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Las cosas que han de ser
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Las cosas que han de ser

Muy buenas noches, amados hermanos y amigos presentes, y también cada uno de ustedes que están a través de la línea telefónica. Es para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta noche y tener la oportunidad así de continuar con nuestro tema «PROFECÍA» en: «LAS COSAS QUE HAN DE SER».

En esta noche vamos a tener un resumen de las cosas que Juan vio: «las cosas que son, y las que han de ser». Para esto leemos Apocalipsis, capítulo 1, verso 19, que dice así:

«Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas».

Que Dios bendiga Su Palabra en nuestros corazones y nos permita entenderla.

A través de la historia vimos en estos días las cosas que fueron. En esta noche tenemos el resumen de las cosas que vio Juan, las cosas que son en el tiempo o que fueron en el tiempo de la Dispensación de la Gracia, y las cosas que serán para la Dispensación del Reino.

En la revelación apocalíptica encontramos todos los misterios de la Biblia desde el Génesis; y encontramos que con la apertura de la revelación apocalíptica en el fin del tiempo se abre toda la Biblia para entender los misterios que en otros tiempos, edades y dispensaciones no pudieron ser entendidos.

Encontramos ese Libro sellado con Siete Sellos en la mano del que está sentado en el Trono, ahí en Apocalipsis, capítulo 5, y miramos ese capítulo y vemos cuando el Cordero, que también es el León de la tribu de Judá, Jesucristo, tomó ese Libro y luego abrió esos Sellos.

En tiempos pasados no comprendían (ni los teólogos) qué Libro era ese; pero miren ustedes, en este tiempo final, bajo el ministerio del séptimo ángel mensajero, se dio a conocer qué Libro era ese que estaba en la mano del que está sentado en el Trono; era nada menos que el Libro más importante de todos los libros: el Título de Propiedad de toda la Creación, en donde están los nombres de todos los hijos de Dios.

Ahora, encontramos que en el fin del tiempo es que estos misterios serían abiertos, y comenzaron a ser abiertos por el séptimo ángel mensajero; él dio a conocer al público, por revelación divina, las cosas que fueron en las siete edades de la Iglesia gentil; él dio a conocer desde la edad de San Pablo hasta la séptima edad, en donde el séptimo ángel fue el mensajero de esa edad; él pudo traer esa revelación por cuanto ya estaba cumplido todo ese Programa; ya él estaba viviendo en la séptima edad de la Iglesia gentil, en donde se estaba cumpliendo esa parte, y por esa causa él pudo dar a conocer esas cosas.

Pero cuando se trató de dar a conocer las cosas que tenían que suceder después de esas, él solamente pudo hablar con parábolas, pudo hablar con símbolos, pudo hablar Palabra profética señalando que para más adelante se cumplirían otras cosas; y no pudo darle a conocer abiertamente al pueblo las cosas que serían después de las edades de la Iglesia gentil.

Ahora, no pudo dárselas a conocer abiertamente, porque estas cosas estaban escondidas bajo el misterio del Séptimo Sello; cosas correspondientes a la apertura del Séptimo Sello, la apertura del gran misterio de la Venida del Señor en el fin del tiempo, cuando las siete etapas o edades de la Iglesia gentil han terminado.

Ese misterio es el misterio que ni los ángeles conocían1. Cuando el Señor Jesucristo estuvo hablando de la Segunda Venida, Él dijo que ni los ángeles conocían ese misterio; porque es el misterio que Dios tuvo escondido en Su mente desde antes de la fundación del mundo; es el misterio más grande y es el misterio que nunca Él lo dio a conocer a nadie.

Para la Primera Venida del Señor, Dios le dio a través de los profetas mucha información al pueblo: les señaló que de una virgen, la cual concebiría, daría a luz (esa virgen) un niño, y sería Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros2. Dijo3:

«Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz».

Está dando información acerca de la Primera Venida del Señor; y dice que será un niño que ha de nacer de una virgen, y que será Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.

Ahora, también dice que de Belén saldría el que sería el gobernador de Israel4, está también dando a conocer en dónde tiene que nacer ese niño; y luego, cuando dice que sería nazareno o nazareo, está señalando proféticamente que se va a criar en Nazaret5.

Por eso usted puede ver cómo se movió José y María de un sitio a otro: vivían en Nazaret pero eran de Belén; y luego, en el momento en que tenía que nacer Jesús, ellos tenían que estar en Belén6.

Y algunas veces uno no hace las cosas (como decimos nosotros) «por las buenas», porque no las entiende algunas veces, y tienen que ocurrir un sinnúmero de cosas en la vida de uno para que uno entre en el programa que tiene que cumplirse en la vida de uno.

Ahora, por la cuenta de ellos, ellos no se iban a ir para Belén, pero vino un censo, y ellos caminaron a su tierra, a la ciudad donde habían nacido, porque eran de Belén.

Y luego, cuando Herodes estuvo matando a todos los niños de dos años hacia abajo… porque había averiguado con los magos desde cuándo había salido esa estrella7 y sacó la cuenta, y ya llevaba aproximadamente dos años que esa estrella había salido y permanecía todavía; por lo tanto, Herodes dijo: «Entonces el niño no tiene más de dos años».

Por eso encontramos que cuando los magos llegaron a ver el niño, cuando llegaron donde estaba el niño, no dice que llegaron a un pesebre, dice que llegaron a donde estaba la casa, ya estaba en una casa. Y encontramos que esos magos vieron al niño, ofrecieron sus presentes y fueron avisados por el Ángel del Señor que se fueran por otro camino al lugar de ellos8.

Ahora, Herodes se vio burlado, porque él lo que quería era matar al Mesías. Él le había dicho a los magos: «Vayan, consigan al niño, y cuando lo hayan conseguido me avisan para yo ir y adorarlo también»9. Pero no; quería matarlo. Pero Jesús no había nacido para morir en ese momento, sino que tenían que esperar, el imperio romano tenía que esperar 33 años para poder matar al Mesías.

Pero ya, vean ustedes, naciendo ya lo estaban persiguiendo; no tenía compasión el reino gentil ni ese rey, de un niñito que estaba naciendo.

Ahora, los magos fueron avisados que se fueran por otro lugar; y José fue avisado que se fuera a Egipto, porque el rey buscaría al niño para matarlo10.

Ahora, José se fue a Egipto; y cuando llegó el rey o llegaron la gente del rey (el ejército) y comenzó a matar los niños, se cumplió que «Raquel lloraba y no quería ser consolada, porque lloraba por sus hijos»11; se cumplió esa profecía ahí cuando mataron a todos los niños de dos años hacia abajo.

Ahora, aquellos niños fueron bienaventurados, porque murieron por causa del Señor Jesucristo; y después, el Señor Jesucristo, 33 años después, murió por ellos y por todos los hijos de Dios.

Tener problemas en la vida por causa de Jesucristo y Su Palabra es una bendición, morir por el Señor Jesucristo es una bendición. Por eso Él decía: «El que pierda su vida por mí y por mi Palabra, por el Evangelio, la ganará (¿ve que es una bendición?); pero el que la gane, la perderá»12. O sea, el que la gane: el que niegue a Jesucristo y Su Palabra y no le hagan nada, y no lo maten, en un tiempo en que estén matando a los creyentes en Él, esa persona ganó la vida aquí en la Tierra; o sea, la salvó aparentemente, pero la perdió, porque cuando llegue al Juicio Final será condenado, y será echado al lago de fuego; y aun antes del Juicio Final, al morir aquí en la Tierra, no tiene lugar en el Cielo.

Así que perdió todo; creyendo que se ganaba la vida lo que hizo fue perderla. Porque esta vida aquí en la Tierra es pasajera, es temporal; pero hay una vida eterna para todos los hijos de Dios, los que reciben la Palabra de Dios.

Ahora, vean ustedes, el Señor Jesucristo fue llevado a Egipto, y allá José y María vivieron en Egipto por cierta cantidad de tiempo; y luego que murió el rey, el Ángel del Señor le apareció a José en sueños y le dijo: «Ya murió el que buscaba la muerte del niño»13. El que buscaba la muerte del niño, recibió la muerte; lo que le quería dar a Jesús, lo recibió él.

Y le dijo el Ángel que regresara a la tierra de Israel; pero no le dijo: «Regresa a Belén», le dijo: «Ve a Nazaret». ¿Por qué? Porque en Nazaret tenía que cumplirse Palabra profética también, para que el niño fuera nazareo o nazareno; y también, al salir de Egipto se cumplió la Palabra que se había cumplido en Jacob, que decía: «De Egipto llamé a mi Hijo»14.

¿Y por qué se cumplió en Jesús esa Palabra? Porque el pueblo hebreo, Israel, dice la Escritura que es el primogénito de Dios, dice15: «Jacob, Israel, mi primogénito», dice Dios. Y Jesús: el Primogénito de Dios. En Él o los primogénitos de Dios se cumplen todas esas Escrituras, tienen las Escrituras proféticas múltiple cumplimiento; por lo tanto, a todo primogénito se le cumplen esas Escrituras de acuerdo al tiempo que vive.

Ahora, vean ustedes, Jesús luego creció allá en Nazaret, y al tiempo señalado por Dios estaba listo para el ministerio de tres años y medio. Antes de ese tiempo Él estuvo preparándose, Él crecía en sabiduría16, en conocimiento de Dios, de la Palabra de Dios, del Programa de Dios para ese tiempo. Él no comenzó Su ministerio ignorando las Escrituras.

Vean ustedes, ya a los 12 años allá en Jerusalén estaba con los doctores de la Ley, hablando con ellos y ellos con Él; y se maravillaban de la sabiduría que tenía ese niño17. Y eso fue a los 12 años, ¿cómo sería a los 29 años, a los 30, a los 31, a los 32 y a los 33?

Muchos decían: «¿Y de dónde saca este esta sabiduría, y de dónde tiene este esta doctrina sin haber estudiado?»18. No había estudiado teología, no había estudiado como los doctores de la Ley, no tenía una identificación de ellos; pero tenía la Palabra: Él era la Palabra, en Él estaba el Programa Divino correspondiente para ese tiempo para ser manifestado, en Él estaba ese Programa y Él era ese Programa para ese tiempo.

Ahora, vean ustedes, Él tuvo que aparecer en la semana número setenta, en cuanto a Su ministerio; aunque ya había aparecido mucho antes, había aparecido veintiocho años y medio antes (o sea, que son como cuatro semanas; o tres semanas y algo; o cuatro semanas), había aparecido acá en la Tierra cuando nació en Belén; pero Él tenía que manifestarse a Israel en la semana número setenta.

¿Ven ustedes que Dios nunca llega tarde? Cuando las personas estaban esperando ese ministerio profético de la semana número setenta, ya el Mesías hacía veintiocho años y medio que estaba en la Tierra; y estaba entre ellos y era uno de ellos.

Cuando Moisés, también aconteció así. ¡Un mensajero dispensacional nunca llega tarde!

Cuando se cumplió el tiempo para la liberación del pueblo hebreo y todo el pueblo estaba esperando la liberación, ya Moisés estaba en la Tierra. Cuando trató de libertar al pueblo hebreo, por ahí cuando se estaba viviendo en el año 390 de la esclavitud del pueblo hebreo, y trató de libertar al pueblo hebreo, ya Moisés tenía 40 años; estaba allí antes de llegar el momento del pueblo salir.

Ahora, Moisés estaba allí con ellos. Si ellos lo hubieran recibido, hubieran salido no en el año 430, sino del 390 al 400. Y si tenían que salir exactamente en el año 400, entonces hubieran tenido diez años de bendiciones recibiendo la Palabra, escuchando la revelación divina para ellos.

Pero miren ustedes, el pueblo fue el que no comprendió que ya Dios les había enviado al libertador. Después tuvo que llevarlos por otro lugar.

Y de un príncipe en Egipto vino a ser un pastor de ovejas. Y cuando regresó como pastor de ovejas con un cayado y con la Columna de Fuego acompañándole, le habló la Palabra al pueblo hebreo: ya habían pasado 30 años, aproximadamente; de los 400 años que Dios le había dicho, ya se había ido hasta 430 años.

Ahora, Dios no llegó tarde, ni el mensajero dispensacional tampoco llegó tarde; el pueblo reaccionó demasiado tarde. Y cuando las personas reaccionan demasiado tarde, lo que han hecho es perder bendiciones y tener problemas innecesarios.

Cada día se le apretaba más la situación al pueblo hebreo, hasta que clamaron a Dios y Dios descendió al Sinaí. El pueblo clamó en Egipto y Dios descendió en el Sinaí. ¿Por qué? Porque Moisés tuvo que huir de Egipto.

Si Moisés hubiera estado en Egipto, allí en la capital, la Columna de Fuego (Dios) hubiera descendido allí en la capital de Egipto; pero tuvo que descender allá en el Sinaí, porque Moisés estaba allá19. Y la Columna de Fuego llega a donde está el mensajero para esa edad o para esa dispensación.

Ahora, vean ustedes cómo son las edades y cómo son las dispensaciones también. Miren ustedes, San Pablo, el mensajero de la primera edad de la Iglesia gentil, tampoco llegó tarde: estaba allí; y cuando le apareció Jesucristo en la Columna de Fuego, ya Saulo de Tarso tenía… vamos a colocarle de 25 años en adelante, de 25 a 30 años; y estaba persiguiendo al pueblo de Dios, estaba persiguiendo a los escogidos de Dios.

Pero cuando le apareció Jesucristo en esa Columna de Fuego y le dijo que lo estaba persiguiendo, y Saulo le preguntó: «¿Quién eres, Señor?» (porque supo que era el Yo soy que le había aparecido a Moisés, que era el Ángel del Pacto), esa Columna de Fuego le dijo: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues»20. Y de ahí en adelante vino a ser San Pablo.

La Columna de Fuego cambió la vida y trayectoria del apóstol San Pablo: de Saulo de Tarso a San Pablo; y allí estaba el mensajero de la primera edad, la cual no había comenzado; porque no puede comenzar una edad ni una dispensación sin el mensajero que comience esa edad o esa dispensación.

Cuando el mensajero comienza su ministerio, ahí comienza la edad o la dispensación; eso marca el tiempo en el Programa Divino, eso marca el tiempo en que Dios comienza a tratar con ese pueblo a través de ese mensajero, a través del cual se revela el Señor al pueblo y realiza la Obra que corresponde para ese tiempo, y derrama Sus bendiciones sobre Su pueblo.

Vean ustedes, así como hizo con San Pablo, también hizo con cada uno de los siete mensajeros.

Ahora, hubo muchos problemas, hubo luchas, hubo persecuciones, y mataban al pueblo de Dios en las diferentes edades; pero ellos murieron creyendo en el Señor Jesucristo y conscientes de que en el fin del tiempo Jesucristo los resucitaría conforme a Su promesa.

San Pablo estuvo hablando de la resurrección, y él les dijo a ellos que sería a la Final Trompeta21, y les dio a conocer ese misterio en forma simbólica. Cuando les habló de la resurrección les dijo que seríamos a imagen y semejanza del Señor, cuando la resurrección se llevase a cabo. Y para los que estén vivos, cuando la transformación se realice todos seremos a imagen y semejanza del Señor Jesucristo.

Ahora, Él tipificó el Mensaje Final con la Trompeta Final; porque una trompeta representa un mensaje, y cuando se habla del Mensaje Final se habla del Evangelio del Reino, que es el Mensaje dispensacional final para el ser humano. Después del Mensaje Final se entra a eternidad.

Ahora, encontramos que a través de los diferentes Mensajes de San Pablo les dio a conocer de la Trompeta Final (que es el Mensaje Final), les dio a conocer acerca de la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos; les dio a conocer estas cosas, y ellos estuvieron dispuestos a morir para alcanzar una resurrección en un cuerpo mejor, en un cuerpo eterno.

Y nosotros los que vivimos en el fin del tiempo sabemos que estamos escuchando el Mensaje Final, la Trompeta Final, para recibir la transformación de nuestros cuerpos; y los que murieron en Cristo recibirán la resurrección.22

Ahora, algunos de los nuestros han partido, pero ellos regresarán y serán testigos de la resurrección; porque nosotros no conocemos a los santos de las edades pasadas, ni aun conocemos a los santos de la séptima edad de la Iglesia gentil, que se desarrolló en Norteamérica, exceptuando algunos santos de la séptima edad que hayan vivido en la América Latina; pero el grupo grande de los santos de la séptima edad vivió en Norteamérica; ni siquiera han conocido (la mayoría) al séptimo ángel mensajero en persona.

Por lo tanto, Dios ha tomado de entre nosotros algunos escogidos y los tiene en el Paraíso descansando, para cuando llegue la resurrección aparezcan a nosotros y nos digan: «Estamos de regreso, y estamos de regreso en el cuerpo eterno del cual se nos habló; se ha convertido en una realidad lo que fue predicado en nuestra edad».

Por lo tanto, cada uno de nosotros al ver a nuestros seres queridos entenderemos que ya la resurrección se ha llevado a cabo, y nosotros seremos transformados. También el resto de los santos de todas las edades, los escogidos, estarán con nosotros también.

Cuando el séptimo mensajero estuvo allá, le dijeron: «Aquí nosotros ni comemos, ni dormimos, ni nos cansamos tampoco; pero nosotros regresaremos a la Tierra (estaban deseosos de regresar)». Y no dicen: «Y entonces dormiremos», tampoco dicen: «Y entonces nos cansaremos», pero dicen: «Y entonces comeremos»23. Por lo tanto, les tendremos invitados a ellos para cenar con nosotros.

Lo mismo aconteció cuando el Señor Jesucristo resucitó: no creían que había resucitado, y Él les dijo: «Pues, traigan algo de comer», y comió delante de ellos24; porque Él les dijo: «Miren, el espíritu… Ustedes creen que yo soy un espíritu. El espíritu no tiene cuerpo, no tiene carne, no tiene hueso, no tiene sangre, como ustedes ven. Traigan acá algo de comer, para que ustedes no vayan a estar pensando: ‘Estos son espíritus que están apareciendo’».

Ya ellos dijeron: «¡Me tienen algo de comer. Cuando regresemos vamos a comer!». Por lo tanto, no hay que estarles preguntando muchas cosas; están invitados a comer con nosotros. Y ahí veremos lo mismo que vieron los discípulos con el Señor Jesucristo, que se comió el pedazo de pescado que le dieron y comió de aquel panal de abejas.

Ahora, ese momento será algo maravilloso, porque al ver nosotros a los santos resucitados seremos nosotros transformados, y entonces se acabó la muerte; entonces se cumplirá la Palabra escrita: «Sorbida es la muerte en victoria»25.

Ahora estamos pasando nosotros por una etapa muy importante, pero al final recibiremos la transformación de nuestros cuerpos.

Estamos pasando por la etapa del Séptimo Sello, estamos pasando por la etapa de la Edad de la Piedra Angular, estamos pasando nosotros por la etapa del comienzo de la Dispensación del Reino; aunque todavía no ha comenzado el glorioso Reino Milenial, pero ha comenzado la Dispensación del Reino, está en el campo espiritual y pronto se va a materializar, luego de la gran tribulación.

Ahora, nosotros estamos en una etapa muy importante, la etapa más importante de todos los tiempos; es la etapa en donde la revelación de Jesucristo es dada a conocer a todos los hijos de Dios como se dio a conocer la revelación de Jesucristo para cada edad por medio de cada ángel mensajero. Y los hijos de Dios de cada edad vieron a Jesucristo, la Columna de Fuego, revelado en cada mensajero.

¿Vieron ustedes lo que ocurrió en las edades? Jesucristo revelándose a través de cada mensajero. Sería también lo que ocurriría en la Edad de la Piedra Angular: Jesucristo revelado en Su Ángel Mensajero cumpliendo así el Séptimo Sello, cumpliendo así la apertura del Séptimo Sello, cumpliendo así la revelación de Jesucristo, y dándola a conocer a través de las siete voces de los Siete Truenos que contienen el misterio del Séptimo Sello, o sea, el misterio de la Venida del Señor.

Los Siete Truenos es la Voz de Cristo, la Voz del Ángel Fuerte, la Voz de la Columna de Fuego, dándonos a conocer ese gran misterio con el Mensaje del Evangelio del Reino.

El Mensaje del Evangelio del Reino contiene los Siete Truenos; es la Voz de los Siete Truenos proclamando el gran misterio de la Segunda Venida de Cristo como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores.

Ahora, vamos a leer aquí en el libro de Citas, página 82, párrafo 698. Esta cita está tomada del mensaje «Señores, ¿es este el tiempo?» (página 45). El libro de Citas reúne un sinnúmero de extractos de diferentes mensajes, y este fue tomado de ese mensaje. Dice así:

698 – «Este ángel trae el siguiente anuncio (o sea, el siguiente Mensaje; porque este es el Ángel que ruge como un león y siete truenos emiten Sus voces; es el Mensaje con los Siete Truenos)(y un ángel quiere decir mensajero) y baja del cielo vestido en un Pilar de Luz (vestido del Pilar de Fuego)… nube, con el arco iris sobre su cabeza; y un arco iris es un pacto. Era Cristo con un pie en la tierra y el otro en el mar, y juró que el tiempo no sería más».

Ahora, Él viene envuelto en esa Columna de Luz, de Fuego. Es el mismo que le apareció a Saulo de Tarso envuelto en esa Columna de Fuego, el mismo Señor Jesucristo en la Columna de Fuego descendiendo. Y así Él cumple Apocalipsis, capítulo 10.

Ahora, vamos a ver aquí en el libro de Los Sellos, página 57, vamos a ver qué dice el séptimo mensajero acerca de este Ángel. Dice:

«16. Este Libro sellado con siete sellos es revelado en el tiempo de los siete truenos de Apocalipsis 10. Demos lectura allí también para tener un mejor entendimiento antes de entrar más profundamente. Ahora, esto ya es el tiempo del fin porque dice así:

‘Y vi otro ángel fuerte descender del cielo, cercado de una nube, y el arco celeste sobre su cabeza…’.

17. Ahora, si usted se fija bien, notará que esta persona es Cristo, porque aun en el Antiguo Testamento Él fue llamado el Ángel del Pacto; y Él ahora viene directamente a los judíos porque la Iglesia gentil ha llegado a su fin. Bien, ahora continuando:

‘… y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego’.

18. ¿Recuerdan el Ángel de Apocalipsis capítulo uno? Este es el mismo. Un ángel es un mensajero, y él es un mensajero a Israel. ¿Ve usted? La iglesia está a punto de ser raptada, Él viene por Su Iglesia».

Vean ustedes, es un mensajero a Israel, el Ángel del Pacto, Jesucristo; pero viene por Su Iglesia gentil, porque está a punto de ser raptada.

» ‘Y tenía en su mano un librito abierto…’.

19. Ahora, acá estaba cerrado (en el capítulo 5, en el Cielo) y sellado, pero ahora está abierto (está abierto en la mano del Ángel Fuerte). Ya ha sido abierto desde que fue sellado».

Ahora, vean ustedes, el Ángel Fuerte, Jesucristo, descendiendo en esa Columna de Fuego con el Librito abierto en Su mano. Él es el Ángel del Pacto, el Ángel del Pacto del Antiguo Testamento, Él es el Ángel del Pacto de Malaquías, capítulo 3, del cual dice el profeta Malaquías por Palabra de Dios:

«He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos».

Ahora, esta promesa habla de la Primera y Segunda Venida del Ángel del Pacto. Dice:

«¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿o quién podrá estar en pie cuando él se manifieste? Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores».

Ahora, miren ustedes, ¿quién podrá estar en pie delante de Él? San Lucas, capítulo 21, verso 36, dice: «Orad que seáis tenidos por dignos de evitar estas cosas que acontecerán (o sea, los juicios de la gran tribulación), y estar en pie delante del Hijo del Hombre».

¿Quién podrá estar en pie delante del Ángel Fuerte, del Ángel del Pacto en Su Venida? Los escogidos estarán en pie delante del Hijo del Hombre.

Ahora, estas son las cosas señaladas para acontecer después que las siete edades de la Iglesia gentil han concluido.

Ahora, hemos visto «LAS COSAS QUE FUERON», hemos visto las cosas que Juan vio; hemos visto «LAS COSAS QUE ERAN (o sea), LAS QUE SON», esas eran las cosas correspondientes a las siete edades de la Iglesia gentil; y hemos estado viendo «LAS COSAS QUE SERÁN»: las cosas que serán después de la Dispensación de la Gracia.

Ahora, para saber estas cosas que serán después de la Dispensación de la Gracia, encontramos en Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, que dice así:

«Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas».

Esas son «LAS COSAS QUE SERÁN», las cosas que serán después de las cosas correspondientes a la Dispensación de la Gracia.

Ahora, ¿quién dice: «Sube acá, y yo te mostraré las cosas que serán después de estas»? Es Jesucristo, es la Columna de Fuego, el Ángel del Pacto, el que llama a Sus hijos a subir para recibir la revelación de las cosas que serán después de las edades de la Iglesia gentil.

¿Y cómo va a revelarle a Sus hijos estas cosas? Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, dice cómo Él lo va a hacer. Dice:

«Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto».

Aquí tiene cómo Jesucristo, el Ángel del Pacto, revelará a Sus siervos las cosas que deben suceder, las cosas que deben suceder durante la Dispensación del Reino.

Por esa causa también en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, dice: «Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias». Viene dando testimonio de estas cosas, viene dando testimonio de las cosas que deben suceder, viene dando testimonio de la revelación de Jesucristo en la Dispensación del Reino.

Porque ya la revelación de Jesucristo en la Dispensación de la Gracia se llevó a cabo por medio de cada ángel mensajero en el Cuerpo Místico del Señor Jesucristo; y ahora viene dando testimonio de estas cosas que deben suceder pronto, que deben suceder después de las edades de la Iglesia gentil, revelándole al pueblo el Programa que Jesucristo estaría llevando a cabo.

Y viene dando testimonio de la revelación de Jesucristo, viene mostrándole al pueblo a Jesucristo, el Ángel del Pacto, revelado en la Dispensación del Reino; para que así cada hijo de Dios reciba las bendiciones que trae el Ángel del Pacto, Jesucristo, la Columna de Fuego; y así que todos reciban la fe para la Dispensación del Reino, la fe para ser transformados y raptados; y así se realice el Programa correspondiente para la Dispensación del Reino.

Todo es sencillo. En el Programa de Dios no hay nada complicado. Son los seres humanos los que han complicado siempre las promesas de Dios que corresponden para cada edad o para cada dispensación; porque se hacen de una idea, eso es una interpretación privada; y la Escritura no es de privada interpretación, nadie puede darle su propia interpretación, porque Dios es el que la dio y es el que interpreta Su Palabra; y cuando Él la cumple, Él la da a conocer por medio del mensajero que Él tiene para ese tiempo.

Así que la Escritura más difícil que usted pueda encontrar en la Biblia, la Escritura que promete las cosas más grandes (y que el cumplimiento para muchas personas puede ser difícil), es tan sencilla como la más sencilla de todas las profecías bíblicas; porque Dios se vela y se revela en sencillez, en simplicidad, para que así los simples, los sencillos, capten la revelación del Señor Jesucristo sin necesidad de tener una preparación teológica.

Porque ¿qué sería si el cumplimiento de las promesas divinas fuesen en una forma complicada? Tendrían los hijos de Dios que ir primero a un seminario o a un instituto y a las universidades a aprender el significado de cada Palabra que fue hablada en el idioma que fue hablado; y averiguar la situación que rodeaba a ese profeta en ese momento; y un sinnúmero de cosas más que son tan complicadas que una persona para obtener todo ese conocimiento necesita ir a una universidad, ir a un seminario, estudiar teología…, y después al final hacen, casi siempre, la mayoría (no todos, pero la mayoría), hacen casi siempre como el sumo pontífice, como los doctores de la Ley, que eran teólogos, el sumo pontífice también: y decían: «No, no, no, ese no puede ser el Mesías, ¡eso tan sencillo! Si lo que Dios ha prometido es una cosa grande; y este muchachito, este es un muchacho sencillo. Busquen a ver dónde ha estudiado: en ningún lugar. Busquen a ver qué grado de teología tiene: ninguno. ¿Cómo va a estar dándole el significado a estas profecías sin tener un conocimiento teológico?».

Es que Dios no dio esas profecías por el conocimiento teológico, sino por la inspiración divina. Y por la inspiración divina es que tienen que ser dadas a conocer esas profecías en su contenido, y entendidas también por el pueblo: por inspiración divina.

Por eso Jesús decía26: «Gracias, Padre, que escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos», o sea: «Escondiste estas cosas de Caifás y de Anás», que eran, uno había sido el sumo pontífice primero, y después le sucedió el otro; uno era el suegro del pontífice nuevo.

«Pues escondiste estas cosas de Anás y de Caifás, y de los doctores de la Ley, de los saduceos y fariseos: sabios y entendidos, teólogos, entendidos en la materia religiosa. Escondiste estas cosas de ellos». ¿Qué escondió? El cumplimiento de estas profecías. «Y las has revelado a los niños».

No tenía un conocimiento teológico, pero por revelación divina Pedro decía… Cuando Jesús preguntó27: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?».

—»Bueno, unos dicen que Tú eres Elías, otros piensan que Tú eres Juan el Bautista que ha resucitado».

—»Y ustedes, ¿quién piensan ustedes que es el Hijo del Hombre?».

Pedro dijo: «¡Tú! Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente».

¿Dónde aprendió eso? Por lo que se ve, en el seminario teológico donde estudió Caifás y Anás, y todos esos doctores de la Ley y fariseos y saduceos, ahí no se enseñaba eso; porque si no, ellos hubieran dicho también: «Este es el Cristo».

Pero el sumo pontífice cuando le preguntó: «¿Eres tú el Hijo del Dios viviente? Dilo si eres y no nos turbes más».

Jesús dijo: «Lo he dicho y ustedes no han creído. Tú lo has dicho».

Lo estaba diciendo el sumo pontífice, y no lo creía:

—»¿Eres tú?».

—»Tú lo has dicho».

Y entonces en vez de decir: «¡Gloria a Dios que mis ojos están viendo al Hijo del Dios viviente!», dijo: «¡Ha blasfemado!»28.

Su teología le falló; porque la teología que él tenía le dio un conocimiento equivocado de lo que sería el cumplimiento de esa profecía mesiánica.

Pero Pedro no tenía ningún conocimiento teológico, pero el Espíritu de Dios le reveló a Pedro quién era el Cristo, el Mesías; y vio Pedro cumpliendo a Jesús todas esas promesas mesiánicas.

Ahora, siempre se ha requerido la revelación divina para entender las profecías bíblicas cuando se están cumpliendo; principalmente las que tienen que ver con mensajeros que Dios envía para cada edad y para cada dispensación. Nadie puede conocer quiénes son esos mensajeros, a menos que en el tiempo en que Dios lo envía, Dios lo revele a ellos.

Y Jesús decía: «Nadie sabe quién sea el Padre, sino el Hijo; y nadie sabe quién sea el Hijo, sino el Padre, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar»29.

Porque la revelación del Padre estaba a través del Hijo, la revelación de la Columna de Fuego estaba a través de carne humana.

Dice: «Nadie vio a Dios jamás; el unigénito que está en el seno del Padre, él le declaró»30.

Ahora, hay Escrituras también que dicen que hay personas que han visto a Dios, pero la Biblia también dice: «Nadie vio a Dios jamás».

¿Y cómo se entiende eso? Porque miren ustedes, el padre de Sansón o de Samuel (uno de ellos), dice que vio… Manoa vio (Manoa es el papá de Sansón) vio un Ángel que le apareció y le dijo que tendría un hijo. Y luego, en el sacrificio que Manoa había hecho, en ese fuego subió ese Ángel31.

Manoa le había preguntado a ese Ángel cuál era Su Nombre, y el Ángel le había dicho: «¿Por qué preguntas por mi Nombre que es oculto? Ese es un nombre oculto», o sea, «no ha llegado el tiempo para ser revelado ese Nombre, es oculto».

Y cuando subió ese Ángel por el mismo fuego del sacrificio que Manoa había realizado, él creyó que iba a morir, dijo… pensó que iba a morir porque sus ojos habían visto a Dios. Pero no se murió; porque si se iba a morir, no le iba a prometer que iba a tener un hijo.

Porque Dios, vean ustedes, había dicho a Moisés: «No verás mi rostro…», cuando Moisés también quiso ver a Dios. Dios le dijo: «No verás mi rostro; porque nadie puede ver mi rostro y vivir». Y Moisés vio las espaldas de Dios como las espaldas de un hombre32.

Luego encontramos también a Jacob. Jacob cuando luchó con aquel Ángel, y recibió la bendición, y le fue cambiado su nombre33… Miren ustedes, algunas veces luchando por una bendición algunos salen hasta cojeando, algunas veces uno tiene problemas.

Pero no importan los problemas; lo que importa es la bendición que usted está buscando.

Buscando la bendición muchos murieron también, y por tener la bendición muchos murieron también.

Los profetas, ustedes encuentran que los persiguieron, los apedrearon, los mataron en diferentes formas, pero tenían la bendición de Dios para su tiempo; por lo tanto ellos murieron con la promesa de una mejor vida y una mejor resurrección.

Así que buscando la bendición algunas veces uno tiene problemas, pero lo importante es encontrar la bendición de Dios.

Ahora, a Jacob el Ángel le dijo: «Mira, me tengo que ir. Suéltame, ya está amaneciendo». Jacob le dijo: «No te soltaré, hasta que me bendigas».

El Ángel lo había herido en el muslo, ahí en la cadera, y quedó desencajada; pero no soltó al Ángel. Aun herido así, no lo soltaba; porque Jacob quería la bendición de Dios.

La bendición o mejor la muerte; porque sin la bendición de Dios la vida no tiene valor en este planeta Tierra.

Ahora, Jacob recibió la bendición de Dios. El Ángel le dijo:

— «¿Cómo te llamas? ¿Cuál es tu nombre?».

—»Jacob».

Le dijo: «No será tu nombre más Jacob. No se llamará más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con los hombres y con Dios, y has vencido».

Ese es un hombre positivo: aunque tenga problemas en la vida, pero lucha con los hombres y con Dios, y vence: obtiene la bendición que Dios tiene para ese tiempo.

Ahora, Jacob dijo: «He visto cara a cara a Dios». Y la Biblia dice: «Nadie jamás ha visto a Dios». ¿Y cómo estas personas dicen que vieron a Dios? Y Dios dice, le dice a Moisés: «Nadie puede ver mi rostro y vivir». Y en los evangelios también dice: «Nadie jamás ha visto a Dios».

Nadie jamás ha visto a Dios, a menos que sea a través de Su teofanía o a través de carne humana. Esa es la explicación, no hay otra explicación, la Biblia no se contradice. Toda ocasión en que un ser humano haya visto a Dios, lo ha visto velado: en teofanía o en carne humana.

Dios dijo: «Nadie jamás… Nadie puede ver mi rostro y vivir». Y después encontramos que cuando habla de Moisés, le dice a María y a Aarón: «No hay ningún varón como Moisés, con el cual Yo hablo cara a cara»34. Y sin embargo, Dios dice que nadie ha visto Su rostro, y hablaba cara a cara con Moisés: cara a cara, pero velado en Su teofanía.

¿Y qué si yo les digo a ustedes: Ninguno de ustedes puede hablar conmigo ni yo con ustedes cara a cara; ninguno me ha visto a mí y yo no les veo a ninguno de ustedes? Pues claro que no. Yo lo que veo es el cuerpo, el velo de carne que ustedes tienen, y ustedes lo que ven es el velo de carne donde yo estoy; pero yo no los puedo ver a ustedes, porque ustedes están dentro de ese velo de carne. Ustedes son alma del Dios viviente, y yo también.

Ni siquiera se pueden ver las teofanías normalmente, menos el alma; pero cuando recibimos la Palabra, entonces sentimos esa Palabra en el alma: es un Mensaje de corazón a corazón, del Alma al alma de cada uno de ustedes; así es la Palabra que sale de la boca de Dios.

Ahora, ¿vieron qué sencillo es todo?

Algunas veces leemos la Biblia, decimos: «Esto que decía: ‘Nadie jamás ha visto a Dios, y el que lo vea se muere’; y después en otro lugar encontramos que dice que hablaron con Dios cara a cara». Mire, Pedro, Jacobo y Juan, y todos los apóstoles, cuando hablaban con el Señor Jesucristo estaban hablando con Dios cara a cara.

Jesús decía35: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre». Pero cara a cara: con Dios velado en carne humana.

Cuando el apóstol San Pablo o Saulo de Tarso vio la Columna de Fuego, estaba viendo y estaba hablando con Dios cara a cara, pero Dios velado en esa Columna de Fuego.

¿Vieron ustedes que las cosas más difíciles y complicadas de la Escritura son tan sencillas como las cosas más sencillas?

Por lo tanto, recuerde una cosa: Estamos en el tiempo en que los entendidos entenderán36; y los entendidos entenderán todo lo que Dios quiere que entendamos, y lo entenderemos en forma sencilla; y siempre estaremos diciendo: «¡Pero si esto es más sencillo de lo que yo me imaginaba!».

¿Sabe por qué es más sencillo de lo que usted se imaginaba? Porque Dios no lo hizo como usted se imaginaba. Dios lo hizo como Él pensó, y Él siempre ha pensado en simplicidad. Gracias a Dios que no lo hizo como nosotros nos imaginábamos; lo hizo como Él programó desde antes de la fundación del mundo.

Y todas las cosas que serán o que serían después de las edades de la Iglesia gentil, serían tan y tan sencillas que nadie se las había imaginado en esa forma tan sencilla. Por eso serían, esas cosas, igual a como dijo San Pablo37: «Cosas que ojo no vio, ni oreja oyó, ni han subido al corazón de hombre alguno…».

Fue dicho también que sería inconcebible a la mente humana; porque fue concebible a la Mente de Dios, que es más alta.

Y Él dice38: «Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, y vuestros caminos no son mis caminos. Como están más altos los Cielos que la Tierra, así…», así Él dice que están Sus caminos y Sus pensamientos más altos que nuestros caminos y nuestros pensamientos.

Así que cuando Dios dice que ha de hacer algo grande, todo el mundo espera una cosa grandísima; y Dios lo hace en forma tan sencilla, tan simple, que la gente no se puede ni siquiera imaginar que eso era lo que Dios había prometido. Pero los entendidos entenderán, los escogidos reciben la revelación celestial; y entonces podemos decir: «Señor Jesucristo, gracias, porque escondiste estas cosas (que serían) de los sabios y de los entendidos, y las has revelado a los niños; porque así te agradó».

Y nadie sabrá quién sea Jesucristo en Su Venida, sino Su Ángel; y nadie sabrá quién es Su Ángel, sino Jesucristo, y aquel a quien Su Ángel lo quiera revelar; lo quiera revelar por medio del Mensaje de la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, que es el Mensaje de los Siete Truenos, que es la Voz de Jesucristo por medio de Su Ángel Mensajero.

Y Él viene revelando ese gran misterio del Séptimo Sello; viene revelando el gran misterio de la Venida del Señor como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, en la forma más sencilla; en la forma simple y sencilla que Dios tenía pensado; y en el fin del tiempo lo ejecuta en esa forma.

Así que las cosas de Dios no son como la gente quiere, sino como Él ya desde antes de la fundación del mundo lo pensó y lo habló, y luego lo ejecuta.

Así que las cosas que serán, que le fueron dichas a Juan el discípulo amado, serán en forma simple, sencilla; pero será conforme a la Palabra prometida.

En el cumplimiento de lo que Dios prometió siempre encontraremos las Escrituras que corresponden a ese tiempo, las promesas que corresponden a ese tiempo, cumpliéndose gradualmente la una, la otra y la otra, hasta que al final se cumple todo el Programa Divino, se cumple toda promesa divina.

Recuerden que el Programa Divino siempre es lo que Él prometió en Su Palabra para ese tiempo. Cuando se cumplen esas promesas, se ha cumplido el Programa Divino para ese tiempo.

Nosotros estamos en pleno cumplimiento de las promesas divinas, han comenzado a cumplirse «las cosas que serán», las cosas que serán para la Dispensación del Reino en la Edad de la Piedra Angular; y continuarán cumpliéndose todas las cosas que tienen que ser cumplidas.

Nadie detendrá la mano de Dios, Él continuará cumpliendo todo lo que Él prometió. Él es el Ángel del Pacto, Él es Jesucristo velado en la Columna de Fuego, en el fin del tiempo, cumpliendo Su Palabra y revelándose como se reveló en las siete edades de la Iglesia gentil (que se reveló a través de carne humana por el ángel mensajero de cada edad); y así también en nuestra edad: se revela por medio de Su Ángel.

Por eso fue que Juan el discípulo amado quiso adorar delante del Ángel en dos ocasiones, pero le fue prohibido; porque él vio a Jesucristo, la Columna de Fuego, revelado en Su Ángel Mensajero; y él pensó que estaba adorando al Señor Jesucristo cuando se postró delante del Ángel que le mostraba estas cosas39. Él vio esa revelación de Jesucristo en Su Ángel en esa forma sencilla.

Ahora, nosotros en este tiempo en el cual vivimos tenemos el privilegio de recibir el conocimiento de las cosas que Juan vio, y de las cosas que eran en el tiempo de Juan, o sea, en la Dispensación de la Gracia, hasta el final; y luego él vio también y escuchó, le fueron mostradas las cosas que serían después de la Dispensación de la Gracia, las cuales nos tocan a nosotros, para vivir en el tiempo en que esas cosas son cumplidas y darle gracias a Dios al ver el cumplimiento de esas promesas.

Así que estamos viviendo nosotros un tiempo grande, un tiempo glorioso, un tiempo en el cual ninguna persona vivió sobre este planeta Tierra. Es el tiempo más grande de todos los tiempos, es el tiempo en que las palabras de la profecía de este libro son abiertas, es el tiempo en que lo que le fue prohibido a Juan escribir es abierto al público, es escrito, es hablado y es dado a conocer; y todos así lo escuchamos.

Es el tiempo en que las palabras de la profecía del libro que Daniel escribió, y dijo… le fue dicho40: «Cierra y sella las palabras de este libro (este es el tiempo del cual dijo) hasta el tiempo del fin»; porque en el tiempo del fin Juan las cerró y – digo, Daniel. A Daniel le fue dicho: «Escríbelas pero séllalas (o sea, no des a conocer el significado de esto)».

Y le fue dicho a Daniel… Daniel dijo que no entendió: «Yo oí, mas no entendí», y quiso entender; y le fue dicho: «Estas palabras están selladas y cerradas hasta el tiempo del fin»41.

No le fue dicho a Daniel el significado de esas palabras, porque si le es dicho, él escribía lo que eso significaba; porque en el fin del tiempo serían abiertas esas Palabras, sería abierto el Libro, y sería dado a conocer el significado de esas Palabras proféticas que le fueron habladas a Daniel y también al apóstol San Juan en la revelación apocalíptica.

Recuerden que el libro de Daniel es el Apocalipsis del Antiguo Testamento. Y en el Nuevo Testamento tenemos la revelación de Jesucristo, la revelación apocalíptica.

Así que nosotros estamos viviendo en el tiempo en que ese libro o revelación apocalíptica se está cumpliendo entre nosotros, la parte que corresponde para nuestro tiempo.

En palabras más claras, la parte del Libro de la Vida del Cordero que corresponde para el fin del tiempo, se está cumpliendo entre nosotros y con nosotros.

Y los nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero del fin del tiempo, esos nombres que estarían en el fin del tiempo, están apareciendo en el fin del tiempo. Y esas personas que tienen esos nombres escritos ahí, ¿quiénes son? ¡Ese es usted y soy yo! Por eso hemos aparecido en este tiempo final para decir: «¡Presente!» en la parte del Libro de la Vida del Cordero que está cumpliéndose en este tiempo final, en ‘las cosas que serán’.

Hemos tenido en nuestro tema «PROFECÍA» un resumen de las cosas que Juan vio: «las cosas que son, y las que serán». LAS QUE SERÁN nos tocan a nosotros. LAS QUE SON, de las cuales dice ahí en ese pasaje, fueron las de las edades de la Iglesia gentil.

Así que Dios nos continúe bendiciendo a todos, Dios nos guarde.

Hemos visto por qué vivimos en este planeta Tierra; hemos visto el Programa de Dios revelado, manifestado, en las edades pasadas.

Hemos visto quién es Dios: hemos visto que es el Creador de los Cielos y la Tierra, que se ha velado en la Columna de Fuego y después se veló en carne humana en diferentes ocasiones; y en Jesucristo se veló en toda Su plenitud. Luego encontramos que se veló en los diferentes mensajeros. Y en el fin del tiempo se vela nuevamente en carne: en Su Ángel Mensajero, y luego en todos nosotros, para recibir el glorioso Reino Milenial.

Bueno, vamos a dejar para el domingo, para mañana, algo que tengo por aquí pendiente; aquello que había escrito hace algunos días, que no les dije. Les dije: «Luego en el Mensaje próximo les diré lo que es». Ayer en la noche les dije lo que era: era la Venida del Señor reflejada en los siete mensajeros, para luego, en el fin del tiempo, que las personas pudieran ver a Jesucristo revelado; como se reveló en cada ángel mensajero de las edades pasadas, lo vieran revelado en Su Ángel Mensajero de la Dispensación del Reino.

Eso era. Quise recordarlo en esta noche, pero ayer en la noche estuvimos hablando acerca de eso: de cómo Jesucristo se reveló en las diferentes etapas; y luego en esta noche también hemos hablado acerca de Jesucristo revelado en las edades en Sus ángeles mensajeros, y revelado en el fin del tiempo en la Dispensación del Reino. Y así hemos visto este gran misterio que en otros tiempos no fue dado a conocer a los seres humanos.

La parte correspondiente para nuestro tiempo: LAS COSAS QUE SERÍAN O QUE SERÁN, para ser entendidas, tenían las personas que vivir en nuestro tiempo.

Los que vivieron otras edades y otras dispensaciones vieron esas cosas, pero en visiones, en sueños, en símbolos; pero ver personalmente el cumplimiento de las profecías de las cosas que serían o que serán para después de las edades, eso solamente lo estaremos experimentando nosotros en nuestra edad y nuestra dispensación; experimentándolo y entendiéndolo. Porque el que ve algo y no lo entiende no puede sacarle el beneficio.

Así que Dios nos continúe bendiciendo a todos, Dios nos guarde.

Y adelante en el Programa de PROFECÍA del Dios Todopoderoso, el cual se está cumpliendo en nuestro tiempo. Eso es lo que se está cumpliendo.

Lo que estamos experimentando no es otra cosa sino PROFECÍA; profecía siendo cumplida, en las cosas que Juan vio, las cosas que eran para el tiempo de la Dispensación de la Gracia (las cuales vimos), y las cosas que son.

En aquel tiempo fue dicho: «Las cosas que serán»; pero ya para nosotros «las cosas que serían» ya son.

Como dice Eclesiastés: «No hay nada nuevo debajo del cielo»42. «Lo que es, ya fue; y lo que será, ya es»43.

Así que podemos ver cómo Dios realiza estas cosas. Lo que será, ya es. Porque lo que Dios hará en una edad o dispensación futura, ya es en la edad que Él dice, que Él habla esas cosas; porque es en forma simbólica, es reflejado en Sus mensajeros, y en las personas de ese tiempo se refleja: ya es; y luego se cumple más adelante en una forma más amplia, se cumple en toda su plenitud.

Así que esa es la forma para entender esa Escritura: «Lo que será, ya es; y lo que es, ya fue (en el pasado)», o sea, que todo va repitiéndose; pero a medida que se va repitiendo, va haciéndolo en una escala mayor, y en una nueva edad y en una nueva dispensación.

Cuando pasa de una edad algo que Dios hizo, que refleja algo que hará en el futuro, y luego se cumple en una dispensación, eso es amplificado en toda la plenitud.

Así que… es como los días; miren, los días, los días de la semana: usted pasa una semana y, bueno, tuvo esa semana. Pero esa semana (una semana de siete días: domingo, lunes, martes, miércoles, jueves y viernes y sábado), eso ya había sido la semana anterior también. Y lo que será ¿qué es? Es lo que tienen: la semana repitiéndose de nuevo.

Y así lo que vendrá al otro día: el sol saliendo, recorriendo la Tierra, y después viene la noche; y ya eso que será, ya usted lo tiene el día anterior. Y eso que tiene ese día, ya lo tuvo un día antes también. O sea, lo que tiene lo tuvo antes, y después lo tiene nuevamente: repitiéndose esos ciclos.

Ahora, esto fue mostrado también en las fiestas del pueblo hebreo. Vean ustedes, cada año las mismas fiestas se repetían; pero llegaba un año, el año cincuenta, en que todo eso se repetía pero en una escala mayor: la escala del año del jubileo, que señalaba la escala de eternidad, hablando de nuestra edad, de nuestro tiempo y de las bendiciones que Dios tenía para nosotros en nuestra edad y nuestra dispensación.

Recuerden que nuestra edad y nuestra dispensación representan la eternidad, la Edad de la Piedra Angular representa la eternidad; y por esa causa puede producir la Dispensación del Reino. Nuestra edad va a producir la Dispensación del Reino en lo literal también, o sea, va a producir el glorioso Reino Milenial; porque en la Edad Eterna están todas las cosas.

Miren ustedes, en el año del jubileo estaban todas las fiestas; después se distribuían nuevamente en cuarenta y nueve años, todos los años; pero cuando llegaba al año del jubileo, ya el día de la expiación producía algo que no se producía los demás años: producía la trompeta final. O sea, el mensaje del año del jubileo producía la liberación de todas las propiedades, producía un mensaje: el mensaje que proclamaba libertad en toda la Tierra44, producía otras cosas que no eran producidas en los demás años.

Y en nuestro Año de Jubileo: la Edad de la Piedra Angular, será producida la resurrección de los muertos, será producida la transformación de nosotros los que vivimos, y todas esas bendiciones que están prometidas serán producidas en nuestra edad, representadas en el Año del Jubileo, porque nuestra edad representa la eternidad.

Bueno, estas son de las cosas que serían, las cuales ya han comenzado a ser.

Que Dios nos continúe bendiciendo a todos, que Dios nos guarde. Y adelante en las cosas que serían, las cuales ya son, ya han comenzado a ser materializadas para cada uno de nosotros.

Será hasta mañana, Dios mediante. Que Dios les guarde, Dios les bendiga. Y oren mucho por mí, y también por nuestro hermano Bermúdez, y por cada uno de los maestros que han estado en estos días dando estas clases a los ministros, para que Dios les bendiga grandemente y les use poderosamente en Su Reino.

Y ya mañana será… mañana a las 8:00 de la mañana, tendremos la actividad de la mañana para ser transmitida por toda la América Latina y el Caribe; y luego en la tarde también… una sola (así que en esa tendrán todo, lo de los maestros también).

Bueno, ya nuestro hermano Bermúdez estará por aquí, vamos a pedirle que pase por acá; yo creo que ya con lo que hemos visto en esta noche tenemos un cuadro claro de las cosas que Juan vio, de LAS COSAS QUE ERAN en aquella Dispensación de la Gracia, y de LAS COSAS QUE SERÍAN en la Dispensación del Reino y en la Edad Eterna de la Piedra Angular.

Mañana continuaremos con lo que Dios nos dé para mañana.

Oren mucho por mí, para que Dios me dé muchas cosas de las cosas que serían, para que sean dadas a conocer; para yo también aprender, porque yo dependo de que Él me dé para ustedes. Cuando Él me da para ustedes, entonces yo aprendo de lo que Él me da a mí, porque es para ustedes, por eso me permite a mí entender esas cosas también.

Bueno, que Dios les bendiga, Dios les guarde.

Muchas gracias por vuestra amable atención, y pasen todos muy buenas noches.

«LAS COSAS QUE HAN DE SER».

[Revisión marzo 2020]

1 San Mateo 24:36, San Marcos 13:32

2 San Mateo 1:23

3 Isaías 9:6

4 Miqueas 5:2

5 San Mateo 2:23

6 San Lucas 2:1-6

7 San Mateo 2:7

8 San Mateo 2:9-12

9 San Mateo 2:8

10 San Mateo 2:13-15

11 San Mateo 2:16-18

12 San Mateo 10:39, 16:25; San Marcos 8:35; San Lucas 9:24

13 San Mateo 2:19-23

14 San Mateo 2:13-15

15 Éxodo 4:22

16 San Lucas 2:40

17 San Lucas 2:41-47

18 San Juan 7:15, San Mateo 13:54

19 Éxodo 3:1-2, Hechos 7:30

20 Hechos 9:3-5, 26:12-15

21 1 Corintios 15:52

22 1 Corintios 15:51-52

23 Los Sellos, pág. 321, párr. 218-219

24 San Lucas 24:36-43

25 1 Corintios 15:54

26 San Mateo 11:25

27 San Mateo 16:13-16

28 San Mateo 26:63-65, San Marcos 14:61-64, San Lucas 22:66-71

29 San Lucas 10:22

30 San Juan 1:18

31 Jueces 13:2-25

32 Éxodo 33:18-23

33 Génesis 32:24-31

34 Números 12:6-8, Éxodo 33:11, Deuteronomio 34:10

35 San Juan 14:9

36 Daniel 12:10

37 1 Corintios 2:9

38 Isaías 55:8-9

39 Apocalipsis 19:10, 22:8-9

40 Daniel 12:1-4

41 Daniel 12:9

42 Eclesiastés 1:9

43 Eclesiastés 3:15

44 Levítico 25:8-13

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