados porque Dios establecerá las leyes (para y de Su Reino) para el pueblo hebreo y para todas las naciones, en ese glorioso Reino Mesiánico de mil años.

Ahora, hemos visto este misterio de LOS REYES Y SACERDOTES DE DIOS EN LOS DÍAS POSTREROS.

Todo ha estado moviéndose en la parte espiritual, por cuanto los reyes y sacerdotes de Dios del Día Postrero han recibido el cuerpo teofánico eterno, que Cristo nos ha dado por medio de creer en Cristo como nuestro Salvador y lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo; y así nos ha dado el cuerpo teofánico de la sexta dimensión.

Y por eso es que se ha estado llevando a cabo una labor espiritual desde el Día de Pentecostés hacia acá; pero pronto nos dará el cuerpo físico y eterno, y seremos plenamente a imagen y semejanza de Jesucristo físicamente también, con un cuerpo glorificado; y entonces en la parte física también estaremos teniendo todas las labores que se llevarán a cabo aquí en la Tierra: todas estarán bajo la dirección, bajo el gobierno de Cristo y Su Iglesia, Cristo y Sus reyes y sacerdotes, que Él por medio de lavarnos en Su Sangre ha hecho.

Y ahora, vean cómo estos reyes y sacerdotes están siendo preparados de etapa en etapa para ese glorioso Reino Milenial, en donde físicamente también gobernaremos como reyes y ministraremos como sacerdotes.

Y desde la Tierra, desde ese Templo espiritual (que es Su Iglesia), se ministrará todo, y todo será comunicado al Templo de Dios en el Cielo y al Reino de Dios en el Cielo. O sea que por medio del Templo espiritual, que es la Iglesia de Jesucristo aquí en la Tierra durante el Reino Milenial, se ministrará todo lo del Templo de Dios del Cielo.

Así como durante el tiempo del tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó Salomón, y todo ese tiempo del Antiguo Testamento, todas las cosas celestiales se ministraban a través del templo terrenal que el pueblo hebreo tenía.

Vean el por qué Moisés tuvo que levantar ese tabernáculo; y Dios le hablaba a Moisés dentro de ese tabernáculo, desde el lugar santísimo, desde el propiciatorio, desde donde Dios se manifestaba, se revelaba a Moisés, y le hablaba todo lo que Dios quería que Moisés le diera a conocer al pueblo hebreo. “Desde allí (Dios dice) me manifestaré a ti, y te diré todo lo que tú le tengas que decir al pueblo hebreo”. Eso está en el libro del Éxodo, capítulo 25.

Ahora vean cómo aquí Dios muestra que Moisés podía entrar al templo, al lugar santísimo, en cualquier tiempo, pero el sumo sacerdote no podía. Dice capítulo 25, verso 21 al 22:

“Y pondrás el propiciatorio encima del arca, y en el arca pondrás el testimonio que yo te daré.

Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandare para los hijos de Israel”.

Ahora podemos ver que ese es el lugar más importante del templo: el propiciatorio, que está sobre el arca del pacto. O sea que el arca del pacto con el propiciatorio tiene también los dos querubines de oro, y en medio de los dos querubines de oro ahí está la presencia de Dios.

Nosotros hemos llegado al tiempo más grande y glorioso de todos los tiempos, el tiempo del Lugar Santísimo en el Templo espiritual de Cristo. Y los dos querubines de oro ahí, sobre el lugar santísimo, corresponden a los ministerios de Moisés y Elías; y de en medio de esos dos ministerios prometidos para el Día Postrero será que la gloria de Dios, la gloria de Jesucristo será manifestada en toda Su plenitud.

Desde ahí es que Dios se manifestará en medio de Su Iglesia en este tiempo final; y ahí estará la gloria de Jesucristo manifestada. De lo cual hablaremos en la próxima actividad, ya que la próxima actividad tiene como tema… vamos a ver, el tema de la próxima actividad es: “LA VENIDA DEL SEÑOR CON LAS NUBES”. Ese será el tema que estaremos viendo en la próxima actividad: “LA VENIDA DEL SEÑOR CON LAS NUBES”.

Recuerden que todas estas cosas, todas estas revelaciones prometidas para ser dadas a conocer a los hijos de Dios en el Día Postrero, son ministradas en el Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo por medio del Espíritu Santo, Jesucristo en Espíritu Santo a través de Su Ángel Mensajero; así como las revelaciones correspondientes a cada edad de la Iglesia gentil fueron ministradas por el Espíritu Santo, Jesucristo en Espíritu Santo en el ángel mensajero de cada edad, y se llevó a cabo la Obra de Cristo en cada edad.

Y la Obra de Cristo para la Edad del Lugar Santísimo de Su Templo espiritual, que es la Edad de la Piedra Angular, vean ustedes, será realizada por Jesucristo en Espíritu Santo a través de Su Ángel Mensajero, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en la etapa del Lugar Santísimo del Templo espiritual de Jesucristo, donde hemos sido llamados y colocados en este Día Postrero.

Hemos visto nuestro tema de esta ocasión: “LOS REYES Y SACERDOTES DE DIOS EN LOS DÍAS POSTREROS”.

Los hemos visto en estos dos mil años que han transcurrido, y ellos son los redimidos por la Sangre de Cristo, los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo; y ahora en estos días en los cuales vivimos, donde (si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene) ya estamos en el séptimo milenio, que es el Día Postrero delante de Dios: y ahora miramos a los reyes y sacerdotes de Dios en el Día Postrero.

Y cuando los miramos, cuando yo los veo, los miro, los veo a todos ustedes, que han sido redimidos con la Sangre de Cristo, ¡y han sido hechos reyes y sacerdotes de Dios!, y viven en el Día Postrero; y están trabajando, ministrando en la Obra de Cristo, llevando la Palabra, llevando el Mensaje, dando a conocer las buenas nuevas de Cristo correspondientes a este Día Postrero, en adición a las buenas nuevas de la Primera Venida de Cristo.

Y ahora, podemos ver a los reyes y sacerdotes de Dios, no solamente en los dos días postreros que ya han transcurrido, sino en este Día Postrero, en este milenio postrero que ya ha comenzado (si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene); en donde hay grandes bendiciones para los reyes y sacerdotes de Jesucristo, para todos los redimidos por la Sangre de Jesucristo; y grandes cosas estarán ministrando los sacerdotes de Jesucristo, los sacerdotes del Orden de Melquisedec, que trabajan y ministran con Cristo, el Sumo Sacerdote del Templo que está en el Cielo.

Porque somos colaboradores de Cristo, nos dice San Pablo, colaboradores de Dios14; y si somos colaboradores del Sumo Sacerdote Melquisedec es porque somos sacerdotes también. Él nos ha hecho… – nos ha limpiado con Su Sangre preciosa, nos ha lavado de nuestros pecados y nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes; y reinaremos con Cristo por el Milenio y por toda la eternidad, y estaremos como reyes y como sacerdotes en Su Reino.

Por lo tanto, todo lo que tenga que ver con lo político estará a cargo de Cristo como Rey y de Sus hijos como reyes; y todo lo que tenga que ver con lo religioso estará a cargo de Cristo como Sumo Sacerdote (el cual es Melquisedec) y de todos los sacerdotes, que son los hijos del Rey Melquisedec, que han sido hechos sacerdotes por Cristo al ser redimidos con la Sangre de Cristo.

Ahora vean que todo lo que se mueva durante el Reino Milenial estará ligado a Cristo y a nosotros. Nada se moverá sin el visto bueno de Jesucristo y Sus redimidos; porque son LOS REYES Y SACERDOTES DE DIOS EN LOS DÍAS POSTREROS.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también; y pronto todos seamos transformados juntamente con los muertos en Cristo que resucitarán en cuerpos eternos, y seamos llevados a la Cena de las Bodas del Cordero. Y que pronto el Reino de Dios y el Reino sobre esta Tierra sea entregado a los santos del Altísimo, como nos dice Dios a través del profeta Daniel en el capítulo 7, verso 18:

“Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre”.

Que todo esto se materialice pronto para cada uno de ustedes y para mí también. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Hemos visto la bendición tan grande que Dios nos ha dado a todos nosotros; y no sabíamos que la bendición era tan grande, pero ahora sí lo sabemos.

Así que en la tarde, o en la próxima actividad, ya tendremos el tema que hemos anunciado; el tema que hemos anunciado (vamos a ver) es “LA VENIDA DEL SEÑOR CON LAS NUBES”. Y ahí estaremos abarcando desde el ángulo de la Venida del Señor en las nubes, estaremos abarcando todo ese campo, para ver ahí las bendiciones que hay para cada uno de ustedes y para mí también.

Algunas veces pensamos que la historia de Cristo solamente es desde que nació en Belén de Judea hasta que fue crucificado; pero la historia de Cristo antes de eso y la historia de Cristo después que fue crucificado y murió y resucitó…, y desde que murió, resucitó y ascendió al Cielo, ya tiene dos mil años de historia; más los 33 años; más antes de eso, que es sin fin.

O sea que la historia de Cristo no es solamente de 33 años; porque: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Y el Verbo se hizo carne”15.

Y ahora, la historia de Cristo antes de hacerse carne, la historia del Verbo antes de hacerse carne; y la historia del Verbo cuando se hizo carne; y la historia del Verbo después que murió, resucitó y ascendió al Cielo; o sea que tenemos bastantes miles de años o millones de años, de historia de Cristo.

Bueno, ahora vamos a pedir siempre escuchar la historia de Cristo.

Para eso hay un verso ahí, para este tiempo final. Dice: “Yo Jesús…”. ¿Cómo dice? [Los presentes continúan: “… he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”]. Así que nos estará dando a conocer la historia de Cristo bien pero que bien clara.

Por aquí nuevamente nuestro amado hermano y amigo, el reverendo Miguel Bermúdez Marín, para continuar.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos; y nos veremos en la próxima actividad, en donde tendremos el tema: “LA VENIDA DEL SEÑOR CON LAS NUBES”.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos.

“LOS REYES Y SACERDOTES DE DIOS EN LOS DÍAS POSTREROS”.

[Revisiones marzo 2020]

1 2 Pedro 3:8, Salmos 90:4
2 Hebreos 1:1-2, Hechos 2:16-17
3 Ezequiel 11:19, 36:26
4 Génesis 14:18-20
5 San Mateo 24:31
6 1 Tesalonicenses 4:16
7 Zacarías 14:9
8 Deuteronomio 6:4
9 San Marcos 12:28-31
10 San Mateo 28:18
11 Levítico 16:18-19
12 San Mateo 25:1-9
13 Isaías 2:3, Miqueas 4:2
14 1 Corintios 3:9, 2 Corintios 6:1
15 San Juan 1:1 y 14
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