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Un pueblo traído sobre Alas de Águila
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Un pueblo traído sobre Alas de Águila

Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos (aquí tenemos los lentes un poquito… empañados aquí). Es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final bajo el tema que corresponde a esta ocasión, el cual es: “UN PUEBLO TRAÍDO SOBRE ALAS DE ÁGUILA”; para el cual quiero leer en Éxodo, capítulo 19, verso del 1 al 6, donde nos dice:

“En el mes tercero de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en el mismo día llegaron al desierto de Sinaí.

Habían salido de Refidim, y llegaron al desierto de Sinaí, y acamparon en el desierto; y acampó allí Israel delante del monte.

Y Moisés subió a Dios; y Jehová lo llamó desde el monte, diciendo: Así dirás a la casa de Jacob, y anunciarás a los hijos de Israel:

Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí.

Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra.

Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.

Entonces vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo, y expuso en presencia de ellos todas estas palabras que Jehová le había mandado.

Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho, haremos. Y Moisés refirió a Jehová las palabras del pueblo.

Entonces Jehová dijo a Moisés: He aquí, yo vengo a ti en una nube espesa, para que el pueblo oiga mientras yo hablo contigo, y también para que te crean para siempre. Y Moisés refirió las palabras del pueblo a Jehová.

Y Jehová dijo a Moisés: Ve al pueblo, y santifícalos hoy y mañana; y laven sus vestidos,

y estén preparados para el día tercero, porque al tercer día Jehová descenderá a ojos de todo el pueblo sobre el monte de Sinaí”.

Que Dios bendiga Su Palabra en nuestras almas y nos permita entenderla.

En este pasaje que hemos leído, Dios le habla al pueblo y a Moisés acerca de cómo los libertó de la esclavitud en Egipto y cómo los trajo hasta el monte Sinaí en alas de águila: “… y cómo os tomé sobre (las) alas de águilas, y os he traído a mí”.

Ahora, vean, ¿cómo fue que Dios los trajo hasta el monte Sinaí? Por medio de un profeta; porque Dios se representa en el águila, y también representa a Sus profetas en águilas; y por eso es que cuando Dios habla de Él llevando a Su pueblo desde Egipto hasta el Sinaí, dice que los llevó sobre las alas de águilas y los llevó hasta Él. Dice: “… y os he traído a mí”.

Y ahora vean también en Deuteronomio, capítulo 32, lo que también dice de cómo Dios los sacó de Egipto y los llevó hacia Él. Aquí está hablando Moisés en su cántico. Dice el capítulo 32, verso 9 en adelante (para no leer mucho), dice:

“Porque la porción de Jehová es su pueblo;

Jacob la heredad que le tocó.

Le halló en tierra de desierto,

Y en yermo de horrible soledad;

Lo trajo alrededor, lo instruyó,

Lo guardó como a la niña de su ojo.

Como el águila que excita su nidada,

Revolotea sobre sus pollos,

Extiende sus alas, los toma,

Los lleva sobre sus plumas,

Jehová solo le guió,

Y con él no hubo dios extraño.

Lo hizo subir sobre las alturas de la tierra,

Y comió los frutos del campo,

E hizo que chupase miel de la peña,

Y aceite del duro pedernal”.

Ahora vean cómo aquí también nos muestra que “como el águila excita su nidada (de sus polluelos), y revoletea sobre sus polluelos, y extiende sus alas, y los toma, y los lleva sobre sus plumas”, así hizo Dios con el pueblo hebreo; Dios presentándose al pueblo hebreo como el Águila que hizo eso por medio de un profeta, por medio del profeta Moisés. Así que Dios se expresa en esta representación del águila y Su manifestación a través del profeta Moisés.

Y ahora, vean cómo en los Salmos nos habla también acerca de Dios y cómo se representa ahí en ese Salmo 91, y cómo los hijos de Dios se presentan ahí y se abrigan en las alas de Dios. Dice el Salmo 91:

“El que habita al abrigo del Altísimo

Morará bajo la sombra del Omnipotente.

Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío;

Mi Dios, en quien confiaré.

Él te librará del lazo del cazador,

De la peste destructora.

Con sus plumas te cubrirá,

Y debajo de sus alas estarás seguro;

Escudo y adarga es su verdad”.

Ahora vean cómo “te cubrirá con Sus plumas” y cómo “debajo de Sus alas estarás seguro”. Vean, Dios llevando al pueblo hebreo sobre Sus alas. Y ahora, aquí el salmista nos habla de que él debajo de Sus alas estará seguro.

Recuerden también ustedes cómo la gallina coloca sus polluelos debajo de sus alas, y así también las águilas. Lo que sucede es que no estamos acostumbrados a ver a las águilas haciendo eso, porque son muy escasas y están en lugares lejanos; pero en el mismo patio de nuestros hogares, en los hogares que tienen gallinas con pollitos, ustedes ven eso; y cuando está lloviendo se meten debajo de las alas de su mamá, y cuando hay peligro también.

Y Cristo, ¿saben cómo dice? Hablando del pueblo hebreo también dice1: “¡Cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina junta sus pollitos (¿cómo?) debajo (¿de qué?) de sus alas…!”.

Y ahora, así es que hace Dios con Sus hijos, Dios representándose en el Águila Mayor, y Sus hijos en los pollitos de águilas, polluelos de águilas, colocándose debajo de Sus alas.

Y ahora, dice que “debajo de sus alas estarás seguro”.

Y ahora, veamos todo esto que nos habla el salmista; también en el Salmo 17, verso 8, vamos a ver lo que nos dice ahí; dice:

“Guárdame como a la niña de tus ojos;

Escóndeme bajo la sombra de tus alas…”.

Y como a la niña de Sus ojos fue que cuidó al pueblo hebreo, nos dice en Éxodo, capítulo 19 y versos del 1 al 8. Y también en Deuteronomio, capítulo 32, verso 11, también nos habla de Dios como el águila que revoletea su nidada y los lleva sobre sus alas.

Y ahora, continuamos viendo cómo en el capítulo 36, o Salmo 36, también nos habla… Salmo 36, vamos a ver lo que nos dice aquí, el verso 7 dice:

“¡Cuán preciosa, oh Dios, es tu misericordia!

Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas”.

Y también el Salmo 57, verso 1, vamos a ver lo que dice ahí. Dice:

“Ten misericordia de mí, oh Dios, ten misericordia de mí;

Porque en ti ha confiado mi alma,

Y en la sombra de tus alas me ampararé…”.

Y también el Salmo 61, verso 4, nos dice:

“Yo habitaré en tu tabernáculo para siempre;

Estaré seguro bajo la cubierta de tus alas”.

Y ahora sí que hemos llegado a un lugar donde tenemos que ver dónde están las alas ahí; porque dice:

“Yo habitaré en tu tabernáculo para siempre;

Estaré seguro bajo la cubierta de tus alas”.

Y ahora tenemos que ir al Éxodo, capítulo 25, versos 17 en adelante, donde dice (esto fue en la construcción del templo)… Capítulo 25, verso 17 al 22, dice Dios al profeta Moisés:

“Y harás un propiciatorio de oro fino, cuya longitud será de dos codos y medio, y su anchura de codo y medio.

Harás también dos querubines de oro; labrados a martillo los harás en los dos extremos del propiciatorio.

Harás, pues, un querubín en un extremo, y un querubín en el otro extremo; de una pieza con el propiciatorio harás los querubines en sus dos extremos.

Y los querubines extenderán por encima las alas, cubriendo con sus alas el propiciatorio…”.

¿Dónde están las alas allí en el templo, en el tabernáculo de Dios? Sobre el propiciatorio; son las alas de los dos querubines de oro.

“Y los querubines extenderán por encima las alas, cubriendo con sus alas el propiciatorio; sus rostros el uno enfrente del otro, mirando al propiciatorio los rostros de los querubines.

Y pondrás el propiciatorio encima del arca, y en el arca pondrás el testimonio que yo te daré.

Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandare para los hijos de Israel”.

Miren hasta dónde nos lleva este tema de UN PUEBLO TRAÍDO SOBRE ALAS DE ÁGUILAS.

Y ahora, así como Dios trajo al pueblo hebreo de Egipto sobre las alas de águilas en Su manifestación por medio del profeta Moisés…; porque para esa manifestación —de Dios como Águila— estar en la Tierra siendo hecha una realidad, tiene que estar Dios manifestado en un profeta; porque los profetas de Dios son representados en águilas.

Por lo tanto, Dios manifestado en el profeta Moisés estaba allí manifestado como Águila, llevando en Sus alas a los hijos de Israel de Egipto hasta la tierra prometida. Por eso dice que los llevó sobre las alas de águilas.

Y ahora, vean cómo estas alas de águilas, ministeriales, también son las mismas alas del viento sobre las cuales vuela Dios2 y son las mismas alas del Sol de Justicia: “Porque a los que temen mi Nombre, nacerá el Sol de Justicia, y en Sus Alas traerá salvación”. Malaquías, capítulo 4 y verso 2.

Y ahora, vean cómo también encontramos que estos ministerios de Moisés y Elías para el Día Postrero son las Alas del Águila, de Dios, de Jesucristo viniendo en el Día Postrero volando, viniendo a Su Iglesia en este tiempo final; son las Alas también, del Sol de Justicia, los ministerios de Moisés y Elías; y son las Alas del Alba3, porque las Alas del Alba, las Alas de la Mañana saliendo, son las Alas del Sol de Justicia.

Y vean ustedes cómo también, en el templo que construyó Moisés y el templo que construyó Salomón, en el lugar santísimo estaban las alas de los dos querubines de oro; y bajo las alas de los dos querubines estaba el arca del pacto con el propiciatorio; y de en medio de los dos querubines de oro, donde están las alas de los querubines, allí estaba Dios en la Luz de la Shekinah manifestado; y desde allí le hablaba a Moisés todo lo que Moisés tenía que hablarle al pueblo hebreo: “De allí me declararé a ti (le dice Dios al profeta Moisés): de en medio de los dos querubines de oro, de sobre el propiciatorio”.

Y en Levítico, capítulo 16, versos del 1 al 2, dice:

“Habló Jehová a Moisés después de la muerte de los dos hijos de Aarón, cuando se acercaron delante de Jehová, y murieron.

Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón tu hermano, que no en todo tiempo entre en el santuario detrás del velo (o sea, que no en todo tiempo entre al lugar santísimo), delante del propiciatorio que está sobre el arca, para que no muera; porque yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio”.

En esa Nube o Columna de Fuego o Pilar de Fuego, Dios aparecía allí sobre el propiciatorio; y el sumo sacerdote solamente podía entrar a ese lugar una vez al año, llevando allí la sangre de la expiación del macho cabrío que era sacrificado; y también llevaba la sangre de la becerra roja o bermeja, por la expiación o para la expiación de los sacerdotes.

Y ahora, vean ustedes, aquí también lo dice:

“Con esto entrará Aarón en el santuario: con un becerro para expiación, y un carnero para holocausto.

Se vestirá la túnica santa de lino, y sobre su cuerpo tendrá calzoncillos de lino, y se ceñirá el cinto de lino, y con la mitra de lino se cubrirá. Son las santas vestiduras; con ellas se ha de vestir después de lavar su cuerpo con agua.

Y de la congregación de los hijos de Israel tomará dos machos cabríos para expiación, y un carnero para holocausto.

Y hará traer Aarón el becerro de la expiación que es suyo, y hará la reconciliación por sí y por su casa (o sea, por Aarón, el sumo sacerdote, y por los sacerdotes, los sacerdotes de su casa).

Después tomará los dos machos cabríos y los presentará delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión.

Y echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos; una suerte por Jehová, y otra suerte por Azazel.

Y hará traer Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Jehová, y lo ofrecerá en expiación.

Mas el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Azazel, lo presentará vivo delante de Jehová para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel al desierto.

Y hará traer Aarón el becerro que era para expiación suya, y hará la reconciliación por sí y por su casa, y degollará en expiación el becerro que es suyo.

Después tomará un incensario lleno de brasas de fuego del altar de delante de Jehová, y sus puños llenos del perfume aromático molido, y lo llevará detrás del velo (o sea, al lugar santísimo).

Y pondrá el perfume sobre el fuego delante de Jehová, y la nube del perfume cubrirá el propiciatorio que está sobre el testimonio, para que no muera.

Tomará luego de la sangre del becerro, y la rociará con su dedo hacia el propiciatorio al lado oriental; hacia el propiciatorio esparcirá con su dedo siete veces de aquella sangre.

Después degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo, y llevará la sangre detrás del velo adentro, y hará de la sangre como hizo con la sangre del becerro, y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio.

Así purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados; de la misma manera hará también al tabernáculo de reunión, el cual reside entre ellos en medio de sus impurezas.

Ningún hombre estará en el tabernáculo de reunión cuando él entre a hacer la expiación en el santuario, hasta que él salga, y haya hecho la expiación por sí, por su casa y por toda la congregación de Israel.

Y saldrá al altar que está delante de Jehová, y lo expiará, y tomará de la sangre del becerro y de la sangre del macho cabrío, y la pondrá sobre los cuernos del altar alrededor.

Y esparcirá sobre él de la sangre con su dedo siete veces, y lo limpiará, y lo santificará de las inmundicias de los hijos de Israel.

Cuando hubiere acabado de expiar el santuario y el tabernáculo de reunión y el altar, hará traer el macho cabrío vivo;

y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto.

Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto”.

Ahora miren todo lo que tenía que hacer Aarón allí en el templo: tenía que ministrar en el templo: tenía que ministrar tanto en el atrio, donde se efectuaba el sacrificio, como después tenía que entrar al lugar santo; y también tenía que entrar al lugar santísimo, para llevar a cabo en ese día… no era una cosa de cinco minutos; eso le tomaba… desde tempranito en la mañana comenzaban sus labores en el templo, y terminaba tarde sus labores en el templo ese día. Ese era el día más difícil, de más trabajo para el sumo sacerdote, pero era el día más importante para el pueblo hebreo y para el sumo sacerdote también. Y tenía que hacer bien las cosas; porque de otra forma, al entrar al lugar santísimo, moría si las hacía mal. Los dos hijos de Aarón entraron al lugar santísimo con fuego extraño y murieron allí.

Ahora, el sumo sacerdote usaba en la parte de abajo —diríamos, en la parte del ruedo de su vestidura— unas campanillas; y las personas oían esas campanillas cuando el sacerdote estaba entrando (aunque ellos no estaban allí, dentro, pero se oían esas campanillas); y, mientras esas campanillas se escuchaban, el sacerdote estaba vivo.

Y cuando terminaba sus labores y venía saliendo, se conocía entonces que Dios había aceptado el sacrificio. Y cuando salía, ese era un momento de júbilo, era momento de jubileo, porque el pueblo había sido reconciliado con Dios en ese momento: todos sus pecados habían sido perdonados y había sido reconciliado con Dios.

Si eso no ocurría, el juicio divino caía sobre el pueblo hebreo; y no podían ir a ofrecer otro sacrificio hasta el próximo año en esa misma fecha.

O sea que era tan importante para el pueblo hebreo, ese día de la expiación, que tenían que tomar mucho cuidado, tanto el sumo sacerdote como los demás sacerdotes, para que todo fuera hecho en la forma ordenada por Dios.

Y ahora, Cristo, nuestro amado Salvador, desde que murió, resucitó y ascendió al Cielo, ha estado haciendo esa labor en el Cielo, en el Templo de Dios, en el Lugar Santísimo. Esa es la labor que Cristo ha estado haciendo.

Y Él, cuando haya terminado de hacer intercesión hasta por el último de los escogidos de Dios, de los hijos de Abraham del Cielo, del Israel celestial, cuando haya terminado esa labor: Cristo saldrá del Trono de Intercesión.

Y así como el sumo sacerdote se cambiaba de vestidura… pues él hacía la intercesión allá, entraba al lugar santísimo con las vestiduras de lino; pero luego, cuando salía, se bañaba en el lugar donde tenían asignado para eso, y luego se colocaba las vestiduras doradas. Con esas vestiduras doradas él era reconocido en medio del pueblo hebreo como “el novio”.

Miren lo importante que es el simbolismo que hay allá en el sumo sacerdote, porque Cristo es el Sumo Sacerdote del Orden de Melquisedec del Templo que está en el Cielo; y todo lo que Cristo iba a hacer en Su labor como Sumo Sacerdote del Templo que está en el Cielo, al venir a la Tierra, morir y luego ascender al Cielo, para llevar al Cielo el Sacrificio…

Miren, ¿dónde se ofrecía el sacrificio?, ¿dónde mataban al cordero? En el atrio; y luego su sangre la llevaban al lugar santísimo.

Y Dios está haciendo, creando, un Templo; y de Adán hasta Cristo se vivió en el tiempo del Atrio. Y fue en ese tiempo del Atrio en donde Cristo murió; y murió fuera de Jerusalén, fuera de los muros de Jerusalén: murió allá en el monte de la Calavera, en donde fue crucificado4.

Y, miren ustedes, así como el macho cabrío era sacrificado en el atrio, fuera del lugar santo; y luego su sangre era llevada al lugar santísimo.

Y ahora, Cristo, vean ustedes, murió en esa etapa del Templo de Dios para ir con Su Sangre al Cielo, al Lugar Santísimo, que es la séptima dimensión. Él murió en esta dimensión terrenal, que es la parte del Atrio; y luego el Lugar Santo, pues, es la sexta dimensión.

Y ahora, encontramos que Cristo estando en el Lugar Santísimo, en el Templo de Dios en el Cielo, con Su propia Sangre, ofreciéndola allí como Sumo Sacerdote del Orden de Melquisedec, está haciendo exactamente lo que el sumo sacerdote del pueblo hebreo hacía en el templo que construyó Moisés y en el templo que construyó el rey Salomón.

Esto era lo que Aarón hacía, y también lo que los demás sumos sacerdotes hacían, porque tenía que ser un sumo sacerdote. Como también al Cielo, al Templo que está en el Cielo: solamente el Sumo Sacerdote entraría al Lugar Santísimo con la Sangre del Cordero de Dios, o sea, la Sangre de Jesucristo. Y Cristo, como Sumo Sacerdote, llevó Su propia Sangre; la propia Sangre Suya, de Su cuerpo físico, el cual fue crucificado, y derramó Su Sangre allí en la Cruz del Calvario.

Nadie más podía efectuar esa labor. Por lo tanto, la raza humana no podía ser reconciliada con Dios, ningún ser humano, si Cristo no venía a la Tierra; y Él vino:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna (para que sea reconciliado con Dios)5.

Y ahora, vean por qué fue tan importante Su Venida y Su muerte en el tiempo señalado por Dios; no podía ser en otro tiempo. Trataron de matarlo en diferentes ocasiones, y Él evadió esa situación, porque Él tenía que morir en el tiempo señalado por Dios.

Así como el macho cabrío de la expiación tiene que morir el día 10 del mes séptimo, a la hora señalada por Dios; eso era así cada año, representando la muerte de Cristo en el tiempo asignado por Dios.

Como también el cordero pascual que murió: cada cordero que murió allí en Egipto, para la salida del pueblo hebreo de Egipto, tuvo que morir en la víspera de la Pascua, que fue el día 14 del mes primero, del mes de Abib o mes de Nisán; primer mes del calendario religioso del pueblo hebreo, porque de ahí en adelante Dios le dijo que ese sería el primer mes del año, del año religioso del pueblo hebreo6.

Y ahora, vean cómo todos estos tipos y figuras de esos sacrificios del Antiguo Testamento, Jesucristo los cumplió muriendo en la Cruz del Calvario, para la preservación de la vida de todos los primogénitos de Dios escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero. Sin ese Sacrificio, los primogénitos de Dios tenían que morir; pero con ese Sacrificio efectuado, los primogénitos de Dios obtienen vida eterna.

Y ahora, vean ustedes las palabras dichas:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.

Vean cómo obtenemos vida eterna: es por medio de Jesucristo, al llevar a cabo Su Sacrificio en la Cruz del Calvario; y tenía que ser en el año señalado por Dios y el mes señalado por Dios y día señalado por Dios.

Por eso Cristo, cuando llegó el tiempo en que tenía que morir, tomó nuestros pecados allá en el Getsemaní y sudó como gotas de sangre, o gotas de sangre sudó mientras estaba en agonía7, y de ese momento en adelante se hizo mortal; porque todos nuestros pecados vinieron sobre Cristo: Él los tomó voluntariamente, se hizo pecado por nosotros; y por consiguiente, la paga del pecado es muerte8: se hizo mortal. Y al hacerse mortal, lo tomaron preso, lo juzgaron, lo condenaron y lo pudieron matar.

Cristo decía9: “Nadie me quita la vida; yo la pongo por mí mismo para volverla a tomar”. Y así lo hizo: la puso por nosotros, murió por nosotros; la muerte que nosotros teníamos que recibir, la recibió Él por nuestros pecados, al tomarlos; y ahora Él nos ha dado vida eterna.

Y si nuestro cuerpo terrenal muere, no hay ningún problema: tenemos un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, al cual vamos a vivir hasta que ocurra la resurrección de los muertos en Cristo, y entonces nos levantaremos en un cuerpo eterno y nuevo en la resurrección de los muertos en Cristo; pero si permanecemos vivos hasta que resuciten los muertos en Cristo, cuando los veamos resucitados entonces nosotros seremos transformados, y entonces tendremos un cuerpo igual al de nuestro amado Señor Jesucristo.

Y ahora, para eso Cristo tiene que terminar de llamar y juntar a todos Sus escogidos en este Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular, donde Él llama y junta a Sus escogidos con la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino. Y cuando se complete hasta el último de los escogidos pertenecientes a la Edad de la Piedra Angular, entonces Cristo ha terminado de hacer la reconciliación en el Templo de Dios del Israel celestial; así como se hacía la reconciliación del Israel terrenal en el tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó Salomón.

Y ahora, en este tiempo están siendo llamados y juntados los escogidos de la Edad de la Piedra Angular, que son los últimos escogidos de Dios, con los cuales se completa la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y por eso así como el llamado para cada edad y de cada edad, en el Cuerpo Místico de Cristo, se efectúa en cierto territorio, así también el llamado para la Edad de la Piedra Angular —de los escogidos de Dios— se está efectuando (¿dónde?) en la América Latina y el Caribe; y se está llenando el Cuerpo Místico de Cristo, en la Edad de la Piedra Angular, de latinoamericanos y caribeños; y es coronada la Iglesia de Jesucristo con latinoamericanos y caribeños, y con la manifestación de Cristo, el Ángel del Pacto, en la Edad de la Piedra Angular entre los latinoamericanos y caribeños.

Y ahora, las siete etapas de la Iglesia gentil corresponden al Lugar Santo del Templo espiritual de Cristo; y están representadas —esas siete etapas de la Iglesia de Jesucristo— en el lugar santo del templo que construyó Moisés y del templo que construyó Salomón, y representan el Lugar Santo del Templo que está en el Cielo. Y por eso es que ellos pasan a vivir al Paraíso si sus cuerpos físicos parten.

Y para este tiempo final los que están ordenados para continuar viviendo sin ver muerte y ser transformados en este tiempo final, en este tiempo final estarían (¿dónde?) en la Edad de la Piedra Angular, que es la Edad del Lugar Santísimo del Templo espiritual del Señor Jesucristo.

¿Y dónde estaban los dos querubines con sus alas extendidas? En el lugar santísimo, cubriendo el arca del pacto; donde Dios estaba manifestado en la Columna de Fuego, en medio de los dos querubines de oro. Y ahí es donde son colocados, en la Edad de la Piedra Angular, la Edad del Lugar Santísimo, donde son colocados todos los hijos e hijas de Dios de este tiempo final.

Y miren dónde se hacía la reconciliación por el pueblo hebreo: en el lugar santísimo, en donde Dios estaba sobre el arca del pacto en medio de los dos querubines de oro. Y eso es así allá en el Cielo, ahí es donde se hace la reconciliación de todos los hijos e hijas de Dios con Dios.

Y ahora, en el Templo espiritual de Cristo es donde, para el Día Postrero, cuando Cristo termine toda Su Obra en el Cielo, se reflejará esa reconciliación plenamente: los muertos en Cristo resucitando en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos siendo transformados; y eso mostrará que ya todos los hijos e hijas de Dios están reconciliados completamente, físicamente también.

Ahora, todavía estamos en el cuerpo mortal, corruptible y temporal, pero pronto estaremos con el nuevo cuerpo, como Él lo ha prometido para todos nosotros.

Ahora estamos bajo las alas de los Dos Querubines de Oro, bajo las Alas de Dios; porque Dios, vean ustedes, está en medio de los Dos Querubines de Oro. Por lo tanto, esas alas de los Dos Querubines y esos Dos Querubines son la manifestación, en el Templo espiritual de Cristo, de los Dos Olivos: de Moisés y Elías.

Por eso es que también el rey Salomón (en Primera de Reyes, capítulo 6, verso 23 al 28), él allí construyó, en adición a los dos querubines de oro que estaban sobre el propiciatorio, el rey Salomón construyó allí dos querubines de madera de olivo gigantes, y los cubrió con oro, y los colocó en el lugar santísimo.

Una de las alas de un querubín tocaba la pared allá, y la otra ala llegaba hasta el centro del lugar santísimo; y el otro querubín al otro lado, con su ala de su lado derecho tocaba la pared allá, y con la otra ala tocaba el ala del otro querubín; o sea que se encontraban ahí en el centro. Y bajo las alas de esos dos querubines gigantes estaba el arca del propiciatorio: estaba el arca del pacto con el propiciatorio (que es la tapa del arca), que era de oro puro, con los dos querubines de oro; todo eso estaba bajo las alas de los dos querubines de madera de olivo cubiertos de oro.

Ahora, ¿por qué los hizo de olivo? Porque para el tiempo final los ministerios de los Dos Olivos, que son los ministerios de Moisés y Elías, ¿estarían dónde? Estarían en la Casa de Dios. ¿En qué parte de la Casa de Dios? En el Lugar Santísimo de la Casa de Dios, el Templo espiritual de Cristo. Ahí estarían las alas de los dos querubines de madera de olivo cubiertos de oro; y estarían también los dos querubines de oro sobre el propiciatorio, que son más pequeños, pero que representan la manifestación de Dios en ese ministerio doble de Moisés y Elías, y que representan en el Cielo a Gabriel y a Miguel, que son los Ángeles que están uno a la derecha y el otro a la izquierda. Pero todo eso, vean ustedes, para el Día Postrero se estaría materializando en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Así como en el tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó Salomón: lo que fue colocado allí, en todas esas cosas que fueron construidas, tipificaban las cosas del Templo que está en el Cielo; y el tabernáculo en sí representaba el Templo de Dios que está en el Cielo.

Y ahora, el Templo de Jesucristo, que es Su Iglesia, representa el Templo de Dios que está en el Cielo; y por consiguiente, las cosas que están en el Cielo, en el Templo de Dios, son materializadas ya no en cosas de oro, plata o piedras o madera, sino en seres humanos: en personas y con personas es que Cristo construye ese Nuevo Templo.

Ya no se necesita el templo de Moisés ni el templo de Salomón, sino que lo que se necesita es el Templo del Señor Jesucristo, el cual Él ha estado construyendo; y en este tiempo Él terminará esa construcción, y será dedicado a Dios ese Templo, y Dios morará en toda Su plenitud en ese Templo espiritual, la Iglesia de Jesucristo, en medio de los Dos Querubines de Oro y en medio de las Alas de esos Querubines gigantes de madera de olivo; o sea que habitará en medio de los ministerios de Moisés y Elías. O sea que de en medio de esos ministerios, de en medio de esos ministerios vendrá la manifestación de Dios en toda Su plenitud, y desde ahí le estará hablando al pueblo hebreo; y desde ahí el ministerio de Moisés tomará la Palabra de Dios para el pueblo hebreo y se la dará a conocer al pueblo hebreo.

Muchos han tratado de convertir el pueblo hebreo a Dios; pero son los ministerios de los Ángeles del Hijo del Hombre, los ministerios de Moisés y Elías, los que tienen esa comisión para cumplirla en el Día Postrero.

Son los Ángeles del Hijo del Hombre que llamarán y juntarán a los 144.000 hebreos, 12.000 de cada tribu; como también, antes de eso, juntan y llaman a los escogidos de Dios del Día Postrero en la América Latina y el Caribe, ¿y los colocan dónde? En la Edad de la Piedra Angular.

Es la Voz de Cristo desde el Lugar Santísimo de Su Templo (desde la Edad de la Piedra Angular) llamando y juntando a Sus escogidos. ¿Y desde dónde habla? Del Propiciatorio, de en medio de los Dos Olivos cubiertos de Oro, o sea, de en medio de los ministerios de Moisés y Elías.

Ahora, podemos ver cómo es que la Iglesia de Jesucristo para el Día Postrero estaría bajo las Alas del Omnipotente, las Alas de Dios. Podemos ver cómo para el tercer éxodo Dios tomaría Sus aguiluchos (o sea, Sus polluelos de águila) y los colocaría sobre Sus alas, y los llevaría a la tierra prometida del nuevo cuerpo y a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial.

Ahora podemos ver lo que todo esto representa: Es Cristo, el Águila Mayor, con Sus Alas, los ministerios de Moisés y Elías. Es la Venida del Hijo del Hombre como el Sol de Justicia naciendo, y en Sus Alas trayendo salvación. Sus Alas: los ministerios de los Dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías.

Y para este tiempo final, en las Alas de Águila, un pueblo es traído a la presencia de Dios, al Lugar Santísimo, para ser preparados para ser transformados y raptados en este tiempo final. Y si vamos a ser llevados a la Casa de nuestro Padre celestial, se necesita volar; y para eso se necesitan las Alas de Águila, los ministerios de Moisés y Elías.

Y ahora, veamos lo que nos dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo. En la página 14-A del libro de Citas en español, verso 144, dice:

144 – “Así que hagamos lo que podemos mientras es día y algún día habrá (o sea, habrá o vendrá) un… las alas de un águila blanca bajarán y Él nos llevará”.

¿A dónde nos llevará? A la Cena de la Bodas del Cordero.

Pero antes nos lleva a la Edad de la Piedra Angular: nos coloca en Sus Alas (los ministerios de Moisés y Elías), y nos saca de la séptima edad de la Iglesia gentil o de cualquier otro lugar donde hayan estado los hijos de Dios, y los lleva volando a la Edad de la Piedra Angular; y ese es un rapto.

Es ir a la tierra prometida como edad: la Edad de la Piedra Angular, la edad prometida para el Día Postrero, la Edad Eterna, la edad que representa la eternidad, en donde los hijos de Dios serán transformados y entrarán físicamente a eternidad también.

Y desde ahí después seremos llevados al Cielo, a la Cena de las Bodas del Cordero; y sobre las Alas de Águila, o sea, Jesucristo con los ministerios de Moisés y Elías, nos llevará a la Cena de las Bodas del Cordero. El Hijo del Hombre con Sus Ángeles nos llevará a la Cena de las Bodas del Cordero.

Vamos a ver un poquito aquí: página 51, vamos a ver lo que encontramos aquí:

443 – “Jesús les dio poder. Y Él los protege, Él protegió Hechos 2:38. Él la respalda rectamente allí, ese león. Aquí viene esa rapidez del Evangelio de esta Águila (ahora vean, el Evangelio del Águila, que eso es rápido, vean): ‘Entonces estas obras que yo hago, ustedes harán también. Más que esto harán ustedes’, ¡volar a través del mundo con ello!”.

Vamos a continuar aquí: página 142 también, de este libro de las Citas, dice el verso 1276:

1276 – “Se nos ha prometido otro el cual vendrá volando del desierto. ¡Cuán propio y conveniente es San Lucas 17:30, donde el Hijo del Hombre (Águila) se estará revelando para dejar en ruina todos los otros lugares de adoración tal como (y enumera ahí los demás lugares)…!”.

Ahora vean ustedes cómo el Águila volando viene en el Día Postrero, el Hijo del Hombre con Sus Ángeles viene en el Día Postrero.

Vamos a continuar en la página 143, vamos a ver dónde encontramos aquí esta Águila volando… 145, vamos a buscar 145, donde dice… verso 1291 dice:

1291 – “Ellos estaban comiendo, bebiendo, casándose y dándose en casamiento (o sea, eso es como los días de Noé y como los días de Lot, lo que citó Cristo, lo que dijo Cristo). ‘Y como fue en los días de Lot, así será en las horas que el Hijo del Hombre será revelado en el mundo’. No Hijo de Dios más. Hijo del Hombre vuelto como el Mensaje profético para los postreros días, cuando ese águila estará volando…”.

El Hijo del Hombre. O sea, la manifestación del Hijo del Hombre es la manifestación de Jesucristo como el Águila con Sus Alas (los ministerios de Moisés y Elías) volando en el campo espiritual en medio de Su Iglesia, y llevando a Sus polluelos, a Sus aguiluchos; llevándolos primero a la Edad de la Piedra Angular, y después los llevará a la Casa de nuestro Padre celestial, a la Cena de las Bodas del Cordero.

De la Edad de la Piedra Angular es el lugar de donde iremos volando con el nuevo cuerpo a la Casa de nuestro Padre celestial: es en la Edad de la Piedra Angular donde ocurrirá la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos; porque ahí estará Jesucristo, el que libertó al pueblo hebreo, el Águila Mayor, con Sus Alas: los ministerios de Moisés y Elías manifestados en el Día Postrero por medio de Su Ángel Mensajero, para llamar y juntar a Sus escogidos, traerlos en las Alas de águilas, en los ministerios de Moisés y Elías, y luego recibir la fe para ser transformados y raptados, y luego ser llevados a la Casa de nuestro Padre celestial.

Iremos con Jesucristo, el Águila Mayor, con Sus Alas, los ministerios de Moisés y Elías, a la Casa de nuestro Padre celestial.

Por eso es que dijo, en la lectura que tuvimos en la página 14-A, verso 144: “Y las alas de un águila bajarán, de un águila blanca bajarán, y Él nos llevará”.

Y ahora, vamos a ver la página 167 de este mismo libro de Citas, verso 1494; dice…

Esto fue cuando él recibió la revelación de que ya había sido sanado, luego de pasar tantos años enfermo; y ahora, en el año 1965, que fue el año en que él partió… Él partió en el mes de diciembre, el 24 de diciembre; y aquí, el 28 de noviembre de 196510, él está glorificando a Dios y dándole gracias porque había sido sanado en esos días. O sea que menos de un mes antes de irse fue sanado.

¿Y saben ustedes una cosa? De 30 a 40 días antes de nosotros irnos de aquí a la Casa de nuestro Padre celestial, a la Cena de las Bodas del Cordero, nosotros recibiremos la sanidad física total, o sea, la transformación de nuestro cuerpo. Y después de dos mil años que la Iglesia de Jesucristo ha estado aquí en la Tierra en estos cuerpos mortales, ahora cuando se va a ir es que recibe el cuerpo nuevo; lo recibirá, recibirá el cuerpo nuevo, de 30 a 40 días antes de irse de esta Tierra.

Antes de eso, hemos estado viviendo en estos cuerpos mortales, corruptibles, y que en muchas ocasiones se nos enferma, y hay que estar ayudándolos en alguna forma para que sigan adelante estos cuerpos, porque es el que tenemos; y como no tenemos el otro todavía, pues tenemos que continuar en este cuerpo.

Como el que tiene un carrito viejo, que tiene que cuidarlo; y si no tiene para otro, y si no le ha llegado el nuevo, tiene que cuidar ese, porque si no, se queda a pie, y no puede entonces caminar para ningún sitio en automóvil, en su auto, porque se le terminó.

Y así sucede con el que no cuida su cuerpo, que algunas veces se le echa a perder, se muere, y ya no puede caminar más en esta Tierra. Si es un escogido, tiene que irse al Paraíso a vivir; y si no es un escogido, entonces se va a la quinta dimensión a vivir, y allí pasará todo el Reino Milenial de Cristo, que estará aquí Cristo en la Tierra con Sus escogidos; esa persona lo pasará en la quinta dimensión, sin poder salir de allí, hasta la resurrección general, donde saldrá para ser juzgado por Cristo.

Así que conviene cuidar el cuerpo que Dios nos ha dado: no colocar cosas dañinas en nuestro cuerpo, no tener vicios, vivir vidas apartadas de todo mal y apartados del pecado; porque la paga del pecado es muerte; y por eso es que vienen problemas y enfermedades que producen después la muerte: por causa del pecado que comenzó en el Huerto del Edén; y que cuando las personas no se cuidan y pecan delante de Dios, entonces les vienen muchos problemas, aun de salud, y aun muchos mueren por causa de esos problemas o pecados.

Por eso es que cuando una persona peca, lo primero que tiene que hacer es arrepentirse delante de Dios: confesar su pecado a Cristo sobre Su Sacrificio en la Cruz del Calvario, y echar sus pecados en la Sangre de Cristo, para recibir el perdón de sus pecados y ser limpio de todo pecado. Y hágalo con sinceridad, arrepentido de todo corazón, para que se convierta en una realidad el perdón de sus pecados. Hágalo sinceramente, y obtendrá los resultados. Y siga adelante en su vida, ¡no se detenga! Siga adelante sirviéndole a Cristo, y no se desanime en su vida.

Tenemos una meta, y es ser a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo. Y esa es la meta también que Él tiene con cada uno de ustedes y conmigo también: que todos seamos a Su imagen y semejanza para llevarnos a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, y así repartir los galardones en esa gran fiesta (son para aquellos que han trabajado en la Obra de Cristo); y luego reinaremos con Cristo por mil años en Su glorioso Reino Milenial.

Porque somos reyes y sacerdotes: Él nos ha hecho reyes y sacerdotes al redimirnos con Su Sangre preciosa11. Y vamos a ser adoptados, ser transformados, para poder entonces recibir nuestra herencia, porque somos herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús Señor nuestro12; y heredaremos el Reino de Dios, que estará establecido aquí en la Tierra, y con Cristo reinaremos en ese Reino por mil años y luego por toda la eternidad.

Ahora vamos a leer aquí lo que nos dice… esto fue cuando él fue sanado… página 167, verso 1494, dice:

1494 – “Allí estaba la paloma, sentada allí, mirándome”.

O sea, esto fue en la montaña, cuando él fue; Dios le dijo que fuera allá, y vio…

Primero vio una ardilla, la cual él había visto en otras ocasiones en visiones, que era la que le causaba todo el problema estomacal que él tenía por tantos años (por unos 50 años, 49 años, más o menos); pero siempre Dios le decía en sueños o en visiones: “Solamente mide 6 pulgadas13”.

Y ahora, cuando quedó sanado él recibió la visión; y vio la ardilla que brincó hacía él, pero en esa ocasión no logró entrar por su boca y dio en el pecho; y luego cayó en unos cactus llenos de espinas, y ahí fue traspasada por esas espinas, y murió.

Luego le dice Dios en esa visión, le dice: “Tu enemigo ha muerto” (se acabaron sus problemas entonces); y le dice: “Ve a la montaña”. Y allá en la montaña, cuando subió, vio una ardilla, una ardillita igual a la que él había visto en la visión, que estaba traspasada por las espinas de los cactus: estaba así, encima de los cactus, traspasada por las espinas; y fue la que en visión él vio, la que representaba el problema de salud de nuestro hermano Branham14.

Y ese problema de salud de nuestro hermano Branham, y esa ardillita, representaban los problemas o el problema de la Iglesia del Señor Jesucristo durante todas estas siete etapas de la Iglesia gentil; porque en nuestro hermano Branham Cristo se reflejó y también reflejó a Su Iglesia; por eso es que cada siete años, el año séptimo le llegaban esos problemas.

Y en las leyes que Dios le dio al pueblo hebreo, cada siete años, el año séptimo era el año de descanso para toda la tierra. Por 50 años encontramos que se recorrían esos ciclos; en 49 años hubo 7 años sabáticos de descanso para la tierra, y después llegaba el año 50. Y el año 50 era de reposo para toda la tierra; y era el año de la libertad, en donde los esclavos quedaban libres, y la tierra quedaba libre y regresaba a su dueño original; y cada persona regresaba a su familia y a su herencia.

Tipo y figura del Israel celestial, que en el Año 50, el Año del Jubileo…; porque aquello representa lo que Dios haría: ahí están las siete edades de la Iglesia gentil, en esos 49 años; el año séptimo siempre era de reposo, de descanso para la tierra: ahí están las siete edades de la Iglesia gentil; y luego llegaba el año 50, que representa la Edad de la Piedra Angular.

Estamos en el Año 50 actualizado, el Año del Jubileo actualizado, en la Edad de la Piedra Angular, el Año de la Liberación; en donde los hijos de Dios serán libertados, en donde los hijos de Dios volverán a tener cuerpos eternos: los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seremos transformados.

Y ahora, todo eso está sellado en el Programa Divino, en la Edad de la Piedra Angular; y a medida que va pasando el tiempo, cada parte del Programa de Dios va siendo abierta, va siendo cumplida, y se va materializando lo que Dios tiene en Su Programa señalado para este tiempo final, para la Edad de la Piedra Angular.

Y ahora, vemos cómo en nuestro hermano Branham se reflejaron las siete edades de la Iglesia gentil y también se reflejó el año del jubileo.

Ahora, nuestro hermano Branham se dio cuenta de que cada siete años, el año séptimo, era que le sucedía ese problema; y luego, cuando llega el año 50 de su vida… Ya en el año 49 de su vida, pues había tenido los problemas de salud que siempre le llegaban cada siete años, el año séptimo; pero luego llega el año 50, comienza bien; el año 51 de su vida, sigue bien…

Vean, vamos a ver, vamos a contar bien: el año 50 estaba bien… Siempre estaba bien por seis años, y el año séptimo era que venía el problema. El año 50, lo más bien (el año 50 representa jubileo); el año 51, lo más bien; el año 52, lo más bien; el año 53, bien; el año 54, bien; el año 55 de su vida, bien; y el año 56, bien también; y era el año séptimo, donde tenían que venirle los problemas, y los pasó bien. Y entonces se da cuenta que ya su problema de salud había terminado. Y Dios le dice: “Tu enemigo ha muerto”.

Y su enemigo, representado en aquella ardillita mala, que siempre en las visiones que tenía, cuando él raspaba el árbol con un pedazo de madera (con un gancho) salía esa ardillita de la cueva del árbol (porque las ardillas hacen cuevas así en los árboles); y salía, brincaba, y le caía en la boca, y le entraba por todo su estómago, y le destruía todo por dentro.

Pero miren, se estaba reflejando el problema de cada edad de la Iglesia de Jesucristo en su vientre, en su interior, los problemas que tenía; por lo cual la bendición de Dios después la perdía la Iglesia en cada edad, cuando se iba el mensajero de cada edad (Y ahora…); vean ustedes, y entraba (¿qué?) el enemigo de Dios y destruía todo eso que la Iglesia había obtenido.

Y ahora, para el año 50 de su vida, 51, 52, 53, 54, 55 y 56, no hubo ningún problema. En el año 56 de su vida era que tenía que venir el problema, porque ese era el ciclo número siete, donde tenía que venir el problema; y no vino el problema, y descubre que ya está bien. No le ha llegado el problema, y Dios le dice que estaba sanado. Y se lo muestra luego en la visión de nuevo, en la visión con la ardilla mala. Y la ardilla falló y no cayó en su boca, no entró a su boca; por lo tanto, no le pudo hacer daño dentro.

Tipo y figura de la Edad de la Piedra Angular, donde el enemigo no le podrá hacer daño a la Iglesia de Jesucristo, porque la Iglesia de Jesucristo recibe completa sanidad espiritual y física; y seremos transformados, y el enemigo no podrá hacerles daño a los hijos e hijas de Dios.

Ahora, eso será pocos días antes de irnos nosotros, que seremos transformados y los muertos en Cristo resucitados; de 30 a 40 días antes.

Ahora, nuestro hermano Branham fue sanado, ya estaba sanado; todo el año 56 de su vida estaba sanado, pero él no se había dado cuenta.

Ahora, vean ustedes lo que él nos habla aquí ahora. Dice:

1494 – “Allí estaba la paloma, sentada allí, mirándome”.

Después que él vio la ardillita y todo muerta, miró y vio una paloma blanca con su pico dorado, color oro, y sus patitas también color oro…

La mamá de nuestro hermano Branham había visto seis palomitas blancas que venían a donde el hermano Branham y se colocaban sobre su pecho, en una ocasión en donde nuestro hermano Branham estaba muy enfermo. Cuando venían, venían formando la “S”: se colocaban en su pecho, cantaban en su pecho; y después se iban y formaban la “S” de nuevo. O sea, ahí tenemos dos “S”: una cuando llegan y otra cuando se van15.

Luego, el hermano Branham supo que cuando él viera la séptima paloma, porque había visto solamente seis la mamá de él… Y ahora, cuando vio la séptima paloma, estaba sanado. Y ahí encontramos lo que él nos narra aquí, de esto es que nos está hablando aquí; dice:

“Estuve alrededor, pensé: ‘Seguramente es una visión’”.

O sea, se colocaba los dedos en los ojos, de seguro, para ver si era una visión; pero no era una visión: era algo real. Era una palomita allí, que estaba ya fuera – ya sea que Dios la creó y la colocó allí, o que una paloma o palomita de la sexta dimensión se materializó allí, o que alguna palomita de acá de la Tierra estuvo representando, estuvo allí en representación, para dar a conocer que ya nuestro hermano Branham estaba sanado; y al verla, él supo que estaba sanado. Ahora, sigue diciendo:

“‘Seguramente es una visión’. Volví mi cabeza, miré hacia atrás, y allí estaba sentada (o sea, estaba allí paradita); esas pequeñas alas blancas, justo tan nerviosa como podía ser; sus pequeños pies (o patitas) amarillos; y pequeño pico amarillo; sentada allí, mirándome. Estaba mirándome directo al oeste. Anduve alrededor de ella así, no la tocaría por nada. Seguí subiendo la senda; miré hacia atrás, y allí estaba todavía, mirándome. Hermano, como un hijo de Abraham, no considero lo que el médico me dijo; ¡voy a estar bien de todos modos!”.

Porque el médico le había dicho que nunca en su vida podría recuperarse, que eso él lo llevaría por toda su vida; porque él era un hombre mestizo; porque su padre era irlandés y su madre venía de los indios de Norteamérica, estaba mezclada con los indios; y entonces él tenía una mezcla de indio con irlandés, lo cual le causaba todos esos problemas, según le dijo el médico.

Pero, por cuanto todo obra para bien, vean ustedes, lo que Dios hacía en todo eso era reflejando a la Iglesia de Jesucristo en sus diferentes etapas; y él no se daba cuenta. Así como él sufrió, la Iglesia de Jesucristo ha sufrido por todas esas siete etapas por las cuales ha pasado durante esas siete edades de la Iglesia gentil.

Y ahora, continuamos, dice:

“… ¡(yo) voy a estar bien de todos modos!”.

¡Y la Iglesia del Señor Jesucristo también! Y eso es en ese ciclo divino en donde siempre ocurría el problema: para la Edad de la Piedra Angular no ocurrirá.

El problema en donde perdían el avivamiento en cada edad, porque el enemigo se metía y dañaba todo, ¡en la Edad de la Piedra Angular no ocurrirá! ¡La Iglesia de Jesucristo continuará con ese avivamiento, y los muertos en Cristo van a ser resucitados en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos vamos a ser transformados!

Antes de irnos de aquí, recibiremos esa sanidad total; sanidad total porque recibiremos un cuerpo eterno que nunca más se enfermará, ni morirá, ni se pondrá viejo; jovencito para toda la eternidad estará ese cuerpo.

“El tercer día volví, estaba subiendo. Y muchos de ustedes saben la visión sobre el jefe indio cabalgando ese pequeño muro al oeste. Algo me atrajo fuera a una roca grande…”.

Ahora, vean, una visión de un jefe indio cabalgando, eso es muy importante; porque esto representa a Apocalipsis, capítulo 19, el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19. Dice:

“Algo me atrajo afuera a una roca grande, cerca del mediodía, dijo: ‘Pon tus manos contra eso y ora (o sea, ‘contra eso’, o sea, sobre la roca, y ora)’”.

Era una roca gigante, por lo tanto él se recostó con las manos y el pecho sobre la roca; estaba sudando y estaba sin camisa. Dice:

“‘Pon tus manos contra eso (o sea, sobre eso) y ora’. Dios en el Cielo sabe que esto es verdad. Puse mis manos contra la roca, miré hacia arriba hacia el Cielo y comencé a orar, y oí una voz viniendo fuera de la cima de las rocas allí, y dijo: ‘¿Contra qué estás apoyándote, sobre tu corazón? (o sea, ‘¿Contra qué estás apoyando tu corazón?’)’. Y me levanté atrás así, mis hombros desnudos; desnudo de mi cintura para arriba, caliente (o sea, por calor, sudando). Miré hacia atrás. Y allí estaba escrito en la piedra: ‘Águila Blanca’; justo exactamente lo que la visión dijo por la cual el próximo Mensaje vendrá”.

El próximo Mensaje vendrá (¿cómo?) por “Águila Blanca”. Luego de la séptima edad de la Iglesia gentil, el Mensaje para la Edad de la Piedra Angular vendrá por el Águila Blanca: el Águila que vendrá y nos llevará en Sus Alas a la Casa de nuestro Padre celestial; pero primero nos lleva en Sus Alas a la Edad de la Piedra Angular.

“Yo estaba tan excitado, corrí a la casa; obtuve una cámara y volví el próximo día, y saqué la foto de ello. Estaba allí todavía escrito en la roca: ‘Águila Blanca’. (Paloma guiando a Águila)”.

Ahora pueden ver cómo, aun en esas cosas sencillas, Dios estuvo revelándole todos estos misterios correspondientes a este tiempo final.

¿Y dónde estaba escrito el nombre “Águila Blanca”? En la roca, en la roca de esa montaña; en esa roca, en esa peña, estaba escrito “Águila Blanca”.

Y ahora, el Nombre Nuevo del Señor Jesucristo, el Nombre de Dios y Nombre Nuevo de Jesucristo, ¿dónde es que viene escrito? En esa Piedrecita blanca que viene con un nombre nuevo; en esa Piedra no cortada de manos, que es una Piedra del Monte de Dios que es cortada en el Día Postrero. Es esa Piedra la Segunda Venida de Cristo; es la Venida del Águila Blanca con Sus Alas: los ministerios de Moisés y Elías, manifestándolos para llevar a Sus hijos a la Casa de nuestro Padre celestial.

Y ahora, este jefe indio, con toda esta vestimenta de jefe indio, montado en un caballo militar grande y blanco, es la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, la Venida del Verbo, del Ángel del Pacto, es la Venida del Águila Blanca.

Y ahora, vean ustedes, los indios y los jefes indios se colocaban nombres: algunos se colocaban por nombre “Nube Blanca”, otros se colocaban “Águila Blanca”, y así por el estilo. Y ahora, esta Águila Blanca es el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19; es el Jinete ese Jefe indio que viene en ese caballo blanco, es el Jinete que está prometido para recorrer este camino una vez más.

Y ahora, todo esto fue reflejado en nuestro hermano Branham; como también fue reflejado en José, el hijo de Jacob, el cual reflejó la Primera Venida de Cristo y también la Segunda Venida de Cristo.

Y ahora, en la página 166 del libro de Citas, verso 1485, dice:

1485 – “Ahora, yo estaba poniéndome bastante viejo y pensé: ‘¿Habrá otro avivamiento, veré otro tiempo?’”.

O sea, otro avivamiento: “¿Habrá otro avivamiento?”. Para que haya otro avivamiento, tiene que haber otra edad y tiene que venir un mensajero con un Mensaje.

Ahora, estando acá dice: “¿Habrá otro avivamiento?”. Pues claro que lo habrá: será en la Edad de la Piedra Angular. ¿Y qué causará ese avivamiento? Los Siete Truenos de Apocalipsis, capítulo 10, son los que dan ese avivamiento.

Vamos a ver aquí en el libro de Los Sellos; 212 del libro de Los Sellos dice:

“[104]. La Novia todavía no ha tenido un avivamiento; todavía no ha habido allí ningún avivamiento, ninguna manifestación de Dios para sacudir a la Novia. Estamos esperando eso. Se necesitarán esos Siete Truenos misteriosos para despertarla. Él los mandará, lo ha prometido”.

¿Habrá o no habrá un avivamiento para la Iglesia de Jesucristo, para la Novia de Jesucristo? Claro que lo habrá. ¿Y qué producirá ese avivamiento? Los Siete Truenos de Apocalipsis, capítulo 10, que es la Voz de Cristo en Su Venida, la Voz del Ángel del Pacto; la Voz del Ángel de Jehová descendiendo del Cielo en Apocalipsis, capítulo 10, y clamando como cuando un león ruge y siete truenos emitiendo sus voces.

Esa es la Voz de Cristo: la Voz de los Siete Truenos de Apocalipsis 10, revelando el misterio del Séptimo Sello, revelando el misterio de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, en Su Obra de Reclamo.

Y eso es lo que trae el avivamiento, el despertamiento, a la Iglesia de Jesucristo en la Edad de la Piedra Angular, y el llamado de todos los escogidos de Dios y recogimiento de ellos en la Edad de la Piedra Angular; como hubo un avivamiento y un recogimiento de escogidos en cada edad por medio de la manifestación de Cristo a través del ángel mensajero de cada una de las edades.

Y ahora, por medio de la manifestación de Cristo, el Ángel del Pacto, a través de Su Ángel Mensajero, Él clama como cuando ruge un león y los siete truenos emiten sus voces; o sea, la Voz de Cristo habla y revela el misterio del Séptimo Sello, revela el misterio de Su Segunda Venida en la Edad de la Piedra Angular.

Y con ese Mensaje son llamados y juntados todos los escogidos de Dios; y cuando llega a una persona que tiene su nombre escrito en el Libro de la Vida del Cordero, se le abre el entendimiento y dice: “Esto yo lo entiendo. Esto era lo que yo estaba esperando”: La Voz de Cristo, la Voz del León de la tribu de Judá, clamando como cuando ruge un león y los siete truenos emitiendo sus voces, y revelándonos el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles; el misterio de la Venida del Señor para este tiempo final, que es la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová; del Ángel que era diferente a los demás, el cual se encuentra aquí, en esta nube formada por ángeles en febrero 28 de 1963.

Ahora vean cómo es una promesa que habrá otro avivamiento; y no puede ser ya en ninguna de estas siete edades ni con ninguno de los siete ángeles mensajeros, sino en la Edad de la Piedra Angular con el Ángel del Señor Jesucristo, que es el Ángel para la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino.

Y ahora, veamos lo que a continuación dice:

“‘¿Habrá otro avivamiento, veré otro tiempo?’. Y sólo recuerden, del Oeste…”.

¿Cuál es el oeste? El continente americano.

Y ya en el continente americano, en Norteamérica, se cumplió la séptima edad de la Iglesia gentil y hubo un avivamiento: el avivamiento de la séptima edad de la Iglesia gentil.

Y ahora, para el continente americano habrá un avivamiento para la etapa de la Edad de la Piedra Angular; pero ya no puede ser para ninguna de las edades pasadas, por lo tanto tampoco para los territorios de las edades pasadas; tiene que ser para el territorio latinoamericano y caribeño, que es lo que queda del continente americano, que es lo que queda del oeste de la Tierra.

Y ahora, ahí es donde este despertamiento es manifestado, en donde los Truenos emiten sus voces y produce el avivamiento del Día Postrero, y son llamados y juntados todos los escogidos de Dios.

Y ahora vean cómo es producido este despertamiento:

“… del Oeste vendrá un jinete en un caballo blanco. Cabalgaremos esta senda otra vez (ese es el Jefe indio, ese es “Águila Blanca” que viene, ese es el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que viene en el Día Postrero). Eso es correcto. Tan pronto como estemos preparados (o sea, como estemos listos). ¿Ven ustedes? Es una promesa”.

Y si es una promesa pues tiene que estar en la Biblia, tiene que estar en la Biblia profetizada; y eso está profetizado desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo Testamento.

Y ahora, en el Nuevo Testamento, en Apocalipsis, capítulo 19, está esa promesa de un Jinete viniendo en un caballo blanco.

Es el mismo Jinete de Isaías, capítulo 63. En Isaías, capítulo 63, está ese Jinete, está ese personaje; dice:

“¿Quién es este que viene de Edom, de Bosra, con vestidos rojos? ¿este hermoso en su vestido, que marcha en la grandeza de su poder? Yo, el que hablo en justicia, grande para salvar.

¿Por qué es rojo tu vestido, y tus ropas como del que ha pisado en lagar?

He pisado yo solo el lagar, y de los pueblos nadie había conmigo; los pisé con mi ira, y los hollé con mi furor; y su sangre salpicó mis vestidos, y manché todas mis ropas.

Porque el día de la venganza está en mi corazón, y el año de mis redimidos ha llegado”.

“El año de mis redimidos”, que es el Año del Jubileo, vean ustedes cómo dice: “ha llegado”. Cuando llegue ese ciclo divino, Él aparece manifestado aquí, este Jinete, con Sus vestidos manchados así. Dice:

“Miré, y no había quien ayudara, y me maravillé que no hubiera quien sustentase; y me salvó mi brazo, y me sostuvo mi ira.

Y con mi ira hollé los pueblos, y los embriagué en mi furor, y derramé en tierra su sangre”.

Y eso es lo mismo de Apocalipsis 19, donde nos dice… Vamos a leer una partecita aquí, donde nos dice… Capítulo 19, verso 14 en adelante, dice:

“Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos.

De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso”.

Y en el capítulo 63, ¿quién es el que pisa el lagar de la ira del Dios Todopoderoso? Dice:

“He pisado yo solo el lagar, y de los pueblos nadie había conmigo; los pisé con mi ira, y los hollé con mi furor; y su sangre salpicó mis vestidos, y manché todas mis ropas”.

Y en Apocalipsis, vean ustedes, aquí dice que es Él, el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19; y en Su vestidura… Dice:

“… y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso.

Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores”.

Por eso es representado en un jefe indio viniendo en un caballo blanco. ¿Por qué? Porque un jefe indio es un rey, el rey de su pueblo.

Y ahora, en el capítulo 19, verso 19, dice:

“Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército”.

Y si continuamos leyendo podemos ver la gran victoria que obtiene este Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19 en contra de la bestia y en contra de los diez reyes que le darán su poder y su autoridad a la bestia.

Y ahora, vayamos aquí… Ya vimos que es el Jefe indio viniendo sobre un caballo blanco, representando ese jefe indio en un caballo blanco al Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19; y es también “Águila Blanca”, el Espíritu Santo, el cual vino en forma de paloma sobre Jesús, se representó en una paloma; ahora se representa en el águila, Cristo, el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, viniendo en el Día Postrero.

Y ahora, es…, así como fue Paloma guiando al Cordero, es el Águila guiando al León de la tribu de Judá. El Espíritu Santo viene en el Día Postrero como el Águila, como Águila, para manifestarse sobre el cumplimiento de la Venida del León de la tribu de Judá.

Y esto será conforme a la página 256 del libro de Los Sellos en español, donde dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo, hablando del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Eso es el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19. Eso es la Venida de Jesucristo, el Ángel del Pacto, como Rey de reyes y Señor de señores; porque tiene escrito en Su muslo y en Su vestidura: “Rey de reyes y Señor de señores”. Es la Venida del Verbo, el cual se hizo carne dos mil años atrás y lo conocimos por el nombre de Jesús.

Y ahora para el Día Postrero viene con un nombre nuevo en Su manifestación del Día Postrero; viniendo el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el Ángel que era diferente a los demás (el cual aparece en esta nube), viniendo en carne humana, manifestado en Su Ángel Mensajero; y viene como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores; y viene el Espíritu Santo en la manifestación del Águila para este tiempo final.

Y Jesucristo, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, viniendo como el Águila con Sus dos poderosas alas: los ministerios de los Dos Olivos, los ministerios de Moisés y de Elías, llevará a Sus hijos en el tercer éxodo a la Edad de la Piedra Angular, y luego a la Casa de nuestro Padre celestial, y después nos llevará al glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo.

O sea que con la Venida de Cristo, el Ángel del Pacto, el Águila Blanca, viniendo con los ministerios de Moisés y Elías, el Hijo del Hombre viniendo con Sus Ángeles, los ministerios de Moisés y Elías, es que lleva a Sus hijos a la Edad de la Piedra Angular, y después los lleva a la Cena de las Bodas del Cordero; y después nos trae a la Tierra de nuevo, al glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo.

Y eso es en el tercer éxodo, el cual, vean ustedes, tiene una fase espiritual; y luego la fase literal, que es llevándonos a la tierra prometida del nuevo cuerpo y a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo.

Ahora, la Iglesia de Jesucristo para el Día Postrero estaría volando sobre las Alas del Águila, de Jesucristo, el Águila Mayor, Jesucristo; y así volaríamos a las alturas de la Edad de la Piedra Angular: a la altura en que ninguna otra persona podrá volar y ninguna otra persona ha volado en las edades pasadas. Es una edad celestial.

Y ahora, por cuanto Jesucristo es el Águila Mayor, Dios es el Águila que llevó al pueblo hebreo volando por el desierto hasta la tierra prometida; para manifestarse como el Águila tuvo que tener un profeta, un hombre, a través del cual tener esa manifestación; porque los profetas de Dios son representados en águilas, como también Dios se representa en Águila.

Y ahora, veamos en la página 301 y 302 del libro de Los Sellos en español lo que nos dice aquí Dios por medio del precursor de la Segunda Venida de Cristo. Dios tiene que tener un águila, un profeta en este tiempo, para Dios manifestarse como el Águila Mayor y manifestar los ministerios de Sus Alas, que son los ministerios de Moisés y de Elías.

Dice el precursor hablando del Ángel del Señor Jesucristo, que le dio a Juan el apóstol la revelación del Apocalipsis, dice, en la página 301 y 302 del libro de Los Sellos en español:

“106. Noten bien: En el tiempo cuando Dios iba a librar al mundo antes del diluvio, Él mandó un águila (¿Quién fue esa águila, ese águila? Noé). Cuando decidió librar a Israel, también mandó un águila (¿Quién fue? Moisés). ¿No cree usted que cuando Juan estaba en la Isla de Patmos, este Mensaje era tan perfecto que aun no podía ser confiado a un ángel? Ahora, un ángel es un mensajero, pero ¿sabía usted que aquel mensajero era un profeta? ¿Lo creen? Vamos a probarlo. Veamos Apocalipsis 22:9 para ver si no fue un águila (¿Por qué? Porque ese Ángel del Señor Jesucristo es un águila, o sea, un profeta; y un profeta dispensacional). Él era un ángel, un mensajero, pero era un profeta, el cual reveló a Juan completamente este libro de Apocalipsis. Ahora veamos lo que Juan vio:

‘Yo Juan soy el que ha oído y visto estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar delante de los pies del ángel que me mostraba estas cosas.

Y él (el ángel) me dijo: Mira que no lo hagas (ningún verdadero profeta recibirá adoración, o mensajero alguno): porque yo soy siervo contigo, y con tus hermanos los profetas, y con los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios’.

Apocalipsis 22:8-9.

107. Ahora, el Libro era tan importante, y es la Palabra de Dios. ¡Cuidado! Cuando la palabra de Dios es revelada, tiene que ser traída por el profeta, porque solamente a él llega la Palabra de Dios”.

Cuando Dios ha prometido que dará una revelación a Su pueblo en una edad o en una dispensación, pues las personas tienen que estar esperando un profeta; porque la Palabra viene al profeta, es revelada al profeta, y es dada la revelación de Dios al pueblo por medio de ese profeta, por medio de ese águila que Dios envía.

Así como Dios se representa en un águila, Dios representa a Sus profetas en águilas también. ¿Y qué del resto de los hijos de Dios? Aguiluchos. ¿No dice…? Vamos a ver, eso está en Isaías. En Isaías nos habla acerca de nosotros como aguiluchos; y nos dice que como el águila seremos rejuvenecidos; y como el águila levantaremos vuelo, volaremos.

Vamos a ver dónde lo tenemos por aquí escrito, en algún lugar; vamos a ver dónde lo tengo por aquí escrito. Eso está en Isaías 40, verso 31; vamos a ver lo que dice ahí. Isaías 40, verso 31, dice… Vamos a ver un poquito antes… Verso 28 al 31, del capítulo 40 de Isaías, dice:

“¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance.

Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.

Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen;

pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”.

Pues en el nuevo cuerpo no tendremos cansancio, no tendremos fatiga, y volaremos a la Cena de las Bodas del Cordero; y tendremos un cuerpo interdimensional.

Vean, Jesús no necesitó tener dos alas literales para volar de aquí de la Tierra al Cielo, e ir a la Casa de nuestro Padre celestial en el Cielo, al Templo de Dios, al Lugar Santísimo, para hacer Intercesión. Dice que, estando con Sus discípulos, una nube lo cubrió y se lo llevó y lo quitó de la vista de los discípulos16. ¿Y fue a dónde? A la séptima dimensión, al Templo de Dios en el Cielo, al Lugar Santísimo.

Porque en ese cuerpo glorificado no hay limitaciones; en ese cuerpo glorificado podremos viajar a otras dimensiones sin necesidad de un avión o de un cohete. Si se llega a necesitar un cohete o un avión, ¿qué hubiera sido de Jesús? No hubiera podido ir a la Casa de nuestro Padre celestial; pero Él fue llevado al Cielo, sin necesidad de estos instrumentos humanos. Dios tiene Su forma.

El profeta Elías fue llevado en un carro de fuego, en un torbellino, de aquí de la Tierra. ¿Ven? No necesitó ir a un aeropuerto (para aquellos días tampoco los hubo). Así que si se tenía que ir, ser arrebatado al Cielo, y necesitaba un avión, tenía que esperar hasta este tiempo final para ir a un aeropuerto e ir al Cielo. Pero ninguno de los aviones ni de los cohetes llega a la Casa de nuestro Padre celestial; solamente viajan por el aire, y van a ciertos lugares, y después regresan. Y nos llevan a diferentes países, lo cual está bueno; porque es mejor volar, ir volando a un lugar, que ir en un burrito viajando…

Fíjense ustedes, si les toca ir de aquí a Ciudad México en un burrito, y después regresar en ese burrito… A lo mejor tiene que cambiar el burrito allá, porque el burrito después no va a querer volver; por allá quizás se muere el burrito y tiene que comprar otro. Le sale más caro el viaje que si fuera en un avión; porque un burrito de seguro vale más que un boleto de aquí a Ciudad México. Y si necesita uno para ir y el otro para regresar, entonces le va a salir más caro; aun, solamente con un burrito, le sale más caro el viaje que si fuera en avión.

Ahora, ¿de dónde sacaron esto de los aviones? Bueno, lo sacaron de la Biblia; de la Biblia sacaron esto de los aviones. En el capítulo 40, verso 31, ahí dice: “… levantarán alas como las águilas”. ¿Ve? Ahí vuelan como las águilas. Por eso a los aviones les pusieron alas también; aunque no se mueven, pero son alas para mantener el balance. Por eso las aves también tienen sus alas, las águilas, y mantienen su balance también. Y los ministerios de Moisés y Elías mantienen el balance en este tiempo final, en la Venida del Hijo del Hombre con Sus Alas, con Sus Ángeles, en este tiempo final.

Y ahora, en el Salmo 103 y verso 5, también nos habla algo muy importante, lo cual no podemos dejar pasar por alto, porque es para nosotros:

“El que sacia de bien tu boca

De modo que te rejuvenezcas como el águila”.

“Sacia de bien tu boca (¿para qué?) para que te rejuvenezcas como el águila”.

Y para este tiempo final sacia de bien nuestra boca espiritual y nuestra alma (¿para qué?) para que nos rejuvenezcamos como el águila; y seamos transformados y rejuvenecidos para vivir por toda la eternidad con nuestro amado Señor Jesucristo, el Águila Mayor, que nunca se ha puesto viejo. Le han pasado miles de años, dos mil años desde que estuvo aquí, y está jovencito.

Si lo vemos ahí en la visión apocalíptica con Su cabello blanco, no es por la edad sino porque está como Juez para juzgar; y como los jueces en la antigüedad se colocaban una peluca blanca, Él se coloca una peluca blanca; y eso significa el ministerio del Ángel de Jehová manifestado en la Tierra en el Día Postrero en carne humana. Esa es la peluca blanca del Hijo del Hombre en Apocalipsis, capítulo 1, verso 12 al 20, y Apocalipsis, capítulo 10, versos 1 al 11.

Ahora, vean:

“El que sacia de bien tu boca

De modo que te rejuvenezcas como el águila”.

Por eso es tan importante la comida espiritual que Él nos da en este tiempo: sacia de bien nuestra boca para comer espiritualmente la Palabra de Dios, la Palabra de vida eterna para el Día Postrero, para comer el Título de Propiedad; ese Título de Propiedad, que es traído por Cristo a la Tierra y es dado a Su Ángel Mensajero, representado allí en Juan el apóstol, para que él se lo coma y profetice sobre muchos pueblos, naciones y lenguas.

Y él nos da eso que él recibió y se comió, él nos da a nosotros también ese mismo Mensaje, esa misma revelación del Libro de los Siete Sellos. Y nosotros comemos esa revelación ¿para qué? Para ser rejuvenecidos como el águila: ser transformados y llevados a la Casa de nuestro Padre celestial en este Día Postrero.

Ahora, hemos visto: Un pueblo traído sobre las alas de águila.

Como vimos al pueblo hebreo traído sobre las alas de águila en la manifestación del Ángel del Pacto a través de Moisés; para el Día Postrero, en la manifestación del Ángel de Jehová, del Ángel del Pacto por medio de Su Ángel Mensajero, veremos un pueblo siendo traído por el Ángel del Pacto, Jesucristo en Espíritu Santo, en Su manifestación a través de Su Ángel Mensajero; siendo traído ese pueblo a la Edad de la Piedra Angular por y en alas de águilas: en las Alas del Hijo del Hombre, del Gran Águila, en las Alas del Sol de Justicia, en los ministerios de Moisés y Elías en este Día Postrero.

“Porque el Hijo del Hombre vendrá con Sus Ángeles (ahí están las Alas), y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras”17.

“Y el Hijo del Hombre enviará Sus Ángeles con Gran Voz de Trompeta, y juntarán a todos Sus escogidos”18.

Los traerán, serán traídos sobre las Alas de águilas: sobre los ministerios de Sus Ángeles, los ministerios de Moisés y Elías, traídos a la Edad de la Piedra Angular, al Cuerpo Místico de Cristo; y después serán llevados a la Cena de las Bodas del Cordero; y después serán traídos al glorioso Reino Milenial de Cristo para reinar con Cristo como reyes y sacerdotes por mil años, y luego por toda la eternidad, en cuerpos jovencitos y eternos y glorificados, cuerpos iguales al cuerpo de nuestro amado Señor Jesucristo.

Ahora vean cómo estamos sobre las Alas de águilas siendo traídos a la Edad de la Piedra Angular, a la tierra prometida como edad, y a la Dispensación del Reino como dispensación; y luego seremos transformados y llevados a la Casa de nuestro Padre celestial. Y después regresaremos a la Tierra con los cuerpos eternos para el glorioso Reino Milenial de Cristo; y vendremos con Cristo y Sus Alas, para estar con Él en ese glorioso Reino Milenial.

Por eso esos ministerios de Moisés y Elías estarán durante el Reino Milenial aquí en la Tierra manifestados. Son los ministerios que son adoptados: el del Hijo del Hombre, o sea, el ministerio de Jesús, el ministerio de Moisés y el ministerio de Elías. Esos ministerios estarán manifestados en el Ángel de Jesucristo también en el glorioso Reino Milenial de Cristo; y bajo esos ministerios y con esos ministerios, Jesucristo, el Ángel del Pacto, en Espíritu Santo, obrará en el Reino Milenial, para que todos conozcan todo el Programa Divino correspondiente al Reino Milenial.

“Y toda la Tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar”19. Serán llenos del conocimiento de la Venida del Águila, Jesucristo manifestado en el Día Postrero; serán llenos del conocimiento de la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles, para bendición de todos los hijos de Dios.

Y la Tierra, al ser llena del conocimiento de la gloria de Jehová, del conocimiento de la Segunda Venida de Cristo, recibirá los beneficios de Su Segunda Venida, en Su Obra de Reclamo.

Y en aquel día, en ese glorioso séptimo milenio o día milenial, y Reino Milenial: “En aquel día Jehová será uno, y uno Su Nombre”. Zacarías, capítulo 12, dice así.

Vamos a ver, Zacarías, capítulo 12…, y el capítulo 14. Vamos en el capítulo 14:

“Acontecerá también en aquel día, que saldrán de Jerusalén aguas vivas, la mitad de ellas hacia el mar oriental, y la otra mitad hacia el mar occidental, en verano y en invierno (o sea, el Evangelio siendo predicado a hebreos y a gentiles).

Y Jehová será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será uno, y uno su nombre”.

Y así la humanidad completa conocerá el Nombre Eterno de Dios, el Nombre de Jehová, porque estará reinando sobre el pueblo hebreo y sobre toda la Tierra como Rey del planeta Tierra completo.

  • Como Hijo del Hombre, Él es el heredero al planeta Tierra completo, para reinar sobre el planeta Tierra completo.

  • Y como Hijo de David, Él es el heredero al Trono de David, para reinar sobre el Trono de David, sobre el pueblo hebreo.

  • Y como Hijo de Abraham, Él es el heredero a todo el territorio de Israel, para reinar sobre el territorio completo de Israel.

  • Y como Hijo de Dios, Él es el heredero de los Cielos y de la Tierra.

O sea que todo le pertenece a Él; y nosotros somos coherederos con Cristo nuestro amado Salvador.

Así que no hay problema para nosotros. Reinaremos con Cristo en ese Reino Milenial, en donde Jehová será uno, o sea, Jesucristo será uno; porque el Jehová del Antiguo Testamento es el Jesucristo del Nuevo Testamento, es el Ángel del Pacto: será uno, y uno Su Nombre.

Ese es el Nombre Eterno de Dios y Nombre Nuevo del Señor Jesucristo, el cual estará manifestado ahí, en el Reino Milenial, sobre el Rey Jehová que estará manifestado. El Ángel del Pacto, el Rey Jehová estará manifestado sobre la Tierra como Rey, gobernando sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones. Y ahí tendrá, en esa manifestación, tendrá Su Nombre colocado ahí en el Rey, como Rey; y todos conocerán ese Nombre durante el Reino Milenial.

Esto es así porque Isaías, capítulo 52, verso 6, dice:

“Por tanto, mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día; porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente”.

Y si Él está presente, pues ahí está el Nombre de Dios; si el Ángel del Pacto está presente, pues ahí está el Nombre de Dios. Y si el Ángel del Pacto se manifiesta en carne humana, pues ahí está el Nombre de Dios; porque el Ángel del Pacto tiene ese Nombre, y donde esté el Ángel del Pacto ahí está el Nombre de Dios.

¿Y dónde estaba en el templo el Nombre de Dios? En el lugar santísimo de ese templo. Y ahora, ¿dónde estará el Nombre de Dios, el Nombre de nuestro Señor Jesucristo, el Nombre Nuevo de Jesucristo? En Su Templo espiritual, que es Su Iglesia, en la Edad de la Piedra Angular, en Su Venida en el Día Postrero; en la Venida del Gran Águila, Jesucristo, viniendo por Su pueblo para llevarse a Su Iglesia, en la manifestación de Jesucristo en Espíritu Santo a través de Su Ángel Mensajero; para así llamar y juntar un pueblo y traerlo sobre Alas de Águila.

Ahora, hemos visto que para Dios manifestarse como el Gran Águila, y llevar a cabo Su Obra como el Gran Águila, tiene que hacerlo por medio de un profeta; porque los profetas son águilas: águilas, mensajeros, videntes.

Como las águilas ven más que las demás aves, así los profetas ven más que los demás seres humanos; porque ven en otras dimensiones, y pueden ver en otras dimensiones a los ángeles de Dios y a Dios, y pueden escuchar la Voz de Dios en otras dimensiones.

Son videntes, por eso son representados en águilas; y también son representados en ojos, porque son videntes que pueden ver en otras dimensiones y oír en otras dimensiones; para llevar el pueblo sobre las Alas del Águila Mayor, de Jesucristo: sobre los ministerios de las Alas del Águila Mayor, de Jesucristo, que son los ministerios de Moisés y Elías.

¿Y dónde estaban los dos querubines con sus alas extendidas sobre el propiciatorio? En el lugar santísimo. Es en la Edad de la Piedra Angular donde los escogidos de Dios son llevados a la Edad de la Piedra Angular sobre Alas de Águila, sobre los ministerios de Moisés y Elías; y son protegidos ahí bajo las Alas de los Dos Querubines de Oro y los Dos Querubines de madera de olivo cubiertos de oro, que son los ministerios de Moisés y Elías en la Casa de Dios, en la Iglesia de Jesucristo, en la Edad de la Piedra Angular.

Vean hasta dónde nos lleva nuestro tema: “UN PUEBLO TRAÍDO SOBRE ALAS DE ÁGUILA”.

Todo lo del Lugar Santísimo, que en el Día Postrero se estaría materializando en la Iglesia de Jesucristo, vean, se reflejó en el pueblo hebreo siendo libertados de Egipto y llevados de Egipto a la tierra de Israel sobre alas de águilas, o sea, sobre la manifestación del Ángel del Pacto a través del profeta Moisés.

Y vean, allí Moisés llevó al pueblo hacia la tierra prometida: alas de águilas allí estaban manifestadas para llevar al pueblo a la tierra prometida; y por medio de Moisés y de Josué llevó el pueblo a la tierra prometida. Moisés comenzó y continuó Josué.

Y para el Día Postrero tendremos a Moisés de nuevo en su segunda manifestación, y a Elías también, y el ministerio de Jesús también. Jesús es el Águila, y las Alas son los ministerios de Moisés y Elías.

“UN PUEBLO TRAÍDO SOBRE LAS ALAS DE ÁGUILA”.

Y ahora, ¿dónde está ese pueblo que volaría sobre las alas de águilas en este tiempo final? Pues aquí estamos presentes en Villahermosa, Tabasco, República Mexicana, y en diferentes lugares de la República Mexicana, y en diferentes lugares de la América Latina y del Caribe.

“UN PUEBLO TRAÍDO SOBRE ALAS DE ÁGUILA”.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos, que Dios les guarde; y adelante volando sobre Alas de Águila: sobre las Alas de Jesucristo, el Águila Mayor; volando sobre las Alas de los ministerios de Moisés y Elías en este tiempo final, para llegar a la Casa de nuestro Padre celestial en el Cielo.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre ustedes y sobre mí también; y pronto se complete el número de los escogidos de Dios, y pronto seamos llevados a la Casa de nuestro Padre celestial, al Cielo, a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de nuestro tema: “UN PUEBLO TRAÍDO SOBRE LAS ALAS DE ÁGUILA”.

[CORTE DE AUDIO]

… en el segundo éxodo espiritual con Jesucristo en Su Primera Venida y con el tercer éxodo en Su Segunda Venida, con las Alas de los ministerios de Moisés y Elías.

Que las bendiciones de Jesucristo continúen con cada uno de ustedes y conmigo también; y continuemos volando en las alturas espirituales de Dios, y en la Edad de la Piedra Angular, sobre las Alas de Jesucristo, el Águila Mayor; volando sobre las alas de águilas, hasta llegar a la Casa de nuestro Padre celestial.

Porque “un Águila Blanca descenderá y nos llevará en Sus Alas”, dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo. Es Cristo con Sus Alas, Sus ministerios de Moisés y Elías, llevándonos a la Casa de nuestro Padre celestial en el Día Postrero. Primero nos lleva a la Edad de la Piedra Angular y después nos llevará a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

“Un pueblo volando sobre alas de ÁguilaS”.

Esa es la Iglesia de Jesucristo; y pronto también el pueblo hebreo volará sobre esas mismas Alas de Águila, de lo cual hablaremos en otra ocasión.

Bueno, que Dios les continúe bendiciendo a todos, que Dios les guarde; y vamos a dejar por aquí a un aguilucho, el cual ya está bastante grandecito, el cual ha estado volando sobre alas de águilas desde hace muchos años.

¿Y dónde están los otros que han estado volando sobre alas de águilas? Aquí hay muchos aguiluchos volando sobre alas de águilas desde hace años; y siguen apareciendo más aguiluchos para volar sobre las Alas de Águila, de Jesucristo: para volar sobre los ministerios de Moisés y Elías a la Edad de la Piedra Angular y en la Edad de la Piedra Angular, y luego a la Cena de las Bodas del Cordero.

Bueno, vamos a dejar por aquí a Miguel Bermúdez Marín, para continuar y finalizar nuestra parte en esta ocasión.

Ha sido para mí realmente una bendición grande… Yo quizás ni pensaba que Dios me iba a dar tanto de este tema de la mañana y de este tema de esta noche, porque son temas que se ven tan sencillos que uno mira esos temas y dice: “¿Pero qué podrá haber ahí?”. Pero miren todo lo que hay, y todavía hay más.

Pero, por hoy yo creo que ya ustedes tienen suficiente; y yo creo que lo que han escuchado lo han entendido, y saben que estamos volando sobre las Alas del Águila Mayor, Jesucristo: sobre Sus Alas, Sus ministerios del Día Postrero, de Sus Ángeles, para bendición de todos nosotros en este tercer éxodo, que nos llevará a la Casa de nuestro Padre celestial, a la Cena de las Bodas del Codero; también nos llevará al glorioso Reino Milenial de Cristo. Y también, antes, nos llevará a la Edad de la Piedra Angular; y eso es lo que ha hecho. Y nos llevará a la tierra prometida del nuevo cuerpo; eso es lo que pronto va a suceder. Y después, pues, nos iremos a la Casa de nuestro Padre celestial.

Bueno, ya estamos en la Casa espiritual de Cristo, Su Iglesia, pero iremos a la Casa de nuestro Padre celestial en el Cielo, y allí estaremos en la Gran Cena de las Bodas del Cordero.

Todo se refleja en la Iglesia de Jesucristo, lo que hay en el Cielo. Por eso, para estar allá arriba, en la Casa de nuestro Padre celestial en el Cielo, hay que estar acá arriba, en la Edad de la Piedra Angular, en la Casa de Jesucristo. Primero en la Casa de Jesucristo, Su Iglesia; y después en la Casa de nuestro Padre celestial, en esa dimensión celestial, en la Cena y para la Cena de las Bodas del Cordero.

Bueno, vamos a dejarlo hasta aquí, porque si no, no hay dónde uno detenerse… Es como cuando se está volando en el cielo: en el cielo no hay ningún semáforo, y en el cielo no hay ningún lugar donde detenerse. Así que vamos entonces a dejar hasta aquí este tema: “UN PUEBLO TRAÍDO SOBRE LAS ALAS DE ÁGUILAS”. Y eso es estar volando en este tiempo final, espiritualmente hablando, a una altura donde otras aves no pueden volar.

Bueno, los de las edades pasadas no pueden volar a esa altura; ya ellos se fueron al Paraíso, pero ellos vendrán en la resurrección y estarán volando también.

Bueno, lo dejamos ahí; y dejamos con nosotros a nuestro amado hermano y amigo, el reverendo Miguel Bermúdez Marín, para continuar.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

Para el Reino Milenial, pues vendremos de la Casa de nuestro Padre celestial volando hacia Jerusalén, para el establecimiento del glorioso Reino Milenial aquí en la Tierra, donde reinaremos con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad.

Preguntó nuestro hermano Branham: “¿Habrá otro avivamiento?, ¿habrá otro despertamiento?”. Él dijo: “Es una promesa. Vendrá un Jinete en un caballo blanco (¿de dónde?) del occidente. Recorreremos esta senda una vez más”. Si la recorre una vez más, Elías estando en la cuarta manifestación, si la recorre de nuevo, es la quinta manifestación; y la recorre con ese Jinete del caballo blanco, como una de las dos alas del Águila Blanca que viene a buscar Su Iglesia.

Y el avivamiento, ¿dónde está? En mí. ¿Y en quién más? En cada uno de ustedes. ¿Y en qué edad? En la Edad de la Piedra Angular.

Con el mismo poder que resucitó Su cuerpo físico y a los santos del Antiguo Testamento, resucitará a los santos del Nuevo Testamento y nos transformará a todos nosotros también; y con ese mismo poder nos está revelando Su Palabra en este tiempo final.

Que Dios les continúe bendiciendo.

“UN PUEBLO TRAÍDO SOBRE ALAS DE ÁGUILA”.

[Revisión marzo 2021]

1 San Mateo 23:37, San Lucas 13:34

2 2 Samuel 22:11; Salmos 18:10, 104:3

3 Salmos 139:9

4 Mt. 27:33, Mr. 15:22, Lc. 23:33, Jn. 19:17-18

5 San Juan 3:16

6 Éxodo 12:1-2, Números 28:16

7 San Lucas 22:44

8 Romanos 6:23

9 San Juan 10:17-18

10 SPN65-1128E “En las alas de una paloma blanca como la nieve”, págs. 19-24 , párrs. 137-184

11 Apocalipsis 1:6, 5:9-10

12 Romanos 8:17, Galatas 4:6-7

13 15.24 cm

14 SPN65-1128E “En las alas de una paloma blanca como la nieve”, págs. 25-26, párrs. 191-201

15 SPN65-1128E “En las alas de una paloma blanca como la nieve”, págs. 24-25, párrs. 191-193

16 Hechos 1:9

17 San Mateo 16:27

18 San Mateo 24:31

19 Habacuc 2:14, Isaías 11:9

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