Conferencias

El misterio de la Palabra de bendición y juicio
Share on facebook
Share on twitter
Share on telegram
Share on whatsapp
Share on skype
Share on email
Share on print

Descargas

Traducciones

Reproducir vídeo

El misterio de la Palabra de bendición y juicio

Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes. Es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios.

Para lo cual quiero leer en el libro de Deuteronomio, capítulo 30, versos 11 al 20, donde dice Dios por medio del profeta Moisés:

“Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos.

No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá y nos lo hará oír para que lo cumplamos?

Ni está al otro lado del mar, para que digas: ¿Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oír, a fin de que lo cumplamos?

Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas.

Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal;

porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella.

Mas si tu corazón se apartare y no oyeres, y te dejares extraviar, y te inclinares a dioses ajenos y les sirvieres,

yo os protesto hoy que de cierto pereceréis; no prolongaréis vuestros días sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para entrar en posesión de ella.

A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia;

amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar”.

Nuestro tema para esta ocasión es: “EL MISTERIO DE LA PALABRA DE BENDICIÓN Y JUICIO”.

En este pasaje que hemos leído, hemos visto cómo Dios colocó delante del pueblo hebreo la bendición y la maldición; y tanto la bendición como la maldición estaba en esa Palabra que había sido hablada, y dependiendo de la actitud del pueblo frente a esa Palabra que le había sido dada sería el resultado que obtendría el pueblo hebreo: o recibiría la bendición si obedecía los preceptos divinos, o si se apartaba de la Palabra de Dios y se tomaba y se hacía ídolos, tomaba ídolos de las religiones paganas para adorarlos, vendría el juicio divino.

Ahora, podemos ver el por qué le vendría el bien o el mal al pueblo hebreo, el por qué se convertiría en ellos en una realidad la bendición o la maldición habladas por Dios por medio del profeta Moisés; el cual las escribió en ese cántico para que el pueblo hebreo recordara ese cántico de generación en generación, y así supieran el por qué les vendrían los males cuando estuvieran experimentando la maldición, y también supieran el por qué les vendrían los bienes, las bendiciones, cuando estuvieran experimentando la bendición divina al estar obedeciendo los preceptos divinos, la Palabra de Dios.

Ahora, podemos ver que esa Palabra divina, cuando es rechazada ¿qué ocasiona para el pueblo? Ocasiona que se materialicen los juicios divinos, las maldiciones divinas que están habladas en esa Palabra; y si el pueblo la recibe, y la persona como individuo la recibe, pues el resultado será que recibirá las bendiciones de Dios. Tan sencillo como eso.

Ahora, vean ustedes cómo el pueblo hebreo ha pasado de edad en edad y de dispensación en dispensación, y cómo el pueblo hebreo ha estado recibiendo, en algunas ocasiones bendiciones de Dios y en otras ocasiones ha estado recibiendo los juicios divinos. Y si examinamos el por qué, veremos a través de la Escritura que en los tiempos en que el pueblo hebreo se ha apartado de Dios y Su Programa, y ha servido a dioses ajenos, ha venido sobre el pueblo hebreo la maldición.

Pero cuando ha venido un rey temeroso de Dios, y ha guiado al pueblo hebreo hacia Dios, y ha estado en unión al mensajero, al profeta que Dios tiene para ese tiempo, no persiguiéndolo sino recibiéndolo y recibiendo Su Mensaje, el pueblo hebreo ha recibido la bendición de Dios.

Vean ustedes que tanto el rey como el profeta que Dios envía para cada tiempo tienen que estar de acuerdo; tiene que el profeta ser redimido por el rey de ese tiempo, para que así haya bendición de Dios en medio del pueblo de Dios.

En Zacarías, capítulo 7, verso 11 al 12, dice Dios por medio del profeta Zacarías:

“Pero no quisieron escuchar…”.

¿Ven? El pueblo hebreo no quiso escuchar, ¿qué no quiso escuchar? La Voz de Dios por medio de los profetas de Dios. Dice:

Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros…”.

¿Por medio de quiénes enviaba Su Palabra? Por medio de Su Espíritu a través de los profetas que Él enviaba.

Así que vean ustedes, la Palabra que Dios colocaba en la boca de Sus profetas, al no ser escuchada por el pueblo hebreo, venía gran enojo e ira de parte de Dios, y el juicio divino se derramaba sobre el pueblo hebreo.

Y por eso es que el pueblo hebreo ha tenido tantos problemas de generación en generación y de edad en edad y de dispensación en dispensación: porque no han querido escuchar la Voz de Dios por medio del Espíritu de Cristo, del Espíritu de Dios a través de los profetas de Dios.

Y ahora, vean cómo esto ha estado sucediendo; y Dios en los Salmos dice: “Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón, como hicieron vuestros padres allá en el desierto”1. Y ahora, en el libro de Efesios, ahí San Pablo dice (repitiendo esa Escritura): “Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón”. Y ahora, en otros lugares del Nuevo Testamento nos habla: “Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón”2.

Ahora, ¿cómo es posible que podamos escuchar la Voz de Dios, la Voz del Espíritu Santo, del Espíritu de Cristo, que estuvo en los profetas del Antiguo Testamento, como nos dice San Pedro en una de sus cartas?, pues él dice que el Espíritu que estaba en aquellos profetas era nada menos que el Espíritu de Cristo. Primera de Pedro, capítulo 1, verso 10 en adelante, dice:

“Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación,

escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos…”.

¿Qué espíritu era el que estaba en los profetas del Antiguo Testamento? El Espíritu de Cristo.

“… el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían (después) tras ellos.

A estos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles”.

Ahora, podemos ver cómo el Espíritu de Cristo estuvo en los profetas del Antiguo Testamento, y estuvo colocando ministerios en esos profetas (los cuales operó el mismo Espíritu Santo), y habló por medio de esos profetas al pueblo hebreo; pero el pueblo hebreo no quiso escuchar. Y encontramos que el pueblo hebreo ha estado sufriendo las consecuencias de no escuchar la Voz de Dios por medio de los profetas de Dios; porque las consecuencias son: el juicio divino.

Y ahora, en el Nuevo Testamento, el Espíritu de Cristo ha estado ungiendo hombres mensajeros de etapa en etapa, de edad en edad, y en medio de los gentiles ha estado hablando por medio de Sus siete ángeles mensajeros durante las siete edades que han transcurrido; y habló Jesucristo en Espíritu Santo por medio de San Pablo, pues Cristo ha estado en Su Iglesia de edad en edad manifestado, hablando por medio de Sus mensajeros de edad en edad.

Es la Voz de Cristo, la Voz del Espíritu Santo, hablándole a Su Iglesia y en Su Iglesia, y llamando y juntando a Sus escogidos de edad en edad. Y cada escogido de Dios en cada edad ha escuchado la Voz de Cristo, pues Cristo dijo: “El que es de Dios, la Voz de Dios oye”3, y “Mis ovejas oyen Mi Voz y me siguen”4; pues Cristo prometió estar llamando y juntando a Sus ovejas, como nos dice en San Juan, capítulo 10, verso 14 en adelante, diciéndonos:

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

También tengo otras ovejas que no son de este redil (o sea que son ovejas de entre los gentiles, no son del redil hebreo); aquellas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor”.

Oirán la Voz de Cristo las ovejas de entre los gentiles. Y la Voz de Cristo, vean ustedes la forma en que sería escuchada: de edad en edad; porque Cristo ascendió al Cielo y descendió en Espíritu Santo el Día de Pentecostés, y ha estado en medio de Su Iglesia (la cual nació el Día de Pentecostés), manifestado de edad en edad por medio de cada ángel mensajero de cada edad.

Y ha estado hablando, y ha estado llamando y juntando a Sus ovejas en cada edad, y ellas han estado escuchando la Voz de Cristo, la Voz del Buen Pastor en cada edad; y han estado siendo reunidas (¿dónde?) en el Redil del Señor, que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y Cristo le ha dado vida eterna a cada una de Sus ovejas de edad en edad, produciendo en ellas el nuevo nacimiento al creer en Cristo como nuestro Salvador, y lavar nuestros pecados en la Sangre de Jesucristo, y recibir Su Espíritu Santo. Así nos ha dado vida eterna Jesucristo, y nos ha colocado en Su Redil, pues la promesa es que Él nos dará vida eterna.

Y ahora, vean ustedes cómo Cristo, nuestro amado Salvador, de edad en edad ha estado en Espíritu Santo manifestado en cada ángel mensajero hablándole a Su pueblo, llamando y juntando a Sus ovejas; así ha estado el Buen Pastor de edad en edad.

“Y si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón, como hizo el pueblo hebreo allá en el desierto”. Ese es el mensaje o recomendación de Cristo para cada persona que vive en alguna de estas edades de la Iglesia del Señor: primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta, séptima u octava edad – o la octava edad: la Edad de la Piedra Angular.

Porque Cristo estaría hablando por medio de Sus ángeles mensajeros de edad en edad; y esa es la forma de escuchar la Voz de Cristo en la edad que a uno le toca vivir; ya sea en la primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta, séptima, o sea en la octava: la Edad de la Piedra Angular.

Y ahora, vean ustedes cómo Cristo ha estado llamando y juntando a Sus escogidos de edad en edad.

Y para el Día Postrero, vean ustedes, así como los creyentes de las edades pasadas escucharon la Voz de Cristo y recibieron la bendición de Dios en el tiempo que les tocó vivir, y ahora se encuentran en el Paraíso los escogidos de las edades pasadas, (aunque quedan algunos de la séptima edad todavía en la Tierra), encontramos que esas personas fueron bendecidas —los de las diferentes edades que escucharon la Voz de Cristo—. Ellos tienen la bendición de Dios, la recibieron, y permanecen ellos con la bendición de Dios; y resucitarán en cuerpos eternos, y vivirán eternamente en paz y en amor divino y felicidad con sus seres amados, que serán colocados en la Tierra con ellos para vivir eternamente.

Ahora, vean ustedes cómo la Voz de Cristo ha estado siendo escuchada de edad en edad. Y ahora hemos llegado al Día Postrero, y hemos visto a través de la historia de las siete edades, la cual fue hablada por Dios a través del precursor de la Segunda Venida de Cristo, podemos ver en la historia los que no escucharon la Voz de Cristo, la Voz de Dios, por medio de Sus mensajeros, y por consiguiente recibieron la maldición de Dios.

Y también podemos ver los que recibieron el Mensaje de Dios por medio del mensajero de cada edad, escucharon la Voz de Cristo por medio del mensajero de cada edad, escucharon la Voz del Espíritu Santo…; porque dice la Escritura en Apocalipsis, capítulo 2 y capítulo 3: “El que tiene oídos para oír, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”; porque el Espíritu estaba hablando de edad en edad por medio de los siete ángeles mensajeros de cada edad.

Y ahora para el Día Postrero también estaría hablando en la Edad de la Piedra Angular: por medio de Su Ángel Mensajero. Y la bendición y la maldición está delante de todo ser humano. Los que no escuchan la Voz de Cristo, la Voz de Dios, por medio del mensajero que Él envía para ese tiempo, por consiguiente, cosecharán la maldición; y los que oyen la Voz de Cristo por medio del mensajero que Él envía, cosechan la bendición de Dios.

Así es como está la bendición y la maldición delante de todo ser humano colocada; para que cada persona: o reciba la bendición; o si no recibe la bendición, ¿qué recibe entonces? La maldición.

Ahora, colocándonos nosotros en nuestra edad, la Edad de la Piedra Angular, que es la Edad del Amor Divino: la Voz de Cristo por medio de Su Ángel Mensajero estará aquí en la Tierra, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta, con el Mensaje del Evangelio del Reino, y dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, como sucedieron las cosas correspondientes a las siete etapas o edades de la Iglesia gentil.

Y si oyes hoy Su Voz en la Edad de la Piedra Angular, la Voz de Cristo, la Voz del Espíritu Santo por medio de Su Ángel Mensajero: no endurezcas tu corazón; porque ahí, en la Voz de Cristo, está la bendición para cada uno de ustedes y para mí también.

Y para el que la rechace, pues ahí está la maldición y los juicios divinos, para caer sobre personas, naciones, pueblos y lenguas, y sobre todo grupo que rechace la Voz de Dios por medio de Su Ángel Mensajero en el Día Postrero, porque estará rechazando la Voz del Espíritu Santo hablando en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino.

Hemos visto: el misterio de la Palabra de bendición y de juicio.

Por eso es que por medio de la manifestación de Cristo a través de Su Ángel Mensajero en el Día Postrero estarán siendo habladas las bendiciones de Dios, y también los juicios divinos que han de venir sobre este planeta Tierra, sobre pueblos, naciones y lenguas que rechazaron la Voz de Cristo en la edad que les tocó, y ahora para el Día Postrero, para todos los que rechacen la Voz de Cristo por medio de Su Ángel Mensajero en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, en donde se derramará un juicio en toda su plenitud; o sea, se derramará el juicio de la gran tribulación sobre personas, pueblos, naciones, lenguas y reyes, conforme a como está prometido para la gran tribulación.

Y todo eso es hablado ¿dónde? En el Mensaje de Jesucristo correspondiente al Día Postrero; tanto los juicios divinos como las bendiciones divinas.

De estas bendiciones hablaron en el pasado los santos del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento, y también hablaron de las maldiciones y juicios divinos, los santos del Antiguo Testamento y también del Nuevo Testamento.

Y por eso en el Día Postrero, Jesucristo a través de Su Ángel Mensajero recoge todo lo que fue hablado de los juicios divinos que han de venir, y los recoge y los da a conocer en este Día Postrero en el Mensaje del Evangelio del Reino.

Y también toma, recoge, todas las bendiciones que han sido habladas para el Día Postrero, todas las promesas divinas de la Segunda Venida de Cristo y Sus bendiciones que Él traerá para el Día Postrero; recoge todas esas Escrituras y las abre a Su pueblo en este Día Postrero; y les da a conocer la bendición de Dios correspondiente a este Día Postrero para todos los escogidos de Dios que estarán escuchando la Voz del Buen Pastor, la Voz de Jesucristo nuestro amado Salvador, por medio de Su manifestación en carne humana en Su Ángel Mensajero, en la Edad de la Piedra Angular, en Su Ángel Mensajero de la Dispensación del Reino y de la Edad de la Piedra Angular.

Ese Ángel Mensajero es un profeta dispensacional que viene con el Mensaje del Evangelio del Reino, hablando las bendiciones divinas y también los juicios divinos; para ser materializados tanto los juicios divinos como las maldiciones divinas, en las personas que viven en este planeta Tierra.

De acuerdo a la posición asumida frente a la manifestación de Cristo por medio de Su Ángel Mensajero dando a conocer todas esas cosas que deben suceder pronto, es que cada persona recibirá; o recibirá las bendiciones o los juicios divinos, recibirá la bendición o la maldición. Está frente a todo ser humano la maldición y la bendición.

Cristo dijo: “El que oye Mi Palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el Día Postrero”. Dice:

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

Y en el capítulo 5… Eso fue capítulo 6, verso 40.

Capítulo 5, verso 24, dice [San Juan]:

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”.

Esa persona recibe la bendición de Dios.

Pero el que no escucha la Palabra ¿qué le sucede? Recibe el juicio divino, no sale de la muerte; porque solamente se puede salir de muerte (¿cómo?) escuchando la Voz de Cristo en la edad o dispensación en que la persona le toca vivir, y habiendo recibido a Cristo como nuestro Salvador, y lavando nuestros pecados en la Sangre del Cordero, de Jesucristo, y recibiendo Su Espíritu Santo; y así es como entramos a la vida eterna con la bendición de Dios.

Hemos visto este misterio de la bendición, de la Palabra de bendición y de juicio. Esa Palabra viene de otra dimensión, y es captada siempre por el mensajero de la edad o dispensación correspondiente a ese tiempo; porque la Palabra viene a los profetas de Dios: “Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos los profetas”. Amós, capítulo 3, verso 7.

Y Deuteronomio, capítulo 18, versos 15 al 19, nos dice la forma en que viene esa Palabra; porque toda Palabra divina tiene que venir por medio de un profeta, toda la revelación divina tiene que venir por medio de un profeta, del profeta correspondiente a ese tiempo que viene esa revelación.

Dice Deuteronomio, capítulo 18, verso 15 en adelante:

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis;

conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.

Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho.

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.

Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta”.

Ahora, podemos ver que cuando Dios envía un profeta, Él coloca Su Palabra en la boca de ese profeta y en el corazón de ese profeta. Ese profeta se come esa Palabra y luego profetiza todas estas cosas que Dios le ha revelado, las da a conocer al pueblo. Y así viene la Palabra de bendición para el pueblo, pero también viene la maldición siendo hablada para los que rechacen la Palabra de Dios correspondiente a esa edad o a esa dispensación.

Ahora, ¿dónde encontramos la Palabra de Dios, la Palabra de bendición para el pueblo? Pues en la boca del profeta que Él envía para el tiempo en que la persona está viviendo.

Si ustedes estuvieran viviendo en el tiempo del profeta Noé, la Palabra de bendición estaba en la boca de Noé; y también la Palabra de maldición, de juicio divino. Los que no quisieron escuchar la Voz de Dios por medio del profeta Noé: recibieron la maldición. Los que escucharon la Voz de Dios por medio del profeta Noé: entraron al arca y se salvaron.

Vean ustedes cómo la bendición y la maldición están ahí en la Palabra; el que la recibe, recibe la bendición; el que la rechaza, rechaza la maldición… o sea, recibe la maldición, el que rechaza la Palabra de Dios; y el que la recibe, recibe la bendición.

Ahora, podemos ver cómo funciona la Palabra de bendición y juicio. La Palabra de bendición y maldición vean la forma en que funciona: es una Palabra que viene de la sexta dimensión; es la Voz de Dios, la Voz de Cristo para cada edad y para cada dispensación; y es hallada esa Voz (la Voz de Cristo) en el mensajero correspondiente a ese tiempo.

Y de esa Palabra es que hay hambre y sed en toda la Tierra en este Día Postrero; porque Dios dijo por medio del profeta Amós, en el capítulo 8, verso 11 en adelante, que habrá hambre y sed, no hambre y sed de agua y pan, sino de oír la Palabra de Dios; oír la Palabra que sale de la boca de Dios, oír la Palabra que sale del profeta mensajero de Dios, del instrumento de Dios correspondiente al Día Postrero.

Y toda persona que no recibe esa Palabra, que no recibe ese Mensaje Final de Dios, estará padeciendo de hambre y sed; y estará buscando ser alimentado allá en su alma y en su espíritu, y buscará cualquier cosa para alimentarse. Pero solamente hay un verdadero Alimento de Dios; porque “no solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”.

“No solamente de pan vivirá el hombre (dijo Jesús), sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”5. ¿De dónde sacó Jesús esas palabras? Las sacó de Deuteronomio, capítulo 8, verso 3 al 4, donde Dios dice que “no solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”.

Ahora, podemos ver de dónde sale la Palabra de bendición para el pueblo; y también es hablado ahí el juicio divino, en esa Palabra que sale de la boca de Dios, del profeta mensajero que Dios envía para ese tiempo; porque los profetas son la boca de Dios para el tiempo en que Dios los envía, por eso coloca en la boca de esos profetas Su Palabra.

Y ahora, para el Día Postrero tenemos la promesa de la Venida de la Palabra, siendo hablada esa Palabra creadora; y está representada esa Palabra, ese Mensaje que vendrá para el Día Postrero, está representado en la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final, llamando y juntando a Sus escogidos en el Día Postrero, conforme a San Mateo, capítulo 24 y verso 31, donde dice: “Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos”.

Ese es el ministerio de Moisés y Elías, de los Dos Olivos, en el Día Postrero, llamando y juntando a los escogidos de Dios, ¿con qué? Con el Mensaje del Evangelio del Reino, con el Mensaje de la Trompeta del Evangelio, revelando el misterio del Séptimo Sello, revelando el misterio de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, en Su Obra de Reclamo.

Y ahora, ¿dónde encontraremos esa Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, que es la Voz de Cristo hablándonos en el Día Postrero? Pues en Apocalipsis, capítulo 1 y versos 10 al 11, nos dice Cristo con esa Voz de Trompeta…, vean ustedes cómo Juan hace esta descripción de su experiencia; dice:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor (o sea, estaba en el Día Postrero, que es el séptimo milenio), y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta…”.

Vean, el séptimo milenio es el Día del Señor, porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día, nos dice Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8, y el Salmo 90 y verso 4.

Y ahora, ¿qué sucedió en el Día del Señor? Dice:

“… oí detrás de mí una gran voz como de trompeta…”.

¿Qué escuchó? Una gran voz como de trompeta. (O una… Sí, una gran voz como de trompeta). No es una trompeta literal, sino una gran voz como de trompeta, la voz de alguna persona.

“… que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

¿Quién es el Alfa y Omega?, ¿quién es el primero y el último? Nuestro amado Señor Jesucristo. Es la Voz de Jesucristo en el Día Postrero, es la Voz de Jesucristo en el séptimo milenio, es la Voz de Jesucristo hablando por medio de Su Ángel Mensajero en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino.

¿Y qué hace Cristo hablando por medio de Su Ángel Mensajero?, ¿qué habla por medio de Su Ángel Mensajero? En Apocalipsis, capítulo 4 y verso 1, dice:

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas”.

Es la Voz de Cristo, es esa Voz de Trompeta por medio de Su Ángel Mensajero hablándonos en el Día Postrero, y diciéndonos: “Sube acá (¿a dónde? A la Edad de la Piedra Angular), y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”, después de estas que ya han sucedido en las siete etapas o edades de la Iglesia gentil.

La Voz de Cristo por medio de Su Ángel Mensajero es la que da a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en el Día Postrero. Esa es la Gran Voz de Trompeta, esa es la Trompeta Final, ese es el Mensaje del Evangelio del Reino, revelando todas estas cosas que deben suceder pronto, en el Día Postrero.

Por eso es que en Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, nos muestra que es por medio de Su Ángel Mensajero que son dadas a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; porque en Su Ángel Mensajero estará Jesucristo en Espíritu Santo manifestado, hablándole a Su Iglesia todas estas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino; así como estuvo Cristo en Espíritu Santo manifestado en cada ángel mensajero de cada edad de Su Iglesia gentil, hablándole a Su pueblo, a Su Iglesia, y llamando y juntando a Sus escogidos en cada edad, y dándoles a conocer las cosas que tenían que conocer ellos en aquel tiempo.

Y ahora, nos dice en Apocalipsis 22, verso 6:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel (¿a quién dice que Él ha enviado? A Su Ángel), para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿Para qué lo envía? Para mostrar a Sus siervos las cosas que deben suceder pronto. Lo envía aquí, en el Día Postrero, así como envió a Juan el apóstol para revelarle todas estas cosas en estos símbolos apocalípticos; ahora en el Día Postrero envía Su Ángel Mensajero a Su Iglesia en la Edad de la Piedra Angular, para darle a conocer estos símbolos correspondientes al Día Postrero, al séptimo milenio y a la Edad de la Piedra Angular.

Y darle a conocer así también todos los símbolos de la Segunda Venida de Cristo, o sea, todos esos símbolos que hablan de la Segunda Venida de Cristo; porque la Segunda Venida de Cristo está representada en todos esos símbolos correspondientes a la Segunda Venida de Cristo; pero no pueden ser entendidos sin que Cristo hable por medio de Su Ángel Mensajero todas estas cosas que deben suceder pronto, y nos muestre la Venida de Cristo en Espíritu Santo a la Edad de la Piedra Angular por medio de Su Ángel Mensajero, velándose y revelándose en y a través de Su Ángel Mensajero, y hablándonos por medio de Su Ángel Mensajero todas estas cosas que deben suceder pronto, en este Día Postrero.

Y ahora, hemos visto que es por medio de Su Ángel Mensajero que obtendríamos el conocimiento de todas estas cosas que deben suceder pronto; y hemos visto que ese Ángel Mensajero es el profeta de la Dispensación del Reino, predicando el Mensaje del Evangelio del Reino, que es el Mensaje de la Trompeta del Evangelio en este Día Postrero; y lo confirma nuevamente Jesús, diciendo en Apocalipsis 22, verso 16:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

¿A quién dice que Él ha enviado? A Su Ángel Mensajero.

Ese es el Enviado ungido con el Espíritu Santo para el Día Postrero, para la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, predicando el Mensaje del Evangelio del Reino en este tiempo final.

Ese es el que viene con la Trompeta del Evangelio del Reino revelando todas estas cosas que deben suceder pronto, en el séptimo milenio, y en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino.

Ese es el Ungido con el Espíritu Santo, con el Espíritu de Cristo.

Ese es el profeta mensajero en el cual Cristo viene manifestado en Espíritu Santo, dándonos a conocer por medio de Él todas estas cosas que deben suceder pronto.

Viene hablando por medio de Su Ángel Mensajero, así como el Espíritu de Cristo habló en el Antiguo Testamento por medio de Sus profetas, y en el Nuevo Testamento habló por Sus apóstoles y por Sus siete ángeles mensajeros; y ahora en el Día Postrero nos habla por medio de Su Ángel Mensajero, Jesucristo en Espíritu Santo.

Jesucristo en Espíritu Santo nos habla por medio de Su Ángel Mensajero en este tiempo final, en el séptimo milenio, en el Día Postrero; nos habla todas estas cosas que deben suceder pronto.

¿Dónde encontraríamos la Voz de Cristo hablándonos con la Trompeta del Evangelio del Reino y llamando y juntando a Sus escogidos en el Día Postrero? La encontraríamos en Su Ángel Mensajero, la Voz de Jesucristo.

¿Y en qué territorio? Así como hubo un territorio en el cual Cristo habló por medio de cada ángel mensajero…: Asia Menor fue el primero donde habló, por medio de San Pablo, para la primera edad de la Iglesia gentil; luego en Europa, en cinco edades, habló por medio de cinco mensajeros; y luego en Norteamérica habló por el reverendo William Branham.

Y luego, para la América Latina y el Caribe, le toca la bendición del Día Postrero; la bendición de escuchar la Voz de Cristo por medio de Su Ángel Mensajero dándonos a conocer todas esas cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final, en el séptimo milenio; y hablándonos en el idioma principal de los latinoamericanos y caribeños, que es el español.

Así que podemos ver aquí, en esta ocasión: “EL MISTERIO DE LA PALABRA DE BENDICIÓN Y DE JUICIO”. Siempre es la Voz de Cristo, la Voz de Dios, en cada edad y en cada dispensación.

Y ahora, en el Día Postrero, la Palabra de bendición y juicio, la Palabra de bendición y maldición, estaría presente en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino.

Es la Palabra, la Voz de Cristo, para Su pueblo en este Día Postrero, para traer la bendición de Dios, y por otro lado la maldición y juicio divino sobre el reino del anticristo.

La palabra de bendición. Y esa Palabra de bendición, vean ustedes, siempre ha venido velada en un profeta. Así fue en el pasado, en el Antiguo Testamento, así también fue en el Nuevo Testamento, en las edades de la Iglesia gentil; y toda Palabra prometida para el Día Postrero viene velada en carne humana en el Ángel Mensajero de Jesucristo.

Y de Él sale… Es en el Mensaje la revelación de esa Palabra que se ha velado en Él. O sea que viene sellada, la Palabra de Dios para el Día Postrero, en el Ángel Mensajero de Jesucristo. Y toda profecía prometida para el Día Postrero viene sellada en el Ángel Mensajero. Y a medida que va, Cristo por medio de Su Ángel Mensajero, dándonos a conocer todas estas cosas, van siendo abiertas estas cosas que corresponden al Día Postrero; y así obtenemos el conocimiento de todas estas cosas que deben suceder pronto.

Hemos visto dónde vendría la Palabra velada y revelada a través de carne humana: en el Ángel Mensajero del Señor Jesucristo. Ese es el misterio de la Palabra de bendición y maldición, la Palabra de bendición y juicio divino para la raza humana.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles a conocer: “EL MISTERIO DE LA PALABRA DE BENDICIÓN Y JUICIO” para el Día Postrero, y para la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino.

Y ahora, ¿dónde están los que estarían recibiendo la Palabra de bendición en este Día Postrero? Aquí estamos: presentes en la América Latina y el Caribe. Aquí en Honduras hay un grupo que está recibiendo la Palabra de bendición en este Día Postrero; y en toda la América Latina y el Caribe hay personas que están escuchando y recibiendo la Palabra de bendición para este Día Postrero, para este tiempo final, para el séptimo milenio, y Dispensación del Reino y Edad de la Piedra Angular.

Y así es como estamos recibiendo la Palabra de Jesucristo, la Voz de Jesucristo en nuestras almas, para que se materialicen las bendiciones que Él nos habla en este Día Postrero, se materialicen en cada uno de nosotros. Así como Abraham recibió la Palabra de bendición del hijo prometido6, y se materializó en él esa bendición, y tuvo el hijo prometido7.

Ahora, para la Iglesia del Señor Jesucristo, la Palabra de bendición del Hijo prometido para el Día Postrero, vean ustedes, es la Venida de Jesucristo en Espíritu Santo velado y revelado en carne humana en Su Ángel Mensajero, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Esa promesa fue hecha a la Iglesia del Señor Jesucristo; y la Iglesia del Señor Jesucristo recibió esa Palabra y la creyó; y por eso, para el Día Postrero se materializa esa promesa en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo. Es para la Iglesia del Señor Jesucristo que se materializa la promesa de la Venida de Cristo en Espíritu Santo a la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino.

Y con esa manifestación de Cristo, que va en forma progresiva hasta llegar a la plenitud de la manifestación de Cristo al final del Séptimo Sello o finalizando el Séptimo Sello, encontramos que la Iglesia del Señor Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes tiene el Sello del Dios vivo, tiene el Espíritu Santo manifestado en el Día Postrero en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino. Y cada escogido, vean ustedes, tiene las primicias del Espíritu; y pronto recibiremos la plenitud del Espíritu de Dios, y seremos transformados y raptados en este Día Postrero.

Así que adelante con la Palabra de bendición en este Día Postrero, amados amigos y hermanos presentes que me escuchan, y los que me escucharán a través de esta conferencia grabada en video.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre cada uno de ustedes, amados amigos y hermanos que están recibiendo la Palabra de bendición; se materialicen en cada uno de ustedes las bendiciones habladas en esa Palabra de bendición correspondiente a este Día Postrero, a la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, y todos seamos transformados y raptados, y vayamos a la Cena de las Bodas del Cordero. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Muchas gracias por vuestra amable atención, y continúen pasando una tarde llena de las bendiciones de Jesucristo.

Estaré con ustedes mañana nuevamente, en el lugar que está señalado para mañana, y a la hora señalada para mañana, y estaremos hablando sobre el tema: “La Palabra de Dios, alimento a su debido tiempo”.

Estaremos en el lugar de conferencias que les van a hacer saber dentro de algunos minutos. Esto será (vamos a ver): Salón Adriana, salida a Guasaule (¿es así?). Bueno, ya ustedes saben, allí estaremos mañana en los horarios que les estarán anunciando dentro de algunos minutos.

Ya casi todos saben los horarios que hemos de tener. No sé si todas las actividades… (¿no todas van a ser mañana allí?). Bueno, ya les van a dar a conocer cualquier detalle con relación a las actividades de mañana.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos, que Dios les guarde; y dejo con ustedes al ministro aquí, para continuar y finalizar (luego de los cánticos), finalizar esta maravillosa tarde de bendiciones, esta maravillosa tarde en donde Cristo nos ha bendecido con Su Palabra.

Que Dios les bendiga y les guarde; y muchas gracias por vuestra amable atención.

“EL MISTERIO DE LA PALABRA DE BENDICIÓN Y JUICIO”.

[Revisión agosto 2022]

1 Salmos 95:7-8

2 Hebreos 3:7-8, 3:15, 4:7

3 San Juan 8:47

4 San Juan 10:27

5 San Mateo 4:4, San Lucas 4:4

6 Génesis 15:2-5, 17:15-19, 18:9-14

7 Génesis 21:1-7

Ir arriba