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Dios en la boca de Sus profetas para bendecir a Su pueblo
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Dios en la boca de Sus profetas para bendecir a Su pueblo

Muy buenas tardes, amados hermanos y amigos presentes aquí en esta ocasión, en Pachuca, República Mexicana. Es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para lo cual, quiero leer en el Génesis, capítulo 27, versos 26 al 33, donde dice:

“Y le dijo Isaac su padre (o sea, le dijo a Jacob): Acércate ahora, y bésame, hijo mío.

Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo:

Mira, el olor de mi hijo,

Como el olor del campo que Jehová ha bendecido; 

Dios, pues, te dé del rocío del cielo,

Y de las grosuras de la tierra,

Y abundancia de trigo y de mosto.

Sírvante pueblos,

Y naciones se inclinen a ti;

Sé señor de tus hermanos, 

Y se inclinen ante ti los hijos de tu madre.

Malditos los que te maldijeren,

Y benditos los que te bendijeren.

Y aconteció, luego que Isaac acabó de bendecir a Jacob, y apenas había salido Jacob de delante de Isaac su padre, que Esaú su hermano volvió de cazar (o sea, estaba de cacería).

E hizo él también guisados, y se los llevó a su padre, y le dijo: Levántese mi padre, y coma de la caza de su hijo, para que me bendiga.

Entonces Isaac su padre le dijo: ¿Quién eres tú? Y él le dijo: Yo soy tu hijo, tu primogénito, Esaú.

Y se estremeció Isaac grandemente, y dijo: ¿Quién es el que vino aquí, que trajo caza, y me dio, y comí de todo antes que tú vinieses? Yo le bendije, y será bendito”.

“DIOS EN LA BOCA DE SUS PROFETAS PARA BENDECIR A SU PUEBLO”, ese es nuestro tema para esta ocasión.

A través de la historia bíblica, en el Antiguo Testamento, nosotros podemos ver que los profetas antes de morir han bendecido a sus hijos; y también los profetas han bendecido o han maldecido al pueblo, y también a individuos y también ciudades. Esto es así porque la Palabra de Dios es colocada en la boca de los profetas de Dios.

“Y no hará nada el Señor Jehová, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas”, nos dice Dios por medio de Amós, capítulo 3, versos 7. Y también en Deuteronomio, capítulo 18, verso 15 al 19, nos dice:

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis; 

conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.

Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho.

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.

Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta”.

Aquí podemos ver que es en la boca de los profetas de Dios que Él envía, que Dios coloca Su Palabra. Por eso es que muchos profetas cuando han hablado la Palabra de Dios para el pueblo, han dicho: “Así dice Jehová” o “Así dice el Señor”, porque es la Palabra de Dios, la Voz de Dios, en la boca de los profetas de Dios.

Y Dios ha enviado profetas para diferentes edades de las diferentes dispensaciones, y también ha enviado profetas dispensacionales. Y en cuanto a profetas dispensacionales solamente Dios tiene siete profetas dispensacionales, en los cuales Él coloca Su Palabra para esa dispensación.

Por lo tanto, en la boca de cada uno de esos profetas está la Palabra de bendición para el pueblo, como también viene la Palabra de juicio y maldición para el pueblo en la boca de ese profeta también, para esa dispensación.

Ahora, podemos ver que estos profetas, tanto de edades como de dispensaciones, han hablado la Palabra de bendición para el pueblo; y por eso es que también estos profetas, como Abraham, Isaac y Jacob, encontramos hablando la Palabra de bendición para el pueblo, aunque aparentemente la estaban hablando sobre una persona, pero ese venía a ser la cabeza de la familia; o sea que la descendencia de esa persona sería la que recibiría esa bendición, como también la misma persona recibiría la bendición de Dios, pero se manifestaría plenamente en la descendencia, al formarse una nación.

Ahora, vean ustedes, la bendición de Dios fue colocada en Abraham y en su boca, y él la habló también sobre Isaac, y después Isaac la habló sobre Jacob, y después Jacob la habló sobre José: hablando la bendición sobre Efraín y luego sobre Manasés; y después, más adelante, habló sobre sus doce hijos, habló la Palabra, en la cual estaba lo que sería cumplido en el pueblo hebreo.

Vean cómo dice Jacob hablando esa Palabra de bendición: en el capítulo 49 del Génesis dice:

“Y llamó Jacob a sus hijos…”.

Cuando los llama aquí, ya había bendecido a Efraín y Manasés, y por consiguiente había bendecido a José bendiciendo a los hijos de José. Y los hijos de José vendrían a formar parte de las tribus de Israel.

Por eso es que con la bendición que le echó a José —la cual fue la Bendición de la Primogenitura, la cual tiene una doble porción—, por eso José viene a tener una doble porción en cuanto a tribus; viene a tener, no una tribu, sino dos tribus: la tribu de Efraín y la tribu de Manasés, esas forman la tribu de José. O sea que la tribu de José tiene dos partes, que son dos tribus.

Ahora, esa bendición para este tiempo final se estará reflejando también. Y ahora, eso tiene que ver con la Iglesia de Jesucristo y los 144.000 hebreos; o sea que es una bendición doble de Primogenitura para este tiempo final.

Bueno, ahora vamos a ver cuando Jacob bendice a sus hijos. Dice:

“Y llamó Jacob a sus hijos, y dijo: Juntaos, y os declararé lo que os ha de acontecer en los días venideros”.

O sea que va a profetizar al hablar estas bendiciones sobre sus hijos. Dice:

“Juntaos y oíd, hijos de Jacob,

Y escuchad a vuestro padre Israel.

Rubén, tú eres mi primogénito, mi fortaleza, y el principio de mi vigor;

Principal en dignidad, principal en poder.

Impetuoso como las aguas, no serás el principal,

Por cuanto subiste al lecho de tu padre;

Entonces te envileciste, subiendo a mi estrado.

Simeón y Leví son hermanos;

Armas de iniquidad sus armas.

En su consejo no entre mi alma,

Ni mi espíritu se junte en su compañía.

Porque en su furor mataron hombres,

Y en su temeridad desjarretaron toros.

Maldito su furor, que fue fiero;

Y su ira, que fue dura.

Yo los apartaré en Jacob,

Y los esparciré en Israel.

Judá, te alabarán tus hermanos;

Tu mano en la cerviz de tus enemigos;

Los hijos de tu padre se inclinarán a ti.

Cachorro de león, Judá;

De la presa subiste, hijo mío.

Se encorvó, se echó como león,

Así como león viejo: ¿quién lo despertará?

No será quitado el cetro de Judá,

Ni el legislador de entre sus pies,

Hasta que venga Siloh (o sea, el Mesías);

Y a él se congregarán los pueblos.

Atando a la vid su pollino,

Y a la cepa el hijo de su asna,

Lavó en el vino su vestido,

Y en la sangre de uvas su manto.

Sus ojos, rojos del vino,

Y sus dientes blancos de la leche”.

Esa es la bendición que fue hablada sobre Judá.

“Zabulón en puertos de mar habitará;

Será para puerto de naves,

Y su límite hasta Sidón.

Isacar, asno fuerte

Que se recuesta entre los apriscos;

Y vio que el descanso era bueno, y que la tierra era deleitosa;

Y bajó su hombro para llevar,

Y sirvió en tributo.

Dan juzgará a su pueblo,

Como una de las tribus de Israel.

Será Dan serpiente junto al camino,

Víbora junto a la senda,

Que muerde los talones del caballo,

Y hace caer hacia atrás al jinete.

Tu salvación esperé, oh Jehová.

Gad, ejército lo acometerá;

Mas él acometerá al fin.

El pan de Aser será substancioso,

Y él dará deleites al rey.

Neftalí, cierva suelta,

Que pronunciará dichos hermosos”.

Y ahora para José dice:

“Rama fructífera es José,

Rama fructífera junto a una fuente,

Cuyos vástagos se extienden sobre el muro.

Le causaron amargura,

Le asaetearon,

Y le aborrecieron los arqueros;

Mas su arco se mantuvo poderoso,

Y los brazos de sus manos se fortalecieron

Por las manos del Fuerte de Jacob

(Por el nombre del Pastor, la Roca de Israel)…”.

Vean con quién está relacionado el Nombre de la Roca de Israel, el Nombre de Dios, el Nombre Eterno de Dios: con José. Es el que le da fuerza, el que fortalece a José.

“Por el Dios de tu padre, el cual te ayudará,

Por el Dios Omnipotente, el cual te bendecirá

Con bendiciones de los cielos de arriba,

Con bendiciones del abismo que está abajo,

Con bendiciones de los pechos y del vientre.

Las bendiciones de tu padre

Fueron mayores que las bendiciones de mis progenitores;

Hasta el término de los collados eternos

Serán sobre la cabeza de José,

Y sobre la frente del que fue apartado de entre sus hermanos”.

Vean la bendición tan grande que pronuncia aquí ahora sobre José. Es la bendición más grande que es pronunciada aquí, en este pasaje, sobre uno de los hijos de Jacob, y es sobre José.

“Benjamín es lobo arrebatador;

A la mañana comerá la presa,

Y a la tarde repartirá los despojos.

Todos estos fueron las doce tribus de Israel, y esto fue lo que su padre les dijo, al bendecirlos; a cada uno por su bendición los bendijo.

Les mandó luego, y les dijo: Yo voy a ser reunido con mi pueblo. Sepultadme con mis padres en la cueva que está en el campo de Efrón el heteo,

en la cueva que está en el campo de Macpela, al oriente de Mamre en la tierra de Canaán, la cual compró Abraham con el mismo campo de Efrón el heteo, para heredad de sepultura.

Allí sepultaron a Abraham y a Sara su mujer; allí sepultaron a Isaac y a Rebeca su mujer; allí también sepulté yo a Lea.

La compra del campo y de la cueva que está en él, fue de los hijos de Het.

Y cuando acabó Jacob de dar mandamientos a sus hijos, encogió sus pies en la cama, y expiró, y fue reunido con sus padres”.

Ahora vean que hay un misterio en esto de echar la bendición sobre sus hijos, y sobre todo en estos profetas dispensacionales y también de edades.

Abraham fue un profeta dispensacional y echó su bendición sobre Isaac, y luego Isaac la echó sobre Jacob; y luego Jacob la echó sobre sus hijos, comenzando con José (en el capítulo 48) al bendecir a Efraín y Manasés; y luego, cuando bendijo a todos los hijos, a sus doce hijos, también habló bendición sobre José. Y esta bendición que habló sobre José, vean ustedes, se cumple en Efraín y Manasés.

Y podemos ver que echó una doble bendición sobre José: cuando bendijo a José bendiciendo a sus hijos, y después cuando lo bendijo directamente a él; pero todas esas bendiciones para José las heredan los descendientes de José: Efraín y Manasés.

Y toda bendición echada sobre José para los demás hijos de José, la heredan los demás hijos de José siendo parte o de Efraín o de Manasés; o sea, bajo el nombre de Efraín o bajo el nombre de Manasés; porque los demás hijos que José tendría allá en Egipto, vendrían a tener su bendición bajo la bendición de Efraín o de Manasés; o sea que vendrían a ser parte del pueblo hebreo y de una de las tribus del pueblo hebreo, ya sea de la tribu de Efraín o de la tribu de Manasés; a una de esas dos tribus se anexarían los demás hijos de José.

Ahora vean que nos habla esta gran bendición sobre José, y dice que extenderá… dice:

“Rama fructífera es José,

Rama fructífera junto a una fuente,

Cuyos vástagos se extienden sobre el muro”.

Y ahora, sus vástagos son sus hijos. Y ahora, vean ustedes cómo se extiende José, se extiende por medio de sus hijos.

Y ahora, Efraín y Manasés son los que tienen esa bendición que había echado Jacob en la ocasión anterior, o sea, en el capítulo anterior. Y ahora, Efraín representa a la Iglesia del Señor Jesucristo y Manasés representa al pueblo hebreo. Con la Iglesia del Señor Jesucristo y el pueblo hebreo, vean ustedes cómo estos vástagos se extienden sobre el muro. Y ahora vean cómo José está junto a una fuente: esa Fuente es Dios, es Cristo.

Y ahora vean, José representa también a Cristo en Su Primera Venida y en Su Segunda Venida también. Podemos ver todas estas cosas en la Escritura, y podemos ver cómo eran habladas estas bendiciones, y podemos ver que estas bendiciones luego se iban a ir cumpliendo de etapa en etapa.

Luego, cuando José iba a morir, en el capítulo 50 y verso 24 al 26, del Génesis, dice:

“Y José dijo a sus hermanos: Yo voy a morir; mas Dios ciertamente os visitará, y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Isaac y a Jacob.

E hizo jurar José a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis llevar de aquí mis huesos.

Y murió José a la edad de ciento diez años; y lo embalsamaron, y fue puesto en un ataúd en Egipto (pero luego, cuando el pueblo hebreo salió, fue llevado hasta la tierra de Israel)”.

Podemos ver que es en la boca de un profeta que Dios coloca Su Palabra, y por consiguiente coloca la bendición para ser hablada sobre el pueblo de Dios; como también en la Palabra de Dios está la maldición para ser hablada. Por lo tanto, es colocada también en la boca del profeta que corresponde al tiempo en que Dios va a hablar esa maldición; como también, cuando vuelva a hablar la bendición, esa Palabra está en la boca del profeta que Él envía.

Ahora miren, por ejemplo, en el tiempo del profeta Jeremías, siendo él todavía un niño, vean lo que sucedió. El profeta Jeremías era también un sacerdote, era un hijo de un sacerdote. Dice [Jeremías 1:1]:

“Las palabras de Jeremías hijo de Hilcías, de los sacerdotes que estuvieron en Anatot, en tierra de Benjamín (o sea que es de Benjamín).

Palabra de Jehová que le vino en los días de Josías hijo de Amón, rey de Judá, en el año decimotercero de su reinado.

Le vino también en días de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, hasta el fin del año undécimo de Sedequías hijo de Josías, rey de Judá, hasta la cautividad de Jerusalén en el mes quinto.

Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo:

Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.

Y yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño.

Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande.

No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová. 

Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca.

Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar (o sea, para juicio y también para bendición)”.

Ahora, podemos ver que en la boca de un profeta Dios coloca Su Palabra de bendición o, y, de juicio; y cuando ese profeta habla esa Palabra, ahí es revelado lo que va a acontecer a ese pueblo, a esa nación o a esa ciudad, o a esa familia o persona de la cual Dios habla por medio de ese profeta.

Y vean ustedes cómo Dios habla de este profeta Jeremías, aun siendo un niño: le dice que lo ha puesto para derribar naciones, lo ha puesto para destruir. Dice: “Y ha colocado Su Palabra en su boca”, dice:

“Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca.

Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar”.

O sea, para derribar y destruir a unas, y para edificar y plantar a otras. Y Jeremías tuvo un ministerio poderoso en la Palabra profética de Dios; y habló juicios divinos, maldiciones, sobre el pueblo hebreo; pero también habló bendiciones, y profetizó de grandes bendiciones que vendrán para el pueblo hebreo. Tenemos un sinnúmero de bendiciones que fueron habladas, las cuales serán cumplidas en este tiempo final.

Por ejemplo, tenemos el capítulo 31 de Jeremías, en donde nos dice, acerca del pueblo hebreo dice:

“En aquel tiempo, dice Jehová, yo seré por Dios a todas las familias de Israel, y ellas me serán a mí por pueblo.

Así ha dicho Jehová: El pueblo que escapó de la espada halló gracia en el desierto, cuando Israel iba en busca de reposo.

Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.

Aún te edificaré, y serás edificada, oh virgen de Israel; todavía serás adornada con tus panderos, y saldrás en alegres danzas.

Aún plantarás viñas en los montes de Samaria; plantarán los que plantan, y disfrutarán de ellas.

Porque habrá día en que clamarán los guardas en el monte de Efraín: Levantaos, y subamos a Sion, a Jehová nuestro Dios.

Porque así ha dicho Jehová: Regocijaos en Jacob con alegría, y dad voces de júbilo a la cabeza de naciones; haced oír, alabad, y decid: Oh Jehová, salva a tu pueblo, el remanente de Israel.

He aquí yo los hago volver de la tierra del norte, y los reuniré de los fines de la tierra, y entre ellos ciegos y cojos, la mujer que está encinta y la que dio a luz juntamente; en gran compañía volverán acá.

Irán con lloro, mas con misericordia los haré volver, y los haré andar junto a arroyos de aguas, por camino derecho en el cual no tropezarán; porque soy a Israel por padre, y Efraín es mi primogénito”.

Vean cómo para Efraín Dios habla acá por medio del profeta Jeremías como Su hijo primogénito. Dice:

“… porque soy a Israel por padre, y Efraín es mi primogénito”.

Ahora vean cómo Dios recuerda esa Bendición de la Primogenitura que echó Jacob sobre Efraín.

Y ahora, vean, también en el verso 20 de este mismo capítulo 31 nos habla de Efraín nuevamente, y dice:

“¿No es Efraín hijo precioso para mí? ¿no es niño en quien me deleito? pues desde que hablé de él, me he acordado de él constantemente. Por eso mis entrañas se conmovieron por él; ciertamente tendré de él misericordia, dice Jehová”.

Y ahora, en el mismo capítulo 31, verso 31 en adelante, dice:

“He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.

No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová.

Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.

Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado”.

Eso es para este tiempo final, en donde el Libertador irá a Israel. ¿Y de dónde irá? Pues de Sion. O sea, de la Iglesia de Jesucristo después pasa (Dios) al pueblo hebreo.

“Cuando haya entrado la plenitud de los gentiles, entonces todo Israel será salvo, como está escrito”1, y esto concuerda con esta profecía también de Jeremías, en donde Dios perdonará sus pecados y en donde establecerá un Nuevo Pacto con el pueblo hebreo. Sigue diciendo [verso 35]:

“Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche, que parte el mar, y braman sus ondas; Jehová de los ejércitos es su nombre:

Si faltaren estas leyes delante de mí, dice Jehová, también la descendencia de Israel faltará para no ser nación delante de mí eternamente.

Así ha dicho Jehová: Si los cielos arriba se pueden medir, y explorarse abajo los fundamentos de la tierra, también yo desecharé toda la descendencia de Israel por todo lo que hicieron, dice Jehová.

He aquí que vienen días, dice Jehová, en que la ciudad será edificada a Jehová, desde la torre de Hananeel hasta la puerta del Ángulo.

Y saldrá más allá el cordel de la medida delante de él sobre el collado de Gareb, y rodeará a Goa”.

(Y sigue ahí hablando).

Ahora vean cómo, por medio del profeta Jeremías, Dios está hablando estas bendiciones para ser cumplidas en el pueblo hebreo en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio, donde Israel será restaurado; y Dios se tornará al pueblo hebreo, e Israel será reconciliado con Dios, y sus pecados serán perdonados.

Por eso es que por medio del profeta Isaías también Dios habla acerca de esta bendición que vendrá para el pueblo hebreo; y dice el capítulo 59, versos 20 en adelante, dice (20 al 21):

“Y vendrá el Redentor a Sion, y a los que se volvieren de la iniquidad en Jacob, dice Jehová.

Y este será mi pacto con ellos, dijo Jehová: El Espíritu mío que está sobre ti, y mis palabras que puse en tu boca, no faltarán de tu boca, ni de la boca de tus hijos, ni de la boca de los hijos de tus hijos, dijo Jehová, desde ahora y para siempre”.

Y San Pablo, citando ese pasaje en el capítulo 11 de Romanos, verso 25 en adelante, dice:

“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles;

y luego todo Israel será salvo, como está escrito:

Vendrá de Sion el Libertador,

Que apartará de Jacob la impiedad.

Y este será mi pacto con ellos,

Cuando yo quite sus pecados.

Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres.

Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios”.

Ahora vean cómo esto que dijo el profeta Isaías allá en el Antiguo Testamento, y también lo que dijo el profeta Jeremías, va a ser cumplido en este tiempo final, en el séptimo milenio, cuando entre la plenitud de los gentiles, y los muertos en Cristo luego resuciten y nosotros los que vivimos seamos transformados; luego el corazón de Israel ya no estará duro, sino que será enternecido, y Dios se revelará a Israel, y entonces todo Israel será salvo. O sea que 144.000 hebreos lo recibirán, lo verán manifestado y entrarán.

Y ahora, miren, para que esa bendición venga para el pueblo hebreo, como también para la Iglesia del Señor Jesucristo (por cuanto para el séptimo milenio, que es el milenio donde será establecido el glorioso Reino Milenial de Cristo…), la Escritura dice en el capítulo 65, versos 15 en adelante [Isaías]:

“Y dejaréis vuestro nombre por maldición a mis escogidos, y Jehová el Señor te matará, y a sus siervos llamará por otro nombre.

El que se bendijere en la tierra, en el Dios de verdad se bendecirá; y el que jurare en la tierra, por el Dios de verdad jurará (y esto significa: por el Dios del Amén); porque las angustias primeras serán olvidadas, y serán cubiertas de mis ojos”.

Y ahora, vamos a ver lo que dice el reverendo William Branham, precursor de la Segunda Venida de Cristo, con relación a este pasaje de Isaías, capítulo 65. Veamos en la página 373 y 374 del libro de Las Siete Edades de la Iglesia gentil lo que él dice. Vamos a leer esa página y parte de la otra también. Dice [372]:

“‘Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí dice el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios’.

Apocalipsis 3:14

[47]. ¿No es esa la más hermosa descripción de los atributos de nuestro benigno Señor y Salvador, Jesucristo? Estas palabras me dan ganas de gritar. Traen a mi corazón un espíritu de realidad. Solamente leyéndolas, aun sin esperar una completa revelación del Espíritu, me encantan sin medida.

48. Jesús nos está dando esta descripción de Sí mismo en relación a la última edad. Los días de gracia están por terminar. Él ha mirado desde el primer siglo hasta el presente siglo veinte, y nos ha dicho todas las cosas concernientes a estas edades. Antes de que Él nos revele las características de la última edad, nos da una descripción final de Su propia Deidad, benigna y suprema. Esta es la revelación final de Sí mismo”.

Esta es la revelación final de Sí mismo, o sea, se revela como el Amén, el Testigo Fiel y Verdadero del principio de la Creación de Dios.

“49. Así dice el ‘Amén’. Jesús es el Amén de Dios. Jesús es el ‘Así sea’ de Dios. Amén significa lo final, significa aprobación, significa promesa prevaleciente, significa promesa que no cambia, significa el sello de Dios.

50. Quiero que se fije bien ahora, para que vea algo muy precioso y hermoso. Dije que esta es la revelación del tiempo del fin, la revelación de Sí mismo. Cuando el día de la gracia termine, entonces dentro de poco tiempo empezará el Milenio. ¿Verdad?

‘El que se bendijere en la tierra, en el Dios de verdad se bendecirá; y el que jurare en la tierra, por el Dios de verdad jurará; porque las angustias primeras serán olvidadas, y serán cubiertas de mis ojos.

Porque he aquí yo crío nuevos cielos y nueva tierra: y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento.

Mas os gozaréis y os alegraréis por siglos de siglos en las cosas que yo crío: porque he aquí que yo crío a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo.

Y alegraréme con Jerusalén, y gozaréme con mi pueblo; y nunca más se oirán en ella voz de lloro, ni voz de clamor’.

Isaías 65:16-19.

51. Esto es la nueva Jerusalén. Esto es el Milenio. Pero al entrar nosotros al Milenio, oiga usted lo que Él dice acerca de ser un cierto tipo de Dios (versículo 16): ‘El que se bendijere en la tierra, en el Dios de verdad se bendecirá’. Sí, eso es correcto, pero la traducción más correcta es ‘Dios del Amén’, en vez de ‘Dios de verdad’. Lo leeremos así: ‘El que se bendijere en la tierra, en el Dios del Amén se bendecirá; y el que jurare en la tierra, por el Dios del Amén jurará; porque las angustias primeras serán olvidadas, y serán cubiertas de mis ojos’. ¡Aleluya! Aquí está el Jehová del Antiguo Testamento: ‘el Dios del Amén’. Aquí está el Jehová del Nuevo Testamento: ‘el Dios del Amén’. ‘Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es’. Allí está de nuevo; el Jehová del Antiguo Testamento es el Jesús del Nuevo Testamento. El Nuevo Testamento no revela a otro Dios: es una revelación más detallada del Único y del Mismo Dios. Cristo no bajó para darse a conocer a Sí mismo. Él no vino para revelar al Hijo. Él vino para revelar y para dar a conocer al Padre. Él nunca habló de dos Dioses; habló de UN Dios. Y ahora en esta última edad, hemos regresado a la revelación principal, la revelación más importante de la Deidad en la Biblia entera: JESÚS ES DIOS, ÉL Y EL PADRE UNO SON; HAY UN SOLO DIOS, y Su Nombre es: EL SEÑOR JESUCRISTO.

52. Él es el Dios del Amén. Él nunca cambia. Lo que Él hace nunca cambia. Él lo habla y así queda. Él lo hace y para siempre es hecho. Nadie puede quitar o agregar a lo que Él dice. Así sea. Amén. Así sea. ¿No está usted contento porque sirve a este Dios de este tipo? Usted puede conocer su posición exacta con Él en cualquier tiempo y todo el tiempo. Él es el Amén de Dios y no cambiará.

53. ‘He aquí dice el Amén’. A mí me gusta eso. Significa que lo que dice es final; significa que lo que Él dijo a la primera edad, a la segunda edad y a todas las edades, acerca de Su Iglesia verdadera y acerca de la vid falsa, todo es exactamente la verdad y no cambiará. Significa que lo que Él empezó en Génesis, lo completará en Apocalipsis. Tiene que hacerlo así porque Él es el Amén. ASÍ SEA”.

Ahora, hemos visto cómo la bendición para toda persona, pueblo y lengua, tanto el pueblo hebreo como los gentiles que entrarán al Reino Milenial, será por medio del Dios del Amén.

El que se bendijere en la tierra, en el Dios del Amén se bendecirá…”.

O sea, acá dice: “en el Dios de verdad”, pero la traducción más exacta, dice el reverendo William Branham que es: “el Dios del Amén”. Y el Amén es, vean ustedes, dice el reverendo William Branham aquí en esta página que hemos leído:

He aquí dice el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios”.

Todo esto dice el reverendo William Branham. Vean, dice:

“49. Así dice el ‘Amén’. Jesús es el Amén de Dios. Jesús es el ‘Así sea’ de Dios. Amén significa lo final, significa aprobación, significa promesa prevaleciente, significa promesa que no cambia, significa el sello de Dios.

50. Quiero que se fije bien ahora, para que vea algo muy precioso y hermoso. Dije que esta es la revelación del tiempo del fin, la revelación de Sí mismo”.

La revelación de nuestro amado Señor Jesucristo como el Amén, el Testigo Fiel y Verdadero, el principio de la Creación de Dios.

Él estará revelado en el Día Postrero como el Amén, como el Testigo Fiel y Verdadero, como el principio de la Creación de Dios. Todos esos atributos que Él muestra ahí serán manifestados en la revelación o manifestación de Jesucristo en el Día Postrero. Y por eso es que el Nombre del Amén, del Testigo Fiel y Verdadero, del principio de la Creación de Dios, será el nombre que será usado para el Reino Milenial, para bendición de todos los que serán bendecidos en el Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo.

Eso es para el séptimo milenio. Y por eso es que para el séptimo milenio Él tiene que traer esa revelación, la revelación de Jesucristo para y del Día Postrero, como el Amén de Dios, como el Testigo Fiel y Verdadero, como el principio de la Creación de Dios.

Y ahí viene la bendición de Dios siendo hablada en el Nombre del Amén de Dios, del Testigo Fiel y Verdadero, del principio de la Creación de Dios. Y Él dice que tiene un Nombre Nuevo; y el que se bendijere en la Tierra, en el Dios del Amén (que es el Dios de verdad) se bendecirá.

Ahora vean cómo para el glorioso Reino Milenial la bendición que estará viniendo, vendrá en el Dios del Amén; y por medio del Dios del Amén y Su Nombre, se materializará toda bendición hablada para los que habitarán en el Reino Milenial.

Y por eso es que para este tiempo final se requiere la revelación del Dios del Amén, la revelación de nuestro amado Señor Jesucristo —que es el Amén de Dios— correspondiente al Día Postrero. Y Él dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”. Capítulo 22, verso 16, de Apocalipsis.

Y Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, dice; con esa Voz de Trompeta, dice: “Sube acá, y yo te mostraré todas las cosas que han de suceder después de estas”.

Y para darlas a conocer, dice en Apocalipsis 22, verso 6:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas…”.

Porque son las palabras del Dios del Amén, son las palabras de nuestro amado Señor Jesucristo.

“Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto (las cosas que deben acontecer pronto)”.

¿A quién ha enviado? A Su Ángel Mensajero, para dar a conocer las cosas que deben suceder pronto. ¿Por qué? Porque Dios coloca, Jesucristo coloca en la boca de Su Ángel Mensajero Su Palabra.

Y por eso la Voz de Cristo para el Día Postrero estará siendo escuchada a través de Su Ángel Mensajero, porque a través de Su Ángel Mensajero estará la revelación de Jesucristo, la revelación del Amén, de Dios, la revelación del Así sea, la revelación del Testigo Fiel y Verdadero, la revelación del principio de la Creación de Dios.

Para este tiempo final tenemos la promesa de esa manifestación, de esa revelación de Cristo, el Amén de Dios, el Así sea de Dios, el Testigo Fiel y Verdadero, el principio de la Creación de Dios. Dice:

“[47]. ¿No es esa la más hermosa descripción de los atributos de nuestro benigno Señor y Salvador, Jesucristo?”.

Y luego dice más abajo:

“48. Jesús nos está dando esta descripción de Sí mismo en relación a la última edad. Los días de gracia están por terminar. Él ha mirado desde el primer siglo hasta el presente siglo veinte, y nos ha dicho todas las cosas concernientes a estas edades. Antes de que Él nos revele las características de la última edad, nos da una descripción final de Su propia Deidad, benigna y suprema. Esta es la revelación final de Sí mismo”.

¿Saben lo que significa la revelación final de Sí mismo? Pues tiene que ser por el mensajero final, por el profeta final. La revelación final de Sí mismo como el Amén, el Testigo Fiel y Verdadero, el principio de la Creación de Dios.

Y coloca Su Palabra en la boca de Su mensajero para la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, que es el único profeta dispensacional que Jesucristo enviaría a Su Iglesia para por medio de él llevar a cabo Su manifestación final; y esto es para este tiempo final.

Si encontramos ese velo de carne, ese mensajero de Jesucristo, encontraremos al Amén, al Testigo Fiel y Verdadero, al principio de la Creación de Dios, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, Jesucristo, velado y revelado en Su revelación final a través de Su Ángel Mensajero. Y ahí estará en la manifestación final, y —por consiguiente— la manifestación del Nombre Eterno de Dios y Nombre Nuevo del Señor Jesucristo.

O sea que la manifestación final de Jesucristo es la manifestación del Nombre Eterno de Dios y Nombre Nuevo del Señor Jesucristo; manifestación que en otras edades no fue llevada a cabo, porque es para la manifestación final.

Después de esa manifestación no habrá otra manifestación en otro mensajero, porque ese es el último mensajero para la Iglesia de Jesucristo, para la Edad de la Piedra Angular y para todo el Programa Divino; porque ese es el profeta de la Dispensación del Reino, y son solamente siete dispensaciones; y con ese profeta luego se pasa a eternidad. Dios no tendrá otro profeta después de ese profeta, ese es el último profeta; y es un profeta dispensacional.

En ese profeta estará la manifestación de Jesucristo como el Amén y el Testigo Fiel y Verdadero, y el principio de la Creación de Dios. Y por medio de ese profeta vendrá toda la revelación divina de Jesucristo para Su Iglesia, para darle a Su Iglesia la fe para ser transformada y raptada, y llevada a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Por medio de la revelación que Jesucristo tendrá en Su Ángel Mensajero, vendrán las manifestaciones de todos los atributos de Cristo que han sido mostrados en el capítulo 1 de Apocalipsis, y de Apocalipsis, capítulo 10, y capítulo 19 de Apocalipsis. Todos esos atributos vistos ahí, en el Hijo del Hombre, son manifestados en el Día Postrero.

Ahora, podemos ver el tiempo en que nosotros vivimos y cómo Dios en la boca de Sus profetas, “DIOS EN LA BOCA DE SUS PROFETAS PARA BENDECIR A SU PUEBLO”, cómo Él se coloca en la boca de Sus profetas, velándose en carne humana en Sus profetas, y colocando Su Palabra en la boca de esos profetas, y revelándose a través de esos profetas, y hablándole al pueblo las bendiciones que luego se materializarán en ese pueblo. “Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas”2.

Ahora vean cómo nos lleva todo este misterio profético de DIOS EN LA BOCA DE SUS PROFETAS PARA BENDECIR A SU PUEBLO, de etapa en etapa, de edad en edad, y de dispensación en dispensación.

Ahora vemos cómo Dios estará bendiciendo a Su pueblo, Su Iglesia en este tiempo final, y cómo Dios estará bendiciendo al pueblo hebreo en este tiempo final: Dios colocando Su Palabra en la boca del profeta de la Dispensación del Reino y de la Edad de la Piedra Angular, y él hablando esa Palabra de bendición, revelando esos misterios del Reino de Dios, y hablando esas bendiciones para los hijos e hijas de Dios de la Iglesia del Señor Jesucristo, y después para el pueblo hebreo.

Y vean ustedes cómo la bendición primero viene para Efraín: la Iglesia del Señor Jesucristo; y después vendrá para el pueblo hebreo, que es Manasés.

Y para tiempo final, 144.000 escogidos del pueblo hebreo lo recibirán; pero primero lo recibirán los escogidos de la Iglesia del Señor Jesucristo en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino. Y ahí mismo colocará también a los escogidos del pueblo hebreo: sobre la cima del Monte de Sion, ahí estará el grupo de 144.000 hebreos en el Día Postrero.

“DIOS EN LA BOCA DE SUS PROFETAS PARA BENDECIR A SU PUEBLO”.

Hemos visto todo este misterio a través de la Biblia, hemos visto cómo fue en el Antiguo Testamento, hemos visto cómo fue en los días de Jesús.

Miren, Jesús maldijo la higuera y la higuera se secó3, pues estaba en la boca de Jesús la Palabra creadora de Dios: habló juicio divino sobre el pueblo hebreo y vino juicio divino sobre el pueblo hebreo; pero también Él ha hablado bendición para el pueblo hebreo y para Su Iglesia, y esa bendición se tiene que materializar para este tiempo final, la bendición que Él ha hablado para el tiempo final para Su Iglesia y para el pueblo hebreo. ¿Por qué? Porque ha sido la Palabra creadora siendo hablada por medio de Jesús.

Y para este tiempo final será reconfirmada o confirmada esa Palabra de bendición en la manifestación de Jesucristo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, a través de Su Ángel Mensajero, donde Él colocará Su Palabra en la boca de Su Ángel Mensajero, y él hablará esta Palabra de bendición siendo ungido con el Espíritu Santo. Y esta Palabra de bendición se cumplirá sobre la Iglesia del Señor Jesucristo, y después sobre el pueblo hebreo, porque Dios coloca Su Palabra en la boca del profeta correspondiente a cada edad o a cada dispensación, para bendecir a Su pueblo.

Ahora, hemos visto cómo es que Dios nos bendecirá a nosotros en este tiempo final y cómo bendecirá al pueblo hebreo. “Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas”. Y cuando se manifiesta, se manifiesta por medio de un profeta; así lo muestra la historia bíblica, de las manifestaciones de Dios de edad en edad y de dispensación en dispensación.

Y ahora, ¿dónde están los que en el Día Postrero estarían escuchando la Palabra de bendición siendo hablada, con Dios en la boca de Su profeta mensajero de la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, hablando la Palabra de bendición para bendecir a Su pueblo: la Iglesia del Señor Jesucristo, y luego al pueblo hebreo? Pues aquí estamos, en Pachuca un grupo, Pachuca, República Mexicana; y en diferentes lugares de la República Mexicana; y en diferentes lugares de la América Latina y el Caribe; para escuchar la Palabra de bendición siendo hablaba, para así recibir esa bendición siendo hablada y materializarse esa bendición en cada uno de nosotros.

Por eso es que está siendo hablada la Palabra de bendición, para así obtener nosotros la fe para ser transformados y ser llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, y los muertos ser resucitados en cuerpos eternos.

Pueden ustedes ver que en la Palabra de Dios que está siendo hablada en este tiempo final se está hablando de la fe para el rapto, fe para ser transformados y raptados, se está hablando también de la resurrección de los muertos en Cristo; se está hablando de todas estas cosas, ¿por qué? Porque esa es la Palabra de bendición que está siendo hablada, para materializarse en cada uno de ustedes y en mí también. Porque así como ustedes necesitan la transformación de sus cuerpos para ir a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, yo también necesito esa transformación, yo necesito ese cuerpo nuevo que Él ha prometido para mí y para cada uno de ustedes también.

Ha sido un privilegio para mí estar con ustedes en esta tarde, dándoles testimonio de estas cosas que deben suceder en este tiempo final, en donde Dios en la boca de un profeta bendice a Su pueblo en este Día Postrero; porque Dios en la boca de Sus profetas, DIOS EN LA BOCA DE SUS PROFETAS PARA BENDECIR A SU PUEBLO, siempre ha venido manifestado hablando esas bendiciones.

Que las bendiciones de Dios prometidas para este tiempo final para Sus hijos, para Su Iglesia, sean habladas todas y sean materializadas en cada uno de ustedes y en mí también, y pronto todos seamos transformados y llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Dejo nuevamente con nosotros al reverendo Miguel Bermúdez Marín para continuar y finalizar nuestra parte en esta ocasión. Y luego nos veremos en la noche, ¿dónde? Aquí mismo. ¿A qué hora? A las 7:00 (ya a las 6:00 o 6:30 ya están por aquí).

Y esperamos que Dios nos hable directamente al corazón esas palabras de bendición que Él tiene para nosotros. Estaremos hablando bajo el tema: “LIBERTADOS POR LA PALABRA DE DIOS”. Vamos a ver cómo para este tiempo final seremos libertados por la Palabra de Dios.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos, y con nosotros nuevamente el reverendo Miguel Bermúdez Marín. Pasen todos muy buenas tardes.

“DIOS EN LA BOCA DE SUS PROFETAS PARA BENDECIR A SU PUEBLO”.

[Revisión noviembre 2021]

1 Romanos 11:25-26

2 Amós 3:7

3 San Mateo 21:18-19; San Marcos 11:12-14, 20-21

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