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El misterio de la redención
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El misterio de la redención

Muy buenas tardes, amados hermanos y amigos presentes. Es para mí un privilegio grande estar con ustedes en este momento, para compartir unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios, bajo el tema: “EL MISTERIO DE LA REDENCIÓN”.

Dice Dios por medio del apóstol San Pablo en Su Palabra: Efesios, capítulo 4, verso 30:

“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención”.

“EL MISTERIO DE LA REDENCIÓN”.

Es un misterio la redención; pues vean, luego de la Escritura decir que Cristo nos ha redimido, ahora aquí nos habla de un Día de Redención que ha de venir. Nos dice:

“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención”.

“EL MISTERIO DE LA REDENCIÓN”.

Redimir es ‘volver al lugar original’.

Por eso es que cuando nos enseña la Palabra de Dios: que Dios redimió a Israel, Dios lo redimió con mano poderosa, como Él había prometido, encontramos en el Éxodo, capítulo 6, verso 6, donde dice:

“Por tanto, dirás a los hijos de Israel: Yo soy Jehová; y yo os sacaré de debajo de las tareas pesadas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes…”.

Aquí…, vean ustedes, sigue diciendo:

“… y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios; y vosotros sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que os sacó de debajo de las tareas pesadas de Egipto.

Y os meteré en la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a Abraham, a Isaac y a Jacob; y yo os la daré por heredad. Yo Jehová”.

Aquí, vean ustedes cómo Dios dice que va a redimir a Israel; o sea que lo va a tomar, lo va a librar de la esclavitud en que está en Egipto, y lo va a llevar a la tierra prometida, que es el lugar donde ellos habían vivido cuando Jacob estaba viviendo allí con sus hijos, y luego ellos habían ido a Egipto y allí fueron esclavizados. Pero ahora Dios los va a llevar de nuevo a la tierra de Israel. Eso es redimirlos: volverlos a su lugar, de donde ellos habían venido.

Y ahora, vean cómo Dios nos dice —hablando de Jacob— en otros lugares: “Israel es mi hijo”1. “Yo te redimí” o “Yo lo redimí”2. Y vean ustedes en la forma en que esta redención se llevó a cabo.

Luego encontramos que la redención que Cristo realiza fue representada en la vida de Booz y Rut:

• Encontramos que Rut decidió, hizo su decisión (la primera parte);

• luego Rut, encontramos que trabajó en el campo de Booz;

• y luego encontramos que Rut estuvo descansando;

• y luego ella fue recompensada.

Cuatro etapas muy importantes de la vida de esta joven de Moab, la cual encontramos que es tipo y figura de los hijos e hijas de Dios, representa a la Iglesia del Señor Jesucristo pasando por diferentes etapas.

Y vamos a ver aquí, en el caso de Rut… (ya lo estamos encontrando por aquí, el caso de Rut).

Capítulo 2. Nos dice así la Escritura, en el capítulo 2, verso 20… Vamos a leer un poquito aquí: capítulo 2, verso 1 en adelante, vamos a leer; dice… Aun hay que leer hasta en el capítulo 1… vamos a ver aquí, vamos a ver dónde… Capítulo 1, verso 15 en adelante; luego que se habían ido las otras que eran esposas de los hijos – la otra que era esposa del hijo:

[Rut 1:14] “Y ellas alzaron otra vez su voz y lloraron; y Orfa besó a su suegra, mas Rut se quedó con ella.

Y Noemí dijo: He aquí tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a sus dioses; vuélvete tú tras ella.

Respondió Rut: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios.

Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga Jehová, y aun me añada, que solo la muerte hará separación entre nosotras dos.

Y viendo Noemí que estaba tan resuelta a ir con ella, no dijo más.

Anduvieron, pues, ellas dos hasta que llegaron a Belén; y aconteció que habiendo entrado en Belén, toda la ciudad se conmovió por causa de ellas, y decían: ¿No es esta Noemí?

Y ella les respondía: No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara; porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso.

Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías. ¿Por qué me llamaréis Noemí, ya que Jehová ha dado testimonio contra mí, y el Todopoderoso me ha afligido?

Así volvió Noemí, y Rut la moabita su nuera con ella; volvió de los campos de Moab, y llegaron a Belén al comienzo de la siega de la cebada”.

Y el capítulo 2, continuando en el verso 1, dice:

“Tenía Noemí un pariente de su marido, hombre rico de la familia de Elimelec, el cual se llamaba Booz.

Y Rut la moabita dijo a Noemí: Te ruego que me dejes ir al campo, y recogeré espigas en pos de aquel a cuyos ojos hallare gracia. Y ella le respondió: Vé, hija mía.

Fue, pues, y llegando, espigó en el campo en pos de los segadores; y aconteció que aquella parte del campo era de Booz, el cual era de la familia de Elimelec.

Y he aquí que Booz vino de Belén, y dijo a los segadores: Jehová sea con vosotros. Y ellos respondieron: Jehová te bendiga.

Y Booz dijo a su criado el mayordomo de los segadores: ¿De quién es esta joven?

Y el criado, mayordomo de los segadores, respondió y dijo: Es la joven moabita que volvió con Noemí de los campos de Moab;

y ha dicho: Te ruego que me dejes recoger y juntar tras los segadores entre las gavillas. Entró, pues, y está desde por la mañana hasta ahora, sin descansar ni aun por un momento.

Entonces Booz dijo a Rut: Oye, hija mía, no vayas a espigar a otro campo, ni pases de aquí; y aquí estarás junto a mis criadas”.

Aquí la vemos a ella trabajando; y luego regresó a la casa de Noemí. Vamos a ver dónde… verso 15 en adelante (para no leer mucho), dice:

“Luego se levantó para espigar. Y Booz mandó a sus criados, diciendo: que recoja también espigas entre las gavillas, y no la avergoncéis;

y dejaréis también caer para ella algo de los manojos, y lo dejaréis para que lo recoja, y no la reprendáis.

Espigó, pues, en el campo hasta la noche, y desgranó lo que había recogido, y fue como un efa de cebada.

Y lo tomó, y se fue a la ciudad; y su suegra vio lo que había recogido. Sacó también luego lo que le había sobrado después de haber quedado saciada, y se lo dio.

Y le dijo su suegra: ¿Dónde has espigado hoy? ¿y dónde has trabajado? Bendito sea el que te ha reconocido.

Y contó ella a su suegra con quién había trabajado, y dijo: El nombre del varón con quien hoy he trabajado es Booz.

Y dijo Noemí a su nuera: Sea él bendito de Jehová, pues que no ha rehusado a los vivos la benevolencia que tuvo para con los que han muerto. Después le dijo Noemí: Nuestro pariente es aquel varón, y uno de los que pueden redimirnos.

Y Rut la moabita dijo: Además de esto me ha dicho: Júntate con mis criadas, hasta que hayan acabado toda mi siega.

Y Noemí respondió a Rut su nuera: Mejor es, hija mía, que salgas con sus criadas, y que no te encuentren en otro campo.

Estuvo, pues, junto con las criadas de Booz espigando, hasta que se acabó la siega de la cebada y la del trigo; y vivía con su suegra”.

Aquí podemos ver a Rut trabajando en el campo de Booz.

Rut representa a la Iglesia del Señor Jesucristo, la cual ha estado trabajando de etapa en etapa, de edad en edad, ¿en qué campo? En el campo de nuestro Pariente Redentor, en el campo de nuestro Señor Jesucristo.

Capítulo 3:

“Después le dijo su suegra Noemí: Hija mía, ¿no he de buscar hogar para ti, para que te vaya bien?

¿No es Booz nuestro pariente, con cuyas criadas tú has estado? He aquí que él avienta esta noche la parva de las cebadas.

Te lavarás, pues, y te ungirás, y vistiéndote tus vestidos, irás a la era; mas no te darás a conocer al varón hasta que él haya acabado de comer y de beber.

Y cuando él se acueste, notarás el lugar donde se acuesta, e irás y descubrirás sus pies, y te acostarás allí; y él te dirá lo que hayas de hacer.

Y ella respondió: Haré todo lo que tú me mandes.

Descendió, pues, a la era, e hizo todo lo que su suegra le había mandado.

Y cuando Booz hubo comido y bebido, y su corazón estuvo contento, se retiró a dormir a un lado del montón. Entonces ella vino calladamente, y le descubrió los pies y se acostó.

Y aconteció que a la medianoche se estremeció aquel hombre, y se volvió; y he aquí, una mujer estaba acostada a sus pies.

Entonces él dijo: ¿Quién eres? Y ella respondió: Yo soy Rut tu sierva; extiende el borde de tu capa sobre tu sierva, por cuanto eres pariente cercano.

Y él dijo: Bendita seas tú de Jehová, hija mía; has hecho mejor tu postrera bondad que la primera, no yendo en busca de los jóvenes, sean pobres o ricos.

Ahora pues, no temas, hija mía; yo haré contigo lo que tú digas, pues toda la gente de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa.

Y ahora, aunque es cierto que yo soy pariente cercano, con todo eso hay pariente más cercano que yo.

Pasa aquí la noche, y cuando sea de día, si él te redimiere, bien, redímate; mas si él no te quisiere redimir, yo te redimiré, vive Jehová. Descansa, pues, hasta la mañana”.

“Descansa, pues, hasta la mañana”.

Aquí podemos ver tanto el caso de redención para cada persona como individuo, como también para el Cuerpo Místico de Cristo.

Encontramos que Cristo ha llevado a cabo Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario, y ha redimido nuestras almas; y por medio de creer en Jesucristo como nuestro Salvador, y lavar nuestros pecados en la Sangre de Jesucristo, y recibir Su Espíritu Santo, Él ha producido en nosotros como individuos la redención; y nos ha dado un espíritu teofánico a cada uno de nosotros, y nos ha colocado en el Reino de Dios, en Su Iglesia; Su Iglesia, el Cuerpo Místico, que, como Cuerpo Místico, en el Día Postrero recibirá la redención del cuerpo, en donde obtendremos un cuerpo eterno y glorioso.

Ahora, vean cómo se ha llevado a cabo la redención de nuestra alma, y Él nos ha colocado ¿dónde? Nos ha colocado donde Él había colocado a Adán antes de Adán venir a la Tierra; y nos ha colocado ¿dónde? En el lugar donde Jesucristo estaba antes de venir en carne a la Tierra: nos ha colocado en la sexta dimensión, porque nos ha dado un cuerpo teofánico de la sexta dimensión.

Y ahora, vean ustedes, estamos… Aunque nuestro cuerpo físico es de aquí de la Tierra y estamos usando este cuerpo físico, pero Él nos ha dado un espíritu teofánico de la sexta dimensión. Y ese es el lugar donde antes de venir a la Tierra teníamos nosotros que estar, pero por causa de la caída en el Huerto del Edén, encontramos que el ser humano, de la caída en adelante, ha estado viniendo a este mundo caído, y por consiguiente ha estado viniendo a un mundo que está esclavizado por el diablo; está como el pueblo hebreo estaba en Egipto.

Y ahora, encontramos que estando nosotros en Cristo desde antes de la fundación del mundo, estando nosotros en Dios desde antes de la fundación del mundo, y luego nosotros pasando de la séptima dimensión (donde estábamos en Dios como un atributo divino), pasamos a la sexta dimensión cuando Dios se hizo Su cuerpo teofánico; y allí estábamos en Cristo.

Porque Cristo es el Verbo; y Él, vean ustedes, estaba en la sexta dimensión. “Antes que Abraham fuera, yo soy”3, dijo nuestro amado Señor Jesucristo. Antes que Abraham, y aun antes que Adán también. “Por Él fueron hechas todas las cosas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho fue hecho. En Él estaba la Vida, y la Vida era la Luz de los hombres”4.

Y dice que aquella Luz verdadera que alumbra a todo hombre venía a este mundo5. ¿Y cómo venía este mundo? “Y aquel Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros”6. Esa era la forma en que venía la Luz del mundo, en que venía el Dios Todopoderoso, Creador de los Cielos y de la Tierra, el cual se hizo Su propio cuerpo teofánico y habitó también en la sexta dimensión; y desde ese cuerpo teofánico creó todas las cosas.

Y ahora, venía a este mundo el Verbo, que era con Dios y era Dios, y estaba en el principio con Dios. Ahora venía a este mundo, a esta dimensión terrenal, en forma humana.

Era la primera ocasión en que Dios visitaba la raza humana en toda Su plenitud en un cuerpo que Él creo; pues encontramos que Dios, al venir en toda Su plenitud en la persona de Jesús, estuvo visitando la raza humana, el mismo Dios Creador de los Cielos y de la Tierra.

Cuando le dicen a Jesús (Felipe le dice a Jesús): “Señor, muéstranos al Padre, y nos basta”. Cristo dice: “¿Tanto tiempo hace, Felipe, que estoy con vosotros, y todavía no me has conocido? ¿No sabes que yo estoy en el Padre, y el Padre está en mí (o viceversa); y el que me ha visto a mí, ha visto al Padre?”7. ¿Por qué? Porque el Padre estaba dentro de Su velo de carne aquí en la Tierra, llamado Jesús.

Encontramos que cuando Dios habló de la Venida del Mesías por medio del profeta Isaías, en el capítulo 7, verso 14, dijo: “He aquí el mismo Señor os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y se llamará Su nombre Emanuel (que traducido es: Dios con nosotros)8”. El hijo de la virgen María, Jesús, era nada menos que Emanuel: Dios con nosotros.

Y ahora, vean cómo Él se manifestó aquí en la Tierra, tuvo Su ministerio de tres años y medio cuando tenía unos 29 años y medio, hasta los 33 años; y cuando Él murió en la Cruz del Calvario, allí estábamos muriendo nosotros también; y cuando Él fue al infierno, estábamos nosotros con Él allí; y cuando Él resucitó, estábamos nosotros también resucitando con Él; y cuando Él ascendió al Cielo, estábamos nosotros también ascendiendo al Cielo.

Y ahora, vean ustedes cómo Cristo, siendo nuestro Pariente Redentor, Él es nuestro representante; estamos representados en Él. Y por eso es que cuando hemos aparecido aquí en este planeta Tierra, en un cuerpo mortal, corruptible y temporal, y hemos obtenido un espíritu del mundo, se requiere que nuestra alma tenga un nuevo nacimiento.

Porque en la forma en que nació en esta Tierra: en un cuerpo de carne que ha venido por medio de una unión de un hombre y de una mujer, en medio de una raza caída; y también al recibir el espíritu del mundo, hemos venido a una raza que está en esclavitud. Hemos aparecido manifestados aquí como esclavos, pero nuestra alma no es descendiente de esclavos: es descendiente de Dios; pero hemos obtenido un cuerpo y un espíritu del mundo descendiente de esclavos.

Y por eso los hijos e hijas de Dios, hijos e hijas de Dios en el alma, vean ustedes, al venir en esa forma a la Tierra, Cristo dice que necesitan nacer de nuevo, nacer en la forma correcta, nacer en la forma con vida eterna; y se requiere nacer del Agua y del Espíritu9. Y por eso se requiere que la persona, que cada alma de Dios que está en un cuerpo mortal, corruptible, y que tiene un espíritu del mundo, oiga la Voz de Cristo y obtenga el nuevo nacimiento, el nacimiento correcto, para vivir eternamente.

Y cuando la persona escucha la predicación del Evangelio (en donde escucha que Cristo llevó nuestros pecados y murió allí en la Cruz del Calvario, y pagó el precio de nuestra salvación, y ahora tenemos nosotros derecho a vida eterna si nacemos de nuevo): toda persona quiere vida eterna, toda persona quiere vivir eternamente; y toda alma de Dios, por cuanto ha venido de la eternidad, quiere regresar a la vida eterna.

Y ahora regresará a la vida eterna conforme al Programa de Redención; para el cual Cristo murió en la Cruz del Calvario en Su Primera Venida (ese fue el propósito de Su Primera Venida), y pagó el precio de la Redención; y ha llevado al Cielo, al Templo que está en el Cielo, al Lugar Santísimo, Su Sangre; y ha estado ministrando allí como Sacerdote según el Orden de Melquisedec; porque Él es el Melquisedec que le apareció a Abraham10.

Y ahora, Él ha estado haciendo intercesión en el Cielo hasta que el último de los escogidos de Dios entre al Cuerpo Místico de Cristo. Y se entra al Cuerpo Místico de Cristo creyendo en Cristo como nuestro Salvador, y lavando nuestros pecados en la Sangre de Jesucristo, el Cordero de Dios, y recibiendo Su Espíritu Santo; y así entramos al Cuerpo Místico de Cristo.

Y cuando entre el último, ya Cristo se retira del Lugar de Intercesión y se convierte en el León de la tribu de Judá, para hacer el reclamo de todo lo que Él redimió con Su Sangre preciosa.

Y ahora, vean ustedes que con Su Sacrificio en la Cruz del Calvario en Su Primera Venida, Él realiza la Obra de Redención, para que podamos obtener el nuevo cuerpo teofánico, el que debimos haber obtenido si no ocurre la caída del ser humano en el Huerto del Edén.

Antes de venir a esta Tierra teníamos que ir a la sexta dimensión, allí, Cristo darnos un cuerpo teofánico allí, y vivir una temporada allí, que no sabemos cuántos años serían. Y luego de eso… no sabemos si segundos, días, meses, años o milenios; y luego de eso (de estar allí), venir a la Tierra en un cuerpo físico creado por Dios, creado por Jesucristo, como le fue creado un cuerpo físico a Adán.

Ahora, miren el orden para venir con vida eterna a esta Tierra. Y ahora, ese es el orden que Cristo está realizando en favor de cada uno de nosotros.

Y nos está llevando primero a la sexta dimensión: al creer en Cristo como nuestro Salvador, lavar nuestros pecados y recibir Su Espíritu Santo; y así es como recibimos el espíritu teofánico de la sexta dimensión, llamado también: “el Ángel de Jehová, que acampa en derredor de los que le temen y los defiende”11. O sea que su espíritu teofánico lo defiende a usted, y el espíritu teofánico mío me defiende a mí. Y ahora, vean, es llamado el Ángel de Jehová.

Cuando San Pedro estuvo preso, y Cristo lo libertó12, y fue San Pedro directo a la casa donde estaban orando por él, tocó a la puerta; y una joven llamada Rode (escuchaba a Pedro tocando a la puerta) fue…; y no sabemos cómo fue que supo que era Pedro, quizás tuvo una ventanita a la puerta, la cual abren.

En casi todos los países de la América Latina tienen eso, porque no se le puede abrir la puerta a todo el mundo. Se abre la pequeñita primero, para ver si se puede abrir la puerta grande (no vaya a ser que sea un ladrón, y uno le abra la puerta grande, y entre por la puerta grande como dueño de la casa, y le haga una mudanza fuera de tiempo a la persona, o le lleve las cosas más valiosas).

Así que probablemente Rode abrió una ventanita así, por donde se mira primero, y vio que era Pedro; y de gozo no abrió la puerta grande; y fue a la sala, o al lugar donde estaban orando, y le dice a la gente: “¡Es Pedro!”; pues estaban orando por Pedro para que Dios lo liberara, lo libertara, no lo fueran a matar.

Y ahora, Dios lo libertó, y está tocando la puerta, y Rode dice que es Pedro; y ellos le dicen: “No es Pedro, es su ángel”13.

O sea, cuando dicen: “Es su ángel”, probablemente pensaron: “Ya mataron a Pedro, y ha venido en su cuerpo teofánico a visitarnos”, como puede suceder con las personas que mueren.

Para aquel tiempo encontramos que el pueblo tenía sus conocimientos acerca del ángel que cada hijo de Dios tiene. Vean, ellos al decir: “Es su ángel”, ellos entonces sabían que cada creyente, cada cristiano, tiene un ángel, que es un cuerpo teofánico de la sexta dimensión.

Cuando el reverendo William Marrion Branham fue al Paraíso antes de irse definitivamente, los visitó en el Paraíso; y todos estaban en cuerpos, pero de otra dimensión: de la sexta dimensión14.

Y nuestro hermano Branham estuvo también allí en ese cuerpo de la sexta dimensión, que es el cuerpo que se recibe cuando la persona cree en Cristo como su Salvador y recibe el Espíritu de Cristo; ese es el cuerpo teofánico que la persona recibe, ese es el Ángel de Jehová que acampa en derredor de los que le temen, y los defiende.

Y allí en el Paraíso ni se come, ni se duerme, ni se cansan las personas; pero ellos están deseosos por regresar a la Tierra, y tener un cuerpo físico en el cual puedan entrar con su cuerpo teofánico.

Y ahora, vean ustedes, por cuanto las personas (al creer en Cristo como su Salvador y recibir Su Espíritu Santo) han aceptado la redención de Cristo; y entonces se hace efectiva la redención en la persona.

Y la persona, miren ustedes, tiene que ir, tiene que obtener el espíritu de la sexta dimensión, o sea que tiene que ir a la sexta dimensión. Cuando nace de nuevo, pues está en la sexta dimensión espiritualmente, su espíritu teofánico es de la sexta dimensión. O sea que un cristiano está en el Cielo, en la sexta dimensión, y también está en la Tierra en el cuerpo físico.

¿No habló Cristo también, diciendo15: “Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo”, y estaba en la Tierra? ¿Cómo se podía entender eso? Vean, en cuanto a la parte física pues está aquí en la Tierra, pero en cuanto a la parte interior pues pertenece al Cielo.

Ahora, cada hijo de Dios, vean ustedes, recibe la redención de su alma, por lo tanto, recibe un espíritu teofánico para su alma; y ese espíritu teofánico es un cuerpo de la sexta dimensión, parecido al cuerpo que nosotros tenemos acá, al cuerpo físico, pero de otra dimensión; y ya esa persona es un ciudadano de la sexta dimensión, del Cielo, y esa persona tiene su nombre escrito en el Cielo.

Y ahora, esa persona necesita un cuerpo nuevo, porque este cuerpo que tenemos vino por medio de la unión de un hombre y de una mujer; por lo tanto, vino en la forma incorrecta, por eso no tiene vida eterna el cuerpo físico.

Ahora, la Obra que Cristo realizó en la Cruz del Calvario pagó el precio de nuestra redención, y nosotros tenemos derecho a un cuerpo físico y eterno, y que sea joven, representando de 18 a 21 años de edad. Todos los escogidos de Dios tienen derecho a ese cuerpo; y en el Día de la Redención…

Y ahora, vean ustedes, San Pablo nos habló que hemos sido sellados con el Espíritu Santo de la promesa para el Día de la Redención. Pero ¿ya no se llevó a cabo la Redención? Cristo llevó a cabo la Redención; y ahora Él nos daría un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, el cual recibimos cuando creímos en Él como nuestro Salvador y recibimos Su Espíritu Santo; y en el Día de la Redención, que es el Día Postrero, que es el séptimo milenio, Él nos dará el otro cuerpo: el cuerpo eterno. Y así se cumplirá la promesa dada aquí en Efesios, capítulo 1 y versos 13 al 14, donde dice:

“En él también (o sea, en Cristo) vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,

que es las arras de nuestra herencia (o sea, la primera parte o pronto pago) hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria”.

Ahora vean, ya tenemos la primer parte: tenemos el cuerpo teofánico de la sexta dimensión.

Y ahora, en Romanos, capítulo 8, versos 19 en adelante, dice:

“Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios (la manifestación de los hijos de Dios con cuerpos eternos)”.

Porque, aunque estamos manifestados aquí en la Tierra, estamos manifestados en un cuerpo mortal, corruptible y temporal, que se enferma, que se pone viejo, y que después se muere o de edad avanzada o de alguna enfermedad o de algún accidente. Hemos estado manifestados en la Tierra como esclavos y como siervos; pero seremos manifestados como hijos e hijas de Dios.

Ahora, ya estamos manifestados como hijos e hijas de Dios en la sexta dimensión; por eso nos dice la Escritura que estamos sentados (¿dónde?) en lugares celestiales; estamos sentados en lugares celestiales, nos dice Efesios, capítulo 1, verso 3 en adelante; dice:

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,

según nos escogió en él (¿dónde fuimos escogidos? En Cristo) antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,

en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad…”.

Ahora, hemos sido predestinados para ser (¿qué?) adoptados hijos Suyos por medio de Jesucristo, por medio del segundo Adán. Por medio de Jesucristo somos adoptados; y esta adopción es para ser manifestada en este Día Postrero, en donde seremos transformados y tendremos el cuerpo nuevo.

Vamos a continuar leyendo en Romanos, capítulo 8; pasamos al verso 20. Vean, habíamos leído [verso 19]:

“Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.

Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza;

porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios”.

¿Ven? “A la libertad gloriosa de los hijos de Dios”. Seremos libertados también físicamente. Porque estando en estos cuerpos mortales estamos físicamente en la misma situación del resto del mundo: viviendo aquí como esclavos, luchando y trabajando como esclavos, porque el diablo ha esclavizado a la raza humana; y vean, y están esclavizados los seres humanos aquí en la Tierra, y no tienen tiempo ni siquiera para respirar bien en la vida. Hay países que tienen que tener hasta dos trabajos para poder tener suficiente dinero para cubrir los gastos de sus familias.

Y ahora, vean ustedes, se lucha y se trabaja, y se lucha y se trabaja; y al final se muere la persona. Y eso le ocurre al rico y al pobre también; ni se puede escapar el rico ni el pobre.

Y Cristo dice: “¿Y de qué le vale al hombre si granjeare todo el mundo, y pierde su alma?”16. Si, para colmo, pierde su alma, ¿de qué le valió vivir en esta Tierra?

Se requiere que el ser humano reconozca, entienda, el Programa de Redención, para que sepa que hay vida eterna para todos aquellos que reciben a Cristo como su Salvador y entren al Programa de Redención; y lo primero que obtienen es la redención espiritual, y obtienen el nuevo nacimiento, y obtienen su cuerpo teofánico de la sexta dimensión, y son colocados en lugares celestiales en Cristo Jesús.

Y luego, en el Día Postrero, el Día de la Redención, el día en que seremos regresados a un cuerpo con vida eterna, todos nosotros que vivimos en este Día Postrero, vean ustedes, tenemos esa esperanza.

Y todo ser humano debe comprender esto para que no viva en la Tierra sin entendimiento, no viva en la Tierra como los animales: que no saben de dónde han venido, dónde están y hacia dónde van; sino que viva con el entendimiento de lo que Dios nos enseña en Su Palabra, y tenga una esperanza de una vida mejor, y eterna, con nuestro Señor Jesucristo, en el Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.

Ahora, cuando se vive aquí en la Tierra, se está viviendo en el reino del diablo, porque el diablo tomó todos los reinos del mundo cuando hizo caer al ser humano allá en el Huerto del Edén. Por lo tanto, él ha estado gobernando el mundo entero, él ha estado, todos estos miles de años, gobernando a la raza humana, esclavizando a la raza humana. Por eso es que Cristo dijo que el diablo es el príncipe de este mundo; y si Cristo lo dijo, así es17.

Pero miren lo que dice por aquí (luego continuamos con Romanos, capítulo 8). Miren lo que dice aquí: Apocalipsis, capítulo 11, verso 15 en adelante, dice:

“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo…”.

Y si “han venido a ser”, pues primero no lo eran. La Escritura dice, acerca del diablo, que ha engañado el mundo, ¿ven? Ha tenido engañado al mundo el diablo, el príncipe de este mundo18. Pero los reinos del mundo, dice en Apocalipsis 11, verso 15 en adelante:

“… han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo (de Su Ungido); y él reinará por los siglos de los siglos.

Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios,

diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado.

Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra.

Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo”.

¿Por qué hubo esto? Porque la Sangre de la Expiación de Cristo, cuando sale Cristo del Lugar de Intercesión, ya no queda Sangre allí; y por consiguiente, desde el Trono de Dios sale el juicio divino para la raza humana, el cual es revelado aquí en la Tierra.

Ahora, continuemos leyendo en Romanos, capítulo 8. Vamos a leer de nuevo el verso 21, donde dice:

“… porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios”.

Vean, será libertada de la esclavitud de corrupción. Aún el cuerpo que tenemos es un cuerpo que está en esclavitud, en cuanto a que es un cuerpo corruptible; y si no somos transformados antes que se le cumpla el tiempo de vida al cuerpo, este cuerpo muere y se corrompe; porque cuando el espíritu y el alma salen de la persona, es un cuerpo muerto de ahí en adelante el cuerpo físico; porque el cuerpo sin espíritu está muerto, así como la fe sin obras es muerta19.

Ahora, continuamos leyendo aquí, dice:

“Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora…”.

Esos terremotos, esos volcanes, y toda esta situación que vemos en la Tierra, en el planeta Tierra, y todas estas guerras y todo esto, son dolores de parto; porque está con dolores de parto para dar a luz una Tierra nueva para el glorioso Reino Milenial.

Y por medio de los volcanes la ceniza volcánica se extenderá hacia el aire y luego caerá, y renovará la Tierra. Y los lugares áridos, como los desiertos, vendrán a ser lugares fértiles donde se sembrará, y dice que el desierto florecerá20; esa es una promesa divina para el glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo.

Y ahora, también habrá lugares, naciones, que serán desaparecidas, quitadas de la Tierra. Esas son las que han estado en el reino de los gentiles, en sus diferentes etapas en la estatua que vio el rey Nabucodonosor21, y que han perseguido a los hebreos o a los cristianos. Y el juicio divino vendrá sobre ellas, sobre todos esos territorios; y desaparecerán muchas naciones y hasta continentes, bajo el juicio divino; porque dice que Él destruirá los que destruyen la Tierra.

Con diferentes cosas y en diferentes formas, los que destruyen la Tierra tienen la sentencia de ser destruidos. En Apocalipsis, capítulo 11, verso 15 en adelante, así da testimonio Dios para estas personas que destruyen la Tierra.

Ahora, no es solamente destruyendo árboles, o un árbol con alguna herramienta, sino con guerras y con muchas sustancias que afectan a toda la naturaleza; y sacándole del corazón de la Tierra, del centro de la Tierra, o de la tierra, sacando todo lo que tiene la tierra, lo cual necesita la Tierra para sostenerse.

Es como si a una persona un médico o alguna persona dice: “Déjame sacarte el hueso de tal sitio”, y viene otro y dice: “Déjame sacarte este otro hueso”. ¿Qué sucede? Pues la persona, pues se queda con carne, pero sin huesos; viene a ser como una gelatina: todo mongo22; y ya ni puede trabajar ni puede hacer nada.

Y eso es lo que le pasa a la Tierra: que le han sacado tantas cosas, le han sacado el hierro, le han sacado el petróleo, le han sacado el oro, le han sacado la plata, le han sacado un sinnúmero de cosas; el uranio, y un sinnúmero de cosas más para hacer equipos de guerras; cosas que la Tierra necesita.

Si un barco atómico o submarino atómico con ese combustible nuclear funciona tan bien, pero si le quitan ese combustible, ¿qué sucede? Pues deja de funcionar.

Y si le sacan a la Tierra todo eso que le da energía, todo eso que es radiactivo, que la Tierra lo necesita, pues la Tierra va perdiendo su fuerza; y ya donde sembraban una buena siembra de maíz, y si daba un buen maíz, ya si siembran y no le echan su abono, en la mayor parte de los países da trabajo para que lleve buen fruto; eso es por causa de todo esto que ha estado sucediendo. Y Dios dice que va a destruir los que destruyen la Tierra.

Ahora, yo no estoy en contra de ninguna de las cosas que están haciendo; no estoy en contra de que haya petróleo para que lo refinen y tengamos gasolina para los autos, porque yo tengo autos también; y nos movemos en autos y en aviones, y necesitan gasolina; pero Dios dice que va a destruir los que destruyen la Tierra. Y si Dios lo dice, Él lo va a hacer.

Ahora, ¿tendremos problemas nosotros cuando Dios haga eso? Ningún problema, porque para ese tiempo ya tendremos el nuevo cuerpo; ya tendremos el nuevo cuerpo, y ya no estaremos en un cuerpo de esclavo, que está sometido y está bajo ciertas leyes, que solamente puede vivir un tiempito; porque 70 a 100 años, eso es un tiempo tan y tan pequeño que, comparado con un milenio, miren, 100 años es una décima parte.

Como también lo que el ser humano usa de su cerebro (según la ciencia) es un 10%, y miren todo lo que ha logrado. ¿Cómo será cuando tengamos todos los hijos e hijas de Dios el cuerpo nuevo y el ciento por ciento funcionando? Ya no estará funcionando el cerebro del nuevo cuerpo un 10%, sino el ciento por ciento [100%], y con las dos consciencias juntas.

Porque la única forma en que puede funcionar ciento por ciento es con las dos consciencias juntas; porque el 10% es el que tiene el ser humano consciente, y el 90% está en el subconsciente.

Pero, ¿cómo le vamos a añadir al 10% algo más para tener más? Pues añadiéndole la otra consciencia: ahí le añadimos el 90%. Y eso será así en el nuevo cuerpo que todos hemos de tener; y seremos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Y ahora, vean que Jesucristo es el que hace toda la Obra de Redención y restaura al lugar original a Sus hijos: restaurándole el cuerpo teofánico cuando la persona cree en Cristo como su Salvador y recibe Su Espíritu Santo; y luego restaurándole el cuerpo eterno que cada uno de nosotros teníamos que tener al llegar a la Tierra, pero por causa de la caída tuvimos que tomar un cuerpo nacido a través de nuestros padres terrenales.

Y le damos gracias a Dios por nuestros padres terrenales: fueron instrumentos de Dios para proveer para nosotros este cuerpo terrenal que nosotros tenemos. Porque nosotros teníamos que estar aquí en la Tierra en el día en que nacimos; y como no podíamos obtener el cuerpo eterno, tuvimos que obtener el cuerpo corruptible, mortal y temporal, que nuestros padres terrenales nos dieron; pero fue Dios el que nos dio (por medio de ellos) ese cuerpo terrenal, fue Dios obrando en esa forma.

No crean que fue algo de la casualidad: fue Dios el que estuvo en todo ese asunto. Y cuando ese cuerpecito nació, Dios colocó allí el alma suya, el alma sin el cuerpo teofánico de la sexta dimensión, el alma (diríamos): el alma desnuda. Pero fue vestida nuestra alma con un espíritu del mundo y con un cuerpo terrenal; y fue creciendo ese cuerpo hasta que, si usted se mira en el espejo puede ver por dónde va.

Algunos todavía el cuerpo está pequeñito, otros ya está más grande, otros ya está a la altura máxima que podía llegar, y en otros está bajando… porque después de cierto tiempo, digamos, de los 60 a 70 años, el cuerpo comienza a bajar un poco. Por eso es que cuando ya están las personas bien ancianitas, ya se ven más chiquitas de lo que se veían antes, porque ya perdieron estatura.

Eso es porque hay un desgaste en la columna, por toda esta área; y al desgastarse eso, es como cuando usted tiene dos piezas aquí y coloca una junta aquí, digamos una junta ¿de qué podríamos decir? Una junta blandita… (¡de gelatina!). Coloca una junta de gelatina; y cuando lo coloca ahí usted ve que está alto eso, pero cuando sigue usted moviéndola y se sigue calentando eso, se va derritiendo; y cuando viene a ver, ya está esta pieza con la otra casi pegada; por lo tanto, está más bajito de lo que era antes cuando usted la vio al principio; así sucede.

Y si lo buscan 20 años después de haber muerto, más pequeño todavía lo encuentran; y si lo buscan 200 años, ni lo reconocen. Y ve eso tan pequeño que lo puede echar en un cajoncito pequeño, y dice: “¿Y eso era Fulano?”. No, eso no era Fulano, eso era el cuerpo donde vivió Fulano; él está en otra dimensión.

Si no era un creyente en Cristo, pues está en la quinta dimensión, en otro mundo donde la gente también vive pero sin cuerpo físico, sino en el espíritu del mundo que ellos tenían dentro del cuerpo físico; y se van en ese cuerpo para la quinta dimensión.

Cualquier persona puede decir: “Ah, pues entonces estoy bien, pues si me voy para la quinta dimensión, estoy bien”. La quinta dimensión es el infierno. Allí tiene que ir la persona si no ha recibido a Cristo como su Salvador, hasta que llegue la resurrección general, en donde Dios lo llamará, lo resucitará en el cuerpo que tenía cuando estuvo aquí en la Tierra, y se presentará ante el Trono Blanco para ser juzgado en el Juicio Final23.

Ahora, si la persona era un creyente en Cristo, esa persona tiene un cuerpo teofánico, y se va a la sexta dimensión (que es el Paraíso) en ese cuerpo teofánico, y vive allí feliz y tranquilo; ni tiene que trabajar, ni tiene que comer, ni tiene que dormir, ni le da sueño, ni le da hambre, ni tiene que trabajar allí; está en un cuerpo de otra dimensión. Está – fue jubilado o fue recesado un corto tiempo, en lo que se complete el número de los escogidos. Y luego los muertos en Cristo resucitarán en un nuevo cuerpo, y ahí tendrán la parte segunda de la redención: el nuevo cuerpo que Cristo ha prometido para cada uno de nosotros.

Cristo dijo en San Juan, capítulo 6, verso 40:

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

Ahí tenemos la promesa de la resurrección en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio, que es el Día del Señor; porque mil años… un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día, nos dice Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8, y el Salmo 90 y verso 4.

Y ahora, el Día Postrero es el séptimo milenio. Es para el séptimo milenio que la resurrección de los muertos en Cristo se llevará a cabo, porque ese es el Día de Redención, de la redención del cuerpo físico, en donde cada alma de Dios que ya recibió su cuerpo teofánico —si su cuerpo físico murió—, recibirá el cuerpo eterno en el Día Postrero; y así la segunda parte de la Obra de Redención, que es la de Cristo darnos un cuerpo físico eterno, será cumplida en cada uno de los creyentes en Cristo que han partido y están en el Paraíso esperando por esa resurrección; y nosotros los que vivimos, cuando los veamos resucitados, seremos transformados.

Y se cumplirá esa Obra de Redención, la redención del cuerpo, en donde los hijos de Dios volverán a tener un cuerpo eterno para vivir por toda la eternidad. Así como Cristo, encontramos que teniendo un cuerpo eterno dijo: “Nadie me quita la vida. Yo la pongo por Mí mismo para volverla a tomar”24.

Y para poder morir, para hacerse mortal, tuvo que tomar nuestros pecados, porque la paga del pecado es muerte25; pero hubo un propósito al tomar nuestros pecados. Él se hizo pecado. Él no pecó, sino que se hizo pecado al tomar nuestros pecados, morir; y así redimir nuestras almas para darnos vida eterna, dándonos el nuevo nacimiento, y en el nuevo nacimiento dándonos el cuerpo teofánico eterno.

Y luego nos dará, en este Día Postrero, en el Día de la Redención, en el séptimo milenio, que es el día en que nuestros cuerpos serán redimidos…: o sea, transformados los que vivimos, y de los que murieron, pues serán resucitados en cuerpos eternos; y así se cumplirá esta segunda parte de la Obra de Cristo, se cumplirá este segundo beneficio ganado por Cristo en la Cruz del Calvario para los escogidos de Dios, para esas almas de Dios que han venido de la séptima dimensión sin pasar por la sexta dimensión; pero estábamos representados en Cristo cuando Él estuvo en la sexta dimensión, y estábamos representados en Cristo cuando Él estuvo aquí en la Tierra y murió en la Cruz del Calvario.

Por lo tanto, teniendo a Cristo como nuestro Salvador, habiendo lavado nuestros pecados en la Sangre de Cristo y recibiendo Su Espíritu Santo, ya nosotros estamos con vida eterna, aunque nuestro cuerpo físico todavía no tiene vida eterna; porque este cuerpo no es el que recibirá vida eterna, sino el nuevo cuerpo.

Es un nuevo cuerpo, y por eso este será transformado (si está vivo cuando los muertos en Cristo resuciten); pero si muere nuestro cuerpo físico, no hemos perdido nada más que el cuerpo a través del cual nos manifestábamos en esta dimensión terrenal, pero regresaremos a la Tierra en un nuevo cuerpo. Y ya con el nuevo cuerpo no vamos a necesitar de las cosas que necesitamos teniendo este cuerpo físico.

Ahora, continuemos leyendo aquí lo que nos sigue diciendo San Pablo. Leemos el verso 23 del capítulo 8 de Romanos, que es el verso que va a continuación. Dice… vamos a ver… [verso 22]:

“Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;

y no sólo ella (o sea, no solamente la Tierra), sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu…”.

Nosotros que tenemos ¿qué? Las primicias del Espíritu, o sea que tenemos el Espíritu de Cristo, que tenemos el Espíritu teofánico de la sexta dimensión.

“… nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción…”.

Esperando ¿qué? La adopción, la adopción de hijos e hijas de Dios. Vamos a ver cuál es:

“… esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo”.

La redención de nuestro cuerpo es la adopción nuestra.

Cuando los muertos en Cristo resuciten en cuerpos eternos ya están adoptados como hijos e hijas de Dios; y ya tendrán todo el poder divino, todo ese poder que Cristo manifestó, y todo ese poder que Adán y Eva perdieron; y todos esos derechos que perdieron Adán y Eva los tendrán todos los hijos e hijas de Dios restaurados al tener el cuerpo eterno. Y nosotros los que vivimos, al verlos a ellos resucitados en cuerpos eternos, nosotros seremos transformados; y tendremos también el cuerpo eterno, y estaremos ya redimidos físicamente también.

Esto es para el Día de la Redención, que es el séptimo milenio, que es el Día Postrero, el cual, si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, ya estamos en el séptimo milenio, ya estamos en el Día de la Redención; el día en donde, en el caso de Rut con Booz, sería recompensada viniendo a ser la esposa de Booz; tipo y figura de la unión de Cristo con Su Iglesia, en donde seremos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo. Y estaremos como una sola Familia; y Cristo, nuestro hermano mayor, el principio de la Creación de Dios.

Hemos visto lo que es el Día de la Redención. No es que Cristo va a ser crucificado de nuevo, ni es que ha de suceder otra cosa, sino la transformación nuestra (de los que vivimos), y la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos eternos.

Y el Día de Redención es el Día Postrero, ese es el día de la redención del cuerpo, o sea, de la resurrección para los muertos en Cristo, y para la transformación de nosotros los que vivimos.

Hemos visto cómo fue manifestada la redención del pueblo hebreo. Como pueblo fue colocado de nuevo en el territorio donde había vivido Jacob, o sea, Israel, con sus hijos los patriarcas; y luego, al ser redimido el pueblo hebreo, fue adoptado como nación, como la nación primogénita, que tiene los derechos de la Primogenitura como nación.

Y los escogidos de Dios, como los primogénitos de Dios, al ser adoptados, teniendo la Bendición y el derecho de la Primogenitura, estarán con Cristo como reyes y sacerdotes en el glorioso Reino Milenial de Cristo y por toda la eternidad. Y todo el Reino de Cristo en la Tierra y en el universo completo tendrá que ver con los escogidos de Dios, que son reyes y sacerdotes con Cristo.

Así que vamos a dejar lo del universo, vamos a quedarnos aquí en la Tierra, porque hay mucho trabajo todavía aquí. Cuando se llene la Tierra y haya necesidad de algún otro lugar, miren hacia arriba en la noche y verán que hay muchos lugares.

O sea que no vamos a tener problema con sobrepoblación, no va a haber ningún problema; lo que sucede es que Dios no quiere que el ser humano vaya para otros lugares a vivir en una forma caída, porque según corrompe el planeta Tierra, corrompería todo el universo. Él quiere que el ser humano primero esté redimido, para que así pueda vivir por toda la eternidad y disfrutar todo lo que Dios tiene para toda la eternidad.

Así que todos esos planetas que hay por ahí arriba, todas esas constelaciones, todo ese universo, lo vamos a conocer muy bien, sin necesidad de telescopios; lo único que necesitamos es el cuerpo nuevo. Cuando lo tengamos no tendremos limitaciones, porque ya estaremos redimidos físicamente también, o sea, en el cuerpo físico, porque tendremos el nuevo cuerpo, el cuerpo eterno, en donde la redención del cuerpo estará cumplida.

Y esto es ¿para qué tiempo? Para el Día de Redención, que es el Día Postrero, el séptimo milenio para los seres humanos, que es para Dios el séptimo día delante de Dios, es el séptimo milenio para los seres humanos. No refiriéndome al séptimo día de la semana, sino a los días ante la presencia de Dios, que para los seres humanos son —cada día— mil años, y mil años nuestros solamente un día delante de Dios.

Rut, que es la Iglesia del Señor Jesucristo, vean ustedes, hizo su decisión…; ha estado pasando por diferentes etapas; y ahora se encuentra en el Día de la Redención.

Y cada uno de nosotros como individuos estamos esperando nuestra transformación, estamos esperando ser recompensados. Y esa es la recompensa de Cristo: para los que partieron, ser resucitados en cuerpos eternos; y para los que vivimos, ser transformados; y así estar unidos a Cristo, a imagen y semejanza de Cristo, y vivir por toda la eternidad.

Ahora todos estamos descansando como Rut estaba descansando, como le dijo Booz a Rut: “Descansa”. Y estamos descansando en las promesas divinas, descansando en esas promesas que serán cumplidas ¿a quiénes? A todos nosotros.

La evidencia es que recibimos el Espíritu de Cristo al creer en Cristo, y hemos recibido Su Mensaje del Día Postrero: el Mensaje de la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta; porque la evidencia de tener el Espíritu de Cristo es recibir el Mensaje de su edad.

Ahora, ¿quiénes serán los que serán transformados si están vivos cuando los muertos en Cristo resuciten? Pues los que tienen el Espíritu de Cristo y tienen el Mensaje de Cristo del Día Postrero y para el Día Postrero: el Mensaje de la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, que es el Mensaje del Evangelio del Reino, que revela, que contiene y que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Ahora, la Iglesia ha regresado a donde estaba antes de las siete edades de la Iglesia gentil; y ahora, cada hijo e hija de Dios regresará a como era antes de la caída.

Estamos viviendo en el tiempo más glorioso de todos los tiempos, estamos viviendo en el tiempo en que pronto habrá una resurrección de los muertos en Cristo y una transformación de nosotros los que vivimos. ¿Y para quiénes será esa transformación? ¡Para todos nosotros!

Tenemos la evidencia, que es tener el Espíritu de Cristo; y la evidencia de tener el Espíritu de Cristo es tener el Mensaje de la edad que corresponde al Día Postrero, al tiempo final. ¿Y cuál es el Mensaje que corresponde al séptimo milenio? Toda persona sabe que para el séptimo milenio el Mensaje correspondiente es el Mensaje del Evangelio del Reino; porque para el séptimo milenio es la Dispensación del Reino.

Y los escogidos de Dios en el Día Postrero tendrían el Mensaje del Evangelio del Reino y entrarían a la Dispensación del Reino, para recibir el nuevo cuerpo que Cristo ha prometido para Sus escogidos.

La Iglesia del Señor Jesucristo entra a la séptima dispensación: la Dispensación del Reino, en el Día Postrero, para recibir el nuevo cuerpo. Cristo dijo que sería ¿cuándo? En el Día Postrero: “Y yo le resucitaré en el Día Postrero”26.

La Iglesia del Señor Jesucristo ha entrado al Día Postrero, al séptimo milenio; y por consiguiente ha entrado a la Dispensación del Reino, con el Mensaje del Evangelio del Reino, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, en Su Obra de Reclamo, en donde Cristo reclama todo lo que Adán y Eva perdieron en el Huerto del Edén, lo reclama para Sus escogidos.

Y por eso seremos transformados nosotros los que vivimos. Y si alguno de los nuestros se va antes, pues regresará en el cuerpo eterno; y lo veremos, y nos dirá: “He regresado, ha ocurrido la resurrección”; o sea que nos va a visitar.

Así que no hay problemas para los que estamos vivos; y si alguno se va tampoco hay ningún problema. Y los que permanezcamos, aunque suframos aquí, serán los últimos sufrimientos en este cuerpo físico que nosotros tenemos. Y vean cómo dice San Pablo (ya para finalizar), dice en el verso 14 al 18, de Romanos, capítulo 8:

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios.

Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción (o sea, el cuerpo teofánico), por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”.

Ahora vean, con este espíritu teofánico, el espíritu de adopción, es que clamamos: “¡Abba, Padre!”; porque ya hemos nacido de nuevo, hemos nacido como hijos de Dios. O sea que una persona es un hijo de Dios ¿cuando qué? Cuando nace de nuevo, nace como un hijo de Dios; y entonces puede clamar a Dios como Padre, y Dios le contesta como Padre a Su hijo.

“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”.

¿Ven? Así que si padecemos con Él y por Él, vean ustedes, son los últimos sufrimientos que vamos a estar teniendo en este cuerpo terrenal, porque en el nuevo cuerpo no habrá sufrimientos.

“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse”.

Los sufrimientos que obtenemos o que recibimos en este cuerpo mortal, ni siquiera podemos compararlos con la bendición más pequeña que tengamos en el nuevo cuerpo; sería como un puntito de arena siendo visto desde el planeta Urano o Plutón (no sé si descubrieron otro más lejos últimamente) sin binoculares. Así que ver en la Tierra un granito de arena desde el planeta Plutón sin binoculares, usted dirá: “¡Algo imposible de ver!”; también así serán nuestros sufrimientos: imposible para verlos a causa de la gloria venidera que en el nuevo cuerpo va a ser manifestada; porque no habrá sufrimientos en ningún momento, Dios enjugará toda lágrima de nuestros ojos.

Así que vean ustedes lo que Dios ha prometido para todos Sus escogidos que han partido en el pasado y para los que viven en el tiempo presente. Y todo esto está envuelto en EL MISTERIO DE LA REDENCIÓN, todo está ligado a la Obra de Redención de nuestro amado Señor Jesucristo, en donde Él hizo provisión para el nuevo cuerpo que Él ha prometido para cada uno de nosotros.

Y sin el Título de Propiedad, el Libro de los Siete Sellos, no hay redención para el cuerpo; y lo vamos a dejar ahí quietecito.

Pero va a haber redención, porque el Título de Propiedad sí está prometido en la Escritura que regresará a la Tierra, y que lo tendrá la Iglesia del Señor Jesucristo.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes, dándoles testimonio de: “EL MISTERIO DE LA REDENCIÓN”.

Que las bendiciones de Jesucristo, nuestro Redentor, nuestro Booz, nuestro Pariente cercano y Pariente Redentor, sean sobre cada uno de ustedes, todas estas bendiciones de la redención sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también. Y pronto la parte de la redención del cuerpo sea convertida en una realidad en cada uno de ustedes y en mí también, y en los muertos en Cristo que están en el Paraíso. Y todos estemos juntos aquí en esta Tierra como una Familia gigante de millones de seres perfectos, a imagen y semejanza de Jesucristo, jovencitos todos, conforme a como Él ha prometido; y estemos aquí de 30 a 40 días, como ha sido prometido; y luego vayamos a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, en la Casa de nuestro Padre celestial. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Que Dios les bendiga y les guarde; y hasta mañana, Dios mediante, en la mañana, para ver el próximo tema que tendremos para mañana, que será: “EL MISTERIO DE LA SANGRE DE CRISTO”. Que Dios nos ayude.

Hoy me ayudó, en esta ocasión me ayudó. No encontraba yo cómo venir, cómo salir para estar con ustedes, hasta tener ciertas notas y esperar de parte de Dios. Disculpen ustedes que me tardé un poquito en venir para estar aquí con ustedes; pero no puedo salir si no tengo de parte de Dios, para ustedes, lo que ustedes han venido a buscar.

Así que oren mucho por mí para que mañana tenga tempranito todo, para que antes de Miguel hacer la presentación ya yo esté listo para pasar. O sea, esté listo. No que voy a pasar antes, sino que esté listo; y Miguel pues no tenga que estar abriendo allá la puerta y…; porque eso pues, ya saca a uno de… ya saca a uno del ambiente en que está; y uno, pues, ya entonces tiene que comenzar de nuevo; y no, pues… no conviene. Conviene pues uno estar listo para cuando llaman a uno.

Cuando no he podido, pues no he estado listo esperando algo de parte del Señor; pues he tenido que aguantarme un poquito. Pero yo espero que ustedes comprendan eso. Porque es mejor que venga con Palabra de parte del Señor aquí; y no que venga tempranito, llegue aquí temprano, pero sin nada. Ustedes pensarían entonces: “Pero, ¿para qué vino? Si no nos trajo el Alimento a tiempo que nos tiene que dar”.

Así que espero que ustedes comprendan esa partecita, y comprendan el por qué es que algunas veces ponen la música una vez, dos veces, tres veces, y todavía no salgo; es por esa causa.

Pero Dios me dio ese himno, ese cántico, y esa música, pues es para ustedes; así que le están dando buen uso. Mientras tanto, pues están escuchando Palabra que Dios me dio para esa ocasión, Palabra para ser hablada, en cántico, en lo que llego con el resto del Mensaje.

Bueno, que Dios les continúe bendiciendo, que Dios les guarde, y muchas gracias por vuestra amable atención. Y dejo con nosotros nuevamente a Miguel Bermúdez Marín para continuar.

Muchas gracias, y buenas noches.

“EL MISTERIO DE LA REDENCIÓN”.

[Revisión junio 2022]

1 Éxodo 4:22

2 Isaías 43:1

3 San Juan 8:58

4 San Juan 1:3-4

5 San Juan 1:9

6 San Juan 1:14

7 San Juan 14:8-10

8 San Mateo 1:23

9 San Juan 3:5

10 Génesis 14:18-20, Hebreos 7:1

11 Salmos 34:7

12 Hechos 12:1-11

13 Hechos 12:12-17

14 Los Sellos, pág. 317

15 San Juan 3:13

16 Mt. 16:26, Mr. 8:36, Lc. 9:25

17 San Juan 12:31, 14:30, 16:11

18 Apocalipsis 12:9

19 Santiago 2:26

20 Isaías 35:1

21 Daniel 2:1-45

22 mongo: débil [https://dle.rae.es/mongo – #2. P. Rico.]

23 Apocalipsis 20:11-15

24 San Juan 10:18

25 Romanos 6:23

26 San Juan 6:40, 6:44, 6:54

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