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La Peña de Horeb herida para producir Agua
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La Peña de Horeb herida para producir Agua

Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes. Es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Y ahora, vamos a leer en Primera de Corintios, capítulo 10, verso 1 en adelante, donde nos dice… Capítulo 10, verso 1 al 6, de Primera de Corintios, dice San Pablo:

“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar;

y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar,

y todos comieron el mismo alimento espiritual,

y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo.

Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto.

Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron.

Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar.

Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil”.

Y sigue diciendo:

“Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes.

Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor.

Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos.

Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.

No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.

Por tanto, amados míos, huid de la idolatría.

Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo”.

Y leo también en el Éxodo, capítulo 17, verso 3 en adelante, dice:

“Así que el pueblo tuvo allí sed, y murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?

Entonces clamó Moisés a Jehová, diciendo: ¿Qué haré con este pueblo? De aquí a un poco me apedrearán.

Y Jehová dijo a Moisés: Pasa delante del pueblo, y toma contigo de los ancianos de Israel; y toma también en tu mano tu vara con que golpeaste el río, y ve (o sea, golpeó el mar Rojo).

He aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la peña en Horeb; y golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo. Y Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel.

Y llamó el nombre de aquel lugar Masah y Meriba, por la rencilla de los hijos de Israel, y porque tentaron a Jehová, diciendo: ¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no?”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita comprenderla.

El apóstol San Pablo nos enseña que la roca que seguía al pueblo hebreo era Cristo. Y ahora, vean ustedes, todo lo que sucedió allá es un ejemplo, es tipo y figura de las cosas que sucederían.

Y ahora, nos dice el reverendo William Branham en su Mensaje, en el libro de Citas, página 148, verso 1321 (que es un extracto del mensaje “Escogiendo una Novia”, en la página 30), dice:

1321 – “Ustedes tienen que hacer algo para simbolizarlo. Como un hombre puso alguna sal en un frasco y la echó en el agua y dijo: ‘ASÍ DICE EL SEÑOR, que haya agua dulce’”.

¿Ese fue quién? Eliseo, cuando las aguas eran malas, eran aguas saladas, y la gente no podía tomar en cierto lugar; y entonces el profeta Eliseo tomó sal y echó en donde nacía el manantial, ese río, esa fuente de agua, y las aguas fueron sanadas1.

Así como Moisés con el pueblo cuando llegaron a un lugar en donde las aguas eran amargas, Dios le mostró un árbol al profeta Moisés y le dijo2: “Toma ese árbol y colócalo dentro de las aguas, y las aguas se tornarán dulces”, y así sucedió. Las aguas amargas de allá de Mara (el lugar donde el pueblo encontró aguas amargas) fueron endulzadas por ese árbol que representa a Cristo.

Vean cómo Dios está representando a Cristo desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo Testamento, y en el Nuevo Testamento se materializan esos símbolos que representan a Cristo; se cumplen los que representan a Cristo en Su Primera Venida, y en este tiempo final se cumplen los que representan a Cristo en Su Segunda Venida.

Y ahora, vean que siempre hay algo para simbolizar lo que Dios hará.

1321 – “Y otro, Jesús cogió agua (o sea, tomó agua) y la vertió en un jarro e hizo vino fuera de ella (o sea, tornó el agua en vino)3.

Ahora, ¿no podrá tornar nuestro cuerpo mortal en cuerpo inmortal, si tornó el agua en vino? Claro que sí. Y tornó a Lázaro, un hombre muerto, un cuerpo muerto, en un cuerpo vivo, un hombre vivo4.

1321 – “Tienen que tener algo para simbolizarlo. Y eso es lo que eso fue que subió al aire y descendió, lo que comenzó ese pequeño torbellino. [Echando al aire la roca en la montaña Sunset (Puesta del Sol)]”.

Y ese monte Puesta del Sol, allá en el tiempo de nuestro hermano Branham, sobre el cual sucedieron estas cosas, ahora es tipo y figura del Monte de Dios, que es el Monte de la Puesta del Sol, que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora vean cómo siempre hay algo para simbolizarlo, para representarlo; y por eso es que ustedes encuentran a través de la Biblia todos esos símbolos, todas esas cosas que sucedieron en el pasado, lo cual luego es símbolo de la Primera y de la Segunda Venida de Cristo.

Y la roca que hirió el profeta Moisés allá en el monte Horeb, esa roca de Horeb, representa a Cristo en Su Primera Venida. Y Moisés hirió esa roca con la vara de Dios, y la roca dio aguas —como dijo Dios al profeta Moisés— para todo el pueblo, representando la Primera Venida de Cristo siendo herido en la Cruz del Calvario para darle agua al pueblo.

Cristo en una ocasión, allá en San Juan, capítulo 7, versos 37 al 39, dice así la Escritura:

“En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.

El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.

Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado”.

Ahora vean cómo esta Roca, que es Cristo, promete darle al pueblo Agua, para todo aquel que tiene sed; así como el pueblo hebreo estaba con sed, y Dios le dio agua de la roca usando al profeta Moisés hiriendo esa roca.

Y ahora Cristo es la Roca, el cual fue herido en la Cruz del Calvario conforme a las profecías correspondientes a la Primera Venida de Cristo y a Su muerte en la Cruz del Calvario, para darle al pueblo el Agua del Espíritu Santo y así recibir Agua de vida eterna el pueblo.

A la mujer samaritana también Cristo estuvo hablándole palabras acerca del agua, cuando le pidió agua a la mujer samaritana y ella le dice: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí agua, sabiendo que los judíos y los samaritanos no se tratan?”. Y Jesús le dice: “Si tú supieras quién es el que te pide de beber, pedirías de Él, y Él te daría Agua que salta para vida eterna”5.

Ahora, podemos ver que el Espíritu Santo es esa Agua que salta para vida eterna. Y Cristo en Su Primera Venida, siendo herido en la Cruz del Calvario, llevaría a cabo la Obra de Redención, quitaría nuestros pecados; y desde el Día de Pentecostés en adelante, vean ustedes, ha estado dando del Agua de la vida eterna: Su Espíritu Santo.

Por eso Él habló que Él enviaría otro Consolador —el Espíritu Santo— en San Juan, capítulo 14 y verso 26, donde nos dice:

“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”.

Y en el capítulo 15, verso 26, también nos dice Cristo:

“Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí”.

Y en el capítulo 16, verso 12 al 15, dice Cristo (de San Juan):

“Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.

Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.

Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.

Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber”.

También Cristo dijo, hablando de los creyentes en Él, Él dijo que el Padre y Él… Él dice6: “Y vendremos y haremos morada en él”, hablando del Padre y de Él.

Y ahora, vean ustedes cómo esta promesa de la Venida del Espíritu Santo desde el Día de Pentecostés en adelante ha estado siendo cumplida; y la Roca herida en la Cruz del Calvario ha estado dando Agua de vida eterna a todos los creyentes en Él.

Él fue herido en la Cruz del Calvario y vean dónde fue simbolizado: en la roca, en Horeb, siendo herida por el profeta Moisés para darle agua al pueblo sediento; porque el pueblo, si no tomaba agua, moriría de sed, moriría deshidratado el pueblo, incluyendo a los niños.

Y vean, sin el Agua de la vida eterna (el Espíritu Santo) el ser humano muere; pero con el Agua de la vida eterna (el Espíritu Santo) el ser humano obtiene vida, y vida en abundancia: vida eterna. Por eso Cristo nos dice:

“El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”. (San Juan, capítulo 5, verso 24).

Y también en San Juan, capítulo 11, versos 23 al 26, dice:

“Jesús le dijo (a Marta): Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo (Marta): Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo”.

Ahora vean cómo la promesa es que el que cree en Cristo no morirá eternamente; o sea, que si su cuerpo físico muere, esa es una muerte temporal, porque resucitará en un cuerpo eterno y glorificado, igual al de Jesucristo nuestro Salvador; porque ya esa persona tomó del Agua de la vida eterna y ha recibido el Espíritu de Cristo —esa Agua de vida eterna la ha recibido— al creer en Cristo como nuestro Salvador y lavar sus pecados en la Sangre de Jesucristo, y recibir Su Espíritu Santo.

Y ahora tiene vida eterna y tiene un cuerpo teofánico con vida eterna, de la sexta dimensión; y solamente le falta perseverar hasta que obtenga el cuerpo físico glorificado y eterno, para tener esa vida eterna física también manifestada en él, que es la etapa de la adopción, o sea, de la redención de nuestro cuerpo físico, para el Día Postrero, para la Segunda Venida de Cristo, para el tiempo de la Segunda Venida de Cristo; o sea, para el tiempo de la otra piedra, otra roca, la cual estaba en el desierto pero en Cades-barnea, allá en el territorio que se comprende en la Escritura… o el lugar que en la Escritura se comprende como Refidim.

Vamos a ver en Números 20, ahí está; no vamos a explicar mucho de esta segunda piedra, pero representa a Cristo también; allí fue donde murió María. Y ahora, este territorio es el lugar donde encuentran la segunda piedra, esa peña que representa la Segunda Venida de Cristo.

Ahora vean, para la Primera Venida de Cristo la piedra de Horeb lo representa, y fue herida porque Cristo sería herido en Su Primera Venida para darle Agua al pueblo.

La segunda piedra, la segunda roca representa también a Cristo, a Cristo en Su Segunda Venida; pero para la Segunda Venida de Cristo no tiene que ser herida la Piedra, Cristo, no tiene que ser crucificado, como en Su Primera Venida, para darle Agua al pueblo. Pero Moisés, teniendo la comisión divina de ir con la vara y llevar a Aarón y a los ancianos de Israel e ir a esa roca y hablarle a la roca, lleno de ira Moisés a causa del pueblo, que lo provocó a ira… y Moisés se dejó llevar por la ira…

Y vean lo que sucede con las personas que se dejan llevar por la ira: aunque sean profetas de Dios pierden grandes bendiciones de parte de Dios, porque cometen graves errores en el Programa de Dios.

Y un error en el Programa Divino afecta a la vida de la persona; aunque la persona no se pierda, pero miren: pierde grandes bendiciones.

Moisés no se perdió, pero perdió la bendición de entrar con el pueblo al otro lado del Jordán, a la tierra prometida, en donde estaban los frutos que Josué y Caleb llevaron cuando fueron enviados a la tierra prometida para, como espías, examinar la tierra. Fueron enviados también otros diez espías, eran personas muy importantes, príncipes; dos príncipes (o sea, de dos en dos) fueron enviados a la tierra prometida, un príncipe de cada tribu.

Josué era un príncipe de la tribu que tenía la Bendición de la Primogenitura, o sea, de la tribu de Efraín, que es una de las tribus que componen la tribu de José; la otra tribu que compone la tribu de José es la tribu de Manasés. Y el otro que fue enviado con Josué fue Caleb, de la tribu de Judá.

Vean, estas dos tribus tienen una bendición muy grande aquí representada en Josué y Caleb: uno de la tribu de Judá y el otro de la tribu de Efraín. Y esas son las tribus que tienen grandes bendiciones: De la tribu de Judá vendría el cumplimiento de la Primera Venida de Cristo. Y ahora, de la tribu de Efraín viene el cumplimiento de la Segunda Venida de Cristo, porque la tribu de Efraín…, y Efraín representa a la Iglesia del Señor Jesucristo, y es la Iglesia del Señor Jesucristo la que ha estado por dos mil años esperando la Segunda Venida de Cristo.

El pueblo hebreo todavía está esperando la Primera Venida de Cristo, porque no reconoció la Primera Venida de Cristo dos mil años atrás.

Ahora, vean cómo en Josué y Caleb están representadas la Primera y la Segunda Venida de Cristo.

Y ahora, ahí están esas dos bendiciones. Por eso nos habla, en la bendición que Jacob echó a sus hijos, nos habla de la bendición que echó sobre Judá y también nos habla de la bendición que echó sobre José, el cual tenía la Primogenitura, y por eso tuvo una bendición doble; tuvo una bendición doble de dos tribus y tuvo una bendición doble en cuanto a herencia de territorio, de gente y de nombre también: la tribu de José se menciona como la tribu de Efraín y la tribu de Manasés.

Vean cómo es mencionada la tribu de José. Cuando se dice “la tribu de José”, pues no hay que usar los nombres “Efraín” y “Manasés”; pero cuando no se menciona el nombre de José, entonces se menciona “Efraín” y “Manasés”. Esa es la tribu de José, con una doble porción tribal.

Y ahora, es en la tribu de Efraín donde la Bendición de la Primogenitura fue colocada; pero también encontramos a Manasés recibiendo una bendición grande ahí.

Manasés representa al pueblo hebreo, y en el Día Postrero el pueblo hebreo recibirá una bendición, una bendición de parte de Dios, que tiene que ver con esta bendición que Jacob echó sobre Efraín y Manasés. Y primero la bendición cayó sobre Efraín; por eso la bendición cae sobre la Iglesia de Jesucristo por medio de la Cruz en Cristo, y después pasará al pueblo hebreo.

Vean cómo todo fue simbolizado; porque todo tiene que ser (¿qué?) simbolizado y después materializado.

Y ahora, en (también) la roca de Horeb fue simbolizada la Primera Venida de Cristo y el propósito de Su Primera Venida, la roca siendo herida allí, representando: Cristo siendo herido en la Cruz del Calvario.

Y ahora, dando la roca aguas: Cristo dando el Espíritu Santo para todos aquellos que creen en Él y lavan sus pecados en la Sangre de Cristo.

Él es esa roca abierta, el cual da Agua de vida eterna, Su Espíritu Santo, a todo aquel que en Él cree; y así no se pierde la persona, no muere espiritualmente, sino que vive para toda la eternidad; vive espiritualmente y por consiguiente obtiene vida física también; y por lo tanto, recibirá un cuerpo eterno y glorificado en el Día Postrero para vivir con Cristo por toda la eternidad como reyes y sacerdotes, en un cuerpo igual al cuerpo de nuestro amado Señor Jesucristo, un cuerpo jovencito e inmortal, incorruptible, un cuerpo que nunca se pondrá viejo y un cuerpo que nunca morirá, y un cuerpo que nunca tendrá los problemas que tenemos nosotros en este cuerpo; un cuerpo igual al de nuestro amado Señor Jesucristo.

Por eso es que hay que tomar del Agua de la Peña de Horeb, que es tomar del Espíritu Santo, de Cristo, la Roca herida en la Cruz del Calvario.

Y ahora, vean cómo todo ha sido simbolizado en el Antiguo Testamento, para luego en el Nuevo Testamento Dios cumplir, materializar todos esos símbolos.

Y ahora, vean el por qué Cristo dijo: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba”, hablando del Espíritu Santo que habían de recibir – que había de recibir cada creyente en Cristo. Él es esa Roca que da Agua de vida eterna a todas las personas.

Y para el tiempo final tenemos la promesa de Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, donde dice… Capítulo 21, verso 6, primeramente, dice:

“Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.

El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo”.

Y en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16 al 17, dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.

Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente”.

Y así como hemos tomado del Agua de la Vida gratuitamente, de la Roca, Cristo en Su Primera Venida, para obtener un cuerpo eterno de la sexta dimensión (así hemos tomado de Su Espíritu Santo: al recibirlo como nuestro Salvador, lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo, y así recibir un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, con vida eterna), para el Día Postrero estaremos tomando también de la roca herida por Moisés allá en Cades-barnea, para obtener un cuerpo eterno glorificado, como Él lo ha prometido.

Pero recuerden, Moisés cometió un grave error que le costó no entrar a la tierra prometida y causó el enojo de Dios contra Moisés; porque hirió a la roca (y la roca era Cristo, representando la Segunda Venida de Cristo), y esa roca no podía ser herida; porque la Segunda Venida de Cristo no es para ser herido Cristo en una cruz, como fue herido en Su Primera Venida, porque ya Él llevó a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario. No se requería una segunda crucifixión.

Y Moisés hiriendo la roca, aun cuando Dios le dijo7: “Háblale” (porque hablándole daría agua la roca para el pueblo); pero ahora, vean ustedes, Moisés hiriendo la roca está representando ahí, simbolizando una segunda crucifixión para Cristo, la Roca.

Y por cuanto no puede ser física, porque ya se cumplió en Su Primera Venida, es una crucifixión espiritual; en donde toda persona que se levante en contra de la Segunda Venida de Cristo y hable en contra de la Segunda Venida de Cristo y persiga la Segunda Venida de Cristo está efectuando una segunda crucifixión, será equivalente a la crucifixión de Cristo dos mil años atrás; y las personas tendrán sus consecuencias, las que se levanten en contra de la Segunda Venida de Cristo.

Ahora, la Segunda Venida de Cristo nos dará Agua para no morir, sino para los muertos en Cristo ser resucitados en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos ser transformados, porque nos dará la fe para ser transformados y raptados en este tiempo final.

Ahora vean la bendición tan grande de Cristo, la Roca, representado en la roca del monte Horeb, esa roca de Horeb allí en el Sinaí, frente al Sinaí, donde Dios le dio al pueblo hebreo las leyes; después de haber bebido o tomado del agua de la roca, luego pasaron al monte Sinaí, en esos días, para recibir las leyes divinas. Y ahí eso nos habla de las primicias del Espíritu, del bautismo del Espíritu Santo.

Y luego, tomando de la segunda roca en Cades-barnea, nos habla de la adopción: nos habla de la resurrección de los muertos en Cristo y de la transformación de nosotros los que vivimos. Tomando de esa Roca recibimos la fe para ser transformados y raptados en el Día Postrero, los que vivimos; y los muertos en Cristo, para ser resucitados en cuerpos eternos.

Ahora vean cómo se representó Cristo en la roca de Horeb y también la roca allá en Cades-barnea, allá en Refidim o Rafadim.

Ahora podemos ver cómo Dios antes de hacer algo en Su Programa lo representa, lo simboliza, en esas cosas que son algunas veces eventos en la historia del pueblo hebreo o aun del cristianismo también, pero que luego son tipo y figura de cosas que Dios hará en Su Programa.

Hemos visto ambas rocas aquí. Esto de la… esta segunda roca de la cual hemos tocado algo, es el tema para los ministros que tenemos; pero les hemos tocado algo, ya que ustedes no van a estar allí. Y así, con lo que hemos tocado, pueden tener un cuadro claro de lo que es la roca del monte Horeb y lo que es la segunda roca, la roca en Cades-barnea. Están distantes, pero representan a Cristo nuestro Salvador.

Vean, en el mapa tenemos aquí el monte Sinaí, tenemos aquí el desierto de Sin, y por esta área fue donde estuvo la primera roca, en Refidim, ahí en…; y acá es en Cades-barnea.

Refidim es donde… por ahí por el monte Horeb y la roca de Horeb. Estaba colocando Refidim por allá por Cades-barnea, pero es aquí, donde estuvo la primera roca. Y luego… Esto es aquí frente al monte Sinaí. Y luego la segunda roca es en Cades-barnea o Cades-barnía, en donde allí fue representada la Segunda Venida de Cristo.

Ahora, podemos ver el por qué la Primera Venida de Cristo fue tan perseguida y luego fue crucificado en la Cruz del Calvario. Y ahora podemos ver por qué la Segunda Venida de Cristo también será perseguida, y hablarán en contra de la Segunda Venida de Cristo: porque Moisés hirió la roca allá.

Vean, vamos a ver en Números, capítulo 20, para que ahí tengan el cuadro claro. Capítulo 20, verso 7 en adelante, dice:

“Y habló Jehová a Moisés, diciendo:

Toma la vara, y reúne la congregación, tú y Aarón tu hermano, y hablad a la peña a vista de ellos…”.

¿Cómo dice? “… y hablad a la peña a vista de ellos”.

“… y ella dará su agua, y les sacarás aguas de la peña, y darás de beber a la congregación y a sus bestias.

Entonces Moisés tomó la vara de delante de Jehová, como él le mandó.

Y reunieron Moisés y Aarón a la congregación delante de la peña, y les dijo: ¡Oíd ahora, rebeldes!”.

O sea, estaba lleno de lleno de ira; y no se puede hablar la Palabra de Dios para el pueblo de Dios lleno de ira, molesto con el pueblo, porque uno va a cometer un error.

“¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña?

Entonces alzó Moisés su mano y golpeó la peña con su vara dos veces; y salieron muchas aguas, y bebió la congregación, y sus bestias”.

Y para el pueblo todo se veía bien. Pero no importa cómo la gente vea las cosas, es cómo Dios las ve; y las cosas hay que hacerlas de acuerdo a como Dios dice que se hagan.

Cualquier persona podía decir: “Pero miren, tuvo éxito Moisés: sacó agua de la roca”. No importa el éxito que una persona tenga: si lo obtiene actuando contrario a como Dios le dijo, aunque haya obtenido éxito, esa persona tendrá problemas con Dios; porque lo logró, pero quebrantando la orden divina, quebrantando el Programa de Dios. Y ahí Moisés quebrantó el Programa de la Segunda Venida de Cristo, representado allí en esa roca.

Y ahora vamos a ver cuáles fueron las consecuencias para Moisés. Aunque para el pueblo, vean ustedes, todo parecía una bendición, porque recibieron agua, que era lo que quería el pueblo; pero vean:

“Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Por cuanto no creísteis en mí…”.

¿Cuál fue la causa ahí? “Por cuanto no creísteis en mí”. Y los que estarán hiriendo a la Roca en Su Segunda Venida serán los que no estarán creyendo en Él, en la Segunda Venida de Cristo.

“Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado”.

Y esas personas que se rebelarán en contra de la Roca, Cristo, en Su Segunda Venida, y no creerán en Su Segunda Venida, y estarán hiriendo la Roca (hablando en contra de ella, y persiguiendo también a la Roca y a los creyentes en esa Roca), esas personas ni entrarán a la tierra prometida, los que estarán en contra de la Segunda Venida de Cristo, ni la gente que lo siga tampoco.

“… no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado.

Estas son las aguas de la rencilla, por las cuales contendieron los hijos de Israel con Jehová, y él se santificó en ellos”.

Ahora, si ustedes se fijan bien, en Deuteronomio encontraremos a Moisés hablando acerca de lo que le sucedió por herir la roca allí. Vamos a ver lo que Moisés dice que le sucedió. En Deuteronomio, capítulo 34, verso 1 en adelante, dice:

“Subió Moisés de los campos de Moab al monte Nebo, a la cumbre del Pisga, que está enfrente de Jericó; y le mostró Jehová toda la tierra de Galaad hasta Dan,

todo Neftalí, y la tierra de Efraín y de Manasés, toda la tierra de Judá hasta el mar occidental;

el Neguev, y la llanura, la vega de Jericó, ciudad de las palmeras, hasta Zoar.

Y le dijo Jehová: Esta es la tierra de que juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré. Te he permitido verla con tus ojos, mas no pasarás allá.

Y murió allí Moisés siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme al dicho de Jehová.

Y lo enterró en el valle, en la tierra de Moab, enfrente de Bet-peor; y ninguno conoce el lugar de su sepultura hasta hoy.

Era Moisés de edad de ciento veinte años cuando murió; sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor (o sea que su vista se mantuvo bien; ‘nunca se oscurecieron’, o sea, no perdió su visión, aun con 120 años de edad)”.

En Deuteronomio, capítulo 3, verso 23, también nos explica Moisés el por qué él no entraría a la tierra prometida. Capítulo 3 (…), vamos a leer desde el verso 20 en adelante; dice:

“… hasta que Jehová dé reposo a vuestros hermanos…”.

Está hablándoles a las dos tribus que quedaron al lado anterior del Jordán. Ellos querían quedar allí y Moisés les dio esa tierra, pero les dijo: “Pero ustedes tienen que ir a pelear en favor de sus hermanos hasta que ellos conquisten todo el territorio”.

“Y os mandé entonces, diciendo: Jehová vuestro Dios os ha dado esta tierra por heredad; pero iréis armados todos los valientes delante de vuestros hermanos los hijos de Israel.

Solamente vuestras mujeres, vuestros hijos y vuestros ganados (yo sé que tenéis mucho ganado), quedarán en las ciudades que os he dado (o sea, que Moisés repartió a dos tribus de Israel),

hasta que Jehová dé reposo a vuestros hermanos, así como a vosotros, y hereden ellos también la tierra que Jehová vuestro Dios les da al otro lado del Jordán; entonces os volveréis cada uno a la heredad que yo os he dado”.

Esto fue lo que Dios les dijo aquí a estas dos tribus. Y ahora sigue diciendo:

“Ordené también a Josué en aquel tiempo, diciendo: Tus ojos vieron todo lo que Jehová vuestro Dios ha hecho a aquellos dos reyes; así hará Jehová a todos los reinos a los cuales pasarás tú.

No los temáis; porque Jehová vuestro Dios, él es el que pelea por vosotros.

Y oré a Jehová en aquel tiempo, diciendo:

Señor Jehová, tú has comenzado a mostrar a tu siervo tu grandeza, y tu mano poderosa; porque ¿qué dios hay en el cielo ni en la tierra que haga obras y proezas como las tuyas?

Pase yo, te ruego, y vea aquella tierra buena que está más allá del Jordán, aquel buen monte, y el Líbano.

Pero Jehová se había enojado contra mí a causa de vosotros, por lo cual no me escuchó; y me dijo Jehová: Basta, no me hables más de este asunto.

Sube a la cumbre del Pisga y alza tus ojos al oeste, y al norte, y al sur, y al este, y mira con tus propios ojos; porque no pasarás el Jordán.

Y manda a Josué, y anímalo, y fortalécelo; porque él ha de pasar delante de este pueblo, y él les hará heredar la tierra que verás.

Y paramos en el valle delante de Bet-peor”.

Y allí fue donde Moisés terminó sus días de ministerio.

Y vean ustedes, pasó el pueblo con el sucesor de Moisés, que fue Josué, al cual Moisés le puso un nombre nuevo, ¿porque Josué se llamaba cómo? Oseas, hijo de Nun8. Y ahora, Moisés le pone el nombre de Josué, que significa ‘Salvador’ o ‘Redentor’.

Josué es el nombre que el Mesías, el Redentor, usaría en Su Venida; y ahí lo tenemos en Su Primera Venida, al Mesías, el Redentor, con el mismo nombre que Moisés le puso a su sucesor que metería al pueblo a la tierra prometida.

Vean ustedes cómo el nombre del Salvador, Jesucristo, estaría colocado en el que metió al pueblo hebreo a la tierra prometida; vean cómo se simbolizó, se representó, allá. Porque es nuestro Josué, nuestro amado Señor Jesucristo, el que mete al pueblo a la tierra prometida del nuevo cuerpo (el cuerpo eterno) y a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial. Él es nuestro Josué.

Y ahora, para el Día Postrero, vean lo que dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo en la página 188 del libro de Las Edades; dice:

“62. Ahora, mantengámonos firmes como Josué y Caleb. Nuestra tierra prometida está apareciendo aún como la de ellos. Ahora, Josué significa ‘Jehová-Salvador’, y él representa el líder de la última edad, que vendrá a la Iglesia como vino Pablo como el líder original. Caleb representa a aquellos que permanecieron fieles con Josué”.

Y ahora, ¿a quién representa Josué? Al líder de la Iglesia, ¿de qué tiempo? Del tiempo final, o sea, del Día Postrero. Sigue diciendo:

“Recuerde, Dios había puesto a Israel inicialmente como una virgen juntamente con Su Palabra, pero ellos deseaban algo diferente, así como también la iglesia del último día. Fíjese cómo es que Dios no movió a Israel o no (lo) dejó entrar a la tierra prometida hasta que fuese en Su propio tiempo asignado. Ahora, el pueblo hubiera podido haber presionado sobre Josué, el líder, diciendo: ‘La tierra es nuestra, avancemos a tomarla. Josué, tú estás acabado, a lo mejor perdiste tu comisión, no tienes el poder que antes tenías. Antes oías de Dios y conocías la voluntad de Dios y actuabas eficazmente. Algo anda mal contigo’. Pero Josué era un profeta enviado por Dios y él conocía las promesas de Dios y en ellas esperaba. Él esperaba hasta obtener una decisión clara y definitiva de Dios. Y cuando llegó el tiempo para moverse, Dios colocó en las manos de Josué la dirección completa, porque él se había quedado con la Palabra. Dios podía confiar en Josué, pero no en los demás. Así se repetirá en este último día. El mismo problema, las mismas exigencias”.

Y el último día es el Día Postrero, que es el séptimo milenio, en donde el pueblo entrará a la tierra prometida del nuevo cuerpo y a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial de Cristo.

Ahora, podemos ver que nuestro Josué es nuestro amado Señor Jesucristo, que en el Día Postrero en Su Segunda Venida estará en medio de Su pueblo, en medio de Su Iglesia, para pasar a Su pueblo, a Su Iglesia, al otro lado del Jordán, o sea, a la tierra prometida del nuevo cuerpo y a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial.

El Jordán representa muerte; y pasar en seco al otro lado del Jordán representa la transformación de nosotros los que vivimos: estando vivos pasar a la tierra prometida del nuevo cuerpo sin ver muerte.

Y eso sucedió con Josué y los que siguieron a Josué: pasaron en seco el Jordán. Y eso será para los escogidos de Dios del Día Postrero, que pasarán al otro lado del Jordán (o sea, pasarán al otro lado de la muerte) sin ver muerte, y obtendrán el cuerpo eterno y glorioso que Cristo ha prometido para todos nosotros.

Ahora, Josué significa ‘Salvador’; y ahí está el nombre del Salvador: en Josué.

Y ahora, para el Día Postrero, así como Moisés colocó en Oseas hijo de Nun (su sucesor), colocó un nombre nuevo, el nombre que significa ‘Salvador’ o ‘Redentor)… Con ese nombre era que el pueblo hebreo entraría a la tierra prometida cruzando al otro lado del Jordán en seco.

El nombre Moisés significa ‘sacado de las aguas’; y ese nombre, para sacar al pueblo de las aguas de la nación egipcia; porque aguas representa… aguas y mares representa pueblos, naciones y lenguas.

Ahora, aguas allá en Egipto es la nación egipcia; y de las aguas de la nación egipcia sacó Dios al pueblo hebreo por medio de Moisés, que significa ‘sacado de las aguas’.

Vean cómo lo que Dios iba a hacer con el pueblo hebreo, sacándolo de en medio del pueblo hebreo, y después también pasándolo a través del mar Rojo, todo está representado en el nombre de Moisés. Pero para entrar a la tierra prometida se requería un nuevo nombre. ¿Y tenía que estar colocado dónde? En el líder que Dios usaría para pasar el pueblo hebreo a la tierra prometida. Por eso el profeta Moisés tuvo que colocar ese nombre nuevo, el nombre Josué o Yoshua o Yeshua, en Oseas hijo de Nun, que sería el sucesor de Moisés.

Dios le dijo a Moisés que Josué sería su sucesor, que llevaría al pueblo hebreo a la tierra prometida, y les repartiría la tierra prometida a las doce tribus de Israel.

Y ahora Cristo dice:

“Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más (saldrá fuera) saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios…”.

Eso está en el capítulo 3, verso 12, de Apocalipsis.

“… y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo”.

Ahora, vean ustedes cómo Cristo escribirá sobre el Vencedor Su Nombre Nuevo. Ahí estará el nombre que se requiere para pasar al otro lado del Jordán, pasar a la tierra prometida del nuevo cuerpo y luego a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial de Cristo, pasar a la tierra prometida; porque pasaremos de los reinos de este mundo al glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo, ese Reino Milenial.

También vean ustedes que, siendo que la Roca es Cristo, encontramos que la Roca o Piedra que los edificadores desecharon tiene el Nombre de Dios. Por eso el nombre que Moisés colocó sobre Oseas hijo de Nun, o sea, Josué o Yoshua o Yeshua, es el mismo nombre en hebreo que fue colocado sobre el hijo de la virgen que nació en Belén de Judea.

Y ahora, Cristo para el Día Postrero ha prometido dar al Vencedor una Piedrecita blanca, y en la Piedrecita un nombre nuevo escrito, que ninguno conoce, ninguno entiende, sino aquel que lo recibe.

Cristo siempre ha sido ¿qué? La Roca, la Piedra, y ahí lo tenemos.

Él es la Piedra que los edificadores desecharon en Su Primera Venida; y fue representado en una piedra, la piedra angular, en la construcción del templo, que los edificadores habían desechado; de la cual hablan los Salmos… El profeta Isaías también, en el capítulo 28, también nos habla de esa piedra que los edificadores desecharon; y también en el capítulo 8, verso 14, nos habla de esa piedra.

Y también en el capítulo 51 y verso 1 nos habla de esa piedra, la piedra de donde nosotros hemos sido (¿qué?) cortados; porque nosotros somos también piedras vivas, para ser colocados en el Templo espiritual de Cristo como piedras vivas, para ser un Templo santo en el Señor.

Y ahora, en esa Piedra no cortada de manos viene un nombre nuevo; ese es el Nombre Nuevo del Señor Jesucristo, que es el Nombre Eterno de Dios, ¿para qué? Para ser escrito sobre el Vencedor, porque es el Vencedor que recibe esa Piedra.

Esa Piedrecita blanca con ese Nombre escrito, ese Nombre Nuevo escrito, es la misma piedra que vio el profeta Daniel, no cortada de manos, pues fue cortada por la mano de Dios, la Palabra de Dios.

Y ahora, el Vencedor es el que recibe esa Piedra, la Segunda Venida de Cristo, con ese Nombre Nuevo; y con la Venida de la Piedra y Su Nombre Nuevo, que es el Nombre Eterno de Dios, el pueblo, la Iglesia de Jesucristo, el Israel celestial, entrará a la tierra prometida del nuevo cuerpo y a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial, después de la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo y que haya pasado la gran tribulación —de tres años y medio— sobre este planeta Tierra.

Ahora, vean cómo todo ha sido simbolizado en el Antiguo Testamento, porque todo tiene que ser simbolizado primero; porque esos símbolos son el tipo y figura, son la sombra, de lo que Dios materializará en Su Programa.

Y ahora hemos visto LA PEÑA DE HOREB HERIDA PARA PRODUCIR AGUA, Agua de vida eterna; para que todos los que en Él creen, no se pierdan, mas tengan vida eterna9.

Porque nos dice San Pedro, en su primera carta, capítulo 2 (y leemos), verso 4 en adelante, dice:

“Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa,

vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

Por lo cual también contiene la Escritura:

He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa;

Y el que creyere en él, no será avergonzado.

Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen,

La piedra que los edificadores desecharon,

Ha venido a ser la cabeza del ángulo;

y:

Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados”.

Ahora, vean ustedes cómo aquí nos habla de esta Roca, de esta Piedra, el cual es Cristo, y el cual es la Piedra, la Roca que los edificadores desecharon allá dos mil años atrás.

Y ahora, los que creen, dice:

“He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa;

Y el que creyere en él, no será avergonzado.

Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen,

La piedra que los edificadores desecharon,

Ha venido a ser la cabeza del ángulo;

(¿y qué más?) y:

Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan (¿dónde?) en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados”.

Ahora vean cuál será la actitud frente a la Roca, Cristo, en Su Primera Venida y también en Su Segunda Venida; y vean los beneficios que reciben los que creen en la Roca, Cristo, en Su Primera Venida y en Su Segunda Venida. La roca, la peña de Horeb en Su Primera Venida, y la roca allá en Cades-barnea en Su Segunda Venida.

Hemos visto “LA PEÑA EN HOREB HERIDA PARA PRODUCIR AGUA”, o sea, Agua de vida eterna.

Ese es Cristo crucificado en la Cruz del Calvario para producir Agua de vida eterna para todos los que tienen sus nombres escritos ¿dónde? En el Libro de la Vida del Cordero. Por eso produce el nuevo nacimiento en todos aquellos que creen en Cristo como su Salvador y lavan sus pecados en la Sangre de Cristo y reciben Su Espíritu Santo, y así reciben vida eterna.

Y así, las palabras de Cristo: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba”.

Y dice10: “El que cree en mí, como dice la Escritura, ríos de agua viva correrán de su vientre”, hablando del Espíritu que habían de recibir, del Espíritu Santo, que es un río de Agua de vida eterna corriendo por el interior de todos los creyentes en Cristo; porque “el que no nazca de nuevo del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios”. (San Juan, capítulo 3, verso 1 al 6).

Hemos visto la Peña en Horeb herida: la Primera Venida de Cristo siendo herido en la Cruz del Calvario, para producir Agua, Agua de vida eterna; y así producir en nosotros el nuevo nacimiento, así como en los santos de las edades pasadas.

Cristo es LA PEÑA EN HOREB HERIDA PARA PRODUCIR AGUA, el Agua de la vida eterna.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes dándoles testimonio de LA PEÑA DE HOREB HERIDA PARA DAR AGUA, de la cual nosotros hemos tomado, hemos bebido, y por eso nos ha dado vida eterna.

Y aunque nuestro cuerpo físico muera, como sucedió con los santos de las edades pasadas, no hay ningún problema: ya tenemos vida eterna; vamos al Paraíso a vivir en un cuerpo glorificado, en el cuerpo glorificado o cuerpo teofánico que hemos recibido al creer en Cristo y nacer de nuevo; y luego regresaremos en cuerpos eternos. Pero si permanecemos vivos hasta que los muertos en Cristo resuciten, entonces no tendremos que morir, solamente ser transformados; y así pasar en seco el Jordán, pasar en seco al otro lado de la muerte, al otro lado del Jordán.

Y esto lo haremos con nuestro Josué, nuestro Señor Jesucristo en Su Segunda Venida. Eso lo haremos con Cristo, la Peña herida, el cual está representado en Su Segunda Venida en la segunda roca o peña, que representa a Cristo también.

Bueno, pero primero hay que tomar de la Primera Roca, de la Primera Peña, de la Primera Venida de Cristo, para obtener vida eterna, para obtener el nuevo nacimiento; y luego tomar de la Segunda Roca para poder obtener la fe para ser transformados y raptados en este tiempo final, y llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Y cuando ustedes me vean ahí escribiendo (algunas veces sigo hablando y sigo escribiendo ahí), algunas veces estoy apuntando alguna cita bíblica o algo que me llega; y si dejo para terminar y después escribirlo allá, se me puede pasar. Y si me llegó en el momento, lo escribo y algunas veces se los doy a ustedes también, si tiene que ver con lo que se está hablando en ese momento; pero si tiene que ver con otra cosa y llega, lo apunto ahí. Como vieron ahorita, que estaba apuntando algo en algún lugar acerca de… ¿De qué fue? Vamos a ver por aquí… Estuve apuntando algo en algún sitio; y eso después yo por ahí lo busco y veo a qué se refería eso que fue apuntado; y ahí pues lo usaremos en estos días también, si Dios nos permite.

Bueno, “LA PEÑA EN HOREB HERIDA PARA PRODUCIR AGUA”.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos, y nuevamente con nosotros el reverendo Miguel Bermúdez Marín para continuar y concluir nuestra parte en esta ocasión. Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LA PEÑA DE HOREB HERIDA PARA PRODUCIR AGUA”.

[Revisión enero 2020]

1 2 Reyes 2:19-22
2 Éxodo 15:22-25
3 San Juan 2:1-10
4 San Juan 11:38-44
5 San Juan 4:7-26
6 San Juan 14:23
7 Números 20:8
8 Números 13:16
9 San Juan 3:15
10 San Juan 7:38 – Reina-Valera Antigua
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