Conferencias

El tiempo de oír las palabras de la profecía apocalíptica
Share on facebook
Share on twitter
Share on telegram
Share on whatsapp
Share on skype
Share on email
Share on print

Descargas

Traducciones

El tiempo de oír las palabras de la profecía apocalíptica

Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes. Es para mí una bendición muy grande estar con ustedes en esta noche, y tener así la oportunidad y privilegio de darles a conocer el Programa de Dios para nuestro tiempo, donde están las bendiciones de Dios para cada uno de nosotros.

Algunas veces deseamos y pedimos a Dios Sus bendiciones, pero no sabemos dónde están.

En esta noche quiero leer la Escritura en Apocalipsis, para ver dónde están las bendiciones de Dios para nosotros. Apocalipsis, capítulo 1, verso 1 en adelante (verso 1 al 3), dice:

La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan,

que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto.

Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca”.

“EL TIEMPO DE OÍR LAS PALABRAS DE LA PROFECÍA APOCALÍPTICA”.

En la lectura que hemos tenido, hemos visto que es bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de esta profecía apocalíptica; ahí está la bienaventuranza para toda persona. No hay sobre la Tierra ningún libro de un ser humano que le dé la bienaventuranza en leer y escuchar las palabras que contiene ese libro, excepto las palabras de la profecía de este libro.

Ahora, vean ustedes, es que las palabras de la profecía de este libro son la Palabra de Dios, la Palabra de Dios para cada edad y cada dispensación; y ahí es donde la persona encuentra la bendición, donde la persona encuentra el gran secreto de la vida eterna.

Sin la Palabra, ninguna persona podría saber que el Señor Jesucristo murió en la Cruz del Calvario y allí pagó el precio por el pecado y nos redimió con Su Sangre preciosa.

Ahora, las palabras de la profecía de este libro, encontramos que corresponden al pueblo de Dios, corresponden a la Obra de Dios; encontramos que las palabras de la profecía de este libro cubren la Dispensación de la Gracia, cubren las siete etapas o edades de la Iglesia gentil, en donde el Señor Jesucristo se reveló en cada edad y trajo Su Mensaje para cada edad; y todo esto lo llevó a cabo al mensajero y a través del mensajero de cada edad.

Fue Jesucristo revelado en cada edad a través del mensajero al pueblo, porque es la revelación de Jesucristo manifestada en cada edad durante la Dispensación de la Gracia; y luego que termina esa dispensación y las siete etapas o edades de la Iglesia gentil, Él se revela en una nueva dispensación, la Dispensación del Reino.

Se revela así a todos los escogidos de Dios, para darles la fe para ser transformados y raptados conforme a lo prometido por Dios a través de San Pablo y otros mensajeros, en donde nos habla de una transformación de nuestros cuerpos y una resurrección para los que están descansando en el Paraíso, que durmieron o murieron durante las edades pasadas.

Para recibir nuestra transformación se requiere escuchar las Palabras de la profecía apocalíptica que corresponden para nuestro tiempo.

Recuerden que en esta revelación apocalíptica hay Palabra de Dios para cada edad y para cada dispensación, para la Dispensación de la Gracia y para la Dispensación del Reino.

Por esa causa ustedes encuentran que aquí la revelación dada a Juan, el discípulo amado, en la isla de Patmos, durante un lapso de tiempo de dos años, habla de las edades de la Iglesia gentil y también habla del glorioso Reino Milenial, y también habla del Juicio Final y la entrada a la eternidad; porque las palabras de la profecía de este libro contienen toda la Obra que el Señor Jesucristo estará haciendo hasta entrar a la gloriosa eternidad, en donde descenderá la Nueva Jerusalén, donde descenderá esa Ciudad con sus ciudadanos, para habitar en la tierra en donde en la actualidad es Jerusalén, allá en la tierra de Israel.

Allí en la tierra de Israel se levantará un gran monte, saldrá de la tierra; los volcanes y todas estas cosas estarán produciendo un monte alto y grande, tan y tan grande que será aún más grande que la Jerusalén actual.

Esa Jerusalén que estará establecida en la Tierra será la ciudad en donde vivirán todos los escogidos de Dios, todos los que vivieron en las edades de la Iglesia gentil y también los escogidos del Antiguo Testamento. Allí estará Abraham, Isaac, Jacob y todos estos hombres de Dios; allí estarán las doce tribus de Israel, representadas en aquellos patriarcas que los representaron; ellos, los patriarcas, estarán allí, y también los doce apóstoles del Señor Jesucristo.

Recuerden que esta ciudad tiene doce muros, y esos muros contienen los nombres de los doce apóstoles; y tiene también doce puertas, en donde están escritos los nombres de los patriarcas. Allí está representado todo el pueblo de Dios, los escogidos de Dios; están representados allí los del Antiguo Testamento y también los del Nuevo Testamento.

Encontramos que en esa Ciudad Santa estará el Señor Jesucristo sentado en el Trono, un Trono eterno; y allí, siendo que nosotros, dice la Escritura que Él nos ha hecho reyes y sacerdotes, y reinaremos con Él por mil años, y luego por toda la eternidad reinaremos con Él1: allí estaremos con Él, en esa Santa Ciudad, para vivir por toda la eternidad, y estaremos como reyes y sacerdotes con el Señor Jesucristo; y desde allí se gobernará, desde allí Él gobernará este planeta Tierra y todo el universo.

Porque la Tierra, el planeta Tierra, es el lugar en donde Dios morará allí en donde en la actualidad es Jerusalén. Dios en Su Programa tiene establecido establecer Su morada allí en Jerusalén.

Ahora, vean ustedes que todo esto fue reflejado allá en el templo que hizo Moisés y el templo que hizo Salomón, pues en medio del pueblo hebreo estaba el arca del pacto, el cual fue colocado en el lugar santísimo del templo que hizo Moisés y del templo también que hizo Salomón. Y en el arca del pacto, sobre el propiciatorio, en medio de dos querubines allí, que estaban parados, de oro, allí en medio de ellos estaba Dios en esa luz llamada la Shekinah o Columna de Fuego o Pilar de Fuego.

En medio de ellos, de estos dos querubines de oro, estaba la presencia de Dios, y estaba en medio del pueblo hebreo el arca del pacto, mostrando Dios que algún día Dios habitaría en medio del pueblo hebreo en una Santa Ciudad, la cual fue representada allá en el templo y también representada en el Cuerpo Místico del Señor Jesucristo, en donde paso por paso se ha ido cumpliendo todo lo que contiene la Santa Ciudad, la Nueva Jerusalén.

Y por cuanto todo ese Programa se ha ido haciendo carne, materializándose en cada uno de los escogidos, allá en esa nueva ciudad que estará en Jerusalén, cada uno de los escogidos ocupará la posición que ocupó aquí en el planeta Tierra en el tiempo en que él vivió.

Las personas, los escogidos, no podrán decir: “Yo quisiera vivir en la parte de abajo de esa ciudad, porque me gusta el llano, la parte baja”; tampoco otros podrán decir: “No, a mí me gusta la parte más alta, porque es más fresca y me gustan siempre los lugares altos, me gustan siempre; por lo tanto, yo quiero vivir allá arriba”; no.

El Cuerpo Místico del Señor Jesucristo ha sido formado de edad en edad durante la Dispensación de la Gracia, y también tenemos parte del Antiguo Testamento, porque allí están representados Abraham, Isaac, Jacob y los patriarcas; y encontramos que también están los apóstoles, que comenzaron con Jesucristo la Dispensación de la Gracia.

Y luego siguió en el Programa Divino las siete etapas o edades de la Iglesia gentil, y fue subiendo ese Cuerpo Místico: fue subiendo y subiendo en forma de monte, en forma de pirámide, hasta llegar a este tiempo final en el cual nos encontramos en la cima del Monte de Dios, del Cuerpo Místico del Señor Jesucristo; nos encontramos en la parte más alta, nos encontramos en la Edad de la Piedra Angular.

Por lo tanto, los que vivieron en el comienzo en esa Santa Ciudad, vivirán allá en el comienzo de esa ciudad o de esa montaña; y así gradualmente, hasta llegar a la parte alta de esa montaña, la cual pertenece a los escogidos de Dios de este tiempo final.

Así estará distribuida la Santa Ciudad de Jerusalén. La misma posición ocupada en el Cuerpo Místico del Señor será la posición nuestra allá en la ciudad. Así como el pueblo hebreo: vean ustedes, cuando salió el pueblo hebreo de Egipto fueron colocados en el orden correcto, en el orden correspondiente para tomar ese orden también allá en la tierra prometida.

Ahora, en cada edad de la Iglesia gentil vino Palabra del Señor Jesucristo para Su pueblo; y estas palabras fueron palabras apocalípticas.

En cada edad Jesucristo se reveló, Él estuvo caminando en medio de los candeleros de oro; y esto muestra que Él estuvo caminando en las siete etapas o edades de la Iglesia gentil, y dando Palabra para cada edad a través del mensajero de cada edad, al cual vino primero la Palabra de Dios para esa edad, y luego él la predicó; y al predicarla, los que estaban escritos en el Libro de la Vida del Cordero respondieron a ese llamado: dijeron: “¡Esto era lo que yo estaba esperando!”. Eso fue de adentro hacia afuera.

Y fueron bienaventurados en escuchar las palabras del mensajero de su edad; y ahí estaban ellos escuchando palabras de la profecía de este libro.

Ahora, para el fin del tiempo tenemos el Mensaje Final; es el Mensaje apocalíptico, final, para todos los hijos de Dios; y es bienaventurado el que lee y el que oye las palabras de la profecía de este libro.

Las palabras de la profecía de este libro son las palabras dadas por el Señor Jesucristo a través de Su Ángel Mensajero; es la revelación de Jesucristo para todos Sus hijos; la cual Él realiza en el fin del tiempo a través de Su Ángel Mensajero, y a través del cual nos da las palabras de la profecía de este libro.

Vean ustedes, dice: “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel (‘a Juan Su siervo’, se las dio en forma de símbolos)…”.

La revelación apocalíptica, ustedes encontrarán que está en forma simbólica; pero el cumplimiento de la revelación apocalíptica es el cumplimiento de estos símbolos apocalípticos, los cuales son materializados cuando el mensajero de esa edad trae el Mensaje de parte de Dios, entonces toda esta revelación simbólica se convierte en una realidad.

Así fue en cada edad del pasado y así es en nuestra edad (la Edad de la Piedra Angular) y en nuestra dispensación (la Dispensación del Reino).

Las cosas apocalípticas que no se cumplieron en las siete edades de la Iglesia gentil, durante la Dispensación de la Gracia, se cumplirán en la Dispensación del Reino, en la Edad de la Piedra Angular; y las cosas que no se cumplan durante este tiempo en el cual vivimos, se cumplirán durante el Reino Milenial; y las que falten por ser cumplidas, se cumplirán luego que termine el Reino Milenial.

Luego se cumplirá el Juicio Final, y luego se cumplirá también la manifestación de esa gran ciudad, la Nueva Jerusalén.

O sea que aquí hay Palabra profética para el tiempo que ya pasó, la cual fue dada; hay palabra profética para nuestro tiempo; hay palabra profética para el glorioso Reino Milenial y hay palabra profética para cuando termine el Reino Milenial; y hay palabra profética para la eternidad también; porque esta es “la revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a Sus siervos las cosas que deben suceder pronto”. Y dice: “Y la declaró enviándolas por medio de Su Ángel a Juan”.

Su Ángel es el Ángel Mensajero del Señor Jesucristo mencionado en Apocalipsis, capítulo 22 y verso 16, del cual dice el Señor Jesucristo: “Yo Jesús he enviado mi Ángel para dar testimonio de estas cosas en las iglesias”.

Este Ángel del Señor Jesucristo es el que está encargado de dar a conocer estas cosas, de traer la revelación de Jesucristo para todas las iglesias, para todos los seres humanos.

A Juan el discípulo amado le trajo esta revelación apocalíptica en esta forma simbólica; pero a medida que ha ido pasando el tiempo, ha ido pasando cada edad y ha ido pasando la Dispensación de la Gracia, cada palabra profética en forma simbólica ha ido cumpliéndose, la correspondiente para cada etapa, para cada edad.

Ahora vean, aquí en Apocalipsis, capítulo 22, nuevamente nos muestra a este Ángel del Señor y Su ministerio, Su labor. Dice Apocalipsis 22, verso 6:

Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas”.

Es el mensajero del Señor Jesucristo, que viene con palabras fieles y verdaderas.

Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

Vean ustedes para qué es enviado el Ángel del Señor Jesucristo: para mostrar a Sus siervos las cosas que deben suceder pronto. Esa es la labor del Ángel del Señor Jesucristo: mostrarles a los siervos de Dios las cosas que deben acontecer pronto. Vean ustedes, esa es su labor.

Ahora, en Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, miren ustedes aquí lo que dice:

Después de esto miré (¿Después de qué? Después de las siete etapas o edades de la Iglesia gentil), y he aquí una puerta abierta en el cielo…”.

La Puerta siempre es Cristo; y en el Cielo fue abierto el Séptimo Sello, y el Séptimo Sello es la Venida de Cristo; y este gran misterio de la Venida de Cristo fue abierto en el Cielo.

Encontramos aquí, con la apertura del Séptimo Sello, siendo el Séptimo Sello la Venida del Señor… Vean ustedes, Apocalipsis, capítulo 8, verso 1, dice:

Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora”.

Este gran misterio de la Venida del Señor para el fin del tiempo es el misterio que fue abierto en el Cielo. Nadie sabía en el Cielo. Jesús dijo: “Ni aun los ángeles saben, ellos no saben ni cuándo será el día y la hora cuando el Hijo del Hombre ha de venir”2</a>; ellos no saben, no conocen ese misterio.

Pero aquí, en Apocalipsis, capítulo 8, siendo el Séptimo Sello la Venida del Señor, cuando fue abierto ese misterio en el Cielo todos quedaron en silencio. ¿Para qué? Para que nadie pudiera conocer ese misterio; para que el diablo no pudiera conocerlo e hiciera daño en medio del pueblo de Dios.

Todavía faltaban muchos años, dos mil años aproximadamente, para llegar al fin del siglo, para llegar al fin del tiempo; por lo tanto, el diablo desde el tiempo de Juan el discípulo amado hubiera hecho mucho daño si conocía ese misterio de la Segunda Venida de Cristo. Así que cuando fue abierto en el Cielo, los ángeles, los arcángeles y todos se callaron: hubo silencio en el Cielo como por media hora.

Ahora, aquí en Apocalipsis, capítulo 4, encontramos una puerta abierta en el Cielo: es la Venida del Señor, es el Séptimo Sello abierto en el Cielo:

“… y la primera voz que oí, como de trompeta (no que era una trompeta literal sino una voz como de trompeta), hablando conmigo (vean, hablaba), dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas”.

Subir “arriba”, a donde estaba esa Voz, a donde estaba esa Puerta: subir arriba por esa Puerta; porque había una Puerta abierta. Lo llaman a subir arriba para escuchar las cosas que deben suceder pronto.

Sabiendo nosotros que todo lo que hay en el Cielo, Dios ha venido a través del tiempo reflejándolo en la Tierra… Vean ustedes, en el templo que hizo Salomón y en el que hizo Moisés, Dios reflejó todo lo que estaba en el Cielo; y encontramos que en Su Iglesia, el Cuerpo Místico del Señor Jesucristo, Él también ha estado reflejando todo lo que está en el Cielo.

Él reflejó en el Cuerpo Místico todas esas cosas que corresponden al Cielo; las mismas cosas que fueron reflejadas en el templo que hizo Moisés y el templo que hizo Salomón; porque el Cuerpo Místico del Señor Jesucristo es el Templo que ha estado haciendo el Señor Jesucristo con el mismo Plano.

Ahora, “sube acá”, esto Él lo refleja en Su Cuerpo Místico cuando Él llama a Sus escogidos a subir más arriba, a una edad más alta, a la Edad de la Piedra Angular, que es una edad eterna, perteneciente a una nueva dispensación, a la Dispensación del Reino, en donde la Voz como de trompeta…, de la cual el apóstol San Pablo también habló y dijo:

“He aquí, os digo un misterio: todos ciertamente no moriremos, no dormiremos, mas todos seremos transformados, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos en Cristo resucitarán (¿resucitarán cómo? Incorruptibles), y nosotros los que vivimos seremos transformados”3.

Esa es una promesa para todos aquellos que escuchan esa Trompeta Final.

Esa Trompeta Final es esta Trompeta o Voz de Trompeta que aparece aquí en Apocalipsis, capítulo 4; es esta la Voz del Señor Jesucristo hablándonos en la Edad de la Piedra Angular; es el Mensaje del Señor Jesucristo dándonos a conocer las cosas que deben suceder después que las siete etapas o edades de la Iglesia gentil han terminado.

Después que ha terminado la Dispensación de la Gracia comienza la Dispensación del Reino, en donde el Señor Jesucristo nos habla con esa Voz como de trompeta.

Y Él, para esto, en Apocalipsis 22 dice [verso 6]: Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para (manifestar) a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

Ahí encontramos esa Voz como de trompeta, la Voz del Señor Jesucristo como de trompeta, dándonos a conocer lo que Él prometió: las cosas que deben suceder pronto; y bienaventurados los que leen y los que escuchan las palabras de la profecía de este libro.

Vean ustedes que las palabras de la profecía de este libro, que son las palabras del Señor Jesucristo, fueron dadas a través de Su Ángel Mensajero. Dice:

La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel…”.

A Juan, Él se las dio a conocer en estas visiones apocalípticas en forma simbólica; y Él, en cada etapa, en cada edad y dispensación, las iría materializando, cumpliendo, e iría dándolas a conocer a todos los escogidos: cada parte de esta revelación apocalíptica la daría en la edad correspondiente.

Y para nosotros al final, Él nos da la revelación apocalíptica que corresponde a nuestra edad: la Edad de la Piedra Angular, y a nuestra dispensación: la Dispensación del Reino. Y ya también tenemos el conocimiento de la forma en que Jesucristo se reveló en las edades pasadas, o sea que también conocemos la Palabra que fue dada en las edades pasadas.

Conocemos también la revelación de Jesucristo a través del ángel mensajero de cada edad, en cada tiempo pasado, bajo la Dispensación de la Gracia; más, tenemos la revelación de Jesucristo de la Edad y para la Edad de la Piedra Angular en la Dispensación del Reino, siendo dada a conocer a nosotros en este tiempo final.

En la Dispensación de la Gracia Él se reveló como Cordero de Dios y se reveló en cada uno de Sus mensajeros; y en nuestro tiempo, en la Edad de la Piedra Angular, en la Dispensación del Reino, Él se revela como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo, dándonos a conocer así las cosas que deben suceder pronto: las cosas que deben suceder en la Dispensación del Reino, las cosas que deben suceder en la Edad de la Piedra Angular, las cosas que deben suceder conforme a la revelación apocalíptica.

Nos da a conocer las cosas que Jesús está haciendo y las que Él hará; nos da a conocer Su Palabra, Su Mensaje, el Mensaje del Evangelio del Reino, que fue representado en la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta llamando y juntando a todos los escogidos; como dijo el Señor Jesucristo: “Y enviará Sus Ángeles, y juntarán a Sus escogidos con Gran Voz de Trompeta”4.

O sea, envía Sus Ángeles con Gran Voz de Trompeta. Sus Ángeles: el ministerio de Moisés y Elías, el ministerio de los Dos Olivos de Apocalipsis, capítulo 11, y de Zacarías, capítulo 4.

Así que vean ustedes, todo lo que Dios realiza en nuestro tiempo y lo que Él realizó en las edades pasadas y dispensaciones pasadas, todo es conforme a la Escritura; porque Él no hará nada sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos los profetas5.

Así que cuando Dios ha enviado a un profeta, él ha traído una revelación divina de las cosas que Dios hará; y cuando envía al Ángel Mensajero de Apocalipsis, capítulo 1, y también Apocalipsis, capítulo 22, verso 6 y verso 17, que es el Ángel Mensajero del Señor Jesucristo, el último mensajero para la Dispensación del Reino y Edad de la Piedra Angular, Él ahí nos da a conocer todas las cosas que Él estará haciendo, las cosas que deben suceder pronto.

Y estará dando a conocer también todas las cosas que estarán realizándose conforme a la profecía bíblica, estará dando a conocer toda la Obra que Dios estará llevando a cabo, y estará también descubriéndole al pueblo de Dios la Obra que el enemigo de Dios estará realizando en contra del Programa Divino; porque estará dando a conocer las cosas que deben suceder pronto.

Así que este es el tiempo de oír las palabras de la profecía de este libro, que corresponden para el fin del tiempo, que corresponden para la Dispensación del Reino; de las cuales se nos da a conocer la historia de las edades de la Iglesia pasada – de las edades pasadas de la Iglesia gentil bajo la Dispensación de la Gracia, y también se nos da a conocer el Programa o parte del Programa que Dios llevó a cabo en la Dispensación de la Ley, y de otras dispensaciones; y sobre todo, se nos da a conocer el Programa de Dios para nuestra edad y nuestra dispensación, que es el que producirá la fe para ser transformados y raptados.

Nos da —esa revelación divina— la fe para obtener todas las bendiciones de Dios señaladas en este libro apocalíptico.

Aquí, en estas palabras, en las palabras de la profecía de este libro, para nosotros en nuestro tiempo están todas las bendiciones de Dios que Él ha prometido para Sus hijos para este tiempo y para toda la eternidad; por esa causa es bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de la profecía de este libro; porque cuando las creen, entonces Dios está comprometido con esa persona en darle todas esas bendiciones que Él ha prometido para ese tiempo.

No hay bendición ni promesas en palabras humanas, sino en las palabras del Señor Jesucristo, en las palabras de la profecía de este libro; por esa causa dice: “Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de la profecía de este libro”.

“EL TIEMPO DE OÍR LAS PALABRAS DE LA PROFECÍA APOCALÍPTICA”, es este para nosotros. Este es el tiempo, este es el día, para nosotros escuchar las palabras de la profecía apocalíptica dándonos a conocer las cosas que deben suceder pronto.

Que Dios continúe dándonos a conocer las palabras de la profecía de este libro, correspondientes a nuestra edad y nuestra dispensación; y también dándonos conocimiento de las palabras apocalípticas que fueron ordenadas para edades y dispensaciones pasadas. Y así nos haga a todos bienaventurados. Y así tengan cada uno de ustedes, tengan todos, las bendiciones del Cielo; porque “la bendición de Dios es la que enriquece y no añade tristeza”6.

En las palabras de la profecía de este libro están todas las bendiciones que ustedes pueden desear; y aun las que no pueden desear porque no las conocen, también están ahí.

En palabras más claras: en las palabras de la profecía de este libro están todas las bendiciones que toda persona pueda recibir en este tiempo, todas las que pueda recibir en el Milenio y todas las que pueda recibir en la eternidad; ¡todas las bendiciones de Dios están en las palabras de la profecía de este libro apocalíptico!

Miren ustedes, dice: “Al que venciere…”, ahí hay un sinnúmero de bendiciones. Vamos a ver algunas bendiciones habladas aquí. Apocalipsis, capítulo 3, verso 5, dice:

El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles.

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”.

Vean otra bendición aquí, en Apocalipsis, capítulo 3, verso 21, es una bendición muy grande; dice:

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”.

¿Hay alguien que le pueda ofrecer una bendición más grande que esa? ¿Hay algún rey aquí en la Tierra que le diga a usted: “Si tú vences (y le dice en qué debe vencer) (hay alguno que le diga), te sentarás conmigo en mi trono”? No lo hay.

Vean ustedes, pero el Señor Jesucristo nos hace esa promesa. También encontramos un sinnúmero más, un sinnúmero de promesas divinas, en donde podemos ver las grandes bendiciones que Él tiene para nosotros. Apocalipsis, capítulo 2, verso 7:

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios”.

¿Hay alguna persona que le pueda hacer una promesa así? Solo el Señor Jesucristo. Así que vale la pena estar conscientes, estar consciente de que estamos viviendo en el tiempo de oír las palabras de la profecía apocalíptica, para tener la bienaventuranza grande de las bendiciones de Dios prometidas para todos los vencedores.

Tenemos que comprender que tenemos que vencer. No es comenzar en el Reino de Dios y después retirarse; porque dice el Señor Jesucristo: “El que pone su mano en el arado y mira hacia atrás, no es apto, no es digno del Reino”7.

Así que ustedes tienen que caminar hacia adelante siempre; porque tenemos que obtener la victoria, para obtener la materialización de cada una de estas promesas.

Son promesas, bendiciones, para cada uno de nosotros, y están en las palabras de la profecía apocalíptica. Y este, para nosotros, este es EL TIEMPO DE OÍR LAS PALABRAS DE LA PROFECÍA APOCALÍPTICA.

Para otros en otras edades fue el tiempo de oír la porción que Dios les ordenó; y para nosotros es el tiempo de oír lo que Él ha ordenado para cada uno de nosotros: para oír las cosas que deben suceder pronto, después que han terminado las edades de la Iglesia gentil y las cosas que tenían que acontecer en las siete edades.

Ahora es el tiempo de conocer las cosas que deben acontecer en la Dispensación del Reino, en la Edad de la Piedra Angular, para así ser bienaventurados al leer y oír las palabras de la profecía de este libro, de la profecía apocalíptica.

Este es el tiempo de oír las palabras de la profecía apocalíptica; y al escuchar estas palabras y guardar estas palabras, creerlas con todo su corazón, son bienaventurados los que leen y los que escuchan y guardan las palabras de esta profecía, de esta profecía apocalíptica; y estamos en el tiempo señalado por Dios para oír estas palabras apocalípticas.

Este es EL TIEMPO DE OÍR LAS PALABRAS DE LA PROFECÍA APOCALÍPTICA, recuerden bien eso; donde están todas las bendiciones que nosotros podamos desear; y las que todavía no podamos desear porque no las comprendemos, también están ahí; están ahí todas las bendiciones de Dios, que con Su amor divino Él señaló, escogió para todos nosotros.

Es un tiempo en donde el amor divino está manifestándose para que nosotros podamos escuchar las palabras de la profecía de este libro, y en amor divino recibir esas palabras; para así, en amor divino, Él darle a cada uno de Sus hijos las bendiciones habladas en las palabras de la profecía de este libro. Todo eso Él lo hace porque Él nos ama a nosotros.

Así que continuemos adelante en este tiempo, oyendo, escuchando las palabras de la profecía apocalíptica; porque este es el tiempo de oír las palabras de la profecía apocalíptica.

Yo le doy gracias a Dios por cada uno de ustedes que está – que están escuchando las palabras de la profecía de este libro.

Dios les bendiga, Dios les guarde; y con nosotros nuevamente Miguel Bermúdez Marín para concluir nuestra parte en esta noche.

Dios nos continúe bendiciendo a todos con las palabras de la profecía apocalíptica.

“EL TIEMPO DE OÍR LAS PALABRAS DE LA PROFECÍA APOCALÍPTICA”.

[Revisión julio 2021]

1 Apocalipsis 5:10, 1:6; Éxodo 19:6

 

2 San Mateo 24:36, San Marcos 13:32

 

3 Primera de Corintios 15:51-52

 

4 San Mateo 24:31

 

5 Amós 3:7

 

6 Proverbios 10:22

 

7 San Lucas 9:62

Ir arriba