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El fin del siglo y los Ángeles de la Cosecha
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El fin del siglo y los Ángeles de la Cosecha

Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos reunidos aquí en Cerro de Piedra, Guerrero, en la República Mexicana, para la dedicación de este lugar o para la continuación de las actividades en este lugar que Dios les ha provisto.

Recuerden que las cosas grandes siempre comienzan pequeñitas; como usted empezó en el vientre de su madre: tan pequeñito que lo tenían que ver con microscopio, pero miren qué grande ya está.

Así que podemos ver que las cosas de Dios comienzan en forma pequeña. Miren, el Reino de Dios comienza en una forma pequeña: Jesucristo viniendo, un hombre sencillo, pero miren ya todos los millones de hijos e hijas de Dios que ya han nacido en el Reino de Dios.

Y miren cómo esa Piedrecita que vino en Su Primera Venida ya es una Familia completa de millones de personas que han recibido a Cristo como su Salvador, han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y han recibido Su Espíritu Santo, y así han nacido de nuevo; y son miles o millones los que componen esa Familia que ya tienen sus cuerpos teofanicos.

Y para este tiempo final, con la Segunda Venida de Cristo, la Venida de la Piedra no cortada de manos, obtendremos el cuerpo físico, incorruptible, inmortal y glorificado, igual al de nuestro amado Señor Jesucristo. Y estará sobre la Tierra la Familia de Dios, los hijos e hijas de Dios, los descendientes de Dios por medio de Jesucristo, de los cuales Cristo dijo:

“He aquí, yo y los hijos que Dios me dio”.

Eso está por ahí por Hebreos, capítulo 2, verso del 1 al 14, y también en los Salmos; San Pablo lo cita también mucho; y también dice:

“Anunciaré a mis hermanos tu nombre”.

Ahora vean cómo Él es nuestro Padre, porque somos engendrados por Cristo, por el Espíritu Santo, y obtenemos el nuevo nacimiento, nacemos como hijos e hijas de Dios; y también Él es nuestro hermano mayor, porque Él es el primero de esa Nueva Creación.

Y ahora, vean cómo todo comenzó sencillo en Su Primera Venida; y así es para Su Segunda Venida, así es el Reino de Dios: comienza en forma sencilla siempre, pero va creciendo, hasta que se forma un gran Reino.

Pero miren el reino de los gentiles: comenzó grande, una cabeza de oro, una estatua gigante con cabeza de oro, que fue el imperio babilónico, pero miren, va bajando de etapa en etapa. Bajó de la cabeza de oro al pecho y los brazos de plata, el imperio (¿cuál?) medo-persa; y después bajó en la tercera etapa al vientre y los muslos de bronce, el imperio (¿qué?) griego; y luego bajó a las piernas de hierro con el imperio romano; y para este tiempo final baja a lo último, a los pies de hierro y de barro cocido; o sea, los pies de hierro todos enfangados, llenos de barro.

O sea que ha ido bajando y cada día ha estado peor el reino de los gentiles. Por eso es que la humanidad tiene tantos problemas, porque la humanidad está viviendo bajo el reino de los gentiles. Pero cuando Dios cambie ese reino, lo quite y ponga el Reino del Mesías, el Reino de la Piedra no cortada de manos, ya todas las naciones, pueblos y lenguas prosperarán, porque ese será un Reino de prosperidad.

Vean ustedes, es en la cabeza de oro en la cual el Reino de Dios en la actualidad está. La Iglesia de Jesucristo se encuentra en la cabeza de oro. Vino subiendo hasta llegar a la cabeza de oro, que es la etapa nuestra; y esa es la etapa que traerá los muertos en Cristo resucitados, y nosotros seremos transformados, e iremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. También los hebreos entrarán a esa etapa de la cabeza de oro, porque ellos entran a la etapa de la cabeza de oro para el glorioso Reino de Cristo, del Mesías; y el mundo entero en el séptimo milenio entra a la etapa de la cabeza de oro del Reino de Dios, de la Iglesia de Jesucristo.

Ahora vean, los pies de hierro y de barro cocido en este tiempo final se van a desintegrar, porque con la Venida de la Piedra no cortada de manos serán desmenuzados los pies de hierro y de barro cocido, y será quitado el reino de los gentiles, y será establecido el Reino de Dios.

Apocalipsis, capítulo 11, verso 15 en adelante, nos habla de que los reinos de este mundo vendrán a ser (¿de quién?) de nuestro Señor y de Su Ungido, de Su Cristo.

Y ahora, vean cómo en este tiempo final habrá un cambio de reino: del reino de los gentiles al Reino de Dios.

Durante las demás etapas del reino de los gentiles, pues se cambió en el mismo reino: de la etapa de la cabeza de oro del imperio babilónico al pecho y los brazos de plata, que fue el imperio medo-persa, pero en el mismo reino; hubo un cambio en el mismo reino. Pero en este tiempo final habrá un cambio del reino de los gentiles al Reino de Dios; y será para bendición de los seres humanos, para bendición de la Iglesia de Jesucristo, para bendición de los santos del Antiguo Testamento y del Nuevo testamento, y para bendición del pueblo hebreo, y para bendición de todas las naciones que entrarán al Reino Milenial de Cristo.

Cristo, hablando de este tiempo final, nos dijo en la parábola del trigo y de la cizaña, comenzando en el verso 30 en adelante… San Mateo, capítulo 13, verso 30 al 43, dice:

“Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro (o sea, el trigo y la cizaña, ¿hasta cuándo?) hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero”.

Luego, en el mismo capítulo 13, versos 33 en adelante, dice:

“Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado.

Todo esto habló Jesús por parábolas a la gente, y sin parábolas no les hablaba;

para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo:

Abriré en parábolas mi boca;

Declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo”.

Vea, cosas escondidas, o sea, cosas que no estaban reveladas a la raza humana, Dios dijo en el Salmo 78, verso 2, que serían habladas por parábolas: “Abriré mi boca en parábolas; y declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo”.

Y en las parábolas de Jesucristo, Él ha abierto cosas que ha declarado, cosas que estaban escondidas desde la fundación del mundo; como el trigo y la cizaña, ahí está hablando de los hijos de Dios (el trigo) y de los hijos del maligno (la cizaña).

Y en muchas otras parábolas estuvo hablando cosas que estaban escondidas desde la fundación del mundo; Él las habló con esas parábolas. Y por eso las parábolas de Jesucristo son tan importantes, porque contienen misterios escondidos desde la fundación del mundo, hablados en esa forma, en parábolas, las cuales no podían ser entendidas por la gente.

Pero hemos llegado al tiempo en que todas las parábolas deben ser entendidas. Los discípulos comprendieron muchas de ellas, pero otras no las comprendieron.

“Entonces, despedida la gente, entró Jesús en la casa; y acercándose a él sus discípulos, le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña del campo.

Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre.

El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo.

El enemigo que la sembró (o sea, que sembró la cizaña) es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles.

De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo.

Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles…”.

Vean cómo dice que enviará a Sus Ángeles. Y el Señor Jesucristo también volvió a decir en San Mateo 24, verso 31: “Y enviará Sus Ángeles con Gran Voz de Trompeta, y juntarán a Sus escogidos (o sea, al trigo)”, a los escogidos de entre Su Iglesia entre los gentiles, y a los escogidos del pueblo hebreo, que son 144.000 hebreos. Y también recogerá a los que hacen maldad; y los recogerán y los echarán en el horno de fuego; dice:

“… y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad,

y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes (o sea, serán echados a la gran tribulación, donde es el lloro y el crujir de dientes)…”.

O sea que los Ángeles del Hijo del Hombre tienen una labor doble: tienen una labor en favor también de los escogidos de Dios, para recogerlos y colocarlos en la Edad de la Piedra Angular, los escogidos de entre los gentiles y los escogidos de entre los hebreos; pero también tienen la labor con la cizaña, para colocarlas en el horno de fuego, o sea, en la gran tribulación.

“… y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.

Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre”.

¿Cómo resplandecerán? “Como el sol”: como el Sol de Justicia. ¿Y cómo resplandece el Sol de Justicia? Jesucristo resplandece en el Reino Milenial como Rey de reyes y Señor de señores, porque Su rostro como el sol representa a Cristo como Rey de reyes y Señor de señores.

¿Y cómo vamos a resplandecer nosotros en el Reino de nuestro Padre celestial? Como el sol, o sea, como reyes en el Reino de Jesucristo, porque ahí estaremos como reyes. Vamos a resplandecer como reyes en Su Reino.

Y ahora, veamos en Apocalipsis, capítulo 14, versos 14 en adelante, dice:

“Miré, y he aquí una nube blanca; y sobre la nube uno sentado semejante al Hijo del Hombre, que tenía en la cabeza una corona de oro, y en la mano una hoz aguda.

Y del templo salió otro ángel, clamando a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: Mete tu hoz, y siega; porque la hora de segar ha llegado, pues la mies de la tierra está madura.

Y el que estaba sentado sobre la nube metió su hoz en la tierra, y la tierra fue segada”.

Se lleva a cabo ¿qué? La cosecha, la cosecha de los hijos e hijas de Dios.

“Salió otro ángel del templo que está en el cielo, teniendo también una hoz aguda.

Y salió del altar otro ángel, que tenía poder sobre el fuego, y llamó a gran voz al que tenía la hoz aguda, diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la tierra, porque sus uvas están maduras.

Y el ángel arrojó su hoz en la tierra, y vendimió la viña de la tierra, y echó las uvas en el gran lagar de la ira de Dios.

Y fue pisado el lagar fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre hasta los frenos de los caballos, por mil seiscientos estadios”.

Y ahora, esa es la cosecha de los hijos del malo, que son cosechados y echados en el lagar de la ira del Dios Todopoderoso.

Y ahora vamos a ver quién es el que pisa ese lagar. Apocalipsis, capítulo 19, verso… para no leer mucho vamos a leer después: del 11 en adelante dice:

“Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.

Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo.

Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: El Verbo de Dios.

Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos.

De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso.

Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores”.

Ahora, podemos ver que Cristo, el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis, es el que pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso; y ahí es donde han sido echadas las uvas que serán pisadas en el lagar de la ira del Dios Todopoderoso. Y es Cristo, el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, el que pisa esas uvas, pisa ese lagar; y es el lagar de la ira del Dios Todopoderoso.

Ahora podemos ver que Dios ha hablado que estas cosas han de suceder.

“EL FIN DEL SIGLO Y LOS ÁNGELES DE LA COSECHA”.

Eso es lo que vemos ahí, en las parábolas de Jesús en San Mateo, capítulo 13, versos 30 al 43; y también en Apocalipsis, capítulo 14, verso 14 al 20; porque para el tiempo final todas estas cosas se estarán llevando a cabo.

Aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo, los Ángeles de la Cosecha son enviados, tienen que recoger el trigo, que son los hijos e hijas de Dios de entre los gentiles y también del pueblo hebreo; porque esas personas son colocadas en el planeta Tierra para bendición; por lo tanto, les envía ese ministerio de bendición: el ministerio de los Ángeles del Hijo del Hombre con la Gran Voz de Trompeta llamando y juntando a todos los escogidos de Dios.

Y cuando termine esa labor entre los escogidos de Dios de entre los gentiles, y después llame y junte a los escogidos del pueblo hebreo…, pues el llamado para los escogidos, esa manifestación que verán los escogidos del pueblo hebreo, ocurrirá un poquito antes de la gran tribulación; y después comenzará la gran tribulación, porque nos iremos de aquí a la Cena de las Bodas del Cordero; porque tenemos un compromiso con Dios, para estar con Jesucristo en una Cena, y no vamos a cancelar esa Cena.

En una ocasión Jesucristo dio una parábola1: que el padre le hizo una gran cena de boda a su hijo, y mandó a avisar a los invitados; y comenzaron los invitados a decir: “Es que me casé, y estoy de luna de miel”. El otro le decía, el otro invitado: “Es que compré una hacienda, y voy a verla”. ¿Sería que la compró sin verla? Siempre ponen excusas las personas que no quieren aceptar la invitación de Dios.

Luego otro, cuando fue el siervo (uno de los siervos) a decirle: “La cena ya está preparada, la fiesta de boda ya está preparada, y el señor dice que vengan a la fiesta”, el otro dijo: “Yo compré una yunta de bueyes, y tengo que ir a probarla”. Compró sin probar. Siempre buscan excusas para no ir.

Y entonces el señor se llenó de ira; porque teniendo todo preparado, y que le vayan a aguar la fiesta ahí, eso no está bien. Él dijo: “Vayan a la salida de los caminos e inviten y traigan a todos los que encuentren”.

Hicieron así, y le dicen al señor: “Mira, hemos hecho como nos has dicho y hemos traído toda la gente, pero todavía hay lugar”.

—“Pues vayan y traigan cojos, mancos, de todo; y que se llene mi casa”. Fueron e hicieron así, y se llenó la casa.

Y ahora hay una gran Cena en el Cielo preparada, una Cena de Boda; y han estado siendo llamados y colocados en la Casa de Dios, donde es la Cena, la Iglesia de Jesucristo, millones de personas; y todavía hay lugar. Por eso es que todavía el llamado y búsqueda de personas para ir a la Cena de las Bodas del Cordero se está llevando a cabo en la América Latina y el Caribe.

Y cuando se complete el número de los escogidos de Dios del Cuerpo Místico de Cristo, entonces los muertos en Cristo resucitarán, nosotros los que vivimos seremos transformados, y luego estaremos solamente de 30 a 40 días aquí. No vamos a estar mucho, porque ese es un tiempo para beneficio del pueblo hebreo.

En esa fase de 30 a 40 días ya transformados y los muertos en Cristo resucitados, la manifestación de Dios en toda Su plenitud estará en la Tierra, esa Tercera Etapa estará en toda Su plenitud manifestada; y será para la Novia, será para la Iglesia (o sea, el resto del cristianismo, que no tiene aceite en sus lámparas, las vírgenes fatuas), y será para los perdidos (que ya no tienen oportunidad).

Ahí el pueblo hebreo verá lo que estará sucediendo, y dirá: “¡Esto es y este es al que nosotros estamos esperando!”. Como encontraron a José entre los gentiles verán a nuestro José, a Jesucristo manifestado entre los gentiles, en medio de Su Iglesia, en el Día Postrero; y se agarrarán de Él. Y la bendición pasará de los gentiles a los hebreos; pero nosotros nos iremos a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y el juicio divino, la ira de Dios, caerá sobre los gentiles durante la gran tribulación; y ahí es donde la cizaña será quemada, los malos serán quemados. El reino de los gentiles en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido, bajo el gobierno y control del anticristo, del hombre de pecado, recibirá esos juicios divinos; y será quitado el reino de los gentiles en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido, para dar paso al Reino Milenial de Cristo.

Hemos visto las cosas que Cristo ha profetizado para este tiempo final.

Ahora, ¿en qué día o año sucederá totalmente el final de todo este Programa, o sea, el llamado a los hebreos, y la resurrección de los muertos en Cristo y transformación de nosotros los que vivimos, y arrebatamiento al Cielo para ir a la Cena de las Bodas del Cordero? No sabemos; pero ya estamos en el llamado de todos los escogidos de Dios; y están siendo llamados y juntados y colocados en el Cuerpo Místico de Cristo, en la Edad de la Piedra Angular. Y cuando se complete el número de los escogidos, entonces Cristo pasa a esas otras etapas que tiene que cumplir conforme a las profecías bíblicas.

Así que aprovechemos esta etapa donde todavía hay misericordia y bendición y lugar en la Casa de Dios, para trabajar en la Obra de Cristo, y nuestras vidas tenerlas alineadas con la Palabra de Dios, nuestras vidas consagradas a Cristo; y trabajando en la Obra de Cristo, llevando el Mensaje, para que entren más y más a la Casa de Cristo, a la Casa de Dios, a Su Iglesia, porque todavía hay lugar.

Y esa es una buena noticia que dieron esos siervos, la cual es buena noticia para todos los latinoamericanos y caribeños, que es donde se hace el llamado final y en donde entran los últimos que entrarían a la Casa de Dios.

Así que Dios les continúe bendiciendo a todos, Dios les guarde y les siga usando grandemente en Su Obra; y siga prosperándoles grandemente en este lugar; y siga añadiendo más y más personas a este lugar; y se abran más lugares en este lugar, en estos lugares cercanos aquí, y en todo Acapulco, y en todo el estado de Guerrero, y en toda la República Mexicana, porque todavía hay lugar.

Que Dios les bendiga y les guarde, y dejo nuevamente con nosotros al joven José Benjamín Pérez para continuar.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

Yo no sé si tienen un cántico por aquí.

[CORTE] … que es nuestro Pastor, y es el Jehová del Antiguo Testamento, el Pastor del pueblo hebreo.

[Cántico a cappella: “Jehová me pastorea”].

Vamos con Él hasta el fin, y seremos transformados; y nos iremos a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“EL FIN DEL SIGLO Y LOS ÁNGELES DE LA COSECHA”.

[Revisión enero 2022]

1 San Lucas 14:16

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