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El Mensaje del Evangelio del Reino en el Día Postrero
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El Mensaje del Evangelio del Reino en el Día Postrero

Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes aquí en Goiânia, Goiás, Brasil. Es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y ver Su Programa correspondiente a este tiempo final, bajo el tema que corresponde a esta noche: “EL MENSAJE DEL EVANGELIO DEL REINO EN EL DÍA POSTRERO”.

Para lo cual quiero leer en la Escritura de San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40, donde dice:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

Y en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.

Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

En estos dos pasajes tenemos aquí dos profecías muy importantes: una, la del Día Postrero, del cual nos habla Cristo y nos dice que para el Día Postrero Él resucitará a los creyentes en Él. O sea, a los creyentes en Él que han partido, que han muerto sus cuerpos físicos, Él dice que les resucitará en el Día Postrero.

Él también nos dice en San Juan, capítulo 11, versos 21 en adelante; dice:

“Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.

Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará.

Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo (Marta): Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo”.

Ahora, podemos ver que Marta sabía que la resurrección de los muertos en Cristo (o sea, los creyentes en Cristo que morirían en cuanto a su cuerpo físico): ellos no estarían muertos, porque estarían en el Paraíso en sus cuerpos teofánicos, y que la muerte física para los creyentes en Cristo era temporal, porque en el Día Postrero Cristo había dicho en el capítulo 6 que Él los resucitaría.

Y ahora Marta había aprendido muy bien la enseñanza de la resurrección de los muertos en Cristo para el Día Postrero; y le muestra a Cristo que ella sí había aprendido la lección de Cristo con relación a la resurrección para el Día Postrero.

Jesús no le dice a Marta que ella está equivocada, porque Jesús había enseñado que en el Día Postrero Él resucitará a todos los muertos que han creído en Él, y han lavado sus pecados en Su Sangre, y han recibido Su Espíritu Santo; pero para cumplirse esa promesa en Lázaro, Jesucristo tenía que resucitarlo antes del Día Postrero; para luego, en el Día Postrero, resucitarlo también.

¿Cómo se puede entender esto? Encontramos que para la resurrección del Día Postrero de los creyentes en Jesús, toda persona tiene que haber creído en Cristo como su Salvador, haber lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y haber recibido Su Espíritu Santo, y, por consiguiente, haber nacido de nuevo en el Cuerpo Místico de Cristo.

Y mientras Jesús estuvo sobre la Tierra predicando, ninguno de los creyentes en Jesús había nacido de nuevo. Cristo enseñó que si Él no se iba, el Consolador, el Espíritu Santo, no podía venir a ellos1 y si no podía venir a ellos, entonces no podía efectuarse el nuevo nacimiento, del cual Cristo le habló a Nicodemo que era necesario nacer de nuevo para poder ver el Reino de los Cielos.

Y cuando Nicodemo se interesó en el Reino de los Cielos o Reino de Dios, y le preguntó cómo era el nuevo nacimiento: si era entrando en el vientre de su madre y nacer, siendo que ya Nicodemo estaba avanzado en edad… Y si Nicodemo… Diciéndole: “¿Cómo puede el hombre…? ¿Cómo puede hacerse esto? ¿Puede el hombre acaso, siendo ya viejo, entrar en el vientre de su madre y nacer?”.

Y si Nicodemo pregunta acerca de un hombre ya viejo, es porque él era esa persona; si no, preguntaba: “¿Cómo puede hacerse esto? ¿Puede acaso un joven entrar en el vientre de su madre y nacer de nuevo?”. Pero como ya tenía bastante edad; y para ser un miembro del Sanedrín, pues, había estudiado bastante, y eso toma bastantes años para muchas personas.

Y ahora, vean ustedes, Nicodemo estaba interesado en entrar al Reino de Dios, al Reino de los Cielos; y ahora Jesús le dice que se requiere nacer de nuevo. Nicodemo se interesa en entrar al Reino de los Cielos y le pregunta: “¿Cómo puede hacerse esto?”, de lo cual Cristo le está hablando.

Nicodemo pensó que tenía que nacer de nuevo, o sea, que era algo como en los que piensan en la reencarnación: nacer por segunda vez (y algunos piensan que se nace en la Tierra unas cuantas veces); pero Jesucristo le dijo que era naciendo del Agua y del Espíritu2.

Y ese nuevo nacimiento ni papá ni mamá lo podían efectuar; mucho han hecho con lo que ellos saben, y aun estando en una raza ya caída. Han hecho algo tan grande que todavía los científicos, con todo lo que han estudiado, no lo pueden hacer; pero dicen (dicen los científicos): “Hemos producido vida en el laboratorio y hemos logrado producir un niño de probeta”.

Y ahora, cuando esté grande, ¿a quién le van a decir papá y mamá? Aunque sus padres son aquellos que colocaron el espermatozoide y el óvulo (esos son sus padres), pero luego no van a saber quiénes son.

Y ahora, pues están también colocando en vientres alquilados o una matriz alquilada…, para colocar el óvulo ya fértil o fertilizado – o ya fecundado (es la palabra).

Y ahora, cuando nace el niño, no sabe quién realmente es la madre y el padre; y aun la misma que lo da a luz tampoco es la madre, y tampoco va a saber quién fue la que lo dio a luz; porque eso lo hacen para personas que están pagando para [que] una persona —un vientre alquilado— produzca ese niño, para después ellos tomar ese niño y obtenerlo como si fuera hijo de ellos; pero no han hecho nada más que pagar para que alguien tenga ese niño; y ni siquiera, ni el óvulo siquiera, es de esa mujer.

Así que son hijos que ellos podían traer, que no saben ni quién es su padre ni quién es su madre; aunque los dueños del óvulo y del espermatozoide son los verdaderos padres, pero ni siquiera ellos (los dueños reales, los padres reales), ni siquiera saben que tienen algún hijo y quién es ese hijo.

Ahora, eso es algo triste para un niño, que aparezca en esta Tierra en esa forma.

Ahora, la ciencia puede pensar que han logrado gran cosa, pero a ninguno de los científicos le gustaría ser un hijo de esa clase.

Ahora, pueden decir: “Hemos logrado producir vida”. Pues no; no han logrado ni siquiera la mitad de lo que han logrado nuestros padres terrenales, que no son científicos.

Y ahora, vean, ellos dicen: “No. Hemos logrado producir vida en laboratorio y luego también en vientres alquilados”. Pero vean ustedes, ¿qué usaron? La materia prima no la pudieron crear ellos: tuvieron que usar la materia prima que usan nuestros padres. Así que no hicieron nada, solamente canalizaron todo; y no pudieron darle lo que nuestros padres nos han dado a nosotros: amor, cariño y todas las demás cosas que nos dan nuestros padres.

Ser un niño de laboratorio o de vientre alquilado es un niño sin amor de padre y sin amor de madre; y eso debe ser lo más triste para un niño, que aparezca en esa forma; y cuando crezca, más terrible todavía; y cuando sea un anciano, más terrible todavía.

Ahora, vean ustedes lo que la ciencia ha logrado; pero lo grande que piensa que ha logrado es algo que produce tristeza y dolor para aquellos para quienes lo han logrado y para aquellos que han sido el producto de ese logro.

Ahora, por medio del nuevo nacimiento Dios logra, por creación divina, traer hijos e hijas de Dios manifestados en la sexta dimensión, o sea, en la dimensión de la Palabra; así como trajo en la sexta dimensión Su cuerpo teofánico.

El cuerpo de la Palabra, llamado el Verbo de Dios, vean ustedes, es un cuerpo parecido a nuestro cuerpo pero de otra dimensión: de la dimensión sexta, que es la dimensión de la Palabra. Y luego, en esa dimensión, vean ustedes los millones de ángeles que hay en esos cuerpos teofánicos.

Y vean ustedes cómo también Dios trajo a Adán (o sea, el alma de Adán) a un cuerpo teofánico de la sexta dimensión; y le creó un cuerpo teofánico, que es la imagen de Dios; porque Dios hizo al hombre a imagen primero y luego a semejanza de Dios, a imagen y semejanza3. La imagen es el cuerpo teofánico, o sea, la teofanía; y la semejanza la tenemos en Jesús.

El cuerpo de Jesús es la semejanza de Dios; y el cuerpo teofánico de Jesús (llamado en diferentes ocasiones el Ángel del Pacto o Ángel de Jehová, o Elohim o Melquisedec cuando le apareció a Abraham4), esa es la imagen de Dios. Y luego encontramos que Dios ha venido descendiendo de la séptima dimensión; pasó a la sexta dimensión ahí en un cuerpo teofánico, y luego pasó a esta dimensión terrenal en un cuerpo físico llamado Jesús.

Vean cómo lo más que se parece a Dios es el ser humano y lo más que se parece al ser humano es Dios, Dios con Su cuerpo teofánico y Su cuerpo físico llamado Jesús.

Ahora, podemos ver que el hombre es a imagen y semejanza de Dios; y Dios ha sido manifestado a esa semejanza del hombre, esa semejanza física: fue manifestado en un cuerpo de carne llamado Jesús. “Por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, Él también participó de lo mismo”, para quitar el pecado del mundo para todos los hijos e hijas de Dios5.

Y ahora, Dios estando en Su cuerpo teofánico en la sexta dimensión (en ese cuerpo teofánico llamado el Ángel de Jehová o Ángel del Pacto, o Elohim o Melquisedec), en esa forma de Ángel le apareció Dios a muchos profetas del Antiguo Testamento.

En ese cuerpo teofánico le aparecía a Adán; y Adán estaba en su cuerpo teofánico también, que Dios le creó; y luego Dios, del polvo de la tierra, le creó un cuerpo físico de carne y sangre y huesos; pero Dios todavía no se había creado un cuerpo físico de carne y sangre, porque eso estaba en el Programa Divino para más adelante.

Adán ya se encontraba en un cuerpo de carne, a semejanza del cuerpo de carne que Dios tendría cuando Dios fuera manifestado en carne humana. Cuando fue manifestado en carne humana en la persona de Jesús, dice San Pablo en Primera de Timoteo, capítulo 3, verso 16: “Grande es el misterio de la piedad: Dios ha sido manifestado en carne”. Ese es un misterio muy grande.

Pero vean cómo ha venido bajando Dios: de la séptima dimensión pasó a la sexta dimensión, donde aparece en diferentes ocasiones con ese cuerpo teofánico; y luego bajó a esta dimensión terrenal en un cuerpo de carne llamado Jesús.

El profeta Isaías, en el capítulo 7, verso 14, dice de la siguiente manera:

“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”.

(Emanuel significa: Dios con nosotros)6.

Ahora vean cómo Dios vino a estar con los seres humanos en medio del pueblo hebreo: en la forma de un hombre, en la forma de un profeta, el cual —por consiguiente— tiene las dos consciencias juntas; y por esa causa Jesús vivía ambos mundos: el mundo físico y el mundo espiritual, y podía ver en ambos mundos, y podía hablar de ambos mundos, y podía decir: “Tal cosa está aconteciendo” y después decir en cuál de los mundos estaba sucediendo; y podía ver primero en el mundo espiritual cosas que luego se materializarían en el mundo físico. Por eso es que Jesús hablaba en algunas ocasiones cosas y las personas no las podían comprender.

Vean ustedes, cuando dice: “Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo (y estaba allí en la Tierra)7. Y las personas que lo escuchaban decían: “Este hombre no hay cómo entenderlo. Dice que descendió del Cielo, y ahora está en la Tierra, y ahora dice que está en el Cielo”. “Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo (y estaba en la Tierra)”.

Y cuando decía que Él es… cuando decía: “Yo soy el Pan de Vida que he descendido del Cielo; y el que come de este Pan, vivirá eternamente”8. Y también decía: “El que no coma mi carne, y beba mi Sangre, no tiene vida permaneciente en sí”9. Cuando dice eso, entonces piensan: “Este hombre es un loco, porque ahora está enseñando que hay que comerse Su carne; y esto solamente se ve allá en los indios o salvajes de tribus que se comen la gente. Así que este hombre hay que dejarlo solo”; y se fueron. Los discípulos dicen entre sí: “Dura es esta Palabra; ¿quién la puede recibir?”10.

Piensen ustedes: si un hombre, en este tiempo, viene diciéndoles que para vivir eternamente ustedes se tienen que comer su carne y beber su sangre, ¿no piensan ustedes que está medio mal de la mente, o que está predicando una religión de esos indios o tribus que se comen la gente?

Ahora, vean ustedes cómo pudieron pensar muchas personas, de los que habían visto los milagros de los panes y los peces, y estaban muy contentos; porque, cuando se les da comida a la gente, pues todo el mundo está contento; y si no tienen que pagar nada, mucho más contentos; y si es en una hora en que todos tienen hambre, pues mucho más contentos se ponen.

Y así estaban los discípulos, y también todas aquellas personas que comieron los panes y los peces; pero ahora, cuando les dice que ahora la comida era Su carne y Su Sangre, ahí pensaron que la cosa se había puesto muy mala para ellos. Si les hablaba de comer panes y peces, estaban contentos; pero ahora les hablaba de comer Su carne y beber Su Sangre. Pero había una forma, y no era comer literalmente Su carne y beber Su Sangre.

Y ahora, se van miles de personas que estaban siguiendo a Jesús. No pudieron recibir Su Palabra, porque pensaron que esas palabras que Él estaba hablando no estaban correctas; pero sí estaban correctas. Lo que sucede es que no pudieron comprender el significado de las palabras de Jesús y tampoco Él les dio a conocer el significado de esas palabras.

Ahora, vean ustedes que el que cree en nuestro amado Señor Jesucristo, y lava sus pecados en la Sangre de Cristo, y recibe Su Espíritu Santo: obtiene el nuevo nacimiento; por lo tanto, esa persona ha estado comiéndose la carne y bebiéndose Su Sangre.

Y Cristo tipificó Su carne y Su Sangre en la Santa Cena; la tipificó allá en la última cena también11.

Y ahora, los discípulos de Jesucristo, mientras Jesucristo estaba sobre la Tierra, ninguno de ellos había nacido de nuevo; por lo tanto, cualquiera de ellos que muriera, si no era resucitado por Jesús en aquel tiempo, no se podía levantar en la resurrección de los muertos en Cristo en el Día Postrero. ¿Por qué? Porque entonces esa persona pertenecía a los santos del Antiguo Testamento; o quedaba para la segunda resurrección, después que termine el Reino Milenial; a uno de esos dos grupos iba a pertenecer.

Ahora, si Lázaro no era resucitado por Cristo en esos días que había muerto, entonces Lázaro iba a pertenecer a los santos del Antiguo Testamento; por lo tanto, iba a resucitar cuando Jesucristo resucitara de entre los muertos, antes de comenzar el nuevo nacimiento, el cual comenzó el Día de Pentecostés. Así que iba a resucitar con Abraham, Isaac, con todos ellos, cuando Cristo resucitó; porque cuando Cristo resucitó, resucitaron con Él muchos de los santos del Antiguo Testamento, nos dice San Mateo, capítulo 27, verso 50 en adelante; dice:

“Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.

Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo…”.

Recuerden que el velo del templo representa a Jesús en Su Primera Venida. Jesús, o sea, la Venida del Señor, siempre es el Velo del Templo; porque Él es la Puerta12. Y cuando Jesús allí murió, que Su cuerpo fue herido allí para morir, el velo del templo también fue herido: se rasgó, Dios lo rasgó de arriba abajo; pues hubo truenos, relámpagos y así por el estilo en esa ocasión, y la tierra también tembló. Dice:

“Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron (o sea, hubo un temblor o terremoto, un terremoto grande, ese día)<em>;

y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron;

y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él (o sea, después de la resurrección de Cristo), vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos”.

Ahora, vean, cuando resucitaron allí los santos del Antiguo Testamento, resucitaron con Cristo. Por lo tanto, si Lázaro hubiera muerto y no hubiera sido resucitado por Cristo, en esa ocasión hubiera resucitado con Cristo (Lázaro), si pertenecía a los santos del Antiguo Testamento. Pero si no pertenecía a los santos del Antiguo Testamento, y tampoco Jesús lo resucitaba allí en aquella ocasión en que lo resucitó (o sea, mientras Jesús estaba en Su ministerio terrenal), entonces Lázaro ni pertenecía a los santos del Antiguo Testamento (de los que iban a resucitar) ni tampoco a los santos del Nuevo Testamento (que van a resucitar en el Día Postrero, antes de comenzar el Reino Milenial y antes de comenzar la gran tribulación); por lo tanto, Lázaro pertenecía al grupo que recibirá vida eterna después del Reino Milenial, en la resurrección segunda, donde se levantarán muchas personas, los cuales recibirán vida eterna en el Juicio Final.

Pero Lázaro, por ser un creyente en Cristo y ser un elegido de Dios, un escogido de Dios, tenía que ser resucitado por Cristo para después morir.

Ahora, vean, Jesús resucitó a Lázaro y después Lázaro murió, ya cuando tuvo cierta cantidad de años; pero ya, después del Día de Pentecostés en adelante, en algún año murió (no sabemos si de viejo o por algún problema de salud), pero ya había obtenido su nuevo nacimiento; así como Marta y María también. Por lo tanto, pertenecen ellos, esa familia completa, pertenece al Reino de los Cielos, o sea, a la Iglesia del Señor Jesucristo; pertenece a los elegidos de Dios, a los hijos e hijas de Dios.

Y es una bendición grande cuando en la familia todos son creyentes, porque todos pertenecen al Cuerpo Místico de Jesucristo. Esa es la bendición más grande que puede tener una familia: que todos sean escogidos de Dios, elegidos de Dios, primogénitos de Dios, porque todos recibirán el cuerpo nuevo y reinarán con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad.

Y si alguno de esa familia se va adelante, pues cuando regrese será testigo (para esa familia) que la resurrección ya ha sucedido y que la transformación para los que están vivos ha llegado; y esos familiares que están vivos serán transformados también y tendrán también el nuevo cuerpo.

Ahora, la resurrección de los muertos en Cristo está señalada para el Día (¿qué?) Postrero, que es el séptimo milenio; porque “un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día”13.

Así que lo que había enseñado Jesús en el capítulo 6, de que en el Día Postrero Él los resucitará (o sea, al creyente en Él que haya partido), y a los vivos nos transformará, como dice San Pablo en Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, verso 13 al 17, y Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 55…

Y también en Apocalipsis nos habla de la resurrección, en el capítulo 20, verso 4 al 6, esa primera resurrección para los muertos en Cristo. Y para nosotros los que vivimos será la transformación de nuestros cuerpos, si nuestros cuerpos todavía están vivos cuando ocurra la resurrección de los muertos en Cristo; entonces no tendrán que morir nuestros cuerpos, sino ser transformados.

Ahora, vean lo que dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo en la página 373 del libro de Los Sellos en español, dice:

“215. Reconocemos que nos queda poco tiempo, y la Novia puede subir en cualquier momento. En cualquier momento es posible que el Cordero salga del Trono de Dios, donde se encuentra el Sacrificio. Luego allí será el fin. Ya no habrá esperanzas para el mundo; allí será su final. En ese tiempo la Tierra comenzará con sus contracciones violentas, que serán los terremotos y las tremendas sacudidas, como sucedió en el día de la resurrección de nuestro Señor. La misma cosa sucederá ahora cuando los santos aparezcan. Señor, sabemos que puede ser en cualquier momento. Estamos esperando que llegue ese gran día de alegría”.

Vean, será un tiempo de terremotos, de sacudidas terribles sobre la Tierra, pero será un día de alegría, de felicidad, de gozo, para todos los escogidos de Dios que estarán vivos en ese momento, porque estaremos viendo el regreso en cuerpos eternos de los escogidos de Dios de edades pasadas y de los de nuestro tiempo que ya han partido y que nosotros conocemos. Cuando regresen en sus cuerpos eternos los vamos a conocer también, cuando hablen con nosotros.

Quizás, si partió siendo un ancianito o una ancianita, al verlo físicamente no los vamos a conocer; pero cuando nos hablen y nos cuenten de cosas que sucedieron y que nosotros conocemos, de seguro le preguntaremos: “¿Y cómo tú sabes eso?”. Nos dirá: “¡Es que yo soy aquel que estuve allí hablando contigo!”.

—“¿Cómo?”.

—“Sí. ¿Quieres saber algo más? ¿Recuerdas tal y tal y tal cosa?”.

—“Sí”.

—“¿Recuerdas cuando te dije tal y tal cosa?”.

—“Sí… Ah, entonces tú eres Fulano de Tal”.

—“¡Pues claro que sí!”.

—“Pero es que cuando aquello sucedió era un ancianito el que estaba hablando conmigo”.

—“¿Pero no recuerdas la enseñanza de la Escritura que dice que cuando los muertos en Cristo regresen, será en cuerpos eternos y jovencitos? ¡Pues se está cumpliendo esa promesa! Estoy regresando; pero no voy a regresar en el mismo cuerpo viejo aquel, porque me vuelvo a morir; he regresado en un cuerpo eterno para continuar viviendo por toda la eternidad. Para estar en el Milenio, para ir a la Cena de las Bodas del Cordero, no me voy a ir con el cuerpo viejo; allí no me van a querer con un cuerpo viejo de carne, sino con un cuerpo nuevo (porque todos los que estarán allí estarán en cuerpos nuevos, en cuerpos eternos)”.

Y al ver esto y al saber estas cosas, ese será el momento también para la transformación de los escogidos de Dios; a medida que van siendo vistos los muertos en Cristo resucitados, vamos siendo nosotros transformados.

Ahora, vean ustedes, para ese tiempo, dice que como sucedió en la resurrección de Cristo, vean ustedes: la tierra se estremeció, un terremoto, hubo un estremecimiento grande y todas estas cosas; eso también estará repitiéndose en este tiempo final. Por eso tenemos que tener nuestras vidas arregladas con Dios, estar preparados esperando ese gran momento para nuestra transformación; para que cuando ocurra ese estremecimiento… Dice, vamos a ver cómo dice:

“[215]. En cualquier momento es posible que el Cordero salga del Trono de Dios, donde se encuentra el Sacrificio. Luego allí será el fin. Ya no habrá esperanzas para el mundo; allí será su final. En ese tiempo la Tierra comenzará con sus contracciones violentas, que serán los terremotos y las tremendas sacudidas, como sucedió en el día de la resurrección de nuestro Señor. La misma cosa sucederá ahora cuando los santos aparezcan”.

Vean ustedes lo que estará sucediendo en esos días.

Así que la humanidad estará bastante confundida con esos terremotos y sacudidas, pero los escogidos estarán gozosos de alegría, dándole la bienvenida a los santos, que vienen en cuerpos eternos: vienen del Paraíso tomando sus cuerpos eternos aquí en la Tierra, y apareciéndonos a nosotros para compartir con nosotros de 30 a 40 días aquí en la Tierra; y después nos iremos todos juntos, ya con cuerpos eternos todos, nos iremos a la gran fiesta de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Todas estas cosas están prometidas para ser cumplidas (¿cuándo?) en el Día Postrero, que es el séptimo milenio.

Y para el Día Postrero, el séptimo milenio, el Mensaje que se predica es el Mensaje del Evangelio del Reino. Ese es el Mensaje que estará predicando Moisés y Elías también para los 144.000 hebreos.

Vean ustedes, en la página ciento-… (vamos a ver por aquí) del libro de Los Sellos en español; vamos a ver… página 123 primero; leemos donde dice:

“[103]. ‘Vendrá el Mesías y será quitada Su vida en sacrificio, a la mitad de la semana…’”.

O sea, a la mitad de la semana setenta; lo cual ya se cumplió con la Primera Venida de Cristo; y a la mitad de la semana setenta, conforme a la profecía de Daniel, fue quitada la vida al Mesías. En el capítulo 9, verso 24, del libro de Daniel, se encuentra esto: la profecía de la semana número setenta; y a la mitad de esa semana, la vida al Mesías sería quitada, lo cual ya se cumplió.

“Entonces todavía quedan tres años y medio para la enseñanza mesiánica entre los judíos (enseñanza mesiánica es la enseñanza de la Venida del Señor). Dios no trata con los gentiles y los judíos al mismo tiempo; Él lidia con Israel como una nación, pero con los gentiles lidia individualmente (o sea, trata individualmente). Él no ha llamado a los gentiles para ser Su Novia, sino que llamó ‘un pueblo de entre los gentiles’”.

O sea que Él no llamó a los gentiles (o sea, a las naciones gentiles, para que sean Su Iglesia), sino que Él lo que ha estado haciendo es llamando gente de entre las naciones gentiles (o sea, individuos) para colocarlos en Su Cuerpo espiritual de creyentes, en Su Iglesia: ha estado llamando de entre los gentiles gente para ser la Novia del Señor Jesucristo.

“Ahora, Él lidia con Israel como una nación, y ahora mismo ella está allí como una nación”.

Y en la página 310 de este mismo libro de Los Sellos dice:

“153. Ellos preguntaron (le preguntaron a Jesús en el libro de los Hechos, capítulo 1): ‘¿Restituirás el Reino a Israel en este tiempo?’. El Reino judío será establecido sobre la Tierra, ustedes ya saben eso. Juan dijo que el Reino… Este ahora…”.

O sea, lo que tenemos durante las siete edades de la Iglesia gentil, durante la Dispensación de la Gracia; vean ustedes, está hablando y dice:

“Este ahora es el Reino del Evangelio, pero el Reino de los judíos será predicado por estos dos profetas…”.

Ahora podemos ver quién predica al pueblo hebreo el Reino para el pueblo hebreo: es Moisés y Elías, o sea, los Dos Olivos. Ellos le predicarán el Reino (por lo tanto, predicarán el Evangelio del Reino), y le hablarán acerca del Reino de Dios siendo establecido en la Tierra en medio del pueblo hebreo; en donde el pueblo hebreo será cabeza de todas las naciones, pues estará allí el Trono de Dios, el Trono de Cristo, del Mesías, desde donde gobernará, el cual es el Trono de David, donde Cristo como Hijo de David se sienta.

En la página 351 del libro de Los Sellos en español dice:

“99. En este Sexto Sello es cuando Israel recibe el Mensaje del Reino…”.

El Mensaje del Reino; no el Mensaje de la Gracia, ni el Mensaje de la Ley, sino el Mensaje del Reino; porque en este tiempo final se entrelaza la Dispensación del Reino con la Dispensación de la Gracia. Y el Mensaje que corresponde a Moisés en su segunda manifestación, y a Elías en su quinta manifestación, es el Mensaje del Evangelio del Reino; ese es el Mensaje del Reino que predica Apocalipsis, capítulo 11, verso 3 en adelante, o sea, los Dos Olivos, los Dos Ungidos.

“99. En este Sexto Sello es cuando Israel recibe el Mensaje del Reino por medio de los profetas de Apocalipsis 11. Recuerden: Israel es una nación, un pueblo; ellos son los siervos de Dios”.

Y los miembros de la Iglesia de Jesucristo, ¿qué son? Son los hijos e hijas de Dios. ¿Qué es mayor delante de Dios: un siervo o un hijo? Un hijo es mayor que un siervo delante de Dios.

“Y cuando Israel dé el paso de entrada al Reino, eso tendrá un carácter nacional. En Israel, durante la Edad del Reino, será cuando el Hijo de David se sentará sobre el Trono (¿Sobre qué trono? Sobre el Trono de David). Por eso fue que aquella mujer en Mateo 15:22 clamó: ‘¡Hijo de David!’, porque Dios le juró a David que Él levantaría su hijo que tomaría su trono y sería un trono perpetuo, que no tendría fin. Salomón fue el tipo cuando edificó el templo, pero Jesús les dijo aquí que: ‘No quedará piedra sobre piedra’. Pero ¿qué es lo que les está procurando decir aquí? Que Él mismo iba a regresar.

100. ‘¿Cuándo vas a regresar?’.

101. Les respondió: ‘Estas cosas acontecerán antes de mi regreso’. ¡Y aquí estamos viendo estas cosas!

102. Entonces en el tiempo del Sexto Sello se desarrolla la gran tribulación. Recuerden: Cuando el Reino es establecido sobre la Tierra, durante el tiempo del Milenio, Israel es una nación…”.

Ahora, ¿cuándo es establecido el Reino? Dice: “… durante el tiempo del Milenio…”. O sea que el séptimo milenio comienza y en algún año del séptimo milenio es establecido el Reino de Dios en este planeta Tierra en medio del pueblo hebreo. Luego que pase la gran tribulación, Cristo estará sentado en el Trono de David reinando sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones.

Ahora, el séptimo milenio o el Milenio es el Día Postrero. Si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, pues ya estamos en el séptimo milenio; si no le añadimos los años de atraso que tiene el calendario, pues faltan de dos a tres años para terminar el sexto milenio y entrar al séptimo milenio.

Ahora, el Mensaje correspondiente al séptimo milenio es el Mensaje del Reino, el Evangelio del Reino, el cual gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, en Su Obra de Reclamo, como Hijo del Hombre e Hijo de David, para sentarse en el Trono de David.

Y es la Venida del Hijo del Hombre, como dijo Jesús en San Mateo, capítulo 16, verso 27 al 28, cuando nos habló, diciendo:

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.

De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino”.

Antes del Reino ser establecido, pues tiene que venir. ¿Y cómo viene el Reino de Dios para ser establecido en la Tierra? Viene en el cumplimiento de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Por eso en el Monte de la Transfiguración, en San Mateo, capítulo 17, verso 1 al 7, Cristo estuvo mostrándoles allí la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, viniendo en Su Reino; y allí está en miniatura todo lo que estará materializado en la Venida del Reino de Dios con el Hijo del Hombre y Sus Ángeles, todo ahí está colocado para ser cumplido en el Día Postrero.

Por eso es que ahí, en el Monte la Transfiguración, aparece Cristo con Su rostro como el sol: porque el profeta Malaquías y otros profetas hablando (como en los Salmos), hablando de la Venida del Señor, dijeron: “A los que temen mi Nombre, nacerá el Sol de Justicia, y en Sus Alas traerá salvación”14.

El sol literal no tiene alas literales; pero Cristo, que es el Sol de Justicia, tiene Sus Alas poderosas, que son los ministerios de Moisés y Elías, son los Ángeles del Hijo del Hombre; y por eso aparecieron a cada lado del Señor, como aparecen las dos alas de un águila, una a cada lado: aparecieron allí, a cada lado del Águila poderosa, Jesucristo, aparecieron Moisés y Elías, las dos poderosas Alas del Águila mayor, de Jesucristo en Su Segunda Venida.

Y Su rostro allí resplandeció como el sol, porque Su Venida es como Rey de reyes y Señor de señores. El sol es el astro rey, y Jesucristo es el Sol de Justicia y es el Rey de reyes y Señor de señores.

O sea que las cosas que vemos ahí, en el Monte de la Transfiguración, son símbolos que están siendo mostrados en esta visión, para ser cumplidos, materializados, en el Día Postrero.

Y ahora, vean ustedes cómo para el Día Postrero está establecido en la Escritura cómo será la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, viniendo en el Reino de Su Padre.

Dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo en la página 59 del libro de Las Edades</em>; dice (en español):

“71. Y los tres apóstoles vieron eso: el orden de Su Segunda Venida. Ellos lo vieron transfigurado allí en el monte. Su vestido era resplandecientemente blanco, y Su rostro brillaba como el sol en su cenit. Y cuando Él apareció, allí estaban Moisés y Elías, uno a cada lado. Así es exactamente como Él vendrá. En verdad, Elías vendrá primero y convertirá los corazones de los hijos (Novia) a la doctrina apostólica de la Palabra de los padres”.

Ahora, vean ustedes lo que nos enseña aquí el precursor de la Segunda Venida de Cristo: nos muestra el orden de la Segunda Venida de Cristo, mostrándonos que lo que fue visto en el Monte de la Transfiguración es lo que estará siendo visto en la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Y el Monte allí de la Transfiguración es tipo y figura del Monte de Dios, del Monte de Sion, que es la Iglesia del Señor Jesucristo. En ese Monte es que será vista la visión del Monte de la Transfiguración cumplida; ahí es donde Él en el Día Postrero cumple lo que fue mostrado en la visión del Monte de la Transfiguración.

O sea, aquello fue una visión. Por eso dijo a Sus discípulos, luego, en el mismo capítulo 17: “No digan a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de los muertos”. Dice:

“Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos”.

Ahora podemos ver ahí el orden de Su Venida. En la Venida del Reino de Dios tiene que estar el Hijo del Hombre con Su rostro como el sol (o sea, tiene que estar como Rey de reyes y Señor de señores, Cristo), y tienen que estar Moisés y Elías.

Y ahora, Moisés y Elías. ¿Qué será Elías en el Día Postrero como el quinto Elías, el cual es uno de los Dos Olivos? En la página 399 del libro de Los Sellos en español, le preguntan a nuestro hermano Branham, en la pregunta número 11, acerca del quinto Elías; y le preguntan:

“11. El Elías que viene a predicar a los judíos, ¿es el verdadero Elías que estuvo en los días de Achab, o será solamente el espíritu de Elías en otro hombre?”.

(La contestación fue):

[94]. Yo he pensado que será un hombre de este tiempo ungido con ese espíritu…”.

Un hombre (¿de qué tiempo?) de este tiempo. No un hombre del pasado, sino un hombre del presente: un hombre del tiempo en donde se esté cumpliendo esa profecía, un hombre de este tiempo ungido con ese espíritu.

Un hombre en el cual el Espíritu Santo estará operando ese ministerio de Elías por quinta vez; así como operó el ministerio de Elías en Elías Tisbita, luego lo operó en Eliseo (el cual pidió una doble porción del espíritu que estaba en Elías), luego lo operó en Juan el Bautista por tercera ocasión (Jesús dijo: “Él es aquel Elías que había de venir (hablando de Juan el Bautista), si ustedes lo quieren recibir”15</a>); y luego operó el ministerio de Elías en el reverendo William Branham por cuarta ocasión: él es el Elías que había de venir precursando la Segunda Venida de Cristo; y ya se fue, pero dejó su Mensaje.

Por eso hacemos referencia a su Mensaje en nuestro tiempo: porque él es el precursor de la Segunda Venida de Cristo. Por lo tanto, él por medio de sus mensajes muestra cómo será la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero, cómo será la Venida del Hijo del Hombre; porque dice la Escritura que será la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, y Sus Ángeles son Moisés y Elías.

Y ahora, ¿cómo es que vendrá Elías? Será un hombre ungido con ese espíritu, con ese espíritu ministerial de Elías; porque estará el Espíritu de Dios en él, ungiéndolo con el ministerio de Elías.

Así como estuvo el Espíritu de Dios en Juan el Bautista; dice que fue lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre16, y fue aquel Elías que había de venir; fue ungido con ese ministerio de Elías, con el espíritu y virtud de Elías, y fue el Elías precursor de la Primera Venida de Cristo.

Y Elías viniendo nuevamente por cuarta ocasión fue el precursor de la Segunda Venida de Cristo; fue un hombre ungido, otro hombre ungido, con ese espíritu ministerial de Elías, el cual fue el reverendo William Branham.

Y para el Día Postrero, el Elías que le predicará al pueblo hebreo será un hombre ungido de este tiempo con ese espíritu, un hombre en el cual el Espíritu Santo estará manifestando el ministerio de Elías por quinta ocasión.

Así también es para Moisés: el Moisés que vendrá será un hombre ungido con ese espíritu ministerial de Moisés, el cual será el segundo Moisés para este tiempo final; y esto es si no contamos a Jesús como el segundo Moisés. Si contamos a Jesús como el segundo Moisés, entonces sería el tercer Moisés la manifestación del ministerio de Moisés en el Día Postrero; pero solamente contando el primer Moisés, el que sacó al pueblo hebreo de la tierra de [Egipto], y luego contando a uno de los Dos Olivos como el segundo Moisés para este tiempo final.

Y ahora, ¿qué será la Venida del Hijo del Hombre, la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19? Dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo, en la página 277, nos dice que el Jinete es el Espíritu Santo, o sea, Cristo en Espíritu Santo es el Jinete de ese caballo blanco de Apocalipsis. Dice en la página 277 en español, del libro de Los Sellos, orando dice:

“[240]. … pedimos que el Espíritu Santo venga ahora mismo, el Jinete del verdadero caballo blanco, mientras Su Espíritu, el Espíritu de Cristo, entre en confrontación con el anticristo, y Él llame los Suyos”.

Pero ahora para la Venida del Reino de Dios, para la Venida del Hijo del Hombre en Su Reino con Sus Ángeles, ¿cómo vendrá el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19?, ¿cómo vendrá el Espíritu Santo (que es Jesucristo en Espíritu Santo, el Ángel del Pacto)?, ¿cómo vendrá? Página 256 dice:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve (o sea, está citando lo que dice Apocalipsis 19), y será completamente Emmanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Eso es la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, eso es la Venida del Hijo del Hombre; y con Sus Ángeles pues es el Espíritu Santo ungiendo un hombre de este tiempo, y manifestando en ese hombre los ministerios de Moisés por segunda vez y de Elías por quinta vez, y ungiendo a ese hombre con el ministerio de Jesús por segunda vez.

Los ministerios de Moisés, de Jesús y de Elías estarán manifestados en ese hombre donde estará el Espíritu Santo, donde estará Jesucristo en Espíritu Santo manifestado para cumplir Sus promesas correspondientes a este tiempo final; pero ese hombre no será Elías literalmente hablando, ni tampoco será Moisés literalmente hablando, ni tampoco será Jesús literalmente hablando.

Por eso fue que cuando Juan el apóstol quiso adorar al Ángel de Jesús, el Ángel le dijo que no lo hiciera17 porque el Ángel de Jesucristo es el instrumento de Jesucristo, a través del cual Jesucristo en Espíritu Santo se manifiesta y opera estos ministerios de Moisés, de Jesús y de Elías, en el Día Postrero, en este tiempo final en el cual nosotros estamos viviendo.

Y luego que los muertos en Cristo resuciten y nosotros los que vivimos seamos transformados, luego entonces veremos a Jesucristo en Su cuerpo; porque “seremos arrebatados en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”18, y nos iremos a la Cena de las Bodas del Cordero con nuestro amado Señor Jesucristo.

Pero antes de ese momento en que ya estemos transformados, antes de ese momento en que estemos transformados y arrebatados al Cielo, estaremos viendo a Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en Su Ángel Mensajero operando estos tres grandes ministerios: el ministerio de Moisés por segunda vez, el ministerio de Jesús por segunda vez y el ministerio de Elías por quinta vez.

Y aun con todo y eso, ese Ángel ni es Jesucristo, ni es Moisés, ni es Elías, pero en él estarán esos tres grandes ministerios manifestados; porque el Espíritu Santo (que es Jesucristo en Espíritu Santo) estará operando esos ministerios; porque ese es el Ungido con el Espíritu Santo para el Día Postrero, que viene con el Mensaje del Evangelio del Reino predicándolo.

Porque ese Mensaje siendo predicado es la Gran Voz de Trompeta sonando en este tiempo final, y llamando y juntando a todos los escogidos de Dios19. Esa es la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino llamando y juntando a todos los escogidos de Dios, y dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final.

Y después que haya concluido la labor entre los gentiles, luego se tornará Cristo al pueblo hebreo por medio de Su Ángel Mensajero; y con el Mensaje del Evangelio del Reino, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles (gira alrededor de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles: gira alrededor de la Venida del Ángel que era diferente a los demás manifestando los ministerios de Moisés, de Jesús y de Elías en el Ángel de Jesucristo), con ese Mensaje llamará y juntará 144.000 hebreos.

Los hebreos están esperando la Venida del Señor, la Venida del Mesías; y cuando ellos hablan de la Venida del Mesías, que ellos están esperando, ellos dicen que están esperando (¿qué?) un hombre, un profeta. ¿Por qué? Porque es en un profeta donde estarán manifestadas estas bendiciones para el pueblo hebreo.

El Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que se manifestó en carne humana dos mil años atrás en el velo de carne llamado Jesús, en este tiempo final estará manifestado en el Ángel del Señor Jesucristo. Y eso es lo que el pueblo hebreo está esperando: ver a ese hombre ungido con el Espíritu Santo; ver a ese hombre ungido, en el cual vendrá el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, manifestado en carne humana; eso es lo que el pueblo hebreo está esperando.

Pero hasta que los escogidos de entre los gentiles entren en toda su plenitud (o sea, se complete el número de los escogidos de Dios entre los gentiles), y la resurrección de los muertos en Cristo ocurra, y la transformación nuestra ocurra, el pueblo hebreo tiene que continuar esperando allá; porque la Obra entre los gentiles todavía no ha terminado.

Cuando termine, los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos eternos, nosotros los que vivimos seremos transformados, y entonces el pueblo hebreo tendrá su oportunidad.

Ahora podemos ver este misterio de “EL MENSAJE DEL EVANGELIO DEL REINO EN EL DÍA POSTRERO”. Y hemos visto quién es el mensajero que viene en el Día Postrero predicando el Mensaje del Evangelio del Reino, que es el Mensaje de la Dispensación del Reino: es el mensajero de la Dispensación del Reino, que es el Ángel del Señor Jesucristo, a través del cual Cristo estará manifestándose en este tiempo final.

“EL MENSAJE DEL EVANGELIO DEL REINO EN EL DÍA POSTRERO”.

Ese es el Mensaje que comienza en medio de la Iglesia de Jesucristo en el Día Postrero, porque comienza Dios a cumplir las promesas correspondientes a la Venida del Reino de Dios, y el Mensaje gira alrededor del cumplimiento de esas promesas. Por lo tanto, los primeros que conocerán el Mensaje y escucharán el Mensaje del Evangelio del Reino son los escogidos de este tiempo final, los cuales son llamados y juntados con ese Mensaje del Evangelio del Reino; y luego le tocará al pueblo hebreo esa bendición.

Y ese es el Mensaje que se predicará durante todo el Reino Milenial; y luego pasará a la eternidad, o sea, pasará a una nueva fase o etapa en el Reino de Dios; porque el Reino de Dios, que comienza en el Milenio, que es establecido en el Milenio y gobierna sobre la Tierra, el Reino de Dios luego continúa para toda la eternidad.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes, dándoles testimonio de: “EL MENSAJE DEL EVANGELIO DEL REINO EN EL DÍA POSTRERO”.

¿Y dónde están los primeros que escucharían la predicación del Evangelio del Reino en el Día Postrero? Pues aquí estamos, en la América Latina y el Caribe, escuchando la predicación del Evangelio del Reino en el Día Postrero.

Que las bendiciones contenidas en el Mensaje del Evangelio del Reino para los escogidos de Dios, para este Día Postrero, sean sobre cada uno de ustedes, y se materialicen en cada uno de ustedes y en mí también. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Dios les bendiga y buenas noches.

“EL MENSAJE DEL EVANGELIO DEL REINO EN EL DÍA POSTRERO”.

[Revisión agosto 2021]

1 San Juan 16:7

 

2 San Juan 3:1-5

 

3 Génesis 1:26; 1:27, 2:7

 

4 Génesis 14:18-20, Génesis 18:1-8

 

5 Hebreos 2:14-15

 

6 San Mateo 1:23

 

7 San Juan 3:13

 

8 San Juan 6:51, 6:58

 

9 San Juan 6:53

 

10 San Juan 6:60

 

11 Mt. 26:26-29, Mr. 14:22-25, Lc. 22:19-20; 1 Co. 11:23-26

 

12 San Juan 10:9

 

13 2 Pedro 3:8, Salmo 90:4

 

14 Malaquías 4:2

 

15 San Mateo 11:14

 

16 San Lucas 1:15

 

17 Apocalipsis 19:10, Apocalipsis 22:8-9

 

18 1 Tesalonicenses 4:17

 

19 San Mateo 24:31

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