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Melquisedec visita Su pueblo
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Melquisedec visita Su pueblo

Muy buenas noches, amados amigos presentes y hermanos aquí en Pereira, Colombia, y también ustedes en Bogotá y diferentes lugares de Colombia; y ustedes también allá en Cayey, Puerto Rico; y ustedes también en Venezuela, diferentes lugares de Venezuela, diferentes lugares de México y diferentes lugares de la América Latina y también de Norteamérica.

Que Dios los bendiga grandemente a todos y en esta noche Sus bendiciones desciendan sobre cada uno de ustedes y de mí también.

En la carta de San Pablo a los Hebreos, capítulo 7, dice:

“Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo,

a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz;

sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.

Considerad, pues, cuán grande era éste, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín.

Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque éstos también hayan salido de los lomos de Abraham.

Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas.

Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor.

Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive.

Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos;

porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro”.

“MELQUISEDEC VISITA SU PUEBLO”.

Para entender la visita de Melquisedec a Su pueblo, es necesario conocer quién es Melquisedec. Melquisedec es el Dios Todopoderoso, que en un cuerpo teofánico —en Su cuerpo teofánico— se manifestó a Abraham en aquella ocasión. Y encontramos que no tiene principio de días ni fin de días, sino que es el Eterno, el Dios eterno, el Rey de los Cielos y de la Tierra.

Aquí apareció como Rey de Paz; y aquí aparece como Rey de Paz y Rey de Salem y Rey de Justicia. Y le apareció a Abraham para un propósito muy especial: Encontramos que Melquisedec le dio pan y vino a Abraham.

Esto representa que, a los hijos de Abraham, Dios en el fin del tiempo les dará de Sí mismo, para que así se hagan carne de la Palabra y la Palabra se haga carne en ellos, y así ellos puedan recibir la bendición divina.

En este tiempo final en cual nosotros vivimos es que nosotros recibimos parte de Cristo y nos convertiremos a imagen y semejanza del Señor Jesucristo. Así que Él nos da el Pan y el Vino para, así, que cada uno de nosotros podamos recibir la bendición divina.

Ahora, también dice: “… y bendijo al que tenía las promesas”.

¿Ve usted? le dio – tomó los diezmos y le dio pan y vino, y bendijo a Abraham el patriarca, el Padre de la Fe.

Cuando Melquisedec estuvo visitando a Abraham, allí estaban en Abraham todos los hijos de Abraham por la carne y por la fe, representados en Abraham. Pues la promesa a Abraham era que sería padre de naciones y que de él Dios levantaría un pueblo, una nación, la cual es el pueblo hebreo según la carne; pero por la fe Él levantaría un pueblo, por la fe de Abraham —la fe, que es la fe en Cristo— un pueblo sería levantado.

Ahora, todo esto que le aconteció a Abraham en esta ocasión (así como en otras ocasiones), está dando testimonio que también a todos los hijos de Abraham, Melquisedec le aparecería.

Ahora, a los hijos de Abraham según la carne, dos mil años atrás, Melquisedec les apareció en Su manifestación en carne humana. Por eso usted encuentra que el apóstol San Pablo cuando habla del Señor Jesucristo dice que es Sacerdote, Sumo Pontífice, Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec.

Ahora, el Melquisedec que le apareció a Abraham el Padre de la Fe, el padre del pueblo hebreo, es el Jesús de Nazaret que le apareció a la simiente de Abraham según la carne dos mil años atrás.

Así que encontramos que Melquisedec se hizo carne y se manifestó en medio del pueblo hebreo; y allí estuvo hablándole al pueblo hebreo y vino con la bendición divina, la cual el pueblo hebreo rechazó.

Ahora, luego de manifestarse al pueblo hebreo Él comenzó Su Obra, la Obra del Cordero de Dios, y quitó el pecado del mundo en la Cruz del Calvario. Y luego de eso resucitó y ascendió al Cielo 40 días después de Su resurrección; y en el Lugar de Intercesión en el Cielo ha estado haciendo intercesión por los hijos de Abraham, por la simiente de Abraham.

Por la simiente de Abraham según la fe Él ha estado haciendo intercesión, pues ellos tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero. Y cuando concluye esa labor en el Cielo, Él toma – sale del Lugar de Intercesión y toma el Libro que está en la mano del Dios Todopoderoso, que está sentado en el Trono; toma ese Librito que tiene en la mano derecha el Dios Todopoderoso, porque es el Libro de la Redención, el Título de Propiedad de los Cielos y de la Tierra, y ahí están escritos los nombres de todas aquellas personas por las cuales el Señor Jesucristo murió en la Cruz del Calvario.

Ahora, Él toma ese Librito sellado, cerrado con siete sellos, lo abre en el Cielo y reclama todo lo que Él redimió con Su Sangre preciosa, y reclama toda la Creación; porque Él con Su Sangre preciosa pagó el precio de la redención, pagó el precio para el regreso de toda la Creación a su posición original.

Por eso el apóstol San Pablo, hablándonos en la carta a los Romanos, en el capítulo 8, Él nos dice de la siguiente manera, hablándonos de la Creación y de todos los hijos de Dios. Dice, verso 17 en adelante, del capítulo 8 de Romanos…, verso 16 en adelante:

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.

Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza;

porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;

y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.

Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo?

Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos”.

Y verso 28 en adelante, de este mismo capítulo 8 de Romanos, dice San Pablo:

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos”.

Aquí tenemos a la Creación gimiendo y a cada uno de los hijos de Dios gimiendo por la manifestación gloriosa de los Hijos de Dios. Es a saber: la adopción, la redención de nuestros cuerpos; o sea, la transformación de nuestros cuerpos (los que estamos vivos) y la resurrección de los que partieron, murieron en el pasado; porque nuestros cuerpos serán redimidos y tendremos un cuerpo eterno, a imagen y semejanza del Señor Jesucristo.

Pero esto no podía hacerse antes del Señor Jesucristo tomar ese Título de Propiedad, ese Librito que Él tomó y abrió en el Cielo, porque ese es el Libro de la Redención; y para llevarse a cabo la redención de nuestros cuerpos se requiere ese Libro de la Redención, para la persona tener derecho a la redención y el Señor Jesucristo tener derecho a hacer Su reclamo de todo lo que Él redimió, de todos los hijos de Dios y de toda la Creación, la cual Él redimió con Su Sangre preciosa, para, la Creación completa (incluyendo a los hijos de Dios), puedan regresar a la vida eterna.

Así que con la toma de ese Librito, de ese Título de Propiedad, se comienza el ciclo divino del reclamo de toda la Creación divina, incluyendo a los hijos de Dios. Y encontramos que luego que Él posee ese Libro en el Cielo, Él desciende a la Tierra en Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 en adelante, con ese Librito abierto en Su mano.

Y quiero leer este pasaje, ya que es un pasaje muy significativo para cada uno de los hijos de Dios. Apocalipsis, capítulo 10, dice:

“Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.

Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra”.

Es el Señor Jesucristo descendiendo a la Tierra con el Título de Propiedad abierto en Su mano y con el arco iris alrededor de Su cabeza; pues el arco iris siempre acompaña al que tiene ese Librito en Su mano.

“Su rostro como el sol”, pues la promesa de la Venida del Señor es en Malaquías, capítulo 4, verso 1 en adelante: “a los que temen mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá (salud) salvación”.

Esto lo encontramos en Malaquías, capítulo 4, en donde nos habla también de la destrucción del reino de los gentiles. Vean ustedes, la Venida del Señor está señalada para el tiempo en que el reino de los gentiles ha de ser destruido.

Dice Malaquías, capítulo 4, verso 1 en adelante:

“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.

Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.

 Hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo actúe, ha dicho Jehová de los ejércitos”.

Ahora, dice que caminaremos sobre las cenizas de los malos, de los que serán quemados con ese fuego que caerá sobre el reino de los gentiles y los abrasará, ha dicho el Señor; y caminaremos durante el Reino Milenial (durante el Milenio) sobre la ceniza de ellos, pues ya serán cenizas para el tiempo del Reino Milenial; pues la promesa es que la Piedra no cortada de manos hiere la imagen en los pies de hierro y de barro cocido, y desmenuza los pies de hierro y de barro cocido y desmenuza la estatua completa, que representa el reino de los gentiles, y no les dejará ni raíz ni rama.

Ahora, para este tiempo final en que estas cosas han de acontecer, tenemos la promesa para los que temen el Nombre del Señor: “A los que temen mi nombre, nacerá el Sol de Justicia, y en Sus alas traerá salvación”; la salvación para nuestra redención del cuerpo, para nuestra transformación.

Ahora, vean ustedes que la Segunda Venida del Señor está prometida como el Sol de Justicia, y en sus alas trayéndole a los hijos de Dios salvación.

Tenemos aquí la promesa de la visita de Melquisedec a Su pueblo en el fin del tiempo para traerle salvación y vida eterna a todos los hijos de Dios, a toda la simiente de Abraham; para la simiente de Abraham según la fe, primeramente, y luego para la simiente de Abraham según la carne.

Aquí tenemos la promesa de la visita de Melquisedec a Su pueblo, para el fin del tiempo, como el Sol de Justicia.

Por eso en Apocalipsis, capítulo 10, podemos ver la Segunda Venida de Cristo como el Ángel Fuerte con Su rostro como el sol, pues así está establecida la promesa de la Segunda Venida del Señor. Y viene con el Librito abierto en Su mano; lo cual significa que la redención del cuerpo de cada escogido se llevará a cabo en este tiempo final, en la visita de Melquisedec a Su pueblo.

Él viene con ese Libro de bendición, Él viene para darle a cada hijo de Abraham por la fe, darle de Sí mismo. Él nos dará de Sí mismo para que así podamos ser a imagen y semejanza del Señor Jesucristo; y Él, así como vino y le dio pan y vino a Abraham y luego lo bendijo, Él viene para darnos de Sí mismo y luego bendecirnos a cada uno de nosotros en esta visita del fin del tiempo: LA VISITA DE MELQUISEDEC A SU PUEBLO ESCOGIDO DEL FIN DEL TIEMPO.

Ahora, encontramos que el Señor Jesucristo estuvo manifestándose por medio de cada uno de Sus profetas mensajeros en el Antiguo Testamento, y luego se manifestó en toda Su plenitud en medio del pueblo hebreo, en la persona del Señor Jesucristo; y aquella fue la visita de Melquisedec en carne humana. Luego, encontramos que a través de las edades de la Iglesia gentil, el Señor Jesucristo, Melquisedec, estuvo manifestándose por medio de cada uno de sus ángeles mensajeros de cada edad.

Ahora, vean ustedes, el apóstol San Pablo decía: “No vivo ya yo, vive Cristo en mí”. Ahora, Cristo estaba viviendo en el apóstol San Pablo como Cordero de Dios, en Su Obra de Cordero de Dios; y San Pablo era un velo de carne, un trono de carne a través del cual el Señor Jesucristo, el Rey Melquisedec, Rey de Paz y Rey de Salem estaba manifestándose, pero en Su Obra como Cordero de Dios y como Sumo Sacerdote; y así llevando a cabo una Obra en la primera edad.

Luego en la segunda edad se manifestó nuevamente el Rey Melquisedec, pero se manifestó como Cordero de Dios. Luego también en el segundo, en el tercero, en el cuarto mensajero, en el quinto mensajero, en el sexto mensajero y en el séptimo mensajero también se manifestó. Y visitó a Su pueblo en esa manifestación que tuvo en el séptimo mensajero, como también en cada uno de los seis mensajeros anteriores; una visita a Su pueblo en cada uno de los lugares en donde estaba Su pueblo en la manifestación de Melquisedec en cada una de las edades.

La última edad, la Edad de la Laodicea, cumplida en Norteamérica; y el Rey Melquisedec como Sacerdote, como Sumo Sacerdote y como Cordero de Dios, se manifestó en el séptimo mensajero, en William Marrion Branham, norteamericano, mensajero con el espíritu y virtud de Elías en su cuarta manifestación.

Todos estos lugares en donde aparecieron las siete etapas o edades de la Iglesia gentil y los siete mensajeros, fueron lugares de manifestación de Melquisedec como Sacerdote y como Cordero de Dios.

Luego hemos llegado al fin del tiempo, en donde las edades de la Iglesia gentil han terminado, ya no hay más tiempo para las siete etapas o edades de la Iglesia gentil, el tiempo no es más para las edades de la Iglesia gentil; por lo tanto, hemos llegado a una nueva dispensación.

La segunda dispensación ha concluido, el tiempo no es más para la segunda dispensación. El tiempo ha terminado para la segunda dispensación, pero ha comenzado la tercera dispensación. Y el Ángel Fuerte, el Señor Jesucristo, en este tiempo final aparece en Su manifestación final como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores. Es MELQUISEDEC VISITANDO A SU PUEBLO: A LA SIMIENTE DE ABRAHAM POR LA FE.

En este tiempo final, así como el Señor Jesucristo, Melquisedec, se manifestó en cada uno de los siete mensajeros de la segunda dispensación, Él en esta tercera dispensación dice: “Yo Jesús he enviado mi ángel para dar testimonio de estas cosas” en las iglesias, a todas las naciones, a todos los seres humanos, para dar testimonio de todo el Programa Divino de las cosas que deben acontecer en este tiempo final, para dar testimonio de la visita de Melquisedec a Su pueblo, conforme a la promesa que Él hizo para todos Sus hijos.

Y dice también, en Apocalipsis 22, verso 6: “Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

El Señor Jesucristo en este tiempo final, en Su manifestación final, conforme a Sus promesas para Su manifestación como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, Él envía Su velo de carne, su último profeta mensajero, el Benjamín de los profetas: ese es el Ángel del Señor Jesucristo, para la manifestación del Señor Jesucristo como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, para así cumplirse la visita de Melquisedec a Su pueblo en este tiempo final.

Y le ha tocado a la América Latina la visita de Melquisedec a Su pueblo en este tiempo de final, como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, para darles de Sí mismo.

Él es la Palabra; y cuando Él nos da Su Palabra, Él nos está dando de Sí mismo, para que esa Palabra – para que Cristo, la Palabra, se haga carne en cada uno de nosotros y nosotros nos hagamos la Palabra manifestada en carne de este tiempo final.

Así que Él nos da Su Pan y Su Vino y nos bendice con la Bendición de la Primogenitura en este tiempo final.

Cuando Él visitó a Abraham, Él lo bendijo y dijo: “Bendito sea Abraham del Dios del Cielo”; y bendijo así a Abraham. En Génesis, capítulo 14, encontramos esa bendición que le echó Melquisedec a Abraham.

Génesis, capítulo 14, verso 17 en adelante, dice:

“Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey.

Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino;

y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra;

y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo”.

Aquí tenemos la bendición que echó Melquisedec sobre Abraham, la bendición del Dios Altísimo; y esa es la bendición que la simiente de Abraham según la fe necesita en este tiempo final para nuestro regreso a la tierra prometida del nuevo cuerpo y nuestro regreso a la vida eterna. Y en este tiempo final, Él nos da Pan y Vino y Su bendición celestial a cada uno para nuestro regreso a la vida eterna.

LA VISITA DE MELQUISEDEC EN EL TIEMPO FINAL A LOS HIJOS DE ABRAHAM POR LA FE. Esta visita, es la visita más grande del Señor Jesucristo, Melquisedec, el Rey de reyes y Señor de señores, el León de la tribu de Judá en Su manifestación en este tiempo final.

Ya la bendición para las otras manifestaciones se cumplió en los diferentes lugares en donde Él apareció manifestado en cada ángel mensajero; pero queda la bendición más grande, la bendición de la visita de Melquisedec como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Ángel Mensajero en este tiempo final. Y todo esto en la América Latina, Puerto Rico y todo el Caribe.

“MELQUISEDEC VISITA SU PUEBLO”.

Es la visita del Rey Melquisedec. Así como lo hizo en cada edad por cada uno de los ángeles mensajeros, manifestado como Cordero de Dios y como Sumo Sacerdote, en este tiempo final hace esa visita a Sus hijos, a Su pueblo, como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores; por eso, “la revelación de Jesucristo que Dios le dio”, Él dijo que la enviaría por medio de Su Ángel.

Y tenemos la revelación de Jesucristo como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores. Es la revelación, la manifestación de Melquisedec visitando a Su pueblo en este tiempo final. Y esta visita la lleva a cabo en Puerto Rico, el Caribe y toda la América Latina.

MELQUISEDEC VISITANDO A SU PUEBLO LATINOAMERICANO que vive en este tiempo final.

“MELQUISEDEC VISITA SU PUEBLO”.

Con nosotros nuevamente José Neftalí Díaz, para concluir nuestra parte en esta noche.

Muchas gracias por vuestra amable atención, ustedes aquí en Pereira, en Colombia, ustedes en todos los lugares en Colombia; y también a cada uno de ustedes allá en Cayey, Puerto Rico, y demás lugares de la América Latina y de Norteamérica.

Miguel Bermúdez Marín, que Dios te bendiga grandemente, te siga usando poderosamente; y a cada uno de ustedes.

Que las bendiciones del Dios Altísimo sean sobre cada uno de ustedes: hijos e hijas del Dios Altísimo, en esta visita de Melquisedec a Su pueblo latinoamericano.

Con nosotros, José Neptalí Díaz, para concluir nuestra parte. Y en lo que él llega: ¡Adelante con la bendición del Dios Altísimo!, que es la bendición que Él está derramando sobre cada uno de Sus hijos, de los hijos de Abraham según la fe. Es la bendición del Dios Altísimo sobre cada uno de Sus hijos.

¡Dios les bendiga desde el Cielo! Y que pronto regresemos a la vida eterna con un cuerpo eterno, como Dios ha prometido para cada uno de nosotros.

Dios les bendiga y Dios les guarde a todos.

“MELQUISEDEC VISITA SU PUEBLO”.

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