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La Palabra de Dios reservada para el fin del siglo
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La Palabra de Dios reservada para el fin del siglo

Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes aquí en Cayey, Puerto Rico, y también cada uno de ustedes en los diferentes países del Caribe, de la América Latina, de Norteamérica y el Canadá. Que las bendiciones de Dios sean sobre todos ustedes, y en esta noche Él nos hable al corazón y nos permita entender Su Palabra.

Dice Apocalipsis, capítulo 1, verso 1 en adelante, de la siguiente manera, y quiero leer en esta noche este pasaje de Apocalipsis que dice así:

La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan;

que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto.

Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca”.

“LA PALABRA DE DIOS RESERVADA PARA EL FIN DEL SIGLO”.

LA PALABRA DE DIOS RESERVADA PARA EL FIN DEL SIGLO, vamos a ver en esta ocasión cuál es, conforme a la Escritura.

Dios, a través de Sus santos profetas, en el Antiguo Testamento encontramos que habló y le reveló a Su pueblo lo que Él haría, también en el Nuevo Testamento.

Y dice Amós 3:7: “Porque no hará nada el Señor, sin que revele Sus secretos a Sus siervos los profetas”. Por lo tanto, todo lo que Dios hará es revelado a Sus siervos los profetas. Dios antes de hacer algo, primero ha sido hablado, ha sido revelado y hablado por boca de alguno de los profetas de Dios.

Encontramos entonces que, para cada edad, para cada dispensación y para cada generación, Dios ha hablado Palabra que Él ha cumplido para ese tiempo, cuando ha llegado el momento preciso en el Programa de Dios.

Dios no hace nada si no ha asignado Palabra Suya para una edad, una dispensación o una generación.

Encontramos que para los tiempos pasados, en el Antiguo Testamento, Dios asignó Palabra. Podemos ver el caso del tiempo de Noé, allí hubo Palabra de Dios dada a Noé, y también había sido dada Palabra de Dios a Enoc, el cual también fue profeta y caminó con Dios, y Dios se lo llevó para no ver muerte1.

Encontramos que ellos hablaron del fin de aquella generación, y el último que habló del fin de aquella generación fue Noé. Y Dios dio Su Palabra a Noé, y Noé proclamó Su Palabra.

Y encontramos que de acuerdo a aquella Palabra que Dios le dio a Noé, la cual eran los pensamientos de Dios revelados a Noé, encontramos que de acuerdo a esa Palabra hablada fue que Dios hizo en aquel tiempo; de acuerdo a esa Palabra reservada o asignada por Dios para aquel tiempo fue que Dios realizó el diluvio sobre toda carne y se llevó a todos los incrédulos; y quedaron solamente Noé y su familia en el arca, los cuales se salvaron.

Encontramos que Dios asignó Palabra para aquel tiempo e hizo de acuerdo a esa Palabra. Aquella fue la Palabra de Dios reservada para el fin del tiempo de los días de Noé.

Por eso cuando el Señor Jesucristo habla del fin del siglo o fin del tiempo, Él hace relación al tiempo de Noé y al tiempo de Lot, y dice: “Como fue en los días de Noé, y como fue en los días de Lot, así será la Venida del Hijo del Hombre”2, porque Él está señalando aquel fin del tiempo de Noé, en tipo y figura, como el fin del tiempo en el cual nosotros vivimos.

Ahora veamos también, en el tiempo de Abraham, Dios le dijo a Abraham que le daría un hijo3, y Dios reservó esa Palabra para ser cumplida a Abraham.

Encontramos que Abraham, luego de esperar algunos años, y ya anciano, él recibió lo que Dios prometió por Su Palabra hablada a Abraham4.

Encontramos también que Dios rejuveneció a Abraham y a Sara, conforme a esa Palabra hablada, porque ya ellos siendo ancianos no podían tener hijos, Sara ya no podía concebir y Abraham no podía tener hijos, ya estaba anciano; pero vean ustedes, Dios rejuveneció a Abraham y a Sara conforme a la Palabra reservada para aquel tiempo.

También encontramos Palabra reservada por Dios, asignada por Dios para el pueblo hebreo, aun antes de existir físicamente el pueblo hebreo, y antes aun de Abraham tener hijos.

Antes de Abraham ver su simiente, encontramos que ya Dios había asignado Palabra para el pueblo hebreo, el cual llegaría a una situación difícil en una tierra ajena o extraña, pero Dios los libertaría conforme a esa Palabra reservada por Dios para ese tiempo apropiado o determinado por Dios.

Encontramos en el Génesis, capítulo 15, verso 13 en adelante, que Dios asignó esa Palabra, se la dio a Abraham, y Abraham la habló; y fue escrita también esa Palabra; y luego el pueblo hebreo tuvo esa Palabra escrita hasta que se cumplió esa Palabra, hasta que se convirtió en una realidad. Luego podía ver lo que Dios realizó en aquel tiempo, de acuerdo a la Palabra reservada por Dios para aquel tiempo.

Aquí esta esa palabra reservada por Dios para el pueblo hebreo, y dice en el capítulo 15 del Génesis, verso 13 en adelante:

Entonces Jehová dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años.

Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza.

Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.

Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí”.

Y luego en el Éxodo, capítulo 3, verso 7 en adelante, cuando Dios se le apareció en esa Columna de Fuego, en esa llama de fuego en una zarza a Moisés, y le habló y le dijo: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”…; y luego, más adelante le dijo, del verso 7 en adelante del capítulo 3 del Éxodo:

“Dijo luego Jehová: Bien he visto la (opresión) de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus (opresores); pues he conocido sus angustias,

y he descendido (¿para qué?) para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo.

El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen.

Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel.

Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?

Y él (Dios) respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte”.

Ahora vean ustedes para qué descendió Dios y le apareció a Moisés en el monte Sinaí. Cuando Moisés estaba pastoreando las ovejas de su suegro Jetro, Dios le apareció a Moisés en esa llama de fuego, conocida en la Escritura como el Ángel del Pacto, le apareció para cumplir la Palabra reservada para ese tiempo, la Palabra asignada por Dios para ese tiempo, la Palabra que decía que Él libertaría al pueblo hebreo con mano fuerte.

Ahora, vean ustedes, para Dios cumplir la Palabra reservada, reservada o asignada para ese tiempo, llamó a un hombre, y envió ese hombre; y a través de ese hombre, llamado Moisés, Él cumplió la Palabra que estaba reservada para ese tiempo.

Esa Palabra que estaba reservada para ese tiempo estaba sellada en Moisés: Dios selló esa Palabra en Moisés, Dios selló ese Programa en Moisés; y solamente Moisés podía realizar ese Programa, porque Dios había reservado Su Palabra para ese tiempo y la había colocado en Moisés.

Ahora podemos ver que Dios no hace nada en ninguna edad o en ninguna dispensación, sino la Palabra que Él ha reservado y ha asignado para ese tiempo es lo que Él hace, o sea, cumplir esa promesa o esa Palabra.

Y cuando Él está cumpliendo esa Palabra que Él asignó para ese tiempo, esa es la Obra de Dios para ese tiempo; y ahí es donde Él envía a un mensajero, a un profeta donde coloca Su Palabra. Y ese hombre comienza a predicar esa Palabra, comienza a dar a conocer ese Programa Divino correspondiente para ese tiempo, y comienza Dios a hacer la Obra que Él tiene asignada para ese tiempo; y así se cumple el Programa de Dios correspondiente para ese tiempo.

Miren ustedes también: en el tiempo, por ejemplo, de Juan el Bautista y Jesús de Nazaret. Ellos aparecieron en la historia de la raza humana en medio del pueblo hebreo, y fueron personas sencillas, personas humildes, pero en ellos estaba la Palabra de Dios reservada para aquel tiempo.

En Juan el Bautista estaba cumpliéndose la Palabra que Dios reservó, donde dice: “He aquí, yo envío mi mensajero delante de mí faz, el cual preparará el camino delante de mí”, eso Él lo dijo a través del profeta Malaquías5, y también a través del profeta Isaías6, el cual habló de ese mensajero y el cual cumplió lo que estaba dicho de él.

Cuando Juan el Bautista apareció, ese era el cumplimiento de esa Palabra de Dios reservada para aquel tiempo, en cuanto al que le estaría preparando el camino al Señor. Él fue, entonces, la Palabra reservada convertida en una realidad, la Palabra reservada convertida en un hombre, para así Dios realizar la Obra de preparación para Su gran manifestación en carne humana.

Luego encontramos que cuando apareció Jesús, y Juan el Bautista lo bautizó7, allí estaba comenzando una nueva dispensación, y allí estaba la Palabra reservada por Dios en toda Su plenitud correspondiente para ese tiempo. Y en Jesús se estaban cumpliendo las promesas mesiánicas; o sea, la Palabra de Dios reservada para aquel tiempo era la promesa de la Venida del Mesías, y se estaban cumpliendo estas promesas en Jesús de Nazaret.

Por lo tanto, Él era la Palabra reservada por Dios para ese tiempo, la Palabra Mesiánica hecha una realidad. La promesa mesiánica había llegado a su materialización, se había convertido en un ser humano, se había hecho carne y hábito entre los seres humanos; era nada menos que el Verbo hecho carne.

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”.

“Y el Verbo era en el principio con Dios. Y por Él fueron hechas, creadas, todas las cosas, y sin Él nada de lo que fue hecho, o nada de lo creado fue hecho”8.

Ahora: “Y aquel Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros”9. Era la Palabra de Dios reservada para aquel tiempo convertida en una realidad, convertida en un ser humano.

Por eso cuando le preguntan a Jesús: “¿Qué haremos para hacer la Obra de Dios?”, Jesús dice: “Que creáis en el que Él ha enviado”10; porque el que Él ha enviado es nada menos que la Palabra hecha carne, el Verbo hecho carne, la Palabra de Dios reservada para aquel tiempo hecha carne en la persona de Jesús de Nazaret. Y Dios estaba allí en carne humana, realizando la Obra correspondiente para aquel tiempo, aquellos eran los negocios de Dios para aquel tiempo.

Por eso Jesús dijo en una ocasión11: “En los negocios de mi Padre me conviene estar”; y a todo hijo de Dios le conviene estar en los negocios de nuestro Padre celestial que corresponden para el tiempo en que les toca vivir.

¿Y cuáles son los negocios de nuestro Padre celestial para el tiempo que nos toca vivir? Es la Palabra de Dios reservada para ser convertida en una realidad, y a todo hijo de Dios le conviene estar donde Dios está convirtiendo en una realidad la Palabra que Él ha reservado para ese tiempo.

Hemos visto lo que es la Palabra de Dios reservada para cada edad y para cada dispensación, en estos tres ejemplos: del tiempo de Noé, del tiempo de Abraham, del tiempo de Moisés, y del tiempo de Juan el Bautista y Jesús de Nazaret; o sea, cuatro ejemplos tenemos.

Y miren ustedes, en los días de Jesús todo lo que estaba escrito que el Mesías haría fue cumplido en Jesús de Nazaret; aun Su muerte estaba profetizada en la Escritura, en el capítulo 53 del profeta Isaías, y también en los Salmos12. Encontramos que esa era la Palabra de Dios asignada para aquel tiempo.

Por eso Él decía: “Si ustedes no creen que yo soy, en vuestros pecados moriréis”13, y por eso Él también decía: “El que oye mi Palabra, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas pasó de muerte a vida”14.

Es necesario que en el tiempo en que Dios cumple la Palabra que Él ha asignado, cada persona crea esa Palabra, crea el Mensaje que sale dando a conocer el cumplimiento de lo que Dios ha prometido para ese tiempo.

Miren ustedes, luego que el Señor Jesucristo murió, fue sepultado y a los tres días resucitó (domingo en la mañana), luego estuvo unos cuarenta días con Sus discípulos, apareciéndoles en diferentes ocasiones; y después ascendió al Cielo15, fue recibido en el Cielo. Y el Día de Pentecostés, el Espíritu Santo —que es Cristo en Espíritu— descendió sobre 120 personas que estaban reunidas en el aposento alto allá en Jerusalén. Y encontramos que fue repartido sobre 120 personas, hubo sobre 120 personas lenguas como de fuego, repartidas a ellos y sobre ellos; y comenzaron a hablar las maravillas de Dios16.

Encontramos que allí lo que estaba aconteciendo era que Dios estaba cumpliendo la Palabra que Él había asignado para ese momento; porque Dios había dicho: “En los postreros días yo derramaré de mi Espíritu sobre toda carne”17, y allí Él estaba derramando de Su Espíritu, estaba cumpliéndose la Palabra asignada o reservada de Dios para aquel momento.

Luego encontramos que los discípulos continuaron predicando la Palabra, y fueron añadidos a la Iglesia del Señor Jesucristo miles de personas en cada ocasión.

Y encontramos que, con todo eso, lo que estaba era cumpliéndose la Palabra que Dios había reservado; y Dios estaba formando, creando, Su Cuerpo Místico de creyentes; Él estaba creando Su Iglesia, Su Novia.

Encontramos que a través de las edades Él envió para cada edad y para cada dispensación, envió y asignó Palabra; fue la Palabra de Dios reservada, asignada para cada edad y para cada dispensación. Y cuando se cumplió el tiempo para Dios cumplir esa Palabra que Él asignó para cada edad, envió un mensajero, le habló, y en él selló ese Mensaje, esa Palabra. Ese mensajero —por revelación divina— recibió el conocimiento del Programa de Dios para ese tiempo, y comenzó a trabajar en ese Programa; y fue Jesucristo en ese mensajero realizando la Obra Divina correspondiente para ese tiempo, de acuerdo a la Palabra reservada por Dios para esa edad.

Así Dios, Jesucristo, tuvo siete etapas o edades por las cuales la Iglesia gentil ha estado pasando, en donde Dios ha estado creando Su Cuerpo Místico de creyentes, Su Iglesia, una nueva raza.

Encontramos que siendo la Palabra de Dios reservada para cada edad, la cual Él ha cumplido en cada edad, ha sido (esa Obra) una Obra creadora de Dios para cada edad, en donde ha estado creando Su Cuerpo Místico de creyentes, Su Iglesia, Su Templo espiritual; trayendo así el nuevo nacimiento de cada hijo de Dios, creando una nueva raza; una nueva raza que recibirá por heredad el planeta Tierra, y recibirá por heredad todas las cosas, toda la herencia de Dios; recibirá por heredad la vida eterna y un cuerpo eterno, y todas esas bendiciones que Dios ha prometido.

Podemos ver la Obra creadora de Dios a través de las edades y dispensaciones, cumpliendo la Palabra reservada, asignada por Dios para cada edad y cada dispensación.

Y ahora, cuando hemos llegado al fin del siglo, nosotros necesitamos conocer cuál es la Palabra de Dios reservada para el fin del siglo; porque nosotros estamos conscientes de que estamos viviendo en el fin del siglo, y que la Palabra que Dios ha asignado, ha reservado para el fin del siglo, es la que Él estará cumpliendo; y ahí estará la bendición de Dios para todo hijo de Dios. Y esta es la Palabra que nosotros necesitamos entender, porque es la Palabra que Dios estará cumpliendo en el fin del tiempo o fin del siglo.

Él, cuando habló del fin del siglo, asignó Palabra. En la parábola del trigo y de la cizaña encontramos que Él en el capítulo 13 y verso 37 en adelante, cuando explica la parábola del trigo y de la cizaña a Sus discípulos, dice:

“Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre.

El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo.

El enemigo que la sembró (que sembró la cizaña) es el diablo; la siega es el fin del siglo…”.

Él ha asignado Su Palabra para el fin del siglo.

Ahora veamos todo lo que Él ha asignado para el fin del siglo. La siega es el fin del sigo, y los segadores son los Ángeles. Ha asignado, vean ustedes, una cosecha, ha asignado Sus Ángeles, ángeles mensajeros.

“De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo.

Enviará…”.

Ahora, miren ustedes, para el fin del siglo Él anuncia estas cosas: una cosecha; y sigue diciendo:

“Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles…”.

Para el fin del siglo promete enviar Sus Ángeles.

“… y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad,

y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.

Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre”.

Ahora miren lo que Él ha asignado para el fin del siglo: el ministerio de Sus Ángeles, para llevar a cabo la Obra final de Dios.

Así como asignó a Moisés para llevar a cabo la Obra de liberación del pueblo hebreo, en donde Dios estaría revelándose al pueblo hebreo, o sea, a través de Moisés. Ahora Él promete enviar el ministerio de Sus Ángeles para el fin del siglo o fin del tiempo.

También en la parábola de la red, en el capítulo 13, verso 47 al 50, de San Mateo, nos dice el Señor Jesucristo, hablándonos del fin del siglo:

“Asimismo, el reino de los cielos es semejante a una red, que, echada en el mar, recoge de toda clase de peces;

y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera.

Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos,

y los echarán (a los malos) en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes”.

Ahora vean lo que está asignado, la Palabra que está reservada para el fin del siglo: el ministerio de los Ángeles del Señor Jesucristo, para hacer la separación entre los buenos y los malos; y colocar a los buenos en una nueva dispensación, colocar a los buenos en el Reino de Dios, en la Dispensación del Reino, en donde estarán seguros; y hablar los juicios divinos que vendrán sobre la cizaña, la cual será quemada con fuego, como dice el profeta Malaquías18:

“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama (porque será un fuego atómico, será la ira de Dios, será fuego atómico)”.

Por eso Él señala que viene el día ardiente como un horno, y por eso es que dice que la cizaña será echada al horno de fuego; y también los malos peces (que habla de seres humanos) serán echados en el horno de fuego.

Ahora, para los que temen el Nombre del Señor, para los que temen al Señor, para ellos habrá bendición:

“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada”.

Ahora, vean ustedes, para los que temen el Nombre del Señor, para aquellos que mantienen la Palabra de Dios reservada para ese tiempo, para aquellos que la creen, para ellos vendrá la bendición de Dios, para ellos nacerá el Sol de Justicia, que es la Segunda Venida de Cristo, del Ángel del Pacto, a una nueva dispensación, en donde Él llamará a todos los escogidos.

Así como Él llamó a Su pueblo Israel a través de Moisés, encontramos que en el fin del tiempo el Ángel del Pacto, que es Jesucristo, envía Sus Ángeles —el ministerio de Moisés y de Elías— para llamar y juntar a todos los escogidos de Dios.

Por eso en el Monte de la Transfiguración Jesucristo se transfiguró, y Su rostro resplandeció como el sol, porque la promesa de Su Venida es como el Sol de Justicia naciendo; y el sol siempre sale o nace en la mañana. Y la Venida de Cristo será en una mañana dispensacional, en una mañana de la Dispensación del Reino, o sea, en el comienzo de la Dispensación del Reino o nacimiento de la Dispensación del Reino; y así Él estará cumpliendo la Palabra reservada para el fin del siglo, enviando el ministerio de Sus Ángeles, que es el ministerio de Moisés y de Elías.

Por eso en San Mateo, capítulo 24, verso 31, dice:

“Y enviará sus ángeles…”.

¿Quién enviará? El Hijo del Hombre.

“Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos…”.

Con Gran Voz de Trompeta es con el Mensaje Final de Dios, que es el Evangelio del Reino, representado en la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta. También fue representado el Mensaje Final de Dios en la trompeta del año del jubileo.

Por eso encontramos que el apóstol San Pablo, cuando nos habla del tiempo para la resurrección de los muertos en Cristo y para la transformación de nosotros los que vivimos, nos dice que será a la Final Trompeta: “porque será tocada la Trompeta, y los muertos en Cristo resucitarán primero, y luego nosotros los que vivimos seremos transformados”, nos dice en Primera de Corintios, capítulo 15, verso 50 al 54.

Así que podemos ver aquí la Palabra que Dios ha asignado para el fin del siglo, en el cual nosotros estamos viviendo.

Esa Voz como de Trompeta o Gran Voz de Trompeta, podemos ver en Apocalipsis que es la Voz de Cristo. Dice Apocalipsis, capítulo 1, verso 10:

“Yo estaba en el Espíritu en el Día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta…”.

Vean ustedes que es una voz, la Voz de Cristo, una voz como de trompeta. Y en Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, nos dice:

“Después de esto mire, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo (una voz como de trompeta que habla, hablando con Juan; dice), dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas”.

Vean ustedes que es la Voz de Cristo hablando y prometiendo dar a conocer las cosas que han de suceder después de las cosas que sucedieron en las siete etapas o edades de la Iglesia gentil.

Y esta Voz, como de trompeta, dando a conocer todas estas cosas que deben suceder, es una promesa divina, es una Palabra de Dios asignada para el fin del tiempo, cuando ya las siete etapas o edades de la Iglesia gentil han terminado.

Por eso encontramos esta Voz como de trompeta, que daría a conocer todas estas cosas que deben suceder, encontramos (esa Voz) que es la Voz de Cristo en el Ángel del Señor Jesucristo dando a conocer las cosas que deben suceder pronto. Por eso en Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, dice:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas (son palabras fieles y verdaderas). Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

¿A quién envía para dar a conocer las cosas que deben suceder pronto? A Su Ángel Mensajero, que es el último profeta mensajero de Dios para el fin del siglo.

Para el fin del siglo Él envía Su Ángel Mensajero, Jesucristo envía Su Ángel Mensajero, para dar a conocer todas estas cosas. Viene con el Mensaje Final, viene con la Trompeta Final, dando a conocer todas estas cosas que deben suceder; y así mostrándoles a todos los hijos de Dios LA PALABRA DE DIOS RESERVADA PARA EL FIN DEL SIGLO; y dándoles a conocer esa Palabra a medida que va cumpliéndose, dándoles a conocer el cumplimiento de la Palabra que ha sido asignada para el fin del siglo, para llamar y juntar a todos los escogidos, y prepararlos para la transformación de sus cuerpos.

Es LA PALABRA DE DIOS RESERVADA PARA EL FIN DEL SIGLO. Esa no es palabra humana, sino la Palabra de Dios. Y esa es la Palabra que todo ser humano en este tiempo final necesita conocer; porque conociendo esta Palabra estará conociendo todo el Programa de Dios correspondiente al fin del siglo, para escapar de los juicios que van a venir y estar en pie delante del Hijo del Hombre, como dice el Señor Jesucristo en San Lucas, capítulo 21, verso 36: “Orad en todo tiempo que seáis tenidos por dignos de evitar estas cosas que han de venir, y estar en pie delante del Hijo del Hombre”.

Vean ustedes que para el fin del siglo lo más importante es estar en pie delante del Hijo del Hombre, es estar en pie delante de la Palabra de Dios reservada para el fin del siglo.

Dios estará cumpliendo toda Palabra que Él ha reservado, ha asignado, para el fin del siglo; y Él estará trabajando para y en la realización de lo que Él prometió. Ahí es donde podemos encontrar a Dios, podemos ver a Dios cumpliendo lo que Él prometió, de acuerdo a esa Palabra de Dios reservada para el fin del siglo.

Ahora, en el fin del siglo Él estará creando en Su Cuerpo Místico la parte final de Su Cuerpo Místico, o sea, la parte final, que es el grupo de escogidos del fin del tiempo que serán llamados y juntados, y formarán la Edad de la Piedra Angular, que es la Edad de la Mente de Cristo.

Pues Dios comenzó la construcción de Su Cuerpo Místico de Su Iglesia de abajo hacia arriba, para en el fin del siglo Él completar la construcción de Su Iglesia, de Su Templo espiritual. Por eso la construcción final del Templo espiritual del Señor Jesucristo es el Lugar Santísimo, porque es el lugar de morada de Dios.

Así que podemos ver que para el fin del siglo Dios asignó, reservó Palabra; y esa Palabra reservada para el fin del siglo es la que Él en este tiempo final ha comenzado a cumplir, ha comenzado a convertirla en una realidad. Él ha comenzado ¡y no se detendrá! hasta que cumpla toda Palabra de Dios de Dios reservada para el fin del siglo.

“LA PALABRA DE DIOS RESERVADA PARA EL FIN DEL SIGLO”.

Ustedes son Palabra de Dios hecha una realidad, pues Él dijo que el trigo sería recogido; y cuando ustedes están siendo recogidos con el Mensaje Final, el Mensaje de la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, en ustedes se está cumpliendo lo que Él prometió acerca del trigo: que sería recogidos en el alfolí. Ustedes son Palabra de Dios asignada para el fin del siglo, convertida esa Palabra en realidad en cada uno de ustedes y en mí también.

Estamos en el tiempo en que Dios está llevando a cabo una Obra de creación, pues el Señor Jesucristo es el principio de la Creación de Dios, como dice el mismo Señor Jesucristo en Apocalipsis, capítulo 3, verso 14:

“Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios…”.

De la Nueva Creación, que es Su Iglesia; pues la Creación antigua, de la cual Adán fue la cabeza, esa Creación cayó; pero la Nueva Creación, con el segundo Adán, esa permanecerá para toda la eternidad.

Y en esa Nueva Creación Dios está cumpliendo la Palabra que Él reservó para el fin del siglo, para ser cumplida en Su Cuerpo Místico de creyentes; en esa Nueva Creación que comenzó con el Señor Jesucristo, y ha continuado realizando el nuevo nacimiento de cada hijo de Dios, hasta llegar al fin del siglo, en el cual todos nosotros estamos viviendo, en donde se está materializando, realizando, cumpliendo, la Palabra de Dios reservada para el fin del siglo.

“LA PALABRA DE DIOS RESERVADA PARA EL FIN DEL SIGLO”.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos, que Dios les guarde. Muchas gracias por vuestra amable atención; y pasen todos muy buenas noches, ustedes aquí en Cayey, Puerto Rico; y también cada uno de ustedes allá en la República Dominicana y en diferentes lugares del Caribe; y también cada uno de ustedes allá en Venezuela, en Colombia, en el Perú, en el Ecuador, en Chile, en Bolivia, en la Argentina, en el Paraguay, en el Uruguay, en el Brasil; y también ustedes allá en Panamá, en México, en Guatemala, en El Salvador, en Nicaragua; y también todos ustedes allá en Norteamérica y en el Canadá; y en todos los demás lugares que estén en esta ocasión escuchando esta conferencia.

Que las bendiciones de Dios sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y que la Palabra de Dios reservada para el fin del siglo se convierta toda en una realidad, se cumpla toda, y Él nos permita ver Su Palabra convertida en una realidad; así como la vieron Abraham, como la vio también Noé, como la vio también Enoc, como la vio también Moisés, como la vio también Juan el Bautista, Jesús de Nazaret, los apóstoles, los siete ángeles mensajeros; y ahora que Dios nos permita a nosotros ver Su Palabra reservada para el fin del tiempo o fin del siglo, siendo convertida en una realidad, o sea, siendo cumplida en el fin del siglo; y no se nos pase por alto, como se les pasó a muchas personas en otras edades y otras dispensaciones, y perdieron las bendiciones de Dios; porque no conocieron, no conocieron el cumplimiento de la Palabra de Dios reservada para el tiempo en que ellos vivieron.

No queremos que suceda así con ustedes, amigos televidentes y amigos presentes aquí en esta ocasión. Queremos que la revelación del Cielo sea en el corazón de cada uno de ustedes, y que todos puedan ver la Palabra de Dios reservada para el fin del tiempo o fin del siglo, convirtiéndose en una realidad.

“LA PALABRA DE DIOS RESERVADA PARA EL FIN DEL SIGLO”.

Que Dios les bendiga, que Dios les guarde, y muchas gracias por vuestra amable atención.

Será hasta mañana a las… de 8:00 a 8:30 de la mañana, mañana sábado, que estaré con ustedes, jóvenes, aquí en Cayey, Puerto Rico, y también con todos ustedes a través del canal 11 de Galaxy VII, para traerles la Palabra correspondiente para nuestro tiempo.

Mañana la actividad comenzará a las 8:00 de la mañana, hora de Puerto Rico; y luego del devocional estaremos transmitiendo para toda la América Latina, Norteamérica, Canadá, y demás lugares donde lleguen estas ondas de televisión.

Así que, jóvenes de todos los lugares de la América Latina, mañana a las 8:00 de la mañana comenzaremos las actividades aquí en Cayey, Puerto Rico; luego de un corto devocional y algunas palabras que sean habladas, luego tendremos la transmisión por televisión, para todos los jóvenes de la América Latina y del Caribe, y de Norteamérica.

Que Dios los bendiga, que Dios les guarde, y con nosotros nuevamente Félix Caro para concluir.

Que Dios les bendiga, amigos televidentes, y también los de aquí presentes. Dios les bendiga a todos.

“LA PALABRA DE DIOS RESERVADA PARA EL FIN DEL SIGLO”.

[Revisión noviembre 2020]

1 Génesis 5:24

2 San Lucas 17:26-30, San Mateo 24:37-39

3 Génesis 15:1-6, 18:1-14

4 Génesis 21:1-5

5 Malaquías 3:1

6 Isaías 40:3-5

7 San Mateo 3:13-17

8 San Juan 1:1-3

9 San Juan 1:14

10 San Juan 6:28-29

11 San Lucas 2:49

12 Salmos 22:1-18, 34:20, 69:21

13 San Juan 8:24

14 San Juan 5:24

15 Hechos 1:9-11

16 Hechos 2:1-13

17 Hechos 2:16-18, Joel 2:28

18 Malaquías 4:1-2

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