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El misterio de la Semilla de la Palabra hablada
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El misterio de la Semilla de la Palabra hablada

Muy buenos días, amados amigos y hermanos aquí presentes en Villahermosa, y también a cada uno de ustedes a través de la línea telefónica en los diferentes lugares de la República Mexicana, y también de Puerto Rico y de toda la América Latina, y también a ustedes allá en Norteamérica y el Canadá.

Que Dios en esta mañana nos dé Su Palabra y nos permita entenderla, para así recibir las bendiciones, los beneficios de esa Palabra.

Quiero leer una Escritura1, y se encuentra en San Mateo, capítulo 13, verso 10 en adelante, y dice así (fue luego que Jesús habló la parábola del sembrador):

“Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?

Él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros es concedido saber los misterios del reino de los cielos; mas á ellos no es concedido”.

Y luego, comenzando en el verso 18 del mismo capítulo 13, dice:

“Oíd, pues, vosotros la parábola del que siembra:

Oyendo cualquiera la palabra del reino, y no entendiéndola, viene el malo, y arrebata lo que fué sembrado en su corazón: éste es el que fué sembrado junto al camino.

Y el que fué sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y (en el acto) la recibe con gozo.

Mas no tiene raíz en sí, antes es temporal que venida la aflicción ó la persecución por la palabra, luego se ofende.

Y el que fué sembrado en espinas, éste es el que oye la palabra; pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas, ahogan la palabra, y se hace infructuosa.

Mas el que fué sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y el que lleva fruto: y lleva uno á ciento, y otro á sesenta, y otro á treinta”.

Dice: “Y el que lleva fruto”, o sea, es el que está representado en la buena tierra. Quiero leer este verso:

“Mas el que fué sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y el que lleva fruto (los demás no llevaron fruto); y lleva uno á ciento, y otro á sesenta, y otro á treinta”.

“EL MISTERIO DE LA SEMILLA DE LA PALABRA HABLADA”.

El misterio de la Palabra hablada. Vean ustedes que en esta parábola el Señor señala que hay cuatro tipos de personas, representados unos como junto al camino, terreno junto al camino, otros como pedregales, otro como terreno lleno de espinas y otro como la buena tierra.

Ahora, podemos ver que todos escucharon la Palabra. Dice:

“Oyendo cualquiera la palabra del reino (la Palabra del Reino: la Palabra de Dios para el tiempo en que viven), y no entendiéndola (vean ustedes, el que oye la Palabra y no entiende, vean ustedes lo que le pasa; dice), viene el malo, y arrebata lo que fué sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado junto al camino”.

Ahora, el Mensaje para una dispensación es para ser entendido, y el Mensaje de una edad también es para ser entendido. Y el Mensaje de una dispensación o de una edad es predicado en la Tierra, y los seres humanos que escuchan ese Mensaje son señalados aquí en esta parábola en donde aparecen cuatro tipos de personas que escuchan la Palabra del Reino. Unos la escuchan, no la entienden, y luego el malo (el enemigo de Dios) saca eso que fue sembrado. Otros la escuchan y luego de escuchar esa Palabra…, dice:

“Y el que fué sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y (en el acto) la recibe con gozo.

Mas no tiene raíz en sí, antes es temporal”.

Ahí podemos ver a las personas que reciben con alegría el Mensaje, la Palabra, pero ¿qué sucede? No se ocupan de que esa Palabra eche raíces en su alma, en su corazón, en todo su ser.

En palabras más claras: no dejan que esa Palabra se meta de lleno en toda su vida y en todas sus cosas; por lo tanto no le dan el primer lugar al Mensaje, la Palabra, que han recibido, y no echa raíces en él esa Palabra, no está arraigada en la persona; por lo tanto esa persona es temporal, está un tiempo y después se va.

A toda persona que le haya pasado eso, recuerde: Lo que le sucedió fue que usted no permitió que la Palabra se arraigara en usted, y aconteció lo que está en la parábola.

Ahora, esto es hablando para todas las personas. Esa Palabra —que es la simiente que tiene que ser sembrada, nacer, echar raíces, crecer y luego llevar fruto—, vean ustedes, tiene diferentes etapas.

Algunas personas piensan: “Yo creo el Mensaje, lo recibí. Ya es todo”. No. Esa Palabra que recibió tiene que pasar por diferentes etapas en la vida de la persona; y la persona con esa Palabra va pasando también por diferentes etapas.

Y miren ustedes, dice, el que fue sembrado en pedregales:

“Mas no tiene raíz en sí, antes es temporal que venida la aflicción ó la persecución por la palabra, luego se ofende”.

Algunos dicen: “Pero yo no sabía que me iban a perseguir por recibir la Palabra de Dios, algo tan bueno. Yo no pensé que iba a tener problemas después. Pero tengo problemas; por lo tanto me aparto de la Palabra (dicen algunos), me aparto del Mensaje, porque no quiero tener problemas ni en el trabajo, ni con los hijos, ni con la esposa”. O la esposa dice: “Ni quiero tener problemas ni con el esposo ni con los hijos ni con las amistades”.

Por lo tanto le da el primer lugar a lo humano, a lo terreno, cuando tiene que darle el primer lugar a la Palabra, a esa simiente que es la Palabra de Dios, que es la única que le dice lo que será su vida futura.

Ninguna persona en lo humano puede asegurarle el futuro a otra persona, pero Dios es el Único que nos asegura el futuro. Y por Su Palabra Él nos da a conocer el futuro que Él tiene para Sus hijos, para los que reciben la Palabra y no se apartan de esa Palabra, no importa los problemas que tengan aquí en la Tierra.

Dice: “Si sufrimos con él, reinaremos con él”2.

Algunos piensan que por oír así la Palabra y recibirla con gozo y decir: “Sí, este es el Mensaje, yo lo veo, yo sé que es el Mensaje”… No, no es todo. Eso solamente es el comienzo.

Pero esa Palabra tiene que nacer ahí, tiene que crecer, tiene que ser regada con el Agua de la enseñanza de la Palabra, para que la persona se llene de más conocimiento del Programa Divino, y se arraigue esa Palabra, ese Mensaje, en su corazón, en su alma y en todo su ser, para que esa Palabra sea lo principal para la persona; porque esa Palabra es la Palabra de Dios a través de la cual Dios le revela todo Su Programa.

Ahora, para la persona entonces es primero Dios cuando la Palabra está arraigada en él; pero estos que están representados en pedregales tienen muchos problemas en la vida cuando reciben la Palabra, porque no queda arraigada en la persona; luego están aquellos que están representados como espinas, o como terreno lleno de espinas o espinos. Dice:

“… éste es el que oye la Palabra (vean ustedes que todos escuchan la Palabra, todos oyen la Palabra); pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas, ahogan la Palabra, y se hace infructuosa”.

Se hace una Palabra que no produce el fruto que tiene que producir esa Palabra-Simiente; porque toda simiente cuando es sembrada y crece, tiene que producir el fruto. Y una Palabra sembrada que no produzca fruto, no le es de beneficio a la persona; porque Dios busca el fruto de esa Palabra que fue sembrada. Pero le prestan más atención a las cosas de la Tierra, a los afanes de esta Tierra, a las riquezas…

Por ejemplo, cuando tienen que ocuparse de las cosas de Dios, del Programa de Dios, por ejemplo un domingo, entonces o son vagos para levantarse y ocuparse de las cosas de Dios, o son negligentes y dicen: “Pero es que hoy tengo tal compromiso, es que hoy tengo un negocio pendiente; y me voy a ganar tanto, tengo estos compromisos”. Otros pueden decir: “Es que tengo esto y lo otro”. Otros pueden decir: “Es que todas las propiedades que tengo y todas estas cosas, me ocupan todo el tiempo; y no tengo tiempo para las cosas de Dios”.

No tiene tiempo para que esa Palabra que escuchó y fue sembrada en su corazón, nazca, crezca, sea regada con el Agua de la enseñanza en cada actividad que va para escuchar la Palabra. ¿Y qué sucede? Tiene esa simiente pero no puede nacer, no puede crecer; por lo tanto no puede llevar fruto.

Y “todo árbol que no da fruto, que no lleva fruto, será cortado y echado en el fuego”3.

Por lo tanto, aunque la persona tenga esa Palabra, la haya recibido: si no lleva fruto, esa persona será cortada y echada al fuego. Y eso es mejor escucharlo aquí en la Tierra mientras estamos aquí, y no escucharlo después allá cuando ya no hay remedio.

Así que todo ser humano está llamado a dar el tiempo correspondiente a Dios y Su Programa, para que esa Palabra que corresponde para el tiempo en que vive la persona, pueda nacer, crecer, ser regada con el Agua de la enseñanza y producir el fruto que tiene que producir en el tiempo en que la persona está viviendo.

Porque esa simiente, esa semilla de la Palabra hablada para el tiempo en que uno vive, es el Mensaje que corresponde para el tiempo en que uno vive, el cual tiene que llevar los frutos que Él ha dicho que debe llevar. O sea que tiene que producir el resultado que Él ha dicho que será producido en el fin del tiempo.

¿Dónde encontraremos nosotros el cumplimiento de las promesas divinas para los escogidos? Donde esté sembrada la Palabra.

Pero es sembrada la Palabra en cuatro diferentes lugares. ¿Y dónde, en cuál de ellos, será encontrado el fruto de la Palabra prometida para el tiempo final?

En la buena tierra; porque esa es la tierra que representa a los escogidos, de los cuales dice: “Mas el que fué sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende”.

Los demás escucharon, pero no entendieron; no entendieron todo lo que tenían que entender y se ocuparon de otras cosas. Y algunos le tuvieron miedo a las pruebas, a las persecuciones, por lo tanto no se puede decir otra cosa de ellos sino que fueron unos (¿qué?) cobardes, y perdieron la bendición. Por eso los cobardes no estarán en la Nueva Jerusalén4.

Ahora:

“Mas el que fué sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la Palabra, y el que lleva fruto (los demás no llevaron fruto); y lleva uno á ciento, y otro á sesenta, y otro á treinta”.

Como decimos nosotros: “El que más o el que menos, lleva algo”. Y aquí señala “a treinta por uno”…, o sea, treinta es lo menos que Él señala que da, que produce, la buena tierra.

En una finca ustedes han visto que cuando hay una siembra, una parte produce una cantidad de fruto; una matita, usted la ve y produce un fruto más o menos, pero produjo fruto; luego mira otras matitas y las ve que el fruto es más hermoso, y más fruto; y luego mira otras plantas, y ve lo máximo en esas otras. Ahora, el secreto ahí es el agua: las que son bien regadas por el agua y las que reciben esa agua, llevan un mejor fruto.

Y así es en lo espiritual: los que más reciben el Agua de la enseñanza, reciben un mayor conocimiento del Programa Divino y producen un mayor fruto en el Programa Divino. Ese es el secreto para producir al ciento por uno.

Y como todos queremos producir al ciento por uno, producir lo máximo, entonces recibamos el Agua de la enseñanza cada día para obtener un mayor conocimiento del Programa Divino y producir lo máximo en el Reino de Dios; y así se cumplan en cada uno de nosotros las promesas divinas de la Palabra, que son el resultado de esa Palabra que fue sembrada en cada uno de nosotros.

¿Dónde encontraremos el cumplimiento de las promesas divinas? ¿Dónde encontraremos la realización de lo que Dios ha prometido a Sus hijos para el fin del tiempo? En la buena tierra; porque la buena tierra es la que produciría de acuerdo a esa simiente que fue sembrada.

Ahora, en el fin del tiempo, la buena tierra son los escogidos del fin del tiempo. Y los escogidos del fin del tiempo, en donde se esté llevando a cabo el Programa Divino del fin del tiempo, esa será el área representada también como la buena tierra para recibir el Mensaje Final, el Mensaje de la buena simiente, el Evangelio del Reino; para producir el fruto prometido para el fin del tiempo, por la Palabra de Dios.

Y así, en la buena tierra, que son los escogidos, en el área del planeta Tierra en donde estén los escogidos, ahí estarán las promesas divinas siendo cumplidas para el fin del tiempo.

Para cada edad y dispensación Dios ha cumplido Su Programa en los lugares correspondientes, escogidos por Dios desde antes de la fundación del mundo. Por ejemplo, para el Mensaje Final antes del diluvio Dios escogió el territorio donde estaba viviendo Noé – Enoc y Noé; donde ellos vivían, ahí fue el lugar en donde Dios se manifestó a Noé luego de raptar, de arrebatar a Enoc.

Se reveló a Noé y le dijo Su Programa para ese tiempo, le dijo lo que haría con la raza humana; pero Noé halló gracia delante de Dios, y entonces Dios le mostró Su Programa para escapar del juicio del diluvio.

El diluvio, aunque parece algo sencillo…, aún en la actualidad, si Dios enviara un diluvio como aquel…; así como no hubo quién escapara de ese diluvio, excepto los que tenían el Programa de Dios para ese tiempo, en la actualidad nadie podría escapar de ese juicio divino, excepto los que tienen el Programa Divino para nuestro tiempo.

Ahora, ¿quién escapa de una inundación que cubra los montes? ¿Escaparía alguna nación? Ahora entonces podemos ver que aunque ese juicio del diluvio fue algo antiguo, si surgiera en el presente, nadie escaparía. Y vean ustedes, algo sencillo: agua; pero bastante agua.

Ahora, para el fin del tiempo lo que Dios ha dicho es que será un diluvio pero de fuego. Así que al ser un diluvio de fuego, menos podrán escapar las personas.

Ahora, dejando eso quietecito…, porque más bien queremos ver para nosotros cuáles son las bendiciones de Dios, porque nosotros no somos hijos de la noche, nosotros no somos hijos para ira, sino para bendición. Así que nosotros buscamos cuáles son las bendiciones que Dios ha prometido para nosotros.

Y todas esas bendiciones que Él ha prometido, todas esas promesas que Él ha hecho para el fin del tiempo para Sus hijos, serán vistas en Sus hijos, Sus escogidos, aquellos que tendrán la simiente de la Palabra sembrada y que crece en ellos, es regada con el Agua de la enseñanza, y produce sus frutos; porque esta es la tierra que produce fruto a ciento por uno, a sesenta por uno y a treinta por uno. Así que el que más o el que menos estará produciendo fruto de acuerdo a la Palabra.

Cuando nosotros podemos ver cómo han estado trabajando los hijos de Dios: los adultos, los jóvenes y los niños en el Programa Divino, y hemos visto el resultado que han estado obteniendo, eso no es otra cosa sino el fruto de esa Palabra-Simiente que ustedes recibieron y que han regado con el Agua de la enseñanza, y luego ha estado produciendo todos esos buenos frutos; porque es una buena simiente, y la tierra es una buena tierra; por lo tanto, el fruto es un buen fruto de acuerdo a esa simiente. Así que el fruto es de acuerdo a esa Palabra que fue sembrada.

Por ejemplo, miren ustedes, la Escritura dice5“Y enviará sus ángeles (¿con qué?) con gran voz de trompeta”. Esa Voz de Trompeta es la Palabra, el Mensaje del Evangelio del Reino. Enviará ese ministerio de Sus Ángeles con esa Palabra-Simiente para ser sembrada en el corazón de los escogidos, y juntará a Sus escogidos.

Al juntar a los escogidos, ¿qué es eso? El fruto de esa Palabra-Simiente que fue sembrada en los escogidos, o sea que produce el resultado de acuerdo a lo que es esa Palabra.

Si es la Palabra-Simiente para el fin del tiempo, que producirá el recogimiento de los escogidos, que abrirá el entendimiento de las personas, porque los entendidos entenderán6… Y al entender los entendidos, ¿qué entenderán? El Programa de Dios correspondiente para el tiempo en que están viviendo.

Y así como el Señor Jesucristo a Sus discípulos, luego de Su resurrección les abrió el entendimiento para entender las Escrituras… ¿Y cómo les abrió el entendimiento? Hablándoles la Escritura. Hablándoles la Escritura, ahí les abrió el entendimiento, y entonces comprendieron las Escrituras. Y Él les decía: “Porque toda Escritura tiene que ser cumplida; y todo lo que está escrito de mí, tiene que ser cumplido”7.

Por lo tanto, ellos entendieron las Escrituras que hablaban acerca de Jesús cuando Él les abrió el entendimiento enseñándoles esas Escrituras que hablaban acerca de Él.

Las personas, por ejemplo los niños, cuando los enviamos a la escuela en sus primeros años, quizás no saben sumar, no saben multiplicar, no conocen bien los números ni las letras, quizás (si no les han enseñados sus padres en sus hogares); pero ¿cómo es que ellos aprenden?, ¿cómo es que se les abre el entendimiento para entender esas cosas? Se les abre el entendimiento cuando les enseñan, cuando les hablan de esas cosas y les muestran el orden de esas cosas. Y cuando les muestran la mecánica de las matemáticas: de sumar, restar y multiplicar…, y les muestran la mecánica de las letras: cómo se juntan y cómo se forman las palabras, entonces se les abre el entendimiento y comienzan a entender esas cosas.

Las personas no pueden entender cosas de las cuales no se les hable; porque la forma para que se abra el entendimiento acerca de algo es hablándoles de esas cosas.

Y así es como Dios nos abre el entendimiento a nosotros para entender (¿qué?) las promesas que corresponden para nuestro tiempo: hablándonos las promesas que corresponden para nuestro tiempo, enseñándonos todo lo que corresponde a nuestro tiempo; y así vamos nosotros entendiendo todo ese Programa Divino que corresponde para nuestro tiempo; y podemos entonces ver cómo esa Palabra-Simiente se reproduce, cómo esa Palabra-Simiente produce el fruto, produce el cumplimiento de lo que está prometido en la Palabra, o sea, cómo se materializa cada promesa divina para el fin del tiempo.

¿Y dónde es visto ese fruto? Es visto en la buena tierra. En la buena tierra es visto el fruto de la Palabra hablada. La Palabra hablada, siendo la simiente original para producir el fruto del Programa Divino para cada edad y dispensación, no puede ser encontrado entonces el Programa Divino para con Sus hijos manifestado en otro sitio, sino en medio de los hijos de Dios, en medio de la buena tierra, donde es sembrada esa Palabra-Simiente para producir todo eso que Él ha prometido.

Él prometió el Mensaje Final, la Voz de Trompeta o Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final, que es la Trompeta del Año del Jubileo actualizado. ¿Y dónde es visto ese Mensaje? En la buena tierra.

Él prometió el recogimiento de los escogidos. ¿Y dónde es visto el cumplimiento de esa promesa? En la buena tierra.

Y Él prometió la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los que estamos vivos. ¿Y dónde será visto el cumplimiento de esas promesas? En la buena tierra.

Por esa causa nosotros como la buena tierra estamos esperando una transformación, así como el planeta Tierra recibirá también una transformación al finalizar el glorioso Reino Milenial.

La Tierra pasará por un bautismo de fuego y será transformado el planeta Tierra; y Dios morará en este planeta Tierra y será establecida la Nueva Jerusalén allá en el territorio de Israel, y allí vivirán todos los escogidos; y esa será, aquí en la Tierra, la morada de los escogidos y del Señor.

Ahora, así como el planeta Tierra pasará por esa etapa luego del Milenio, del séptimo milenio, nosotros luego de finalizada la séptima edad de la Iglesia gentil (que representa al Milenio), nosotros pasaremos por este bautismo de fuego que pasará la Tierra después del Milenio, y ese bautismo de fuego representa la transformación de nuestros cuerpos.

Nosotros pasaremos por esa etapa dentro de muy poco tiempo, en donde cada uno de nosotros obtendrá un cuerpo eterno. Y todo va a acontecer tan rápido que ni se dará cuenta la persona de ese cambio así cuando vaya aconteciendo, sino que verá los resultados.

Cada escogido, de acuerdo a la elección divina, tiene la promesa de un cuerpo eterno, un cuerpo que Dios diseñó para cada escogido desde antes de la fundación del mundo, para que cada escogido sea a imagen y semejanza del Señor Jesucristo, y sea inmortal, incorruptible, su cuerpo, y permanezca joven por toda la eternidad.

Todo esto está prometido. Y la simiente que producirá todas estas cosas, la semilla que producirá todo esto que Dios ha prometido, es la Palabra; porque la Palabra es la semilla que producirá todo lo que Dios ha prometido.

Así que al escuchar la Palabra-Simiente que contiene todas estas promesas, podemos estar felices y contentos recibiendo el Agua de la enseñanza; porque de acuerdo a esa simiente, a esa semilla que fue sembrada, será el resultado que hemos de obtener.

Así que por cuanto ha sido sembrada la semilla de la Palabra para la transformación de nuestros cuerpos, nosotros podemos estar esperando felices y contentos la transformación de nuestros cuerpos; porque esa Palabra, esa semilla, tiene que producir ese resultado. Y esa Palabra solamente en la buena tierra es que produce o producirá el fruto.

Así que la buena tierra luego de recibir la simiente, la Palabra, lo que le resta entonces es recibir el Agua de la enseñanza para que crezca, siga creciendo esa Palabra en su corazón, y se arraigue en todo su ser; porque el fruto que tiene que llevar es grande. Va llevando fruto a medida que va pasando el tiempo. Y uno de los frutos será la transformación de nuestros cuerpos; para los que murieron en Cristo: la resurrección de ellos en cuerpos incorruptibles.

Así que vean ustedes la importancia de la Palabra, y vean ustedes EL MISTERIO DE LA SEMILLA DE LA PALABRA HABLADA.

Vean ustedes que todas estas personas representadas aquí en esta parábola escucharon la Palabra, pero solamente la buena tierra escuchó y entendió.

Para nosotros, la Palabra, el Mensaje de la Dispensación del Reino, el Mensaje de la Edad de la Piedra Angular, es para escucharlo y entenderlo; porque nadie puede llevar el fruto de esa Palabra a menos que lo escuche y lo entienda.

Porque ¿qué va a hacer usted si no entiende lo que va a hacer?

Ahora, cuando escucha y entiende, entonces hace de acuerdo a todo lo que entendió. Y cuando lo hace de acuerdo a esa Palabra, ¿qué está sucediendo ahí? La Palabra que fue sembrada está produciendo fruto, está produciendo el fruto correspondiente para su tiempo.

Por esa causa luego uno dice: “No soy yo de mí mismo. Es la Palabra que he recibido la que está produciendo estos resultados”.

Podemos ver todo esto como individuos y ver los resultados que está produciendo la Palabra que cada uno de nosotros hemos recibido, como individuos; también podemos ver la Palabra en nosotros como grupo, como el grupo de la Edad de la Piedra Angular, y los resultados que está produciendo; podemos ver también como dispensación la Palabra que ha sido recibida, el Evangelio del Reino, y los resultados que está produciendo esta Palabra.

Ahora, nosotros como individuos tenemos que tener nuestros ojos abiertos; porque podemos decir: “Estamos viendo cómo el grupo se está moviendo y está obteniendo resultados”. ¿Pero y qué está haciendo usted como individuo? Porque así como produce fruto con todos los escogidos como grupo, tiene que producir en cada individuo como individuo.

Por lo tanto, todos unidos trabajando en el mismo Programa entonces somos parte del mismo Programa y va produciendo a través de cada uno de nosotros; y todos juntos, cuando se junta toda esa labor, y cuando nos unimos para trabajar en el Programa Divino, todos entonces somos participantes tanto de la Palabra que tenemos por dentro como de los resultados que está produciendo esa Palabra.

Así que cada uno de nosotros podemos decir: “Yo estoy ahí, soy parte de ese Programa”. Y así, cuando estemos ante la presencia del Señor para recibir nuestros galardones, no será olvidado por el Señor lo que fue producido en usted esa Palabra que fue sembrada en usted.

La Palabra ha sido sembrada en la buena tierra de los escogidos, que somos todos nosotros. Como individuos y como grupo, la Palabra ha sido sembrada en la buena tierra de la Edad de la Piedra Angular, como edad; como dispensación la Palabra ha sido sembrada en la buena tierra de la Dispensación del Reino; y como ciudadanos de este planeta Tierra, como pueblo de este planeta Tierra, la Palabra ha sido sembrada en el pueblo latinoamericano.

El pueblo latinoamericano, incluyendo al Caribe, es la buena tierra como pueblo, donde la Palabra sería sembrada y produciría el cumplimiento de las promesas divinas para Sus hijos en el fin del tiempo.

Así que no estaremos buscando por otro lado, por otros continentes, el cumplimiento de las promesas divinas, sino que las estaremos buscando y las estaremos viendo en medio nuestro.

Saber que somos la buena tierra donde está sembrada la buena simiente es la noticia más grande que del Cielo y de la Tierra nos pueden dar a nosotros; porque donde está sembrada la buena simiente (y es la buena tierra donde es sembrada para producir) es el sitio donde se entiende la Palabra.

Vean ustedes, los demás lugares escucharon, pero no entendieron. Pero cuando se sembró la Palabra en la buena tierra, Jesús dice:

“Mas el que fué sembrado en (la) buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y el que lleva fruto”.

¿Dónde, en el fin del tiempo, se estaría entendiendo la Palabra del Reino, el Mensaje del Evangelio del Reino? ¿Dónde se estaría entendiendo el Programa Divino para el fin del tiempo? En la buena tierra; porque es la persona como individuo, la edad como edad, la dispensación como dispensación, el pueblo como grupo, que oye y entiende la Palabra.

Por lo tanto, es ahí, en la buena tierra, donde también se obtienen los resultados de la cosecha; porque no va a ir la persona a cosechar donde no estará produciendo la Palabra: no va a ir a cosechar entre espinos, porque dice que ahí la Palabra se hace infructuosa, no lleva fruto; no va a ir a cosechar entre las piedras, porque ahí no echó raíces y el sol la quemó, por lo tanto ahí no hay fruto; pero en la buena tierra es donde se lleva a cabo también la cosecha – la buena cosecha, y en donde Dios cumple todas las promesas de bendiciones para los escogidos.

Por esa causa estamos esperando (¿qué?) la transformación de nuestros cuerpos, porque escuchamos la Palabra del Reino, el Evangelio del Reino y entendimos. Y eso es un privilegio que tiene la buena tierra, el cual no lo tiene el terreno junto al camino, el cual no lo tienen los pedregales, el cual no lo tienen el terreno lleno de espinos, sino la buena tierra.

Lo que nosotros entendemos, quisieran entenderlo los entendidos y los sabios, sabios y entendidos de este mundo, desearían entenderlo.

¿Quieren ustedes un ejemplo? Mire, los científicos del mundo entero y de todos los tiempos, han deseado conocer el origen del hombre y han deseado conocer cuál es ese eslabón perdido que hay entre el ser humano y los animales; porque dicen que hay otro ser que existió en algún tiempo entre el chimpancé y el ser humano, pero que no lo pueden encontrar, y lo buscan. Y ellos dicen: “Hemos encontrado rastros de ese individuo, hemos encontrado rastros de ese ser, pero vivos no hemos encontrado ninguno, todos murieron”.

Ustedes saben que han estado en excavaciones buscando y han encontrado seres, que dicen: “Este vivió hace un millón de años atrás”, luego dicen: “Este pertenece a tal especie y vivió hace tantos millones atrás”, otros dicen: “Este vivió hace diez mil años”, y así por el estilo; dicen: “Pero en la actualidad no están; es un ser entre el chimpancé y el hombre”.

No se han dado cuenta que esa era esa simiente, esa generación de la serpiente, que antes de recibir la maldición caminaba como el ser humano, tenía espíritu también, lo único que no tenía era alma, y era el más inteligente y el más astuto de todos los animales del campo.

Y por esa causa ellos encuentran esos cadáveres pero no tienen una explicación; y sin embargo, nosotros sin ser científicos sabemos la explicación a eso: fue esa generación de la serpiente que recibió esa maldición y desapareció esa generación.

Ahora, el ser humano perdió mucho allá en la caída, y bajó del nivel que tenía a un nivel más bajo; pero en el fin del tiempo subirá al nivel de la imagen y semejanza del Señor Jesucristo.

¿Y dónde veremos esto? En la buena tierra. ¿Y por qué? Porque en la buena tierra la simiente de la Palabra hablada de Dios para este tiempo final estaría sembrada para producir todos esos frutos, para producir todos esos resultados que Él ha prometido para Sus hijos en el fin del tiempo.

Ahora, vean ustedes que este es el misterio grande de la Palabra hablada; porque Dios todo lo que hace, lo hace por Su Palabra hablada.

¿Y dónde encontrarán los seres humanos la Palabra de Dios? Y esa Palabra que tiene que ser hablada, ¿dónde será encontrada? Porque no puede ser encontrada en cualquier lugar. Tiene que ser encontrada en donde Dios coloca Su Palabra para ser hablada; porque Dios dijo8: “Porque no hará nada el Señor Jehová sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos los profetas”.

Él envió profetas en diferentes lugares del planeta Tierra, mensajeros, ¿pero dónde estará la Palabra del fin del tiempo que producirá los resultados que Dios ha prometido para el fin del tiempo? Estará en la boca de un hombre; porque Dios dijo a Moisés: “Profeta como tú, de entre vuestros hermanos, os levantará el Señor vuestro Dios; a él oiréis”9. ¿A quién? A él. Dice: “Y yo pondré mi Palabra en su boca”.

Vean ustedes dónde es que Dios pone Su Palabra, dónde coloca Dios Su Palabra: en la boca del profeta que Dios tenga para la edad o dispensación correspondiente. Y de ahí sale esa Palabra hablada, esa simiente, para producir todo lo que Dios ha prometido para ese tiempo.

Las personas que ignoran este misterio de la Palabra hablada, leen en la Biblia que Dios ha prometido tal cosa, y se sientan con los brazos cruzados a esperar eso que Dios ha prometido; pero no saben que para Dios cumplir eso que está escrito tiene que poner esa Palabra en la boca de un hombre, el cual tome esa Palabra ungido él con el Espíritu de Cristo, y la hable; y esa Palabra entonces venga a ser vivificada para las personas que viven en ese tiempo. Y entonces esas personas, al recibir esa Palabra, pueden estar seguras que recibirán esos resultados que están siendo hablados por ese mensajero en donde Dios ha colocado Su Palabra.

Ahora, vean ustedes, al profeta Zacarías Dios le dijo en una ocasión10: “¿Qué tú ves?”; él dijo: “Yo veo un rollo”, o sea un libro…; porque en ese tiempo los libros eran pergaminos que se enrollaban; no como hoy en día que los libros están en esta forma, sino que en aquellos tiempos era un pergamino que después de escrito lo enrollaban, y así era que cerraban en libro.

Cambió un poquito la forma de cerrar un libro; pero lo importante de un libro es (¿qué?) su contenido, porque el libro es portador de algo, así que lo importante es recibir el contenido de ese libro.

Encontramos que el profeta Ezequiel vio en otra dimensión ese Libro, y le fue dicho: “Cómetelo”11. No era de esta dimensión, porque un libro de esta dimensión…, y más en aquel tiempo, que eran pergaminos, en pieles algunas veces, o pergaminos, en papiro o cosas así, pues no se lo podía uno comer y después decir que era dulce.

Pero estaba en otra dimensión, la dimensión de la Palabra, la sexta dimensión, en donde las cosas eran vistas en visiones; y una visión, sí puede ser posible que la persona en una visión se coma algo, no importa lo que sea, pero es una visión.

Ahora, dice que era la Palabra de Dios. La Palabra de Dios es el alimento espiritual para el alma y el espíritu. “Porque no solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”12.

Ahora, así como nos alimentamos para el cuerpo con alimento terrenal, nos alimentamos para el alma y el espíritu con la Palabra, el Mensaje que corresponde para el tiempo en que nosotros vivimos. Así ha sido en cada edad y dispensación del pasado, y así es como nosotros quedamos bien alimentados y fuertes espiritualmente para vivir en esta Tierra y obtener la victoria y trabajar en el Reino de Dios.

Ahora, en Apocalipsis, capítulo 10, encontramos que el Libro sellado con siete sellos es traído a la Tierra por el Ángel Fuerte, que es Cristo, y luego lo entrega a un hombre.

Juan el discípulo amado está allí en representación, en tipo y figura, del último profeta mensajero que estará en la Tierra en el fin del tiempo para recibir la visita de Cristo y recibir ese Libro abierto de los Siete Sellos.

Juan allí, en tipo y figura del último mensajero, recibe las palabras del Cielo13: “Ve al Ángel Fuerte, que tiene el Librito en Su mano – Libro abierto en Su mano, y pídele ese Libro”.

Él va, lo pide; se lo entrega el Ángel Fuerte y le dice: “Ahora cómelo. Será dulce en tu boca pero amargo en tu vientre”.

Antes de comer el Libro le es dicho lo que disfrutará por ese Libro, las bendiciones que tendrá, lo dulce que será para él hablar del contenido de ese Libro; pero también le es dicho las amarguras que tendrá, los sufrimientos que tendrá por recibir ese Libro; porque “será amargo en tu vientre”.

Ahora, él se lo come y luego le es dicho…, luego él dice: “Lo comí; amargó mi vientre, y en mi boca fue dulce como la miel”.

Y escuchó las palabras del Señor: “Es necesario que profetices otra vez (ya había profetizado antes) sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes”.

El Mensaje Final profético es producto de ese Libro sellado con siete sellos que se come el último profeta mensajero. Se come ese Libro, porque es la Palabra; y luego profetiza.

Ese es el alimento más importante que un ser humano puede comer, porque es la Palabra de vida eterna. Pedro dijo14: “¿Y a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna”.

“No solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”. A través del tiempo ha estado saliendo la Palabra de Dios de la boca de Dios, que son los profetas que Él ha enviado; porque Dios coloca Su Palabra en la boca de Sus profetas. Esa es la boca de Dios para cada edad y para cada dispensación.

Y para el fin del tiempo la boca de Dios no será otro sino el que Él dice en Su Palabra. Apocalipsis 22, verso 16, dice: “Yo Jesús he enviado mi Ángel para dar testimonio de estas cosas en las iglesias”.

Ahí tenemos la boca de Dios para el fin del tiempo, el cual se come el Librito y luego tiene la misión de hablar la Palabra que Dios ha colocado en su boca, la Palabra, el contenido de ese Librito, el cual él recibe, se lo come, y es dulce en su boca pero amargo en su vientre.

Es dulce hablar del contenido del Libro sellado con siete sellos, pero las pruebas, problemas y persecuciones que surgen, son amargos. A nadie le gustaría tener problemas; pero solamente los cobardes huyen y dejan la Palabra.

Solamente estos que fueron sembrados en pedregales son los que…, dice: “Mas no tiene raíz en sí, antes es temporal que venida la aflicción o la persecución por la palabra, se ofenden (y se van)”, le cogen miedo a las pruebas, a las persecuciones, a la amargura; pero “si sufrimos con Cristo, reinaremos con Él”.

Y: “El que venciere, heredará todas las cosas”15.

Así que estamos en el fin del tiempo, en donde la Palabra ha estado siendo sembrada en la buena tierra. ¿Qué Palabra? La Palabra del Reino, el Evangelio del Reino, la Palabra contenida en esos Siete Sellos de Apocalipsis, la Palabra que los Siete Truenos nos hablan en el fin del tiempo; pues los Siete Truenos son la Voz de Cristo tronando, hablándonos consecutivamente todo el Programa Divino para nosotros.

Y nosotros estamos escuchando y entendiendo la Palabra del Reino, la Palabra hablada para esta Dispensación del Reino; estamos nosotros recibiendo la bendición más grande que ser humano pueda recibir.

Y por cuanto Él dijo: “Mas a vosotros es concedido saber, conocer, los misterios del Reino”, nosotros estamos por esa causa conociendo los misterios del Reino, los misterios de la Palabra hablada, la cual nos está dando a conocer esos misterios del Reino de Dios para que nosotros podamos regresar a la vida eterna, podamos regresar a la inmortalidad, a la juventud eterna, a un cuerpo eterno, el cual Dios ha prometido para cada uno de nosotros.

¿Y por qué para cada uno de nosotros? Porque somos la buena tierra, donde la buena semilla ha sido sembrada. Así que eso no tiene lugar a dudas para nosotros. Es algo que está claro para nuestra edad, para nuestra dispensación y para cada uno de nosotros.

Para mí está tan claro, que yo digo: ¡Gracias, Señor Jesucristo, porque Tú me has enviado a la buena tierra de los latinoamericanos, para sembrar Tu Palabra, la Palabra del Reino, el Evangelio del Reino, para producir los frutos que Tú has dicho para el fin del tiempo!

Yo le doy gracias a Dios por cada uno de ustedes, mis amigos y mis hermanos latinoamericanos y caribeños; porque Dios me ha dado el privilegio de ser enviado a la buena tierra para sembrar la buena simiente, la simiente del Evangelio del Reino, para que produzca todos los frutos que tiene que producir esa Palabra del Reino.

Así que yo estoy muy contento por estar con ustedes, y puedo decir de ustedes que son el pueblo más importante que hay en este planeta Tierra ante la presencia de Dios.

Esto es así ¿por qué? Porque ustedes son la buena tierra, donde la buena simiente de la Palabra hablada está siendo sembrada y está produciendo también fruto; y producirá todo lo que Dios ha prometido.

Todo lo que contiene esa simiente, esa Palabra, lo producirá; o sea, todo lo que habla esa Palabra, todo lo que nos dice que vamos a recibir: ¡lo vamos a recibir!, ¡se va a materializar en nosotros!

Y para nosotros están siendo habladas (¿qué?) las bendiciones de Dios; y como están siendo habladas las bendiciones de Dios, ¿qué se va a materializar en nosotros? Las bendiciones de Dios.

Así que, vean ustedes, este es el misterio de la Palabra hablada de Dios, el misterio de la Palabra hablada de Dios para nosotros. Aquí tenemos para nosotros este misterio de la Palabra hablada siendo dado a conocer a nosotros, porque a nosotros nos ha sido dado que conozcamos los misterios del Reino de Dios.

Y hoy en nuestra edad y nuestra dispensación, nuestro Día, yo puedo decir como Jesús dijo dos mil años atrás cuando dijo16: “Gracias, Padre, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las has revelado a los niños; porque así te agradó”. Y después dijo: “Y nadie sabe quién sea el Hijo, sino el Padre; y nadie sabe quién sea el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar”.

Así que vean ustedes, en este tiempo podemos decir, o yo puedo decir, dos mil años después que Jesús dijo aquellas palabras, yo puedo decir:

¡Gracias, Señor Jesucristo, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, de los doctores en divinidad, doctores en Teología, doctores en Ciencia, doctores en Medicina, doctores en esto, en lo otro, y las has revelado a los niños!

La escondiste de los científicos (por medios científicos no han podido descubrir estas cosas), pero las has revelado a los niños: los escogidos de la Dispensación del Reino, en la Edad de la Piedra Angular; porque así te agradó. Y vienen ahora a ser reconocidos como la buena tierra donde la Palabra ha sido sembrada, donde estos misterios del Reino de Dios han sido colocados para que produzcan el resultado, el fruto que deben producir.

Así que ¡gracias, Señor Jesucristo, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños!, a los niños latinoamericanos y caribeños; porque así te agradó.

Y nadie sabe quién sea el Ángel del Señor Jesucristo, sino el Señor Jesucristo; y nadie sabe quién sea el Señor Jesucristo, sino Su Ángel, y aquel a quien Su Ángel lo quiera revelar.

¿Y cómo lo revela Su Ángel en el fin del tiempo? Por la Palabra hablada: dándole a conocer el Programa Divino a los niños: a los escogidos de Dios, a la buena tierra, donde Él siembra la simiente de la Palabra hablada de Dios para así traer todas las bendiciones de Dios para los escogidos en el fin del tiempo.

Por esa causa Apocalipsis, capítulo 1, verso 3, dice: “Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía”. ¿Por qué? Porque están escuchando y leyendo la Simiente-Palabra, están escuchando y leyendo la Palabra hablada del Evangelio del Reino para todos los hijos de Dios.

Y son “bienaventurados los que leen y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca”.

Ahora, vean que la bienaventuranza en el fin del siglo es leer y escuchar las palabras de la profecía de este libro, porque son nada menos que las palabras de Dios para este tiempo, son la Simiente-Palabra hablada para bendición de todos los hijos de Dios, para bendición de la buena tierra.

La buena tierra no quiere que se siembre en ella mala simiente, sino la buena simiente de la Palabra hablada para este tiempo final.

Así que vean ustedes la bienaventuranza que nosotros tenemos, la bienaventuranza que tenemos en leer y escuchar las palabras de la profecía de este Libro, y así tener en nosotros sembrada la buena simiente de la Palabra hablada de Dios para este tiempo final.

Y eso es el misterio de la Palabra hablada en el fin del siglo, EL MISTERIO DE LA SEMILLA DE LA PALABRA HABLADA.

Vean ustedes lo sencillo que es todo, lo sencillo que es escuchar la Palabra hablada de Dios, la cual luego se va materializando gradualmente y produciendo lo que ha sido prometido.

Así que estamos en una etapa muy hermosa en el Programa Divino, estamos en un tiempo muy importante en el plan de Dios, en donde tenemos grandes bendiciones prometidas.

Y por esa causa yo le doy gracias a Dios, porque la Palabra ha sido sembrada, la Palabra del Reino, el Evangelio del Reino, en la buena tierra de los latinoamericanos, en la Edad de la Piedra Angular, incluyendo a los caribeños, incluyendo a Puerto Rico y todo el Caribe.

Esta es una bendición que nadie se la puede ganar, sino que fue elegida y predestinada por Dios para nosotros los latinoamericanos y caribeños. Así que “las cuerdas nos han caído en lugares deleitosos”, en lugares de grandes bendiciones, las cuales nosotros tenemos que aprovechar.

Así que estamos en tiempo de bendición, estamos en territorio de bendición también, y nosotros somos hijos de bendición también; y la Palabra que hemos recibido es la Palabra de bendición también, porque es la Palabra hablada de Dios para este tiempo final.

Y podemos decir: “Pronto nosotros seremos transformados; porque tenemos la Palabra hablada de Dios para este tiempo final”. Así que pronto seremos transformados.

¿Cuántos días faltan? No sé, pero es en nuestro Día, o sea, nuestro Día dispensacional, el Día de la Dispensación del Reino, nuestra edad, la Edad de la Piedra Angular.

Por lo tanto, permaneciendo firmes, ahí en la Edad de la Piedra Angular, en la Dispensación del Reino, con el Mensaje del Evangelio del Reino, recibiremos todas esas bendiciones que Él nos habla para nuestra edad, para nuestra dispensación.

Y así nosotros, al recibir esa Palabra y entenderla, y ver que es para nosotros, no podemos decir otra cosa sino: “¡Esto era lo que yo estaba esperando: la semilla de la Palabra hablada de Dios!”.

Eso era lo que yo estaba esperando, ¿y ustedes?

[La congregación respondió: “¡Amén!”. –Editor]

Así que nos ha llegado directamente de parte del Señor Jesucristo lo que estábamos esperando: la semilla de la Palabra hablada de Dios. Ese es nuestro alimento en este tiempo final.

Así que continuaremos recibiendo, escuchando, la semilla, la simiente que producirá todas las bendiciones que Dios tiene para nosotros en este tiempo final. Esa semilla es la semilla de la Palabra hablada de Dios. Y la Palabra hablada de Dios para este tiempo final es el Evangelio del Reino, el Evangelio de la Dispensación del Reino, el Mensaje Final, el Mensaje de la Trompeta Final. Esa es la semilla de la Palabra hablada de Dios para ustedes y para mí también.

Bueno, Dios les bendiga y Dios les guarde a todos.

“EL MISTERIO DE LA SEMILLA DE LA PALABRA HABLADA”.

[Revisión diciembre 2019]

1 En esta Escritura el Dr. Soto usa la Biblia Reina Valera de 1909

2 2 Timoteo 2:12

3 San Mateo 7:19

4 Apocalipsis 21:8

5 San Mateo 24:31

6 Daniel 12:10

7 San Lucas 22:37, 24:44

8 Amós 3:7

9 Deuteronomio 18:18

10 Zacarías 5:1-2

11 Ezequiel 3:1-3

12 San Lucas 4:4, San Mateo 4:4

13 Apocalipsis 10:8-11

14 San Juan 6:68

15 Apocalipsis 21:7

16 San Mateo 11:25-26 y 27

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