Conferencias

El tiempo de hambre y sed de oír la Palabra de Dios para hoy
Share on facebook
Share on twitter
Share on telegram
Share on whatsapp
Share on skype
Share on email
Share on print

Descargas

Traducciones

Reproducir vídeo

El tiempo de hambre y sed de oír la Palabra de Dios para hoy

Muy buenas tardes, jóvenes, y también los adultos y niños que están presentes. Que las bendiciones de Jesucristo, nuestro amado Salvador, sean con todos ustedes y conmigo también, y nos bendiga esta tarde en esta actividad, en la próxima también y en la de la noche también; y nos dé del Agua de Su Palabra y de Su Espíritu, y del alimento espiritual, del Maná, de Su Palabra, y nos alimente en nuestra alma.

Dice Amós, capítulo 8, versos 11 en adelante:

He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová.

E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán.

En aquel tiempo las doncellas hermosas y los jóvenes desmayarán de sed.

Los que juran por el pecado de Samaria, y dicen: Por tu Dios, oh Dan, y: Por el camino de Beerseba, caerán, y nunca más se levantarán”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Este es un tiempo profético de hambre y sed de oír la Palabra de Dios.

Así como en cada edad y en cada dispensación hubo hambre y sed de oír la Palabra de Dios correspondiente para esa edad y para esa dispensación, en este tiempo final en el cual nosotros vivimos, podemos mirar hacia atrás y podemos ver dónde estaba la Palabra de Dios, el alimento espiritual para el alma de los seres humanos: estaba en el mensajero de cada edad y de cada dispensación.

El Mensaje para cada dispensación lo trajo el mensajero de cada dispensación como el alimento espiritual para la dispensación completa; y el mensajero de cada edad repartía ese Mensaje en la edad que le tocaba vivir.

Por eso es que en San Mateo, capítulo 24, Jesús habla acerca de los siervos fieles y prudentes; y dice en el capítulo 24, verso 42 al 47:

Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor.

Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa.

Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.

¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo?

Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.

De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá (o sea, le pondrá como administrador, como mayordomo, de todos Sus bienes)”.

Esa es la promesa aquí para el mensajero que en el Día Postrero esté dando el alimento espiritual en el tiempo de la Venida del Señor, en el tiempo y cumplimiento de la Segunda Venida de Cristo. Ese siervo fiel y prudente, el cual estará en la Iglesia del Señor Jesucristo, es el siervo fiel y prudente bienaventurado al cual su Señor pondrá sobre todos Sus bienes.

Ahora, tuvimos el primer ángel mensajero, el primer siervo fiel y prudente para la primera edad; pero ya esa edad pasó, y en aquel tiempo no se cumplió la Segunda Venida de Cristo. Y así hemos pasado de edad en edad durante la Dispensación de la Gracia, y de mensajero en mensajero, y de Mensaje de cada mensajero a cada Mensaje del otro mensajero.

Así ha estado pasando la Iglesia del Señor Jesucristo; y Cristo en Espíritu Santo ha estado manifestado en Su Iglesia de edad en edad, en el mensajero de cada edad, llamando y juntando a Sus escogidos de cada edad, y dándoles alimento espiritual a los hijos e hijas de Dios de cada edad.

Y ahora, para el Día Postrero, cuando ya han transcurrido las siete etapas o edades de la Iglesia del Señor Jesucristo y Dios ha enviado a Sus siete ángeles mensajeros para las siete edades de la Iglesia del Señor Jesucristo, encontramos que hemos llegado a una nueva edad y a una nueva dispensación: una nueva edad aparte de las siete edades de la Iglesia gentil y una nueva dispensación: la Dispensación del Reino.

¿Y quién es el siervo fiel y prudente colocado ahí en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino con el alimento espiritual para el alma, con el Pan de vida eterna, con la Palabra de Dios correspondiente a la Dispensación del Reino y Edad de la Piedra Angular? Ese siervo fiel y prudente que está ahí, en la Edad de la Piedra Angular, dando ese alimento espiritual, el Mensaje del Evangelio del Reino, el Mensaje que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo, es el que alimenta a los hijos e hijas de Dios en el Cuerpo Místico de Cristo, en la Edad de la Piedra Angular, en este tiempo final.

Y este es el tiempo más importante de todos los tiempos. Este es el tiempo en que el mundo entero tiene hambre por oír la Palabra de Dios correspondiente a este tiempo, y le dan el Mensaje correspondiente a las edades pasadas.

Pero para este Día Postrero estaría un grupo de escogidos de Dios en la Edad de la Piedra Angular recibiendo ese alimento espiritual por medio del siervo fiel y prudente, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino.

Y ahora, ¿cuál es ese pueblo? Es el pueblo latinoamericano y caribeño; y ahí es donde Dios coloca Sus escogidos. Y podemos decir que el 90 (o más) porciento [90%], de los escogidos, están en ese territorio para formar la Edad de la Piedra Angular; y por eso son llamados y juntados en este tiempo final con el Mensaje del Evangelio del Reino, que es el alimento espiritual para el alma de cada uno de los hijos de Dios.

Ese es el Maná escondido que está prometido en Apocalipsis, capítulo 2, verso 17, donde nos dice:

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido”.

¿Dónde estaba escondido el maná en el templo? Estaba en el lugar santísimo, en una urna o vasija de oro; así le dio la orden Dios a Moisés y a Aarón, que tomaran del maná que caía del cielo, el maná que cayó en el día sexto, y de ese maná tomarían una porción y la colocarían en el lugar santísimo. En ese día caía maná para el día sexto y para el día séptimo también1.

Y ahora, Dios mandó a colocar en el lugar santísimo, dentro del arca del pacto, en una vasija de oro, maná2; y ese es el maná escondido, porque ninguna persona lo podía ver, porque al lugar santísimo ninguna persona podía entrar, excepto Moisés (en cualquier día) y Aarón (una vez al año).

Y ahora, podemos ver dónde está el maná escondido, y cómo ese maná escondido allá tipifica la revelación divina de la Segunda Venida de Cristo correspondiente a este tiempo final, en el Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo, que es la Edad de la Piedra Angular.

Porque las siete etapas o edades de la Iglesia gentil representan el lugar santo del templo que construyó Moisés y del templo que construyó Salomón; y la Edad de la Piedra Angular está representada en el lugar santísimo.

Y por cuanto allá estaba (en el lugar santísimo) el maná escondido, ese alimento que Dios le dio al pueblo hebreo, ahora es en la Edad de la Piedra Angular (que está representada en el lugar santísimo) donde está el Maná escondido, el alimento espiritual para el alma: que es el Mensaje del Evangelio del Reino, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, en Su Obra de Reclamo. Y de este alimento espiritual es que la humanidad tiene hambre y sed.

Y ahora, Dios es el que nos alimenta en este tiempo final por medio de Su Ángel Mensajero, que es el siervo fiel y prudente del Día Postrero que nos da el Alimento a tiempo, el Alimento que corresponde a este tiempo final; y nadie más tiene ese Alimento, solamente el Ángel del Señor Jesucristo en la Edad de la Piedra Angular.

Ninguna otra edad tiene ese Alimento, porque ya el Alimento de cada edad fue dado por el mensajero de cada edad; y ya no hay más mensajeros para las siete edades de la Iglesia gentil, porque ya vinieron y se fueron; y solamente le queda a la Iglesia de Jesucristo el Ángel del Señor Jesucristo, que es el profeta mensajero de la Edad de la Piedra Angular y de la Dispensación del Reino.

Es la primera ocasión en que la Iglesia de Jesucristo tiene un profeta mensajero dispensacional, la primera ocasión; y viene con un Mensaje dispensacional como el Maná escondido, como el alimento espiritual que Dios tenía escondido, guardado, para Sus escogidos para este tiempo final, el cual ningún otro ser humano comió en las edades pasadas; solamente en edades y dispensaciones pasadas fue tipificado, representado, ese alimento espiritual que Él nos daría en este tiempo final.

Ahora estamos conscientes de que este es el tiempo de hambre y sed en el alma de los seres humanos por oír la Palabra de Dios; pero, a nosotros, Dios nos está alimentando el alma con Su Palabra en este tiempo final.

Vean lo que dice acerca del siervo fiel y prudente:

¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo?”.

¿Qué Alimento? El Alimento de la Palabra de Dios. Y ahora pregunta quién es ese siervo fiel y prudente, al cual cuando su Señor venga…:

Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo (¿cómo?) así”.

Dándole ese alimento espiritual a los hijos e hijas de Dios, o sea, a la Iglesia del Señor Jesucristo.

De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá”.

O sea, le colocará sobre todos Sus bienes; porque en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, lo adoptará. Y será el único mensajero, después del Señor Jesucristo, que sería adoptado estando vivo; y todo eso fue representado en los mensajeros dispensacionales y de diferentes edades, en los cuales se reflejó lo que sería la adopción del siervo fiel y prudente en el Día Postrero.

Ahora, podemos ver, por ejemplo: en la adopción de Jesús en el Monte de la Transfiguración aparecieron Moisés y Elías hablando con Él, y Su rostro resplandeció como el sol (el de Jesús); y allí Dios estaba adoptando a Jesús; y dijo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo contentamiento; a Él oíd”3.

Y en Deuteronomio, capítulo 18, versos 15 al 18, o al 19, nos dice: “Profeta como yo os levantará el Señor, vuestro Dios; a él oiréis”, o “a él oíd”. Vamos a leerlo tal y como está aquí:

Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis”.

Y el verso 18 al 19 dice, de este mismo capítulo 18 de Deuteronomio:

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú (o sea, como Moisés); y pondré mis palabras en su boca”.

¿Dónde Dios coloca Sus Palabras? En la boca del profeta que Él envía.

Y ahora, para ser alimentados con el alimento espiritual de la Palabra de Dios, del Maná escondido, ¿dónde tenemos que encontrar este alimento espiritual? En la boca del profeta que Él envía. “Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas”4. Y es en la boca de Sus profetas donde Él coloca Su Palabra.

“… y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare (¿Qué hablará? Todo lo que Dios le mande a hablar para el pueblo).

Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta”.

En el libro de los Hechos, capítulo 3, verso 22 al 23, dice: “Yo le desarraigaré del pueblo”, citando este pasaje el apóstol San Pedro.

Ahora podemos ver dónde es el lugar donde la Palabra, el alimento espiritual para el alma, sería encontrada: en la boca del profeta que Él levanta para el pueblo.

Y Dios dice: “A él oíd”. ¿Por qué? Porque oyéndolo a él estarán oyendo a Dios, porque Dios ha colocado Su Palabra en la boca de ese profeta. Por lo tanto, estarán escuchando la Voz de Dios, la Voz de Cristo, a través del profeta que Él ha enviado; y por eso dice: “A él oiréis”.

Esta promesa se cumplió en los profetas del Antiguo Testamento parcialmente, en Moisés también se cumplió, y luego se cumplió en Jesús en toda Su plenitud; luego se cumplió en los apóstoles y luego también en los siete ángeles mensajeros parcialmente; y luego se cumpliría en el Día Postrero en el Ángel del Señor Jesucristo, al cual, luego de llevar a cabo la Obra correspondiente a este tiempo final, luego Dios lo adoptará, y ahí encontraremos que lo mismo que estuvo en el Monte de la Transfiguración estará manifestado por medio de Su Ángel Mensajero.

Y solamente Dios tendrá una Voz en esta Tierra; y esa es la Voz de Cristo por medio de Su Ángel Mensajero, la Voz del Ángel del Pacto a través de Su Ángel Mensajero en este tiempo final, para alimentar el alma de todos los seres humanos que tienen hambre y sed, en este tiempo final, de oír la Palabra de Dios, la Palabra de Dios correspondiente a este tiempo final. Porque este es tiempo ¿de qué? Este es TIEMPO DE HAMBRE Y SED DE OÍR LA PALABRA DE DIOS, la Palabra de Dios correspondiente a este tiempo final.

Jóvenes, nosotros somos bienaventurados en este tiempo, porque Dios nos está alimentando por medio de Su siervo fiel y prudente del tiempo final, de la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, que es Su Ángel Mensajero; a través del cual, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, para este tiempo final se manifestaría y colocaría Su Palabra en la boca de Su Ángel Mensajero, y por medio de Su Ángel Mensajero nos daría a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Por eso Cristo dice: “Sube acá”. Con esa Voz de Trompeta dice: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”5. O sea, después de las siete edades de la Iglesia gentil, ahora las cosas que han de suceder en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, Cristo las va a dar a conocer en este tiempo final.

Ahora vamos a ver por medio de quién las dará a conocer. En Apocalipsis, capítulo 22, verso 6 en adelante, nos dice por medio de quién, nos dice a quién enviará. Dice:

Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿A quién ha enviado? A Su Ángel Mensajero. ¿Para qué? Para dar a conocer, mostrar, las cosas que han de suceder pronto, o sea, las cosas que han de suceder en este tiempo final.

¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro”.

¿Y quién trae “las palabras de la profecía de este libro”? El Ángel del Señor Jesucristo.

El que guarda las palabras de la profecía de este Libro que trae el Ángel del Señor Jesucristo es bienaventurado, pues está comiendo el alimento espiritual y bebiendo el agua espiritual, que es lo que necesita el alma nuestra en este tiempo final, así como la necesitó el alma de cada persona en la edad y dispensación que le tocó vivir: necesitó el Agua y el pan espiritual de la Palabra de Dios correspondiente al tiempo en que vivió.

Ahora vean por medio de quién es que Cristo dará a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto: es por medio de Su Ángel Mensajero siendo enviado por Cristo y ungido por Cristo, por el Espíritu Santo; y Cristo colocando Su Palabra en la boca de Su Ángel Mensajero; y él hablando todas las cosas que Él le mande a hablar.

“Y él hablará todo lo que yo le mandare”. ¿Por qué? Porque Él pondrá Su Palabra en la boca del profeta que Él envía.

Y ahora, en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, dice:

Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana”.

Ahora vean cómo Cristo da testimonio de que ha enviado Su Ángel Mensajero. Por lo menos hay tres lugares claros donde Dios habla acerca de Su Ángel Mensajero y dice que Él lo ha enviado. Hemos leído ya dos lugares: Apocalipsis 22, verso 6, y Apocalipsis 22, verso 16; y el otro lugar se encuentra al principio del Apocalipsis, en el capítulo 1, verso 1 al 3, donde dice:

La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan”.

¿Por medio de quién? Por medio de Su Ángel. La revelación apocalíptica la recibió Juan el apóstol por medio del Ángel del Señor Jesucristo, o sea, por medio de un profeta.

Por eso ese profeta vino dando testimonio de todas estas cosas que iban a suceder. ¿Viene qué? Profetizando; porque los profetas lo que hacen es que dan testimonio, dan a conocer las cosas que han de suceder; y eso es profetizar, dar a conocer cosas que han de suceder en el futuro. Y por eso es que este Ángel del Señor Jesucristo viene dando testimonio, o sea, profetizando, las cosas que han de suceder pronto; y a Juan el apóstol le reveló todas esas cosas que han de suceder pronto.

Es el profeta que trae la revelación más extensa, más completa, de todo el Programa Divino que se llevaría a cabo desde el tiempo de los apóstoles hasta este tiempo final.

Y ahora, hemos visto cómo es que para este tiempo final seríamos alimentados con el Pan y el agua espiritual de la Palabra de Dios, para recibir el Espíritu de Cristo; porque para este tiempo sería tiempo de hambre y sed de oír la Palabra de Dios correspondiente a este tiempo.

Jóvenes, ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de este tiempo en el cual nosotros estamos viviendo, que es: “EL TIEMPO DE HAMBRE Y SED DE OÍR LA PALABRA DE DIOS PARA HOY”, o sea, la Palabra de Dios, el alimento espiritual, para hoy, para nuestro tiempo; porque para cada tiempo Dios ha tenido Palabra, o sea, ha tenido alimento espiritual para Sus hijos.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también; y nos dé cada día más alimento espiritual, más Palabra, y nos alimente nuestra alma; y pronto se complete el número de los escogidos, y pronto todos seamos transformados y llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, en la Casa de nuestro Padre celestial. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos, que Dios les guarde.

Y vamos a ver qué hora tenemos por aquí… ¿Qué hora tenemos? 4:30. ¿Y a qué hora es la próxima actividad? (La próxima de los niños). Bueno, si tenemos tiempo por aquí, yo creo que Benjie puede tener por aquí algún cántico: uno o dos, no menos de uno ni más de dos.

Uno es “Jehová me pastorea”, porque nos está pastoreando con los pastos frescos de Su Palabra, que es el alimento espiritual para hoy, es el alimento espiritual del cual tiene hambre y sed la humanidad; y Dios ya nos está dando ese Alimento a todos nosotros.

“Y la Tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar”6, o sea, será llena del conocimiento de la Segunda Venida de Cristo y Su Obra correspondiente a este tiempo final.

(Vamos a ver por aquí a Benjie…).

Estamos siendo alimentados ¿por qué? Porque7:

“Jehová es mi pastor; (y) nada me faltará.

En lugares de delicados pastos me hará yacer;

Junto á aguas de reposo me pastoreará.

Confortará mi alma”.

Y así sigue hablando todas las bendiciones de nuestro Pastor, el Jehová del Antiguo Testamento, que es el Jesucristo del Nuevo Testamento.

Él dijo en el Nuevo Testamento: “Yo soy el buen pastor…”8. Y también dijo: “Yo soy la puerta; y el que por mí entrare…, saldrá, y hallará pastos”9. ¿Para qué? Para ser alimentados.

Y también dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este redil (porque Él dijo: “Yo soy el buen pastor”; y dijo); aquellas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor”10.

Un Rebaño; y un Pastor alimentando ese Rebaño con la Palabra de Dios correspondiente al tiempo en que viven esas ovejas de edad en edad, hasta la Edad de la Piedra Angular, en donde somos alimentados por el Buen Pastor, el Jehová del Antiguo Testamento, que es el Jesucristo del Nuevo Testamento, el cual dijo: “Yo soy el Buen Pastor”.

Y siendo pastoreados por Cristo, siendo alimentados con Su Palabra, estamos siendo preparados para ser como Él: para ser transformados y ser a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Y nuestro deseo, y el deseo de Él, es que seamos como Él: a Su imagen y semejanza. Y ese es el deseo de nuestra alma. Ese es el deseo de Él y es el deseo de todos los ángeles, y de toda la Iglesia del Señor Jesucristo del pasado y del presente: ser como Cristo. Eso es lo más grande que usted puede ser: ser como Cristo.

Ser como Cristo, es nuestro anhelo desde lo profundo de nuestra alma. Y ya somos como Él en nuestro espíritu y nuestra alma. Y ahora nos falta ser como Él en nuestro cuerpo físico, y tener un cuerpo glorificado como Él, para ser a Su imagen (eso es el cuerpo teofánico) y a Su semejanza (eso es el cuerpo físico y glorificado que hemos de recibir). Y así seremos en toda su plenitud a Su imagen y semejanza, y así seremos como Él: nuestro amado Salvador Jesucristo, y Buen Pastor, el Pastor de nuestras almas.

Bueno, que Dios les continúe bendiciendo, jóvenes, que Dios les guarde. Y adelante caminando con Cristo, el Buen Pastor, que alimenta nuestras almas con Su Palabra.

Con nosotros nuevamente vuestro pastor, Mauro.

Que Dios les bendiga.

EL TIEMPO DE HAMBRE Y SED DE OÍR LA PALABRA DE DIOS PARA HOY”.

[Revisión noviembre 2021]

1 Éxodo 16:4-5

2 Éxodo 16:31-34, Hebreos 9:3-5

3 San Mateo 17:5, San Marcos 9:7

4 Amós 3:7

5 Apocalipsis 4:1

6 Habacuc 2:14, Isaías 11:9

7 Salmo 23:1-6 / Reina-Valera 1909

8 San Juan 10:11 y 14

9 San Juan 10:9

10 San Juan 10:16

Ir arriba