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La libertad gloriosa del tercer éxodo
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La libertad gloriosa del tercer éxodo

Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes aquí en Santa Engracia, Tamaulipas, República Mexicana; es para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor del Programa Divino, el cual veremos a través de la Palabra de Dios.

Dice en Romanos, capítulo 8, versos 14 en adelante (14 hasta el 25, dice):

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios.

Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.

Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza;

porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;

y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.

Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo?

Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

El tema para esta ocasión es: “LA LIBERTAD GLORIOSA DEL TERCER ÉXODO”. Ese es nuestro tema para esta ocasión: “LA LIBERTAD GLORIOSA DEL TERCER ÉXODO”, que es lo que nos muestra aquí San Pablo que sucederá con los hijos e hijas de Dios en este tiempo final.

Para poder comprender esta libertad gloriosa, esta liberación que será efectuada en este tiempo final, en donde los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seremos transformados, y seremos llevados a la Casa de nuestro Padre celestial, a la Cena de las Bodas del Cordero…

Y estaremos con Cristo en la Casa de nuestro Padre celestial por tres años y medio, en esa gran fiesta de la Cena de las Bodas del Cordero, mientras este planeta Tierra estará pasando por la gran tribulación; donde los juicios divinos caerán sobre la raza humana; pero los escogidos de Dios estarán en la Casa de nuestro Padre celestial, con Cristo, recibiendo los galardones; los galardones por las labores realizadas en la Obra de Cristo, cada uno en la edad que le tocó vivir.

La labor que realizó en la edad que le tocó vivir, será recompensada en el Cielo por Jesucristo, durante la gran Cena de las Bodas del Cordero, donde le dará los galardones correspondientes.

Ahora, este es un tercer éxodo, en donde, luego de estar con Cristo en la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, regresaremos a la Tierra al final; cuando haya finalizado la gran tribulación, regresaremos a la Tierra para el glorioso Reino Milenial de Cristo.

Ahora, podemos ver que este tercer éxodo que nos llevará a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial y a la tierra prometida del nuevo cuerpo que Él nos dará, en la resurrección de los muertos en Cristo y transformación de nosotros los que vivimos; este tercer éxodo lo hace el mismo que hizo el primer éxodo con el pueblo hebreo, y que hizo el segundo éxodo, el cual fue hecho también por la misma persona, que es el Ángel de Jehová, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Para poder comprender estos tres éxodos tenemos que ver lo que fue el primer éxodo; porque en ese primer éxodo se reflejó el segundo éxodo y también se reflejó el tercer éxodo, que es el éxodo que corresponde a este tiempo final.

Dice el Éxodo, capítulo 3, versos 6 en adelante, dice Dios a Moisés:

“… Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios.

Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores (o sea de sus opresores); pues he conocido sus angustias,

y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo.

El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen.

Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel.

Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?

Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte.

Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?

Y respondió Dios a Moisés: Yo soy el que soy. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: Yo soy me envió a vosotros”.

El Yo soy, que es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el cual es el Ángel de Jehová, el cual es el mismo Jehová en Su cuerpo teofánico, es el que descendió del Cielo en esa llama de fuego, en esa columna de fuego, y le apareció a Su profeta Moisés, el cual era el instrumento de Dios, elegido por Dios desde antes de la fundación del mundo para ser usado por Dios para ese primer éxodo; pero el que llevaría a cabo ese éxodo, sería Dios, el Ángel de Jehová, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Vean cómo el Ángel de Jehová, que es el mismo Jehová en Su cuerpo teofánico, se manifestaría para llevar a cabo ese éxodo. En Éxodo, capítulo 23, versos 20 al 23, dice:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado”.

¿Quién llevaría al pueblo hebreo a la tierra prometida? El Ángel de Jehová.

“Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él”.

Ahora vean cómo este Ángel de Jehová, que es el mismo Dios en Su cuerpo teofánico, llevaría al pueblo hebreo a la tierra prometida; pero recuerden que Él tiene que tener un hombre en la Tierra en el cual velarse y revelarse por medio de ese hombre, y poner en la boca y el corazón de ese hombre Su Palabra.

Y cuando ese hombre habla esa Palabra está hablando ungido por el Espíritu de Dios esa Palabra que Dios ha colocado en Su boca; por lo tanto, esa palabra es la Palabra de Dios, es Dios hablando por medio de un ser humano; es el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo hablando por medio de un ser humano. Eso fue lo que sucedió con el ministerio de Moisés: era Dios en Moisés hablándole al pueblo hebreo y llevando a cabo el éxodo del pueblo hebreo y llevándolos a la tierra prometida.

Y ahora, podemos ver que el Ángel de Jehová tiene el Nombre de Dios, Nombre Eterno de Dios; y cuando se manifiesta el Ángel de Jehová para el éxodo, ahí está la manifestación del Nombre de Dios; porque el Ángel de Jehová tiene el Nombre de Dios. Y en ese nombre y con ese nombre es que lleva a cabo ese éxodo en favor del pueblo que tiene la promesa de ese éxodo, que es la descendencia de Abraham.

Y ahora, dice:

“Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

Porque mi Ángel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir”.

Aquí podemos ver que es el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, el que trae el Mensaje, el que lo habla al pueblo, y el que lleva al pueblo a la tierra prometida en el éxodo correspondiente.

Y ahora, para el éxodo del pueblo hebreo encontramos que Dios estableció ciertos requisitos, ciertas ordenanzas. En el capítulo 12 del Éxodo dice, versos 21 al 23:

“Y Moisés convocó a todos los ancianos de Israel, y les dijo: Sacad y tomaos corderos por vuestras familias, y sacrificad la pascua.

Y tomad un manojo de hisopo, y mojadlo en la sangre que estará en un lebrillo, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana.

Porque Jehová pasará hiriendo a los egipcios; y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará Jehová aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir”.

Ahora, vean cómo Dios estableció el sacrificio de ese cordero pascual: su cuerpo sería asado y comido dentro de las casas de los hebreos, y su sangre sería aplicada en el dintel y en los postes de la puerta de la casa, la puerta de entrada.

Y ahora, eso fue así para el primer éxodo; y podemos ver que cuando llegó el tiempo de la noche en que sería herido todo primogénito en Egipto, los hijos de Israel estaban seguros dentro de sus casas, que tenían la señal de la sangre aplicada, la señal de la sangre del cordero aplicada en sus puertas, sobre el dintel y sobre los postes, y el cordero dentro estaba asado, siendo comido por el pueblo hebreo dentro de sus casas, y no saldrían de sus casas hasta la mañana.

En este éxodo, en el pueblo hebreo se representó, o Dios tipificó el segundo éxodo y el tercer éxodo para la simiente de Abraham. El segundo éxodo lo hace el mismo Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el cual es también llamado el Verbo de Dios: el Verbo que era con Dios y era Dios, y creó todas las cosas, y se hizo carne en medio del pueblo hebreo en aquel velo de carne llamado Jesús, y habitó en medio del pueblo hebreo para llevar a cabo el segundo éxodo de los hijos e hijas de Abraham.

Este segundo éxodo es un éxodo espiritual, en donde Dios saca del mundo a Sus hijos, llamándolos por medio de la predicación del Evangelio; y Sus hijos, arrepintiéndose de sus pecados, y recibiendo así a Cristo como su Salvador, y lavando sus pecados en la Sangre de Cristo, y recibiendo el Espíritu Santo, el Espíritu de Cristo; y así naciendo de nuevo: naciendo en el Reino de Dios, en la sexta dimensión, la dimensión de la Palabra, la dimensión de la teofanía.

Y podemos ver cómo en ese éxodo ha estado sacando a todos los que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero, los ha estado sacando del mundo, los ha estado sacando del Egipto espiritual y los ha estado sacando de esa quinta dimensión donde han estado manifestados los hijos de Dios. Cuando nacieron en este planeta Tierra, nacieron en medio de una raza caída, que ha estado bajo el dominio de la quinta dimensión, en donde el enemigo de Dios es el príncipe o rey de esa quinta dimensión, por la cual y la cual gobierna este mundo; porque el diablo es el príncipe de este mundo.

Y ahora, Cristo nos ha sacado de ese reino del maligno y nos ha colocado en el Reino de Dios; y ahora tenemos un cuerpo teofánico de la sexta dimensión. Nos sacó de una condición espiritual mala y nos colocó en una condición espiritual buena: nos colocó en la tierra prometida del bautismo del Espíritu Santo.

Y para el Día Postrero, Él ha prometido llevar a cabo un tercer éxodo, en el cual el mismo Ángel del Pacto, Ángel de Jehová (el cual ha estado llevando a cabo el segundo éxodo, llamando y juntando a Sus hijos, y sacándolos del mundo, y sacándolos del reino del enemigo y colocándolos en el Reino de Dios)…, ahora, para este Día Postrero, ese mismo Ángel del Pacto que libertó al pueblo hebreo en el primer éxodo, y que ha estado libertando a la simiente de Abraham en el segundo éxodo… el cual se hizo carne y habitó en medio de los seres humanos, y fue conocido por el nombre de Jesús…

El Espíritu Santo, de edad en edad, ha estado libertando a Sus hijos en ese segundo éxodo, y colocándolos en la sexta dimensión con cuerpos eternos; eso es un éxodo espiritual para el alma y el espíritu de los hijos e hijas de Dios.

Y para este tiempo final, en el tercer éxodo, el mismo Ángel del Pacto viene en el Día Postrero, desciende del Cielo…; así como descendió en el tiempo de Moisés, y luego descendió en el tiempo de Jesús…

Vean ustedes, por eso Jesús podía decir que había descendido ¿de dónde? Del Cielo. Podía decir: “Salí del Padre y vuelvo al Padre, salí de Dios y vuelvo a Dios”1. Y también Él podía decir: “Yo soy el pan vivo, el pan de vida que descendió del Cielo”2.

¿De dónde había descendido el Ángel del Pacto que estaba dentro de aquel cuerpo de carne? Había descendido del Cielo.

Y aun cuando Jesús fue bautizado por Juan el Bautista, encontramos al Espíritu Santo, al Ángel del Pacto, descendiendo del cielo en forma de paloma y posándose sobre Jesús, entrando a Jesús; pues la promesa es en Malaquías, capítulo 3, verso 1, la promesa es que el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová vendría:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí (ese fue Juan el Bautista); y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos”.

¿Quién es el que vendría? Sería el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el mismo que descendió en el tiempo de Moisés y le dijo: “He descendido… He visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto y he descendido para libertarlos”3: para llevar a cabo el éxodo y sacar al pueblo hebreo de Egipto, y llevarlos a la tierra prometida.

Pero para llegar a la tierra prometida hay una trayectoria, la cual necesitamos entender; y en la cual necesitamos tener paciencia; porque en esa trayectoria somos probados por Dios, para que desde lo profundo de nuestra alma salga todo lo que hay; y si hemos de servir a Dios todos los días de nuestra vida; si hemos de obedecer a Dios y Su Palabra, y permanecer fieles, sirviéndole a Él todos los días de nuestra vida, en los tiempos buenos y en los tiempos malos también.

Ahora, el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, así como descendió en el tiempo de Moisés para el primer éxodo, descendió en el tiempo de Jesús; y se veló en carne humana en Jesús para llevar a cabo el segundo éxodo, en donde Él realizó el Sacrificio del Cordero Pascual.

Fue Su propio cuerpo el cual fue sacrificado en la Cruz del Calvario; y encontramos que Su Sangre ha sido aplicada en el alma, en el corazón de cada hijo e hija e Dios, en este segundo éxodo que Cristo ha estado llevando a cabo.

Y en la Iglesia, como Cuerpo Místico de creyentes, está aplicada la Sangre del Cordero de Dios, de Jesucristo; y Él está ahí dentro. Y ahí estamos comiendo la carne y bebiendo la Sangre del Hijo del Hombre: al recibir Su Palabra y comer Su Palabra y recibir Su Espíritu Santo, y tenerlo dentro de nosotros; y así producir el nuevo nacimiento en cada uno de nosotros; así como sucedió en los hijos e hijas de Dios de las edades pasadas, desde el Día de Pentecostés hacia acá.

Y ahora, para este tiempo final ese mismo Ángel del Pacto está prometido para venir. El mismo Jesús habló de la Venida del Ángel del Pacto en San Mateo, capítulo 24 y versos 30 al 31; y dice:

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria”.

Ahí tenemos al Ángel del Pacto, al Ángel de Jehová, al Hijo del Hombre descendiendo del Cielo. Y esto es para llevar a cabo el tercer éxodo con la simiente de Abraham celestial, y luego con la simiente de Abraham terrenal, que es el pueblo hebreo; la simiente de Abraham celestial es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Este tercer éxodo es a la tierra prometida del nuevo cuerpo, del cuerpo eterno que hemos de recibir, y a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial; porque hemos de morar en el glorioso Reino Milenial, que es la tierra prometida a donde iremos para reinar con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad.

Y para este tercer éxodo el Hijo del Hombre lo encontramos viniendo en y con las nubes del Cielo. Y luego dice:

“Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”.

Sus Ángeles son los ministerios de los Dos Olivos, que son los ministerios de Moisés y Elías, los cuales son enviados por el Hijo del Hombre en este tiempo final para ser manifestados en carne humana en esta Tierra: en el Ángel del Señor Jesucristo, para llamar y juntar a todos los escogidos de Dios en este Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, en este tercer éxodo que nos llevará a la tierra prometida del nuevo cuerpo y a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial, para reinar con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad. También nos llevará a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, a la Casa de nuestro Padre celestial.

Ahora, vean cómo también esto que profetizó Cristo, de la Venida del Hijo del Hombre viniendo en o con las nubes del Cielo, donde sería visto el Hijo del Hombre viniendo con poder y gloria…; y esa es la señal del Hijo del Hombre siendo vista en el cielo.

En Apocalipsis, capítulo 10, también encontramos la Venida del Hijo del Hombre, que es la Venida del Ángel Fuerte, la Venida del Ángel del Pacto, la Venida del Ángel de Jehová. Dice así Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 en adelante:

“Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.

Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;

y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces”.

Es la Venida del Ángel de Jehová, del Ángel del Pacto; así como vino a Moisés en aquella Columna de Fuego sobre una zarza y le habló a Moisés: lo llamó y lo envío para que Moisés fuera el instrumento de Dios, el instrumento del Ángel del Pacto, a través del cual el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, estaría velado y revelado y manifestado en medio del pueblo hebreo allá en Egipto, llevando a cabo el primer éxodo, el éxodo de la descendencia de Abraham según la carne.

Ahora vean cómo viene velado el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, en Moisés, para llevar a cabo ese primer éxodo, y llevar el pueblo hacia la tierra prometida. Pero primero tiene que libertarlos: y los libertó allá, por medio de Moisés.

Ahora, en el segundo éxodo vemos al Ángel de Jehová, al Ángel del Pacto, el Verbo que se hizo carne, y vino velado en carne humana en Jesús de Nazaret; y por medio de Jesús se reveló y llevó a cabo la Obra de Redención para ese segundo éxodo; y así llegar todos a la tierra prometida del bautismo del Espíritu Santo.

Y para este tiempo final viene el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, descendiendo del Cielo, para velarse en carne humana en Su Ángel Mensajero, y revelarse por medio de Su Ángel Mensajero, y efectuar el tercer éxodo, y llevar el pueblo a la tierra prometida del glorioso cuerpo eterno que Él ha prometido para nosotros, y a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial, donde reinaremos con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad, como reyes y sacerdotes, en donde también Cristo es Rey y Sacerdote. Él es el Sacerdote según el Orden de Melquisedec, y también Él es el Rey de reyes y Señor de señores, el Hijo del Hombre e Hijo de David.

Y ahora, en el llamado y recogimiento de todos los escogidos que viven en este tiempo, y que salen en este tercer éxodo para llegar a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial, salimos primeramente espiritualmente: saliendo de las edades de la Iglesia gentil y subiendo a la Edad de la Piedra Angular; eso es un rapto espiritual. Y luego se materializará en nosotros nuestra salida de este mundo, de esta dimensión terrenal.

Al ser nosotros transformados ya hemos salido de este mundo y de esta dimensión, y entonces ya nos encontraremos en otro mundo, en otra dimensión, con un cuerpo glorificado y eterno, que es un cuerpo interdimensional; o sea que puede pasar a cualquier otra dimensión; y podemos también venir a esta dimensión terrenal y estar con ese cuerpo nuevo y eterno manifestados en esta Tierra, en esta dimensión terrenal, pero con un cuerpo de otra dimensión, un cuerpo creado por Dios, un cuerpo glorificado como el de nuestro amado Señor Jesucristo.

Y con ese cuerpo glorificado, en el cual ya estaremos completamente libres, reinaremos con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad. Con ese cuerpo eterno es que nosotros nos iremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, a la Casa de nuestro Padre celestial.

Para ir a la Casa de nuestro Padre celestial necesitamos el nuevo cuerpo; y para ir también al glorioso Reino Milenial de Cristo, y reinar con Él por mil años, también necesitamos ese nuevo cuerpo, ese cuerpo eterno que Él nos dará. Para eso es el glorioso tercer éxodo que Él en este tiempo final estaría llevando a cabo.

Y estamos nosotros aquí en este tercer éxodo recibiendo las bendiciones de Cristo, y vamos camino a la tierra prometida del glorioso cuerpo eterno que Él nos dará a nosotros los que vivimos, transformando nuestros cuerpos, y a los muertos en Cristo resucitándolos en cuerpos eternos. Y luego nos iremos a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, a la Casa de nuestro Padre celestial.

Y después que hayan pasado los tres años y medio de la gran tribulación en la Tierra, y tres años y medio de la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, luego regresaremos a esta Tierra en esos cuerpos eternos, con nuestro amado Señor Jesucristo, para ese glorioso Reino Milenial de Cristo; en donde Cristo se sentará sobre el Trono de David y reinará sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones; y con Él nosotros reinaremos como reyes y sacerdotes en esta Tierra, sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones, en esa nueva Tierra, en esa tierra prometida del glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo.

Para eso es el glorioso tercer éxodo que Jesucristo, nuestro Salvador, el Ángel del Pacto, en este tiempo está llevando a cabo; por eso es tan glorioso ese tercer éxodo que Él estaría llevando a cabo en este Día Postrero, el cual ya está llevando a cabo.

Lo cual fue tipificado en el éxodo del pueblo hebreo miles de años atrás: los sacó de la esclavitud en Egipto y los llevó a la tierra prometida de Israel, y los estableció allí como una nación libre y soberana, con su propia moneda, su propia bandera y su propio Gobierno, sobre el cual y en el cual Dios era el gobernante, el Rey sobre el pueblo hebreo. Siempre usando instrumentos: usó a los jueces y luego usó reyes también.

Ahora, podemos ver lo glorioso que es el tercer éxodo, el cual fue tipificado en el primer éxodo del pueblo hebreo y también en el segundo éxodo (el cual ha estado llevándose a cabo de Cristo hacia acá). Y ahora, en este tiempo: el tercer éxodo para ir a la Casa de nuestro Padre celestial, y luego venir a la Tierra para estar con Cristo en ese glorioso Reino Milenial, en donde estaremos con cuerpos eternos, con cuerpos glorificados.

Estamos en el tercer éxodo para llegar a la tierra prometida del nuevo cuerpo, y luego llegar a la Casa de nuestro Padre celestial, a la Cena de las Bodas del Cordero; y luego venir a la Tierra de nuevo, al glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo.

¿Ven lo glorioso que es el tercer éxodo? Es el éxodo de los hijos e hijas de Dios, del Israel celestial.

Y luego entrarán, a ese tercer éxodo, el Israel terrenal también, el pueblo hebreo, donde 144.000 hebreos recibirán a Cristo, recibirán al Libertador, que en este tercer éxodo libertará también al pueblo hebreo para sellarlos en sus frentes con el Sello del Dios vivo, y luego para tenerlos en el glorioso Reino Milenial; y establecer el glorioso Reino Milenial en medio del pueblo hebreo y sobre todo el planeta Tierra; y tener Su Trono en Israel, en Jerusalén: Ese es el Trono de David donde Cristo como Hijo de David se sentará, como Hijo del Hombre e Hijo de David, y reinará sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones del planeta Tierra.

Y Cristo dice: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”4.

El Trono de Cristo es el Trono de David; y el Trono del Padre es el Trono que está en el Cielo, donde Cristo se sentó cuando subió al Cielo victorioso, luego de resucitar.

Ahora, hemos visto lo glorioso que es el tercer éxodo, en el cual nosotros estamos en este tiempo final. Y hemos visto que el Libertador es el mismo Ángel del Pacto, Ángel de Jehová, que libertó por medio de Moisés al pueblo hebreo, y que luego en el segundo éxodo por medio de Jesús libertó a la simiente de Abraham.

Y ahora, para este tiempo final, viene el tercer éxodo y viene el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, Jesucristo en Espíritu Santo, manifestado en Su Ángel Mensajero en este tercer éxodo para llevarnos a la tierra prometida del nuevo cuerpo y a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial; para eso es que el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, Jesucristo en Espíritu Santo, viene manifestado en el Día Postrero, velado y revelado a través de carne humana en Su Ángel Mensajero.

Para eso es la manifestación del Ángel de Jehová, Jesucristo en Espíritu Santo a través de Su Ángel Mensajero: para este tercer éxodo glorioso llevarnos a la tierra prometida del nuevo cuerpo, del cuerpo eterno, y a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial de Cristo; y llevarnos a la gran fiesta, también, de la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Y ahora ¿dónde están los que en este Día Postrero entrarían a ese tercer éxodo glorioso para recibir el cuerpo nuevo e ir a la Cena de las Bodas del Cordero, y luego regresar a la Tierra para el glorioso Reino Milenial con Cristo, y reinar con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad?

Aquí estamos en Santa Engracia, Tamaulipas, República Mexicana, un grupo; y también en diferentes lugares de la República Mexicana; y también en diferentes lugares o naciones latinoamericanas y caribeñas: están los que entrarían a este tercer éxodo para recibir el nuevo cuerpo, recibir la transformación de nuestros cuerpos…; salir de este mundo, de este Egipto, y entrar al Reino de Dios y a la dimensión de Dios con un cuerpo eterno, para reinar con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad.

Aquí estamos en Santa Engracia un grupo, y en diferentes lugares de la República Mexicana también, y en diferentes naciones. En todas las naciones latinoamericanas y caribeñas hay miles de personas que han entrado a este tercer éxodo para ser preparados, para ser transformados en este Día Postrero, y entrar al glorioso cuerpo eterno, a la tierra prometida del cuerpo eterno, y luego ir a la Cena de las Bodas del Cordero, y luego venir a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo.

Y que Dios siga añadiendo y libertando a los que faltan de llegar, que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo; y se complete así el número de los escogidos de Dios; y sean resucitados los muertos en Cristo, y nosotros los que vivimos seamos transformados, y llevados a la Cena las Bodas del Cordero en el Cielo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Muchas gracias por vuestra amable atención, amados amigos y hermanos presentes.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también, en este tercer éxodo, y pronto todos seamos transformados.

Dejo con nosotros nuevamente al reverendo Roberto Monsibáez para continuar. Él, si hay tiempo todavía, le pasará quizás alguna oportunidad a Benjie, para si tiene algún cántico Benjie.

Vamos a tener por aquí, ¿a quién primero?

Vamos a pasar a Benjie, si tiene algún cántico por aquí, para que así tengamos algún cántico, el cual también ustedes podrán acompañar; porque ya ustedes también conocen algunos de estos cánticos de Benjie.

Vamos a tener a Benjie por aquí. También les dará un saludo. ¿No había dado un saludo todavía? Les dará un saludo por aquí.

Él es José Benjamín Pérez de Puerto Rico, el cual me acompaña; y toma las conferencias con la cámara que trae, para que queden grabadas y pasen a todos los escogidos de Dios en todos los países latinoamericanos y caribeños; y también se tome de esas conferencias todo, y quede grabado también, quede impreso en folletos, para beneficio de todos los hijos e hijas de Dios de este tercer éxodo que han salido, y también para los que faltan de salir; para que así todos seamos preparados para llegar a la tierra prometida del glorioso cuerpo eterno, y a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial.

Vamos a tener por aquí en un saludito a José Benjamín Pérez, y también en unos cánticos. Que Dios les continúe bendiciendo a todos.

[Saludo del hermano José Benjamín Pérez:

Damos gracias a Dios por esta bendición tan grande. El Señor les continúe bendiciendo grandemente en esta hermosa mañana.

Él una vez nos comparó esta salida con las gotitas de rocío que en la mañana – durante la noche tiemblan deseando que llegue la mañana para que el sol las absorba; y nosotros, como gotitas de rocío, también temblamos y clamamos a Dios para que el Sol de Justicia nos alumbre y nos revele con Su Palabra, para que así nos lleve a la Casa de nuestro Padre celestial.

Y eso lo deseamos y lo estamos pidiendo de todo corazón: que pronto seamos raptados y llevados a la Cena de las Bodas del Cordero.

Vamos a cantar. Nos acompañan también ustedes con sus palmas, y también con su voz. “Ando con Cristo”. Y nuestro hermano William también va a estar por aquí acompañándonos].

En este tercer éxodo, así como el pueblo hebreo caminó con el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, manifestado por medio de Su profeta Moisés, ahora nosotros caminamos con Cristo en este tercer éxodo hacia la tierra prometida del nuevo cuerpo, y hacia la tierra prometida del Reino Milenial. Ando con Cristo, que es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el mismo Señor Jesucristo.

Y Él es el mismo ayer, hoy y siempre; y Él es el mismo que llevó a cabo el primer éxodo; Él es el mismo, el que ha estado llevando a cabo el segundo de éxodo; y Él es el mismo, el que está llevando a cabo este tercer éxodo en este Día Postrero; porque Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre. “Jesucristo es el mismo”.

Y así como Él es nuestro Pastor, el cual también pastoreó al pueblo hebreo en el primer éxodo…; y en el segundo éxodo Él dijo: “Yo soy el Buen Pastor”; y en el Antiguo Testamento el salmista dice: “Jehová es mi Pastor”.

Y ahora, en este tiempo final, el mismo Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, que dijo que es el Pastor, es también el Pastor en este tercer éxodo que Él está llevando a cabo.

Él es el Pastor en el primer éxodo, Él es el Pastor en el segundo del éxodo, y Él es el Pastor en este tercer éxodo. Y nos pastorea en y con Su Palabra, y nos da el Agua de Su Espíritu Santo a todos nosotros. Y así se cumple lo que fue dicho5:

“Jehová es mi pastor…;

En lugares de delicados pastos me hará yacer;

Junto á aguas de reposo me pastoreará.

Confortará mi alma…”.

Y así sigue diciendo todas las cosas que hace Jehová, nuestro Pastor, que es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el mismo Señor Jesucristo en el Nuevo Testamento.

Él es el mismo ayer, hoy y siempre. Y Él, Jehová, que es Jesucristo, nos pastorea en este tiempo final. Jehová entonces es mi Pastor, Jesús es mi Pastor, porque Jesús es el mismo Jehová.

Es el mismo Ángel del Pacto que pastoreó al pueblo hebreo durante la Dispensación de la Ley, y ha pastoreado durante la Dispensación de la Gracia a Su Iglesia. En este tiempo final, en el tercer éxodo, pastorea a Su Iglesia en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, llevándolos hacia la tierra prometida del nuevo cuerpo y a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial.

Jehová es mi Pastor, ahí está el secreto. Él, nuestro Pastor, que es Jehová: el Jesús del Nuevo Testamento, el Ángel del Pacto.

“Jehová es mi Pastor”.

Y el fin es el glorioso Reino Milenial.

Y ahora, nosotros estamos bien protegidos, porque así como le acompañaba al pueblo hebreo la Roca, que es tipo de Cristo, representada en aquellas dos rocas que dieron agua al pueblo hebreo; ahora Cristo la Roca está con nosotros acompañándonos en toda esta trayectoria en el tercer éxodo hacia la tierra prometida; y aunque rujan las tempestades, las tormentas, los problemas: ¡No temeré!, porque Él está con nosotros.

Él, la Roca, está con nosotros; ¡y nosotros estamos al amparo de Jesucristo, al amparo de la Roca!

“Al amparo de la Roca”.

Y por cuanto estamos al amparo de la Roca, llegaremos a la tierra prometida. Siempre nos dará Agua de Vida Eterna esa Roca, que es Cristo, en nuestra trayectoria a la tierra prometida.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos, que Dios los guarde, y nuevamente con nosotros el reverendo Roberto Monsibáez para continuar y finalizar nuestra parte.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LA LIBERTAD GLORIOSA DEL TERCER ÉXODO”.

[Revisión septiembre 2021]

1 San Juan 16:28

2 San Juan 6:51

3 Éxodo 3:7-8

4 Apocalipsis 3:21

5 Salmos 23 / Reina-Valera 1909

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