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Dios usa Su Nombre poderoso para libertar a Su pueblo
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Dios usa Su Nombre poderoso para libertar a Su pueblo

Muy buenas tardes, amables amigos y hermanos presentes y radioyentes. Es para mí un privilegio grande estar con ustedes en este lugar y a través de esta radioemisora amiga, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Estaremos hablando acerca del tema: “DIOS USA SU NOMBRE PODEROSO PARA LIBERTAR A SU PUEBLO”.

Quiero leer en el libro del Éxodo, capítulo 3, verso 1 en adelante, donde Dios llamó al profeta Moisés y lo envió para libertar al pueblo hebreo; ahí veremos cómo Dios usa Su poderoso Nombre para libertar a Su pueblo. Y luego, en el Nuevo Testamento, veremos a través de la conferencia de esta ocasión cómo también en el Nuevo Testamento Dios usa Su Nombre para libertar a Su pueblo.

Leemos en el Éxodo, capítulo 3, verso 1, y también en el Génesis, capítulo 15… Vamos a ver Génesis, capítulo 15, primero, donde está la promesa, y después pasamos al Éxodo, capítulo 3, donde Dios va a cumplir la promesa.

Aquí la promesa fue hecha al profeta y patriarca Abraham. Capítulo 15, verso 12 en adelante, del Génesis, dice:

“Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el temor de una grande oscuridad cayó sobre él.

Entonces Jehová dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años.

Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza.

Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.

Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí.

Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos.

En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates;

la tierra de los ceneos, los cenezeos, los cadmoneos,

los heteos, los ferezeos, los refaítas,

los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos”.

Ahí tenemos la promesa dada al profeta y patriarca Abraham.

Y ahora, en el Éxodo, capítulo 3, verso 1 en adelante, Dios desciende para cumplir esa promesa al pueblo hebreo, la descendencia de Abraham. Dice:

“Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios.

Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía.

Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema.

Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí.

Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.

Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios.

Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias,

y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo.

El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen.

Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel.

Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?

Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte.

Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?

Y respondió Dios a Moisés: Yo soy el que soy. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: Yo soy me envió a vosotros”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema es: “DIOS USA SU NOMBRE PODEROSO PARA LIBERTAR A SU PUEBLO”.

Dios había hecho la promesa al profeta y patriarca Abraham, que su descendencia sería esclava en tierra ajena, o sea, en Egipto. Y ahora, cuando Dios le habló esas palabras a Abraham, Abraham todavía no tenía hijos; no tenía ni a Isaac, que es el hijo prometido, ni siquiera tenía a Ismael, y ahora Dios ya le está hablando de lo que le sucederá a la descendencia de Abraham.

Vean cómo Dios, desde antes de existir una persona o una nación, ya Dios puede estar dando a conocer lo que sucederá con esa persona o con esa nación; porque Dios sabe todas las cosas.

Y ahora, Él ve todas las cosas porque Él está en un eterno presente; y Él ve el pasado, ve el presente y ve el futuro también, porque Él es omnipresente.

Y ahora, el Dios Todopoderoso ya le está dando a conocer a Abraham lo que será la vida de su descendencia, y por consiguiente le está revelando todas estas cosas que han de suceder a la descendencia de Abraham; y cuando Abraham las escribe y las habla, está profetizando lo que le sucederá a su descendencia.

Y ahora, para que se cumpliera esa profecía, tenían que suceder ciertas cosas.

Vean, tuvo Abraham que tener un hijo por medio de Sara su esposa, la cual era estéril; y vean ustedes, pasaron muchos años luego de Dios haberle hecho la promesa a Abraham de que tendría un hijo por medio de su esposa Sara, pero no llegaba el hijo.

Luego, cuando ya tiene Abraham 99 años y Sara tiene 89 años, Dios le aparece el día antes de la destrucción de Sodoma y de Gomorra y le reconfirma que va a tener un hijo por medio de su esposa Sara.

Ya para ese tiempo había tenido a Ismael, y ya para ese tiempo Dios le había cambiado el nombre a Abraham: de Abram a Abraham, o sea, le añadió una “h” y una “a”; y a Sara, de Sarai se lo cambió a Sara. Y le dice: “No se llamará más tu esposa, tu mujer, Sarai, sino Sara”.

Y en cuanto a Abraham, le dijo: “No se llamará más tu nombre Abram, sino Abraham”. En el capítulo 17 del Génesis, ahí está este cambio de nombre, añadiéndole Dios algunas letras al nombre de Abraham. Vean, aquí está: capítulo 17, verso 1 en adelante, dice:

“Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto.

Y pondré mi pacto entre mí y ti, y te multiplicaré en gran manera.

Entonces Abram se postró sobre su rostro, y Dios habló con él, diciendo:

He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes.

Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes”.

Vean, el nombre Abram significa ‘padre supremo’, pero el nombre Abraham significa ‘padre de mucha gente’. Así que Abraham tenía que tener el nombre correcto para venir a ser padre de mucha gente. Y Dios, por cuanto está representando todas estas cosas aun en el nombre de Abraham, pues tenía que ser cambiado el nombre de Abraham.

Y ahora sigue diciendo:

“Y te multiplicaré en gran manera, y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti.

Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti.

Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos”.

Ahora vean cómo Dios le habla al patriarca y profeta Abraham de ese nombre nuevo que Dios le estaba dando y también del Pacto que Dios había hecho con Abraham.

“Dijo de nuevo Dios a Abraham: En cuanto a ti, guardarás mi pacto, tú y tu descendencia después de ti por sus generaciones.

Este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros.

Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros.

Y de edad de ocho días será circuncidado todo varón entre vosotros por vuestras generaciones; el nacido en casa, y el comprado por dinero a cualquier extranjero, que no fuere de tu linaje.

Debe ser circuncidado el nacido en tu casa, y el comprado por tu dinero; y estará mi pacto en vuestra carne por pacto perpetuo.

Y el varón incircunciso, el que no hubiere circuncidado la carne de su prepucio, aquella persona será cortada de su pueblo; ha violado mi pacto.

Dijo también Dios a Abraham: A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai, mas Sara será su nombre.

Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella.

Entonces Abraham se postró sobre su rostro, y se rió, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara, ya de noventa años, ha de concebir?

Y dijo Abraham a Dios: Ojalá Ismael viva delante de ti.

Respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él.

Y en cuanto a Ismael, también te he oído; he aquí que le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera; doce príncipes engendrará, y haré de él una gran nación.

Mas yo estableceré mi pacto con Isaac, el que Sara te dará a luz por este tiempo el año que viene.

Y acabó de hablar con él, y subió Dios de estar con Abraham”.

Ahora ahí podemos ver cómo Dios habló con Abraham, cómo le cambió el nombre a Abraham y cómo le reconfirmó que iba a tener un hijo por medio de su esposa Sara; y le dijo qué nombre le iba a poner: le iba a poner por nombre Isaac, que significa ‘risa’.

Y ahora, vean ustedes cómo Dios habla a Su profeta y patriarca Abraham, profeta dispensacional, un profeta de los cuales solamente hay siete profetas en todo el Programa Divino; siete profetas para siete dispensaciones.

  • El primero fue Adán, para la dispensación primera, que fue la Dispensación de la Inocencia.
  • El segundo fue Set, para la Dispensación de la Conciencia.
  • El tercero fue Noé, para la Dispensación del Gobierno Humano.

Cada uno de ellos tenía el Mensaje correspondiente a esa dispensación para la cual ellos fueron enviados.

  • El cuarto fue el profeta y patriarca Abraham, para la dispensación cuarta, que es la Dispensación de la Promesa.
  • El quinto profeta dispensacional es el profeta Moisés, para la quinta dispensación, que es la Dispensación de la Ley. Por eso Moisés vino con el Mensaje de la Ley.
  • Luego el sexto mensajero dispensacional, para la Dispensación de la Gracia, que es la sexta dispensación, es nuestro amado Señor Jesucristo.
  • Y el séptimo profeta dispensacional, para la séptima dispensación, que es la Dispensación del Reino, es el Ángel del Señor Jesucristo.

Y después de ese, ningún otro profeta dispensacional; y ningún otro profeta: ese es el último profeta, y por eso Dios lo envía como profeta dispensacional; y con ese, el Programa de Dios llega a su feliz conclusión o cumplimiento.

Ahora, vean ustedes cómo Dios se le revela al profeta y patriarca Abraham y le dice acerca del hijo que va a tener. Ya Abraham tiene 99 años y Sara tiene 89 años, y ahora Dios le dice: “El año que viene van a tener el hijo”; o sea que Sara al tener 90 años y Abraham 100 años iban a recibir el hijo.

Un hombre de 100 años y una mujer de 90 años no pueden estar esperando, al cumplir esa edad, recibir un hijo; pero Dios le había dicho que iban a tener un hijo, por lo tanto Dios rejuveneció a Abraham y a Sara.

Y ahora Abraham y Sara vienen a tener un hijo ya siendo ancianos; siendo ancianos en edad, pero habían sido rejuvenecidos.

Por eso es que cuando Abraham y Sara se fueron a otro territorio… Luego de la destrucción de Sodoma y Gomorra, pues Abraham se fue de ese territorio. Ya en ese territorio la radioactividad de esa destrucción que hubo allí, donde cayó fuego y azufre del cielo (de la cual los científicos dicen o piensan que pudo ser una destrucción atómica)… Abraham se fue de ese lugar y se fue a un territorio donde el rey era Abimelec, y Abimelec se enamoró de Sara1.

Ahora, ¿qué rey se va a enamorar de una señora de 90 años, o de 89 años, de una anciana? Ningún rey. Es que estaba rejuvenecida, y Abraham también.

Y ahora, iban a tener un hijo, y el hijo que iba a tener Sara no iba a ser del rey Abimelec sino de Abraham, que era el que tenía la promesa de un hijo por medio de Sara.

Y cuando cumplieron 100 años Abraham y 90 años Sara, tuvieron el hijo prometido, como Dios se lo había dicho. Porque ¿hay alguna cosa imposible para Dios? No la hay. Por lo tanto Dios cumplió Su promesa a Abraham.

Ahora, vean ustedes que Abraham había estado casado con Sara por muchos años; y cuando tenía unos 50 años Abraham y Sara 40 años, no tuvieron el hijo; y ya a esa edad, ya casi todos los matrimonios han tenido todos los hijos que van a tener, y ya tienen hasta nietos. Pero vean ustedes, Abraham…, y con Abraham no fue así. Pero ahora cuando tiene 100 años y Sara tiene 90 años, reciben el hijo.

Ahora, cuando ya se está en una edad de 100 años el hombre y 90 años su esposa y reciben un hijo, tienen más alegría y felicidad cuando reciben ese hijo. ¿No es así? Un ancianito de 100 años, o una persona de 100 años, y una señora de… su esposa de 90 años, ¡teniendo un hijo a esa edad!, pues eso es algo que causa mucha alegría, mucho regocijo.

¿Pero y qué tiene todo esto que ver con el Programa Divino para después de Abraham? Porque para la simiente de Abraham, la descendencia de Abraham, tanto terrenal, que es el pueblo hebreo, como la celestial, que es la Iglesia del Señor Jesucristo…

Vean ustedes: el año 50 de Abraham es el primer año de jubileo; porque Dios le estableció al pueblo hebreo que cada 50 años el año 50 era el año del jubileo.

Toda persona que está viviendo el año 50 de su vida está viviendo en el año del jubileo, en el primer año del jubileo de su vida; ha entrado a un año muy importante de su vida. Y luego cuando cumple 100 años, cuando está viviendo el año número 100, está viviendo en el segundo año de jubileo de su vida; y llegar a ese segundo año de jubileo de su vida da un poquito de trabajo.

Ahora, miren ustedes una cosa. Para el primer Año de Jubileo del Programa Divino vino Cristo, y Su Primera Venida fue rechazada por el pueblo hebreo. Allí se estaba viviendo en la Edad de la Piedra Angular, que es la Edad del Año del Jubileo actualizado en la Iglesia.

El pueblo hebreo es la Iglesia de Dios del Antiguo Testamento, porque iglesia significa ‘sacados fuera’, y ellos fueron sacados de Egipto; por lo tanto, el pueblo hebreo es la Iglesia del Antiguo Testamento.

Y para la Iglesia del Antiguo Testamento Dios les envió el precursor de la Primera Venida de Cristo, que fue Juan el Bautista, en la séptima etapa o edad de la Iglesia hebrea bajo la Ley (del pueblo hebreo). Y apareció Cristo en ese año o ciclo de jubileo del Programa de Dios, que corresponde a la Edad de la Piedra Angular.

Vamos a ver si lo pueden ver aquí en este diagrama que tenemos de la Iglesia de Dios, tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento.

Estas son etapas por las cuales pasa la Iglesia, y cada una de esas etapas corresponde a un tiempo y a un territorio. Y cada mensajero es el instrumento de Dios para cada etapa, para cada edad en donde Dios está manifestado (o sea, a través de ese mensajero) trayendo el Mensaje de Dios sobre el pueblo.

En esta séptima etapa, aquí, de la Iglesia hebrea bajo la Ley, apareció Juan el Bautista diciendo que después de él vendría otro hombre: un varón del cual él no era digno de desatar la correa de su calzado2. Y cuando apareció, apareció aquí en la Edad de la Piedra Angular; porque Él —Cristo— es la Piedra Angular, la Piedra que los edificadores desecharon, la cual ha venido a ser Piedra del Ángulo3.

Ahora, vean cómo Él apareció en ese ciclo 50 de jubileo; porque estas siete etapas corresponden a estos 49 años que anteceden al año 50.

Por eso es que en Levítico, capítulo 25, vamos a ver ahí cómo Dios nos muestra este año del jubileo, dice… Capítulo 25, verso 8 al 13, de Levítico, dice:

“Y contarás siete semanas de años, siete veces siete años, de modo que los días de las siete semanas de años vendrán a serte cuarenta y nueve años.

Entonces harás tocar fuertemente la trompeta en el mes séptimo a los diez días del mes; el día de la expiación haréis tocar la trompeta por toda vuestra tierra.

Y santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores; ese año os será de jubileo, y volveréis cada uno a vuestra posesión, y cada cual volverá a su familia (¿En qué año? En el año 50, que es el año del jubileo, luego de pasados los 49 años).

El año cincuenta os será jubileo; no sembraréis, ni segaréis lo que naciere de suyo en la tierra, ni vendimiaréis sus viñedos,

porque es jubileo; santo será a vosotros; el producto de la tierra comeréis.

En este año de jubileo volveréis cada uno a vuestra posesión (o sea, a vuestra herencia)”.

En ese año del jubileo, la tierra, las propiedades que habían sido vendidas, o habían sido tomadas en préstamos, o como deudas de préstamos, y habían sido embargadas, eran o quedaban libres en ese año del jubileo; y el dueño original de esa propiedad reclamaba su propiedad y entraba de nuevo a esa propiedad.

Los esclavos también, los hijos del pueblo hebreo que habían sido vendidos como esclavos o habían sido tomados como esclavos a causa de alguna deuda, quedaban libres en el año del jubileo; porque el año del jubileo es el año de la libertad; y cada uno volvía a su familia y a su tierra, o sea, a su herencia. Y eso es tipo y figura del regreso de los hijos e hijas de Dios a la herencia de Dios y a la Familia de Dios.

Así como en el pueblo hebreo estando en Egipto, Dios reflejó ese gran evento cuando libertó al pueblo hebreo y los llevó de regreso a su tierra, la tierra de Israel, la tierra prometida. Y para esa liberación usó al profeta Moisés, hasta llegar al lado antes de cruzar el Jordán; y luego Josué con el pueblo cruzó el Jordán, y entró de lleno a la tierra prometida; aunque antes de cruzar el Jordán también hay una parte ahí que pertenece a la tierra prometida. Ahora, esa fue la parte que Moisés le repartió a dos de las tribus de Israel4.

Ahora vean cómo lo que Dios hizo con el pueblo hebreo…

El pueblo hebreo, el cual es llamado “el hijo de Dios, Su primogénito”5 como nación, representa al Israel celestial, que es la Iglesia del Señor Jesucristo, que tiene como sus miembros los hijos e hijas de Dios, escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, los cuales son esos hermanos menores de Jesucristo.

¿Recuerdan ustedes en el pasaje de San Mateo, capítulo 25, donde se lleva a cabo el juicio de las naciones? Vean lo que dice: “Cuando el…”. Capítulo 25, verso 31 en adelante, de San Mateo, dice:

“Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria,

y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.

Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.

Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.

Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis;

estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.

Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber?

¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos?

¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?

Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”.

¿Y quiénes son esos hermanos más pequeños de Jesucristo? Son los redimidos por la Sangre de Cristo, son los que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo, los cuales vienen del Cielo, de la dimensión de Dios, vienen del Padre.

Como Jesús dijo: “Yo de Dios he venido”6, “salí del Padre y vuelvo al Padre”7. Y así también dijo en otra ocasión8: “Yo soy el Pan vivo, el Pan de Vida, que he descendido (¿de dónde?) del Cielo”.

Y ahora, todos los hijos e hijas de Dios descienden del Cielo; sus almas vienen del Cielo, vienen de la séptima dimensión, que es la dimensión de Dios; y toman un cuerpo de carne aquí en la Tierra por medio de ese niñito que nace a través de mamá y papá, y reciben un espíritu del mundo.

Tanto el cuerpo físico como el espíritu que reciben es en la permisiva voluntad de Dios; por eso aparecemos aquí en la Tierra como mortales, con un cuerpo mortal, corruptible y temporal; pero hacemos contacto con la Vida Eterna, que es Jesucristo. Él dijo9: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí”.

Y ahora, Jesucristo nuestro amado Salvador también nos dijo en el capítulo 11 [San Juan], cuando fue a resucitar a Lázaro, en donde le dice a Marta que Lázaro iba a resucitar…; vean, dice capítulo 11, verso 23 en adelante:

“Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero”.

Marta sabe que en el Día Postrero, que es el séptimo milenio, se llevará a cabo la resurrección de todos los santos, de todos los hijos e hijas de Dios que han muerto físicamente; porque Jesús lo enseñó en el capítulo 6, versos 39 al 55. Y ahora… Vean ustedes, Marta ya sabía eso porque Él dijo: “… y yo le resucitaré en el día postrero”, hablando de todos los creyentes en Él que partirían; eso está en el capítulo 6, verso 39 al 55.

Y ahora, Jesús le dice:

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”.

Es una promesa para todos los creyentes en Cristo: que continúan viviendo aunque su cuerpo físico muere, continúan viviendo en un cuerpo de otra dimensión, cuerpo teofánico de la sexta dimensión, cuerpo que se recibe cuando la persona cree en Cristo como su Salvador, lava sus pecados en la Sangre de Cristo y recibe Su Espíritu Santo, y así obtiene el nuevo nacimiento; nace en la sexta dimensión y por consiguiente tiene un cuerpo de la sexta dimensión.

Y por eso cuando muere aquí en la Tierra su cuerpo físico, ¿es llevado por los ángeles de Dios a dónde? Al Paraíso a vivir; en esa dimensión, la cual es parecida a esta dimensión terrenal en algunas cosas. Por ejemplo, tiene árboles, tiene ríos, tiene grama, tiene pajaritos, tiene animales; o sea, es otro mundo parecido a este; y ahí se vive en un cuerpo parecido a nuestro cuerpo, pero es de otra dimensión.

Pero en otras cosas no se parece a esta dimensión acá, o sea: no tiene los problemas que tenemos aquí, no tiene la contaminación que hay en las grandes ciudades (ni tampoco en las pequeñas), no tiene las guerras que tienen las naciones aquí, unas contra otras; no tienen los problemas económicos que tienen las naciones aquí en la Tierra, no tienen los problemas sociales que se tienen aquí en las naciones. O sea, los problemas no existen allá.

Solamente allí existe el amor divino, la paz, y allí existe esa armonía entre unos y otros, que son completamente felices; y allí ni se come (porque en el cuerpo de la sexta dimensión no hay necesidad de comer), ni se trabaja tampoco, ni se duerme tampoco (porque no hay noche). Pero ellos, los que están allí, van a regresar a la Tierra: van a tomar un cuerpo que Cristo les dará, un cuerpo eterno que Cristo creará para ellos, y entonces vivirán en un cuerpo glorificado como el de nuestro amado Señor Jesucristo.

Y nosotros los que vivimos y creemos en Cristo como nuestro Salvador y hemos lavado nuestros pecados en la Sangre de Cristo y hemos recibido Su Espíritu Santo, seremos transformados.

De eso es que habla San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 55, en donde nos dice que “así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial”; y también nos dice que “la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción”.

Y nos dice también: “He aquí, os digo un misterio: No todos ciertamente moriremos (o sea, no todos dormiremos, no todos vamos a morir físicamente)”… “He aquí, os digo un misterio”, nos dice. Vamos a leerlo para que lo tengan tal y como lo dice… Lo dice San Pablo en su carta a los Corintios: Primera de Corintios, capítulo 15 (vamos a ir leyendo), el verso 49 en adelante dice:

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial”.

O sea que seremos a imagen y semejanza de Jesucristo, con un cuerpo eterno, un cuerpo inmortal, incorruptible, un cuerpo glorificado, exactamente como el cuerpo de nuestro amado Señor Jesucristo, para ir con Él a la Cena de las Bodas del Cordero, y también para estar en el glorioso Reino Milenial de Cristo como reyes y sacerdotes, y para estar con Cristo por toda la eternidad como reyes y sacerdotes.

Quizás aquí en este cuerpo mortal son pocos los que obtienen una posición alta económica o social o política; pero en el glorioso Reino del Señor Jesucristo todos los hijos e hijas de Dios tienen la posición más alta que se pueda tener: la de ser reyes y sacerdotes juntamente con nuestro amado Señor Jesucristo, que es el Rey y Sacerdote más grande que habrá en el Milenio y por toda la eternidad; porque Él es el Melquisedec que le apareció a Abraham.

Él es el Melquisedec que ha estado en el Cielo haciendo intercesión como Sumo Sacerdote por todos los hijos e hijas de Dios.

El Melquisedec que le apareció a Abraham es Rey de Salem y Sacerdote del Dios Altísimo; y Jesucristo es el Rey de reyes y Señor de señores, que reinará en ese glorioso Reino Milenial, y con Él reinarán reyes también. ¿Quiénes son ellos? Los hijos e hijas de Dios, todos nosotros los que vamos a ser transformados y los muertos en Cristo que resucitarán en cuerpos eternos.

Y Él también es el Sacerdote, Sumo Sacerdote Melquisedec; y nosotros somos sacerdotes también con Él, de ese Orden Sacerdotal, del Orden de Melquisedec, para ministrar allí —en el glorioso Reino Milenial de Cristo— todas las cosas espirituales que corresponden a ese Reino.

Ahora vean la posición tan alta que tenemos para el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.

Ahora continúo leyendo aquí, donde nos dice:

“Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados,

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.

Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria”.

Y de ahí en adelante no habrá más muerte para los hijos e hijas de Dios, porque tendremos un cuerpo inmortal, incorruptible, un cuerpo eterno, un cuerpo glorificado, como el cuerpo de nuestro amado Señor Jesucristo, el cual se mantendrá jovencito, representando de 18 a 21 años por toda la eternidad.

Ahora hemos visto que esto es para ser efectuado a la Final Trompeta. ¿Y qué es la Final Trompeta? De esta Trompeta Final Cristo habló en San Mateo, capítulo 24, verso 31, cuando dijo:

“Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”.

Esa Gran Trompeta también la encontramos en Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11, de la cual habló Juan el apóstol en el libro del Apocalipsis, donde dice:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

¿Y quién es el Alfa y Omega?, ¿quién es el primero y el último? Pues nuestro amado Señor Jesucristo. Es la Voz de Jesucristo en el Día Postrero, en el séptimo milenio, hablándole a Su Iglesia, hablándoles a Sus hijos, con esa revelación de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores. Es la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino revelando el misterio de la Segunda Venida de Cristo a todos los hijos e hijas de Dios, a todos los que van a ser transformados en este tiempo final y llevados a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y ahora, esto corresponde al segundo ciclo divino del Año del Jubileo.

Ahora, para el tiempo en que Jesucristo vino, dos mil años atrás, se estaba viviendo en ese ciclo divino del Año del Jubileo, y por eso Él estuvo predicando el año agradable del Señor10.

Y para este tiempo final, entramos nosotros nuevamente a ese ciclo divino del Año del Jubileo, donde se predica el día de venganza del Dios nuestro y se da a conocer también la liberación de los hijos e hijas de Dios, que para este tiempo final está prometida para ser todos libertados de la muerte física y del cuerpo físico mortal y corruptible, porque recibiremos un cuerpo inmortal, un cuerpo incorruptible, un cuerpo eterno, y entonces ya la muerte no existirá para nosotros. Nunca más morirá ningún hijo de Dios.

Los muertos en Cristo también resucitarán en un cuerpo eterno, en esa misma clase de cuerpo eterno, y ya no habrá más muerte para los hijos e hijas de Dios, o sea, para el Israel celestial, que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Es en este ciclo divino del Año del Jubileo, en este segundo ciclo divino que corresponde a la Segunda Venida de Cristo, que los escogidos de Dios serán liberados: los muertos en Cristo resucitados en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos transformados, conforme a la promesa divina.

Ahora, ¿en qué año del séptimo milenio? No sabemos; pero cuando ocurra la resurrección de los muertos en Cristo podremos mirar el calendario y saber en qué año iba a ser la resurrección de los muertos en Cristo; y en ese mismo tiempo será la transformación de nosotros los que vivimos; y quedaremos completamente libertados de la muerte física, de las enfermedades, de los problemas que existen en esta Tierra; y ya estaremos iguales a nuestro amado Señor Jesucristo, y entonces veremos a Jesucristo en Su cuerpo glorificado, y después nos iremos con Él a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

La promesa de Cristo es que nosotros vamos a ser iguales a Él; seremos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo. Por eso es que para este tiempo final Jesucristo nuestro Salvador, el Alfa y Omega, nos habla con esa Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino.

Y ahora, veamos qué cosas estará hablándonos en este tiempo final para esa liberación que Él llevará a cabo, así como la liberación que llevó a cabo allá con el pueblo hebreo esclavizado en Egipto. En el capítulo 4 del Apocalipsis nos dice, verso 1:

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas”.

Aquí tenemos nuevamente esta Voz de Trompeta, que es la Voz de Cristo, la Voz del Alfa y Omega diciéndonos: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas”.

Y ahora, ¿a dónde vamos a subir para que Él nos muestre todas estas cosas que deben suceder? Vamos a subir a la Edad de la Piedra Angular, que es la Edad del Año del Jubileo, de ese ciclo del Año del Jubileo, para oír la Voz de Cristo dándonos a conocer todas estas cosas que van a suceder, las cuales están en el Antiguo Testamento y Nuevo Testamento ya profetizadas.

Y ahora, ¿por medio de quién nos estará hablando Jesucristo en Espíritu Santo, el Ángel de Jehová en este tiempo final?

Vamos a ver por medio de quién nos estará dando a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; porque siempre que Dios ha dado a conocer algo ha sido por medio de un profeta, de un hombre. “Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas”, dice Amós, capítulo 3, verso 7.

Y ahora, en el capítulo 22, verso 6, del Apocalipsis, dice:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel…”.

¿Quién es el Enviado del Dios Todopoderoso? El Ángel del Señor Jesucristo. ¿Para qué lo envía? Para mostrar a Sus siervos las cosas que deben suceder pronto.

Y por medio de ese Ángel Mensajero, de ese profeta mensajero, que es el séptimo profeta dispensacional (el profeta de la Dispensación del Reino) y el último profeta de Dios que Él envía a Su pueblo, a este planeta Tierra, por medio de ese profeta nos da a conocer todas las cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Y por eso también Juan el apóstol se postró a los pies de este Ángel y quiso adorar a este Ángel. Vean a continuación aquí… en este mismo capítulo 22… leímos el verso 6, y a continuación el verso 7 hasta el 10 dice:

“¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.

Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas.

Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios”.

Ahora vean cómo este Ángel del Señor Jesucristo le dice: “No lo hagas, no me adores”; le dice:

“… yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro”.

Y ahora, ¿cómo Dios les llama a Sus profetas? En Amós, capítulo 3, verso 7, dice: “Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas”. A Sus profetas les llama Sus siervos.

Y ahora, este Ángel Mensajero de Jesucristo se identifica como un consiervo de los profetas, o sea, un colega de los profetas. Y cuando, digamos que un médico o un abogado se encuentra con un grupo de personas y dice: “Yo soy colega de este grupo que está aquí”, entonces esas otras personas son médicos también.

Y ahora, este Ángel Mensajero de Jesucristo es un colega de todos los demás profetas; es un profeta, y es el profeta más grande que Dios le envía a Su Iglesia, y se lo envía en este tiempo final.

Y es la primera ocasión en que Jesucristo le envía a Su Iglesia un profeta dispensacional; y se lo envía con el Mensaje del Evangelio del Reino para que les dé testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto, y así los escogidos de Dios escuchen la Voz de Jesucristo, la Voz del Ángel de Jehová, del Ángel del Pacto por medio de Su profeta mensajero de la Dispensación del Reino con el Evangelio del Reino, dando testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto.

Ahora hemos visto por medio de quién obtendríamos el conocimiento de todas estas cosas que deben suceder pronto. Hemos visto por medio de quién Jesucristo estará hablando en este tiempo final, en la Edad de la Piedra Angular, y dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Esta edad, la Edad de la Piedra Angular, corresponde al Año del Jubileo, al año número 100 de la vida de Abraham, en donde Abraham recibió el hijo prometido. Y por consiguiente esta edad, la Edad de la Piedra Angular, que corresponde al año 100 de la vida de Abraham, que es el año número… el año de jubileo 2, o segundo año de jubileo de la vida de Abraham, corresponde ahora a la Edad de la Piedra Angular, en donde la Iglesia del Señor Jesucristo estará recibiendo la Venida del Hijo prometido, o sea, la Segunda Venida de Cristo.

Tanto el Israel celestial (que es la Iglesia de Jesucristo) como el Israel terrenal (el pueblo hebreo) estarán recibiendo en la Edad de la Piedra Angular la Venida del Hijo prometido, la Segunda Venida de Cristo.

¿Ahora, vieron por qué tenía que ser en el segundo año de jubileo de Abraham (que era el año número 100) en donde el hijo prometido del cual Dios le habló a Abraham tenía que venir? Porque eso tipifica la Segunda Venida de Cristo en el segundo ciclo del Año del Jubileo, en donde la Iglesia del Señor Jesucristo lo recibirá y luego el pueblo hebreo también lo recibirá.

En la Primera Venida de Cristo el pueblo hebreo no lo recibió; pero en Su Segunda Venida, en el ciclo divino del Año del Jubileo, lo recibirá, en ese segundo Año de Jubileo.

Ahora, hemos podido ver el por qué tenía que ser en el año 100 de la vida de Abraham que el hijo prometido vendría, y traería alegría, felicidad y bendición a Abraham y a Sara, y a todo el pueblo hebreo que descendería de Isaac por medio —después— de Jacob y por medio de los hijos de Jacob.

Ahora podemos ver cómo para la descendencia de Abraham —la terrenal por medio de Isaac y la celestial por medio de Jesucristo— la bendición de la Venida del Hijo del Hombre, la bendición de la Segunda Venida de Cristo, es la promesa de la Venida del Hijo prometido para el tiempo final, para la liberación del Israel celestial, o sea, de la Iglesia de Jesucristo; porque vamos a ser libertados de la muerte física, vamos a ser libertados también de la corrupción de este cuerpo mortal (porque este cuerpo es corruptible), vamos a ser libertados de todo lo temporal y vamos a tener un cuerpo glorificado.

Eso es la liberación de los hijos e hijas de Dios para este tiempo final. Es llamado también por San Pablo en Romanos, capítulo 8, verso 14 al 39, la libertad gloriosa de los hijos de Dios o adopción de los hijos de Dios, que es la adopción, o sea, la redención del cuerpo físico, en donde seremos redimidos físicamente siendo transformados y obteniendo así un cuerpo físico. (Redimir significa ‘volver al lugar de origen’).

Y los hijos e hijas de Dios volverán a tener cuerpos eternos, y serán a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo, y así entrarán a la tierra prometida del cuerpo nuevo y después a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial de Jesucristo.

Todas estas bendiciones están prometidas para la Iglesia de Jesucristo y también para el pueblo hebreo, el cual lo verá viniendo a Su Iglesia gentil y dirá: “¡Este es al que nosotros estamos esperando!”.

Y así como los hijos de Jacob vieron a José su hermano entre los gentiles…; y al principio no supieron que era José, al cual ellos habían vendido, pero luego, cuando José se reveló a ellos y les dijo11: “Yo soy José, al cual ustedes vendieron”, ahí ellos lo reconocieron. Y eso representa a Cristo en Su Segunda Venida revelándose al pueblo hebreo. ¿Pero dónde estaba José? Estaba entre los gentiles.

Y ahora, Jesucristo entre los gentiles, en medio de Su Iglesia gentil, estará manifestado en el Día Postrero y se revelará al pueblo hebreo. Esto será cuando entre la plenitud de los gentiles, como nos dice San Pablo en su carta a los Romanos, capítulo 11 y versos 25 en adelante, donde dice:

“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles…”.

¿Cuándo será que se quitará el endurecimiento del corazón del pueblo hebreo? Cuando haya entrado la plenitud de los gentiles, o sea, cuando haya entrado hasta el último de los escogidos de Dios de entre los gentiles al Cuerpo Místico del Señor Jesucristo, y se haya completado así el número de los miembros de la Iglesia de Jesucristo, y sean resucitados los muertos en Cristo y nosotros los que vivimos seamos transformados. Y luego se revelará al pueblo hebreo, y ya el pueblo hebreo reconocerá la Segunda Venida de Cristo y lo recibirá; y ya el endurecimiento del corazón del pueblo hebreo será quitado.

Ahora, vean ustedes cómo todo esto está prometido para ser cumplido en el Día Postrero.

“… y luego todo Israel será salvo, como está escrito:

Vendrá de Sion el Libertador,

Que apartará de Jacob la impiedad.

Y este será mi pacto con ellos,

Cuando yo quite sus pecados.

Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres.

Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios”.

Ahora vean que por cuanto Dios hizo la promesa a Abraham, a Isaac y a Jacob, Dios mantiene esa promesa, aunque el pueblo hebreo no se haya portado bien con Dios. Y aunque Dios haya tenido que derramar juicio sobre el pueblo hebreo, todavía permanece Su promesa para ser restaurado el pueblo hebreo en el tiempo final, cuando haya entrado la plenitud de los gentiles, o sea, cuando se haya completado el número del Cuerpo Místico de Cristo, los cuales tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero.

El apóstol San Pablo tomó esa profecía del capítulo 59 del libro del profeta Isaías, y miren lo que dice ahí. Comenzando en el verso 17 hasta el 21 de Isaías 59, dice:

“Pues de justicia se vistió como de una coraza, con yelmo de salvación en su cabeza; tomó ropas de venganza por vestidura, y se cubrió de celo como de manto,

como para vindicación (o sea, como para venganza), como para retribuir con ira a sus enemigos, y dar el pago a sus adversarios; el pago dará a los de la costa (el pago dará, ¿a quiénes?, a los de las costas)”.

Ahora vean ustedes, esto es lo mismo de lo cual Cristo en San Mateo, capítulo 16 y verso 27, habló cuando dijo de la siguiente manera:

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras”.

¿Ven? Eso viene en un hilo de pensamiento desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo Testamento; viene desde el principio hasta el final, hasta el Apocalipsis.

¿Y dónde encontramos eso en el Apocalipsis? Pues aquí en el capítulo 22, verso 12, donde dice:

“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”.

Ahí está nuevamente esa promesa.

Ahora, vean lo que a continuación dice [Isaías 59:19]:

“Y temerán desde el occidente el nombre de Jehová…”.

Ahí tenemos el Nombre de Dios, el Nombre Eterno de Dios; porque estará llevando a cabo la liberación de todos los hijos e hijas de Dios de entre los gentiles, de la Iglesia de Jesucristo, y después del pueblo hebreo.

Y DIOS USA SU NOMBRE PODEROSO PARA LIBERTAR A SU PUEBLO, como lo hizo allá, libertando al pueblo hebreo allá en Egipto.

Por eso el profeta Moisés le preguntó a Dios, al Ángel de Jehová, cuál era Su Nombre, y Él le dijo: “Yo soy el que soy. Y dirás al pueblo: Yo soy me ha enviado a vosotros”. Moisés escuchó la pronunciación de ese Nombre del Ángel de Jehová.

La pronunciación, o sea, ese Nombre que fue dado allá, cuando vamos al hebreo, al original, lo que fue dicho allí son cuatro consonantes, las cuales son YHWH; pero los estudiantes de la Biblia, los teólogos y doctores en divinidad le han añadido algunas vocales para hacerlo pronunciable, pero eso no significa que con esas vocales han logrado pronunciar el Nombre Eterno de Dios.

Le han colocado, por ejemplo, la “e” después de la “y”, y le han colocado también la “o” después de la “h”, y le han colocado la “a” después de la “v” o después de la “w”, para que diga Jehová. En otras ocasiones también, anteriores a esa, le habían colocado algunas vocales y hacían la pronunciación como Yahweh o Yahveh. Pero ninguna de esas es la pronunciación exacta; pero Moisés sí la escuchó.

Cuando vino Jesús… Vean ustedes, Jesús, ese nombre es en griego; pero en hebreo, el nombre que Jesús tenía y por el cual era llamado en medio del pueblo hebreo era Yoshua; porque Yoshua es en hebreo, y Yoshua en griego es Jesús.

Y se ha hecho común el nombre Jesús entre los gentiles, y por eso se usa el nombre Jesús, porque se está usando conforme al griego; pero si se usa conforme al hebreo, se diría entonces Yoshua.

Y ahí ustedes pueden ver que en ese nombre tiene la “y” (porque Yoshua comienza con “i griega”, o sea, con “ye”), también tiene la “h”, en cierto lugar: Yoshua. O sea, es “i griega”…, o sea, Y-o-s-h-u-a, y así dice Yoshua.

También en otras ocasiones le colocan más letras, y en otras ocasiones le colocan menos letras. Cuando menos letras le colocan a ese nombre es J-… Cuando lo traducen al griego y a otros idiomas como el español, le colocan J-o-s-u-é: Josué, que es Yoshua, lo cual es Josué.

¿Y saben ustedes que el ayudante de Moisés, el cual era Josué, tenía el nombre de Jesús? Tenía ese nombre colocado ahí.

Antes Josué no se llamaba Josué. El nombre de Josué era otro, pero Moisés le cambió el nombre a su ayudante12, un buen ayudante que tenía Moisés.

Vean, vamos a ver cómo se llamaba Josué antes de cambiarle el nombre; el nombre de Josué era otro, vamos a ver cuál era este nombre que tenía Josué. Oseas, parece que es el nombre que tenía Josué antes.

Y Moisés le cambió ese nombre para así Josué introducir al pueblo hebreo a la tierra prometida; Oseas hijo de Nun, el cual luego recibió un nuevo nombre; y en ese nuevo nombre que recibió, vean ustedes, estaba el nombre que el Mesías usaría en Su Primera Venida.

Ahora, Josué es un descendiente de Efraín; y Efraín es un hijo de José, sobre el cual Jacob colocó su diestra, y echó la Bendición de la Primogenitura sobre Josué.

Ahora vean cómo Josué tiene esa bendición de recibir el nombre que el Mesías usaría en Su Primera Venida; y por eso encontramos que Josué pudo entrar con el pueblo hebreo a la tierra prometida. Podemos ver que fue un descendiente de Efraín el que llevó el pueblo hebreo a la tierra prometida.

Fue Josué también el que paró el sol y la luna en una ocasión que tuvo necesidad de que el día no se acabara, sino que continuara el día para obtener la victoria13.

Hemos visto que un hombre descendiente de José por medio de Efraín, de la tribu de Efraín, que es donde estaba la Bendición de la Primogenitura, tuvo escrito en él el nombre que usaría el Mesías, o sea, tuvo el Nombre del Ángel del Pacto.

Y ahora, vean ustedes cómo con ese nombre colocado en su líder Josué, entró el pueblo a la tierra prometida. Josué representa al Ángel del Pacto, al Espíritu Santo en el Día Postrero llevando al pueblo (o sea, a los hijos e hijas de Dios, a los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo) a la tierra prometida, en la manifestación del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, de Jesucristo en Espíritu Santo a través de Su Ángel Mensajero.

Ahora vean que es en el Ángel de Jehová que está el Nombre de Dios. De eso da testimonio el mismo Dios en el capítulo 23 del Éxodo, versos 20 al 23, donde dice:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él”.

¿Quién libertó al pueblo hebreo? El Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto por medio del profeta Moisés. Y en el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, ¿estaba qué? El Nombre de Dios: YHWH. Y por eso fue que el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, cuando Moisés le preguntó cuál era Su Nombre, el Ángel del Pacto le dijo: “YHWH”, porque en el Ángel del Pacto, que es el mismo Dios en Su cuerpo teofánico, estaba el Nombre Eterno de Dios.

Así como cuando usted nació aquí en la Tierra y lo inscribieron, le colocaron a ese cuerpecito que nació aquí en la Tierra, le colocaron un nombre. Por eso, cuando las personas ven su cuerpo físico llegar a algún sitio, dicen: “Llegó Fulano de Tal”, y mencionan el nombre.

Y cuando Dios aparecía en Su cuerpo teofánico, en esa teofanía, a Sus profetas en el Antiguo Testamento, ¿allí estaba apareciendo quién? YHW . Pero la gente no sabía pronunciar ese Nombre, y Dios había ocultado ese Nombre; a Moisés se lo reveló, pero después las personas no podían ni sabían pronunciar ese Nombre; pero Moisés sí lo sabía pronunciar, porque oyó la pronunciación.

Luego encontramos que cuando vino el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el cual es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el cual libertó al pueblo hebreo allá en Egipto, y tenía ese Nombre ese Ángel del Pacto, se hizo carne en medio de los seres humanos, conforme a la profecía de Malaquías, capítulo 3, donde dice:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí (¿Y quién fue ese mensajero? Juan el Bautista); y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros”.

Y después de Juan el Bautista, ¿vendría quién? El Señor, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, donde está el Nombre Eterno de Dios.

Y cuando vino el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, al cual Juan el Bautista le preparó el camino, se llamó ¿cómo? Jesús. ¿Por qué? Porque el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto se hizo carne y habitó en medio del pueblo hebreo, visitando la raza humana para llevar a cabo la liberación, llevar a cabo esa liberación muriendo en la Cruz del Calvario como el Cordero de Dios y efectuar la salvación, la redención de los hijos e hijas de Dios.

Y por eso es que así como el pueblo hebreo tuvo un cordero pascual para aplicar su sangre sobre el dintel de sus puertas, y comerse ese cordero pascual asado dentro de sus casas para evitar la muerte de los primogénitos, y luego salir durante la mañana del otro día libres, libertados, e ir a la tierra prometida, rumbo a la tierra prometida; así también la Iglesia del Señor Jesucristo, los hijos e hijas de Dios, tienen un Cordero Pascual, nuestro amado Señor Jesucristo, que murió en la Cruz del Calvario; y al recibirlo como nuestro Salvador somos libertados y obtenemos el nuevo nacimiento al recibir Su Espíritu Santo, y ya salimos de Egipto, o sea, salimos del mundo, y estamos rumbo a la tierra prometida.

Y luego encontramos que para este tiempo final los escogidos de Dios reciben un tercer éxodo, una salida, y esto es para ir a la tierra prometida del nuevo cuerpo, que es el cuerpo glorificado, y luego ir a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo.

Para este tiempo final, así como con la Primera Venida de Cristo recibimos el segundo éxodo; así como con Moisés yendo a Egipto, al pueblo hebreo, recibieron el primer éxodo, para luego ir a la tierra prometida; en este tiempo final, con la Segunda Venida de Cristo recibimos el tercer éxodo, para ir a la tierra prometida del cuerpo nuevo y a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo.

En la Primera Venida de Cristo, vean ustedes, fue la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, que se hizo carne y habitó entre los seres humanos. En San Juan, capítulo 1, verso 1 en adelante, dice la Escritura:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”.

O sea que Él es el Creador de los Cielos y de la Tierra. Él es aquel del cual dice la Biblia en el capítulo 1, verso 1, del Génesis:

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra”.

Es el mismo Dios creador de los Cielos y de la Tierra, Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, llamado el Verbo que era con Dios y era Dios; y luego en el capítulo 1, verso 14, del libro de San Juan, dice:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.

Y cuando apareció así en carne humana, hecho carne el Verbo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, fue conocido por el nombre de Jesús. Jesús en griego y también en español, y en hebreo Yoshua.

Y ahí está: tenemos la “y” y la “h” de ese Nombre Eterno de Dios, de ese Nombre del Ángel del Pacto, del Yo soy, del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Y para el Día Postrero, en el libro del Apocalipsis, capítulo 19, tenemos la promesa de la Venida del Ángel del Pacto, de la Venida del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, de la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, de la Venida del Verbo.

Y ahora viene para Su Iglesia gentil, para el Israel celestial, como vino dos mil años atrás para el Israel terrenal. Ahora viene en el Día Postrero para el Israel celestial, que es Su Iglesia; y también para Israel terrenal, para el pueblo hebreo.

Apocalipsis, capítulo 19, verso 11 al 21, dice:

“Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.

Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo”.

Ahí tiene un nombre que ninguno conocía. Ahora, el nombre Jesús todos lo conocen. Ahora, en Su Segunda Venida viene con un nombre nuevo, con un nombre que ninguno conocía.

“Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: El Verbo de Dios (es la Venida del Verbo; por lo tanto es el Verbo el que viene; Su Nombre es El Verbo).

Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos.

De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso.

Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores”.

Es el Rey de reyes y Señor de señores, nuestro amado Señor Jesucristo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el que libertó al pueblo hebreo miles de años atrás allá en Egipto y los llevó a la tierra prometida; el mismo que luego vino en carne humana en medio del pueblo hebreo y fue conocido por el nombre de Jesús, y llevó a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario.

Ese mismo Ángel del Pacto, Ángel de Jehová, para el Día Postrero vendrá en medio de Su Iglesia gentil y después en medio del pueblo hebreo; y a Él es al cual están esperando tanto la Iglesia de Jesucristo como el pueblo hebreo: al Ángel del Pacto, al Ángel de Jehová.

Ahora, ¿cómo vendrá en este tiempo final el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová? El precursor de la Segunda Venida de Cristo, el reverendo William Branham, el cual fue enviado para preparar al pueblo para la Segunda Venida de Cristo… Así como Juan el Bautista fue el precursor para la Primera Venida de Cristo, el reverendo William Branham fue el precursor de la Segunda Venida de Cristo. Y él dijo en la página 256 del libro de Los Sellos en español:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Eso será la Venida del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, eso será la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19 en medio de Su Iglesia gentil; y ahí estará la manifestación del Nombre Eterno de Dios, ahí estará la manifestación del Nombre del Ángel de Jehová, ahí estará la manifestación del Nombre Nuevo del Señor Jesucristo. Y eso es para la liberación de todos los hijos e hijas de Dios del Día Postrero.

Ahora, vean cómo en el libro del Apocalipsis, capítulo 2, verso 17, nos habla de la venida de una piedrecita blanca. Es la misma piedra que aparece en el libro del profeta Daniel en el capítulo 2, la cual vio el rey Nabucodonosor que fue una piedra cortada del monte no con mano, y vino e hirió a la imagen en los pies de hierro y de barro cocido. Esa imagen es el reino de los gentiles, el cual, en el Día Postrero, en este tiempo final, estará en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido, o sea, en su última etapa.

Porque el reino de los gentiles viene descendiendo: de la cabeza de oro, que fue el rey Nabucodonosor con su imperio, viene descendiendo; descendió al pecho y los brazos de plata, que fue el imperio medo-persa; y luego descendió al vientre y los muslos de bronce, que fue el imperio de Grecia; y luego descendió a las piernas de hierro, que fue el imperio romano.

Y para este tiempo final desciende a los pies de hierro y de barro cocido, que es el reino, el imperio del anticristo, de la bestia, en donde los diez reyes le darán su poder y su autoridad a la bestia; y el anticristo consolidará su reino, y nadie podrá ni comprar ni vender si no tiene la marca o el número de su nombre. O sea que tienen que tener el sello, la marca de la bestia, para poder comprar o vender en el tiempo final cuando el anticristo, el hombre de pecado, esté con la manifestación del diablo en toda su plenitud; porque el diablo, conforme a la Biblia, es echado del Cielo a la Tierra; y entonces será el lloro y el crujir de los seres humanos que estarán viviendo en ese tiempo aquí en la Tierra.

Vean, en Apocalipsis, capítulo 12, vamos a ver, nos dice, versos 7 en adelante:

“Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles;

pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo.

Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.

Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche.

Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.

Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo.

Y cuando vio el dragón que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón.

Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila, para que volase de delante de la serpiente al desierto, a su lugar, donde es sustentada por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo (o sea, por tres años y medio).

Y la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río (estos son ejércitos), para que fuese arrastrada por el río.

Pero la tierra ayudó a la mujer, pues la tierra abrió su boca y tragó el río que el dragón había echado de su boca.

Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios (estos son los hebreos, 144.000 hebreos) y tienen el testimonio de Jesucristo (estos son los cristianos que para el Día Postrero no serán…, no podrán irse en el arrebatamiento de los santos a la Cena de las Bodas del Cordero porque no tenían aceite en sus lámparas, o sea, porque no habían nacido de nuevo, no habían recibido el Espíritu Santo; por eso están representados en las vírgenes insensatas o vírgenes fatuas, que no tenían aceite en sus lámparas14. Y pasarán por la gran tribulación, pero darán sus vidas por Cristo; y la bestia, el anticristo, los matará; pero vivirán eternamente con Cristo, porque resucitarán después del Reino Milenial y entrarán a vida eterna)”.

Vean, en Apocalipsis, capítulo 20, verso 4 al 6, nos habla de la primera resurrección y también nos habla de la segunda resurrección.

Los que corresponden a la primera resurrección: los santos del Antiguo Testamento resucitaron con Cristo y aparecieron a muchos en la ciudad, nos dice San Mateo, capítulo 27, verso 50 al 53; y ahora los santos del Nuevo Testamento resucitarán pronto, en el Día Postrero, porque Cristo dijo: “… y yo le resucitaré en el día postrero”; y nosotros los que vivimos seremos transformados. Y todos perteneceremos a esa primera resurrección, que es para vivir eternamente en un cuerpo eterno.

Dice capítulo 20, verso 4 al 6, del Apocalipsis:

“Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.

Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección.

Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años”.

Reinaremos con Él como reyes y como sacerdotes en ese glorioso Reino Milenial de Cristo, y con Él administraremos todo lo que corresponde a la parte política de Su Reino y también lo que corresponde a la parte religiosa.

Todo eso es así porque para este tiempo final, así como sucedió para Dios libertar al pueblo hebreo… Él usó Su Nombre poderoso para libertar a Su pueblo allá; y para este tiempo final también estará usando Su Nombre poderoso para libertar a Su pueblo en este tiempo final, en la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que viene con un nombre que ninguno conoce. Ese es el Nombre Eterno de Dios.

Por eso dice Apocalipsis, capítulo 3, verso 12:

“Al que venciere (hablando del que venciere), yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá (fuera); y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo”.

Hay personas que no saben que Jesucristo tiene un nombre nuevo. Pues Apocalipsis, capítulo 3, verso 12, lo dice.

Ese es el Nombre Nuevo que tiene la Piedrecita que viene en Apocalipsis, capítulo 2, verso 17, donde dice: “Al que venciere, yo le daré a comer del Maná escondido, y le daré una Piedrecita blanca, y en la Piedrecita un nombre nuevo, que ninguno conoce sino aquel que lo recibe”. Esa Piedrecita blanca es Cristo en Su Segunda Venida con Su Nombre Nuevo.

Y para este tiempo final, Él envía Su Ángel Mensajero para dar testimonio de todas estas cosas en las iglesias: “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”. (Apocalipsis, capítulo 22, verso 16). Y ahí es donde está Dios usando Su Nombre Eterno para libertar a Su pueblo, a Su Iglesia; y después al pueblo hebreo.

“DIOS USA SU NOMBRE PODEROSO PARA LIBERTAR A SU PUEBLO”.

Ese ha sido nuestro tema para esta ocasión; y hemos visto en este tema y bajo este tema la Obra que Dios estaría haciendo en este tiempo final en medio de los gentiles, en medio de Su Iglesia gentil, y también la Obra que hará en medio del pueblo hebreo.

Ha sido para mí un privilegio muy grande, amados amigos y hermanos presentes y radioyentes, estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de “DIOS USA SU NOMBRE PODEROSO PARA LIBERTAR A SU PUEBLO”.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos.

“DIOS USA SU NOMBRE PODEROSO PARA LIBERTAR A SU PUEBLO”.

[Revisión diciembre 2019]

1 Génesis 20:1-18

2 San Marcos 1:7, San Lucas 3:16, San Juan 1:27, San Mateo 3:11

3 San Mateo 21:42, San Marcos 12:10, San Lucas 20:17, Salmos 118:22

4 Números 32 – Rubén y Gad

5 Éxodo 4:22

6 San Juan 8:42

7 San Juan 16:28

8 San Juan 6:51

9 San Juan 14:6

10 San Lucas 4:19

11 Génesis 45:4

12 Números 13:16

13 Josué 10:12-14

14 San Mateo 25:1-13

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