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Los hechos del Espíritu Santo en el movimiento milenial
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Los hechos del Espíritu Santo en el movimiento milenial

Muy buenos días, amados amigos y herma­nos presentes aquí en Monterrey, México; es para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta mañana y también con cada uno de ustedes a través de la línea telefónica en Puerto Rico, en el Caribe y en toda la América Latina.

En esta mañana deseamos y esperamos de parte de Dios Sus bendiciones para así crecer en el conocimiento del programa divino correspon­diente para este tiempo.

En este segundo encuentro juvenil nacional titulado: LA JUVENTUD MEXICANA EN EL MOVIMIENTO MILENIAL. Jóvenes mexica­nos, que Dios les bendiga grandemente en el movimien­to milenial.

Siempre las bendiciones de Dios para cada tiempo, para las personas, son dadas en el movi­miento, en la obra, que Dios está llevando a cabo para ese tiempo. Y toda bendición de Dios para nosotros está en el movimiento milenial; por eso les digo: Que Dios les bendiga grande­mente en el movimiento milenial.

Y en el movimiento milenial nosotros nece­sita­mos ver las obras, ver los hechos del Espíritu Santo llevados a cabo en el movimiento mile­nial: los que ya El ha llevado a cabo y los que faltan por ser llevados a cabo, los cuales serán también para bendición de todos los que están y los que estarán en el movimiento milenial.

“LOS HECHOS DEL ESPÍRITU SANTO EN EL MOVIMIENTO MILENIAL.”

Para poder ver y comprender los hechos del Espíritu Santo en el movimiento milenial, es necesario que examinemos otras Edades y otras dispensaciones en donde Dios se movió y derra­mó Sus bendiciones.

Por ejemplo, tenemos la Dispensación de la Ley, bajo Moisés, en donde Dios, el Pilar de fuego, aquella Columna de fuego, Dios en teofanía, estuvo manifestado llevando a cabo la obra correspondien­te para aquel tiempo. Así que Dios estuvo allí manifestado en Espíritu y utilizó, usó, a Moisés, y se veló en carne huma­na.

Aquella Dispensación de la Ley fue la dispen­sación en donde Dios se manifestó como Padre. Y encontramos allí, a través de Moisés, los hechos de Dios, los hechos del Padre, liber­tando a Su hijo Israel, y llevando a Su hijo Israel hacia la tierra prometida.

Ahora, Dios es Espíritu. Así que Dios en Espíritu estuvo manifestado allí en aquella teofanía llevando a cabo Su obra, las obras de Dios. Encon­tramos que fueron escritas las obras que Dios llevó a cabo en medio del pueblo hebreo, como Padre, liberando al pueblo hebreo a través de un hombre conocido por el nombre de Moisés, el profeta dispensacional de la Dis­pensación de la Ley.

Luego encontramos cómo Dios se movió en esa dispensación a través de Josué, más adelan­te, y luego a través de los demás profetas men­sajeros que Dios envió hasta Juan el Bautista; porque los profetas del Antiguo Testamento profetizaron hasta Juan.

Encontramos que apareció, luego de Juan, Jesús de Nazaret. Pero dice que los profetas fueron hasta Juan. Y Jesús, el profeta mayor, no fue contado como profeta de la Dispensación de la Ley; porque dice: “los profetas hasta Juan profetizaron.”

¿Y qué de Jesús con las profecías que Él trajo en San Mateo capítulo 24? Bueno, los profetas hasta Juan profetizaron en la Ley, pero en la Gracia, con Jesús, comenzaron los profetas del Nuevo Testamento. Y los profetas del Nuevo Testamento, los profetas de la Dispensación de la Gracia, fueron hasta William Marrion Bran­ham.

Recuerden que con el precursor de la Prime­ra Venida de Cristo hasta ahí profetizaron los de la Dispensación de la Ley; porque el último fue Juan el Bautista. Y los de la Dispensación de la Gracia profetizaron hasta William Marrion Branham, que fue el último de la Dispensación de la Gracia. Y el primero de la Dispensación de la Gracia fue Jesús, así como Moisés fue el primero de la Dispensación de la Ley.

Así que podemos ver que la Dispensación comienza con un mensajero dispensacional, un profeta mensajero, y termina con otro profeta. Así comenzó y terminó la primera y la segunda dispen­sación.

Ahora, ¿y dónde estamos colocados nosotros en el fin del tiempo? Eso lo veremos a medida que continuemos viendo el programa divino en esta mañana.

Son tres grandes dispensaciones, aunque hubo otras dispensaciones, pero las tres dispen­saciones mayores son la Dispensación de la Ley, la Dispen­sación de la Gracia y la Dispensación del Reino, en las cuales Dios ha estado manifes­tado.

En la Dispensación de la Ley Dios se mani­festó como Padre, en la Dispensación de la Gracia Dios se manifestó como Hijo, en la Dispensación del Reino, como Espíritu Santo. Estas tres grandes dispensaciones tienen tres grandes manifestaciones de Dios.

Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo: tres grandes títulos divinos, los cuales Él manifiesta en estas tres dispensaciones. El título de Padre en la Dispensación de la Ley, el título de Hijo en la Dispensación de la Gracia y el título de Espíritu Santo en la Dispensación del Reino.

Dios se manifiesta en estas tres dispensacio­nes y lleva a cabo un programa que Él tenía para llevar a cabo desde antes de la fundación del mundo.

Aho­ra, encontramos que las cosas de la Dispen­sación de la Ley estaban señalando en tipos y figuras las cosas que aconte­cerían en la Dispen­sación de la Gracia y en la Dispensación del Reino.

Por eso San Pablo puede decir que las cosas del templo que el pueblo hebreo tenía, eran tipos y figuras de las cosas que vendrían. Y él señala todas estas cosas del Antiguo Testamento, del templo, y lo que allí se llevaba a cabo, como aquello que estaba señalando lo que Dios reali­zaría en una nueva dispensación. Podemos ver el cordero pas­cual que ellos sacrificaban, que ellos tenían, ese cordero que ellos se comían, repre­sentando a Cristo el Cordero pascual.

Encontramos que así por el estilo el pueblo hebreo ha tenido, o tuvo, un sinnúmero de fiestas, de leyes, de estatutos, que luego en la Dispensación de la Gracia, y también en la Dispensación del Reino, se actualizan y se convierten en hechos o cosas reales en nuevas dispensaciones.

Por ejemplo, ellos tenían una fiesta muy impor­tante llamada la fiesta de Pentecostés. El día de Pentecostés era un día muy importante, era el día cincuenta, y esa fiesta, esa ordenanza o estatuto, se vino a convertir en un aconteci­miento mayor.

El Señor Jesucristo resucitó y estuvo con los discípulos 40 días, apareciéndole a ellos, hablán­do­le acerca del Reino de Dios, y llevó a cabo también un sinnúmero de señales, de milagros, en medio de Sus discípulos.

Luego ascendió al cielo habiendo dicho a Sus discípulos: “Ustedes queden en Jerusalén hasta que sean investidos de poder desde lo alto, dentro de muy poco tiempo. Así que no vayan a salir a predicar el Evangelio hasta que primero no reciban al Consolador, al Espíritu Santo.” Porque era necesario tener el Espíritu Santo, las primicias, para llevar el Mensaje.

Ellos no sabían cuándo vendría el Espíritu Santo, el Señor no les dijo: “Ustedes esperen ahí, porque dentro de diez días lo van a reci­bir.” No. El les dijo: “Ustedes esperen en Jerusalén, asienten en Jerusalén, hasta que sean investidos de poder desde lo alto.”

Dice la Escritura que eran como 500 perso­nas las que estaban presentes cuando el Señor Jesucris­to se despidió de Sus discípulos y ascen­dió al cielo; pero encontramos que asentaron en Jerusalén y esperaron la promesa del Espíritu Santo, y el día número 10, que venía a ser también el día número 50 contando desde la resurrección del Señor Jesu­cristo (y cincuenta es Pentecostés), vino el Espíritu Santo sobre ellos en forma de lenguas de fuego, y fueron llenos del Espíritu Santo, fueron llenos de poder de lo alto. Y dice la Escritura que eran 120 personas. De 500 personas habían quedado 120 personas que habían perseverado y habían esperado la promesa divina para ellos.

Ahora, lo importante es perseverar en lo que Dios ha prometido, perseverar en esa Pala­bra que ha sido dada; porque eso se convertirá en una realidad para los que perseveran.

Vean ustedes, no dice que los que se fueron recibieron el bautismo del Espíritu Santo. Así que ellos no quedaron en la historia de los que perseve­raron hasta recibir lo que el Señor Jesu­cristo les prometió.

Lo importante es permanecer, no importa el tiempo que uno tenga que esperar; porque lo que dice la Palabra, eso se cumplirá, porque Dios dice en Su Palabra que “no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepien­ta…” (Números 23:19). Como Dios ha dicho, así Él hará.

Y nosotros tenemos que ser imitadores de los que por la fe perseveraron y recibieron el cumpli­miento de lo que Dios les prometió, como nuestro padre (en la fe) Abraham perseveró unos 25 años esperando el hijo prometido, y llegó el hijo prome­tido.

Hay algunas personas que se desesperan y dicen: “Tiene que ser este día, o tiene que ser esta semana, o tiene que ser este mes, o tiene que ser este año. Y si no, yo no sigo esperan­do.”

Así pensaron 380 personas, la mayoría, pero 120 personas pensaron diferente. Ellos pensaron: “Bueno, si no llegó el cumplimiento de lo que Él prometió hoy, pues tiene que ser mañana.” Pero ellos lo estaban esperando siempre en el día pre­sente; pasó ese día, pero ellos seguían esperando hoy. Siempre hoy; pero ellos no decían: “Pues si no llega hoy, para el próximo día nosotros no vamos a esperar.” Los que pensaron en esa forma, se fueron; y no aparecen en la historia bíblica como héroes de la fe, que esperaron hasta recibir la promesa del Espíritu Santo prometida por el Señor Jesucristo.

El día de Pentecostés se cumplió la promesa del Señor. El dijo que vendría a ellos y estaría con ellos y en ellos. Y Él estaría con ellos hasta el fin del mundo, hasta el fin del siglo; Y el Señor Jesucristo vino en Espíritu. Su cuerpo fue dejado en el Trono de intercesión en el cielo, haciendo intercesión por cada hijo de Dios que aparecería en esta Tierra.

Pero el Señor Jesucristo descendió el día de Pentecostés en Espíritu, por eso le apareció al apóstol San Pablo antes de ser convertido, el cual era conocido como Saulo de Tarso, y le apareció en aquella Columna de fuego, aquel Pilar de fuego; y Saulo cayó de su caballo y escuchó las palabras: “Saulo, Saulo: ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón.”

Saulo, sabiendo que aquella Columna de fuego, aquella luz más fuerte que el sol, era el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, que le apareció a Moisés en el monte Sinaí, le pregun­tó: “Señor, ¿quién eres?” Y aquella luz, aquella Columna de fuego, el YO SOY del Antiguo Testamento, el Jehová del Antiguo Testamento, el Dios de Abra­ham, de Isaac y de Jacob, le dice: Yo soy Jesús a quien tú persigues.»

Cuando hay un cambio de dispensación, hay un cambio de Mensaje, un cambio de mensajero, y un cambio de nombre divino.

Ahora, le aparece el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob con el nombre correspondiente para la Dispensación de la Gracia, el nombre Jesús, que significa redentor; y se manifiesta allí el Señor como Hijo de Dios.

La Dispensación de la Gracia es la Dispensa­ción del Hijo de Dios, es el Hijo de Dios mani­fes­tado allí en esa teofanía, en ese Pilar de fuego llevando a cabo esa obra divina de la Segunda Dispensación. Es nada menos que la obra del Pilar de fuego, la obra del Espíritu Santo, duran­te la Segunda Dispensación.

Comenzó en aquel cuerpo conocido por el nombre de Jesús de Nazaret, y luego continuó en Espíritu en la Segunda Dispensación a través de los apóstoles; y luego de los once apóstoles continuó con el apóstol San Pablo hacia los gentiles, llevan­do a cabo la obra correspondiente para la Segunda Dispensación.

Luego pasó de San Pablo, el primer mensaje­ro de la primera Edad de la Iglesia, al segundo ángel mensajero de la segunda Edad, y llevó a cabo la obra, fue la obra del Espíritu Santo, la obra del Señor como Hijo de Dios en la Dispen­sación de la Gracia. Y continuó el segundo ángel mensajero en Europa; luego del segundo pasó al tercero, y del tercero pasó al cuarto, y del cuarto pasó al quinto, y del quinto pasó al sexto. Comenzó con San Pablo en Asia Menor, y continuó en los otros cinco ángeles mensajeros en Europa.

Y luego de Europa pasó a Norteamérica en William Marrion Branham, a través del cual llevó a cabo la obra correspondiente para la séptima Edad, y trajo el Mensaje para la séptima Edad de la Iglesia, y también trajo el Mensaje para la introducción de la Segunda Venida de Cristo en el fin del tiempo.

Y así como Juan el Bautista fue el precursor de la Primera Venida del Señor, William Ma­rrion Branham fue el precursor de la Segunda Venida del Señor; llevando a cabo el Señor como Hijo de Dios, la obra correspondiente para ese tiempo.

Y la obra que el Señor ha llevado a cabo a través de los siete ángeles mensajeros, como Hijo de Dios, es la continuación del libro de los Hechos; porque son los Hechos del Espíritu Santo, son los Hechos del Hijo de Dios en la Dispensación de la Gracia.

Ahora, encontramos que el Espíritu Santo estuvo manifestado en estos ángeles mensajeros, a través de los cuales llevó a cabo la obra de las siete etapas o Edades de la Iglesia gentil. Y no faltó nada en las Edades de la Iglesia gentil, y al decir que no faltó nada, quiero decir que no faltó nada de lo que les fue prometido para ser cumplido en cada una de las Edades de la iglesia gentil.

Y alguno me preguntará: “Pero le fue pro­meti­do al pueblo tal o cual cosa, y podemos ver que no le fue cumplido al pueblo.” Pero es como fue con Elías Tisbita, que Dios le dijo: Ve, unge a Eliseo por profeta en lugar tuyo, y también unge a Jehú por rey de Israel, y a Hazael por rey de Siria.»

Y luego encontramos que Elías vino al lugar en donde Eliseo estaba viviendo y echó su capa sobre él. Ahí estaba llevando a cabo un acto el cual representaba la colocación de su ministerio sobre Eliseo, pero todavía el espíritu ministerial no había venido sobre Eliseo porque Elías estaba todavía allí, y Dios no tiene dos profetas mayo­res al mismo tiempo; pero con este acto de colocar su capa sobre Eliseo, lo estaba señalando como su sucesor con­forme a la promesa divina.

Luego encontramos que más adelante Elías ascendió al cielo, y vino sobre Eliseo la doble porción del espíritu que estaba en Elías, confor­me a la petición de Eliseo.

Ahora, las aspiraciones de Eliseo fueron gran­des, pero todo eso estaba en el programa divino, había sido escogido y predestinado desde antes de la fundación del mundo para ser profeta en medio del pueblo hebreo. Así que lo que él pidió estaba en la perfecta voluntad de Dios.

Y cuando podemos ver a Eliseo pidiendo una doble porción, no lo podemos mirar como una persona egoísta, sino como una persona respon­sa­ble.

¿Y por qué? Porque una persona que va a servir a Dios, debe estar equipado de parte de Dios lo mejor posible. Y Eliseo pidió lo máximo para trabajar en el Reino de Dios. El no pidió un poqui­to, como algunas personas piensan a veces: “Yo con un poquito que Dios me dé, con eso pues yo hago cualquier cosa en la obra de Dios.” Porque lo que quieren es hacer cualquier cosita, pero Eliseo quería hacer la obra corres­pondiente para ese tiempo, por lo tanto él quería todo lo que estuviese disponible de parte de Dios.

Y así somos nosotros: nosotros queremos la plenitud del Espíritu de Dios, una doble porción. Cuando nosotros pedimos una doble porción, estamos pidiendo algo que Dios ha prometido para nosotros; y cuando nosotros esperamos un revesti­miento, cuando nosotros esperamos una doble porción, algo doble a lo que recibieron el día de Pentecostés, es porque hay una promesa; porque uno no puede desear y clamar por una cosa, a menos que de parte de Dios no esté disponible para el pueblo.

Ahora, para el fin del tiempo tenemos la promesa de la plenitud del Espíritu. En el día de Pentecostés y durante la Dispensación de la Gracia los hijos de Dios recibieron las arras del Espíritu, que son las primicias del Espíritu, pero la plenitud del Espíritu es para la Dispensación del Reino.

Y todo escogido recibirá la adopción, recibi­rá su transformación, recibirá ese cuerpo o espíritu teofánico, se encarnará en cada escogi­do, y trans­formará estos cuerpos mortales, y tendremos un cuerpo eterno, inmortal, y así estaremos a imagen y semejanza del Señor Jesucristo.

Ahora, todas estas cosas que corresponden para el fin del tiempo, para los escogidos, son cosas que estará realizando Dios en esta Tercera Dispensa­ción.

La Dispensación de la Ley concluyó, en donde Dios se manifestó como Padre, fue la Dispensación del Padre; pero la Dispensación de la Gracia, donde Dios se ha estado manifestando por aproximada­mente dos mil años, que es la Dispensación del Hijo, también terminó; y ha comenzado la Dispen­sación del Reino, que es la Dispensación del Espíritu Santo, en donde el Espíritu Santo en el fin del tiempo se encarnaría para manifestarse y realizar la obra que corres­ponde para la Dispensa­ción del Reino, en donde el Espíritu Santo estará manifestándose y reali­zando la obra como Rey de reyes y Señor de señores, la obra como León de la tribu de Judá.

Es el Espíritu Santo, el Pilar de fuego, que guió al pueblo hebreo, que los libertó y los llevó a la tierra prometida. Ese Pilar de fuego, el YO SOY, el Jehová del Antiguo Testamento y Jesús del Nuevo Testamento, en este tiempo final manifesta­do para realizar la obra de la Dispensa­ción del Reino, y llevar a cabo el reclamo de todo lo que fue redimido por la Sangre del Señor Jesucristo, es el mismo Jehová del Anti­guo Testamento, el mismo YO SOY del Antiguo Testamento, es el mismo Señor Jesucristo del Nuevo Testamento de la Dispensación de la Gracia, en este tiempo final en la Dispensación del Reino.

Es Jesucristo glorificado en la Dispensación del Reino, para llevar a cabo los Hechos del Espíritu Santo que corresponden para la Dispen­sación del Reino. No serán los hechos de un hombre, sino los Hechos del Espíritu Santo en la Dispensación del Reino; así como hemos visto los hechos del Espíri­tu Santo en la Dispensación de la Ley, y los hechos del Espíritu Santo en la Dispensación de la Gracia.

En la Dispensación del Reino, siendo la Dis­pensación del Espíritu Santo, es la dispensación en donde todo escogido tiene la promesa de recibir su cuerpo teofánico, ese espíritu teofáni­co, el cual para la Dispensación del Reino tiene la promesa de ser manifestado en carne humana en cada escogido.

El espíritu teofánico de cada escogido se encarnará, así como el Espíritu Santo se encar­nará en esta Tercera Dispensación, conforme a la pro­mesa divina. Siendo la Dispensación del Espíritu, eso nos da la promesa a todo hijo de Dios de la encarnación del espíritu teofánico en cada escogido.

Ahora, los Hechos del Espíritu Santo en la Dispensación del Espíritu, serán nada menos que el cumplimiento de toda promesa que Él ha hecho para la Dispensación del Reino. En cada ocasión que veamos una promesa cumplida por el Señor, podemos decir: “Estamos viendo los Hechos del Espíritu Santo en esta Tercera Dis­pensación.”

Y en cada ocasión que demos testimonio del cumplimiento de una promesa, y quede grabado lo que hemos de hablar, y quede también luego escrito, entonces estaremos teniendo el Libro de los Hechos del Espíritu Santo en la Dispensación del Reino, como tenemos el libro de los hechos del Espíritu Santo en la Dispensación del Hijo.

Tenemos los hechos del Espíritu Santo en la Dispensación del Padre, allá en la Ley; y los hechos del Espíritu Santo en la Dispensación del Hijo, en la Dispensación de la Gracia; y los Hechos del Espíritu Santo en la Dispensación del Reino, que es la Dispensación del Espíritu Santo.

Así que podemos ver que el Espíritu Santo manifestado en este tiempo final, el Señor Jesucris­to en Espíritu manifestado en la Dispen­sación del Reino, estará llevando a cabo la obra que Él ha prometido para esta Tercera Dispensa­ción.

Y así como en la Dispensación de la Ley y en la Dispensación de la Gracia utilizó, usó, hombres para cumplir sus promesas, así también en esta Dispensación del Reino. Allá usó dife­rentes mensa­jeros, uno en cada Edad y uno en cada dispensa­ción. Uno fue el mensajero dispen­sacional a través del cual se manifestó para establecer la dispensa­ción, para establecer el Mensaje para esa dispensa­ción, establecer al pueblo en esa dispensación, hacer la obra de esa dispensación sobre la cual estaría basada la dispensación completa.

En la Dispensación de la Gracia hizo la obra de Cordero de Dios, la obra de Redentor con Su Sangre preciosa, sobre la cual está basada la Dispensación de la Gracia, basada en la obra expiatoria del Señor Jesucristo como Cordero de Dios y como Sumo Sacerdote, intercediendo con Su Sangre preciosa por cada hijo de Dios en la Dispensación de la Gracia.

Y la obra de la Dispensación del Reino es la obra del Señor como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, en el reclamo de todo lo que Él redimió con Su Sangre preciosa.

Sobre la obra del Señor como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, está y estará basada, fundamentada, la Dispensa­ción del Reino.

Sin la obra de reclamo del Señor en la Dispen­sación del Espíritu Santo, no hay milenio, no hay Resurrección de los muertos, no hay Transforma­ción para los que estamos vivos; porque es bajo la obra del Señor como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, como la raíz de David, que Él reclama todo lo que le corresponde; y lo reclama para nosotros, para que así nosotros podamos recibir la Tierra por heredad, conforme a la promesa del Señor: “los mansos heredarán la tierra.”

Durante el Reino milenial cada escogido estará con toda la autoridad y el poder divino que le fue conferido a Adán, el cual le fue confiscado, cance­lado, pero que será restaurado a cada hijo de Dios; por esa causa nosotros estaremos como Reyes en esta Tierra.

Adán fue colocado en este planeta Tierra como Rey, el Rey de toda la Tierra, le fue dado todo lo que estaba en la Tierra, le fue dada autoridad y señorío sobre todas las cosas. Adán vino a ser dios en la Tierra, y Dios es Dios de cielo y tierra, pero Adán como hijo de Dios fue colocado aquí en la Tierra como el dios de esta Tierra: bajo su Palabra obedecía toda la Crea­ción, por su Palabra él podía hacer toda la labor correspondiente en este planeta Tierra.

Ahora, todo escogido durante el Reino milenial estará disfrutando de la manifestación gloriosa de los hijos de Dios, la manifestación de los hijos de Dios con sus espíritus teofánicos encarnados en cuerpos eternos, lo cual no ha sido visto nunca en un pueblo. Solamente dos personas han podido disfrutar esa bendición: el primero fue Adán, el cual cayó de esa bendición, y el segundo es el Señor Jesucristo. Por eso el Señor Jesucristo podía hablar la Palabra y la naturaleza completa le obedecía.

Y en una ocasión en que el Señor Jesucristo le habló a los vientos, a la tempestad, los discí­pulos se preguntaban: “¿Quién es este hombre que aún le habla a los vientos, a la tempestad, y enmude­cen, le obedecen?” Era nada menos que Dios manifestado en carne, Emmanuel. Por Él fueron hechas todas las cosas, por lo tanto todas las cosas le obedecen a Él.

Él conocía cómo hacer todas las cosas porque todo estaba bajo Su dominio; por eso en algunas ocasiones decía: “Para que ustedes vean que el Hijo del Hombre tiene poder para hacer esto o aquello.” Le dijo a uno que estaba paralí­tico: “Yo te digo, levántate y anda.”

Ustedes si notan bien en los Evangelios, encon­trarán que el Señor Jesucristo cuando venían a Él las personas para ser sanadas de una u otra cosa, El no se arrodillaba y comenzaba a orar, y a decir: “Oh, Padre, sana a este enfermo, oh Padre libera a este hombre que está sordo, o que está endemo­niado;” sino que Él le decía: “Levántate, estás sano. Levántate y anda.” O le decía a los que estaban mudos, o sordos, o estaban con alguna otra cosa, como epilepsia o alguna otra cosa, les decía a los espíritus que estaban ahí que salieran de ese cuerpo.

Ustedes pueden ver que Jesús ordenaba, habla­ba la Palabra, porque era la Palabra creado­ra siendo hablada por el Creador de los cielos y de la Tierra. Él no tenía que orar para sanar, liberar a alguna persona, sino hablar esa Palabra creadora.

Y vean ustedes que el Señor Jesucristo nunca dijo: “Te sano en el nombre de Jehová.” Nunca Él dijo a los espíritus malos: Caigan en el nombre de Jehová.» Él no mencionó ningún nombre. En todo eso hay una enseñanza, y algún día quizás estaremos profundizando en eso, y estaremos viendo el por qué Él no usaba ningún nombre para sanar a los enfermos, Él no hablaba mencionando ningún nombre, sino que hablaba la Palabra y las cosas acontecían.

Quizás cuando yo les diga por qué, quizás ya ustedes lo han descubierto. Pero lo más impor­tante de todo es conocer las cosas porque lo ha recibido de la Palabra, del Mensaje, que corres­ponde para el tiempo en que uno vive. Mientras uno no pueda basar lo que uno conoce en el Mensaje que corres­ponde para el tiempo en que uno vive, lo que uno piense que conoce todavía está en el aire y no ha anclado bien; pero cuan­do lo recibe en la Palabra, ahí su fe se agarra bien de esa Palabra y ya no hay lugar a dudas.

Así que yo espero en algún momento decir­les el por qué Él lo hacía en esa forma, y por qué él no tenía que estar orando por ninguna persona, más bien hablando la Palabra. Cuando Dios creó los cielos y la Tierra no lo hizo orando, sino hablando la Palabra.

Así que cuando se ora se está pidiendo a otra persona, pero cuando se habla la Palabra se está dando a otra persona algo que ellos necesitan.

Todo esto está envuelto en los Hechos del Espíritu Santo en cada Edad y en cada dispensa­ción.

Moisés en una ocasión oró y Dios le dijo: ¿Por qué clamas a mí? ¿Por qué estás orando a mí? Di al pueblo que marche. Y tú extiende tu mano y divide el mar. O sea, al extender su mano con la vara en la mano (y la vara representa ¿qué? la Palabra), el mar se dividió.

Bueno, todo esto podemos ver que está en los Hechos del Espíritu. Dice la Escritura en el Nuevo Testamento: “Y el Espíritu de Cristo que estaba en los profetas (en los profetas del Anti­guo Testamen­to).”

¿Vé usted? Es el mismo Espíritu de Cristo, el mismo Pilar de fuego, Dios en Espíritu mo­viéndose en cada dispensación. En cada dispen­sación se encarna en un mensajero dispensacio­nal, y luego en cada Edad se manifiesta en cada mensajero de cada Edad, llevando a cabo el Espíritu Santo las obras, los Hechos, del Espíri­tu.

Lo que tenemos en la Biblia no es otra cosa sino los Hechos de Dios, los Hechos del Espíri­tu, Dios es Espíritu en cada Edad y en cada dispensa­ción.

Aunque algunas personas dicen: “lo que hizo Moisés”, o “lo que hizo Elías.” Pero cuando uno conoce a Dios que es Espíritu, y que fue Dios el que se manifestó en cada uno de estos profetas mensajeros, entonces uno dice: “los Hechos no de Moisés, ni los Hechos de Elías, sino los Hechos de Dios, los Hechos del Espíritu Santo a través de Moisés, a través de Elías, a través de Eliseo, a través de Isaías, a través de Jeremías, a través de Ezequiel, a través de Zacarías, a través de Mala­quías, a través de Juan el Bautista, a través de Jesús, a través de los apóstoles, a través de los siete ángeles mensajeros…”

Y en este tiempo final Jesús dice: “Yo Jesús he enviado mi ángel para dar testimonio de estas cosas en las iglesias.” Para así llevarse a cabo la obra del Espíritu Santo en la Dispensa­ción del Reino, que es la Dispensación del Espíritu Santo, en donde estaremos viendo los Hechos del Espíritu Santo a través de Su Angel mensajero para benefi­cio de todos los escogidos en el movimiento milenial, en donde son coloca­dos todos los escogi­dos al ser llamados con el Mensaje de la gran Voz de trompeta y ser juntados en la Dispensación del Reino, en el movimiento milenial.

¿Y quién hace estas cosas? El Espíritu Santo en la Dispensación del Reino; porque es una de las obras que Él estaría haciendo.

Y cuando podemos ver que está realizando el recogimiento de los escogidos, y están siendo colocados en la Dispensación del Reino, en el movimiento milenial de la Dispensación del Reino, algunas personas dicen: “lo que está haciendo fulano o zutano;” pero nosotros deci­mos: estos no son los hechos de un hombre, estos son los Hechos del Espíritu Santo en la Dispensación del Reino, que es la Dispensación del Espíritu Santo.»

Y Él está llevando a cabo la obra que Él prometió; esa es la obra prometida en la Escritu­ra, y la obra que Él hace es el cumplimiento de lo que Él prometió. Y en cada momento que vemos que El cumple cada promesa, cada una de las promesas hechas para el fin del tiempo, estamos viendo los Hechos del Espíritu Santo en nuestra dispensación. A quien El use, eso es asunto de Él.

Por lo tanto, tanto el mensajero para la Dispen­sación del Reino como los escogidos de la Dispen­sación del Reino, todos son instrumen­tos de Dios, para Él llevar a cabo la obra que Él prometió. Comienza con el mensajero y se extiende la bendi­ción a todos los escogidos.

Por lo tanto todos trabajamos unidos en el amor divino, en el Reino de Dios, en la Dispen­sa­ción del Reino, para que el Espíritu Santo lleve a cabo la obra prometida para esta Dispen­sación del Reino; y que así todos podamos ver los Hechos del Espíritu Santo en la Dispensación del Reino; y tengamos en videos, en folletos, en libros, y en cintas magnetofónicas, los Hechos del Espíritu Santo dados a conocer para todos los seres huma­nos en esta Dispensación del Reino.

Todo lo que Él estará haciendo en el co­mienzo en esta Dispensación del Reino, será dado a cono­cer durante el Reino milenial a las personas que no vivieron este tiempo final y que no experimentaron en su propia carne los He­chos del Espíritu Santo en el fin del siglo, en el comienzo de la Dispensación del Reino.

Así que todo lo que Él estará haciendo será conocido durante el Reino milenial, y lo que Él estará haciendo en este tiempo final, en donde ha comenzado la Dispensación del Reino, será el fundamento para el glorioso Reino milenial, el cual estará bajo la Tercera Dispensación del Reino.

Durante el glorioso Reino milenial el Señor estará como Hijo de David sobre el Trono de David reinando sobre las doce tribus de Israel, directamente desde Jerusalén.

Ahora, ¿y qué del resto de los habitantes del planeta Tierra? Él como Hijo de David es here­dero al Trono de David; por lo tanto, El tiene derecho a ser Rey sobre el pueblo hebreo como Hijo de David, y ese derecho, esos derechos, El los reclama en Su obra de León de la tribu de Judá, de Rey de reyes y Señor de señores, en esta Dispensación del Reino, en la Dispensación del Espíritu Santo.

Ahora, ¿qué del resto de las naciones? Él como Hijo del Hombre es heredero a la Tierra, al planeta Tierra completo; por lo tanto, como Hijo del Hombre Él es heredero al Reino mun­dial, El es heredero al Reino de este planeta Tierra. Por lo tanto Él como Hijo del Hombre, tiene el derecho a ser el Rey sobre el planeta Tierra completo; por esa causa Él desde Jerusa­lén extenderá Su gobierno, Su Reino, sobre el planeta Tierra completo.

Ahí estará manifestado el nombre de Hijo de David, y también de Hijo del Hombre. Con esos dos títulos o nombres de Hijo tiene derecho a heredar el Trono de David, el Reino sobre Israel, y también sobre todas las naciones.

Y como Hijo de Abraham es heredero a toda la Tierra de Israel con todo lo que tenga. Como Hijo del Hombre es heredero a todo el planeta Tierra completo; y por esa causa puede ofrecer la tierra, por heredad, a Sus escogidos; y esto no es sola­mente la tierra de Israel, sino del planeta Tierra completo, y les otorga el título de Reyes. Y reina­remos con Cristo por mil años, no sola­mente sobre las doce tribus de Israel, sino sobre todas las naciones, sobre el planeta Tierra com­pleto; porque a todo lo que Él es heredero, también nos hace herederos, porque somos herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús Señor nuestro.

También El dice: “Al que venciere yo le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.” Eso nos da el privilegio de ser herederos al Trono, de ser herederos a ese Reino del Señor Jesucristo sobre Israel y sobre todas las naciones.

Por eso Apocalipsis capítulo 5 y Apocalipsis capítulo 11 nos hablan acerca de ese Reino. Apoca­lipsis capítulo 5 dice que Él tiene derecho a ese Reino; y también nos dice que nos ha hecho para nuestro Dios Reyes y Sacerdotes, y reinaremos con Cristo.

Apocalipsis 5:13 dice: “Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.”

Esto nos habla de tomar la posición como Rey sobre toda la Tierra y sobre todo dominio que hay en la Tierra. Hay otro lugar… Apocalip­sis capítulo 12, verso 10, dice:

“Entonces oí una gran voz del cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche.” (Vean ustedes, aquí dice, “el Reino de nuestro Dios y de Cristo ha veni­do”).

Ahora, en el capítulo 11, verso 15, que es el capítulo del ministerio de los dos olivos, dice: «El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.»

Los reinos del mundo, los reinos de todas las naciones gentiles, serán quitados de la mano del anticristo al final de la gran tribulación; y Cristo tomará el Reino a nivel mundial también. Y El desde Jerusalén, en donde estará ocupando el Trono de David, reinará sobre todas las naciones gentiles también. Y nosotros como Reyes y Sacerdotes reinaremos con El durante el Reino milenial. Y ese Reino milenial será la luna de miel de Cristo y Su Esposa.

Por lo tanto, serán mil años de paz, de felici­dad, de alegría, de regocijo, disfrutando y estre­nan­do esos nuevos cuerpos y ese espíritu teofá­nico, en donde estaremos viviendo como estuvo Adán y Eva antes de la caída; así estará el segundo Adán (que es Cristo) y Su Esposa en ese Reino milenial.

Será algo grande y maravilloso para cada uno de nosotros. Por más que digamos las cosas que acontecerán allá, nos quedaremos faltos de palabras para expresar lo maravilloso que será ese Reino milenial para cada uno de nosotros.

Si vivir aquí es algo maravilloso, con el cono­cimiento que nosotros tenemos, cómo será allá: teniendo un cuerpo eterno y el espíritu teofánico eterno dentro de nosotros viviendo. Será algo tan grande, que yo les digo a cada uno de ustedes, que no tendremos las necesidades que tenemos aquí porque estaremos manifesta­dos como hijos de Dios; y eso significa tanto para nosotros, que estaremos experimentando una vida nueva en un cuerpo nuevo.

Despertaremos con la transformación de nues­tros cuerpos, despertaremos a una nueva vida, a una vida perfecta, en donde no tendre­mos las limitaciones que tenemos en la actuali­dad, en donde no tendremos los deseos terrena­les que hoy en día llegan a nosotros, no tendre­mos estas pasio­nes terrenales que tenemos en la actualidad; todo será divino, todo estará a ese nivel divino del Señor Jesucristo.

Y entonces experimentaremos lo que es la verdadera felicidad, y lo que es la verdadera perfección; experimentaremos lo que es ser verda­deramente un hijo de Dios manifestado en un cuerpo eterno; experimentaremos lo que es real­mente un hijo de Dios adoptado en el Reino de Dios.

Y allí estaremos ocupando la posición más alta que un ser humano pueda ocupar. Así que la posición superior que El tiene, la tiene reser­vada para cada uno de nosotros.

Por eso yo les digo que vale la pena luchar, vale la pena trabajar en el Reino de Dios; por­que nuestro trabajo en el Señor no es en vano. De acuerdo a lo que ustedes y yo trabajemos en el Reino de Dios, será lo que hemos de recibir en una forma multiplicada.

Así que trabajemos en el Reino de Dios, seamos instrumentos del Espíritu Santo en esta Dis­pensación del Espíritu Santo, y veamos los Hechos del Espíritu Santo en el movimiento mile­nial.

Que el Espíritu Santo, el Pilar de fuego, se mueva entre ustedes, jóvenes, se manifieste y los use poderosamente en la Dispensación del Reino; y también a ustedes niños, y también a ustedes adultos, ancianos y a todos; que Dios los use poderosamente, y que puedan ustedes ver en sus vidas los Hechos del Espíritu Santo en la Dispensa­ción del Espíritu Santo, que es la Dispensación del Reino en la cual nosotros estamos viviendo.

¿Han visto ustedes algún Hecho del Espí­ritu Santo en ustedes? Si ustedes no han visto los Hechos del Espíritu Santo en ustedes, yo sí los he visto en ustedes.

¿Cuántos…? ¿En qué dispensación estamos? En la Dispensación del Espíritu Santo, la Dis­pensación del Reino. O sea, la Dispensación del Reino es la Dispensación del Espíritu Santo.

¿Y cómo lo supo usted? Fue un Hecho del Espíritu Santo en usted. Luego de ser dado a conocer a través del Mensaje, el Espíritu Santo en usted obró, llevó a cabo una obra. Fue un Hecho del Espíritu Santo él usted poder captar ese progra­ma divino, el usted poder captar el Mensaje, fue por revelación de lo Alto. Fue por revelación del Espíritu Santo que usted ha conocido que estamos en la Dispensación del Reino, la Dispensación en que Él está manifesta­do como Espíritu Santo.

Tres dispensaciones en donde tres grandes manifestaciones divinas son realizadas: la Dis­pen­sación del Padre (la Dispensación de la Ley), la Dispensación del Hijo (la Dispensación de la Gracia), la Dispensación del Espíritu Santo (la Dispensación del Reino).

Estas cosas son conocidas por nosotros porque el Espíritu Santo ha traído al corazón de cada uno de nosotros esa revelación divina. Ha sido un Hecho del Espíritu Santo en nuestras vidas, en nuestros corazones.

Y un sinnúmero más de Hechos del Espíritu Santo podríamos mencionar en la vida de cada uno de ustedes, como también en la vida mía; porque son los Hechos del Espíritu Santo en la Dispensa­ción del Espíritu Santo lo que estamos viendo en este tiempo final.

Yo de mí mismo no he traído el Mensaje, sino que ha sido el Espíritu Santo, el Pilar de fuego, el que me ha dado este Mensaje para cada uno de ustedes. Ningún ser humano, por más inteligente que sea, no puede ver, captar, y establecer un Mensaje de una Edad, y menos de una dispensa­ción.

El Mensaje de la Primera Dispensación lo dió el Pilar de fuego a Moisés. Las leyes y los estatu­tos establecidos en la Dispensación de la Ley fueron dados por el Pilar de fuego a Moi­sés.

El Mensaje de la Dispensación de la Gracia fue dado por el Espíritu Santo, por el Señor a sus apóstoles. Comenzó con Pedro abriéndole la puerta a los gentiles y dándole a conocer el Mensaje para aquella dispensación, y estable­ciendo el fundamen­to de esa dispensación: el sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario como Cordero de Dios.

Luego San Pablo estableció el Evangelio de la Gracia en medio de los gentiles. El mismo Pilar de fuego que dio el Mensaje de la Ley a Moisés, fue quien le dio el Mensaje de la Gracia al apóstol San Pablo, para establecerlo a los gentiles. Y fue establecido el pueblo gentil en la Dispensación de la Gracia, en el Mensaje de la Gracia, en el sacrifi­cio del Señor Jesucristo.

Y es el Pilar de fuego, el Espíritu Santo, en la Dispensación del Reino dándonos el Mensaje del Evangelio del Reino; el cual está fundado, basado, en la obra del Señor Jesucristo como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, con el Título de Propiedad abierto; y llevando a cabo Su obra de reclamo de todo lo que Él redimió con Su Sangre precio­sa.

El Mensaje del Evangelio del Reino no podía ser dado por un hombre, no podía ser estableci­do por un hombre, sino por el Pilar de fuego, la Columna de fuego, que es el Señor Jesucristo, el Señor Jesucristo del Nuevo Testamento, de la Dispensación de la Gracia; el cual es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; es el mismo Dios del Antiguo Testamento, el YO SOY del Anti­guo Testamento, que es el mismo Jesucristo del Nuevo Testamento.

Así que estas cosas no podían venir por conoci­miento humano, sino por la revelación divina traída por el Pilar de fuego, por el Espíri­tu Santo, en la Dispensación del Reino.

Por eso en tiempos pasados solamente pudie­ron hablar los mensajeros de Dios en forma profética de las cosas que acontecerían en el fin del siglo, porque eran cosas que pertenecían a la Dispensa­ción del Reino.

Tanto la trompeta final, con la cual son llama­dos y juntados los escogidos, que es la misma trompeta final que antecede a la Resu­rrección de los muertos en Cristo y a la Trans­formación de los vivos… estas cosas no podían ser reveladas, no podían ser abiertas al público en la Dispensación de la Ley, ni en la Dispensa­ción de la Gracia, porque pertenecen a la Dis­pensación del Reino.

Y el Séptimo Sello que es la Venida de Cristo como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, con el Título de Propiedad abierto, que es el Libro sellado con siete sellos, que Él tomó y abrió en el cielo. Esto no podía aconte­cer, venir o cumplirse (esa obra de reclamo), en Edades o Dispensaciones pasadas, sino en la Dispensación del Reino, para regresar a cada hijo de Dios el Título de Propie­dad, y así que cada hijo de Dios tenga sus derechos a toda promesa hecha para cada hijo de Dios, para que se le materialice cada promesa divina.

Así que con el regreso del Título de Propie­dad, que es el Libro que estaba sellado y fue abierto en el cielo, con el regreso de ese Libro, y con la entrega de ese Libro, de ese Título de Propiedad, a cada hijo de Dios, el cual es entre­gado en Palabra hablada, que es el Mensaje del Evangelio del Reino… Cuando la persona recibe el Evangelio del Reino, el Mensaje de la Dis­pensación del Reino, está recibiendo el Título de Propiedad, está reci­biendo el Libro que fue abierto en el cielo.

Vean ustedes, cuando la persona está reci­bien­do el Mensaje de la Venida del Señor como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, ¿qué está recibiendo? Está recibiendo el Séptimo Sello. Porque el Séptimo Sello es la Venida del Señor como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores.

Y cuando hemos sido llamados y juntados en el Mensaje del Evangelio del Reino, en la Dispen­sación del Reino, estamos bajo la obra del Séptimo Sello, bajo la obra del Señor como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores; estamos bajo la obra de la Segunda Venida del Señor para recibir nuestra transformación y ser raptados; estamos bajo los Hechos del Espíritu Santo en la Venida del Señor como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores; estamos bajo la obra de la Venida del Señor glorificado; estamos bajo los Hechos del Espíritu Santo en la Dispen­sación del Espíritu Santo, preparándonos para nuestra Transformación y para nuestra entrada al glorioso Reino milenial.

Por esa causa la obra del Espíritu Santo en este tiempo final es la introducción al Milenio. La obra o los Hechos del Espíritu Santo son nada menos que el movimiento milenial. El movimiento mile­nial son los Hechos del Espíritu Santo en la Dis­pensación del Reino, en la cual nosotros estamos viviendo: bajo los Hechos del Espíritu Santo correspondientes para la Dispen­sación del Reino.

Así que esperamos que el Pilar de fuego, el Espíritu Santo, continúe llevando a cabo la obra correspondiente para este tiempo, y nosotros podamos continuar viendo y recibiendo los Hechos del Espíritu Santo en esta Dispensación del Reino, y podamos ser cada uno de nosotros instrumentos del Espíritu Santo, y podamos ver los Hechos del Espíritu Santo manifestados a través de cada uno de nosotros en esta Dispensa­ción del Reino, que es la Dispensación del Espíritu Santo, conforme a Su promesa.

Así que conscientes de que estamos viviendo en la Dispensación del Reino, que es la Dispen­sa­ción del Espíritu Santo, continuemos viendo y disfrutando los Hechos del Espíritu Santo en el movimiento milenial, en donde estamos todos nosotros.

Estamos viendo a la juventud mexicana en el movimiento milenial, y yo estoy viendo los Hechos del Espíritu Santo en la juventud mexi­cana en esta Dispensación del Espíritu.

Lo que ha estado ocurriendo en la juventud mexicana, que está en el movimiento milenial, no es otra cosa sino los Hechos del Espíritu Santo manifestándose en la juventud mexicana; y esto mismo está haciendo en la juventud puertorriqueña que está recibiendo el Mensaje del Evangelio del Reino; y esto mismo está haciendo en la juventud latinoamericana.

Por lo tanto estamos viendo los Hechos del Espíritu Santo en la juventud latinoamericana y caribeña en el movimiento milenial; y también estamos viendo los Hechos del Espíritu Santo en los niños; y estamos viendo los Hechos del Espíritu Santo en los adultos; estamos viendo los Hechos del Espíritu Santo en los latinoamerica­nos y caribe­ños que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero; y también veremos el resto de los que tienen sus nombres en el Libro de la Vida, en la otra sección; porque ellos también tienen promesas de que verán los Hechos de la Columna de fuego, del Pilar de fuego, en este tiempo final.

Ellos también verán esa Tercera Etapa manifes­tada, verán al Espíritu Santo en nuestra dispensa­ción realizando las promesas divinas correspondien­tes para este tiempo final.

Así que nosotros continuamos disfrutando los Hechos del Espíritu Santo en la Dispensación del Reino, la Dispensación del Espíritu Santo en el movimiento milenial, que es la introducción al milenio; porque es el Séptimo Sello manifes­tándo­se, revelándose, en esta Tierra; es el Sépti­mo Sello cumpliendo Su obra y realizando lo que Él prome­tió.

Así que estamos viendo los Hechos del Sépti­mo Sello, los Hechos de la Columna de fuego, los Hechos del Espíritu Santo en la Dispensación del Reino, que es la Dispensación del Espíritu Santo, y estamos viendo los Hechos del Espíritu Santo en el movimiento milenial.

Por eso es tan importante estar en el movi­mien­to milenial; porque es ahí donde podemos ver los Hechos del Espíritu Santo en la Dispen­sación del Reino. Y así es que podemos recibir los beneficios, las bendiciones, del Espíritu Santo en el movimien­to milenial.

Así que yo doy testimonio que estoy viendo y estoy disfrutando de los Hechos del Espíritu Santo en el movimiento milenial, y yo sé que ustedes también; porque la presencia de ustedes en esta mañana aquí, y la presencia de ustedes en la Dispensa­ción del Reino, y el Mensaje del Evange­lio del Reino dentro del corazón, dentro del alma de cada uno de ustedes, no es otra cosa sino los Hechos del Espíritu Santo en el movi­miento mile­nial, en el cual hemos sido nosotros introducidos, colocados, para recibir todas las bendiciones de Dios.

Y como antes de recibir una bendición materia­lizada, primero tiene que ser hablada; toda bendi­ción que nosotros escuchamos, que es para noso­tros, será materializada.

Así que estamos recibiendo por la Palabra hablada las bendiciones del Reino. Todas las bendiciones del Reino están siendo habladas, y cuando nosotros las creemos con todo nuestro corazón, son nuestras: “El que venciere, hereda­rá todas las cosas.”

Así que somos herederos de todas las cosas, de toda la herencia de Dios. Y todo esto está siendo hablado en este tiempo final; porque nosotros somos los herederos. Por esa causa es que el Pilar de fuego, el Señor Jesucristo, el Espíritu Santo, está haciendo esta obra que Él prometió para este tiempo final; porque nosotros somos los herederos del Reino de Dios. Y por eso estamos viendo los Hechos del Espíritu Santo en la Tercera Dispensa­ción.

Vimos a través de la historia bíblica los Hechos del Espíritu Santo desde Adán hasta William Marrion Branham: vimos los Hechos del Espíritu Santo en la Dispensación de la Ley, vimos los Hechos del Espíritu Santo en la Dispensación de la Gracia, vimos los Hechos del Espíritu Santo en la Dispensación del Reino, los que ya han sido hechos, los que ya se han convertido en una reali­dad, yo los estoy viendo, y por eso es que yo les doy testimonio de estas cosas que Él está realizan­do y de las cosas que Él realizará.

Por eso les doy testimonio de las cosas que han de acontecer en la Dispensación del Reino; les muestro las cosas que ya han acontecido, les muestro las que están aconteciendo, les muestro las que están en proceso para acontecer, les muestro las que van a acontecer en el Milenio, les muestro también cómo prepararnos para recibir el beneficio de todas estas cosas que acontecerán en la Dispen­sación del Reino; les muestro cómo escapar de los juicios que han de venir y cómo estar en pie delante del Hijo del Hombre en Su Venida en este tiempo final, delante del Hijo del Hombre en el cumplimiento del Séptimo Sello, conforme a la promesa divina; y les muestro cómo estar en pie delante del Hijo del Hombre como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores. Les muestro cómo estar en pie delante del Hijo del Hombre que es el heredero de la Tierra con todo lo que tiene.

Así que mi misión es darle a conocer a ustedes las cosas que han de ser en esta Dispen­sación del Reino, porque ya las cosas que tenían que ser en las dispensaciones anteriores, ya acontecieron. Y si les hablo de las cosas de las dispensaciones ante­riores, les muestro que son cosas que ya acontecie­ron, les estoy dando a conocer la historia bíblica, les estoy dando a conocer la historia de los Hechos del Espíritu Santo en otras dispensaciones, las cuales son un ejemplo para nuestra dispensación; y muchas de las cosas pasadas son tipos y figuras de las cosas que han de acontecer en nuestra dispensa­ción; por lo tanto son Hechos buenos de dispen­sa­ciones pasadas que nos ayudan para que nosotros podamos ver más claramente las cosas que corres­ponden a nuestro tiempo.

Por ejemplo: cuando les hablo de las perso­nas que recibieron la Palabra, las personas que recibie­ron la revelación divina y permanecieron en ese Mensaje, y recibieron las bendiciones de Dios, entonces les muestro esas personas como los verdaderos creyentes, los cuales son tipo y figura de los verdaderos creyentes de la Dispen­sación del Reino que recibirán toda promesa que corresponde para esta dispensación.

Así que nosotros somos como Moisés, como Josué y como Caleb que permanecieron creyen­do la Palabra de Dios; y somos como el apóstol San Pedro y los demás apóstoles que permane­cieron creyendo en el Señor Jesucristo. Y les muestro así los verdaderos creyentes de las dispensaciones pasadas, los cuales son tipo y figura de los verda­deros creyentes de nuestro tiempo. Y también eventos del pasado que son tipo y figura de eventos del presente.

Hemos escuchado a nuestro amado hermano y amigo Miguel Bermúdez Marín decir que Dios vino al Huerto del Edén para un matrimonio: el de Adán y Eva. Y luego en Su Primera Venida vino a otro matrimonio: el de las bodas de Caná. Y en Su Segunda Venida viene para las Bodas del Cordero, para las Bodas de Cristo y Su Novia, Su Esposa, para la unión de Cristo y Su Esposa.

Así que todo esto que nosotros podemos ver que está aconteciendo en nuestro tiempo, no es otra cosa sino los Hechos del Espíritu Santo en el movimiento milenial.

“LOS HECHOS DEL ESPÍRITU SANTO EN EL MOVIMIENTO MILENIAL.”

Gracias a Dios por el movimiento milenial, y gracias a Dios por lo que Él está haciendo. Gracias a Dios por esos Hechos del Espíritu Santo: los que ya han sido realizados, y por los que El realizará en la Dispensación del Reino.

Cada uno de ustedes son una manifesta­ción de los Hechos del Espíritu Santo, y yo también. Nuestra presencia en esta Tierra en un Hecho del Espíritu Santo para esta Terce­ra Dispensa­ción en el movimiento milenial.

“LOS HECHOS DEL ESPÍRITU SANTO EN EL MOVIMIENTO MILENIAL.”

Que Dios nos continúe bendiciendo en el movimiento milenial. Y toda bendición que El nos dé, será un Hecho del Espíritu Santo en el movi­miento milenial.

Que Dios nos continúe bendiciendo a todos, que el Espíritu Santo, el Pilar de fuego, derrame sobre nosotros todas esas bendiciones, todas esas promesas que El ha hecho para esta Dispensa­ción del Reino, que las materialice en cada uno de nosotros, que las haga una realidad en esta Dispen­sación del Reino, que las cumpla, y que nosotros las veamos y las disfrutemos, que se hagan carne en nosotros esas bendiciones en este tiempo final, y sean así los Hechos del Espíritu Santo en cada uno de nosotros en el movimiento milenial.

Es un movimiento que nos llevará al glorio­so Reino milenial, es el único movimiento que llevará a los hijos de Dios al glorioso Reino milenial. Por eso hacemos que llegue el Mensaje a todos los seres humanos, para que todos los que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Corde­ro, y también en la otra sec­ción, reciban el Mensa­je, la Palabra, y puedan entrar al movimiento milenial, para tener prome­sas del glorioso Reino milenial.

Así que esperamos que Dios continúe derra­mando Sus bendiciones en este glorioso movi­mien­to milenial; que derrame Sus bendiciones sobre los niños, sobre los jóvenes, y sobre los adultos tam­bién. Y así entremos pronto al glo­rioso Reino milenial.

Trabajemos en el movimiento milenial, porque es el único movimiento que tiene prome­sas para el milenio y para toda la eternidad; porque es el movimiento del Espíritu Santo en la Dispensación del Reino. Y las cosas que Él hace son los Hechos del Espíritu Santo en el movi­miento milenial.

Que Dios nos continúe bendiciendo a todos, que el Espíritu Santo nos continúe bendiciendo a todos, y que pronto se materialice la Transfor­ma­ción de nuestros cuerpos, conforme a Su promesa. Y esa también es una obra del Espíritu Santo prometida para cada uno de nosotros. En esa parte podemos estar tranquilos, porque Dios hará esa obra, será un Hecho del Espíritu Santo en cada uno de nosotros. Muy pronto será materializada esa prome­sa en cada uno de nosotros.

Así que vale la pena luchar, vale la pena estar en el movimiento milenial; porque es en el movi­miento milenial en donde estamos viendo los Hechos del Espíritu Santo, porque es la Dispensa­ción del Reino, la Dispensación del Espíritu Santo.

Así que yo le doy gracias a Dios por estar en la Dispensación del Reino, la Dispensación del Espíritu Santo, le doy gracias a Dios por todo lo que Él me ha mostrado, le doy gracias a Dios por todo lo que Él ha hecho; y doy testimonio de que no he sido yo, sino que ha sido Dios.

Los Hechos del Espíritu Santo son los que ustedes han visto, y son los que yo he visto tam­bién.

Así que la Gloria pertenece al Señor, al Espíri­tu Santo, al Pilar de fuego, que está con nosotros, que está en medio nuestro, que está en nuestra dispensación, que está dándonos Su Mensaje para la Tercera Dispensación, y está realizando cada promesa que El ha hecho para el fin del tiempo. Por eso podemos decir con certeza, sin lugar a equivocarnos, que nosotros estamos viendo los Hechos del Espíritu Santo en el movimiento mile­nial.

Muchas gracias por vuestra amable atención, y será hasta la tarde; pues estaremos tempranito aquí, será todavía de día, pero allá en el Brasil ya estará de noche, pero lo importante es estar en el movi­miento milenial, donde están todas las promesas divinas, y donde Él prometió manifes­tarse, realizar Sus promesas.

Por lo tanto, el movimiento milenial es quien tendrá los Hechos del Espíritu Santo en la Dispen­sación del Reino, en el comienzo de la Dispensa­ción del Reino.

Así que en el milenio continuarán los He­chos del Espíritu Santo, porque es la Dispensa­ción del Espíritu Santo, el cual estará realizando el glorioso Reino milenial.

Esperamos que Dios continúe dándonos a conocer todas estas cosas, estas promesas que corresponden para la Dispensación del Reino, la Dispensación del Espíritu Santo; porque sin el conocimiento de la Dispensación del Reino, y las cosas que deben acontecer en la Dispensa­ción del Reino, no hay bendición para ninguna persona.

Dios hablando del pueblo hebreo dice: “Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimien­to.” [Oseas 4:6]. Y la falta del conocimiento del programa divino para una Edad o una dispensa­ción es lo que siempre ha ocasionado que las personas pierdan la bendición que Dios tiene en esa Edad y en esa dispensación, y han sido siempre las cosas que han ocasionado que rechacen al mensajero y al Mensaje.

Cuando el Señor Jesucristo lloró sobre Jerusa­lén, dijo: «¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas está encubierto de tus ojos.» (San Lucas 19:42). Pero si tan sólo conocieras… Pero Jeru­salén no conoció, le faltó el conocimiento del programa divino para ese tiempo. Se quedaron en la Ley, cuando ya había comenzado la Gra­cia; se quedaron en la Dispensación del Padre, cuando estaba co­menzando la Dispensación del Hijo.

La falta del conocimiento de una dispensa­ción y la forma en que Dios se manifiesta en esa dis­pensación es lo que ha ocasionado que el juicio divino venga sobre una persona o sobre una nación. Pero el tener el conocimiento del programa divino para esa dispensación es lo que ha ocasionado que las bendiciones de Dios se derramen sobre esas personas: La diferencia está en tener o no tener el conocimiento del progra­ma divino para ese tiempo.

Jesús dijo: «Como fue en los días de Noé, que no conocieron, hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos.» Los que no conocieron ¿qué les pasó? Vino el diluvio, los juicios divinos, y se los llevó a todos. Los que sí cono­cieron se metieron al arca, y vino el diluvio, y el agua del diluvio los levantó, y se salvaron, y pasaron a una nueva generación que comenzó con Noé y su familia.

Los que no conocieron, perecieron y no se nombró más de ellos hasta que recibieron la visita de Jesús allá en el infierno, donde se encontraban; y Jesús les predicó a ellos, conde­nando la incredu­lidad de ellos, no para salva­ción, sino para conde­nación. El apareció allá y los condenó por no creer en Noé y su Mensaje.

Las obras del Espíritu estaban en Noé dando a conocer el Mensaje y en la construcción del arca. Era Dios en Noé.

Así le pasó también al pueblo hebreo, que no conocieron, y perdieron la bendición de Dios, y les vino el juicio; porque el ignorante nunca se merece las bendiciones de Dios; el que ignora el programa divino se merece lo que Dios le da: el juicio divino; porque no le valen las bendiciones a los que ignoran el programa de Dios.

Al pueblo hebreo, a Jerusalén, Él le dijo: “Pero si conocieras lo que toca a tu paz.” Él dijo: “Co­mo la gallina junta a sus pollitos, yo quise juntarlos a ustedes, pero ustedes no quisie­ron.” ¿Dónde los iba a juntar? En la Dispensa­ción de la Gracia, en una nueva dispensación.

Jesús les dijo: “Mas ahora está encubierto de tus ojos. Por lo tanto, en vez de las bendicio­nes te cercarán con ejércitos, y matarán a tus hijos en medio de la ciudad, y no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada; por cuanto no conocis­te el día de tu visitación.”

Por eso para el fin del tiempo Jesús envía a Su Ángel para dar testimonio de estas cosas, para dar a conocer a Sus siervos las cosas que deben acon­tecer, para que no vengan los juicios divinos sobre los escogidos, sino que vengan las bendiciones de Dios. Por eso es tan importante conocer todo el programa divino que correspon­de a nuestra Dispen­sación.

No es asunto de decir: “Yo voy a la activi­dad por escuchar los cánticos, o porque los demás van.” No. Yo voy a las actividades porque soy un escogido y he sido ordenado por Dios para entender las cosas que deben aconte­cer en este tiempo final, en la Dispensación del Reino; porque los entendidos entenderán, y yo soy uno de esos entendidos; y por eso yo estoy presente para escuchar las cosas que deben acontecer, las cuales son dadas a conocer por el Espíritu Santo en la Dispensación del Espíritu a través de Su Angel mensajero. Y es la única forma de conocer las cosas que deben acontecer para poder recibir las bendiciones de Dios.

Por eso es que estamos en la Dispensación del Reino en el movimiento milenial, en donde esta­mos viendo los Hechos, las obras, del Espíri­tu Santo en el movimiento milenial, el movi­miento del Espíritu Santo que nos llevará a la Transforma­ción de nuestro cuerpo, y que traerá a los muertos en Cristo, los resucitará, y vendrán en cuerpos eternos, y nos llevará a todos en el rapto o trasla­ción, para ir a recibir los galardo­nes de acuerdo a nuestro trabajo en el Señor. Y luego en el glorioso Reino milenial, allí estare­mos como Reyes y Sacerdotes, disfrutando lo que hemos trabajado aquí en la Tierra, y aquello para lo cual hemos sido nosotros predestinados, escogidos y enviados a este planeta Tierra.

Así que estaremos disfrutando nuestra heren­cia en el glorioso Reino milenial, y para eso necesita­mos conocer el programa divino de la Dispensación del Reino, la Dispensación del Espíritu Santo, y eso es lo que Dios hace: dándonos a conocer Su programa y haciendo la obra que le corresponde hacer en la Dispensa­ción del Reino.

Así que hacia adelante en el movimiento milenial, viendo los Hechos del Espíritu Santo en el movimiento milenial, y siendo participan­tes de esos Hechos del Espíritu Santo.

“LOS HECHOS DEL ESPÍRITU SANTO EN EL MOVIMIENTO MILENIAL.”

Que Dios siga obrando, que siga manifestán­do­se. Hay muchas cosas que todavía no se han cumplido. Algunas personas quizás me han visto preparando un sinnúmero de cosas, y quizás pueden decir: “¿Y por qué estás preparando esto o lo otro, si todavía no está cumplida tal o cual promesa?” Antes del cumplimiento de toda promesa hay una preparación. Y para recibir el cumplimiento de una promesa hay una preparación en el pueblo, y en la persona.

Y yo me estoy preparando para los Hechos del Espíritu Santo que faltan por ser realizados, y me estoy preparando para que Él me use en la forma en que Él desea usarme en esta Dispensa­ción del Reino.

Y a ustedes yo les digo: “Estén preparados también, para que sean instrumentos del Espíritu Santo en esta Dispensación del Reino.” Yo me estoy preparando, y estoy preparando todo lo que tenga que preparar; y también con el Men­saje los estoy preparando a ustedes para que reciban las bendiciones de Dios en esta Dispen­sación del Reino.

Estamos viviendo en “LOS HECHOS DEL ESPÍRITU SANTO EN EL MOVIMIENTO MILENIAL.”

Continuemos disfrutando los hechos del Espíri­tu Santo en el Movimiento Milenial.

Que Dios continúe bendiciendonos a todos y hasta las cinco de la tarde, Dios mediante, que son las siete de la noche en Puerto Rico.

Así que muchas gracias por vuestra amable atención, cada uno de ustedes aquí en Monte­rrey, y también cada uno de ustedes allá en Puerto Rico, y cada uno de ustedes en los diferentes países de la América Latina y del Caribe, y ustedes también allá en los diferentes lugares de Norteamérica que están escuchando en esta mañana.

Continúen pasando un día feliz lleno de las bendiciones de Dios. Y con nosotros nuevamen­te Miguel Bermúdez Marín.

“LOS HECHOS DEL ESPÍRITU SANTO EN EL MOVIMIENTO MILENIAL.”

 

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