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Las cosas que fueron
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Las cosas que fueron

Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes. Es para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta noche y tener la oportunidad de saludarlos y de darles a conocer lo que Dios me ha dado para ustedes en esta hora final.

En estos días estamos hablando de las cosas que fueron, las cosas que son y las que serán: estamos hablando de todas estas cosas que en el Programa Divino se han estado realizando; y también veremos cómo Dios ha respaldado esa Obra, y cómo el enemigo de Dios se ha levantado en contra de esa Obra y ha querido hacer ver a la humanidad que esa Obra Divina no es de Dios.

Ahora, en el Antiguo Testamento encontramos la Obra que Dios realizó a través de Moisés, las cosas que fueron en la primera dispensación bajo el ministerio de Moisés.

Encontramos que el mismo apóstol San Pablo dice en Primera de Corintios, capítulo 10, verso 1:

«Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar;

y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar,

y todos comieron el mismo alimento espiritual,

y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo.

Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto.

Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron».

Que Dios bendiga Su Palabra en nuestros corazones y nos permita ver en esta noche estas cosas que acontecieron en la Dispensación de la Ley.

«LAS COSAS QUE FUERON», que acontecieron en la Ley.

Encontramos que la Dispensación de la Ley fue abierta por Dios con la aparición del profeta Moisés; porque toda dispensación es abierta cuando aparece el mensajero de esa dispensación enviado por Dios, el cual comienza a proclamar las promesas de Dios correspondientes para ese tiempo; y así comienzan las personas a escuchar ese Mensaje y comienza Dios a realizar Su labor para ese tiempo.

Así se abre una dispensación: Cuando Dios envía Su mensajero con el Mensaje para esa dispensación y saca al pueblo que se encuentra fuera de esa dispensación, lo saca de otras dispensaciones, y lo trae a la dispensación nueva que está comenzando.

Encontramos también que en el mensajero se refleja el Programa que Dios realizará en esa dispensación.

Encontramos que Moisés, siendo el mensajero para esa Dispensación de la Ley…, aunque en una ocasión trató de realizar el éxodo del pueblo hebreo y no pudo, y luego tuvo que huir. Por cuanto era el mensajero para esa nueva dispensación, para la Dispensación de la Ley, él tuvo que regresar al pueblo hebreo cuarenta años después, ya con un nuevo conocimiento, el cual él no había tenido antes: el conocimiento de un pastor de ovejas; porque antes él había sido un hombre muy grande en el reino del faraón, pero con aquel conocimiento grande no se podía realizar la Obra correspondiente para esa nueva dispensación.

Ahora, Moisés regresó al pueblo hebreo enviado por Dios, velado en aquella Columna de Fuego que le apareció en el Sinaí y se le identificó como el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Dios le dijo: «Ve, yo estaré contigo, yo estaré en tu boca y yo pondré mi Palabra en tu boca; y tú hablarás lo que yo te mande, hablarás la Palabra».

Moisés tenía que hablar la Palabra correspondiente para aquel tiempo, él tenía que darle a conocer al pueblo las promesas de Dios para aquel tiempo, de acuerdo a como le habían sido dadas a Abraham cuando Dios le dijo: «Tu descendencia, tu simiente, será esclava y peregrina en tierra ajena; pero a los cuatrocientos años yo los libertaré con mano poderosa»1. Moisés tenía que darle a conocer todas estas cosas al pueblo.

Vean ustedes, cuando Dios descendió, le dijo: «Yo he descendido porque he escuchado el clamor de mi pueblo Israel; y he descendido para liberarlos, libertarlos»2. Moisés tenía que darles a conocer el propósito por el cual le había aparecido Dios en esa Columna de Fuego.

Encontramos que Moisés le dio a conocer al pueblo estas cosas. Dios le había dicho que les dijera que Dios los había visitado, los había encontrado, y los estaba visitando. Todas estas cosas Moisés se las dio a conocer al pueblo hebreo allá en Egipto por Palabra del Señor.

Ahora, vean ustedes una cosa: Cuando le fue dado a conocer al pueblo todas estas cosas, y el faraón con su gente se dieron cuenta que estaba aconteciendo algo en medio del pueblo hebreo, oprimieron más al pueblo hebreo.

Encontramos que primero les daban paja para preparar los ladrillos, y luego les fue dicho: «Ahora ustedes no van a disminuir la tarea que se les ha asignado, y ustedes mismos van a buscar la paja que le echarán a los ladrillos». Y así por el estilo comenzaron a oprimir más y más al pueblo hebreo.

Algunas veces algunas personas piensan que cuando viene el mensajero para una nueva dispensación, las personas no van a tener problemas, no van a tener apreturas, no van a tener persecuciones, pero no es así.

El enemigo nunca estará de acuerdo que Dios comience una nueva dispensación, y nunca estará de acuerdo que el pueblo entre a una nueva dispensación; porque el enemigo tiene cierto control en la dispensación antigua.

Ahora, en una nueva dispensación, el enemigo, al no tener control, entonces tiene muchísimos problemas; por lo tanto el enemigo nunca va a desear que comience un nueva dispensación.

Ahora, las dispensaciones comienzan, quiera o no quiera el enemigo de Dios, quiera o no quiera el pueblo, porque las dispensaciones pertenecen a Dios; y de la misma forma, las edades de cada dispensación. O sea que no es algo en donde Dios se tiene que poner de acuerdo con la gente para comenzar una dispensación.

Lo que Dios hace es enviar un mensajero de una edad con un Mensaje, y comienza una edad. Y un pueblo ha sido enviado, un grupo de personas, un grupo de hijos de Dios, han sido enviados para vivir en ese tiempo; y escuchan ese Mensaje. Y así se forma una edad y así se realiza la Obra de esa edad. Los hijos de Dios trabajan en esa edad dando a conocer lo que Dios les ha revelado a ellos, y así queda establecida esa edad.

Luego, una dispensación es en la misma forma: Dios envía un mensajero dispensacional con un Mensaje dispensacional, él comienza a predicar ese Mensaje, Dios está con ese mensajero, y comienzan a escuchar ese Mensaje dispensacional los hijos de Dios que corresponden a esa nueva dispensación, y entran a esa nueva dispensación; y así se comienza una nueva dispensación con un nuevo Mensaje dispensacional.

Ahora, les dije que en el ministerio de un mensajero se refleja la edad o dispensación. Si es un mensajero de una edad, se refleja esa edad; si es un mensajero de una dispensación, se refleja una dispensación.

Ahora, encontramos que en la Dispensación de la Ley, Dios le dio al pueblo hebreo ordenanzas y leyes para todo Israel, a través de Moisés. En esas leyes y ordenanzas Dios estaba también reflejando lo que realizaría en las dispensaciones futuras de la Gracia y del Reino.

Encontramos que todo lo que Dios haría en la Dispensación de la Gracia está reflejado en la Dispensación de la Ley; y todo lo que Dios hará en la Dispensación del Reino está reflejado en la Dispensación de la Ley, y también en la de la Gracia hay muchas cosas reflejadas.

Ahora, Dios exige y espera reverencia y mucho cuidado al mensajero, para el mensajero, para todo lo que realiza. Un mensajero dispensacional tiene que ser más cuidadoso que un mensajero de una edad; porque lo que ese mensajero haga será de beneficio para esa dispensación completa, si lo hace correctamente. Si comete algunos errores puede afectar algunas cosas de esa dispensación, pero no queda anulada esa dispensación; puede también afectar otras dispensaciones.

Ahora, el caso de Moisés: Moisés siendo un profeta dispensacional, de los cuales Dios dice que son los que pueden ver a Dios cara a cara, del cual Dios dijo: «No hubo ninguno como Moisés, con el cual yo hablé cara a cara», encontramos que cualquier persona que se levantaba en contra de Moisés (aunque fueran familiares de él, como su hermana y su hermano), tenían problemas con Dios, tuvieron problemas con Dios. María o Miriam se convirtió en una mujer leprosa, y su hermano tuvo graves problemas delante de Dios también.

Ahora, lo que ellos alegaban era, aparentemente, que Moisés se había casado con una joven, con una mujer de otra raza o de otra descendencia, una mujer etíope; y ella no era, de seguro, del color de Moisés, así que vinieron a ser ellos racistas; y lo otro, ellos pensaron que estaba incorrecto lo que Moisés estaba haciendo. Pero lo más grave de todo eso no solamente fue la crítica, sino que ellos dijeron: «¿No ha hablado por nosotros Dios también? ¿No habla por nosotros Dios?».

Y la verdad en cuanto a eso era: ¡No! Porque Dios hablaba por Moisés. Y cuando Dios le dijo a Moisés: «Tu hermano Aarón estará contigo, él te va a recibir»…; porque Moisés le pidió un ayudante, porque Moisés decía: «Yo no sé hablar, para traer ese Mensaje tan importante yo no sé hablar al pueblo». Y entonces Dios se enojó; porque el Mensaje tenía que salir de la boca de Moisés al pueblo; porque cuando sale en esa forma no hay lugar para que sea alterado y no hay lugar para que otra persona pueda decir: «¿No ha hablado Dios también por nosotros?»3.

En una dispensación Dios habla por uno solo: por el mensajero de esa dispensación.

Ahora, ellos quisieron ocupar el lugar de Moisés, y eso les trajo graves consecuencias. Moisés era el hombre escogido por Dios, con las dos consciencias juntas, y diseñado para captar una nueva dispensación y su Mensaje, y establecer esa nueva dispensación.

Y luego, Aarón, la Palabra que tenía que hablar era la Palabra que Moisés colocara en su boca; porque Dios le dijo: «Moisés, tú serás Dios, y Aarón será tu profeta. Tú serás Dios para Aarón, y Aarón será tu profeta»4. Y un profeta no puede hablar nada, sino lo que Dios le da para hablar; no puede pasar como Palabra de Dios sus propias ideas al pueblo. Así que Aarón tenía que hablar solamente al pueblo lo que Moisés le decía.

Pero vean ustedes, Aarón no hizo así en algunas ocasiones. Como por ejemplo en la ocasión en que Moisés estaba ayunando o estaba hablando con Dios, y por consecuencia tuvo que estar sin comer allá en el monte; estaba en la Presencia de Dios, dentro de la Columna de Fuego, dentro de la Presencia de Dios; y abajo el pueblo estaba desesperado, e incitaron a Aarón para que les hiciera dioses, les diera otro mensaje con otro dios, les diera una religión5.

Y todas las riquezas en oro que Dios le había dado al pueblo hebreo… porque Dios había dicho a Abraham y a Moisés, les había dicho que sacaría al pueblo hebreo con mano poderosa y con gran riqueza. Ahora, esas riquezas Dios las había dado al pueblo, y en algún momento el pueblo podría usar esas riquezas en la construcción del templo que Dios le iba a revelar a Moisés que construyera.

Pero miren ustedes, el diablo se adelantó a esa ocasión en que Dios le iba a mostrar a Moisés todo, se adelantó a ese trabajo que Moisés tenía que realizar, y Aarón pidió a todas las personas todo el oro que ellos tenían, y los zarcillos y todo lo pidió, y lo echaron todo en un envase grande (vamos a decir, una caldera o una olla grande), y ahí le metieron fuego por debajo, derritieron el oro, y sacaron un becerro de oro.

Ahora, Aarón le dijo al pueblo: «He aquí los dioses que te sacaron de Egipto». Les dio otra cosa diferente a la que Moisés le había dado al pueblo.

Ahora, cuando Moisés descendió, miren ustedes, Moisés se encontró con este grave problema: el pueblo había dejado a Dios, había tomado otros dioses, representado en ese becerro de oro; y Dios estaba muy enojado, y Moisés también. Se estaba reflejando ahí la ira de Dios.

Ahora, Moisés destruyó el becerro, lo molió y lo dio a beber al pueblo; lo echó por el río y el pueblo tomó de esas aguas de ese arroyo, y se tomaron el becerro.

Ahora, Moisés también quebró las tablas de la Ley, y luego tuvo que ir, más adelante, al monte nuevamente con dos tablas que tuvo él mismo que preparar para ser escrita allí la Ley de Dios. Ahora, Aarón falló en esa ocasión a Dios, a Moisés y al pueblo hebreo.

Encontramos también que Moisés a través de los cuarenta años que ministró la Palabra al pueblo hebreo pasó por diferentes etapas difíciles, en donde él no sabía qué hacer, en donde él no tenía Palabra para hablar; y el pueblo estaba muy airado con Moisés. Y dice la Escritura que por diez ocasiones quisieron apedrear a Moisés (diez ocasiones yo creo que es bastante; dos ocasiones es mucho). Por eso dice que soportó al pueblo hebreo.

El pueblo hebreo no sabía que en Moisés Dios estaba manifestado, no sabía que la Columna de Fuego estaba velada en Moisés, no sabía (el pueblo hebreo) que todo lo que Dios hacía lo hacía a través de Moisés, y que Él había puesto Su Palabra en la boca de Moisés.

Ahora, el pueblo no comprendió todas estas cosas, y pensaba que Moisés los llevaba a diferentes lugares porque no sabía realizar la Obra que tenía que realizar; pero cuando encontramos en Deuteronomio, capítulo 8, lo que Dios dice, entonces podemos ver que era Dios guiando al pueblo a través de Moisés. Dice:

«Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres.

Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios…».

Ahora, vean ustedes, no era Moisés; era Dios a través de Moisés llevando al pueblo. Y encontramos que la misma Columna de Fuego, Dios en forma de Columna de Fuego, se movía hacia la dirección por donde el pueblo tenía que ir. Dice:

«… por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos (para que el pueblo sacara lo que tenía o saliera lo que tenía dentro de su corazón)«.

El pueblo tenía necesidad de ser probado, porque desde la caída del Huerto del Edén en el ser humano ha existido el bien y el mal. San Pablo decía: «Hallo una ley en mí, que cuando quiero hacer lo bueno, encuentro esa ley, que lo que quiero hacer no lo hago»6. Es la ley del bien y del mal. Ahora, depende hacia dónde la persona se incline, porque tiene el libre albedrío.

Dice: «Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de toda palabra que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre».

Ahora, vean ustedes, tenía un propósito Dios con el pueblo hebreo, tenía el propósito de darle ese alimento: les dio ese alimento; tenía el propósito también de que el pueblo hebreo se fuera de parte de la Palabra por el libre albedrío que tenía el pueblo; tenía el propósito de formar en ese pueblo el carácter con el cual el pueblo podría gobernar todas las situaciones que surgieran.

Pero el pueblo hebreo estaba en su infancia en la Dispensación de la Ley, en donde tuvo muchos arrebatos. Podemos decir que el pueblo hebreo, así como el ser humano, tenía un carácter explosivo, y en cada situación era en esa forma; o sea, su carácter no lo tenía bien formado todavía, y tenía (podríamos decir) un genio muy explosivo; y en cada situación, en vez de controlarse y decir: «Moisés, estamos contigo, Dios nos ha sacado de Egipto, vamos a orar contigo, estamos brazo a brazo contigo para que Dios nos dé la salida a este problema», y así Dios se agradaba del pueblo; pero en cada ocasión en que surgía una situación, el pueblo explotaba y quería quitar a Moisés del liderato divino colocado en medio del pueblo.

¿Y a quién iban a colocar? Sería a Aarón o sería a otro líder, o tendrían que regresar a Egipto, al Faraón. Ellos no querían ese líder; y sin embargo era el líder de Dios, a través del cual Dios estaba realizando la Obra de regreso hacia la tierra prometida.

Ahora, el pueblo bajo la Dispensación de la Ley tenía que aprender, tenía que recibir las enseñanzas divinas para que su carácter fuera formado correctamente; un carácter de acuerdo a la Palabra de Dios, a la voluntad de Dios; y usar el libre albedrío para estar siempre de acuerdo a la Palabra de Dios en todas las situaciones.

Ahora, aun el mismo Moisés estaba pasando por esas mismas etapas, el mismo Moisés tenía que ser muy cuidadoso. En una ocasión Dios le dijo a Moisés: «Mira, déjame destruir este pueblo y yo te pondré a ti sobre un pueblo mayor». Ahora, aparte del pueblo hebreo hay otro pueblo, un pueblo mayor, que es el pueblo gentil; y aparte de los escogidos del pueblo hebreo están los escogidos del pueblo gentil.

Ahora, Dios le prometió a Moisés: «Te pondré sobre un pueblo mayor, y que te obedecerá». Un pueblo mayor sería el pueblo donde estaría Moisés.

Ahora, vean ustedes, Moisés es tipo de Cristo. Y encontramos que así como el pueblo hebreo rechazó a Moisés…, porque aunque el pueblo hebreo diga que Moisés es su profeta de la Dispensación de la Ley, eso no quita la realidad de que el pueblo hebreo rechazó a Moisés.

Siempre que muere un mensajero, después los hijos o los nietos de la gente que vivió en el tiempo de ese mensajero, después se dan cuenta que Dios había enviado un mensajero, y dicen: «Si nosotros hubiéramos vivido en aquel tiempo no lo hubiésemos rechazado»; pero, siendo los hijos, dan testimonio que hubieran hecho lo mismo si rechazan lo que Dios tiene para ese tiempo.

Ahora, encontramos que un mensajero de una dispensación, como les dije, representa a Dios y Su Programa para esa dispensación y para dispensaciones futuras.

Ahora, vean a Moisés: Moisés representa, tipifica a Cristo en Su Primera Venida y en Su Segunda Venida.

Cuando Moisés, al escuchar las palabras de Dios que dejara, que Moisés los dejara… Vean ustedes cómo Dios le dice a Moisés: «Déjame…», porque Moisés siendo el mensajero dispensacional, Dios no hace nada sin que primero lo revele a Sus siervos los profetas. No hizo nada para la liberación del pueblo hebreo sin revelárselo a Moisés, no hizo nada para sacar al pueblo, no hizo nada para traer las plagas, no hizo nada para abrir el mar Rojo, no hizo nada para llevar al pueblo por el desierto sin primero comunicárselo a Moisés.

Y ahora, vean ustedes, Dios le dice: «Déjame destruir a este pueblo, y yo te pondré sobre uno mayor, más fuerte». Moisés aquí está tipificando a Cristo cuando dice: «No, ráeme a mí de Tu Libro». Moisés pidiendo que su nombre fuera raído del Libro de la Vida y que Dios no destruyera al pueblo, está representando a Cristo, está Moisés interviniendo por el pueblo, tipo de Cristo.

Luego encontramos a Moisés, también, cuando el pueblo tuvo sed y clamó a Dios, y Dios le dijo a Moisés… Moisés también clamó a Dios con el pueblo, y Dios le dijo a Moisés: «Hiere la roca con la vara y saldrán aguas de la roca»7. Moisés lo hizo así y se abrió la roca, de la roca salió agua para todo el pueblo, para dos millones de personas; o sea, no era una poquita de agua, era un río para saciar la sed del pueblo.

Encontramos que en otra ocasión… porque esta ocasión, cuando Moisés hiere la roca, esto representa a Cristo herido en la Cruz del Calvario para traer vida a Sus hijos. Si Moisés no hiere la roca, todo el pueblo perece de sed. Y si Cristo no muere en la Cruz del Calvario, la raza humana tenía que morir el día de la muerte del Señor Jesucristo; porque era el día en que tenía que realizarse un sacrificio por el pecado, y si no, todo ser humano tenía que morir; porque el alma que pecare, esa morirá. Era un momento de muerte para el pecador. Pero por cuanto todos los pecados vinieron sobre el Señor Jesucristo, Él tomó nuestro pecado, y se hizo así mortal; y murió por cada uno de nosotros, y con Su Sangre nos limpió de todo pecado.

Ahora, hubo otra ocasión en donde el pueblo tuvo sed, y Moisés clamó a Dios. El pueblo clamó a Dios y Moisés clamó a Dios. Estas son las ocasiones también en que el pueblo quería apedrear a Moisés.

También cuando… en diferentes ocasiones. Cuando también vieron el ejército enemigo. Todas esas ocasiones en que el pueblo se vio en una apretura grande, quiso apedrear a su mensajero dispensacional.

Cuando las cosas están buenas, todo el mundo dice: «¡Qué gran mensajero dispensacional nos ha enviado Dios!», pero cuando viene una apretura… Recuerden, hay una apretura anunciada. Cuando viene una apretura, entonces la gente dice: «Si yo no hubiera recibido ese mensajero y a ese Mensaje y estuviera en ese programa que está llevando a cabo, no tendría problemas».

Pero es mejor tener problemas humanos acá, de los que sean, por causa del Mensaje, el mensajero y la dispensación que corresponde para ese tiempo, y hasta morir, que no tener ningún problema y no estar en el Programa de Dios para ese tiempo; porque solamente en el Programa de Dios es que Dios extiende la vida eterna y las bendiciones divinas para los seres humanos, aunque vengan momentos de muchísimos problemas.

Algunas personas piensan que si están en el Programa de Dios se acabaron los problemas; los problemas humanos siempre siguen. Y algunas veces son más difíciles los que les vienen a algunos hijos de Dios que los que tienen otras personas. Pero cuando termine todo el Programa Divino en esta Tierra y en estos cuerpos mortales, entonces tendremos un cuerpo eterno y ya habrá terminado todo problema.

¿Y qué de los que no tuvieron problemas pero que no estaban en el Programa Divino? Entonces es que vienen los problemas para ellos: les viene el Juicio Final, si es que no están aquí en la gran tribulación; porque si están aquí en la gran tribulación, entonces les vienen grandes problemas en la gran tribulación; luego les viene el Juicio Final, y después, si salen culpables, les viene el lago de fuego.

Así que vean ustedes, la vida en sí es vivir en el Programa Divino de la edad y dispensación en que a uno le corresponde, haciendo conforme a ese Programa; y eso es estar en la perfecta voluntad de Dios, haciendo la Obra de Dios para ese tiempo.

Ahora, continuemos con Moisés. Moisés se vio presionado por el pueblo, el pueblo siempre estuvo presionando a Moisés; se vio presionado por el pueblo, y habló a Dios. Dios estaba muy enojado con el pueblo, y le dijo a Moisés: «Ve y háblale a la roca».

En la primera ocasión le dijo: «Con tu vara hiere la roca, golpea la roca». Pero en esta ocasión le dijo: «Háblale a la roca»8. Y cuando Moisés fue a la roca (y la roca representa a Cristo), en vez de hablarle, Moisés por cuanto estaba enojado con el pueblo…

Recuerden que aunque una persona tenga problemas, y de momento se enoje con alguien, tiene que tener cuidado en que ese enojo no se manifieste en una obra, en algo que usted vaya a hacer para Dios; porque estará haciendo una obra para Dios con enojo, y le va a salir mal. Lo primero es que Dios no se va agradar, y lo segundo es que va a tener problemas con Dios.

Mejor arregla el problema y hace las cosas sin enojo con nadie. Puede decir: «Fue que fulano de tal…», pero con Dios usted no puede estar enojado, ni manifestar el enojo o problemas que tenga con otras personas.

Usted trabaja en la Obra de Dios con amor divino, con alegría, con regocijo, y no enojado. Dios no quiere a nadie enojado trabajando en Su Obra. Vean ustedes lo que le costó a Moisés. Vamos a ver.

Moisés estaba muy enojado con el pueblo, y cuando fue a la roca: hirió la roca como la había herido anteriormente; y la hirió con coraje (una), con ira… mal hecho; (otra): hirió la roca; y Dios le había dicho: «Háblale a la roca, y ella dará aguas». Cuando Moisés hizo eso, Dios se enojó con Moisés.

La roca, vean ustedes, Moisés hirió la roca y dio agua; pero esto para Dios contó en una forma tan grave que eso le costó a Moisés no entrar en su cuerpo físico a la tierra prometida.

En palabras más claras: le fue cancelada una bendición tan grande como esa que él tenía. Y Dios le dijo: «No me glorificaste a mí, sino que te glorificaste tú»9. Él se glorificó luciéndose y luciendo el poder que Dios le había dado, el cual es dado para glorificar a Dios y no para lucirse y mostrarle al pueblo que él es poderoso.

Él no podía herir la roca, porque la roca representa a Cristo, y Cristo no podía ser herido dos veces; solamente en la Cruz del Calvario para quitar el pecado del mundo.

Por cuanto en Moisés y Moisés estaba reflejando el Programa de Dios, esto de herir la roca en la segunda ocasión está señalando lo que hacen los que rechazan el Mensaje y hablan en contra del Mensaje de la Dispensación del Reino. Y también señala a todos los que se han levantado en contra de cada mensajero de las siete edades de la Iglesia gentil; señala a los que se levantaron en contra del séptimo mensajero y lo rechazaron, lo criticaron y hablaron en contra de su Mensaje; y también lo que hagan en contra del Ángel del Señor Jesucristo y su Mensaje para el pueblo: les contará como crucificando a Jesucristo por segunda vez.

Y los que tengan esa calificación delante de Dios, así como Moisés en persona, en su cuerpo físico, no pudo pasar a la tierra prometida, tampoco pasarán a la tierra prometida esas personas; porque son halladas crucificando a Cristo, la roca, por segunda vez.

Moisés, cuando fue llevado por Dios al monte, Dios le dijo: «Sube al monte para que veas la tierra de la cual yo te hablé que daría al pueblo hebreo».

Ya Aarón había muerto, María o Miriam también. Y Moisés subió al monte y vio la tierra, y le dijo a Dios: «Déjame pasar a la tierra prometida con el pueblo».

Dios le dijo: «No pasarás. No pasarás, por cuanto no me honraste allá cuando yo te mandé a hablarle a la roca, y tú lo que hiciste fue herir la roca, golpear la roca; por lo tanto, no pasarás a la tierra prometida que yo le doy al pueblo; porque no me honraste a mí, no me glorificaste a mí, sino a ti. ¡Y no me hables más de este asunto! Así está»10.

Dios hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con otro hombre. Moisés sabía que había cometido un grave error, el cual no tenía arreglo, el cual le impidió pasar a la tierra prometida en el cuerpo físico que él tenía; pasaría pero en teofanía.

Y le fue dicho a Moisés: «Llama a Josué, hijo de Nun»11, el cual se llamaba Oseas, y al cual Moisés le cambió el nombre por Josué. Josué u Oseas era ministro de Moisés.

Ahora vean ustedes que salió mejor ministro de Moisés: Oseas, que Aarón. Bueno, gracias a Dios, porque siempre hay buenos ministros que se mantienen fieles a la Palabra de Dios, como Josué.

Y Dios le dijo… porque Moisés decía, Moisés le pedía a Dios que colocara a otra persona para que llevara el pueblo a la tierra prometida; y Moisés no sabía que estaba con él, Moisés no sabía que había sido enseñado en todo ese tiempo, Moisés no sabía que era su fiel ministro Oseas, al cual Moisés le puso por nombre Josué, que significa ‘Salvador’, ‘Redentor’; le puso el nombre de Jesucristo, le puso el nombre de Jesús, porque Josué y Jesús significa lo mismo.

Ahora, vean ustedes, todo fue colocado en Josué, todo lo que tenía Moisés pasó a Josué; y encontramos que Josué pasó al pueblo a la tierra prometida y le repartió la tierra.

Josué representa al Espíritu Santo en el fin del tiempo, el cual pasará al pueblo a la tierra prometida en Su última manifestación que tendrá en este planeta Tierra, luego que las siete edades de la Iglesia gentil hayan terminado, donde el Espíritu Santo se manifestó en cada ángel mensajero, pero que no pudo pasar al pueblo a la tierra prometida del nuevo cuerpo ni a la tierra prometida del Reino Milenial.

Pero Jesucristo, la Columna de Fuego, el Espíritu Santo, Jesucristo en Espíritu Santo, pasará a Sus escogidos, a los elegidos, a la tierra prometida del nuevo cuerpo y a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial en Su última manifestación, que será en Su Ángel Mensajero, a través del cual le repartirá la tierra prometida, la herencia, a los hijos de Dios.

Dios en la Dispensación de Moisés o de la Ley reflejó las cosas que acontecerían en la Dispensación de la Gracia y también en la Dispensación del Reino, y también luego de terminada la Dispensación del Reino, o sea que reflejó también la eternidad.

En esta noche hemos visto cómo la Dispensación de la Ley estuvo reflejando la Dispensación de la Gracia y las cosas de la Dispensación de la Gracia.

El ministerio de Moisés representó o reflejó también el ministerio de Cristo para la Dispensación de la Gracia y para la Dispensación del Reino; y el pueblo representado allí, representó también el pueblo de la dispensación venidera.

El pueblo que representó Josué y Caleb: Josué representa al mensajero final, y Caleb representa a los creyentes verdaderos de Dios que pasarán a la tierra prometida.

Así que nosotros, vean ustedes, estamos representados en Josué y Caleb.

De los que salieron de Egipto, dos millones aproximadamente que salieron de Egipto, solamente dos personas entraron; los otros que entraron nacieron en el desierto. Los que salieron de Egipto murieron, incluyendo a Moisés, incluyendo a Aarón, incluyendo a Miriam o María, incluyéndolos a todos; pero los que nacieron por el desierto, de los cuales decían aquellos que habían salido de Egipto, decían: «Nuestros hijos serán víctimas de todos estos animales y serpientes que hay en el desierto, y serán víctimas del hambre y de la sed». Pero los que fueron víctimas fueron los que salieron, porque fueron víctimas de la incredulidad; y por esa causa no entraron a la tierra prometida, por incrédulos.

Ahora, vean ustedes, Josué y Caleb también tenían problemas; pero no encontraron en ningún momento que Josué y Caleb se levantaran para hablar algo en contra de Moisés o en contra del Programa de Dios.

Cuando ellos fueron a la tierra prometida, Josué y Caleb… Uno de Benjamín, y el otro (¿cuántos saben?)… De Benjamín era Caleb [Hno. Miguel: De Judá era Caleb], o de Judá era Caleb, y de Efraín era Josué. Del que tenía la Bendición de la Primogenitura salió el que llevaría el pueblo, el que entraría el pueblo a la tierra prometida y le repartiría su herencia.

Ahora, vean ustedes, el pueblo no sabía, no entendía bien el Programa Divino, pero se estaba realizando ese Programa Divino correspondiente para ese tiempo. Así ha sido también en las edades pasadas de la Iglesia gentil y también en nuestro tiempo.

En nuestro tiempo estamos nosotros viviendo la parte del Programa Divino que corresponde para este tiempo final, correspondiente a la Edad de la Piedra Angular y correspondiente a la Dispensación del Reino que ha comenzado; aunque el glorioso Reino Milenial todavía no ha comenzado; el Reino Milenial pertenece a la Dispensación del Reino, y pronto va a comenzar ese glorioso Reino.

Ahora, nosotros tenemos que estar conscientes de que estamos viviendo en la parte más importante del Programa Divino, estamos viviendo en el tiempo en que de un momento a otro entraremos a la tierra prometida del nuevo cuerpo, y entraremos a la tierra prometida del glorioso Reino Milenial después que termine la gran tribulación, pero primero entraremos a la tierra prometida del nuevo cuerpo.

Ahora, nosotros nos encontramos en la etapa en donde el liderato está en las manos del Señor Jesucristo, tipificado en Josué; Él está como Josué en este tiempo final; aunque el ministerio de Moisés y el ministerio de Elías están operando en este tiempo final.

Es en el tiempo en que todos estos ministerios se reúnen; porque todos estos ministerios estaban y están en Cristo, estaban y están en la Columna de Fuego. Por eso Él puede decir en Sus promesas que enviará a Elías y que enviará a Moisés, y que enviará a Josué, y que enviará a cualquier otro profeta; porque en el Espíritu de Cristo, en la Columna de Fuego, están todos esos ministerios proféticos; por lo tanto, Él puede manifestar cualquiera de esos ministerios.

Él puede enviar en el fin del tiempo un mensajero en donde se manifieste en esta Tierra con el ministerio de Elías, con el ministerio de Moisés, con el ministerio de Josué, con el ministerio que sea; porque si viene en y con el Espíritu de Cristo, que es con la Columna de Fuego, ahí vienen todos los ministerios; porque en la Columna de Fuego está la plenitud de todos los ministerios.

Y en el fin del tiempo las promesas de la Venida de Jesucristo, la Venida del Hijo del Hombre, la Venida de Elías, la Venida de Moisés, todo eso se cumple cuando la Columna de Fuego, que es Jesucristo, que es Dios, aparece y se manifiesta en el fin del tiempo en el Ángel del Señor Jesucristo para pasar el pueblo a la herencia, a la tierra prometida, que le corresponde conforme a la promesa divina. Y nosotros estamos aquí en la Tierra para ese propósito.

Con ese propósito Él nos tiene viviendo en el fin del tiempo; porque es el ciclo divino donde los hijos de Dios reciben el Título de Propiedad restaurado. Les es restaurado ese Título de Propiedad cuando les es dada la Palabra, el Mensaje de la Edad de la Piedra Angular, el Mensaje de la Dispensación del Reino, viniendo para tener el derecho a nuestro regreso a la tierra prometida del nuevo cuerpo y del glorioso Reino Milenial.

Sin ese Título de Propiedad ninguna persona tiene el derecho a la vida eterna, ninguna persona puede reclamar que tiene que vivir, continuar viviendo por toda la eternidad, ninguna persona puede reclamar nada sin tener un Título de Propiedad, ninguna persona puede reclamar una propiedad si no tiene un título de propiedad.

La vida eterna es una herencia de los hijos de Dios; y siendo una herencia le pertenece a los hijos de Dios. Pero sin el Título ninguna persona puede decir: «Esto es mío»; pero con ese Título de Propiedad, el cual le está siendo entregado a cada hijo de Dios en el fin del tiempo, nosotros podemos decir: «La vida eterna nos pertenece, y nos pertenece un nuevo cuerpo, un cuerpo eterno; nos pertenece también el glorioso Reino Milenial, nos pertenece también este planeta Tierra».

Y así Dios dirá: «A ustedes les pertenece todo eso que ustedes dicen, porque tienen el Título de Propiedad», el cual ha regresado en este tiempo final de la mano del que está sentado en el Trono, a la mano del Ángel Fuerte; y de la mano del Ángel Fuerte a la mano, boca y estómago del Ángel del Señor Jesucristo; y de ahí, siendo hablado el contenido de ese Título, pasa al corazón, al alma de cada hijo de Dios al escuchar el contenido de ese Título. Al escuchar y recibir el contenido de ese Título, la persona está recibiendo el Título de Propiedad para regresar a la vida eterna.

Hemos visto las cosas que fueron en el pasado, en la Dispensación de la Ley, y también podíamos ver las cosas que fueron antes de la Dispensación de la Ley; las cuales son (las de la Ley) tipo y figura de las cosas venideras en la Dispensación de la Gracia y en la Dispensación del Reino. Pero ya con lo que hemos hablado tenemos un cuadro claro de lo que fue en el pasado.

También veremos las cosas que Juan vio en esta visión apocalíptica, y también veremos las cosas que eran en el Programa de Dios para aquel tiempo: para la Dispensación de la Gracia; y también estaremos viendo las cosas que son, o sea, las cosas que serán, que dice Apocalipsis, capítulo 1, verso 19, y capítulo 4, verso 1: «Las cosas que serán», las cosas que serán para después de la Dispensación de la Gracia: o sea, las cosas que serán para nosotros, las cosas que serán para nuestra edad, las cosas que serán para nuestra dispensación y las que serán para toda la eternidad.

Así que esta noche también estamos (podemos decir) en la introducción, estamos en esa fase. Yo espero que para mañana Dios me dé un poquito más acerca de estas cosas. No sé si continuaremos hablando de las cosas que fueron en el pasado. Aun cuando hablemos de las cosas de la Dispensación de la Gracia, todavía estaremos hablando de las cosas que fueron en el pasado, pero que en el tiempo de Juan el discípulo amado eran las cosas que eran en ese tiempo, porque eran las cosas correspondientes a la Dispensación de la Gracia.

Estaremos viendo todas esas cosas, porque con el conocimiento de todas esas cosas, aunque sea dándolas a conocer en una forma histórica, dándole la aplicación correcta para nuestro tiempo sacaremos muchos beneficios; y veremos que la Obra que Dios ha estado llevando a cabo es una Obra de amor divino, una Obra donde el amor de Dios ha estado siendo expresado hacia Sus hijos.

Y nosotros estaremos viendo las cosas que Él hizo en el pasado, y las cosas que está haciendo en el presente, y las cosas que Él hará en el futuro; para, así, que nosotros no tropecemos como tropezaron otras personas en las edades pasadas, y para que así nosotros nos mantengamos fieles a la Palabra de Dios que corresponde para nuestro tiempo; y así no seamos murmuradores, no nos rebelemos en contra del Programa de Dios.

Y cuando vengan problemas o vengan apreturas sobre nosotros como individuos, o sobre nosotros como el grupo de nuestra edad y nuestra dispensación, ninguno esté protestando en contra de las cosas de Dios y de Su Programa, sino que digan: «Señor, ayúdanos, fortalece nuestras almas, nuestro ser». Y podamos decir: «Estamos dispuestos hasta a morir por la Palabra del Señor para nuestra edad y nuestra dispensación».

Ya sabemos que vendrá una apretura grande, pero antes de esa apretura pueden venir algunas apreturas pequeñas; pero recuerden: Él ha dicho que tendremos la gran victoria del amor divino.

Así que nosotros miramos los problemas, las situaciones difíciles, como causas y motivos para que salgan cosas buenas de nosotros; miramos todas esas cosas de una forma positiva, diciendo: «Esto negativo ocasionará que nosotros produzcamos cosas positivas».

Por ejemplo, cuando se le acaba la comida, o la gasolina al carro, si ustedes lo miran desde el punto de vista negativo, se ponen tristes; pero si lo miran desde el punto de vista positivo, ustedes dicen: «Si se le acabó la gasolina al carro, como ya le quedaba poca (dicen), ahora le voy a llenar el tanque de gasolina y voy a disfrutar todo un tiempo con el automóvil, voy a disfrutar un día o dos días, tres días, o una semana». Con lo que tenía no podía llegar muy lejos; le llena el tanque: puede llegar más lejos.

Se le acabó la comida: «Bueno, ahora voy para la tienda y voy a escoger allí muchísimas cosas que no tenía ya aquí en la nevera y en la casa». Así que se le va a llenar la casa de buena comida en este día.

Y cuando se acabó el alimento de las siete edades, algunos pensaban: «Nos quedamos sin Mensaje». Y Dios dijo: «Yo le daré del Maná escondido». Hasta que se acabara el trabajo y Mensaje de las edades pasadas no podía Dios sacar el Maná escondido para cada uno de nosotros.

Recuerden: Siempre los problemas, las situaciones, hacen que salgan cosas nuevas. Y esperamos que de nosotros salgan siempre cosas buenas, positivas, y que siempre produzcan una obra de fe.

Hemos visto las cosas que fueron en la Dispensación de la Ley, en una forma rápida, pero yo creo que tenemos un cuadro claro de las cosas que hemos hablado en esta noche.

Así que, LAS COSAS QUE FUERON: EN LA DISPENSACIÓN DE LA LEY.

Que Dios les bendiga, que Dios les guarde.

Muchas gracias por vuestra amable atención y dejo con ustedes nuevamente, o con nosotros, a Miguel Bermúdez Marín para concluir en esta noche nuestra parte.

Yo creo que me pasé de la hora que todos los maestros están teniendo. Esperamos que para mañana Dios nos dé el Mensaje que necesitamos escuchar mañana.

Oren mucho por mí para que Él me dé el Mensaje que necesitamos, y también oren por todos los maestros que están durante el día dictando sus conferencias, para que Dios los use grandemente y para que las personas que están escuchando esas conferencias reciban el beneficio de esas conferencias.

Que Dios les bendiga grandemente a todos, que Dios los guarde, y hasta mañana, Dios mediante.

«LAS COSAS QUE FUERON».

[Revisión febrero 2020]

1 Génesis 15:13-16

2 Éxodo 3:7-9

3 Números 12:1-15

4 Éxodo 7:1

5 Éxodo 32

6 Romanos 7:19-21

7 Éxodo 17:3-6

8 Números 20:2-13

9 Deuteronomio 32:48

10 Deuteronomio 3:23-27

11 Deuteronomio 3:28

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