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El misterio del alimento espiritual a su debido tiempo
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El misterio del alimento espiritual a su debido tiempo

Muy buenos días, amados amigos y hermanos presentes.

En esta ocasión quiero leer en Deuteronomio, capítulo 8, versos 1 en adelante, donde Dios habla del pueblo hebreo y el propósito de la trayectoria del pueblo hebreo por el desierto hasta llegar a la tierra prometida. Dice:

“Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres.

Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.

Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no solo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre”.

Para esta ocasión nuestro tema es: “EL MISTERIO DEL ALIMENTO ESPIRITUAL A SU DEBIDO TIEMPO”.

Así como el pueblo hebreo tuvo hambre durante su trayectoria a la tierra prometida por cuarenta años, y Dios le dio maná del cielo, y también le dio carne, codornices, y le dio agua de la roca, y sustentó Dios al pueblo hebreo por cuarenta años en su trayectoria a la tierra prometida…; y ahora todo ser humano en su trayectoria de la vida terrenal rumbo a la vida eterna, siente hambre y sed; y esa hambre y sed que siente, nos dice Dios por medio del profeta Amós, en el capítulo 8, verso 11 en adelante, dice que es hambre espiritual.

Vean hambre de qué es la que siente el ser humano cuando vive en esta Tierra. Dice:

“He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová”.

Todo ser humano ha sentido esa hambre allá en lo profundo de su alma. Así como hemos sentido el hambre acá en nuestro estómago (hambre por comida literal), hemos sentido hambre por comida espiritual en nuestra alma. Y la comida espiritual para el alma es la Palabra de Dios correspondiente al tiempo en que la persona está viviendo. Y así como alimentamos nuestro cuerpo, necesitamos alimentar nuestra alma.

¿Y qué sucede si no alimentamos nuestro cuerpo? Pues se va poniendo flaco, delgado, luego se enferma y después se muere. O sea que el que no alimenta su cuerpo físico, lo que le espera es la muerte física; y mientras le llega la muerte física, tiene una etapa muy difícil en ese cuerpo físico, porque es una etapa de debilidad, de enfermedad y de muchos problemas.

Y en lo espiritual, así también es con el alma del ser humano: si no alimenta su alma con la Palabra de Dios para el tiempo en que vive, la persona espiritualmente está débil, enfermiza, y la muerte espiritual es lo que viene a la persona.

Miren aquí las consecuencias de no alimentar el alma con la Palabra de Dios que corresponde al tiempo en que la persona está viviendo. Dice que habrá hambre, no hambre de pan ni sed de agua, sino de oír la Palabra de Dios, la Palabra de Jehová, o sea, el Mensaje de Dios que corresponde al tiempo en que la persona está viviendo. Dice:

“E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán”.

¿Por qué? Si no la hallan es porque no está en esa área; la están buscando en territorio (¿qué?) equivocado.

“En aquel tiempo las doncellas hermosas y los jóvenes desmayarán de sed (de sed espiritual)”.

Y cuando la persona no toma agua, ¿qué le sucede? Se va deshidratando y desmaya la persona. Dice: “Desmayarán de sed”.

Ahora, vean ustedes cómo ha desmayado la juventud y ha caído en los vicios, drogas, y todas estas cosas que le ha seguido a todos esos movimientos de los hippies y cosas así; jóvenes de buenas familias, de buenas posiciones también, han caído en esa situación. ¿Y todo esto por falta de qué? Del alimento espiritual para el alma de la persona; y han estado tratando de alimentar sus almas con otra cosa que no es la Palabra de Dios; y por eso han desmayado. Dice: “Las doncellas hermosas y los jóvenes desmayarán de sed”; y han caído en esos problemas de la juventud.

“Los que juran por el pecado de Samaria, y dicen: Por tu Dios, oh Dan, y: Por el camino de Beerseba, caerán, y nunca más se levantarán”.

Ahora vean por qué es que necesitamos la Palabra de Dios, que es el alimento espiritual para el alma de todo ser humano.

Cristo en una ocasión dijo: “No solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”1.

Encontramos que a través de la Escritura Dios ha hablado por medio de Sus profetas. El profeta Zacarías, en el capítulo 7 y verso 12, nos dice que esto ha sido de esta manera. Dice, capítulo 7, verso 11 al 12, dice:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oir;

y pusieron su corazón como diamante, para no oir la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos”.

Dios por medio de Su Espíritu, vean ustedes, a través de Sus profetas, ha estado hablándole a los seres humanos. Le habló al pueblo hebreo; y encontramos que el pueblo hebreo en la mayor parte de las ocasiones no quiso escuchar la Voz de Dios.

El apóstol San Pablo también nos dice, en el capítulo 1 y verso 1 al 3 de su carta a los Hebreos:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”.

Vean, Dios habló por medio de los profetas del Antiguo Testamento, luego habló por medio de Jesús, luego habló por medio de los apóstoles, luego habló por medio de los siete ángeles mensajeros. Es Dios en Espíritu Santo hablando por medio de Sus instrumentos. “Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas”, nos dice el profeta Amós en el capítulo 3 y verso 7.

Es por medio de los profetas que Dios envía, que Dios le habla al ser humano; y es por medio de los profetas que Dios envía, que viene el alimento espiritual para el alma de todo ser humano.

Y vean ustedes el por qué Cristo siempre decía… En una ocasión, por ejemplo, cuando una mujer escuchó a Jesucristo predicar, y había visto las señales que había hecho, dijo a Jesús, de en medio de la congregación, de en medio de la multitud, se levantó y dijo: “Bienaventurados los pechos que mamaste”. Jesús dijo: “Antes bienaventurados los que oyen la Palabra de Dios”2.

Porque lo importante es escuchar la Palabra de Dios, que es el alimento espiritual para nuestra alma. Cuando la escuchamos, la recibimos en nuestra alma: estamos alimentando nuestra alma; y por consiguiente estamos fortaleciendo nuestra alma; y por consiguiente todo nuestro ser será beneficiado.

Una persona con un alma toda débil o enfermiza espiritualmente, o muerta, ¿qué puede producir en esta vida? Problemas para su familia, para su comunidad y para su nación; viene a ser un estorbo público en esta Tierra.

Por eso es tan importante alimentar nuestra alma aun desde pequeñitos los niños, aun desde que están en el vientre de su madre; porque les podemos colocar la Palabra de Dios en grabaciones, en cintas magnetofónicas, para que la vayan escuchando ahí; para que así, cuando nazcan, ya tengan de parte de Dios la Palabra dentro; y luego, mientras van siendo criados, mantenerlos en la enseñanza de la Palabra de Dios, para que así produzcan buen fruto.

Vean que la tierra buena produjo buen fruto. La Palabra de Dios fue sembrada en la buena tierra y produjo fruto a treinta, a sesenta y a ciento por uno; pero la mala tierra no produjo buen fruto.

¿Y qué nos dice Dios por medio de San Pablo en su carta a los Hebreos, en el capítulo 6 y verso 7 en adelante? Dice:

“Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios”.

Y nosotros somos comparados con una buena tierra; para que la Palabra de Dios, que es sembrada en nosotros, produzca fruto en abundancia.

“… pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada”.

Esto es aplicado al individuo, a la persona como individuo. El árbol que no lleva buen fruto —dice la Escritura— será cortado y echado (¿dónde?) al fuego, en el fuego3. Y eso es lo que dice aquí:

… está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada”.

Ahora, la tierra, vean ustedes que representa al individuo y también representa naciones, pueblos y lenguas. Ahora, encontramos que para el tiempo final viene la bendición para los que han producido buen fruto, y miren la maldición para los que han producido mal fruto.

¿Cómo podemos producir buen fruto? Pues recibiendo la Palabra de Dios.

Y ahora, podemos ver que en el Programa Divino está que la vida que nosotros pasamos en este planeta Tierra la aprovechemos bien: escuchando la Voz de Cristo, la Voz de Dios, para que así sea sembrada en nuestra alma Su Palabra, Su alimento espiritual; sea colocado en nuestra alma, y seamos alimentados espiritualmente; y nuestra alma esté fuerte, fortalecida, bien alimentada, para servir a Dios y producir buenos frutos en esta vida; y así ser agradables a Dios, y así tener la promesa de una vida eterna con nuestro amado Señor Jesucristo.

Porque el árbol que lleva buen fruto será limpiado para que lleve más fruto4; pero el que lleva mal fruto será cortado y echado al fuego; así lo dijo Juan el Bautista y también lo dijo nuestro amado Señor Jesucristo. En San Mateo, capítulo 3, nos habla de esto, cuando Juan el Bautista predicando dice… Capítulo 3 y verso 10 en adelante, dice:

“Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles (estos árboles son seres humanos, tipificados en árboles); por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego.

Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero (el trigo son los hijos de Dios, los hijos del Reino), y quemará la paja en fuego que nunca se apagará”.

Ahora, vean ustedes que esta es una realidad que tenemos nosotros que enfrentar estando nosotros viviendo en esta Tierra, antes que se nos haga tarde y tengamos que enfrentarnos al resultado, al juicio divino, y después no haya forma de escapar de ese juicio divino.

Es importante, mientras estamos viviendo en esta Tierra, estar como buenos árboles en el Huerto de Dios, llevando buen fruto; y para eso tenemos que estar siendo alimentados como los árboles, siendo alimentados con el Agua de la Palabra de Dios, con ese alimento espiritual, para que produzcamos todos buen fruto en el Huerto de Dios, en el Reino de Dios.

Ahora, hemos visto que se requiere la Palabra de Dios.

¿Dónde encontraremos la Palabra de Dios para nuestro tiempo, ya que se requiere esa Palabra de Dios, que es el alimento espiritual para nuestra alma?

Dios por medio del profeta Moisés, en el capítulo 18 del libro de Deuteronomio, nos habló diciéndonos… En el capítulo 18, verso 15 en adelante, 15 al 19, dice:

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis”.

¿A quién dice Dios que el pueblo está llamado a escuchar? Al profeta que Dios envía. ¿Por qué? Porque ese viene con la Palabra de Dios, viene con el alimento espiritual para el alma de los seres humanos que viven en ese tiempo. Dice:

… conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb (o sea, el monte Sinaí) el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.

Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho.

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú (o sea, como Moisés); y pondré mis palabras en su boca (¿En dónde Dios coloca Sus palabras?, ¿dónde Dios coloca el alimento espiritual para el alma de los seres humanos? En la boca del profeta que Él envía), y él les hablará todo lo que yo le mandare”.

¿Qué hablará ese profeta? Todo lo que Dios le mande a hablar, lo cual coloca en la boca de ese profeta.

“Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta”.

O sea que por cuanto toda persona tiene el libre albedrío, puede escuchar o no escuchar; pero la recomendación divina es que escuche la Voz de Dios por medio de ese profeta enviado de Dios. Y el que insista y diga: “Yo no estoy interesado en escuchar”, Dios dice:

“Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta (tendrá que darle cuentas a Dios).

Y en el libro de los Hechos, capítulo 3, verso 22 al 23, citando San Pedro este pasaje, dice: “Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le desarraigaré del pueblo”. Pierde el derecho a la vida eterna, pierde el derecho a vivir eternamente; y es contado como un árbol malo, que no llevó buen fruto; porque no puede llevar buen fruto si no recibe la Palabra de Dios.

Ahora, hemos visto dónde es que podemos encontrar la Palabra de Dios, la Voz de Cristo: es en la boca, siempre, de un profeta. A través de toda la historia bíblica encontramos la Palabra de Dios, ¿dónde? En la boca de un profeta siempre.

Y miren ustedes, a través de los tiempos encontramos que Dios habló por medio de los profetas del Antiguo Testamento, luego habló por Jesús en toda su plenitud, luego habló por los apóstoles de Jesucristo, y luego encontramos que estos dos mil años que han transcurrido de Cristo y Sus apóstoles hacia acá, Cristo ha estado en Espíritu Santo hablando por medio de Sus siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil.

Vean ustedes, el primero fue San Pablo, y así por el estilo podemos ver los nombres de cada mensajero que Dios envió durante estos dos mil años que han transcurrido; y la Voz de Cristo estuvo en la boca de esos mensajeros de Dios; le habló al pueblo por medio de esos mensajeros, y se cumplió cada etapa o edad de la Iglesia gentil durante estos dos mil años que han transcurrido.

Y por eso es que en el libro del Apocalipsis encontramos, en el capítulo 2 y capítulo 3, que siempre que es dado el Mensaje de cada edad, al final vean lo que dice, al final dice: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”.

Lo que el Espíritu dijo a las iglesias, vean ustedes, lo dijo por medio de cada uno de estos mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil, todo lo que Dios tenía que decirle a Su Iglesia durante estas siete etapas o edades de Su Iglesia gentil.

Luego, ¿qué tendrá Dios que decir para este tiempo? Lo que Dios tiene que decir para este tiempo, lo dice (¿dónde?) a arriba, en la Edad de la Piedra Angular.

Este es un diagrama5 de la Iglesia del Señor Jesucristo; o sea, la Iglesia del Señor Jesucristo formada en esta forma de pirámide; porque a medida que van pasando los siglos se va poniendo más pequeño el grupo.

Ahora, vean ustedes, lo que Dios tiene para decir en este tiempo lo dice acá, en la Edad de la Piedra Angular; y por consiguiente tiene que tener Su boca ahí, Su mensajero ahí.

Y ahora, vamos a ver qué cosas Él estará diciendo en este Día Postrero. En Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11, dice:

“Yo estaba en el Espíritu (dice San Juan) en el día del Señor (el Día del Señor es el séptimo milenio), y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta…”.

Escuchó una Voz aquí. No una trompeta, sino una voz como de trompeta. ¿En qué tiempo? En el Día del Señor, que es el séptimo milenio, que es el Día Postrero; porque un día delante del Señor es para los seres humanos mil años, y mil años de los seres humanos es un día delante del Señor; así nos dice San Pedro en su segunda carta, capítulo 3 y verso 8, y también el profeta Moisés en el Salmo 90 y verso 4: “Porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día”.

Y ahora, cuando se nos habla en la Escritura de los días postreros, y San Pablo nos dice que Dios habló por medio de los profetas a los padres, al pueblo hebreo, y luego dice que “en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo”, o sea, por Jesucristo, y ya han transcurrido dos mil años…; y San Pablo está diciendo que Dios habló en los postreros días por medio de Jesucristo…: ¿Cómo se puede entender eso?, ¿y ya han transcurrido dos mil años?

Porque los postreros días delante de Dios, para los seres humanos son tres milenios, los tres milenios postreros; son el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio. Y cuando Jesús tenía de 4 a 7 años de edad, comenzó el quinto milenio. Y siendo el quinto milenio el primero de los días postreros delante de Dios, ya habían comenzado entonces los días postreros en los días de Jesucristo; por eso San Pablo puede decir: “Dios ha hablado por Su Hijo en estos postreros días”.

Vean, no hay ninguna contradicción en que hayan pasado dos mil años, y San Pablo y San Pedro hayan dicho que aquellos eran los postreros días. Sí, eran los postreros días, habían comenzado, porque había comenzado el quinto milenio.

Y ahora, quinto milenio y sexto milenio son parte de los postreros días, y el séptimo milenio es el último de los postreros días delante de Dios. Si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, ya estamos en el séptimo milenio, y por consiguiente ya estamos en el Día Postrero, en el Día del Señor.

Y aquí, para el Día del Señor, para el Día Postrero, la Voz de Cristo será escuchada como una Gran Voz de Trompeta. O sea que la Voz de Cristo estará hablándonos un Mensaje dispensacional, el Mensaje del Evangelio del Reino; y con él estará dándonos a conocer todas las cosas que nosotros debemos conocer en este tiempo final, todas las cosas que deben suceder en este tiempo final, en este Día Postrero o séptimo milenio.

Y ahora, vean ustedes cómo nos dice… sigue diciéndonos aquí:

“… y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

¿Quién es el Alfa y Omega?, ¿quién es el primero y el último? Nuestro amado Señor Jesucristo. Es la Voz de Jesucristo en el Día Postrero, en el séptimo milenio, hablándole a Su pueblo, a Sus hijos. Y ahora veamos las cosas que estará dándonos a conocer, hablándonos, en el Día del Señor, en el séptimo milenio: En el capítulo 4, verso 1 en adelante, dice:

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo (aquí tenemos nuevamente la Voz de Trompeta, que es la Voz de Cristo), dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas”.

Ahora, ¿dónde vamos a subir? Vamos a subir aquí, a la Edad de la Piedra Angular. No es que vamos a tomar un avión o un cohete que nos lleve al cielo para ir allá al Trono de Dios, al Cielo, al Templo que está en el Cielo, para escuchar la Voz de Dios. Siempre la Voz de Dios ha estado aquí en la Tierra, en la boca de Sus profetas enviados.

Ahora veamos aquí. Subimos aquí, porque ya aquí no podemos subir; porque ya Dios estuvo aquí, Cristo estuvo aquí, hablando por medio de Sus siete ángeles mensajeros en el tiempo correspondiente al ministerio de esos mensajeros; y ya estas siete etapas terminaron en el Programa Divino; por lo tanto ya Dios no hablará más en estas siete edades de la Iglesia gentil, porque ya están en el pasado, ya son historia.

Solamente a Dios le queda, a Cristo le queda, la Edad de la Piedra Angular, para hablar aquí, en la Edad de la Piedra Angular, todas estas cosas que deben suceder pronto; y por eso nos llama a subir donde Él está, en la Edad de la Piedra Angular.

Este es un diagrama del Programa Divino, de la Obra de Cristo en Su Iglesia. Siempre Cristo ha estado en Su Iglesia de etapa en etapa. Y ahora, para la Edad de la Piedra Angular, es donde Cristo estará dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, después de las que ya han sucedido en estas siete etapas que ya han transcurrido.

“Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas (porque ya las que sucedieron corresponden a la historia)”.

Y ahora, ¿cómo vamos a escuchar la Voz de Cristo dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto? Dice: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”.

Veamos por medio de quién estaremos escuchando en el Día Postrero, en este tiempo final, en el séptimo milenio, la Voz de Cristo dándonos a conocer todas estas cosas. En Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, nos dice el mismo Jesús:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

¿A quién envía Jesucristo para dar testimonio de estas cosas en las iglesias? Dice que envía a Su Ángel: “Yo Jesús he enviado Mi Ángel”.

Y en Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, nos dice lo que estará haciendo ese Ángel. Capítulo 22, verso 6, dice:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿A quién envía? A Su Ángel Mensajero. ¿Para qué? Para mostrar a Sus siervos las cosas que deben suceder pronto.

Es aquí, en la Edad de la Piedra Angular, donde envía a Su Ángel Mensajero; y Jesucristo en Espíritu Santo, así como se manifestó en cada mensajero de cada edad, se manifiesta en Su Ángel Mensajero; y así como habló por medio de cada mensajero de las edades, nos habla por medio de Su Ángel Mensajero todas estas cosas que deben suceder pronto.

Y ese Mensaje, que es el Mensaje del Evangelio del Reino, el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final, es el alimento espiritual para el alma de los seres humanos que viven en este Día Postrero; es el alimento espiritual para los niños, los jóvenes, los adultos y los ancianos. Con ese alimento espiritual nuestras almas estarán fortalecidas, bien alimentadas, para llevar buenos frutos en el Reino de Dios.

Cuando una persona recibe el alimento espiritual para el alma, en la edad y dispensación que le toca vivir, encontramos que está fuerte (espiritualmente hablando) allá en su alma; y las cosas de este mundo, los vicios y todas estas cosas, y estas cosas que han estado azotando a la juventud, no lo pueden azotar y no lo pueden destruir; permanece firme, apartado de los vicios, apartado de todas esas situaciones en las cuales han caído muchos jóvenes. Y la vida para ese joven que tiene la Palabra de Dios en su alma, es una vida de servicio a Dios y a su nación.

¿Ven dónde está la solución para los problemas de nuestra juventud? ¿Ven dónde está la prevención para evitar esos problemas? La prevención está en tomar la Palabra de Dios para nuestro tiempo y colocarla en el alma de nuestros niños; y así van creciendo temiendo a Dios y conociendo el Programa Divino, y viviendo en ese Programa Divino, y trabajando en ese Programa Divino; por lo tanto no les va a interesar las demás cosas que perjudican a los niños, a los jóvenes, a los adultos y a nuestra nación.

Ahora, vean ustedes cómo para este tiempo final Jesucristo dice: “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

Su Ángel Mensajero es el profeta dispensacional de la Dispensación del Reino, para el Día Postrero, para el séptimo milenio. Este profeta viene con el espíritu y virtud de Elías… Por segunda ocasión el espíritu de Moisés, y por quinta ocasión el espíritu ministerial de Elías, y por segunda ocasión el espíritu ministerial de Jesús; para traerles, a todos los que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero, traerles estas cosas que deben suceder pronto, dárselas a conocer, y alimentar el alma de todos los hijos e hijas de Dios en este planeta Tierra.

Y dice, hablando Dios por medio de Moisés y a Moisés, dice: “Profeta de en medio del pueblo, como tú, les levantaré; y pondré Mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare”.

Eso se ha cumplido en cada profeta que Dios ha enviado parcialmente; en Jesús, en toda su plenitud; se ha cumplido en los apóstoles, se ha cumplido en los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil; y se cumple en el Día Postrero en el Ángel del Señor Jesucristo. Y él es el enviado para dar testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto, para dar a conocer el Programa Divino correspondiente a este tiempo final, y darle a conocer el misterio más grande de todos los misterios, que es el misterio de la Segunda Venida de Cristo.

El Mensaje del Evangelio del Reino gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo; y ese Mensaje es el alimento espiritual para el alma de cada uno de ustedes y también para mi alma. Ese es el alimento espiritual que necesitamos en este Día Postrero para nuestra juventud, para nuestros niños, para nuestros adultos y también para los ancianos. Es el alimento espiritual que llena de entusiasmo, de felicidad, de paz, y de esperanza y de fe, a todo ser humano que vive en este planeta Tierra. Ese es el alimento espiritual para nuestras almas, para comerlo en este tiempo final recibiéndolo con todo nuestro corazón. Está impreso en folletos, está en videos, está en cintas magnetofónicas, para que así podamos nosotros comerlo allá en lo profundo de nuestra alma.

Bien dijo Jesucristo en San Mateo 24, versos 42 al 47, diciendo:

“Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor.

Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa.

Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.

¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo?”.

La Casa de nuestro Señor es Su Iglesia, la cual tenemos en este diagrama.

¿Y quién es el siervo fiel y prudente al cual puso su Señor sobre Su Casa? De edad en edad podemos ver que Dios ha colocado un siervo fiel y prudente para las siete etapas de la Iglesia gentil acá, las cuales ya han transcurrido. Colocó a San Pablo y a cada uno de estos otros mensajeros para darle el alimento espiritual a los hijos de Dios en cada edad.

Y ahora, para el Día Postrero, ¿quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual el Señor ha colocado sobre Su Casa? Hemos visto que es el Ángel del Señor Jesucristo, el cual es enviado para dar testimonio de estas cosas que deben suceder pronto; y así darle a los hijos e hijas de Dios, en el Cuerpo Místico de Cristo, ese alimento espiritual de la Palabra de Dios.

Y ahora, este mismo es el que está representado, simbolizado aquí, en el siervo fiel y prudente, para el Día Postrero. Sigue diciendo aquí:

“Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así”.

Ahora, vean ustedes, en ninguna de estas edades fue la Segunda Venida de Cristo; por lo tanto, la bienaventuranza grande no la tienen ninguno de estos mensajeros; aunque tienen una bienaventuranza grande, porque fueron los mensajeros que trajeron el alimento espiritual para los hijos de Dios en la Iglesia del Señor Jesucristo. Pero acá, en la Edad de la Piedra Angular, es la bienaventuranza grande: para el siervo fiel y prudente que esté dando el alimento espiritual a tiempo aquí, para el siervo fiel y prudente que esté dando el Mensaje del Evangelio del Reino, y con ese Mensaje alimentando a los hijos de Dios, ¿dónde? En la Casa de Dios, en el Cuerpo Místico de Cristo.

“Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así”.

O sea, le halle alimentando con el alimento espiritual de la Palabra de Dios a todos los hijos de Dios, a todos los que estarán viviendo en este tiempo final. Dice:

“De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá”.

Sobre todos Sus bienes; o sea, vendrá a ser el administrador de los bienes del Señor aquí en la Tierra; y por medio de él, Jesucristo estará llevando a cabo Su Programa en este tiempo final, Su Programa correspondiente al Día Postrero, o sea, al séptimo milenio; lo estará ministrando o administrando el siervo fiel y prudente.

Y ahora veamos la bendición tan grande que hay para los seres humanos en este Día Postrero, en donde el alimento espiritual para el alma estará disponible en este tiempo final.

Ahora, vamos a ver un misterio de ese alimento espiritual: En cada edad encontramos que el mensajero de cada edad fue el instrumento de Cristo para Cristo darle el alimento espiritual a ese mensajero; y ese mensajero repartirlo a los hijos de Dios, ¿dónde? En la Casa de Dios, o sea, en el Cuerpo Místico de Cristo, en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y en la primera edad fue San Pablo, y esa edad se cumplió en Asia Menor. Luego cinco edades (la segunda, tercera, cuarta, quinta y sexta) se cumplieron en Europa, donde envió Cristo cinco mensajeros en diferentes etapas o edades para alimentar a los hijos de Dios, ¿dónde? En la Casa de Dios, en el Cuerpo Místico de Cristo, o sea, en la Iglesia de Jesucristo.

Luego, para la séptima etapa o edad de la Iglesia gentil, envió Cristo al reverendo William Marrion Branham en y a Norteamérica, para darle el alimento espiritual a los hijos de Dios, ¿dónde? En la Casa de Dios. ¿Se cumplió esa séptima edad dónde? En Norteamérica. Ahí había alimento espiritual en abundancia para los hijos de Dios.

Pero ya esas edades terminaron. Y ahora, ¿dónde podemos encontrar el alimento espiritual?, ¿dónde lo estará enviando Dios, Jesucristo?

Luego de Norteamérica pasa Jesucristo en Espíritu Santo a la América Latina y el Caribe. ¡Ese es el territorio de alimento espiritual en abundancia para el alma de todos los hijos e hijas de Dios en la Edad de la Piedra Angular y en el Día Postrero!, o sea, en el séptimo milenio. Y ese alimento espiritual en abundancia es el Mensaje del Evangelio del Reino, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, en Su Obra de Reclamo. Y ahí tenemos el alimento espiritual para nuestras almas.

Hemos visto: “EL MISTERIO DEL ALIMENTO ESPIRITUAL A SU DEBIDO TIEMPO”.

La América Latina y el Caribe está en el tiempo correcto para recibir este alimento espiritual. Este Mensaje del Evangelio del Reino es la dieta precisa para los latinoamericanos y caribeños.

Ahora, vean ustedes, los latinoamericanos y caribeños en el tiempo de la primera edad no comieron el alimento espiritual de la primera edad; eso fue en el tiempo de San Pablo allá, y para ese tiempo el Evangelio no estaba acá en la América Latina y el Caribe.

Ahora podemos ver que Dios envió un mensajero para cada territorio; y para el Día Postrero, para la América Latina y el Caribe, pues nos envía Su Ángel Mensajero dando testimonio de estas cosas, y dándonos así la Palabra de Jesucristo, el Mensaje del Evangelio del Reino, en este Día Postrero.

Si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, ya estamos en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio. ¿Y estamos cómo? Comiendo el alimento espiritual para nuestras almas en este Día Postrero. Y Dios seguirá llamando y juntando a Sus escogidos, y dándole el alimento espiritual para el alma de cada uno de los que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida.

Hemos visto que la Edad de la Piedra Angular corresponde a la América Latina y el Caribe. Vean dónde Dios está materializando esa Edad de la Piedra Angular, así como materializó estas otras edades en diferentes territorios: en Asia Menor, la primera; en Europa, cinco edades; y en Norteamérica, la séptima edad; y ahora en la América Latina y el Caribe: la Edad de la Piedra Angular.

A la América Latina y el Caribe le ha tocado la mejor parte en el Programa Divino. Y vamos a detenernos aquí, porque si vamos al templo de Salomón y al templo de Moisés, encontraremos que el lugar santísimo de esos templos representa la América Latina y el Caribe. En la América Latina y el Caribe es donde se materializa el lugar santísimo de esos templos; y encontraríamos ahí el misterio del templo de Salomón.

Vean, muchos han estudiado el templo de Salomón y dicen que ese templo es un misterio, que ese templo contiene toda la sabiduría. Y vean, realmente contiene la sabiduría de Dios. Y hemos visto que ese templo, tanto el de Salomón como el de Moisés, representan el Templo que está en el Cielo.

¿Y habrá tenido sabiduría Dios para la construcción de ese Templo que está en el Cielo? Claro que sí. Y le dio a Moisés y luego a Salomón, el plano o diseño para la construcción del templo acá en la Tierra, que es tipo y figura y representación del Templo que está en el Cielo. Por eso Dios aceptaba en el templo de Salomón y en el templo de Moisés, aceptaba los sacrificios que eran ofrecidos a Dios; porque esos templos aquí en la Tierra representaban el Templo que está en el Cielo.

Pero miren, vean ahora, el pueblo hebreo no tiene templo. Y ahora, ¿qué representa el Templo que está en el Cielo? Pues que Jesucristo ha estado haciendo un Nuevo Templo, que es Su Iglesia. Ese es el Templo espiritual de Jesucristo, que representa el Templo que está en el Cielo; y un templo sin lugar santísimo no es un templo.

Y ahora está construyendo Cristo el Lugar Santísimo de Su Templo espiritual, ¿dónde? En la América Latina y el Caribe. ¿Con qué? Con latinoamericanos y caribeños; porque es un Templo hecho, creado, con seres humanos, con piedras vivas; y esas piedras vivas son seres humanos.

Y ahora vean ustedes dónde nos encontramos en el Templo espiritual de Cristo: En la Edad de la Piedra Angular, en el Lugar Santísimo de ese Templo espiritual, comiendo ese alimento espiritual, ese Maná escondido. ¿Dónde estaba escondido el maná? En el lugar santísimo.

Vean cómo todo corresponde a la América Latina y el Caribe en este Día Postrero. La bendición más grande de parte de Dios la tiene la América Latina y el Caribe; y luego la tendrá el pueblo hebreo. Pero esa bendición que tendrá el pueblo hebreo es la bendición que ya nosotros tenemos acá, y de acá pasará al pueblo hebreo.

Nadie ha podido convertir el pueblo hebreo a Cristo. Pero miren, durante estas siete etapas o edades, ninguno de estos mensajeros pudo convertir a Cristo el pueblo hebreo; pero en esta edad será convertido el pueblo hebreo a Cristo, a Dios. Y vean de dónde saldrá el Mensaje, el alimento espiritual, para el alma de los hebreos: será el mismo alimento espiritual que nosotros comemos acá en la América Latina y el Caribe en este Día Postrero.

Así que vean que la bendición que Cristo tiene en la América Latina y el Caribe es más grande de lo que nosotros nos podemos imaginar. Es lo más grande que Dios tenía reservado, guardado, ¿para darlo a quienes? A los latinoamericanos y caribeños en este Día Postrero. Y así alimentar nuestras almas con ese Mensaje del Evangelio del Reino, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, en Su Obra de Reclamo. Ese es el alimento espiritual para nuestra alma en este tiempo final.

Hemos visto: “EL MISTERIO DEL ALIMENTO ESPIRITUAL A SU DEBIDO TIEMPO”.

No estamos comiendo comida fría, no estamos comiendo alimento viejo, no estamos comiendo alimento de una edad o de una dispensación pasada. Estamos comiendo Alimento a su debido tiempo, ¡calientito!, venido de parte de Dios, de Jesucristo, y servido a nosotros en este Día Postrero para alimentar nuestras almas en este tiempo final.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de: “EL MISTERIO DEL ALIMENTO ESPIRITUAL A SU DEBIDO TIEMPO”.

Que Dios les bendiga, que Dios les guarde; y muchas gracias por vuestra amable atención. Dejo con nosotros nuevamente al reverendo Miguel Bermúdez Marín para continuar y finalizar nuestra parte dándole gracias a Jesucristo por Sus bendiciones, por este alimento espiritual para el alma, que Él nos da en este Día Postrero.

Que Dios les bendiga; y muchas gracias por vuestra amable atención.

“EL MISTERIO DEL ALIMENTO ESPIRITUAL A SU DEBIDO TIEMPO”.

[Revisión junio 2022]

1 San Mateo 4:4

2 San Lucas 11:27-28

3 San Mateo 7:19

4 San Juan 15:2

5 El diagrama de la pirámide se puede observar en la última página del mensaje SPN62-1014M “La estatura de un varón perfecto”. También puede ser descargado en: https://imprenta.carpa.com/es/material/la-nube-y-la-piramide-diptico/

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