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El misterio de la transformación
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El misterio de la transformación

Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes, y radioyentes. Es para mí un privilegio muy grande estar con ustedes aquí en Mérida, en la República Mexicana, para compartir con ustedes unos momentos alrededor del tema: “EL MISTERIO DE LA TRANSFORMACIÓN”.

Este misterio se encuentra en las Escrituras, y el apóstol San Pablo nos habla de él en Primera de Corintios, capítulo 15, verso 49 en adelante; nos dice de la siguiente manera:

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados,

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.

Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria”.

Aquí el apóstol San Pablo nos habla del misterio de la transformación del cuerpo de cada hijo e hija de Dios, de lo cual también nos habló nuestro amado Señor Jesucristo.

Nuestro tema es: “EL MISTERIO DE LA TRANSFORMACIÓN”.

La transformación del cuerpo para cada hijo e hija de Dios es un misterio, de lo cual el apóstol San Pablo nos habló en esta Escritura, nos dice que es un misterio: “He aquí, os digo un misterio”.

Ahora, este misterio, vean ustedes, es para ser cumplido en el tiempo final, en el Día Postrero; porque el mismo Jesucristo, hablándonos de la resurrección de los muertos creyentes en Cristo, Él dijo en el capítulo 6, verso 39 al 40 de San Juan:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero (¿Para cuándo dice que realizará la resurrección? Para el Día Postrero).

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

Aquí tenemos la promesa de la resurrección de los creyentes en Cristo que han muerto. ¿Para qué fecha? ¿Para qué tiempo? Para el Día Postrero.

Ahora, ¿cuál es el Día Postrero? No es un día de 24 horas; porque “un día delante del Señor…”, dice San Pedro, capítulo 3, verso 8 (de su segunda carta); nos dice que no podemos ignorar esto: “Que un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día”. Dice:

“Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”.

Y también el profeta Moisés en el Salmo 90, verso 4, nos dice la misma cosa: “Porque un día delante del Señor, para los seres humanos es mil años”, o sea, es un milenio.

Y cuando nos habla de los días postreros, el apóstol San Pablo, vean ustedes, en su carta a los Hebreos, en el capítulo 1, nos dice así:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo…”.

Ahora, ¿para cuándo dice San Pablo que Dios habló por medio de Jesucristo, por medio de Su Hijo? Dice:

“… en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo…”.

Y ya han transcurrido dos mil años; y San Pablo en aquel tiempo nos está diciendo que Dios habló por medio de Jesús en los postreros días.

Ahora, ¿cómo se puede comprender que aquellos días de Jesús eran los postreros días, y ya han transcurrido dos mil años? Es que (por cuanto un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día) cuando se habla en la Escritura de los días postreros se está hablando de los milenios postreros, o sea, se está hablando del quinto milenio, del sexto milenio y del séptimo milenio.

Así como en los días de la semana, los días postreros de la semana son: jueves (que es el quinto día), viernes (que es el sexto día) y sábado (que es el séptimo día); y delante de Dios eso equivale a los días postreros, que son: quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Y cuando Jesús tenía de 4 a 7 años de edad comenzó el quinto milenio. Y por eso Dios estaba hablando en los días postreros por medio ¿de quién? De Jesucristo; y ha continuado hablando en los días postreros por Jesucristo, por los apóstoles, por los siete ángeles mensajeros; y en este Día Postrero nos hablaría por medio de Su Ángel Mensajero.

Ahora, ya han transcurrido dos mil años de Cristo hacia acá, ya han transcurrido entonces dos días delante de Dios, que para los seres humanos son dos mil años: quinto milenio y sexto milenio; y solamente queda, delante de Dios, el Día Postrero, que es el séptimo milenio para los seres humanos.

Y es para el séptimo milenio que la promesa de Cristo, cuando dijo: “… y yo le resucitaré en el día postrero”, tiene que ser cumplida. Y para que sea cumplida esa promesa, primero tiene que cumplirse lo que está aquí escrito: la Trompeta Final tiene que sonar. Dice:

“No todos dormiremos; pero todos seremos transformados,

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados”.

Ahora, ¿qué es la Trompeta Final? La Trompeta Final es la Voz de Cristo hablando por última vez a la raza humana, porque la Voz de Cristo está representada en la Trompeta.

Ahora, por eso es que ustedes en Apocalipsis, capítulo 1, verso 10, encuentran que Juan el apóstol escuchó una Gran Voz de Trompeta en el Día del Señor. Dice, capítulo 1, verso 10 al 11, dice San Juan:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor…”.

Y ahora que hemos visto cuál es el Día del Señor, el Día Postrero, que es el séptimo milenio, miren dónde Juan fue transportado: fue transportado al séptimo milenio. Dice:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

¿Quién es el Alfa y Omega?, ¿quién es el primero y el último? Nuestro amado Señor Jesucristo, es la Voz de Jesucristo. Pero vean ustedes, es la Voz de Jesucristo como una gran voz de trompeta. No es una voz de trompeta, sino como una gran voz de trompeta, hablando; una Voz que habla con un Mensaje urgente y un Mensaje mayor. Es un Mensaje dispensacional a través del cual Cristo en el Día Postrero estaría hablando por medio de Su Ángel Mensajero.

Y ahora, vean ustedes cómo es que oiríamos la Voz de Dios, cómo escucharíamos la Voz de Cristo, esa Gran Voz de Trompeta, en el Día Postrero, esa Trompeta Final.

Así como habló en otras edades pasadas: Dios habló por medio de los profetas del Antiguo Testamento, luego habló por medio de Jesucristo, y luego encontramos que ha hablado por medio de Sus ángeles mensajeros de las siete etapas o edades de la Iglesia gentil. Habló por medio de San Pablo, el cual decía: “No vivo ya yo, vive Cristo en mí”1.

Ahora, fue Cristo en San Pablo y fue Cristo en cada uno de estos ángeles mensajeros en las siete etapas o edades de la Iglesia gentil, hablando —como Cristo había prometido— para llamar y juntar a Sus escogidos de cada etapa o edad de Su Iglesia, para Él juntar Sus ovejas, pues Él nos dijo en San Juan, capítulo 10, verso 14 al 16:

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

También tengo otras ovejas que no son de este redil (o sea, que no son hebreas); aquellas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor”.

Ahora, vean ustedes cómo en este pasaje encontramos que Cristo promete llamar esas ovejas de entre los gentiles (pues no son del Redil hebreo); y dice que oirán Su Voz, y habrá un Rebaño y un Pastor.

Pero Cristo, cuando resucitó, luego de Su muerte resucitó y luego ascendió al Cielo. Y luego ha descendido en Espíritu Santo, y ha estado hablando y llamando a Sus ovejas de edad en edad, de etapa en etapa, ¿cómo? Por medio de cada ángel mensajero en cada edad de Su Iglesia gentil. Esa es la forma en que las ovejas han escuchado la Voz de Cristo en las diferentes edades de la Iglesia gentil, en estas siete etapas o edades de la Iglesia gentil.

¿Y cómo escucharían la Voz de Cristo en la Edad de la Piedra Angular, esa Gran Voz de Trompeta? Pues por medio de Su Ángel Mensajero que Él enviaría en el Día Postrero.

Y ahora, vean cómo Cristo nos dice que Sus ovejas oyen Su Voz. Capítulo 10, verso 27 en adelante, dice [San Juan]:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

Yo y el Padre uno somos”.

Ahora, vean ustedes cómo aquí Cristo nos habla de Sus ovejas, que son Sus hijos; son las personas que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo.

Y ahora, podemos ver cómo Cristo estaría llamando y juntando a Sus ovejas de edad en edad. Es la Voz de Cristo hablando, llamando a Sus ovejas; es esa Voz de Trompeta de edad en edad hablándole a Sus ovejas; y para el Día Postrero, para el séptimo milenio, estará la Voz de Cristo como una gran voz de trompeta.

Porque para las siete etapas o edades de la Iglesia gentil encontramos que ha estado la Voz de Cristo en y a través de cada ángel mensajero: San Pablo, Ireneo, Martín, Colombo, Lutero, Wesley y el reverendo William Marrion Branham. Ha estado la Voz de Cristo ahí, llamando y juntando a los escogidos, la Voz de Cristo como una trompeta, hablándole a Su pueblo, a Sus ovejas, y juntándolas en Su Redil; y Su Redil es Su Iglesia, Su Cuerpo Místico de creyentes.

Pero ahora, ¿cómo hablará aquí, y qué estará dándonos a conocer la Voz de Cristo aquí, en la Edad de la Piedra Angular? Veamos lo que dice Cristo con Su Voz de Trompeta en Apocalipsis, capítulo 4, verso 1; dice:

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta (aquí tenemos la Voz de Cristo nuevamente como de trompeta), hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas”.

Ahora, ¿dónde vamos a subir? ¿Tenemos que tomar un cohete o algún avión o algo así para subir al Cielo e ir a escuchar la Voz de Dios arriba en el Cielo? No, la Voz de Dios, la Voz de Cristo, viene a la Tierra por medio de cada ángel mensajero que Él envía a la Tierra.

Dios habló por medio de Sus profetas en el Antiguo Testamento, luego habló por Jesucristo, luego habló por Sus apóstoles, luego habló por Sus siete ángeles mensajeros; y en este Día Postrero, vamos a ver por quién estará hablándonos y dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Hay que subir a la Edad de la Piedra Angular; es aquí mismo en la Tierra, pero a una edad celestial. Hay que subir donde Él está.

Si estuviéramos viviendo en la primera etapa o edad de la Iglesia gentil, teníamos que subir a la primera edad donde estaba el Espíritu Santo, Jesucristo en Espíritu Santo hablando por medio de San Pablo. Si estuviéramos viviendo en la segunda edad teníamos que subir a la segunda edad, donde estaba Jesucristo en Espíritu Santo hablando por medio de Ireneo. Y así por el estilo, si estuviéramos viviendo en alguna de estas siete edades, teníamos que subir a la edad donde estaba Jesucristo en Espíritu, hablando por medio del mensajero de esa edad.

Y ahora, por cuanto ya estas siete edades pasaron, ya no está hablando por medio de ninguno de estos ángeles mensajeros, ya ellos se fueron, están en el Paraíso descansando. Pero ahora Cristo se encuentra en la Edad de la Piedra Angular, hablándole a Su Iglesia con la Gran Voz de Trompeta, con ese Mensaje dispensacional, con el Mensaje del Evangelio del Reino. ¿Y qué dice que estará hablando? Todas las cosas que deben suceder pronto.

“Sube acá (acá arriba, a la Edad de la Piedra Angular), y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas (o sea, después de las que ya han sucedido en las siete etapas o edades de la Iglesia gentil)”.

Y ahora, veamos por medio de quién es que son dadas a conocer todas esas cosas que deben suceder pronto; porque por medio de aquel que estén siendo dadas a conocer estas cosas, es que Jesucristo estará manifestado hablándole a Su Iglesia con esa Gran Voz de Trompeta en la Edad de la Piedra Angular.

En Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, nos dice por medio de quién es que escucharíamos todas estas cosas. Dice:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿A quién ha enviado? A Su Ángel Mensajero. ¿Para qué? Para mostrar a Sus siervos las cosas que deben suceder pronto. Es por medio de Su Ángel Mensajero que Jesucristo en el Día Postrero estaría manifestado en la Edad de la Piedra Angular, hablando con esa Gran Voz de Trompeta todas estas cosas que deben suceder pronto.

Es por medio de Su Ángel Mensajero que Cristo estaría llamando y juntando a Sus ovejas en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular, en Su Cuerpo Místico de creyentes.

Así como habló por medio de cada ángel mensajero de cada edad, en el Día Postrero, en el séptimo milenio y en la Edad de la Piedra Angular, estaría hablándonos por medio de Su Ángel Mensajero todas estas cosas que deben suceder pronto.

Y los escogidos estarían escuchando la Voz de Cristo; porque estarían escuchando la Voz del Buen Pastor por medio de Su Ángel Mensajero. Y Sus escogidos, que son Sus ovejas, al escuchar Su Voz vendrían al Redil del Señor, vendrían al Cuerpo Místico de Cristo, a la Edad de la Piedra Angular, y estarían en ese Redil del Señor.

“… y habrá un rebaño, y un pastor”.

El Pastor es Jesucristo. Él es el Buen Pastor. Y el Redil o Rebaño es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y toda persona que tiene su nombre escrito en el Libro de la Vida del Cordero escucharía la Voz del Buen Pastor, la Voz de Jesucristo; sería llamado y juntado y colocado en el Redil del Señor, o sea, en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, vean ustedes que es la Iglesia del Señor Jesucristo, de las edades pasadas, la que tiene la promesa de la resurrección en cuerpos eternos; y los escogidos del Día Postrero, de la Edad de la Piedra Angular, que estén vivos cuando ocurra la resurrección de los muertos en Cristo, tienen la promesa de la transformación de sus cuerpos.

Ahora, de nuestra edad se irán algunos, pero regresarán en cuerpos eternos. Pero habrá un grupo grande de la Edad de la Piedra Angular que permanecerán vivos, y verán a los muertos en Cristo resucitar en cuerpos eternos; y cuando eso ocurra, nosotros seremos transformados; y así recibiremos esa transformación que Cristo ha prometido a la Final Trompeta, o sea, al Final Mensaje.

Y el Final Mensaje es el Mensaje del Evangelio del Reino, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo. Ese es el eje alrededor del cual gira el Mensaje del Evangelio del Reino. Así como el Mensaje del Evangelio de la Gracia gira alrededor de la Primera Venida de Cristo como Cordero de Dios en Su Obra de Redención realizada en la Cruz del Calvario, quitando nuestros pecados.

Ahora, hemos visto que la transformación de nuestros cuerpos está prometida para ser efectuada en el Día Postrero, cuando la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, la Voz de Cristo, esté hablándole a Su pueblo por medio de Su Ángel Mensajero y esté dándole a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; y así somos llamados y juntados en el Día Postrero, y preparados para ser transformados, y así recibir un cuerpo eterno.

¿Y por qué necesitamos una transformación? El apóstol San Pablo nos dice: “Porque la carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios”. Una persona no puede seguir viviendo con este cuerpo terrenal sin ver muerte, una persona no puede continuar viviendo con este cuerpo terrenal sin que este cuerpo se le ponga viejo y se corrompa en algún momento; porque es un cuerpo temporal, y por consiguiente no puede vivir eternamente.

Y por eso es que Cristo, para los muertos que han creído en Él, les tiene la promesa de un nuevo cuerpo, que será eterno, el cual Cristo les dará en el Día Postrero.

Y para nosotros los que vivimos, si permanecemos vivos cuando los muertos en Cristo resuciten, pues habrá una transformación de nuestros cuerpos: seremos transformados, cambiados en nuestros átomos; y entonces tendremos un cuerpo eterno, un cuerpo con vida eterna, que estará jovencito por toda la eternidad, representando siempre de 18 a 21 años de edad. Así es el cuerpo que Él ha prometido para cada uno de Sus escogidos. Y seremos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Y así es como estaremos en el glorioso Reino Milenial con Cristo, reinando por mil años y luego por toda la eternidad, como reyes y sacerdotes. Seremos personas con cuerpos eternos, como Cristo ha prometido; y así tendremos un cuerpo eterno, un cuerpo glorificado, y seremos iguales a nuestro amado Señor Jesucristo.

También el apóstol San Pablo nos habla en Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, verso 13 al 17, acerca de este misterio, y dice:

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen (o sea, de los que han muerto en Cristo), para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.

Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor (¿Para quién es esta promesa? Para los que han quedado hasta la Venida del Señor; la promesa de la transformación), no precederemos a los que durmieron.

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras”.

Ahora, podemos ver aquí que los muertos en Cristo van a resucitar primero, y nosotros los que vivimos —cuando veamos a los muertos en Cristo resucitados en cuerpos eternos— nosotros seremos transformados. Y luego de estar aquí en la Tierra, de 30 a 40 días, con el cuerpo nuevo, luego iremos a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo; y nos encontraremos con nuestro amado Señor Jesucristo. Le veremos a Él allá, en la Cena de las Bodas del Cordero.

Pero aquí en la Tierra, Él vendrá en Espíritu Santo manifestado en Su Ángel Mensajero, hablándonos todas estas cosas que deben suceder pronto, y preparándonos para ser transformados y raptados en este Día Postrero. O sea que la manifestación de Jesucristo para el Día Postrero es por medio de Su Ángel Mensajero, hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta y dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

Y vean ustedes, hemos visto que el instrumento de Cristo para Él (Cristo) hablar por medio de él estas cosas que deben suceder pronto, es Su Ángel Mensajero. Por eso en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, nos dice el mismo Jesús:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”.

¿A quién ha enviado? Dice: “A Su Ángel Mensajero”. ¿Para qué? Para dar testimonio de estas cosas en las iglesias. Dar testimonio ¿de qué? De estas cosas que deben suceder pronto, en el tiempo final.

Y ahora, viendo que estamos viviendo en el tiempo final, en el Día Postrero, si le añadimos al calendario los años de atraso que tiene, tenemos nosotros entonces que comprender que ha llegado el tiempo de la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, para el llamado de los escogidos de Dios para obtener el conocimiento de todas estas cosas que deben suceder pronto.

¿Y dónde es hecho ese llamado? En la Edad de la Piedra Angular, en donde Cristo se manifiesta en Espíritu Santo por medio de Su Ángel Mensajero, y nos habla directamente al alma todas estas cosas que deben suceder pronto; y nos revela el misterio del Séptimo Sello, nos revela el misterio de la Venida del Hijo del Hombre, de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, de la Venida de Cristo con Sus Ángeles.

Este es el misterio más grande que la Escritura contiene. Y nadie, ni en el Cielo ni en la Tierra, conocía ese misterio, hasta que en el capítulo 8, verso 1 [Apocalipsis], fue abierto en el Cielo y fue conocido en el Cielo; pero todos guardaron silencio para que no se interrumpiera el Programa de la Segunda Venida de Cristo, que es la apertura del Séptimo Sello.

Y ahora, vean ustedes cómo este misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles para el Día Postrero, para llamar y juntar a Sus escogidos con la Gran Voz de Trompeta, era el misterio oculto en la Mente de Dios; y nadie conocía ese misterio, nadie sabía cómo, cuándo y dónde se abriría ese misterio.

Pero ahora sí ha sido abierto ese misterio; y hemos visto que este misterio se abriría en la Edad de la Piedra Angular y en la Dispensación del Reino, y en el Día Postrero, séptimo milenio, y en la América Latina y el Caribe.

En la América Latina y el Caribe es que este misterio, el misterio de la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles, llamando y juntando a Sus escogidos con la Gran Voz de Trompeta, y dándole a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, por medio de Su Ángel Mensajero, vean ustedes, es en la América Latina que se abriría este misterio; y ya sabemos que está abierto este misterio en la América Latina y el Caribe.

Ya no es un misterio, sino una revelación divina. Ya este misterio ha sido revelado, y ahora sí podemos disfrutar de las bendiciones que Cristo nos trae en Su manifestación a través de Su Ángel Mensajero, hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta y dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en el Día Postrero.

Y ahora, vean por qué en la América Latina y el Caribe los escogidos están siendo llamados y juntados en el Cuerpo Místico de Cristo, en la Edad de la Piedra Angular y en la Dispensación del Reino; y a ellos Cristo les está dando a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, en el Día Postrero; y así nos está preparando para ser transformados y raptados en este Día Postrero, para así obtener el cuerpo eterno que Cristo ha prometido para cada uno de ustedes y para mí también.

Estamos viviendo en el tiempo en donde el misterio de la transformación pronto se convertirá en una realidad cumplida en cada uno de nosotros y en los muertos en Cristo que van a resucitar en cuerpos eternos.

Estamos viviendo también en el territorio en donde este misterio sería abierto, y en donde Dios tendría la mayoría de Sus escogidos que serán transformados estando vivos, y que reinarán con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad; hablando de los que están viviendo en este tiempo, en adición a los que partieron, o murieron sus cuerpos, en edades pasadas.

Ahora, ¿cuándo o en qué tiempo seremos transformados? Es una de las preguntas que tenemos aquí, bajo el tema: “EL MISTERIO DE LA TRANSFORMACIÓN”.

• ¿Cuándo o en qué tiempo seremos transformados?

En el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio, y en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino.

• ¿En qué lugar será la transformación?

Pues en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, en el séptimo milenio o Día Postrero.

• ¿Es necesario que venga el Señor para ser transformados, según Primera de Tesalonicenses 4:17?

Claro que sí. Viene el Señor Jesucristo en Espíritu Santo a través de Su Ángel Mensajero, con el Mensaje del Evangelio del Reino, con el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; así como vino en cada edad de Su Iglesia gentil a través de cada ángel mensajero, para el llamado de los escogidos de cada edad de Su Iglesia gentil.

Y ahora, ¿qué otra pregunta tenemos aquí?

• ¿Qué conocimiento se recibirá para ser transformado?

El conocimiento de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, en Su Obra de Reclamo, velado y revelado en y a través de Su Ángel Mensajero.

• Ese sonido de Trompeta, ¿se oirá en el Cielo o en la Tierra?

Aquí en la Tierra. En medio de los seres humanos se escuchará el sonido de la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, que es la Trompeta del Evangelio sonando, proclamando, la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo, en donde Cristo en Espíritu Santo estará velado y revelado a través de Su Ángel Mensajero, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto.

• ¿En qué tiempo llega uno a ser transformado?

En cuanto a qué tiempo llega uno a ser transformado, no entiendo aquí si se refiere en cuántos minutos, o en qué tiempo: en qué edad o dispensación o milenio.

Si es en cuanto a edad, pues es en la Edad de la Piedra Angular; si es en cuanto a dispensación, es en la Dispensación del Reino; y si es en cuanto a qué día delante de Dios, pues es en el Día Postrero, que para los seres humanos es el séptimo milenio. Y en cuanto a tiempo literal, en cuántos minutos o segundos u horas: cuando veamos a los muertos en Cristo resucitados, cuente el tiempo con su reloj y verá cuánto le va a tomar a Cristo transformar su cuerpo.

• ¿Cómo será ese cuerpo transformado?

Será como el del Señor Jesucristo: será un cuerpo eterno, un cuerpo glorificado; es el cuerpo que Dios desde antes de la fundación del mundo predestinó para cada uno de Sus escogidos, para cada uno de Sus hijos primogénitos, pero que por causa del pecado allá en el Huerto del Edén, pues tuvimos que tomar este cuerpo mortal y corruptible, nacer por medio de mamá y papá, y estar temporalmente en estos cuerpos mortales para hacer contacto con la vida eterna, con Jesucristo, en el tiempo que nos ha tocado vivir; así como le sucedió a los hijos de Dios que vivieron en el pasado, para así hacer contacto con Cristo.

Y recibiendo a Cristo como nuestro Salvador y lavando nuestros pecados en la Sangre del Cordero, de Jesucristo, recibir el Espíritu de Cristo, y así nacer de nuevo. Y por medio de ese nuevo nacimiento obtenemos el Espíritu de Cristo, obtenemos ese espíritu teofánico.

Y comenzamos bien, porque comenzamos en la misma forma que Jesús, el cual, antes de venir en carne humana aquí a la Tierra, primero tuvo Su cuerpo teofánico en la sexta dimensión.

Y eso para nosotros nos ocurre cuando creemos en Cristo como nuestro Salvador, y lavamos nuestros pecados en la Sangre del Cordero, y recibimos Su Espíritu Santo; ahí estamos en la misma etapa donde estuvo Jesucristo antes de venir a esta Tierra en el cuerpo físico. Y luego, cuando seamos transformados, pues estaremos en la misma etapa en que estuvo Jesús cuando tuvo Su cuerpo físico aquí en la Tierra; porque tendremos entonces un cuerpo eterno, y seremos iguales a nuestro amado Señor Jesucristo.

La Escritura, en Apocalipsis, capítulo 3, verso 14, nos dice que Cristo es el principio de la Creación de Dios, de una Nueva Creación que Dios está realizando con y en seres humanos. Porque la Creación antigua o primera, que vino por medio de Adán, por causa del pecado cayó y vino a ser mortal. “Porque el día que de él comieres, ese día morirás”, le dijo Dios a Adán2.

Y ahora, por causa del pecado en el Huerto del Edén, la muerte entró por un hombre: por Adán; por lo tanto, toda la descendencia de Adán ha venido sentenciada a muerte; porque la paga del pecado es (¿qué?) muerte3.

Y ahora, por medio de Cristo ha entrado la Vida. Y cuando recibimos a Cristo como nuestro Salvador, se opera el nuevo nacimiento al recibir el Espíritu de Cristo; y ya hemos nacido en una nueva raza, una nueva raza de la cual Jesucristo es el primero, una nueva raza con vida eterna; para en el Día Postrero obtener el cuerpo eterno que Cristo ha prometido para cada uno de ustedes y para mí también, y para todos los muertos en Cristo que resucitarán en el Día Postrero.

Todas las personas que recibirán el cuerpo eterno en el Día Postrero tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo.

Y por eso es que en el tiempo que le ha tocado vivir a cada uno, ha hecho contacto con Cristo en el Programa de Redención de Jesucristo, y ha lavado sus pecados en la Sangre de Jesucristo, y ha recibido el Espíritu de Cristo, y por consiguiente el nuevo nacimiento; y así ha obtenido el cuerpo teofánico, el espíritu teofánico de la sexta dimensión; para en el Día Postrero recibir el cuerpo físico y eterno y glorificado; y así ser a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Ahora, hemos visto que habrá una transformación física también, para cada hijo e hija de Dios, para cada escogido de Dios escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero. Esos son los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, o sea, de la Iglesia del Señor Jesucristo; esas son las ovejas de Cristo, del Buen Pastor, que Él ha estado llamando de edad en edad por medio de cada ángel mensajero.

Y en este Día Postrero llama a Sus ovejas del Día Postrero por medio de Su Ángel Mensajero. ¿Con qué? Con la Gran Voz de Trompeta. Y los junta en el Cuerpo Místico de Cristo, en la Edad de la Piedra Angular, que es el Redil del Señor Jesucristo.

Él dijo que Sus escogidos, Sus ovejas, escucharían Su Voz. Así ha sido de edad en edad; y en nuestro tiempo: la Edad de la Piedra Angular, también está sucediendo en la misma forma.

Y por eso es que estamos escuchando la Voz de Cristo en este Día Postrero, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto; y así estamos siendo preparados para pronto ser transformados y tener el cuerpo eterno que Cristo ha prometido para cada uno de ustedes y para mí también; para así nunca más sufrir, nunca más enfermarnos, nunca más ponernos viejos y nunca más morir; porque nos dice el apóstol San Pablo que cuando ocurra esa transformación…, cuando ocurra esta transformación, dice:

“Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria”.

Ahí termina la muerte para los hijos e hijas de Dios; porque ya estaremos en el cuerpo eterno, y seremos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Y para dar testimonio de todas estas cosas que deben suceder, Cristo dice: “Yo Jesús he enviado mi Ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias (de estas cosas que deben suceder)”. (Apocalipsis, capítulo 22 y verso 16).

Hemos visto “EL MISTERIO DE LA TRANSFORMACIÓN”, en donde los escogidos son llamados y juntados en este Día Postrero, y preparados para esa transformación del cuerpo que hemos de recibir, en donde obtendremos un cuerpo eterno.

La ciencia y muchos hombres han buscado la fuente de la juventud, porque todos han querido vivir eternamente, y sin problemas. Pero vean ustedes dónde está la Fuente de la Juventud: está en Jesucristo. Cristo dijo que Él nos daría Vida, y Vida en abundancia4, o sea, vida eterna. Eso es lo que Él ha prometido para Sus ovejas. Y por eso ha llevado a cabo el Programa de Redención muriendo en la Cruz del Calvario. Y cuando cada persona recibe a Cristo como su Salvador, y recibe Su Espíritu Santo al lavar sus pecados en la Sangre de Cristo, nace de nuevo.

Como le dijo Cristo Nicodemo, que es necesario nacer de nuevo, porque el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios, o sea, no lo puede entender; porque es necesario nacer del Agua y del Espíritu para poder entrar en el Reino de Dios. San Juan, capítulo 3, verso 1 al 6, le dice Cristo a Nicodemo estas cosas.

Porque se requiere nacer de Cristo, del Agua y del Espíritu, para pertenecer a una nueva raza, a una Nueva Creación, la cual comenzó con Jesucristo, y continuó con cada persona que tiene su nombre escrito en el Libro de la Vida del Cordero, que ha recibido a Cristo como su Salvador. Y todavía esa Obra se está llevando a cabo en cada uno de ustedes y en mí también; para en el Día Postrero recibir el cuerpo nuevo, el cuerpo eterno, y vivir por toda la eternidad.

Ahora, hemos visto EL MISTERIO DE LA TRANSFORMACIÓN; y hemos visto todo lo que estaría ocurriendo antes de la transformación para preparar al pueblo para ser transformados en este Día Postrero.

“EL MISTERIO DE LA TRANSFORMACIÓN”.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes, amados amigos y hermanos presentes, y radioyentes, dándoles testimonio de: “EL MISTERIO DE LA TRANSFORMACIÓN”: de la transformación del cuerpo que hemos de recibir en este Día Postrero los que estamos vivos, y los que quedemos vivos hasta que los muertos en Cristo sean resucitados en cuerpos incorruptibles.

Si alguno de los nuestros se va antes, regresará en un cuerpo eterno. Así que no hay problemas con los que partan, porque tienen la promesa de regresar en un cuerpo eterno; pero los que quedemos aquí, y ocurra la resurrección de los muertos en Cristo, y los veamos, pues seremos transformados; y así obtendremos el cuerpo eterno que Cristo ha prometido para cada uno de ustedes y para mí también; y seremos a imagen y semejanza del Señor Jesucristo.

¿Y dónde están esos que escucharían la Voz de Cristo en el Día Postrero, y que tienen la promesa para ser transformados y raptados? Pues aquí estamos, en la América Latina y el Caribe, esperando nuestra transformación.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre cada uno de ustedes, y sobre mí también; y pronto todos seamos transformados y raptados, como Cristo lo ha prometido. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Dejo con ustedes nuevamente al reverendo Miguel Bermúdez Marín, para que les dé a cada uno de ustedes, amables amigos radioyentes, las direcciones y teléfonos a las cuales ustedes pueden comunicarse para recibir literatura completamente gratis; y así tener otras conferencias similares a esta, en las cuales ustedes podrán obtener más conocimiento acerca del Programa Divino correspondiente a este tiempo final, para así ser preparados para ese gran evento de la transformación del cuerpo físico; para tener un cuerpo igual al del Señor Jesucristo y vivir por toda la eternidad; y vivir por toda la eternidad sin problemas, vivir por toda la eternidad sin ponernos viejos, vivir por toda la eternidad como reyes y sacerdotes en el glorioso Reino del Señor Jesucristo.

Con nosotros nuevamente el reverendo Miguel Bermúdez Marín.

Que Dios les bendiga, y muchas gracias por vuestra amable atención.

“EL MISTERIO DE LA TRANSFORMACIÓN”.

[Revisión junio 2022]

1 Gálatas 2:20

2 Génesis 2:17

3 Romanos 6:23

4 San Juan 10:10

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