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Hemos hallado al Mesías
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Hemos hallado al Mesías

Muy buenos días, amados hermanos y amigos presentes aquí en San Mateo, Soacha, República de Colombia. Es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para lo cual quiero leer en el libro o Evangelio según San Juan, capítulo 1, versos 35 al 42, donde dice:

El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos.

Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios.

Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús.

Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras?

Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima.

Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús.

Este halló primero a su hermano Simón (Pedro), y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo).

Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro)”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla. Nuestro tema para esta ocasión es: “HEMOS HALLADO AL MESÍAS”.

A través de las Escrituras tenemos la promesa de la Venida del Señor, de la Venida de Cristo; esa promesa la tenemos en el Antiguo Testamento; y las personas que vivieron en el Antiguo Testamento recibieron esa promesa divina por medio de los profetas de Dios, acerca de la Venida del Mesías.

Desde el Génesis, capítulo 3, verso 15, Dios ha estado hablando acerca de la Venida del Mesías; y cuando Él dijo en aquella ocasión, en el capítulo 3, verso 15:

“Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”.

Aquí nos está dando la promesa de la Venida del Mesías, el cual vendría por medio de una mujer.

Y ahora, podemos ver que a través de todo el Antiguo Testamento tenemos la promesa de la Venida del Mesías; y se reflejó la Venida del Mesías en el Antiguo Testamento en los tipos y figuras, como los animalitos de sacrificio, corderos y machos cabríos que el pueblo hebreo ofrecía a Dios por el pecado y reconciliación del pueblo con Dios.

Encontramos que en los tipos y figuras tenemos también a Cristo, la Venida del Mesías, representada en Isaac, el hijo prometido a Abraham, el cual le fue prometido a Abraham aun siendo Abraham ya un hombre anciano y su esposa también ya avanzada en edad; y siendo aun también estéril su esposa Sara; con todo y eso, Dios hizo esta promesa a Abraham; y la cumplió.

Luego encontramos que, para el cumplimiento de esta promesa, miren ustedes, Dios le apareció en una ocasión como Melquisedec, y luego también le confirmaba esta promesa en otras ocasiones, y le cambió también el nombre a Abraham, de Abram por Abraham, y el nombre de Saraí por Sara; y luego vino el cumplimiento de esa promesa.

El día antes de la destrucción de Sodoma y de Gomorra le apareció Dios, y Abraham le llamó Elohim; apareció Dios con Sus dos Arcángeles, Gabriel y Miguel, en forma visible; y comió con Abraham: Elohim y los Arcángeles Gabriel y Miguel. Y luego que tuvieron una comida, o sea, un almuerzo (diríamos, de 12 a 3 o 4 de la tarde), luego se fueron; ya a la caída del sol se fueron los Arcángeles Gabriel y Miguel hacia Sodoma, y llegaron hasta la plaza de la ciudad.

Pero Abraham se quedó y Dios se quedó con Abraham, y estuvo Dios diciéndole, Elohim estuvo diciéndole a Abraham las cosas que Él llevaría a cabo; le dijo el propósito de Su venida en carne humana, en carne, en forma visible, porque Dios se materializó para esta visita que le hizo a Abraham, como también fueron materializados los Arcángeles Gabriel y Miguel; pues un espíritu no puede comer, pero si se materializa entonces sí puede comer.

Y ahora, encontramos que está Elohim hablando con Abraham y le está diciendo el propósito de Su venida a causa del pecado de Sodoma y Gomorra, el cual ha llegado hasta la presencia de Dios. Y cuando llega a tal grado, y se cumple la maldad de la gente, entonces Dios se manifiesta para traer el juicio sobre el pueblo, un pueblo o una nación, o naciones, pueblos y lenguas; y en esta ocasión le tocó a Sodoma y Gomorra.

Por eso Sodoma y Gomorra, al igual que Egipto y al igual que el mundo antediluviano, son tipo y figura del mundo del tiempo presente. Por eso Jesús dijo que la Venida del Hijo del Hombre sería como en los días de Noé1, y también como en los días de Lot2, en donde el juicio divino fue derramado sobre las personas, porque había llegado el tiempo en que Dios derramaría el juicio divino, porque se había cumplido la maldad de esas personas; y así es para este tiempo final.

Ahora, hemos visto a Elohim en la visita que le hizo a Abraham y donde estuvo comiendo con Abraham, que le confirmó o reconfirmó la promesa del hijo prometido.

Y Sara, que estaba a la parte de atrás de Elohim, en la tienda, o sea, en la carpa donde vivían (porque ellos vivían en carpas, en tabernáculos), encontramos que Sara escuchó lo que Elohim le está diciendo a Abraham. Esto está en el capítulo 18 del Génesis; versos 7 en adelante dice… Vamos a ver, esto fue cuando Abraham le preparó un becerro tierno para Dios comer con los Arcángeles Gabriel y Miguel:

Y corrió Abraham a las vacas, y tomó un becerro tierno y bueno, y lo dio al criado, y éste se dio prisa a prepararlo.

Tomó también mantequilla y leche, y el becerro que había preparado, y lo puso delante de ellos; y él se estuvo con ellos debajo del árbol, y comieron”.

Ahora vean de todo lo que Abraham colocó delante de ellos: él le ofreció un becerro, le ofreció también panes cocidos debajo del rescoldo, también leche y mantequilla. Dice: “También tomó mantequilla y leche”; y, de seguro, si en aquellos días se usaba la mantequilla con el pan (como lo hacemos en nuestro tiempo), pues en esa forma estaban allí ellos comiendo, porque ¿en qué otra forma puede comerse la mantequilla? Cuando se sirve en la mesa y se va a comer, si le sirven la mantequilla y usted no ve pan por ahí, pide un poquito de pan, unos pedacitos de pan para pasar mantequilla al pan.

Y aquí, vean ustedes, fue una buena cena, era una cena (diríamos) al estilo, vamos a ver… una cena al estilo paisa sería, y también al estilo llanero, porque ahí hay carne, y a los llaneros pues les gusta mucho comer carne, igual que a los paisas también. Y aquí tenemos panes (vean, se usaban panes allá, como también normalmente se usan en todas las naciones o casi todas las naciones), mantequilla, y también usaban leche en ese tiempo, pues tenían muchísimo ganado, y usaban así la leche de su ganado para tomar. Y aquí podemos ver que comieron con Él. Dice:

“… y lo puso delante de ellos; y él se estuvo con ellos debajo del árbol, y comieron”.

Vean, fue una comida como de campo; aunque su casa, su carpa, su tienda estaba allí (la de Abraham), tenían su árbol ahí; porque lo mejor es, si uno tiene una carpa, que algún arbolito esté cerca para que le dé fresco y sombra; y uno al salir de la carpa, que es muy calurosa, pueda meterse debajo del árbol; y así, vean ustedes, por lo que vemos aquí, era costumbre de Abraham y de la familia comer ahí debajo del árbol, por lo menos a la hora del mediodía (o sea, de 12 a 3 de la tarde), porque a esa hora debajo de una carpa da mucha calor.

Y ahora, por lo que vemos, es el lugar favorito para Abraham comer. Y así… Dice:

“… y él se estuvo con ellos debajo del árbol, y comieron”.

Abraham allí comió con ellos, y ellos con Abraham.

“Y le dijeron: ¿Dónde está Sara tu mujer? Y él respondió: Aquí en la tienda.

Entonces dijo: De cierto volveré a ti; y según el tiempo de la vida, he aquí que Sara tu mujer tendrá un hijo. Y Sara escuchaba a la puerta de la tienda, que estaba detrás de él.

Y Abraham y Sara eran viejos, de edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres.

Se rió, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?”.

O sea que pasó ya por la menopausia, y ya no tenía ella esperanzas en tener un bebé; pero Dios lo había prometido, y lo había prometido por medio de ella para Abraham.

Y cuando Dios promete algo, no importa que el tiempo pase y la gente diga: “Ya el tiempo ha pasado y no se ha cumplido; por lo tanto, ya no se cumplirá”. Cuando las esperanzas humanas se pierden, vean ustedes, el que tiene sus esperanzas y su fe en Dios, para él sus esperanzas no se han perdido: él continúa esperando, porque Dios lo ha prometido y Dios lo cumplirá.

Y si Abraham y Sara ya estaban viejos, y ya Sara no podía tener hijos porque ya le había pasado esa etapa de la vida, pues Dios los iba a rejuvenecer para que tuvieran el hijo que Él les había prometido.

Les cambió el nombre; y cuando les cambió el nombre (en el capítulo anterior) ya Dios les dijo que iban a tener un hijo. Dice en el capítulo anterior, capítulo 17, verso 15 en adelante, dijo Dios, y también… vamos a ver… en este mismo capítulo: dice capítulo 17, verso 15 en adelante:

“Dijo también Dios a Abraham: A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai, mas Sara será su nombre.

Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella.

Entonces Abraham se postró sobre su rostro, y se rió, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara, ya de noventa años, ha de concebir?

Y dijo Abraham a Dios: Ojalá lsmael viva delante de ti.

Respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él”.

Ahora vean cómo el nombre de Saraí fue cambiado por el nombre de Sara (esto es en la traducción aquí en español; en otros idiomas, pues, en el cambio de nombre, usarán otras letras), también el nombre de Abraham había sido cambiado. Vean, en el mismo capítulo 17, verso 4, dice:

“He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes.

Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes”.

Y por cuanto Abram significa ‘padre supremo’, tenía que ser cambiado, y se le fue añadida (aquí en la traducción en español) la “h” y la “a”; y con ese cambio en donde se le añaden dos letras, ahora Abraham significa ‘padre de muchas gentes’, o sea, de muchedumbre de gentes.

El nombre tiene mucha importancia, y principalmente en estos hombres de Dios. Abraham, siendo un mensajero dispensacional, llevaba el nombre, tenía el nombre conforme a lo que Dios iba a hacer con él. ¿Lo iba a hacer padre de muchedumbre de gentes? Pues su nombre tenía que significar lo que Dios iba a hacer con él.

Y ahora, vean ustedes, a este profeta y patriarca dispensacional le apareció Dios en diferentes ocasiones; y en esta ocasión acá, cuando Dios iba a destruir a Sodoma y Gomorra, le apareció en forma tangible, en forma visible, y en forma en la cual podía comer con Abraham.

En la ocasión en que Dios le apareció en Su cuerpo teofánico como Melquisedec, y le dio… Dios fue el que le dio pan y vino a Abraham, y Abraham comió3. Y ahora, en esta ocasión es Abraham el que le da a Dios un becerro asado, y pan, y leche y mantequilla.

Y ahora, vean, todo esto es tipo y figura, tanto cuando Dios le apareció como Melquisedec, como Sacerdote del Dios Altísimo y Rey de Salem, como también esta ocasión en que le apareció como Elohim el día antes de la destrucción de Sodoma y de Gomorra, es tipo y figura de lo que Dios hará con la simiente de Abraham.

A la simiente de Abraham según la carne le apareció dos mil años atrás en carne humana, y ellos no comprendieron quién era el que estaba en medio de ellos, no se dieron cuenta que el que estaba en medio de ellos visitando la simiente de Abraham, la descendencia de Abraham según la carne, era nada menos que el Sumo Sacerdote del Templo que está en el Cielo, era nada menos que el Sumo Sacerdote Melquisedec, el cual vino a la Tierra para llevar a cabo el Sacrificio del Cordero Pascual y el Sacrificio del Macho Cabrío de la Expiación, como estaba establecido en esas fiestas hebreas, las cuales eran guardadas todos los años.

Una vez al año se llevaba a cabo (el día 14), el sacrificio del cordero pascual, en recuerdo del cordero pascual que ellos sacrificaron la noche o la tarde el día antes de su salida de Egipto; el día 14 del mes primero, del mes de abril o abib o nisán, que es el mes primero del año religioso; y la pascua era el día 15; por lo tanto, la víspera de la pascua fue sacrificado el cordero pascual.

Sin ese sacrificio del cordero pascual el pueblo hebreo no podía salir de Egipto, pues durante la noche de la pascua todos los primogénitos de los habitantes de Egipto tenían que morir4, y solamente había una forma de escapar de la muerte todo primogénito: y era teniendo en su hogar el cordero pascual sacrificado y asado, y estar comiéndose ese cordero pascual en su hogar con su familia (toda la familia), y la sangre de ese cordero pascual aplicada en el dintel y los postes de la puerta de entrada de la casa.

Ahora, los que no tenían esa revelación divina, encontramos que en sus hogares hubo muerte, hubo llanto y luto, por no tener la revelación divina de lo que se requería para escapar del juicio divino, del juicio de los primogénitos, que vendría sobre la Tierra; el juicio sobre los primogénitos, o sea, la muerte sobre los primogénitos.

Los egipcios no tenían ese conocimiento, aunque tenían sus religiones, pero solamente el pueblo hebreo —por medio de la revelación divina dada al profeta dispensacional Moisés— tenía esa revelación. El pueblo hebreo de sí mismo no conocía cómo escapar del juicio divino, sino por medio del profeta Moisés, el cual era el que tenía esa revelación, conforme a como Dios le ordenó.

Y ahora, esto de sacrificar un animalito cada familia, y colocar su sangre sobre el dintel y los postes de la puerta de la casa, y colocar ese cordero asado dentro de la casa para comérselo durante la noche, quizás eso parecía algo raro.

Vean, dentro parecía que iban a estar de fiesta comiéndose un animalito, y fuera tenían algo que, para los egipcios seguramente era algo abominable: colocar la sangre de un animalito en la entrada de la casa, en los postes y el dintel de la puerta de la casa; pero sin embargo eso era lo que Dios demandaba.

Como en el tiempo de Abel y Caín: llegó el tiempo en que se requería la ofrenda a Dios, el sacrificio para Dios, y Caín trajo frutos del campo, pero Abel trajo un corderito, presentó a Dios un corderito sacrificado, y eso fue lo que le agradó a Dios; y sin embargo no se veía muy bien un animalito siendo sacrificado y sangrando, y ser presentado a Dios; y sin embargo, lo que trajo Caín: frutos del campo (y de seguro los lavó bien y los presentó bien, y juntamente trajo algunas flores, probablemente, para adornar su ofrenda a Dios), Dios rechazó esa ofrenda5.

¿Por qué? ¿Qué tienen que ver los frutos del campo, las viandas del campo y las flores del campo, y los frutos de los árboles del campo, con el pecado original? Nada tiene que ver; por lo tanto, Dios no acepta ninguna ofrenda por el pecado, de frutos del campo, de frutos de los árboles, y frutos de las hortalizas y cosas así.

Quizás Caín pensó que el pecado había sido comer alguna fruta, como manzanas de un árbol de manzana o de alguna otra cosa, por ejemplo, frutos de higuera, algunos higos o algo parecido; pero vean, el pecado original no fue el comer literalmente de un árbol literal; el pecado original allí produjo la caída del ser humano: perdió la bendición que tenía, perdió la vida eterna, y trajo a existencia en la Tierra un hijo del diablo llamado Caín. La Escritura dice: “No como Caín, que era del maligno (o sea, del diablo) y mató a su hermano (Abel)6.

Ahora, vean cómo Abel sí tenía la revelación divina y, por consiguiente, trajo un animalito, un corderito sacrificado, como sacrificio para Dios; y Dios lo aceptó; porque sin derramamiento de sangre no se hace remisión7.

Los pecados no pueden ser redimidos, no pueden ser quitados sin la sangre; o sea, la persona no puede ser redimida y quitados sus pecados sin el derramamiento de sangre.

Y con aquellos sacrificios de animalitos era cubierto el pecado, pero no era quitado, porque aquellos sacrificios de animalitos representaban el Sacrificio de un Cordero perfecto que sería sacrificado y quitaría el pecado, y así nos justificaría delante de Dios como si nunca hubiésemos pecado; porque cuando la Sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado, lo desaparece, y nunca más es hallado ese pecado en contra de la persona que ha lavado sus pecados en la Sangre del Señor Jesucristo, el Cordero de Dios.

Ahora vean cómo Cristo fue representado en esos animalitos de sacrificio que el pueblo hebreo ofrecía a Dios para cubrir sus pecados, y así recibir las bendiciones de Dios y evitar el juicio divino sobre ellos; porque la paga del pecado es muerte8.

Ahora, podemos ver también por qué el pueblo hebreo, luego de la Primera Venida de Cristo, el pueblo hebreo ha estado pasando por una situación muy triste, muy difícil: porque rechazaron la Venida del Cordero de Dios, el cual vino para quitar el pecado del mundo.

Así como Dios proveyó un cordero, un animalito para Abraham, para sacrificarlo cuando Abraham fue a sacrificar a su hijo Isaac, y ya cuando estaba listo para sacrificarlo para Dios, el Ángel de Dios le dijo: “Detén tu mano. Ya sé que eres obediente, que temes y eres obediente, y no me has negado tu único hijo”, y Abraham miró y vio un animalito, un cordero, un carnero enredado allí, y lo tomó y lo sacrificó a Dios9.

Abraham le había dicho a Isaac, cuando Isaac llevaba la carga de leña y llevaba Abraham el fuego y el cuchillo…; e Isaac siendo un niño, un jovencito, le dice: “Padre, la leña está, y el fuego también; y el animalito para el sacrificio ¿dónde está?”. Abraham le dijo: “Dios se proveerá de sacrificio, Dios se proveerá de cordero o de carnero”.

Isaac es tipo y figura de Cristo en Su Primera y Su Segunda Venida. Isaac, al ser ofrecido por Abraham sobre el altar, ser colocado allí, ser amarrado y colocado allí, y Abraham levantar su mano para sacrificarlo, contó delante de Dios como que ya lo había hecho, porque lo había hecho en su corazón, allá en su alma lo hizo; por lo tanto, ahora Dios le dice que detenga su mano.

Y ahora, Isaac siendo desatado y colocado en tierra de nuevo, al ver Abraham ese carnero allí, representa la resurrección de Cristo. Vean ustedes, en tipo y figura lo recibió como resucitado, porque Abraham sabía que Dios era poderoso para resucitarlo.

Y ahora, todo eso fue tipo y figura del Cordero o Carnero que Dios se proveyó para Sacrificio, el cual fue el Cordero de Dios, Jesucristo, nuestro Salvador; y luego le resucitó.

Y está prometido venir nuevamente el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el cual estaba dentro del velo de carne llamado Jesús, está prometido para venir en el tiempo final. Y estará presente en el Día Postrero, y tendrá el ministerio del Día Postrero, porque el ministerio del Día Postrero corresponde al Ángel del Pacto, al Ángel de Jehová, a Jesucristo viniendo en el cumplimiento de Su Venida.

Y Él es el Hijo del Hombre e Hijo de Abraham e Hijo de David, Él es el Hijo de Dios. Él es el heredero de la tierra de Israel como Hijo de Abraham; Él es el heredero del Trono de David como Hijo de David; Él es el heredero del mundo entero, del planeta Tierra con todos sus habitantes, como Hijo del Hombre; y Él es el heredero de los Cielos y de la Tierra como el Hijo de Dios.

Vean cómo esos títulos de Hijo contienen la herencia de todas las cosas, de toda la Creación. En esos cuatro títulos de Hijo está envuelta toda la Creación y la herencia de toda la Creación para el contenido de esos títulos, que pertenecen al Ángel del Pacto, al Ángel de Jehová.

Y para Él pagar el precio de la redención y restaurar todo lo que Adán y Eva perdieron, restaurarlo para Sí mismo y para todos los hijos e hijas de Dios, encontramos que Él vino (el Ángel del Pacto) en carne humana, el Ángel del Pacto, el cual había estado en el Huerto del Edén como el Árbol de la Vida…, porque el Árbol de la Vida es Cristo, el cual estaba en el Huerto del Edén; Él estaba allí en Su cuerpo teofánico, y hablaba con Adán todos los días.

Y encontramos que el otro árbol, el árbol de ciencia del bien y del mal… Así como el Árbol de la Vida es Cristo, un hombre (el Ángel del Pacto), el árbol de ciencia del bien y del mal es el diablo, el cual estaba allí también10, y se encarnó en la serpiente; y por medio de la serpiente engañó a Eva.

Ahora, podemos ver que el ser humano no podía comer del Árbol de la Vida hasta que el Árbol de la Vida, Cristo, se hiciera carne. Pero, vean ustedes, el diablo se hizo carne antes de Cristo hacerse carne, y se hizo carne el diablo; el árbol de ciencia del bien y del mal se hizo carne en la serpiente, que es el eslabón perdido que la ciencia está buscando, el cual era el animal más cercano al ser humano, el animal que está entre el hombre y el chimpancé. Era tan parecido al hombre que tenía la apariencia así como el hombre, pero era un gigante; y por eso de ahí proceden los gigantes que aparecen en el libro del Génesis11; y esos son los gigantes que la ciencia, la arqueología, ha descubierto que han existido miles de años atrás, aun antes de Adán.

Esa generación de la serpiente, que eran los animales más parecidos al ser humano, encontramos que perdieron su forma; y de la maldición que Dios le echó, en adelante, encontramos que perdió su forma la serpiente. No era un reptil, pero con la maldición que Dios le echó vino a ser un reptil. Hablaba y razonaba, pero después de la maldición ya perdió esas facultades.

Y ahora, encontramos que luego de la maldición que Dios echó sobre la serpiente nunca más la serpiente habló, pero dejó semilla o simiente; y por eso es que Dios habla a la serpiente y le dice (dice a la serpiente) que la simiente de la mujer, que habrá enemistad entre ella y la simiente de la mujer. Vamos a leerlo aquí: capítulo 3, verso 14 al 15 del Génesis, dice:

“Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida”.

Antes no caminaba sobre su pecho, porque tenía piernas y tenía brazos también, y hablaba; pero ahora, vean ustedes, con la maldición es convertida la serpiente en un reptil, que no habla y que no puede expresar lo que piensa con palabras. Y ahora dice:

“Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”.

Ahora, podemos ver que el diablo (que estaba en la serpiente) perdió el instrumento que había usado para la caída del [ser humano].

Y ahora, podemos ver el por qué el diablo también es llamado “la serpiente”, porque el diablo se hizo carne en la serpiente en el Huerto del Edén, para engañar a Eva.

Y ahora podemos ver el por qué hemos tenido por miles de años una guerra entre los seres humanos. Es una guerra de enemistad entre la simiente de la mujer y la simiente de la serpiente, que comenzó con la enemistad entre la mujer y la serpiente, luego que la serpiente engañó a Eva.

Hubo enemistad, de ahí en adelante, entre la serpiente y la mujer; y entre la simiente de la serpiente (que es Caín y toda la descendencia de Caín)…; y por eso encontramos que allí Caín mató a su hermano (por parte de madre), mató a su hermano Abel. Allí está esa enemistad manifestada de Caín contra Abel. Y podemos ver que habiendo tan poquitas personas en la Tierra, ya una persona mata a otra persona.

Vean cómo también la maldición cayó sobre Caín por lo que hizo; y esa es la maldición que arrastra la simiente de la serpiente, de la cual Cristo habló en muchas ocasiones cuando le llamaba a algunas personas “serpientes”, “generación de víboras”12, y cuando en la parábola del trigo y de la cizaña colocó a los hijos del maligno (los hijos del diablo), los colocó como la cizaña, y a los hijos del Reino (los hijos de Dios) nos colocó como el trigo13.

Es imposible que la ciencia o las religiones quieran o traten de ocultar la verdad de que en este planeta Tierra hay hijos del maligno, o sea, hijos del diablo, y hay hijos de Dios.

Ahora, la parte física de los seres humanos se ha mezclado, pero la parte interior del ser humano es la que identifica el espíritu que viene de Dios y el que viene del mundo; y en el espíritu encontramos que muchas personas tienen la clase de espíritu que tenía Caín.

Y ahora, podemos ver el por qué Jesús dice que es necesario nacer de nuevo14. Cuando la persona nace en este mundo: nace en un cuerpo que ha sido contaminado con el pecado, y por lo tanto hay mezcla en el cuerpo físico a causa del pecado allá en el Huerto del Edén; y nace el ser humano no en la perfecta voluntad de Dios, del Programa de Creación, sino por la unión de un hombre y de una mujer; eso es en la permisiva voluntad de Dios; por eso viene y vive solamente una temporada.

Actualmente se vive de 70 a 100 años, aunque el promedio de vida dado para diferentes naciones es de 60 a 65 o 67 años, el promedio de vida; pero algunos llegan a 70 y otros llegan a 80, y otros llegan hasta 90, y otros llegan hasta 100, y algunos pasan de los 100 un poquito.

Pero miren, la ciencia en la actualidad dice que ha logrado que la vida del ser humano sea extendida, alargada; pero si examinamos la Biblia, solamente lo que ha logrado es alargar la vida durante los últimos siglos, porque la raza humana llegó a cierta etapa en donde se le acortó mucho la vida; y ahora en el siglo XX han logrado unos añitos más, pero muy pocos.

Pero si vamos al Génesis, los seres humanos vivían 500 años, 600 años, 700 años, 800 años, y hasta 969 años vivió Matusalén15. Por eso cuando ven una persona que ya está bastante ancianita y que tiene de 90 a 100 años, algunas veces dicen las personas, cuando le preguntan o hablan acerca de la edad que tiene la persona, o la misma persona u otras personas, dicen: “Es más viejo que Matusalén”. Pero no es así; Matusalén vivió 969 años, pero siempre se murió.

¿Por qué? Porque la vida terrenal que se obtiene después de la caída del ser humano es temporal, no tiene vida eterna el cuerpo físico que la persona recibe cuando nace, porque nace por medio de la descendencia del primer Adán que cayó, y por eso es que el ser humano vive tan poquitos años.

Ahora miren, algunas personas quisieran vivir 100 años, 200 años, 500 años, o 900 años, o 969 años como Matusalén; pero miren, siempre se murió, aunque vivió tantos años.

Lo importante no es la cantidad de años que la persona viva, sino que en los años que viva la persona haga contacto con la vida eterna, que es Jesucristo. Él dijo: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí”16; por lo tanto, lo importante es hacer lo que Cristo dijo: “Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y las demás cosas serán añadidas”17.

Lo importante es vivir habiendo recibido a Cristo como nuestro Salvador, habiendo lavado nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibido Su Espíritu Santo; y así haber nacido de nuevo, haber nacido en el Reino de Dios, haber nacido en la Iglesia del Señor Jesucristo; y ser parte de esa Iglesia, un miembro de esa Iglesia del Señor Jesucristo. Porque los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo son los hijos e hijas de Dios por medio del Segundo Adán, que es nuestro amado Señor Jesucristo. Eso es lo importante para el ser humano. Fuera de eso, no hay nada más importante.

“¿De qué le vale al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma?”, dice Jesucristo en San Mateo, capítulo 16, versos 25 al 28. Dice:

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras”.

Y ahora, podemos ver que lo importante, realmente, para el ser humano, es la vida eterna; fuera de eso no hay nada más importante. Y la vida eterna está en Jesucristo, porque Él es la Vida Eterna.

Por eso Él podía decir: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre, si no es por mí”. Nadie puede vivir eternamente si no es por medio de nuestro amado Señor Jesucristo.

Cristo también, hablando de los creyentes en Él, dijo en San Juan, capítulo 6, verso 39 en adelante, Él dijo:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

Y en la ocasión en que fue a resucitar a Lázaro, vean ustedes, Él en el capítulo 6 ha prometido la resurrección para todos los creyentes en Él; porque el cuerpo físico tiene un lapso de vida, y después tiene que morir; por lo tanto, los que hayan partido tienen la promesa de ser resucitados.

Pero ahora, en la ocasión en que fue a resucitar a Lázaro, en el capítulo 11 de San Juan, versos 23, le dice Marta en el capítulo 11, versos… vamos a ver, verso 21 en adelante, vamos a leer; dice:

“Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.

Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará.

Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero”.

Ahora vean, ya Marta sabe que la resurrección de los creyentes en Cristo es para el Día Postrero, como Cristo lo ha prometido en el capítulo 6 de San Juan.

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo (Marta): Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo”.

Ahora, tenemos a Jesucristo frente a la tumba de Lázaro, y le está diciendo a Marta que Lázaro va a resucitar; le dice a Marta aquí que Lázaro resucitará: “Tu hermano resucitará”.

Marta pensó que Jesús está consolándola y está diciéndole que Lázaro va a resucitar en el Día Postrero, en la resurrección de todos los creyentes en Jesucristo.

Pero si Lázaro no resucitaba allí, si Jesús no resucitaba a Lázaro, pues Lázaro no podía resucitar en el Día Postrero con los santos del Nuevo Testamento, no podía resucitar en el Día Postrero para ir a la Cena de las Bodas del Cordero, y para después venir con Cristo al glorioso Reino Milenial, y reinar con Cristo en ese Reino de Cristo, en donde reinaremos como reyes y sacerdotes. O sea que Lázaro no podía tampoco ser ni rey ni sacerdote en el Reino de Cristo si no era resucitado allí.

¿Esto por qué? Porque los santos del Nuevo Testamento, los santos de la Iglesia de Jesucristo, son los que han creído en Cristo como su Salvador, han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo, y han recibido Su Espíritu Santo; y por consiguiente han nacido de nuevo.

Y ninguna persona había nacido de nuevo de entre los creyentes en Jesucristo, de los discípulos de Jesucristo, mientras Jesucristo estaba en la Tierra en carne humana; por lo tanto, ni Lázaro había nacido de nuevo, aunque era un creyente en Jesucristo.

Y para ser parte del Cuerpo Místico de Cristo se requería nacer de nuevo; y eso vendría a ocurrir y a comenzar a producirse (el nuevo nacimiento) desde el Día de Pentecostés en adelante, para los creyentes en nuestro amado Señor Jesucristo, que lavarían sus pecados en la Sangre de Jesucristo.

Miren, ni siquiera Lázaro estaba lavado en la Sangre de Jesucristo; solamente tenían los tipos y figuras de los sacrificios que efectuaban en el Antiguo Testamento.

Lázaro, si no resucitaba, entonces venía a formar parte de los escogidos de Dios del Antiguo Testamento que resucitaron con nuestro amado Señor Jesucristo, pero que no pertenecen a la Iglesia del Señor Jesucristo durante la parte del Lugar Santo del Templo espiritual de Cristo, ni tampoco a la parte del Lugar Santísimo, sino al Atrio, que son los santos del Antiguo Testamento.

Ahora, encontramos que Jesús, con la resurrección que iba a efectuar en Lázaro, iba a representar la resurrección de los santos en Cristo que llevará a cabo Jesucristo en el Día Postrero, en donde resucitará a los santos del Nuevo Testamento, y transformará a los santos del Nuevo Testamento que estarán viviendo en este tiempo final, y que estarán escuchando la Gran Voz de Trompeta, que es la Voz de Cristo, el Mensaje de Cristo, la Voz de nuestro amado Señor, hablándonos y dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Y con ese Mensaje de Gran Voz de Trompeta Él nos llama y nos junta en Su Cuerpo Místico de creyentes, en la Edad de la Piedra Angular, y nos coloca en el entrelace de la Dispensación del Reino con la Dispensación de la Gracia.

Ahora, Lázaro va a resucitar en el Día Postrero con todos los santos del Nuevo Testamento, como enseñó Jesucristo, y como María le dijo a Jesucristo: “Yo sé que resucitará en el Día Postrero”; pero ahora Cristo va a representar esa resurrección del Día Postrero, que efectuará para todos los santos del Nuevo Testamento, la va a representar en Lázaro, resucitando allí a Lázaro; o sea que en Lázaro están representados todos los santos de la Iglesia de Jesucristo, que van a ser resucitados en el Día Postrero en cuerpos eternos.

Y ahora, Jesús les dice que quiten la piedra, y Marta le dice: “Hiede ya, ya es de cuatro días”. Y ahora, habrá personas también, que cuando escuchan acerca de la resurrección de todos los creyentes en Cristo de las diferentes edades pasadas, y algunos de nuestro tiempo también, dirán: “Ya llevan muchos días, otros llevan años, otros llevan siglos y otros llevan milenios que han muerto, y algunos hieden ya (los que llevan poquitos días); pero otros ni siquiera hieden porque ya sus huesos han sido convertidos en polvo”.

Pero Jesucristo dice: “¿No te he dicho que si creyeres, si crees, verás la gloria de Dios?”, y la gloria de Dios va a ser vista manifestada en toda su plenitud en este Día Postrero. ¡Cuando Jesucristo resucite a los muertos en Cristo y nos transforme a nosotros los que vivimos, veremos la gloria de Dios manifestada en toda su plenitud! Y para eso es que tenemos las promesas de la Segunda Venida de Cristo.

Así como para la Primera Venida de Cristo teníamos las promesas del Antiguo Testamento; y ahora las promesas para la Segunda Venida de Cristo las tenemos en el Antiguo Testamento y también en el Nuevo Testamento.

Y ahora, vean ustedes, con la Primera Venida de Cristo fue llevada a cabo la Obra de Redención por el mismo Jesucristo, ofreciendo Su cuerpo en sacrificio vivo, llevando nuestros pecados, para que nosotros podamos vivir eternamente, para que nosotros tengamos vida eterna al recibir a Cristo como nuestro Salvador y lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo, y recibir Su Espíritu Santo; y así recibir un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, y así entrar al Programa de Creación Divina: la Creación Divina que viene por medio del Segundo Adán, que es nuestro amado Señor Jesucristo, el cual es el principio de la Creación de Dios, de esa Nueva Creación que comienza con Jesucristo como la cabeza de esa Nueva Creación, que es la Iglesia del Señor Jesucristo, de la cual Jesucristo es la cabeza18, o sea, el primero; y por lo tanto Él es su Señor, el Señor de Su Iglesia.

Y ahora, encontramos que para todos los miembros de la Iglesia de Jesucristo, que son los que han creído en Cristo como su Salvador, han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido Su Espíritu Santo, ya han recibido un cuerpo teofánico de la sexta dimensión como el cuerpo teofánico de Jesucristo; y para el Día Postrero, si sus cuerpos físicos han muerto: serán resucitados en cuerpos eternos, y nosotros los que vivimos: seremos transformados cuando los muertos en Cristo sean resucitados; y entonces estaremos restaurados a la vida eterna aun físicamente, con un cuerpo eterno.

Ahora, podemos ver que para darnos Él el cuerpo teofánico de la sexta dimensión en el Programa de Creación, en donde nos da por Creación Divina ese cuerpo teofánico, se necesitaba la Primera Venida de Cristo llevando a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario, y así quitando nuestros pecados; para que toda persona que cree en Cristo como su Salvador y lava sus pecados en la Sangre de Cristo: reciba Su Espíritu Santo; y así reciba un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, que es un cuerpo parecido a nuestro cuerpo pero de otra dimensión.

Y si la persona luego muere físicamente, sigue viviendo en ese cuerpo teofánico, porque va a la sexta dimensión, que es el Paraíso; y vive allí hasta que ocurra la resurrección de los muertos en Cristo, en donde la persona regresa a la Tierra y toma un cuerpo eterno que Cristo le dará, el cual Cristo creará, y entonces vivirá en un cuerpo eterno por toda la eternidad.

Y el cuerpo teofánico que él tiene, en el cual se encuentra en la sexta dimensión, en el Paraíso, ¿qué hará con él? Pues entrará en ese cuerpo físico y eterno que Cristo le dará; y entonces tiene un cuerpo físico, eterno y glorificado, y también tiene un cuerpo teofánico, un cuerpo de la sexta dimensión; pues el ser humano es cuerpo físico, espíritu (que es otro cuerpo de otra dimensión), y alma (que es en realidad lo que es la persona).

La persona no es el cuerpo, ni es el espíritu, la persona es el alma; pero tiene dos cuerpos: uno llamado el espíritu y el otro llamado el cuerpo físico.

Ahora, podemos ver que, en el Programa de Redención de Dios para la restauración de todos los hijos e hijas de Dios a la vida eterna, Dios estableció la Venida de Cristo, la Venida del Ángel del Pacto, que es la Venida del mismo Dios, el Ángel del Pacto en carne humana.

La Venida del Señor, la Venida del Ángel del Pacto, tiene dos partes:

La Primera Venida, la cual fue ya cumplida en Jesús de Nazaret como el Cordero de Dios quitando el pecado del mundo. Él fue el hombre ungido con el Espíritu de Dios, el hombre ungido con el Espíritu de Dios en el cumplimiento de la Venida del Mesías, en el cumplimiento de la Venida del Ángel del Pacto hecho carne entre los seres humanos, en el cumplimiento de la Venida del Verbo que era con Dios y era Dios y creó todas las cosas, y se hizo carne en medio del pueblo hebreo, en el velo de carne llamado Jesús de Nazaret. San Juan, capítulo 1, verso 1, dice:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”.

Él fue el que en el principio creó los Cielos y la Tierra, conforme a Génesis, capítulo 1, verso 1, donde dice: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”.

Y ahora en San Juan, capítulo 1, verso 1 en adelante, dice que es el Verbo que era con Dios y era Dios, el que creó todas las cosas; porque el Verbo que era con Dios: era Dios, era Dios en Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión; y manifestado en ese cuerpo teofánico y desde ese cuerpo teofánico habló la Palabra creadora y creó todo el universo: los Cielos y la Tierra, y le creó al ser humano su cuerpo teofánico, y luego le creó su cuerpo físico allí en el Huerto del Edén.

Pero luego de la caída, ese Programa de Creación (Dios creándole el cuerpo teofánico a cada persona) se detuvo, y el ser humano ha venido obteniendo un cuerpo de carne mortal, corruptible y temporal, y un espíritu del mundo, de la quinta dimensión; y por eso se requiere el nuevo nacimiento, en donde el ser humano obtiene el cuerpo teofánico de la sexta dimensión, un cuerpo teofánico igual al cuerpo teofánico de Jesucristo.

Y luego, para el Día Postrero, tenemos la promesa de un cuerpo físico, eterno y glorificado que Él nos dará; y ahí se completará el Programa de Creación, de esta Nueva Creación que Cristo está llevando a cabo.

Y Cristo es el primero, el principio de esa Nueva Creación; por eso Él tiene un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, llamado el Ángel de Jehová o Ángel del Pacto, y Él también tiene un cuerpo físico que fue creado en el vientre de María, y nació, y luego tuvo aquí una vida y ministerio, y luego murió, y fue resucitado, glorificado… y fue glorificado.

Y ahora, eso mismo Él ha prometido para cada uno de los creyentes en Él. Es vida eterna la que Él ha prometido para todos los creyentes en Él, dándonos un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, un cuerpo eterno, y luego nos dará —en el Día Postrero, en el séptimo milenio— un cuerpo físico y eterno; y esa es una promesa para los creyentes en nuestro amado Señor Jesucristo.

Y ahora, hemos visto que cuando se cumplió la Primera Venida de Cristo, que fue la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová…; lo cual fue conforme a San Juan, capítulo 1, verso 14, la Venida del Verbo en carne humana, pues dice: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…”. ¿Quién se hizo carne? El Verbo, que era con Dios y era Dios.

El Verbo, que es el mismo Dios en Su cuerpo teofánico, se creó un cuerpo de carne, el cual nació en Belén de Judea y le fue puesto por nombre Jesús; y dentro de ese velo de carne, de ese cuerpo de carne, ahí habitó Dios con Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión.

Por eso la promesa de la Venida del Mesías, conforme a Isaías, capítulo 7, verso 14, es la Venida del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, del Ángel del Pacto, el cual le apareció al profeta Moisés, y le dijo: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac, y de Jacob”19.

Dice el capítulo 7, verso 14, de Isaías:

“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel (y Emanuel significa: Dios con nosotros)”.

Y ahí podemos ver que cuando el Verbo se hizo carne (“y el Verbo era con Dios, y era Dios”), cuando Dios se hizo carne, San Pablo en Primera de Timoteo, capítulo 3, nos habla de este gran evento y milagro en medio de la raza humana; y nos dice acerca de ese gran evento, vean ustedes, capítulo 3 de Primera de Timoteo, verso 16, dice:

“E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:

Dios fue manifestado en carne…”.

El Verbo que era con Dios y era Dios, fue manifestado en carne; o sea, se creó un cuerpo de carne, el cual nació en Belén de Judea, fue creado en el vientre de María por el mismo Dios; y en ese cuerpo de carne habitó Dios como un ser humano de este planeta Tierra, como un hombre que nació en este planeta Tierra, como un ciudadano de este planeta Tierra, y como un ciudadano de la nación hebrea, porque nació en la nación hebrea; y como un miembro de la tribu de Judá, porque nació allá en Belén de Judea, por medio de una virgen llamada María, descendiente de la tribu de Judá, por medio de la familia del rey David.

Ella es una descendiente del rey David; aunque era una joven sencilla y humilde (y siempre así se mantuvo), era nada menos que una princesa, descendiente del rey David, como también José era un descendiente del rey David, por lo tanto era un príncipe. Por eso el Arcángel Gabriel en algunas ocasiones cuando le habló a José, le dijo: “José, hijo de David”20, ¿por qué? Porque era un descendiente del rey David.

Y ahora, Dios se hace hombre en medio de los seres humanos al habitar en el cuerpo de carne llamado Jesús. Jesús significa ‘Salvador’ o ‘Redentor’. Recuerden que el nombre en el mensajero dispensacional es muy importante, porque tiene que ver con la Obra que llevará a cabo.

Vean el nombre de Moisés: ese nombre, que para algunas personas es un poquito raro, porque lo que significa es ‘sacado de las aguas’, tiene que ver con la Obra que Dios haría a través de él, porque sacaría de las aguas de la nación hebrea… porque naciones, pueblos y lenguas están representados ¿en qué? En aguas. Las aguas representan naciones, pueblos y lenguas.

Y ahora, Dios sacaría al pueblo hebreo de Egipto, los sacaría de la esclavitud en que estaban allá en la nación egipcia, por lo tanto, los sacaría de esas aguas en donde estaban esclavizados; y el nombre del mensajero tenía que ver con la Obra que Dios realizaría a través de él.

Ahora, podemos ver que el nombre, por ejemplo, el nombre Josué, el que vino después de Moisés, Josué significa ‘Salvador’ o ‘Redentor’, es el mismo nombre de Jesús; porque Jesús en hebreo es Yoshua o Josué, y en español pues han colocado Jesús, y en inglés: Jesus [Yisus21], y así por el estilo.

Pero el nombre Josué, el nombre del que introdujo al pueblo hebreo a la tierra prometida: Josué, que fue un discípulo de Moisés22, vean, ese fue el que introdujo el pueblo hebreo a la tierra prometida; y ahora, tiene el nombre que tiene que ver con la Obra que Dios haría por medio de él. ¿Y ese nombre se lo colocó quién? Moisés, porque Josué se llamaba primero Oseas hijo de Nun23, y era un joven que estaba siempre en el templo, y era el ayudante de Moisés.

Y ahora, Moisés le cambia el nombre, y ahora el nombre que tiene es el nombre que tiene que ver con la Obra que Dios hará por medio de él. ¿Y qué Obra fue la que él hizo, la cual tenía que ver con su nombre? Su nombre significa ‘Salvador’ o ‘Redentor’, y redimir significa ‘volver al lugar de origen’, ‘ser restaurado al lugar de origen’.

Y Dios le había dicho al patriarca y profeta Abraham que su simiente sería esclava en tierra ajena, y estarían esclavos por cuatrocientos años, pero que Él los libertaría con mano fuerte, y con mano fuerte Él castigaría a la nación que los tendrían cautivos; o sea, que con mano dura, con mano fuerte, Él trataría a esa nación24; y cuando se dice “con mano fuerte”, eso significa el juicio divino cayendo sobre esa nación.

Y ahora, dice: “Y en la cuarta generación vendrán acá”, o sea: “serán traídos, serán restaurados a su tierra y en su tierra”. Y en la cuarta generación entró el pueblo hebreo con Josué a la tierra prometida, aunque Moisés le había dado a dos tribus la parte que quedaba antes del cruce del Jordán25.

Y ahora, el nombre Josué significa ‘Salvador’ o ‘Redentor’; y ahora, redimir significa ‘volver al lugar de origen’.

Y ahora, por medio de Josué, Dios está trayendo al lugar de origen, Dios está trayendo al lugar que Dios le dio a Abraham, la tierra de Israel, se está trayendo al pueblo hebreo. ¿Ven cómo el nombre de un profeta dispensacional tiene que ver con lo que Dios estará haciendo por medio del ministerio que estará operando en ese profeta?

Ahora, vean, el de Abraham también. Abraham significa ‘padre de naciones’, o sea, ‘padre de multitud de gente’. Por eso le tuvo que colocar esa “h” y esa “a” al nombre de Abraham; porque el nombre de Abraham, sin esa “h” y esa “a” (esto es en la traducción que tenemos), solamente ese nombre significaba, para Abram (Abram, sin la “h” y la “a” añadida), significaba solamente ‘padre supremo’; pero con la “h” y la “a” añadida significa ‘padre de mucha gente’, o sea, ‘padre de mucha gente y muchas naciones’, mucha gente que formarían naciones.

Y ahora, vean ustedes cómo también el nombre Jesús o Josué significa ‘Redentor’ o ‘Salvador’; porque esa es la Obra que haría Jesucristo en Su Primera Venida. La Obra está condensada (¿dónde?) en el nombre; está velada, está sellada en el nombre que trae el mensajero.

Y ahora:

“Dios fue manifestado en carne,

Justificado en el Espíritu,

Visto de los ángeles,

Predicado a los gentiles,

Creído en el mundo,

Recibido arriba en gloria”.

Y está hablando aquí ¿de quién? De Jesucristo, el cual fue la manifestación de Dios en carne en toda Su plenitud, para llevar a cabo la Obra de Redención; y Dios se proveyó un cuerpo para ese Sacrificio por el pecado; y ese cuerpo fue, ese Cordero fue, y ese Macho Cabrío fue el cuerpo de nuestro amado Señor Jesucristo.

Así como Abraham dijo: “Dios se proveerá de sacrificio”, Dios se proveyó de Sacrificio para quitar el pecado del mundo cuando se proveyó del cuerpo de Jesús. Dios se proveyó de ese cuerpo, y habitó en ese cuerpo en toda Su plenitud, para llevar a cabo la Obra de Redención; y por eso colocó el nombre Jesús o Josué en ese velo de carne.

Por eso el Ángel Gabriel le dijo a María: “Le pondrás por nombre Jesús”26, que en hebreo pues es Josué o Yoshua.

Y ahora, vean cómo el nombre tiene que ver con la Obra que tiene que ser llevada a cabo.

Y ahora, cuando los discípulos de Jesucristo, antes de haber visto quién era Jesús, encontramos que fueron —la mayor parte de ellos— discípulos de Juan el Bautista, el cual vino predicando y vino llamando el pueblo al arrepentimiento, y vino diciendo que después de él vendría uno mayor que él, del cual él no era digno de desatar la correa de Su calzado.

Él dijo: “Después de mí viene un varón…”27, o sea, que identificó que era un hombre. Y para ser un hombre el que vendría, pues tenía que tener un cuerpo de carne, y huesos y sangre, aquí en la Tierra; porque siempre el precursor viene anunciando que después de él viene otro hombre en el cual se estarán cumpliendo las promesas correspondientes a ese tiempo.

Y ahora, Juan está diciendo que él no es el Cristo, él no es el Mesías, él no es el Ungido; aunque él estaba ungido con el Espíritu, pero para ser el mensajero de la séptima edad de la Iglesia hebrea bajo la Ley. Pero ahora él está hablando de otro que vendrá, del Ungido, del Ungido con el Espíritu de Dios en toda Su plenitud para cumplir la Venida del Mesías, para cumplirse en esa persona la Venida del Mesías.

Y ahora, cuando Juan está predicando, el pueblo hebreo está esperando que venga Elías preparándole el camino al Mesías; y luego, que venga el Mesías.

Pero ellos estaban esperando que viniera Elías, el Elías que se había ido en un carro de fuego, que regresara en un carro de fuego; pero vean, cuando vino Juan el Bautista, Jesús dice de Juan el Bautista: “Él es aquel Elías que habría de venir, si ustedes lo quieren recibir”.

Y dice también a Sus discípulos, cuando ellos le dicen… les cité capítulo 11, verso 14 de San Mateo; y ahora, el capítulo 17 de San Mateo, verso 10 en adelante, le preguntan Sus discípulos: “¿No dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero y restaure todas las cosas?”, Jesús dice: “Os digo que Elías vendrá primero, y restaurará todas las cosas. Pero yo os digo que ya Elías vino, y no le conocieron, e hicieron de él todo lo que quisieron; y así harán al Hijo del Hombre también”, y entonces los discípulos de Jesucristo comprendieron que les hablaba (¿de quién?) de Juan el Bautista; porque ya se los había dicho en el capítulo 11 y verso 14 también, y todavía ellos no habían captado esa revelación que Jesús les había dado.

Si la hubieran escrito en algún lugarcito, y hubieran escrito: “Bajo el tema: ‘La venida del precursor del Mesías: Elías’”, y después escribían: “Juan el Bautista”… O sea: “El Elías que viene precursando la Venida del Mesías (y le ponían dos rayitas) = (es igual a) Juan el Bautista”. Y cada vez que alguien les hablase de Elías viniendo para restaurar todas las cosas, ellos sacarían y dirían: “Jesús dijo así: Juan el Bautista es el Elías que había de venir, aquí está, conforme a como lo ha prometido Malaquías, y también el profeta Isaías”.

En el capítulo 40 el profeta Isaías, verso 3 en adelante; y el profeta Malaquías en el capítulo 3, verso 1; y en el capítulo 4, verso 5 también, porque él fue, Juan el Bautista, el que convirtió el corazón de los padres a la fe cristiana, a la fe de los apóstoles, a la fe en Cristo.

Ahora, Juan el Bautista siendo el precursor, el mensajero que viene preparándole el camino al que lo envió, al Ángel del Pacto (el cual se haría carne, se haría hombre, y viviría en medio del pueblo hebreo), ahora viene anunciando que después de él vendrá el que lo envió, o sea, el Ángel del Pacto; después de él vendrá el Mesías, después de él vendrá un varón, un hombre del cual él no es digno de desatar la correa de Su calzado, el cual (dice Juan el Bautista): “Es mayor que yo, porque era primero que yo”; y era primero que Juan y era primero que Abraham también.

Jesús dijo: “Antes que Abraham fuese, yo soy. Y Abraham deseó ver mi día; lo vio, y se gozó”28: se gozó cuando comió con Abraham en aquella ocasión.

Y ahora, vean ustedes cómo Juan el Bautista sabía que después de él vendría el Mesías. ¿Por qué? Porque Juan el Bautista sabía que él era Su precursor, que él era el Elías que tenía que venir para aquel tiempo.

Y cuando bautizó a Jesús, Juan el Bautista dio testimonio acerca de Jesús, diciendo: “Este es del cual yo dije que vendría después de mí un varón del cual yo no era digno de desatar la correa de Su calzado. Yo no le conocía, pero el que me mandó a bautizar me dijo: Sobre aquel que tú veas al Espíritu Santo descender en forma de paloma, ese es Él; y yo le vi”.

En San Juan él dice que lo vio; y en San Mateo, capítulo 3, cuando bautizó a Jesús…, pues no quería bautizar a Jesús, estaba luchando; pues Jesús había venido de Galilea, de allá de Nazaret, había venido a donde Juan estaba bautizando, por ahí por Judea, y estuvo en las actividades de Juan el Bautista y viene a ser un discípulo de Juan el Bautista (es un discípulo, pues es un creyente en el Mensaje de Juan el Bautista); y, en adición, fue bautizado por Juan el Bautista. Y Juan cuando lo vio no lo quería bautizar. ¿Qué estaba viendo Juan? Estaba viendo algo muy importante, estaba viendo que el Espíritu de Dios estaba con Él.

Y Juan también lo había visto, de seguro, en otras ocasiones: cuando María iba con Jesús a la casa de Elisabet, su parienta, o cuando Elisabet iba con Juan el Bautista a la casa de María; y también cuando estaba Jesús en el vientre de María, y Juan el Bautista en el vientre de Elisabet, y María fue a visitar a su parienta allá a las montañas de Judea; y vean ustedes, Juan era un hombre de allá del monte, de la montaña, y después se crió en el desierto.

Y ahora, cuando María saluda a su parienta Elisabet, el niño Juan el Bautista (pues ya tenía nombre, porque el Arcángel Gabriel le había dado ya el nombre) cuando escucha la salutación de María, Juan el Bautista en el vientre de Elisabet saltó de alegría29.

Y ahora, miren ustedes, Elisabet dice que la madre de su Señor viene a ella (o sea, que revelación tenía; ellos tenían una revelación grande); y, de seguro, cuando el Arcángel Gabriel le apareció a Zacarías, vean ustedes, de entre las cosas que le habló, vean, le habló de la Venida del Mesías, porque le dijo que ese niño que tendría vendría con el espíritu y virtud de Elías para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto, bien preparado30.

Por lo tanto, el que vendría después de ese niño sería el Mesías; pero nacería después de Juan el Bautista, y comenzaría Su ministerio después del de Juan el Bautista; y, vean ustedes, estaría en las actividades de Juan y aparecería como un discípulo de Juan, un creyente en el Mensaje de Juan, un seguidor de Juan y su Mensaje; y sería bautizado por Juan el Bautista también.

O sea que Jesús, en Su aparición para comenzar Su ministerio, apareció primero como un seguidor de Juan el Bautista, como un seguidor del precursor de la Primera Venida de Cristo. Y en un seguidor del precursor se cumpliría la Venida del precursado. Eso es muy importante tenerlo en cuenta, porque así es como se hace el entrelace del precursado con el precursor. Miren cómo se hace el entrelace: el precursado viniendo a estar con el precursor como uno de sus discípulos.

Y ahora, el precursor da testimonio del precursado; y luego el precursado da testimonio de que Juan fue Su precursor, el cual vendría primero que Él, delante de Él, en el ministerio aquí en la Tierra.

Y ahora, Juan el Bautista con su Mensaje identificó al que vendría después de él, al cual él le estaba preparando el camino.

Y cuando dijo en la segunda ocasión, el segundo día, luego de decir: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”, señalando a Jesús, luego al otro día estaba Juan el Bautista y dos de sus discípulos con él (los cuales eran Andrés el hermano de Pedro, y Juan el apóstol), vio a Jesús que caminaba por allí…; quizás la actividad, el culto que iba a tener Juan, parece como que no había comenzado todavía, pero ya Juan está con sus discípulos allí; y aparece Jesús por allí, para estar en la actividad de Juan, o estaba por comenzar o había terminado.

Por lo que se ve, como que había terminado; porque cuando Juan dice: “He aquí el Cordero de Dios”, Juan el apóstol, que todavía no era apóstol, sino que era un jovencito… Miren, un joven y una persona un poco más adulta (Andrés), son los primeros discípulos de Jesús. Así que, jóvenes, vean ustedes dónde ustedes están representados allá en la Primera Venida de Cristo.

Cuando escuchan que Juan dice: “He aquí el Cordero de Dios”, se fueron con Jesús y dejaron a Juan. ¿Por qué? Porque se fueron con Aquel del cual Juan dijo que después de él vendría un varón del cual él no era digno de desatar la correa de Su calzado; y les dijo: “Yo les bautizo en agua, bautismo en agua para todos los que se han arrepentido; pero el que viene después de mí, detrás de mí, Él les bautizará con Espíritu Santo y Fuego”31.

Y los que querían recibir el Espíritu Santo y Fuego, ¿a quién tenían que seguir? A Jesús, que era el precursado, al cual Juan le estaba preparando el camino. Y aunque aparece como un discípulo de Juan, Jesús aparece como un discípulo de Juan, como un creyente en Juan y su Mensaje, y en su bautismo también, luego comienza Él Su ministerio; y aparecen dos grupos: el grupo de Juan el Bautista y el grupo de Jesús.

Y ahora, Andrés va a donde Jesús y Juan también, siguen a Jesús, y le dicen: “Rabí (o sea, Maestro), ¿dónde moras?”32, Él les dice: “Vengan conmigo”. Y fueron con Él, y se quedaron ya con Él allá; porque ya era de tarde, o sea, ya había caído el sol, era (¿qué hora?) la hora décima. La hora décima son como las 4 de la tarde, porque la undécima son las 5 y la duodécima son las 6 de la tarde; y la primera hora es las 6 de la mañana, la segunda las 7, y así por el estilo.

Ahora, se quedan con Jesús, y ya al otro día, luego de haber conversado con Jesús (y no nos explica la Biblia qué cosas conversaron), pero ahora quedaron ellos convertidos a Cristo; así como primero eran discípulos de Juan, ahora son discípulos (¿de quién?) de Jesucristo.

Vean, fue Juan el primero, con Andrés, de los discípulos de Jesucristo; y fue Juan el último de los discípulos de Jesucristo que vivió en la Tierra, y murió de muerte natural (de los apóstoles de Jesucristo).

Y ahora, cuando Andrés va en busca de Pedro su hermano (de seguro Pedro era su hermano mayor), y le dice a Pedro… Vamos a ver, capítulo 1, verso 40, dice [San Juan]:

“Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús.

Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo)”.

Y eso era lo que estaba esperando todo el pueblo hebreo: la Venida del Mesías. Pero antes de aparecer el Mesías aparecería Su precursor, el mensajero que vendría delante de Él con el espíritu y virtud de Elías, para convertir el corazón de los padres a la fe de Cristo, la fe cristiana, que es la fe de los apóstoles.

Y ahora, comienza ese movimiento de la Dispensación de la Gracia, comienza en ese entrelace dispensacional, comienza ese movimiento; el cual no era visto con buenos ojos por la religión hebrea, no era visto con buenos ojos por el judaísmo, no era visto con buenos ojos por el Concilio de la religión hebrea, el Concilio del Sanedrín, no era visto con buenos ojos por los sacerdotes de aquel tiempo, y no era visto con buenos ojos por el sumo sacerdote de aquel tiempo, ni por el sumo sacerdote del año anterior, que era el suegro de Caifás, el cual era Anás.

Y ahora, no era visto con buenos ojos por la religión hebrea, pero sin embargo ese era el movimiento para la Dispensación de la Gracia, con la manifestación del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová en carne humana, en el velo de carne llamado Jesús.

En ese joven carpintero de Nazaret tan sencillo se estaba cumpliendo la Venida del Mesías, la Venida del Ungido con el Espíritu de Dios; porque Mesías lo que significa es ‘Ungido’. Mesías y Cristo lo que significa es ‘Ungido’, el Ungido con el Espíritu de Dios, el Ungido con el Ángel del Pacto, el Ungido con el Verbo hecho carne en Él.

Y ahora, tenemos al Verbo hecho carne, que es la Venida del Mesías, siendo cumplida en un discípulo de Juan el Bautista, en un seguidor de Juan el Bautista; el cual luego fue lleno del Espíritu Santo y comenzó Su ministerio. Y ahí tenemos dos ministerios: el de Juan el Bautista, por un lado, y el de Jesús, por otro lado.

Y los creyentes en Juan el Bautista, pues decían: “Vengan a ver y a escuchar a Juan el Bautista, y a ser bautizados en el bautismo de Juan”; y los seguidores de Jesucristo pues buscaban la gente y le decían: “Vengan a ver al Mesías, hemos hallado al Mesías. Vengan a ver al hombre del cual Juan el Bautista habló, y vengan a ver al hombre del cual el profeta Moisés habló, y todos los profetas hablaron cuando hablaron de la Venida del Mesías. Vengan a ver ese hombre, el cual se llama Jesús”.

Y Andrés llevó a Pedro; y cuando Jesús lo ve, le dice:

“Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro)”.

Miren, viéndolo allí le cambio el nombre también, por el nombre que tenía que ver con la Obra que Cristo llevaría a cabo por medio de él.

Y ahora, vean ustedes cómo van los discípulos de Jesucristo, comienza con dos discípulos ahí en este pasaje de San Juan; y ya cuando llega Pedro, pues ya son tres; y después aparece Felipe.

Y Jesús, al pasar por donde estaba Felipe, halló a Felipe y le dijo: “Sígueme”33. Ya todo eso estaba predestinado, ordenado por Dios. Le cambia el nombre a Pedro cuando le ve, porque todo estaba ya en el Programa de Dios. Y luego Felipe va a donde Natanael, y le dijo a quién habían encontrado34 (de lo cual hablaremos en la próxima actividad).

Y ahora, vean cómo van siendo llamados y juntados los apóstoles, los que serían apóstoles de Jesucristo, los que tendrían el ministerio y que estarían brazo a brazo con Jesús, con el mensajero dispensacional; ahora vean cómo Jesús los va llamando, cómo van apareciendo a medida que Jesús está comenzando Su ministerio.

Y los unos a los otros se van diciendo, cuando el uno va buscando al otro, le dice: “¡Hemos hallado al Mesías! ¡Hemos hallado al Mesías!”, ese era el mensaje de ellos: “¡Hemos hallado al Mesías! Aquel del cual habló Moisés, y Aquel del cual hablaron todos los profetas”.

Esa es la noticia, la buena nueva, la noticia más grande que se podía dar en medio del pueblo hebreo en aquellos días; porque el evento más grande para aquellos días era el evento de la Primera Venida de Cristo, de la Venida del Mesías en medio del pueblo hebreo, en el cumplimiento de la promesa divina; y ya comenzado Su ministerio en la semana número setenta, comenzando la semana número setenta, donde el Mesías tenía que estar en la Tierra.

Y ahora, la religión hebrea, el Concilio del Sanedrín, y los sacerdotes y el sumo sacerdote, no podían presentar un hombre como el Mesías, un hombre del Concilio del Sanedrín, ni de los sacerdotes, ni de los sumos sacerdotes; pero ahora Juan el Bautista presenta a un hombre como el Mesías, como el Cristo, como el que vendría después de él.

Y luego los discípulos que siguen a Jesús (que primero fueron discípulos de Juan), ahora no están llevando la gente a Juan, sino que las están llevando a Jesús; y le están dando a conocer a la gente que ya está en la Tierra aquel del cual habló Moisés, del cual hablaron los profetas, y del cual habló Juan el Bautista.

Pero ellos no le dicen: “Vengan a ver a Juan el Bautista para que nos diga quién es el Mesías”. Ya lo había dicho cuando lo identificó. “Ahora vengan a ver al hombre que Juan el Bautista identificó como el Mesías, como el Cristo, como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo; vengan a ver el hombre que Juan el Bautista dijo que vendría después de él”; y cuando iban a verlo, se quedaban con Él.

No decían: “No, es que yo soy discípulo de Juan; por lo tanto, yo tengo que regresarme a Juan, porque yo soy de los discípulos de Juan”. Los que hicieron así, pues se quedaron como discípulos de Juan; y cuando vino el Espíritu Santo no vino sobre los discípulos de Juan, sino sobre los discípulos de Jesucristo, de entre los cuales muchos eran primero discípulos de Juan, y después vinieron a ser discípulos del Señor Jesucristo.

Ahora, la labor de un precursor es preparar al pueblo para que crean en el que vendrá después de él; y comienzan creyendo en el precursor. Pero el precursor siempre les estará diciendo: “Yo no soy él, sino… (O sea) No soy el que vendrá en el cumplimiento de la Venida del Mesías. Él vendrá después de mí, Él será el próximo profeta que estará en la Tierra”, y por consiguiente tiene que ser un profeta dispensacional.

Para ser mayor que Juan pues tenía que ser un profeta dispensacional; y para ser mayor que el precursor, tanto de la Primera o Segunda Venida de Cristo, tiene que ser entonces un profeta dispensacional, en donde se cumpla esa promesa de la Venida del precursado.

Y cuando las personas que creyeron en Jesús, y vieron en Jesús el cumplimiento de la Venida del precursado, el cumplimiento de la Venida del hombre, del varón del cual Juan habló que vendría después de él: anunciaron a las demás personas, y se lo anunciaron también a los discípulos de Juan (y a todas las personas): que estaba presente y que habían encontrado a Aquel del cual habló Juan, del cual habló Moisés y del cual hablaron todos los profetas: el Mesías, el Ungido, el Ungido con el Espíritu de Dios.

¿Recuerdan que cuando Jesús leyó en San Lucas, capítulo 4, verso 18 en adelante?, cuando le dieron el libro del profeta Isaías, Él leyó en el capítulo 61 del libro del profeta Isaías. Vean, capítulo 4, verso 17 en adelante dice, de San Lucas:

“Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito:

El Espíritu del Señor está sobre mí,

Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;

Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;

A pregonar libertad a los cautivos,

Y vista a los ciegos;

A poner en libertad a los oprimidos;

A predicar el año agradable del Señor.

Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.

Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”.

Allí estaba el Ungido ¿con qué? El Ungido con el Espíritu de Dios. Dice:

“El Espíritu del Señor está sobre mí,

Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres…”.

Y así comenzó. Y continúa enumerando las cosas para las cuales había sido ungido; y luego para morir, llevar nuestros pecados y morir por nosotros en la Cruz del Calvario.

Ahora, vemos quién es el Ungido con el Espíritu de Dios, el Ungido con el Espíritu Santo, con el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová; que es el Verbo que se hizo carne y habitó en medio del pueblo hebreo, y ungió ese cuerpo de carne con Su presencia habitando dentro de ese cuerpo de carne, y cumpliendo por medio de ese velo de carne las promesas de la Venida del Mesías, de la Venida del Ungido.

Recuerden: el Mesías es ‘el Ungido’: el Ungido con el Espíritu Santo. Mesías, Cristo y Ungido es lo mismo.

Y ahora, el pueblo hebreo, y en medio del pueblo hebreo, hubo muchos ungidos con el Espíritu Santo, como los profetas que Dios envió de edad en edad en medio del pueblo hebreo, y también los profetas de las diferentes dispensaciones; pero el Ungido para la Dispensación de la Gracia, para cumplir la Venida del Mensajero dispensacional para esa Dispensación de la Gracia, y para llevar a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario, era nada menos que el Señor Jesucristo, ungido con el Espíritu Santo, ungido con el Ángel del Pacto, viniendo con el Sello del Dios vivo para cumplir todo el Programa Divino para esa nueva dispensación, y llevar a cabo así la Obra de Redención en la Cruz del Calvario.

Hubo muchas personas que se llamaron Jesús en el tiempo… antes de Jesús, y en el tiempo de Jesús, y después del tiempo en que Jesús estuvo en la Tierra; y todavía hay muchas personas que se llaman Jesús; pero uno es El Ungido con el Espíritu de Dios, llamado Jesús. Y por eso Él es el Señor Jesu-Cristo, o sea, Él es Señor y es Cristo, o sea, Él es el Señor y Él es el Ungido; por lo tanto, Él es tanto Padre como Hijo y como Espíritu Santo; en Él estaba la plenitud de Dios. Y cuando se habla de la plenitud de Dios, pues ahí está toda la plenitud de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Ahora, el Hijo, Jesucristo, estaba revelando al Padre, el cual estaba dentro de Él. Era la Obra del Padre celestial a través de carne humana: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, Él le declaró, Él le reveló”35.

Y ahora, podemos ver lo que fue la Venida del Mesías dos mil años atrás: fue la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, del mismo Dios con Su cuerpo teofánico ungiendo el cuerpo de carne llamado Jesús y habitando en ese cuerpo de carne; y llevando a cabo la Obra correspondiente a ese tiempo en ese entrelace dispensacional, para abrir una nueva dispensación de Gracia para los seres humanos.

Hemos visto lo que fue la Venida del Mesías dos mil años atrás: fue la Venida de un hombre en el cual estaba Dios manifestado en toda Su plenitud, en el cual estaba el Ángel de Jehová, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob con Su cuerpo teofánico dentro de aquel cuerpo de carne. Eso fue la Venida del Mesías dos mil años atrás.

Y cuando Juan y Andrés encontraron a ese hombre llamado Jesús: encontraron al Mesías, encontraron la Venida del Mesías cumplida en un hombre llamado Jesús de Nazaret, en un discípulo de Juan el Bautista, en un discípulo del precursor de la Primera Venida de Cristo.

Y ahora, encontramos que a través de las diferentes etapas o edades de la Iglesia gentil, Jesucristo ha estado manifestándose en Su Iglesia de edad en edad, la Columna de Fuego ha estado en Su Iglesia y guiando a Su Iglesia de edad en edad; y cuando le apareció a Saulo de Tarso, y Saulo de Tarso cayó del caballo, esa Columna de Fuego, esa Luz le dijo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón”36.

Y Saulo, sabiendo que esa era la misma Luz que le había aparecido al profeta Moisés, la misma Columna de Fuego, el Ángel del Pacto, le dice: “Señor, ¿quién eres?”. Así como Moisés también le preguntó al Ángel del Pacto Su Nombre, ahora Saulo le pregunta Su Nombre a esa misma Columna de Fuego, a ese mismo Ángel del Pacto; y el Ángel del Pacto le dice: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues”.

Ahí está el nombre de redención manifestado en la Columna de Fuego, porque Él llevó a cabo la Obra de Redención con Su cuerpo físico en la Cruz del Calvario; y ahora está en Espíritu, porque Su cuerpo físico fue colocado en el Trono de Dios en el Cielo, se sentó a la diestra de Dios, y fue colocado allá para hacer intercesión por cada persona que tiene su nombre escrito en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo.

Él está en el Trono de Dios en el Cielo, en el Lugar Santísimo del Templo de Dios en el Cielo, haciendo intercesión como Sumo Sacerdote del Orden de Melquisedec; porque Él es el Sumo Sacerdote Melquisedec del Templo que está en el Cielo.

Por eso es que Jesús, cuando derramó Su Sangre sobre la Tierra, luego Él no fue al templo que estaba en Jerusalén para llevar Su Sangre y colocarla en el lugar santísimo, porque Él no es el sumo sacerdote de ese templo terrenal, sino del Templo celestial; y por eso tuvo que resucitar y llevar Su Sangre al Templo de Dios en el Cielo, al Lugar Santísimo del Templo de Dios, y colocarla sobre el Propiciatorio del Templo de Dios que está en el Cielo; y estar allí haciendo intercesión por cada persona que tiene su nombre escrito en el Libro de la Vida del Cordero.

Así como el sumo sacerdote terrenal hacía intercesión en el templo, en el lugar santísimo, por los miembros del Israel terrenal, ahora el Sumo Sacerdote del Templo celestial, Jesucristo, Melquisedec, hace intercesión en el Templo de Dios en el Cielo, en el Lugar Santísimo, por cada miembro del Israel celestial.

Y cuando termine Su labor allí, ya se acabará la intercesión en el Cielo, porque ya la Sangre no estará allí, y por consiguiente ya no saldrá misericordia para el mundo, del Trono de Dios que está en el Cielo, sino que saldrá la Palabra de juicio siendo hablada por Dios desde Su Trono en el Cielo, y siendo revelada en medio de la Iglesia, y siendo revelada en la Edad de la Piedra Angular por medio de los ministerios de Moisés y Elías en el Cuerpo Místico de Jesucristo.

Y ahora, podemos ver para qué fue la Primera Venida de Cristo.

Y para el Día Postrero, así como se cumplió la Primera Venida de Cristo, y fue enviado también un profeta con el espíritu y virtud de Elías preparándole el camino al Señor, para este tiempo final, luego de Cristo en Espíritu Santo haber estado en medio de Su Iglesia de edad en edad…; el cual, cuando le apareció a Saulo de Tarso en la Columna de Fuego, y Saulo le preguntó quién era, Él le dijo: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues”; y perseguir a los apóstoles o a los miembros de la Iglesia de Jesucristo en aquellos tiempos, o en cualquiera de las edades del pasado, o en nuestro tiempo, es perseguir al Señor Jesucristo; porque Cristo dice: “El que a mí rechaza, rechaza al que me envió”37, y también dice: “Y el que a vosotros rechaza, me rechaza a mí. Pero el que a vosotros recibe, a mí recibe”38, y por consiguiente ¿recibe a quién? Al que lo envió, a Dios.

Y ahora, vean ustedes cómo de etapa en etapa Cristo ha estado manifestado, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, a través del mensajero de cada edad, en cada edad de la Iglesia gentil.

Y para este tiempo final, encontramos que los mensajeros de las edades hablaron de la Segunda Venida de Cristo, encontramos a San Pablo en sus epístolas profetizando de la Segunda Venida de Cristo, encontramos también a San Pedro y a los demás apóstoles, muchos de ellos hablando para y de la Segunda Venida de Cristo, eso es profetizando; y encontramos a Jesús también, el cual profetizó de la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero; y encontramos también que los profetas del Antiguo Testamento profetizaron de la Segunda Venida de Cristo; y encontramos al precursor de la Segunda Venida de Cristo, el mensajero de la séptima etapa o edad de la Iglesia gentil, profetizando acerca de la Segunda Venida de Cristo.

El precursor de la Segunda Venida de Cristo, con el espíritu y virtud de Elías, si ustedes lo quieren recibir, es el reverendo William Marrion Branham de Norteamérica; y él profetizó, y fue el que más profetizó de todos los profetas que hayan profetizado de la Segunda Venida de Cristo. ¿Por qué? Porque él es el precursor, que con su Mensaje introduciría la Segunda Venida de Cristo a este mundo.

Por eso es que en casi todos los mensajes que predicó el reverendo William Branham, encontramos o poco o mucho acerca de la Segunda Venida de Cristo. Es que le está preparando el camino, y está preparando al pueblo con lo que él predica y lo que él anuncia acerca de la Segunda Venida de Cristo, y cómo será el cumplimiento de la Segunda Venida de Cristo.

Por lo tanto, así como Juan el Bautista identificó con su Mensaje al que vendría después de él, el precursor de la Segunda Venida de Cristo con su Mensaje identifica al que vendría después de él; y él dice en sus mensajes quién y cómo será.

Y ahora, para el cumplimiento de la Venida del Ungido de Dios para el Día Postrero, del que vendrá después del reverendo William Branham (del precursor de la Segunda Venida de Cristo)…; así como el que vendría después del precursor Juan el Bautista, fue primero un discípulo de Juan, fue un creyente del Mensaje de Juan también, y luego comenzó Su ministerio…; vean ustedes que hay un entrelace entre el precursor y el precursado, o sea, que el precursado se tiene que entrelazar con el precursor y con el Mensaje del precursor. No puede aparecer por otro lugar predicando sin tener ninguna conexión directa con el mensajero y el Mensaje que precursa la Venida del Señor, porque el precursado es el que continúa lo que había comenzado el precursor.

Y ahora, para este tiempo final nos habla el precursor de la Segunda Venida de Cristo, y nos dice que su Mensaje introducirá a Cristo al mundo, introducirá la Segunda Venida de Cristo39.

Y él dijo que el que tiene el Séptimo Sello (que es la Segunda Venida de Cristo), es el Ángel que era diferente a los demás, el cual apareció en esta nube formada por ángeles de Dios, formada por los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil, y por un Ángel que era diferente a los demás. Ese es el Ángel del Jehová, el Ángel del Pacto, el cual se hizo carne dos mil años atrás en el velo de carne llamado Jesús.

Y ahora, aquí está tanto ese Ángel del Pacto, Jesucristo en Su cuerpo teofánico, como también los siete ángeles mensajeros en sus cuerpos teofánicos.

Y ahora, así como cada ángel mensajero de cada edad de la Iglesia gentil tuvo que estar en carne humana para tener su ministerio en la edad que le tocó; para el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que es Jesucristo con Su cuerpo teofánico, tener Su ministerio del Día Postrero conforme a la promesa de la Venida del precursado, de la Venida del que vendría después del precursor (el reverendo William Branham), para tener su ministerio tiene que hacerse carne, tiene que tener un cuerpo de carne a través del cual manifieste todo Su Programa correspondiente a la Segunda Venida de Cristo.

Y ahora, dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo, en la página 469, hablando de este Ángel que era diferente a los demás, dice [Los Sellos]:

153. ¿Y notaron que dije que uno de esos ángeles era muy raro? Me pareció muy distinto a los demás. Estaban en una constelación con tres a cada lado y uno arriba; y el que estaba a mi lado, contando desde la izquierda hacia la derecha, ese sería el séptimo Ángel. Él era más brillante y significaba más para mí que los demás. Les dije que tenía el pecho así robusto y estaba volando hacia el Oriente. Les dije también que: ‘Me levantó, me alzó’. ¿Se acuerdan?”.

¿Quién fue el que levantó y colocó en esta constelación de ángeles al precursor de la Segunda Venida de Cristo? Fue este Ángel que era diferente a los demás.

154. Ahora, ¡aquí está! Era el que tenía el Séptimo Sello…”.

¿Quién es el que tiene el Séptimo Sello? El Ángel que era diferente a los demás, el cual forma el cabello blanco del Señor aquí en esta nube formada por ángeles, que forma el rostro del Señor. Vean, aquí están los ángeles de las siete edades, y aquí está también el Ángel que era diferente a los demás.

Y ahora, con el ministerio de este Ángel en la Tierra estará completado todo tipo y figura que fue visto por Juan en el Hijo del Hombre con Su rostro como el sol, con Su cabello blanco como la nieve, con Sus ojos como llama de fuego, y así por el estilo todas las demás cosas o atributos que fueron representados allí, como en los pies de hierro y de bronce bruñido ardientes como en un horno, y con una espada que sale de Su boca, que es la Palabra40.

La Espada que sale de Su boca es la Palabra, el Mensaje de Cristo por medio de esa manifestación que Él para el Día Postrero tendrá a través de carne humana, en el cumplimiento de la Venida del precursado, en el cumplimiento de la Venida del Ungido de Dios con el Espíritu de Dios, con el Espíritu Santo, el Ungido con el Ángel del Pacto, el Ungido con el Sello del Dios vivo; el cual aparece en Apocalipsis, capítulo 7, el Ángel que sube de donde nace el sol con el Sello del Dios vivo, el Ángel que viene para llamar y juntar 144.000 hebreos; pero primero estará en medio de la Iglesia gentil.

Ahora, este Ángel que era diferente a los demás, para tener Su ministerio tiene que estar manifestado en medio de Su Iglesia, ya no en las siete edades de la Iglesia gentil (donde tuvo Sus manifestaciones por medio de Sus siete ángeles mensajeros), sino que tiene que estar manifestado más arriba, porque Él ha venido subiendo de edad en edad y manifestándose de mensajero en mensajero.

Ahora, el mensajero que vendrá después del precursor de la Segunda Venida de Cristo (el reverendo William Branham), estará en la Edad de la Piedra Angular; y ahí se manifestará, en ese mensajero, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, que es el Señor Jesucristo en Espíritu Santo viniendo a Su Iglesia en el Día Postrero, y ungiendo a un hombre de este tiempo final en el Cuerpo Místico de Cristo, en la Edad de la Piedra Angular.

Pero ese hombre no es el Señor Jesucristo; es el Ángel del Señor Jesucristo, es otro hombre, otro profeta, un profeta dispensacional, el profeta de la Dispensación del Reino y de la Edad de la Piedra Angular, enviado por Cristo con el Mensaje del Evangelio del Reino. Ese es el hombre que estará ungido con el Espíritu Santo, con el Sello del Dios vivo, en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular, en el Cuerpo Místico del Señor Jesucristo.

Y en la manifestación de Jesucristo a través de él, a través de Su Ángel… porque es Su Ángel el que viene con la revelación de Jesucristo. Apocalipsis, capítulo 1, verso 1 al 3, dice:

“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan”.

¿Por medio de quién envió Jesucristo Su revelación? ¿Por medio de quién vino la revelación de Jesucristo? Por medio de Su Ángel Mensajero. Y así como vino la revelación del Padre por medio de Jesús dos mil años atrás, en el cumplimiento de la Venida del Ungido, de la Venida del Mesías dos mil años atrás, en Su Obra de Redención para morir en la Cruz del Calvario; para el Día Postrero vendrá Jesucristo revelado, velado y revelado en Su Ángel Mensajero.

Su Ángel Mensajero traerá y vendrá con la revelación de Jesucristo, vendrá revelando a Jesucristo, vendrá revelando a nuestro amado Señor Jesucristo.

Así como Jesús reveló al Padre41, ahora el Ángel de Jesucristo en el Día Postrero estará revelando a Jesucristo. Y nadie conocerá quién es el Ángel, sino Jesucristo, el que lo envía; y nadie conocerá quién es Jesucristo, sino Su Ángel, en el cumplimiento de Su Venida, y aquellos a quienes Su Ángel lo quiera revelar por medio de Su Mensaje en la Edad de la Piedra Angular.

¿Y a quiénes lo estará revelando? A los que oirán la Voz de Cristo por medio de Su Ángel y subirán a la Edad de la Piedra Angular; y ahí reciben toda la revelación de Cristo velado y revelado en el Día Postrero, en y a través de Su Ángel Mensajero. Esa revelación de la manifestación de Jesucristo a través de Su Ángel Mensajero, es para ser dada a los creyentes de Jesucristo en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, en donde se entrelaza la Dispensación del Reino con la Dispensación de la Gracia.

Fue también en la Edad de la Piedra Angular de la Primera Venida de Cristo donde se entrelazó la Dispensación de la Gracia con la Dispensación de la Ley. Y ahora vuelve la Edad de la Piedra Angular para el entrelace dispensacional: de la Dispensación del Reino con la Dispensación de la Gracia; y así cumplir Cristo, nuestro Salvador, Sus promesas correspondientes a este tiempo final.

Ahora, recuerden que estas son las promesas hechas para este tiempo final.

Y el precursor de la Segunda Venida de Cristo nos dijo que el Séptimo Sello (que fue abierto en el Cielo, en Apocalipsis, capítulo 8, verso 1), el misterio que contiene es el misterio de la Segunda Venida de Cristo, de la Venida del Verbo, de la Venida del Ángel del Pacto, de la Venida del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Y ahora, si alguien sabe cómo será Su Venida es el precursor, al que le toca anunciarle al pueblo que después de él viene un varón, un hombre, el cual y en el cual estará el Espíritu Santo, el Espíritu de Dios manifestado, cumpliendo estas promesas.

Ahora, siendo que la Venida del Señor es el Séptimo Sello, vean cómo nos dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo que será el comienzo del Séptimo Sello, el comienzo de la Segunda Venida de Cristo. Dice [Los Sellos, página 472]:

164. Noten bien el Mensaje del tiempo del fin (este Sello) … (o sea, el Séptimo Sello) Él nos ha revelado los seis Sellos, pero no dice nada del séptimo. El Sello del tiempo del fin, cuando empiece será algo completamente secreto, según la Biblia. Pero antes de conocer eso… Recuerden Apocalipsis 10:1-7: que al fin del Mensaje del séptimo ángel todos los misterios de Dios serían conocidos. Estamos en el tiempo del fin —la apertura del Séptimo Sello.

165. El domingo pasado, hace una semana hoy, cuando estaba predicando sobre: “Sed humildes, sed humildes, recuerden que Dios obra en cosas pequeñas”, en verdad no me daba cuenta de lo que estaba hablando, pero ahora lo veo bien. Será de una manera tan humilde. Uno pensaría que una cosa tan tremenda sería revelada allá en el Vaticano, pero más bien viene como vino Juan el Bautista, viene como el nacimiento de nuestro Señor, ¡allá en un establo! ¡Gloria a Dios! ¡La hora está a la mano! ¡Aquí estamos! ¡Oh hermano!”.

Y ahora, cuando Juan el Bautista estaba predicando y estaba haciendo la introducción para el Mesías, estaba haciendo la introducción con su Mensaje y su ministerio, anunciándole al pueblo que vendría después de él uno mayor que él; ahora, vean ustedes, ya para ese tiempo el cumplimiento de la Primera Venida de Cristo tenía cerca de 30 años ya cumplida. Pero todo eso era un secreto, y nadie sabía quién sería el Mesías.

Pero ahora viene Jesús a donde Juan el Bautista estaba predicando y bautizando, y es un creyente de Juan el Bautista, y es aun, según la carne (al nacer por medio de María, y Juan el Bautista nacer por medio de Elisabet, que era pariente de María), aparecen como primos; o sea, que se queda en la misma familia esa bendición.

Y ahora, para la Segunda Venida de Cristo se queda en la Familia de Dios esa bendición, porque el precursado tiene que venir en y de la Familia de Dios, la Familia de Cristo, la Iglesia del Señor Jesucristo. Es en la Familia de Cristo, la Iglesia de Jesucristo, que tiene que ser cumplida esa promesa; por lo tanto, vendrá el cumplimiento de esa promesa por medio de uno que estará primero como creyente y seguidor del precursor de la Segunda Venida de Cristo, y luego tendrá Su ministerio.

Y ahora, antes de esa manifestación de ese ministerio con ese Mensaje Mesiánico, antes de eso, todo ese tiempo anterior sería un misterio, sería un secreto que no sería conocido, hasta que por medio de esa manifestación de Dios en carne humana, en el velo de carne donde Él estará manifestado y estará ungiendo ese mensajero, y por medio de él revelando todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Y la cosa más grande que es revelada por Jesucristo a través de Su manifestación en carne humana es el misterio de Su Venida, el misterio de la Venida del Ángel del Pacto y del Ángel que era diferente a los demás, Su Venida en carne humana.

Y ahora, de este misterio habló el precursor de la Segunda Venida de Cristo, y nos dijo en la página 474, en la parte de abajo del penúltimo párrafo, dice:

“[173]. Yo no sé quién será, ni qué va a suceder (o sea: “no sé quién será”, sabe que es un hombre, un varón, pero no sabe quién será). ¡No sé! Solamente sé que esos Siete Truenos contienen el misterio por cuya razón hubo silencio en el Cielo. ¿Todos entienden?

174. Quizás sea ahora el tiempo y la hora cuando aparezca esta gran persona que hemos estado esperando (está hablando de una persona que vendrá después de él). Quizás este ministerio, por el cual he tratado de convertir a la gente a la Palabra, ha servido de fundamento. Si así es, entonces les estaré dejando para siempre. No habrá dos aquí al mismo tiempo (o sea, no habrá dos profetas, dos mensajeros, aquí al mismo tiempo). Y aun si así fuera (o sea, y aun si estuvieran los dos aquí: el precursor y el precursado, vamos a ver qué pasaría… Como fue cuando Juan el Bautista estuvo presente y también Jesús), él crecerá y yo menguaré”.

Está hablando de otro que vendrá después de él, y está diciendo que ese que vendrá crecerá, y está diciendo que el precursor menguará. Y eso fue lo mismo que dijo Juan el Bautista cuando le dijeron: “Mira, aquel del cual tú diste testimonio, ahora a Él le siguen más personas que a ti, y bautiza más personas que tú”42 (aunque Jesús no bautizaba sino los discípulos de Jesús).

Y ahora, Juan dice: “No puede el hombre recibir nada si no le fuere dado de Dios. Yo dije, yo di testimonio, yo dije…”, y comienza a decir lo que él dijo acerca del que vendría después de él; y él dijo: “Yo les dije que yo no era Él, que yo no era el Cristo”, y comienza a hablarles acerca de lo que él había dicho; y luego dice: “A Él le conviene crecer, y a mí menguar”, y eso fue lo que le sucedió a Juan el Bautista y también al grupo de Juan el Bautista.

Y ahora, podemos ver que los discípulos de Juan tenían que ir a Jesús y seguir a Jesús, el precursado, y decirse unos a otros: “Hemos hallado a aquel del cual Juan habló que vendría después de él. Vamos a seguir a aquel del cual Juan el Bautista dio testimonio que vendría después de él: a Jesús, el Mesías, el Cristo, el Ungido con el Espíritu de Dios, en el cual está el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, manifestado en carne humana. Él es el Verbo hecho carne, la Palabra hecha carne”.

Ahora, para el Día Postrero, vean lo que nos dijo el precursor: que él no sabía quién era esa persona que vendría después de él, pero que vendría. Y dijo: “No estarán dos aquí al mismo tiempo. Pero si así fuera, él crecerá y yo menguaré”. Por lo tanto, el movimiento del Espíritu de Dios que estará siendo operado por medio de ese mensajero crecerá, crecerá más que el movimiento del precursor de la Venida del Señor. Así fue para la Primera Venida de Cristo y su precursor, y así es para la Segunda Venida de Cristo y el precursor de la Segunda Venida de Cristo.

Y ahora, veamos lo que nos dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo de cómo será la Venida del que vendrá después de él. Nos dice en la página 134 del libro de Los Sellos:

“142. Y noten ustedes: Cuando este Espíritu Santo que tenemos llegue a encarnarse, el que está en nuestro medio ahora mismo en la forma del Espíritu Santo, cuando Él llegue a ser encarnado en la Persona de Jesucristo, entonces nosotros le coronaremos como Rey de Reyes y Señor de Señores”.

Y luego en la página 146 del libro de Los Sellos, y también las páginas… 277 primero, orando dice:

“[240]. … pedimos que el Espíritu Santo venga ahora mismo, el Jinete del verdadero caballo blanco (ese es el verdadero caballo blanco de Apocalipsis 19), mientras Su Espíritu, el Espíritu de Cristo, entre en confrontación con el anticristo, y Él llame a los Suyos”.

Y ahora, hemos visto y hemos escuchado lo que dijo el precursor que sucederá en este tiempo final: el Espíritu Santo, que es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, Jesucristo en Espíritu Santo, vendrá en carne humana; y ese es el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19: el Espíritu Santo viniendo en el Día Postrero.

Y ahora, en Apocalipsis nos habla, en el capítulo 19, de ese gran evento. Y en el libro de Los Sellos, en la página 146 del libro de Los Sellos, nos habla el precursor de la Segunda Venida de Cristo que para este tiempo final Cristo vendrá, el Espíritu Santo vendrá encarnado; y también nos dice que el diablo, por otro lado, será echado del Cielo y se encarnará en otro hombre.

Y ahora, dice en la página 146 del libro de Los Sellos, dice:

“[192]. Y al mismo tiempo que el diablo cae del Cielo y se encarna en un hombre, el Espíritu Santo sube y viene encarnado en un hombre”.

Porque el Espíritu Santo, Jesucristo en Espíritu Santo, ha estado subiendo de edad en edad en Su manifestación por medio de cada ángel mensajero, y ahora sube a la Edad de la Piedra Angular para venir encarnado en un hombre, en la Edad de la Piedra Angular; por lo tanto, tiene que ser parte del Cuerpo Místico de Cristo ese hombre, tiene que ser un redimido por la Sangre de Cristo, tiene que ser un discípulo de Jesucristo, un creyente en Jesucristo, lavado por la Sangre de Cristo, y tiene que ser uno que haya sido discípulo del precursor de la Segunda Venida de Cristo.

No puede ser una persona que no haya sido un creyente y que no crea el Mensaje del precursor; tiene que ser un creyente en el Mensaje del precursor, uno que cree el Mensaje del precursor y que ha sido un seguidor del precursor, y que da a conocer todo lo que el precursor dijo que Dios haría para este tiempo final; o sea, que habla las profecías que Dios dio por medio del precursor y de los demás profetas, con relación a las cosas que Dios estaría haciendo en este tiempo final.

Por eso es que la Voz, con o esa Voz de Trompeta o Gran Voz de Trompeta, dice: “Sube acá (en Apocalipsis, capítulo 4, verso 1), y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”. “Las cosas que han de suceder después de estas que han sucedido, yo te las mostraré, pero (¿dónde?) arriba, en la Edad de la Piedra Angular; tienes que subir a la Edad de la Piedra Angular”, donde Cristo, el Ángel del Pacto, Jesucristo en Espíritu Santo, estará velado y revelado en Su Ángel Mensajero en la Edad de la Piedra Angular, y por medio de él hablándonos todas estas cosas que deben suceder pronto, y así revelándonos todos estos misterios divinos correspondientes a este tiempo final.

Y así Cristo, por medio de Su Ángel, que es Su instrumento… pero Su Ángel no es el Señor Jesucristo; él solamente es el profeta mensajero de la Dispensación del Reino y de la Edad de la Piedra Angular. Por eso es que viene dando testimonio de las cosas que han de suceder pronto, porque viene profetizando las cosas que han de suceder, y abriendo las profecías, y dando más luz acerca de las profecías que fueron dadas en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento.

Y todas las cosas relacionadas a la Segunda Venida de Cristo y Su Obra de Reclamo, Él las da a conocer a la Iglesia del Señor Jesucristo por medio de Su Ángel Mensajero, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, en este entrelace de la Dispensación del Reino con la Dispensación de la Gracia.

Ahora, hemos visto que para el Día Postrero, para el tiempo final, el diablo será echado del Cielo a la Tierra, y se encarnará en un hombre, que será el falso profeta, el anticristo, el hombre de pecado, y vendrá a ser la bestia; pero por otro lado el Espíritu de Cristo viene encarnado en un hombre en el Día Postrero, en el Ángel del Señor Jesucristo:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”. Dice Apocalipsis, capítulo 22, verso 16.

¿Y de qué cosas es que viene dando testimonio? De todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Y nadie podrá conocer el misterio de la Segunda Venida de Cristo y el cumplimiento de Su Venida, de la Venida del Ángel del Pacto, excepto el Ángel del Señor Jesucristo y aquellos que recibirán su Mensaje. Por eso dice: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”.

Y ahora podemos ver que así fue también dos mil años atrás: Nadie podía conocer al Padre… Nadie conocía al Padre, sino el Hijo, y aquellos a quienes el Hijo lo quisiera revelar. ¿Y a quiénes se lo reveló? A los creyentes en Él; y luego ellos lo dieron a conocer a las demás personas.

Y ahora, así será también para este tiempo final: Nadie podrá conocer el misterio de la Segunda Venida de Cristo y su cumplimiento en el Día Postrero, como no lo pudieron conocer dos mil años atrás, el cumplimiento de la Primera Venida de Cristo, las religiones de aquel tiempo, los líderes religiosos de aquel tiempo, el Concilio del Sanedrín de aquel tiempo, y el sumo sacerdote de aquel año y del año anterior o años anteriores, tampoco; solamente aquellos que recibieron a Jesucristo; porque Él tenía la revelación de la Venida del Ángel del Pacto manifestado en carne humana en Él; y Él dio a conocer la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, del Padre manifestado a través de Jesús, el Hijo.

Y para el Día Postrero nadie podrá conocer el misterio de la Segunda Venida de Cristo, sino Su Ángel Mensajero, en el cual estará Cristo manifestado y por medio del cual la revelación de Jesucristo para este tiempo final vendrá; y Su Ángel vendrá revelando a Jesucristo.

Así como Jesucristo reveló al Padre, ahora el Ángel de Jesucristo revela a Jesucristo en este tiempo final, y abre ese misterio escondido en la mente de Dios desde antes de la fundación del mundo; el misterio que causó silencio en el cielo por casi media hora, cuando fue abierto en el Cielo, en Apocalipsis, capítulo 8, verso 1.

Y ahora, este es el misterio de la Venida del Ángel del Pacto, de la Venida del Espíritu Santo en carne humana en el Día Postrero. Y eso es la Venida del Verbo hecho carne en el Día Postrero, la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19.

De esto también habló el precursor de la Segunda Venida de Cristo, el reverendo William Branham, en la página 256 del libro de Los Sellos, cuando dijo:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

¿Qué será la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19? El Verbo, la Palabra, el Espíritu Santo, la Palabra encarnada en un hombre. El Espíritu Santo viniendo en carne humana manifestado en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, ungiendo a un hombre de este tiempo final: el Ángel del Señor Jesucristo.

Si encontramos ese Ángel ungido con el Espíritu Santo, el Ángel del Señor Jesucristo, que es el Ángel que en el Día Postrero estaría ungido con el Espíritu Santo: hemos encontrado al Ungido de Dios, hemos encontrado a aquel del cual habló el precursor de la Segunda Venida de Cristo, y hemos encontrado —por consiguiente— a aquel del cual habló San Pablo, habló Juan el apóstol, y hablaron los apóstoles, y habló nuestro amado Señor Jesucristo, y hablaron los profetas del Antiguo Testamento.

Es muy importante ver este misterio con la Biblia abierta; porque no puede ser cumplido este misterio, esta promesa, sin que esté conectado el cumplimiento de esa promesa con la Iglesia del Señor Jesucristo en este Día Postrero, y con el precursor de la Segunda Venida de Cristo, y con el Mensaje del precursor de la Segunda Venida de Cristo, y con el territorio correspondiente a ese gran evento divino.

La Primera Venida de Cristo, vean ustedes, se cumplió donde estuvo el precursor: en el Medio Oriente, que es el este, la tierra de Israel.

Y ahora en el Israel celestial es que tiene que ser cumplido este misterio de la Segunda Venida de Cristo. Y Cristo dijo que como el relámpago que sale del oriente y se muestra en el occidente, será la Venida del Hijo del Hombre, será el día en que el Hijo del Hombre se manifestará43.

Salió del oriente (donde fue Su Primera Venida), y ha estado recorriendo desde el oriente, desde la tierra de Israel, pasó luego a Asia Menor, después a Europa, después a Norteamérica; y en este tiempo final se encuentra Cristo, el Ángel del Pacto, en la América Latina y el Caribe, se encuentra en el continente del occidente, el continente americano, que consta de Norteamérica, Centroamérica, Suramérica y el Caribe. Ese es el continente que tiene la promesa para la manifestación del Hijo del Hombre como el relámpago resplandeciendo en el occidente; y eso es la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis, capítulo 19.

Y ahora, en el libro de Citas, que contiene extractos de diferentes conferencias o mensajes del reverendo William Branham, precursor de la Segunda Venida de Cristo, nos dice, hablándonos del Jinete que para el Día Postrero vendrá: página 166, verso 1485 del libro de Citas, dice:

1485 – “Ahora, yo estaba poniéndome bastante viejo y pensé: ‘¿Habrá otro avivamiento, veré otro tiempo?’ Y sólo recuerden, del Oeste (¿de dónde?) vendrá un jinete en un caballo blanco. Cabalgaremos esta senda otra vez. Eso es correcto. Tan pronto como estemos listos. ¿Ven? Es una promesa”.

Y si es una promesa, tiene que estar en la Biblia: está en Apocalipsis, capítulo 19, verso 11 en adelante; y también en Isaías, capítulo 63, y otros lugares del libro del profeta Isaías; y otros lugares del libro del Apocalipsis, y otros lugares de los diferentes libros de la Biblia.

Y ahora, es del occidente de donde tiene que venir el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es la Venida del Verbo, la Palabra encarnada en un hombre. Es en el occidente donde tiene que ser visto el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, el Espíritu Santo viniendo en carne humana en el Día Postrero. El Espíritu Santo viniendo en carne humana, el Verbo, la Palabra, el Verbo que era con Dios y era Dios, viniendo en carne humana manifestado en el Día Postrero, ¿dónde? En el occidente.

Por eso es que en uno de los sueños de una persona, con relación al reverendo William Branham, en el cual se estaba reflejando la Segunda Venida de Cristo…; o sea, reflejándose como se reflejó en todos los profetas del Antiguo Testamento, en donde en sus vidas o en sus sueños o profecías o eventos o hechos, Cristo tipificó Su Venida.

Como en la vida de José, donde se representó la Primera y Segunda Venida de Cristo: aun aparece con un nuevo nombre allá en Egipto, en el trono, como segundo en el trono; así como Cristo cuando ascendió al Trono recibió un Nuevo Nombre, al sentarse en el Trono.

Vean ustedes, tiene un Nuevo Nombre, y por eso es que promete en Apocalipsis, capítulo 3, verso 12: “Al que venciere, yo lo haré columna en el Templo de mi Dios; y escribiré sobre él el Nombre de mi Dios, y el nombre de la Ciudad de mi Dios, la Nueva Jerusalén, la cual desciende del Cielo, de mi Dios, y mi Nombre Nuevo”. Vean ustedes, fue reflejado eso en José recibiendo un nuevo nombre.

Y por eso es que en Apocalipsis, capítulo 19, ese Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es el Espíritu Santo viniendo en carne humana en el Día Postrero, viene con un nombre que ninguno entiende: “… y su nombre es: el Verbo de Dios. Es el Nombre del Verbo de Dios para ser manifestado en Su Venida en el Día Postrero; viene con un nombre que ninguno entiende.

Ahora, el nombre Jesús todos lo entienden, porque ese es el nombre que usó el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, Dios, el Verbo velado en carne humana en Su Primera Venida, en Jesús de Nazaret. Y el nombre tenía que ver con la Obra que Él llevaría a cabo a través de carne humana en aquel tiempo.

Y para el Día Postrero Él viene con un nombre nuevo. Por eso la Piedrecita blanca viene con un nombre nuevo que ninguno entendía, sino aquel que recibe esa Piedrecita blanca. Y esa Piedrecita blanca es la Segunda Venida de Cristo.

Esa es la misma Piedra no cortada de manos que vio el profeta Daniel en la interpretación que le dio al rey Nabucodonosor, de esa Piedra cortada del monte [no con mano], que vino e hirió a la imagen en los pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó44.

Ahora podemos ver que este misterio de la Venida del Ángel del Pacto, que es la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, la Venida del Espíritu Santo, la Venida del Verbo, la Palabra encarnada en un hombre, viene el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo manifestando un nombre nuevo. Ese es el Nombre Eterno de Dios, y nombre de la Ciudad de nuestro Dios, y Nombre Nuevo del Señor Jesucristo.

Y nadie podrá conocer ese misterio sino aquellos que lo estarán recibiendo en Su Venida, en Su manifestación en carne humana, en el cumplimiento del Verbo, la Palabra encarnada en un hombre en el Día Postrero; y es en el occidente.

Por eso en uno de los sueños que le dieron a conocer al hermano Branham con relación a Elías en un caballo militar grande45, cabalgando esta senda una vez más, vean ustedes, se cumple lo que leímos: “Yo recorreré este camino nuevamente (o sea, una vez más); recorreremos esta senda una vez más”. Es que el ministerio de Elías recorre la senda ministerial por quinta vez, con el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, o sea, con el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que es el que manifiesta los ministerios en los diferentes profetas que Él envía.

Él es el único que tiene ministerios: el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto. Y estará manifestando de nuevo el ministerio de Elías por quinta ocasión, y el ministerio de Moisés por segunda ocasión, y el ministerio de Jesús por segunda ocasión también, en la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis, capítulo 19, verso 11 al 21, en el occidente; o sea, en el continente latinoamericano y caribeño en este tiempo final; porque el occidente, o sea, el oeste, es el continente americano, que consta de Norteamérica, Centroamérica, Suramérica y el Caribe.

Y así como estuvo el precursor y el precursado en el este… Ahora, el precursor y el precursado de la Primera Venida de Cristo estaban allá, y uno era discípulo del otro; o sea, un mensajero dispensacional fue discípulo de un mensajero de edad. ¡Eso sí es una cosa grande! Y fue un privilegio grande para Juan poder decir: “El precursor tiene el privilegio de tener como su discípulo principal, como su discípulo de honor, a Aquel que vendrá después de mí, del cual yo he estado dando testimonio que vendrá después de mí; el cual cumplirá la Venida del Ungido, la Venida del Mesías”, ese fue un privilegio grande para Juan.

Juan decía: “El que tiene la Esposa es el Esposo; pero el amigo del Esposo…”46. El amigo del Esposo, ¿quién era? Juan; y el Esposo, ¿quién era? Jesucristo; y la Esposa, ¿quién era? Era el Israel terrenal, en donde estaban las personas que comenzarían a formar parte del Israel celestial.

Y ahora: “El que tiene la Esposa es el Esposo; y el amigo del Esposo se goza en oír la Voz del Esposo”.

¿Y saben ustedes que, aunque Juan el Bautista no estuvo en muchas actividades de Jesús (ni siquiera dice la Biblia si estuvo en alguna actividad de Jesús); pero, saben ustedes una cosa? Que Juan el Bautista escuchó la Voz de Cristo predicando por más de un año.

¿Que escuchó la Voz de Cristo? Pues la escuchó quizás por un año, por dos años o por tres años. ¿Cómo puede ser eso? Porque cuando Juan murió fue al Paraíso, al Seno de Abraham, y desde el Paraíso podía mirar para acá y ver a Jesús predicando, y ver todas las cosas que Jesús estaba haciendo.

Y el precursor de la Segunda Venida de Cristo, predicando, dijo a las personas que estaban escuchando, que desde el Paraíso (donde están los santos que han partido) miran hacia acá y también escuchan lo que se está hablando acá.

Por lo tanto, el precursor también estaría escuchando la Voz del Esposo en el Día Postrero, y estaría hablándoles a los que están allá (y principalmente a su grupo) de todas las cosas que él había dicho, y podrá mostrarles a ellos cómo se van cumpliendo a medida que desde allá van mirando hacia acá y van viendo el cumplimiento de esas promesas.

Y él podrá decirle a su grupo allá: “Este es aquel del cual yo dije que vendría después de mí”; pero con su Mensaje (aquí también ya está escrito, y está grabado en cintas magnetofónicas) él dijo que el que vendría después de él será el Verbo, la Palabra encarnada en un hombre. Y si conseguimos ese hombre, pues estaremos consiguiendo al Señor Jesucristo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el Verbo, la Palabra encarnada en un hombre de este tiempo final, como el hombre del cual habló el precursor que vendría después de él.

Pero ese hombre no es el Señor Jesucristo; pero en él estará el Señor Jesucristo, en él estará revelándose Jesucristo en el Día Postrero. Y ahí es donde Jesucristo hace ese entrelace de León de la tribu de Judá y Rey de reyes y Señor de señores con el Cordero de Dios y Sumo Sacerdote.

Ese entrelace de León de la tribu de Judá, de Rey de reyes y Señor de señores, de Hijo del Hombre e Hijo de David, y de Juez de toda la Tierra, se hace en esa manifestación de Cristo, el Ángel del Pacto, velado y revelado a través de carne humana en Su Ángel Mensajero, para llevar a cabo la Obra correspondiente a este Día Postrero en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, y llamar y juntar a todos los escogidos de Dios de este Día Postrero; primeramente a los escogidos del pueblo celestial, del Israel celestial, de la Iglesia de Jesucristo.

Y cuando entre hasta el último de los escogidos, y los muertos en Cristo sean resucitados, y los que vivimos seamos transformados, entonces nosotros veremos a nuestro amado Señor Jesucristo en Su cuerpo glorificado, porque nosotros también tendremos un cuerpo glorificado. Y así como nos podemos ver nosotros, los unos a los otros, porque estamos en la misma clase de cuerpo, cuando tengamos la misma clase de cuerpo de nuestro amado Señor Jesucristo, entonces lo veremos a Él como Él es en Su cuerpo glorificado, y nos iremos con Él a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Y luego Él llamará 144.000 hebreos escogidos, elegidos por Dios, conforme a Apocalipsis, capítulo 7 y Apocalipsis, capítulo 14; los llamará, los juntará y los sellará con el Sello del Dios viviente. Y luego en Apocalipsis 14 aparecen con el Sello ya en sus frentes, con el Nombre de su Padre y el Nombre del Cordero escrito en sus frentes.

O sea, que la Obra de Cristo para el Día Postrero, en la manifestación o revelación de Jesucristo por medio de Su Ángel Mensajero, será para bendición del Israel celestial: de la Iglesia del Señor Jesucristo, y para bendición del Israel terrenal: el pueblo hebreo, donde Él tiene 144.000 elegidos, escogidos de Dios, escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Hemos visto tanto el misterio de la Primera Venida de Cristo, que es la Venida del Verbo, de la Palabra, del Ángel del Pacto, del mismo Dios con Su cuerpo teofánico velándose en un cuerpo de carne llamado Jesús; y hemos visto lo que está prometido que será la Segunda Venida de Cristo, la Venida del Verbo, el Ángel del Pacto, el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, el Verbo hecho carne en un hombre.

Y ese hombre tiene que ser un mensajero dispensacional: el Ángel del Señor Jesucristo; y tiene que haber sido también un discípulo del precursor de la Segunda Venida de Cristo; y tiene que ser un redimido por la Sangre del Señor Jesucristo; y tiene que ser un profeta, y tiene que ser dispensacional, y tiene que venir con un Mensaje dispensacional, y tiene que estar en el oeste.

Por eso en el sueño que le dieron a él de ese jinete (Elías) en un poderoso caballo grande (lo cual representa el Poder de la Palabra —que es lo más grande, lo más gigante que hay: la Palabra pura), dice que él siguió y se fue bien al oeste, hasta lo último del oeste. O sea que por lo último del oeste, que es la América Latina y el Caribe, ¡hasta la Patagonia! O sea que por todo ese territorio, por lo último del oeste, América Latina y el Caribe, por ahí estaría cabalgando Elías en su quinta manifestación con el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es el Verbo, el Ángel del Pacto, el Verbo que era con Dios y era Dios, y se hizo carne dos mil años atrás, y para este tiempo final se hará carne de nuevo en el Ángel Mensajero del Señor Jesucristo.

Pero el Señor Jesucristo, vean ustedes, se manifiesta por medio de Su Ángel y se revela por medio de Su Ángel, porque es en Su Ángel que viene Jesucristo revelado. La revelación de Jesucristo viene en Su Ángel.

El Ángel de Jesucristo revela a Jesucristo, así como Jesucristo reveló al Padre; y por eso es que Cristo dice: “Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi Trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en Su Trono”. O sea que lo mismo que el Padre hizo con Jesús, por cuanto Jesús venció, es lo mismo que Jesucristo hará con Su Ángel, que vencerá en este tiempo final.

Y el Vencedor, Jesucristo dos mil años atrás, ¿tenía qué? La manifestación, la revelación del Padre, la cual estaba en Él; y Él estaba revelando al Padre.

Y para el Día Postrero el Vencedor, el Ángel del Señor Jesucristo, tendrá la manifestación de Jesucristo en él, y estará revelando a Jesucristo en este Día Postrero, en el cumplimiento de todas las promesas que Jesucristo ha hecho para este tiempo final.

Y esa promesa de sentarse en el Trono con Cristo se cumplirá en toda su plenitud en Su Ángel Mensajero. Y todos los escogidos de Dios serán bendecidos con esa bendición tan grande que le dará Jesucristo a Su Ángel Mensajero.

Y Jesucristo adoptará a Su Ángel Mensajero; y por consiguiente vendrá la adopción para todos los hijos e hijas de Dios que vivimos en este tiempo, y para los que han partido en las edades pasadas: recibiendo un cuerpo glorificado y eterno todos los hijos de Dios que vivieron en el pasado y creyeron en Cristo como su Salvador, y para nosotros los que vivimos.

Eso es lo que Cristo ha prometido para cada uno de ustedes, y para mí también, en la Venida del precursado, de aquel del cual el precursor de la Segunda Venida de Cristo dijo que vendría después de él.

Y es Cristo el que viene velado en Su Ángel Mensajero en el Día Postrero, en el cumplimiento de Sus promesas correspondientes al Día Postrero. Pero recuerden que Su Ángel no es el Señor Jesucristo; él solamente es un mensajero, un profeta mensajero dispensacional, el último profeta mensajero dispensacional, el último profeta que Dios enviaría a la Tierra; y lo envía a Su Iglesia gentil, y después lo enviará al pueblo hebreo.

Y ese será el segundo hombre que estando vivo recibirá la adopción, o sea, el segundo profeta que estando vivo recibirá la adopción. El primero fue nuestro amado Señor Jesucristo, y el segundo lo será el Ángel del Señor Jesucristo.

Con la adopción de Jesús, y muerte y resurrección de Jesús, resucitaron los santos del Antiguo Testamento, y después fueron llevados al Cielo; y con la adopción del Ángel del Señor Jesucristo en el Día Postrero, vendrá también la adopción de los muertos en Cristo resucitando en cuerpos eternos, y la transformación de todos los que vivimos y estamos en el Libro de la Vida del Cordero escritos desde antes de la fundación del mundo.

Hemos llegado al tiempo más glorioso de todos los tiempos, hemos llegado al tiempo paralelo al tiempo de Jesús, donde todos estaban buscando al Mesías.

Y Andrés tenía las buenas noticias que habían hallado al Mesías, habían hallado al hombre del cual habló Juan el Bautista y dijo que vendría después de él, y lo identificó, y también habló el profeta Moisés y todos los profetas del Antiguo Testamento.

Y el mismo Jesús se identificó como el Ungido, cuando dijo47:

“El Espíritu del Señor está sobre mí,

Por cuanto me ha ungido…”.

Ahí se está identificando como el Ungido, dando testimonio de quién Él es conforme a lo que está prometido por Dios.

Y el Ángel Mensajero del Señor Jesucristo, en diferentes ocasiones estará identificándose como el Ungido de Jesucristo, con el Espíritu de Cristo en y para este Día Postrero, para la Dispensación del Reino y para la Edad de la Piedra Angular.

Y los escogidos de Dios del Día Postrero, que habrán escuchado lo que dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo y lo que han dicho los profetas, y que está escrito en la Biblia con relación a la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, de Jesucristo, el Verbo, la Palabra, tendrán buenas noticias para sus familiares y para sus hermanos, y les estarán diciendo: “Hemos encontrado a aquel del cual habló el precursor de la Segunda Venida de Cristo, el reverendo William Branham, y del cual hablaron los apóstoles, y del cual habló el Señor Jesucristo, y del cual hablaron los profetas del Antiguo Testamento”.

Estarán diciendo: “¡Hemos hallado al Ángel del Señor Jesucristo! ¡Hemos hallado al Ungido del Señor Jesucristo, del Ángel del Pacto, del Espíritu Santo! ¡Hemos hallado al Ungido con el Espíritu Santo, donde el Espíritu Santo estaría en el Día Postrero manifestado en carne humana! ¡Hemos hallado al Ángel del Señor Jesucristo, el Ungido con el Espíritu Santo!”.

En la actividad próxima estaremos viendo el próximo tema, que está completamente entrelazado con el tema de esta mañana. Para la tarde estaremos viendo el tema: “VEN Y VE”, que fue lo que le dijo Felipe a Natanael, cuando le dijo: “Hemos hallado al Mesías, hemos hallado a aquel del cual habló Moisés”.

Le pregunta Natanael: “¿De dónde es?”, porque Felipe dice: “Hemos hallado a aquel del cual habló Moisés”; y le dice que es de Nazaret; porque están comenzando todavía, y no saben la historia del nacimiento de Jesús; pues no se les podía pedir más, pues él lo que sabía al momento era que venía de Nazaret, pues se había criado en Nazaret y hablaba como los nazarenos, los de Nazaret; y era vecino de la ciudad de Betsaida, porque ese territorio de Betsaida y de… también Nazaret, todo pertenece a Galilea. Así que era de una ciudad cercana a la de Pedro, Andrés y Felipe.

Y ahora, lo conocen como de Nazaret, pero no saben el misterio de dónde había nacido. Pero como no se puede estar discutiendo, y menos con relación a la Venida de Aquel del cual habló Dios por medio de los profetas, por medio de Moisés y demás profetas, y por medio de Juan el Bautista, lo mejor es hacer lo que dijo Felipe: “Ven y ve. No vamos a discutir. Tú, ven y ve”.

Cada persona tiene libre albedrío y cada persona tiene el derecho de venir para ver y escuchar, y escudriñar en su propia Biblia, y ver si lo que es hablado es la verdad o no es la verdad; si es lo que Dios ha prometido o no es lo que Dios ha prometido.

Y si es lo que Dios ha prometido, pues no puede decir otra cosa, sino: “¡Esto es la verdad bíblica, y esto es lo que yo estaba esperando!”.

Nuestro tema en esta ocasión ha sido: “HEMOS HALLADO AL MESÍAS”.

Y para la tarde están todos invitados, para nuestro tema de la tarde: “VEN Y VE”. En la tarde: “VEN Y VE”, ese es nuestro tema. Y vamos a ver las demás cosas que por falta de tiempo no hemos visto en esta ocasión. Pero con lo que hemos escuchado y visto, yo creo que tienen un cuadro claro de lo que Dios ha prometido para nuestro tiempo, y la forma que ha sido prometida que será cumplida toda promesa divina de este tiempo final, en la Venida del Mesías, la Venida del Ungido de Dios para este tiempo final.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y pronto se complete el número de los escogidos de Dios, y pronto Dios termine de revelarnos todo lo que necesitamos conocer, y pronto resucite a los muertos en Cristo y nos transforme a nosotros los que vivimos, y nos lleve a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, en donde disfrutaremos esa gran fiesta de tres años y medio en la Casa de nuestro Padre celestial, y en donde estaremos con nuestro amado Señor Jesucristo, donde Él nos llevará para esa gran fiesta celestial. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Y ahora, ¿dónde están los que en el Día Postrero veríamos estas promesas cumplidas? Pues aquí estamos: en la América Latina y el Caribe, en la generación que vería Su Venida; y ahí lo dejamos. Y dejamos a nuestro amigo y hermano, el misionero, el reverendo Miguel Bermúdez Marín, para continuar y finalizar nuestra parte en esta ocasión; y luego regresaremos para la actividad titulada, el tema titulado: “VEN Y VE”.

Bueno, por aquí tenemos a Miguel ya. Si no llega Miguel, se entrelaza la segunda actividad con esta, y ya no podríamos detenernos; pero ya Miguel está por aquí.

Que Dios les bendiga, que Dios les guarde; y con nosotros nuevamente el reverendo Miguel Bermúdez Marín.

HEMOS HALLADO AL MESÍAS”.

1 San Mateo 24:37, San Lucas 17:26-27

2 San Lucas 17:28:-29

3 Génesis 14:18-20

4 Éxodo 11:1-10

5 Génesis 4:1-15

6 1 de Juan 3:12

7 Hebreos 9:22

8 Romanos 6:23

9 Génesis 22:1-14

10 Génesis 2:9

11 Génesis 6:4

12 San Mateo 23:33

13 San Mateo 13:24-30

14 San Juan 3:3-7

15 Génesis 5:27

16 San Juan 14:6

17 San Mateo 6:33

18 Colosenses 1:18

19 Éxodo 3:6

20 San Mateo 1:20

21 Pronunciación fonética en inglés del nombre Jesús.

22 Éxodo 24:13

23 Números 13:16

24 Génesis 15:13-16

25 Números 32:31-33

26 San Mateo 1:21, San Lucas 1:31

27 San Juan 1:27, 1:30

28 San Juan 8:56-58

29 San Lucas 1:39-44

30 San Lucas 1:13-17

31 San Mateo 3:11, San Lucas 3:16

32 San Juan 1:38-39

33 San Juan 1:43

34 San Juan 1:45

35 San Juan 1:18

36 Hechos 9:3-5

37 San Lucas 10:16

38 San Mateo 10:40, San Juan 13:20

39 Citas, pág. 119, párr. 1058

40 Apocalipsis 1:12-16, 10

41 San Mateo 11:27, San Lucas 10:22

42 San Juan 3:26-30

43 San Mateo 24:27

44 Daniel 2:1-45

45 Citas, pag. 166, párr. 1485; págs. 157 y 158, párr. 1410

46 San Juan 3:29

47 San Lucas 4:18

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