Conferencias

La lucha de Jacob con el Ángel por la bendición
Share on facebook
Share on twitter
Share on telegram
Share on whatsapp
Share on skype
Share on email
Share on print

Descargas

Traducciones

La lucha de Jacob con el Ángel por la bendición

Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, y televidentes por Galaxy VII, canal 11, y PanAmSat, y demás canales de televisión en Puerto Rico, y los demás países de la América Latina y del Caribe.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también, y nos permita en esta tarde entender Su Palabra.

Quiero leer en el Génesis, capítulo 32, comenzando en el verso 24, donde nos narra el regreso de Jacob a la tierra de Israel, a la tierra que Dios le había prometido a Abraham, a Isaac y a Jacob que le daría por heredad.

Ahora Jacob está de regreso a esa tierra, viene con su familia, sus hijos, viene con once hijos; y otro que viene en el vientre de Raquel, el cual nacería allá en el camino hacia Belén.

Ahora, nos dice la historia así:

“Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba.

Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba.

Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices.

Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob.

Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.

Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí.

Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.

Y cuando había pasado Peniel, le salió el sol; y cojeaba de su cadera”.

“LA LUCHA DE JACOB CON EL ÁNGEL POR LA BENDICIÓN”. Ese es nuestro tema para esta ocasión.

Dios por medio del profeta Oseas, en el capítulo 12 y verso 3 en adelante, nos dice así…, hablando de Jacob dice:

“En el seno materno tomó por el calcañar a su hermano (o sea, a Esaú), y con su poder venció al ángel.

Venció al ángel, y prevaleció; lloró, y le rogó; en Bet-el le halló, y allí habló con nosotros.

Mas Jehová es Dios de los ejércitos; Jehová es su nombre.

Tú, pues, vuélvete a tu Dios; guarda misericordia y juicio, y en tu Dios confía siempre”.

Ahora, aquí nos dice la Escritura que Jacob en el vientre de su madre luchó con Esaú; y aunque no pudo nacer primero, luego, cuando ya estaban en la Tierra y tenían cierta edad, le compró la Primogenitura a Esaú.

Y luego logró ir primero a su padre Isaac, cuando llegó el día que Isaac iba a echar la Bendición de la Primogenitura; y logró que su padre Isaac echara la Bendición de la Primogenitura, que iba a echar sobre Esaú, la echara sobre Jacob. Y como todo obra para bien para los escogidos de Dios, para los que aman a Dios, y a aquellos a los cuales Dios ama; por cuanto la Escritura dice: “A Jacob amé, y a Esaú aborrecí”1, todo obró para bien para el amado de Dios, para Jacob.

Jacob amaba la Primogenitura, amaba la bendición de Dios. Esaú no la amaba, Esaú la menospreció cuando le vendió la Primogenitura a Jacob. Y Dios aborrece a todo aquel que menosprecia la Bendición de la Primogenitura.

“A Esaú aborrecí”. Él vendió por un plato de lentejas la Bendición de la Primogenitura2. Mire en lo que tuvo la Bendición de la Primogenitura, mire el valor que le dio: un plato de lentejas. O sea que para Jacob la bendición de Dios era lo más importante, pero para Esaú la comida era lo más importante, su vientre era lo más importante; pero para Jacob, aunque se quedó sin comida, se quedó con la bendición de Dios.

La bendición de Dios es la que enriquece3. La parte humana, que fue la que deseó Esaú, es temporal: al otro día ya tenía hambre, y estaba sin la Bendición de la Primogenitura. Y Jacob al otro día ya preparó comida, y él comió y se le quitó el hambre; y a lo mejor el mismo día volvió y preparó comida ahora para él, y con la Bendición de la Primogenitura comió feliz y contento: “¡Ahora sí que tengo la Bendición de la Primogenitura!”. Fue la comida más sabrosa que encontró, la primera comida que se comió al tener la Bendición de la Primogenitura; estaba feliz Jacob.

Pero Esaú, aunque estaba abastecido con la comida que Jacob le dio por la Primogenitura, al otro día ya tenía hambre; porque lo terrenal es temporal, por eso “no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”4. Y la Bendición de la Primogenitura es dada por la Palabra que sale de la boca de Dios, es para vida eterna, es una bendición que la persona la tiene para toda la eternidad.

Por eso la persona que tiene la Bendición de la Primogenitura siempre tiene a Dios primero, en todos los aspectos de su vida; y siempre estará luchando para que las bendiciones de Dios sean sobre él, las bendiciones que corresponden al dueño de la Primogenitura. Y el dueño de la Primogenitura son los escogidos de Dios, los hijos de Dios.

Ahora, aquí Jacob ya tenía la Primogenitura, y ahora se encontró con el Ángel de Jehová, se encontró con Él cara a cara, y luchó con Él, y no lo soltaba. Ya era por la madrugada.

Ahora, no sabemos a qué hora comenzó la lucha; podríamos decir, de 12:00 de la noche en adelante. Dice que luchó toda aquella noche con un varón, o sea, con un hombre; pero ese hombre era de otra dimensión.

Era nada menos que el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, aquel mismo Ángel que le había aparecido a Abraham, a Isaac, y a Jacob también en otras ocasiones, y le había dicho: “Yo soy el Dios de Bet-el”. Ahora nuevamente le aparece cuando está de regreso, pero le aparece acá en la Tierra en la forma de un hombre pero de otra dimensión. Era el mismo Dios en Su cuerpo teofánico, Su cuerpo angelical.

Y encontramos que era el mismo que había estado con Abraham como Melquisedec5; era el mismo que había estado también en otra ocasión con Abraham comiendo un becerro tierno que Abraham le preparó con mantequilla y con otras cosas que Abraham le ofreció; habían aparecido también los Arcángeles Gabriel y Miguel6.

Así que Abraham el padre de la fe, tuvo el honor de tener como invitados a una comida a los personajes más importantes: a Dios con Sus dos poderosos Arcángeles Miguel y Gabriel, los cuales se habían materializado, se habían hecho visibles, y podían comer con Abraham todo aquello que les había ofrecido Abraham.

Abraham le llamó a Dios: Elohim, que significa ‘Señor’.

Ahora, encontramos que así como Abraham se encontró con Dios en forma visible, en la forma de un varón, de un hombre, en diferentes ocasiones, ahora encontramos que Jacob también se encontró con Dios en forma visible, en la forma de un hombre, y luchó con Él, y no lo soltaba.

Es que Jacob tenía que ir al encuentro de su hermano. Su hermano lo estaba esperando con unos 400 hombres bien armados. Y como Esaú había dicho: “Cuando muera mi padre, yo voy a matar a Jacob, porque me robó la Bendición de la Primogenitura”7.

Pero qué ¿que “se la robó”?, ¿qué es eso que “se la robó”? ¡Si fue que se la vendió por un plato de lentejas! Menospreció la Bendición de la Primogenitura. ¡Qué poco valía para Esaú la Primogenitura!

¿Cuánto vale un plato de lentejas en nuestro tiempo? Y en aquel tiempo no sabemos cuánto valía. Así que mire el precio que le puso a la Bendición de la Primogenitura. Cuando la Primogenitura no tiene precio.

En la Bendición de la Primogenitura están todas las riquezas divinas para los herederos de esa Primogenitura.

Ahora, Jacob había obtenido la Primogenitura, y Esaú decía: “Me robó la Primogenitura”. ¡Y se la había vendido! Decía: “Este mi hermano ya me ha suplantado dos veces”8. Porque Jacob significa ‘suplantador’. Lo suplantó, porque Esaú no amaba la Bendición de la Primogenitura; y por cuanto no la amaba, apareció uno que la amaba y ocupó el lugar para recibir la Bendición de la Primogenitura, ocupó el lugar correcto, y recibió esa Bendición de la Primogenitura9.

Así que Esaú no se podía estar quejando: él vendió la Primogenitura y se comió el precio de la Primogenitura.

Y ahora Jacob no le vendía a nadie la Primogenitura. ¡Si había luchado desde el vientre de su madre! y ahora la había obtenido. Dios había obrado en todo para que obtuviera la Bendición de la Primogenitura, pues en el Cielo Jacob era el primogénito; por lo tanto, se tenía que materializar en Jacob esa Primogenitura.

Ahora, encontramos que Jacob se fue a la tierra de su tío, a la casa de su madre, o sea, a la familia de su madre, donde vivía el papá de su mamá y el hermano de su mamá; y allá fue enviado por su madre y por su padre, para que viviera allá, tomara esposa de ese lugar10, que era de la propia descendencia de Abraham y de Sara, y era de la propia descendencia de Isaac y de Raquel, para que así fuera una familia unida, de gente escogidas de Dios, y no hiciera un yugo desigual con personas de aquellas naciones que vivían cerca de Isaac.

Abraham, Isaac, también pensaban en la misma forma. Abraham mandó a buscar esposa para Isaac allá de la casa de su familia y de la familia de su esposa, de allá de la casa del hermano de Abraham, los cuales vivían en Padan-aram.

Y ahora, encontramos que Jacob consiguió esposa en la misma familia donde su padre Isaac había conseguido esposa.

También, encontramos que de la misma familia de Abraham, Sara era; o sea que venían de una misma descendencia. Así como la Iglesia del Señor Jesucristo es de una sola Familia: la Familia de Dios, y hacen yugo en matrimonio los descendientes de la Familia de Dios. Son hermanos del Cielo; no en lo natural, sino del Cielo. Hijos e hijas de Dios, los cuales aquí en la Tierra se enamoran y se casan y tienen hijos, y sigue multiplicándose la familia, y Dios derrama Sus bendiciones sobre ellos.

Lo correcto es que se enamoren los mismos miembros del Cuerpo Místico que están solos, que son solteros, que se enamoren los jóvenes de las jovencitas, y luego se casen y formen un hogar con la bendición del Dios Todopoderoso.

Fuera de esa forma hay muchos problemas. No que la persona dejará de ser un hijo de Dios, sino que estará fuera de la forma divina establecida por Dios para Sus hijos.

La Biblia nos enseña que no deben hacer yugos desiguales con los infieles. Si lo hacen, allá ellos; pero son advertidos para que así no tengan problemas después en la vida.

Ahora, si alguno hace un yugo desigual, no vamos a dejar de amarlo: lo seguiremos amando, sea hombre o mujer; oraremos por él; pero tiene que saber que será dura la vida en esa forma. Y en la mayor parte de las ocasiones, si es una joven, después no la dejan ir a las actividades, y le van a poner ciertas tareas para que no puedan ir a las actividades para servir a Dios, o le dicen abiertamente que eso de ahí en adelante no lo pueden hacer. Y si es hombre, le van a poner problemas también. Porque siempre cada persona desea que la otra persona vaya a su iglesia, y no a la que iba primero; y ahí es donde vienen los problemas. Y después los hijos, ¿a dónde van a ir? Uno lo jala para un lado y el otro para el otro lado. Y no se puede vivir una vida así, porque sería una vida de confusión para los hijos.

Ahora, lo mejor es seguir el consejo de Dios. Estando en el camino de Dios debemos seguir la Palabra de Dios, que nos da la revelación de todas las cosas para nuestra vida; y así siempre tendremos la bendición de Dios en todas las fases de nuestra vida.

Ahora, Jacob quería siempre tener la bendición de Dios en todo: en su matrimonio quería tener la bendición de Dios; en cuanto a sus hijos, él quería que fueran hijos de bendición; y vinieron a ser los padres de las doce tribus de Israel, vinieron a ser los patriarcas del pueblo hebreo.

Tener un hijo que sirva a Dios es una bendición grande; y tener doce hijos que sirvieran a Dios es una bendición más grande: formaron una nación completa. Pero miren, porque el padre de ellos, Jacob, luchó por la Bendición de la Primogenitura en todas las ocasiones en que tenía que luchar.

Y ahora, cuando va de regreso con sus hijos y con su ganado de ovejas, de bueyes, de mulas y burros, y de todo lo que Dios le había dado, ahora va asustado, tiene miedo, porque tiene que encontrarse con su hermano, el cual había quedado en la tierra prometida.

Pero miren, aunque Jacob tuvo que salir fuera de la tierra prometida, él iba con la bendición de Dios, la Bendición de la Primogenitura. Y aun esa tierra donde quedó Esaú le pertenecía a Jacob, aunque no estaba allí. Esaú había perdido el derecho a esa tierra cuando le vendió la Primogenitura a Jacob por un plato de lentejas.

Si Esaú no vende su Primogenitura, el territorio de Israel no sería del pueblo hebreo, no sería de la descendencia de Jacob; sería de la descendencia de Esaú. Y no se llamaría Israel ese terreno, tendría otro nombre, el nombre de Esaú, que es Edom; o sea que ese sería el territorio de Edom; pero por cuanto perdió la Bendición de la Primogenitura tuvo que buscarse otro territorio para él y su descendencia. Él perdió la herencia del territorio de Israel, llamado Palestina en otros tiempos.

Al perder ese derecho, que estaba contenido en la Bendición de la Primogenitura, lo perdió para él y para su descendencia completa; y nunca podría ser recuperado por la descendencia de Esaú.

Podemos ver que hubo en el pasado muchas guerras por ese territorio, y en nuestro tiempo también, por quitarle ese territorio al pueblo hebreo; pero Dios le ha dado ese territorio al pueblo hebreo, a la descendencia de Jacob, porque ese territorio corresponde a la Bendición de la Primogenitura.

Y lo mejor que se puede hacer con el pueblo hebreo es bendecirlo, no pelear con ellos, porque hay una profecía que dice: “El que te bendijere, será bendito; y el que te maldijere, será maldito”11.

Estando esa bendición para el pueblo hebreo, en favor de ellos, lo mejor es tener buena amistad con ellos; y así la bendición de Dios pasará a todas las personas que tengan buena relación con el pueblo hebreo y que ayuden al pueblo hebreo.

Ahora, Jacob, miren lo que él obtuvo al comprar la Bendición de la Primogenitura: el territorio de Israel completo. Esa bendición la tenía Abraham, la tenía Isaac, y de Isaac pasó a Jacob; es una heredad contenida en la Primogenitura. Y de Jacob pasó a sus hijos; y de los hijos de Jacob a todos los hijos de los patriarcas.

Ahora, encontramos que Jacob siempre luchó por la bendición de Dios; y aquí, en esta ocasión, cuando se iba a enfrentar a su hermano Esaú, pues Dios le había ordenado su regreso a la tierra prometida, así que venía en la perfecta voluntad de Dios.

Y cuando la persona camina en la perfecta voluntad de Dios, el Ángel de Jehová está con él.

Ahí estaba el Ángel de Jehová, el cual le apareció, con el cual luchó Jacob; y ya cuando rayaba el alba el Ángel de Jehová le dice: “¡Suéltame, que ya raya el alba! Ya está esclareciendo, ya el sol está por salir, está por salir el sol de un nuevo día. ¡Suéltame!”.

Jacob le dice: “No te soltaré hasta que me bendigas”.

—“¿Cuál es tu nombre?”.

Jacob le dice: “Jacob”.

Y el Ángel le dice: “No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido”.

Un vencedor Jacob. Uno que luchó. Y aunque tenía sus debilidades: luchó por la bendición de Dios y obtuvo la victoria: obtuvo la bendición para él y su familia, para él y su descendencia.

Ahora, Jacob encontramos que se llama Israel. De ‘suplantador’, que significa Jacob, a ‘Príncipe con Dios’. Ahora es un Príncipe con Dios, su nombre significa eso; y conforme a su nombre así él va a actuar, como un Príncipe con Dios.

Por eso es que Israel reinará en el glorioso Reino Milenial. Estará allí Israel, en ese Reino Milenial; tanto los del Antiguo Testamento, que son los escogidos de Dios del Antiguo Testamento…, en donde estará el padre de la fe, Abraham, en donde estará Isaac, donde estará Israel o Jacob, y en donde estarán todos los escogidos del Antiguo Testamento, de la Iglesia del Antiguo Testamento.

Ahora, podemos ver que vale la pena luchar, pero luchar por la bendición de Dios.

Ahora, esto que sucedió a Jacob fue algo muy importante. Luego de ser bendecido, encontramos que Jacob estaba cojo, porque el Ángel lo había herido en donde se une ahí esta parte de la pierna; y por esa causa tenía ese problema de ahí en adelante. Pero Jacob estaba contento, porque en una batalla como esa solamente había tenido un problemita, pero había logrado una bendición bien grande; y Jacob prefería morir que soltar al Ángel del Señor en ese momento; prefería morir en las manos del Ángel de Jehová que morir en las manos de Esaú.

Así que Jacob se agarró bien del Ángel de Jehová. Y el Ángel le tocó en el sitio del encaje del muslo, y se descoyuntó ese lugar, esa pierna. Pero era mejor para Jacob estar cojo, pero contento y feliz con la bendición del Ángel, que estar bien, sin la bendición de Dios. Ahora, Jacob al recibir la bendición de Dios está tranquilo y feliz.

Y dice que le preguntó por el nombre al Ángel de Jehová, le preguntó por el nombre a ese Varón; pero Él no le dijo el nombre, sino que le cambió el nombre a Jacob. Y Jacob llamó aquel lugar Peniel, que significa que había visto a Dios cara a cara; le puso ese nombre porque dijo: “Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma”.

Ahora, la Escritura dice: “Nadie jamás ha visto a Dios”12. Dios le dice a Moisés: “No podrás ver mi rostro, porque no me verá hombre y vivirá”. Sin embargo, encontramos que la Escritura dice que Moisés vio a Dios cara a cara.

Vamos a ver. En Deuteronomio, capítulo 34 y verso 10, cuando Moisés tenía que morir, y subió al monte, nos dice:

“Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara”.

Y en Números, capítulo 12, versos 6 al 8 dice, dice Dios a Aarón y a María la hermana de Moisés, cuando hablaron en contra de Moisés, y Dios les llamó la atención, miren lo que Dios dice acerca de Moisés: Números, capítulo 12, verso 6 en adelante:

“Y él les dijo (Dios): Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él.

No así a mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa.

Cara a cara hablaré con él, y claramente, y no por figuras; y verá la apariencia de Jehová. ¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés?

Entonces la ira de Jehová se encendió contra ellos; y se fue.

Y la nube se apartó del tabernáculo, y he aquí que María estaba leprosa como la nieve; y miró Aarón a María, y he aquí que estaba leprosa.

Y dijo Aarón a Moisés: ¡Ah! señor mío, no pongas ahora sobre nosotros este pecado; porque locamente hemos actuado, y hemos pecado”.

Ahora, hablar en contra de Moisés, el mensajero de aquella dispensación, cosas en su contra, contó delante de Dios, y la ira de Dios cayó sobre María. Aarón dice: “… locamente hemos actuado”: “hemos hablado locamente”, y pidió misericordia a Moisés. Y Moisés pidió misericordia a Dios, porque era el único que podía orar por Aarón y por María.

Ahora, también en el capítulo 33 y verso 11 del Éxodo, dice así:

“Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. Y él volvía al campamento; pero el joven Josué hijo de Nun, su servidor, nunca se apartaba de en medio del tabernáculo”.

Ahora, aquí dice que Dios hablaba con Moisés cara a cara, como habla cualquier persona con su compañero. Y ahora Moisés, en este mismo capítulo 33, verso 18 en adelante, nos dice así:

“Él entonces dijo (Moisés): Te ruego que me muestres tu gloria.

Y le respondió (Dios): Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente.

Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá”.

Y sin embargo, dice la Escritura que Moisés hablaba con Dios cara a cara; y sin embargo no había visto el rostro de Dios; porque ningún hombre puede ver el rostro de Dios y continuar viviendo.

Ahora, Moisés veía a Dios velado en esa teofanía; esa era la forma en que Moisés veía a Dios; y esta es la misma forma en que Jacob vio a Dios cara a cara, en ese cuerpo teofánico, en ese cuerpo en forma de hombre pero de otra dimensión.

Un hombre de otra dimensión, donde estaba Dios en toda Su plenitud, es el Ángel de Jehová, es el mismo Dios velado en Su cuerpo teofánico. Moisés vio a Dios en Su cuerpo teofánico velado. Abraham vio a Dios en Su cuerpo teofánico velado. Y Jacob también vio a Dios en Su cuerpo teofánico velado, y cara a cara habló con ese velo de carne de otra dimensión, o velo visible, de otra dimensión, no de nuestra carne: de otra dimensión.

Ahora, Jacob dice: “Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma”. Y eso mismo estará aconteciendo en el Día Postrero para Jacob, o sea, para el Israel celestial y el Israel terrenal.

El Israel celestial y el Israel terrenal van a tener la misma experiencia de ver a Dios cara a cara en el Día Postrero, en Su manifestación final; o sea, verán a Dios cara a cara, velado en Su Ángel Mensajero. Eso será estar viendo a Jesucristo cara a cara, pero velado en Su Ángel Mensajero.

San Pablo nos dice en Primera de Corintios, capítulo 13, algo muy importante que no debemos pasar por alto. Primera de Corintios, capítulo 13, versos 12 en adelante, dice así:

“Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido”.

A través de las siete edades de la Iglesia gentil, la Iglesia del Señor Jesucristo ha estado viendo como en espejo, o por espejo, oscuramente, o en oscuridad. ¿Por qué? Porque ha estado pasando por las siete edades de la Iglesia gentil, que corresponden a la noche, en donde la Iglesia está representada en la luna, y cada ángel mensajero es representado en una estrella; y por medio de cada ángel mensajero, la Iglesia, los hijos de Dios, han estado viendo en lugar oscuro, o sea, en la parte oscura del día; porque un día tiene 24 horas: 12 en oscuridad y 12 en claridad (eso es normalmente).

Ahora, la parte oscura por la cual la Iglesia pasaría, han sido las siete etapas o edades de la Iglesia gentil; y ahí han estado viendo por espejo en lugar oscuro.

Si uno mira por espejo, cuando usted ve en el espejo algo, usted no está viendo la realidad, usted está viendo un reflejo de lo que hay, de lo que hay frente a ese espejo.

Y lo que hay para la Iglesia del Señor Jesucristo frente al espejo es todo lo que corresponde a la parte del día, pero fue reflejado en la parte de la noche durante las siete edades. Y a través de cada ángel mensajero Jesucristo se reflejó, Él reflejó lo que Él sería y cómo sería en la parte del día, en donde todos luego lo podrían ver cara a cara en Su manifestación final velado en Su Ángel Mensajero. Eso será ver a Jesucristo cara a cara.

En las edades pasadas fue visto Jesucristo velado en carne humana en cada ángel mensajero, reflejando lo que sería en el Día Postrero en la parte del día, por la cual pasaría la Iglesia del Señor Jesucristo.

Así como Jesucristo fue reflejado en el Antiguo Testamento, en los profetas del Antiguo Testamento… Por ejemplo, el rey, profeta y salmista David, dijo: “Horadaron mis manos y mis pies, contar puedo todos mis huesos”13. Y también hay otras ocasiones en que el rey David habló cosas que se estaban cumpliendo en él parcialmente, pero era que Cristo se estaba reflejando en él, reflejando en él las cosas por las cuales Cristo pasaría en Su Primera Venida y en Su Segunda Venida.

Así que en la vida de David hay cosas que corresponden a la Primera Venida de Cristo y hay cosas que corresponden a la Segunda Venida de Cristo.

También en José, el hijo de Jacob, Cristo se reflejó: Él reflejó Su Primera Venida, y Su Segunda Venida en José también, en cosas de la vida diaria de José, cosas que José vivió pero que son tipo y figura de cosas correspondientes a la Primera Venida de Cristo y a la Segunda Venida de Cristo; pero que ellos tuvieron que vivir esos momentos como tipo y figura, como un reflejo de lo que más adelante sucedería en la Primera Venida de Cristo y en la Segunda Venida de Cristo.

Miren a José el hijo de Jacob: Fue el único que nos dice la Escritura que era profeta. Jacob tuvo un hijo profeta; y eso es una bendición y un privilegio para todo padre: que tenga un hijo profeta del Dios Altísimo.

Ahora, Jacob también era profeta, y en una ocasión se puso medio celoso con José: cuando José contó el sueño de que la luna y el sol y las estrellas se inclinaban delante de él14. Jacob dijo: “¡Pero acaso tu madre y yo también nos hemos de inclinar delante de ti?”, y se puso medio celoso; pero después meditaba esas cosas y comprendió que Dios le había dado un hijo profeta, el cual seguiría el ministerio profético de Jacob. Y por esa causa la Bendición de la Primogenitura vino sobre José y sobre los hijos de José, y sobre todo sobre Efraín el hijo de José.

Por eso fue que cuando fue a echar la bendición para sus hijos, bendijo primero a Efraín, después a Manasés; y después, más adelante, al resto de sus hijos, en donde también bendijo a José.

Ahora, podemos ver que en José, Cristo se reflejó: José siendo vendido por cerca de 30 piezas de plata, encontramos que estaba representando a Cristo cuando fue vendido por 30 piezas de plata que cobró Judas Iscariote de manos del sumo sacerdote y los sacerdotes de aquel tiempo.

Judas Iscariote hizo como Esaú. Esaú vendió la Primogenitura por un plato de lentejas, y ahora Judas Iscariote vende al Primogénito, al que tiene la Primogenitura, por 30 piezas de plata. Vendió la bendición y su nombre fue quitado del Libro de la Vida. No estaba en la sección del Libro de la Vida del Cordero, estaba en la otra sección, de donde pueden ser quitados algunos nombres si venden la Palabra, si venden la Bendición de la Primogenitura.

Pero los que están en el Libro de la Vida del Cordero, esos nunca venderán su Primogenitura, ¡esos siempre estarán buscando la Bendición de la Primogenitura!; y para ellos primero es Dios. Dios es el centro de su vida. Por lo tanto, todo hijo primogénito de Dios será siempre como Jacob: buscando la Bendición de la Primogenitura.

Ahora, José, miren ustedes, la primera parte de su vida representa la Primera Venida de Cristo, pero luego cuando ya sube al trono y es segundo en el trono, esto nos habla de Cristo sentándose en el Trono del Padre en el Cielo, ya resucitado. Y lo encontramos como segundo en el trono, a José, con el sello del faraón, y lo encontramos también como el administrador de todos los bienes del reino, administrador de la casa del faraón.

Ahora, Jesucristo cuando ascendió al Cielo recibió un Nombre nuevo. En el sello que el faraón le entregó a José, ahí está el nombre del faraón, para sellar todos los negocios del reino. Y ahora Cristo tiene un Nombre nuevo, que Él recibió cuando ascendió al Cielo; del cual habla en Apocalipsis, capítulo 3, verso 12, y dice: “Y mi Nombre Nuevo”; Nombre Nuevo que Él colocará sobre el Vencedor; y el Nombre de Su Padre o de Su Dios, que es el Nombre Eterno de Dios.

Y ese mismo es el Nombre de la Ciudad nueva que estará sobre la Tierra después del Reino Milenial: será la Nueva Jerusalén, no será la Jerusalén actual; será una nueva Ciudad, una Nueva Jerusalén con un nombre nuevo. No se llamará Jerusalén la ciudad después del Milenio: en la eternidad tendrá un nombre nuevo: el Nombre Eterno de Dios.

Por eso es que también el profeta Ezequiel, en el capítulo 48 y verso 35, nos dice:

“En derredor tendrá dieciocho mil cañas. Y el nombre de la ciudad desde aquel día será Jehová-sama (que significa ‘Jehová está ahí’. Tiene el Nombre Eterno de Dios)”.

¿Y qué nombre mejor que el Nombre Eterno de Dios para la Ciudad de Dios? No hay otro nombre mejor. El Nombre de Dios es el nombre de la Ciudad de nuestro Dios y es el Nombre nuevo de nuestro Señor Jesucristo. Y Cristo dice: “Y al que venciere, yo le haré columna en el Templo de mi Dios; y escribiré sobre él el Nombre de mi Dios, y el Nombre de la Ciudad de mi Dios, la Nueva Jerusalén, la cual desciende del Cielo de mi Dios, y mi Nombre Nuevo”. Esa es una promesa de Jesucristo para el Vencedor.

Ahora, José, cuando ascendió al trono también recibió un nombre nuevo: Zafnat… (algo así). Vamos a ver cuál es el nombre nuevo que recibió José. Eso está por ahí por el Génesis, capítulo 40 y algo (vamos a ver si lo encontramos). Zafnat-panea. Vamos a ver… Zafnat-panea fue el nombre nuevo que recibió José15 como rey, como príncipe, como el administrador de todos los bienes del rey.

Y nuestro amado Señor Jesucristo, para el glorioso Reino Milenial tendrá Su Nombre Nuevo con el cual será conocido, y con el cual reinará sobre el Trono de David como Hijo de David, como Rey de reyes y Señor de señores, y sobre las doce tribus de Israel.

Y así como el pueblo hebreo, representado en los hijos de José… fueron a Egipto y vieron aquel príncipe, el segundo en el trono, que se llamaba Zafnat-panea, el cual era el administrador de todos los bienes del Faraón; y no sabían que Zafnat-panea era José. Era el mismo José, pero que había tenido un cambio de nombre; y con ese cambio de nombre había tenido un cambio de posición también, aquí en la Tierra, y ahora estaba como un príncipe.

Y vinieron a él sus hermanos, y se postraron delante de él, cumpliéndose así los sueños de José, que los manojos que habían hecho sus hermanos se inclinaron hacia el manojo que había hecho José16; o sea, esos manojos de trigo que hacían, esos mazos de trigo así, que eran colocados así en esa forma mientras los iban haciendo, para después echarlos a un carretón o echárselos al hombro, al lugar donde se trillaban o se pilaban.

Ahora José les contó ese sueño a sus hermanos y se pusieron bravos con él; y decían: “¿Y ahora nos vamos a inclinar nosotros a ti?”.

José era el penúltimo, pero era hijo por medio de Raquel, a través de la esposa de Jacob con la cual él se casó; por lo tanto la Bendición de la Primogenitura le tocaba a José. Aunque Rubén había nacido primero, pero había nacido no por la esposa de Jacob, con la cual se había casado, sino que había nacido por medio de Lea. Pero la Bendición de la Primogenitura sería por medio de Raquel.

Y el hijo primogénito de Jacob por medio de Raquel fue José, por lo tanto la Bendición de la Primogenitura le iba a tocar a José; aunque aparentemente no podía ser, pero por unos problemas que tuvo Rubén, Jacob por su palabra hablada quitó la Bendición de la Primogenitura de Rubén y la pasó a José, y la pasó directa a los hijos de José, y sobre todo a Efraín17.

Ahora, podemos ver lo importante que es la Bendición de la Primogenitura. Y siempre el que tiene la Bendición de la Primogenitura tiene que luchar; pero vale la pena luchar, porque es una bendición para toda la eternidad, es una bendición que nos lleva con Cristo a la vida eterna.

Ahora, la Escritura dice que los que están escritos en el Libro de la Vida del Cordero son los primogénitos de Dios, hijos primogénitos de Dios. Esa es la Iglesia del Señor Jesucristo, los que nacen de nuevo del Agua y del Espíritu. Y por eso encontramos a los miembros de esa Iglesia, a través de las diferentes edades, luchando por la bendición de Dios. Y ahora nos ha tocado a nosotros.

Y ahora, estamos a punto de ver al pueblo hebreo cumpliendo la profecía que fue mostrada en tipo y figura en la vida de José. El pueblo hebreo, 144.000 hebreos, que es el Israel terrenal, los cuales vendrán a Cristo y se inclinarán a Él, se inclinarán a Cristo, en el Día Postrero; así como lo hicieron allá en Egipto: ellos no sabían que aquel era su hermano José; tampoco sabrán de momento que será Cristo en Su manifestación final, en Su revelación final por medio de Su Ángel Mensajero.

En este Día Postrero, el Ángel de Jesucristo estaría en la Tierra, y Cristo estaría en él cumpliendo la Obra del Día Postrero. Por eso es que en Apocalipsis, capítulo 7, encontramos a ese Ángel con el Sello del Dios vivo.

¿Y cuál es el Sello del Dios vivo? El Espíritu Santo.

¿Dónde estará en el Día Postrero el Espíritu Santo llevando a cabo la Obra del tiempo final? En el Ángel del Señor Jesucristo.

Ahora, aquí lo encontramos en el capítulo 7, verso 2, y dice así:

“Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo (o, sea, tenía el Espíritu Santo, tenía el Ángel del Pacto en él manifestándose en Su Obra final, en Su manifestación final, visitando al pueblo hebreo; pero antes visita a la Iglesia del Señor Jesucristo); y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar,

diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios.

Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel (y enumera 12.000 de cada tribu)”.

Es en el Ángel del Señor Jesucristo donde estará el Espíritu Santo, el Ángel de Jehová manifestándose, estará velado en carne humana, en el Ángel del Señor Jesucristo, llevando a cabo Su Obra final. Y el encuentro de la Iglesia del Señor Jesucristo con el Ángel del Señor Jesucristo será un encuentro como el que tuvo Jacob con el Ángel, con aquel Varón, que era el Ángel de Jehová, con el cual luchó buscando la bendición de Dios. Y Jacob decía: “No te dejaré hasta que me bendigas”.

Y así se agarrará la Iglesia del Señor Jesucristo en el Día Postrero. El Ángel le dará a conocer que el día ya está rayando, un nuevo día dispensacional; le mostrará que el séptimo milenio está entrando y la Dispensación del Reino se ha estado abriendo un nuevo día dispensacional, en donde el Sol de Justicia, conforme a la promesa, estará resplandeciendo, y llenará del conocimiento divino a todo ser humano.

Ahora, Jacob no soltaba al Ángel de Jehová hasta recibir la bendición. Y eso es lo que hará el Israel celestial, la Iglesia del Señor Jesucristo: Hasta recibir la bendición de la transformación de sus cuerpos, y la resurrección de los muertos en Cristo, no soltará al Ángel del Señor Jesucristo. Así actuará cada escogido, escrito en el Libro de la Vida del Cordero, porque estará viendo a Jesucristo cara a cara, velado en carne humana en Su Ángel Mensajero, en Su manifestación final; estará viendo a Jesucristo, el Espíritu Santo, en el Día Postrero en Su Ángel Mensajero, llevando a cabo Su Obra final. Y eso es, para la Iglesia del Señor Jesucristo, ver a Jesucristo cara a cara; cara a cara, velado en Su Ángel Mensajero.

Esa es la promesa que dio San Pablo: “Mas entonces veremos cara a cara”.

Luego la Iglesia del Señor Jesucristo será raptada, luego que esté transformada y los muertos en Cristo ya resucitados. Y luego el Ángel del Señor Jesucristo, encontramos que tiene una parte muy importante con el pueblo hebreo, pues Jesucristo estará revelándose al pueblo hebreo a través de los ministerios de los Dos Olivos, de Moisés y Elías; ministerios que estarán en el Ángel del Señor Jesucristo.

Y así el pueblo hebreo también se encontrará con el Ángel de Jehová, con el Ángel de Dios, manifestado en el Ángel del Señor Jesucristo; para así ver a Jesucristo cara a cara, velado en Su Ángel Mensajero. Eso será, para el pueblo hebreo, la repetición de la experiencia de Jacob cuando se encontró con aquel Varón.

Y ahora en el Día Postrero el pueblo hebreo se encontrará con este Varón, con el Ángel del Señor Jesucristo, en donde estará el Espíritu Santo en Su ministerio final; ahí estará Jesucristo en Espíritu Santo revelándose al pueblo hebreo, para así el pueblo hebreo tener la misma experiencia de Jacob: luchar con el Ángel de Jesucristo para recibir la bendición de Dios, y ver así a Cristo cara a cara a través de Su Ángel Mensajero, ver a Cristo cara a cara velado en carne humana en Su Ángel Mensajero. Eso es ver a Cristo, nuestro amado Señor, cara a cara en el Día Postrero, verlo revelado en Su Ángel Mensajero.

Pero Su Ángel Mensajero no será Jesucristo; solamente será Su velo de carne en donde el Espíritu Santo, Jesucristo, estará velado y revelado; porque para revelarse, primero se tiene que velar: meterse en un cuerpo de carne humana, y a través de ese cuerpo humano revelarse al pueblo hebreo, pero antes a Su Iglesia gentil.

Esa es la forma en que la Iglesia del Señor Jesucristo y el pueblo hebreo, 144.000 escogidos de la nación hebrea, verán a Jesucristo cara a cara en el Día Postrero.

Y esa es la forma en que los escritos en el Libro de la Vida del Cordero, los escogidos, los primogénitos, la Iglesia del Señor Jesucristo, verá a Jesucristo cara a cara: revelado a través de Su Ángel Mensajero.

Esa es la forma establecida en la Escritura. No hay otra forma para la Iglesia del Señor Jesucristo y para el pueblo hebreo ver a Jesucristo cara a cara en el Día Postrero; y así agarrarse bien del Ángel de Jesucristo, porque así se estarán agarrando del que está con el Ángel de Jesucristo, que es el Ángel de Jehová, que es el Espíritu Santo, que es nuestro amado Señor Jesucristo velado en Su Ángel Mensajero, para recibir así la bendición de parte de Cristo, y ser transformados y raptados.

Así como Jacob luchó por la bendición del Ángel de Jehová, la Iglesia del Señor Jesucristo luchará en el Día Postrero por la bendición del Ángel de Jehová a través del Ángel del Señor Jesucristo. Y también el pueblo hebreo, 144.000, lucharán por la bendición del Ángel de Jehová a través del Ángel del Señor Jesucristo. Y la recibirán ambos pueblos: la Iglesia del Señor Jesucristo y 144.000 hebreos; y luego estarán en el glorioso Reino Milenial de nuestro amado Señor Jesucristo.

JACOB LUCHA POR LA BENDICIÓN DEL ÁNGEL DE JEHOVÁ. Y ahora nosotros decimos: “¡Y nosotros también luchamos por la bendición del Ángel de Jehová en el Día Postrero!”. Porque esa bendición es hablada por el Ángel de Jehová, que es Jesucristo en Espíritu Santo a través de Su Ángel Mensajero para la Iglesia gentil y luego para el pueblo hebreo.

Estamos viviendo en el tiempo para el cumplimiento de esta promesa, para que se cumpla lo que fue reflejado en Jacob en aquel tiempo.

Ahora, nosotros siendo el Israel celestial tenemos la misma promesa; y el pueblo hebreo, siendo el Israel terrenal, tiene la misma promesa: de un encuentro con el Ángel de Jehová para recibir la Bendición de la Primogenitura. El Ángel de Jehová revelado a través del Ángel del Señor Jesucristo.

Y ahí es donde encontramos que la Iglesia del Señor Jesucristo se agarra bien del Ángel de Jehová revelado a través del Ángel de Jesucristo; y luego el pueblo hebreo hará lo mismo. Y así se llegará a la materialización del Programa Divino correspondiente al Día Postrero para la Iglesia del Señor Jesucristo y para el pueblo hebreo.

Estamos en el tiempo más glorioso de todos los tiempos: en el tiempo para estar bien agarrados de Jesucristo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, velado y revelado en Su Ángel Mensajero, para recibir la bendición de Jesucristo en este Día Postrero.

Tenemos que estar en esta lucha por la bendición de Dios, por la bendición de Jesucristo, como lo estuvo Jacob en la lucha por la bendición del Ángel de Jehová.

La Iglesia de Jesucristo tendrá sus problemas; cada individuo tendrá sus problemas económicos, sociales, familiares; pero tiene que luchar por la bendición del Ángel de Jehová; luchar de tal modo que los problemas de esta vida no le quiten esa bendición, porque es una bendición para toda la eternidad.

Las cosas de la vida acá son temporales, por lo tanto, la atención de la Iglesia del Señor Jesucristo estará en la bendición del Ángel de Jehová en el Día Postrero.

JACOB LUCHA POR LA BENDICIÓN DEL ÁNGEL DE JEHOVÁ. Y en este Día Postrero el Israel celestial lucha por la bendición del Ángel de Jehová, de Jesucristo, a través de Su Ángel Mensajero. Y el Israel terrenal, 144.000 hebreos, lucharán también por la bendición del Ángel de Jehová a través del Ángel del Señor Jesucristo. Ellos están esperando lo que ya nosotros tenemos, pero hasta que seamos bendecidos con la transformación de nuestros cuerpos, y venga ese cambio, no dejaremos al Ángel de Jehová en Su manifestación final a través de Su Ángel Mensajero.

“¡No te dejaré, hasta que nos bendigas!”.

JACOB LUCHA POR LA BENDICIÓN DEL ÁNGEL DE JEHOVÁ.

Que Dios les bendiga, que Dios les guarde.

Muchas gracias por su amable atención, y será hasta una próxima ocasión que estaré con ustedes en este mismo lugar. Y será… el día 19 estaré nuevamente aquí con ustedes. Mientras tanto estaré en un recorrido por toda la república, dando a conocer estas bendiciones de Jesucristo para todos Sus hijos que viven en este planeta Tierra, para pronto ser transformados y raptados.

Lo que hay para todos nosotros es bendición de parte del Ángel de Jehová en Su manifestación final a través de Su Ángel Mensajero.

Por eso estamos en LA LUCHA POR LA BENDICIÓN DEL ÁNGEL DE JEHOVÁ.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, se materialicen en cada uno de ustedes y en mí también.

Dejo con nosotros a Miguel Bermúdez Marín para finalizar nuestra parte en esta ocasión.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LA LUCHA DE JACOB CON EL ÁNGEL POR LA BENDICIÓN”.

[Revisión noviembre 2021]

1 Romanos 9:13

2 Génesis 25:27-34

3 Proverbios 10:22

4 San Mateo 4:4, San Lucas 4:4, Deuteronomio 8:3

5 Génesis 14:18-20

6 Génesis 18:1-8

7 Génesis 27:41

8 Génesis 27:36

9 Génesis 27:1-29

10 Génesis 27:42-46, 28:1-5

11 Génesis 12:3, 27:29

12 1 Juan 4:12

13 Salmos 22:16-17

14 Génesis 37:9-11

15 Génesis 41:45

16 Génesis 37:5-8

17 Génesis 48:1-22

Ir arriba