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El poder de la Palabra hablada de Dios
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El poder de la Palabra hablada de Dios

Muy buenas noches, amados amigos aquí presentes en Santiago de Chile, y también a cada uno de ustedes en Loprado, y también en Lota, y en cual­quier otro lugar que esté en la línea telefónica.

Es para mí un privilegio muy grande estar con ustedes aquí en Chile. Era, la llegada nuestra, de aquí a dos días (me parece), para el jueves, pero hemos adelantado la llegada aquí; y esperamos que en estos días Dios nos dé Sus bendiciones, esperamos dos días de bendiciones por adelantado. Siempre esperamos que las bendiciones se adelan­ten y no que se atrasen. Así que esperamos de parte de Dios, en estos días que aquí estamos, Sus bendiciones para nosotros.

En una ocasión el apóstol San Pablo, hablan­do sobre la fe y la Palabra de Dios, él dijo [Hebreos 11:1-3]:

“Es, pues, la fe la certeza (o sustancia) de (las cosas) que se esperan, la convicción (o demostración, de las cosas que no se ven) de lo que no se ve.

Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos.

Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía”.

La Palabra creadora. El poder de la Palabra hablada de Dios: Ese es el poder de la Palabra creadora de Dios.

“EL PODER DE LA PALABRA HABLA­DA DE DIOS”.

El poder de la Palabra hablada de Dios es ese poder creador que creó los Cielos y la Tierra, es ese poder por y con el cual Dios ha estado llevando a cabo Su Programa en este planeta Tierra y en el universo completo; porque a la Voz de Su Palabra, las cosas vienen a existencia; y al poder de Su Palabra hablada, las cosas que tienen que dejar de existir dejan de existir.

Por el poder de la Palabra hablada viene la bendición para el pueblo de Dios y viene el juicio o la maldición para la cizaña. Por el poder de la Palabra hablada vino la bendición para el pueblo hebreo a través de Moisés, y por el poder de la Palabra hablada vino el juicio, la maldición, para el reino del faraón.

Por el poder de la Palabra hablada vendrá la maldición para la cizaña, para el reino de los gentiles, para el reino de la bestia y su imagen, juntamente con los diez reyes que le darán el poder a la bestia.

Por y con el poder de la Palabra hablada de Dios, será hablado el reino de los gentiles (repre­sentados en los diez dedos de hierro y de barro cocido, en esos pies de hierro y de barro cocido), será hablado ese reino fuera de existencia.

Y por el poder de la Palabra hablada de Dios, será hablada toda bendición divina a existencia para cada hijo de Dios.

Ahora, uno es el momento en donde es hablada esa Palabra, y otro es el momento donde se mate­rializa esa Palabra.

Así que vean ustedes, esa Palabra que tiene que ser hablada son los pensamientos divinos. En la Mente de Dios ha estado todo ese Programa Divino que Él llevaría a cabo; y ahí estába­mos nosotros también, por eso somos genes de la mente o pensamiento divino.

Ahora, para que se materialice algo, tiene que ser hablada la Palabra que contiene las característi­cas que tienen que ser materializadas.

Podemos ver que en el tiempo de los apósto­les: en el tiempo de los apóstoles, los apóstoles no podían estar anunciando que estaban predicando el Año del Jubileo, la Trompeta Final, la Gran Voz de Trompeta, porque no era el tiempo.

Por esa causa, el Mensaje que cada uno de los apóstoles y cada uno de los siete mensajeros predicó fue el Mensaje correspondiente a su tiem­po. Y por ser la Palabra hablada de Dios a través de cada uno de esos mensajeros, la cual Dios colocó en su boca, produjo el Programa Divino correspondiente para ese tiempo; apareció el mensajero con ese Mensaje, con esa Palabra, la cual contenía las características completas para esa edad y las características que tendrían los escogidos de ese tiempo.

Ahora, ninguno de ellos predicó el Mensaje de la Trompeta Final; porque el Mensaje de la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta es el Mensaje Final; y ninguno de ellos tuvo el Mensaje Final.

Luego del Mensaje de uno de ellos vino el Mensaje de otro, y de otro, y de otro, hasta que llegamos al fin del siglo, al fin del tiempo, en donde Dios ha prometido el Mensaje Final, que tendrá todas las características para la edad y dispensación correspondiente del fin del tiempo, en donde comienza la Dispensación del Reino, en donde surge, nace, la Edad de la Piedra Angular, y en donde cada escogido recibirá su transformación; porque esa Palabra hablada de Dios contiene todas esas características para ser materializadas.

Por lo tanto, en este tiempo final todo escogi­do estará escuchando la Palabra hablada de Dios, para que se materialice en él cada promesa divina correspondiente para el fin del tiempo; porque esa Palabra contiene los genes de Dios para ser materializados, ser convertidos en una realidad, para el fin del tiempo.

Así que la Palabra hablada de Dios para el fin del tiempo, estará hablando cosas que pon­drán fuera de existencia el reino de la bestia con los diez reyes y la imagen de la bestia, señalán­dole que el tiempo ha terminado.

Al proclamarle que el tiempo ha terminado, los coloca fuera de existencia para esta Dispensa­ción del Reino; por lo tanto, no pueden entrar a la Dispensación del Reino ni pueden entrar a la Edad de la Piedra Angular, que es la única edad de la Dispensación del Reino.

Por lo tanto, todas las cosas irán llevando a cabo, para el reino de los gentiles, todo lo que corresponde para su destrucción. O sea, todo se va a ir acomodando en su lugar para la finalización del reino de los gentiles, encabezado en el anticristo o el hombre de pecado. Todo irá tomando su lugar para que salga de existencia el reino de los genti­les, y todo pase al Reino de Cristo, al glorioso Reino Milenial; o sea, para que todo el poder, la autori­dad, el Reino, la honra, la gloria, sea de nuestro Señor Jesucristo, como dice la Escritura.

Ahora, primero la Palabra hablada de Dios, y luego se materializa esa Palabra; porque esa Palabra contiene los genes divinos, en donde están todas las características de las cosas que deben materializarse.

Ahora, para los escogidos: se les habla en la Palabra hablada de Dios todas las bendiciones, y se les colocan esas bendiciones en existencia para la Edad de la Piedra Angular, para la Dispensación del Reino. Y luego todo irá mo­viéndose en favor de todo eso que ha sido hablado, para que se materialice esa Palabra hablada; porque es la Palabra creadora de Dios.

En el principio creó Dios los Cielos y la Tierra. ¿Y cómo fue que Dios creó los Cielos y la Tierra? San Juan, capítulo 1, verso 1 al 4, dice:

“En el principio era el Verbo (o sea, la Palabra), y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”.

Ahora vean, todo fue hecho por Él, por el Verbo, la Palabra.

(Y) En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”.

Y en el verso 14 de este mismo Evangelio según San Juan, capítulo 1, dice:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.

Ahora, aquí podemos ver que lo que se mate­rializó fue el Verbo, la Palabra; y en esa Palabra estaban todas las características.

Por esa causa, cuando Jesús de Nazaret estuvo aquí en la Tierra dos mil años atrás, encontramos que Él cumplió cada promesa correspondiente a la Primera Venida de Cristo, porque Él era la Palabra hecha carne. En esa Palabra estaban todas las características que tendría esa Palabra cuando estuviera hecha carne; porque la Palabra hablada de Dios contie­ne todas esas características.

Y todas las características que tiene la Palabra hablada de Dios para el fin del tiempo, para los escogidos, serán las características que estarán manifiestas en el fin del siglo en y para los escogi­dos. Y la Edad de la Piedra Angular y Dispensa­ción del Reino tendrá las características de la Palabra.

Y esa Palabra, al ser hablada, producirá todo lo que está en la Palabra, y tendrá las características que contiene la Palabra; porque los genes de la Palabra contienen las característi­cas que serán materializa­das, y luego serán vistas, manifestadas, en la edad, en la dispensa­ción, y en las personas de esa edad y dispensa­ción.

Así que todo lo que Él ha prometido para Sus escogidos está en la Palabra hablada de Dios para el fin del tiempo. En palabras más claras: está en esa Palabra hablada de Dios, que fue representada o simbolizada en la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, o la Trompeta de Dios, o trompeta del año del jubileo, la Voz como de trompeta de Apocalipsis capítulo 1, verso 10, y capítulo 4, verso 1.

En esa Palabra hablada estarán todas las carac­terísticas de bendición que nosotros recibi­remos; en esa Palabra hablada de Dios está el cuerpo eterno que hemos de recibir; porque siendo un cuerpo eterno, solamente por la Palabra creadora hablada de Dios puede venir un cuerpo eterno, puede ser creado un cuerpo eterno; y solamente puede ser creado un cuerpo eterno alrededor de esa Palabra hablada de Dios, porque esa Palabra hablada de Dios contiene los genes de ese cuerpo eterno.

Así que cuando una persona recibe la Pala­bra hablada de Dios para su edad o dispensación, por medio del mensajero que Dios ha enviado, está recibiendo ahí todo el Programa Divino que Dios va a desarrollar en ese tiempo. Y toda bendición divina que Dios tiene para ese tiempo está en ese Mensaje que ha enviado por medio del mensajero.

Fuera de ese Mensaje no hay bendición para ser materializada para el pueblo de Dios, porque fuera de ese Mensaje no se encuentran los genes de la Palabra, los genes divinos, para ser mate­rializa­dos. Buscar fuera de esa Palabra una bendición de Dios para ese tiempo, es buscar fuera del Programa Divino algo; por lo tanto no conviene.

Todo conviene que venga de la Palabra hablada de Dios correspondiente para ese tiem­po, porque eso viene de Dios; y eso es la perfec­ta voluntad de Dios; y la bendición que se está recibiendo es en la perfecta voluntad de Dios.

Así que cuando se ora de acuerdo a la Palabra hablada de Dios para el tiempo en que uno vive, está orando en la perfecta voluntad de Dios. Por eso es que estamos pidiendo la transformación de nuestros cuerpos, ¡y que venga pronto!; porque es para nuestro tiempo, para nuestra edad, para nuestra dispensación, y ya tenemos los genes de esa Palabra, ya tenemos esa Palabra hablada. Y cada día se va juntando más y más Palabra hablada con los genes de ese cuerpo eterno que hemos de recibir, y con toda bendi­ción que Dios tiene para nosotros.

Así que vean ustedes, las características del cuerpo nuevo están en esa Palabra hablada; por eso es que les he dicho que el cuerpo nuevo será de 18 a 21 años en apariencia. Ahí cuando usted ha recibido esa Palabra y le ha dicho: “¡Amén!”, usted ha recibido esos genes de esa Palabra, para que sea de 18 a 21 años en apariencia ese cuerpo.

Y así por el estilo, cada vez que usted escu­cha la Palabra y le dice: “¡Amén!”, y la cree con todo su corazón, usted está recibiendo la Palabra hablada de Dios, la Palabra creadora, que contie­ne los genes divinos para que se materialice en usted toda promesa divina correspondiente para ese tiempo.

Cuando usted ha recibido esa Palabra habla­da, usted puede decir como Abraham, que aunque no veía el hijo, no nacía el hijo, él podía decir: “Yo tengo un hijo, el hijo prometido”. ¿Y dónde estaba? En esa Palabra que Dios le había dado; porque esa Palabra conte­nía los genes divinos, para que algún día se mate­rializara esa Palabra.

Y él fue rejuvenecido y Sara también, por esa Palabra que tenía, que era la Palabra Divina, la Palabra creadora, que había venido a él, porque era profeta. Porque la Palabra creado­ra, la Palabra hablada de Dios, viene a los profetas, esa Palabra creadora; y ellos la hablan, y después se materia­liza.

Así que Abraham veía al hijo prometido como ya exis­tente: estaba existiendo ahí, en esa Palabra que le había sido dada, estaba ahí; él lo veía; los demás no lo veían.

Igual que cuando Noé: cuando Noé la gente enviaban – los científicos enviaban los satélites y todas estas cosas que ellos tenían en su tiempo, lo que tuvieran en ese tiempo para hacer sus investigacio­nes científi­cas, y no encontraban la lluvia, no encontraban el agua que Noé decía que caería.

¿Sería que no sabían ellos que agua es H2O? Todos ustedes lo saben. Y aquella generación, ¿no sabía eso, acaso? Y la unión de hidrógeno y oxíge­no, en su composición correcta, produce agua.

¿No sabían ellos que el Creador de los Cielos y la Tierra creó hidrógeno y creó oxígeno?, y en el momento que Él deseara unir esas dos cosas, en la composición que corresponde a agua, lo unía y aparecía el agua.

Ahora, Noé veía el diluvio. ¿Y dónde lo veía Noé, si no había llegado todavía? Lo veía en la Palabra creadora; porque por la Palabra creadora hablada, por la Palabra creadora de Dios hablada, es que las cosas vienen a existencia. Y por cuanto Dios ya lo había habla­do y Noé lo había escuchado, y luego cuando Noé lo habló ya era la Palabra aquí en la Tierra por labios humanos, y tenía que materializarse esa Palabra.

¿De dónde vino el diluvio? Lo buscaban… Vino de la Palabra creadora de Dios hablada por Noé. Y Noé la habló porque la escuchó de Dios. Pero para que se materialice, tiene que pasar a una boca humana, porque ahí es donde Él coloca Su Palabra; y luego es hablada por carne huma­na, y luego se materializa. Ahí estaban los genes de la Palabra hablada para producir el diluvio.

Cuando uno conoce ese misterio de la Pala­bra creadora de Dios hablada, uno está tranquilo. Uno está tranquilo al escuchar las bendiciones de Dios siendo habladas a nosotros; porque como Él ha dicho, así Él hará.

Así que nosotros estamos esperando nuestra transformación. Y no estamos esperando la trans­formación como los tontos, sin tener la base. Tenemos la base, donde está depositada nuestra fe: en la Palabra creadora de Dios habla­da para este tiempo final. Esa es la Palabra hablada de Dios para ustedes y para mí, la cual no fallará.

Jesús dijo: “Los cielos y la tierra pasarán, pero mi Palabra no pasará”1. O sea, “no pasará” significa que hará aquello que dice esa Palabra.

También Dios a través del profeta Isaías, en el capítulo 55, hablando de Su Palabra, comen­zando en el verso 10 hasta el 11, dice:

“Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come,

así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”.

“Será prosperada en aquello para que la envié”: O sea, Dios hace que esa Palabra se cumpla; en palabras más claras, hace que toda la naturaleza y todas las cosas obren a bien para que se cumpla esa Palabra hablada.

Todo entonces obrará para bien para los que aman a Dios y para aquellos que Dios ama; todas las cosas obrarán para bien cuando la persona ha recibido esa Palabra.

Todas las cosas obrarán para bien para que esa Palabra sea prosperada en todo y lleve el fruto de lo que ha sido hablado, o sea, que pro­duzca lo que ha sido hablado; porque contiene los genes; por lo tanto, contiene todas las carac­terísticas que se necesitan para la materialización de lo que Dios ha prometido.

Así que yo veo a cada uno de ustedes trans­for­mado. ¿Dónde? En la Palabra. Y luego se va a materializar eso que yo veo.

Antes… (vamos a ponerle) veinte años atrás, no se podían ver quiénes serían los que estarían en la Tierra y que serían transformados en el fin del tiempo; pero luego que ha ido pasando el tiempo y ha estado lle­gando la Palabra creadora de Dios, y ha estado siendo hablada esa Palabra creadora, ahora podemos ver que en su mayoría, el noventa y algo por ciento (para ser un poqui­to conservadores y dejarle una oportunidad a los de otras naciones fuera de la América Latina y el Caribe), podemos ver que el noventa y algo por ciento de los que serán transformados serán latinoamericanos y caribe­ños.

Antes no podíamos ver eso; pero ya que ha sido hablada esa Pa­labra y ha sido mostrado el Programa Divino, ya sí pode­mos ver quiénes serán los que serán transformados.

Los que serán transformados, conforme a las promesas divinas, tendrán la fe para ser transfor­ma­dos y raptados. Y la fe para ser transforma­dos y raptados está en los siete truenos de Apocalipsis2. Y los siete truenos de Apocalipsis son la Palabra hablada de Dios para el fin del tiempo, que es la Trompeta Final, la Gran Voz de Trompeta, la Trompe­ta del Año del Jubileo, la Voz como de trompeta.

En palabras más claras: el Mensaje del Evangelio del Reino, de la Dispensación del Reino y Edad de la Piedra Angular, a la cual nosotros pertenecemos, porque Él nos escogió desde antes de la fundación del mundo para ser parte de la Edad de la Piedra Angular y estar en la Dispensación del Reino, y recibir el Mensaje de la Palabra hablada de Dios para este tiempo final.

Así que, al tener todas estas cosas, no cabe duda en nuestros corazones o en nuestra mente de que nosotros seremos transformados; porque tenemos la Palabra hablada de Dios para este tiempo final. Y esa Palabra hablada de Dios es la Palabra creadora de Dios, para crear todas las cosas que Él ha prometido para Sus escogidos.

¿Y qué otro pueblo tiene esa fe? No es sola­mente decir: “Dios dijo que habrá una transfor­ma­ción y yo la creo”. No. Hay que tener la Palabra creadora de Dios, porque esa es la que contiene los genes, las características en esos genes, para esa transformación.

Así que teniendo esa Palabra, en esa Palabra es que nosotros vemos nuestra transformación, el cuerpo nuevo; podemos ver que es de 18 a 21 años, podemos ver que será un cuerpo perfecto, podemos ver que es el cuerpo que Dios diseñó desde antes de la fundación del mundo para cada uno de nosotros.

Podemos ver todas estas cosas porque están en la Palabra, y esa Palabra está siendo hablada; y esa Palabra son los pensamientos divinos. Los genes del pensamiento divino están ahí, en ese Mensaje, para que se materialicen y produzcan esas caracte­rísticas que esa Palabra dice que producirá, que tendrá.

Así que todas las características que serán vistas en nuestra edad, en nuestra dispensación, aun en cada uno de nosotros como individuos, en nuestros cuerpos que hemos de recibir y todo, todo eso está en la Palabra hablada de Dios.

Y cuando nosotros podemos escuchar esa Palabra hablada de Dios, esa Palabra hablada de Dios contiene un poder: el poder creativo de Dios; ese poder que los científicos han tratado de encon­trar, ese poder que se mueve de acuer­do a las Leyes Divinas, ese poder que produjo la Creación, que le llaman el Big Bang (o sea, la explo­sión grande que produjo la creación del univer­so. Big Bang le llaman. O sea, la explosión grande, la primera explo­sión). Y vean ustedes, fue la Palabra creadora de Dios que produjo todo eso.

Así que esa Palabra creadora contiene un poder, y ese poder es el que hace que se mate­riali­ce toda esa Palabra. Y nosotros tenemos que estar bien contentos, bien agradecidos a Dios, y bien seguros y tranquilos en cuanto a las prome­sas de Dios.

Ahora, eso no quiere decir que nos vamos a cruzar de brazos esperando la transformación. La estamos esperando, estamos seguros en cuanto a eso; pero no cruzados de brazos, sino trabajando en el Reino de Dios, en todas las cosas que se tienen que hacer en el Reino de Dios. Y todo obrará para bien y en favor de toda promesa que Dios ha hecho para nosotros.

Bueno, ¿y por qué trabajamos entonces en la Obra de Dios, cuando lo que estamos esperando es la transformación y el cuerpo nuevo? Porque también tenemos otra promesa. Él ha dicho que Él dará a cada uno de acuerdo a sus obras.

Él dará la recompensa, los galardones, a cada persona, de acuerdo a lo que ha trabajado en el Reino de Dios. Y si se quedó con los brazos cruzados y no hizo nada, ¿cuánto va a recibir? ¿qué va a recibir? Pues nada. Y si no va a recibir nada, entonces ha perdido el privilegio que Dios le ha dado de trabajar en el Reino de Dios, y ha hecho exactamente como hizo el hombre que escondió su talento.

No esconda su talento. Todos tenemos el privilegio dado por Dios de trabajar en Su Obra, unos más, otros menos, pero cada uno tiene ese privilegio de parte de Dios. No eche a un lado ese privilegio.

Usted tiene la Palabra; por lo tanto, usted tiene ese privilegio de trabajar en Su Obra y hacer llegar esa Palabra por diferentes lugares, para que llegue a todos los que están escritos en el Libro de la Vida del Cordero y también en la otra sección, y así se lleve a cabo la Obra de Dios correspondiente para el fin del tiempo.

¿Y qué es lo que está aconteciendo cuando nosotros trabajamos en la Obra de Dios, tenien­do nosotros la Palabra hablada de Dios, esa Palabra creadora? ¿Saben lo que está aconte­ciendo? A medida que usted trabaja en la Obra de Dios: esa Palabra que usted tiene, por cuanto es una Palabra creadora, está creando, materia­lizando, muchas cosas que han sido dichas que serían realizadas.

Y ustedes son portadores de esa Palabra; entonces la obra que ustedes llevan a cabo no es una obra de ustedes, sino es la Obra de la Pala­bra hablada de Dios que está en ustedes. Y entonces ustedes pueden decir: “Esto no lo hice yo; sola­mente yo fui el instrumento para esta labor. ¡Esta es la Obra de la Palabra hablada de Dios que yo llevo por dentro!”.

Y entonces podemos ver la Obra de Dios cómo se mueve, cómo se va materializando todo, cómo se realiza; porque en esa Palabra hablada que usted ha recibido están los genes para materializarse toda promesa que Dios ha hecho para este tiempo final; ahí están todas las características. Por lo tanto, llevando la Palabra veremos la materialización de todo lo que Dios ha prometido.

Así que yo estaré siempre entre ustedes, trayén­doles a todos ustedes aquí presentes, y a todos alrededor de todos los lugares, todas las nacio­nes, y principalmente América Latina y el Caribe… aunque eso no quiere decir que no pueda ir a Europa u otros lugares; pero princi­palmente entre los latinoamericanos y caribeños estaré viajando, caminando, llevándoles la Pala­bra hablada de Dios para este tiempo final; porque es la Palabra creadora de Dios, para crear, para materializar, toda promesa que Él ha hecho para el fin del tiempo.

Así que yo le doy gracias a Dios por esa Palabra hablada, yo le doy gracias a Él, y les puedo decir que yo he visto el poder de la Palabra hablada de Dios.

Así que esa Palabra hablada tiene un poder, es un poder creativo. Y cuando se lleva esa Palabra, se habla esa Palabra, y luego se coloca en folletos y en videos, y cuando esa Palabra se hace correr por todos los lugares, esa Palabra lleva un poder: es el poder creador de Dios para materializar toda promesa que Él ha hecho para el fin del tiempo, y también para el Milenio y también para la eterni­dad. Porque siendo el Mensaje Final, en ese Mensaje Final están todas las carac­terísticas de la Obra que Dios hará para este tiempo final, para el Milenio y para toda la eternidad.

Así que en esa Palabra hablada de Dios para este tiempo final, se estará dando a conocer las cosas que deben acontecer pronto: las cosas que deben acontecer después de las edades de la Iglesia, las cosas que deben acontecer después de la Dispensa­ción de la Gracia, las cosas que deben acontecer en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino.

La Dispensación del Reino son los mil años; pero la edad, siendo una edad eterna, pasará a la eternidad; por lo tanto, ahí estará todo habla­do. Todas las cosas que deben acontecer son habladas y reveladas al pueblo, para luego ser materializadas.

Por esa causa: “El Dios de los espíritus de los profetas (dice) ha enviado a Su Ángel para dar testimonio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”3; porque tienen que ser (¿qué?) habladas para que luego sucedan; porque esa Palabra hablada tiene el poder creativo o creador de Dios.

Así que recibiendo la Palabra hablada, lo que estamos recibiendo es el poder de la Palabra hablada, para materializarse toda promesa divi­na, toda bendición divina que a nosotros nos corres­ponde como hijos e hijas de Dios.

“EL PODER DE LA PALABRA HABLA­DA”. Y vean lo sencillo que es todo. Sencillo, sencillo todo, pero ahí está el poder. ¿Dónde? En la Palabra hablada.

“EL PODER DE LA PALABRA HABLA­DA”.

Que Dios nos continúe bendiciendo a todos, que Dios nos guarde; y hacia adelante recibiendo la Palabra hablada para nuestra edad y para nuestra dispensación.

Pasen todos muy buenas noches; muchas gracias por vuestra amable atención, y Dios les continúe bendiciendo grandemente a todos, y también a mí.

Con nosotros nuevamente Miguel Bermúdez Marín.

“EL PODER DE LA PALABRA HABLA­DA DE DIOS”.

[Revisión febrero 2022]

1 Mt. 24:35, Mr. 13:31, Lc. 21:33

2 Apocalipsis 10:3

3 Apocalipsis 22:6

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