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Santificaos para el encuentro con Dios
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Santificaos para el encuentro con Dios

Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes aquí en Tuxtla Gutiérrez, República Mexicana. Es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para lo cual quiero leer en el libro del Éxodo, capítulo 19, versos del 1 al 8, donde nos dice Dios por medio del profeta Moisés:

“En el mes tercero de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en el mismo día llegaron al desierto de Sinaí.

Habían salido de Refidim, y llegaron al desierto de Sinaí, y acamparon en el desierto; y acampó allí Israel delante del monte.

Y Moisés subió a Dios; y Jehová lo llamó desde el monte, diciendo: Así dirás a la casa de Jacob, y anunciarás a los hijos de Israel:

Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí.

Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra.

Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.

Entonces vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo, y expuso en presencia de ellos todas estas palabras que Jehová le había mandado.

Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho, haremos. Y Moisés refirió a Jehová las palabras del pueblo.

Entonces Jehová dijo a Moisés: He aquí, yo vengo a ti en una nube espesa, para que el pueblo oiga mientras yo hablo contigo, y también para que te crean para siempre.

Moisés refirió las palabras del pueblo a Jehová.

Y Jehová dijo a Moisés: Ve al pueblo, y santifícalos hoy y mañana; y laven sus vestidos,

y estén preparados para el día tercero, porque al tercer día Jehová descenderá a ojos de todo el pueblo sobre el monte de Sinaí.

Y señalarás término al pueblo en derredor, diciendo: Guardaos, no subáis al monte, ni toquéis sus límites; cualquiera que tocare el monte, de seguro morirá.

No lo tocará mano, porque será apedreado o asaeteado; sea animal o sea hombre, no vivirá. Cuando suene largamente la bocina, subirán al monte.

Y descendió Moisés del monte al pueblo, y santificó al pueblo; y lavaron sus vestidos.

Y dijo al pueblo: Estad preparados para el tercer día; no toquéis mujer.

Aconteció que al tercer día, cuando vino la mañana, vinieron truenos y relámpagos, y espesa nube sobre el monte, y sonido de bocina muy fuerte; y se estremeció todo el pueblo que estaba en el campamento.

Y Moisés sacó del campamento al pueblo para recibir a Dios; y se detuvieron al pie del monte.

Todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego; y el humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía en gran manera.

El sonido de la bocina iba aumentando en extremo; Moisés hablaba, y Dios le respondía con voz tronante.

Y descendió Jehová sobre el monte Sinaí, sobre la cumbre del monte; y llamó Jehová a Moisés a la cumbre del monte, y Moisés subió”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entender Su Palabra.

Nuestro tema para esta ocasión es: “SANTIFICAOS PARA EL ENCUENTRO CON DIOS”.

Para poder comprender este misterio de la santificación, vean ustedes, necesitamos ver cómo Dios ha santificado a Su pueblo a través de la historia bíblica, y cómo aquí Dios llamó a Moisés y le dijo que santificara al pueblo, porque al tercer día Dios descendería en una nube espesa, y ahí Moisés estaría con el pueblo para recibir a Dios.

Tenemos que entender una cosa, y es que las cosas que sucedieron en el Antiguo Testamento, para el Nuevo Testamento luego vienen a ser tipo y figura.

Veamos, en Hebreos, capítulo 12, dice el apóstol San Pablo, hablando de este evento…, y luego mostrando en el tiempo del Nuevo Testamento cómo ahora ya no es el monte Sinaí, sino que es el Monte de Sion. Dice, Hebreos, capítulo 12, verso 18 en adelante:

“Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar (o sea, al monte Sinaí), y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad,

al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más,

porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo;

y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando;

sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,

a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel”.

Ahora vean cómo en el Nuevo Testamento el monte Sinaí ahora viene a ser cambiado por el Monte de Sion, que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por eso también encontramos en Efesios, capítulo 3, verso… capítulo 3, vamos a ver lo que nos dice San Pablo. Él nos dice que Dios ha obrado con Su Iglesia para tener una Iglesia pura y santa; santificarla con Su Sangre preciosa; y así, al tener esta Iglesia santificada con Su Sangre, ser una Iglesia sin mancha y sin arruga delante de Dios.

Siendo que ahora la Iglesia es santificada con la Sangre de Cristo, encontramos que son los miembros de la Iglesia de Jesucristo los que son santificados para recibir a Dios.

Por eso es que la persona, al recibir a Cristo como su Salvador lava sus pecados en la Sangre de Cristo; y luego recibe el Espíritu de Cristo, porque es santificado, apartado por Dios, por el Espíritu Santo, para recibir a Dios en Espíritu Santo en su vida, y recibir así el nuevo nacimiento.

Lo que ocurrió allá en el Monte de la Transfiguración es tipo y figura del bautismo del Espíritu Santo.

Vean cómo también para los creyentes en Jesucristo en el Nuevo Testamento, que estuvieron con Jesucristo, los cuales creyeron en Jesucristo y fueron santificados, Cristo dijo orando: “Santifícalos en la verdad; Tu Palabra es la verdad”1; y fueron preparados y santificados, apartados por Dios, ¿para qué? Para recibir a Dios en Espíritu Santo el Día de Pentecostés.

Y vean cómo para el Día Postrero todos los miembros del Cuerpo Místico del Señor Jesucristo, que lo han recibido como su Salvador, han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido Su Espíritu Santo, han sido personas apartadas por Dios.

“Santificar” significa “apartar”; y han sido apartados por Dios para, en el Día Postrero, recibir la plenitud del Espíritu de Dios: recibir a Cristo en Su Segunda Venida, el cual resucitará a los muertos en Cristo y transformará a los vivos en Cristo, que estarán en el Cuerpo Místico de Cristo; los cuales habrán recibido a Cristo como su Salvador, habrán lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y recibido Su Espíritu Santo; y por consiguiente, han nacido de nuevo.

Ninguna persona puede ser parte del Cuerpo Místico de Cristo sin nacer de nuevo. Cristo dijo a Nicodemo, en el capítulo 3 de San Juan: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios”, o sea, no lo puede entender.

Nicodemo pensó que era nacer por medio de una mujer de nuevo, y le pregunta a Jesús: “¿Cómo puede hacerse esto? ¿Puede acaso el hombre, ya siendo viejo…?”; porque Nicodemo ya estaba avanzado en edad; ¿y cómo estaría su madre si estaba viva?

Y ahora Cristo le dice que es necesario nacer de nuevo para entrar al Reino de Dios, y Nicodemo estaba interesado en entrar al Reino de Dios. Le dice: “¿Cómo puede hacerse esto? ¿Puede acaso el hombre, ya siendo viejo, entrar en el vientre de su madre y nacer de nuevo?”. Cristo le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios”; o sea: “El que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios (o en el Reino de Dios)”; o sea, no puede entrar para formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo.

El Reino de Dios, la Iglesia de Jesucristo, tiene las personas que han creído en Cristo como su Salvador, y han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo, y han recibido Su Espíritu Santo. Esa es la única forma en que la persona puede entrar a la Iglesia de Jesucristo y así formar parte de la Iglesia de Jesucristo.

Y los miembros de la Iglesia de Jesucristo son santificados por Cristo, así como también han sido justificados. Justificar es: la persona quedar como si nunca antes hubiese pecado; porque la Sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado2, y somos justificados delante de Dios como si nunca hubiésemos pecado.

Y ahora, ese es el pueblo que para el Día Postrero es preparado para recibir al Señor en Su Segunda Venida, y eso es para recibirlo al tercer día.

Y ahora, era para el tercer día en que Dios se manifestaría sobre el monte Sinaí, pero el pueblo tenía que estar preparado para ese tercer día, y sería en la mañana.

Y ahora, ¿cuál es el tercer día, en donde… así como vino Dios sobre el monte Sinaí, al tercer día, en la mañana del tercer día, y se manifestó sobre el monte Sinaí?

Ahora, viendo que ya no es el monte Sinaí, sino la Iglesia del Señor Jesucristo, el Monte de Sion (es ese Monte el que ocupa ese lugar en la actualidad, que es la Iglesia de Jesucristo): cuando hablamos del tercer día, “un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día”.

Y ahora, para el Día Postrero Cristo ha prometido, a los creyentes en Él, que los resucitará si han muerto físicamente, si sus cuerpos físicos han muerto. Veamos en San Juan, capítulo 6, donde tenemos esa promesa de nuestro amado Señor Jesucristo; versos 39 al 40 dice:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero (¿Cuándo? En el Día Postrero).

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

Ahora, ¿cuál es el Día Postrero? San Pedro en su segunda carta, capítulo 3, verso 8, nos da ahí la clave para poder comprender lo que son los días postreros y cuál es el Día Postrero. San Pedro nos dice en Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8:

“Mas, oh amados, no ignoréis esto (o sea, que es algo que no podemos ignorar): que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”.

También así lo dice el profeta Moisés en el Salmo 90 y verso 4; de ahí es de donde San Pedro tomó esa revelación.

Y ahora, siendo que un día delante del Señor, para los seres humanos es un día milenial, o sea, contiene mil años, ahora podemos comprender las palabras de San Pablo en su carta a los Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 2, donde nos dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”.

¿Cuándo dice San Pablo que Dios habló por medio de Su Hijo? Dice que habló en los postreros días, y ya han transcurrido dos mil años. ¿Y cómo pueden ser aquellos días en que Jesús estuvo predicando y Dios hablando por medio de Él, cómo pueden ser aquellos días los días postreros? Sencillo: porque “un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día”.

Y ahora veamos lo que dice San Pedro en el libro de los Hechos, capítulo 2. Esto fue el Día de Pentecostés, cuando pensaban que estos 120 creyentes en Cristo, que habían recibido el Espíritu de Dios, pensaban que estaban borrachos; pero ellos no estaban borrachos. Y vean cómo dice aquí, en el capítulo 2 del libro de los Hechos, verso 14 al 20:

“Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

Porque estos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día”.

O sea, de 8 a 9 de la mañana. Porque cada vigilia contiene tres horas; y la cuarta vigilia es la única vigilia que ocurre de día, y ocurre de 6 a 9 de la mañana. Sigue diciendo:

“Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:

Y en los postreros días, dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne (¿Para cuándo dice Dios que derramará de Su Espíritu sobre toda carne? Para los postreros días),

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

Vuestros jóvenes verán visiones,

Y vuestros ancianos soñarán sueños;

Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días

Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán”.

Ahí podemos ver cómo San Pedro dice que esta promesa de la Venida del Espíritu Santo sobre toda carne es para los postreros días, y ya ellos allí estaban recibiendo el Espíritu Santo. Dios estaba derramando de Su Espíritu Santo ya sobre toda carne, sobre toda persona que ha creído en Cristo como nuestro Salvador y ha lavado sus pecados en la Sangre de Cristo; para ellos es la promesa del Espíritu Santo, para obtener el nuevo nacimiento.

Y ya desde los días de los apóstoles, ya se estaban viviendo los postreros días; y ya Dios estaba hablando por medio de Jesucristo en los postreros días, y estaba también derramando de Su Espíritu Santo sobre toda carne desde el Día de Pentecostés en adelante.

Y ahora, encontramos que desde aquellos días hasta este tiempo Dios ha estado derramando de Su Espíritu Santo sobre toda carne, porque todavía estamos viviendo en los postreros días.

Vean también, en Primera de Pedro, capítulo 1, versos 19 en adelante, San Pedro nos enseña que nosotros hemos sido rescatados no con oro o plata, sino con la Sangre preciosa de Cristo, y dice:

“… sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,

ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros”.

¿Manifestado cuándo? En los postreros tiempos, o sea, en los días postreros.

¿Y qué son entonces los días postreros? No son tres días de 24 horas, sino que esos tres días postreros delante de Dios, para los seres humanos son tres milenios, o sea, tres mil años.

Cuando Jesús tenía de 4 a 7 años de edad comenzó el quinto milenio, y por consiguiente comenzaron los días postreros; y todavía estamos viviendo en los días postreros.

Así como los días postreros de la semana para nosotros son: jueves, que es el quinto día de la semana; viernes, que es el sexto día de la semana; y sábado, que es el séptimo día de la semana. Y ahora los días postreros delante de Dios, para los seres humanos son el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio. ¿Vieron lo sencillo que es todo?

Por eso desde los días de Jesús hasta nuestro tiempo estamos viviendo en los días postreros; porque un día delante del Señor, para los seres humanos es un milenio, o sea, mil años. Y por eso es que Dios ha estado derramando de Su Espíritu Santo desde los días de los apóstoles hasta este tiempo final.

Y ahora, han transcurrido de Cristo hacia acá dos mil años; ¿y delante de Dios cuánto tiempo ha transcurrido? Solamente dos días. Dos días: de los tres días postreros delante de Dios, ya dos han transcurrido, si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene. Si no le añadimos los años de atraso que tiene, entonces faltan solamente 2 años con 4 meses para terminar los primeros dos días postreros y comenzar el Día Postrero (o sea, el séptimo milenio), que es el tercero de los tres días postreros. Son siete milenios por todo, pero de los siete milenios hay tres milenios postreros, que son el quinto, sexto y séptimo milenio.

Y ahora, solamente faltan 2 años con 4 meses para terminar el segundo de los tres días postreros, y comenzar el tercero de los tres días postreros; y el tercero de los tres días postreros es el Día Postrero delante de Dios, el cual es el milenio postrero para los seres humanos.

Y para ese milenio postrero, que es el Día Postrero delante de Dios, es que Cristo dijo: “… y yo le resucitaré en el día postrero”, o sea, en el milenio postrero.

Ahora, cuando ocurrió la resurrección de Cristo, ocurrió en la mañana; y también la resurrección de los santos del Antiguo Testamento, que resucitaron con Cristo conforme a San Mateo, capítulo 27, versos 51 al 54.

Y ahora, esa resurrección ocurrió allá en el quinto milenio, que fue el primero de los días postreros; porque la resurrección es para los días postreros. Esa resurrección de los santos del Antiguo Testamento ocurrió en el primero de los días postreros, y la resurrección de los santos del Nuevo Testamento está prometida para ocurrir en el Día Postrero, o sea, en el tercero de los días postreros.

Y ahora, hemos visto cuál es el Día Postrero: es el séptimo milenio. Y la mañana del Día Postrero, por cuanto “un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día”, una hora delante de Dios, ¿cuánto es entonces? Una hora delante de Dios son 41 años con 8 meses.

Y la cuarta vigilia… Vean, cada vigilia tiene tres horas. De esas vigilias es que Dios habla en los Evangelios cuando Él dice…; por ejemplo, vamos a ver lo que dice en San Marcos y también en San Lucas. En San Marcos, capítulo 13, versos 34 en adelante, nos dice (y también en el verso 32, vamos a ver)… Verso 32 de San Marcos, capítulo 13, dice:

“Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre”.

Ahora, cuando se habla de ese día y de esa hora, se está hablando de ese día delante de Dios y de esa hora delante de Dios.

Y ahora, dice en el mismo capítulo 13 de San Marcos, verso 34 al 37:

“Es como el hombre que yéndose lejos, dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase.

Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana”.

Aquí tenemos cuatro etapas, en donde están las cuatro vigilias: o al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana.

Cada vigilia consta de tres horas, y las vigilias comienzan a las 9 de la noche. De 9 a 12 de la noche es la primera vigilia, y tiene tres horas. Y la segunda vigilia es de 12 a 3 de la mañana, y también consta de tres horas. Y la tercera vigilia es de 3 de la mañana a 6 de la mañana, y también consta de tres horas. Y la cuarta vigilia es de 6 a 9 de la mañana, y consta también de tres horas.

Y ahora, aquí Cristo en el Evangelio según San Marcos nos dice:

“… si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana;

para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo”.

O sea que en esas cuatro vigilias se requiere que los creyentes en Cristo estén velando. “Velad”, es lo que Él dice, para que aquel día no os tome durmiendo, no os sobrecoja dormidos.

Y ahora, los hijos e hijas de Dios, los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los tiempos pasados: en esta primera etapa de la primera vigilia, aunque el mundo estaba en tinieblas, estaba de noche, y de aquellos días hacia acá era tiempo de la oscuridad para la humanidad, era de noche; pero Cristo dijo: “Pero ustedes, pues, tienen que estar velando (o sea, despiertos)”.

No importa que el mundo espiritualmente esté dormido, los hijos de Dios en cada etapa de la Iglesia de Jesucristo tienen que estar velando, vigilando, por la Segunda Venida de Cristo. “Velad y orad”, es lo que Cristo enseñó.

Y ahora, Él dice3: “Orad que seáis tenidos por dignos de evitar todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre”.

Una persona que está velando no está dormida. Y la Iglesia de Jesucristo, de etapa en etapa, de edad en edad, ha tenido que estar velando, despierta: velando, vigilando, por la Segunda Venida de Cristo, por la Venida de su Señor.

Y ahora, San Pablo nos enseña que nosotros no somos hijos de la noche, sino (¿de qué?) del día4. Siendo hijos del día, tenemos que estar despiertos, no importa en qué etapa de la Iglesia de Jesucristo nos encontremos: si en la primera vigilia, segunda vigilia, tercera vigilia o cuarta vigilia.

Ahora, la Iglesia de Jesucristo ha pasado por esas vigilias: la primera, la segunda y la tercera; y en la actualidad se encuentra en la cuarta vigilia, si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene. Si no le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, pues todavía la Iglesia de Jesucristo se encuentra en la tercera vigilia, o sea, al final de la tercera vigilia.

Ahora, veamos: si no es en la primera vigilia que se cumple la Venida del Señor, entonces es para la segunda; y si no se cumple en la segunda, entonces hay que esperarlo en la tercera; y si no se cumple en la tercera, entonces solamente queda la cuarta vigilia. En esa se tiene que cumplir entonces. Y la cuarta vigilia es la única que ocurre de día; porque la cuarta vigilia es de 6 a 9 de la mañana.

Por eso es que cuando Jesús estuvo aquí sobre la Tierra, y llevó a cabo el milagro de los panes y los peces, y luego despidió a la gente, mandó a Sus discípulos que entraran en la barca y les dijo que siguieran y cruzaran al otro lado del mar de Galilea; y Él se quedó despidiendo a la multitud, y luego se fue a orar al monte.

Pero durante esa noche hubo una tempestad en el mar, porque hubo vientos contrarios, los cuales levantaron una tempestad: el mar estaba embravecido y la barca de los discípulos estaba a punto de perecer, y los discípulos con su barca; porque en una tempestad es difícil que una persona se salve, aunque sepa nadar.

Y ahora, Cristo va caminando sobre el mar hacia Sus discípulos y llega a Sus discípulos en la cuarta vigilia. Es en la cuarta vigilia donde Cristo llega a Sus discípulos caminando sobre el mar.

Vean, dice… La narración de San Mateo, capítulo 14, verso 22 en adelante, dice:

“En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud.

Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo.

Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario.

Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar.

Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo.

Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!”.

Se identificó como el Yo soy, el cual le había aparecido a Moisés y le dijo5: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”. Así le dijo el Ángel de Jehová, que es el mismo Dios Todopoderoso de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Cuando Moisés le dijo que él iba al pueblo hebreo y le decía que el Dios de sus padres le había aparecido, Moisés le dice: “Y si ellos me preguntan cuál es Su Nombre, ¿qué les voy a decir?”. Dios le dijo: “Dirás a ellos: Yo soy el que soy; y dirás: Yo soy me ha enviado a vosotros”6. El Yo soy, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

En el original encontramos que son cuatro consonantes: Y-H-W-H, las letras contenidas en ese nombre que Dios le dio a Moisés, las cuales son impronunciables. Pero para hacerlas pronunciables, aunque esa no sea la pronunciación correcta del nombre que Dios le dio allí, los teólogos le han añadido algunas vocales, para que se pueda pronunciar como Yahweh o Yahveh o Jehová; pero la pronunciación en sí es un misterio, y nadie podía ni ha podido pronunciar ese nombre que Dios le dio a Moisés como el Nombre de Dios.

Ahora vean que ese Nombre de Dios, en el libro del Éxodo, capítulo 23, lo lleva el Ángel de Jehová. El capítulo 23, verso 20 al 23, del Éxodo, dice:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él”.

¿Dónde está el Nombre Eterno de Dios? En Su Ángel. El Ángel de Jehová lleva ese Nombre; el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, el Verbo que era con Dios y era Dios, el cual se hizo carne y habitó entre los seres humanos, y fue conocido por el nombre de Jesús. Por eso Jesús podía decir7: “Yo he venido en nombre de mi Padre”.

Dentro de ese velo de carne llamado Jesús, ¿estaba quién? El Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, el cual tiene el Nombre Eterno de Dios; porque ese Ángel del Pacto o Ángel de Jehová es el mismo Dios en Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión; y luego se hizo carne y habitó entre los seres humanos; y ahí dentro está nada menos que el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, el cual tiene el Nombre de Dios.

Y ahora, por eso es que nos dice San Juan, capítulo 1, verso 14: “Y aquel Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros”. Allí estaba la manifestación del Nombre de Dios, en la Primera Venida de Cristo, para llevar a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario. Por eso el nombre que le fue puesto a ese velo de carne que nació de la virgen María fue Jesús, que significa ‘Salvador’ o ‘Redentor’; porque Él llevaría a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario para reconciliarnos con Dios y ser restaurados a la vida eterna.

Sin Cristo no hay vida eterna. Sin Cristo no hay restauración a la vida eterna. Sin Cristo no hay perdón de pecados. Sin Cristo no hay bendiciones de Dios para el ser humano. Sin Cristo el ser humano no puede vivir eternamente.

Por eso es que Jesucristo dijo8: “El que oye mi Palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas pasó de muerte a vida”.

También nos dice en San Juan, nos dice Jesucristo, en el capítulo 11, hablando con María y con Marta; aquí, hablando con Marta en esta ocasión, dice:

“Jesús le dijo: Tu hermano resucitará (capítulo 11, verso 23 en adelante).

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero”.

Marta sabía que la resurrección de los muertos en Cristo, de los creyentes en Cristo que han partido, es para ser efectuada en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio, que es el Día Postrero delante de Dios; y esto ella lo conocía porque Jesús lo había enseñado.

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo (ella): Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo”.

Ahora vean cómo en este pasaje Cristo se presenta como la Resurrección y la Vida; y va a tomar como ejemplo de lo que será la resurrección de los muertos en Cristo, va a tomar a Lázaro, que está muerto, el cual es un creyente en Cristo, y lo va a resucitar; y ahí estará colocando en tipo y figura la resurrección de los muertos en Cristo para el Día Postrero.

Y así estará mostrando Él que lo que Él ha prometido: la resurrección de los muertos en Cristo para el Día Postrero, Él lo hará, porque tiene poder para resucitar a los muertos creyentes en Él. Y allí resucita a Lázaro como ejemplo de todos los muertos en Cristo que serán resucitados en el Día Postrero.

Ahora, Lázaro, siendo un creyente en Cristo, para pertenecer a la Iglesia de Jesucristo tenía que ser resucitado, porque la Iglesia de Jesucristo nació el Día de Pentecostés; y todos los que murieron antes del Día de Pentecostés pues no nacieron de nuevo, porque el nuevo nacimiento comenzó el Día de Pentecostés. Allí Dios comenzó a derramar de Su Espíritu Santo sobre toda carne; por lo tanto, los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, de la Iglesia de Jesucristo, son los nacidos de nuevo, los nacidos del Agua y del Espíritu.

Y Lázaro tenía que ser resucitado para luego poder recibir el Espíritu Santo el Día de Pentecostés, o del Día de Pentecostés en adelante, y venir a formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo, para así la promesa de ser resucitado en el Día Postrero poder ser cumplida en Lázaro. Y lo que dijo Marta: “Yo sé que resucitará en el Día Postrero”, es una verdad profética que Cristo enseñó, y Lázaro va a resucitar: a resucitar en el Día Postrero, que es el séptimo milenio; pero tuvo que ser resucitado en aquel tiempo como ejemplo, como tipo y figura, de todos los que van a resucitar por Cristo en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio.

Ese es el tercer día de los tres días postreros. Ese es el tercer día para el cual todos los creyentes en Cristo han sido llamados y juntados de edad en edad. Y al creer en Cristo como nuestro Salvador y lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo, hemos sido justificados y hemos quedado como si nunca antes hubiésemos pecado; porque la Sangre de Cristo nos ha limpiado de todo pecado, y ni Dios encuentra nuestros pecados, porque fueron quitados por la Sangre de Cristo.

Ya no cubiertos, como era en el Antiguo Testamento con los sacrificios de aquellos animalitos, los cuales con su sangre cubrían el pecado; porque no eran sacrificios perfectos y por consiguiente la sangre no era una sangre perfecta. Por lo tanto, el pecado de todos los creyentes en el Antiguo Testamento, que ofrecían esos sacrificios: sus pecados solamente estaban cubiertos por la sangre de esos sacrificios.

¿Y por qué la sangre de esos sacrificios cubría el pecado? Porque representaban el Sacrificio de Cristo; aquellos corderitos y machos cabríos representaban al Cordero de Dios, a Jesucristo, que vendría a la Tierra y quitaría el pecado. Y cuando apareció Jesús, Juan dijo (presentándolo dijo)9: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.

Y ahora, con la Venida del Cordero de Dios, el Cordero perfecto, y con Su Sangre perfecta, hizo un Sacrificio perfecto, el cual ha quitado el pecado del mundo; y por eso cuando la persona cree en Cristo como su Salvador y lava sus pecados en la Sangre de Cristo, son quitados completamente, y queda la persona como si nunca hubiese pecado; y recibe el Espíritu de Cristo, y así recibe el nuevo nacimiento: nace de nuevo, nace en la Iglesia de Jesucristo, nace en una nueva raza, una Nueva Creación, de la cual Jesucristo es el principio. Apocalipsis, capítulo 3, verso 14, dice que Jesucristo es el principio de la Creación de Dios.

De esa Nueva Creación, Él es el segundo Adán; y, siendo Él el segundo Adán, Él es el segundo Adán de una Nueva Creación: de esa Creación de Dios la cual viene a esta Tierra por medio de creer en Cristo como nuestro Salvador y lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo; y así nacer de nuevo: nacer en una Nueva Creación; y así nacer dentro de la Iglesia de Jesucristo y pertenecer a esa nueva raza que tiene vida eterna: recibe un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, llamado el Ángel de Jehová, que acampa en derredor de los que le temen y los defiende10; y si muere su cuerpo físico, pues va a vivir al Paraíso en ese cuerpo teofánico. Y luego, en el Día Postrero, tiene la promesa de ser resucitado en un cuerpo eterno y glorioso, igual al cuerpo de nuestro amado Señor Jesucristo.

Es para el Día Postrero, el séptimo milenio, la promesa para la resurrección de los muertos en Cristo y transformación de nosotros los que vivimos.

Ellos resucitarán primero (todavía no han resucitado, pero van a resucitar) y nosotros los que vivimos vamos a ser transformados; y vamos todos a tener un cuerpo eterno, inmortal, incorruptible, jovencito, representando siempre de 18 a 21 años de edad; un cuerpo glorificado igual al cuerpo de nuestro amado Señor Jesucristo; y así seremos a imagen y semejanza de nuestro Señor Jesucristo. Eso es lo que Cristo ha prometido para todos los creyentes en Él; y eso es para el Día Postrero.

Y para el Día Postrero, que es el tercero de los días postreros delante de Dios, es que la Iglesia de Jesucristo ha estado siendo preparada: santificada con la Sangre de Cristo para encontrarse con Jesucristo en el Día Postrero, así como se encontró el pueblo hebreo con Dios en el monte Sinaí. Y este encuentro es para ser transformados los que vivimos y los muertos en Cristo ser resucitados en cuerpos incorruptibles.

Es en el Monte de Sion, en la Iglesia de Jesucristo, en donde todos los hijos e hijas de Dios se encontrarán con Cristo en Su Segunda Venida para darnos la fe para ser transformados y raptados en este tiempo final; y para los muertos en Cristo ser resucitados.

La promesa en Isaías, capítulo 59, versos 19 en adelante, es que el Libertador vendrá a Sion. Dice Isaías, capítulo 59, verso 19 al 21:

“Y temerán desde el occidente el nombre de Jehová, y desde el nacimiento del sol su gloria; porque vendrá el enemigo como río, mas el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él (esa bandera que levantará contra el enemigo es la Segunda Venida de Cristo).

Y vendrá el Redentor a Sion (¿A dónde vendrá? A Sion), y a los que se volvieren de la iniquidad en Jacob, dice Jehová.

Y este será mi pacto con ellos, dijo Jehová: El Espíritu mío que está sobre ti, y mis palabras que puse en tu boca, no faltarán de tu boca, ni de la boca de tus hijos, ni de la boca de los hijos de tus hijos, dijo Jehová, desde ahora y para siempre”.

Y en Romanos, capítulo 11, San Pablo nos habla de este mismo pasaje; y miren cómo él toma ese mismo pasaje y nos muestra el tiempo final y lo que estará aconteciendo en el tiempo final; y nos muestra al pueblo hebreo y el endurecimiento del pueblo hebreo, el cual rechazó a Cristo en Su Primera Venida. Romanos, capítulo 11, versos 25 en adelante, dice San Pablo:

“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles”.

¿Y qué significa esto: entrar la plenitud de los gentiles? Es la entrada de todos los miembros del Cuerpo Místico de Cristo. La entrada de la plenitud de los gentiles es hasta que haya entrado hasta el último miembro del Cuerpo Místico de Cristo, hasta que haya entrado hasta el último escogido de Dios, hasta que haya entrado hasta la última persona que tiene su nombre escrito en el Libro de la Vida del Cordero; hasta que la última persona haya recibido a Cristo como su Salvador y lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y recibido Su Espíritu Santo, y así haya entrado al Cuerpo Místico de Cristo, y se haya completado así el Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ese Cuerpo Místico de Cristo se completa en este tiempo final, en la etapa de la Edad de la Piedra Angular, que corresponde a la América Latina y el Caribe. O sea que con latinoamericanos y caribeños se completará el Cuerpo Místico del Señor Jesucristo.

Y dejamos también algún porciento libre para – si alguna persona de otro continente recibe la Palabra y entra al Cuerpo Místico de Cristo en este tiempo final. Pero la mayoría de los escogidos de Dios para el tiempo final son latinoamericanos y caribeños, porque es la etapa de la Edad de la Piedra Angular, que se cumple en la América Latina y el Caribe. La bendición más grande que continente alguno pueda tener, la tiene la América Latina y el Caribe en este tiempo final.

Es el pueblo que tiene la bendición de Dios para este tiempo; así como el pueblo hebreo tuvo la bendición de Dios en su medio, cuando Jesucristo estuvo aquí en la Tierra en medio del pueblo hebreo, pero la rechazó.

Y ahora Cristo ha estado de edad en edad entre los gentiles manifestándose y llamando y juntando a Sus hijos, a Sus escogidos, de etapa en etapa; y ha estado justificándolos y santificándolos y llenándolos de Su Espíritu, y así produciendo el nuevo nacimiento, y preparándolos para la Segunda Venida de Cristo: para el encuentro del pueblo de Dios, de la Iglesia de Jesucristo con nuestro amado Señor Jesucristo. Y ese encuentro será para el Día Postrero, que es el tercero de los tres días postreros.

Fue para el tercer día que el pueblo hebreo fue al monte Sinaí para encontrarse con Dios; pero tuvo que tener los días anteriores también siendo santificado y preparado para el encuentro con Su Dios en el monte Sinaí.

Y ahora el encuentro con nuestro Señor Jesucristo será en el Monte de Sion en Su Segunda Venida, en el tercer día, o sea, en el tercer milenio de los tres milenios postreros.

Y ahora, allá fue ese encuentro en la mañana, o sea, en la cuarta vigilia. Y en la mañana del Día Postrero, en la mañana del tercero de los tres días postreros será ese encuentro del pueblo de Cristo, la Iglesia de Jesucristo, con nuestro amado Señor Jesucristo.

Y siendo que una hora delante de Dios, para los seres humanos son 41 años con 8 meses: tres horas son 125 años. O sea que la cuarta vigilia del Día Postrero delante de Dios, para los seres humanos son los primeros 125 años del séptimo milenio, del Día Postrero, de ese tercer milenio de los tres milenios postreros.

Y en ese ciclo divino de esa cuarta vigilia, que consta de 125 años, los 125 años primeros del séptimo milenio será ese encuentro del pueblo de Cristo, de la Iglesia de Jesucristo, con nuestro amado Señor Jesucristo.

Ahora vean cómo todo fue representado, tipificado, en el Antiguo Testamento. Por eso nos dice la Escritura que las cosas que sucedieron y fueron escritas en el Antiguo Testamento, fueron escritas para nuestra admonición11.

Y ahora en el Nuevo Testamento podemos ver que el monte Sinaí allá, ahora es el Monte de Sion.

Ahora continuemos leyendo lo que San Pablo está dando a conocer; dice que:

“… que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte (¿hasta cuándo?), hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles (o sea, hasta que haya entrado hasta el último de los escogidos de Dios al Cuerpo Místico del Señor Jesucristo; ¿y luego qué?);

y luego todo Israel será salvo, como está escrito:

Vendrá de Sion el Libertador,

Que apartará de Jacob la impiedad.

Y este será mi pacto con ellos,

Cuando yo quite sus pecados”.

¿Por qué? Porque el pueblo hebreo no tiene ni templo, ni tiene sacrificios, desde que fue destruido su templo; y al rechazar a Cristo como su Salvador y como su Rey, pues el Sacrificio de Cristo tampoco ellos lo han recibido para quitar sus pecados; por lo tanto, los pecados del pueblo hebreo han estado sobre ellos como nación y como individuos, y por eso es que el juicio de Dios ha estado cayendo sobre el pueblo hebreo.

Porque ¿la paga del pecado es…? La paga del pecado es muerte12; y por eso la muerte ha estado azotando al pueblo hebreo, a tal grado que Hitler por poco extermina al pueblo hebreo. Pero para el tiempo final sus pecados serán quitados, porque vendrá de Sion el Libertador.

¿De dónde irá el Libertador, Cristo en Su Segunda Venida, al pueblo hebreo? De Sion, o sea, de Su Iglesia, de ese Monte de Sion, el cual fue representado en el monte Sinaí; y quitará de Jacob, apartará de Jacob la impiedad, porque lo recibirán en Su Segunda Venida, como recibieron a José allá en Egipto sus hermanos; y entonces sus pecados serán quitados.

Y ahí habrá 144.000 hebreos, conforme a Apocalipsis, capítulo 7, verso 1 al 7, que serán llamados y juntados, 12.000 de cada tribu, los cuales recibirán el perdón de sus pecados y serán restaurados y entrarán al Pacto Divino. Cristo les confirmará el Pacto bajo Su Sangre, y sus pecados serán quitados.

De eso es que nos habla San Pablo aquí en este pasaje, tomando lo que profetizó Isaías en el capítulo 59, versos 19 al 21:

“Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son (muy) amados por causa de los padres (por causa de Abraham, de Isaac y de Jacob y los patriarcas).

Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios”.

Ahora, el pueblo hebreo también, para el tiempo final, se encontrará con su Dios: se encontrará con el Mesías en Su Venida en el Día Postrero, viniendo Cristo a Su Iglesia; y el pueblo hebreo lo va a reconocer, y va a decir: “Este es al que nosotros estamos esperando”. Y van a creer en él, y así van a ser restaurados los hebreos también, y van a creer en el Señor.

Y así el endurecimiento del corazón, que ha estado en el pueblo hebreo por dos mil años, los cuales no han creído en Cristo como su Salvador, será quitado; y entonces dirán: “Ahora sí que creemos”; porque lo verán en el cumplimiento de Su Venida, Su Segunda Venida viniendo a Su Iglesia en el encuentro del pueblo de Dios, la Iglesia de Jesucristo con nuestro amado Señor Jesucristo.

Por eso es que Cristo ha estado justificando y santificando y llenando de Su Espíritu Santo a Sus escogidos, Su Iglesia (los que componen Su Iglesia de edad en edad), para el encuentro de los escogidos de Dios, de la Iglesia de Jesucristo, con Jesucristo en Su Segunda Venida, en el Día Postrero, que es el tercero de los tres días postreros, y en la mañana del Día Postrero, o sea, en los primeros 125 años del séptimo milenio.

Ahora, faltan solamente 2 años con 4 meses para terminar el segundo de los días postreros y comenzar el tercero de los días postreros; eso es si dejamos el calendario tal y como está; pero si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, pues ya estamos en el séptimo milenio, y por consiguiente en el Día Postrero, y por consiguiente en la cuarta vigilia.

Estamos en el ciclo divino en donde todos los hijos de Dios tienen que estar despiertos. “Despiértate, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo”13.

Y ahora, no somos hijos de la noche sino del día, por lo tanto tenemos que estar despiertos, para que no se nos escape la Segunda Venida de Cristo, como se le escapó al pueblo hebreo la Primera Venida de Cristo, la cual estuvo cumplida en medio del pueblo hebreo por 33 años, y no la pudieron ver.

El sumo sacerdote, con todos sus doctorados en teología, doctorados en divinidad, y los miembros del Concilio de la religión hebrea, del Concilio del Sanedrín, doctores también en divinidad, en teología; a ellos también se les escapó la Primera Venida de Cristo.

Cuando Dios promete algo grande, lo cumple en forma sencilla. Y vean, un evento tan grande como la Primera Venida de Cristo, profetizada por los profetas del Antiguo Testamento para ser cumplida en medio del pueblo hebreo…; y aun les fue dicho que sería por medio de una virgen que nacería ese niño, el cual tendría por nombre Emanuel, que significa: Dios con nosotros14; y luego fue dicho que sería de Belén de Judea, por lo tanto tenía que ser un descendiente del rey David; y por medio de una virgen: una virgen descendiente del rey David.

Y María era una virgen, una joven virgen descendiente del rey David; y José era un hombre descendiente también del rey David; o sea que eran príncipes. José era un príncipe y María también; aunque eran pobres, pero la pobreza no quita lo que uno es delante de Dios.

Si uno es un escogido, pues es un escogido, sea pobre o sea rico. Si tiene su nombre escrito en el Libro de la Vida del Cordero: es un escogido de Dios; no importa su posición social, no importa su posición económica, no importa en qué país viva, él es un hijo de Dios.

Ahora, José y María eran descendientes del rey David. Y cuando María tenía ya sus nueve meses para dar a luz al niño Jesús, ella iba a dar a luz su niño allí en Nazaret; porque ningún hombre, teniendo su esposa ya en el mes número nueve, toma a su esposa y se la lleva de una ciudad a otra ciudad, a pie o en burro (que era el medio de transportación principal de aquel tiempo), para que dé a luz en otro lugar. Pero por cuanto todo obra para bien, el rey ordenó un censo, y cada persona tenía que ir a la ciudad de la cual descendía él; y por consiguiente José y María tenían que ir a la ciudad de David, la ciudad de Belén de Judea, porque ellos eran descendientes del rey David. Y por eso fue que José y María fueron a Belén de Judea; de otra manera, no hubiesen ido, no hubieran ido a Belén de Judea.

Ahora, tenían que ir allí para que se cumpliera la Escritura y naciera en Belén de Judea; porque de Belén de Judea sería que vendría el Gobernador que gobernaría, el Príncipe que gobernaría sobre el pueblo hebreo, conforme a la profecía de Miqueas, capítulo 5, verso 2; y por eso es que los magos, cuando fueron a Jerusalén buscando al Mesías, porque habían visto la señal de la Venida del Mesías en el cielo, cuando llegan a Jerusalén, no encuentran al Mesías allí. San Mateo, capítulo 2, verso 1 en adelante, dice:

“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos,

diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.

Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él”.

O sea que la noticia de la Primera Venida de Cristo, dada por estos magos, turbó a toda Jerusalén y al rey también. Vean, pues ellos tenían allí en Jerusalén el Concilio de la religión hebrea, compuesto por setenta sabios, teólogos; y tenían al sumo sacerdote allí también, la persona más importante del pueblo hebreo en asuntos religiosos; o sea, tenían la representación de la religión hebrea en el sumo sacerdote, un hombre sabio con grandes doctorados en teología; y nada sabía ni el sumo sacerdote ni el Concilio de la religión hebrea de la Primera Venida de Cristo.

¿Cómo será para la Segunda Venida de Cristo? ¿Cuántas personas y cuántos concilios y cuántos líderes religiosos conocerán el misterio de Su Segunda Venida para el Día Postrero?

Vean, para Su Primera Venida ni el sumo sacerdote, la representación de la religión hebrea, ni el Concilio del Sanedrín (compuesto por setenta sabios, más el sumo sacerdote: 71); ellos no supieron, no conocieron el cumplimiento de la Primera Venida de Cristo; y aunque ellos eran los grandes sabios en asuntos religiosos.

Cristo dijo, orando y dándole gracias al Padre, dijo a Dios en el capítulo 11 de San Mateo… Vamos a leerlo, para que lo tengan tal y como Jesús lo dijo: capítulo 11, verso 25 en adelante:

“En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños (¿Qué cosas? La Primera Venida de Cristo).

Sí, Padre, porque así te agradó.

Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar”.

O sea que la revelación de la Primera Venida de Cristo no la obtenían la gente por medio de la enseñanza del sumo sacerdote y de los sabios de la religión hebrea, del Concilio de la religión hebrea, pues de ellos estaba escondida la Primera Venida de Cristo.

“Escondiste estas cosas de los sabios y entendidos (o sea, del Concilio del Sanedrín y el sumo sacerdote), y las revelaste a los niños (los niños, o sea, personas que no tenían esos conocimientos teológicos)”, como San Pedro, San Juan, Andrés y todos estos apóstoles de Jesucristo, que eran pescadores y otros eran agricultores; tenían esa revelación del Cielo; porque no se lo reveló carne ni sangre a Pedro, sino el Padre celestial.

Por eso cuando Jesús dijo: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?”, unos decían: “Unos dicen que tú eres Elías, otros dicen que tú eres Juan el Bautista que ha resucitado o alguno de los profetas”. Eso está en el capítulo 16 de San Mateo. Y Jesús pregunta: “Y ustedes, ¿quién dicen ustedes que es el Hijo del Hombre?”. Pedro le dice: “Tú, Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Jesús le dice: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en el Cielo”. Una revelación directa del Cielo.

Y así es para la Segunda Venida de Cristo. Si ningún concilio pudo conocer el misterio de la Primera Venida de Cristo, pues tampoco ningún concilio en el Día Postrero conocerá ese misterio de la Segunda Venida de Cristo siendo cumplido en el tiempo final; pero por revelación divina, los escogidos de Dios obtendrán el conocimiento de la Segunda Venida de Cristo.

Y Él se revelará a Sus escogidos en este tiempo final, en Su Venida. Así como Él dijo allá: “Escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las revelaste a los niños; porque así te agradó”. “Y nadie sabe (nadie conoce) quién sea el Padre, sino el Hijo; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre; ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar”.

Cristo se estará revelando en Su Segunda Venida, en el Día Postrero, a los que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero. Este será el evento más grande de la historia de la raza humana en este tiempo final, así como el evento más grande de la historia de la raza humana en los días de Jesús fue la Primera Venida de Cristo.

Ahora, vean, cuando Dios promete algo grande para ser cumplido, lo cumple en forma sencilla. Siempre busquen las cosas grandes de Dios siendo cumplidas en forma sencilla.

Ahora, continúo leyendo en San Mateo, capítulo 2, donde dice:

“Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él.

Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo.

Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta:

Y tú, Belén, de la tierra de Judá,

No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá;

Porque de ti saldrá un guiador,

Que apacentará a mi pueblo Israel”.

Esto es conforme a Miqueas, capítulo 5, verso 2, el cual fue el que profetizó esta gran profecía de la Venida del Mesías y dónde nacería el Mesías.

“Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella (o sea, desde qué tiempo comenzó a aparecer esa estrella en el cielo)…”.

Y ellos, pues, le dijeron que ya hacía unos 2 años que ya estaba apareciendo esa estrella en el cielo; eso se lo contaron ellos. Y por eso fue que cuando mandó a matar a los niños, mandó a matar a los niños de 2 años hacia abajo, de acuerdo al tiempo en que la estrella había comenzado a aparecer o desde que la estrella había comenzado a aparecer; porque desde que comenzó a aparecer la estrella, el Mesías ya estaba en la Tierra. Y matando a los niños de 2 años hacia abajo, el rey pensó: “Uno de esos niños tiene que ser el Mesías, uno de esos que yo mate”, pensó el rey Herodes; uno de los que mandó a matar, él pensaba que sería el Mesías.

Pero vean, Dios protegió a Jesús, y le dijo el Arcángel Gabriel a José en sueños: “Ve y regresa, ve a Egipto con el niño y su madre, hasta que yo te ordene, hasta que yo te diga; porque Herodes buscará al niño para matarlo”15. Pero cuando lo buscó para matarlo…; porque los magos se habían ido por otro camino, de regreso a su tierra allá en el oriente, porque el Ángel también les había dicho a ellos en sueños: “Regresen por otro camino a su tierra, no vuelvan a Herodes”16.

Herodes quería información acerca del nacimiento del niño y el lugar donde estaba el niño para mandarlo a matar; pero como los magos se fueron por otro camino, entonces mandó a matar a todos los niños de 2 años hacia abajo, de acuerdo al tiempo en que la estrella estaba apareciendo.

O sea que llevaba 2 años apareciendo en el cielo; y vean, los sabios y entendidos de aquel tiempo en asuntos religiosos, en teología, no sabían que aquella señal que se veía en el cielo era la señal de la Primera Venida del Hijo del Hombre, una señal visible (que los magos vieron).

Ahora, ¿cómo se estaría viendo? ¿Sería allá en el Zodiaco, una señal allá?, ¿o sería una estrella grande ahí viéndose? Eso los magos lo vieron; pero todos podían verla, porque se estaba viendo por 2 años.

Y vean, no se dieron cuenta, el sumo sacerdote y los miembros del Concilio del Sanedrín, no se dieron cuenta que esa era la señal de la Venida del Hijo del Hombre; y por consiguiente, tenía que estar cumplida ya en la Tierra la Venida del Hijo del Hombre.

Pero recuerden que la Venida del Señor al ser cumplida en la Tierra, pues tiene que aparecer como un niño naciendo primero: tiene que pasar por la etapa de niño, luego por la etapa de joven y luego venir a la etapa de adulto, donde comienza su ministerio. Y por cerca de 30 años estuvo el Mesías en la Tierra, en medio del pueblo hebreo, luego que fue llamado de Egipto. Y fueron – regresaron a la tierra de Israel, pero a Nazaret, donde se crio Jesús.

Y vean, el Mesías estaba en la Tierra, el cumplimiento de la Primera Venida de Cristo estaba en la Tierra ya. ¿Y quién sabía que estaba ya cumplida la Venida del Mesías? Nadie, excepto María, José, Elisabet su parienta, Zacarías el sacerdote; y Simeón y Ana, los cuales habían visto al Mesías cuando tenía 8 días de edad y fue presentado en el templo para ser circuncidado17; y los pastores que habían ido a donde estaba el niño Jesús envuelto en pañales allá en el pesebre cuando nació; y aquellos magos, que lo habían encontrado ya en una casa, en la casa, porque ya tenía unos 2 años de edad, porque ya la estrella llevaba 2 años apareciendo (pero ellos habían regresado al oriente, o sea, allá a Babilonia). O sea que muy pocas personas sabían que la Primera Venida de Cristo ya estaba cumplida en medio del pueblo hebreo.

Y estuvo en medio del pueblo hebreo: se crio allí con los demás niños, creció y fue un carpintero, el carpintero de Nazaret; pero nadie se imaginaba, excepto dos o tres personas, que ese joven carpintero era el Mesías; nadie se imaginaba que en ese joven carpintero estaba el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, el Verbo hecho carne, viviendo en medio del pueblo hebreo como un hombre del pueblo hebreo; porque la Venida del Mesías siempre fue profetizada que sería un hombre, un profeta.

Cuando el pueblo hebreo estaba esperando la Venida del Mesías, pues lo que estaba esperando era la venida de un profeta; y todavía está esperando la venida de un profeta, en donde se estará cumpliendo la Venida del Mesías. Mesías lo que significa es ‘Ungido’. Están esperando un profeta, un hombre ungido con el Espíritu de Dios en el cumplimiento de la Venida del Mesías, de la Venida del Rey de Israel; eso es lo que el pueblo hebreo está esperando.

Por eso es que en la actualidad en todos estos años han colocado anuncios y rótulos, y en sus revistas también, diciendo: “Estamos preparándonos para la Venida del Mesías”. Y también cruzacalles en diferentes lugares del territorio de Israel, que leen: “Bienvenido el Mesías”. ¿Por qué? Porque están esperando al Mesías. Y ellos lo que están esperando es un hombre, un profeta en el cual esté el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, manifestado en él en toda Su plenitud; pero ellos lo perdieron cuando estuvo en medio de ellos y tenía por nombre Jesús.

Ahora vean cómo se cumplió en forma sencilla aquel gran evento de la Primera Venida de Cristo, y el pueblo hebreo perdió ese evento. Pero los pequeños, los niños, los que no tenían esos grandes doctorados en teología, vieron ese evento siendo cumplido y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna.

Ahora podemos ver que cuando Dios promete algo grande, lo cumple en forma sencilla.

Luego, cuando tenía cerca de 30 años, ya comenzó Su ministerio; fue bautizado por Juan el Bautista: vino a ser primero un discípulo de Juan el Bautista, y fue bautizado por Juan el Bautista, y luego comenzó Su ministerio. Y de ahí en adelante comenzó a darse a conocer al pueblo hebreo y a dar testimonio de que Él era el Mesías, de que Él era el Ungido.

Por eso cuando leyó en Isaías, capítulo 61… en San Lucas tenemos esa lectura en el capítulo 4. Dice, capítulo 4, verso 14, de San Lucas:

“Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor.

Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos.

Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer.

Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito:

El Espíritu del Señor está sobre mí,

Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;

Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;

A pregonar libertad a los cautivos,

Y vista a los ciegos;

A poner en libertad a los oprimidos;

A predicar el año agradable del Señor.

Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.

Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”.

Se estaba cumpliendo ahí la Escritura de Isaías, capítulo 61, que es una Escritura, una promesa mesiánica; se estaba cumpliendo esa promesa mesiánica en Jesús, en el cumplimiento de la Primera Venida de Cristo; el cumplimiento de la Primera Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, encarnado en un hombre, manifestado en carne humana en Jesús de Nazaret. Ese era el Mesías para el pueblo hebreo en Su Primera Venida.

Y cuando dijo estas cosas, vean ustedes, se detuvo allí donde dice: “A predicar el año agradable del Señor”. No continuó leyendo, porque si continuaba leyendo decía: “… y el día de venganza del Dios nuestro…”. Y el día de venganza del Dios nuestro es predicado en Su Segunda Venida, en donde es anunciado el juicio divino que ha de venir sobre la Tierra; en la predicación del día de venganza del Dios nuestro, en el cumplimiento de la Segunda Venida de Cristo.

Y ahora, cuando Él da a conocer que esta promesa está cumplida, la Venida del Mesías, la Venida del Ungido, las personas que allí estaban no pudieron creer que eso era verdad. Y era la gente que lo había visto a Él criarse desde niño: lo vieron crecer, lo vieron trabajando en la carpintería de José, lo vieron también leyendo las Escrituras los sábados desde que era niño.

Y ahora, cuando comienza Su ministerio y se identifica Él con el cumplimiento de la Venida del Mesías, no pueden creer en Él. Y en vez de decir: “Gloria a Dios que Dios está cumpliendo la Primera Venida del Mesías a través de uno de nuestra tierra, a través de un ciudadano de aquí de Nazaret”. Pero miren lo que hicieron:

“Y todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es este el hijo de José? (Ya comienzan a buscarle alguna causa para no creer que Él es el Mesías).

Él les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo; de tantas cosas que hemos oído que se han hecho en Capernaum, haz también aquí en tu tierra.

Y añadió: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su propia tierra.

Y en verdad os digo que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en toda la tierra;

pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón.

Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio.

Al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira (¿cómo va a ser posible que vayan a la sinagoga, a la iglesia, para servir a Dios, y se llenen de ira por el Mensaje que Jesús está predicando?);

y levantándose (o sea, terminaron la actividad), le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle.

Mas él pasó por en medio de ellos, y se fue”.

Ahora vean, querían matarlo. Yendo a la iglesia para adorar a Dios, y uno de los mandamientos es: “No matarás”18, y quieren matar al Mesías. Aun desde que nació, miren, querían matar al Mesías.

Toda la vida de Jesús, esos 33 años, todos esos años, fue un tiempo en que en todos esos años trataron de matar a Jesús; pero Él no podía morir, hasta que llegara el momento preciso por Dios. “Nadie me quita la vida; yo la pongo por mí mismo para volverla a tomar”, dijo Jesús.

Y cuando llegó el tiempo para poner Su vida por todos nosotros, Él voluntariamente entregó Su vida; tomó nuestros pecados, porque sin nuestros pecados Él no podía morir. Vean, porque sin pecado entonces no hay muerte; porque la paga del pecado es la muerte. Nadie le podía quitar la vida a Jesús porque no tenía pecado. Pero ahora, cuando toma nuestros pecados, se hace mortal; y entonces sí le pudieron quitar la vida a Su cuerpo físico y murió en la Cruz del Calvario.

Pero Él dijo: “Yo la pongo por mí mismo para volverla a tomar”; y resucitó Su cuerpo después, tres días después, al tercer día.

Vean, ese tercer día es muy importante, porque al tercer día fue que el pueblo hebreo se encontró con Dios en el monte Sinaí. Y es en el tercer día, de los tres días postreros (que es el séptimo milenio), en donde la Iglesia de Jesucristo, el Israel celestial, tiene una cita con nuestro amado Señor Jesucristo, para encontrarse con nuestro amado Señor Jesucristo en Su Segunda Venida; en donde los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seremos transformados; y entonces seremos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo: con un cuerpo joven, inmortal, incorruptible y glorificado, para vivir con Cristo por toda la eternidad; y reinar con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad en Su glorioso Reino.

Ahora vean el por qué Él nos ha justificado y nos ha dejado como si nunca hubiésemos pecado: porque nos ha lavado con Su Sangre preciosa.

Y vean por qué nos ha santificado y nos ha apartado para Él: pertenecemos a Él.

Y vean por qué nos ha dado Su Espíritu Santo: porque somos Suyos, le pertenecemos a Él, y por consiguiente necesitábamos nacer de nuevo; para, en el Día Postrero, en el séptimo milenio, encontrarnos con Jesucristo en Su Segunda Venida, en la mañana del séptimo milenio, que es en los primeros 125 años del séptimo milenio.

Para eso es que Él nos ha justificado, nos ha santificado y nos ha dado Su Espíritu Santo: para encontrarnos con Él en el Día Postrero, en el séptimo milenio, que es el tercer día de los tres días postreros; y es en la mañana de ese séptimo milenio, que son los primeros 125 años del séptimo milenio.

Hemos visto el por qué Dios nos ha santificado, como también nos ha justificado y nos ha llenado de Su Espíritu Santo: para el encuentro de nosotros con nuestro amado Señor Jesucristo en Su Segunda Venida.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes, amables amigos y hermanos presentes y radioyentes, dándoles testimonio de este encuentro con Dios que tendremos en este tiempo final; este encuentro con Jesucristo en Su Segunda Venida, en el séptimo milenio, en el Día Postrero, en el cual ya vivimos si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene.

Pero si no, pues solamente faltan 2 años con 4 meses para terminar el sexto milenio, y por consiguiente terminar el segundo de los días postreros, y comenzar el Día Postrero, o sea, el tercero de los días postreros, que es el séptimo milenio; para estar listos para el encuentro con nuestro Dios, para el encuentro con nuestro amado Señor Jesucristo en Su Segunda Venida; para ser transformados y llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, a la Casa de nuestro Padre celestial, juntamente con los muertos en Cristo que resucitarán en este Día Postrero para el encuentro con nuestro Señor Jesucristo en este tiempo final.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también; y pronto se complete el número de los escogidos de Dios en el Cuerpo Místico de Cristo; y pronto los muertos en Cristo resuciten, y nosotros los que vivimos seamos transformados, y llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Amables amigos y hermanos presentes y radioyentes, tengan lápiz y papel listo, para que tomen teléfonos y direcciones a los cuales ustedes podrán llamar o escribir; para pedir literatura completamente gratis, y también cintas magnetofónicas; y que les lleven videos a sus hogares para que los vean, con conferencias similares a esta; para obtener mayor conocimiento de todo el Programa Divino y estar preparados para el encuentro con nuestro Dios, para el encuentro con nuestro amado Señor Jesucristo en Su Segunda Venida.

Dejo al joven José Benjamín Pérez para que les dé direcciones y teléfonos a los amables amigos radioyentes, y así puedan llamar o escribir.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“SANTIFICAOS PARA EL ENCUENTRO CON DIOS”.

[Revisión marzo 2021]

1 San Juan 17:17

2 1 Juan 1:7

3 San Lucas 21:36

4 1 Tesalonicenses 5:5

5 Éxodo 3:6

6 Éxodo 3:13-14

7 San Juan 5:43

8 San Juan 5:24

9 San Juan 1:29

10 Salmos 34:7

11 1 Corintios 10:11

12 Romanos 6:23

13 Efesios 5:14

14 Isaías 7:14, San Mateo 1:23

15 San Mateo 2:13-14

16 San Mateo 2:12

17 San Lucas 2:21-38

18 Éxodo 20:13

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