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La Obra de Cristo en el Día Postrero
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La Obra de Cristo en el Día Postrero

Muy buenos días, amados amigos y hermanos presentes, aquí en Ciudad Victoria, República Mexicana. Es para mí una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este Día Postrero o tiempo final en el cual nosotros estamos viviendo; y también para disfrutar de esta dedicación de este lugar a Dios, el cual ya fue dedicado a Dios para Su gloria y Su honra.

Quiero leer en Habacuc, capítulo 3, verso 1 al 2, donde dice Habacuc:

Oración del profeta Habacuc, sobre Sigionot.

Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí.

Oh Jehová, aviva tu obra en medio de

los tiempos,

En medio de los tiempos hazla conocer;

En la ira acuérdate de la misericordia”.

Y en San Lucas, capítulo 2, verso 46 en adelante, dice:

Y aconteció que tres días después le hallaron en el templo (o sea, María y José, hallaron a Jesús en el templo, pues se había quedado allí en Jerusalén), sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles.

Y todos los que le oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas.

Cuando le vieron, se sorprendieron; y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia.

Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?

Mas ellos no entendieron las palabras que les habló.

Y descendió con ellos, y volvió a Nazaret, y estaba sujeto a ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.

Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres”.

Que Dios bendiga Su Palabra en nuestras almas, y bendiga nuestras almas con Su Palabra, y nos muestre Su Obra para este Día Postrero. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Nuestro tema para esta ocasión es: “LA OBRA DE CRISTO EN EL DÍA POSTRERO”.

A través del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento, podemos ver que Dios siempre ha estado obrando; siempre Dios ha estado llevando a cabo Su Obra correspondiente a cada edad y a cada dispensación.

Ahora, podemos ver que la Obra de Dios siempre está enmarcada en una edad y en una dispensación. Tenemos siete dispensaciones, así como la semana tiene siete días; encontramos que también dice que Dios llevó a cabo toda Su Obra en seis días, y el séptimo día terminó y descansó.

Y ahora, encontramos que también tiene siete dispensaciones, las cuales son: la primera, la Dispensación de la Inocencia…; también tiene siete mensajeros dispensacionales y también tiene siete mensajes dispensacionales.

• Ahora, la primera dispensación es la Dispensación de la Inocencia, y su mensajero dispensacional es Adán, y el mensaje es el Mensaje de la Inocencia.

• La segunda dispensación es la Dispensación de la Conciencia, su mensajero es el profeta Set, hijo de Adán, y el mensaje es el Mensaje de la Conciencia.

• Luego tenemos la dispensación tercera, que es la Dispensación del Gobierno Humano, y su mensajero es el profeta Noé, y su mensaje es el Mensaje del Gobierno Humano.

• Luego tenemos la cuarta dispensación, la cual es la Dispensación de la Promesa, su mensajero dispensacional es el profeta y patriarca Abraham, y el mensaje es el Mensaje de la Promesa.

• Luego tenemos la quinta dispensación, que es la Dispensación de la Ley, y su mensajero es el profeta Moisés, y el mensaje es el Mensaje de la Ley.

• Tenemos también la sexta dispensación, que es la Dispensación de la Gracia, y su mensajero es nuestro amado Señor Jesucristo, el cual apareció al llegar a su final la Dispensación de la Ley y entrelazarse la Dispensación de la Gracia allí con el ministerio de Jesús; y su mensaje es el Mensaje de la Gracia.

• Y la séptima dispensación es la Dispensación del Reino, y su mensajero es el Ángel del Señor Jesucristo, y el mensaje es el Mensaje del Evangelio del Reino.

Ahora, vean cómo tenemos para este tiempo final la promesa de una nueva dispensación: luego de la Dispensación de la Gracia con el Mensaje del Evangelio de la Gracia, luego tenemos la Dispensación del Reino con el Mensaje del Evangelio del Reino.

También hay siete edades en cada dispensación, cada dispensación tiene siete edades; y por consiguiente tiene siete mensajeros en cada una de esas dispensaciones; y son siete edades para cada dispensación.

Tenemos, en la Dispensación de la Ley, que el séptimo mensajero de esa dispensación, el séptimo mensajero de la Dispensación de la Ley, fue el profeta Juan el Bautista; y luego apareció Jesús, el cual fue precursado, anunciado por Juan el Bautista, que vendría después de él.

Y ahora ¿dónde podemos colocar a Jesús? Jesús llegó y ahí se abrió una nueva edad: la Edad de la Piedra Angular; pues Juan el Bautista fue el mensajero de la séptima edad de la Iglesia hebrea bajo la Ley; pero allí se estaba entrelazando una nueva dispensación con y en la Edad de la Piedra Angular, donde el ministerio de Jesús estaba llevándose a cabo.

Y ahora, cada mensajero de cada edad ha sido el instrumento de Dios, de Cristo, para la Obra correspondiente a cada edad.

Siempre tenemos que comprender que la Obra no es de un hombre, sino que es la Obra de Dios, del Ángel de Jehová, siendo llevada a cabo en cada edad y también en cada dispensación por medio del mensajero de esa edad o de esa dispensación.

Y ahora podemos ver, entonces, que toda la Obra de toda edad y toda dispensación es la Obra de una sola persona: de Dios, el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto; pero siempre Él ha usado seres humanos, los cuales ha colocado en Su Obra, y han venido a ser los velos de carne a través de los cuales Dios en Espíritu —que es el Ángel del Pacto— se ha manifestado y ha cumplido Su Obra correspondiente a cada tiempo, que es la Palabra prometida para cada edad y para cada dispensación.

Esa Palabra prometida para esa edad y para esa dispensación en específico, es cumplida por el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, a través de la manifestación que Él tiene a través del mensajero de ese tiempo; por eso es que al mensajero correspondiente a una edad o a una dispensación, le conviene estar en los negocios del que lo envió.

Por eso Jesús dijo: “En los negocios de mi Padre me conviene estar”1. ¿Y estar cómo? Pues haciendo la Obra de Dios, o sea, dejándose usar por Dios para la realización de esa Obra correspondiente a ese tiempo.

Por eso Cristo decía que Él no hacía nada de Sí mismo, sino que lo que Él veía al Padre hacer, eso era lo que Él hacía2. Él también dijo que la Obra que el Padre le dio para hacer, esa era la Obra que Él llevaba a cabo3.

Y al final de Su ministerio dijo: “La Obra que me diste que hiciera, he hecho”4. Y así llegaba a su final la Obra que el Padre le dio para realizar. Y fue coronada esa Obra con la crucifixión de Cristo en la Cruz del Calvario, donde Él llevó nuestros pecados y murió por ellos, y así pagó el precio de la redención.

O sea que en la Obra de Dios para el tiempo de la Primera Venida de Cristo, vean ustedes, Dios estaría quitando los pecados de todos los hijos de Dios, los primogénitos de Dios; y esto era tomando Cristo nuestros pecados y muriendo por ellos, haciéndose mortal; y muriendo y así quitándolos de nosotros, y desapareciéndolos de nosotros, y lavándonos con Su Sangre preciosa.

En el capítulo 17 de San Juan, versos 1 en adelante, dice:

Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti;

como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste.

Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.

Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese.

Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese (o sea, antes de la fundación).

He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra.

Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti;

porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.

Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son,

y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos”.

Ahora, vean cómo aquí Jesús ora, y dice que la Obra que Dios le dio para hacer para aquel tiempo, Él la ha hecho; y luego fue coronada esa labor, esa Obra, ese ministerio, con su muerte en la Cruz del Calvario quitando el pecado del mundo.

Cristo, vean ustedes, fue adoptado en el Monte de la Transfiguración para poder llevar a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario, porque esa Obra no podía ser llevada a cabo por ninguna persona sin ser primeramente adoptado; y para eso tenía que llevar a cabo una labor, una Obra, en el Programa Divino; y ser fiel a esa Obra por medio del ministerio que sería manifestado en Él, el cual fue manifestado —ese ministerio mesiánico— en el cumplimiento de la Venida del Ángel del Pacto en carne humana, en el velo de carne llamado Jesús.

Ahora, hemos visto la Obra de Cristo allá en Su Primera Venida y cómo culminó esa Obra, coronó esa Obra: con Su muerte allá en la Cruz del Calvario, limpiándolos allí de todo pecado al llevar nuestros pecados, y luego resucitando, y luego ascendiendo al Cielo victorioso.

Luego, el Día de Pentecostés, descendió sobre 120 personas en Espíritu Santo, y ahí comenzó Cristo a crear una nueva raza, comenzó Cristo a crear Su Iglesia; porque Su Iglesia viene por creación divina: por medio del nuevo nacimiento que se produce en aquellas personas que creen en Cristo como Su Salvador, lo reciben como su Salvador y lavan sus pecados en la Sangre de Cristo, y reciben Su Espíritu Santo; y así nacen de nuevo, y así tienen un cuerpo teofánico, un espíritu teofánico, de la sexta dimensión: un cuerpo muy parecido a nuestro cuerpo pero de otra dimensión; un cuerpo igual al cuerpo de Jesucristo de la sexta dimensión, con el cual le apareció a diferentes profetas en el Antiguo Testamento; y los profetas que vieron ese cuerpo teofánico de Dios, que es el cuerpo teofánico de Jesús, dijeron que era un varón, o sea, un hombre, de otra dimensión.

Ese hombre de otra dimensión es llamado el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, y es llamado también el Verbo que era con Dios y era Dios, y se hizo carne y habitó entre los seres humanos, y fue conocido por el nombre de Jesús5. Por eso Jesús podía decir: “Antes que Abraham fuese, yo soy”. También podía decir: “Abraham deseó ver mi día; lo vio, y se gozó”6.

Porque Abraham vio el Día del Señor, allá representado, cuando Elohim, o sea, Dios (que es el mismo Jesucristo en Su cuerpo teofánico), le apareció a Abraham y se materializó delante de Abraham, y también Gabriel y Miguel; porque Dios creó temporalmente un cuerpo para Miguel, otro para Gabriel y otro para Sí mismo; y apareció a Abraham en esa forma, y comió con Abraham, tanto Elohim como Gabriel y Miguel; y luego descendieron a Sodoma para la investigación de juicio y para traer el juicio sobre Sodoma y Gomorra.

Durante la noche estaban en esa investigación de juicio, y luego durante la mañana, en la madrugada, descendió el juicio divino sobre Sodoma y Gomorra y ciudades cercanas.

Ahora, vean ustedes cómo todo sucedió; y uno de esos personajes que estuvo con Abraham era el mismo Jesucristo, el cual estaba en Su cuerpo teofánico y se materializó: porque tomó del polvo de la tierra y creo para Sí mismo un cuerpo, y otro para Gabriel, y otro para el Arcángel Miguel; y comieron con Abraham. Por eso se gozó en ver el Día del Señor; y lo vio, y se gozó.

Y ahora, vean ustedes cómo nuestro amado Señor Jesucristo, siendo el mismo Dios hecho hombre, Emanuel (que traducido es: Dios con nosotros)7, estuvo viviendo en ese cuerpo teofánico por una cantidad de millones y millones de años; no sabemos cuánto. También le creó a Adán un cuerpo de esa clase. Y luego ha estado creando cuerpos teofánicos para todos los que creen en Cristo como nuestro Salvador y lavan sus pecados en la Sangre de Cristo.

Esa es la clase de cuerpo que Él nos da a todos nosotros: un cuerpo de la sexta dimensión; y por eso es que si el creyente muere, no tiene ningún problema: sigue viviendo porque él tiene vida eterna, porque ha nacido de nuevo y ha recibido un cuerpo teofánico de la sexta dimensión. Y en el Día Postrero y para el Día Postrero, Cristo ha dicho que si la persona, el creyente en Él, ha partido, vean lo que Él nos dice en el capítulo 6, verso 39 al 40, de San Juan:

Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero (¿Cuándo? En el Día Postrero).

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

Y el Día Postrero es el séptimo milenio, que es el Día Postrero delante de Dios; porque un día delante de Dios es como mil años para nosotros acá en la Tierra8. Cuando nos habla de los días postreros nos está hablando del quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

En los días de Jesús, cuando tenía de 4 a 7 años de edad, comenzó el quinto milenio; y por consiguiente comenzaron los días postreros. Y Dios estaba en Jesús hablándole a la raza humana por medio de carne humana; y estaba llevando a cabo Dios, el Ángel del Pacto, por medio de carne humana, por medio de Jesús, la Obra correspondiente a aquel tiempo.

Y luego, de edad en edad, ha estado llevando a cabo el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, Su Obra correspondiente a cada edad, en la creación de una nueva raza; y esa nueva raza es la Iglesia del Señor Jesucristo, la cual recibe un cuerpo teofánico cada miembro de ese Cuerpo Místico de creyentes, y por eso nace dentro de esa nueva raza, dentro de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Ha estado llevando a cabo, de edad en edad, esta Obra, por medio de la manifestación del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, a través de cada ángel mensajero; al cual ha estado usando y ha estado hablando por medio de cada ángel mensajero en cada edad; y ha estado llamando y juntando a Sus escogidos en cada edad; los cuales han creído al Evangelio y han recibido a Cristo como su Salvador, y han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo, y han recibido el Espíritu de Cristo; y por consiguiente, han nacido en el Cuerpo Místico de Cristo, han obtenido el nuevo nacimiento; y por consiguiente, han obtenido un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, ya tienen el cuerpo teofánico de la sexta dimensión; así como Adán tenía un cuerpo teofánico de la sexta dimensión antes de venir a esta Tierra y obtener el cuerpo de carne y sangre que Dios le creó del polvo de la Tierra.

Cristo también, teniendo Su cuerpo teofánico —a través del cual creó todas las cosas—, luego se creó un cuerpo de carne en el vientre de María, creando una célula de vida, la cual se multiplicó célula sobre célula, y se formó así el cuerpo de Jesús; el cual nació en Belén de Judea, y en el cual vivió, habitó el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto y por medio de Él llevó a cabo la Obra correspondiente a ese tiempo.

Y ahora, de edad en edad ha estado llevando a cabo la creación de una nueva raza, creando una nueva raza, creándole primero el cuerpo teofánico de la sexta dimensión; y para el Día Postrero nos creará el cuerpo físico eterno y glorificado, igual al Suyo, igual al cuerpo glorificado de nuestro Señor Jesucristo; y así seremos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Ahora, para este tiempo final, la Obra de Cristo para el Día Postrero…; así como la Obra de Cristo para la primera edad estuvo en la primera edad allá en Asia Menor, y fue realizada por Cristo, el Ángel del Pacto, a través del apóstol San Pablo; y la segunda fue por medio de Ireneo allá en Francia, en la segunda edad; y así por el estilo en cada edad, por medio del mensajero de cada edad, en el territorio donde Dios lo envió.

Ahora para la séptima edad Dios envió al séptimo ángel mensajero, el reverendo William Branham, y lo usó en la Obra correspondiente a la séptima edad de la Iglesia gentil, y habló por medio de él, y llamó y juntó a los escogidos de Dios de esa séptima edad de la Iglesia gentil en Norteamérica.

Y ahora Jesucristo en Espíritu Santo, que es el Ángel del Pacto, se ha movido a la América Latina y al Caribe. ¿Para qué? Para llevar a cabo la Obra del Día Postrero; la Obra del Día Postrero, que corresponde a la Edad de la Piedra Angular.

Por eso la América Latina y el Caribe es el territorio donde la Edad de la Piedra Angular se materializa en seres humanos. Por eso la América Latina y el Caribe es la Piedra Angular en este tiempo final, en donde Jesucristo lleva a cabo Su Obra correspondiente al Día Postrero.

Por lo tanto, la América Latina y el Caribe es la Piedra Angular, como territorio, para la Iglesia del Señor Jesucristo, en donde Jesucristo lleva a cabo la Obra correspondiente a la Edad de la Piedra Angular y corona Su Iglesia con esa Obra. Y para eso, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que es el mismo Jesucristo en Su cuerpo teofánico, el mismo Jesucristo en Espíritu Santo, dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”. Apocalipsis, capítulo 22, verso 16.

Y Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, dice… vamos a ver:

Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas…”.

¿De quién son los espíritus de los profetas? De Dios; esos espíritus teofánicos son de Dios.

Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿A quién ha enviado? A Su Ángel Mensajero. Este Ángel del Señor Jesucristo enviado a Juan el apóstol es un espíritu de profeta, un hombre de la sexta dimensión, que le apareció a Juan porque fue enviado por Jesucristo para darle toda esta revelación apocalíptica a Juan. Dice Apocalipsis, capítulo 1, verso 1 al 3:

La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan”.

¿Por medio de quién envió toda esta revelación apocalíptica? Por medio de Su Ángel, por medio de este espíritu de profeta, por medio de este hombre de la sexta dimensión, el cual le reveló a Juan todas estas cosas. Dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo, hablándonos de este Ángel, en la página 301, 302 y 326 del libro de Los Sellos… Vean, dice así; primeramente en la página 301 dice:

106. Noten bien: En el tiempo cuando Dios iba a librar al mundo antes del diluvio, Él mandó un águila (ese fue Noé, porque un águila representa un profeta; un profeta es representado, simbolizado, en un águila). Cuando decidió librar a Israel, también mandó un águila (¿Quién fue ese águila? Moisés). ¿No cree usted que cuando Juan estaba en la Isla de Patmos, este Mensaje era tan perfecto que aun no podía ser confiado a un ángel? Ahora, un ángel es un mensajero, pero ¿sabía usted que aquel mensajero era un profeta? ¿Lo creen? Vamos a probarlo. Veamos Apocalipsis 22:9 para ver si no era un águila. Él era un ángel, un mensajero, pero era un profeta, el cual reveló a Juan completamente este libro de Apocalipsis. Ahora veamos lo que Juan vio:

‘Yo Juan soy el que ha oído y visto estas cosas. Y después que hube oído y visto, me postré para adorar delante de los pies del ángel que me mostraba estas cosas.

Y él (el ángel) me dijo: Mira que no lo hagas (ningún verdadero profeta recibirá adoración, o mensajero alguno) (pero ¿qué le dijo?): porque yo soy consiervo tuyo, y con tus hermanos los profetas, y con los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios’. Apocalipsis 22:8-9”.

Dice Amós, capítulo 3, verso 7: “Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas”.

Los siervos de Dios, los profetas de Dios; Dios llama a Sus profetas “Sus siervos”. Y ahora, este Ángel es consiervo de Juan y consiervo de los profetas de Dios. ¿Por qué? Porque es un profeta. Y ahora, dice:

107. Ahora, el Libro era tan importante, y es la Palabra de Dios. ¡Cuidado! Cuando la Palabra de Dios es revelada, tiene que ser traída por el profeta, porque solamente a él llega la Palabra de Dios”.

De dispensación en dispensación y de edad en la edad, la Palabra de Dios ha venido por medio (¿de qué?) de los profetas de Dios; aun los apóstoles de Jesucristo fueron profetas. Por eso tenemos las profecías de San Pedro y también las profecías de San Pablo: fueron apóstoles y profetas.

Y ahora, este Ángel del Señor Jesucristo es un profeta, nos dice el reverendo William Branham, un águila; y si es un águila, entonces tiene que venir volando en su ministerio para este tiempo final, para llevar a cabo la Obra de Dios correspondiente al Día Postrero; y el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová lo estará usando a él en este tiempo final.

Dice en la página 326, el último párrafo dice:

243. Moisés será la misma persona. Hallamos lo mismo en Apocalipsis 22:8”.

Y lo que hallamos en Apocalipsis 22, verso 8, es al Ángel del Señor Jesucristo, al cual Juan el apóstol quiso adorar. Y Moisés será la misma persona, dice nuestro hermano Branham. Y dice: “Hallamos lo mismo en Apocalipsis 22, verso 8”. ¿A quién hallamos? A Moisés, ahí en Apocalipsis, capítulo 22, verso 8; y también hallamos a Elías; y también hallamos el ministerio de Jesús ahí manifestado.

Porque el Ángel del Señor Jesucristo es un profeta; y si es un profeta, entonces tiene que ser ubicado en la Obra de Dios correspondiente a este tiempo final. Porque el mensajero para la primera edad fue San Pablo; para la segunda fue Ireneo; para la tercera, Martín; para la cuarta, Colombo; para la quinta, Lutero; para la sexta, Wesley; y para la séptima, el reverendo William Branham.

¿Y dónde vamos a ubicar al Ángel del Señor Jesucristo, que es el profeta enviado por Cristo para dar testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto, en el Día Postrero? Pues tenemos que ubicarlo en la Edad de la Piedra Angular. Y por medio de ese profeta, Dios estará manifestando los ministerios de Moisés por segunda vez, de Elías por quinta vez y de Jesús por segunda vez.

Y así estará Dios, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el mismo Jehová (que llevó a cabo Su Obra de edad en edad en el pasado, y de dispensación en dispensación en el pasado), estará llevado a cabo Su Obra correspondiente a la Edad de la Piedra Angular y a la Dispensación del Reino; o sea, Su Obra correspondiente a la dispensación séptima, la Dispensación del Reino, por medio de Su Ángel Mensajero y Su Obra correspondiente a la Edad de la Piedra Angular, que es una edad eterna.

Y así la Obra de Cristo en el Día Postrero estará manifestada en este planeta Tierra; y los que son de Dios: escucharán la Voz de Dios en la Edad de la Piedra Angular.

Dice Apocalipsis, capítulo 4, verso 1: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas”.

Cristo, con esa Voz de Trompeta, es el que llama a subir (¿a dónde?) a la Edad de la Piedra Angular, donde Él estaría manifestado en Su Ángel Mensajero; y por medio de Su Ángel Mensajero estaría dando a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; y estaría llevando a cabo, por medio de Su Ángel Mensajero, la Obra de Cristo en y del Día Postrero, la Obra de Cristo del séptimo milenio y de la séptima dispensación, la Dispensación del Reino, y de la Edad de la Piedra Angular.

Por eso es que Juan el apóstol quiso adorar a este Ángel del Señor Jesucristo; porque vio toda esta manifestación de Cristo en Su Ángel Mensajero: vio al Ángel del Pacto, al Ángel de Jehová, manifestado en Su Ángel Mensajero llevando a cabo la Obra de Cristo correspondiente al Día Postrero, a la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino.

Y por medio de este Ángel fue que escuchó todas las cosas que deben suceder; porque ese es el Ángel que viene con la revelación de Dios, la revelación divina, para este Día Postrero, para dar testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto, y para ser el instrumento de Cristo en la Obra de Jesucristo del Día Postrero.

Pero este Ángel no es el Señor Jesucristo. Este Ángel es un redimido con la Sangre de Jesucristo, que en este Día Postrero estaría viviendo en el Cuerpo Místico de Cristo y estaría siendo usado por Jesucristo, por el Ángel del Pacto, en la Obra de Cristo en y del Día Postrero.

Y por cuanto la Obra de Cristo siempre se ha cumplido en cada edad en el territorio señalado por Dios: para la Obra de Cristo del Día Postrero, Su Obra se cumple en la América Latina y el Caribe, donde Él envía Su Ángel Mensajero y usa Su Ángel Mensajero, para llamar y juntar a todos los escogidos con la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Por eso es que Dios nos ha dado Su Palabra para este tiempo final; porque todo esto está sucediendo en la Obra de Cristo en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino; y nos ha abierto el entendimiento y el corazón para entender estas Escrituras que corresponden a este Día Postrero y a la Obra de Cristo del Día Postrero.

Antes no podían ser comprendidas estas Escrituras, porque estaban selladas y cerradas hasta este tiempo del fin, hasta este tiempo final. El profeta Daniel, en el capítulo 12 de su libro, quiso comprender. Dice en el capítulo 12, verso 1 en adelante, dice:

En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro”.

O sea, todos los que se hallen escritos en el Libro de la Vida del Cordero; o sea, serán libertados 144.000 hebreos en este tiempo final.

Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión…”. 

Y de entre los gentiles, de la Iglesia gentil, serán despertados, resucitados, en este tiempo final, en el Día Postrero, en la Obra de Cristo del Día Postrero; serán resucitados todos los escogidos de Dios de la Iglesia de Jesucristo, todos los creyentes en Cristo que han recibido a Cristo como su Salvador, han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido Su Espíritu Santo en la edad que les ha tocado vivir.

Si sus cuerpos físicos murieron, serán resucitados en el Día Postrero, que es el séptimo milenio, en la Dispensación del Reino y Edad de la Piedra Angular, en la Obra de Cristo en el Día Postrero; y luego serán resucitados también los 144.000 hebreos, los cuales morirán durante la gran tribulación como mártires, pero al terminar la gran tribulación serán resucitados para vivir en el Reino Milenial de Cristo.

Y luego, después del Reino Milenial, habrá una resurrección: la resurrección general, para todos los demás que no habían resucitado antes (en la primera resurrección); para ser juzgados luego, serán resucitados; y unos saldrán para vida eterna y otros para condenación, o sea, para ser echados en el lago de fuego, donde serán destruidos en cuerpo, espíritu y alma también.

“… y otros para vergüenza y confusión perpetua.

Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad.

Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin”. 

Toda esta revelación que trajo el profeta Daniel para ser cumplida en el Día Postrero, en el tiempo final, está sellada y cerrada —le dice aquí Dios al profeta Daniel— ¿hasta cuándo? Hasta el tiempo del fin.

Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará.

Y yo Daniel miré, y he aquí otros dos que estaban en pie, el uno a este lado del río, y el otro al otro lado del río”.

Esos dos: uno a un lado, y otro al otro lado, son Gabriel y Miguel.

Y dijo uno al varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río…”.

Ese Varón es Cristo en Su cuerpo teofánico; es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el Espíritu Santo; porque el Espíritu Santo es ese Varón vestido de lino blanco y fino. En Ezequiel, capítulo 9, el Varón vestido de lino, con el tintero en su cintura, es el Espíritu Santo; porque el Espíritu Santo es ese hombre de la sexta dimensión, llamado el Ángel de Jehová o Ángel del Pacto.

Y oí al varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río, el cual alzó su diestra y su siniestra al cielo, y juró por el que vive por los siglos, que será por tiempo, tiempos, y la mitad de un tiempo”.

O sea, por tres años y medio. “Tiempo” es un año; “tiempos” ya son dos años más (que se los sumamos al primer año, y ya son tres); y “medio tiempo” son seis meses. O sea, son tres años y medio: “por tiempo, tiempos, y la mitad de un tiempo”.

Y cuando se acabe la dispersión del poder del pueblo santo, todas estas cosas serán cumplidas.

Y yo oí, mas no entendí. Y dije: Señor mío, ¿cuál será el fin de estas cosas?

El respondió: Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin.

Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados…”.

Y por medio de creer en Cristo como nuestro Salvador, y lavar nuestros pecados en la Sangre de Cristo, y recibir Su Espíritu Santo: somos limpios y emblanquecidos con la Sangre de nuestro Señor Jesucristo.

Pero ¿qué dice de los impíos?

“… los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán”.

Los entendidos son los hijos e hijas de Dios, de edad en edad, los cuales tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida de Cordero desde antes de la fundación del mundo; y cuando escuchan la predicación del Evangelio se les abre el alma, el corazón y el entendimiento, y comprenden que necesitan a Cristo como su Salvador para quitar sus pecados: y lo reciben como su Salvador y lavan sus pecados en la Sangre de Cristo, y reciben el Espíritu de Cristo; y son emblanquecidos, y son perdonados por Cristo, y son colocados en el Cuerpo Místico de Cristo, en la edad que les corresponde; y así obtienen un cuerpo teofánico de la sexta dimensión; y para el Día Postrero recibirán el cuerpo físico y eterno que Cristo ha prometido para cada uno de ustedes y para mí también.

Ahora, podemos ver que los entendidos entenderán. Y ahora, ¿dónde están los entendidos del Día Postrero? Aquí estamos un grupo, aquí en Ciudad Victoria, de la República Mexicana; y en diferentes lugares de la República Mexicana y en diferentes lugares de la América Latina y el Caribe; en donde la Voz de Cristo y la Obra de Cristo en el Día Postrero se está llevando a cabo.

También hay algunos que han viajado a Norteamérica y a otras naciones, pero hasta allá también les llega el Mensaje, la Obra de Cristo para el Día Postrero, y la Palabra de Cristo para el Día Postrero.

Y ahora nosotros estamos en este Día Postrero en la Obra de Cristo correspondiente al Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino.

“LA OBRA DE CRISTO EN EL DÍA POSTRERO”.

Hemos visto en qué territorio se llevaría a cabo. ¿Cuál es el territorio? La América Latina y el Caribe.

Hemos visto con qué clase de gente se llevaría a cabo: con latinoamericanos y caribeños.

Y hemos visto la clase de Mensaje que Cristo estaría dándonos, hablándonos, por medio de Su Ángel Mensajero: el Evangelio del Reino, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo. Ese es el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final, con el cual son llamados y juntados todos los escogidos de Dios; porque está dicho por Jesús: “Y enviará Sus Ángeles con Gran Voz de Trompeta, y juntarán a Sus escogidos”9.

Ahora podemos ver toda esta Obra de Cristo en el Día Postrero, y podemos identificarla con lo que fue prometido por Dios para ser llevada a cabo en este Día Postrero.

Siendo que Él está construyendo Su Templo espiritual, Su Iglesia… El lugar santísimo del templo de Salomón, y el templo de Moisés, estaba para el occidente, o sea, para la parte oeste; así también en la construcción del Templo espiritual de Cristo, el cual comenzó en el oriente: ahora el Lugar Santísimo ¿dónde lo está construyendo Cristo? En el occidente, que es la América Latina y el Caribe.

Por eso pertenecemos al Lugar Santísimo del Templo espiritual de nuestro amado Señor Jesucristo, en la Obra de Cristo en el Día Postrero.

Nos ha tocado la mejor parte del Templo espiritual de Cristo, del Cuerpo Místico de Cristo, en la Obra de Cristo en el Día Postrero. Somos personas bienaventuradas.

Muchos de los mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil, y también de los escogidos de las siete edades, desearon vivir en este tiempo: en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, en LA OBRA DE CRISTO EN EL DÍA POSTRERO.

Pero a nosotros nos ha tocado ese privilegio; el cual apreciamos con toda nuestra alma, y le damos gracias a Dios por enviarnos a vivir en el Día Postrero en la América Latina y el Caribe; aunque algunos hayan viajado a otras naciones, pero hasta allá les llega el Mensaje también.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de “LA OBRA DE CRISTO EN EL DÍA POSTRERO”, la cual hemos identificado en el Cuerpo Místico de Cristo, en la Edad de la Piedra Angular, y en el territorio latinoamericano y caribeño, con gente latinoamericana y caribeña.

Tenemos el privilegio más grande que pueda tener nación alguna, continente alguno y persona alguna: tenemos el privilegio de pertenecer a la Obra de Cristo en el Día Postrero, y ser la Obra de Cristo, de la Nueva Creación que Él está llevando a cabo de edad en edad. Y ahora nos ha tocado la parte final, en donde hemos de obtener un cuerpo glorificado y eterno, igual al de nuestro amado Señor Jesucristo.

Esto es para jóvenes, para adultos, para ancianos y también para niños; para todos los que tienen sus nombres escritos (¿dónde?) en el Libro de la Vida del Cordero.

La Obra para este tiempo final para esas personas es la Obra del Día Postrero, la Obra de la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino; y esa es la Obra de Cristo, el Ángel del Pacto, en este tiempo final, a través de Su Ángel Mensajero en la Edad de la Piedra Angular.

“Yo Jesús he enviado a mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”. (Apocalipsis 22, verso 16).

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también; y pronto se complete el número de los escogidos de Dios en el Cuerpo Místico de Cristo, en la Obra de Cristo en el Día Postrero; y pronto todos los muertos en Cristo sean resucitados en cuerpos eternos, y nosotros los que vivimos seamos transformados, y seamos todos así a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo; y luego vayamos a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, a la Casa de nuestro Padre celestial. En el Nombre de Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Bueno, que Dios les continúe bendiciendo a todos, que Dios les guarde; y dejo nuevamente con nosotros al reverendo Miguel Bermúdez Marín para continuar y finalizar nuestra parte en esta ocasión.

Y que Dios les use grandemente en Su Obra, y que siga añadiendo más personas a Su Obra que es llevada a cabo aquí en Ciudad Victoria; tanto en esta congregación como en las demás congregaciones que Dios tenga aquí en Ciudad Victoria; y que disfruten adorando a Dios y sirviendo a Dios en este lugar tan hermoso que han dedicado ustedes para Dios.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LA OBRA DE CRISTO EN EL DÍA POSTRERO”.

[Revisión septiembre 2021]

1 San Lucas 2:49

 

2 San Juan 5:19, 5:30, 8:26-29

 

3 San Juan 14:31

 

4 San Juan 17:4

 

5 San Juan 1:1-14

 

6 San Juan 8:56-58

 

7 San Mateo 1:23

 

8 Salmo 90:4, 2 Pedro 3:8

 

9 San Mateo 24:31

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