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Las cosas que debemos conocer
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Las cosas que debemos conocer

Es para mí un privilegio muy grande estar entre ustedes en esta hermosa mañana, para verles, saludarles, y desearles a todos feliz Navidad y un próspero año nuevo.

Ya, como han escuchado, estaré viajando en esta próxima semana, en un recorrido un poquito largo, pero es el último de este año y el primero del próximo año. Así que cubrirá parte de este año, fin de este año y principio del otro.

Así que para nosotros es muy, muy importante, terminar el año trabajando y comenzarlo trabajando también; y dando a conocer las cosas que debemos conocer.

Hay cosas que debemos conocer en nuestro tiempo, que son las más importantes para la vida de cada ser humano, y esas son las cosas que queremos dar a conocer en este tiempo.

Y dijo el apóstol San Pablo en una ocasión, escribiendo allá a los Colosenses, en el capítulo 1 y verso 9, dijo:

“Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual…”.

“… y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad…”.

Es necesario conocer, en el tiempo en que uno vive, las cosas que corresponden en el Programa Divino; porque de otra forma viviríamos aquí sobre la Tierra como vivieron las personas de otras generaciones, de otras edades y otras dispensaciones: que no conocieron la Obra de Dios, la voluntad de Dios para el tiempo en que ellos vivieron; y por la falta de conocimiento, dice Dios allá en el libro del profeta Oseas1: “El pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento”.

Y dice también el Señor Jesucristo que el pueblo hebreo, Jerusalén, no conoció el tiempo de Su Visitación, el tiempo de la manifestación de Dios en carne humana, el tiempo del Verbo, la Palabra, hecho carne. Y dice: “Por cuanto no conocisteis, ejércitos te rodearán”2. Y dijo también que no quedaría piedra sobre piedra allá en Jerusalén3, y el templo sería destruido; todo eso por la falta de conocimiento.

Pero allá la gente de aquel tiempo, los sacerdotes, aquellos levitas, aquellos fariseos y saduceos, y el sumo sacerdote, eran personas de mucho conocimiento, habían estudiado mucho, conocían mucho, eran muy inteligentes; pero no conocieron el tiempo de la Visitación Divina en carne humana, lo cual era la voluntad de Dios para aquel tiempo, lo cual tenía que ser conocido por la gente que vivía en aquel tiempo.

Conocer aquella manifestación de Dios en carne, la Visitación Divina, era tener el conocimiento más grande que un ser humano podía tener, y era el ser humano más inteligente que había sobre la Tierra.

Pero ese conocimiento, esa inteligencia, siendo una inteligencia y conocimiento divino, tenía que venir de parte de Dios, tenía que venir del Cielo, porque en la Tierra no se enseñaba eso.

Usted puede ver que en el tiempo del Señor Jesucristo nadie en los seminarios, en las instituciones religiosas de aquel tiempo, nadie autorizado por las organizaciones religiosas de aquel tiempo, por el sumo sacerdote, por el ministerio sacerdotal de aquel tiempo, nadie estaba enseñando las cosas que la gente tenía que conocer en aquellos días.

¿Quién comenzó a enseñar acerca de esto? Fue Juan el Bautista; y continuó el Señor Jesucristo luego que Juan el Bautista lo había presentado como el hombre que vendría después de él para quitar el pecado del mundo, y para bautizar con Espíritu Santo y Fuego4. Solamente dos personas, dos ministros, estaban enseñando lo que la gente tenía que conocer.

Y lo raro del caso fue que ninguno de esos dos ministros fue ordenado por las instituciones religiosas de aquel tiempo; sin embargo, eran las únicas dos personas, los únicos dos ministros que habían surgido en la historia de la raza humana de aquel tiempo con el correcto conocimiento de lo que se tenía que enseñar en aquel tiempo y de lo que Dios estaba llevando a cabo en aquellos días; lo cual es lo más importante para el ser humano, lo cual el ser humano debe conocer.

Pero vean ustedes, las personas que tuvieron a cargo esa enseñanza, dar a conocer esas cosas, no habían sido ordenados por ninguna institución religiosa (como ministros), ordenados para enseñar las cosas religiosas, las cosas espirituales. Es que ambos eran profetas; y a los profetas no los envía ni los ordena ninguna institución religiosa aquí en la Tierra, porque han sido ordenados directamente desde el Cielo, conforme al orden divino.

Así que para dar a conocer la voluntad de Dios para el tiempo en que Dios desea dar a conocer lo que Él está haciendo en la Tierra, Él siempre ha enviado una persona ordenada directamente desde el Cielo, desde Su Trono. Y su orden o su identificación como ministro es del Cielo, aunque no tenga de aquí de la Tierra ni siquiera una tarjeta que lo identifique como ministro. Juan el Bautista y Jesús de Nazaret eran esa clase de ministros.

Ahora, hablando la Escritura de Jesús de Nazaret, aunque no era un ministro ordenado por la religión hebrea, ordenado por el sumo sacerdote que estaba allá en Jerusalén; sin embargo, era el Sumo Sacerdote más grande que podía pisar esta Tierra, era un Sumo Sacerdote mayor que el sumo sacerdote que el pueblo hebreo tenía; y no menospreciando al sacerdote hebreo que tenía la religión hebrea, sino que la Obra Divina que correspondía para ese tiempo no podía ser llevada a cabo por el sumo sacerdote de la religión hebrea, no podía ser llevada a cabo por el sumo sacerdote del judaísmo, no podía ser llevada a cabo esa Obra por el sumo sacerdote según el orden levítico; sino que se necesitaba un Sacerdote según el Orden de Melquisedec. Y allí sobre la Tierra, en aquellos días, estaban los dos Sumos Sacerdotes más grandes: uno de la Tierra, el otro del Cielo.

Y la Obra de Dios siempre ha sido llevada a cabo directamente desde el Cielo, siendo enviado el mensajero que corresponde para cada edad o dispensación; para, así, que la Obra no sea obra de hombres, sino la Obra de Dios a través de hombres, de seres humanos.

La Obra de aquel tiempo era la Obra que todos tenían que conocer. Y no conocer la Obra Divina de aquel tiempo significaba algo muy triste, muy lamentable para el pueblo hebreo; significaba que…

Cuando la Obra de Dios es llevada a cabo en la Tierra en una edad o dispensación, juntamente con esa Obra viene la bendición y la maldición, juntamente con esa Obra viene un beneficio para aquellos que viven sobre la Tierra; para unos, positivo; para otros, negativo; depende de la actitud asumida por la persona frente a la Obra Divina que está siendo llevada a cabo, cuando esa persona escucha lo que está aconteciendo en la forma que debe escucharlo; o sea, como el Mensaje que viene directamente del Enviado de Dios para ese tiempo en que se está llevando a cabo esa Obra.

Ahora, ese Mensaje llega a la Tierra a través de ese mensajero, porque él lo captó: estando en la Tierra lo captó en otro mundo, en otra dimensión. Y luego que él comienza a darlo a conocer, entonces aparecen en la escena los que han sido ordenados para recibir ese Mensaje. Porque dijo el Señor Jesús: “Mis ovejas oyen mi Voz, y me siguen”5.

Siempre que la Voz del Señor es oída en la Tierra, hay ovejas del Señor sobre la Tierra; porque, de otra forma, de nada valdría un Mensaje sobre la Tierra si no hay quién lo reciba.

Ahora, también aparecen, en ese llamado, aparecen de en medio de los que han sido llamados, los que tendrán a su cargo llevar ese Mensaje por los diferentes lugares, para que ese Mensaje llegue hasta el último de los elegidos que viven sobre la Tierra en ese tiempo. Porque es necesario que, todos aquellos que están escritos en el Libro de la Vida, oigan y conozcan lo que deben conocer en ese tiempo, de la Obra que Dios está llevando a cabo, de las cosas que están siendo realizadas en el Programa Divino, conforme a lo que está prometido.

Ningún elegido podrá permanecer equivocado, errado, creyendo tonterías incorrectas, cuando llega el Mensaje que da a conocer las cosas que todos deben conocer en el tiempo en que aparece ese Mensaje. Cuando aparece ese Mensaje, entonces el entendimiento de la gente se abre para conocer lo que deben conocer. El entendimiento de los elegidos es abierto con ese Mensaje, porque ese Mensaje tiene la llave para abrir, y ninguno podrá cerrar; y para cerrar cuando quiera cerrar, y ninguno podrá abrir.

Puede cerrar una edad, si es un Mensaje de una edad; y abrir una nueva edad. Y nadie podrá abrir de nuevo la vieja edad que fue cerrada, y nadie podrá cerrar la nueva edad que comenzó.

Y cuando es un mensajero dispensacional con un Mensaje dispensacional: él cerrará la dispensación que ha terminado y abrirá la nueva dispensación; y nadie podrá abrir la vieja dispensación para que funcione ante la presencia de Dios; y nadie podrá cerrar la nueva dispensación que él abre.

Y nadie podrá impedir que funcione esa nueva dispensación —ante la presencia de Dios— para beneficio de todos los que entran a esa nueva dispensación; nadie podrá impedir los beneficios de esa nueva dispensación para las personas que entran a esa nueva dispensación.

Y eso es lo que se debe conocer en cada edad o en cada dispensación cuando eso acontece. Y nosotros tenemos para nuestro tiempo las cosas que debemos conocer.

Debemos conocer que ha acontecido un cambio de dispensación: una dispensación pasada ha sido cerrada, y una nueva dispensación ha sido abierta al público, para que entre a esa nueva dispensación y obtenga todos los beneficios, todas las bendiciones divinas prometidas en la Escritura para esa nueva dispensación.

Cada dispensación tiene sus promesas, cada dispensación tiene sus beneficios. Y tenemos que comprender una cosa: estamos viviendo en un tiempo en que ha terminado una dispensación y ha comenzado una nueva dispensación, y eso debemos nosotros conocerlo; y debemos conocer las promesas divinas que hay en esa nueva dispensación.

Cuando dos mil años atrás apareció la Estrella de Belén en el cielo6, como un mensajero celestial, anunciando la Obra de Dios que en la Tierra estaba comenzando a manifestarse, estaba allí moviéndose una nueva dispensación, la cual comenzó poco tiempo después.

Cuando Jesús de Nazaret fue bautizado allá en el Jordán por Juan el Bautista7, allí estaba terminando una dispensación y comenzando una nueva dispensación.

Y aunque muchas personas no lo entendían, y estaban esperando una resurrección en aquellos días, ellos no comprendían que aquellas grandes promesas que estaban señaladas en la Biblia correspondían para el tiempo en que un mensajero dispensacional iba a aparecer en la escena terrenal con un nuevo Mensaje, en donde esas grandes bendiciones llevarían a cabo la resurrección de los santos del Antiguo Testamento; la cual aconteció dos mil años atrás en la resurrección del Señor Jesucristo8.

Pero muchas personas no conocieron aquel tiempo, no conocieron el tiempo en que aquella gran Obra Divina se llevó a cabo; por lo tanto, no pudieron recibir la bendición divina para aquellos días.

Y teniendo al Mesías, que había sido reflejado en la Estrella que apareció, llamada la Estrella de Belén, ellos ni entendieron lo que aquella Estrella significaba, ni entendieron lo que significaba la aparición de aquel hombre, de aquel joven de Nazaret llamado Jesús.

En la misma forma que vieron la Estrella que apareció en el cielo, y no le dieron ninguna importancia, no le dieron ningún significado bíblico; así también vieron a la Estrella, pero en forma humana; porque aquella Estrella del cielo representaba al Señor Jesús. Y cuando lo vieron, tampoco le dieron ningún significado, ningún valor bíblico; pero era el cumplimiento de las profecías bíblicas, mesiánicas, para aquel tiempo.

“Y a los Suyos vino, y los Suyos (los que decían que lo estaban esperando) no le recibieron”9. En la forma que lo estaban esperando, no fue en la forma que Él apareció (para ellos). Pero en la forma que decía la profecía bíblica, fue la forma en que Él apareció; y la interpretación de esa profecía fue la aparición del Señor Jesús.

Él era la Escritura interpretada, Él era las promesas mesiánicas hechas carne; y eso era lo que la gente tenía que conocer; y eso era lo que Juan el Bautista estaba anunciando que vendría, y eso era lo que estaba anunciando el Señor Jesucristo que estaba cumpliéndose en esos días.

Cuando Él leyó la Escritura del profeta Isaías, que decía: “El Espíritu de Jehová está sobre mí, por cuanto me ha ungido Jehová…”10, y comenzó a enumerar las cosas para las cuales había sido ungido: Él estaba diciendo que aquella Escritura estaba hecha una realidad, cumplida en carne humana, en esos días; eso era lo que Él estaba dando a conocer en esos días, esas eran las cosas que debía conocer la gente en aquellos días; pero no las conocían.

Él envío luego a doce para dar a conocer estas cosas también, y después envió a setenta11, para anunciar las cosas que estaban aconteciendo; pero el Mensaje que ellos tenían que dar a conocer era, no el mensaje de cada uno de ellos, sino el Mensaje del Señor Jesús a través de cada uno de ellos. Las cosas que Jesús enseñaba, ellos estaban llamados a repetirlas, a darlas a conocer a la gente en sus propias palabras, y eran las cosas que debían conocer en aquel tiempo.

Y por no conocer esas cosas le vinieron grandes problemas al pueblo hebreo: Jerusalén fue destruida en el año 70, por Tito; el templo fue destruido también. Y la razón que dijo el Señor por lo cual fue destruido el templo de Jerusalén fue por no conocer, por no conocer las cosas que debían conocer en aquellos días, conforme a lo que Dios estaba llevando a cabo12.

Ahora, podemos ver que la bendición y la maldición están en el Programa que Dios está llevando a cabo en cada edad o dispensación. Y una persona o un pueblo, una nación, recibirá o la bendición o la maldición, de acuerdo a la posición asumida, a la actitud asumida, frente a lo que Dios está llevando a cabo en ese tiempo; y así es para nuestro tiempo también.

En el cumplimiento de las promesas divinas para nuestro tiempo estará la bendición para todos los elegidos de Dios, y también el juicio y las plagas para el reino de los gentiles, para la gente que vive en esta Tierra, que no asumirá la actitud correcta frente a las cosas que Dios estará llevando a cabo en estos días en que vivimos.

Y usted y yo debemos entender estas cosas. Son estas las cosas que debemos conocer.

Está muy bueno estudiar en la escuela, está muy bueno estudiar en la universidad, hacerse de un buen doctorado, de una buena profesión; todo eso está muy bueno para vivir en esta Tierra, y uno desenvolverse lo mejor posible, y vivir lo mejor posible en esta Tierra; eso es bueno.

Pero lo mejor de todo es conocer las cosas que debemos conocer con relación al Programa Divino para el tiempo en que vivimos, y recibir lo que Dios está llevando a cabo en el tiempo que nos toca vivir a nosotros, conforme al Programa que Él tiene.

Él no estará llevando a cabo una cosa que Él no ha dicho que llevará a cabo para este tiempo. Lo que Él estará llevando a cabo en nuestro tiempo será exclusivamente lo que Él ha prometido para este tiempo; y fuera de eso no hay quién haga que Dios lleve a cabo otra cosa. Por lo tanto, usted y yo podremos saber las cosas que Él tiene que estar llevando a cabo en este tiempo.

Él dijo, el Señor Jesús, que para el tiempo final la señal del Hijo del Hombre sería vista en el cielo13; y eso lo lleva a cabo Dios.

Dios tiene el universo colocado en el orden que corresponde, para que en el cielo ocurran las cosas que Él ha dicho que estarán ocurriendo para este tiempo; y el cielo tendrá que dejar ver a los seres humanos la señal del Hijo del Hombre.

Y así como dos mil años atrás la señal del Hijo del Hombre en el cielo fue la Estrella de Belén, que apareció por un lapso de tiempo de dos años aproximadamente; en este tiempo la señal del Hijo del Hombre en el cielo será la aparición de ese cometa llamado Halley, que algunos científicos dicen que fue la misma Estrella de Belén que apreció dos mil años atrás.

Y algunos también le llaman “el cometa del diluvio”, porque dicen que cuando aparece ese cometa, luego vienen plagas sobre la Tierra; porque es un mensajero de juicio y de plagas para esta Tierra. Pero mirándolo desde el lado positivo: es un mensajero que anuncia también las grandes bendiciones que Dios tiene para Sus hijos.

Y en este tiempo, así como la Estrella de Belén estaba deseándole felicidades a los seres humanos de aquel tiempo, paz y buena voluntad para los hombres14, también la visita de este cometa.

Cuando usted y yo veamos a simple vista este cometa…, aunque ya se puede ver con equipos adecuados para verlo, con telescopios y con algunos equipos potentes para verlo; pero cuando le veamos a simple vista (o si le queremos ver en estas navidades y no lo podemos ver a simple vista, y usamos algunos equipos para verlo), leamos ahí en ese cometa:

¡Felicidades! ¡Feliz Navidad y próspero año nuevo para todos los que le ven desde el lado positivo: como un mensajero celestial anunciando la Venida del Hijo del Hombre en los días finales!, los que le puedan ver como la señal del Hijo del Hombre en el cielo. Es para felicidad eterna de los elegidos.

Y después los elegidos se gozarán; aun viendo esa señal estarán gozándose. Y luego su gozo continuará por el Milenio y por toda la eternidad. Porque ellos verán que ahí, en lo que estará anunciando esa señal en el cielo, está toda promesa divina que Él ha hecho para Sus elegidos del tiempo final; porque lo mismo estará anunciando el Mensaje de Gran Voz de Trompeta de este tiempo final.

Por lo tanto, entenderemos el mensaje de este cometa cuando escuchemos el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta; encontraremos el significado de la visita del cometa Halley en el fin de esta generación.

Son COSAS QUE DEBEMOS CONOCER en este tiempo, porque estará anunciándonos todo lo que Dios estará llevando a cabo en estos días finales.

Aun, dicen en las noticias que aparecerá con una estrella a cada lado, dos estrellas le acompañarán; representando la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, con esas Dos Estrellas, con esos dos ministerios proféticos de Moisés y Elías, de los Dos Ungidos.

Por eso debemos conocer estas cosas, son COSAS QUE NOSOTROS DEBEMOS CONOCER; porque al conocer todas estas cosas conoceremos que tenemos la promesa más grande de todas las edades, de todas las generaciones: tenemos la promesa de oír la Gran Voz de Trompeta llamándonos y reuniéndonos para ser transformados y ser pasados a la eternidad en estos días finales.

Esas son cosas que debemos conocer en este tiempo; porque son las cosas que corresponden en la Obra y voluntad divina para este tiempo; son las cosas que Dios estará llevando a cabo en estos días finales.

Por eso son las cosas que nosotros debemos conocer, las cuales son dadas a conocer en la Gran Voz de Trompeta, en el Mensaje Final en este tiempo en que vivimos; son las cosas que tienen que ser dadas a conocer, ser llevadas por todas las naciones, para que los elegidos sean llamados, recogidos y luego transformados. Son las cosas que realmente necesitamos conocer, porque son las cosas que nos traerán lo que usted y yo deseamos en este tiempo final.

Por eso el que tiene oídos para oír: que oiga las cosas que debemos conocer, que son las cosas que Dios ha prometido llevar a cabo en estos días finales.

Fuera de eso, hablar acerca de las cosas de Dios (aunque es bueno) no es lo más efectivo para el ser humano, si no se habla lo que se debe conocer en este tiempo.

¿De qué le vale a uno hablar de lo que aconteció allá en el tiempo de Noé, si eso fue para aquel tiempo? ¿De qué le vale hablar de eso, si usted no lo relaciona con lo que Dios ha prometido llevar a cabo en este tiempo? ¡De nada valdría hablar de la Biblia si no se habla de lo que Dios ha prometido para este tiempo, y si no se da a conocer el cumplimiento de lo que Dios ha prometido para este tiempo!

¡De qué le vale hablar, a todos los predicadores juntos, acerca de las palabras que dijo el Señor Jesucristo de la Venida del Hijo del Hombre y de la señal del Hijo del Hombre en el cielo!, si, cuando la señal del Hijo del Hombre en el cielo ocurre en este tiempo, la gente no lo entiende y los predicadores no pueden decir: “La señal del Hijo del Hombre en el cielo, que dijo el Señor Jesucristo para los días finales, es esa señal que veremos en estos días, llamada el cometa Halley, que veremos todos a simple vista”.

Si no se puede, en este tiempo final, señalar el cumplimiento de las promesas bíblicas para este tiempo, a medida que se van cumpliendo, ¡vana es la predicación!; no surge – no causa ningún efecto positivo para que Dios cumpla en cada persona la promesa de la transformación y rapto o traslación prometida en la Biblia para el tiempo final.

Por eso es menester que la predicación de la Palabra sea la predicación de una Palabra vivificada, de una Palabra viva, de una Palabra que tiene su cumplimiento en este tiempo en que vivimos.

Cuando se llega el tiempo del cumplimiento de la promesa divina, se tiene que predicar la promesa divina con el cumplimiento de esa promesa; o sea, se tiene que predicar la profecía vivificada, se tiene que predicar la profecía viva.

La Palabra viva es la Palabra que se predica mostrándose el cumplimiento de esa promesa.

Porque la Palabra sin el cumplimiento de esa Palabra es como el cuerpo sin espíritu, que es una palabra que no está vivificada, es una palabra que no está en vida, que no está en función; pero cuando se cumple, y se muestra esa promesa, y se muestra el cumplimiento de ella: se está mostrando una Palabra viva, vivificada, una Palabra con el espíritu de la profecía, que es el cumplimiento de esa profecía.

Y esas son las cosas que nosotros debemos conocer en este tiempo. Fuera de eso, lo demás es religión, es sectarismo, es mera interpretación humana, es religiosidad, es (en muchas ocasiones) fanatismo religioso.

Pero cuando se predica esa Palabra con el cumplimiento de esas promesas, ya eso no es fanatismo, ya eso no es sectarismo, ya eso no es otra religión más; sino que eso es la Palabra vivificada, eso es la Obra de Dios siendo realizada en el tiempo en que uno vive.

Eso es lo que usted y yo necesitamos conocer. Esas son las cosas que usted y yo necesitamos oír siendo enseñadas, siendo predicadas, para conocerlas y poder recibir la transformación de nuestros cuerpos y la traslación o rapto prometido para los elegidos.

¿Y qué nos dará a conocer estas cosas que debemos conocer en este tiempo? La Gran Voz de Trompeta, que es el Mensaje Final enviado por el Señor Jesucristo a través de Su Ángel Mensajero, con ese ministerio doble de Moisés y Elías, de los Dos Olivos y los Dos Candeleros, es lo que nos dará a conocer las cosas que debemos conocer en este tiempo; y son las cosas que todos los predicadores deben predicar en este tiempo en que vivimos.

Fuera de eso, las demás predicaciones no serán predicaciones actualizadas, sino que serán predicaciones ya pasadas de tiempo, serán predicaciones que ya la han escuchado muchísimas veces la gente, y nunca lograron la transformación ni el rapto, ni siquiera el recogimiento de los elegidos; porque eso estaba ordenado para la Gran Voz de Trompeta, la Trompeta Final, y para el ministerio de los Dos Olivos, de los Ángeles del Señor, que estarían en un hombre enviado por el Señor Jesucristo, llamado en el Apocalipsis: el mensajero del Señor Jesucristo o Ángel del Señor Jesucristo15. Un Ángel Mensajero en el libro apocalíptico, para la Iglesia es un hombre, un profeta, con un Mensaje.

Así que esas son cosas que debemos conocer; porque fuera de esas cosas que debemos conocer no hay promesa de recoger a los elegidos, no hay llamado para los elegidos fuera de la Gran Voz de Trompeta; y fuera del ministerio que operará ese Mensaje no hay llamado para los elegidos; y no hay transformación para los elegidos sin esa Gran Voz de Trompeta que los va a preparar para su transformación.

Y si no hay nada, si no hay bendiciones, si no hay promesa de transformación y rapto fuera de la Gran Voz de Trompeta que tocará el ministerio de Moisés y Elías que estará en un hombre, en el Ángel del Señor Jesucristo, entonces ¿de qué les vale a los seres humanos oír otra cosa que no sea la Voz del Señor Jesucristo a través de la Gran Voz de Trompeta, del Mensaje Final que estará siendo proclamado por el ministerio de Moisés y Elías, que estarán en un hombre enviado del Señor Jesucristo? ¿De qué le valdrá a la gente escuchar a otros hombres que no tengan ese Mensaje? Para la transformación y rapto no le habrá valido de nada.

Pero usted se preguntará: “¿Y no podré escuchar a ningún otro predicador predicando la Palabra?”. Sí, puede escucharlo: si es portador del Mensaje de Gran Voz de Trompeta que estará trayendo el mensajero del Señor Jesucristo, porque alguien tiene que después continuar alimentándolo con el mismo Mensaje.

Ese es el Mensaje que necesitan todas las iglesias, y es el Mensaje que necesitan predicar todos los pastores, todos los sacerdotes, todos los ministros de todas las religiones y sectas religiosas, para que puedan ser transformados las personas que escuchan la predicación de la Palabra.

Fuera de eso no hay esperanza de transformación y rapto para ningún ser humano, no importa lo bueno, lo consagrado, lo santo que sea la persona. Y no importa a qué iglesia, secta religiosa o religión pertenezca la persona. Y no importa quién sea el que le enseñe la Palabra.

Fuera de la Gran Voz de Trompeta no hay esperanza de transformación y rapto para ninguna persona; porque no es por los méritos de las personas, sino por la elección, predestinación, divina, conforme a ese Programa que Él tiene para el ser humano en este tiempo final, lo cual ha sido ordenado, planificado, desde antes de la fundación del mundo, por el Creador.

Así que no estamos luchando aquí en esta Tierra por algo, para que sea hecho algo, sino, estamos aquí para conocer LAS COSAS QUE DEBEMOS CONOCER para recibir lo que Él ha prometido para Sus hijos en este tiempo final.

Él ha prometido darnos la Herencia que Él ordenó para nosotros. Y por eso, estas cosas que Él está —conforme a Su propósito— llevando a cabo para este tiempo final, son las cosas que debemos y nos conviene conocer, porque son las que producirán esas grandes bendiciones que Él nos ha prometido para el tiempo final.

“LAS COSAS QUE DEBEMOS CONOCER”.

Ya sabemos cuáles son las cosas que Él ha prometido para este tiempo, las cosas que Él ha prometido llevar a cabo para este tiempo; esas son las cosas que debemos y nos conviene conocer.

Dios nos bendiga, Dios nos guarde; muchas gracias por vuestra amable atención, y que pasen muy buenas tardes.

Dios les bendiga a todos.

“LAS COSAS QUE DEBEMOS CONOCER”.

[Revisión enero 2022]

1 Oseas 4:6

2 San Lucas 21:20

3 Mt. 24:1-2, Mr. 13:1-2; Lc. 19:43-44, 21:5-6

4 Mt. 3:11, Mr. 1:8, Lc. 3:16; Jn. 1:29, 1:36

5 San Juan 10:27

6 Mt. 2:1-2, 3:13-17; Mc. 1:9-11; Lc. 3:21-22

7 San Juan 1:29-34

8 San Mateo 27:52-53

9 San Juan 1:11

10 San Lucas 4:18-21

11 San Lucas 9:1-6, 10:1-12

12 San Lucas 19:43-44

13 San Mateo 24:30

14 San Lucas 2:14

15 Apocalipsis 22:6, 22:16

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